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Por Julián Schvindlerman

  

La beatificación laica de Sergio Ramírez – 20/09/21

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Por Julián Schvindlerman 
Libertad Digital (España) – 20/9/2021 

https://www.libertaddigital.com/opinion/julian-schvindlerman/la-beatificacion-laica-de-sergio-ramirez-6819954/

¿Se puede criticar a Sergio Ramírez sin que ello sea leído como un apoyo a Daniel Ortega? Espero que sí, pues eso es lo que haré en esta nota. Su trayectoria romántica de revolucionario tercermundista a demócrata global no me seduce. Es un recorrido preferible, desde ya, al de Daniel Ortega: de revolucionario tercermundista a tirano corrupto. Pero la opción no tiene porqué ser entre uno u otro. ¿Acaso no ha de ser posible cuestionar a ambos, aunque por motivos muy distintos?  

Como es sabido, Ramírez fue uno de los líderes de la revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979. Formó parte de la nueva junta de gobierno, la cual no tardó en abrazar al comunismo. Entonces, Violeta Chamorro, una referente importante del movimiento, abandonó el barco. No así Ramírez, quien prosperó en la estructura sandinista hasta convertirse en vicepresidente del país entre 1985 y 1990. A diferencia de otros regímenes latinoamericanos de la época nacidos al calor de revoluciones populares, convocó a elecciones en dos ocasiones. La primera, en 1984, fue boicoteada por la oposición. La segunda, en 1990 resultó con la derrota de los sandinistas.  

En la introducción a la reedición en 1997 de su libro La sonrisa del jaguar, así describió Salman Rushdie la salida del poder de los sandinistas: “Daniel Ortega sorprendió, e incluso impresionó, a muchos de sus opositores internacionales, aceptando el veredicto de los votantes. Pero a la vez los sandinistas recibieron ásperas críticas por impulsar en el último momento una apropiación de valiosos bienes raíces a beneficio de sus miembros más destacados. (Siempre he sentido curiosidad por saber en manos de quién acabó la acogedora villa de Managua donde me alojé)”. 

Tras la derrota electoral aquél año, Ramírez intentó introducir reformas democráticas al Frente Sandinista de Liberación Nacional y al no lograrlo terminó alejándose. En 1995 anunció su renuncia al partido: “El Frente Sandinista al que yo me incorporé hace 20 años ya no existe”. Prosiguió su vida dedicándose a las letras, campo en el que ganó mucha fama y prestigio: el Premio Alfaguara (1998) y el Premio Cervantes (2017). Ahora convertido en crítico feroz de su ex compañero Ortega, se presenta como una víctima perseguida por dos dictaduras: la de Somoza, que lo encarceló en su tiempo, y la de Ortega, que quisiera hacerlo en la actualidad. 

Puestos a elegir entre la pluma y la espada, una abrumadora cantidad de intelectuales, editores literarios, artistas, periodistas, académicos y personalidades de la cultura, salieron naturalmente en defensa del escritor acosado. Sacaron una carta pública en su apoyo que, en parte, declara: “Sergio Ramírez no sólo es un intelectual de primer orden, sino que también ha sido siempre un hombre comprometido con el destino de su país, al que ha rendido servicios inolvidables”. Justamente porque recuerdo algunos de esos “servicios inolvidables” decliné sumar mi firma a la solicitada. El lado menos amable de la revolución sandinista que Ramírez gestó, nutrió e integró durante once años registra algunas asociaciones desafortunadas que vale la pena repasar.  

Comencemos por las alianzas non-sanctas que Nicaragua forjó con el Irán de Khomeini, la Libia de Gaddafi y la OLP de Arafat. Tan estrechos fueron estos lazos que Jeane Kirkpatrick, embajadora estadounidense ante Naciones Unidas durante la Administración Reagan, advirtió en mayo de 1986 en The Chicago Tribune que “Managua se ha convertido en la capital del terrorismo en el hemisferio occidental”.  

Comandos sandinistas fueron entrenados en campamentos militares de la OLP en Líbano y Libia, Arafat facilitó dinero y armas al gobierno sandinista y tal como indicó Robert T. Baratta en un capítulo dentro del libro Las relaciones internacionales de la Organización para la Liberación de Palestina (1989) fue en Managua donde la OLP operó su oficina más populosa de toda América Latina. Informaba en julio de 1980, El País (España): “El presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasir Arafat, llegó el pasado lunes a Managua para participar en los actos conmemorativos del primer aniversario del triunfo de la revolución sandinista. Ante la bulliciosa colonia palestina residente en el país centroamericano, que constantemente gritaba consignas alusivas a la lucha de liberación del pueblo palestino, Arafat dijo: «La revolución que ha estallado en Nicaragua es como un volcán, y este volcán hace temblar a los regímenes fascistas, sionistas e imperialistas del mundo»».  

