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Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Obama y la palabra prohibida – 22/06/16

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¿Por qué no puede el Presidente de los Estados Unidos admitir que el terrorismo islámico es islámico? ¿Por qué usó el atentado en San Bernardino para sermonear sobre la islamofobia y el de Orlando para condenar la homofobia, pero ninguno para denunciar por su nombre al islamismo? ¿Y por qué se niega Barack Obama a pronunciar La Palabra Prohibida -fundamentalismo islámico- toda vez que un musulmán asesina a civiles invocando las virtudes de la yihad?

Obama tiene a La Palabra Prohibida atragantada en su ideología. Él es tan preso de la corrección política que es incapaz de definir con claridad qué enemigo enfrenta su nación. Omar Mir Saddiqi Mateen, un estadounidense-musulmán de ascendencia afgana, masacró a casi medio centenar de homosexuales en una discoteca en suelo americano. Telefoneó a la policía para declarar su adhesión al Estado Islámico. Posteó en su Facebook: “Ahora saboreen la venganza de Estado Islámico” y “Quizás Alá me acepte”. Fue el peor ataque islamista dentro de los Estados Unidos desde el 9/11 y ocurrió en un contexto donde el ISIS está arrojando a homosexuales desde azoteas y apenas un mes después de que el responsable del grupo para ataques internacionales, Abu Mohammed al-Adnani, pidiera a sus seguidores que matasen infieles en los Estados Unidos durante el Ramadán. Pero el Presidente Obama cree que la sociedad debe debatir ahora acerca del control de armas o el odio a los gays o la estigmatización de los musulmanes (todos temas importantes sin duda alguna) antes que sobre del islam político (que es el asunto troncal aquí).

Universalmente cuestionado por su reticencia anormal a pronunciar La Palabra Prohibida, Obama respondió con indignación: “¿Qué lograría exactamente al utilizar esa etiqueta? ¿Qué cambiaría exactamente? ¿Llevaría a EI a matar a menos norteamericanos?… No hay magia en la frase ´islam radical´. Es un mensaje político. No es una estrategia”. Bueno, aunque Obama no lo comprenda, las palabras importan. El pueblo americano tiene derecho a saber precisamente quién lo está atacando y lo menos que se puede pedir al líder de la nación -y del mundo libre- es que se exprese con claridad al respecto. ¿Tuvo algún inconveniente Dwight Eisenhower en llamar nazis a los nazis? ¿Evidenció algún prurito Ronald Reagan en denominar comunistas a los comunistas? La falta de rigor conceptual de este presidente no es un asunto semántico. Es un asunto de filosofía política de primer orden. Y tiene consecuencias reales en nuestro mundo.

Obama es un negador, o bien un minimizador, de la amenaza yihadista. Cuando el ISIS comenzó a publicitar las decapitaciones de enemigos capturados, la asesora principal de la Casa Blanca Valerie Jarret le trasladó al Presidente el impacto que eso podría estar teniendo en la sociedad americana. “No vendrán aquí a cortar nuestras cabezas” le respondió distendidamente Obama. En su ya icónico ensayo en The Atlantic, Jeffrey Goldberg relató que Obama “con frecuencia recuerda a su personal que el terrorismo toma muchas menos vidas en EE.UU. que la portación de armas, los accidentes automovilísticos y los tropiezos en las bañeras”. Observadores memoriosos han recordado que un día antes de que el ISIS matara a 130 personas en Paris, Obama se jactó de que este grupo “está contenido”; que un día antes de que una pareja de musulmanes acribillara a tiros a estadounidenses en la localidad californiana de San Bernardino, Obama declaró ante un periodista que “el pueblo americano debería tener la confianza de que, ya sabes, vamos a ser capaces de defendernos y asegurarnos de que, ya sabes, tendremos unas buenas vacaciones y seguiremos con nuestras vidas”; y que poco antes de que los hombres de Abu Bakr al-Baghdadi se apoderasen de vastas extensiones en Irak y Siria, Obama dijo que frenarlos no era “algo en lo que hay que meterse” porque ellos no representan “una amenaza directa para nosotros”. Dígale eso a las 49 víctimas de Orlando, Sr. Presiente.

La reticencia de Barack Obama en señalar al enemigo islamista y de actuar de manera decidida en su contra -después de todo, ¿Para qué combatirlo si más gente muere en las bañeras? ¿Para qué nombrarlo si no es más que una etiqueta?- ha tenido su impacto en la realidad. Un reciente documental emitido en PBS atribuye en buena medida a la inacción del presidente la asombrosa expansión del ISIS, que bajo su mirada creció hasta contar 40 grupos afiliados en 16 países. Un estudio de la Rand Corporation revela que entre 2010 y 2013 el número de yihadistas en el orbe se duplicó y que el número de grupos yihadistas trepó un 58%. Una investigación de la Universidad Estatal de Indiana detectó 38 casos de “lobos solitarios” (no exclusivamente islamistas) en EE.UU. entre 1940 y 2001, otros doce durante la presidencia de George W. Bush y más de cincuenta desde que Obama llegó a la Casa Blanca.

Pero a no inquietarse, que, tal como el Presidente de los Estados Unidos ha postulado en el 2013, “Esta guerra, como todas las guerras, debe terminar. Eso es lo que la historia recomienda. Eso es lo que nuestra democracia demanda”. Sólo falta que ISIS tome nota.

Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando Oriana Fallaci entrevistó a Muhammad Alí – 22/06/16

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Eran dos pesos pesados, cada cual en lo suyo. Ambos estaban en el apogeo de sus carreras. Y se enfrentaron en el cuadrilátero en mayo de 1966. De un lado del ring, el boxeador Cassius Marcellus Clay, del otro la periodista Oriana Fallaci. De haber sido una pelea física, el estadounidense hubiera prevalecido. Al tratarse de una lucha intelectual, la italiana ganó. Por knock-out.

-Muhammad, ¿ha leído usted algún libro?»

-«¿Un libro? ¿Qué libro?»

-«Un libro cualquiera»

-«Yo no leo libros, nunca he leído libros «

Fallaci atacó a la yugular. Y lo hizo porque las respuestas de Alí, y sobre todo sus actitudes -eructos delante de ella incluidos- la estaban fastidiando.

