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Clarín

Clarín

Por Julián Schvindlerman

  

Israel puede justificar sus acciones militares – 08/06/10

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La Franja de Gaza no es un estado soberano, pero es gobernada independientemente por un movimiento palestino denominado Hamas (acrónimo árabe de “Movimiento de Resistencia Islámico”) desde el año 2006. Un año antes, Israel retiró unilateralmente a la totalidad de sus tropas y colonos poniendo término así a la denominada ocupación. Por los siguientes tres años y medio, Hamás disparó alrededor de tres mil quinientos cohetes contra población civil israelí hasta que el ejército finalmente respondió, dando lugar a la conflagración de inicios del 2009. Gaza es una entidad hostil a Israel con quien permanece en estado técnico de guerra. Hamás alcanzó el poder en elecciones libres, con el apoyo del pueblo gazatí. En reiteradas ocasiones, sus disparos de cohetes y ataques terroristas suicidas cosecharon el favor de un vasto sector de la sociedad palestina, la que festejó haciendo sonar las bocinas de sus autos, repartiendo caramelos y flameando banderines; tal como en los años noventa cuando Saddam Hussein lanzó misiles Scud contra ciudades israelíes.

A pesar de ello, el Estado de Israel ha hecho una distinción entre el pueblo palestino y el liderazgo palestino. Israel no está obligada a proveer asistencia a una entidad ofensora ni a atender las necesidades humanitarias de un pueblo gozoso de sangre israelí, sin embargo lo hace. Diariamente ingresan a Gaza provenientes de Israel cien camiones con provisiones asistenciales. Semanalmente llegan a la Franja diez mil toneladas de alimentos y medicamentos junto a otro tipo de ayuda. Al mismo tiempo, Israel ha impuesto un bloqueo aéreo, marítimo y terrestre sobre Gaza con el fin de evitar el rearme militar de Hamas. Compartiendo las consideraciones de seguridad de su vecino, Egipto también ha mantenido cerrada su frontera terrestre con Gaza, la que abrió a partir del incidente de la flotilla.

Días atrás, seis barcos foráneos, aproximándose a las costas de Gaza, fueron advertidos por la marina israelí y se les ofreció escolta al puerto de Ashdod, donde la mercadería sería inspeccionada, luego remitida a Gaza, y los navegantes repatriados. Cinco barcos acataron y el asunto se resolvió de manera pacífica. El sexto barco, el Mavi Marmari, no lo hizo. Su intención no era hacer llegar ayuda humanitaria a los palestinos sino quebrar el bloqueo israelí. Al zarpar desde Estambul, este barco fue despedido por extremistas islámicos asociados al Hamas: Mahmad Tózala y Sahar Albirawi (operadores de Hamas en Inglaterra), Hamad Said (líder de la Hermandad Musulmana en Jordania) y presuntamente Raed Salah (líder de la rama norte del movimiento islámico de Israel). A bordo se hallaba, entre otros, un nieto del jeque palestino Abdullah Yusuf Azzam, mentor de Osama Bin-Laden. El barco pertenece a una fundación turca conocida por las iniciales IHH, la que fue señalada por sus lazos con el mundillo del terror islamista en el año 2001 por el magistrado francés Jean-Louis Bruguiere y en el año 2006 por el Instituto de Estudios Internacionales de Dinamarca. El IHH es parte de una agrupación-paraguas saudita llamada “La Unión de los Buenos” que fue designada como organización terrorista por el Departamento del Tesoro de los EE.UU en el año 2008. Cuando un operador israelí comunicó por radio al Mavi Marmari que tenía prohibido avanzar, desde este barco se le respondió: “¡Cállese, regrese a Auschwitz!”.

La acción militar israelí fue justificada. Lo que aún debe explicarse es que hacían pacifistas de buen corazón respaldando a terroristas.

El Telégrafo (Ecuador)

El Telégrafo (Ecuador)

Por Julián Schvindlerman

  

Las relaciones entre Israel y Turquía se encuentran en crisis – 06/06/10

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El Telégrafo de Ecuador ha publicado una nota sobre las relaciones Turquía-Israel para la cual he sido entrevistado, junto con otros expertos. Abajo puede verse la nota completa (en azul el segmento en que soy citado). Julián Schvindlerman.

Tras el asalto de un comando israelí a un barco turco se produjo el conflicto diplomático.
Las palabras del presidente turco, Abdulá Gül, fueron cortas, pero tajantes: “A partir de ahora, las relaciones con Israel nunca más serán las mismas”.

El Mandatario hizo estas declaraciones tres días después de que el 31 de mayo un comando israelí atacara la Flotilla de la Libertad -integrada por seis naves y más de 700 pasajeros- que se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria. El asalto fue a un barco de bandera turca llamado Mavi Marmara y murieron nueve personas: ocho turcos y un estadounidense, según informes oficiales.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) condenó el asalto, mas no a Israel, mientras que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, lo calificó como un “baño de sangre” y pidió una investigación “completa” del hecho.

El ataque generó, además, la condena de la Unión Europea, de la Liga Árabe, de varios gobiernos, y causó protestas en el mundo.

El Presidente turco aseguró que el ataque dejaría “secuelas irreparables” en las relaciones bilaterales y agregó que “Israel cometió uno de los errores más graves de su historia”. La nación judía respondió a los cuestionamientos. Afirmó que fue en defensa propia.