Sobre los lazos de Managua con Teherán, escribieron Roger Miranda y William E. Ratliff en su libro La guerra civil en Nicaragua: dentro de los sandinistas (1992): “Cuando el vicepresidente Sergio Ramírez visitó Irán en 1984, los iraníes dijeron a los sandinistas que les darían miles de rifles y misiles antitanque. Dado que era desaconsejable que los iraníes diesen armas directamente a Nicaragua, se decidió que podrían ser dejadas en Corea, que recientemente había prometido una donación sustantiva de armas al FSLN, y los dos embarques podían ser enviados a Cuba, que había acordado de antemano enviar la misma cantidad de armas a los sandinistas a cambio de las armas de Corea e Irán”.  

El líder libio no se quedó atrás. En el libro La creación de un estado paria: la política aventurera de Muammar Qaddafi (1987), Martin Sicker escribió: “En 1980, se formalizaron los lazos libio-nicaragüenses, y Gaddafi le presentó a Nicaragua un paquete de ayuda financiera de 100 millones de dólares que anteriormente se había negociado en Trípoli […] En 1981, Sergio Ramírez, miembro de la junta sandinista, proclamó en un mitin celebrado en Managua para celebrar el «derrocamiento» de las fuerzas estadounidenses de las bases en Libia, que los lazos entre los dos países «no son nuevos, sino que se consolidaron cuando el Frente Sandinista luchaba en el campo de batalla». Continuó afirmando que la «solidaridad… siempre fue manifiesta y se ha hecho más fraternal desde el triunfo de nuestra revolución»”. 

También está el incómodo asunto del presunto antisemitismo de los sandinistas. Según escribió Jillian Becker en su libro La OLP: el ascenso y la caída de la Organización para la Liberación de Palestina (1984): “… la pequeña comunidad judía, compuesta por unas cincuenta familias, fue echada del país por los sandinistas. Propiedades judías fueron confiscadas. Unos meses antes de su expulsión, el distinguido líder de la comunidad, Abraham Gorn, fue arrestado por dos semanas y durante ese tiempo fue obligado a limpiar las calles”. El Frente Sandinista de Liberación Nacional negó haber adoptado una política antisemita y alegó que muchos judíos habían sido cercanos al gobierno de Somoza. Uno puede imaginar en qué atmósfera vivía la diminuta comunidad judía en un país gobernado por revolucionarios marxistas aliados a Libia, Irán y la OLP. Escribía en 1985 en Los Angeles Times el rabino Morton Rosenthal, director del Departamento de Asuntos Latinoamericanos de la Liga Antidifamatoria de B’nai B’rith: “En esencia, el antisemitismo de los sandinistas es una manifestación de su solidaridad con el mundo árabe”.  

En el período en que Ramírez fue vicepresidente de Nicaragua -la segunda máxima autoridad nacional, sólo superado por Ortega- estas son algunas de las acciones que realizaron sus socios antioccidentales: En 1985, terroristas de la OLP secuestraron el crucero italiano Achille Lauro, tomando como rehenes a 545 pasajeros, ejecutaron a quemarropa a un judío norteamericano minusválido y arrojaron el cuerpo por la borda. En 1988, Gaddafi hizo estallar en el aire un avión de Pan American Airlines en la ruta Londres-Nueva York que ocasionó la muerte instantánea a 259 pasajeros y a once civiles en tierra. Ese mismo año el régimen iraní ejecutó extrajudicialmente a miles de disidentes apresados y en 1989 emitió una fatwa homicida contra el escritor Salman Rushdie (simpatizante sandinista, mire usted), quién debió pasar a vivir en la clandestinidad. Al año siguiente hubo elecciones en Nicaragua. Durante la campaña electoral, informó Carlos Salinas Maldonado en El País (España), “Ramírez y Ortega aparecían en los entarimados moviéndose al son de cumbias, canciones revolucionarias y reggae para prometer que con ellos todo sería mejor”. No son hechos vinculados. Simplemente sirven para ilustrar el tenor de las alianzas de la política exterior sandinista de la época y la indiferencia moral de sus líderes hacia las consecuencias de esas asociaciones.  

Es difícil concebir que alguien que fue camarada de terroristas sanguinarios, dictadores brutales y fundamentalistas religiosos haya logrado rehabilitar su imagen mundial de la manera en que Ramírez lo hizo. Es válido que un hombre cambie su modo de pensar a lo largo de su vida, reemplace viejas ideas por nuevas y vire su derrotero desde el extremismo hacia el campo de la libertad. La flexibilidad ideológica es aceptable. No así la flexibilidad moral.  

El pasado mes de julio, Ramírez publicó una columna en La Nación (Argentina) en la que listaba a varios intelectuales de renombre que simpatizaron con el Sandinismo, en un esfuerzo evidente en justificar su propio pasado al universalizar la fascinación experimentada. Decía Ramírez:  

“Aquella primavera lejana atrajo también a García Márquez, Carlos Fuentes, Günter Grass, Heinrich Böll, Harold Pinter, Graham Greene, William Styron, Mikis Theodorakis, Julio Pontecorvo, Noam Chomsky, Alice Walker, Susan Sarandon, Margaret Randall, y a decenas más de filósofos, escritores, académicos, directores y artistas de cine de todo el mundo. Cuarenta años después, quienes de entre ellos aún viven no se callan frente a lo que está ocurriendo ahora en Nicaragua; el viejo sueño revolucionario convertido en una pesadilla de represión despiadada”.    

