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Infobae, Infobae - 2009

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Ante la encrucijada Iraní – 23/09/09

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La relación entre la comunidad internacional y la República Islámica de Irán parece seguir el movimiento de la Sonata No.7 del compositor ruso Sergei Prokofiev: ha comenzado con un allegro inquieto, ha continuado bajo un andante caloroso y posiblemente finalizará con un precipitato. Primero hubo conmoción ante la noticia de su plan atómico, luego intensa diplomacia, y ahora pareciera que nos encaminamos a un brusco final. La invitación extendida a Mahmoud Ahamdinejad a disertar a la Universidad de Columbia en Nueva York en septiembre de 2007, el concierto brindado por la Orquesta Sinfónica de Osnabruck a los ayatollahs en Teherán en agosto de 2008, la admisión de este personaje en una conferencia contra el racismo organizada por las Naciones Unidas en Ginebra en abril del 2009, y nuevamente estos días en la Asamblea General, entre otros casos escandalosos, no hacen más que mostrar que el mundo libre parece haber perdido su brújula moral respecto de lo que encarna Irán.

Debe recordarse que pesan sobre la República Islámica de Irán al menos cinco resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigen que ella desista de su programa de enriquecimiento de uranio, que tres rondas de sanciones han sido adoptadas, y que circulares rojas han sido emitidas por INTERPOL contra integrantes de la elite gobernante. Teherán ha ignorado esto y ha emergido más extremista aún del tumulto electoral de junio pasado. El 7 de septiembre último, el presidente Ahmadinjead expresó claramente que “el tema nuclear está terminado”, y designó a un hombre buscado por la justicia argentina como flamante ministro de defensa. Por un largo tiempo el mundo libre ha demostrado insistentemente su disposición a dialogar con Irán, pero, como ha sido expresado recientemente en las páginas del Wall Street Journal “la virtud de la perseverancia no debiera devenir en la insensatez de la futilidad”. Siete años de diplomacia suave parecen haber agotado su curso. En tanto las manecillas del reloj nuclear iraní avanzan más rápidamente que las del reloj diplomático occidental, cabe el interrogante acerca de cuan abierta está realmente la ventana de oportunidad que algunos creyeron ver en el contacto directo con Irán.

La familia de las naciones cuenta con instrumentos jurídicos y diplomáticos suficientes como para detener al actual provocador régimen iraní. Tal como juristas internacionales han señalado, Ahmadinejad continuamente está violentando la Convención contra el Genocidio que expresamente prohíbe “la incitación pública y directa al genocidio”. E Irán reiteradamente comete crímenes contra la humanidad con cada acto de terror que apaña, viola resoluciones de las Naciones Unidas con cada paso que da hacia la procuración nuclear, y ofende a la Declaración Universal de los Derechos Humanos con cada acción de represión interna que toma. Todos estos abusos ya han sido tolerados por demasiado tiempo. Cada día que pasa acerca más a Teherán al umbral nuclear y al mundo libre a una situación de exposición insostenible. Lo más trágico de este asunto es que al optar por no transitar aquellos caminos que pacíficamente llevarían al ostracismo iraní- es decir, la adopción de sanciones robustas en el seno de la ONU- el mundo libre está estrechando su propio margen de acción, dejándose a sí mismo enfrentado a la última de las alternativas: la vía militar. O peor aún: en su inacción, elige exponerse a la peligrosa realidad de un estado teocrático radical en posesión de arsenal nuclear.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Irán-Israel: Analista afirma que Ayatollahs «Ven a Irán como instrumento para imponer el Islam» – 22/09/09

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Agencia TELAM

Buenos Aires, 22 de septiembre (Télam).- El analista Julián Schvindlerman consideró hoy que «los ayatollahs de Irán ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo” y que este país pretende «contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel”. Schvindlerman, autor del libro «Tierras por Paz, Tierras por Guerra», consideró en diálogo con Télam que «si bien aún no ha sido admitido públicamente por Teherán, el propósito de su mentado programa nuclear parece tener una clara finalidad militar”.

A su criterio, las bases de esa estrategia emergen de dos ejes centrales: las «creencias religiosas” y sus «planes estratégicos” Sobre las creencias religiosas manifestó que «los ayatollahs ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo. Esto podrá lucir extraño para los occidentales, pero dista de ser inconcebible desde una óptica iraní”. Y sobre los planes estratégicos de Irán, consideró que están basados en «cuatro metas posibles: adquirir hegemonía regional, promover al chiísmo por sobre el sunismo, contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel”.

Schvindlerman recordó que en octubre de 2005, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad llamó a «borrar a Israel del mapa; en junio de 2007, anunció que la cuenta regresiva para la destrucción de Israel había comenzado; en febrero de 2008, lo tildó de `sucio microbio` y `bestia salvaje`. Luego agregó que en mayo del mismo año «se refirió a Israel como un `cadáver maloliente`, una `rata muerta`, y como un país `camino a la aniquilación`, y en junio, que el `régimen sionista ha llegado a su fin`. Respecto a las afirmaciones de Ahmadinejad sobre la negación del Holocausto judío, Schvindlerman consideró que «le es psicológicamente necesaria y políticamente útil. Desde el punto de vista iraní, la creación de Israel se debió al Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho creen poner en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada”. Y por último, interpretó como «otra muestra de radicalismo” la designación de Ahmad Vahidi «como Ministro de Defensa iraní, un comandante de las Guardias Revolucionarias señalado como uno de los planificadores de la masacre de la AMIA”.

