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Comunidades, Comunidades - 2015

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

París bajo ataque: algunas reacciones inauditas – 09/12/15

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Tras los atentados islamistas contra periodistas de la revista Charlie Hebdo y clientes en un supermercado kósher en Paris a inicios de año, los franceses recurrieron en masa a la lectura del Tratado sobre la tolerancia escrito por Voltaire en 1763. Oportunamente señalé en una publicación española que uno debiera ser disculpado por pensar que, dado que los perpetradores habían sido musulmanes y las víctimas francesas, quizás quienes debían leer esa obra eran los musulmanes más que los franceses», pero luego de renovados atentados jihadistas cometidos en Paris el mes pasado, esta vez contra comensales en restaurantes y asistentes a salas de conciertos, veo que la situación se repite. Según informó la prensa, el libro Paris era una fiesta de Hemingway (que narra el estilo de vida bon vivant de una Paris de antaño) pasó de vender diez ejemplares diarios a mil quinientos, y el tema clásico de John Lennon, Imagine, subió del puesto diez al dos de las canciones más bajadas y escuchadas de internet.

Supongo que es natural que un pueblo agredido responda con mecanismos de defensa psicológicos y que halle refugio simbólico en un mundo ideal y utópico. Más extraño -y preocupante- resulta ver a líderes mundiales reaccionar infantilmente.

A la Ministra de Relaciones Exteriores de Suecia, Margot Wallstrom, le preguntaron en una entrevista con la televisión SVT2 de su país acerca del potencial radicalismo de los jóvenes musulmanes suecos. Esta fue su respuesta: «Por supuesto que tenemos motivo de preocupación, no sólo en Suecia sino en todo el mundo, porque hay tantos que se radicalizaron Y además, nos recuerda la situación en el Oriente Medio, donde los palestinos ven que no hay futuro para ellos y tienen que aceptar una situación desesperada o recurrir a la violencia». Et voilà, el ISIS mata a los franceses porque los israelíes oprimen a los palestinos. Las obsesiones políticas del establishment sueco -¿y europeo?- no se curan fácilmente.

Luego está el lapsus freudiano del Secretario de Estado John Kerry, pronunciado en conferencia de prensa: «Hay algo diferente acerca de lo que ocurrió a partir de Charlie Hebdo, y creo que todo el mundo siente eso. Había una especie de enfoque particularizado y tal vez incluso una legitimidad en términos de, no una legitimidad, sino una lógica de que usted podría apegarse de alguna manera y decir, bien, ellos están realmente enojados por esto y aquello. Este viernes fue absolutamente indiscriminado. No era para afligir un sentido particular de mal. Fue para aterrorizar a la gente». Vaya. ¿Quiso decir el señor Kerry que asesinar a periodistas en una oficina es de algún modo legítimo, o más lógico, que asesinar a paseantes en un café? A continuación, el máximo diplomático norteamericano mencionó a las víctimas del fundamentalismo islámico. ¿A qué no adivina a quienes dejó afuera? Léalo usted mismo: «¿Cuál es la plataforma? ¿Cuál es la queja? ¿Que no somos ellos? Matan a personas a causa de lo que son y matan a la gente debido a lo que ellos creen. Y es indiscriminado. Matan chiíes. Matan yazidis. Matan cristianos. Matan drusos. Matan ismailis. Matan a cualquiera que no es de ellos y no se compromete a ser eso». Uno puede esperar de Mahmoud Abbas que omita a los israelíes entre las víctimas del islamismo, como usualmente hace con sus proclamas generales abstractas que muchos periodistas aceptan como válidas condenas al terror. ¿Pero el Secretario de Estado de Estados Unidos?

El Papa Francisco, desafortunadamente, también derrapó en su respuesta al barbarismo perpetrado en la Ciudad Luz. Pronunciándose entre la masacre en Francia y los atentados en Mali, dio unas palabras de condena contra los traficantes de armas: «Por todas partes hay guerra hoy día, hay odio ¿Y qué queda? ¡Ruinas, quedan miles de chicos sin educación, tantas muertes de inocentes! Y tanto dinero en los bolsillos de los traficantes de armas. ¡Malditos!». Este retorno a los años sesenta con Bob Dylan y su canción Señores de la guerra como emblema puede esperarse de un adolescente enfadado. De un líder espiritual de la talla de Francisco uno anhelaría escuchar una condena inequívoca hacia los verdaderos criminales aquí, es decir, los terroristas musulmanes fundamentalistas.

