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Infobae, Infobae - 2012

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

¿Como se dice «Perfidia» en Farsi? – 28/09/12

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Hace unos años, al disertar en la Universidad de Columbia, el presidente de Irán Mahmud Ahmadinejad aseguró que no había homosexuales en su país. Anteriormente, desde su tierra natal, había afirmado que el Holocausto judío no existió. También puso en duda que los perpetradores de los atentados del 11-S hubieran sido musulmanes. Durante su último discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas ha dicho que las potencias se han entregado al diablo. Días atrás prometió la cooperación de su nación con la Argentina en lo referido al atentado contra la AMIA y subrayó ante la CNN que «Irán no tuvo ninguna participación en estos eventos y eso quedará claro». Puesto a especular sobre los autores del atroz atentado, Ahmadinejad puntualizó: «Cualquier persona que sea culpable debe ser enjuiciada: sionistas, no sionistas, estadounidenses, iraníes, argentinos, africanos, asiáticos» (nótese a los «sionistas» encabezando el listado). ¿Puede concedérsele a este sujeto y a su gobierno teocrático alguna credibilidad?

A juzgar por la decisión del gobierno argentino de acceder a negociar con Teherán «hasta encontrar una solución mutuamente acordada para todos los asuntos, entre ambos gobiernos, sobre el caso AMIA», conforme indicó un comunicado oficial argentino, pues sí. Pero en rigor, siendo el gobierno todo menos ingenuo, es más razonable asumir que Buenos Aires no confía en los juramentos de Irán. Tan sólo finge creer en ellos pues le es funcional a una estrategia mayor: remover el escollo de la causa AMIA de la relación bilateral en vistas a un sustantivo intercambio comercial. Como ha plasmado una máxima de la política estadounidense, «es la economía, estúpido».

Desde el momento que el gobierno decidió excluir a la dirigencia judía de la AMIA y de la DAIA de la delegación que viajó a Nueva York, desde el momento en que hizo público el pedido iraní de entablar un diálogo, y desde el momento en que Sergio Burstein, representante de los familiares y nuevo vocero extraoficial del kirchnerismo, dijo en las vísperas de la partida que Argentina debería negociar con el régimen Ayatollah, las señales estaban echadas para todo aquél que quisiera ver. La reunión entre Héctor Timerman y Alí Akbar Salehi fue la culminación de un proceso iniciado en una furtiva reunión en Alepo y cristalizado en los amagues discursivos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el año pasado cuando aseveró que la Argentina «ni puede ni debe» rechazar una oferta de diálogo de Irán, así como en su orden dada al embajador argentino ante la ONU de permanecer en el recinto al disertar el presidente iraní.

Al gobierno kirchnerista la causa AMIA le fue útil para distanciarse del menemismo. Él y Ella le mostrarían al mundo que la Argentina buscaría la verdad, que la justicia sería redimida del maltrato de su cuestionado antecesor. Y por un cierto tiempo así fue. Néstor y Cristina, cada cual a su turno, denunciaron la falta de colaboración de Irán, designaron a un fiscal probo para rescatar una causa judicial bastardeada y persuadieron a Interpol de emitir circulares rojas para la captura internacional de funcionaron iraníes de alto rango implicados en el ataque. Sus palabras en las conmemoraciones de varios aniversarios del atentado en la calle Pasteur trasladaban sinceridad, compromiso, seriedad. Pero la causa parecía demasiado justa y la situación demasiado ideal como para que durara y, finalmente, las prerrogativas de la realpolitik se impusieron.

En un sentido, Cristina Kirchner ha arribado a un destino concordante con su ideología. Ella parece sentirse más cómoda entre autócratas que entre demócratas. Su figura de referencia en Latinoamérica es Hugo Chávez. Se la vio más distendida en compañía de Muhamar Gaddafi que de Barack Obama, más a gusto en Angola que en Europa. La careta ha caído; en sociedad con Ahmadinejad, Cristina rebosa de autenticidad. A Timerman, de fe mosaica, le tocará un papel no menor como el canciller que estrechará las manos de su contraparte de Irán que niega el exterminio de seis millones de judíos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial mientras clama por eliminar a los seis millones de judíos que viven en Israel en la actualidad. Hacen un buen dúo, Héctor y Cristina.

Si alguna vez existió una remota esperanza de que la justicia llegaría para las víctimas, sus familiares y los sobrevivientes de aquel lejano 1994, a partir de este 2012 ya no nos podemos engañar más. Eso no sucederá. Y no es que no sucederá porque el régimen Ayatollah sea hábil en el arte del engaño, que lo es, o experto en el campo de la mentira, que también lo es. La justicia jamás llegará porque nuestro gobierno decidió que así será.

Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

La equivalencia Nazi de Marcos Aguinis – 14/09/12

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Las últimas semanas de agosto fueron duras para el pueblo judío. En Michigan, durante una fiesta universitaria un joven judío de diecinueve años fue golpeado salvajemente por un grupo de neonazis, quienes gritando consignas hitlerianas le cosieron la boca con una grapadora. Nadie a su alrededor salió en su defensa. En Viena, un rabino fue agredido durante un partido de fútbol por fanáticos así: “¡Muévete judío, judíos afuera, Heil Hitler!”. Policías presentes eligieron no intervenir. “Es tan sólo fútbol” explicaron sonriendo. En Santiago de Chile, el líder de la Federación Palestina para Sudamérica afirmó que “los nazis fueron niños de pecho al lado de los actuales sionistas” y que Israel “superó a su maestro”. En Teherán, el presidente iraní aseguró que “el régimen sionista y los sionistas son un tumor cancerígeno”.

