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Por Julián Schvindlerman

  

Romantizar con los ayatolas – 23/07/15

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El Pacto Nuclear alcanzado entre el P5+1 e Irán ha sido una victoria geopolítica de Teherán, un logro comercial de Europa y un triunfo personal de Barack Obama.

Prácticamente desde el primer día en funciones, el presidente estadounidense trabajó en pos de acercar posiciones con el régimen Ayatola. Obama envió cartas al Líder Supremo Alí Khameini, las que fueron respondidas hoscamente o ignoradas. Subió videos a You Tube en los que saludó a los iraníes por el año nuevo persa; pero hizo la vista gorda cuando el pueblo se levantó contra el régimen opresor en el marco de un fraude electoral, en 2009. El nadir de esta excitación presidencial llegó en diciembre de 2014 cuando, durante una entrevista con Steve Inskeep de la National Public Radio, deseó buenaventura a Irán en su política de expansión regional: Uno tiene que entender cuáles son sus legítimas necesidades y preocupaciones» dijo Obama, y sugirió que un acuerdo nuclear ayudaría a que Irán se convierta en «una potencia regional de gran éxito que también se atenga a las normas internacionales». Esto, aseguró el presidente, «sería bueno para todo el mundo. Eso sería bueno para los Estados Unidos, sería bueno para la región, y sobre todo, sería bueno para el pueblo iraní». Ese mismo mes, en otra entrevista, esta vez con la revista The Atlantic, Obama minimizó la magnitud del antisemitismo del gobierno iraní (que, entre otras, ha negado el Holocausto y llamado a la obliteración de Israel), alegando que no era más que una «herramienta organizacional» que no guiaba las consideraciones estratégicas de la nación persa.

El Consejo de Seguridad Nacional, según indica el sitio oficial de la Casa Blanca, «es el principal foro del presidente para examinar las cuestiones de seguridad y política exterior con sus principales asesores de seguridad nacional y funcionarios del gabinete». La directora del escritorio iraní en el CSN es Sahar Nowrouzzadeh, quien trabajó en el Consejo Nacional Americano Iraní, ONG fundada en 1999 por Trita Parsi, mujer cercana al gobierno Ayatola. Según sus críticos locales, el CNAI ha defendido desde antes de que Obama llegue a la Casa Blanca el acercamiento a Irán y el levantamiento de las sanciones internacionales. Obsesionados con el «lobby judío», a muchos se les parece haber pasado por alto la existencia de un lobby iraní en Washington y las influencias que puede haber tenido en la gestación de esta nueva política hacia Irán.

El asesoramiento político de la señorita Nowrouzzadeh puede haber sido cuestionable, pero sin dudas es legal y legítimo. Después de todo, si un diario presumiblemente independiente como el New York Times organiza viajes turísticos anuales a la República Islámica de Irán -bajo el exótico nombre de «Cuentos de Persia», a $6.995 dólares por persona y tiene como guía a Elaine Sciolino, su ex corresponsal en Teherán- entonces ya nada debe sorprendernos. Por largo tiempo ha existido en Estados Unidos una opinión pro-iraní en ciertos círculos; con el ascenso de Barack Obama al poder, esas opiniones «han migrado a la Casa Blanca y forman la base de la política estadounidense en los más altos círculos del poder» indica el experto en asuntos iraníes Sohrab Ahmari.

Adivinanza: ¿Quién dijo hace poco: «Incluso con tus enemigos, incluso con tus adversarios, yo creo que tienes que tener la capacidad de ponerte de vez en cuando en sus zapatos»? Opciones: Nowrouzzadeh, Parsi, Sciolino, Obama. Respuesta: sí, el excelentísimo señor presidente.

La capacidad empática de Barack Obama no puede menospreciarse. Irán está gobernado por una claque de clérigos fanáticos cuyo lema fundamental es «¡Muerte a América!», que tilda a Estados Unidos de «Gran Satán» y cuya bandera, en la que reemplaza a sus estrellas por calaveras, está dibujada al pie de la entrada de varias oficinas gubernamentales para ser pisoteadas por los funcionarios persas. Teherán ha patrocinado a grupos terroristas y milicias chiíes hostiles a los intereses de Washington en la Franja de Gaza, el Líbano, Yemen, Bahrein, Siria e Irak; hoy en día tiene injustamente encarcelados a ciudadanos norteamericanos-iraníes en su suelo; y ha estado matando a norteamericanos desde 1983, cuando hizo estallar las barracas de los marines y la embajada americana en Beirut. Comprender al «otro» siempre fue un clásico de la mentalidad progresista, aunque Obama ha llevado eso al límite.

No obstante y en honor a la verdad, ese don también ha calado por momentos entre los conservadores. En 1986, con la esperanza de doblegar la intransigencia de los ayatolas y lograr la liberación de rehenes estadounidenses retenidos en el Líbano, la Administración Reagan envió una misión bizarra a Teherán, liderada por el ex asesor de seguridad nacional Robert McFarlane. Al llegar, disfrazados como miembros de la tripulación y con pasaportes irlandeses falsos, la delegación fue arrestada por las autoridades locales. La agencia de noticias oficial iraní IRNA informó que los americanos llevaban una biblia firmada por Ronald Reagan y una torta con forma de llave, como un símbolo de la inminente apertura de relaciones diplomáticas. Al cabo de cinco días, los americanos fueron echados del país por órdenes del ayatola Ruhola Khomeini. La operación fue un chasco y cuando trascendió posteriormente desató un escándalo en la opinión pública norteamericana. Irán no modificó su política terrorista-revolucionaria entonces, ni por los siguientes treinta años. En cuanto al extravagante obsequio, informó el 5 de noviembre de 1986 The Chicago Tribune, «guardias revolucionarios hambrientos se comieron la torta».