Para Ramírez, el problema con la revolución sandinista parece ser la deriva autoritaria del clan Ortega post-1990, no el gobierno sandinista que él integró. Recordemos que él repudió al Sandinismo recién en 1995. El “sueño revolucionario” del período 1979-1990 pareciera estar justificado a la luz de la aprobación de Mikis Theodorakis et al. Cuidado con este razonamiento: Mao Tse-tung contó con las loas de Jean-Paul Sartre, Julia Kristeva y Alan Badiou entre otros muchos pensadores franceses. ¿Entonces la China de Mao, con sus decenas de millones de víctimas, estuvo okay? Este es un recurso usual de los moralmente flexibles: apelar al espíritu de la época para la autoexpiación retrospectiva.  

Pues bien, cada época histórica ha ofrecido reacciones individuales dispares. La Segunda Guerra Mundial vio a colaboradores de los nazis que asistieron a la comisión de atrocidades y también a resistentes armados que enfrentaron al nazismo y justos entre las naciones que salvaron a los perseguidos. En Inglaterra, Neville Chamberlain y Winston Churchill vivieron la misma coyuntura. En Cuba, Silvio Rodriguez y el exiliado Carlos Alberto Montaner también. En Europa, dos valientes belgas desafiaron a la casta de maoístas franceses: el sinólogo Simon Leys y el poeta  Marcel Marièn. Todos vivieron bajo el mismo sol al mismo tiempo. Sin embargo, no todos sucumbieron a las modas ideológicas nefastas de su época. La responsabilidad moral existe. 

Con todo, la pseudojustificación de Ramírez falla en otro punto adicional. No es lo mismo el romanticismo idealista de artistas despistados (Cortázar y García Márquez en Managua celebrando el triunfo de la revolución junto a Ortega, Ramírez, Castro y Arafat, por ejemplo, tal como ocurrió) que las consecuencias reales y concretas de decisiones de política exterior adoptadas por quien fue comandante sandinista y vicepresidente de la nación durante once años de estancia en el poder. Hasta donde yo sé, Susan Sarandon no viajó a Teherán a negociar la compra de misiles antitanque vía Pionyang y La Habana.  

Todos merecemos segundas oportunidades. Si Sergio Ramírez vio la luz de las democracias liberales recién a mediados de los años noventa, aunque tardíamente bienvenido sea. Y si la dicotomía actual es entre un déspota y un librepensador, qué duda cabe. Es por ello que me ubico en la misma sala junto a aquellos que han respaldado al autor nicaragüense. Sólo que cuando todos se ponen de pie para aplaudirlo, yo elijo permanecer sentado. Muchos de sus servicios a Nicaragua no son meramente inolvidables. Son enteramente inexcusables. 

 Escritor. Profesor universitario. Analista político internacional.

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Por Julián Schvindlerman

  

El calvario afgano – 02/09/21

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Por Julián Schvindlerman

Infobae – 2/9/2021

https://www.infobae.com/opinion/2021/09/02/el-calvario-afgano/

El próximo presidente de los Estados Unidos tendrá que […] salvar nuestra reputación, reconstruir la confianza en nuestro liderazgo y movilizar a nuestro país y a nuestros aliados para enfrentar rápidamente nuevos desafíos. No habrá tiempo que perder. –Joe Biden, “Por qué Estados Unidos debe liderar de nuevo”, Foreign Affairs, Marzo/Abril 2020.

La retirada estadounidense de Afganistán -y la implementación de esa retirada- han ofrecido un espectáculo asombroso. Combinadas, han dejado una imagen penosa de una superpotencia moralmente débil y geopolíticamente desorientada. La falta de previsión política, el fracaso de inteligencia, la abyecta desorganización logística, la casi nula capacidad de adaptación a una realidad cambiante y la patética rendición presidencial inicial ante el ultimátum talibán para un repliegue total al 31 de agosto, han dejado en evidencia una falla profunda en la gestión diplomática de esta Administración Demócrata.

Las primeras señales del desvarío se vieron el 8 de julio pasado durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Un periodista consultó a Biden por la posibilidad de que los talibanes conquistaran Afganistán tras la salida norteamericana. “La probabilidad de que los talibanes se apoderen de todo y se adueñen de todo el país es muy poco probable” respondió. Otro le preguntó si veía una equivalencia con la partida de Saigón en 1975. “No habrá ninguna circunstancia en la que veas a gente levantada del techo de una embajada” aseguró. Es triste decirlo, pero los talibanes han reconquistado Afganistán y helicópteros estadounidenses fueron enviados a rescatar a cientos de ciudadanos norteamericanos atrapados en Kabul. La dolorosa imagen de gente cayendo de un avión en vuelo que acababa de despegar del aeropuerto de Kabul perseguirá para siempre a esta Administración. Esta no es exactamente la mejor postal para recordar el vigésimo aniversario de los atentados del 11-S. Tampoco lo será la bandera talibana flameando en la sede del gobierno afgano, o quizás, sobre el edificio abandonado de la embajada norteamericana. Los fundamentalistas ya están sacando provecho propagandístico. Subieron a las redes sociales una foto de sus combatientes vestidos con uniformes del ejército americano izando la bandera de los talibanes en una pose que imita la famosa imagen de los marines levantando la bandera estadounidense en el monte Suribachi de Iwo Jima.