El ataque fue al barco de bandera turca llamado Mavi Marmara. Murieron nueve activistas

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lamentó la muerte de las personas, pero defendió el asalto a la Flotilla de la Libertad como “única salida” para hacer valer el bloqueo a la franja de Gaza y evitar que armas iraníes lleguen al movimiento islamista Hamás.

Según un informe del diario israelí La Aurora enviado a El Telégrafo, investigadores de ese país revelaron que al menos un centenar de personas se infiltró entre los activistas, “con el explícito propósito de atacar a los comandos israelíes, haciendo uso de armas blancas”. Precisa que algunas de ellas estarían relacionadas con grupos pertenecientes a la Jihad global, más que nada a Al-Qaeda.

El embajador de Israel en Ecuador, Eyal Sela, afirma que parte de la flotilla estaba integrada por grupos pacifistas y activistas, pero otra gran parte, sobre todo la organización turca IHH, tenía contactos con grupos islámicos de Hamás. “Ellos buscaron la provocación en un momento en que hay negociaciones indirectas con los moderados palestinos”, asegura.

Sela, quien confía que las relaciones con Turquía tendrán una solución diplomática, cuenta que hace más de dos semanas el Gobierno israelí informó a los barcos que primero tenían que ir a aduana en el Puerto de Ashdod, y todo lo que era ayuda humanitaria, como comida y medicamentos, pasaría; pero armas, no. Cinco de las naves aceptaron la llamada de Israel de llegar a Ashdod, menos el Mavi Marmara y fue cuando ocurrió el asalto, precisa Sela.

Desde España, Manuel Espinar, presidente de la ONG Cultura, Paz y Solidaridad, una de los organizadores de la flotilla, desmiente que los activistas llevaban armas y asegura que pensaron que Israel solo bloquearía su ingreso a Gaza, pero jamás consideraron que respondería con un ataque.

Espinar comenta que su hijo, Manuel Tapial, uno de los activistas que viajaba en la flota, le informó que el Ejército israelí realizó un asalto “brutal”. “Fueron asaltados por el Ejército israelí a las cuatro de la madrugada sin previo aviso y los miembros de la flotilla no llevaban armas, porque si era así, en ese momento las hubieran sacado, pero como hemos visto solo se han defendido con cuchillos de cocina y palos, nada más”, menciona Espinar.

El activista detalla que en la flotilla iban personas de 40 nacionalidades, entre ellos intelectuales, judíos víctimas del holocausto, por lo cual desmiente de que colaboraban con el movimiento islamista Hamás y niega que el grupo IHH esté vinculado al grupo terrorista Al-Qaeda.
Investigadores israelíes revelan que en la flota iban grupos relacionados con Al-Qaeda

El dirigente enfatiza que el ataque se realizó sobre aguas internacionales del Mar Mediterráneo, a 90 millas de Gaza y fuera de la soberanía marítima de Israel. El Gobierno israelí les advirtió que si se pasaban de las 60 millas -continúa- la marina intervendría, pero abordaron antes y de forma violenta. “¿Quién es Israel para decir que a 90 millas de su tierra no se puede circular? Un país tiene derecho a 20 millas náuticas, la flotilla estaba a 90 millas de distancia, no estaba en sus aguas”, enfatiza.

Turquía es el mejor aliado de Israel en la región. Sin embargo, los lazos entre ambos países -que son especialmente fuertes en los sectores militar, turístico y energético- han comenzado a resentirse tras el ataque de Israel a la franja de Gaza a finales de 2008, luego de mantener fructíferas relaciones desde mediados del 90.

Pero, ¿representa el asalto a la flota otro tropiezo más para que las relaciones entre Israel y Turquía se rompan? En lo personal, Guillaume Long, catedrático de Relaciones Internacionales de la Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Ecuador), duda de que el Gobierno turco tome una medida de esas “proporciones de manera apresurada”.

La bronca con Israel le da réditos políticos al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdgogan, sobre todo entre ciertos sectores más islamistas, y cualquier declaración radical, o incluso una ruptura, le podría significar apoyo y votos, analiza.

“Pero por otro lado, Turquía es visto como un actor de peso en un potencial proceso de paz en el Medio Oriente, por lo que no le conviene radicalizar las cosas demasiado”, destaca Long tras afirmar que es sintomático que Turquía hable mal del Gobierno de Israel, pero no del Estado de Israel.
“Creo que eso indica que es poco probable que rompan relaciones por completo”, analiza.

Sin embargo, el conferencista internacional argentino Julián Schvindlerman explica a este diario que ahora los costos diplomáticos para Israel derivados de este episodio son altos, que están expresados en un empeoramiento apreciable de su imagen global, el deterioro marcado de su relación con Turquía, un mayor aislamiento ante Europa y un cierto endurecimiento de la posición palestina moderada.

Agrega que la reacción global del abordaje israelí a uno de los barcos de la flotilla ha seguido el patrón usual en incidentes relativos a Israel, como son la condena furibunda, luego la indagación fáctica y la aún no superada fase del oprobio mundial contra el régimen israelí.

Schvindlerman destaca, además, que si bien existe una extrema pobreza, no hay crisis humanitaria en Gaza, y que existen rutas normales por las cuales Israel canaliza ayuda propia e internacional a la población palestina, hasta “cien camiones diarios de provisiones”.