Schvindlerman posee una licenciatura en Administración de la Universidad de Buenos Aires y una Maestría en Ciencias Sociales de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es autor, además, del ensayo «El Otro Eje del Mal: antinorteamericanismo, antiisraelismo y antisemitismo”. (Télam).- jg-gel 22/09/2009 16:01

Guysen International News

Guysen International News

Por Julián Schvindlerman

  

Ahmadinejad en la ONU, otra vez – 22/09/09

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La presencia del dictador de Teherán en el recinto de las Naciones Unidas no será otra cosa sino la más reciente expresión del zigzag occidental en su actitud ante Irán. Tres instancias previas dan cuenta de ello.

Ahamadinejad en la Universidad de Columbia: La controversial invitación que extendiera la Universidad de Columbia al líder iraní en septiembre del 2007 echó luz sobre la ambivalencia occidental hacia el régimen ayatollah. La universidad defendió su decisión de invitar al presidente de un país enemigo que niega el Holocausto, llama abiertamente a la destrucción de Israel, promueve terrorismo regional e internacionalmente, desarrolla un programa nuclear ilegal, reprime domésticamente a su propio pueblo, y que incluso encarceló a un graduado de la propia Universidad de Columbia, apelando a los “poderes del diálogo y la razón” y a la “libertad de expresión como un valor central de nuestra sociedad”. El presidente iraní empleó la ocasión para afirmar que el Holocausto era una teoría histórica, no un hecho factual. En un discurso repleto de referencias coránicas afirmó que Irán era amistoso con el pueblo judío y negó que hubiera homosexuales en su patria. Lo más grave del incidente fue la afirmación implícita de la universidad, que, al invitar a un incitador al aniquilamiento de Israel, ha involuntariamente anunciado que apoyar u oponerse al genocidio contra el pueblo judío es un tópico legítimo de debate, tal como ha observado Caroline Glick del Jerusalem Post.

Una orquesta alemana en Teherán: Cuando la Orquesta Sinfónica de Osnabruck tocó la Obertura Leonore de Beethoven, el Concierto No. 3 de Elgar, y la Cuarta Sinfonía de Brahms a fines de agosto del 2008 en Teherán, sus músicos quebraron un tabú impuesto por los revolucionarios khomeinistas y llevaron música clásica occidental -por primera vez en 28 años, aparentemente- a la tierra en la que los ayatollhas la habían declarado ilegal. Mahmoud Ahmadinejad no asistió al concierto, pero sí lo hicieron 900 selectos invitados entre los cuáles se encontraba el Ministro de Cultura y hubo una excitada recepción popular De integración cultural o intercambio musical ciertamente no se trató: el servicio secreto impidió a los músicos iraníes entablar contacto con ninguno de sus sesenta pares alemanes. En momentos en que en el recinto de las Naciones Unidas se estudiaban nuevas sanciones y la imposición de embargos militares contra Irán, músicos alemanes fueron a maquillar políticamente a Teherán y a camuflar la imagen internacional de un estado hostil detrás de la cortina de un acontecimiento cultural.

Ahmadinejad en Ginebra: En abril de 2009, Mahmoud Ahmadinejad asistió a la sede de la ONU en Ginebra para dar un discurso en el marco de la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia e Intolerancia Relacionada. El espectáculo de un tirano racista negador del Holocausto dando un discurso en el marco de una cumbre de la ONU contra el racismo marcó un precedente memorable. Este evento dividió a los países del mundo en dos categorías: aquellos que decidieron boicotearlo y aquellos que decidieron participar del mismo. En el primer grupo se destacó Canadá, la primera nación en hacer pública su no-participación. Le siguieron Israel, y después, Estados Unidos. Se sumaron Italia, Polonia, Australia, Nueva Zelanda, y Alemania. La República Checa se retiró de toda la conferencia luego del discurso del líder iraní. Entre quienes permanecieron en la conferencia quedaron subdivididos en dos grupos a su vez: aquellas naciones que se retiraron de la sala ante la diatriba de Ahmadinejad, y aquellas que optaron por quedarse en el recinto. Muchos países europeos pertenecen al primer subgrupo; las naciones latinoamericanas, africanas, árabes y musulmanas -junto con el Vaticano- se encontraron en el segundo.

Ante la ausencia de una actitud internacional más decidida, debemos prepararnos para nuevos espectáculos discursivos del líder iraní en ciudades del mundo libre.

DyN

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Por Julián Schvindlerman

  

El discurso del presidente de Irán en la ONU y las conexiones de su gobierno con el atentado a la AMIA – 22/09/09

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Buenos Aires, set 22 (DyN).- La presencia del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad y el discurso que pronunciará el jueves en la Asamblea General de la ONU mueven a la reflexión sobre si se lo debe considerar persona grata o no grata en ese foro mundial, en el que estará presente la presidenta argentina.