Decir que mientras no haya claridad conceptual para combatir al jihadismo difícilmente se podrá derrotarlo es, a estas alturas, una obviedad. Afortunadamente existe John Podesta, el jefe de la campaña presidencial de Hillary Clinton, quien ofreció hace poco esta pizca de sabiduría en Twitter:

«La estrategia de Hillary para derrotar al ISIS:

✓Derrotar al ISIS en Siria y en Irak

✓Interrumpir y desmantelar la Infraestructura terrorista

✓Reforzar Nuestras defensas»

Evidentemente, si Hillary gana las próximas elecciones estaremos salvados.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Apóstatas hebreos en la historia – 12/15

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Artículo publicado en Revista Cultura (AMIA)
Año 1 N° 2

A lo largo de su historia, los judíos han debido afrontar el atroz dilema de las conversiones forzosas, el exilio o la muerte. De manera emblemática, durante la Inquisición española, muchos judíos fingieron haberse convertido al cristianismo para sobrevivir al día mientras que por la noche tenían una vida judía. En siglos posteriores especialmente, hubo judíos que eligieron convertirse voluntariamente al cristianismo. Su acto fue un desafío -de hecho, un cachetazo- al espíritu de Jánuka que hoy conmemoramos; fiesta que celebra el triunfo de la vitalidad judía por sobre las tentaciones asimilacionistas del entorno. Tales casos marcaron un posicionamiento individual. Está claro que la respuesta colectiva del pueblo judío ante las presiones o tentaciones del entorno gentil ha sido siempre la de reafirmar su identidad religiosa y perpetuar su singular legado al mundo.

La Europa del siglo XIX presenció un auge de estas conversiones. Solo entre 1812 y 1846, alrededor de cuatro mil judíos se convirtieron al cristianismo. Al proporcionar la cifra con los 123.000 judíos que vivían en Prusia solamente por ejemplo, entonces el guarismo empalidece, pero es, no obstante, indicativo de la presión social del entorno hacia la asimilación total. Aquél siglo fue testigo del pasaje de varios prominentes judíos al cristianismo, tales como el poeta Heinrich Heine, el pianista Gustav Mahler, el músico Giacomo Meyerbeer, el discípulo de Franz Liszt Hermann Cohen, el escritor Benjamin Disraeli (bautizado a la edad de trece años), el compositor Félix Mendelsohn (también bautizado de niño) y el filósofo social Karl Marx (confirmado cristiano a los quince años). Estos judíos y tantos otros émulos de su tiempo veían el bautismo como “el ticket de entrada a la comunidad de cultura europea”, en palabras del propio Heine. Con típico humor judío, algo parecido aseguró el arqueólogo Daniel Chwolson, converso a la ortodoxia rusa. Cuando le preguntaron si su ingreso a la iglesia había sido motivado por la convicción o la conveniencia, respondió: “He aceptado el bautismo completamente por convicción; la convicción de que es mejor ser un profesor en la Academia de San Petersburgo que un melamed en Eisheshok”.

El padre de Marx, Heinrich, cuyo nombre original era Hirschel ha-Levi, era hijo de un rabino y descendiente de estudiosos talmúdicos de muchas generaciones. Se casó con Henrietta Pressburg, oriunda de Hungría y cuyo padre se ordenó rabino en Nijmegen, Holanda. Heinrich recibió una educación laica, obtuvo una licenciatura en derecho, se separó de su familia y con el tiempo también de su religión. Su hijo Karl siguió su camino espiritual y lo exacerbó, llegando a escribir de manera hostil contra los judíos.

