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Varios

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Por Julián Schvindlerman

  

¿Cuánto sabía el Vaticano acerca del genocidio Judío durante la segunda guerra mundial – 17/07/10

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Revista Nuestra Memoria – Fundación Museo del Holocausto en la Argentina

Pío XII nunca condenó de manera pública, explícita y directa la guerra de agresión de los nazis, ni sus inconcebibles actos de barbarismo. Permaneció en silencio aún cuando recibió incesantes pedidos por parte de otros católicos, gobiernos aliados, y de las propias víctimas, pidiéndole que hablara. Por sobre todo, el Papa calló a pesar de tener pleno conocimiento de lo que estaba sucediendo. Su silencio no puede ser atribuido a la ignorancia. Según David Alvarez, investigador especializado en el servicio de inteligencia de la Santa Sede, “No podía haber ninguna duda de que el Vaticano tenía inteligencia sobre la Solución Final”.1 Varios historiadores respetados se han expresado análogamente. Michael Marrus ha señalado que “Cuando las matanzas masivas comenzaron, el vaticano estaba extremadamente bien informado”.2 Walter Laqueur ha dicho que la Santa Sede estaba “mejor informada que cualquier otro en Europa”.3 En la opinión de Michael Phayer, “Oficiales vaticanos, incluyendo al Papa, fueron los primeros -o entre los primeros- en saber del Holocausto”.4 Ello coincide con la impresión de actores políticos de la época. Gerhart Riegner, pieza clave del sistema de información de la resistencia judía en Europa, indicó que “El Vaticano estaba probablemente mejor informado que nosotros”.5 El entonces embajador estadounidense en Berlín, Hugh Wilson, aseveró que el Vaticano tenía “el mejor servicio de información en Europa”.6 Jerarcas nazis de alto rango como Reinhard Heydrich estaban “obsesionados por la amenaza clandestina del Vaticano”.7

Al inicio de la guerra, treinta y siete estados tenían representación diplomática ante el Vaticano, y ante cada uno ellos la Santa Sede tenía a su vez acreditado un nuncio. En otras veintidós naciones el Papa era representado por delegados apostólicos. Para 1939, la Santa Sede tenía representaciones (variando en estatura protocolar) en casi todas las partes del mundo, exceptuando a Moscú. Entre los países claves en los que el Vaticano tenía nuncios se contaba a Francia, Alemania, Hungría, Italia, Portugal, Rumania, España y Suiza; delegados apostólicos tenía en Turquía, Grecia, Estados Unidos e Inglaterra; y otros representantes en Croacia y Eslovaquia. La representación en Londres era especialmente importante dado que esa capital no sólo albergaba al gobierno de una de las potencias aliadas más grandes, sino también a varios de los “gobiernos en el exilio” tales como el polaco, belga, holandés, y yugoslavo, a los que el representante vaticano tenía acceso.8 Luego de la ocupación alemana de Bélgica, Holanda y Polonia, la Santa Sede debió cerrar sus nunciaturas allí y lo mismo sucedió con las nunciaturas en los países bálticos cuando esas repúblicas fueron absorbidas por la Unión Soviética, pero las hostilidades también derivaron en el establecimiento de nuevas relaciones diplomáticas con Finlandia, China y Japón. Cuando Italia ingresó a la guerra en 1940, diplomáticos aliados debieron abandonar sus misiones en Roma y mudarse a la Ciudad del Vaticano. Si bien estaban físicamente recluidos y sus actividades eran observadas por la policía secreta fascista, podían obtener información y estar en contacto con la comunidad diplomática neutral residente en Roma. (Cuando los Aliados liberaron Roma en junio de 1944, fue el turno de las embajadas del Eje mudarse al Estado Vaticano).9

El servicio diplomático vaticano se veía restringido por su escaso personal. Aún en el pico de la guerra no llegó a contar con más de cien hombres. La Secretaría de Estado tenía solamente treinta y un empleados durante el primer año de la guerra. Con el transcurrir del tiempo fue agregando personal, pero el ritmo vertiginoso de los eventos le imponía un desafío. Las nunciaturas también estaban cortas de personal. Durante los primeros meses de la guerra los nuncios en Berlín y París disponían de apenas dos asistentes cada uno, los delegados en Londres y Washington disponían de uno cada uno, y el delegado en Japón no tenía asistentes.10 Esta limitación era compensada por un activo valioso con el que contaba la Iglesia Católica: los numerosos sacerdotes y monjas de todo el mundo dispuestos a ayudar y que, de hecho, fueron contratados por las representaciones vaticanas para desempeñar determinadas tareas. Junto con la importante fuente de información que realmente era la comunidad diplomática a ella vinculada, el Vaticano contaba además con estos muchos sacerdotes y monjas católicos residentes en Europa que recolectaban información de fieles, guardias, soldados, civiles y viajantes que habían presenciado los crímenes de los nazis y estaban shockeados. Tal como un diplomático estadounidense destacó, “Mediante sus representantes la Iglesia tiene acceso a los pensamientos de cada hombre en cada cancillería en Europa y en aldeas remotas en cada país”.11 A través de ellos, mensajes, cartas y paquetes fueron lentamente trasladados de un lugar a otro, burlando de esa manera limitada la censura alemana e italiana.

Ciertamente la coyuntura de la guerra afectó la viabilidad de las comunicaciones, pero el Vaticano disponía de “servicios de emergencia” que le ayudaron a superar los desafíos. No había nada extraordinario en ello, puesto que individuos (muchos de ellos perseguidos por la Gestapo) lograron crear sistemas de comunicación verdaderamente increíbles, aún bajo circunstancias mucho más difíciles y sin contar con los recursos del Vaticano.12 Entre estos servicios de emergencia, la Santa Sede contaba para comunicarse con sus delegados con la valija diplomática y los telegramas. Antes del inicio de la contienda, confiaba su correo al estado italiano. Luego del ingreso de Italia a la guerra y durante gran parte de la misma, el Vaticano no tuvo un servicio de correo propio, dependiendo para ello de la gentileza de la neutral Suiza. Posteriormente confió sus mensajes a otras potencias aliadas como Estados Unidos e Inglaterra. A partir de la liberación de Roma, la Secretaría de Estado estableció su propio servicio postal.13 En cuanto a los telegramas, especialistas vaticanos los encriptaban para preservar su confidencialidad. El sistema de protección vaticano de sus telegramas resultó ser uno de los más seguros utilizados durante la guerra. Expertos en quebrar códigos estadounidenses pudieron descifrar los telegramas de casi todos los países, tanto de enemigos como aliados y neutrales, y sin embargo los telegramas vaticanos mayormente no pudieron ser espiados. En tanto que varios gobiernos lograron descifrar los telegramas no confidenciales de la Santa Sede, aparentemente  ningún gobierno fue exitoso en decodificar sus telegramas más secretos. Por caso, de casi ocho mil telegramas vaticanos enviados durante la guerra, la inteligencia fascista consiguió descifrar tan solo cerca de cuatrocientos, de los cuáles apenas sesenta en forma completa.14

