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Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Holocausto: Alguien está mintiendo en Teherán – 25/05/16

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Y se vino la tercera nomás. La primera competencia de caricaturas sobre el Holocausto fue llevada a cabo en el 2006. Entonces gobernaba Mahmoud Ahmadinejad y fue la respuesta iraní a las viñetas sobre Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten. La segunda ocurrió en 2015, durante el gobierno de -ouch- Hassan Rohani y fue una represalia iraní a la publicación de caricaturas satíricas del Profeta musulmán por la revista francesa Charlie Hebdo. Ahora llegó una nueva competencia internacional de caricaturas organizada en Irán acerca del Holocausto. La bienal persa fue inaugurada el pasado 14 de mayo, día-aniversario del nacimiento del Estado de Israel, y tal como explicó su curador, Shojal Tabtabai, la misma es “una expresión a las masacres perpetradas contra el pueblo palestino”. Típicamente, el trabajo ganador es recompensado monetariamente y exhibido en el Museo Palestino de Arte Contemporáneo en Teherán. Oh, y todavía gobierna allí Hassan Rohani.

Este espinoso asunto de que la negación y ridiculización del Holocausto continúe ocurriendo en Irán bajo el mandato del supuestamente moderado Rohani es causal de incomodidad en muchos rincones occidentales. Para calmar ansiedades, el canciller Mohamed Javad Zarif dio una entrevista a The New Yorker el último abril en la que aseguró que su gobierno no tenía nada que ver con este certamen y buscó distanciarse del mismo. “No es Irán”, dijo, quien lo organiza, sino una ONG “no controlada por el gobierno iraní”. “Tampoco es respaldada por el gobierno iraní” agregó, y explicó que no era necesario obtener un permiso oficial “para llevar adelante la función”. El canciller fue velozmente desmentido, tanto por opositores como por los propios organizadores.

Gracias al valioso trabajo que lleva adelante el Middle East Media and Research Institute, cuyas traducciones del árabe y el farsi ofrecen una ventana de observación al mundo islámico, podemos conocer la reacción del propio curador de la muestra, el ya citado Tabtabai, quien afirmó sin pruritos: “estamos coordinando con el Ministerio de Cultura”.

Tabtabai, él mismo un caricaturista, es el hombre que organizó el primer certamen una década atrás. Fue titular de la Casa de Caricaturas en Irán y los últimos años militó en la Organización de las Artes y la Cultura de la Alcaldía de Teherán, la que desde hace veinte años es administrada por una junta designada por la Autoridad de Difusión de la República Islámica y la Organización de Propaganda Islámica. La Alcaldía de Teherán depende del Ministerio del Interior y la Organización de Propaganda Islámica está bajo la supervisión directa del Líder Supremo, el ayatolá Khameini. El gobierno provee los fondos para el presupuesto anual de este ente, los que son aprobados por el Parlamento.

Esta bienal negacionista fue patrocinada por dos entidades. Una es el Instituto de Prensa y Arte Owj, que está afiliado a las Guardias Revolucionarias Iraníes (GRI), que son los custodios de la Revolución Khomeinista. Tras el pacto nuclear de Irán con las potencias, Owj lanzó una campaña nombrada “Honestidad Americana” que cubrió las calles de Teherán con pósters antiamericanos. El vocero de Asuntos Públicos de las GRI, Ramezan Sharif, dijo que Owj recibe el “apoyo y cooperación cercana” de las Guardias Revolucionarias. La otra entidad patrocinante es el Centro Cultural Sarsheshmeh, cuyo webiste declara que su presupuesto es dado por la Organización de Propaganda Islámica, la cual, como se ha indicado más arriba, depende del ayatolá Khameini, quien designa a su presidente.

En cuanto a la aseveración del canciller iraní en el sentido de que este certamen no requiere un permiso oficial, el periodista iraní exiliado, Aida Qajar, publicó en un portal disidente un artículo titulado “Las caricaturas del Holocausto y las mentiras de Zarif” en el que refuta al canciller. “El hecho es que cualquier exhibición o conferencia en Irán necesita un permiso del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. La condición para tal permiso es que la exhibición o conferencia no debe insultar creencias mediante ´vista, sonido, pinturas, o viñetas´”. Cuando The New Yorker preguntó a Zarif porqué Irán permitía este festival ofensivo, el canciller respondió con su propia pregunta: “¿Por qué tiene los Estados Unidos al Ku Klux Klan?”. Aida Qajar retrucó que “Zarif ignoró el punto principal, eludiendo la diferencia crucial entre los dos grupos racistas y discriminatorios: el gobierno norteamericano no patrocina las actividades del KKK”.

Así es que el gobierno iraní está mintiendo por partida doble. Miente sobre el Holocausto y miente acerca de su involucramiento en la propagación de esa calumnia. Una mentira dentro de otra mentira. Nada grave en lo que al régimen ayatolá concierne. ¿Qué le hace una raya más al tigre al fin de cuentas?.

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holocausto: alguien está mintiendo en teherán – 25/05/2016

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Y se vino la tercera nomás. La primera competencia de caricaturas sobre el Holocausto fue llevada a cabo en el 2006. Entonces gobernaba Mahmoud Ahmadinejad y fue la respuesta iraní a las viñetas sobre Mahoma publicadas en el diario danés Jyllands-Posten. La segunda ocurrió en 2015, durante el gobierno de -ouch- Hassan Rohani y fue una represalia iraní a la publicación de caricaturas satíricas del Profeta musulmán por la revista francesa Charlie Hebdo. Ahora llegó una nueva competencia internacional de caricaturas organizada en Irán acerca del Holocausto. La bienal persa fue inaugurada el pasado 14 de mayo, día-aniversario del nacimiento del Estado de Israel, y tal como explicó su curador, Shojal Tabtabai, la misma es una expresión a las masacres perpetradas contra el pueblo palestino». Típicamente, el trabajo ganador es recompensado monetariamente y exhibido en el Museo Palestino de Arte Contemporáneo en Teherán. Oh, y todavía gobierna allí Hassan Rohani.