En este mismo linaje de auto-odio se inscribe Friedrich Stahl. Nacido como Joël Jolson, ingresó a la iglesia luterana en 1819, se hizo profesor de derecho eclesiástico en la Universidad de Berlín y se erigió en líder del antisemita Partido Conservador Cristiano. El periodista austríaco judío Arthur Trebitsch sentía profundo desprecio por su condición. Se convirtió al cristianismo y llegó al extremo de instar a los alemanes a no ceder en su lucha contra los judíos: «¡Permaneced firmes! ¡No tengáis piedad! ¡Ni siquiera conmigo!». Tras su muerte, Hitler recomendó a un conocido: «Lea cada frase que ha escrito. Ha desenmascarado a los judíos como nadie más lo hizo». Hijo de un acaudalado empresario de la seda, estuvo bajo la influencia de su compañero judío Otto Weininger y del teórico racial británico Houston Stewart Chamberlain, de quienes tomó una ideología nacionalista y antisemita radical. Weininger ofrece un caso interesante en la saga de la patología del auto-odio. Fue un antisemita de tales dimensiones -“el judaísmo es el mal radical” escribió- que consideró insuficiente la anulación espiritual del judío que en él vivía por medio de la conversión al protestantismo y optó por exterminarlo físicamente por medio del suicidio: a los veintitrés años de edad se pegó un tiro en el pecho, en la misma habitación vienesa en la que había fallecido Ludwig van Beethoven.

No ha sido inusual que judíos que abandonaron su fe se transformaran en antisemitas furibundos. Mucho más atrás en el tiempo, los apóstatas Petrus Alfons, Nicholas Donin, Pablo Christiani, Avner de Burgos, Guglielmo Moncada y Alessandro Franceschi se erigieron en fieros enemigos de los judíos. Tras su conversión al catolicismo en la segunda mitad del siglo XIX, los mellizos Auguste y Iosef Lemann fueron sacerdotes activos en el Primer Concilio Vaticano, en el cual circularon un Postulatum que exhortaba a los judíos a ver la luz de Jesús. Excepcionalmente, ha habido espacio para la teshuva: Csanád Szegedi, vicepresidente del nacionalista y xenófobo partido húngaro Jobbik -diminutivo de Jobbik Magyarországért Mozgalom (Movimiento por una Hungría Mejor)- descubrió en 2013 que tenía antepasados judíos, abandonó su militancia antisemita y halló cobijo en Jabad Lubavitch. Si bien nunca se había convertido, había vivido como un cristiano.

En el contexto traumático de la Shoá, hubo judíos que optaron por trocar la Torá por el Evangelio y, a diferencia de los judíos judeófobos antes citados, buscaron reconciliar al judaísmo con el cristianismo. Uno de los casos más extraordinarios de apostasía voluntaria en la modernidad fue sin duda el del Gran Rabino de Italia, Israel Zolli.

El 13 de febrero de 1945, él y su esposa fueron bautizados en una pequeña capilla cercana a la Iglesia de Santa María degli Angeli, y su hija se les sumaría unos meses más tarde. Hasta apenas 24hs antes, había estado oficiado como rabino. Según voceros vaticanos, la conversión nació en un espíritu de gratitud al Papa Pío XII, quién había ayudado al rabino y a su familia a ocultarse de los nazis. Aparentemente, Zolli había jurado que si sobreviviría al Holocausto, se convertiría. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial lo hizo bajo el nuevo nombre de “Eugenio María”, en honor a Eugenio Pacelli (Pío XII). Además escribió un libro sobre el antisemitismo que incluye un capítulo de defensa de las gestiones vaticanas a favor de los judíos de Roma durante la ocupación nazi de la ciudad, publicado por Anonimas Veritas Editrice, una editorial católica de Roma.

Voceros judíos de la época atribuyeron la conversión a una disputa feroz entablada entre la comunidad judeo-italiana y Zolli. Cuando los alemanes invadieron Roma, el rabino y su familia hallaron refugio en las casas de unas familias católicas, primero, y presuntamente en el propio Vaticano, después. Al finalizar la guerra, quiso recuperar su trabajo pero los judíos de Roma consideraban que él había abandonado a su comunidad y se opusieron. Eventualmente lo obtuvo por decisión del coronel Charles Poletti, el gobernador militar de Roma designado por los norteamericanos. Confrontaciones entre el rabino y los judíos romanos se sucedieron hasta que, finalmente, en enero de 1945 Zolli renunció al puesto. Tres semanas después abandonó el judaísmo.