En este sentido, el conferencista resalta que de haber existido una verdadera vocación asistencial de la flotilla, la ayuda humanitaria pudo haber seguido estas vías. Pero, añade, la negativa del movimiento islámico Hamás -que gobierna Gaza- de no aceptar el material de ayuda de los activistas, entregado por las autoridades israelíes tras pasar una revisión, “demuestra que todo el ejercicio se trató de una provocación política”.

Horacio Calderón, analista y especialista en temas de Medio Oriente y África del Norte, coincide con Schvindlerman y señala a El Telégrafo que aquello quedó demostrado en el pronunciamiento de uno de los responsables de la organización de la flotilla, Bulnet Yildirim, quien, según el experto, habría manifestado su intención de ejercer violencia contra Israel si estas intentaba impedirles llegar a Gaza.

Asimismo, no descarta que grupos islamistas vinculados a Al-Qaeda y Hamás hayan estado involucrados en la operación de la flotilla.

Sin embargo, Calderón cuestiona que Israel no haya adoptado tácticas más adecuadas para detener, desviar, incluso abordar los buques en condiciones menos violentas. “Tal vez se hubiera evitado las bajas registradas, si no fuera por las altamente riesgosas tácticas de las fuerzas especiales Shayetet 13 de Israel, responsables del abordaje al Mavi Marmara y que se suponen son unas de las más altamente entrenadas de la región, incluso a nivel mundial”, explica.

Calderón considera que debido a este episodio podrían afectarse negociaciones altamente sensibles, como las relaciones entre Israel y Turquía, aliados estratégicos de vieja data, que sufren desde hace un tiempo un agudo proceso de deterioro.

También aquellas vinculadas al sospechoso desarrollo nuclear iraní, al futuro de Irak y a las necesidades estratégicas de los Estados Unidos en este último país y en Afganistán. De igual manera afectaría -acota- los diálogos entre la nación judía y Palestina, aunque, asegura, por el momento no hay proceso de paz, sino algunas conversaciones sin mucha relevancia.

Diana Auz/Mónica Álvarez
Redacción Mundo

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La DAIA se acobarda, otra vez – 02/06/10

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La República Argentina acaba de cumplir doscientos años de vida nacional independiente y la comunidad judía se ausentó de los festejos. Fue la única entre ochenta colectividades invitadas a desfilar en tributo a la ocasión que eligió no participar. Esto ha marcado un precedente lamentable para la historia comunitaria nacional y para las relaciones de los judíos con el resto de sus compatriotas.

De lo que puede reconstruirse del registro de acusaciones de la calle judía, defensas dirigenciales, emails aclaratorios, diálogos personales y entrevistas publicadas, emerge en el mejor de los casos un escenario de confusión; en el peor, de cobardía. En respuesta a la pregunta de una pariente preocupada, una mujer relacionada a la dirigencia afirmó en un email que pidió sea enviado a todos los contactos de ésta, que fueron convocadas las colectividades extranjeras, no religiosas, y por ende no cabía participación alguna. A un colega periodista, dirigentes de la DAIA le aseguraron que ante la cantidad de escuelas que querían participar, optaron por descartar a todas para no dar preferencia a ninguna. En una entrevista con Radio Jai, el presidente de la DAIA, Aldo Donzis, dijo que la carta oficial de invitación arribó tardíamente, limitando así las posibilidades de organización. Abraham Schwartz, representante del Consejo de Colectividades, llamó a Radio Jai para desmentir a Donzis y afirmó que el DAC (ente responsable de la seguridad comunitaria, dependiente de la DAIA) envió cartas a la red escolar judía instando a la no-participación invocando cuestiones de seguridad. De modo similar, luego de escuchar las declaraciones del titular de la DAIA, el periodista de investigación Ariel Said dijo a Radio Jai es mentira que no se avisó».

Ante una dirigencia que se contradice a sí misma y que motiva reacciones indignadas de figuras involucradas, resulta claro que alguien no está siendo del todo franco. Si efectivamente la dirigencia política de la comunidad judeo-argentina decidió excluir a la judería de los festejos bicentenarios por razones de seguridad pública, entonces ello marcaría un grave desacierto por el que alguien debería responder. Ante el precedente de agresiones físicas contra judíos que celebraban un pasado aniversario del Estado de Israel en la vía pública, y ante la intimidación a la que fue sujeto un grupo de jóvenes judíos que intentó manifestarse pacíficamente frente a la embajada iraní, la preocupación no estaría fuera de lugar. Pero ¿es ceder el espacio público ante los fanáticos la respuesta correcta? ¿Es conceder la victoria a patoteros armados con palos y disfrazados de fedayin la actitud valiente? ¿Es sabio dar el mensaje a los antisemitas que están detrás de estas provocaciones que apenas unas docenas de matones pueden amedrentar a una colectividad de doscientas mil almas?

En rigor, a quienes amedrentan no es a los doscientos mil judíos que conforman esta vibrante comunidad, sino a la decena de lúcidos líderes comunitarios que deciden por todos los demás. A quienes atemorizan es a individuos que necesitan de asesores de imagen que les digan que deben ellos hacer como dirigentes políticos. A quienes acobardan es a personas escandalosamente inadecuadas para afrontar la misión a la que voluntariamente se ofertaron. Bajar la cabeza no es una respuesta digna, ni inteligente. Se debe exponer a los extremistas en lugar de ocultar a los judíos.