Además el Vaticano contaba con un muy sofisticado servicio secreto, la Santa Alianza, fundada en 1566, suplementada por el servicio de contraespionaje, el Sodalitium Pianum, establecido en 1909. Ya en 1937, la Santa Sede se había enterado del proyecto nazi de purificación y eutanasia y pudo así hacer saber su protesta ante las autoridades alemanas.15 A principios de 1939, agentes de la Santa Sede detectaron un plan alemán que pretendía sobornar al cónclave que debía elegir al nuevo Papa. El Führer quería favorecer la elección de Eugenio Pacelli (sin que éste tuviera idea de ello). El contraespionaje vaticano fue informado y finalmente Pacelli fue electo Papa al margen de esta operación clandestina que terminó frustrada.16  Unos meses después, en noviembre, la nunciatura en Berna fue informada de un complot de oficiales alemanes para deponer a Hitler; dato que ya había llegado al Vaticano por otros canales.17

Diez días antes de la invasión nazi de Holanda y Bélgica, el Vaticano se había enterado de ello. Un oficial alemán católico disidente, Josef Müller, alertó a Pío XII el 1 de mayo de 1940 que la ofensiva alemana hacia el Oeste era inminente. Dos días más tarde, el Vaticano envió telegramas a sus nuncios en La Haya y Bruselas, y tres días después, el Papa personalmente advirtió a la princesa belga. Ambos gobiernos desoyeron las advertencias. El 10 de mayo, las tropas alemanas invadieron, confirmando la precisión de la inteligencia vaticana.18 Al año siguiente, con dos meses de anticipación a la invasión nazi de Rusia en la Operación Barbarossa, la Santa Sede estaba al tanto. Su nunciatura en Suiza reportó sobre ello en abril de 1941 y nuevamente poco antes del ataque. El 16 de junio el embajador norteamericano ante Italia informó a Washington que el Vaticano creía que la posibilidad de la guerra entre Rusia y Alemania era cierta. El 22 de junio comenzó el avance alemán sobre la Unión Soviética.19 Al año siguiente, el contraespionaje vaticano evitó la comisión de un asesinato político en Roma. La mañana del 22 de enero de 1943, tres agentes nazis arribaron en tren a Roma con la misión de asesinar a Myron Taylor, el representante del presidente Roosevelt ante el Vaticano. El operativo fracasó pues ya desde el año anterior los servicios secretos inglés y norteamericano habían sido alertados al respecto por la Santa Alianza.20 A su vez, el Vaticano supo de las intenciones de Mussolini de invadir Grecia cuatro semanas antes de que el ataque ocurriera, fue uno de los primeros en saber del plan de deportar a los judíos eslovacos, fue alertada de una gran redada en Roma cinco días antes del arresto de los judíos romanos, y apenas dos días después de que el régimen de Vichy instruyera secretamente a sus prefectos que preparan la deportación de los judíos de la Francia aún no ocupada, y diecinueve días antes de que las deportaciones comenzaran, el nuncio en París informó al Vaticano de los trazos generales del operativo.21

Tal la reputación de la Santa Sede como centro de información confiable que nada menos que cinco agencias diferentes de la inteligencia alemana operaban contra ella.22 Su pequeño territorio y sus limitadas medidas de seguridad lo hacían vulnerable a intromisiones de espionaje extranjeras, sin embargo, en la opinión de un autor, el Vaticano fue “sorprendentemente resistente a ataque[s] de inteligencia”.23 Otra fuente de información para el Papado era la prensa internacional. Los nuncios enviaban regularmente periódicos foráneos al Vaticano, aunque muchas veces éstos arribaban tardíamente. Sin embargo, los periódicos suizos estaban disponibles en Roma dos o tres días después de su publicación. A partir de mediados de 1940, el Papa y el secretario de estado recibían diariamente sinopsis de los reportes de la BBC, los que les eran suministrados personalmente por el embajador británico Francis d´Arcy Osborne.24 Además, la Santa Sede monitoreaba a la prensa alemana, y “en cuanto al futuro que esperaba a los judíos ciertamente no había ningún elemento de misterio en los feroces editoriales dictados por el Dr. Goebbels en Das Reich que recibían eco en todos los otros diarios alemanes”.25 Especialmente, la diatriba radial que Hitler pronunció contra los judíos el 30 de enero de 1942 -al poco tiempo de la Conferencia de Wannsee- fue reproducida al día siguiente en el periódico romano Il Messagero. El discurso incluía la aseveración del Führer “¡Los judíos serán liquidados por al menos mil años!”. El nuncio en Berlín también informó de ello al Secretario de Estado Cardenal Maglione.26

Pero por sobre todo, durante los años fatídicos de la Segunda Guerra Mundial, el Vaticano recibió continuamente informes del cuerpo diplomático acreditado, de organizaciones judías, de líderes exiliados, y de oficiales alemanes disidentes, alertando sobre el genocidio en curso. En marzo de 1942, Gerhart Riegner, representante del Congreso Judío Mundial en Ginebra, envió un memorando a la nunciatura en Berna indicando la existencia de varias fuentes que confirmaban el exterminio de judíos. En septiembre, dos memorandos de los embajadores polaco (Kazimierz Papée) y norteamericano (Myron Taylor) enviados al Secretario de Estado Luigi Maglione reportaron la liquidación en el ghetto de Varsovia, deportaciones masivas y ejecuciones colectivas de judíos. En octubre, el embajador polaco confirmó al Vaticano que los judíos de Polonia estaban siendo transportados a campamentos de la muerte. En noviembre, el consejero de la embajada estadounidense en Roma, Harold Tittman, presentó un memorando que informaba acerca del exterminio masivo de judíos en la Polonia ocupada por medio de cámaras de gas y por fusilamientos. En diciembre, el representante británico D´Arcy Osborne entregó personalmente a Pío XII un informe realizado por los gobiernos de Londres, Washington, y Moscú que documentaba el asesinato masivo de judíos.27 En algún momento durante la segunda mitad de ese mismo año, la Santa Sede recibió el denominado Informe Gerstein, basado en los relatos de un testigo presencial en el campamento de exterminio Belzec.

