Programa: Mediodía con Mauro
Conducción: Mauro Viale
Canal: Canal 26
Fecha: 30/12/2008
Todas las entradas de: adminJS2021
Durban ii: la infamia continúa – 17/12/2008
En abril del 2009, en Ginebra, veremos la secuela de la primera conferencia de las Naciones Unidas contra el racismo, la xenofobia y la discriminación racial, acaecida en Durban en el año 2001. En el cine, las segundas partes suelen ser malas. En el ámbito surrealista y perverso de la ONU, esta nueva reunión de alto nivel diplomático promete ser un desastre mayor.
En Durban I, árabes y musulmanes judeófobos unieron fuerzas para borrar a Israel del mapa del discurso moral contemporáneo. Ese festival del odio» -como lo llamó Shimon Peres entonces- tuvo un fervor anti-judío y anti-israelí tan extremo que Estados Unidos optó por salirse del encuentro. La «Conferencia de Revisión de Durban», como se denomina a ésta Durban II, es patrocinada por la Consejo de Derechos Humanos de la ONU con un presupuesto de más de cinco millones de dólares. El comité de veinte países-miembro encargado de los preparativos es presidido por la distinguida Libia. Entre sus vicepresidentes se encuentran emisarios de países tan magníficos como Irán, Pakistán, Rusia, Camerún, y Cuba; país que cuenta con dos enviados, uno a la vicepresidencia y otro al cuerpo de relatores. Será en reconocimiento a su prestigio en el campo de los derechos humanos, uno supone.
Tal como Durban I, la nueva ceremonia de la ONU ya ha hecho de Israel su obsesión central. Continuando con su política de reavivar «sionismo = racismo», el borrador de la declaración afirma que la política israelí hacia los palestinos es -mejor siéntese- «una nueva forma de apartheid, un crimen contra la humanidad, una forma de genocidio y una amenaza seria a la paz y a la seguridad internacional». El comité mantuvo una de sus reuniones más importantes el día de Iom Kippur para garantizar la no-participación de judíos e israelíes. Esta práctica es habitual en los varios foros de la ONU y muy especialmente en la CDH, la que, incidentalmente, entre 2001-2006 condenó al estado judío veintisiete veces. Un informe sobre antisemitismo del Departamento de Estado publicado el pasado mes de marzo, señala que ello fue más del doble de la cantidad de críticas realizadas por la CDH durante ese mismo período a Sudán, Burma y Corea del Norte combinadas.
Seguramente envalentonados por la experiencia gloriosa del 2001, los organizadores de Durbán II han ampliado el abanico de objetivos para este encuentro. Israel seguirá siendo blanco de sus ataques, pero ya no será el único foco de esta malicia desvariada. No menos inquietante resulta observar la dirección que Durbán II está tomando en relación a lo que el bloque islámico adora en llamar la «Islamofobia»; el supuesto sentimiento odioso contra el Islam y los musulmanes que albergan los occidentales. El borrador de la declaración sostiene que «Las más serias manifestaciones de difamación de las religiones son el aumento en Islamofobia y el empeoramiento de la situación de las minorías musulmanas alrededor del mundo». El texto pide por la creación de «estándares normativos internacionalmente obligatorios…que puedan proveer garantías adecuadas contra la difamación de las religiones» (léase la religión islámica). «Si esto luce como censura», opinó el Wall Street Journal, «es porque lo es».
Detrás de esta presunta protección de las religiones, en rigor lo que busca la Organización de la Conferencia Islámica -el ente acuartelado en Arabia Saudita que reúne a los 57 países musulmanes del globo y gestador de esta iniciativa- es criminalizar toda crítica hacia el Islam y la Shaaría, tal como observó el comentarista israelí Isi Leibler. Si ellos se salen con la suya, entonces cualquier crítica hacia las prácticas bárbaras de la misma (lapidación de mujeres adúlteras, cortes de manos y/o pies para los ladrones, decapitación de blasfemos, apostatas y homosexuales) será punible. Como lo será cualquier crítica hacia las enseñanzas violentas de esa fe, desde la obliteración genital femenina hasta la justificación coránica del terrorismo suicida. Publicar una caricatura o producir una película percibidas como ofensivas por los musulmanes, quedará censurado. La lucha contra el terrorismo no ha escapado de la mira de la OCI. El borrador de la declaración exige que no se «discrimine» contra religión alguna, una evidente protesta acerca de las medidas defensivas contra potenciales terroristas suicidas, que en la absoluta (sino exclusiva) mayoría de los casos han surgido del mundo musulmán; ni que se «monitoreen y supervisen lugares de rezo, cultura y enseñanza del Islam», precisamente los lugares usuales en que los terroristas prospectivos son reclutados.
Tanto la CDH como la Asamblea General de la ONU ya han adoptado formalmente resoluciones que piden por una condena penal a quienquiera que critique al Islam o a sus prácticas. El efecto acumulado de estas votaciones resultará en la creación de un falso consenso que verá a la inexistente «Islamofobia» como la peor forma de prejuicio contemporáneo. El término fue empleado por primera vez en mayo de 2005 por el Consejo de Europa bajo la presión del premier turco Recep Tayyip Erdogan, cuando condenó «todas las formas de intolerancia…incluyendo el anti-semitismo y la Islamofobia». Al poco tiempo, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña aseveró que «El hecho es que la Islamofobia ha reemplazado al anti-semitismo». El analista político alemán Matthias Küntzel expuso el absurdo: «Nadie quiere borrar a un país musulmán del mapa de la manera en que algunos amenazan hacer con el estado judío. Los centros y casas de rezos islámicos no necesitan protección policial permanente en Europa, a diferencia de los sitios judíos. Ninguna estación satelital llama al exterminio de musulmanes, mientras que la televisión de Hizbullah y Hamás, por ejemplo, emiten vía satélites árabes a los livingrooms europeos, [y] regularmente instan a la destrucción de los judíos; incluso en programas infantiles».
Canadá anunció en enero que no participará de este encuentro/patraña. Israel indicó otro tanto el mes pasado (inexplicablemente, diez meses después que Canadá). El Estados Unidos de Obama debiera decidir lo mismo, tal como toda nación que valore auténticamente la libertad. En cuanto a la ONU, si este es el modo en que combate al racismo, mejor ni imaginar como estarían las cosas si decidiera apoyarlo…
Originalmente publicado en Libertad Digital (España)
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  Durban II: la infamia continúa – 17/12/08
En abril del 2009, en Ginebra, veremos la secuela de la primera conferencia de las Naciones Unidas contra el racismo, la xenofobia y la discriminación racial, acaecida en Durban en el año 2001. En el cine, las segundas partes suelen ser malas. En el ámbito surrealista y perverso de la ONU, esta nueva reunión de alto nivel diplomático promete ser un desastre mayor.