Este espinoso asunto de que la negación y ridiculización del Holocausto continúe ocurriendo en Irán bajo el mandato del supuestamente moderado Rohani es causal de incomodidad en muchos rincones occidentales. Para calmar ansiedades, el canciller Mohamed Javad Zarif dio una entrevista a The New Yorker el último abril en la que aseguró que su gobierno no tenía nada que ver con este certamen y buscó distanciarse del mismo. «No es Irán», dijo, quien lo organiza, sino una ONG «no controlada por el gobierno iraní». «Tampoco es respaldada por el gobierno iraní» agregó, y explicó que no era necesario obtener un permiso oficial «para llevar adelante la función». El canciller fue velozmente desmentido, tanto por opositores como por los propios organizadores.

Gracias al valioso trabajo que lleva adelante el Middle East Media and Research Institute, cuyas traducciones del árabe y el farsi ofrecen una ventana de observación al mundo islámico, podemos conocer la reacción del propio curador de la muestra, el ya citado Tabtabai, quien afirmó sin pruritos: «estamos coordinando con el Ministerio de Cultura».

Tabtabai, él mismo un caricaturista, es el hombre que organizó el primer certamen una década atrás. Fue titular de la Casa de Caricaturas en Irán y los últimos años militó en la Organización de las Artes y la Cultura de la Alcaldía de Teherán, la que desde hace veinte años es administrada por una junta designada por la Autoridad de Difusión de la República Islámica y la Organización de Propaganda Islámica. La Alcaldía de Teherán depende del Ministerio del Interior y la Organización de Propaganda Islámica está bajo la supervisión directa del Líder Supremo, el ayatolá Khameini. El gobierno provee los fondos para el presupuesto anual de este ente, los que son aprobados por el Parlamento.

Esta bienal negacionista fue patrocinada por dos entidades. Una es el Instituto de Prensa y Arte Owj, que está afiliado a las Guardias Revolucionarias Iraníes (GRI), que son los custodios de la Revolución Khomeinista. Tras el pacto nuclear de Irán con las potencias, Owj lanzó una campaña nombrada «Honestidad Americana» que cubrió las calles de Teherán con pósters antiamericanos. El vocero de Asuntos Públicos de las GRI, Ramezan Sharif, dijo que Owj recibe el «apoyo y cooperación cercana» de las Guardias Revolucionarias. La otra entidad patrocinante es el Centro Cultural Sarsheshmeh, cuyo webiste declara que su presupuesto es dado por la Organización de Propaganda Islámica, la cual, como se ha indicado más arriba, depende del ayatolá Khameini, quien designa a su presidente.

En cuanto a la aseveración del canciller iraní en el sentido de que este certamen no requiere un permiso oficial, el periodista iraní exiliado, Aida Qajar, publicó en un portal disidente un artículo titulado «Las caricaturas del Holocausto y las mentiras de Zarif» en el que refuta al canciller. «El hecho es que cualquier exhibición o conferencia en Irán necesita un permiso del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. La condición para tal permiso es que la exhibición o conferencia no debe insultar creencias mediante ´vista, sonido, pinturas, o viñetas´». Cuando The New Yorker preguntó a Zarif porqué Irán permitía este festival ofensivo, el canciller respondió con su propia pregunta: «¿Por qué tiene los Estados Unidos al Ku Klux Klan?». Aida Qajar retrucó que «Zarif ignoró el punto principal, eludiendo la diferencia crucial entre los dos grupos racistas y discriminatorios: el gobierno norteamericano no patrocina las actividades del KKK».

Así es que el gobierno iraní está mintiendo por partida doble. Miente sobre el Holocausto y miente acerca de su involucramiento en la propagación de esa calumnia. Una mentira dentro de otra mentira. Nada grave en lo que al régimen ayatolá concierne. ¿Qué le hace una raya más al tigre al fin de cuentas?.

ABC Color (Paraguay)

ABC Color (Paraguay)

Por Julián Schvindlerman

  

Un alcalde Musulmán en Londres – 17/05/16

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La elección de Sadiq Khan a la alcaldía de la capital de Inglaterra ha marcado un episodio singular para la historia de Londres, de Inglaterra y de los musulmanes europeos. Khan es un musulmán moderado, miembro del Laborismo británico, que ha hecho una carrera política notable a la luz de sus orígenes socioeconómicos humildes, marcados por un padre colectivero y una madre costurera.

Durante la campaña electoral surgieron denuncias de pasadas asociaciones problemáticas de Khan con referentes del islamismo global. Por ejemplo, con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó “la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. Khan ofreció en defensa propia un pronunciamiento que desarma por su honestidad e inquieta por su verdad: “Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento”.
Su elección ocurrió luego de que fuesen expulsados de las filas laboristas la diputada musulmana Naz Shah y el ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, ambos por pronunciamientos antijudíos virulentos. De hecho, desde el ascenso de Jeremy Corbyn a la cúspide del partido -él mismo un radical irredento que contagió con sus ideas extremas a buena parte de la maquinaria del Laborismo a la par que atrajo como un imán a indeseados políticos- el Laborismo se ha fanatizado.

Sadiq Khan tendrá un desafío importante en despegarse de este radicalismo. Él no es un islamista, y de hecho, ha condenado las expresiones racistas de sus colegas partidarios. No tiene barba, viste a la usanza occidental, su esposa no usa velo, votó a favor del matrimonio homosexual y es un europeísta. Su primer acto oficial consistió en asistir a la ceremonia de recordación del Día del Holocausto. Las credenciales son alentadoras. Pero toda Inglaterra estará muy pendiente de su manera de conducirse ante la intolerancia de los fanáticos que lo rodean. Su ejemplo será estimulante y aleccionador a la vez para los propios musulmanes ingleses, especialmente aquellos todavía no integrados a la sociedad, y que anhelen hacerlo.