-«Muhammad, qué opina usted de la humildad»

-«La ¿Qué?»

Si alguna vez lo vio como «un payaso simpático, alegre e inofensivo» ahora ya no alberga ilusiones sobre Alí, «símbolo de todo lo que hay que rechazar, romper en mil pedazos». No. No hay química entre ellos. Al convertirse al islam y ser cooptado por la Nación del Islam -un grupo radical y violento de negros seguidores del extremista Malcolm X- Clay pasó a ser Muhammad Alí, comenzó a despreciar a Israel y a los judíos y a decir cosas tales como que «Alá que es un dios mucho más antiguo que vuestro Jehová o que vuestro Jesús» y que «yo no pertenezco a los Estados Unidos, yo pertenezco a Alá que tiene pensadas grandes cosas para mí».

-«¿Cuáles Muhammad?»

-«Puede que me convierta en el amo de un territorio independiente o puede que en el amo de algún estado africano, puede que en alguno de esos que necesitan un líder y si piensan que necesitan un líder por qué no elegir a Muhammad que es el mejor, es fuerte y valiente y guapo y religioso y me llamarán para que sea su amo. Porque a mí qué me importan América y los americanos y vosotros los blancos, yo soy musulmán».

Muy musulmán y muy devoto. Pero pragmático al punto de admitir que «el paraíso yo no lo quiero en el cielo cuando sea viejo, yo lo quiero en la tierra mientras sea joven» tras una recitación interminable de los gustos extravagantes que se quiere dar: poseer «un avión de seiscientos mil dólares», «un yate de doscientos mil dólares», «una limusina en cada ciudad de América» y una casa como de las que ha visto «en las colinas de Los Ángeles». Estaba bien encaminado hacia el materialismo, y lo sabía. «Los médicos y los ingenieros tienen que trabajar todos los días durante su vida» dirá, pero en su oficio «con un solo puñetazo se gana un millón de dólares al año».

Revela, a su vez, con un realismo perturbador, el conocimiento de sus propias limitaciones: «Como cuando me llamaron a las filas del ejército y me hicieron un examen de cultura general y me preguntaron si un hombre tiene siete vacas y cada vaca da cinco galones de leche y se pierden tres cuartos de leche ¿cuánta leche queda? Yo qué sé. Yo no quiero aprender porque me importa un bledo si las vacas dan leche o no la dan, si el cubo tiene un agujero o no lo tiene, eso le importará al dueño de las vacas no a mí, yo soy el campeón del mundo entero y si las vacas pierden leche peor para ellas». Fallaci cuenta que más bien fue rechazado por no saber responder preguntas elementales del tipo «si encuentras una carta con el sello puesto, ¿qué harías?».

Uno puede imaginar lo que ha de haber sentido la periodista italiana al escucharlo justificar su divorcio de una mujer moderna que, tras su conversión, Alí criticó por vestir «como los salvajes como las vacas como los perros como usted que es un escándalo». O al oírlo proclamar que ama más al líder de Nación del Islam que a su propia madre.

-«¿Más que a su madre, Muhammad?».

-«Sí, mucho más que a mi madre porque mi madre es cristiana y Elijah Mohammad es musulmán «

Faltaban todavía unos cuantos años para que Fallaci, sentada frente al ayatolá Ruholá Khomeini, con un velo sobre sus cabellos, le espetara indignada «voy a quitarme ahora mismo este estúpido trapo medieval. Ya está. Quitado» y que éste, algunas preguntas más tarde, diera por terminada la entrevista con un «Y basta de charlas. Váyase, fuera». Pero ya en 1966 Fallaci era una progresista consumada y al cabo de dos días junto a Alí -«héroe equivocado de nuestra equivocada época»- su «crónica amarga» llegó a su fin de manera abrupta y violenta, con el micrófono volando por los aires, gritos, amontonamientos de negros fieles a Malcolm X y «un confuso cuadro pop-art que me aturde sólo con recordarlo». La periodista italiana debe abrirse paso entre todos ellos mientras discute con Alí y sus admiradores le gritan que durante cuatrocientos años ella ha comerciado con asiáticos negros, que encarceló a los de su pueblo, que había ido allí a conocer el resultado del combate y ganar en las apuestas. Huye.

El pasado 4 de junio falleció Muhammad Alí. Lástima que la italiana indomable ya no esté con nosotros. Hubiera escrito el obituario perfecto.

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obama y la palabra prohibida – 22/06/2016

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¿Por qué no puede el Presidente de los Estados Unidos admitir que el terrorismo islámico es islámico? ¿Por qué usó el atentado en San Bernardino para sermonear sobre la islamofobia y el de Orlando para condenar la homofobia, pero ninguno para denunciar por su nombre al islamismo? ¿Y por qué se niega Barack Obama a pronunciar La Palabra Prohibida -fundamentalismo islámico- toda vez que un musulmán asesina a civiles invocando las virtudes de la yihad?

Obama tiene a La Palabra Prohibida atragantada en su ideología. Él es tan preso de la corrección política que es incapaz de definir con claridad qué enemigo enfrenta su nación. Omar Mir Saddiqi Mateen, un estadounidense-musulmán de ascendencia afgana, masacró a casi medio centenar de homosexuales en una discoteca en suelo americano. Telefoneó a la policía para declarar su adhesión al Estado Islámico. Posteó en su Facebook: Ahora saboreen la venganza de Estado Islámico» y «Quizás Alá me acepte». Fue el peor ataque islamista dentro de los Estados Unidos desde el 9/11 y ocurrió en un contexto donde el ISIS está arrojando a homosexuales desde azoteas y apenas un mes después de que el responsable del grupo para ataques internacionales, Abu Mohammed al-Adnani, pidiera a sus seguidores que matasen infieles en los Estados Unidos durante el Ramadán. Pero el Presidente Obama cree que la sociedad debe debatir ahora acerca del control de armas o el odio a los gays o la estigmatización de los musulmanes (todos temas importantes sin duda alguna) antes que sobre del islam político (que es el asunto troncal aquí).