Nada de esto estremeció demasiado a la sociedad argentina.

Para esas mismas fechas, el celebrado autor Marcos Aguinis publicó su habitual columna en el diario La Nación. Titulada “El veneno de la épica kirchnerista”, ésta era básicamente una denuncia de los incesantes atropellos cívicos del gobierno contra la ciudadanía y un alegato en defensa de la cordura nacional. En un intento por alertar a propósito de la veta totalitaria que vive en las agrupaciones afines al gobierno, Aguinis realizó una equiparación imperfecta:

“Las fuerzas (¿paramilitares?) de Milagro Sala provocaron analogías con las Juventudes Hitlerianas. Estas últimas, sin embargo, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras. Los actuales paramilitares kirchneristas, y La Cámpora, y El Evita, y Tupac Amaru, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación”.

La tormenta estalló inmediatamente.

La comparación de los grupos K con las Juventudes Hitlerianas era innecesaria, y un autor del talante de Aguinis debió haber sido más cauto antes de arrojar semejante analogía. Aún cuando él correctamente detectó -y valientemente denunció- la conducta autoritaria de estos grupos, su frase fue desacertada. Y eso es todo lo que fue: un error. Nada más. En un texto de 1372 palabras que lidiaba con los excesos del kirchnerismo, su equivalencia nazi contó apenas 82 palabras. Con un objetivo sentido de la proporción, podemos razonablemente decir que ese punto no era el quid de su nota. Para un prolífico escritor que ha legado cientos de artículos y muchos libros a lo largo de décadas de intensa labor intelectual, una equivocación es posible. Es un riesgo del oficio. Un soldado en el campo de batalla está expuesto a desafíos que un filósofo de ciudad no lo está.

Aguinis cometió un error, pero la multitud de indignados que saltó a su yugular cometió una injusticia. En rápida sucesión, él fue acusado -absurdamente- desde reivindicar al nazismo hasta banalizar el Holocausto. Liderando la corriente, el senador oficialista Aníbal Fernández sentenció: “quién se extralimita de la manera en la que Aguinis se extralimitó debe saber que no es gratis”. En efecto, de eso se trató: de hacerle pagar un precio a uno de los opositores más decididos, y más efectivos, que enfrenta este gobierno. Eso explica la virulencia del ataque; la oportunidad de desacreditar a un exponente de la intelectualidad disidente era demasiado tentadora como para dejarla pasar.

Capítulo aparte merece la reacción de la comunidad judía, que, desde algunos sectores, mostró una ingratitud notable con un hombre que, a diferencia de muchos de sus detractores moralistas, puso el pecho cuando ellos no. Ciertamente hubo expresiones institucionales cuidadas, que se esforzaron en distanciarse de las palabras controvertidas del autor sin repudiar a su persona. Pero otras manifestaciones fueron decididamente viles, posiblemente diseñadas para complacer al poder y, quizás, saldar viejas cuentas ideológicas con un intelectual al que, enfrentados en un panel, jamás podrían desafiar.

Este episodio ya ha terminado. Lo que no ha terminado, sin embargo, es la amenaza neonazi y fundamentalista que los judíos enfrentamos desde Michigan, Viena, Santiago de Chile y Teherán. Con toda seguridad, con su pluma maestra Aguinis seguirá dándoles batalla. Sospecho que sus críticos escandalizados, habiendo agotado efímeramente su indignación moral selectiva, no lo harán.

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

¿Continuará la ola de ataques? – 14/09/12

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¿Estos ataques suponen una amenaza seria para la Primavera Árabe?

–El estallido de las llamadas revueltas árabes pareció confirmar la idea de que los pueblos nativos desean la libertad, pero algunos resultados electorales que pusieron al islamismo en el poder sugieren que la filiación religiosa es intensa y puede atentar contra esos anhelos. La política estadounidense es correcta en esta dualidad –combatir militarmente y culturalmente a la ideología del fundamentalismo islámico– pero ella sola no puede transformar una región entera y una cultura añeja.

¿Obama se ha equivocado con la Primavera Árabe?

–Sí. Dejó caer demasiado galantemente a un aliado como Hosni Mubarak en Egipto, cedió el liderazgo a Francia y a Gran Bretañana en la cuestión de Libia y titubea en exceso frente a las masacres de Bachar al Asad en Siria. Obama proyecta una imagen de duda personal y debilidad que se cristaliza en una pérdida de respeto regional por el poder de Estados Unidos. Ello tiene consecuencias políticas severas.

¿Continuarán los ataques islamistas contra intereses de Estados Unidos?

–Es posible que haya más ataques a medida que se propague la noticia y se dé un efecto imitador. Habrá que ver qué actitud toman los gobernantes –si contribuyen a calmar o a exacerbar la situación– y observar qué pasa hoy, que es día de rezos colectivos en las mezquitas.