La versión del propio Zolli fue que su motivación había sido puramente espiritual. En una entrevista concedida en 1950 al periódico israelí Maariv, elaboró acerca de las razones de su conversión vinculándolas al “conocimiento del catolicismo y mi amor por Cristo y por los Evangelios”. En un libro autobiográfico de 1954 titulado Antes del Amanecer, publicado por una editorial católica de Nueva York, y supuestamente incentivado a la idea de escribir sobre las circunstancias de su conversión por Giovanni Cicognani, entonces delegado apostólico en Washington y luego Secretario de Estado en el Vaticano, el rabino converso afirmó que sus primeras meditaciones sobre Jesús comenzaron a los doce años en Austria, para concluir en una visión trascendental que experimentó cuarenta años después en Italia, durante el Iom Kippur de 1944. Zolli había mostrado interés intelectual en ambas religiones anteriormente. Luego de finalizar sus estudios rabínicos, y mientras oficiaba como rabino en Trieste, Zolli enseñó sobre la “Teología del Viejo y Nuevo Testamento” en la Universidad de Padua. En 1935 escribió una tesis titulada “La Sagrada Alianza entre la literatura del Viejo y Nuevo Testamento”, y en 1938 publicó un libro titulado “El Nazareno” que trataba acerca de la vida de Jesús como judío. Una vez bautizado, Zolli enseñó literatura hebrea y bíblica en el Instituto Pontifico Bíblico de Roma. Murió en 1956, el mismo día que Pío XII cumplía ochenta años.

Otro ejemplo destacado lo personifica Edith Stein, también conocida como Teresa Benedicta de la Cruz, una judía que se hizo monja carmelita en 1922 y fue canonizada por la Iglesia Católica en 1998. Stein nació en Breslav en el seno de una familia hebrea ortodoxa el día del Iom Kippur de 1891. Tras estudiar filosofía se apartó del judaísmo e ingresó al catolicismo. Forzada por los nazis a abandonar la docencia, se incorporó a un convento carmelita en 1933. Tomó sus votos católicos en expiación por la “no-creencia” del pueblo judío y continuó dedicada a la reflexión filosófica. Tras la Kristallnacht huyó a Holanda primero y a Suiza después pero debió retornar a Holanda donde fue apresada por la Gestapo. Murió en Auschwitz en 1942. Aun tras su conversión, Stein siguió considerándose judía: “El retorno a Dios me hizo sentir judía de nuevo” se le atribuye haber dicho. Dijo sobre ella Juan Pablo II durante una homilía de beatificación en un estadio de fútbol lleno de 75.000 fieles, en 1987:

“En el campo de exterminio ella murió como una hija de Israel ´por la gloria del más santo nombre´ y, al mismo tiempo, como la Hermana Teresa Benedicta de la Cruz, literalmente, ´bendecida por la cruz´… Para Edith Stein, el bautismo como una cristiana bajo ningún punto de vista significó un quiebre con su herencia judía… esta gran mujer judía y cristiana experimentó el martirio…”.

Las palabras del difunto Papa resultarán extrañas para un lector judío. La definió como una “hija de Israel”, si bien Stein dejó el judaísmo. Dijo que ella murió “por la gloria del más santo nombre”, frase tomada del hebreo Kidush ha-Shem que en la liturgia judía refiere a los mártires que a lo largo de la historia dieron sus vidas por mantenerse fieles al judaísmo, lo opuesto de lo que hizo Stein. La caracterizó como una “gran mujer judía y cristiana”, una simultaneidad religiosamente imposible desde una óptica judía, pero no extemporánea para el cristianismo. Así, el cardenal Jean-Marie Lustiger, judío converso al catolicismo, aseguró que él se seguía viendo a sí mismo como un judío luego de ser designado arzobispo de París en 1981. Hijo de inmigrantes polacos, nacido con el nombre de Aarón, pasó los años de la ocupación nazi de Francia oculto junto a su hermana en el hogar de una mujer católica. Ambos fueron bautizados por propia voluntad. Aun ostentando el cargo de arzobispo dijo: “Para mí esta nominación era como si, repentinamente, el crucifijo comenzó a vestir una estrella amarilla”. En otra entrevista afirmó: “Yo nací judío, y por ende permanezco como tal, incluso si ello es inaceptable para muchos”. En su funeral se recitó el Kadish.