Universalmente cuestionado por su reticencia anormal a pronunciar La Palabra Prohibida, Obama respondió con indignación: «¿Qué lograría exactamente al utilizar esa etiqueta? ¿Qué cambiaría exactamente? ¿Llevaría a EI a matar a menos norteamericanos?… No hay magia en la frase ´islam radical´. Es un mensaje político. No es una estrategia». Bueno, aunque Obama no lo comprenda, las palabras importan. El pueblo americano tiene derecho a saber precisamente quién lo está atacando y lo menos que se puede pedir al líder de la nación -y del mundo libre- es que se exprese con claridad al respecto. ¿Tuvo algún inconveniente Dwight Eisenhower en llamar nazis a los nazis? ¿Evidenció algún prurito Ronald Reagan en denominar comunistas a los comunistas? La falta de rigor conceptual de este presidente no es un asunto semántico. Es un asunto de filosofía política de primer orden. Y tiene consecuencias reales en nuestro mundo.

Obama es un negador, o bien un minimizador, de la amenaza yihadista. Cuando el ISIS comenzó a publicitar las decapitaciones de enemigos capturados, la asesora principal de la Casa Blanca Valerie Jarret le trasladó al Presidente el impacto que eso podría estar teniendo en la sociedad americana. «No vendrán aquí a cortar nuestras cabezas» le respondió distendidamente Obama. En su ya icónico ensayo en The Atlantic, Jeffrey Goldberg relató que Obama «con frecuencia recuerda a su personal que el terrorismo toma muchas menos vidas en EE.UU. que la portación de armas, los accidentes automovilísticos y los tropiezos en las bañeras». Observadores memoriosos han recordado que un día antes de que el ISIS matara a 130 personas en Paris, Obama se jactó de que este grupo «está contenido»; que un día antes de que una pareja de musulmanes acribillara a tiros a estadounidenses en la localidad californiana de San Bernardino, Obama declaró ante un periodista que «el pueblo americano debería tener la confianza de que, ya sabes, vamos a ser capaces de defendernos y asegurarnos de que, ya sabes, tendremos unas buenas vacaciones y seguiremos con nuestras vidas»; y que poco antes de que los hombres de Abu Bakr al-Baghdadi se apoderasen de vastas extensiones en Irak y Siria, Obama dijo que frenarlos no era «algo en lo que hay que meterse» porque ellos no representan «una amenaza directa para nosotros». Dígale eso a las 49 víctimas de Orlando, Sr. Presiente.

La reticencia de Barack Obama en señalar al enemigo islamista y de actuar de manera decidida en su contra -después de todo, ¿Para qué combatirlo si más gente muere en las bañeras? ¿Para qué nombrarlo si no es más que una etiqueta?- ha tenido su impacto en la realidad. Un reciente documental emitido en PBS atribuye en buena medida a la inacción del presidente la asombrosa expansión del ISIS, que bajo su mirada creció hasta contar 40 grupos afiliados en 16 países. Un estudio de la Rand Corporation revela que entre 2010 y 2013 el número de yihadistas en el orbe se duplicó y que el número de grupos yihadistas trepó un 58%. Una investigación de la Universidad Estatal de Indiana detectó 38 casos de «lobos solitarios» (no exclusivamente islamistas) en EE.UU. entre 1940 y 2001, otros doce durante la presidencia de George W. Bush y más de cincuenta desde que Obama llegó a la Casa Blanca.

Pero a no inquietarse, que, tal como el Presidente de los Estados Unidos ha postulado en el 2013, «Esta guerra, como todas las guerras, debe terminar. Eso es lo que la historia recomienda. Eso es lo que nuestra democracia demanda». Sólo falta que ISIS tome nota.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Luis Almagro, el héroe improbable – 12/06/16

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Mientras Venezuela cae cada vez más hondo en su abismo político, económico y humanitario, Latinoamérica mira para otro lado. Los aliados naturales del chavismo de la última década -Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Brasil y la Argentina, entre otros- por años no movieron un dedo ante los excesos totalitarios de Chávez y Maduro. Con la reciente salida del poder del kirchnerismo en la Argentina y del petismo en Brasil, más el traspaso político de Mujica a Vázquez en Uruguay, el panorama empezó a cambiar y un nuevo clima de mayor reclamo quedó instalado. Quien lideró el sendero fue el conservador Mauricio Macri, quien ni bien asumió hizo declaraciones críticas del comportamiento chavista y anunció la posible necesidad de revisar la adhesión de Caracas a la OEA.

La semana pasada, el actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, sorprendió a las naciones latinoamericanas al invocar la Carta Democrática Interamericana, un tratado de 2001 que ata a los miembros del organismo hemisférico a las normas democráticas y considera la acción colectiva cuando éstas sean violadas. En un documento de 132 páginas, Almagro documentó los múltiples atropellos del gobierno de Maduro y mostró la magnitud de la crisis humanitaria causada por falta de alimentos, medicinas y energía. Almagro pidió sin vueltas por la liberación inmediata de los presos políticos y demandó que el referéndum revocatorio -buscado legalmente por la oposición y obstruido por el Gobierno- se lleve a cabo este año.

Aunque Almagro trató de sacar a los países latinoamericanos de su habitual timidez política, éstos en su mayoría buscaron una salida más protocolar, lo que significa ninguna salida en términos reales. Con el inesperado liderazgo de la Argentina, propusieron el canal del diálogo entre el régimen y la oposición, como si tal cosa fuese posible en las actuales circunstancias y la situación no hubiese ya cruzado el umbral de lo urgente.

Buenos Aires anhela que su canciller Susana Malcorra sea ungida secretaria general de las Naciones Unidas, y ella se encuentra en plena campaña electoral. Sus eventuales votantes serán los Estados-miembro del foro, con especial relevancia aquellos que tienen asiento en el Consejo de Seguridad, donde de manera no-permanente hoy está Venezuela. La castigada oposición venezolana reaccionó indignada, acusando al presidente Macri poco menos que de traidor oportunista. Este crudo pragmatismo político exhibido por Buenos Aires tuvo un costo en la imagen internacional y local del gobierno macrista, de ahí que sus voceros buscaron poner paños fríos al asunto posteriormente al asegurar que la Casa Rosada no es una aliada del gobierno de Nicolás Maduro. Pero ningún maquillaje alterará el hecho diplomático fundamental de que con la dirección argentina, América Latina abandonó a su suerte a los venezolanos, por ahora al menos.