Pero esto es mucho pedir a una dirigencia que, cuando Israel estaba bajo el fuego del Hamas y sometida a un linchamiento mediático espectacular en enero de 2009, es decir, en tiempos en los que Israel más necesitaba del respaldo de la diáspora hebrea, decidió no salir a la calle a expresar su apoyo a la nación asediada, y la que, eligiendo desoír los pedidos del embajador israelí, organizó un acto a puertas cerradas dentro del edificio de la AMIA. Es una dirigencia que, cuando finalmente y ante la protesta comunitaria, llamó a un acto público, lo hizo con excesiva demora, cuando la tempestad ya había menguado, y aún así convocó «por la paz y contra el terror» dejando por completo fuera de la consiga la palabra «Israel». La nuestra es una dirigencia de ilustres despistados que se refugia en la comodidad del acto de Iom Hashoá para mostrar a la sociedad su fidelidad a la causa judía y que justifica su existencia ante la profanación de tumbas hebreas perpetrada por un par de infradotados. Al verdadero desafío de nuestros tiempos le es indiferente.

Es todo un símbolo ver a nuestros distinguidos representantes elevar sus copas de champagne en el Hotel Alvear cada aniversario de Israel al brindar por la salud del estado judío mientas puertas afuera rehuyen de la tarea. Como ya será legendario recordar a un engalanado Aldo Donzis dentro del Teatro Colón celebrando el bicentenario patrio mientras afuera la comunidad judía quedaba excluida del desfile de colectividades por decisión de la institución que él preside.

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El juicio a Tintín – 19/05/10

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Como un tintinófilo consumado, noté con cierta preocupación el anuncio de que el personaje más famoso del cómic belga (y europeo), cuyas aventuras devoraba de niño, sería llevado al banquillo de los acusados a comienzos del presente mes de mayo en una corte de Bruselas. Los cargos no eran livianos: Tintín ha sido acusado de ser racista y de favorecer el colonialismo.

Bienvenu Mbutu Mondongo, un contador público congolés de 42 años, lleva más de tres años intentando prohibir la circulación de las peripecias del intrépido reportero belga en su país natal, Tintín en el Congo. “Muestra a los africanos como imbéciles infantiles” ha dicho a la prensa. Según su parecer, el volumen, publicado por primera vez en 1930, es una manifestación colonialista europea. Por cierto, el relato contiene expresiones decididamente ofensivas y un enfoque claramente paternalista: su fiel perro Milú es coronado rey por los africanos y una mujer negra se inclina ante el joven y rubio europeo mientras dice “hombre blanco muy fabuloso”. En Gran Bretaña se permite su venta solamente si el fascículo lleva una advertencia en su portada y la Biblioteca Pública de Brooklyn lo mantiene bajo llave y sólo se puede acceder al mismo por solicitud. Su creador George Remi (alias Hergé) tenía 23 años cuando escribió la historieta, jamás visitó el Congo, y lo hizo bajo las consignas de la época. “Estaba influenciado por los prejuicios del medio burgués en el que vivía”, reconoció. Ediciones posteriores fueron revisadas por el propio autor. Es entendible la sensibilidad de los congoleños. El gobierno colonial belga en el Congo fue una de las incursiones europeístas más bestiales en el continente africano e incluso hasta 1960 las escuelas belgas describían a los africanos con atributos primitivos. Si Tintín merece ser censurado por ello es tema aparte.

Hergé reflejó en sus historias las impresiones del entorno y Tintín no fue ajeno a las preferencias políticas de su autor, quién lo metió en más de una controversia. Tal como la periodista Anne Jolis ha recordado, Tintín en la Tierra de los Soviéticos, la primera épica (1929), pintó la degradación del régimen blochevique. En 1942, la editorial pidió a Hergé que suavizara su retrato caricaturesco de la fisonomía japonesa en El Loto Azul (1936). Cariño por el reino animal no parecía sentir: durante su odisea en África, Tintín abate antílopes, monos, elefantes, rinocerontes y búfalos con una regularidad tal que hasta el propio Milú, dolido, afirma: “No puedo ver estas escenas de carnicería”, conforme ha observado  Michael Farr en Tintín: El sueño y la realidad. El pasado mes de febrero, las autoridades turcas multaron a un canal de televisión por emitir una animación de Tintín que contenía escenas con cigarrillos, lo cual está prohibido mostrar al aire. Hergé continuó trabajando en el diario y publicando sus historias aún durante la ocupación alemana de Bélgica. Para complacer a sus nuevos jefes, introdujo caricaturas antisemitas en sus cuentos. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Hergé fue arrestado bajo cargos de colaboración con los nazis, brevemente encarcelado y luego liberado. En aventuras posteriores, haría luchar a Tintín contra comunistas y capitalistas y hasta el Dalai Lama lo elogiaría -y premiaría- por su relato Tintín en el Tíbet (1960).  