También está el caso de Oswald Rufeisen, un cura católico del monasterio carmelita Stella Maris, de Haifa, que demandó legalmente al Estado de Israel en 1962 para obtener reconocimiento como judío. Más comúnmente conocido como el Hermano Daniel, nació en Polonia donde activó en movimientos juveniles sionistas. Sobrevivió a la guerra uniéndose a la policía (puesto que empleó para salvar judíos) y escondiéndose en un convento católico, donde decidió ser bautizado y abrazar el sacerdocio. En 1959 emigró a Israel como un monje carmelita y solicitó la ciudadanía, llevando su caso a la justicia en 1962. Dijo a un periodista: “Mi religión es católica pero mi origen étnico es y siempre será judío… No acepté el cristianismo para dejar a mi pueblo. Él se agregó a mi judaísmo. Me siento judío”. La Corte Suprema israelí denegó su pedido, fallando que era imposible ser un cura católico y un judío al mismo tiempo.[*]

El común denominador a estos conversos fue su creencia en que la aceptación de Jesús como el Mesías e Hijo de Dios lejos de negar su judaísmo, lo complementaba. Su renacimiento espiritual representó un retorno a los tiempos de Saúl de Tarso y los primeros cristianos, que fueron todos ellos judíos.

Más cerca de nuestros tiempos, ha habido judíos que se han volcado al cristianismo por razones diferentes de las de sus hermanos apóstatas del pasado. Con su transformación religiosa no buscaron ser aceptados por la sociedad gentil, ni interiorizaron el discurso legendario de los antisemitas para convertirse en uno de ellos, ni respondieron a una coyuntura negra con agudas crisis de fe, ni pretendieron evangelizar con su ejemplo. Simplemente se convirtieron y punto. El cantante y compositor judío Bob Dylan, nacido como Robert Allen Zimmerman, se hizo cristiano en 1979, editó dos discos religiosos en los que proclamaba la palabra de Dios y un par de años más tarde retornó al judaísmo. Su derrotero sorprendió tanto a judíos como a gentiles. En 1965 había dicho que “simplemente yo no tengo religión ni filosofía” y al año siguiente dijo estar buscando “la salvación, apenas la simple salvación”. Trece años después halló a Jesús y al cabo de dos años enfiló hacia Jabad Lubavitch. Sus fans estaban desconcertados. Como dijera uno de ellos en 1979:

“Nada garantiza más desprecio en los círculos del rock´n´roll que un hombre que se pone religioso. Quiero decir, les pagamos a estos tipos para que visiten el infierno y nos traigan de vuelta diapositivas en colores y ahí van y se resbalan hacia el cielo. Es una violación grave de contrato”.

[*] En sentido contrario, el profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalem Sergio Minerbi, quien también halló refugio en un monasterio italiano durante el Holocausto, relató a este articulista años atrás: “Los curas salvaron mi cuerpo, cuando quisieron salvar mi alma dejé el lugar”. Abraham Foxman, quien fuera por décadas director nacional de la Anti-Defamation League (ADL), durante los años de la guerra quedó al cuidado de su niñera polaca católica, quien lo bautizó, llevó a orar a la iglesia y educó como un católico. “Me acuerdo incluso que escupía a los judíos en la calle… [Si] me hubiese quedado con mi niñera quizás hoy en día fuese un sacerdote o un cardenal, quién sabe” dijo este año al diario español La Vanguardia.

La Prensa (Panamá)

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Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guason condeno al pingüino – 01/12/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.

La Prensa (Panamá)

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Por Julián Schvindlerman

  

La intifada de la mentira -17/10/15

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Los acontecimientos en Israel y Palestina se suceden con extrema velocidad. Antes de que nos percatemos, nos vemos sobrepasados por una avalancha de información que desorienta. Por varios días ya, jóvenes palestinos, aparentemente desvinculados de agrupaciones terroristas, han estado atacando a israelíes con piedras, puñales, destornilladores, bombas molotov y los han embestido con sus vehículos, en un frenesí de violencia radical que preanuncia una nueva, tercera, intifada. Quizás estemos en ese momento bisagra a partir del cual todo empeora, en el que cada día arroja otra tragedia que se suma a la del día anterior, dando forma a un ciclo de violencia cada vez mayor, difícil de parar y menos aún de comprender. Es este, entonces, el momento justo para preguntarnos cómo ha comenzado este lío. Prestemos atención ahora, antes de que -atrapados en el tsunami de datos, análisis, opiniones- olvidemos la génesis, enteramente evitable, de este festival de odio
insensato.