Los recientes atentados que mataron a más de una docena de soldados estadounidenses y a casi doscientos civiles afganos en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul, perpetrados por jihadistas de un re-emergente ISIS en aquél país musulmán, son otra manifestación de los niveles que ha alcanzado la debacle de esta retirada: desde febrero de 2020 que no moría un solo soldado estadounidense en Afganistán y desde 2011 que EE.UU. no padecía tal cantidad de bajas en un solo día. Tampoco es auspicioso el ascenso de la red Haqqani -la rama más radical dentro del movimiento Talibán y muy vinculada a Al-Qaeda- que fue designada como agrupación terrorista por Washington nueve años atrás. Sirajuddin Haqqani, el líder adjunto de los talibanes, es un hombre buscado por el FBI. ¿Será de aquí en más Afganistán el nuevo epicentro del jihadismo global? ¿Empoderará esta retirada a Pakistán, aliado histórico de los islamistas? ¿Dará nuevos bríos imperialistas a la República Islámica de Irán, que ya ha comenzado a vender combustible a Kabul? ¿Cómo leerán China y Rusia, las máximas potencias hostiles a las democracias liberales, este humillante repliegue  norteamericano? Es difícil ofrecer una respuesta benigna a estos interrogantes.

La retirada fue caótica y ha dejado una imborrable sensación de fiasco. Nadie fuera de esta Casa Blanca está defendiendo su implementación. Pero más fundamentalmente: ¿Era necesaria? Esto ha sido largamente debatido en Estados Unidos. Tras la invasión en 2001, el objetivo primordial -derrocar al gobierno Talibán que daba cobijo a Osama bin Laden- fue velozmente alcanzado. La posguerra resultó mucho más complicada. Washington llegó a enviar 110.000 soldados y gastó muchísimo dinero en sostener su presencia allí. Perdió alrededor de 2.500 de sus hombres, sus aliados de la OTAN sufrieron 1.100 bajas en tanto que Afganistán vio morir a 120.000 de sus ciudadanos, entre militares y civiles. A la vez, emergió un gobierno pro-occidental y los afganos, especialmente las mujeres, ganaron enormes derechos civiles, políticos y humanos. De algún modo, Afganistán estaba en piloto automático: con apenas 3.000 militares que brindaban apoyo logístico principalmente, Washington preservaba cierta estabilidad. Para la opinión pública norteamericana no era un tema olvidado, pero, como ha señalado Richard Haas, presidente del Council on Foreign Relations, tampoco se veían manifestaciones pasionales por Afganistán en Chicago o Seattle como sí se han visto últimamente por otros asuntos políticos, económicos o sociales. Veinte años es mucho tiempo para sostener una presencia militar en el extranjero, no obstante, en Corea Washington lleva apostados 28.500 soldados por varias décadas y pocos parecen haberlo notado. 

Al parecer, el presidente Biden tomó una decisión de consideración doméstica (la mentada “política exterior para la clase media”), la cual ha tenido graves consecuencias geopolíticas globales. Su base electoral puede estar complacida, pero el impacto para EE.UU. y más allá de sus fronteras es real. El argumento de que esto le permitirá a Washington reorientar recursos hacia Asia es ahora redundante. Ante tal espléndida exhibición de agotamiento y torpeza, nadie está temblando en Beijing o en Moscú. 

Joe Biden se ha vanagloriado de su larga trayectoria y experiencia en Washington. Encaminado al vigésimo aniversario del 11-S, muy pronto deberá hacer gala de su mentada cintura política -y física- para eludir tomates durante su discurso a la nación.

Profesor en la carrera de relaciones internacionales de la Universidad de Palermo

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Por Julián Schvindlerman

  

La enorme sensibilidad artística de la dinastía Kim – 22/08/21

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Por Julián Schvindlerman

Perfil – El Observador (22/8/2021)

https://www.perfil.com/noticias/opinion/la-enorme-sensibilidad-artistica-de-la-dinastia-kim.phtml

Corea del Norte ha estado en las noticias recientemente, y no por su programa nuclear. Más bien, debido a una nueva legislación que penaliza severamente a quienes vean o  escuchen música, películas y series extranjeras. Según informó Imma Bonet en El País (España) también se castiga a aquellos en posesión de teléfonos celulares, televisores, radios y computadoras no registrados. Quedan expuestos a la pena de muerte quienes contrabandeen material “ilegal”. Si algún norcoreano cantase, escribiese o hablase “en estilo surcoreano” podría ser condenado a dos años de trabajo forzado. Suena brutal. Pero hay que entender que Kim Jong-un debe resguardar el rico legado cultural de sus antepasados, y el suyo propio. Su padre, su abuelo y él mismo han sido artistas y pensadores, a su modo, y el actual tirano de Pyongyang no puede permitir que sus creaciones maravillosas se vean ensombrecidas por la influencia perniciosa del K-pop surcoreano.

