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Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Medio Oriente 2011 – 12/01/11

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El año entrante encontrará a un Oriente Medio convulsionado, rasgo distintivo de una región que ha aprendido a vivir en la inestabilidad permanente.

Los atentados suicidas en Irak, Afganistán y Pakistán difícilmente desaparecerán. Al-Qaeda ha ganado una fuerte presencia en Yemen, y es un acertijo si el gobierno local permitirá a los Estados Unidos continuar su campaña militar encubierta tras el exposé de Wiki-Leaks. Las dudas acerca del estado de salud del líder supremo iraní y del presidente egipcio, así como la vejez del monarca saudita, abren interrogantes de continuidad y sucesorios no menores. Las revelaciones de memorandos clasificados de la diplomacia estadounidense en torno a las aprehensiones no publicitadas de gobernantes árabes moderados respecto del programa nuclear de Teherán ya han comenzado a motivar acercamientos hacia aquél país, con Jordania siendo el mejor exponente de ello. ¿Avanzará aún más Irán hacia la bomba nuclear? ¿Actuará Israel para impedirlo? El año 2010 pasó sin sobresaltos mayores en esta área. No queda claro todavía si el 2011 será una extensión de lo ya acontecido o testigo de rupturas.

La probabilidad de una paz integral palestino-israelí permanece remota, y el sendero unilateral emprendido por el liderazgo palestino en pos de la obtención de reconocimiento diplomático global a su estado, por el momento inexistente, será seguramente ahondado el año entrante, en parte estimulado por los avales tempranos concedidos ya -desde la órbita latinoamericana- por Brasil, la Argentina, Bolivia y Ecuador. El movimiento fundamentalista Hamas se ve beneficiado por débiles sanciones internacionales, en tanto que El Líbano corre riesgo de quedar sumido en el caos político ante las revelaciones inminentes del tribunal de las Naciones Unidas que ha investigado el asesinato del ex-premier Rafiq Hariri. La reorientación de Turquía hacia el Oriente ha sido uno de los desarrollos geopolíticos más trascendentes de los últimos tiempos y su acercamiento a Teherán luce especialmente inquietante. Hoy reina la cooperación, en detrimento de Occidente, pero una futura competencia por la supremacía regional entre turcos y persas no puede ser descartada. La mayor o menor tensión en ese vínculo repercutirá en toda la zona y más allá de ella.

El reciente asesinato político del gobernador de Punjab, Salman Taseer, puede presagiar un año difícil para el inestable Pakistán. Su asesinato, enmarcado en la oposición del político paquistaní a la condena a muerte de una agricultora cristiana bajo cargos de blasfemar contra Mahoma, ilustra también la penosa situación de las comunidades cristianas en la región. Ellas fueron violentamente atacadas en Irak y en Egipto durante la última Navidad, y han sufrido hostigamiento a lo largo del año ido en Nigeria, Somalía, Gaza, Argelia y Mauritania entre otros lugares. En ciertos países, como en Arabia Saudita e Irán, los católicos no pueden practicar públicamente su religión. Sudán -donde los cristianos del sur han sido masacrados por años en manos de salvajes aliados al gobierno norteño- enfrenta una inminente secesión cuyo desenlace es, al momento, incierto.

La cultura política de los árabes sigue siendo decepcionante y no augura sorpresas positivas para el año entrante; al menos al evaluarla según un dato pintoresco revelador. Los lectores de la CNN en árabe votaron al premier turco Recep Tayyip Erdogan “Hombre del Año” por el 2010, secundado por el presidente Sirio Bashar Assad. Ambos descollan como dos de los políticos musulmanes más prominentes en respaldar públicamente al líder extremista número uno de la región, Mahmoud Ahmadinjead de Irán. La CNN en árabe, asentada en Dubai, afirmó que los resultados de la encuesta reflejan el “ánimo general de la calle árabe”.

El estado judío finalizó el 2010 con una noticia espectacular: el más grande descubrimiento de gas en aguas profundas en la última década a nivel mundial. De confirmarse las previsiones, Israel podría convertirse en un exportador neto de energía para el 2016, aunque sin abandonar su necesidad de importar petróleo. La planta se halla dentro de las doscientas millas náuticas establecidas como “zona económica exclusiva” israelí por la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar, pero Hizbullah -siempre atento a inventar disputas con los judíos- ha reclamado soberanía libanesa sobre el lugar. El potencial de conflicto es real.

Como cada 1 de enero, el Medio Oriente -y con él, el resto del globo- espera expectante su destino para el año que se inicia.

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Por Julián Schvindlerman

  

¿Nace un nuevo estado en Palestina? – 22/12/10

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El 15 de noviembre de 1988 aconteció en Argelia una ceremonia singular: el Consejo Nacional Palestino declaró la independencia de Palestina. En horas de la madrugada, con la bandera palestina flameando y el acompañamiento de una banda militar argelina que tocó los acordes del himno nacional palestino, Yasser Arafat leyó la declaración de independencia del estado naciente. Se recitó poesía, se pronunciaron discursos y los delegados se felicitaron por la ocasión. Los países árabes y musulmanes, así como el bloque soviético, extendieron su reconocimiento; otros se sumarían posteriormente. Unos meses después, Arafat fue proclamado Presidente del Estado de Palestina».