Comunidades, Comunidades - 2012

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La solución de uno-dos-tres estados – 12/09/12

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Desde la primera mitad del siglo XX en adelante, la visión general a propósito de una solución al conflicto palestino-israelí se ha basado en la premisa de dos estados para dos pueblos. En 1937, la Comisión Peel de Gran Bretaña elevó la idea, la cual fue replanteada -en un formato diferente- en 1947 por las Naciones Unidas en la resolución 181, conocida como Partición de Palestina». El rechazo árabe enterró ambas propuestas pero la aspiración de dos estados para dos pueblos como modelo de la diplomacia subsistió. Desde la segunda mitad del siglo pasado, se agregó a ella la idea del intercambio de tierras (capturadas por los israelíes en una guerra preventiva) a cambio de paz (a entregar por la parte árabe). En 1967 ella se cristalizó en la resolución 242 del Consejo de Seguridad. Aunque las naciones árabes la repudiaron entonces, esta noción sirvió de base para todos los futuros acuerdos entre Israel y sus vecinos: con Egipto en 1979, con la OLP en 1993 y con Jordania en 1994.

Esta fórmula padece de imperfecciones insalvables -es desproporcional, injusta, incongruente y asimétrica- y en la dimensión palestina ha resultado ser impracticable. Pero por sobre todo, según ha argumentado el profesor de la Universidad de Tel-Aviv Asher Susser, la idea de tierras por paz nació en un contexto histórico específico, el de la Guerra de los Seis Días, y fue concebida para dar respuesta a la realidad de 1967, no a la de 1948. Si la raíz del conflicto palestino-israelí se encuentra en 1967, entonces la fórmula podría (sin certezas) funcionar. Pero si ella yace en 1948, entonces no hay modo de que ésta funcione.

La familia de las naciones tiende a ubicar el quid de la disputa en 1967, es decir, en la expansión territorial de Israel a través de la conquista de Jerusalem Este, los Altos del Golán, el Sinaí, Gaza y Cisjordania y en la consiguiente propagación de asentamientos hebreos en estas zonas. Los propios palestinos y los árabes, sin embargo, han tradicionalmente visto su disputa con los israelíes bajo el prisma de 1948, es decir, en la existencia misma del estado judío en una región preminentemente árabe e islámica. El rechazo árabe y palestino a reconocer a Israel como un estado judío y el reclamo por el retorno de los refugiados palestinos al propio Israel firmemente ancla su narrativa en la Guerra de la Independencia de 1948, no en los hechos de 1967. Estas dos visiones históricas no son apenas diferentes, son irreconciliables, y puesto que de ellas nacen iniciativas diplomáticas, su implementación en el terreno ha sido deficiente y ha terminado en fracaso. Como en esos juegos didácticos infantiles, los diplomáticos han estado tratando de insertar un cubo dentro de un triángulo.

Al cabo de 45 años de prueba y error, de incontables víctimas y de grandes frustraciones, empero, la noción encapsulada en la resolución 242 sigue vivita y coleando. Su subsistencia descansa en la comodidad política de la era: 1948 es sobre la existencia de Israel y aquí es la parte árabe/palestina la responsable por su oposición; 1967 es sobre la expansión de Israel y ella es la responsable por su gestión. La noción de que la paz o su ausencia dependen exclusivamente de las decisiones de Israel es un axioma político contemporáneo demasiado duro de romper.

En cuanto a la propuesta de dos estados, su vigencia se basa en que, sencillamente, las opciones son peores. La alternativa inmediata sería proponer una solución de un estado para los dos pueblos, pero la idea de ubicar en una misma entidad política a dos pueblos hostiles es demasiado fantástica como para considerarla seriamente. En la calle árabe y palestina esta noción despierta entusiasmo pues no es más que un eufemismo para la destrucción demográfica de Israel. Es una solución a lo que hace poco escuché a un académico palestino denominar «el problema judío en Palestina». Para Susser es la «cura proverbial que mata al paciente».

Actualmente nos topamos con un nuevo problema al querer aplicar la idea de dos estados para dos pueblos en el terreno. El pueblo palestino está partido en dos, con dos liderazgos diferentes gobernando en dos áreas diferentes. Podríamos entonces concebir una solución de tres estados para dos pueblos: el estado judío de Israel, un estado palestino en Cisjordania bajo gobierno de la Autoridad Palestina y otro estado palestino bajo gobierno de Hamas en Gaza. Ni israelíes ni palestinos lucen encantados con esta idea. Cabe sino esperar a que se concrete la unidad palestina bajo una única administración. Las chances de que esto suceda no parecen inmediatas. Y aún si se materializara, ello ubicaría la situación en una de tres: un liderazgo central dispuesto a negociar con Israel, que es aproximadamente como estaban las cosas entre 1993 y 2000; un liderazgo bicéfalo con una cabeza dialoguista y otra intransigente; o un liderazgo único enemigo de la paz.

Hay una cuarta opción. Reconocer que hay un motivo por el cual no se ha hallado una solución práctica a este conflicto en los últimos casi cien años. Voilà: éste no tiene solución. Esta será seguramente la más desoladora de las conclusiones, pero es también la más realista.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Bin Laden – No easy day – 07/09/12

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Por Verónica Valenzuela González

EL SEMANARIO (México) – 07/09/2012

http://elsemanario.com.mx/revista_semanal/402_8_14_sep/2/index.html

Osama bin Laden sigue siendo una figura polémica aún después de su fallecimiento y la operación para liquidarlo es aún más controvertible. Viene al caso justo cuando se cumplirán once años del fatídico 11-S o “Martes Negro”.

