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Comunidades, Comunidades - 2015

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Netanyahu, el Muftí y Hitler – 28/10/15

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No más Monsieur, no más Míster. En el cielo Alá, en la tierra Hitler – canción popular en boga en el mundo árabe a finales de la década de 1930

Benjamín Netanyahu causó una gran polémica la semana pasada al declarar que originalmente Adolf Hitler sólo quería expulsar a los judíos de Europa, pero que fue persuadido de exterminarlos por el Gran Muftí de Jerusalem, Haj Amín al-Husseini. Autoridades académicas de Israel, miembros de la sociedad civil, líderes de la oposición política, su propio ministro de defensa y, por supuesto, referentes palestinos, lo desmintieron. Angela Merkel indicó que «la responsabilidad del Holocausto es de Alemania» y el propio premier aclaró posteriormente: «No quise decir que absolvía a Hitler de su responsabilidad, sino que el fundador de la nación palestina quería destruir a los judíos incluso antes de que existiera la ocupación o los asentamientos».

Los políticos cometen gaffes y es bueno que el premier israelí haya corregido su afirmación inicial. Por su parte, era de esperar que los líderes palestinos buscaran castigar a Netanyahu y explotaran políticamente su frase en beneficio propio. Pero deberían cuidarse de no insistir demasiado con el tema, pues el veredicto de la historia a propósito de las actividades pro-nazis del principal líder palestino durante la Segunda Guerra Mundial es realmente fulminante.

El Tercer Reich invirtió considerable capital en las actividades del muftí y otros dignatarios árabes pro-nazis. Una porción del presupuesto de la cancillería alemana y las SS de Heinrich Himmler estaban asignadas a financiar actividades árabes pro-nazis, entre otras, las revueltas árabes que el muftí orquestó en 1936 en Palestina. Ya en 1937 Joseph Goebbels aduló la «concientización nacional y racial» de los árabes notando que «en Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con esvásticas y retratos de Hitler».

En 1941, al-Husseini fue recibido en Roma y en Berlín, respectivamente por Mussolini y Hitler. «Hay una similitud definitiva entre los principios del Islam y los principios del Nazismo» aseguró el líder palestino. A principios de la década de 1940 estableció un «instituto para la investigación en torno a la cuestión judía en el mundo musulmán», basado en un modelo alemán. En Berlín se albergó en una gran casa en la calle Klopstock, la que hasta 1939 había sido una escuela hebrea. Desde su base en Alemania, el muftí supervisó las políticas de propaganda, operaciones de espionaje, actos de sabotaje, y el reclutamiento de musulmanes a milicias pro-nazis en países ocupados por el Eje en el Norte de África y Rusia. Tenía a su disposición estaciones de radio en Berlín, Zeissen, Bari, Roma, Tokio y Atenas, desde las cuales conducía la propaganda pro-nazi hacia el Medio Oriente.

Los cuarteles del muftí en Ginebra y Estambul le permitían propagar sus actividades de espionaje a lo largo de todo el Medio Oriente, dónde tenía agentes en Palestina, Siria e Irak además de mantener contactos con agentes de inteligencia alemanes en Turquía. En 1940 solicitó a Alemania que «resuelva la cuestión de elementos judíos en Palestina y otros países árabes en concordancia con los intereses nacionales y raciales de los árabes y en líneas similares a aquellas empleadas para resolver la cuestión judía en Alemania e Italia». En 1943 al-Husseini instó al Tercer Reich que bombardee Tel-Aviv y Jerusalém en un «ataque [que] debe ser efectuado con una gran fuerza para que tenga un efecto duradero». Cuando las tropas de Rommel ingresaron a Nord África, el muftí no ocultó su agrado. En una carta fechada 4 de Julio de 1942, al-Husseini escribió: «Permítame, Führer, expresarle la sincera alegría del pueblo árabe y mis mejores deseos en la ocasión de la victoria del Eje en Nord África… El pueblo árabe continuará luchando a su lado contra el enemigo común hasta la victoria final».

Alemania correspondió la cortesía del muftí. En una carta con fecha Noviembre 2 de 1943, Himmler elogiaba la «alianza natural que existe entre el Nacional-Socialismo de la Gran Alemania y los musulmanes amantes de la libertad de todo el mundo». Anteriormente, en abril de 1942, el Ministro de Relaciones Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, envió una carta a «su eminencia» el muftí en la que declaraba la disposición de Alemania «para dar todo su apoyo a los países árabes oprimidos en su lucha por la destrucción del Hogar Nacional Judío en Palestina».

Desde Berlín, entre 1942 y 1944, al-Husseini trabajó sin cansancio para impedir el rescate de judíos de Hungría, Rumania, Bulgaria y Croacia. Un oficial alemán, Wilhelm Melchers, durante los Juicios de Nürenberg dijo que «El muftí era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó [el hecho de que] le gustaría verlos a todos liquidados». La comunidad judía mundial intentó, infructuosamente, en 1947 someter al muftí ante el Tribunal de Nürenberg bajo cargos de criminal de guerra a partir de su involucramiento en los planes genocidas hitlerianos. Haj Amín al-Husseini murió como hombre libre, por muerte natural, en Beirut en el año 1974.