El panorama de esta integración, o falta de ella, es grave. Según una encuesta de IMC que Trevor Phillips publicara en el Sunday Times el mes último, llevada cara a cara con más de mil encuestados en Inglaterra, el 39% de los musulmanes ingleses cree que la mujer debe obedecer al marido, siempre; el 31% cree que es razonable que un hombre tenga más de una esposa; el 52% cree que la homosexualidad debiera ser ilegalizada; y el 23% prefiere vivir bajo la ley religiosa islámica que ante la ley civil británica. Un tercio cree que los judíos son poderosos (contra un 9% de los cristianos que cree lo mismo), en tanto que un 4% apoya el terrorismo y un 7% respalda al ISIS. Estos dos últimos guarismos lucen pequeños pero resultan inquietantes al proporcionarlos a la población islámica del país pues sugieren que entre cien mil y doscientos mil musulmanes ingleses favorecen la causa y método del “Estado Islámico”. Con 1.400 musulmanes ingleses que han tratado o logrado unirse al ISIS en Siria, Gran Bretaña no podrá ignorar las conclusiones duras de este informe.

Sadiq Khan, entonces, tendrá un desafío mayúsculo de gestión. Por el bien de la integración islámica en Inglaterra y la coexistencia interreligiosa, así como por el bien de la cordura ideológica, es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político y como de su comunidad religiosa.

Inicialmente publicado en Página Siete (Bolivia)

La Prensa (Panamá)

La Prensa (Panamá)

Por Julián Schvindlerman

  

Un alcalde Musulmán en Londres – 16/05/16

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La elección de Sadiq Khan a la alcaldía de la capital de Inglaterra ha marcado un episodio singular para la historia de Londres, de Inglaterra y de los musulmanes europeos. Khan es un musulmán moderado, miembro del Laborismo británico, que ha hecho una carrera política notable a la luz de sus orígenes socioeconómicos humildes, marcados por un padre colectivero y una madre costurera.

Durante la campaña electoral surgieron denuncias de pasadas asociaciones problemáticas de Khan con referentes del islamismo global. Por ejemplo, con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó “la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. Khan ofreció en defensa propia un pronunciamiento que desarma por su honestidad e inquieta por su verdad: “Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento”.
Su elección ocurrió luego de que fuesen expulsados de las filas laboristas la diputada musulmana Naz Shah y el ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, ambos por pronunciamientos antijudíos virulentos. De hecho, desde el ascenso de Jeremy Corbyn a la cúspide del partido -él mismo un radical irredento que contagió con sus ideas extremas a buena parte de la maquinaria del Laborismo a la par que atrajo como un imán a indeseados políticos- el Laborismo se ha fanatizado.

Sadiq Khan tendrá un desafío importante en despegarse de este radicalismo. Él no es un islamista, y de hecho, ha condenado las expresiones racistas de sus colegas partidarios. No tiene barba, viste a la usanza occidental, su esposa no usa velo, votó a favor del matrimonio homosexual y es un europeísta. Su primer acto oficial consistió en asistir a la ceremonia de recordación del Día del Holocausto. Las credenciales son alentadoras. Pero toda Inglaterra estará muy pendiente de su manera de conducirse ante la intolerancia de los fanáticos que lo rodean. Su ejemplo será estimulante y aleccionador a la vez para los propios musulmanes ingleses, especialmente aquellos todavía no integrados a la sociedad, y que anhelen hacerlo.

El panorama de esta integración, o falta de ella, es grave. Según una encuesta de IMC que Trevor Phillips publicara en el Sunday Times el mes último, llevada cara a cara con más de mil encuestados en Inglaterra, el 39% de los musulmanes ingleses cree que la mujer debe obedecer al marido, siempre; el 31% cree que es razonable que un hombre tenga más de una esposa; el 52% cree que la homosexualidad debiera ser ilegalizada; y el 23% prefiere vivir bajo la ley religiosa islámica que ante la ley civil británica. Un tercio cree que los judíos son poderosos (contra un 9% de los cristianos que cree lo mismo), en tanto que un 4% apoya el terrorismo y un 7% respalda al ISIS. Estos dos últimos guarismos lucen pequeños pero resultan inquietantes al proporcionarlos a la población islámica del país pues sugieren que entre cien mil y doscientos mil musulmanes ingleses favorecen la causa y método del “Estado Islámico”. Con 1.400 musulmanes ingleses que han tratado o logrado unirse al ISIS en Siria, Gran Bretaña no podrá ignorar las conclusiones duras de este informe.

Sadiq Khan, entonces, tendrá un desafío mayúsculo de gestión. Por el bien de la integración islámica en Inglaterra y la coexistencia interreligiosa, así como por el bien de la cordura ideológica, es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político y como de su comunidad religiosa.

Inicialmente publicado en Página Siete (Bolivia)

La Prensa (Nicaragua)

La Prensa (Nicaragua)

Por Julián Schvindlerman

  

Un alcalde Musulmán en Londres – 15/05/16

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La elección de Sadiq Khan a la alcaldía de la capital de Inglaterra ha marcado un episodio singular para la historia de Londres, de Inglaterra y de los musulmanes europeos. Khan es un musulmán moderado, miembro del Laborismo británico, que ha hecho una carrera política notable a la luz de sus orígenes socioeconómicos humildes, marcados por un padre colectivero y una madre costurera.

Durante la campaña electoral surgieron denuncias de pasadas asociaciones problemáticas de Khan con referentes del islamismo global. Por ejemplo, con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó “la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. Khan ofreció en defensa propia un pronunciamiento que desarma por su honestidad e inquieta por su verdad: “Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento”.
Su elección ocurrió luego de que fuesen expulsados de las filas laboristas la diputada musulmana Naz Shah y el ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, ambos por pronunciamientos antijudíos virulentos. De hecho, desde el ascenso de Jeremy Corbyn a la cúspide del partido -él mismo un radical irredento que contagió con sus ideas extremas a buena parte de la maquinaria del Laborismo a la par que atrajo como un imán a indeseados políticos- el Laborismo se ha fanatizado.