Aquél fue un acto simbólico: la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) desesperadamente necesitaba dar señales de existencia en el radar político palestino. Exiliada a la distante Túnez luego de su derrota militar ante los israelíes en El Líbano en 1982, asediada por el surgimiento del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) en las zonas disputadas a partir de 1987, desafiada por la determinación del Reino Hashemita de Jordania de poner fin al nexo legal y administrativo con Cisjordania en 1988, y urgida por tomar el control sobre la Intifada que agitaba a la población palestina, la OLP apeló a una declaración solemne para reafirmar su liderazgo. Sin el consentimiento israelí ni estadounidense, la iniciativa fracasó. Aunque en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la placa de identificación de la delegación palestina pasó de ser «OLP» a «Palestina». Eso no afectó apreciablemente el curso de los acontecimientos políticos ni para los palestinos ni para los israelíes. Desplacémonos al presente y veremos un nuevo intento palestino en obtener reconocimiento diplomático global a su estado inexistente. A partir de la firma de los Acuerdos de Oslo de1993 fue creada la Autoridad Palestina, la cual gobierna a la población palestina residente en Cisjordania (y sólo nominalmente a la de Gaza), controla limitadamente territorios en disputa, y posee instituciones oficiales representativas, todo lo cual conforma una «entidad», más no un «estado», el que debe surgir, según lo acordado entre las partes, de las negociaciones. Como el liderazgo palestino no tiene la menor intención de alcanzar la independencia estatal por la vía de las tratativas, ha recurrido a la alternativa de forzar el surgimiento de su estado mediante una resolución de la ONU respaldada por la comunidad internacional. Sin embargo, en la actualidad, la entidad palestina no cumple con los criterios legales universalmente aceptados para obtener la categoría de estado: ejercicio de gobi erno efectivo e independiente, la posesión de un territorio definido, control efectivo sobre una masa poblacional permanente y la capacidad de practicar libremente relaciones exteriores. Conforme ha señalado el experto legal Tal Becker, «la entidad palestina no se convierte en un estado bajo la ley internacional por meramente declarar unilateralmente ello». De hecho, una entidad que reclama la categoría de estado y emerge de modo ilegal, bajo la ley internacional no es elegible para el reconocimiento.

Pero dejaremos las disquisiciones jurídicas para los expertos. Lo central aquí es la intencionalidad política del liderazgo palestino de escabullirse de sus obligaciones asumidas para con el Estado de Israel, eludir por completo las decisiones nacionales difíciles que debe adoptar para alcanzar la paz, y la mala fe de pretender lograr por medio de la argucia y la imposición lo que debe surgir por medio de la conciliación. Esta nueva iniciativa replay-Argelia expone para todo el que quiera ver la nula inclinación pacifista de los dirigentes palestinos (moderados, supuestamente), que ya ni siquiera aceptan sentarse a negociar con sus pares israelíes y piden por un diálogo indirecto con mediación extranjera mientras, simultáneamente, intentan crear considerable presión internacional sobre su socio de la paz. Arafat en Camp David 2000 redux.

Las declaraciones de reconocimiento al inexistente estado palestino proclamadas recientemente por los gobiernos de Brasil, la Argentina y Bolivia -más la afirmación de Uruguay de que seguirá esa senda el año entrante- no hacen más que hacer el juego a la intransigencia palestina. Lejos de estimular la componenda, con su actitud prematura, estas naciones la han complicado. Mahmoud Abbas estará complacido; los verdaderos pacifistas, defraudados.

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Por Julián Schvindlerman

  

El Vaticano e Israel – 15/12/10

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La idea de un Estado judío desafió al Vaticano política, psicológica y teológicamente. Durante la primera mitad del siglo pasado, la noción de que el pueblo judío tenía derecho a la autodeterminación era todavía inconcebible para el entendimiento católico, y aceptar algo así demandaba un ajuste emocional exigente.

La respuesta vaticana al establecimiento de Israel quedó inicialmente contenida en un artículo de L’Osservatore Romano publicado el día en que el Estado judío proclamó su independencia. «El sionismo moderno no es el verdadero heredero del Israel bíblico», decía el órgano vaticano; y añadía: el cristianismo es «el verdadero Israel».

La restauración de la soberanía judía sobre la Tierra de Israel hizo inseparables las nociones de Estado judío y nación judía. Pero la Iglesia Católica veía con hostilidad la conexión hebrea con el lugar. Pío X conformó en 1904 una teología antisionista que perduraría durante buena parte del siglo XX. A partir del nacimiento del Estado de Israel, el Vaticano hizo un esfuerzo por caracterizar al Estado judío como un fenómeno meramente político, desprovisto de connotación religiosa alguna. Ello le permitió, al final del camino, reconocerlo diplomáticamente sin tener que lidiar con el desafío teológico a él asociado. No obstante, no dejaba de ser un rechazo de las bases espirituales del sionismo y una ofensa al modo en que los judíos se veían a sí mismos y se vinculaban con Israel.