Netanyahu erró al exagerar la influencia del muftí palestino sobre Hitler durante la guerra. Su aseveración, no obstante, tuvo el beneficio de volver a echar luz sobre el papel genocida jugado por la máxima autoridad palestina de la época y por forzarnos a recordar cuan añeja es, y que tan profundamente cala, la hostilidad palestina a la existencia judía en Tierra Santa.

El Liberal

El Liberal

Por Julián Schvindlerman

  

Otra inútil y caprichosa intifada – 17/10/15

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En el oficio del creador no hay lugar para los débiles. Las frustraciones, el maltrato y la pobreza suelen ser las compañías más fieles de los artistas. Incluso los consagrados han debido padecer penurias a lo largo del arduo derrotero hacia la fama. “Diez años y en Alemania nadie ha considerado como un deber de conciencia defender mi nombre contra el silencio inexplicable bajo el que yacía sepultado” escribió Friedrich Nietzsche a fines del siglo XIX. El siglo siguiente otros autores también padecieron las inclemencias del mercado editorial. La Noche de Elie Wiesel debió sortear múltiples negativas antes de convertirse en el texto fundamental que dio inicio al género de literatura del Holocausto. La conjura de los necios fue rechaza tan seguidamente en los Estados Unidos que su autor, John Kennedy Toole, se suicidó en 1969, a los treinta y dos años de edad. Once años más tarde la novela fue publicada y en 1981 recibió el premio Pulltizer. En busca del tiempo perdido de Marcel Proust fue declinada por la editorial francesa Gallimard, El juguete rabioso de Roberto Arlt fue inicialmente ignorada por las editoriales argentinas y el español Carlos Barral se hizo un nombre para la historia como el editor que descartó Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
Jack Canfield, Mark Victor Hansen y Bud Gardner brindaron otros ejemplos en un libro dedicado a los escritores. En 1889, dieciocho años antes de que recibiera el premio Nobel de Literatura, The San Francisco Examiner envió esta escueta carta de rechazo a Rudyard Kipling: “Lo lamentamos, Sr. Kipling, pero usted simplemente no sabe usar el idioma inglés”. Alex Haley, el autor de Raíces, recibió un rechazo por semana durante cuatro años mientras pujaba por hacerse un nombre como escritor y, deprimido, estuvo a punto de lanzarse al mar desde un barco en el océano Pacífico. Una vez publicada, su obra fue un bestseller mundial y se realizó una serie para la televisión que fue un hit masivo. Richard Bach vio como dieciocho editoriales declinaron publicar su novela Juan salvador gaviota antes de que Macmillan la aceptara: vendió millones de ejemplares. Después de trabajar durante ocho años en su libro y de recibir varios rechazos, finalmente la cocinera Julia Child logró publicar Mastering the art of French cooking: vendió más de un millón de ejemplares, llegó a la portada de Time y se hizo una película sobre ella. La primera novela de John Grisham, A time to kill, fue desechada por quince editoriales y treinta agentes literarios no quisieron representarlo. Ocho años después de haber obtenido el National Book Award por su libro Steps, Jerzy Kosinski autorizó a un autor desconocido a que presentara el manuscrito de su obra con un título diferente a trece agentes literarios y catorce editoriales. Todos lo rechazaron, incluso Random House, que había publicado la novela original.
Osvaldo Soriano, autor de No habrá más penas ni olvido, acumuló tal furia contra sus editores a lo largo de su carrera que en 1991 publicó en Página12 una serie de tres artículos en los que reunía anécdotas miserables del gremio editorial: las peleas terribles entre Louis-Ferdinand Céline y su editor Gaston Gallimard, una cita de Goethe sobre los editores “son hijos del diablo”, el consejo de Ernst Hemingway a su hijo “nunca confíes en un editor” y escenas de la vida conyugal entre el autor y el editor tales como la del chileno Ariel Dorfman reclamando, revolver en mano, el pago de regalías a una editorial, la del francés Georges Darien persiguiendo con un hacha a un editor que no le publicó una novela y una carta triste del italiano Emilio Salgari -enviada a sus editores el mismo día que se quitó la vida- haciéndolos responsables por su ruina.
Así es que cada libro contiene dos historias. Una es la visible, aquella relatada por el autor y que nos identifica o nos enfurece o nos aburre o nos enaltece. Y otra es la historia oculta, dulce o amarga, del propio escritor y del propio libro, aquella historia no narrada pero que como una sombra espectral sobrevuela cada una de sus páginas. A veces, una es tan conmovedora como la otra.

Una versión más amplia de esta nota fue originalmente publicada en Comunidades.