Cuatro factores sirven de sustento a esta apreciación:

1) El programa nuclear: Si bien todavía no ha sido admitido públicamente por Teherán, el propósito de su mentado programa nuclear parece tener una clara finalidad militar.

Dos factores emergen como centrales:

a) Creencias religiosas. Los ayatollahs ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo. Esto podrá lucir extraño para los occidentales, pero dista de ser inconcebible desde una óptica iraní.

b) Planes estratégicos. Cuatro metas posibles: adquirir hegemonía regional, promover al chiísmo por sobre el sunismo, contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel.

2) Retórica extrema anti-israelí: En octubre de 2005, el presidente iraní llamó a «borrar a Israel del mapa», frase que ha repetido en varias ocasiones desde entonces.

En junio de 2007, él anunció que la cuenta regresiva para la destrucción de Israel había comenzado y en febrero de 2008, tildó al estado judío de «sucio microbio» y «bestia salvaje».

En mayo de aquél año se refirió a Israel como un «cadáver maloliente», una «rata muerta», y como un país «camino a la aniquilación».

En junio, afirmó que el «régimen sionista ha llegado a su fin»; cosa que repitió en agosto.

Durante la guerra entre Hamas e Israel a comienzos del 2009, el ayatollah Alí Khameini llamó a Israel un «guerrero infiel».

Así, setenta mil iraníes respondieron al llamado del gobierno para sumarse a una unidad de combatientes suicidas (ishtihadi) y cientos de ellos hicieron una sentada en el aeropuerto de Teherán, demandando ser enviados a Gaza.

«Confrontar al régimen sionista es una obligación religiosa y nacional» aseveró Ahmadinejad en vísperas de este Año Nuevo judío.

3) Negación del Holocausto: En la actualidad, la República Islámica de Irán es la nación líder en el mundo musulmán en este campo. La negación le es psicológicamente necesaria y políticamente útil.

Desde el punto de vista iraní, la creación del Estado de Israel se debió a los acontecimientos del Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho creen poner en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada.

En palabras del ministro de relaciones exteriores iraní, Manoujehr Mottaki: «Si la versión oficial del Holocausto es puesta en duda, entonces la identidad y naturaleza de Israel será puesta en duda».

4) Otras muestras de radicalismo: En agosto del corriente año, Ahmadinejad designó a Ahmad Vahidi como ministro de Defensa y al poco tiempo el congreso respaldó, por aclamación y unanimidad, la decisión.

Vahidi es un comandante de las Guardias Revolucionarias Iraníes señalado por la justicia argentina como uno de los planificadores de la masacre de la AMIA. El futuro ministro fue recibido en el congreso al grito de «muerte a Israel».

Alrededor de 475 personas se postularon al cargo de presidente en las pasadas elecciones en la República Islámica de Irán, pero solamente cuatro de ellos fueron aprobados por el Consejo Guardián. Entre ellos, Mohsen Rezaie, ex comandante de las Guardias Revolucionarias, sujeto a una orden de arresto emitida por el gobierno argentino por su vinculación con el atentado contra la AMIA.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Obama y el progresismo Judío norteamericano – 16/09/09

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La popularidad de Barack Obama se ha desvanecido. El índice de aprobación de su gestión cayó diecisiete puntos en ocho meses, ubicándose en el 45% a comienzo de septiembre. La caída ha sido tan vertiginosa que el prestigioso comentarista Charles Krauthammer sentenció: Habiéndose derretido sus alas de cera, es el hombre que ha caído a la tierra…Se he convertido en ordinario. El hechizo está quebrado. El conjurador carismático del 2008 ha dilapidado su magia». Solamente los presidentes Clinton y Ford vieron caer su popularidad por debajo del 50% más rápidamente que Obama. El universalmente despreciado Bush llegó a este nivel al cabo de 37 meses de gobierno; su padre en 36 meses; y el cuestionado Nixon al cabo de 25 meses. La caída de Obama no es definitiva, pero sí lo es el colapso de las ilusiones que muchos en él depositaron. Entre ellos los judíos.