Esta nota fue inicialmente publicada en Infobae

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Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Romantizar con los Ayatolas – 17/07/15

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El Pacto Nuclear alcanzado entre el P5+1 e Irán ha sido una victoria geopolítica de Teherán, un logro comercial de Europa y un triunfo personal de Barack Obama.

Prácticamente desde el primer día en funciones, el presidente estadounidense trabajó en pos de acercar posiciones con el régimen Ayatola. Obama envió cartas al Líder Supremo Alí Khameini, las que fueron respondidas hoscamente o ignoradas. Subió videos a You Tube en los que saludó a los iraníes por el año nuevo persa; pero hizo la vista gorda cuando el pueblo se levantó contra el régimen opresor en el marco de un fraude electoral, en 2009. El nadir de esta excitación presidencial llegó en diciembre de 2014 cuando, durante una entrevista con Steve Inskeep de la National Public Radio, deseó buenaventura a Irán en su política de expansión regional: “Uno tiene que entender cuáles son sus legítimas necesidades y preocupaciones” dijo Obama, y sugirió que un acuerdo nuclear ayudaría a que Irán se convierta en «una potencia regional de gran éxito que también se atenga a las normas internacionales». Esto, aseguró el presidente, «sería bueno para todo el mundo. Eso sería bueno para los Estados Unidos, sería bueno para la región, y sobre todo, sería bueno para el pueblo iraní». Ese mismo mes, en otra entrevista, esta vez con la revista The Atlantic, Obama minimizó la magnitud del antisemitismo del gobierno iraní (que, entre otras, ha negado el Holocausto y llamado a la obliteración de Israel), alegando que no era más que una “herramienta organizacional” que no guiaba las consideraciones estratégicas de la nación persa.

El Consejo de Seguridad Nacional, según indica el sitio oficial de la Casa Blanca, “es el principal foro del presidente para examinar las cuestiones de seguridad y política exterior con sus principales asesores de seguridad nacional y funcionarios del gabinete”. La directora del escritorio iraní en el CSN es Sahar Nowrouzzadeh, quien trabajó en el Consejo Nacional Americano Iraní, ONG fundada en 1999 por Trita Parsi, mujer cercana al gobierno Ayatola. Según sus críticos locales, el CNAI ha defendido desde antes de que Obama llegue a la Casa Blanca el acercamiento a Irán y el levantamiento de las sanciones internacionales. Obsesionados con el “lobby judío”, a muchos se les parece haber pasado por alto la existencia de un lobby iraní en Washington y las influencias que puede haber tenido en la gestación de esta nueva política hacia Irán.

El asesoramiento político de la señorita Nowrouzzadeh puede haber sido cuestionable, pero sin dudas es legal y legítimo. Después de todo, si un diario presumiblemente independiente como el New York Times organiza viajes turísticos anuales a la República Islámica de Irán -bajo el exótico nombre de “Cuentos de Persia”, a $6.995 dólares por persona y tiene como guía a Elaine Sciolino, su ex corresponsal en Teherán- entonces ya nada debe sorprendernos. Por largo tiempo ha existido en Estados Unidos una opinión pro-iraní en ciertos círculos; con el ascenso de Barack Obama al poder, esas opiniones “han migrado a la Casa Blanca y forman la base de la política estadounidense en los más altos círculos del poder” indica el experto en asuntos iraníes Sohrab Ahmari.

Adivinanza: ¿Quién dijo hace poco: “Incluso con tus enemigos, incluso con tus adversarios, yo creo que tienes que tener la capacidad de ponerte de vez en cuando en sus zapatos”? Opciones: Nowrouzzadeh, Parsi, Sciolino, Obama. Respuesta: sí, el excelentísimo señor presidente.

La capacidad empática de Barack Obama no puede menospreciarse. Irán está gobernado por una claque de clérigos fanáticos cuyo lema fundamental es “¡Muerte a América!”, que tilda a Estados Unidos de “Gran Satán” y cuya bandera, en la que reemplaza a sus estrellas por calaveras, está dibujada al pie de la entrada de varias oficinas gubernamentales para ser pisoteadas por los funcionarios persas. Teherán ha patrocinado a grupos terroristas y milicias chiíes hostiles a los intereses de Washington en la Franja de Gaza, el Líbano, Yemen, Bahrein, Siria e Irak; hoy en día tiene injustamente encarcelados a ciudadanos norteamericanos-iraníes en su suelo; y ha estado matando a norteamericanos desde 1983, cuando hizo estallar las barracas de los marines y la embajada americana en Beirut. Comprender al “otro” siempre fue un clásico de la mentalidad progresista, aunque Obama ha llevado eso al límite.