El Nuevo Herald

El Nuevo Herald

Por Julián Schvindlerman

  

La intifada de la mentira – 17/10/15

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Los acontecimientos en Israel y Palestina se suceden con extrema velocidad. Antes de que nos percatemos, nos vemos sobrepasados por una avalancha de información que desorienta. Por varios días ya, jóvenes palestinos, aparentemente desvinculados de agrupaciones terroristas, han estado atacando a israelíes con piedras, puñales, destornilladores, bombas molotov y los han embestido con sus vehículos, en un frenesí de violencia radical que preanuncia una nueva, tercera, intifada. Quizás estemos en ese momento bisagra a partir del cual todo empeora, en el que cada día arroja otra tragedia que se suma a la del día anterior, dando forma a un ciclo de violencia cada vez mayor, difícil de parar y menos aún de comprender. Es este, entonces, el momento justo para preguntarnos cómo ha comenzado este lío. Prestemos atención ahora, antes de que -atrapados en el tsunami de datos, análisis, opiniones- olvidemos la génesis, enteramente evitable, de este festival de odio
insensato.

Todo empezó con una mentira. Una mentira flagrante, malintencionada y peligrosa, lanzada con descaro por líderes palestinos y árabes-israelíes. En las vísperas del Año Nuevo judío, miembros del Movimiento Islámico en Israel se atrincheraron, armados, en la Mezquita Al-Aqsa, a la espera de que religiosos judíos fuesen a rezar a la explanada que las alberga para atacarlos. (Las mezquitas fueron construidas sobre las ruinas del templo hebreo edificado por el Rey Salomón). La policía israelí los dispersó y la patraña surgió: los judíos quieren dañar las mezquitas santas del islam. Arrojar semejante acusación infundada en la región más religiosa y conflictiva del mundo es un acto de irresponsabilidad e incitación extraordinario. Eso sólo bastó para encender la mecha. Luego, el gobierno palestino en Cisjordania, Hamas en Gaza, y parlamentarios árabes y miembros del Movimiento Islámico de Israel echaron más leña al fuego con otras provocaciones.

El jeque Muhamad Sallah instó, cuchillo en mano, desde el atrio de la mezquita Al-Abrar en la Franja de Gaza: “¡Apuñalen! Oh jóvenes de Cisjordania… córtenlos en partes”. El parlamentario de Hamas, Mushir Al-Masri, blandiendo un puñal clamó ante una multitud en Khan Yunis: “El puñal es nuestra elección. El puñal simboliza la batalla de Cisjordania y Jerusalén”. La agrupación Fatah, del presidente palestino Mahmoud Abbas, publicó folletos que celebran como “mártires” a palestinos que han asesinado a israelíes; los folletos llevan las fotos de Abbas y Arafat. Integrantes del Comité Central de Fatah, entre ellos Nabil Shaath, ex negociador principal de la Autoridad Palestina, fueron a dar sus condolencias a la familia de Mohamed Halabi, quien días antes mató a dos israelíes. La Asociación de Abogados Palestinos concedió una membresía honoraria post-mórtem a este joven matador. Los parlamentarios árabe-israelíes Hanin Zohabi, Basel Ghattas y Ayman Odeh participaron en manifestaciones palestinas en las que se coreó «sacrificaremos nuestras vidas por la Mezquita Al-Aqsa».

Y en las vísperas de que todo estallara, el presidente palestino, desde el podio de las Naciones Unidas, anunció dramáticamente al mundo entero que los Acuerdos de Oslo -los que rigieron las relaciones palestino-israelíes por las últimas dos décadas- estaban caducos.

Recordemos este momento. Recordemos este instante en que la hoguera fue encendida. Recordemos quién la prendió y quien alentó su difusión. Antes de que las llamas de la violencia se hayan elevado a proporciones infernales y muchas más familias de palestinos e israelíes queden enlutadas por sus muertos, antes de que la prensa internacional nos inunde con sus reportes y las naciones del mundo envíen a sus diplomáticos con urgencia, recordemos. Recordemos cómo empezó esta nueva, caprichosa, inútil y mentirosa intifada.

ABC Color (Paraguay)

ABC Color (Paraguay)

Por Julián Schvindlerman

  

La intifada de la mentira – 16/10/15

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Los acontecimientos en Israel y Palestina se suceden con extrema velocidad. Antes de que nos percatemos, nos vemos sobrepasados por una avalancha de información que desorienta. Por varios días ya, jóvenes palestinos, aparentemente desvinculados de agrupaciones terroristas, han estado atacando a israelíes con piedras, puñales, destornilladores, bombas molotov y los han embestido con sus vehículos, en un frenesí de violencia radical que preanuncia una nueva, tercera, intifada. Quizás estemos en ese momento bisagra a partir del cual todo empeora, en el que cada día arroja otra tragedia que se suma a la del día anterior, dando forma a un ciclo de violencia cada vez mayor, difícil de parar y menos aún de comprender. Es este, entonces, el momento justo para preguntarnos cómo ha comenzado este lío. Prestemos atención ahora, antes de que -atrapados en el tsunami de datos, análisis, opiniones- olvidemos la génesis, enteramente evitable, de este festival de odio
insensato.