En un duro editorial, el Washington Post cuestionó a la Argentina y a sus hermanos latinoamericanos, así como al propio Gobierno norteamericano: «Al menos Buenos Aires tiene una excusa. La administración Obama inexplicablemente también se unió al coro vacío del ‘diálogo’. El secretario de Estado John F. Kerry se hizo el tiempo de su búsqueda infructuosa en las negociaciones en Siria la semana anterior para colocar una llamada de apoyo al ex primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero, quien dirige al trío de hombres de Estado de izquierda que han intentado mediar en las conversaciones de Venezuela. No han logrado nada, por la misma razón que el señor Kerry ha fallado en Siria: carecen de influencia sobre un régimen criminal e inflexible”.

Almagro resultó ser el héroe improbable de esta saga. Habiendo sido canciller de un gobierno de izquierda en Uruguay, su ingreso a la OEA tras el mandato deslucido de su antecesor en el cargo, el irrelevante señor Insulza, no prometía demasiado. Sin embargo, al cabo de poco tiempo en funciones, Almagro hizo lo que los dirigentes de la región hace tiempo debieron haber hecho: llamar a las cosas por su nombre y reclamar un comportamiento democrático al cada vez más tiránico gobierno de Venezuela. Pero América Latina y los Estados Unidos de Barack Obama prefirieron dejar pasar la oportunidad. En su lugar, izaron la bandera del diálogo fútil, ese instrumento diplomático tan conveniente cuando escasean las agallas para actuar.

Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El partido demócrata se aleja de Israel – 08/06/16

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El reconocimiento extendido al Estado de Israel por el presidente Demócrata Harry Truman apenas once minutos después de que David Ben-Gurion proclamara la Declaración de la Independencia en 1948, es historia antigua. El recorrido ideológico de los Demócratas ha cambiado significativamente desde entonces. Una encuesta de Frank Luntz publicada por The Times of Israel en julio de 2015 dejó ello en alarmante evidencia.

Ante la pregunta sobre la influencia israelí en la política exterior norteamericana, el 76% de los Demócratas (versus 20% de los Republicanos) opinó que Israel tiene demasiada influencia». Acerca de si Israel quiere la paz con los palestinos, menos de la mitad de los Demócratas -el 48%- cree que sí (versus 88% de los Republicanos). Al ser consultados a propósito de si Estados Unidos debiera apoyar a Israel o a los palestinos, el 51% de los Demócratas sostuvo que sí (versus 90% de los Republicanos). El 46% de los Demócratas se manifestó «pro-Israel» (versus 88% de los Republicanos) mientras que apenas el 4% de estos últimos se declaró «pro-palestino» en oposición al 27% de los Demócratas. ¿Es Israel un país racista? El 47% de los Demócratas opinó que sí, en contraste con el 13% de los Republicanos. ¿Son los asentamientos un impedimento a la paz? El 75% de los Demócratas así lo ve, contra un 25% de los Republicanos. Cuando se les preguntó si votarían a un candidato local que respaldase a Israel y su derecho a la autodefensa, sólo el 18% de los Demócratas dijo que sí (versus 76% de los Republicanos). Consultados si votarían a un candidato local crítico de la ocupación israelí, el 6% de los Republicanos y el 45% de los Demócratas respondió afirmativamente.

De los dos candidatos a la nominación presidencial, Hillary Clinton es la más moderada en este campo, y uno todavía recuerda de qué manera el Departamento de Estado cuestionó a Israel durante su gestión. Notoriamente, en el 2010 sermoneó durante 45 minutos por teléfono a Netanyahu por autorizar la construcción de asentamientos. No tan épico quizás como el gesto anti-diplomático de una antecesora suya, la también Demócrata Madeleine Allbrigth, quien tropezando en sus tacones altos y gritando a los guardias «¡Cierren las puertas! ¡Cierren las puertas!», persiguió a Yasser Arafat, que, muy ofendido, estaba por abandonar la residencia del embajador estadounidense en Paris en medio de negociaciones de paz con Ehud Barak, en el 2000. El judío Bernie Sanders acusó a Israel de haber matado a «diez mil inocentes» (!) durante la última guerra con Hamas y declaró que «en la medida en que [los israelíes] quieran tener una relación positiva con nosotros, creo que tendrán que mejorar su relación con los palestinos».Pero ya lo sabemos: cuando las cosas pueden empeorar, lo harán. Y así, el mes pasado fueron elegidos los quince nuevos miembros del comité del Partido Demócrata responsable de remodelar su plataforma política y algunos de los seleccionados no lucen precisamente súper-sionistas.

De ellos, Clinton nombró a seis, Sanders a cinco, y la titular del Comité Nacional, Debbie Wasserman Schultz, a cuatro. Tres de los elegidos son decididamente hostiles a Israel, otros son críticos de Israel y algunos son favorables a Israel. Entre estos últimos están los congresistas Elijah Cummings y Howard Berman así como la filántropa Bonnie Schaefer. Entre los críticos se cuenta a la congresista Barbara Lee, quien condenó a Israel por su respuesta militar al movimiento terrorista Hamas durante la confrontación de 2008, y a Neera Tanden, titular del (progre) Center for American Progress, quien es una crítica feroz del gobierno Likud. El lobby judío de ultra-izquierda J-Street respaldó a los cinco Representantes que se asientan en este comité. Las gemas están en cabeza de Keith Ellison, el primer congresista musulmán y duro censor del estado judío; James Zogby, presidente del Arab-American Institute, quien ha pujado por distanciar al Partido de Israel; y el profesor Cornel West, quien en el 2014 acusó a Israel de cometer crímenes contra la humanidad. A la vez, Zogby y West han apoyado al movimiento BDS (Boicots, Desinversiones, Sanciones) contra Israel. También ingresó al comité Wendy Sherman, la principal negociadora de Barack Obama en torno al pacto nuclear con Irán.