En lo relativo a la política exterior, puntualmente hacia el Medio Oriente, el enfoque de la nueva administración ha evidenciado un reducido cariño hacia Israel y una mayor apertura hacia el mundo musulmán. Cabe citar la determinación de la Casa Blanca en hacer de los asentamientos un asunto problemático central, la vinculación de una eventual contención de Irán con una mayor flexibilidad israelí en las negociaciones con los palestinos, la declaración de una alta funcionaria del Departamento de Estado a propósito de que Israel debe firmar el Tratado de No-Proliferación Nuclear, la afirmación de Hillary Clinton de que Estados Unidos dotaría de un «paraguas protector» a las naciones amenazadas por Irán si esta nación cruzara el umbral nuclear (sugiriendo así la aceptación de semejante escenario). A esto puede sumarse la primera entrevista presidencial -concedida a una televisora árabe-, el discurso de Obama en El Cairo, su titubeo en repudiar inmediatamente el fraude electoral en Irán, y el virtual abandono de la retórica bushista sobre la «guerra contra el terror». Nada de esto debiera sorprender dadas las conocidas asociaciones de Obama con figuras radicales de la izquierda norteamericana, como ser el ex-terrorista William Ayers, el ex vocero de la OLP y actual profesor en la Universidad de Chicago Rashid Khalidi, el pastor racista Jeremiah Wright, y el recientemente destituido asesor ambiental Van Jones (por respaldar un comunicado de una agrupación que acusó a Washington de planear los atentados del 9/11); sin olvidar a su entorno de asesores fuertemente críticos del estado judío desde Robert Malley a Samantha Power, y desde Zbigniew Brzezinski a Daniel Kurtzer. No podemos culpar a los israelíes de que apenas el 6% de ellos considere al presidente Obama pro-israelí. Algunos han caracterizado a la Administración Obama como «la segunda venida de Jimmy Carter».

En una columna publicada en esta página el año pasado («Barack Obama y el voto judío» – 25/6/08), ponderaba el motivo por el cuál ciclo tras ciclo electoral los judíos estadounidenses votan en grandes números a los demócratas cuando encuesta tras encuesta son los republicanos quienes mayor simpatía muestran por el Estado de Israel y ha sido un republicano -George W. Bush- el líder más pro-israelí de la historia presidencial de aquél país, y concluía que sus preferencias progresistas influyen decididamente en su actitud. Encuestas recientes reconfirman ambos puntos. Una de enero último del Pew Research Center reflejó que el 60% de los conservadores expresaron simpatía por Israel y el 8% de ellos por los palestinos; en contraste con el 33% de apoyo que recibió Israel por parte de los progresistas, de los cuáles el 21% favorecía a los palestinos. También mostró que el 69% de los republicanos y el 42% de los demócratas simpatizan más con Israel que con los palestinos. Sin embargo, el 78% de los judíos votaron por Obama en las pasadas elecciones. La Encuesta Anual de Opinión Judía Estadounidense del American Jewish Committee del año 2008 indicó que el 52% de los judíos estadounidenses se manifestó más confiado en el Partido Demócrata en lo referido al apoyo de Washington a Jerusalem. Según ha documentado Norman Podhoretz, el promedio de votos judíos por el Partido Demócrata desde 1928 en elecciones presidenciales ha sido del 75%. En las últimas elecciones, los judíos fueron el grupo étnico y religioso que más votos dio a Obama a excepción de la comunidad afro-americana. El voto judío fue 25 puntos más elevado que el 53% del voto del electorado general; 35 puntos más elevado que el 43% del de los blancos; 11 puntos más elevado que el 67% cosechado entre los hispanos; 33 puntos más elevado que el 45% obtenido de los protestantes; y 24 puntos más elevado que el 54% proveniente del voto católico.

Este contrasentido puede ser explicado a partir del pacifismo que corre a lo largo de la ideología progresista judía norteamericana. En un excelente estudio publicado el mes pasado en The Jerusalem Post, Darren Pinsker trajo a colación dos datos sorprendentes. Consultados en 1984 si el presidente Ronald Reagan había errado al tildar a la Unión Soviética de «Imperio del Mal», el 66% de los judíos norteamericanos respondió afirmativamente. Debe recordarse que Moscú era enemigo de Israel, del judaísmo, de la expresión cultural judía, de la libertad y demás valores judíos. En el año 2007, se preguntó a los judíos estadounidenses: «¿Apoyaría Ud. o se opondría a que los Estados Unidos adopte acción militar contra Irán para evitar que desarrolle armas nucleares?». El 57% respondió que se opondría a tal acción militar. Debe recordarse que Teherán ha amenazado públicamente con obliterar a Israel.

Estos datos llevaron tiempo atrás a Milton Himmelfarb, un estudioso de la comunidad judía estadounidense, a observar: «La causa de esta rareza es que muchos judíos son palomas». Lo que a su vez motivó a Darren Pinsker a preguntarse si los judíos de EE.UU. están evaluando correctamente sus propios intereses políticos al votar al Partido Demócrata sucesivamente. «Posiblemente, la respuesta es no» concluyó. «El pacifismo, en el análisis final, no servirá bien a un grupo étnico que es objetivo de un movimiento religioso radical global». Esto es algo que muchos judíos norteamericanos aún deben internalizar. Hasta que ello suceda, Barak Obama y el Partido Demócrata pueden dar por descontado el apoyo de estos votantes.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Teorías conspirativas del medio oriente – 09/09

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Artículo publicado en Revista Amijai

Cuando en mayo del presente año estalló la pandemia de la gripe porcina, la televisión iraní insinuó que los judíos y los norteamericanos estaban tras de ella. Mencionó puntualmente al ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld como accionista de una “compañía judía” dueña del remedio curativo de la que “todos sus accionistas son sionistas”. Tres años antes, en un contexto de gripe aviaria, un columnista en el diario oficial sirio Al-Thawara sugirió que los israelíes habían creado el virus para dañar “genes que sólo poseen los árabes”. En cuanto al motivo por el cuál habría Israel plantado el virus en Asia oriental si el objetivo eran los genes árabes, el autor lo vinculó con una táctica de distracción típicamente sionista.