Todo empezó con una mentira. Una mentira flagrante, malintencionada y peligrosa, lanzada con descaro por líderes palestinos y árabes-israelíes. En las vísperas del Año Nuevo judío, miembros del Movimiento Islámico en Israel se atrincheraron, armados, en la Mezquita Al-Aqsa, a la espera de que religiosos judíos fuesen a rezar a la explanada que las alberga para atacarlos. (Las mezquitas fueron construidas sobre las ruinas del templo hebreo edificado por el Rey Salomón). La policía israelí los dispersó y la patraña surgió: los judíos quieren dañar las mezquitas santas del islam. Arrojar semejante acusación infundada en la región más religiosa y conflictiva del mundo es un acto de irresponsabilidad e incitación extraordinario. Eso sólo bastó para encender la mecha. Luego, el gobierno palestino en Cisjordania, Hamas en Gaza, y parlamentarios árabes y miembros del Movimiento Islámico de Israel echaron más leña al fuego con otras provocaciones.

El jeque Muhamad Sallah instó, cuchillo en mano, desde el atrio de la mezquita Al-Abrar en la Franja de Gaza: “¡Apuñalen! Oh jóvenes de Cisjordania… córtenlos en partes”. El parlamentario de Hamas, Mushir Al-Masri, blandiendo un puñal clamó ante una multitud en Khan Yunis: “El puñal es nuestra elección. El puñal simboliza la batalla de Cisjordania y Jerusalén”. La agrupación Fatah, del presidente palestino Mahmoud Abbas, publicó folletos que celebran como “mártires” a palestinos que han asesinado a israelíes; los folletos llevan las fotos de Abbas y Arafat. Integrantes del Comité Central de Fatah, entre ellos Nabil Shaath, ex negociador principal de la Autoridad Palestina, fueron a dar sus condolencias a la familia de Mohamed Halabi, quien días antes mató a dos israelíes. La Asociación de Abogados Palestinos concedió una membresía honoraria post-mórtem a este joven matador. Los parlamentarios árabe-israelíes Hanin Zohabi, Basel Ghattas y Ayman Odeh participaron en manifestaciones palestinas en las que se coreó «sacrificaremos nuestras vidas por la Mezquita Al-Aqsa».

Y en las vísperas de que todo estallara, el presidente palestino, desde el podio de las Naciones Unidas, anunció dramáticamente al mundo entero que los Acuerdos de Oslo -los que rigieron las relaciones palestino-israelíes por las últimas dos décadas- estaban caducos.

Recordemos este momento. Recordemos este instante en que la hoguera fue encendida. Recordemos quién la prendió y quien alentó su difusión. Antes de que las llamas de la violencia se hayan elevado a proporciones infernales y muchas más familias de palestinos e israelíes queden enlutadas por sus muertos, antes de que la prensa internacional nos inunde con sus reportes y las naciones del mundo envíen a sus diplomáticos con urgencia, recordemos. Recordemos cómo empezó esta nueva, caprichosa, inútil y mentirosa intifada.

Infobae, Infobae - 2015

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Una intifada caprichosa e inútil – 16/10/15

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Los acontecimientos en Israel y Palestina se suceden con extrema velocidad. Antes de que nos percatemos, nos vemos sobrepasados por una avalancha de información que desorienta. Por varios días ya, jóvenes palestinos, aparentemente desvinculados de agrupaciones terroristas, han estado atacando a israelíes con piedras, puñales, destornilladores, bombas molotov y los han embestido con sus vehículos, en un frenesí de violencia radical que preanuncia una nueva, tercera, intifada. Quizás estemos en ese momento bisagra a partir del cual todo empeora, en el que cada día arroja otra tragedia que se suma a la del día anterior, dando forma a un ciclo de violencia cada vez mayor, difícil de parar y menos aún de comprender. Es este, entonces, el momento justo para preguntarnos cómo ha comenzado este lío. Prestemos atención ahora, antes de que -atrapados en el tsunami de datos, análisis, opiniones- olvidemos la génesis, enteramente evitable, de este festival de odio
insensato.

Todo empezó con una mentira. Una mentira flagrante, malintencionada y peligrosa, lanzada con descaro por líderes palestinos y árabes-israelíes. En las vísperas del Año Nuevo judío, miembros del Movimiento Islámico en Israel se atrincheraron, armados, en la Mezquita Al-Aqsa, a la espera de que religiosos judíos fuesen a rezar a la explanada que las alberga para atacarlos. (Las mezquitas fueron construidas sobre las ruinas del templo hebreo edificado por el Rey Salomón). La policía israelí los dispersó y la patraña surgió: los judíos quieren dañar las mezquitas santas del islam. Arrojar semejante acusación infundada en la región más religiosa y conflictiva del mundo es un acto de irresponsabilidad e incitación extraordinario. Eso sólo bastó para encender la mecha. Luego, el gobierno palestino en Cisjordania, Hamas en Gaza, y parlamentarios árabes y miembros del Movimiento Islámico de Israel echaron más leña al fuego con otras provocaciones.