Sadiq Khan tendrá un desafío importante en despegarse de este radicalismo. Él no es un islamista, y de hecho, ha condenado las expresiones racistas de sus colegas partidarios. No tiene barba, viste a la usanza occidental, su esposa no usa velo, votó a favor del matrimonio homosexual y es un europeísta. Su primer acto oficial consistió en asistir a la ceremonia de recordación del Día del Holocausto. Las credenciales son alentadoras. Pero toda Inglaterra estará muy pendiente de su manera de conducirse ante la intolerancia de los fanáticos que lo rodean. Su ejemplo será estimulante y aleccionador a la vez para los propios musulmanes ingleses, especialmente aquellos todavía no integrados a la sociedad, y que anhelen hacerlo.

El panorama de esta integración, o falta de ella, es grave. Según una encuesta de IMC que Trevor Phillips publicara en el Sunday Times el mes último, llevada cara a cara con más de mil encuestados en Inglaterra, el 39% de los musulmanes ingleses cree que la mujer debe obedecer al marido, siempre; el 31% cree que es razonable que un hombre tenga más de una esposa; el 52% cree que la homosexualidad debiera ser ilegalizada; y el 23% prefiere vivir bajo la ley religiosa islámica que ante la ley civil británica. Un tercio cree que los judíos son poderosos (contra un 9% de los cristianos que cree lo mismo), en tanto que un 4% apoya el terrorismo y un 7% respalda al ISIS. Estos dos últimos guarismos lucen pequeños pero resultan inquietantes al proporcionarlos a la población islámica del país pues sugieren que entre cien mil y doscientos mil musulmanes ingleses favorecen la causa y método del “Estado Islámico”. Con 1.400 musulmanes ingleses que han tratado o logrado unirse al ISIS en Siria, Gran Bretaña no podrá ignorar las conclusiones duras de este informe.

Sadiq Khan, entonces, tendrá un desafío mayúsculo de gestión. Por el bien de la integración islámica en Inglaterra y la coexistencia interreligiosa, así como por el bien de la cordura ideológica, es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político y como de su comunidad religiosa.

Inicialmente publicado en Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Un alcalde Musulmán en Londres – 15/05/16

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La elección de Sadiq Khan a la alcaldía de la capital de Inglaterra ha marcado un episodio singular para la historia de Londres, de Inglaterra y de los musulmanes europeos. Khan es un musulmán moderado, miembro del Laborismo británico, que ha hecho una carrera política notable a la luz de sus orígenes socioeconómicos humildes, marcados por un padre colectivero y una madre costurera.

Durante la campaña electoral surgieron denuncias de pasadas asociaciones problemáticas de Khan con referentes del islamismo global. Por ejemplo, con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó “la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. Khan ofreció en defensa propia un pronunciamiento que desarma por su honestidad e inquieta por su verdad: “Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento”.
Su elección ocurrió luego de que fuesen expulsados de las filas laboristas la diputada musulmana Naz Shah y el ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, ambos por pronunciamientos antijudíos virulentos. De hecho, desde el ascenso de Jeremy Corbyn a la cúspide del partido -él mismo un radical irredento que contagió con sus ideas extremas a buena parte de la maquinaria del Laborismo a la par que atrajo como un imán a indeseados políticos- el Laborismo se ha fanatizado.

Sadiq Khan tendrá un desafío importante en despegarse de este radicalismo. Él no es un islamista, y de hecho, ha condenado las expresiones racistas de sus colegas partidarios. No tiene barba, viste a la usanza occidental, su esposa no usa velo, votó a favor del matrimonio homosexual y es un europeísta. Su primer acto oficial consistió en asistir a la ceremonia de recordación del Día del Holocausto. Las credenciales son alentadoras. Pero toda Inglaterra estará muy pendiente de su manera de conducirse ante la intolerancia de los fanáticos que lo rodean. Su ejemplo será estimulante y aleccionador a la vez para los propios musulmanes ingleses, especialmente aquellos todavía no integrados a la sociedad, y que anhelen hacerlo.

El panorama de esta integración, o falta de ella, es grave. Según una encuesta de IMC que Trevor Phillips publicara en el Sunday Times el mes último, llevada cara a cara con más de mil encuestados en Inglaterra, el 39% de los musulmanes ingleses cree que la mujer debe obedecer al marido, siempre; el 31% cree que es razonable que un hombre tenga más de una esposa; el 52% cree que la homosexualidad debiera ser ilegalizada; y el 23% prefiere vivir bajo la ley religiosa islámica que ante la ley civil británica. Un tercio cree que los judíos son poderosos (contra un 9% de los cristianos que cree lo mismo), en tanto que un 4% apoya el terrorismo y un 7% respalda al ISIS. Estos dos últimos guarismos lucen pequeños pero resultan inquietantes al proporcionarlos a la población islámica del país pues sugieren que entre cien mil y doscientos mil musulmanes ingleses favorecen la causa y método del “Estado Islámico”. Con 1.400 musulmanes ingleses que han tratado o logrado unirse al ISIS en Siria, Gran Bretaña no podrá ignorar las conclusiones duras de este informe.

Sadiq Khan, entonces, tendrá un desafío mayúsculo de gestión. Por el bien de la integración islámica en Inglaterra y la coexistencia interreligiosa, así como por el bien de la cordura ideológica, es de esperar que tenga éxito en la compleja tarea de castigar a los extremistas y recompensar a los moderados tanto de su partido político y como de su comunidad religiosa.

Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Los amigos de Jeremy Corbyn – 09/05/16

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El tono lo marcó inicialmente un evento en el King´s College London que contaría con una disertación del ex titular del Shin Bet y prominente pacifista israelí Ami Ayalon: fue cancelado cuando opositores enajenados arrojaron sillas, rompieron ventanas, activaron alarmas contra incendios y todo el edificio debió ser evacuado. Luego vinieron los reportes sobre antisemitismo en el Club Laborista de la Universidad de Oxford que dieron cuenta, entre otras perlitas, de una canción popular entre sus miembros titulada Cohetes sobre Tel-Aviv». Siguió con la elección al Centro Nacional de Estudiantes de la musulmana oriunda de Argelia y antiisraelí rabiosa Malia Bouattia. Continuó con las revelaciones acerca de problemáticas asociaciones pasadas del candidato laborista a alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Khan, quien no es un islamista pero se ha relacionado con muchos de ellos previamente: con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó «la jihad contra el racismo, contra el sionismo» de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. «Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento» ofreció en defensa propia el ahora primer alcalde musulmán de la capital de Inglaterra.