No obstante y en honor a la verdad, ese don también ha calado por momentos entre los conservadores. En 1986, con la esperanza de doblegar la intransigencia de los ayatolas y lograr la liberación de rehenes estadounidenses retenidos en el Líbano, la Administración Reagan envió una misión bizarra a Teherán, liderada por el ex asesor de seguridad nacional Robert McFarlane. Al llegar, disfrazados como miembros de la tripulación y con pasaportes irlandeses falsos, la delegación fue arrestada por las autoridades locales. La agencia de noticias oficial iraní IRNA informó que los americanos llevaban una biblia firmada por Ronald Reagan y una torta con forma de llave, como un símbolo de la inminente apertura de relaciones diplomáticas. Al cabo de cinco días, los americanos fueron echados del país por órdenes del ayatola Ruhola Khomeini. La operación fue un chasco y cuando trascendió posteriormente desató un escándalo en la opinión pública norteamericana. Irán no modificó su política terrorista-revolucionaria entonces, ni por los siguientes treinta años. En cuanto al extravagante obsequio, informó el 5 de noviembre de 1986 The Chicago Tribune, “guardias revolucionarios hambrientos se comieron la torta”.

Varios

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Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista con Vis-a-Vis – 16/07/15

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¿Qué evaluación hace del acuerdo nuclear firmado hoy en Viena?

Considero que es un muy mal acuerdo por tres motivos: 1) se pactó con un régimen que no es confiable: negador del Holocausto, teocrático-represor y promotor de terrorismo regional y global. 2) Por fuera del pacto quedaron temas de suma importancia, como la cuestión de los misiles balísticos intercontinentales, cuya funcionalidad básica es transportar cabezas nucleares a larga distancia, y que Teherán seguirá desarrollando. 3) Lo acordado es imperfecto. Contiene elementos positivos, pero muchos más realmente negativos.

¿A quién favorece? ¿A quién perjudica? ¿Por qué?

Favorece a Irán sin dudas, pues lo legitima como una potencia futura nuclear; lo reinserta en la familia de las naciones como un país normal, cosa que no es; y le hará más próspero, pues las sanciones económicas serán levantadas para fin de año, recuperará más de cien mil millones de dólares congelados en el exterior y podrá reexportar petróleo a los niveles anteriores y recibir inversión internacional. Perjudica especialmente a Israel, que es una nación amenazada de muerte por Irán, y a los países sunitas que históricamente recelaron de la potencia chií.


El hecho de que Estados Unidos y Teherán vuelven a entablar relaciones diplomáticas ¿Puede cambiar el panorama político y comercial de Medio Oriente?

Aún no han entablado relaciones diplomáticas, eso podrá, o no, suceder a futuro. Por el momento han firmado un pacto en el área nuclear junto a otras potencias: Alemania, Francia, Gran Bretaña, China y Rusia. El cambio comercial se dará cuando las empresas que quieran podrán negociar con Irán y por la posibilidad iraní de exportar más petróleo, especialmente, y políticamente el acuerdo refuerza a Irán y su influencia en Medio Oriente y más allá, lo que afectará el equilibro de fuerzas.


¿Cómo queda posicionado Israel con respecto a la firma de este acuerdo?

Israel se ha opuesto desde siempre a este acuerdo, alegando que era un mal acuerdo que requería ser sustancialmente mejorado. El premier Binyamín Netanyahu ha dicho que el acuerdo es un “error histórico” y muchos en el país, en el oficialismo y en la oposición, están convencidos de que este pacto allanará el camino de Irán hacia la bomba nuclear. Una encuesta reciente indicaba que casi el 75% de la población israelí cree que Irán no honrará lo firmado y se pondrá peligrosamente cerca del umbral nuclear, si es que no lo cruzará.

Pese a las restricciones que se le impuso en el acuerdo firmado ¿Irán podría llegar a fabricar más bombas atómicas que las permitidas?

El acuerdo prohíbe la fabricación de bombas atómicas a Irán, busca garantizar que el programa sea exclusivamente civil. El temor es que eso no ocurra, que Irán engañe y se salga con la suya. O bien, que respete los términos del acuerdo pero que al expirar en diez años pueda retomar sus actividades nucleares y llevarlas hacia la dimensión militar.

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

Un acuerdo defectuoso – 16/07/15

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“El mundo da la bienvenida a un nuevo Irán sin armas nucleares” tituló el diario español El País. “Un histórico pacto aleja la amenaza nuclear de Irán” anunció el matutino argentino La Nación. El optimismo contagió a gran parte de la prensa mundial. Pero mientras la euforia se extiende por casi todo el orbe, surge una simple pregunta: si el pacto, tal como está siendo anunciado, detiene las ambiciones nucleares de Teherán, ¿por qué sus principales enemigos en el Medio Oriente no están contentos? Ciertamente no lo está Israel, cuyo primer ministro ha tachado al acuerdo de “error histórico”. Tampoco están felices las naciones sunitas, desde Marruecos hasta Turquía. Ni, especialmente alegre está la monarquía saudí, que apenas unos meses atrás insinuó que compraría una bomba atómica a Pakistán si se le permitía a Irán alcanzar la suya.