El jeque Muhamad Sallah instó, cuchillo en mano, desde el atrio de la mezquita Al-Abrar en la Franja de Gaza: “¡Apuñalen! Oh jóvenes de Cisjordania… córtenlos en partes”. El parlamentario de Hamas, Mushir Al-Masri, blandiendo un puñal clamó ante una multitud en Khan Yunis: “El puñal es nuestra elección. El puñal simboliza la batalla de Cisjordania y Jerusalén”. La agrupación Fatah, del presidente palestino Mahmoud Abbas, publicó folletos que celebran como “mártires” a palestinos que han asesinado a israelíes; los folletos llevan las fotos de Abbas y Arafat. Integrantes del Comité Central de Fatah, entre ellos Nabil Shaath, ex negociador principal de la Autoridad Palestina, fueron a dar sus condolencias a la familia de Mohamed Halabi, quien días antes mató a dos israelíes. La Asociación de Abogados Palestinos concedió una membresía honoraria post-mórtem a este joven matador. Los parlamentarios árabe-israelíes Hanin Zohabi, Basel Ghattas y Ayman Odeh participaron en manifestaciones palestinas en las que se coreó «sacrificaremos nuestras vidas por la Mezquita Al-Aqsa».

Y en las vísperas de que todo estallara, el presidente palestino, desde el podio de las Naciones Unidas, anunció dramáticamente al mundo entero que los Acuerdos de Oslo -los que rigieron las relaciones palestino-israelíes por las últimas dos décadas- estaban caducos.

Recordemos este momento. Recordemos este instante en que la hoguera fue encendida. Recordemos quién la prendió y quien alentó su difusión. Antes de que las llamas de la violencia se hayan elevado a proporciones infernales y muchas más familias de palestinos e israelíes queden enlutadas por sus muertos, antes de que la prensa internacional nos inunde con sus reportes y las naciones del mundo envíen a sus diplomáticos con urgencia, recordemos. Recordemos cómo empezó esta nueva, caprichosa, inútil y mentirosa intifada.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista con Vis-a-Vis – 13/10/15

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¿A qué situación geo-política y social atribuís está ola de ataques que se desató en Israel hace dos semanas?

La génesis es un clima caldeado local y regionalmente además de la provocación intencional. El disparador fue el atrincheramiento de miembros del movimiento islámico de Israel en la mezquita Al-Aqsa para atacar a religiosos judíos en Rosh Hashaná y la respuesta de la policía israelí que fue presentada falsamente por los palestinos como un ataque a los lugares santos del islam. Luego está la decisión de la Autoridad Palestina, de Hamas, y de parlamentarios árabe-israelíes de incitar a los palestinos a “defender Al-Aqsa”, de aupar a los asesinos como mártires y de no condenar la violencia.

¿Cuánto tiene que ver la renuncia de Abbas a la dirección de la OLP y su posterior declaración en la Asamblea General de las ONU de que la Autoridad Palestina renunciará a los Acuerdos de Oslo?

Creo que tiene mucho que ver pues al desentenderse de los acuerdos que guiaron las relaciones palestino-israelíes por dos décadas, Abbas ha creado un vacío que se llenó de anarquía. Abbas no canceló la cooperación de seguridad, de la que su supervivencia depende, ni renunció a los montos por impuestos que Israel recolecta y le pasa, que hacen al 70% de su presupuesto, más bien fue un anuncio simbólico que buscó generar presión política sobre Israel. Pero fue también una patada a la mesa de negociaciones y dio lugar a la violencia, que la propia AP y él mismo promovieron.

La embajadora de Israel en Argentina, Dorit Shavit aseguró que Abbas está incitando a la violencia con su silencio y su falta de condena ¿Estás de acuerdo? ¿Por qué?

Coincido. Al no condenar la violencia homicida contra israelíes, Abbas esencialmente le está dando un pase libre. El mensaje que da a su pueblo es que está bien apuñalar a israelíes, que no es algo merecedor de reprobación por parte del gobierno palestino. Pero como indiqué, es peor que eso, pues figuras políticas palestinas han incitado a la violencia. Fatah acaba de publicar un folleto, con las fotos de Abbas y Arafat, en el que aplaude a Mohamed Halabi, un simpatizante de la Jihad Islámica Palestina que mató a israelíes. Y desde Gaza, un jeque ha instado a acuchillar israelíes en Cisjordania, mientras blandía un puñal desde el atril de la mezquita.

¿Cómo crees que está actuando Israel ante estos hechos violentos? ¿Consideras que deben tomar medidas más drásticas para defender a sus ciudadanos?

Creo que ha dado una respuesta correcta en un contexto de sorpresa pero deberá reforzar las medidas. Es difícil responder a casos del tipo lobo-solitario, pues son repentinos y no responden a una organización. Requiere estar alerta y contar con mucha presencia policial en las calles. Seguramente esta situación redundará en mayores controles fronterizos y un aumento de las medidas de seguridad.

En un corto plazo ¿Estos ataques se van a intensificar? la Autoridad Palestina ¿va a poner un freno?

No puedo responder que sucederá a futuro. Sí recordar que las previas intifadas comenzaron con una sucesión de actos de agresión que degeneraron en un levantamiento mayor. Un analista norteamericano tipificaba esta agresión de masas como un brote psicótico colectivo palestino, seducido por la sangre enemiga. Mucho dependerá de la respuesta que den las autoridades palestinas, respuesta que hasta ahora ha sido decepcionante.