Julián Schvindlerman, internacionalista de nacionalidad argentina, opinó sobre el último acontecimiento editorial (No Easy Day) en donde, “de primera mano”, Matt Bissonnette, ex miembro de la fuerza de élite que escribió con el seudónimo de Mark Owen, narra la operación en la que los Marines dieron muerte al líder de Al Qaeda y que “contradice” la versión oficial.

“Creo que la eliminación de Osama bin Laden fue necesaria, moral y justa. Aún si se lo mató sin intención de captura, fue legítimo el proceder, él era un combatiente enemigo activo, responsable del asesinato de miles de norteamericanos y otros por todo el mundo. Comandaba una organización terrorista nefasta y no creo deba haber el menor cuestionamiento a la legitimidad de esa operación. Otro tema es el uso político que ha hecho un presidente en campaña, cosa que objeto, y tampoco creo que haya un fin altruista en el autor de este libro al revelar datos secretos. Pero si al final del camino echa luz a la historia, redundará en algo positivo”.

La venta del libro se adelantó una semana, debido a la gran controversia que ha suscitado el anuncio de su publicación y ante el veto del Pentágono.

En el libro se plantean dudas en cuanto a si el jefe máximo de Al Qaeda presentó resistencia durante el allanamiento de su casa y fue una amenaza tan clara que hizo que los militares le dispararan fatalmente. La muerte se anunció el 2 de mayo de 2011, cuando unidades de élite de las fuerzas militares de Estados Unidos abatieron a bin Laden (nombre en clave: Gerónimo) en el transcurso de un tiroteo en Abbottabad, Pakistán. El presidente Barack Obama informó públicamente la noche del 1 de mayo de que un pequeño equipo de operaciones especiales había dado muerte a bin Laden. La operación, cuyo nombre en clave primero se informó que fue “Operación Gerónimo” y después “Operación Lanza de Neptuno”, fue llevada a cabo por unidades del Grupo de Desarrollo de Guerra Naval Especial de los Estados Unidos (unidad de élite de los SEAL) bajo el Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Las autoridades pakistaníes confirmaron que Bin Laden murió en Pakistán en un enfrentamiento con militares estadounidenses.

Según informó la Administración Obama el cuerpo de bin Laden fue arrojado al mar tras comprobar, mediante pruebas de ADN, que efectivamente se trataba del fugitivo.

Al parecer Osama bin Laden fue muerto de un disparo en la cabeza cuando se asomó hacia el pasillo de un piso superior de su casa mientras los Marines avanzaban hacia él a toda prisa por un cubo angosto de escalera, según el relato de Owen.

El autor incluyó una defensa de su decisión de publicar un relato de alguien que había tomado parte en la operación en las últimas páginas del libro, informó The Huffington Post.

Esas líneas dicen que la disposición de la Casa Blanca de hacer públicos los detalles de la operación abrió la puerta para que se dieran a conocer otras versiones de lo ocurrido.

La obra se publica en esta semana y The Associated Press compró un ejemplar.

Bissonnette dice que estaba justo detrás de un «vigía» cuando subían por la escalera. «Menos de cinco pasos» del final de las escaleras, dijo que escuchó disparos «apagados». El vigía había visto a un «hombre asomándose por la puerta», del lado derecho del pasillo.

El ahora escritor narra que bin Laden volvió a su cuarto y los infantes de Marina siguieron adelante y luego vieron al terrorista estrujado en el piso en un charco de sangre con un agujero visible en el lado derecho de la cabeza, mientras dos mujeres sollozaban sobre su cuerpo.

Bissonnette dice que el vigía quitó a las dos mujeres y las empujó hacia una esquina. Luego, el vigía y otros marines apuntaron el rayo láser de sus armas hacia el cuerpo de Bin Laden que todavía se movía y le dispararon varias veces hasta que quedó inmóvil.

Interrogantes sobre objetivo de la operación

Los marines encontraron después dos armas guardadas en la entrada del cuarto, las cuales no habían sido tocadas, afirmó el autor.

AP recordó que, según la versión ofrecida por funcionarios gubernamentales sobre la incursión, los infantes de Marina le dispararon a bin Laden cuando reingresó a su cuarto porque supusieron que estaría buscando un arma.

El relato podría volver a provocar interrogantes sobre si la operación tenía la intención de capturar o eliminar a bin Laden, aunque Bissonnette señala que a los miembros del grupo de elite, SEAL por sus siglas en inglés, se les dijo que debían capturarlo vivo si se rendía.

El portavoz de la Casa Blanca, Tommy Vietor, se abstuvo de pronunciarse de inmediato sobre las versiones aparentemente contradictorias.

Sin embargo, en un correo electrónico afirmó: «Como el presidente (Barack) Obama dijo en la noche en que la justicia se hizo sobre Osama bin Laden, agradecemos a los hombres que realizaron esta operación, dado que ejemplifican el profesionalismo, patriotismo y valor incomparable de quienes sirven a nuestro país'».

Blanco de terroristas

Owen no esconde su desdén por el presidente y detalla que luego de que Washington dio a conocer una serie de detalles de la operación, pidió a él y a sus compañeros participantes en la operación que mantuvieran un perfil bajo, informó The Huffington Post.