No era enteramente ilógico asumir ello. Después de todo, si los judíos habían planeado los atentados del 9/11, esto ciertamente sería un detalle. “Sólo los judíos son capaces de planear semejante incidente” afirmó casualmente un tal jeque Gamei. El “incidente” aludido fue el atentado que provocó la muerte a cerca de tres mil personas en Estados Unidos. Un website con patrocinio del gobierno de Qatar atribuyó el ataque a “una organización sionista internacional, ´Los Sabios de Sión´”. El embajador sirio ante Teherán, Turky Muhammad Saqr, afirmó “Siria tiene prueba documentada del involucramiento del régimen sionista en los ataques del 11 de septiembre sobre los Estados Unidos”.

En rigor no hay nada nuevo bajo el sol. Las teorías conspirativas tienen un largo historial en aquellas tierras poco hospitalarias.

Cuando en 1996 Israel demandó a la OLP que alterara la Carta Nacional Palestina, en conformidad con los requerimientos de los Acuerdos de Oslo, Rifat an-Najir, miembro del Consejo Palestino respondió: «Los Protocolos de los Sabios de Sión contienen párrafos mucho más peligrosos que los de la Carta Nacional Palestina… Por ende, para que nosotros anulemos partes de la Carta, ellos deben anular el extremismo incluido en los Protocolos». Éstos son regularmente citados por la prensa, fueron publicados en forma de libro en varios países árabes, e incluso por un diario iraní, el que publicó el tomo completo en 1995 en más de 150 ediciones bajo el título «un recordatorio para el lector». El mismo año, la Universidad de Alejandría, en Egipto, otorgó una maestría a un estudiante que escribió su tesis sobre el rol de los judíos en la economía basada en los Protocolos.

Según el diario oficial sirio Tishrin, organizaciones judías e israelíes han colonizado «100%» la red Internet y en consecuencia no hay material en la autopista informática que sea «benigno a los intereses sirios». La prensa palestina repetidamente ha acusado a Israel de exportar gomas de mascar afrodisíacas y chocolates contaminados «para crear problemas internos en nuestra comunidad y matar nuestros valores nacionales e islámicos», en palabras de un funcionario palestino. En abril de 2001, clérigos sauditas, jordanos y egipcios emitieron fatwas prohibiendo el uso del popular juego originario del Japón «Pokemon» puesto que era una «conspiración sionista». Según estos líderes religiosos islámicos, Pokemon quiere decir en japonés «soy judío» y la Estrella de David podía verse en las imágenes de las figuritas.

Estas divagaciones han incursionado en el campo literario. Un famoso libro publicado en 1987, El Anticristo, escrito por el autor egipcio Sa´id Ayyub, sostuvo que todos los sumos pontífices de la Iglesia Católica, Martin Luther King y Napoleón Bonaparte fueron judíos. Otro escritor egipcio, ´Izzat´Arif, publicó en 1990 el libro El Fin de Saddam, en el que acusó al dictador de Bagdad de ser judío. Siguiendo esta línea, un periódico sirio afirmó que Yasser Arafat inició negociaciones con Israel porque él mismo era judío. En 1991 vio la luz del día un libro escrito por ´Isa Da´ud titulado Advertencia: El falso mesías está invadiendo el mundo desde el Triángulo de las Bermudas, donde judíos y norteamericanos eran acusados de estar planeando explotar el planeta tierra. David Cook, un estudiante de la literatura árabe-musulmana, señaló que estos libros no son oscuras y marginales publicaciones; son tan populares que todos ellos han sido republicados varias veces.

A pesar de los varios repliegues territoriales israelíes, el mundo árabe ha estado largamente convencido que el estado judío desea expandir sus fronteras hasta cubrir todo el Medio Oriente… y más también. El académico Daniel Pipes trazó sus orígenes a tiempos precedentes al establecimiento del Estado de Israel. En 1937, dijo el rey Abd al-Aziz ibn Saud a un diplomático inglés: «Los judíos contemplan como su objetivo final no sólo tomar todo Palestina sino también la tierra al sur hasta llegar a Medina. Hacia el Este, también tienen la esperanza de algún día extenderse hasta el Golfo Pérsico». Gamal Abdel Nasser propagó intensamente esta fantasía. Al igual que su colega saudita, Nasser creía que «los judíos intentan conquistar Meca y Medina». En 1990, el diario Al-Akhbar opinó que la inmigración de judíos provenientes de la Unión Soviética era un «paso importante hacia la concreción del viejo sueño del Gran Israel, estirándose desde el Nilo hasta el Éufrates». Al año siguiente, Muhamar Qhadafi advirtió respecto a un siniestro plan israelí tendiente a «dominar fuentes de agua en la región, desde el Eufrates al Nilo». El líder libio adujo que Israel establecería sus cuarteles en El Cairo, dominando el área desde Pakistán a España y desde Turquía a Yemen: «Los israelíes han dicho que su hogar es de océano a océano, desde el Océano Índigo hasta los Estrechos del Bab al-Mandib, Estrechos de Hormuz, el Mar Rojo… hasta el Océano Atlántico junto con el Estrecho de Gibraltar y el Mediterráneo».