La dinastía de los Kim tuvo un inicio auspicioso en la literatura y la dramaturgia, y logró la consagración en las sucesivas generaciones. Kim Il-sung fue el padre-fundador de Corea del Norte, “el primer estado comunista hereditario que alguna vez haya existido en la historia de la humanidad” según la docente de la Universidad de California en Santa Bárbara, Suk-Young Kim. Él integró la guerrilla coreana anti-japonesa en Manchuria y su banda estaba conformada “por los menos educados de las «facciones» comunistas y los menos involucrados en asuntos culturales” según un biógrafo. Aun así, tras el establecimiento de Corea del Norte, el joven luchador se transformó en una luminaria de las letras y las artes cuyo legado es todavía reverenciado por las masas. Se le atribuyen tratados sobre literatura y óperas, destacándose especialmente Mar de sangre, una ópera de vanguardia. Cuenta la historia de una familia cuyo padre es secuestrado por las fuerzas coloniales japonesas, la victoria final de la familia sobre los opresores y el advenimiento de una revolución comunista. La trama es un espejo de su biografía oficial: su padre fue apresado por los japoneses, él se unió a la resistencia y terminó estableciendo una nación comunista. Encargó la escritura de sus memorias a un grupo de propagandistas, quienes terminaron produciendo un relato bastante ficticio de su vida, titulado Con el siglo.

No obstante, la contribución más notable a la cultura coreana fue su “teoría de la semilla”, la cual fue publicada inicialmente en 1972 en el Diccionario de Arte y Literatura de Corea. Según explica la Asociación Coreana de Crítica Literaria:

“Expresado con simpleza, la semilla constituye el núcleo del arte y determina su           valor esencial […] La teoría de la semilla no está meramente limitada a algunos aspectos de la creación, tales como tema, ideología o material. Determina todo el proceso creativo […] El criterio más importante para seleccionar la semilla correcta es examinar qué tan verdaderamente refiere a las ideas [e] instrucciones de Kim-Il sung y a las medidas políticas del partido, las cuales son la realización de las ideas de Kim”. 

El periodista inglés especializado en literatura producida por dictadores, Daniel Kalder, señala que su  hijo Kim Jong-il heredó la veta artística de su progenitor, la cual se cristalizó en libretos de óperas, guiones de películas y libros. Su discurso ante el Partido Comunista en 1991 fue publicado como Nuestro socialismo centrado en las masas no perecerá. Sus cuarenta y seis páginas de extensión dan cuenta de que habrá sido un discurso largo. Su don creativo puede verse también en el plano de la nomenclatura: al Departamento de Agitación y Propaganda lo rebautizó como Departamento Literario y Artístico. El volumen I de sus Obras Seleccionadas contiene capítulos sumamente interesantes tales como “Sobre mejorar el trabajo de la Liga Juvenil para cumplir los requisitos de la situación en desarrollo”, “La estructura de trabajos multipartidarios y el problema del flujo dramático” y “Acerca de terminar la película La familia de Choe Hak Sin y hacerla una obra maestra que contribuya a la educación anti-estadounidense”. También publicó Sobre el arte de la ópera y oficialmente se informó que escribió más de treinta libros sobre arte y estética. Uno de sus libros lidia con el ejercicio del periodismo, en un país donde no existe la prensa independiente. Se titula humildemente Kim Jong-il, el gran maestro de periodistas.

Pero donde el nuevo líder norcoreano se destacó fue en el rubro cinematográfico. No tanto por su talento, sino por haber hecho historia al secuestrar a un encumbrado director de cine surcoreano y a su ex esposa para forzarlos a elevar la calidad del cine de su país. El resultado fue cerca de una docena y media de films, entre ellos uno de acción y fantasía basado en la leyenda del monstruo Pulgasari, título de la cinta. El director Shin Sang-ok y la actriz y ex esposa Choi Eun-hee lograron fugarse a Estados Unidos unos años más tarde. Se atribuye también al líder norcoreano el guión adaptado de la ópera de su padre Mar de sangre y de La chica de la flor, película que obtuvo el “premio especial” en el festival de cine de Karlovy Vary en Checoslovaquia en 1972. Además, Kim Jong-il meditó sobre la cinematografía en su obra Sobre el arte del cine, que contiene consejos profundos y perdurables como éste: “las imágenes de la película deben verse bien en la pantalla”.

Su hijo Kim Jong-un no parece haber heredado el amor paterno por el séptimo arte; no especialmente tras la llegada a las salas de cine de La entrevista, comedia ficcional norteamericana del 2014 dirigida por Seth Rogen, cuyo argumento se centra en una ridícula operación de la CIA para asesinarlo. Escribió al menos dos libros, La causa del gran partido de los camaradas Kim Il-sung y Kim Jong-il es siempre victoriosa y Aceleremos la victoria final por medio de la ofensiva ideológica revolucionaria. Con esos títulos convocantes, han de haber sido un éxito de ventas en Pyongyang. Para no decepcionar a sus fanáticos, en diciembre del año pasado la editorial oficial publicó una biografía del líder de 621 páginas titulada El gran hombre y la era de la nación poderosa.    