En Durban I, árabes y musulmanes judeófobos unieron fuerzas para borrar a Israel del mapa del discurso moral contemporáneo. Ese “festival del odio” -como lo llamó Shimon Peres entonces- tuvo un fervor anti-judío y anti-israelí tan extremo que Estados Unidos optó por salirse del encuentro. La “Conferencia de Revisión de Durban”, como se denomina a ésta Durban II, es patrocinada por la Consejo de Derechos Humanos de la ONU con un presupuesto de más de cinco millones de dólares. El comité de veinte países-miembro encargado de los preparativos es presidido por la distinguida Libia. Entre sus vicepresidentes se encuentran emisarios de países tan magníficos como Irán, Pakistán, Rusia, Camerún, y Cuba; país que cuenta con dos enviados, uno a la vicepresidencia y otro al cuerpo de relatores. Será en reconocimiento a su prestigio en el campo de los derechos humanos, uno supone.
Tal como Durban I, la nueva ceremonia de la ONU ya ha hecho de Israel su obsesión central. Continuando con su política de reavivar “sionismo = racismo”, el borrador de la declaración afirma que la política israelí hacia los palestinos es -mejor siéntese- “una nueva forma de apartheid, un crimen contra la humanidad, una forma de genocidio y una amenaza seria a la paz y a la seguridad internacional”. El comité mantuvo una de sus reuniones más importantes el día de Iom Kippur para garantizar la no-participación de judíos e israelíes. Esta práctica es habitual en los varios foros de la ONU y muy especialmente en la CDH, la que, incidentalmente, entre 2001-2006 condenó al estado judío veintisiete veces. Un informe sobre antisemitismo del Departamento de Estado publicado el pasado mes de marzo, señala que ello fue más del doble de la cantidad de críticas realizadas por la CDH durante ese mismo período a Sudán, Burma y Corea del Norte combinadas.
Seguramente envalentonados por la experiencia gloriosa del 2001, los organizadores de Durbán II han ampliado el abanico de objetivos para este encuentro. Israel seguirá siendo blanco de sus ataques, pero ya no será el único foco de esta malicia desvariada. No menos inquietante resulta observar la dirección que Durbán II está tomando en relación a lo que el bloque islámico adora en llamar la “Islamofobia”; el supuesto sentimiento odioso contra el Islam y los musulmanes que albergan los occidentales. El borrador de la declaración sostiene que “Las más serias manifestaciones de difamación de las religiones son el aumento en Islamofobia y el empeoramiento de la situación de las minorías musulmanas alrededor del mundo”. El texto pide por la creación de “estándares normativos internacionalmente obligatorios…que puedan proveer garantías adecuadas contra la difamación de las religiones” (léase la religión islámica). “Si esto luce como censura”, opinó el Wall Street Journal, “es porque lo es”.
Detrás de esta presunta protección de las religiones, en rigor lo que busca la Organización de la Conferencia Islámica -el ente acuartelado en Arabia Saudita que reúne a los 57 países musulmanes del globo y gestador de esta iniciativa- es criminalizar toda crítica hacia el Islam y la Shaaría, tal como observó el comentarista israelí Isi Leibler. Si ellos se salen con la suya, entonces cualquier crítica hacia las prácticas bárbaras de la misma (lapidación de mujeres adúlteras, cortes de manos y/o pies para los ladrones, decapitación de blasfemos, apostatas y homosexuales) será punible. Como lo será cualquier crítica hacia las enseñanzas violentas de esa fe, desde la obliteración genital femenina hasta la justificación coránica del terrorismo suicida. Publicar una caricatura o producir una película percibidas como ofensivas por los musulmanes, quedará censurado. La lucha contra el terrorismo no ha escapado de la mira de la OCI. El borrador de la declaración exige que no se “discrimine” contra religión alguna, una evidente protesta acerca de las medidas defensivas contra potenciales terroristas suicidas, que en la absoluta (sino exclusiva) mayoría de los casos han surgido del mundo musulmán; ni que se “monitoreen y supervisen lugares de rezo, cultura y enseñanza del Islam”, precisamente los lugares usuales en que los terroristas prospectivos son reclutados.
Tanto la CDH como la Asamblea General de la ONU ya han adoptado formalmente resoluciones que piden por una condena penal a quienquiera que critique al Islam o a sus prácticas. El efecto acumulado de estas votaciones resultará en la creación de un falso consenso que verá a la inexistente “Islamofobia” como la peor forma de prejuicio contemporáneo. El término fue empleado por primera vez en mayo de 2005 por el Consejo de Europa bajo la presión del premier turco Recep Tayyip Erdogan, cuando condenó “todas las formas de intolerancia…incluyendo el anti-semitismo y la Islamofobia”. Al poco tiempo, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña aseveró que “El hecho es que la Islamofobia ha reemplazado al anti-semitismo”. El analista político alemán Matthias Küntzel expuso el absurdo: “Nadie quiere borrar a un país musulmán del mapa de la manera en que algunos amenazan hacer con el estado judío. Los centros y casas de rezos islámicos no necesitan protección policial permanente en Europa, a diferencia de los sitios judíos. Ninguna estación satelital llama al exterminio de musulmanes, mientras que la televisión de Hizbullah y Hamás, por ejemplo, emiten vía satélites árabes a los livingrooms europeos, [y] regularmente instan a la destrucción de los judíos; incluso en programas infantiles”.
Canadá anunció en enero que no participará de este encuentro/patraña. Israel indicó otro tanto el mes pasado (inexplicablemente, diez meses después que Canadá). El Estados Unidos de Obama debiera decidir lo mismo, tal como toda nación que valore auténticamente la libertad. En cuanto a la ONU, si este es el modo en que combate al racismo, mejor ni imaginar como estarían las cosas si decidiera apoyarlo…
Originalmente publicado en Libertad Digital (España)
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  Durban II: La infamia continúa – 15/12/08
El próximo abril, en Ginebra, tendrá lugar la secuela de la conferencia contra el racismo, la xenofobia y la discriminación racial que celebró la ONU en Durban en el año 2001. En el cine, las segundas partes suelen ser malas. En el ámbito surrealista y perverso de las Naciones Unidas, esta nueva reunión de alto nivel diplomático promete ser un desastre mayor.
En Durban, árabes y musulmanes judeófobos unieron fuerzas para borrar a Israel del mapa del discurso moral contemporáneo. Ese «festival del odio», como lo denominó Shimon Peres, tuvo un fervor anti-judío y anti-israelí tan extremo que Estados Unidos optó por abandonarlo. La «Conferencia de Revisión de Durban», o sea, Durban II, será patrocinada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y tendrá un presupuesto de más de cinco millones de dólares. El comité encargado de los preparativos, del que toman parte veinte países, está presidido por la distinguida Libia. Entre sus vicepresidentes se encuentran emisarios de regímenes tan magníficos como los que gobiernan Irán, Pakistán, Rusia, Camerún y Cuba. La Isla, por cierto, tiene dos representantes: uno en la vicepresidencia y otro en el cuerpo de relatores. Será en reconocimiento a su prestigio en el campo de los derechos humanos, supone uno.