«Estaba perplejo», Owen escribe. «Habíamos mantenido en secreto esto durante semanas. Ahora, Washington estaba filtrando todo».

Muchos SEAL (La fuerza especial más sofisticada de la armada norteamericana, que quiere decir en inglés “Sea, Air, and Land”) temían ser blanco de terroristas si sus nombres se hacían públicos. Eso mismo pasó después de que saliera a la luz el verdadero nombre de Mark Owen, del que habría circulado una foto por sitios web del yihad con un llamado a acabar con su vida.

Con esto, es notorio que subsiste la duda de si bin Laden puso resistencia o no. ¡Es relevante? Es un tema que se politiza cada día más.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Génesis de nostra aetate: El trasfondo político – 09/12

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Artículo publicado en Revista Amijai

Cinco décadas atrás, en octubre de 1962, la Iglesia dio inicio al Concilio Vaticano II del cual emergería años más tarde el pronunciamiento religioso católico más extraordinario de todos los tiempos en relación a los judíos. Sus orígenes se hallaban en el Holocausto y la repercusión que éste tuvo en el modo en que Roma comenzó a rever su relación histórica con un pueblo al que estaba profunda y dramáticamente vinculada.

Dos hombres fueron especialmente responsables de su gestación, uno judío y el otro católico: Jules Isaac y Angelo Roncalli. El primero era un intelectual francés sobreviviente de la Shoá que había perdido a casi toda su familia durante la Segunda Guerra Mundial. El segundo había sido nuncio en Estambul durante la guerra y había realizado esfuerzos notables para salvar vidas judías. Se lo conocería tiempo después como el Papa Juan XXIII. Una reunión que ambos mantuvieron en julio de 1960 en la Ciudad del Vaticano resultó instrumental para poner en marcha un proceso religioso crucial. El Sumo Pontífice instruyó al cardenal Augustín Bea, presidente de la Secretaría para la Promoción de la Unidad Cristiana, que redactase un documento sobre la relación de la Iglesia Católica con el pueblo judío reflejando la nueva visión. De todos los procedimientos y abordajes del Concilio, esta declaración católica sobre los judíos resultaría ser el asunto más controvertido, publicitado, cuestionado y sustantivo; tanto durante sus sesiones como posteriormente.

La historia de la oposición clerical interna que sufrió el proceso es conocida. Menos conocido es el rechazo que éste provocó en las naciones árabes e islámicas, las cuales montaron tal campaña de presión política y religiosa que el pronunciamiento vaticano sobre los judíos quedó severamente afectado. Lo que en sus orígenes iba a ser una declaración católica únicamente sobre su relación con los judíos, terminó transformándose en un documento católico sobre las relaciones de la Iglesia con el Islam, el Budismo, el Hinduismo y, también, el Judaísmo. El denominado “documento judío” pasó a ser el párrafo IV de la “Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”. El propósito inicial de abordar las relaciones judeo-católicas de manera exclusiva quedó desvirtuado por las presiones de varios países árabes y musulmanes.

Las aprehensiones árabes y musulmanas se basaban principalmente en el doble temor a que Israel y la Santa Sede establecieran relaciones diplomáticas y a que una exoneración católica del crimen del deicidio socavara la base teológica de la condena al pueblo judío a deambular en el exilio, dotando así validación religiosa cristiana a la presencia judía en Palestina, algo que estas naciones estaban combatiendo con tenacidad.

Ya durante la primera sesión del Concilio, entre octubre-diciembre de 1962, fue distribuido anónimamente, entre todos los Padres Conciliares, un panfleto judeófobo de novecientas páginas de extensión. Titulado Il Comploto contro la Chiesa, alegaba que existía una quinta columna hebrea dentro del clero y justificaba los crímenes de Hitler contra los judíos. Puestos a investigar, los servicios secretos de Italia e Israel detectaron que el gobierno egipcio estaba detrás de la movida.

Durante la segunda sesión, entre septiembre-diciembre de 1963, se debatió el pronunciamiento sobre el pueblo judío y los prelados árabes cristianos presentes protestaron enfáticamente. El Patriarca Cóptico de Alejandría, el Patriarca del Rito Sirio de Antíoco, el Patriarca Latino de Jerusalem, el Patriarca Armenio de Cilicia, entre otros, ejercieron una gran influencia para retardar o anular la aprobación del documento. El presidente de Indonesia y el embajador de Egipto ante la Santa Sede apelaron directamente al Papa mientras que desde Damasco el primer ministro sirio instigó a las comunidades católicas locales a que intercedieran ante el Papado. Manifestaciones populares contrarias a Nostra Aetate surgieron en las capitales del Medio Oriente junto a amenazas contra los cristianos de la región. Nuevos panfletos antijudíos fueron circulados en Roma llenos de denuncias sobre la presunta infiltración sionista en los rangos de la Iglesia.