Tintín capturó el imaginario colectivo universal desde su primera aparición en Bélgica en 1929. Sus atrapantes aventuras quedaron registradas en más de veinte volúmenes publicados hasta 1976, pocos años antes de la muerte del autor. Traducido a más de cincuenta idiomas, vendió (dependiendo de la fuente consultada) entre ciento veinte y doscientos millones de copias en todo el mundo. La épica tintinesca ha despertado pasiones. Un periodista de Time ha dicho que su estilo influyó en las obras de Roy Lichtenstein y Andy Warhol, en tanto que un crítico literario que escribió un libro titulado Tintín y el Secreto de la Literatura le otorgó una “sutileza normalmente atribuida a Jane Austin y Henry James”. En 1999, la Asamblea Nacional Francesa fue convocada para debatir un tema singular: “Tintín: ¿es de izquierda o de derecha?”. Esa fue la primera vez que un personaje de caricatura fue objeto de debate en el parlamento francés; y posiblemente en cualquier parlamento del mundo. (No hubo votación ni conclusiones taxativas al respecto). Steven Spielberg y Peter Jackson anunciaron una próxima trilogía fílmica sobre el personaje.

Tintín ha sido un éxito colosal y como con casi todos los sucesos mayúsculos no ha permanecido inmune al escándalo o a la crítica. En cierto sentido, ha quedado ligado a las vicisitudes de otros dibujos animados: tal como el Pato Donald anteriormente -criticado por progresistas latinoamericanos por su presunto imperialismo- y los personajes de South Park después – sujetos a una fatua islamista por personificar a Mahoma- Tintín transita un recorrido signado por las inclemencias de nuestros tiempos.

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El juicio a tintín – 19/05/2010

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Como un tintinófilo consumado, noté con cierta preocupación el anuncio de que el personaje más famoso del cómic belga (y europeo), cuyas aventuras devoraba de niño, sería llevado al banquillo de los acusados a comienzos del presente mes de mayo en una corte de Bruselas. Los cargos no eran livianos: Tintín ha sido acusado de ser racista y de favorecer el colonialismo.

Bienvenu Mbutu Mondongo, un contador público congolés de 42 años, lleva más de tres años intentando prohibir la circulación de las peripecias del intrépido reportero belga en su país natal, Tintín en el Congo. Muestra a los africanos como imbéciles infantiles» ha dicho a la prensa. Según su parecer, el volumen, publicado por primera vez en 1930, es una manifestación colonialista europea. Por cierto, el relato contiene expresiones decididamente ofensivas y un enfoque claramente paternalista: su fiel perro Milú es coronado rey por los africanos y una mujer negra se inclina ante el joven y rubio europeo mientras dice «hombre blanco muy fabuloso». En Gran Bretaña se permite su venta solamente si el fascículo lleva una advertencia en su portada y la Biblioteca Pública de Brooklyn lo mantiene bajo llave y sólo se puede acceder al mismo por solicitud. Su creador George Remi (alias Hergé) tenía 23 años cuando escribió la historieta, jamás visitó el Congo, y lo hizo bajo las consignas de la época. «Estaba influenciado por los prejuicios del medio burgués en el que vivía», reconoció. Ediciones posteriores fueron revisadas por el propio autor. Es entendible la sensibilidad de los congoleños. El gobierno colonial belga en el Congo fue una de las incursiones europeístas más bestiales en el continente africano e incluso hasta 1960 las escuelas belgas describían a los africanos con atributos primitivos. Si Tintín merece ser censurado por ello es tema aparte.

Hergé reflejó en sus historias las impresiones del entorno y Tintín no fue ajeno a las preferencias políticas de su autor, quién lo metió en más de una controversia. Tal como la periodista Anne Jolis ha recordado, Tintín en la Tierra de los Soviéticos, la primera épica (1929), pintó la degradación del régimen blochevique. En 1942, la editorial pidió a Hergé que suavizara su retrato caricaturesco de la fisonomía japonesa en El Loto Azul (1936). Cariño por el reino animal no parecía sentir: durante su odisea en África, Tintín abate antílopes, monos, elefantes, rinocerontes y búfalos con una regularidad tal que hasta el propio Milú, dolido, afirma: «No puedo ver estas escenas de carnicería», conforme ha observado Michael Farr en Tintín: El sueño y la realidad. El pasado mes de febrero, las autoridades turcas multaron a un canal de televisión por emitir una animación de Tintín que contenía escenas con cigarrillos, lo cual está prohibido mostrar al aire. Hergé continuó trabajando en el diario y publicando sus historias aún durante la ocupación alemana de Bélgica. Para complacer a sus nuevos jefes, introdujo caricaturas antisemitas en sus cuentos. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Hergé fue arrestado bajo cargos de colaboración con los nazis, brevemente encarcelado y luego liberado. En aventuras posteriores, haría luchar a Tintín contra comunistas y capitalistas y hasta el Dalai Lama lo elogiaría -y premiaría- por su relato Tintín en el Tíbet (1960).

Tintín capturó el imaginario colectivo universal desde su primera aparición en Bélgica en 1929. Sus atrapantes aventuras quedaron registradas en más de veinte volúmenes publicados hasta 1976, pocos años antes de la muerte del autor. Traducido a más de cincuenta idiomas, vendió (dependiendo de la fuente consultada) entre ciento veinte y doscientos millones de copias en todo el mundo. La épica tintinesca ha despertado pasiones. Un periodista de Time ha dicho que su estilo influyó en las obras de Roy Lichtenstein y Andy Warhol, en tanto que un crítico literario que escribió un libro titulado Tintín y el Secreto de la Literatura le otorgó una «sutileza normalmente atribuida a Jane Austin y Henry James». En 1999, la Asamblea Nacional Francesa fue convocada para debatir un tema singular: «Tintín: ¿es de izquierda o de derecha?». Esa fue la primera vez que un personaje de caricatura fue objeto de debate en el parlamento francés; y posiblemente en cualquier parlamento del mundo. (No hubo votación ni conclusiones taxativas al respecto). Steven Spielberg y Peter Jackson anunciaron una próxima trilogía fílmica sobre el personaje.