Todo empezó con una mentira. Una mentira flagrante, malintencionada y peligrosa, lanzada con descaro por líderes palestinos y árabes-israelíes. En las vísperas del Año Nuevo judío, miembros del Movimiento Islámico en Israel se atrincheraron, armados, en la Mezquita Al-Aqsa, a la espera de que religiosos judíos fuesen a rezar a la explanada que las alberga para atacarlos. (Las mezquitas fueron construidas sobre las ruinas del templo hebreo edificado por el Rey Salomón). La policía israelí los dispersó y la patraña surgió: los judíos quieren dañar las mezquitas santas del islam. Arrojar semejante acusación infundada en la región más religiosa y conflictiva del mundo es un acto de irresponsabilidad e incitación extraordinario. Eso sólo bastó para encender la mecha. Luego, el gobierno palestino en Cisjordania, Hamas en Gaza, y parlamentarios árabes y miembros del Movimiento Islámico de Israel echaron más leña al fuego con otras provocaciones.

El jeque Muhamad Sallah instó, cuchillo en mano, desde el atrio de la mezquita Al-Abrar en la Franja de Gaza: “¡Apuñalen! Oh jóvenes de Cisjordania… córtenlos en partes”. El parlamentario de Hamas, Mushir Al-Masri, blandiendo un puñal clamó ante una multitud en Khan Yunis: “El puñal es nuestra elección. El puñal simboliza la batalla de Cisjordania y Jerusalén”. La agrupación Fatah, del presidente palestino Mahmoud Abbas, publicó folletos que celebran como “mártires” a palestinos que han asesinado a israelíes; los folletos llevan las fotos de Abbas y Arafat. Integrantes del Comité Central de Fatah, entre ellos Nabil Shaath, ex negociador principal de la Autoridad Palestina, fueron a dar sus condolencias a la familia de Mohamed Halabi, quien días antes mató a dos israelíes. La Asociación de Abogados Palestinos concedió una membresía honoraria post-mórtem a este joven matador. Los parlamentarios árabe-israelíes Hanin Zohabi, Basel Ghattas y Ayman Odeh participaron en manifestaciones palestinas en las que se coreó «sacrificaremos nuestras vidas por la Mezquita Al-Aqsa».

Y en las vísperas de que todo estallara, el presidente palestino, desde el podio de las Naciones Unidas, anunció dramáticamente al mundo entero que los Acuerdos de Oslo -los que rigieron las relaciones palestino-israelíes por las últimas dos décadas- estaban caducos.

Recordemos este momento. Recordemos este instante en que la hoguera fue encendida. Recordemos quién la prendió y quien alentó su difusión. Antes de que las llamas de la violencia se hayan elevado a proporciones infernales y muchas más familias de palestinos e israelíes queden enlutadas por sus muertos, antes de que la prensa internacional nos inunde con sus reportes y las naciones del mundo envíen a sus diplomáticos con urgencia, recordemos. Recordemos cómo empezó esta nueva, caprichosa, inútil y mentirosa intifada.

La Prensa (Panamá)

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Por Julián Schvindlerman

  

El tango diplomático de Argentina e Irán 08/02/13

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Argentina decidió iniciar contactos con las autoridades iraníes para resolver, como afirmó la Presidenta, ‘los temas pendientes vinculados al ataque terrorista a la sede de la AMIA’.

Por Julián Schvindlerman

Cristina Fernández ha llevado un poco lejos su vocación tercermundista. Ella siempre se ha sentido más cómoda entre pares del mundo subdesarrollado que con sus contrapartes del primer mundo. Así, las relaciones de Argentina son tensas con Gran Bretaña, España y Estados Unidos, pero diáfanas con Cuba, Angola e Indonesia.

Durante una reciente visita a Vietnam, la Presidenta se vistió como guerrillera del Vietcong, hizo turismo aventura por los túneles de Cu Chi y alabó a Ho Chi Minh: “Es el padre de la patria, el San Martín de Vietnam”. En un viaje de años atrás a Libia, halagó a Muammar Gaddafi: “Yo también, al igual que el líder de la nación Libia, he sido militante política; desde muy jóvenes hemos abrazado ideas y convicciones muy fuertes”. Ahora ha decidido acercarse al Irán de Mahmud Ahmadineyad.

El domingo pasado, la señora Fernández envió 19 tuits (curioso modo de comunicación presidencial) en los que anunció que un “acuerdo histórico” había sido alcanzado entre Buenos Aires y Teherán con relación a la causa AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina). La noción de que Buenos Aires dialogue con Irán sobre este tema es problemática en al menos dos aspectos cruciales y para abordarlos es necesario recordar un poco la historia.