Este acuerdo es problemático en tres vértices fundamentales. Primeramente, respecto de la naturaleza del régimen con quien las potencias han pactado: apenas unos días antes de que el canciller Javad Zarif concluyera las negociaciones en Viena, el presidente Hassan Rohani participaba de una manifestación pública en Teherán en la que se corearon las consignas “¡Muerte a América, Muerte a Israel!”. En segundo lugar, respecto de conductas del régimen Ayatolá que han quedado por fuera del pacto: las violaciones a los derechos humanos de los iraníes, el patrocinio del terrorismo regional y la construcción de misiles balísticos intercontinentales, cuya utilidad primaria es transportar ojivas nucleares a larga distancia. Y en tercer término, respecto del contenido del acuerdo en sí: los méritos que tiene quedarán sujetos a la implementación de buena fe de parte de Irán, y sus defectos no son pocos, desde el levantamiento de casi todas las sanciones económicas antes de fin de año -en contraste con la vigencia del acuerdo que es de al menos 10 años- hasta la aceptación de que las inspecciones de la AIEA requerirán coordinar cita previa con el gobierno; por citar sólo dos casos.

Varios

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Por Julián Schvindlerman

  

La visita del papa a Sudamérica – 12/07/15

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El País (Cali, Colombia)

En su gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay, Francisco fue recibido con figuritas, estatuillas, títeres y suvenires confeccionados a su semejanza. El obsequio oficial más original se lo dio Evo Morales: Jesús crucificado sobre una hoz y un martillo. Las fotografías que captaron el momento muestran a un Papa de rostro adusto y monseñor Guillermo Karcher, jefe de ceremoniales del Vaticano, dijo que Francisco respondió al presidente boliviano con la frase “eso no está bien”. Sin embargo, el vocero papal, Federico Lombardi, aseguró que el Pontífice “no tuvo una particular reacción negativa” y recalcó que en el crucifijo “no hay confusión entre fe e ideología, no es un símbolo de interpretación marxista, sino de diálogo y libertad”. Que la Iglesia Católica actual no objete oficialmente que Jesucristo sea incrustado en el máximo símbolo del Comunismo es una medida de cuánto ha cambiado bajo el pontificado del primer Papa latinoamericano en la historia.

El Papa efectuó una crítica rotunda contra el sistema económico mundial y contra la “lógica de la ganancia” apoyado en la doctrina social de la Iglesia pero llevándola un paso más adelante. Tuvo buena sintonía con los líderes anfitriones, aunque no escatimó cuestionamientos a los “liderazgos únicos”; críticas veladas a la perpetuación en el poder de algunos de los presidentes de la región. Pero es igualmente cierto que no ofreció gestos favorables de sustancia a los sectores opositores que están siendo maltratados en Bolivia, Ecuador, y también en Cuba, Venezuela y en su Argentina natal. Al enfocar su indignación contra la “cultura del descarte” y “el capital”, en detrimento de alertar locuazmente sobre la calidad de la democracia en la zona, Francisco marcó sus prioridades.

De cualquier manera, su gira dejará una estela de aprobación de masas y reafirmará la imagen de Bergoglio como un Papa popular.

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Por Julián Schvindlerman

  

Por una cúpula de hierro contra la ONU – 08/07/15

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A fines de junio, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas emitió un reporte sobre la guerra acaecida a mediados del año pasado entre Hamas e Israel en el que concluyó que ambas partes cometieron crímenes de guerra. Para el observador despistado, la equivalencia moral entre una democracia y un movimiento fundamentalista feroz puede pasar desapercibida y ser leída en clave de presunta equidistancia: así como la ONU condena Israel, también lo hace con el Hamas. Esa lectura es ostensiblemente superficial. ¿Qué tal un reporte sobre la guerra de Estados Unidos contra Al-Qaeda que arribe a similares conclusiones? ¿O uno sobre Francia y su lucha contra islamistas en Mali? Un organismo internacional que se muestra incapaz de distinguir entre un acto de agresión y uno de defensa, y entre un grupo terrorista y una nación democrática, estará viciado de parcialidad por definición.

Y el CDH lo está enteramente. E irremediablemente. En términos generales, un Consejo que reúne entre sus miembros a las peores tiranías del planeta y les confiere legitimidad para juzgar a las democracias carece de autoridad moral alguna para emitir opinión básicamente sobre cualquier tema global. Específicamente, el récord de tendenciosidad anti-israelí es tan cristalino que ya ha superado el umbral del escándalo. Según la ONG suiza United Nations Watch ha documentado, en los últimos nueve años el CDH ha condenado más veces al estado judío que al resto del mundo combinado; 61 resoluciones de condena a Israel y 55 contra el resto de las naciones en conjunto. Cuba, China, Somalia e Irak no fueron jamás sancionadas. Sobre Israel el CDH realizó siete sesiones de urgencia, en contraste con Irán, Afganistán, Venezuela o Rusia sobre las que convocó exactamente cero sesiones. Israel es el leitmotiv -la obsesión recurrente- del Consejo. Esto lo admitió el actual secretario-general Ban Ki-Moon en el 2007: Estoy decepcionado por la decisión del Consejo de distinguir a Israel como el único elemento específico del orden del día, teniendo en cuenta la variedad y el alcance de las denuncias de violaciones a los derechos humanos en todo el mundo».

El CDH encargó el reporte inicialmente a un profesor canadiense, William Schabas, que había sido también asesor legal remunerado de la Organización para la Liberación de Palestina, sin ver en ello inconveniente alguno por, digamos, conflicto de intereses. Lo cual es consistente con el patrón de afinidad que el Consejo ha venido mostrando por décadas con la agenda de la OLP. Ahora probó además ser un fiel portavoz del Hamas, su némesis histórica.