Finalmente, «el pequeño problema del antisemitismo en la izquierda británica» como lo llamó Douglas Murray, eclosionó con los despidos de las filas laboristas de Naz Shah, diputada musulmana que ideó una «solución» al «problema» de Israel (trasplantarlo a EE.UU.), y del ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, quien aseguró que Hitler habían sido un sionista y postuló que un antisemita es aquél que odia a todos los judíos y no sólo a los que viven en Israel. «Total, que en el plazo de una semana la dirección del Partido Laborista se vio obligada a suspender a una de sus más recientes representantes y a uno de sus más antiguos barones, y por la misma razón» anotó Murray. Y esa razón, resta aclarar, es el rampante antisemitismo en la estructura del Partido Laborista de Jeremy Corbyn, cuyo ascenso a la cumbre el año pasado selló el derrotero hacia el fanatismo de un partido que supo tener entre sus líderes a figuras como Tony Blair en un pasado no muy lejano.

Una introducción al señor Corbyn puede comenzar por señalar su oposición a las intervenciones militares contra Saddam Hussein en Irak en 1990, contra Slodoban Milosevic en Kosovo en 1998, contra los talibanes en Afganistán en 2001 y contra Muamar Gadafi en Libia en 2011; aunque apoyó la intervención militar de Vladimir Putin en Ucrania en 2014. Él fue un invitado frecuente en el órgano de propaganda ruso Russia Today, Press TV de Irán y Al-Jazeera de Qatar. «La elección de Corbyn, también muy fan en su día de Hugo Chávez, como líder del Partido Laborista en septiembre», observó John Carlin en El País, «colocó en primera fila a los que comparten su irredento infantilismo político y dio luz verde a aquellos sectores que siempre denunciarán a Barack Obama antes que a Vladimir Putin, a Israel antes que a Irán». Asimismo será pertinente recordar sus simpatías públicas por movimientos terroristas tales como el palestino Hamas y el libanés Hezbolá a cuyos representantes invitó al Parlamento británico. «Será mi honor llevar a cabo un evento en el Parlamento donde nuestros amigos del Hezbolá hablarán» dijo en 2009. «También he invitado a nuestros amigos de Hamas a que vengan a hablar a su vez» agregó. ¿El fundamento? Así lo declaró Corbyn: «La idea de que una organización que está dedicada al bienestar del pueblo palestino, a lograr la paz de largo plazo y la justicia social y la justicia política en toda la región debiera ser etiquetada como organización terrorista por el gobierno británico es realmente un gran, gran error histórico».

A lo largo de su carrera, Corbyn se vinculó asiduamente con importantes referentes del firmamento extremista, tal como documentó Liam Hoare en la revista The Tower. En 2009 participó de una conferencia en el Parlamento junto al activista libanés Dyab Jahjah, quien en 2004 afirmó que «todo soldado americano, británico y holandés muerto es una victoria» y posteriormente se le prohibió el ingreso al Reino Unido por otra exclamación ofensiva. En 2012 Corbyn convocó al Parlamento al jeque radical Raed Salah del Movimiento Islámico de Israel, un teórico conspirativo del 9/11 y propagador del libelo de sangre antijudío medieval. «Él está lejos de ser un hombre peligroso», indicó el laborista a su audiencia y, dirigiéndose al jeque, agregó «Se le asegurará a usted un recibimiento muy cálido y yo ansío expectante servirle té en la terraza porque usted lo merece».En 2015 iba a compartir mesa con el caricaturista antisemita brasilero Carlos Latuff y se salió del evento sólo cuando la prensa lo denunció. Paul Eisen, un notorio negador del Holocausto, confesó que «durante la época en que yo me sentí marginado y aislado Jeremy siempre me saludó». Su elección como líder del Partido Laborista despertó el respaldo de figuras ultra anti-sionistas como el cantante Roger Waters, el diputado caído en desgracia por justificar una violación George Galloway, el saxofonista Gilad Atzmon y Jenny Tonge, expulsada años atrás del Partido Demócrata Progresista por su radicalismo. Al poco tiempo del triunfo de Corbyn, ella pronunció: «Me he encontrado con líderes de Hamas tanto en Damasco como en Gaza. También lo ha hecho Jeremy Corbyn. Todos estamos favorablemente impresionados por estas personas. Todos creemos que era muy importante escuchar sus puntos de vista. Dijeron un montón de cosas sabias».

Este es el tipo de gente que Corbyn atrajo al Partido Laborista. Posiciones que antes pertenecían al campo de los lunáticos, ahora parecen aflorar como postulados centrales del Laborismo británico. «El nuevo líder del segundo más grande partido político del Reino Unido tiene algunas ideas atemorizantes acerca de Israel y el Medio Oriente» decían el año pasado los editores consternados de un medio inglés, «y sus amigos son más atemorizantes todavía». En cualquier caso, la transformación del Laborismo en una usina de radicalismo ideológico es un reflejo de lo mal que están las cosas en la cultura política inglesa. Y eso, francamente, es lo más aterrador de todo.

Infobae, Infobae - 2016

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Los amigos de Jeremy Corbyn – 09/05/16

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El tono lo marcó inicialmente un evento en el King´s College London que contaría con una disertación del ex titular del Shin Bet y prominente pacifista israelí Ami Ayalon: fue cancelado cuando opositores enajenados arrojaron sillas, rompieron ventanas, activaron alarmas contra incendios y todo el edificio debió ser evacuado. Luego vinieron los reportes sobre antisemitismo en el Club Laborista de la Universidad de Oxford que dieron cuenta, entre otras perlitas, de una canción popular entre sus miembros titulada “Cohetes sobre Tel-Aviv”. Siguió con la elección al Centro Nacional de Estudiantes de la musulmana oriunda de Argelia y antiisraelí rabiosa Malia Bouattia. Continuó con las revelaciones acerca de problemáticas asociaciones pasadas del candidato laborista a alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Khan, quien no es un islamista pero se ha relacionado con muchos de ellos previamente: con Duad Abdullah del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, que boicoteó el Día de Recordación del Holocausto; con Azzam Tamimi, quien exaltó “la jihad contra el racismo, contra el sionismo” de los palestinos; con Ibrahim Hewitt de Interpal, incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; y con Stop Political Terror, una organización ya desaparecida que contaba entre sus patrocinadores al predicador de Al-Qaeda Anwar al-Awlaki. “Todos los musulmanes británicos están en contacto con extremistas en algún momento” ofreció en defensa propia el ahora primer alcalde musulmán de la capital de Inglaterra.