Tal como en Durban I, la nueva ceremonia de la ONU ha hecho de Israel su obsesión central. Tal como en Durban I, se equipara el sionismo con el racismo: así, en el borrador de declaración se afirma que la política israelí hacia los palestinos es –mejor siéntese– «una nueva forma de apartheid, un crimen contra la humanidad, una forma de genocidio y una amenaza seria a la paz y a la seguridad internacional». El comité mantuvo una de sus reuniones más importantes el día de Iom Kippur, para garantizar la no participación de judíos e israelíes. Esta práctica es habitual en los foros de la ONU, y muy especialmente en la CDH, que, dicho sea de paso, entre 2001 y 2006 condenó al Estado judío veintisiete veces. Un informe sobre antisemitismo del Departamento de Estado publicado el pasado mes de marzo señala que las críticas de la CDH a Israel duplican a la suma de las críticas vertidas por dicho organismo contra Sudán, Birmania y Corea del Norte.
Seguramente envalentonados por la experiencia gloriosa de 2001, los organizadores de Durban II han ampliado el abanico de objetivos para este encuentro. Como hemos visto, Israel seguirá siendo blanco de sus ataques, pero ya no será el único foco de esta malicia desvariada. No menos inquietante resulta observar la dirección que Durban II está tomando en relación a lo que el bloque islámico gusta de llamar «islamofobia»: el supuesto odio que albergan los occidentales contra el Islam y los musulmanes. El borrador de declaración sostiene que «las más graves muestras de difamación de las religiones son el aumento de la islamofobia y el empeoramiento de la situación de las minorías musulmanas en todo el mundo», y pide que se fijen «patrones normativos internacionalmente obligatorios (…) que provean garantías adecuadas contra la difamación de las religiones» (léase la religión islámica). «Si esto luce como censura», opinó el Wall Street Journal, «es porque lo es».
So capa de esta presunta protección de las religiones, lo que busca el promotor de esta iniciativa, la Organización de la Conferencia Islámica, que agrupa a los 57 países musulmanes y tiene su sede en Arabia Saudita, es criminalizar toda crítica hacia el Islam y la sharia, tal como ha observado el comentarista israelí Isi Leibler. Si ellos se salen con la suya, entonces cualquier crítica hacia prácticas bárbaras como la lapidación de mujeres adúlteras, la amputación de manos o pies a ladrones o la decapitación de blasfemos, apóstatas y homosexuales será punible. Como lo será cualquier crítica hacia las enseñanzas violentas de esa fe, desde la obliteración genital femenina hasta la justificación del terrorismo suicida. La censura se cernirá sobre cualquier caricatura o película que los musulmanes consideren ofensivas.
La lucha contra el terrorismo no ha escapado de la mira de la OCI. El borrador de la declaración exige que no se «discrimine» a religión alguna, en lo que representa una clara denuncia de las medidas adoptadas contra potenciales terroristas suicidas, que en la gran mayoría de los casos proceden del mundo musulmán; y que no se «monitoreen y supervisen lugares de rezo, cultura y enseñanza del Islam», precisamente los lugares en que suele recultarse a los terroristas.
Tanto la CDH como la Asamblea General de la ONU han adoptado resoluciones que demandan la condena penal de quienquiera critique el Islam o sus prácticas. El efecto acumulado de estas votaciones resultará en la creación de un falso consenso que verá en la inexistente «islamofobia» la peor forma contemporánea de prejuicio. El término fue empleado por primera vez en mayo de 2005 por el Consejo de Europa, bajo la presión del premier turco, Recep Tayyip Erdogan, cuando condenó «todas las formas de intolerancia (…) incluyendo el anti-semitismo y la islamofobia». Al poco tiempo, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña aseveró: «El hecho es que la islamofobia ha reemplazado al anti-semitismo». El analista político alemán Matthias Küntzel expuso el absurdo:
Nadie quiere borrar un país musulmán del mapa, como amenazan algunos hacer con el Estado judío. Los centros y casas de oración islámicos no necesitan protección policial permanente en Europa, a diferencia de los centros judíos. Ninguna estación satelital llama al exterminio de los musulmanes, mientras que las televisiones de Hezbolá y Hamás, por ejemplo, (…) instan regularmente a la aniquilación de los judíos; incluso en programas infantiles.
Canadá anunció, ya en enero, que no participará en este encuentro-patraña. Israel hizo otro tanto el mes pasado (inexplicablemente, diez meses más tarde que Canadá). Los Estados Unidos de Obama deberían decidir lo mismo, tal como toda nación que valore auténticamente la libertad. En cuanto a la ONU, si éste es el modo en que combate el racismo, mejor no imaginar cómo estarían las cosas si decidiera apoyarlo…
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  El medio oriente en el 2009 – 03/12/08
Durante la campaña electoral que llevó finalmente a los Demócratas al poder en Estados Unidos, el candidato a la vicepresidencia Joe Biden dijo: Marquen mis palabras. No pasarán seis meses antes de que el mundo testee a Barack Obama…Les aseguro que eso sucederá». Él tenía razón, pues la debilidad percibida invita a la agresión. Aún cuando no hemos visto todavía el temple de Obama en tiempos de crisis, con sólo dar una mirada panorámica a algunas de las amenazas que asoman en el horizonte del Medio Oriente, se obtiene sobrado sustento para tal evaluación. Israel.
El nuevo presidente norteamericano asumirá sus funciones el 20 de enero próximo. Menos de tres semanas más tarde habrá elecciones en Israel. Al momento, la competencia está dada entre la actual primer ministro y titular del oficialista Kadima, Tzipi Livni, y el líder de la oposición Binyamín Netanyahu. Por primera vez en la historia electoral de Israel desde que ambos partidos existen, el Laborismo no será el principal contrincante del Likud. Tal como algunos comentaristas han señalado, Livni seguramente se presentará como la política mejor posicionada para capitalizar el cambio habido en Washington al sugerir que Kadima tendrá mejores chances de lidiar armoniosamente con el Partido Demócrata que el Likud, cuyo jefe ha tenido roces en el pasado con la Administración Clinton por temas relativos al proceso de paz con los palestinos. Por su parte Netanyahu recordará a la nación que él ya fue primer ministro y ministro de relaciones exteriores, y que en tal capacidad supo mantener buenas relaciones con Washington a pesar de las diferencias, así como ministro de economía, lo que le da capital político extra en el marco de una crisis financiera global. Alejado del gobierno durante los años en los que Israel no logró derrotar completamente al Hizbullah durante la guerra del 2006 y en los que Hamas tomó violentamente el poder en la Franja de Gaza en 2007, y en un contexto de crecientes desafíos a la seguridad -e incluso a la existencia- del estado, el Likud podría emerger como un partido confiable en temas de seguridad. Al mismo tiempo, pocos habían anticipado que Kadima sobreviviría a su fundador Ariel Sharon, a los escándalos de corrupción de su líder Ehud Olmert, y a las confrontaciones bélicas con Hamas y Hizbullah. La palabra final a propósito de estas elecciones nacionales la sabremos recién en febrero.
Gaza y Cisjordania.