La cuestión del reconocimiento o no reconocimiento del nuevo Estado se convirtió en un asunto de suma importancia para el Vaticano; un asunto que venía a incorporarse a la carpeta de cuestiones calientes, como el destino de Jerusalem y los lugares santos, el devenir del conflicto entre árabes y judíos y la situación de las comunidades cristianas en el Medio Oriente.

Tal como señaló en su día el vaticanista católico Henry Bocala, la Santa Sede veía la cuestión de Jerusalem como un asunto religioso (protección de los lugares santos) que además tenía una dimensión política (el estatus jurídico para la ciudad). Roma se consideraba parte implicada, y en consecuencia no sólo pidió por una resolución del asunto, sino que indicó cómo debía ser dicha resolución. En un primer momento abogó por la internacionalización de la ciudad y de los lugares santos, pero su posición varió a raíz de la Guerra de los Seis Días (1967): entonces defendió la elaboración de un estatuto especial internacionalmente garantizado.

Por lo que hace al conflicto árabe-israelí, lo consideraba un problema político (un choque entre dos nacionalismos) que además tenía una dimensión religiosa (la disminuida presencia cristiana en Tierra Santa). En este asunto el Vaticano se veía en el papel del conciliador, y apoyó una resolución del conflicto… pero sin entrar en demasiados detalles. Ahora bien, no apostó por la imparcialidad, sino que adoptó una posición pro-palestina; un ejemplo palmario lo encontramos en monseñor John Nolan, director de la Misión Pontificia en Jordania, que en 1983 dijo que la Iglesia sería la voz de los que, al parecer, no la tenían, los palestinos.

Roma no prestó a las aspiraciones nacionales judías el mismo apoyo que prestó a las aspiraciones nacionales de los palestinos, y cuando se constituyó Israel demoró lo máximo que pudo el establecimiento de relaciones diplomáticas. Con el correr de los años, esta renuencia fue dejando a la Santa Sede en compañía de los países más intransigentes. A pesar de su prédica a favor de la reconciliación entre las naciones, el Vaticano negaba la caridad al Estado judío.

Sólo después de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) consintiera en reconocer formalmente a Israel, la Santa Sede hizo lo propio. Para entonces, el Estado judío tenía ya cuarenta y cinco años de vida soberana. El Acuerdo Fundamental se suscribió en diciembre de 1993, y el intercambio de embajadores no se produjo hasta junio de 1994. Fue un hito histórico. Desde entonces, ha habido sus más y sus menos, pero en lo esencial la relación entre Roma y Jerusalem ha quedado normalizada.

Originalmente publicado en Comunidades

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Por Julián Schvindlerman

  

El vaticano e Israel – 08/12/10

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La idea de un estado judío desafió al Vaticano política, psicológica y teológicamente. Durante la primera mitad del siglo pasado, la noción de que el pueblo judío tenía derecho a la autodeterminación era todavía inconcebible al entendimiento católico del papel del judío en la historia, y aceptar algo diferente demandaba un ajuste emocional exigente.

La respuesta vaticana al establecimiento de Israel quedó inicialmente contenida en un artículo de L´Osservatore Romano publicado el día en que Israel proclamó su independencia. El Sionismo moderno no es el verdadero heredero del Israel bíblico» decía el órgano vaticano, el «Cristianismo [es] el verdadero Israel». Existencialmente, la reconstitución de la soberanía judía en la Tierra de Israel hizo inseparables la noción de estado judío y de nación judía. Pero la Iglesia Católica veía con hostilidad la conexión judía con la Tierra de Israel. Pío X gestó en 1904 una teología antisionista que perduraría por buena parte del siglo XX. A partir del nacimiento del Estado de Israel, el Vaticano hizo un esfuerzo en caracterizar al estado judío como un fenómeno meramente político, desprovisto de connotación religiosa alguna. Ello le permitió al final del camino reconocer al Estado de Israel diplomáticamente sin tener que lidiar con el desafío teológico a él asociado. No obstante, ello significó una negación de las bases espirituales del sionismo y una ofensa al modo en que los judíos se veían a sí mismos y a su vínculo con Israel.

Una vez que Israel nació, la cuestión relativa al reconocimiento o no del nuevo estado pasó a ser un tema de preocupación vaticana, agregado a otras consideraciones ya presentes en la agenda de la Santa Sede, como el destino de Jerusalem y los lugares santos, el devenir del conflicto árabe-israelí y la situación de las comunidades cristianas en el Medio Oriente. Tal como el vaticanista católico Henry Bocala señaló, la Santa Sede veía a la cuestión de Jerusalem como un asunto religioso (protección de los lugares santos) con una dimensión política (status jurídico para la ciudad). Aquí Roma se veía como parte en la disputa y en consecuencia no sólo pidió por una resolución del asunto sino que exigió que formato debía tener dicha solución. Inicialmente pidió por la internacionalización de Jerusalem y los lugares santos, y a partir de 1967 alteró su postura en pos de un estatuto especial internacionalmente garantizado. Al conflicto árabe-israelí lo veía como un problema político (un choque entre dos nacionalismos) con un componente religioso (la disminuida presencia cristiana en Tierra Santa). Roma se veía a sí misma en el papel de un conciliador y pidió por una resolución sin proponer detalles para la misma. Esto no impidió que adoptara una posición pro-palestina, la cual quedó expresada en esta frase poderosa de 1983 del monseñor John Nolan, director de la Misión Pontificia en Jordania: «Si los palestinos no tienen voz, nosotros somos su voz».