Infobae, Infobae - 2015

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

El triángulo Rusia-Siria-EE.UU. – 09/10/15

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¿Pueden los hacedores de política de esta Casa Blanca estar tan desoladoramente despistados en su evaluación sobre las intenciones de Rusia en Siria? Dejemos que respondan con su propio eslogan de campaña: “Yes, we can”. Vea las reacciones de Ashton Carter, el secretario de Defensa del país militar, política y económicamente más poderoso de la Tierra, ante las agresiones bélicas inconsultas de Moscú en Siria: “Quiero ser muy cauto en esto. Pero pienso que, con sus acciones, Rusia está echando más leña al fuego”, “Quiero ser cuidadoso, pero parece que [el ataque] sucedió en áreas donde no había fuerzas del Estado Islámico (EI)”.

Esta es una administración que quiere ser cauta y cuidadosa frente a un rival asertivo, ambicioso y violento como Vladimir Putin. Así le va. Incluso un híper obamista como Thomas Friedman del New York Times, en una nota que empieza con un alegato: “Su señoría, salgo nuevamente en defensa de la política del presidente Barack Obama hacia Siria”, debe reconocer que el presidente estadounidense padece ambivalencia. Ante los pronunciamientos adolescentes de Obama en el recinto de la ONU, dichos antaño y la semana pasada —“Ninguna nación puede o debería intentar dominar a otra nación” y “Las naciones del mundo no pueden retornar a los viejos hábitos del conflicto y la coerción”—, el jefe del Kremlin ha de destornillarse de risa. Entre carcajadas, invade Ucrania e interviene en Siria. Ay, sin aprobación de la ONU.

¿Qué busca Putin en Siria? Fundamentalmente, mantener a Bashar al Assad en el poder. Rusia tiene muchos intereses en aquel país: estratégicos, culturales y económicos. El régimen de Assad ha sido el aliado más cercano de Moscú en el mundo árabe por más de 40 años. Durante la Guerra Fría, decenas de miles de rusos se trasladaron a Siria, mientras que las élites sirias estudiaban en las mejores escuelas rusas. Los matrimonios mixtos eran comunes y, al momento del levantamiento sirio, se estima que cien mil ciudadanos rusos vivían allí. Moscú también es un proveedor de armas de Damasco y compañías rusas han invertido aproximadamente 20 mil millones de dólares en esas tierras. Abandonar a Assad supondría renunciar a estas inversiones. Es difícil imaginar un nuevo Gobierno tan amigable a Moscú en una era pos-Assad.

La experta Anna Borshchevskaya indicó en una lúcida nota en Foreign Policy que Siria es el punto de apoyo más importante de Rusia en la región, bordeando el Mediterráneo, Israel, Líbano, Turquía, Jordania e Irak. “Putin ha hecho de la expansión del poderío naval ruso un pilar de su tercer mandato presidencial, y la caída de Assad significaría perder la única base militar de Rusia fuera del espacio postsoviético; un centro de reabastecimiento naval en el puerto de Tartus”, observa. El apoyo a Assad figura además dentro de los planes de Putin de desafiar a Occidente. De hecho, Moscú ha sido un firme partidario de Assad desde el comienzo de la insurrección siria en marzo de 2011. Ha apuntalado al régimen de Damasco con armas, asesores, préstamos económicos y cobertura política en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora Putin decidió involucrar a su patria en la guerra civil con su aparato militar.

“Debemos reconocer que no puede haber, después de semejante derramamiento de sangre, de semejante carnicería, una vuelta al statu quo previo a la guerra”, dice Obama. “Creemos que es un enorme error rehusarse a cooperar con el Gobierno sirio y sus fuerzas armadas”, asegura Putin. Mientras que el estadounidense vacila y cuando actúa, lo hace sin convicción, el ruso envía aviones de combate, misiles aire-aire y baterías antiaéreas. “¿Contra un Estado Islámico que no tiene fuerza aérea, aviones o helicópteros?”, se preguntaba el analista Charles Krauthammer en el Washington Post. No, Putin no está en Siria para luchar contra estos yihadistas. Él anhela destruir a la oposición moderada a Assad, de modo que sólo permanezca el EI como alternativa al régimen damasceno, para forzar de ese modo a Occidente a una elección clara. Tal es así que durante las primeras 48 horas de bombardeos solamente ha atacado campamentos de rebeldes entrenados por la CIA. Y lo ha hecho inmediatamente después de haberse reunido con Obama, en el primer encuentro formal tras la marginación mundial que siguió a la aventura bélica rusa en Ucrania.

Putin sabe que Obama es un líder fláccido. Un estadista que advierte: “Assad debe irse” y que indica que el uso de armas químicas es una “línea roja”, pero hace muy poco por una u otra cosa. Putin sabe que Obama es un hombre fácil de embaucar, de hacerle creer que recompensar el mal comportamiento de Irán, por ejemplo, hará, contra todo pronóstico, que Teherán mejore su inconducta. Putin sabe que Obama quiere irse de Medio Oriente y pretende aprovechar cada centímetro de espacio cedido gratuitamente por Washington en la región más estratégica del globo. Putin sabe que cuenta aun hasta entrado el 2017 para pasar por arriba a los Estados Unidos hasta que este presidente parta. La anexión de Ucrania, la intervención en Siria y la negociación con Irán pueden haber sido sólo las entradas de la cena que Vladimir está preparando. Mientras, Obama ni siquiera es un comensal invitado.