El Vaticano trató con cautela la avalancha de información que recibía de fuentes aliadas y de las propias víctimas por temor a que se tratara de exagerada -sino infundada- propaganda lanzada en el contexto de una batalla psicológica contra la Alemania nazi orientada a ganar el apoyo del Papado.28 No obstante, esta precaución no era válida cuando de fuentes propias se trataba. Aún en enero de 1940, antes de que comenzaran las deportaciones y las matanzas en masa, la radio vaticana y  L´Osservatore Romano informaron acerca de las “crueldades espantosas de la tiranía incivilizada” de los nazis en Polonia.29 Ya en 1941 la Santa Sede recibió datos sobre las deportaciones y la destrucción de las comunidades judías por parte de sus representantes en Zagreb, París, Berlín, Riga, Varsovia y otros lugares. Así, en octubre de 1941, el cardenal Maglione recibió reportes del Chargé d´Affairs de su nunciatura en Bratislava, Monseñor Giuseppe Burzio, informando sobre el asesinato de hombres, mujeres y niños judíos en manos de los nazis en el territorio ocupado ruso. En marzo de 1942, informó nuevamente al secretario de estado acerca de la inminente deportación de 80.000 judíos. En mayo escribió confirmando las deportaciones. Ese mismo mes, el sacerdote italiano Pirro Scavizzi escribió al Papa sobre las matanzas de judíos. A los pocos meses, el abad Ramiro Marcone escribió a Maglione informando que los judíos croatas serían próximamente deportados hacia Alemania y que dos millones de judíos ya habían sido asesinados. En diciembre, el arzobispo Anthony Springovics notificó a Pío XII que la mayoría de los judíos de Riga habían sido obliterados. En marzo de 1943, el obispo Konrad von Preysing, quién ya en 1941 había instado a Pacelli a que se pronunciara a favor de los judíos y quién durante la guerra le instó a prescindir de una nunciatura en Alemania, informó al Papa desde Berlín sobre la redada de judíos acontecida a fines de febrero y señaló que posiblemente serían liquidados. En julio, el sacerdote Marie-Benoit Peteul de Marsella se reunió con Pío XII para pedirle ayuda para rescatar a los judíos de la parte ocupada de Francia. En octubre, en la mismísima Ciudad Eterna, el Papado vio como los nazis arrestaban y deportaban a los judíos de Roma. Desde abril a junio de 1944, el nuncio en Hungría, Angelo Rotta, notificó a la Santa Sede respecto de las deportaciones de los judíos hacia Auschwitz.30 Ya para mayo de 1943, el propio Secretario de Estado admitía que un genocidio contra el pueblo judío efectivamente estaba ocurriendo. Escribió Luigi Maglione:

“Judíos. Situación horrible. 4.5 millones de judíos en Polonia antes de la guerra,más varios deportados de otros países ocupados…No puede haber duda de que la mayoría ya han sido liquidados. Campos de la muerte especiales en Lublin (Treblinka) y cerca de Brest Litvosk. Transportados allí en vagones de ganado, herméticamente cerrados”.31

El debate acerca de lo que el Papa hizo o dejó de hacer por los judíos durante la Segunda Guerra Mundial sigue vigente. Cualquiera haya sido el motivo del mentado silencio de Pío XII, resulta claro que la ausencia de información no fue uno de ellos.

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Referencias
1 David Alvarez, Spies in the Vatican: Espionage & Intrigue from Napoleon to the Holocaust (USA: University Press of Kansas, 2002), p. 290.

2 Michael Marrus, The Holocaust in History (USA: Meridian, 1987), p. 180.

3 Citado por Alvarez, p. 287.

4 Michael Phayer, The Catholic Church and the Holocaust, 1930-1965 (Bloomington: Indiana University Press, 2000), p. 42.

5 Susan Zuccoti, Under His Very Windows: The Vatican and the Holocaust in Italy (New Haven: Yale University Press, 2000), p. 95.

6 Alvarez, p. 269.

7 Ibid., p. 268.

8 John Morley, Vatican Diplomacy and the Jews During the Holocaust: 1939-1945 (New York: Ktav Publishing House, 1980), p. 12; Carlo Falconi, The Silence of Pius XII (London: Faber & Faber, 1970), p. 52; Alvarez, pp. 69-70; Zuccotti, p. 95.

9 Falconi, pp. 50-51; Morley, p. 14; Alvarez, p. 270, y pp. 273-274.

10 Alvarez, pp. 270-272, y p. 293.

11 Citado por Ibid., p. 275.

12 Falconi, p. 53.

13 Alvarez, pp. 276-278.

14 Eric Frattini, Los Espías del Papa (Madrid: Espasa, 2008), p. 233, y Alvarez, p. 279.

15 Frattini, pp. 213-223.

16 Ibid., p. 226-230.

17 John Cornwell, El Papa de Hitler: La verdadera historia de Pío XII (Buenos Aires: Planeta, 2000), pp. 264-269; y Phayer, p. 276.

18 Alvarez, pp. 282-283; y Frattini, p. 244.

19 Alvarez, pp. 283-285.

20 Frattini, pp. 234-235.

21 Alvarez, p. 273 y p. 290; y Zuccotti, p. 157.

22 David Alvarez, “Vatican Intelligence Capabilities in the Second World War”, Intelligence and National Security, Vol. 6, No. 3, (London: Frank Cass Publ.), 1991, p. 593.

23 Alvarez, Spies in the Vatican, p. 295.

24 Ibid., p. 274.

25 Falconi, p. 63.

26 Owen Chadwick, Britain and the Vatican during the Second World War (Cambridge: Cambridge University Press, 1986), p. 205; y  Zuccotti, p. 99.

27 Phayer, pp. 47-48.

28 Morley, p. 203, y Anthony Rhodes, The Vatican in the Age of Dictators, 1922-1945 (London: Hodder and Stoughton, 1973), p. 346.

29 Citado por David Dalin, The Myth of Hitler´s Pope: How the Pope Pius XII Rescued Jews from the Nazis (USA: Regnery Publishing, 2005), p. 74.

30 Morley, p. 198 y p. 203; Phayer, pp. 47-50.

31 Citado por John Conway, “Catholicism and the Jews During the Nazi Period and After”, en Otto Kulka & Paul Mendes-Flohr, Judaism and Christianity Under the Impact of National Socialism (Jerusalem: The Historical Society of Israel and the Zalman Shazar Center of Jewish History, 1987), 445.

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Por Julián Schvindlerman

  

Los espías de Putin – 14/07/10

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La extraordinaria trama de espionaje ruso detallado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos suena a una clásica, aunque un poco cliché, novela de espías de la Guerra Fría», observó Tom Leonard en el diario británico The Telegraph. «Las escenas son sacadas de John Le Carré» editorializó The Wall Street Journal. En The Weekly Standard, Gabriel Schoenfeld lo definió como «el caso más bizarro de espionaje de toda la historia ruso/soviética». En efecto, el arresto de diez agentes encubiertos rusos en suelo norteamericano, la divulgación de fotografías de una femme fatale pelirroja virtualmente tomada de un casting de la saga James Bond, la mención al uso de tinta invisible y trueque de dinero en periódicos enrollados en los subtes de Nueva York, el canje, en Viena, de ex oficiales de inteligencia rusos encarcelados por haber pasado información a agencias occidentales, no puede menos que remitir a los episodios más novelescos de la intriga del espionaje internacional y de la épica de la Guerra Fría en particular.

No es novedad alguna que existan intentos de espionaje entre las naciones, y el nexo Washington-Moscú es un clásico del género. Ha habido canjes de espías en al menos ocho ocasiones según ha indicado The Associated Press: en 1962, 1963, 1964, 1978, 1979, 1985 y dos trueques en 1986, uno de los cuáles implicó al disidente judío Anatoly (Natan) Sharansky. También ha habido expulsiones luego de la exposición de redes clandestinas. Tal como Jamie Fly documentó, cuando el doble agente Robert Hansen fue descubierto en 2001, la Administración Bush expulsó a 4 de sus contactos rusos y ordenó a otros 46 a abandonar el país en cuestión de meses. La Administración Clinton expulsó al jefe de la estación de inteligencia rusa cuando el agente de la CIA Aldrich Ames fue arrestado por pasar información sensible a Moscú. En 1986, la Administración Reagan expulsó a 80 diplomáticos soviéticos. En 1971, Gran Bretaña expulsó a 105 oficiales de la KGB y en el 2007 echó del país a 4 diplomáticos rusos luego del envenenamiento de un crítico de Vladimir Putin en Londres.