«Sería errado prejuzgar lo que producirán» advertía Jonathan Tobin en la revista Commentary, «pero basta decir que con semejante grupo nadie debiera esperar que su trabajo diga algo acerca de que Jerusalem es la capital de Israel o note que Israel ya ha tomado riesgos por la paz que han sido reiteradamente rechazados». Tristemente, luce factible que la nueva plataforma del Partido buscará un balance entre israelíes y palestinos, adjudicando iguales porciones de responsabilidad por la ausencia de la paz a israelíes y palestinos en Cisjordania, y creará falsas equivalencias morales en circunstancias de guerra entre un aliado democrático y su enemigo islamista en Gaza. Eso será lo más «ecuánime» que con realismo se podrá esperar de un comité así integrado. Los editores del Wall Street Journal lamentaron el alejamiento Demócrata de Jerusalem con estas palabras: «La pena de todo esto es que el apoyo a una democracia liberal robusta como Israel debiera emerger naturalmente en el Partido Demócrata. La última vez que revisamos, era mejor ser una mujer, u homosexual, o ecologista o disidente político en Tel Aviv que en Gaza. Mientras escriben la plataforma de su partido, los demócratas podrían preguntarse por qué Israel, el único país de Oriente Medio que comparte plenamente sus valores, debe ser el que más buscan condenar».

Hillary y Bernie podrían dedicar un par de minutos a reflexionar al respecto.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2016

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Luis Almagro: El heroe improbable – 06/06/16

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Mientras Venezuela cae cada vez más hondo en su abismo político, económico y humanitario, Latinoamérica mira para otro lado. Los aliados naturales del Chavismo de la última década -Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba, Brasil y la Argentina, entre otros- por años no movieron un dedo ante los excesos totalitarios de Chávez y Maduro. Con la reciente salida del poder del Kirchenirsmo en la Argentina y del Petismo en Brasil, más el traspaso político de Mujica a Vázquez en Uruguay, el panorama empezó a cambiar y un nuevo clima de mayor reclamo quedó instalado. Quien lideró el sendero fue el conservador Mauricio Macri, quien ni bien asumió hizo declaraciones críticas del comportamiento Chavista y anunció la posible necesidad de revisar la adhesión de Caracas a la OEA.

La semana pasada, el actual Secretario General de la OEA Luis Almagro, sorprendió a las naciones latinoamericanas al invocar la Carta Democrática Interamericana, un tratado de 2001 que ata a los miembros del organismo hemisférico a las normas democráticas y contempla la acción colectiva cuando las mismas sean violadas. En un documento de 132 páginas, Almagro documentó los múltiples atropellos del gobierno de Maduro y mostró la magnitud de la crisis humanitaria causada por falta de alimentos, medicinas y energía. Almagro pidió sin vueltas por la liberación inmediata de los presos políticos y demandó que el referéndum revocatorio –buscado legalmente por la oposición y obstruido mañosamente por el gobierno- se lleve a cabo este año.

Aunque Almagro trató de sacar a los países latinoamericanos de su habitual timidez política, éstos en su mayoría buscaron una salida más protocolar, lo que significa ninguna salida en términos reales. Con el inesperado liderazgo de la Argentina, propusieron el canal del diálogo entre el régimen y la oposición, como si tal cosa fuese posible en las actuales circunstancias y la situación no hubiese ya cruzado el umbral de lo urgente.

Buenos Aires anhela que su canciller Susana Malcorra sea ungida Secretaria General de las Naciones Unidas, y ella se encuentra en plena campaña electoral. Sus eventuales votantes serán los estados-miembro del foro, con especial relevancia aquellos que tienen asiento en el Consejo de Seguridad, donde de manera no-permanente hoy está allí Venezuela. La castigada oposición venezolana reaccionó indignada, acusando al presidente Macri poco menos que de traidor oportunista. Este crudo pragmatismo político exhibido por Buenos Aires tuvo un costo en la imagen internacional y local del gobierno Macrista, de ahí que sus voceros buscaron poner paños fríos al asunto posteriormente al asegurar que la Casa Rosada no es una aliada del gobierno de Nicolás Maduro. Pero ningún maquillaje alterará el hecho diplomático fundamental de que con la dirección argentina, América Latina abandonó a su suerte a los venezolanos, por ahora al menos.

En un duro editorial, el Washington Post cuestionó a la Argentina y a sus hermanos latinoamericanos, así como al propio gobierno norteamericano: “Al menos Buenos Aires tiene una excusa. La administración Obama inexplicablemente también se unió al coro vacío del `diálogo`. El Secretario de Estado John F. Kerry se hizo el tiempo de su búsqueda infructuosa en las negociaciones en Siria la semana anterior para colocar una llamada de apoyo al ex primer ministro español José Luis Rodríguez Zapatero, quien dirige al trío de hombres de Estado de izquierda que han intentado mediar en las conversaciones de Venezuela. No han logrado nada, por la misma razón que el Sr. Kerry ha fallado en Siria: carecen de influencia sobre un régimen criminal e inflexible”.

Almagro resultó ser el héroe improbable de esta saga. Habiendo sido canciller de un gobierno de izquierda en Uruguay (que coqueteó inclusive con el régimen Ayatolá de Irán), su ingreso a la OEA tras el mandato deslucido de su antecesor en el cargo, el irrelevante Sr. Insulza, no prometía demasiado. Sin embargo, al cabo de poco tiempo en funciones, Almagro hizo lo que los dirigentes de la región hace tiempo debieron haber hecho: llamar a las cosas por su nombre y reclamar un comportamiento democrático al cada vez más tiránico gobierno de Venezuela. Pero América Latina, y los Estados Unidos de Barack Obama, prefirieron dejar pasar la oportunidad. En su lugar, izaron la bandera del diálogo fútil, ese instrumento diplomático tan conveniente cuando escasean las agallas para actuar. 

Infobae, Infobae - 2016

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Nuevo mapa político en Israel – 30/05/16

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La última jugada política del Primer Ministro Binyamín Netanyahu de sumar al ex Canciller y opositor Avigdor Lieberman a la coalición gobernante reforzará al premier en el plano doméstico y podría debilitarlo internacionalmente. Pero esencialmente, no cambiará mucho las cosas.

La incorporación de Lieberman apaciguará a la derecha más dura y dará mayor estabilidad a la coalición, que pasará de 61 a 67 bancas en el Parlamento, permitiéndole quizás arribar a Netanyahu al 2018 como el premier más longevo -políticamente hablando- de la historia de Israel.