Tintín ha sido un éxito colosal y como con casi todos los sucesos mayúsculos no ha permanecido inmune al escándalo o a la crítica. En cierto sentido, ha quedado ligado a las vicisitudes de otros dibujos animados: tal como el Pato Donald anteriormente -criticado por progresistas latinoamericanos por su presunto imperialismo- y los personajes de South Park después – sujetos a una fatua islamista por personificar a Mahoma- Tintín transita un recorrido signado por las inclemencias de nuestros tiempos.

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Obama e Israel – 05/05/10

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Cuando vemos a seguidores-estrella del Partido Demócrata como Elie Wiesel y Alan Dershowitz ventilar públicamente su disgusto con la política hacia Israel del actual presidente estadounidense, podemos deducir que lo que ha sido evidente por largo tiempo para los escépticos finalmente ha sido aceptado por los simpatizantes: Barack Obama no es afín al estado judío.

Los indicios que surgieron durante la campaña de Obama se han convertido en evidencia durante su presidencia. Su circunstancia personal (miembro de la comunidad africano-americana, hijo de padre musulmán, educación temprana en Indonesia), sus asociaciones sociales con prominentes figuras anti-israelíes (el pastor radical Jeremiah Wright, el orientalista “anti-orientalista” Edward Said, el académico de la OLP Rashid Khalidi), y su ambigüedad durante la campaña electoral, despertaron numerosas inquietudes acerca de su posicionamiento ideológico respecto de Israel; sus discursos y acciones como presidente no han hecho más que acentuarlas. Su acercamiento al mundo islámico, su problemática omisión de la conexión judía con la Tierra de Israel durante su famoso discurso en El Cairo, su debilidad en torno al avance nuclear de Irán, su hostigamiento diplomático a Jerusalem a propósito del tema de los asentamientos; todo ello es parte de la misma paleta ideológica.

El desapego de Obama respecto de Israel ha sido tan cabal que bajo su corto mandato el Partido Demócrata ha prácticamente abandonado la defensa de Israel incluso en el Congreso norteamericano, bastión tradicional del apoyo bipartidista al estado judío. Conforme ha observado la periodista del Jerusalem Post Caroline Glick, “el apoyo a Israel se ha transformado en una posición minoritaria entre los Demócratas”. Ella sustenta esa afirmación en lo siguiente: Durante la Operación Plomo Fundido, la Cámara de Representantes aprobó una resolución contra el Hamas, once días antes de la inauguración de Obama, con 390 votos a favor, 5 en contra (4 de ellos demócratas) y 37 abstenciones (29 de ellas demócratas). En noviembre de 2009, el Congreso adoptó una resolución de condena del Reporte Goldstone con 344 votos a favor, 36 en contra (33 de ellos demócratas) y 52 abstenciones (44 de ellas demócratas). En febrero de 2010, 44 congresistas enviaron una carta a Obama instándolo a presionar a Israel; todos ellos eran demócratas. En medio de la crisis desatada por esta Casa Blanca por la construcción de viviendas en Jerusalem Este el pasado marzo, 327 congresistas enviaron una carta a la Secretaria de Estado Hillary Clinton pidiendo un cese a las críticas públicas de Washington a Jerusalem; de los 102 miembros que se opusieron a firmarla, 94 eran demócratas. Otras varias iniciativas legisladoras tendientes a respaldar a Israel cosecharon solamente apoyo republicano.

A esto debemos agregar la divulgación pública -por parte del propio presidente Obama y de altos funcionarios del Pentágono- de la noción de Israel como factor de desestabilización del Medio Oriente. En una conferencia de prensa a mediados de abril, Obama dijo que su país tiene un “interés vital de seguridad nacional” en la resolución del conflicto palestino-israelí puesto que “cuando el conflicto estalla…ello termina costándonos significativamente tanto en sangre como en tesoro”. El cuestionable postulado de que Israel es la causa de los males que aquejan al Medio Oriente ha sido por largo tiempo parte del arsenal retórico de la propaganda árabe, en tiempos más recientes fue tomado por izquierdistas europeos y tercermundistas. Que una administración estadounidense luzca dispuesta a respaldarlo marca un precedente tan novedoso como sorprendente.

Ciertamente, una confrontación entre israelíes y sus vecinos tendría un impacto en los objetivos estratégicos, recursos humanos y ganancias materiales de los Estados Unidos. Pero también lo tendría una guerra que involucrara a Pakistán, Irak, Irán, Afganistán o a cualquier otro país mesoriental desvinculado de la cuestión palestino-israelí. Y a diferencia de numerosas crisis que motivaron la intervención o acción militar norteamericana en países musulmanes o con altas concentraciones poblacionales islámicas -Kuwait, Arabia Saudita, El Líbano, Bosnia, Kosovo y Somalia- nunca debió Washington enviar soldados a la guerra para proteger al estado judío, en la atinada observación del Wall Street Journal. Por su parte, la impresión de que un Israel en paz con sus vecinos facilitaría la resolución de las disputas entre sunitas, chiítas y kurdos en Irak; la relación de Washington con el poco confiable presidente afgano; las ambiciones nucleares e imperiales de Irán; o el revanchismo religioso universal de Al-Qaeda et al, es tan fantástica que lo empuja a uno hacia la incredulidad.