Al momento de escribir estas líneas, la Administración Obama ha adoptado el precedente de los canjes pero ha descartado el de las expulsiones. Tomada por sorpresa por la revelación del FBI -apenas cuatro días después de un encuentro amigable entre el presidente estadounidense y su par ruso Dimitry Medvedev- esta Casa Blanca decidió bajar el relieve público del asunto. Conforme ha informado The New York Times ni bién estalló el escándalo, «El plan del Sr. Obama es ignorar largamente el asunto públicamente… mientras continúa enfocado en lo que él ve como asuntos más importantes». Para un presidente que ha anunciado una política de reseteo de las relaciones con Rusia, que ha firmado acuerdos de reducción de armas y que ha blanqueado su arsenal nuclear, la aparición de un incidente de desconfianza tan mayúsculo debe haber caído como un baldazo de agua fría para sus esperanzas de relaciones armoniosas con su otrora (y bastante actual, también) némesis ideológica.

Para la inteligencia rusa, el fiasco no ha sido menor. La destrucción de una red de espías entrenados, supervisados y pagados por años representa tanto un daño a su capacidad operativa en tierras foráneas como a su reputación local y global. Eso explica seguramente la razón por la cuál -en marcado contraste con la amplia cobertura mediática en Occidente- el caso fue prácticamente aplacado en la prensa estatal rusa. Según han informado corresponsales en Moscú, los principales canales de la televisión oficial sólo publicaron la noticia el primer día que se supo del incidente. En los días sucesivos los reportes fueron escuetos, si eso. Durante el primer fin de semana, ninguno de los programas de análisis político que abordan los temas más cruciales de la semana, tocó el caso. La frialdad con la que los espías intercambiados fueron recibidos en Moscú fue tal que ningún canal de televisión transmitió su arribo a Rusia. A pesar de ello, Yandex (el Google ruso) informó que las búsquedas de internet más solicitadas por los ciudadanos rusos durante el desarrollo de esta trama ranquearon por igual al asunto de los agentes expuestos con el desarrollo de la Copa del Mundo.

El sensacional affair de espionaje transnacional obligará a la Administración Obama ha repensar su política de acercamiento a una Rusia de facto gobernada por un ex coronel de la KGB que ha demostrado no estar tan dispuesto a abandonar el molde de la Guerra Fría como su contraparte norteamericano pareciera haber creído y hubiera deseado. Las diferencias prevalecientes a propósito de la ampliación de la OTAN, la instalación de radares y bases anti-misiles en países cercanos a Rusia, el programa nuclear de Irán, la situación de Georgia, etc, requerirán para su solución de la mejor confianza posible entre las partes… una confianza que Vladimir Putin acaba de hacer trizas.

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Sex and the city 2: una saludable sorpresa ideológica – 30/06/10

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En el marco de las concesiones obligadas de la vida en pareja, resignadamente fui a ver la segunda entrega (encima eso) de Sex and the City. Nunca fui un fanático de la serie y la película original (efectivamente, reincidía) si bien entretenida, no me pareció grandiosa. Que tanto la crítica conservadora como la progresista no la hubieran tratado con cariño era un mal augurio. Escribiendo en The Wall Street Journal, Joe Morgenstern afirmó que Esta lúgubre comedia provoca un colapso de las expectativas…Es casi una aventura avant-garde en falta de objetivos». Desde las páginas del New York Times, A. O. Scott describió su aburrimiento de esta forma: «Su reloj le dirá que poco menos de dos horas y media han pasado, pero Ud. estará shockeado de cuanto más viejo se sentirá cuando toda la cosa haya terminado». Así es que al sentarme en la butaca del cine, frente a una pantalla que me expondría a un largo sermón feminista repleto de zapatos Jimmy Choo, joyas de Tiffany y carteras Hermés, respiré hondo y me preparé para lo peor.

Vaya sorpresa la mía, entonces, al toparme con un film artísticamente aceptable y políticamente osado. Ver al cuarteto de mujeres a esta altura icónicas adentrarse en los secretos más oscuros del Medio Oriente y exponerlos con franqueza, no exenta de ironía y plena de naturalidad, fue una experiencia refrescante. La película muestra inequívocamente que detrás de todo el esplendor modernista de Abu Dhabi -con sus rascacielos espejados alucinantes, su excentricidades tecnológicas apabullantes y hasta con sus planificadas ambiciosas réplicas del Guggenheim y del Louvre sobre sus arenas- cultura lmente, el emirato aún reside en el más escandaloso de los atrasos. Para una película centrada en los deseos, sueños, fobias y neurosis de la mujer occidental, resultó revelador el contraste cultura l con la mujer oriental plasmado en el atrevido guión. No es un film de denuncia, claro está. Pero considerando que el más elemental criterio marketinero pudo haberlo empujado a evitar los temas incómodos abordados, debe aplaudirse la mención a los mismos.

Sex and the City 2 es políticamente incorrecta al transgredir una norma no escrita pero universalmente respetada del progresismo contemporáneo: abstenerse de criticar a las sociedades musulmanas. Y lo hace con humor. Charlotte se registra en el hotel con su apellido de soltera (cristiano) en vez del apellido de casada (judío). Cuando una de sus amigas le dice que no debe preocuparse pues este es el «Nuevo Medio Oriente», ella responde, tajante: «Es el Medio Oriente». Al ver en un restaurante a una mujer musulmana vestida con el niqab, Carrie se pregunta como degustará la comida. Acto seguido vemos a la mujer desplazar parte del velo que cubre su cara con una mano, mientras con la otra lleva una papa frita a su boca. «Realmente deben gustarle» acota Carrie. Cuando ven bailando sensualmente a odaliscas en un club nocturno con sus bellos cuerpos semidesnudos ante la mirada de hombres árabes, notan la hipocresía machista imperante. Luego de ser arrestada Samantha por besarse en público con un hombre occidental y verse las cuatro amigas echadas del emirato por haber ofendido los estrictos códigos sexuales árabes, el director nos llevará de regreso a Nueva York donde nos mostrará a Samantha teniendo sexo sobre la capota de un auto, fuegos artificiales en el cielo y una voz femenina en off que dice que, finalmente, ella pudo hacer el amor a su gusto «en la tierra de la libertad». No es llamativo que Abu Dhabi negara el permiso de filmación.

Una buena parte del film transcurre en una zona del globo en la cual dos meses atrás medio centenar de escolares afganas sufrieron un ataque talibán con gas venenoso por asistir a la escuela; en la cual en el 2002 quince alumnas sauditas murieron calcinadas porque los guardianes de la moral no las dejaron huir de un edificio en llamas, ni a los bomberos rescatarlas, porque no tenían puesto sobre sus cuerpos el niqab; en la cual, el mismo año, una joven pakistaní de dieciocho años fue condenada por un consejo tribal a ser violada por cuatro hombres mayores dado que su hermano menor había ido a caminar con una niña de una clase social superior; en la cual en el 2003 sólo la intervención mundial evitó que una mujer nigeriana fuese condenada a muerte por lapidación por cometer una infidelidad; en la cual las mujeres sudanesas del sur por años vienen siendo esclavizadas y sometidas; y en la cual el asesinato por honor y la mutilación genital femenina son fenómenos sociales masivamente tolerados.