Dramáticamente, al abrazar la narrativa del movimiento de resistencia islámico palestino, el CDH eligió ignorar los hechos factuales incómodos que hubieran llevado a conclusiones muy diferentes. Hamas inició la guerra y decidió luego no atenerse a ningún cese de fuego durante las siguientes siete semanas de contienda. La primera de tales treguas fue propuesta por Egipto el 7 de julio; Israel la aceptó, Hamas no. Para entonces habían muerto cerca de doscientos palestinos. Hamas aceptó el último de los ceses de fuego propuestos, el 27 de agosto. Entre una y otra fecha murieron otros dos mil palestinos. ¿No es acaso Hamas el responsable de estas muertes?, se preguntaron en un estudio académico Hirsch Goodman y Dore Gold. No para el Consejo. Hamas disparó más de seis mil quinientos cohetes contra Israel, de los cuales 875 cayeron en la Franja de Gaza. ¿Sabe el Consejo cuántas bajas palestinas este fuego «amigo» provocó? No lo sabe, y mucho menos le importa.

A otros, más profesionales y objetivos, sí les importa. Richard Kemp, ex comandante de las fuerzas británicas en Afganistán e Irak declaró ante el propio CDH que «durante el conflicto de Gaza en 2014, Hamas, para su eterna vergüenza, hizo más por infligir deliberada y sistemáticamente muerte, sufrimiento y destrucción a su propia población civil, incluyendo a sus niños, que cualquier otro grupo terrorista de la historia». Michael D. Jones, ex jefe de estado del Comando Central de los Estados Unidos, aseguró ante el mismo plenario que «Hamas violó habitualmente la ley al atacar objetivos civiles sin valor militar y al deliberadamente colocar a los habitantes de Gaza en riesgo sin necesidad militar». El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. observó el pasado noviembre: «De hecho, creo realmente que Israel fue a extremos extraordinarios para limitar los daños colaterales y las víctimas civiles». Una delegación de once militares de alto rango de siete naciones que también investigó esta guerra, afirmó: «Ninguno de nosotros es consciente de otro ejército que tome tales medidas tan extensas como lo hizo el ejército israelí el verano [boreal] pasado para proteger las vidas de la población civil [enemiga]».

Por eso la tasa de bajas civiles en relación a los combatientes irregulares ha sido en esta confrontación la más baja del mundo en guerras asimétricas. Tal como recopiló el Jerusalem Center for Public Affairs, el ratio entre bajas colaterales civiles y terroristas abatidos en Afganistán fue de 3-1, en Irak de 4-1, en Kosovo de 4-1, en tanto que en Gaza fue de 1-1; por debajo de la media global, 3-1. (El ratio 1:1 surge de las cifras indicadas por el ejército israelí cuyas mediciones han probado ser más confiables que las de las Naciones Unidas, pero aún si tomamos las cifras contenidas en el reporte del CDH el ratio es 2.27-1, cercano al promedio global).

El viernes pasado, el Consejo adoptó una nueva resolución de condena contra Israel -aunque no contra Hamas- ésta vez apoyándose en su propio reporte sesgado. Estados Unidos fue el único país que votó en contra, cinco se abstuvieron y 41 naciones -incluyendo a la Unión Europea- votaron a favor. Un año atrás, Hamas atacó a Israel con cohetes. Ahora la ONU lo hace con reportes y resoluciones.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

Reportaje sobre Rusia con Alberto Hutschenreuter – 07/15

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Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea

Entrevistó Julián Schvindlerman

Año 7. No. 58

Georgia en el 2008, Ucrania en el 2014, ¿qué busca Vladimir Putin al arrebatar por la fuerza territorios soberanos de otras naciones?

Considero que una respuesta objetiva a su pregunta necesariamente debe fundarse en lógicas de poder. Es importante aclararlo, pues es habitual que no se aborden cuestiones que son centrales para comprender los movimientos de Rusia y de otros actores. Tanto en Georgia como en Ucrania, Rusia consideró que las políticas de Occidente dirigidas a debilitar a Rusia desde el mismo final de la Unión Soviética habían alcanzado un límite: una nueva ampliación de la OTAN al “Este del Este” de Europa sencillamente hubiera significado una catástrofe geopolítica para Rusia, pues se habría perdido un activo geopolítico protohistórico, la profundidad estratégica, un concepto y una realidad que puede estar en retirada en otros espacios del globo pero no en Rusia. Para Rusia el mundo siempre ha sido un lugar peligroso, y ello se entiende en función de su posición eminentemente terrestre, que siempre suscitó interés por parte de otros poderes extranjeros (particularmente navales, agregaría Alfred Mahan).

Los críticos de esta conducta de Rusia sostienen que Moscú está vulnerando el orden político mundial post-Guerra Fría. ¿Qué responde el gobierno ruso a ello?

Seguramente respondería que dicho orden fue vulnerado antes, desde que Occidente estimó que la victoria sobre la Unión Soviética no implicó dejar de considerar al “Estado continuador”, la Federación Rusa, como un eventual nuevo reto. Con el fin de mantenerla débil, Occidente “rentabilizó” dicha victoria y continuó practicando una “geopolítica de uno”: ampliando la OTAN, por caso, una decisión que, según expertos rusos, vulneró acuerdos sobre los que se habría pactado el final de la contienda.