El respaldo de Roma a las aspiraciones nacionales palestinas no tuvo eco en análogo respaldo a las aspiraciones nacionales judías antes de 1948, y una vez que Israel fue establecido, el Vaticano demoró lo más posible entablar lazos diplomáticos. Con el correr de los años, esta renuencia fue dejando a la Santa Sede en compañía de los países más intransigentes. A pesar de su prédica a favor de la reconciliación entre las naciones, el Vaticano negaba la caridad al estado judío.

Sólo después que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) consintió en reconocer formalmente a Israel, la Santa Sede decidió hacer lo mismo. Para entonces el Estado de Israel había cumplido cuarenta y cinco años de vida soberana. En diciembre de 1993 el Acuerdo Fundamental fue firmado entre las partes y en junio de 1994 Israel y la Santa Sede intercambiaron embajadores. Ello fue un hito histórico. Desde entonces, las partes han tenido mejores y peores momentos, pero, esencialmente, la relación entre Roma y Jerusalem ha quedado normalizada.

Mundo Israelita

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Por Julián Schvindlerman

  

Antijudaísmo y antisemitismo en el léxico de la iglesia Católica – 26/11/10

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Al concluir el último encuentro de obispos del Medio Oriente, en Roma, el pasado octubre, los padres sinodales presentaron 44 propuestas al Santo Padre entre las cuáles declararon su “rechazo al antisemitismo y al antijudaísmo, distinguiendo entre religión y política”.

Esta diferenciación no es extraña al léxico de la Iglesia Católica y de modo singular puede hallarse en su documento de 1998 Recordamos: una reflexión sobre la Shoá, el cual reconoce la existencia de persecuciones anti-judías perpetradas por católicos en la historia pero explica que a partir del siglo XIX “comenzó a esparcirse en varios grados por casi toda Europa un anti-judaísmo que era esencialmente más sociológico y político que religioso”. Luego de citar ejemplos en los que la Iglesia Católica ha condenado al antisemitismo, afirma: “Por ende no podemos ignorar la diferencia existente entre anti-semitismo, basado en teorías contrarias a las enseñanzas constantes de la Iglesia… y los sentimientos añejos de desconfianza y hostilidad que nosotros llamamos anti-judaísmo, del que, desafortunadamente, los cristianos también han sido culpables”.

De aquí decanta la idea, según la Iglesia, de que el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial no puede ser atribuido a la judeofobia clerical tradicional. Tal como ella ha pronunciado: “La Shoá fue el trabajo de un régimen moderno completamente neo-pagano. Su antisemitismo tuvo sus raíces fuera del Cristianismo…”. En un sentido práctico, es poco probable que a las víctimas judías del Holocausto les haya hecho diferencia alguna, y menos les importara a sus verdugos, si ellas estaban siendo asesinadas en un acto de “antisemitismo” o de “antijudaísmo”. En un sentido teórico, esta distinción ignora el hecho de que fue precisamente el pasado de enseñanzas antijudías de la Iglesia Católica lo que permitió a muchos hombres y mujeres de fe católica colaborar con el régimen nazi en el asesinato industrializado de judíos.

No pocos historiadores han identificado a la Shoá como la culminación de dieciséis siglos de intolerancia cristiana. De hecho, los nazis se valieron de precedentes medievales plantados en la historia por la Iglesia Católica para incorporarlos en la propaganda y política del Tercer Reich, tales como la obligación de todo judío de vestir una estrella de David amarilla, deshumanizarlos, marginarlos de la sociedad y confinarlos en ghettos. “El nazismo radicalizó estos estereotipos populares tomados del medioevo cristiano”, observó el eminente historiador del antisemitismo Robert Wistrich, “pero no los inventó”. Jules Isaac, autor del célebre ensayo Las raíces cristianas del antisemitismo, afirmó que los nazis “solamente llevaron a su conclusión lógica una tradición que, desde la Edad Media, había sido bien establecida por todo el mundo cristiano”. Ya es un clásico de la literatura de la Shoá la monumental obra La Destrucción de los Judíos Europeos de Raul Hilberg, quién presenta una tabla comparativa que expone inequívocamente la relación entre varios decretos sinodales o conciliares a lo largo de la historia y las leyes nazis del siglo XX.