Ente septiembre-noviembre de 1964 ocurrió la tercera sesión del Concilio, en la cual la declaración sobre los judíos siguió siendo debatida, y no estuvo exenta de indignadas protestas árabes y musulmanas. La Liga Árabe instruyó a sus representantes en Roma a que se reunieran con obispos y les advirtieran de las consecuencias políticas asociadas a la aprobación del “documento judío”. Cuando los Padres Conciliares aprobaron preliminarmente un texto que condenaba al antisemitismo y declaraba errado acusar a los judíos de deicidas, diez parlamentarios cristianos jordanos enviaron un mensaje al Papa diciendo que ello era “una puñalada en el corazón del cristianismo”. El canciller jordano aseguró que ahora Israel acentuaría su “política agresiva” y el ministro sirio de asuntos religiosos predijo que la decisión católica “elevará a los sionistas a mayores crímenes contra los pueblos palestinos”. La República Árabe Unida publicó un texto denominado El Israel Espurio que alertaba sobre los ardides sionistas contra el Vaticano, encargó traducciones a varios idiomas y una distribución internacional, e instruyó a que se filmara una película titulada Los judíos y Jesús con el objeto de frustrar una posible exoneración de la responsabilidad judía en el asesinato de Jesús. Otros nuevos libros fueron publicados en los que se acusaba a los israelíes de matar cristianos en Libia, Chipre e Italia y de complotar junto al dramaturgo alemán Rolf Hochhut, autor de El Vicario, contra la figura de Pío XII.

Finalmente, entre Septiembre-diciembre de 1965 aconteció la cuarta y última sesión del Concilio y ella encontró al alcalde musulmán de Jerusalem, entonces en manos de Jordania, anunciando que, por acuerdo de las comunidades cristianas, las campanas de la Iglesia del Santo Sepulcro doblarían en señal de protesta por el progreso habido respecto de la declaración católica sobre el pueblo judío, e informando que se había enviado un cable al Papa recordándole “los crímenes judíos contra los árabes de Palestina”. Otro texto judeófobo apareció en Italia culpando a los judíos por la revolución bolchevique y negando la Shoá. “Esta verdad”, proclamaba su autor, “está comenzando a aparecer en la prensa egipcia, siria y jordana. Vaya y pregunte a los árabes quiénes son los judíos, y usted realmente aprenderá cuanto odian a Jesús”. Aun cuando el Concilio ya había concluido, la OLP publicó un libro antisionista, en junio de 1966, bajo el título Nosotros, el Vaticano e Israel.

El Papado resistió lo más que pudo este embiste fenomenal y prevaleció al final del camino en publicar una declaración transformadora y fundamental acerca de su relación con el pueblo judío. Pero los árabes y los musulmanes triunfaron en lograr acotar la magnitud del pronunciamiento, en forzar a la Iglesia a rodearlo de expresiones sobre otras religiones y en minimizar el alcance de la delicada cuestión del deicidio. Sin dudas ello también fue resultado de la oposición católica interna y de otros factores, pero los líderes políticos y religiosos árabes y musulmanes hicieron su aporte no menor para que las relaciones entre católicos y judíos no prosperasen todo lo que ambos pueblos mayoritariamente deseaban. Con todo, y a pesar de esta obstrucción decidida, el vínculo judeo-católico floreció en las décadas siguientes a punto tal que los cincuenta años del inicio de Nostra Aetate son hoy en día causa de celebración.

Revista Fundación Judaica

Revista Fundación Judaica

Por Julián Schvindlerman

  

50º Aniversario de una declaración estelar – 09/12

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Al ponderar, en una retrospectiva de cincuenta años, los comienzos de la más revolucionaria declaración católica sobre los judíos –conocida como Nostra Aetate (en nuestra era), cuya génesis data del inicio del Concilio Vaticano II en octubre de 1962– debemos inmediatamente resaltar cuán fundamental resultó para las relaciones entre católicos y judíos. Si durante los siglos anteriores, el maltrato, el desprecio, la humillación e, incluso, la persecución en tierras cristianas había sido la norma de la existencia judía a la sombra de la Iglesia Católica, a partir de 1965, una vez que Nostra Aetate fue publicada, el diálogo, el respeto y la coexistencia digna pasaron a ser los atributos definitorios del vínculo judeo-católico moderno.

La semilla plantada en 1962 germinó en 1965 y floreció de allí en más. La nueva luz echada por Roma sobre el pueblo judío impactaría a toda su grey. Este pronunciamiento religioso expulsó la longeva acusación del deicidio que pesaba sobre los judíos afuera de las enseñanzas doctrinales de la Iglesia. Tal como notara Moshe Aumann, Nostra Aetate incursionó en terreno teológico virgen y marcó el tono del diálogo interreligioso de las décadas siguientes. Fue un documento importante en sí mismo, pero no menos lo fue por haber puesto en marcha un crucial proceso de revisión histórico y teológico dentro del catolicismo. Su promulgación fue un hito religioso que, en la caracterización de Marcos Aguinis , “instaló a la Iglesia en la vanguardia de un vínculo fraternal con el pueblo y la fe de los que brotó”.

A la vez, y sin desmerecer lo arriba indicado, una mirada cabal sobre este acontecimiento singular obliga al historiador a observar esta declaración en su totalidad, con sus luces y con sus sombras. Al contrario de lo que habitual y erróneamente muchos aseguran, Nostra Aetate no exoneró por completo a los judíos por la muerte de Jesús. El párrafo relevante dice: “Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a lo judíos de hoy”.

Aquí la Iglesia afirmó que, efectivamente, hubo algún grado de responsabilidad judía en la crucifixión de Jesús, pues sus autoridades y seguidores “reclamaron” su muerte. “Reclamar”, cabe notar, no es lo mismo que “asesinar”. Pero la noción de que los judíos estuvieron enteramente desvinculados de la muerte de Jesús es inexistente en el texto. Lo que Roma sí afirmó de manera tajante es que nunca debió haberse culpado a todo el pueblo judío de la época ni a sus descendientes, por lo que algunos de ellos habían fomentado. En ello radica la raíz revolucionaria de esta declaración, pues apunta a remover el estigma perpetuo del presunto deicidio hebreo.