Haber llevado a un deterioro tal en la relación entre dos aliados históricos en poco más de un año de gobierno no es una proeza menor. Imagínese cuanto más podrían empeorar las cosas en los restantes dos años y medio de mandato demócrata.

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Obama e israel – 05/05/2010

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Cuando vemos a seguidores-estrella del Partido Demócrata como Elie Wiesel y Alan Dershowitz ventilar públicamente su disgusto con la política hacia Israel del actual presidente estadounidense, podemos deducir que lo que ha sido evidente por largo tiempo para los escépticos finalmente ha sido aceptado por los simpatizantes: Barack Obama no es afín al estado judío.

Los indicios que surgieron durante la campaña de Obama se han convertido en evidencia durante su presidencia. Su circunstancia personal (miembro de la comunidad africano-americana, hijo de padre musulmán, educación temprana en Indonesia), sus asociaciones sociales con prominentes figuras anti-israelíes (el pastor radical Jeremiah Wright, el orientalista anti-orientalista» Edward Said, el académico de la OLP Rashid Khalidi), y su ambigüedad durante la campaña electoral, despertaron numerosas inquietudes acerca de su posicionamiento ideológico respecto de Israel; sus discursos y acciones como presidente no han hecho más que acentuarlas. Su acercamiento al mundo islámico, su problemática omisión de la conexión judía con la Tierra de Israel durante su famoso discurso en El Cairo, su debilidad en torno al avance nuclear de Irán, su hostigamiento diplomático a Jerusalem a propósito del tema de los asentamientos; todo ello es parte de la misma paleta ideológica.

El desapego de Obama respecto de Israel ha sido tan cabal que bajo su corto mandato el Partido Demócrata ha prácticamente abandonado la defensa de Israel incluso en el Congreso norteamericano, bastión tradicional del apoyo bipartidista al estado judío. Conforme ha observado la periodista del Jerusalem Post Caroline Glick, «el apoyo a Israel se ha transformado en una posición minoritaria entre los Demócratas». Ella sustenta esa afirmación en lo siguiente: Durante la Operación Plomo Fundido, la Cámara de Representantes aprobó una resolución contra el Hamas, once días antes de la inauguración de Obama, con 390 votos a favor, 5 en contra (4 de ellos demócratas) y 37 abstenciones (29 de ellas demócratas). En noviembre de 2009, el Congreso adoptó una resolución de condena del Reporte Goldstone con 344 votos a favor, 36 en contra (33 de ellos demócratas) y 52 abstenciones (44 de ellas demócratas). En febrero de 2010, 44 congresistas enviaron una carta a Obama instándolo a presionar a Israel; todos ellos eran demócratas. En medio de la crisis desatada por esta Casa Blanca por la construcción de viviendas en Jerusalem Este el pasado marzo, 327 congresistas enviaron una carta a la Secretaria de Estado Hillary Clinton pidiendo un cese a las críticas públicas de Washington a Jerusalem; de los 102 miembros que se opusieron a firmarla, 94 eran demócratas. Otras varias iniciativas legisladoras tendientes a respaldar a Israel cosecharon solamente apoyo republicano.

A esto debemos agregar la divulgación pública -por parte del propio presidente Obama y de altos funcionarios del Pentágono- de la noción de Israel como factor de desestabilización del Medio Oriente. En una conferencia de prensa a mediados de abril, Obama dijo que su país tiene un «interés vital de seguridad nacional» en la resolución del conflicto palestino-israelí puesto que «cuando el conflicto estalla…ello termina costándonos significativamente tanto en sangre como en tesoro». El cuestionable postulado de que Israel es la causa de los males que aquejan al Medio Oriente ha sido por largo tiempo parte del arsenal retórico de la propaganda árabe, en tiempos más recientes fue tomado por izquierdistas europeos y tercermundistas. Que una administración estadounidense luzca dispuesta a respaldarlo marca un precedente tan novedoso como sorprendente.

Ciertamente, una confrontación entre israelíes y sus vecinos tendría un impacto en los objetivos estratégicos, recursos humanos y ganancias materiales de los Estados Unidos. Pero también lo tendría una guerra que involucrara a Pakistán, Irak, Irán, Afganistán o a cualquier otro país mesoriental desvinculado de la cuestión palestino-israelí. Y a diferencia de numerosas crisis que motivaron la intervención o acción militar norteamericana en países musulmanes o con altas concentraciones poblacionales islámicas -Kuwait, Arabia Saudita, El Líbano, Bosnia, Kosovo y Somalia- nunca debió Washington enviar soldados a la guerra para proteger al estado judío, en la atinada observación del Wall Street Journal. Por su parte, la impresión de que un Israel en paz con sus vecinos facilitaría la resolución de las disputas entre sunitas, chiítas y kurdos en Irak; la relación de Washington con el poco confiable presidente afgano; las ambiciones nucleares e imperiales de Irán; o el revanchismo religioso universal de Al-Qaeda et al, es tan fantástica que lo empuja a uno hacia la incredulidad.