Como notó David Aaron Miller, Moshe Yaalon se hizo prescindible al momento en que tomó parte a favor de sus subalternos militares que habían asumido posiciones contrarias a las del premier. El puesto de Ministro de Defensa suele ser más político que tecnocrático y es siempre sensible a los vientos de la política. Al no sancionar a un alto jefe militar que equiparó polémicamente la atmósfera política en Israel con la de la Alemania Nazi en los años treinta, básicamente Yaalon firmó su propio despido. De cualquier manera, su salida es una enorme pérdida para el gobierno pues ha demostrado ser un ministro eficiente y un político moderado que ha forjado lazos estrechos con sus contrapartes.

En el plano mundial, la llegada del poco estimado Lieberman al gobierno sólo causará malestar y posiblemente vaya a redundar en más tensiones entre Jerusalem y otras capitales del orbe. La prensa global tendrá su festín al informar, debatir y criticar lo que ve como las más controvertidas posiciones de Lieberman, a saber: eliminar el árabe como idioma oficial del país, apoyar la pena de muerte para terroristas, limitar los poderes de la Corte Suprema, promover la construcción de asentamientos, y transferir poblados árabes de Israel a un futuro estado palestino a cambio de zonas de alta densidad demográfica judía en Cisjordania. Lieberman apoya la solución de dos estados pero también ha descrito a la Autoridad Palestina como un ente intrascendente y ha amenazado con asesinar a los líderes de Hamas si no devuelven los cuerpos de soldados israelíes muertos en la guerra de Gaza de 2014. Este hábil político es propenso a declarar lo primero que le viene a la mente y con seguridad eso pondrá en aprietos al gobierno, que deberá confirmarlo o desmentirlo.

A la vez, Lieberman es un halcón que le facilitará a Netanyahu la tarea de avanzar posiciones poco simpáticas ante la opinión pública mundial, pero necesarias para la seguridad y futuro de Israel. Podrá actuar de duro en el proverbial papel de “buen policía, mal policía”, cubriendo al premier de los dardos que la reacción internacional pudiera arrojar contra el gobierno. No debe subestimarse, sin embargo, los choques dentro de la misma coalición que pudieran darse por otras posturas de Lieberman, tales como su fuerte apoyo al servicio militar obligatorio para los jóvenes ortodoxos, que lo enfrentaría con aquél sector.

En contrasentido, Lieberman es un hablador duro pero su larga permanencia en diversos puestos en el gabinete a lo largo de los últimos 15 años bajo Ariel Sharon, Ehud Olmert, y Netanyahu muestra que es pragmático y sabe navegar las aguas de la política. Hay que recordar que fue canciller por años bajo Netanyahu y no desató ninguna guerra nuclear en ese período. Igualmente, Lieberman no será apreciado por Europa o por esta Casa Blanca, que ya tiene una pésima relación con el propio Netanyahu; lo que no es exclusiva responsabilidad del premier israelí.

A pesar de las aprehensiones que muchos puedan tener sobre el real o presunto extremismo de Lieberman y sus aptitudes para su nuevo puesto, la reorganización del gabinete no cambiará nada acerca de la posición estratégica de Israel. Como notó el comentarista Jonathan Tobin, la paz no estaba a la vuelta de la esquina, incluso si Netanyahu hubiera hecho un trato con el laborista Herzog. Tampoco hará que un nuevo Ministro de Defensa cambie en algo la realidad de que el movimiento islamista Hamas gobierna en Gaza. La relación estratégica con Estados Unidos depende más de la cuestión de quién está manejando las cosas en Washington que quién dirige el Ministerio de Defensa en Tel Aviv. Y en el plano regional, ni ISIS, Assad, Putin, Rohani, Al-Qaeda o los talibanes alterarán sus planes porque Lieberman haya entrado al gabinete.

Con todo, los alarmistas emitirán sus gritos a propósito del nuevo gobierno israelí y con seguridad lo responsabilizarán de desarrollos que, debemos admitir, o bien no dependen sólo de él, o bien están más allá de su alcance en cualquier caso.

La Prensa (Nicaragua)

La Prensa (Nicaragua)

Por Julián Schvindlerman

  

Mentiras sobre el holocausto – 28/05/16

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Y se vino la tercera nomás. La primera competencia de caricaturas sobre el Holocausto fue llevada a cabo en el 2006. Entonces gobernaba Mahmoud Ahmadinejad y fue la respuesta iraní a las viñetas sobre Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten. La segunda ocurrió en 2015, durante el gobierno de Hassan Rohani y fue una represalia iraní a la publicación de caricaturas satíricas del profeta musulmán por la revista francesa Charlie Hebdo. Ahora llegó una nueva competencia internacional de caricaturas organizada en Irán acerca del Holocausto. La bienal persa fue inaugurada el pasado 14 de mayo, día-aniversario del nacimiento del Estado de Israel, y tal como explicó su curador, Shojal Tabtabai, la misma es “una expresión a las masacres perpetradas contra el pueblo palestino”. Típicamente el trabajo ganador es recompensado monetariamente y exhibido en el Museo Palestino de Arte Contemporáneo en Teherán. Oh, y todavía gobierna allí Hassan Rohani.

Este espinoso asunto de que la negación y ridiculización del Holocausto continúe ocurriendo en Irán bajo el mandato del supuestamente moderado Rohani causa incomodidad en muchos rincones occidentales. Para calmar ansiedades, el canciller Mohamed Javad Zarif dio una entrevista a The New Yorker el último abril en la que aseguró que su gobierno no tenía nada que ver con este certamen y buscó distanciarse del mismo. “No es Irán”, dijo, quien lo organiza, sino una ONG “no controlada por el gobierno iraní”. “Tampoco es respaldada por el gobierno iraní” agregó, y explicó que no era necesario obtener un permiso oficial “para llevar adelante la función”. El canciller fue velozmente desmentido, tanto por opositores como por los propios organizadores.

Gracias al valioso trabajo que lleva adelante el Middle East Media and Research Institute, cuyas traducciones del árabe y el farsi ofrecen una ventana de observación al mundo islámico, podemos conocer la reacción del propio curador de la muestra, el ya citado Tabtabai, quien afirmó sin pruritos: “Estamos coordinando con el Ministerio de Cultura”.