Un singular aporte a la alocada noción realizó Yasser Arafat en 1990 ante nada menos que el Consejo de Seguridad de la ONU, desplazado especialmente desde Nueva York a Ginebra. En aquella oportunidad, el famoso palestino indicó tener evidencia de los designios expansionistas israelíes. Con una moneda israelí de 10 agorot en la mano, dijo a la audiencia: «Este documento es un mapa del Gran Israel, el que está inscrito en esta moneda israelí, la pieza de 10 agorot». Abriendo un mapa, Arafat continuó: «todo Palestina, todo El Líbano, todo Jordania, medio Siria, 2/3 de Irak, 1/3 de Arabia Saudita hasta la sagrada Medina, y medio Sinaí». (La moneda, en uso en Israel, muestra una menorá contra un mapa regional; es una imitación de una moneda emitida en el año 37 antes de la Era Común por el último de los reyes jasmoneos, durante el sitio de Jerusalem).

En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud», esencialmente reviviendo el libelo de sangre de Damasco de 1840.

Mi alucinación árabe favorita: PEPSI, según un grupo egipcio opuesto a productos israelíes y norteamericanos, significa «Pay Every Penny to Save Israel» (pague todo centavo para salvar a Israel). Habrá que tomar PEPSI…

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El libelo de sangre de Estocolmo – 02/09/09

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Se conoce como libelo de sangre a la maledicencia de que los judíos necesitan la sangre de niños cristianos para la cocción del pan leudado durante las festividades del Pesaj. A pesar de que el pueblo judío fue desde tiempos bíblicos la primera nación en prohibir el consumo de sangre y los sacrificios humanos, la creencia en esta acusación lunática se esparció velozmente y no parece querer sucumbir.

El primer caso europeo surgió en Norwich, Inglaterra, en 1144, cuando se halló en los bosques el cadáver de un joven llamado Guillermo y los judíos fueron acusados por su muerte. Se repitió en 1147 en Wursburg, en 1168 en Gloucester, en 1171 en Blois, en 1182 en Zaragoza, en 1255 en Lincoln, en 1286 en Munich, y reiteradamente por toda Europa aún hasta entrado el siglo XX. Se ha estimado que al menos unas 150 veces fueron los judíos de Europa juzgados y condenados por este supuesto crimen desde el siglo XII en adelante. Esta calumnia aparece en Los Cuentos de Canterbury de Geofrrey Chaucer y en Ulises de James Joyce. Desde el siglo XIX hubo una explosión de acusaciones basadas en el libelo de sangre.

Fue introducido al Medio Oriente por misionarios cristianos y rápidamente hizo metástasis en toda la región. Tal como el historiador Efraím Karsh ha documentado, comunidades judías fueron acusadas de haber realizado este falso rito en Alepo (1810, 1850, 1875); Antioco (1826); Beirut (1824, 1862, 1874); Damasco (1840, 1848, 1890); Deir al-Qamar (1847); Homus (1829); Trípoli (1834); Jerusalem (1847); Alejandría (1870, 1882, 1901, 1902); Port Said (1903, 1908); y El Cairo (1844, 1890, 1901-1902).

En tiempos modernos, Rusia lo propagó entusiastamente y hubo pogromos cometidos en su nombre. El caso más famoso de injuria ritual del siglo XX ocurrió en Kiev en 1913, manifestado en el escandaloso juicio contra el obrero judío Mendel Beilis. Tanto en el siglo XIX como en el XX, L´Osservatore Romano, Civiltá Cattolica y la Radio Vaticana respaldaron fábulas acerca del libelo de sangre. Este último periódico publicó sobre este tema incluso durante el Holocausto. Desde la década de 1930, los nazis incorporaron el libelo a su maquinaria de propaganda antijudía. Según el historiador James Parkes, En Europa Oriental, entre los católicos romanos y los cristianos ortodoxos orientales…hay casi más ejemplos de la acusación en los años 1880 y 1945 que en toda la Edad Media».

A partir de la segunda mitad del siglo XX, fueron los árabes y los musulmanes quienes más lo divulgaron mediante imaginativas variaciones y adaptaciones cuya base acusatoria ha sido esencialmente la misma. En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de la entonces Primera Dama de Estados Unidos Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud». En el 2004, la televisión iraní emitió la serie «Los ojos azules de Zahra» cuyo tema principal versaba sobre un plan israelí orientado a hacerse de ojos palestinos para trasplantarlos a no-videntes israelíes.