Once días antes de que Obama asuma la presidencia, expirará el mandato del presidente de la Autoridad Palestina (AP) Mahmoud Abbas. Éste ha dicho que permanecerá en ejercicio por al menos otro año más, apoyándose en una enmienda de la ley electoral local. Hamas sostiene que según la ley básica, el vocero del parlamento debiera reemplazar a Abbas a partir del 9 de enero. Resta por ver como se resolverá este diferendo; si mediante negociaciones pacíficas o a través de choques violentos. La AP está dividida en dos partes: Cisjordania en manos de Fatah, y Gaza bajo control del Hamas. Estas agrupaciones llevan al menos dos décadas luchando por el control político e ideológico del nacionalismo palestino. La política israelí a partir de 1992 en adelante ha favorecido la creación de un estado palestino independiente. Aún cuando su territorio era gobernado por una sola entidad unificada bajo el liderazgo emblemático de Yasser Arafat, y sin injerencias de Irán en el asunto, este objetivo no pudo ser alcanzado. Ahora, con Irán entrometido, el fundamentalismo islámico controlando la Franja de Gaza, a su vez provocando militarmente a Israel y amenazando la estabilidad interna de la AP, las posibilidades de alcanzarlo el año entrante lucen pobres. Hamás todavía no aceptó las tres condiciones para ser aceptado como un socio -reconocer a Israel, respetar acuerdos preexistentes, renunciar al terror- y es muy poco probable que lo vaya a hacer en el futuro. La agrupación extremista ya quebró el cese de fuego con Israel, y el récord de Fatah relativo a la contención del terrorismo de Hamas ha sido hasta el momento lamentable. Así las cosas, nada sugiere que el 2009 será un año tranquilo en las zonas palestinas; sea en la arena doméstica o en la relación con el estado judío.
Hizbullah.
Antes del conflicto último con Israel en 2006, esta agrupación chiíta disponía de trece mil cohetes; hoy posee más de treinta mil. Entonces lo más lejos que podía llegar con sus cohetes era a Hadera; hoy éstos pueden llegar al Negev (incluyendo al reactor atómico en Dimona). En términos reales, controla la zona sur del Líbano. Tiene poder de veto en las decisiones del gabinete libanés y su influencia seguirá creciendo. Ha recibido el título oficial de Liberador de las Granjas Sheba y las aldeas chiítas de la Galilea, y ha acusado a Israel de estar detrás del asesinato del architerrorista Imad Mugniyeh en febrero de 2008, de quién juró vengarse. Según el general Amos Gilad, Director de la Oficina Político/Militar del Ministerio de Defensa, Hizbullah ha transformado al Líbano en una república bananera en la que su presidente (un general y ex comandante del ejército) no sabe cuándo su país se verá enredado en una nueva guerra con Israel. Quien decidirá ello, tal como la última vez, será Hassan Nasrallah, que está al servicio de sus patrones en Teherán. Una futura provocación militar del Hizbullah con toda probabilidad motivará una respuesta israelí mucho más contundente que la anterior, y esta vez la infraestructura oficial libanesa será considerada un legítimo objetivo militar. Con Hizbullah en el gobierno, una nueva guerra sería por definición interestatal.
Siria e Irán.
Los pertrechos militares iraníes llegan a manos del Hizbullah a través de Siria. La distribución desde Irán no es clandestina; arriban al aeropuerto de Damasco. Siria alberga en su suelo a un puñado de grupos terroristas, apoya a jihaditas de Al-Qaeda en Irak, y ha procurado desarrollar secretamente una instalación nuclear (destruida por la fuerza aérea israelí a finales de 2007). En esta coyuntura, las tratativas indirectas entre Siria e Israel en Turquía no llegarán a buen puerto. Siria reclama los Altos del Golán como requisito para otorgar la paz, pero difícilmente Israel pueda ceder un terreno que podría ser usado como plataforma de ataque a una entidad de semejante reputación. Por su parte, Irán continúa desarrollando su programa nuclear y, a menos que sea detenido, no lo abandonará. Conforme ha sido informado por la prensa internacional en noviembre, ya posee material suficiente para construir una bomba nuclear; sólo permanece la incógnita acerca de su nivel de know-how científico. Un Irán nuclear alteraría sustancialmente el ambiente de seguridad regional, precipitaría una carrera armamentista nuclear, y sumergiría al Medio Oriente en una era de gran inestabilidad. Para la región y el mundo, Irán representa una amenaza estratégica pero para Israel significa una amenaza existencial. De una constelación de casi doscientas naciones existentes, solamente el estado judío fue nombrado explícitamente como objetivo anhelado para la obliteración. Jerusalem sabe ello y el año entrante podría resultar definitorio de persistir la irresponsable indiferencia global.
No necesariamente estos escenarios posibles se materialicen el año entrante, sea de modo parcial o total, aislado o simultáneo. Pero la probabilidad de ocurrencia no es baja. Si imperase el realismo, la sabiduría, y la racionalidad en las nuevas administraciones en Washington y Jerusalem -así como en otras capitales- seguramente estos desafíos serán acotados o, mejor aún, finalmente superados.
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  La diplomacia epistolar de Irán – 24/11/08
La victoria electoral de Barack Hussein Obama ha encantado a individuos, grupos y naciones. En Estados Unidos, negros, judíos y gays le dieron, cada uno, más del 70% de sus votos. En Kenia, su familia a la distancia posó para la prensa internacional en una reunión de alegría. En Israel, una tribu beduina adujo estar familiarmente vinculada al presidente electo. Incluso en Teherán hubo quien se mostró en público portando calcomanías de Obama sobre sus ropas.
Casi al momento de conocerse el resultado de las presidenciales norteamericanas, Mahmud Ahmadineyad envió una carta a Barack Obama. A diferencia de la larga carta que escribió a George W. Bush en mayo del 2006 (en la que mencionó a Jesús nueve veces y a Dios otras once, para terminar invitando a su corresponsal a servir a Alá), esta vez el presidente iraní menciona a Dios y a los profetas con contención y se abstiene de hacer proselitismo. No obstante, es muy probable que le rondaran consideraciones de orden teológico a la hora de redactarla.
Tal como el comentarista político iraní expatriado Amir Taheri ha señalado, en el siglo VII Alí ibn Abi Talib predijo que un hombre «negro [y] alto» al mando del «más grande ejército sobre la tierra» tomaría el poder en Occidente y portaría una «clara señal» del Tercer Imán, Hussein. En su profecía, Alí dijo de este personaje: «Los chiitas no deberían tener duda alguna de que está con nosotros». Daniel Pipes ha observado que, en árabe, «Barack Hussein» significa «la bendición de Hussein». Y Obama, en farsi, vale por «[él] está con nosotros». Así las cosas, el establishment clerical iraní podría pensar que este tipo de profecías podrían cumplirse con el ascenso de Obama al poder.
Si aquí está la razón del nuevo ejercicio epistolar iraní, es algo que está más allá de nuestro alcance determinar. Lo políticamente relevante es la existencia y el contenido de la carta, y las reacciones que ha suscitado.
Se trata de la segunda comunicación formal que Teherán cursa a Washington en 29 años. La carta, petulante, sermonea al próximo inquilino de la Casa Blanca: «La gente espera una respuesta clara e inmediata a la presión para el cambio fundamental en las políticas del Gobierno norteamericano (…) ése debiera ser el objetivo y la base de todos los programas y quehaceres de su Gobierno». Asimismo, le prescribe las áreas que habrán de ser objeto de su atención, desde la energía y el «servicio al pueblo» hasta la crisis económica y «imagen del país», pasando por la «erradicación de la pobreza y la discriminación» y el «respeto por los individuos, su seguridad y sus derechos».