Finalmente, “el pequeño problema del antisemitismo en la izquierda británica” como lo llamó Douglas Murray, eclosionó con los despidos de las filas laboristas de Naz Shah, diputada musulmana que ideó una “solución” al “problema” de Israel (trasplantarlo a EE.UU.), y del ex alcalde de la capital inglesa Ken Livingstone, quien aseguró que Hitler habían sido un sionista y postuló que un antisemita es aquél que odia a todos los judíos y no sólo a los que viven en Israel. “Total, que en el plazo de una semana la dirección del Partido Laborista se vio obligada a suspender a una de sus más recientes representantes y a uno de sus más antiguos barones, y por la misma razón” anotó Murray. Y esa razón, resta aclarar, es el rampante antisemitismo en la estructura del Partido Laborista de Jeremy Corbyn, cuyo ascenso a la cumbre el año pasado selló el derrotero hacia el fanatismo de un partido que supo tener entre sus líderes a figuras como Tony Blair en un pasado no muy lejano.

Una introducción al señor Corbyn puede comenzar por señalar su oposición a las intervenciones militares contra Saddam Hussein en Irak en 1990, contra Slodoban Milosevic en Kosovo en 1998, contra los talibanes en Afganistán en 2001 y contra Muamar Gadafi en Libia en 2011; aunque apoyó la intervención militar de Vladimir Putin en Ucrania en 2014. Él fue un invitado frecuente en el órgano de propaganda ruso Russia Today, Press TV de Irán y Al-Jazeera de Qatar. “La elección de Corbyn, también muy fan en su día de Hugo Chávez, como líder del Partido Laborista en septiembre”, observó John Carlin en El País, “colocó en primera fila a los que comparten su irredento infantilismo político y dio luz verde a aquellos sectores que siempre denunciarán a Barack Obama antes que a Vladimir Putin, a Israel antes que a Irán”. Asimismo será pertinente recordar sus simpatías públicas por movimientos terroristas tales como el palestino Hamas y el libanés Hezbolá a cuyos representantes invitó al Parlamento británico. “Será mi honor llevar a cabo un evento en el Parlamento donde nuestros amigos del Hezbolá hablarán” dijo en 2009. “También he invitado a nuestros amigos de Hamas a que vengan a hablar a su vez” agregó. ¿El fundamento? Así lo declaró Corbyn: “La idea de que una organización que está dedicada al bienestar del pueblo palestino, a lograr la paz de largo plazo y la justicia social y la justicia política en toda la región debiera ser etiquetada como organización terrorista por el gobierno británico es realmente un gran, gran error histórico”.

A lo largo de su carrera, Corbyn se vinculó asiduamente con importantes referentes del firmamento extremista, tal como documentó Liam Hoare en la revista The Tower. En 2009 participó de una conferencia en el Parlamento junto al activista libanés Dyab Jahjah, quien en 2004 afirmó que “todo soldado americano, británico y holandés muerto es una victoria” y posteriormente se le prohibió el ingreso al Reino Unido por otra exclamación ofensiva. En 2012 Corbyn convocó al Parlamento al jeque radical Raed Salah del Movimiento Islámico de Israel, un teórico conspirativo del 9/11 y propagador del libelo de sangre antijudío medieval. “Él está lejos de ser un hombre peligroso”, indicó el laborista a su audiencia y, dirigiéndose al jeque, agregó “Se le asegurará a usted un recibimiento muy cálido y yo ansío expectante servirle té en la terraza porque usted lo merece”.En 2015 iba a compartir mesa con el caricaturista antisemita brasilero Carlos Latuff y se salió del evento sólo cuando la prensa lo denunció. Paul Eisen, un notorio negador del Holocausto, confesó que “durante la época en que yo me sentí marginado y aislado… Jeremy siempre me saludó”. Su elección como líder del Partido Laborista despertó el respaldo de figuras ultra anti-sionistas como el cantante Roger Waters, el diputado caído en desgracia por justificar una violación George Galloway, el saxofonista Gilad Atzmon y Jenny Tonge, expulsada años atrás del Partido Demócrata Progresista por su radicalismo. Al poco tiempo del triunfo de Corbyn, ella pronunció: “Me he encontrado con líderes de Hamas tanto en Damasco como en Gaza. También lo ha hecho Jeremy Corbyn. Todos estamos favorablemente impresionados por estas personas. Todos creemos que era muy importante escuchar sus puntos de vista. Dijeron un montón de cosas sabias”.

Este es el tipo de gente que Corbyn atrajo al Partido Laborista. Posiciones que antes pertenecían al campo de los lunáticos, ahora parecen aflorar como postulados centrales del Laborismo británico. “El nuevo líder del segundo más grande partido político del Reino Unido tiene algunas ideas atemorizantes acerca de Israel y el Medio Oriente” decían el año pasado los editores consternados de un medio inglés, “y sus amigos son más atemorizantes todavía”. En cualquier caso, la transformación del Laborismo en una usina de radicalismo ideológico es un reflejo de lo mal que están las cosas en la cultura política inglesa. Y eso, francamente, es lo más aterrador de todo.