Pero hay algo más aquí. Aún si la distinción artificial que la Iglesia realiza entre el antijudaísmo religioso y el antisemitismo moderno tuviera asidero, lo cierto es que la propia Santa Sede contribuyó, y de manera no despreciable, a fomentar estereotipos judeofóbicos aún en la era moderna. Cuando los judíos comenzaron a emanciparse y a alcanzar la igualdad de derechos en la Europa de los siglos XVIII y XIX, el Vaticano protestó insistentemente y combatió con tenacidad el modernismo que liberaba a los judíos y a otros del yugo clerical. Y si las nociones desquiciadas acerca del tremendo poder judío pasaron a ser centrales en el nuevo movimiento antisemita, el Vaticano tuvo su buena parte de responsabilidad en ello. El historiador David Kertzer, quién ha documentado numerosos ejemplos de provocación antisemita vaticana en la era moderna y durante las décadas del veinte y treinta del siglo pasado, concluyó:

“La transición de los viejos prejuicios medievales contra los judíos hacia el movimiento antisemita político moderno que se desarrolló en la mitad del siglo previo al Holocausto halló en la Iglesia a uno de sus más importantes arquitectos”.

Esta arbitraria diferenciación lo lleva a uno a preguntarse que exactamente ha querido significar la Iglesia Católica cuando ha condenado hasta ahora al antisemitismo. Puesto que si el mismo pertenece al prejuicio “neo-pagano”, el corolario lógico de este planteo es que durante las últimas décadas el Papado ha estado repudiando las acciones de los paganos y no las de los católicos, tal como observó el vaticanista Sergio Minerbi, de la Universidad Hebrea de Jerusalem . Si la Iglesia ha pecado por antijudaísmo, pero ha repudiado varias veces al antisemitismo, ya no resulta del todo claro que ha hecho realmente en esta área.

Comunidades, Comunidades - 2010

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Por Julián Schvindlerman

  

La decisión del presidente Abbas – 24/11/10

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Encuestas relativamente mecientes en las zonas palestinas, realizadas por organizaciones no gubernamentales palestinas, dan cuenta de un pragmatismo popular inédito. Una de ellas fue efectuada en agosto y luego en octubre por el Centro Palestino para la Opinión Pública. Otra fue realizada en agosto por la ONG Mundo Árabe para la Investigación y el Desarrollo. Una tercera, de junio, fue llevada adelante por el Centro Palestino para la Política y la Investigación de Encuestas. En conjunto, dan cuenta de cierta flexibilidad por parte de un sector de la opinión pública palestina en asuntos cruciales de la disputa palestino-israelí.

Reunidas las conclusiones en una sola presentación, la imagen que emerge es positiva. El 55% de los encuestados se manifestó a favor de dos estados para dos pueblos, en vez de un estado binacional en toda Palestina», posición que apoyó el 28%. De modo crucial, el 60% se expresó de acuerdo con la idea de un «reconocimiento mutuo de Israel como el estado del pueblo judío y Palestina como el estado del pueblo palestino». Respecto del denominado derecho al retorno – que en rigor es un reclamo, no un derecho- el 64% de los consultados definió como «tolerable» el retorno a Cisjordania y Gaza dentro de fronteras acordadas como parte de un acuerdo de paz; respuesta que implícitamente excluye el retorno al propio Israel. La mitad de los palestinos dijo aceptar una hipotética decisión de las Naciones Unidas de «cerrar los campamentos de refugiados y reasentar [a los refugiados] con compensación fuera de Israel». Dos tercios de los encuestados indicaron como «tolerable» la noción de que fuese ajustada «la frontera de 1967 mediante un acuerdo con un intercambio de tierra equivalente». Finalmente, apenas un 24% de los consultados opinó que era necesario un mantenimiento de la moratoria en la construcción de asentamientos israelíes como condición para renovar las tratativas de paz.

Desafortunadamente, impresiones desfavorables a la paz también se hicieron presentes. Tan sólo el 17% respondió afirmativamente a la pregunta acerca de si «los palestinos e israelíes coexistirán si los palestinos ganan su propia independencia», mientras que un inquietante 40% se manifestó favorable al recurso a la violencia. Más preocupante todavía es el hecho de que más de tres cuartos definieron a la «Palestina histórica del río al mar» –antiguo eslogan que contempla un único estado árabe/palestino en todo el territorio desde el río Jordán al mar Mediterráneo, suplantando así a Israel- como un elemento «esencial» de cualquier acuerdo de paz. Y debe admitirse que el uso del término «tolerable» para referir a determinadas cuestiones es, cuando menos, poco auspicioso.

Según David Pollock, estudioso de la opinión pública mesooriental y quién recopiló estos datos en uno de sus trabajos recientes, los incipientes cambios positivos de actitud podrían ser frágiles y reversibles. También podrían ser irrelevantes dado que una porción enorme de la población palestina residente fuera de Gaza y Cisjordania no fue encuestada. Asimismo, en algunos puntos críticos, las opiniones reflejaron posturas contradictorias. Aún así, la dimensión optimista de estos guarismos exige un liderazgo asertivo por parte de la Autoridad Palestina orientado a reforzar las tendencias más moderadas de la sociedad. He aquí una excelente oportunidad para el presidente Abbas en capitalizar el surgimiento de un pragmatismo tradicionalmente ausente en la cultura popular palestina y nutrirlo para que crezca y se expanda.