Rusia se opuso a la intervención norteamericana y de la OTAN en Libia, Siria y Serbia, alegando que la integridad territorial de las naciones debe ser respetada. ¿Cómo justifica Moscú este doble estándar?

Rusia no se opuso a la intervención en Libia.

Me refiero a que su postura inicial fue renuente y debió ser persuadida diplomáticamente. El Ministro de Exteriores ruso Sergéi Lavrov dijo en su momento: «No vemos una intervención extranjera, más aún una militar, como un medio de resolver la crisis en Libia».

Sucede que la resolución que habilitó la intervención internacional, la 1973, planteaba un propósito que en los hechos fue suplido por otro basado en los intereses de Occidente. Ello hizo que en Siria Rusia no se mostrara dispuesto a autorizar una nueva intervención. Pero en intervenciones recientes, por caso, de Francia en África, Moscú no se opuso. En cuanto a los Balcanes, allí hubo intervención sin autorización de la ONU. En materia de doble estándar, diría que hay varios cuestiones del globo donde se puede apreciar esta política: recientemente, en ocasión de Crimea, Reino Unido ofreció una muestra concluyente de doble rasero: no al referéndum en Crimea, sí al de Malvinas. Ello deja en claro que las relaciones internacionales son relaciones de poder, no de derecho.

Putin ha declarado que la caída de la Unión Soviética fue la peor catástrofe geopolítica del siglo XX. Considerando que el siglo XX presenció dos guerras mundiales, ¿hay una desproporción en la afirmación del presidente ruso? ¿Qué revela esa frase acerca de su pensamiento?

La frase fue pronunciada en ocasión de la celebración del fin de la Segunda Guerra Mundial (Gran Guerra Patriótica en Rusia), en 2005. Según el historiador Roi Medvedev, los cuatro grandes hechos que explican el siglo XX son las dos guerras mundiales, el proceso de descolonización y el desplome de la URSS. Comparto esta visión. Pero también creo que la frase de Putin se inscribe en una necesidad de recuperar reconocimiento y deferencia internacional, que es lo que logró la URSS después de 1945.

¿A qué remite el concepto de “Nueva Rusia” que ha comenzado a ser mencionado con mayor frecuencia?

Considero que remite a una idea de reparación interestatal, y a la necesidad de alcanzar un desempeño más completo en cuanto gran poder: algo que vaya más allá de la acumulación militar. Otros agregarían el concepto de modernización, la asignatura pendiente en Rusia.

Standart & Poor degradó la nota de la deuda soberana rusa, en el primer trimestre se fugaron más de USD 60.000 millones (cifra igual al monto total de 2013), el rublo lleva perdiendo 10% de su valor respecto del dólar y la tasa del crecimiento del PBI ha caído apreciablemente. ¿Podemos afirmar que económicamente la intervención militar en Ucrania le está costando caro a Rusia? ¿Cómo repercutiría ello en la actitud de la masa popular, por un lado, y de los oligarcas pro-establishment, por el otro?

Las reservas de Rusia casi llegan a los 500.000 millones de dólares. Un número sin duda importante para afrontar situaciones serias. Hasta el momento, las sanciones económicas no han ido más allá de congelamiento de activos y cancelación de visados, algo que no hace mella en la economía rusa. Lo que sí afectaría a Rusia son los intercambios comerciales. Pero no veo voluntad, sobre todo de Europa y muy particularmente de Alemania, para avanzar en esta fase. El pueblo no siente las sanciones, pues están dirigidas a hombres del poder, que por ahora no se ven mayormente afectados. Ambos lo estarían si se pasara a la “fase 3” de las sanciones.

¿Cómo se conforma el mapa político europeo ante Rusia? ¿Está unida la postura de los veintiocho frente al Kremlin?

Considero que hay primacía de intereses nacionales por sobre unidad. El mayor poder económico europeo, Alemania, mantiene una excelente relación con Rusia y no está dispuesto a que se sacrifique esa relación. Los más preocupados son los más cercanos a Rusia, claro, Polonia, los países del Báltico, etc., que desean una posición de firmeza. Reino Unido es un apéndice estratégico no europeo sino euroatlántico, de modo que su postura también es de presión.

¿Ve usted un nexo entre la tibia respuesta de Washington a la crisis en Siria y la determinación rusa de invadir Crimea?

Bueno, Rusia no invadió Crimea, sino que allí por medio de un referéndum la población solicitó ser parte de la Federación Rusa. El nexo que observo se denomina política de poder, tanto en uno como en otro caso. En Siria no considero que existan muchas divergencias, pues observo que hay una aceptación en cuanto a preservar el factor “El Asad”, es decir, lo “menos peligroso” para la estabilidad regional.

En el pasado, Moscú ha defendido diplomáticamente a Siria y a Irán en la ONU, dos Estados parias a nivel global. ¿A qué se debe esta postura?

En el pasado y también en la actualidad. Considero que existieron razones de cuño básicamente geopolítico y de contrabalanceo, una técnica de poder ampliamente utilizada por poderes mayores.

¿Se atreve a un pronóstico sobre cómo continuará la política rusa frente a las naciones fronterizas aliadas a Occidente?

Entiendo usted se refiere a ex repúblicas soviéticas que desean ser parte de las estructuras económicas-estratégicas de Occidente. Pienso que Rusia no es un actor revolucionario como lo era la URSS. Pero sí considero que mantiene reflejos geopolíticos zaro-soviéticos. Desde estos términos, no permitirá que se ejerzan políticas de poder en su detrimento. Solamente esto puedo decir, pues Rusia, como decía Gógol, no ofrece respuestas sobre su futuro.