En lo que puede interpretarse como una referencia a la cuestión nuclear, Ahmadineyad escribe: «Las naciones del mundo esperan un fin a las políticas basadas en la belicosidad, la invasión, el patoterismo, la chicana, la humillación de otros países por medio de la imposición de exigencias injustas y tendenciosas». Y atribuye a terceras partes lo que en realidad es un anhelo propio: «Quieren que el Gobierno norteamericano mantenga sus intervenciones dentro de los límites de sus propias fronteras». En una evidente alusión a los judíos norteamericanos, a los que sin embargo no menciona explícitamente, dice: «Espero que Ud. elija velar por los auténticos intereses del pueblo, la justicia y la equidad por sobre el apetito insaciable de la minoría egoísta». Por lo que hace a Israel, que acaba de cumplir su sexagésimo aniversario, afirma que en el Medio Oriente hay una «expectativa» de que las «acciones injustas» de los últimos «sesenta años» den lugar a una política que «estimule» los «derechos plenos» de todas las naciones, especialmente los de «las naciones oprimidas de Palestina, Irak y Afganistán». Después de ensalzar a su país como «gran constructor de civilización y buscador de justicia», Ahmadineyad concluye invocando a Dios y a los sagrados profetas y predicando «amor y afabilidad».
La carta iraní obligó a Obama a abordar la relación con Teherán durante su primera conferencia de prensa como presidente electo. En ella, el sucesor de Bush dijo que repasaría el texto de la misiva y que la respondería de la manera más apropiada. Asimismo, advirtió que el apoyo iraní al terrorismo debía cesar y aseguró que el desarrollo de armas nucleares por parte del régimen de los ayatolás era inaceptable. Todo esto motivó que el vocero del Parlamento iraní, y ex negociador en materia de asuntos nucleares, Alí Larijani, afirmara que Obama no se movía «en la dirección adecuada». Por su parte, el parlamentario conservador Ahmad Tavakoli aseguró que las «respuestas arrogantes» del norteamericano no servían a la dignidad del país.
La inoportuna misiva de Ahmadineyad, enviada el mismo día de la victoria de Obama, nos recuerda cuán inevitable será para la Administración demócrata lidiar con este espinoso asunto. El affaire ha motivado un debate entre los expertos. Robert Satloff ha observado que Washington mantiene cinco mega-relaciones en la región –con Israel, Egipto, Arabia Saudita, Turquía e Irak– interconectadas por la cuestión iraní, y afirma: «Resulta esencial una pronta definición de la política hacia Iránl». Por su parte, Patrick Clawson cree que Washington tratará con Teherán al menos para descomprimir la noción de que la ausencia de progreso se debe a la reticencia norteamericana a dialogar con la república islámica. Al mismo tiempo, advierte de que un acercamiento a Teherán reforzará la imagen de los duros ante la opinión pública iraní, cuando las presidenciales de junio están a la vuelta de la esquina, y generará intranquilidad tanto en los países del Golfo Pérsico como, obviamente, en Jerusalem. En cuanto a David Makovsky, sugiere que, aun si fracasaran unas tratativas con Irán, ello legitimaría el recurso a otras opciones.
En todo caso, Barack Obama tiene un amplio margen de acción. Su campaña se centró en la esperanza y el cambio. Como se ha comentado, Obama, por carecer de pasado, prometió el futuro. Para los estadounidenses, el cambio hacía referencia a la situación en Irak, el año pasado, y a la crisis financiera, en este 2008. En 2009, cambio podría significar cualquier otra cosa. Así las cosas, el nuevo presidente tendrá espacio para elegir a qué áreas aplicar el famoso cambio y a cuáles no.
Una buena política de Obama consistiría en mantener la decisión de no dialogar con Teherán, reforzar las hasta el momento débiles sanciones diplomáticas y respaldar las mismas con la amenaza críeble del uso de la fuerza en caso de que los ayatolás no cooperaran.
Cuando la república islámica haya cambiado de modales, Obama podrá enviar a Teherán una carta de agradecimiento.
Originalmente publicado en Comunidades
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  La diplomacia epistolar de Irán – 19/11/08
La victoria electoral de Barak Hussein Obama ha encantado a individuos, grupos y naciones. En Estados Unidos, negros, judíos, y gays le dieron cada uno más del 70% de sus votos. En Kenia, su familia a la distancia posó para la prensa internacional en una reunión de alegría. En Israel, una tribu beduina adujo estar familiarmente vinculada al presidente electo. Incluso en Teherán hombres se mostraron en público portando calcomanías de Obama sobre sus ropas.
Políticamente, una de las manifestaciones más interesantes emanó de allí mismo; del palacio presidencial. Casi inmediatamente luego del resultado electoral, Mahmoud Ahmadinejad envió una carta a Barack Obama. A diferencia de la larga carta enviada a George W. Bush en mayo del 2006 (en la que mencionó a Jesús nueve veces y a Dios once veces para terminar invitando al presidente estadounidense a servir a Allah), la misiva menciona a Dios y a los profetas de manera mucho más moderada y se abstiene de hacer proselitismo. No obstante, es muy probable que consideraciones teológicas hayan estado presentes en la mente del presidente khomeinista al escribirla. Tal como el comentarista político iraní expatriado Amir Taheri ha señalado, en el siglo VII Alí ibn Abi-Talib predijo que un hombre negro alto» al mando «del más grande ejército en la tierra» tomaría el poder «en Occidente» y traería una «clara señal» del Tercer Imán, Hussein. En su profecía, Alí dijo de este personaje: «los chiítas no deberían tener duda alguna que él está con nosotros». Daniel Pipes ha observado que en árabe, Barack Hussein significa «la bendición de Hussein». En farsi, Obama significa «él está con nosotros». Así, las profecías en las que cree el establishment clerical iraní podrían -en la óptica de éstos- ver su realización inminente en el ascenso de Barack Obama al poder.
Si ella ha sido la razón del nuevo ejercicio epistolar iraní está más allá de nuestro alcance a determinar. Lo políticamente relevante es la existencia de la carta, el contenido de la misma, y la reacción que ella produjo. Ella representa la segunda comunicación escrita formal iniciada por Teherán hacia Washington en los últimos 29 años. La carta tiene un tono petulante en la que sermonea al gobierno de EE.UU.: «La gente espera una respuesta clara e inmediata a la presión para el cambio fundamental en las políticas del gobierno norteamericano, tanto internas como externas…ese debiera ser el objetivo y base de todos los futuros programas y acciones de su gobierno». Le prescribe las áreas que deberá atender, desde «energía» hasta «servir al pueblo», desde la «crisis económica» hasta la «imagen del país», desde «erradicar la pobreza y la discriminación» hasta «renovar el respeto por los individuos, su seguridad y sus derechos». En lo que puede interpretarse como una referencia a la cuestión nuclear, sostiene que «las naciones del mundo esperan un fin a las políticas basadas en la belicosidad, invasión, patoterismo, chicana, la humillación de otros países por medio de la imposición de exigencias injustas y tendenciosas». Le atribuye a terceras partes lo que en realidad es un anhelo iraní, al decir «ellas quieren que el gobierno norteamericano mantenga sus intervenciones dentro de las fronteras de su propio país». En una evidente referencia a los judíos norteamericanos, sin nombrarlos explícitamente, dice «Espero que Ud. elegirá honrar los reales intereses del pueblo y la justicia y la equidad por sobre el apetito insaciable de la minoría egoísta». En una alusión a Israel, que acaba de marcar su sesenta aniversario, menciona que en el Medio Oriente hay una «expectativa de que las acciones injustas de los últimos 60 años darán lugar a una política que estimule los derechos plenos a todas las naciones, especialmente a las naciones oprimidas de Palestina, Irak y Afganistán». Después de auto-congratular a su país como «la nación de Irán gran constructora de la civilización y buscadora de la justicia», la epístola termina invocando a Dios y a los sagrados profetas y predicando «amor y amabilidad» entre otros clisés.