La dirigencia política palestina, lamentablemente, ha andado en contrasentido últimamente. Cuando el diálogo fue reanudado en septiembre, el Comité Ejecutivo de la OLP emitió dos comunicados: uno, en inglés, a favor de la paz con Israel; otro, en árabe, omitiendo mencionar la solución de dos estados. Mahmoud Abbas ha insistido en que no reconocerá a Israel como un estado judío a la vez que ha bregado por el derecho al retorno palestino. En agosto pasado, en ocasión de su sexto congreso general, Fatah reafirmó la «lucha armada» como una «estrategia» para la eliminación de la «entidad sionista». El mes anterior, la AP informó que seguía en pie la legalización de la pena de muerte para todo palestino que vendiere tierras a los israelíes. La incitación antiisraelí en medios de prensa oficiales aún rige, como también la exaltación de terroristas con cuyos nombres plazas fueron bautizadas.

Sería una paradoja, y una tragedia, que el oficialismo caminara en la retaguardia -o, peor aún, a contramano- de un incipiente pacifismo popular en las calles de Nablus y Ramallah.

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Por Julián Schvindlerman

  

El ocaso de Obama – 10/11/10

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Sin poder dejar para mañana los errores que pueden cometerse inmediatamente», opinó George Will en The Washington Post, «los demócratas usaron el 2010 para comenzar a perder el 2012». La derrota del Partido Demócrata en las últimas elecciones legislativas ha sido masiva. Los primeros resultados mostraban una pérdida de alrededor de setenta bancas en la Cámara de Representantes, cinco en el senado y once gobernaciones. Illinois, el estado que representó el actual presidente anteriormente, pasó a manos republicanas. El día previo a la votación, las encuestas mostraban a varios grupos que en las últimas elecciones votaron a los demócratas -mujeres, católicos, clases bajas e independientes- fuertemente inclinados hacia el Partido republicano. Como señaló Karl Rove, cuando Obama asumió la presidencia había 22 gobernadores republicanos: ahora habrá al menos 29. Un presidente que poco tiempo atrás llamó a «castigar a los enemigos» debió admitir que su partido recibió «una paliza».

Este ha sido un retorno a la normalidad pues el pueblo de los Estados Unidos de América es mayormente conservador. La derrota demócrata, y la contracara del triunfo republicano y del Tea Party, reflejan el repudio de la población a la agenda idealista de un presidente con una misión transformadora. Su visión del papel del Estado en la economía, la mentada reforma del programa de seguro de salud, la cuestión álgida de la inmigración y la lenta recuperación económica han sido factores de peso en la decisión de los votantes. En cuanto al rol global que Obama imaginó para su país, si algo, contribuyó a fomentar una imagen de debilidad. La misma semana de las elecciones, la revista Forbes ubicó en su ránking al presidente chino Hu Jintao como el hombre más influyente de la Tierra, desplazando a Obama al segundo puesto. No es más que un símbolo, anecdótico si se quiere, de la percepción de un Estados Unidos menos poderoso. Pero pregunte en el Medio Oriente, Latinoamérica o Asia a propósito de la imagen de Washington y verá que no pocos respaldarán la impresión de los editores de Forbes.

A diferencia de Bill Clinton -un presidente pasatista en una era de distensión internacional, aquellos dorados años noventa en los que Estados Unidos pareció tomarse «una vacación de la historia» como alguien oportunamente señaló- Barack Obama es un político muy idealista con ambiciones determinadas para su nación. Es sólo que su visión no parece ser compartida por las mayorías, incluso por muchos de quienes lo votaron. «Obama fue un buen candidato y es un mal presidente» sintetizó una de sus seguidoras. Pero no se trató meramente de un asunto de personalidad, aunque es todo un indicador que el anunciado Mesías en menos de un año de gobierno hubiera caído por debajo del 50% de apoyo popular, algo que apenas otros dos o tres pasados presidentes habían padecido. El resultado electoral, más bien, indicó un esparcido disgusto popular con la orientación socialista que el presidente imprimió a su gobierno. El ascenso espontáneo del movimiento conservador Tea Party fue la respuesta más visceral y altisonante de una nación preocupada por ese desarrollo.

Junto con la protesta ideológica que el voto reflejó, posiblemente también estuvo presente un elemento de orgullo. En los últimos grandes debates, la opinión pública fue maltratada por los demócratas. Incapaces de debatir en términos de igualdad, han tratado a sus opositores de manera despectiva. No pudiendo rebatir sus argumentos, apelaron a la descalificación de los interlocutores. Así, conforme Charles Krauthammer ha observado, el rechazo a la edificación de una mega-mezquita cerca de Ground Zero era una expresión de islamofobia; oposición al matrimonio homosexual equivalía a homofobia; alarma ante la inmigración ilegal representaba nativismo; el advenimiento del Tea Party, una exteriorización de racismo. Por eso los demócratas protestan que el país es ingobernable. Tal como este comentarista preguntó con ironía: ¿quién podría gobernar una nación de islamófobos, homofóbicos, nativistas y racistas? Ya en agosto, Krauthammer predijo: «Los demócratas serán golpeados duramente en noviembre. No sólo porque la economía esté enferma. Y no sólo porque Obama mal interpretó su mandato al gobernar demasiado hacia la izquierda. Si no porque les cabe una justa retribución a las elites arrogantes cuyo desprecio evidente por los muchos no-ilustrados les impide conceder un módico de seriedad a aquellos que se atreven a desafiarlos».