Comunidades, Comunidades - 2016

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El lado oscuro de Associated press – 20/04/16

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Tempranamente en la vida noté que ningún evento es reportado correctamente en un diario…

George Orwell, 1942

La historiadora Harriet Scharnberg hizo una revelación explosiva el mes pasado en el journal académico Studies in Contemporary History: la agencia de noticias Associated Press (AP) colaboró con el nazismo. Según sus investigaciones, durante los años treinta AP acordó formalmente con el régimen nazi que proveería a los diarios norteamericanos material producido y seleccionado directamente por el Ministerio de Propaganda del Reich. AP fue la única agencia de noticias occidental a la que Hitler permitió seguir operando en Alemania tras el ascenso del nazismo al poder en 1933. Lo hizo hasta 1941, cuando Estados Unidos ingresó a la contienda. Esta exclusividad la convirtió en una fuente valiosa para la provisión de información y fotografías sobre Alemania, desde Alemania, para el resto del mundo en aquél tiempo convulso.

Para ello debió someterse a la ley del editor nazi (Schriftleitergesetz) que impedía la publicación de cualquier material “calculado para debilitar la fuerza del Reich afuera o adentro”. Esta ley obligó a AP a contratar reporteros que trabajaran para la división de propaganda del partido nazi. Así, al menos uno de cuatro fotógrafos empleados por AP en la década de 1930 era miembro de las SS, Franz Roth. (Tras el exposé de Scharnberg, AP removió las fotos de Roth de su website). AP a la vez permitió al régimen Hitleriano usar fotos de su propio archivo para las publicaciones racistas y antijudías del régimen: los folletos El Subhumano y Los judíos en USA usaron fotografías de AP. Scharnberg señaló “qué eventos se hicieron visibles y cuales permanecieron invisibles en la provisión de fotos de AP respondió a los intereses alemanes y a la narrativa alemana de la guerra” y destacó que la cooperación de AP con el nazismo ayudó a “presentar una guerra de exterminio como una guerra convencional”.

AP negó las alegaciones y defendió su política editorial de la época invocando que eran tiempos difíciles para el ejercicio del periodismo en Alemania. Pero lo fueron para todas las agencias de noticias, no sólo para ella. ¿Y acaso son duros también los tiempos actuales? Pues desde el 2012, AP se constituyó en la primera agencia de noticias occidental en abrir un buró en Pyongyang. Dos años después, una ex corresponsal de AP en Camboya, Nate Thayer, divulgó la existencia de un acuerdo entre AP y el régimen norcoreano según el cual la agencia estadounidense aceptó distribuir propaganda oficial bajo su nombre. AP minimizó la relevancia de ese acuerdo, pero no negó su existencia. Y tal como observó Philip Olterman para The Guardian desde Berlín, “eventos significativos, reportados en la prensa internacional, no fueron cubiertos por el buró de AP en Pyongyang, tales como la desaparición pública por seis semanas del líder de Corea del Norte Kim Jong-un en septiembre y octubre de 2014, el hackeo de noviembre de 2014 a Sony Entertainment que fue presuntamente orquestado por una agencia de guerra cibernética norcoreana, o informes sobre la hambruna en la provincia sureña de Hwanghae en 2012”. Concluyó Thayer: “Parece que AP ha aprendido muy poco de su propia historia”.

Este historial de sometimiento ideológico a regímenes totalitarios es útil para entender la política editorial de AP hacia Israel y los palestinos. Otro ex periodista de AP también hizo una denuncia contra sus empleadores en el 2014 en la que exponía el sesgo antiisraelí en la cobertura de esta agencia sobre el conflicto. En una extensa nota publicada en Tablet en agosto de aquél año, Matti Friedman mostró la dimensión de la obsesión de AP con Israel al contrastar los cuarenta periodistas que la agencia tenía apostados en Israel y las zonas palestinas en oposición a los significativamente menos que tenía en China, Rusia, India o en todos los cincuenta países del África subsahariana combinados. Para contemplar: AP tenía más periodistas asignados a cubrir el conflicto palestino-israelí que el número total de reporteros en todos los países en los que eventualmente estallaron las revueltas árabes.

Pero la atención desproporcionada fue superada por una línea editorial inescrupulosa. Friedman brindaba varios ejemplos de instancias en las que hechos periodísticos relevantes fueron censurados por los editores de AP simplemente porque afectaban su enfoque filo-palestino. Así, cuando él y un colega propusieron redactar un informe sobre la corrupción en el gobierno palestino, los editores lo rechazaron a la par que dieron luz verde a informar sobre la corrupción en el gobierno israelí. Tampoco permitieron que él o sus colegas reportaran que los combatientes de Hamas vestían ropas civiles y que eran contados como civiles entre las víctimas de la guerra. Tampoco permitieron que sus periodistas revelaran que los corresponsales de la agencia en Gaza padecían presiones e intimidaciones por parte de Hamas. En cuanto a la Carta de Alá, su documento genocida fundacional, “nunca fue mencionada en imprenta cuando yo trabajaba en AP” acotó Friedman. En los comienzos de 2009, periodistas de la agencia descubrieron la existencia de una oferta de paz muy generosa hecha por el gobierno israelí a la parte palestina y que ésta había rechazado. Los periodistas obtuvieron confirmaciones sobre ella de ambos lados de la frontera pero los editores de AP en Jerusalem decidieron no publicarla.

Cuando AP repudió las aseveraciones de Friedman, otro ex reportero de AP -Mark Lavie- intervino para confirmar la historia: “Este es, por mucho, el peor fiasco periodístico en que he estado involucrado, y estamos hablando de 50 años de periodismo aquí. Ningunas negaciones de vuestra parte podrán borrar la verdad, y esta es la verdad: AP suprimió una historia que cambiaría al mundo sin ninguna razón aceptable”. Su experiencia profesional en AP llevó a Friedman a concluir: “Mucha de la gente que decide qué es lo que usted leerá desde aquí ve su rol no como explicativo sino como político. La cobertura es un arma a poner a disposición de la parte que ellos quieren”. Los editores de Associated Press la han puesto al servicio de Ismail Hanyeh, Kim Jong-un y Adolf Hitler.

El mes próximo AP cumplirá 170 años de vida. No parece que tenga demasiados motivos para celebrar.