Y así llegamos a la reciente nota de la discordia del diario sueco Aftonbladet, el de mayor circulación en toda Escandinavia. Publicada en la sección de cultura, escrita por el periodista freelance Donald Boström, y respaldada luego del escándalo por el propio editor, la columna alegó que soldados israelíes matan a palestinos con el objeto de recolectar sus órganos para trasplantes en el estado judío. Notablemente, el gobierno sueco se ocultó tras el cliché de la libertad de expresión y eludió condenar el artículo, llegando a reprender a su embajadora en Tel-Aviv luego de que ésta lo repudiara. Ante la avalancha de cuestionamientos, el editor Jan Helin se vio forzado a admitir que no tenía evidencia respaldatoria de tan seria acusación. De hecho, los propios familiares de Bilal Ahmed Ghanem -el palestino de la pequeña localidad cisjordana de Imatín a cuyo derredor giraba toda la historia de la nota- realizaron similar confesión. Su madre negó haber dicho a algún periodista que los órganos de su hijo habían sido robados. Otro pariente de nombre Ibrahím aseguró que la familia nunca dijo tal cosa al fotógrafo sueco que vio el cuerpo de Bilal. «No sé si esto es cierto, no tenemos ninguna evidencia que apoye esto» resumió su hermano Jalal. En suma, se trató de una maliciosa calumnia.

Desde Norwich hasta Imatín, y del siglo XII al XXI, los antisemitas europeos han hallado las formas más efectistas de difamar a los judíos con libelos descabellados. Que hayan sido suecos los involucrados en este lamentable episodio y que hayan demostrado mayor entusiasmo que los propios palestinos en demonizar a Israel, tan solo prueba que la tradición judeofóbica que corroe al viejo continente está intacta, y que el estado judío ha tomado el lugar del pueblo judío en la matriz de este odio humano.

Originalmente publicada en Guysen International News (Francia)

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Por Julián Schvindlerman

  

El libelo de sangre de Estocolmo – 30/08/09

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Se conoce como libelo de sangre a la maledicencia de que los judíos necesitan la sangre de niños cristianos para la cocción del pan leudado durante las festividades del Pesaj. A pesar de que el pueblo judío fue desde tiempos bíblicos la primera nación en prohibir el consumo de sangre y los sacrificios humanos, la creencia en esta acusación lunática se esparció velozmente y no parece querer sucumbir.

El primer caso europeo surgió en Norwich, Inglaterra, en 1144, cuando se halló en los bosques el cadáver de un joven llamado Guillermo y los judíos fueron acusados por su muerte. Se repitió en 1147 en Wursburg, en 1168 en Gloucester, en 1171 en Blois, en 1182 en Zaragoza, en 1255 en Lincoln, en 1286 en Munich, y reiteradamente por toda Europa aún hasta entrado el siglo XX. Se ha estimado que al menos unas 150 veces fueron los judíos de Europa juzgados y condenados por este supuesto crimen desde el siglo XII en adelante. Esta calumnia aparece en Los Cuentos de Canterbury de Geofrrey Chaucer y en Ulises de James Joyce. Desde el siglo XIX hubo una explosión de acusaciones basadas en el libelo de sangre.

Fue introducido al Medio Oriente por misionarios cristianos y rápidamente hizo metástasis en toda la región. Tal como el historiador Efraím Karsh ha documentado, comunidades judías fueron acusadas de haber realizado este falso rito en Alepo (1810, 1850, 1875); Antioco (1826); Beirut (1824, 1862, 1874); Damasco (1840, 1848, 1890); Deir al-Qamar (1847); Homus (1829); Trípoli (1834); Jerusalem (1847); Alejandría (1870, 1882, 1901, 1902); Port Said (1903, 1908); y El Cairo (1844, 1890, 1901-1902).

En tiempos modernos, Rusia lo propagó entusiastamente y hubo pogromos cometidos en su nombre. El caso más famoso de injuria ritual del siglo XX ocurrió en Kiev en 1913, manifestado en el escandaloso juicio contra el obrero judío Mendel Beilis. Tanto en el siglo XIX como en el XX, L´Osservatore Romano, Civiltá Cattolica y la Radio Vaticana respaldaron fábulas acerca del libelo de sangre. Este último periódico publicó sobre este tema incluso durante el Holocausto. Desde la década de 1930, los nazis incorporaron el libelo a su maquinaria de propaganda antijudía. Según el historiador James Parkes, “En Europa Oriental, entre los católicos romanos y los cristianos ortodoxos orientales…hay casi más ejemplos de la acusación en los años 1880 y 1945 que en toda la Edad Media”.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, fueron los árabes y los musulmanes quienes más lo divulgaron mediante imaginativas variaciones y adaptaciones cuya base acusatoria ha sido esencialmente la misma. En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de la entonces Primera Dama de Estados Unidos Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud». En el 2004, la televisión iraní emitió la serie “Los ojos azules de Zahra” cuyo tema principal versaba sobre un plan israelí orientado a hacerse de ojos palestinos para trasplantarlos a no-videntes israelíes.