Sarah Jessica Parker no es Ayaan Hirsi Alí, ni Sex and the City 2 es Fitna. Ergo, el film resultará moderado en el espectro de atrocidades denunciadas. Pero al celebrar la liberación sexual femenina de Occidente a la par de alertar sobre la represión sexual de la mujer en el Oriente musulmán, esta película ha hecho al menos algo, y ese algo es mucho más que lo que otras producciones de Hollywood -e incluso varios renombrados intelectuales y encumbrados periodistas- pueden reivindicar.

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Erdogan ¿el nuevo Nasser? – 16/06/10

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Ahora que los turcos han mostrado una especial sensibilidad por la pérdida de vidas humanas en altamar, quizás resulte adecuado recordarles un hecho de la historia reciente en el que ellos mismos estuvieron involucrados… sólo que en un rol criminal. En 1942, cerca de ochocientos refugiados judíos zarparon a bordo del barco Struma desde Rumania rumbo a Palestina. Su misión: salvar sus vidas del Holocausto nazi. Debido a desperfectos técnicos, el barco debió dirigirse al puerto de Estambul, donde, negado el permiso de desembarco por las autoridades, permaneció anclado durante dos meses. En tanto las negociaciones entre Turquía y Gran Bretaña a propósito del destino del buque se extendían infructuosamente, Ankara decidió remolcar al Struma y su carga humana hasta el Mar Negro, donde lo abandonó a la deriva con su motor estropeado. Pocas horas después, un submarino soviético disparó un torpedo que provocó el hundimiento del buque y sus 770 pasajeros, entre ellos cien niños. Hubo un solo sobreviviente. Esta tragedia significó la más grande pérdida de vida civil en ultramar durante la Segunda Guerra Mundial.

A la luz de lo cual fue todo un espectáculo ver al presente gobierno turco tan escandalizado por la muerte de nueve pasajeros del Mavi Marmara en las aguas del Mar Mediterráneo. Este ataque es como el 9/11 para Turquía» afirmó con rostro adusto el canciller turco Ahmet Davutoglu al comparar el asesinato premeditado de aproximadamente tres mil civiles con la muerte de nueve militantes vinculados a las agrupaciones terroristas IHH y Hamas resultantes de su propia agresión contra comandos israelíes. El primer ministro Recep Tayyip Erdogan definió el incidente como una «masacre sangrienta» y a acusó a Israel de cometer «terrorismo estatal». Oficiales del partido gobernante AKP tildaron al estado judío de «estado pirata». El gobierno se manifestó a favor de demandar a los israelíes ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Como era de esperar, la reacción turca cosechó elogios por parte del espectro islamista radical de la región; por su parte el diario libanés Al-Safir definió a Erdogan como el nuevo «favorito de los árabes». Ciertamente es un personaje favorito de los turcos musulmanes, quienes -según observó Steven Rosen del Middle East Forum- expresaron una impresión negativa de los israelíes del orden del 77% (encuesta de la BBC de abril del 2010) y del 73% hostil a los judíos (encuesta Pew Global Research del 2009). El premier turco se está convirtiendo en el nuevo Nasser del Oriente Medio en virtud de su fiera retórica antisionista, sólo que ha reemplazado al pan-arabismo por el pan-islamismo. Casos puntuales: su defensa del genocida sudanés Omar al-Bashir, su alianza con el dictador de Teherán Mahmoud Amadinejad, su apoyo a Hamas y su acercamiento al régimen sirio. En Occidente, mientras tanto, su hipocresía no pasa desapercibida. No deja de notarse su proclamada preocupación por la «ocupación israelí» de Palestina a la par que defiende la ocupación militar turca de parte de Chipre desde 1974. No deja de advertirse su respaldo al te rrorismo de Hamas en tanto combate crudamente al terrorismo del «Partido de los Trabajadores Kurdos». Mención especial merece su indignada protesta del año pasado ante el presidente israelí Shimon Peres en el Foro de Davos «En lo referido a matanzas Uds. [los judíos] saben muy bien como matar», al provenir de un dignatario heredero del Imperio Turco-Otomano que ha matado a un millón y medio de armenios en unos pocos años a principios del siglo XX, marcando el primer genocidio sistemático de la modernidad.

Bajo la capitanía de un partido islamista desde el año 2002, Turquía ha desechado su identidad nacional-secular que la gobernó desde su establecimiento como república laica por Kemal Ataturk a favor de una orientación política e identitaria anclada en el Oriente. Las relaciones diplomáticas estrechas con el estado israelí, forjadas desde el reconocimiento formal turco a la nación hebrea en marzo de 1949, hoy están de facto terminadas. Habiendo sido el primer país de mayoría musulmana en reconocer a Israel, actualmente Ankara es líder -superado sólo por Irán- en la criminalización de Jerusalém. El acuerdo nuclear firmado con Brasilia y Teherán semanas atrás fue un desafío abierto a Washington. Su repentino radicalismo confirma la prudencia de la reticencia europea en no aceptar la incorporación turca a la Unión.

Tal como el experto en asuntos turcos Soner Cagaptay escribía recientemente en The Humiyet Daily News, lo que ha separado a Turquía de los restantes 56 estados musulmanes del mundo ha sido su laicismo y pro-occidentalismo, su virtud democrática, sus buenos lazos con Israel y Estados Unidos, y su membresía en la OTAN. Al abandonar parte de aquello que la hizo especial a los ojos del mundo libre y optar por posicionar a Ankara como un exponente del fanatismo mesoriental, Erdogan será seguramente celebrado en el Medio Oriente como el nuevo Nasser regional. Su nación, mientras tanto, perderá el papel histórico que estaba llamada a jugar.

Clarín

Clarín

Por Julián Schvindlerman

  

Israel puede justificar sus acciones militares – 08/06/10

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La Franja de Gaza no es un estado soberano, pero es gobernada independientemente por un movimiento palestino denominado Hamas (acrónimo árabe de “Movimiento de Resistencia Islámico”) desde el año 2006. Un año antes, Israel retiró unilateralmente a la totalidad de sus tropas y colonos poniendo término así a la denominada ocupación. Por los siguientes tres años y medio, Hamás disparó alrededor de tres mil quinientos cohetes contra población civil israelí hasta que el ejército finalmente respondió, dando lugar a la conflagración de inicios del 2009. Gaza es una entidad hostil a Israel con quien permanece en estado técnico de guerra. Hamás alcanzó el poder en elecciones libres, con el apoyo del pueblo gazatí. En reiteradas ocasiones, sus disparos de cohetes y ataques terroristas suicidas cosecharon el favor de un vasto sector de la sociedad palestina, la que festejó haciendo sonar las bocinas de sus autos, repartiendo caramelos y flameando banderines; tal como en los años noventa cuando Saddam Hussein lanzó misiles Scud contra ciudades israelíes.