Esta carta obligó al presidente-electo a abordar la relación con Irán en su primera conferencia de prensa post-electoral. En ella, Obama dijo que revisaría el texto y respondería apropiadamente. También dijo que el apoyo iraní a agrupaciones terroristas debía cesar y que el desarrollo de armas nucleares era inaceptable. Esto motivó que el vocero del Parlamento iraní, Alí Larijani, a la vez ex negociador de asuntos nucleares con Occidente, tildara a la respuesta de «no moverse en la dirección correcta». Ahmad Tavakoli, parlamentario conservador aseguró que las «respuestas arrogantes» de Obama no servían a la dignidad del país.
La inoportuna misiva de Ahmadinejad enviada a Obama el mismo día de su victoria nos recuerda cuan inevitable será para la próxima administración demócrata lidiar con este espinoso asunto. El affair motivó un debate en la comunidad de expertos. Robert Satloff ha observado que Washington posee cinco mega-relaciones con socios en la región -Israel, Egipto, Arabia Saudita, Turquía e Irak- interconectadas por la cuestión iraní. «Una pronta definición de una política hacia Irán es esencial», opina. Patrick Clawson cree que Washington tratará con Teherán al menos para descomprimir la noción de que la ausencia de progreso se debe a la reticencia norteamericana a dialogar con la república islámica. Al mismo tiempo, él advierte que un acercamiento a Irán reforzará la imagen de los «duros» ante la opinión pública iraní a meses de las elecciones presidenciales de junio próximo, además de generar intranquilidad en los países del Golfo Pérsico y obviamente en Jerusalém. David Makovsky sugiere que aún si tratativas con Irán fracasaran, ello legitimaría el recurso a otras opciones. En todo caso, Barack Obama tiene un amplio margen de acción. Su campaña se centró en la esperanza y el cambio. Como ha sido observado, al carecer de un pasado, él prometió un futuro. Para los estadounidenses, el «cambio» se refirió a la situación en Irak, el año pasado, y a la crisis financiera, éste. El año entrante podría significar cualquier otra cosa. De este modo, el nuevo presidente tendrá espacio para elegir a qué áreas aplicar el cambio y a cuales no a partir de enero.
En torno a los aciertos y errores de la administración Bush respecto a Irán, una buena política de Obama consistiría en mantener la decisión de no dialogar con Teherán, reforzar las hasta el momento débiles sanciones diplomáticas, y respaldarlas con la amenaza del uso creíble de la fuerza ante la no-cooperación de ese país. Si y cuando la república islámica haya cambiado sus modales, Obama podrá enviarle a Teherán una carta de agradecimiento.
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  Estados unidos y el mundo – 05/11/08
Al momento de escribir estas líneas las elecciones norteamericanas aún deben acontecer, pero ya resulta claro que Barak Obama es el favorito entre los estadounidenses y en el resto del mundo. Internacionalmente, encuestas de la BBC, The Economist y el Pew Research Center dan cuenta de ello. Domésticamente, otras varias encuestas lo confirman. Los demócratas consideran ello un éxito, y en un sentido evidente lo es. Sin embargo, que en las elecciones más fáciles de la historia nacional –con un presidente republicano hiper-desprestigiado, una guerra impopular a cuestas, un candidato muy carismático, los principales medios de comunicación a favor, ventaja recaudatoria apreciable, y una crisis financiera con repercusiones planetarias estallando en plena campaña electoral- los demócratas no logren superar en más de cinco o diez puntos de ventaja a los republicanos, y que de hecho en cierto momento hayan estado debajo de éstos, invita a una honesta reflexión acerca de la relevancia política de su plataforma.
Con un apoyo local de alrededor del 30%, y con un anti-Bushismo rampante desde Cancún hasta Ushuaia y desde Valencia hasta Shangai, la opinión pública parece haber dado su veredicto sobre las chances de los republicanos y especialmente acerca del presidente en funciones. Independientemente de quién sea el victorioso en las elecciones USA 2008, Bush en cualquier caso pronto se habrá ido. Pero antes de que el último clavo sea martillado en el féretro de su legado, reconozcámosle lo que se merece. George W. Bush llegó al poder sin tener la menor idea, ni él ni sus asesores, ni sus contrincantes ni sus seguidores, de lo que se avecinaba. Respondió al desafío con firmeza. Los atentados del 9/11 revolucionaron nuestro entendimiento de lo que una guerra significa en el siglo XXI. El presidente Bush reformuló la política de defensa estadounidense y llevó la batalla a las orillas de los enemigos. De ahí las guerras en Irak y en Afganistán: la estrategia no consistía en meramente responder a la agresión islamista, sino en prevenir el próximo ataque. Tal como ha señalado Douglas Feith, tercero en la jerarquía del Pentágono entre 2001-2005, se eligió remover a los Talibanes y a Saddam Hussein del poder porque ello era necesario. En los siguientes siete años transcurridos desde el golpe magistral de Al-Qaeda hasta estas elecciones, Londres, Madrid, Ammán, Estambul, y por supuesto Tel-Aviv, fueron blancos de ataque jihadista. En el mismo período, no hubo un solo atentado en suelo norteamericano. Puede que ello tenga algo que ver con las políticas defensivas de Bush, las que, debemos acotar, fueron universalmente repudiadas por los demócratas, quienes obsesionados con Guantánamo y las escuchas telefónicas, vivieron bajo el beneficio de la protección republicana.