Análogamente, Nostra Aetate incorporó frases y conceptos religiosos que resultan extraños desde una perspectiva judía. Aseguró que “la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de la esclavitud”, que Jesús “reconcilió por la cruz a judíos y gentiles, y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo” y que “la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios”. A la vez, Nostra Aetate incorporó expresiones positivas, tales como que “no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos”, que “los judíos son todavía muy amados de Dios” y que la Iglesia “deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.

Debe reconocerse el esfuerzo del Papado en reformular las relaciones con nuestro pueblo, y entenderse que debió enfrentar una oposición intensa, dentro y fuera de la Iglesia, que lo llevó a deber negociar consigo mismo el contenido definitivo de esta declaración crítica. La palabra “deicidio”, que era mencionada en el borrador inicial, quedó excluida del documento final. En cierto momento del proceso, una de las versiones de este documento contenía lo que parecía ser una expectativa de conversión de los judíos, la cual fue finalmente desechada. Nostra Aetate debió atravesar numerosas ediciones a lo largo de cuatro reuniones conciliares que sesionaron durante tres años, y su expresión final fue menos filojudía que la originalmente concebida.

Tres factores incidieron en ese desenlace: la muerte de Juan XXIII, impulsor del Concilio Vaticano II; el accionar saboteador del sector ultraconservador dentro del clero, opuesto al nuevo espíritu de conciliación; y el repudio diplomático y religioso de las naciones árabes y musulmanas al tratamiento que Roma quería dar a su relación con el pueblo judío.

Sin embargo, los obstáculos fueron sorteados, las diferencias pulidas y la declaración publicada. El resultado no fue inmaculado y es legítimo que haya cuestionamientos judíos a algunos elementos de la versión final. Al mismo tiempo, la importancia histórica y teológica de este pronunciamiento no debe ser minimizada. Lo que el Papado gestó cinco décadas atrás tuvo una trascendencia enorme y aún hoy sigue forjando –positivamente– los lazos, saturados de historia, entre católicos y judíos.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

La imagen global de Israel – 09/12

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Año 4 – Nro 26

Consultadas unas veinticuatro mil personas en veintidós países diferentes acerca de si la influencia global de Israel es positiva o negativa, la mitad de ellas opinó que era negativa y la quinta parte que era positiva. La encuesta fue solicitada por la British Broadcasting Corporation (BBC) y efectuada por Globalscan y la Universidad de Maryland. Los resultados fueron publicados el pasado mes de mayo.

En el ránking de opinión popular Israel quedó ubicado, junto a Corea del Norte, como el tercer peor país del mundo en materia de impacto internacional (50%), sólo superado por Pakistán (51%) y la República Islámica de Irán (55%). La imagen del estado judío ha empeorado respecto del año anterior, cuando recibió un 47% de desaprobación entre los encuestados. Los únicos tres países cuyas poblaciones dieron mayorías de simpatía hacia Israel fueron los Estados Unidos (50% favorable y 35% desfavorable) y -por esos misterios insondables del cosmos- Nigeria (54%-29%) y Kenia (45%-31%). Los ghaneses parecen ser apáticos, con un empate del 19% tanto para quienes consideran que Israel ejerce una influencia positiva como negativa en el orden mundial.

Llamativamente, los ciudadanos de los cuatro países europeos consultados expresaron opiniones más negativas de Israel que los ciudadanos de los países musulmanes consultados, Indonesia y Pakistán. Los españoles lideraron el rubro con un alarmante 74% mostrando percepciones negativas de Israel y apenas un 12% positivas, seguidos por los alemanes (69%-16%), los británicos (68%-16%) y los franceses (65%-20%). A modo de comparación, en Indonesia el 61% de los encuestados evidenció una imagen negativa de Israel contra un 8% positiva, mientras que la mitad de los pakistaníes opinó adversamente a Israel y casi una décima parte de modo favorable.

Algunas sorpresas quedaron expresadas en los datos surgidos de naciones cuyos gobiernos son aliados de Israel. En Canadá y en Australia, por ejemplo, el 59% y el 65% de los pobladores respectivamente dieron malas notas a Jerusalem. Por su parte desde Asia, el 45% de los japoneses e igual número de chinos y el 69% de los surcoreanos desaprobaron su conducta global. Las naciones latinoamericanas consultadas reflejaron mayorías contrarias al estado judío aunque sus adherentes, salvo en la tierra de Pelé, no fueron mayorías absolutas: Brasil (58%-17%), México (44%-19%), Perú (35%-11%) y Chile (34%-21%). En el contexto de estas estadísticas desoladoras, quizás sea bueno saber que “solamente” un cuarto de los rusos y un tercio de los indios se expresaron desfavorablemente a Israel. El único país árabe encuestado se ubicó al tope de la lista: Egipto, donde el 85% de la población se mostró opuesta a su vecino. Un pequeño milagro: el 7% de los egipcios dijo creer que Israel ejerce una influencia mundial positiva.