A pesar de ello, el Estado de Israel ha hecho una distinción entre el pueblo palestino y el liderazgo palestino. Israel no está obligada a proveer asistencia a una entidad ofensora ni a atender las necesidades humanitarias de un pueblo gozoso de sangre israelí, sin embargo lo hace. Diariamente ingresan a Gaza provenientes de Israel cien camiones con provisiones asistenciales. Semanalmente llegan a la Franja diez mil toneladas de alimentos y medicamentos junto a otro tipo de ayuda. Al mismo tiempo, Israel ha impuesto un bloqueo aéreo, marítimo y terrestre sobre Gaza con el fin de evitar el rearme militar de Hamas. Compartiendo las consideraciones de seguridad de su vecino, Egipto también ha mantenido cerrada su frontera terrestre con Gaza, la que abrió a partir del incidente de la flotilla.

Días atrás, seis barcos foráneos, aproximándose a las costas de Gaza, fueron advertidos por la marina israelí y se les ofreció escolta al puerto de Ashdod, donde la mercadería sería inspeccionada, luego remitida a Gaza, y los navegantes repatriados. Cinco barcos acataron y el asunto se resolvió de manera pacífica. El sexto barco, el Mavi Marmari, no lo hizo. Su intención no era hacer llegar ayuda humanitaria a los palestinos sino quebrar el bloqueo israelí. Al zarpar desde Estambul, este barco fue despedido por extremistas islámicos asociados al Hamas: Mahmad Tózala y Sahar Albirawi (operadores de Hamas en Inglaterra), Hamad Said (líder de la Hermandad Musulmana en Jordania) y presuntamente Raed Salah (líder de la rama norte del movimiento islámico de Israel). A bordo se hallaba, entre otros, un nieto del jeque palestino Abdullah Yusuf Azzam, mentor de Osama Bin-Laden. El barco pertenece a una fundación turca conocida por las iniciales IHH, la que fue señalada por sus lazos con el mundillo del terror islamista en el año 2001 por el magistrado francés Jean-Louis Bruguiere y en el año 2006 por el Instituto de Estudios Internacionales de Dinamarca. El IHH es parte de una agrupación-paraguas saudita llamada “La Unión de los Buenos” que fue designada como organización terrorista por el Departamento del Tesoro de los EE.UU en el año 2008. Cuando un operador israelí comunicó por radio al Mavi Marmari que tenía prohibido avanzar, desde este barco se le respondió: “¡Cállese, regrese a Auschwitz!”.

La acción militar israelí fue justificada. Lo que aún debe explicarse es que hacían pacifistas de buen corazón respaldando a terroristas.

El Telégrafo (Ecuador)

El Telégrafo (Ecuador)

Por Julián Schvindlerman

  

Las relaciones entre Israel y Turquía se encuentran en crisis – 06/06/10

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El Telégrafo de Ecuador ha publicado una nota sobre las relaciones Turquía-Israel para la cual he sido entrevistado, junto con otros expertos. Abajo puede verse la nota completa (en azul el segmento en que soy citado). Julián Schvindlerman.

Tras el asalto de un comando israelí a un barco turco se produjo el conflicto diplomático.
Las palabras del presidente turco, Abdulá Gül, fueron cortas, pero tajantes: “A partir de ahora, las relaciones con Israel nunca más serán las mismas”.

El Mandatario hizo estas declaraciones tres días después de que el 31 de mayo un comando israelí atacara la Flotilla de la Libertad -integrada por seis naves y más de 700 pasajeros- que se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria. El asalto fue a un barco de bandera turca llamado Mavi Marmara y murieron nueve personas: ocho turcos y un estadounidense, según informes oficiales.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) condenó el asalto, mas no a Israel, mientras que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lo calificó como un “baño de sangre” y pidió una investigación “completa” del hecho.

El ataque generó, además, la condena de la Unión Europea, de la Liga Árabe, de varios gobiernos, y causó protestas en el mundo.

El Presidente turco aseguró que el ataque dejaría “secuelas irreparables” en las relaciones bilaterales y agregó que “Israel cometió uno de los errores más graves de su historia”. La nación judía respondió a los cuestionamientos. Afirmó que fue en defensa propia.

El ataque fue al barco de bandera turca llamado Mavi Marmara. Murieron nueve activistas

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lamentó la muerte de las personas, pero defendió el asalto a la Flotilla de la Libertad como “única salida” para hacer valer el bloqueo a la franja de Gaza y evitar que armas iraníes lleguen al movimiento islamista Hamás.

Según un informe del diario israelí La Aurora enviado a El Telégrafo, investigadores de ese país revelaron que al menos un centenar de personas se infiltró entre los activistas, “con el explícito propósito de atacar a los comandos israelíes, haciendo uso de armas blancas”. Precisa que algunas de ellas estarían relacionadas con grupos pertenecientes a la Jihad global, más que nada a Al-Qaeda.

El embajador de Israel en Ecuador, Eyal Sela, afirma que parte de la flotilla estaba integrada por grupos pacifistas y activistas, pero otra gran parte, sobre todo la organización turca IHH, tenía contactos con grupos islámicos de Hamás. “Ellos buscaron la provocación en un momento en que hay negociaciones indirectas con los moderados palestinos”, asegura.

Sela, quien confía que las relaciones con Turquía tendrán una solución diplomática, cuenta que hace más de dos semanas el Gobierno israelí informó a los barcos que primero tenían que ir a aduana en el Puerto de Ashdod, y todo lo que era ayuda humanitaria, como comida y medicamentos, pasaría; pero armas, no. Cinco de las naves aceptaron la llamada de Israel de llegar a Ashdod, menos el Mavi Marmara y fue cuando ocurrió el asalto, precisa Sela.

Desde España, Manuel Espinar, presidente de la ONG Cultura, Paz y Solidaridad, una de los organizadores de la flotilla, desmiente que los activistas llevaban armas y asegura que pensaron que Israel solo bloquearía su ingreso a Gaza, pero jamás consideraron que respondería con un ataque.

Espinar comenta que su hijo, Manuel Tapial, uno de los activistas que viajaba en la flota, le informó que el Ejército israelí realizó un asalto “brutal”. “Fueron asaltados por el Ejército israelí a las cuatro de la madrugada sin previo aviso y los miembros de la flotilla no llevaban armas, porque si era así, en ese momento las hubieran sacado, pero como hemos visto solo se han defendido con cuchillos de cocina y palos, nada más”, menciona Espinar.

El activista detalla que en la flotilla iban personas de 40 nacionalidades, entre ellos intelectuales, judíos víctimas del holocausto, por lo cual desmiente de que colaboraban con el movimiento islamista Hamás y niega que el grupo IHH esté vinculado al grupo terrorista Al-Qaeda.
Investigadores israelíes revelan que en la flota iban grupos relacionados con Al-Qaeda

El dirigente enfatiza que el ataque se realizó sobre aguas internacionales del Mar Mediterráneo, a 90 millas de Gaza y fuera de la soberanía marítima de Israel. El Gobierno israelí les advirtió que si se pasaban de las 60 millas -continúa- la marina intervendría, pero abordaron antes y de forma violenta. “¿Quién es Israel para decir que a 90 millas de su tierra no se puede circular? Un país tiene derecho a 20 millas náuticas, la flotilla estaba a 90 millas de distancia, no estaba en sus aguas”, enfatiza.