Corea del Norte puede ser un estado-paria y empobrecido, sus ciudadanos oprimidos, hambreados y torturados por un clan familiar famosamente despiadado. Pero detrás de esa crueldad dinástica, en el fondo de los corazones de los Kim palpita un tierno amor por las artes; norcoreanas exclusivamente y propagandísticas esencialmente, pero artes al fin.  

Profesor en la carrera de relaciones internacionales en la Universidad de Palermo

Profesores Republicanos

Profesores Republicanos

Por Julián Schvindlerman

  

Proclama de Profesores Republicanos + Cobertura de Infobae y Clarín

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FRENTE A UNA TRAICIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR A NUESTROS VALORES CONSTITUCIONALES

PROFESORES REPUBLICANOS advierte con gran preocupación las posiciones adoptadas recientemente por las autoridades nacionales en materia de política exterior. Estas muestran, a las claras, una total incompatibilidad con las más caras tradiciones argentinas y con el espíritu republicano consagrados en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional.

La política exterior argentina debe ser un verdadero y sólido pilar del Estado, ajena a las circunstancias de la coyuntura política del momento. La defensa irrestricta del interés nacional, de la igualdad entre los pueblos, de las libertades individuales y de los Derechos Humanos no puede ser objeto de manipulación por parte de quienes nos gobiernen.

Nuestro alineamiento con regímenes autocráticos que desconocen los principios fundamentales de la libertad individual e incurren en reiteradas violaciones del Estado de derecho y de los Derechos Humanos nos coloca frente a una gran incertidumbre respecto del futuro.

Retirarse de la coalición de naciones que, con justas razones, denunció al autoritario gobierno de Venezuela ante la Corte Penal Internacional; apoyar con el voto argentino la creación de una Comisión Internacional que investigue a Israel -país agredido- por supuestas violaciones a los Derechos Humanos en el reciente conflicto de la Franja de Gaza, y pertenecer al Foro de San Pablo, alejando a nuestro país de su tradicional vínculo con las democracias occidentales, es la cabal demostración de un camino errado que procura “hermanarnos” a aquellos sistemas que, con el propósito de afirmar el populismo, fomentan la pobreza, la degradación de la persona humana, la destrucción del futuro de los ciudadanos y la división de las poblaciones como mecanismo para la eliminación del sentir nacional argentino.

PROFESORES REPUBLICANOS tiene en claro que no son estos los valores que sostiene la inmensa mayoría del pueblo argentino.

PROFESORES REPUBLICANOS se siente en la obligación moral, republicana, constitucional e institucional de repudiar la política de alineamiento que, paso a paso, lleva a cabo el gobierno nacional con los regímenes más virulentos del planeta.

PROFESORES REPUBLICANOS exhorta al gobierno nacional a rectificar el rumbo de nuestra política exterior, retornando a los valores y principios constitucionales que otrora nos hicieron dignos de respeto en el concierto de las Naciones libres y de los que nunca debimos alejarnos.

Buenos Aires, 31 de mayo de 2021

NERCELLAS, Marta; OSSONA, Jorge; KOVADLOFF, Santiago; WIÑAZKI, Miguel; MIZRAJI, Guillermo J. H.; FARGOSI, Alejandro; SBARBATI NUDELMAN, Norma; VICENTE, Alicia L.; ROITMAN, Horacio; VEGA, Gerardo; ODRIOZOLA, Juan M.; SIGAL, Jorge; HERNÁNDEZ, Antonio M.; BOUR, Enrique; RÓVERE, Graciela;SCHVINDLERMAN, Julián; PAPPACENA, Rubén; VOLMAN, Mario; SALVAT, Jorge; MINASSIAN, Luciana; BORDA, Alejandro; LENCOVA, Liuba; GARZÓN FUNES, Oscar; GAMBIER, Beltrán; BERMÚDEZ, Horacio; GASTALDI, José M.; HERRERO, Luis R.; CAMERINI, Marcelo; BARUGEL, Ernesto; MAYAUD MAISONNEUVE, Marcelo; IMAZ, Ignacio; ROVEGNO, Julio; BERGMAN, Sergio; MALKASSIAN, Roberto;BARREIRA DELFINO, Eduardo; HALPERIN, David; LANÚS OCAMPO, Cecilia; LUONGO, Juan C.; COHEN, Jorge; JACOBY, Daniel; SUÁREZ, Sergio; GUAIA, Carlos; COHAN, Alberto; BULLORSKY, Ernesto;POPRITKIN, Alfredo; LUNA, Darío M.; BORISONIK, Sergio; TON, Walter R. J.; CASTROGIOVANNI, Ricardo M.; BOUREL, Martín; ROMERO, Raúl; LEVY, Alberto; PERINA, Emilio; FOTHERINGHAM, Alejandro; BUNGE, Diego; ALTMAN, Daniel; MASRI, Victoria; VARELA, Eduardo J.; GENTILE, Ana María; ABALLAY, María Verónica; MATOZO, Alejandro; DUBIN, Daniel; KLEIDERMACHER; Arnoldo; SCHMIDBERG, Eduardo; VAISER, Lidia; SVARTZ, Héctor; ABIERI, Roberto, y siguen las firmas.