Televisivas

Debate en América TeVé – 24/06/15

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Canal: América tevé – EE.UU.
Tema: El reporte de la ONU sobre Gaza-Israel (24/5/15)
Programa: A mano limpia
Conductor: Félix Guillermo

Panelistas:
Desde Miami: Daniel Rivera, analista político español
Desde Buenos Aires: Julián Schvindlerman, analista político argentino

https://youtu.be/QHphPys9wI8
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Por Julián Schvindlerman

  

Las consecuencias, o ausencia de ellas, de ser un antisemita – 24/06/15

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Twitter, al igual que Facebook, algunos descubren tardíamente, puede ser un arma de auto-destrucción masiva. Si no, pregúntele a Guillermo Zapata, el ex okupa español devenido concejal madrileño quien días atrás perdió su puesto político apenas asumió funciones. ¿La razón de su caída? Unas bromas de pésimo gusto que twiteó unos años atrás. ¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un [Fiat] 600?», jocosamente preguntó a unos amigos. «En el cenicero» respondió. Ese mensaje venía a colación de otro comentario tarado twiteado por el cineasta español Nacho Vigalondo, quién al notar que tenía 50.000 seguidores exclamó exultante: «Ahora que tengo más de 50.000 followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!». Esa frase le costó su relación con el diario El País.

Ambos de disculparon públicamente y juraron no ser antisemitas. Aun así, perdieron sus trabajos ante la indignación colectiva que suscitaron. Pues tal como explicara en su momento Javier Moreno, director de El País: «Hay límites que no se pueden traspasar, y en este caso, los chistes superaron claramente la línea roja. No tienen defensa posible. Constituyen un insulto a los judíos y a cualquier persona honesta». Fue saludable ver al cuerpo político español en su conjunto, con la triste pero esperable excepción de algunos referentes de la ultra izquierda, expulsar sin miramientos a este par de imbéciles prejuiciosos del ámbito de lo socialmente aceptable.

Ahora bien. En la otra orilla del mar Mediterráneo, declaraciones radicales y agresivas como las de este dúo español son cotidianas, públicas, oficialmente sancionadas y muy raramente, por no decir nunca, denunciadas por las mismas personas que cuando cosas parecidas son dichas por sus compatriotas reaccionan, pero si son declaradas en tierras palestinas, árabes y musulmanas, hacen la vista gorda.

El presidente palestino Mahmoud Abbas se doctoró en una universidad soviética en 1982 con una tesis que minimizaba el genocidio judío en Europa y refería al Holocausto como «una fantasía sionista, una fantástica mentira». Fue recién el año pasado, tres décadas después, que Abbas por vez primera intentó corregir sus afirmaciones históricas al admitir que el Holocausto fue «el crimen más atroz que se ha producido en contra de la humanidad en la era moderna». Durante el proceso de paz, la negación del Holocausto fue vulgarmente promovida por el gobierno de Yasser Arafat. Por dar sólo uno de muchísimos ejemplos: un crucigrama publicado en el diario oficial palestino Al Hayat al Jadeeda en el clímax del proceso de paz ofrecía este acertijo: «¿Centro para la eternalización del Holocausto y las mentiras?: Yad Vashem» (el Museo del Holocausto de Israel). En Irán, tanto bajo la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad como la de Hassan Rohani se llevaron a cabo certámenes de caricaturas negadoras del Holocausto; las invitaciones a participar se ofrecían en farsi e inglés y se prometían premios materiales para los ganadores.

Además de la negación de la Shoá, la difamación de los judíos es recurrente en la calle palestina, árabe e islámica. En su «Carta de Alá», el documento fundacional del movimiento de resistencia islámico palestino, conocido como Hamas, se asegura que los judíos fueron responsables de crear las revoluciones francesa y bolchevique y se remite como verdad fáctica a la fábula antisemita, Los Protocolos de los Sabios de Sión. El propio Abbas proclamó en noviembre del año pasado -en un discurso que en los siguientes tres días fue emitido cerca de veinte veces en la televisión palestina- que él no permitiría que «nuestros lugares santos sean contaminados» por los israelíes que querían rezar en la Explanada del Templo, lugar sagrado para el judaísmo y el islam.

Y con demasiada frecuencia en el Medio Oriente, hay llamados a la aniquilación de Israel. Tiempo atrás, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, aseguró en relación a los judíos: «Si ellos se reúnen todos en Israel, nos ahorrarán la molestia de ir en pos de ellos en todo el mundo». Jibril Rajoub, titular de la Asociación de Fútbol Palestino y ex jefe de la Seguridad Preventiva en Cisjordania, al protestar contra Israel aseguró en mayo del 2013: «Juro, que si tuviéramos una bomba nuclear, la hubiéramos utilizado esta misma mañana».

Todo lo cual eleva unos simples interrogantes. ¿Por qué son castigados los judeófobos occidentales pero no los orientales? ¿Por qué, ante similares o peores exabruptos antijudíos, se paga un precio en Occidente pero no así en el Oriente? ¿Por qué para muchos occidentales la judeofobia es inadmisible en sus naciones pero perfectamente tolerable en los países meso-orientales?