En 1994, agentes al servicio de Irán explotaron la sede de la comunidad judía de la Argentina, provocaron la muerte a 85 personas (mayormente argentinos y también bolivianos, polacos y chilenos) e hirieron a otras 300. Luego de años de investigación, la justicia argentina acusó al régimen ayatolá de haber planeado el ataque y solicitó a Interpol la emisión de circulares de captura internacional contra los implicados, entre quienes hay figuras de alto rango del actual gobierno, así como de previos gobiernos del país persa.

A casi 20 años del hecho y de insistentes reclamos, el Gobierno argentino decidió iniciar contactos con las autoridades iraníes para resolver, como afirmó la Presidenta en uno de esos tuits, “los temas pendientes vinculados al ataque terrorista a la sede de la AMIA”. Se anunció que una “comisión de la verdad” sería establecida, formada por expertos extranjeros propuestos por ambos países, que emitirá una “recomendación” luego de estudiar el caso.

Los dos problemas principales con este anuncio son, en primer lugar, que, como indicó oportunamente el Centro Simón Wiesenthal, convocar a Irán a cooperar en la resolución de un caso de terror en el que ese país estuvo involucrado es equivalente a que Estados Unidos hubieran invitado a Al Qaeda a colaborar en la investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001, y, en segundo lugar, que el poder Ejecutivo nacional no puede ni debe intervenir en una causa judicial abierta. Irán debe acatar, no negociar, los requerimientos de la justicia argentina.

Que este anuncio fue hecho el Día Internacional de Recordación del Holocausto agregó ofensa al daño inicial: el régimen iraní es el máximo negador del Holocausto en la actualidad.

Para entender el acercamiento entre las partes es importante comprender sus posibles motivaciones. Para la República Islámica de Irán, dar finalmente por superado el escollo de la causa AMIA en su relación con la República de Argentina es un componente de su plan para profundizar su infiltración política, económica y militar en América Latina. Irán vio correctamente que el Gobierno argentino tenía afinidades ideológicas con los liderazgos del llamado Eje Bolivariano (receptivo a Irán) y reforzó su apuesta en pos del acercamiento bilateral. Ninguna otra nación de la región podía legitimar la presencia de Irán aquí a la luz de haber padecido en suelo soberano dos atentados terroristas planeados por Teherán.

Al consentir el inicio de diálogo, la República de Argentina ha marcado un giro espectacular en su diplomacia. Bajo una mirada hiperrealista dio prioridad a las relaciones comerciales y políticas con Irán frente al reclamo de justicia. Según informó el diario Clarín, las exportaciones argentinas al país persa aumentaron un 234% desde que Cristina Fernández asumió la Presidencia en 2007, y el 1000% si se compara con la situación a 2005, cuando su marido gobernaba. En 2010 fue un año récord al alcanzar las exportaciones un total de mil 453 millones de dólares, meses después de la peor crisis económica mundial desde 1930.

Pero el mercado iraní representa menos del 1.5% de las ventas totales del país al resto del mundo, lo que sugiere que la ideología –la visión Sur–Sur del Gobierno– debe ser también un factor de peso. Para que florezca la relación, pasó entonces a ser imperativo correr de lado la traba de la justicia. Y así la causa AMIA fue abandonada.

Para suavizar el hecho, el acuerdo fue anunciado con invocaciones a la memoria y a la verdad. Pero, como un buen tango, tiene el aura de la tragedia a su alrededor.

Originalmente publicado en Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guasón condenó al pingüino – 30/11/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.

La Prensa (Nicaragua)

La Prensa (Nicaragua)

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guasón condenó al pingüino – 29/11/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.

La Nación (Costa Rica)

La Nación (Costa Rica)

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guasón condenó al pingüino – 29/11/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.

Infobae, Infobae - 2015

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guasón condenó al pingüino – 29/11/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2015

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando el guasón condenó al pingüino – 27/11/15

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Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá (“Partido de Alá”), Hamás (“Movimiento de Resistencia Islámico”) y la Yihad Islámica Palestina (“Guerra Santa Islámica Palestina”), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: “Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo”. La Yihad Islámica Palestina dijo condenar “de manera inequívoca” los ataques en Francia y consignó que eran “la continuación de una saga de violencia ciega”. Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: “Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia”.

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. ¿Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas? Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?

El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Guasón condenar las fechorías del Pingüino en Ciudad Gótica se muestre, cuando menos, escéptica?.