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

A las puertas de una tercera intifada Palestina – 09/10/15

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Entrevista con Julián Schvindlerman

–¿Cuál es el origen de esta escalada de violencia?

–Principalmente es el resultado de un clima enrarecido por la paralización del proceso de paz, la incitación antiisraelí de la Autoridad Palestina, el contexto de un Oriente Medio muy agitado y la indiferencia mundial al conflicto por otras urgencias globales.

–¿Es posible una tercera Intifada palestina?

–Desafortunadamente, es posible. Estos últimos días hubo un recrudecimiento de los ataques palestinos con cuchillos, destornilladores, piedras y cócteles molotov contra civiles y soldados israelíes que, por su virulencia y repetitividad, recuerda los orígenes de la pasada Intifada. Lamentablemente, la Autoridad Palestina no está haciendo un esfuerzo en contener estos acontecimientos.

–¿Cree que Abas desmantelará la ANP e Israel se tendrá que hacer cargo de Cisjordania?

–Es una amenaza de larga data del presidente palestino. La reiteró sutilmente en su discurso en la ONU cuando afirmó: «No podemos seguir sometidos a esos acuerdos firmados», en referencia a los Acuerdos de Oslo y agregó que Israel «debe asumir plenamente toda su responsabilidad como potencia ocupante». ¿Significa esto que anulará la cooperación de seguridad entre las fuerzas palestinas y las israelíes, de la que su propia supervivencia depende? ¿Renunciará a los impuestos recaudados por Israel, el 70% del presupuesto de la AP? Creo que Abas busca asustar a la comunidad internacional para que presione al Gobierno israelí.

*Analista experto en Oriente Medio.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Hanna Węgrzynek – 10/15

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Especialista principal del Departamento de Investigación y Publicaciones
Museo de la Historia de los Judíos Polacos

Entrevistó Julián Schvindlerman

Año 7. No. 61Por favor cuéntenos sobre usted y su rol en el Museo.

Hago investigaciones sobre la historia judía en Polonia en el Departamento de Historia de la Universidad de Varsovia. Dediqué este tema a mi doctorado. De 1996 a 2013 fui miembro del equipo de investigación en el Instituto Histórico Judío en Varsovia haciendo investigaciones sobre la historia judía en Polonia y en la realización de actividades educativas sobre el mismo tema. Desde 2013 trabajo en el Museo de la Historia de los Judíos Polacos. Soy responsable de proyectos de investigación llevados a cabo en el Museo.

Estuve también entre los historiadores que prepararon la primera concepción de la línea narrativa para el Museo en 1996. A partir de 2011 pasé a ser uno de los vicepresidentes de la comisión auditora de la Asociación de Instituto Histórico Judío responsable de la preparación de la exposición central del Museo.

¿Cómo fue la génesis de este museo?

El Museo de la Historia de los Judíos de Polonia abrió sus puertas al público en abril de 2013. En la actualidad funciona como un centro cultural y educativo con un rico programa cultural, que incluye exposiciones temporales, películas, debates, talleres, representaciones, conciertos, conferencias y mucho más.

Formalmente fundado en 2005 por la Asociación del Instituto Histórico Judío de Polonia, la Ciudad de Varsovia y el Ministerio de Cultura y el Patrimonio Nacional, el museo es una iniciativa única y sin precedentes, que abarca muchos campos de la investigación y el aprovechamiento de los conocimientos de los expertos y profesionales de museos de todo el mundo. También trabajamos con la comunidad en general para crear un lugar vibrante de intercambio y diálogo, donde todos tengan la oportunidad de expresar sus opiniones, hacer  preguntas y crecer.

¿Alguna concepción simbólica en su Arquitectura?

El museo se encuentra en lo que fue el corazón de los judíos de Varsovia; una zona que los nazis convirtieron en el gueto de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. Esta ubicación significativa, junto con la proximidad del museo al Monumento a los Héroes del Gueto, exigió seriedad extrema por parte de los diseñadores de la construcción, que cuidadosamente crearon una estructura que se ha convertido en un símbolo de la nueva cara
de Varsovia. El diseño por el estudio finlandés Lahdelma & Mahlamäki fue seleccionado en un concurso internacional. En 2008, con el edificio aún en construcción, recibió el prestigioso Premio Ateneo Internacional de Arquitectura de Chicago.

Hace poco abrieron la Exhibición Central ¿Cierto?

La Exposición Central, inaugurada el mes de octubre de 2014, es un viaje a través de mil años de la historia de los judíos polacos, desde la Edad Media hasta la actualidad. Los visitantes encontrarán respuestas a preguntas del tipo: ¿cómo llegaron los judíos a Polonia? ¿Cómo Polonia se convirtió en el centro de la diáspora judía y el hogar de la mayor comunidad judía en el mundo? ¿Cómo está la vida judía siendo revivida?