Turquía es el mejor aliado de Israel en la región. Sin embargo, los lazos entre ambos países -que son especialmente fuertes en los sectores militar, turístico y energético- han comenzado a resentirse tras el ataque de Israel a la franja de Gaza a finales de 2008, luego de mantener fructíferas relaciones desde mediados del 90.

Pero, ¿representa el asalto a la flota otro tropiezo más para que las relaciones entre Israel y Turquía se rompan? En lo personal, Guillaume Long, catedrático de Relaciones Internacionales de la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador), duda de que el Gobierno turco tome una medida de esas “proporciones de manera apresurada”.

La bronca con Israel le da réditos políticos al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdgogan, sobre todo entre ciertos sectores más islamistas, y cualquier declaración radical, o incluso una ruptura, le podría significar apoyo y votos, analiza.

“Pero por otro lado, Turquía es visto como un actor de peso en un potencial proceso de paz en el Medio Oriente, por lo que no le conviene radicalizar las cosas demasiado”, destaca Long tras afirmar que es sintomático que Turquía hable mal del Gobierno de Israel, pero no del Estado de Israel.
“Creo que eso indica que es poco probable que rompan relaciones por completo”, analiza.

Sin embargo, el conferencista internacional argentino Julián Schvindlerman explica a este diario que ahora los costos diplomáticos para Israel derivados de este episodio son altos, que están expresados en un empeoramiento apreciable de su imagen global, el deterioro marcado de su relación con Turquía, un mayor aislamiento ante Europa y un cierto endurecimiento de la posición palestina moderada.

Agrega que la reacción global del abordaje israelí a uno de los barcos de la flotilla ha seguido el patrón usual en incidentes relativos a Israel, como son la condena furibunda, luego la indagación fáctica y la aún no superada fase del oprobio mundial contra el régimen israelí.

Schvindlerman destaca, además, que si bien existe una extrema pobreza, no hay crisis humanitaria en Gaza, y que existen rutas normales por las cuales Israel canaliza ayuda propia e internacional a la población palestina, hasta “cien camiones diarios de provisiones”.

En este sentido, el conferencista resalta que de haber existido una verdadera vocación asistencial de la flotilla, la ayuda humanitaria pudo haber seguido estas vías. Pero, añade, la negativa del movimiento islámico Hamás -que gobierna Gaza- de no aceptar el material de ayuda de los activistas, entregado por las autoridades israelíes tras pasar una revisión, “demuestra que todo el ejercicio se trató de una provocación política”.

Horacio Calderón, analista y especialista en temas de Medio Oriente y África del Norte, coincide con Schvindlerman y señala a El Telégrafo que aquello quedó demostrado en el pronunciamiento de uno de los responsables de la organización de la flotilla, Bulnet Yildirim, quien, según el experto, habría manifestado su intención de ejercer violencia contra Israel si estas intentaba impedirles llegar a Gaza.

Asimismo, no descarta que grupos islamistas vinculados a Al-Qaeda y Hamás hayan estado involucrados en la operación de la flotilla.

Sin embargo, Calderón cuestiona que Israel no haya adoptado tácticas más adecuadas para detener, desviar, incluso abordar los buques en condiciones menos violentas. “Tal vez se hubiera evitado las bajas registradas, si no fuera por las altamente riesgosas tácticas de las fuerzas especiales Shayetet 13 de Israel, responsables del abordaje al Mavi Marmara y que se suponen son unas de las más altamente entrenadas de la región, incluso a nivel mundial”, explica.

Calderón considera que debido a este episodio podrían afectarse negociaciones altamente sensibles, como las relaciones entre Israel y Turquía, aliados estratégicos de vieja data, que sufren desde hace un tiempo un agudo proceso de deterioro.

También aquellas vinculadas al sospechoso desarrollo nuclear iraní, al futuro de Irak y a las necesidades estratégicas de los Estados Unidos en este último país y en Afganistán. De igual manera afectaría -acota- los diálogos entre la nación judía y Palestina, aunque, asegura, por el momento no hay proceso de paz, sino algunas conversaciones sin mucha relevancia.

Diana Auz/Mónica Álvarez
Redacción Mundo

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La DAIA se acobarda, otra vez – 02/06/10

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La República Argentina acaba de cumplir doscientos años de vida nacional independiente y la comunidad judía se ausentó de los festejos. Fue la única entre ochenta colectividades invitadas a desfilar en tributo a la ocasión que eligió no participar. Esto ha marcado un precedente lamentable para la historia comunitaria nacional y para las relaciones de los judíos con el resto de sus compatriotas.

De lo que puede reconstruirse del registro de acusaciones de la calle judía, defensas dirigenciales, emails aclaratorios, diálogos personales y entrevistas publicadas, emerge en el mejor de los casos un escenario de confusión; en el peor, de cobardía. En respuesta a la pregunta de una pariente preocupada, una mujer relacionada a la dirigencia afirmó en un email que pidió sea enviado a todos los contactos de ésta, que fueron convocadas las colectividades extranjeras, no religiosas, y por ende no cabía participación alguna. A un colega periodista, dirigentes de la DAIA le aseguraron que ante la cantidad de escuelas que querían participar, optaron por descartar a todas para no dar preferencia a ninguna. En una entrevista con Radio Jai, el presidente de la DAIA, Aldo Donzis, dijo que la carta oficial de invitación arribó tardíamente, limitando así las posibilidades de organización. Abraham Schwartz, representante del Consejo de Colectividades, llamó a Radio Jai para desmentir a Donzis y afirmó que el DAC (ente responsable de la seguridad comunitaria, dependiente de la DAIA) envió cartas a la red escolar judía instando a la no-participación invocando cuestiones de seguridad. De modo similar, luego de escuchar las declaraciones del titular de la DAIA, el periodista de investigación Ariel Said dijo a Radio Jai es mentira que no se avisó».

Ante una dirigencia que se contradice a sí misma y que motiva reacciones indignadas de figuras involucradas, resulta claro que alguien no está siendo del todo franco. Si efectivamente la dirigencia política de la comunidad judeo-argentina decidió excluir a la judería de los festejos bicentenarios por razones de seguridad pública, entonces ello marcaría un grave desacierto por el que alguien debería responder. Ante el precedente de agresiones físicas contra judíos que celebraban un pasado aniversario del Estado de Israel en la vía pública, y ante la intimidación a la que fue sujeto un grupo de jóvenes judíos que intentó manifestarse pacíficamente frente a la embajada iraní, la preocupación no estaría fuera de lugar. Pero ¿es ceder el espacio público ante los fanáticos la respuesta correcta? ¿Es conceder la victoria a patoteros armados con palos y disfrazados de fedayin la actitud valiente? ¿Es sabio dar el mensaje a los antisemitas que están detrás de estas provocaciones que apenas unas docenas de matones pueden amedrentar a una colectividad de doscientas mil almas?