INFOBAE (31/5/2021)
Dura crítica al Gobierno por el polémico giro en la política exterior argentina: “Es una traición a los valores constitucionales.
La organización Profesores Republicanos emitió una fuerte declaración que cuestiona “el alineamiento con regímenes autocráticos” que decidió la Casa Rosada en las últimas semanas.

https://www.infobae.com/politica/2021/05/31/dura-critica-al-giro-del-gobierno-en-la-politica-exterior-argentina-es-una-traicion-a-los-valores-constitucionales/

CLARÍN (31/5/2021)
Advierten que la política exterior del Gobierno es una “traición” a los valores constitucionales de la Argentina.
El grupo “Profesores republicanos” cuestionó las posturas tomadas ante la situación en Venezuela y el conflicto en Gaza.

https://www.clarin.com/politica/advierten-politica-exterior-gobierno-traicion-valores-constitucionales-argentina_0_FSbTCaRQf.html

The Times of Israel, The Times of Israel - 2021

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Ben & Jerry’s Woke Political Activism – 26/07/21

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By Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 26/7/2021

https://blogs.timesofisrael.com/ben-jerrys-woke-political-activism/

May I propose a multiple-choice challenge to the reader? Guess which organization publishes these phrases on its website:

“We are committed to honoring the rights of all people to live with liberty, security, self-esteem, and freedom of expression and protest, and to have the opportunity to provide for their own needs and contribute to society.”

A) Amnesty International

B) Ben & Jerry’s

“We seek and support nonviolent ways to achieve peace and justice. We believe government resources are more productively used in meeting human needs than in building and maintaining weapons systems.”

A) Coalition to Stop Gun Violence

B) Ben & Jerry’s

“It’s time to transform our failing, racist criminal justice system, reimagine public safety, defund the police, and invest in communities of color.”

A) Black Lives Matter

B) Ben & Jerry’s

“The ongoing climate crisis does not affect all of us in the same way—the world’s most vulnerable populations are being hit hardest.”

A) Greenpeace

B) Ben & Jerry’s

That’s right, in all cases the correct answer is B: Ben & Jerry’s.

Need I clarify that these quotes were taken from the official website of the ice cream company (https://www.benjerry.com) and not from the Ben & Jerry’s Foundation, which defines itself as “a social justice organization” that opposes “the legacies of white supremacy culture” and “oppressive and discriminatory systems,” while proclaiming its adherence to the ideal of “a more just and inclusive world.” No, it is Ben & Jerry’s Homemade Holdings, Inc. -a company dedicated to a commercial activity- that proclaims these statements within its general concern for issues such as “climate justice,” “criminal justice reform,” “refugee rights” and “human rights and dignity”. There is no doubt that these are noble pronouncements. There is also no doubt that, in our contemporary cultural environment, they expose a politically correct Woke ideology. It is always easy to extoll platitudes.

But it seems that Ben & Jerry’s, in addition to posturing, does act on the ground. It has a long history of political activism and has at times politicized the flavors of its ice creams. In 2016 it publicized its support for the candidacy of Senator Bernie Sanders by naming one of its ice creams “Bernie’s Yearning” and two years later it launched the flavor “Pecan Resistance” in opposition to President Donald Trump. Its chief executive, Matthew McCarthy, wrote an opinion piece supporting legislation favorable to paying reparations to descendants of slaves in the United States. Anuradha Mittal, president of the corporate board, also heads the Oakland Institute, which published nine reports critical of Israel in 2017 alone.

Last week Ben & Jerry’s plunged its nose further into the Israeli-Palestinian conflict by announcing that, by the end of 2022, it will no longer sell its products in East Jerusalem (including the Old City Jewish Quarter) and the West Bank, areas the company called “Occupied Palestinian Territories.” Thus, the company founded in 1978 by two Jews, Jerry Greenfield and Ben Cohen, chose to boycott the Jewish state (today it is owned by Unilever).

According to Danielle Letenyei of Market Realist, Ben & Jerry´s sells its ice creams in more than 35 different countries. Among them are Rodrigo Duterte’s Philippines, Viktor Orban’s Hungary, and Sheikh Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan’s United Arab Emirates; neither of which is exactly a liberal democracy. David May, Richard Goldberg and Orde Kittrie of the Foundation for Defense of Democracies, point to Unilever, the parent company, which maintains corporate offices in several countries that violate human rights, including China, Pakistan, Russia, Saudi Arabia, Turkey, Venezuela, Vietnam and Zimbabwe. “It is difficult to say why Unilever shows greater concern for the sale of ice cream in West Bank settlements than it does for the exploitation of forced labor in Xinjiang,” note these researchers. It’s actually quite easy. Virtue-signaling Israel carries no cost, while criticizing China does (just ask H&M).