El mundo sigue siendo un lugar peligroso. El Islam radical aún acecha. Irán avanza hacia el umbral nuclear. Hizbulla se rearma. Rusia retorna a la Guerra Fría. Venezuela abraza un nacionalismo populista de la peor calaña. Irak y Afganistán todavía deben equilibrarse. Pakistán, el único país musulmán poseedor de armas nucleares, es cada vez más inestable. La economía mundial tambalea. No sabemos quién atenderá el teléfono en la Casa Blanca a las 3 a.m. de ahora en más, pero sí sabemos que es allí donde sonará. Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia aún después de esta crisis financiera fenomenal. Constantinopla cayó a los otomanos después de dos siglos de retroceso y declive. Tomó dos guerras mundiales, una depresión global y el surgimiento de la guerra fría para disminuir al imperio británico. Por lo tanto es seguro decir que la era del dominio norteamericano no será cerrada por lagos de default…» escribió el comentarista Bret Stephens. En todo caso, «Cuando el agua llega a la cintura de Gulliver, eso significa que los enanitos ya están ahogados». Él sustenta esta aseveración con estos datos: durante los tres meses previos a la debacle y después de ésta hasta el repunte transitorio de mediados de octubre, el Dow Jones cayó 25%, pero el XETRADAX de Alemania cayó 28%, la Bolsa de Shangai de China 30%, el NIKK225 de Japón 37%, la BOVESPA de Brasil 41% y el RTSI de Rusia 61%. Además, la cifra sideral de u$s 700 mil millones a los que en principio recurrió Washington para contener la crisis equivalen a un poco más del 5% del PBI norteamericano. El paquete de alrededor de u$s 500 mil millones de Alemania representa un 15% del suyo, y los u$s 835 mil millones de Gran Bretaña se aproxima al 30% de su PBI. Asimismo, la crisis golpeará a Rusia, Irán, Venezuela, Nigeria y algunos países del Golfo cuyos presupuestos operativos requieren de un precio del crudo elevado, y éste cayó de cerca de u$s 150/barril en julio a cerca de u$s 70/barril en octubre. En este período de incertidumbre, el dólar americano se ha fortalecido.
La crisis será eventualmente superada, pero las amenazas globales no desaparecerán. Aún en la era post-Bush, el anti-norteamericanismo seguirá de moda. Fuere quien fuere el nuevo Comandante en Jefe en Washington, Estados Unidos continuará recibiendo el desprecio de gran parte del globo terráqueo. Obama está mejor posicionado internacionalmente para distender la atmósfera; aún así, no podrá sostener a largo plazo el entusiasmo que cientos de miles de fans le mostraron en Berlín. McCain no tendrá período de gracia.
Estados Unidos seguirá encontrándose con su destino. Aún después de Bush, de Wall Street y de Irak, la hegemonía norteamericana primará. A decir del pensador Fouad Ajami: «Una cosa es protestar contra la Pax Americana. Pero cuando los encuestadores han partido, la verdad de nuestro orden contemporáneo de estados se sostiene. Vivimos en un mundo sostenido por el poder norteamericano; poder y benevolencia. Nada más bello, o más justo, se perfila en el horizonte».
Originalmente publicado en Libertad Digital (España)
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  Estados unidos y el mundo – 31/10/08
Al momento de escribir estas líneas las elecciones norteamericanas aún no se han realizado, pero ya parece claro que Barak Obama es el favorito entre los estadounidenses y en el resto del mundo. Internacionalmente, encuestas de la BBC, The Economist y el Pew Research Center dan cuenta de ello. En Estados Unidos, otras encuestas confirman esta tendencia. Los demócratas lo consideran un éxito y en cierto sentido lo es. Sin embargo, que en las elecciones más fáciles de la historia nacional -con un presidente republicano hiperdesprestigiado, una guerra impopular a las espaldas, un candidato muy carismático, los principales medios de comunicación a favor, una ventaja recaudatoria apreciable y una crisis financiera con repercusiones planetarias- los demócratas no logren superar en más de cinco o diez puntos de ventaja a los republicanos, y que en ciertos momentos hayan estado por debajo de éstos- invita a una honesta reflexión acerca de la relevancia política de su plataforma.
Con un apoyo interno inferior al 30% y con un movimiento anti-Bush rampante desde Cancún hasta Ushuaia y desde Valencia a Shangai, la opinión pública parece haber dado su veredicto sobre los republicanos y especialmente sobre el presidente en funciones. Independientemente de quién gane las elecciones de noviembre, Bush pronto se habrá ido. Pero antes de colocar el último clavo en el féretro de su legado, reconozcámosle lo que se merece: George W. Bush llegó al poder sin tener la menor idea -ni él ni sus asesores, ni sus contrincantes ni sus seguidores- de lo que se avecinaba y respondió al desafío con firmeza.
Los atentados del 11-S revolucionaron el significado de una guerra en el siglo XXI. El presidente Bush reformuló la política de defensa estadounidense y llevó la batalla a las orillas de sus enemigos. Para ello se iniciaron las guerras en Irak y en Afganistán: la estrategia no consistía solamente en responder a la agresión islamista, sino en prevenir el próximo ataque. Tal como ha señalado Douglas Feith, tercero en la jerarquía del Pentágono entre 2001-2005, se eligió eliminar a los Talibanes y a Saddam Hussein del poder porque era necesario. En los siguientes siete años transcurridos desde el golpe magistral de Al-Qaeda hasta estas elecciones, Londres, Madrid, Ammán, Estambul, y por supuesto Tel-Aviv, fueron blancos de ataque jihadista. En el mismo período, no hubo un solo atentado en suelo norteamericano. Puede que ello tenga algo que ver con las políticas defensivas de Bush que, conviene recordar, fueron universalmente rechazadas por los demócratas (quienes obsesionados con Guantánamo y las escuchas telefónicas vivieron bajo la protección republicana).
El mundo sigue siendo un lugar peligroso. El Islam radical aún acecha. Irán avanza hacia el umbral nuclear. Hizbulla se rearma. Rusia vuelve a la Guerra Fría. Venezuela abraza un nacionalismo populista de la peor calaña. Irak y Afganistán todavía deben estabilizarse. Pakistán, el único país musulmán poseedor de armas nucleares, es cada vez más inestable. La economía mundial se tambalea.
No sabemos quién descolgará el teléfono en la Casa Blanca a las 3 de la madrugada a partir de noviembre, pero sí sabemos que donde sonará será allí. Estados Unidos seguirá siendo una superpotencia, aún después de esta profunda crisis financiera: «Constantinopla cayó en manos de los otomanos después de dos siglos de declive. Costó dos guerras mundiales, una depresión global y el comienzo de la guerra fría para enterrar el imperio británico. Por lo tanto, es evidente que la era del dominio norteamericano no terminará por la crisis actual», escribió el comentarista Bret Stephens.
En todo caso, «cuando el agua llega a altura de la cintura de Gulliver, eso significa que los liliputienses ya se habrán ahogado». Stephens ilustra esta afirmación con estos datos: durante los tres meses anteriores a la debacle y hasta la recuperación transitoria a mediados de octubre, el Dow Jones cayó 25%, pero el DAX-30 de Alemania cayó un 28%, la bolsa de Shangai de China el 30%, el Nikkei de Japón el 37%, la Bovepa de Brasil el 41% y el RTS de Rusia el 61%. Además, la cifra astronómica de 700.000 millones a los que en principio recurrió Washington para contener la crisis equivalen a poco más del 5% del PIB norteamericano. En cambio, el paquete de 500.000 millones de dólares de Alemania representa el 15% del suyo, y los 835.000 millones de Gran Bretaña se aproxima al 30%. Asimismo, la crisis también golpeará duramente a Rusia, Irán, Venezuela, Nigeria y algunos países del Golfo cuyos presupuestos dependen de que el precio del petróleo se mantenga elevado, cuando ya se sitúa por los 60 dólares en caída de los 147 dólares. Sólo hace falta darse cuenta de que en este período de incertidumbre, el dólar americano se ha fortalecido.