En rigor, a quienes amedrentan no es a los doscientos mil judíos que conforman esta vibrante comunidad, sino a la decena de lúcidos líderes comunitarios que deciden por todos los demás. A quienes atemorizan es a individuos que necesitan de asesores de imagen que les digan que deben ellos hacer como dirigentes políticos. A quienes acobardan es a personas escandalosamente inadecuadas para afrontar la misión a la que voluntariamente se ofertaron. Bajar la cabeza no es una respuesta digna, ni inteligente. Se debe exponer a los extremistas en lugar de ocultar a los judíos.

Pero esto es mucho pedir a una dirigencia que, cuando Israel estaba bajo el fuego del Hamas y sometida a un linchamiento mediático espectacular en enero de 2009, es decir, en tiempos en los que Israel más necesitaba del respaldo de la diáspora hebrea, decidió no salir a la calle a expresar su apoyo a la nación asediada, y la que, eligiendo desoír los pedidos del embajador israelí, organizó un acto a puertas cerradas dentro del edificio de la AMIA. Es una dirigencia que, cuando finalmente y ante la protesta comunitaria, llamó a un acto público, lo hizo con excesiva demora, cuando la tempestad ya había menguado, y aún así convocó «por la paz y contra el terror» dejando por completo fuera de la consiga la palabra «Israel». La nuestra es una dirigencia de ilustres despistados que se refugia en la comodidad del acto de Iom Hashoá para mostrar a la sociedad su fidelidad a la causa judía y que justifica su existencia ante la profanación de tumbas hebreas perpetrada por un par de infradotados. Al verdadero desafío de nuestros tiempos le es indiferente.

Es todo un símbolo ver a nuestros distinguidos representantes elevar sus copas de champagne en el Hotel Alvear cada aniversario de Israel al brindar por la salud del estado judío mientas puertas afuera rehuyen de la tarea. Como ya será legendario recordar a un engalanado Aldo Donzis dentro del Teatro Colón celebrando el bicentenario patrio mientras afuera la comunidad judía quedaba excluida del desfile de colectividades por decisión de la institución que él preside.

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El juicio a tintín – 19/05/2010

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Como un tintinófilo consumado, noté con cierta preocupación el anuncio de que el personaje más famoso del cómic belga (y europeo), cuyas aventuras devoraba de niño, sería llevado al banquillo de los acusados a comienzos del presente mes de mayo en una corte de Bruselas. Los cargos no eran livianos: Tintín ha sido acusado de ser racista y de favorecer el colonialismo.

Bienvenu Mbutu Mondongo, un contador público congolés de 42 años, lleva más de tres años intentando prohibir la circulación de las peripecias del intrépido reportero belga en su país natal, Tintín en el Congo. Muestra a los africanos como imbéciles infantiles» ha dicho a la prensa. Según su parecer, el volumen, publicado por primera vez en 1930, es una manifestación colonialista europea. Por cierto, el relato contiene expresiones decididamente ofensivas y un enfoque claramente paternalista: su fiel perro Milú es coronado rey por los africanos y una mujer negra se inclina ante el joven y rubio europeo mientras dice «hombre blanco muy fabuloso». En Gran Bretaña se permite su venta solamente si el fascículo lleva una advertencia en su portada y la Biblioteca Pública de Brooklyn lo mantiene bajo llave y sólo se puede acceder al mismo por solicitud. Su creador George Remi (alias Hergé) tenía 23 años cuando escribió la historieta, jamás visitó el Congo, y lo hizo bajo las consignas de la época. «Estaba influenciado por los prejuicios del medio burgués en el que vivía», reconoció. Ediciones posteriores fueron revisadas por el propio autor. Es entendible la sensibilidad de los congoleños. El gobierno colonial belga en el Congo fue una de las incursiones europeístas más bestiales en el continente africano e incluso hasta 1960 las escuelas belgas describían a los africanos con atributos primitivos. Si Tintín merece ser censurado por ello es tema aparte.

Hergé reflejó en sus historias las impresiones del entorno y Tintín no fue ajeno a las preferencias políticas de su autor, quién lo metió en más de una controversia. Tal como la periodista Anne Jolis ha recordado, Tintín en la Tierra de los Soviéticos, la primera épica (1929), pintó la degradación del régimen blochevique. En 1942, la editorial pidió a Hergé que suavizara su retrato caricaturesco de la fisonomía japonesa en El Loto Azul (1936). Cariño por el reino animal no parecía sentir: durante su odisea en África, Tintín abate antílopes, monos, elefantes, rinocerontes y búfalos con una regularidad tal que hasta el propio Milú, dolido, afirma: «No puedo ver estas escenas de carnicería», conforme ha observado Michael Farr en Tintín: El sueño y la realidad. El pasado mes de febrero, las autoridades turcas multaron a un canal de televisión por emitir una animación de Tintín que contenía escenas con cigarrillos, lo cual está prohibido mostrar al aire. Hergé continuó trabajando en el diario y publicando sus historias aún durante la ocupación alemana de Bélgica. Para complacer a sus nuevos jefes, introdujo caricaturas antisemitas en sus cuentos. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Hergé fue arrestado bajo cargos de colaboración con los nazis, brevemente encarcelado y luego liberado. En aventuras posteriores, haría luchar a Tintín contra comunistas y capitalistas y hasta el Dalai Lama lo elogiaría -y premiaría- por su relato Tintín en el Tíbet (1960).

Tintín capturó el imaginario colectivo universal desde su primera aparición en Bélgica en 1929. Sus atrapantes aventuras quedaron registradas en más de veinte volúmenes publicados hasta 1976, pocos años antes de la muerte del autor. Traducido a más de cincuenta idiomas, vendió (dependiendo de la fuente consultada) entre ciento veinte y doscientos millones de copias en todo el mundo. La épica tintinesca ha despertado pasiones. Un periodista de Time ha dicho que su estilo influyó en las obras de Roy Lichtenstein y Andy Warhol, en tanto que un crítico literario que escribió un libro titulado Tintín y el Secreto de la Literatura le otorgó una «sutileza normalmente atribuida a Jane Austin y Henry James». En 1999, la Asamblea Nacional Francesa fue convocada para debatir un tema singular: «Tintín: ¿es de izquierda o de derecha?». Esa fue la primera vez que un personaje de caricatura fue objeto de debate en el parlamento francés; y posiblemente en cualquier parlamento del mundo. (No hubo votación ni conclusiones taxativas al respecto). Steven Spielberg y Peter Jackson anunciaron una próxima trilogía fílmica sobre el personaje.

Tintín ha sido un éxito colosal y como con casi todos los sucesos mayúsculos no ha permanecido inmune al escándalo o a la crítica. En cierto sentido, ha quedado ligado a las vicisitudes de otros dibujos animados: tal como el Pato Donald anteriormente -criticado por progresistas latinoamericanos por su presunto imperialismo- y los personajes de South Park después – sujetos a una fatua islamista por personificar a Mahoma- Tintín transita un recorrido signado por las inclemencias de nuestros tiempos.