Haber llevado a un deterioro tal en la relación entre dos aliados históricos en poco más de un año de gobierno no es una proeza menor. Imagínese cuanto más podrían empeorar las cosas en los restantes dos años y medio de mandato demócrata.

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Benedicto XVI y los Judíos: Quinto aniversario de un pontificado controvertido – 21/04/10

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En lo que a las relaciones con los judíos y al estado judío refiere, desde que asumió el Trono de San Pedro en abril del 2005, Joseph Ratzinger ha básicamente dado continuidad a la política de su predecesor. Al igual que Juan Pablo II, el actual Sumo Pontífice de la Iglesia Católica ha visitado sinagogas (Colonia en 2005, Nueva York en 2008, Roma en 2010), ha viajado al campo de la muerte Auschwitz-Birkenau en 2006, y ha estado en Israel en 2009 reafirmando los lazos diplomáticos establecidos por la Santa Sede quince años antes.

No obstante, algunos de estos acontecimientos significativos fueron empañados por gestos, palabras u omisiones que incomodaron a las audiencias judías. Al visitar Auschwitz, por caso, el Santo Padre evitó caracterizar a la Shoá explícitamente como un crimen del pueblo alemán contra los judíos, atribuyéndolo en su lugar “a un grupo de criminales que alcanzó el poder mediante falsas promesas”. Unos años después -en vísperas del Día Internacional del Holocausto, en enero de 2009- el Papa levantó la excomunión que pesaba sobre cuatro obispos ultra-tradicionalistas opositores a las reformas del Concilio Vaticano II; entre ellos la de un obispo británico negador del Holocausto. A finales del mismo año, el Papa hizo venerable a Pío XII, facilitando así su proceso de beatificación. Benedicto XVI visitó sinagogas en las que dijo cosas agradables a los oídos judíos, pero a mediados de 2007 emitió un Motu Proprio en el cuál validó el uso del Rito Tridentino del Viernes Santo de 1962, titulado Pro Conversione Iudaeorum. Incluso su peregrinaje a Tierra Santa no estuvo exento de polémica, el que a su vez era precedido por la decisión vaticana de respaldar la muy cuestionada Conferencia de la ONU contra el Racismo celebrada en Ginebra un mes antes de la visita papal a Israel y de la polución diplomática creada por un vocero vaticano al tildar a Gaza como un “gran campo de concentración” durante la contienda última allí.

Es cierto que aún bajo el pontificado de Juan Pablo II las relaciones con el pueblo judío no fueron idílicas, pero el presente Papado parece haber desarrollado una habilidad especial para crear problemas innecesarios o agravar los preexistentes. Incluso cuando Roma se encontraba aquejada por una crisis institucional mayúscula, abarcando a cientos de sacerdotes pedófilos en decenas de países, protegidos durante décadas por una cultura de encubrimiento escandalosa que indignó a buena parte de la cristiandad, de algún modo, sorprendentemente oficiales vaticanos se la ingeniaron para enredar al pueblo judío en la polémica; abriendo así un nuevo frente enteramente incongruente.

Primero fue la frase atribuida públicamente a un judío anónimo, tomada de una carta citada por el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, pronunciada en presencia de Benedicto XVI durante la Pascua cristiana, en la que comparó las críticas a la Iglesia con “los aspectos más vergonzosos del antisemitismo”. Un vocero vaticano debió aclarar que la comparación “absolutamente no es la línea del Vaticano y de la Iglesia Católica” y el propio predicador papal se vio obligado a emitir una disculpa pública al poco tiempo. Sin embargo, lo absurdo de la comparación no pasó desapercibido: “¿Por qué desearía la Iglesia Católica defenderse por medio de una referencia a otras enormidades en las cuales también estuvo implicada?” preguntó el comentarista estadounidense Leon Wieseltier.

Luego comenzó a trascender que en ciertos círculos católicos había (re)emergido la idea del legendario complot judío. En medio del lío, el diario italiano La Repubblica informó que fuentes católicas culparon al “lobby judío de Nueva York” de agrandar el escándalo, y unos días después el diario británico Guardian atribuyó al obispo emérito de Grosseto, Giacomo Babini, haber expresado que dado lo “poderoso y refinado” de la crítica anti-papal, un “ataque sionista” estaba detrás de la misma. La Conferencia Episcopal italiana emitió un comunicado en el cuál Babini negaba haber dicho tal cosa, pero la existencia de previas atribuciones a su creencia de que los judíos explotan el Holocausto no contribuyó a que su desmentida fuese tomada seriamente. A su vez, el propio cardenal Sodano equiparó los cuestionamientos al Papa con “las batallas del modernismo contra Pío X” y “la ofensiva contra Pío XII por su comportamiento durante el último conflicto mundial” entre otros casos.

Un lustro es apenas un granito en las arenas del tiempo, y la política vaticana ciertamente debe ser evaluada en perspectiva histórica. Para la política internacional, sin embargo, luce como un período razonable de tiempo para legítimamente forjar una noción del devenir de los hechos. Será justo postular que la política vaticana hacia los judíos bajo Benedicto XVI por ahora es ambivalente.