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el lado oscuro de associated press – 20/04/16

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es reportado correctamente en un diario – George Orwell, 1942

La historiadora Harriet Scharnberg hizo una revelación explosiva el mes pasado en el journal académico Studies in Contemporary History: la agencia de noticias Associated Press (AP) colaboró con el nazismo. Según sus investigaciones, durante los años treinta AP acordó formalmente con el régimen nazi que proveería a los diarios norteamericanos material producido y seleccionado directamente por el Ministerio de Propaganda del Reich. AP fue la única agencia de noticias occidental a la que Hitler permitió seguir operando en Alemania tras el ascenso del nazismo al poder en 1933. Lo hizo hasta 1941, cuando Estados Unidos ingresó a la contienda. Esta exclusividad la convirtió en una fuente valiosa para la provisión de información y fotografías sobre Alemania, desde Alemania, para el resto del mundo en aquél tiempo convulso.

Para ello debió someterse a la ley del editor nazi (Schriftleitergesetz) que impedía la publicación de cualquier material calculado para debilitar la fuerza del Reich afuera o adentro». Esta ley obligó a AP a contratar reporteros que trabajaran para la división de propaganda del partido nazi. Así, al menos uno de cuatro fotógrafos empleados por AP en la década de 1930 era miembro de las SS, Franz Roth. (Tras el exposé de Scharnberg, AP removió las fotos de Roth de su website). AP a la vez permitió al régimen Hitleriano usar fotos de su propio archivo para las publicaciones racistas y antijudías del régimen: los folletos El Subhumano y Los judíos en USA usaron fotografías de AP. Scharnberg señaló «qué eventos se hicieron visibles y cuales permanecieron invisibles en la provisión de fotos de AP respondió a los intereses alemanes y a la narrativa alemana de la guerra» y destacó que la cooperación de AP con el nazismo ayudó a «presentar una guerra de exterminio como una guerra convencional».

AP negó las alegaciones y defendió su política editorial de la época invocando que eran tiempos difíciles para el ejercicio del periodismo en Alemania. Pero lo fueron para todas las agencias de noticias, no sólo para ella. ¿Y acaso son duros también los tiempos actuales? Pues desde el 2012, AP se constituyó en la primera agencia de noticias occidental en abrir un buró en Pyongyang. Dos años después, una ex corresponsal de AP en Camboya, Nate Thayer, divulgó la existencia de un acuerdo entre AP y el régimen norcoreano según el cual la agencia estadounidense aceptó distribuir propaganda oficial bajo su nombre. AP minimizó la relevancia de ese acuerdo, pero no negó su existencia. Y tal como observó Philip Olterman para The Guardian desde Berlín, «eventos significativos, reportados en la prensa internacional, no fueron cubiertos por el buró de AP en Pyongyang, tales como la desaparición pública por seis semanas del líder de Corea del Norte Kim Jong-un en septiembre y octubre de 2014, el hackeo de noviembre de 2014 a Sony Entertainment que fue presuntamente orquestado por una agencia de guerra cibernética norcoreana, o informes sobre la hambruna en la provincia sureña de Hwanghae en 2012». Concluyó Thayer: «Parece que AP ha aprendido muy poco de su propia historia».

Este historial de sometimiento ideológico a regímenes totalitarios es útil para entender la política editorial de AP hacia Israel y los palestinos. Otro ex periodista de AP también hizo una denuncia contra sus empleadores en el 2014 en la que exponía el sesgo antiisraelí en la cobertura de esta agencia sobre el conflicto. En una extensa nota publicada en Tablet en agosto de aquél año, Matti Friedman mostró la dimensión de la obsesión de AP con Israel al contrastar los cuarenta periodistas que la agencia tenía apostados en Israel y las zonas palestinas en oposición a los significativamente menos que tenía en China, Rusia, India o en todos los cincuenta países del África subsahariana combinados. Para contemplar: AP tenía más periodistas asignados a cubrir el conflicto palestino-israelí que el número total de reporteros en todos los países en los que eventualmente estallaron las revueltas árabes.

Pero la atención desproporcionada fue superada por una línea editorial inescrupulosa. Friedman brindaba varios ejemplos de instancias en las que hechos periodísticos relevantes fueron censurados por los editores de AP simplemente porque afectaban su enfoque filo-palestino. Así, cuando él y un colega propusieron redactar un informe sobre la corrupción en el gobierno palestino, los editores lo rechazaron a la par que dieron luz verde a informar sobre la corrupción en el gobierno israelí. Tampoco permitieron que él o sus colegas reportaran que los combatientes de Hamas vestían ropas civiles y que eran contados como civiles entre las víctimas de la guerra. Tampoco permitieron que sus periodistas revelaran que los corresponsales de la agencia en Gaza padecían presiones e intimidaciones por parte de Hamas. En cuanto a la Carta de Alá, su documento genocida fundacional, «nunca fue mencionada en imprenta cuando yo trabajaba en AP» acotó Friedman. En los comienzos de 2009, periodistas de la agencia descubrieron la existencia de una oferta de paz muy generosa hecha por el gobierno israelí a la parte palestina y que ésta había rechazado. Los periodistas obtuvieron confirmaciones sobre ella de ambos lados de la frontera pero los editores de AP en Jerusalem decidieron no publicarla.

Cuando AP repudió las aseveraciones de Friedman, otro ex reportero de AP -Mark Lavie- intervino para confirmar la historia: «Este es, por mucho, el peor fiasco periodístico en que he estado involucrado, y estamos hablando de 50 años de periodismo aquí. Ningunas negaciones de vuestra parte podrán borrar la verdad, y esta es la verdad: AP suprimió una historia que cambiaría al mundo sin ninguna razón aceptable». Su experiencia profesional en AP llevó a Friedman a concluir: «Mucha de la gente que decide qué es lo que usted leerá desde aquí ve su rol no como explicativo sino como político. La cobertura es un arma a poner a disposición de la parte que ellos quieren». Los editores de Associated Press la han puesto al servicio de Ismail Hanyeh, Kim Jong-un y Adolf Hitler.

El mes próximo AP cumplirá 170 años de vida. No parece que tenga demasiados motivos para celebrar.