Tabtabai, él mismo un caricaturista, es el hombre que organizó el primer certamen una década atrás. Fue titular de la Casa de Caricaturas en Irán y los últimos años militó en la Organización de las Artes y la Cultura de la Alcaldía de Teherán, la que desde hace veinte años es administrada por una junta designada por la Autoridad de Difusión de la República Islámica y la Organización de Propaganda Islámica. La Alcaldía de Teherán depende del Ministerio del Interior y la Organización de Propaganda Islámica está bajo la supervisión directa del Líder Supremo, el ayatolá Khameini. El gobierno provee los fondos para el presupuesto anual de este ente, los que son aprobados por el Parlamento.

Esta bienal negacionista fue patrocinada por dos entidades. Una es el Instituto de Prensa y Arte Owj, que está afiliado a las Guardias Revolucionarias Iraníes (GRI), que son los custodios de la Revolución Khomeinista. Tras el pacto nuclear de Irán con las potencias, Owj lanzó una campaña nombrada “Honestidad Americana” que cubrió las calles de Teherán con pósteres antinorteamericanos. El vocero de Asuntos Públicos de las GRI, Ramezan Sharif, dijo que Owj recibe el “apoyo y cooperación cercana” de las Guardias Revolucionarias. La otra entidad patrocinadora es el Centro Cultural Sarsheshmeh, cuya website declara que su presupuesto es dado por la Organización de Propaganda Islámica, la cual, como se ha indicado más arriba, depende del ayatolá Khameini, quien designa a su presidente.

En cuanto a la aseveración del canciller iraní en el sentido de que este certamen no requiere un permiso oficial, el periodista iraní exiliado, Aida Qajar, publicó en un portal disidente un artículo titulado Las caricaturas del Holocausto y las mentiras de Zarif, en el que refuta al canciller. “El hecho es que cualquier exhibición o conferencia en Irán necesita un permiso del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. La condición para tal permiso es que la exhibición o conferencia no debe insultar creencias mediante ‘vista, sonido, pinturas, o viñetas’”. Cuando The New Yorker preguntó a Zarif por qué Irán permitía este festival ofensivo, el canciller respondió con su propia pregunta: “¿Por qué tiene los Estados Unidos al Ku Klux Klan?” Aida Qajar retrucó que “Zarif ignoró el punto principal, eludiendo la diferencia crucial entre los dos grupos racistas y discriminatorios: el gobierno norteamericano no patrocina las actividades del KKK”.

Así es que el gobierno iraní está mintiendo por partida doble. Miente sobre el Holocausto y miente acerca de su involucramiento en la propagación de esa calumnia. Una mentira dentro de otra mentira. Nada grave en lo que al régimen ayatolá concierne. ¿Qué le hace una raya más al tigre a fin de cuentas?

Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Holocausto: Alguien está mintiendo en Teherán – 25/05/16

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Y se vino la tercera nomás. La primera competencia de caricaturas sobre el Holocausto fue llevada a cabo en el 2006. Entonces gobernaba Mahmoud Ahmadinejad y fue la respuesta iraní a las viñetas sobre Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten. La segunda ocurrió en 2015, durante el gobierno de -ouch- Hassan Rohani y fue una represalia iraní a la publicación de caricaturas satíricas del Profeta musulmán por la revista francesa Charlie Hebdo. Ahora llegó una nueva competencia internacional de caricaturas organizada en Irán acerca del Holocausto. La bienal persa fue inaugurada el pasado 14 de mayo, día-aniversario del nacimiento del Estado de Israel, y tal como explicó su curador, Shojal Tabtabai, la misma es “una expresión a las masacres perpetradas contra el pueblo palestino”. Típicamente, el trabajo ganador es recompensado monetariamente y exhibido en el Museo Palestino de Arte Contemporáneo en Teherán. Oh, y todavía gobierna allí Hassan Rohani.

Este espinoso asunto de que la negación y ridiculización del Holocausto continúe ocurriendo en Irán bajo el mandato del supuestamente moderado Rohani es causal de incomodidad en muchos rincones occidentales. Para calmar ansiedades, el canciller Mohamed Javad Zarif dio una entrevista a The New Yorker el último abril en la que aseguró que su gobierno no tenía nada que ver con este certamen y buscó distanciarse del mismo. “No es Irán”, dijo, quien lo organiza, sino una ONG “no controlada por el gobierno iraní”. “Tampoco es respaldada por el gobierno iraní” agregó, y explicó que no era necesario obtener un permiso oficial “para llevar adelante la función”. El canciller fue velozmente desmentido, tanto por opositores como por los propios organizadores.

Gracias al valioso trabajo que lleva adelante el Middle East Media and Research Institute, cuyas traducciones del árabe y el farsi ofrecen una ventana de observación al mundo islámico, podemos conocer la reacción del propio curador de la muestra, el ya citado Tabtabai, quien afirmó sin pruritos: “estamos coordinando con el Ministerio de Cultura”.

Tabtabai, él mismo un caricaturista, es el hombre que organizó el primer certamen una década atrás. Fue titular de la Casa de Caricaturas en Irán y los últimos años militó en la Organización de las Artes y la Cultura de la Alcaldía de Teherán, la que desde hace veinte años es administrada por una junta designada por la Autoridad de Difusión de la República Islámica y la Organización de Propaganda Islámica. La Alcaldía de Teherán depende del Ministerio del Interior y la Organización de Propaganda Islámica está bajo la supervisión directa del Líder Supremo, el ayatolá Khameini. El gobierno provee los fondos para el presupuesto anual de este ente, los que son aprobados por el Parlamento.

Esta bienal negacionista fue patrocinada por dos entidades. Una es el Instituto de Prensa y Arte Owj, que está afiliado a las Guardias Revolucionarias Iraníes (GRI), que son los custodios de la Revolución Khomeinista. Tras el pacto nuclear de Irán con las potencias, Owj lanzó una campaña nombrada “Honestidad Americana” que cubrió las calles de Teherán con pósters antiamericanos. El vocero de Asuntos Públicos de las GRI, Ramezan Sharif, dijo que Owj recibe el “apoyo y cooperación cercana” de las Guardias Revolucionarias. La otra entidad patrocinante es el Centro Cultural Sarsheshmeh, cuyo webiste declara que su presupuesto es dado por la Organización de Propaganda Islámica, la cual, como se ha indicado más arriba, depende del ayatolá Khameini, quien designa a su presidente.