La imprudencia de Zapata y Vigalondo no fue haber twiteado frases ofensivas contra los judíos, sino haberlas twiteado en España. Y aunque fue loable la reacción española, es desalentador saber que, de haber esos energúmenos insultado a los judíos en Nablus, Beirut o Teherán, a muy pocos les hubiera realmente importado.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Las consecuencias, o ausencia de ellas, de ser un antisemita – 23/06/15

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Twitter, al igual que Facebook, algunos descubren tardíamente, puede ser un arma de auto-destrucción masiva. Si no, pregúntele a Guillermo Zapata, el ex okupa español devenido concejal madrileño quien días atrás perdió su puesto político apenas asumió funciones. ¿La razón de su caída? Unas bromas de pésimo gusto que twiteó unos años atrás. “¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un [Fiat] 600?”, jocosamente preguntó a unos amigos. “En el cenicero” respondió. Ese mensaje venía a colación de otro comentario tarado twiteado por el cineasta español Nacho Vigalondo, quién al notar que tenía 50.000 seguidores exclamó exultante: “Ahora que tengo más de 50.000 followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!”. Esa frase le costó su relación con el diario El País.

Ambos de disculparon públicamente y juraron no ser antisemitas. Aun así, perdieron sus trabajos ante la indignación colectiva que suscitaron. Pues tal como explicara en su momento Javier Moreno, director de El País: “Hay límites que no se pueden traspasar, y en este caso, los chistes superaron claramente la línea roja. No tienen defensa posible. Constituyen un insulto a los judíos y a cualquier persona honesta”. Fue saludable ver al cuerpo político español en su conjunto, con la triste pero esperable excepción de algunos referentes de la ultra izquierda, expulsar sin miramientos a este par de imbéciles prejuiciosos del ámbito de lo socialmente aceptable.

Ahora bien. En la otra orilla del mar Mediterráneo, declaraciones radicales y agresivas como las de este dúo español son cotidianas, públicas, oficialmente sancionadas y muy raramente, por no decir nunca, denunciadas por las mismas personas que cuando cosas parecidas son dichas por sus compatriotas reaccionan, pero si son declaradas en tierras palestinas, árabes y musulmanas, hacen la vista gorda.
El presidente palestino Mahmoud Abbas se doctoró en una universidad soviética en 1982 con una tesis que minimizaba el genocidio judío en Europa y refería al Holocausto como “una fantasía sionista, una fantástica mentira”. Fue recién el año pasado, tres décadas después, que Abbas por vez primera intentó corregir sus afirmaciones históricas al admitir que el Holocausto fue “el crimen más atroz que se ha producido en contra de la humanidad en la era moderna”. Durante el proceso de paz, la negación del Holocausto fue vulgarmente promovida por el gobierno de Yasser Arafat. Por dar sólo uno de muchísimos ejemplos: un crucigrama publicado en el diario oficial palestino Al Hayat al Jadeeda en el clímax del proceso de paz ofrecía este acertijo: “¿Centro para la eternalización del Holocausto y las mentiras?: Yad Vashem” (el Museo del Holocausto de Israel). En Irán, tanto bajo la presidencia de Mahmoud Ahmadinejad como la de Hassan Rohani se llevaron a cabo certámenes de caricaturas negadoras del Holocausto; las invitaciones a participar se ofrecían en farsi e inglés y se prometían premios materiales para los ganadores.

Además de la negación de la Shoá, la difamación de los judíos es recurrente en la calle palestina, árabe e islámica. En su “Carta de Alá”, el documento fundacional del movimiento de resistencia islámico palestino, conocido como Hamas, se asegura que los judíos fueron responsables de crear las revoluciones francesa y bolchevique y se remite como verdad fáctica a la fábula antisemita, Los Protocolos de los Sabios de Sión. El propio Abbas proclamó en noviembre del año pasado -en un discurso que en los siguientes tres días fue emitido cerca de veinte veces en la televisión palestina- que él no permitiría que “nuestros lugares santos sean contaminados” por los israelíes que querían rezar en la Explanada del Templo, lugar sagrado para el judaísmo y el islam.

Y con demasiada frecuencia en el Medio Oriente, hay llamados a la aniquilación de Israel. Tiempo atrás, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, aseguró en relación a los judíos: “Si ellos se reúnen todos en Israel, nos ahorrarán la molestia de ir en pos de ellos en todo el mundo”. Jibril Rajoub, titular de la Asociación de Fútbol Palestino y ex jefe de la Seguridad Preventiva en Cisjordania, al protestar contra Israel aseguró en mayo del 2013: “Juro, que si tuviéramos una bomba nuclear, la hubiéramos utilizado esta misma mañana”.

Todo lo cual eleva unos simples interrogantes. ¿Por qué son castigados los judeófobos occidentales pero no los orientales? ¿Por qué, ante similares o peores exabruptos antijudíos, se paga un precio en Occidente pero no así en el Oriente? ¿Por qué para muchos occidentales la judeofobia es inadmisible en sus naciones pero perfectamente tolerable en los países meso-orientales?

La imprudencia de Zapata y Vigalondo no fue haber twiteado frases ofensivas contra los judíos, sino haberlas twiteado en España. Y aunque fue loable la reacción española, es desalentador saber que, de haber esos energúmenos insultado a los judíos en Nablus, Beirut o Teherán, a muy pocos les hubiera realmente importado.