Que los pobladores de países europeos sean más escépticos respecto de la bondad o malicia de Israel como ciudadano global que los de Pakistán (donde Osama Ben Laden halló refugio) e Indonesia (el más populoso país musulmán del orbe) y que algunos de ellos, como los de España, se aproximen a los niveles de desaprobación popular de un país árabe, como Egipto, da cuenta de que el sentimiento hostil a Israel es fuerte y esparcido en esas tierras. Si esta opiniones son formadas por los medios masivos de comunicación en su cobertura de las cuestiones relacionadas a Israel o si, por el contrario, la actitud mediática para con Israel es una expresión de esta animadversión popular, será un línea investigativa interesante para los sociólogos interesados.

Para los aproximadamente seis millones de judíos israelíes decanta una conclusión clara. Si ellos suelen sentirse incomprendidos y aislados en un mundo de más de seis mil millones de seres humanos, pues de ahora en más deberán aceptar que, tristemente, ese sentimiento es justificado.

La Nación (Costa Rica)

La Nación (Costa Rica)

Por Julián Schvindlerman

  

El «timing» de la paz – 01/09/12

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Es difícil comprender las motivaciones de la Casa Blanca para invertir esfuerzos diplomáticos considerables en relanzar el proceso de paz entre israelíes y palestinos en este preciso momento.

El Medio Oriente está en llamas. Siria adolece de una guerra civil de cien mil muertos, de tal gravedad que las Naciones Unidas han dicho que la magnitud de sus atrocidades han superado al genocidio de Ruanda, el símbolo de las matanzas de los años noventa. Armas químicas fueron usadas en su territorio y jihadistas de la región se están aglutinando allí. Rusia, Irán, Arabia Saudita y Turquía, entre otras naciones, están entrometidas. Israel ha cruzado fuego con el Ejército sirio en los Altos del Golán. Egipto está agonizando, con dos presidentes derrocados en poco más de dos años, un movimiento islamista expandido y a la vez masivamente reprimido, y una junta militar golpista ejereciendo, una vez más, el poder. El Sinaí se ha transformado en tierra de terroristas e Israel debió realizar una operación militar para contener las agresiones que de esa zona han emanado. El Líbano y Jordania han sido afectados por la onda expansiva violenta desde Damasco y están presionados por las grandes cantidades de refugiados albergados. En Túnez, asesinatos políticos bajo el sello islamista han puesto en jaque a la coalición gobernante, y Libia todavía batalla por evitar que las milicias armadas aumenten su poder. El fundamentalismo islámico se ha propagado e Irán continúa desafiando a la paz regional.

Inestabilidad. Vale decir, el Medio Oriente está –por decir lo mínimo– inestable. Lo único que ha estado relativamente estable ha sido Israel-Palestina. Dejando de lado la última contienda con Hamas desde Gaza, las relaciones de Fatah en Cisjordania con Israel han estado quietas. Sí, siempre hay reclamos y hubo una ofensiva política en la ONU. Pero eso fue básicamente todo. La Administración Demócrata ha elegido mayormente desentenderse de muchas de las situaciones del mundo árabe que realmente han demandado su urgente atención, y, sin embargo, ha decidido inmiscuirse en prácticamente la única área que no ofrecía una amenaza actual a la estabilidad regional: el conflicto palestino-israelí. El gobierno de Barack Obama eligió irse de Irak y de Afganistán, no entrar a Siria, liderar desde la retaguardia en Libia (es decir, no liderar) y mirar para el otro costado frente al programa nuclear de Irán, pero cargó todas sus fichas en el tablero palestino-israelí, un asunto que, además, ha mostrado ser resistente a una solución. El enigma no es menor.

Antes, Jordania y Egipto, en tanto socios de la paz de Israel y patrones políticos de la Autoridad Palestina, podían influir, y de hecho lo hacían, sobre las partes para avanzar las negociaciones. Hoy ninguna de estas naciones puede oficiar de garante de la paz; están demasiado introspectivas, justificadamente. Cuando los israelíes miran a su alrededor, ven grandes transformaciones geopolíticas y nubarrones de incertidumbre. Aun si hacen las concesiones que se les exige, se preguntan: ¿estará Abbas, o un sucesor confiable, presto a garantizar la paz conseguida? Y, si se lograra la paz con Cisjordania, ¿qué sobre la hostil Gaza?

La paz es maravillosa, pero forzar un proceso de paz, cuando no hay chances genuinos de que sea exitoso, puede tener consecuencias indeseadas, incluso violentas, que no podemos ignorar. A veinte años de Oslo y habiendo ocurrido todo lo que ocurrió, ya simplemente no podemos dejar, una vez más, que las ilusiones y el optimismo cancelen al realismo y la objetividad.

Originalmente publicado en Comunidades

Televisivas

Zoom a la noticia (NTN24 – de Colombia para Am. Latina y USA) – 24/08/12

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Programa: Zoom a la Noticia
Conducción: Andrea Bernal
Canal:NTN24 (Colombia)
Fecha: 24/08/2012
Tema: El destino de Siria

Panelistas:
Desde Buenos Aires: Julián Schvindlerman, escritor y analista político internacional
Desde Miami: Wilfredo Ruíz, asesor y coordinador de la Asociación de Musulmanes de Norteamérica
Desde Santiago de Chile: Daniel Jadue, vicepresidente de comunicaciones de la Federación Palestina de Chile

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