La crisis se superará en su momento, pero las amenazas globales no desaparecerán. Aún en la era post-Bush, el antiamericanismo seguirá de moda. Fuere quien fuere el nuevo comandante en jefe en Washington, Estados Unidos continuará recibiendo el desprecio de gran parte del globo terráqueo. Obama está mejor posicionado internacionalmente para reducir las tensiones; pero aun así no podrá conservar a largo plazo el entusiasmo que cientos de miles de fans le mostraron en Berlín. McCain no tendría ni siquiera un período de gracia.
Aun así, Estados Unidos seguirá encontrándose con su destino. Después de Bush, de Wall Street y de Irak, la hegemonía norteamericana se mantendrá. Y es que, como dice el pensador Fouad Ajami: «Una cosa es protestar contra la Pax Americana. Pero cuando los catastrofistas se hayan ido, la realidad de nuestro orden contemporáneo seguirá en pie. Vivimos en un mundo sostenido por el poder norteamericano; poder y benevolencia. Nada más bello, o más justo, se perfila en el horizonte».
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  La Línea roja de Hugo Chavez – 20/10/08
El rojo rojito es el color emblemático del presidente bolivariano de Venezuela, que acaba de cruzar una línea de ese mismo color sin que el mundo apenas reaccionara.
A finales de septiembre Chávez anunció que comenzaría a construir un reactor nuclear con tecnología y asistencia rusas. Regresado de un viaje a Moscú, en el cual Vladimir Putin confirmó que cooperaría en ese área con Caracas, el presidente venezolano expresó su interés en desarrollar energía nuclear; «por supuesto, con fines pacíficos», aclaró. Ello no es muy tranquilizador, que digamos, dada la naturaleza de su Gobierno y su vinculación estrecha con el régimen iraní, su más cercano aliado en el Medio Oriente, que también trata de nuclearizarse y también, por supuesto, con «fines pacíficos».
Tal como ha consignado el diario argentino La Nación, Venezuela lleva gastados más de 33.000 millones de dólares en América Latina para consolidar su influencia política en la región. Es financista de las economías argentina, boliviana, cubana, ecuatoriana y nicaragüense. Patrocina agrupaciones terroristas dentro y fuera del continente, tales como las FARC, ETA, Hamás y Hezbolá. Según un informe del Congreso norteamericano, una amplia red islamista se extiende por el territorio venezolano, con base en Isla Margarita y filiales en Barquisimeto, Anaco, Puerto Ordaz y Puerto Cabello. Asimismo, Venezuela recibió buques de guerra rusos en sus costas –es la primera vez, desde la Guerra Fría, que sucede algo así en la región–, anunció la realización de maniobras conjuntas con la Marina rusa para mediados de noviembre y prometió compras de armas rusas por más de 4.500 millones de dólares.
Poco tiempo atrás, Chávez expulsó al embajador estadounidense en Caracas, en un presunto gesto de solidaridad bolivariana con La Paz. «¡Váyanse al carajo cien veces, yanquis de mierda, que aquí hay un pueblo digno!», clamó, haciendo gala de sutileza, al efectuar el anuncio. Años atrás había retirado a su embajador en Tel Aviv. Frente a la crisis financiera de Wall Street, el presidente venezolano afirmó que estaba gestando «un nuevo sistema financiero propio», junto a Irán, Rusia, Bielorrusia y China, que contaría con la «asesoría» de Fidel Castro. Al momento del anuncio, su canciller, Nicolás Maduro, se hallaba en Teherán dialogando sobre el establecimiento de un banco binacional venezolano-iraní. Ya existe uno similar con China, y se planea crear otro junto a Rusia.
La cosmovisión ideológica que anima su repudio a USA, y en particular a «Mr. Danger», como gusta de llamar al presidente Bush, le han valido distinciones especiales: Libia le otorgó el (surrealista) Premio Internacional Gadafi de Derechos Humanos, y la República Islámica de Irán le concedió su más alto honor por apoyar a los ayatolás en su confrontación nuclear con la familia de las naciones. Mahmud Ahmadineyad realizó tres visitas oficiales a Caracas en los últimos dos años, y varias delegaciones venezolanas han visitado Irán. En el año 2007 se estableció el primer vuelo entre América Latina y el Medio Oriente en la ruta Teherán-Caracas. Según algunos testigos, la carga y el pasaje del primer vuelo ingresó a Venezuela sin cruzar ningún control aduanero.
Como parte de su estrategia de penetración regional, en los últimos dos años Irán ha abierto embajadas en Nicaragua, Bolivia y República Dominicana. Asimismo, reabrió la que tenía en Chile e inauguró una oficina comercial en Ecuador. Con la Argentina ha multiplicado el comercio bilateral. La embajada en Venezuela –puerto de entrada al continente– ha sido ampliada.
La prensa venezolana ha informado de que Chávez se ha gastado un millón de dólares en imprimir pósters de sí mismo en compañía del líder de Hezbolá, Hassán Nasrala, para que fueran exhibidos en una manifestación islamista en Beirut. La prensa israelí ha publicado que Hezbolá ha entrenado en el Líbano a miembros jóvenes del partido bolivariano.
Tal como ha señalado el escritor Travis Pantin, el Estado de Israel ocupa un lugar de infamia en el pensamiento chavista. Durante una entrevista que concedió en julio de 2006 a la cadena satelital árabe Al Yazira lo definió como «un instrumento de agresión». En 2007 llamó a Colombia «el Israel de la región» cuando Bogotá asestó un golpe letal a las FARC en su frontera con Ecuador. A su vez, comparó a los palestinos con los indios venezolanos durante un discurso pronunciado en 2005 en conmemoración del descubrimiento de América: «Ustedes fueron expulsados de su patria, como el heroico pueblo palestino».
La judeofobia del régimen chavista ha sido ampliamente documentada. Desde la asunción de Chávez, alrededor del 25% de la pequeña comunidad judía venezolana ha emigrado. Dos veces fue allanada la Sociedad Hebraica de Caracas, a partir de la espuria acusación de que allí se ocultaban armas. En junio de este año el embajador venezolano en Moscú denunció un supuesto golpe de estado contra su Gobierno y acusó al servicio secreto israelí (así como a «ciudadanos venezolanos pero judíos») de estar detrás del complot. La sinagoga Tiferret Israel ha sido víctima de vandalismo en más de una ocasión. El programa televisivo pro Chavista La Hojilla suele propagar estereotipos antisemitas. Por otra parte, el propio presidente venezolano denunció, en vísperas de la Navidad de 2004, a «algunas minorías, entre ellas los descendientes de los asesinos de Cristo, [que] se han apoderado de las riquezas de este mundo».
Por todo lo anteriormente expuesto, podemos fácilmente advertir la peligrosidad que subyace a las ambiciones nucleares de Hugo Chávez. Si bajo su mandato Venezuela se ha convertido en un Estado conflictivo y provocador, no se requiere demasiada imaginación para anticipar cuán inquietantes serían las cosas para todos los latinoamericanos si accediera a la nuclearidad.
Originalmente publicado en Comunidades