La exposición se compone de ocho galerías, repartidas en una superficie de 4.000 metros cuadrados, sobre la presentación del patrimonio y la cultura de los judíos polacos, que sigue siendo una fuente de inspiración para Polonia y para el mundo. Las galerías retratan las fases sucesivas de la historia, a partir de las leyendas de la llegada, los inicios de la colonización judía en Polonia y en el desarrollo de la cultura judía. Mostramos la diversidad social, religiosa y política de los judíos polacos, destacando dramáticos acontecimientos del pasado, el Holocausto y concluyendo con la época contemporánea.

Presentamos mil años de convivencia judeo-polaca, hablamos de la cooperación, la rivalidad y los conflictos, de la autonomía, la integración y la asimilación. Si bien se busca hacer frente a cuestiones espinosas, también se pretende llamar la atención a los capítulos brillantes de nuestra historia común.

¿Cómo está organizada esta exhibición?

La Exposición Central es una narración: los visitantes son arrastrados a una historia contada por los artefactos, las pinturas, las instalaciones interactivas, las reconstrucciones y las maquetas, las proyecciones de vídeo, los sonidos y las palabras. Nuestra atención se centra en la vida, por lo tanto, en cada etapa del viaje nos esforzamos por permanecer cerca de la vida al permitir que la gente hable: comerciantes judíos, académicos o artistas de una determinada época, rabinos, amas de casa, políticos, cronistas y revolucionarios. Les damos la palabra a los que perecieron ya los que sobrevivieron.

¿Qué temas de investigación encara su departamento?

El Departamento de Publicaciones, investiga y difunde el conocimiento sobre la historia de los judíos polacos. Aplicamos la investigación, tanto especializada y general. Organizamos debates y conferencias de paneles abiertos por autoridades reconocidas en el campo de los estudios judíos de todo el mundo. El departamento colabora con las instituciones de investigación y museos de todo el mundo. Nuestra tarea asegura que la información proporcionada a nuestros visitantes cumpla con los más altos estándares, creemos que es una contribución sólida ala historiografía judía. También ofrecemos acceso a ricas colecciones de la biblioteca del museo, incluyendo las obras más importantes referidas a estudios judaicos, y estamos a cargo de programa de publicaciones del museo.

¿Cómo describiría la relación de Polonia con los judíos luego del Holocausto?

De los 3.3 millones de judíos que vivían en Polonia antes de la guerra, sólo el diez por ciento sobrevivió. Algunos de ellos sobrevivieron en la clandestinidad y otros en los campos de concentración, pero la mayoría lo hizo a través de la guerra en la Unión Soviética. A pesar de las dificultades, las posibilidades de supervivencia eran incomparablemente mayores que bajo la ocupación alemana. La mayoría de los 250.000-300.000 judíos que se encontraban en Polonia después de la guerra se fue. Alrededor de 150.000 emigraron en 1945 y 1946, yen 1947 sólo una minoría permaneció.
Salvo en raras ocasiones podían los judíos volver a sus antiguos hogares, ya que los que ahora residían allí consideraban la ausencia de sus propietarios luego de la guerra un hecho consumado y consecuencia de la ocupación alemana. Por lo tanto, los vecinos polacos trataron el retorno de los judíos como una «invasión», y los que trataron de regresar pusieron en riesgo sus vidas.

Un hecho trágico fue el pogromo que estalló en Kielce el 4 de julio de 1946. Más de cuarenta personas fueron brutalmente asesinadas por una turba. Cuando las noticias del pogromo se esparcieron, el gobierno y la Iglesia Católica culparon diversamente a los anti-comunistas, a los comunistas, o incluso a los propios judíos, citando su prominencia en el aparato de poder comunista. La emigración judía aumentó. Muchos de los que se quedaron en Polonia albergaban la esperanza de que el comunismo produjera una sociedad más justa y pusiera fin al antisemitismo. Los judíos intentaron reconstruir la vida judía en Polonia. Establecieron orfanatos y escuelas y organizaron cursos de formación profesional y de comercio. Comunistas judíos con entusiasmo  suscribieron a la ideología oficial de «productivization»-hacer de los judíos, trabajadores-mientras que los sionistas también organizaron la capacitación agrícola y otros cursos para preparar a los futuros pioneros dela Tierra de Israel, tal como lo habían hecho antes de la guerra.

Activistas judíos querían recrearlos partidos y las instituciones judías anteriores a la guerra. Hasta 1948, un período relativamente liberal, la vida judía fue asombrosamente diversa, a pesar de la negativa de las autoridades en legalizar el ala derecha sionista y el Agudas Yisrael, el partido religioso.

La institución judía más importante durante los años de la posguerra fue el Comité Central de los Judíos en Polonia (CKŻP), que abordó prácticamente todos los aspectos de la vida judía -escuelas, vivienda, empleo, orfanatos, salud, bienestar social, cultura y emigración.

Dos Naye lebn (Nueva Vida en yiddish), el título de su periódico, capta la misión de la organización: reconstruir la vida judía de nuevo.