Los estadounidenses acaban de reorientar a los Estados Unidos hacia la centroderecha. El presidente sigue siendo un demócrata, pero el mensaje de las urnas ha sido elocuente.

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Por Julián Schvindlerman

  

El boicot musical a Israel – 27/10/10

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En una carta abierta al grupo de rock Guns N´ Roses, fechada 19 de octubre último, la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel, una organización asentada en Ramallah, expresaba desazón al leer reportes de que ustedes están considerando dar un concierto en Israel este año» y lo instaba a no ser cómplice del «lavado de imagen de la ocupación, apartheid y crímenes de guerra de Israel». Esta es una carta estándar que recibe prácticamente todo artista famoso que anuncie un viaje a Israel.

Algunos han cedido, como lo han hecho este año el cantante de pop Elvis Costello, el poeta rapero Gil Scout Heron, el músico de folk Devendra Banhart, la banda de rock alternativo los Pixies, y las menos conocidas Gorillaz y The Klaxons. (El guitarrista Carlos Santana canceló su performance en Israel pero no quedó claro el motivo).

Otros han mantenido sus planes para este año -o al menos han declarado así hacerlo al momento de recibir la presión de los saboteadores- como los músicos Rod Stewart y Elthon John, el ex-Beatle Paul McCartney, el cantante y poeta Leonard Cohen, la modelo y cantante de Rythm & Blues Rihanna, la guitarrista Joan Armatrading, la rapera Missy Elliot t, la banda de Heavy Metal Metallica y la pianista de Jazz (y esposa de Costello) Diana Krall.

Otros han elegido una especie de punto medio, como el director de orquesta Daniel Barenboim, quien al visitar Israel usualmente regala a la audiencia frases pro-palestinas y óperas wagnerianas, o como Roger Waters, quien durante su estadía en Israel en el 2006 pintó graffitis sobre la valla de seguridad cerca de Belén. (El mes pasado, Waters acompañó un concierto suyo en los Estados Unidos con pantallas que mostraban una animación de aviones B52 arrojando bombas con forma de Estrellas de David seguidas de dólares, y también crucifijos, medialunas con estrellas, los logo de Shell y Mercedes Benz, y el Martillo y la Hoz). Para ciertos artistas el asunto de viajar a Israel- o en su caso, Palestina- es decididamente ideológico: la bella estrella libanesa de pop, Haifa Wehbe, quiso navegar a bordo de un barco hacia Gaza para quebrar el bloqueo marítimo israelí el pasado junio, pero los organizadores de la travesía, Hizbullah, lo impidieron debido a que su «desnudez… y vestir inmodesto dañará la reputación de todas las mujeres que forman parte del viaje».

Desde su nacimiento y durante las primeras décadas de existencia, Israel ha enfrentado un boicot diplomático y económico de la Liga Árabe y demás naciones islámicas aliadas. Con el correr de los años, la Organización de las Naciones Unidas fue cooptada en pos de la batalla política contra el estado judío. Posteriormente, presiones fueron ejercidas sobre compañías relacionadas con Israel, por haber instalado fábricas en zonas disputadas, o por meramente haber listado Jerusalem como capital de Israel en sus folletos comerciales. En años recientes, agrupaciones palestinas han lanzado campañas de boicots académicos contra el estado judío. Esta ofensiva cultural es parte de este añejo ejercicio de sabotaje anti-israelí.

Para los israelíes, estos conciertos no son solamente entretenimientos musicales. Son confirmaciones de su integración a la aldea global, manifestaciones artísticas de que –finalmente- la existencia israelí ha sido normalizada, de que el largo esfuerzo en pos de la aceptación mundial ha sido recompensado, de que la meta del sionismo político en cuanto a que los judíos serían respetados al acceder a su propio estado y que serían tratados como una nación y no solamente como individuos, ha sido alcanzada. Cada concierto confirmado y cada concierto cancelado equivalen -en la apta caracterización de un israelí consultado por Yedihot Aharonot- a «un barómetro de nuestra resiliencia nacional». Por eso, cada acontecimiento es celebrado, y cada anulación lamentada, exageradamente.

Pero es necesario ver las cosas en perspectiva. Israel prevalecerá aún sin Elvis Costello y The Pixies. Ellos pierden dinero y dignidad, y sus fans en Israel la oportunidad de escucharlos. Eso es todo realmente. En la sinfonía de la vida nacional, una nota disonante no estropea el concierto.