Ben & Jerry’s political agenda has become so extreme, anti-Israel and woke that one should be forgiven for wondering if the ice cream company is still in Unilever’s hands or was it secretly sold to Human Rights Watch.

Version en Español:

El activismo político woke de Ben & Jerry’s:

Propongo un desafío de opción-múltiple al lector. ¿Qué organización publica estas frases en su portal?:

“Estamos comprometidos a respetar los derechos de todas las personas a vivir con libertad, seguridad, autoestima y libertad de expresión y protesta, y tener la oportunidad de satisfacer sus propias necesidades y contribuir a la sociedad.”

A) Amnistía Internacional

B) Ben & Jerry´s

“Buscamos y apoyamos formas no violentas de lograr la paz y la justicia. Creemos que los recursos gubernamentales se utilizan de manera más productiva para satisfacer las necesidades humanas que para construir y mantener sistemas de armas”.

A) Coalición para Detener la Violencia Armada

B) Ben & Jerry´s

“Es hora de transformar nuestro sistema de justicia penal racista y fallido, reimaginar la seguridad pública, desfinanciar a la policía e invertir en comunidades de color”.

A) Black Lives Matter

B) Ben & Jerry´s

“La actual crisis climática no nos afecta a todos de la misma manera: las poblaciones más vulnerables del mundo son las más afectadas”.

A) Greenpeace

B) Ben & Jerry´s

Así es, en todos los casos la respuesta correcta es B: Ben & Jerry´s.

Aclaro que estas citas fueron tomadas del portal oficial de la compañía de helados (https://www.benjerry.com) y no de la Fundación Ben & Jerry´s, que se define como “una organización de justicia social” que se opone a “los legados de la cultura de la supremacía blanca” y “los sistemas opresivos y discriminatorios”, a la par que proclama su adhesión al ideal de “un mundo más justo e inclusivo”. No, es Ben & Jerry´s Homemade Holdings, Inc. -una empresa dedicada a la actividad comercial- la que proclama estas afirmaciones dentro de su preocupación general por temas tales como la “justicia climática”, la “reforma de la justicia penal”, los “derechos de los refugiados” y los “derechos humanos y dignidad”. No hay duda de que son pronunciamientos nobles. Tampoco hay duda de que, en el ambiente cultural contemporáneo, exponen una ideología woke políticamente correcta. Siempre es fácil ensalzar los lugares comunes.

Pero Ben & Jerry´s, al parecer, además de declarar, actúa. Tiene un largo historial de activismo político y en ocasiones ha politizado los sabores de sus helados. En 2016 publicitó su apoyo a la candidatura del senador Bernie Sanders al nombrar a uno de sus helados “El anhelo de Bernie” y dos años después lanzó el sabor “Resistencia al Pecan” en oposición al presidente Donald Trump. Su presidente ejecutivo, Matthew McCarthy, escribió un artículo de opinión que apoyaba la legislación favorable a pagar reparaciones a los descendientes de esclavos en los Estados Unidos. Anuradha Mittal, presidenta de la junta corporativa, también dirige el Oakland Institute, que publicó nueve informes críticos de Israel sólo en 2017.

La semana pasada Ben & Jerry´s hundió más sus narices en el conflicto palestino-israelí al anunciar que, para fines de 2022, ya no venderá sus productos en Jerusalem Oriental (incluyendo al barrio judío de la Ciudad Vieja) y en Cisjordania, lo que la empresa denominó “Territorios Palestinos Ocupados”. Así, la compañía fundada en 1978 por dos judíos, Jerry Greenfield y Ben Cohen, optó por boicotear al estado judío (hoy es parte de Unilever).

Según Danielle Letenyei de Market Realist, Ben & Jerry´s vende sus helados en más de 35 países. Dentro de ellos están las Filipinas de Rodrigo Duterte, la Hungría de Viktor Orban y los Emiratos Árabes Unidos del jeque Khalifa bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, ninguno de los cuales es exactamente una democracia liberal. David May, Richard Goldberg y Orde Kittrie de la Fundación para la Defensa de las Democracias, señalan por elevación a Unilever, la empresa madre, que mantiene oficinas corporativas en varios países que violan los derechos humanos, incluidos China, Pakistán, Rusia, Arabia Saudita, Turquía, Venezuela, Vietnam y Zimbabwe. “Es difícil decir por qué Unilever muestra mayor preocupación por la venta de helados en los asentamientos de Cisjordania que por la explotación del trabajo forzoso en Xinjiang” anotan estos investigadores. En realidad es fácil. Señalar moralmente a Israel no tiene costo; criticar a China sí (tan sólo pregunte a H&M).

La agenda política de Ben & Jerry´s se ha tornado tan extrema, anti-israelí y woke que uno debiera ser perdonado por preguntarse si la compañía de helados todavía sigue en manos de Unilever o acaso fue secretamente vendida a Human Rights Watch.