En cuanto a la aseveración del canciller iraní en el sentido de que este certamen no requiere un permiso oficial, el periodista iraní exiliado, Aida Qajar, publicó en un portal disidente un artículo titulado “Las caricaturas del Holocausto y las mentiras de Zarif” en el que refuta al canciller. “El hecho es que cualquier exhibición o conferencia en Irán necesita un permiso del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. La condición para tal permiso es que la exhibición o conferencia no debe insultar creencias mediante ´vista, sonido, pinturas, o viñetas´”. Cuando The New Yorker preguntó a Zarif porqué Irán permitía este festival ofensivo, el canciller respondió con su propia pregunta: “¿Por qué tiene los Estados Unidos al Ku Klux Klan?”. Aida Qajar retrucó que “Zarif ignoró el punto principal, eludiendo la diferencia crucial entre los dos grupos racistas y discriminatorios: el gobierno norteamericano no patrocina las actividades del KKK”.

Así es que el gobierno iraní está mintiendo por partida doble. Miente sobre el Holocausto y miente acerca de su involucramiento en la propagación de esa calumnia. Una mentira dentro de otra mentira. Nada grave en lo que al régimen ayatolá concierne. ¿Qué le hace una raya más al tigre al fin de cuentas?.

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holocausto: alguien está mintiendo en teherán – 25/05/2016

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Y se vino la tercera nomás. La primera competencia de caricaturas sobre el Holocausto fue llevada a cabo en el 2006. Entonces gobernaba Mahmoud Ahmadinejad y fue la respuesta iraní a las viñetas sobre Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten. La segunda ocurrió en 2015, durante el gobierno de -ouch- Hassan Rohani y fue una represalia iraní a la publicación de caricaturas satíricas del Profeta musulmán por la revista francesa Charlie Hebdo. Ahora llegó una nueva competencia internacional de caricaturas organizada en Irán acerca del Holocausto. La bienal persa fue inaugurada el pasado 14 de mayo, día-aniversario del nacimiento del Estado de Israel, y tal como explicó su curador, Shojal Tabtabai, la misma es una expresión a las masacres perpetradas contra el pueblo palestino». Típicamente, el trabajo ganador es recompensado monetariamente y exhibido en el Museo Palestino de Arte Contemporáneo en Teherán. Oh, y todavía gobierna allí Hassan Rohani.

Este espinoso asunto de que la negación y ridiculización del Holocausto continúe ocurriendo en Irán bajo el mandato del supuestamente moderado Rohani es causal de incomodidad en muchos rincones occidentales. Para calmar ansiedades, el canciller Mohamed Javad Zarif dio una entrevista a The New Yorker el último abril en la que aseguró que su gobierno no tenía nada que ver con este certamen y buscó distanciarse del mismo. «No es Irán», dijo, quien lo organiza, sino una ONG «no controlada por el gobierno iraní». «Tampoco es respaldada por el gobierno iraní» agregó, y explicó que no era necesario obtener un permiso oficial «para llevar adelante la función». El canciller fue velozmente desmentido, tanto por opositores como por los propios organizadores.

Gracias al valioso trabajo que lleva adelante el Middle East Media and Research Institute, cuyas traducciones del árabe y el farsi ofrecen una ventana de observación al mundo islámico, podemos conocer la reacción del propio curador de la muestra, el ya citado Tabtabai, quien afirmó sin pruritos: «estamos coordinando con el Ministerio de Cultura».

Tabtabai, él mismo un caricaturista, es el hombre que organizó el primer certamen una década atrás. Fue titular de la Casa de Caricaturas en Irán y los últimos años militó en la Organización de las Artes y la Cultura de la Alcaldía de Teherán, la que desde hace veinte años es administrada por una junta designada por la Autoridad de Difusión de la República Islámica y la Organización de Propaganda Islámica. La Alcaldía de Teherán depende del Ministerio del Interior y la Organización de Propaganda Islámica está bajo la supervisión directa del Líder Supremo, el ayatolá Khameini. El gobierno provee los fondos para el presupuesto anual de este ente, los que son aprobados por el Parlamento.

Esta bienal negacionista fue patrocinada por dos entidades. Una es el Instituto de Prensa y Arte Owj, que está afiliado a las Guardias Revolucionarias Iraníes (GRI), que son los custodios de la Revolución Khomeinista. Tras el pacto nuclear de Irán con las potencias, Owj lanzó una campaña nombrada «Honestidad Americana» que cubrió las calles de Teherán con pósters antiamericanos. El vocero de Asuntos Públicos de las GRI, Ramezan Sharif, dijo que Owj recibe el «apoyo y cooperación cercana» de las Guardias Revolucionarias. La otra entidad patrocinante es el Centro Cultural Sarsheshmeh, cuyo webiste declara que su presupuesto es dado por la Organización de Propaganda Islámica, la cual, como se ha indicado más arriba, depende del ayatolá Khameini, quien designa a su presidente.

En cuanto a la aseveración del canciller iraní en el sentido de que este certamen no requiere un permiso oficial, el periodista iraní exiliado, Aida Qajar, publicó en un portal disidente un artículo titulado «Las caricaturas del Holocausto y las mentiras de Zarif» en el que refuta al canciller. «El hecho es que cualquier exhibición o conferencia en Irán necesita un permiso del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. La condición para tal permiso es que la exhibición o conferencia no debe insultar creencias mediante ´vista, sonido, pinturas, o viñetas´». Cuando The New Yorker preguntó a Zarif porqué Irán permitía este festival ofensivo, el canciller respondió con su propia pregunta: «¿Por qué tiene los Estados Unidos al Ku Klux Klan?». Aida Qajar retrucó que «Zarif ignoró el punto principal, eludiendo la diferencia crucial entre los dos grupos racistas y discriminatorios: el gobierno norteamericano no patrocina las actividades del KKK».

Así es que el gobierno iraní está mintiendo por partida doble. Miente sobre el Holocausto y miente acerca de su involucramiento en la propagación de esa calumnia. Una mentira dentro de otra mentira. Nada grave en lo que al régimen ayatolá concierne. ¿Qué le hace una raya más al tigre al fin de cuentas?.