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Premio nóbel a Vargas Llosa – 13/10/10

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Los ganadores del Premio Nobel de Literatura son típicamente distinguidos por su oscuridad literaria, prosa sofocante y política de izquierdas», opinó The Wall Street Journal al día siguiente de conocida la noticia del galardón al escritor peruano. «Pero cada década mas o menos los entregadores del premio le aciertan: Alexander Solzhenitzyn en 1970, Czeslaw Milosz en 1980, Octavio Paz en 1990, V.S. Naipaul en 2001. Con precisión cronométrica, el premio de este año fue para Margio Vargas Llosa del Perú».

Desde el otro lado del arco ideológico, el diario oficial cubano Granma, el mismo día publicó un editorial titulado «Nobel de Literatura, Antinobel de la ética» en el cual afirmó que lo que Vargas Llosa edificó como escritor, «lo ha ido destruyendo con su catadura moral, los desplantes neoliberales, la negación de sus orígenes y la obsecuencia ante los dictados del imperio». Y así como el diario estadounidense encontraba «milagroso» que el establishment literario y el comité Nobel le hubieran perdonado su apoyo a la guerra en Irak, el diario cubano sindicaba que «no hay causa indigna en esta parte del mundo que M. V. LL. deje de apoyar y aplaudir».

En lo personal, creo que es un premio merecido que hace justicia a una de las plumas más destacadas en lengua hispana contemporánea. Al provenir de una elite sueca que ha castigado absurdamente a Jorge Luis Borges -al negarle por despacho ideológico aquello que le correspondía por mérito literario- uno encuentra cierto confort en una suerte de vindicación indirecta y tardía de la prosa latinoamericana políticamente conservadora. Por ser un premio altamente ideologizado, usualmente controvertido y decididamente arbitrario, es especialmente refrescante apreciar que la preferencia política y la presión de grupo no siempre ensombrecen al talento y a la virtud profesional.

Sin embargo, con todo lo positivamente sorprendido que uno puede estar, es pertinente recordar que Vargas Llosa todavía retiene una credencial indispensable de admisión al club progre global: él siempre ha sido un acérrimo crítico de Israel. A lo largo de su vida personal e intelectual, Vargas Llosa ha pasado de ser izquierdista a ser un crítico mundialmente famoso del régimen castrista, del populismo chavista, del peronismo kirchnerista y del autoritarismo en general. Inicialmente opositor a la guerra en Irak, luego de un viaje al país de Saddam Hussein, regresó a Europa como un fuerte defensor de la misma. Ha elogiado a Margaret Tatcther y a Silvio Berlusconi por sus políticas económicas liberales, y se ha hecho un nombre como un escritor comprometido con el amparo de la libertad. En España, donde reside, su abrazo al conservadurismo lo ha llevado incluso a apoyar algo tan aberrante como las corridas de toros. En mucho el escritor peruano ha cambiado, salvo en un aspecto. Su mirada crítica, incluso condenatoria, del Estado de Israel ha resistido los vaivenes ideológicos del celebrado autor.

En 2006, luego de haber visitado la zona por quince días, el año previo, junto con su hija fotógrafa (lo que, presumiblemente, convirtió a ambos en expertos en el conflicto), Vargas Llosa publicó Israel/Palestina: paz o guerra santa, libro que reúne los ocho artículos que escribió durante su visita más otros siete publicados con anterioridad, en los que deja al descubierto su llamativa parcialidad. En junio de este año, publicó un artículo en el diario español EL País, titulado «Israel: la amistad difícil», que comienza con la frase «Cada día es más difícil ser amigo de Israel…» y termina exclamando «¡Ah si lo justos de Israel estuvieran en el poder!», en referencia a las estrellas del diario Haaretz Amira Hass y Gideon Levy, y a figuras literarias rutilantes de la izquierda israelí como Amos Oz, David Grossman y A. B. Yehoshua. Para un neoconservador, sus modelos lucen curiosos.

A diferencia de otras personalidades famosas que han abandonado el progresismo y se han acercado al conservadurismo (Oriana Fallaci, Pilar Rahola, Alan Finkielkraut, etc), Vargas Llosa retuvo una visión típica de izquierdas en lo relativo al conflicto palestino-israelí. Como hemos señalado más arriba, en este único asunto, Vargas Llosa eligió mantener su domicilio permanente en la izquierda reaccionaria. Esto no opaca ni su talento literario, ni la sagacidad de su intelecto, ni la justicia del codiciado galardón. Es sencillamente extraño.

En 1977, salió a la venta una suerte de novela autobiográfica titulada La tía Julia y el escribidor. Como es sabido, el autor se casó con su tía a la que al cabo de casi diez años dejó por una prima suya (y sobrina de ésta), Patricia, su mujer actual. En 1983, Julia Urquidi Illanes publicó en Bolivia su propia versión de la relación que la unió con Vargas Llosa en una obra titulada Lo que Varguitas no dijo. La tía Julia falleció el pasado marzo. Uno ya no le puede decir que no solamente en cuestiones sentimentales es sesgado Vargas Llosa.

Fe de erratas: MVLL no siempre fue crítico de Israel, como he escrito. Tuvo un lejano pasado pro-israelí décadas atrás. Se llamó mi atención al respecto una vez publicada esta nota. Aquí la enmienda.