Y así llegamos a la reciente nota de la discordia del diario sueco Aftonbladet, el de mayor circulación en toda Escandinavia. Publicada en la sección de cultura, escrita por el periodista freelance Donald Boström, y respaldada luego del escándalo por el propio editor, la columna alegó que soldados israelíes matan a palestinos con el objeto de recolectar sus órganos para trasplantes en el estado judío. Notablemente, el gobierno sueco se ocultó tras el cliché de la libertad de expresión y eludió condenar el artículo, llegando a reprender a su embajadora en Tel-Aviv luego de que ésta lo repudiara. Ante la avalancha de cuestionamientos, el editor Jan Helin se vio forzado a admitir que no tenía evidencia respaldatoria de tan seria acusación. De hecho, los propios familiares de Bilal Ahmed Ghanem -el palestino de la pequeña localidad cisjordana de Imatín a cuyo derredor giraba toda la historia de la nota- realizaron similar confesión. Su madre negó haber dicho a algún periodista que los órganos de su hijo habían sido robados. Otro pariente de nombre Ibrahím aseguró que la familia nunca dijo tal cosa al fotógrafo sueco que vio el cuerpo de Bilal. “No sé si esto es cierto, no tenemos ninguna evidencia que apoye esto” resumió su hermano Jalal. En suma, se trató de una maliciosa calumnia.

Desde Norwich hasta Imatín, y del siglo XII al XXI, los antisemitas europeos han hallado las formas más efectistas de difamar a los judíos con libelos descabellados. Que hayan sido suecos los involucrados en este lamentable episodio y que hayan demostrado mayor entusiasmo que los propios palestinos en demonizar a Israel, tan solo prueba que la tradición judeofóbica que corroe al viejo continente está intacta, y que el estado judío ha tomado el lugar del pueblo judío en la matriz de este odio humano.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Judíos contra Sión – 19/08/09

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La noticia divulgada por Associated Press a comienzos de agosto a propósito de un integrante judío israelí del movimiento palestino Fatah debe haber levantado más de una ceja entre los lectores.

Uri Davis fue uno de los alrededor de setecientos miembros de Fatah que se postuló para uno de los ochenta y nueve asientos del Consejo Revolucionario de esta agrupación que ha controlado el destino de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) por décadas y ha sido la fuerza dominante en la Autoridad Palestina (AP) desde su creación en 1994. En los años sesenta, Davis rehusó sumarse al ejército, algo que en aquella época era considerado alta traición por la sociedad israelí, se casó con una mujer palestina, escribió un libro antisionista en los años setenta, se exilió y unió a Fatah en los años ochenta, convirtiéndose en director de su oficina londinense en tiempos en los que este grupo perpetraba atentados terroristas contra los judíos en Israel y Europa principalmente. Un caso singular, ciertamente.

O quizás no tanto. Pues Davis -que se autodefine como un palestino hebreo-parlante del “estado apartheid de Israel”- no es el único judío en haber simpatizado con el nacionalismo palestino. De los extremos de la sociedad israelí han surgido grupos o personajes controvertidos que han dado apoyo a los nacionalistas palestinos a lo largo del tiempo. Miembros del movimiento ultraortodoxo Neturei Karta, por ejemplo, han visitado a Yasser Arafat cuando convalecía en un hospital parisino en el año 2004 y se han manifestado a favor de ataques terroristas contra Israel. (También han respaldado a Mahmoud Ahmadinehad en Teherán por su diatriba antisionista y negadora de la Shoá). Emanando del lado laico y de la izquierda radical, agrupaciones como Betselem, Paz Ahora y Rabinos por los Derechos Humanos, sin llegar a estos niveles aberrantes, han sistemáticamente elegido respaldar los reclamos nacionalistas de los palestinos en desmedro de los intereses israelíes, contribuyendo a la difamación global de su propio país con sus actividades, reportes y comunicados tendenciosos.

La oposición judía a Sión se remonta a los tiempos del Mandato Británico sobre Palestina e incluyó en sus filas a pensadores estelares a los que no se les podría atribuir sufrir la patología del auto-odio. Martin Buber, por caso, escribió en 1939 -al año de haber arribado a Palestina y a dos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial- un artículo en el diario Haaretz en el que acusaba al Sionismo de “realizar acciones de Hitler en la tierra de Israel, porque ellos [los sionistas] quieren servir al dios de Hitler [el nacionalismo] después de que éste reciba un nombre judío.” Con anterioridad, el reformismo judeo-alemán del siglo XIX decidió expurgar de sus textos litúrgicos las referencias a Jerusalem y a la Tierra de Israel con el objeto de eliminar todo vestigio nacionalista. Para ellos, los judíos constituían una religión y no una nación con reclamos soberanos válidos. En el otro extremo, la ortodoxia rabínica era antisionista en virtud de su mesianismo fundamentalista. En la Rusia post-revolucionaria de principios del siglo XX, los bolcheviques judíos eran profundamente antisionistas. Uno de sus líderes más destacados, el judío ateo León Trotsky, veía a Theodor Herzl como una “figura repulsiva”. Hoy, parte de los judíos residentes en la diáspora fieramente críticos de Israel suelen estar fuera del marco comunitario (aunque de ningún modo ese es siempre el caso), y -en palabras del psiquiatra y profesor de Harvard Kenneth Levin – “su única afiliación con asuntos judíos tiene que ver con sus ataques a Israel”. Juan Gelman y Pedro Brieger tipifican esta categoría en la Argentina.

El tópico de la enajenación de algunos judíos respecto de su propia identidad y de su sentido de pertenencia a su propio pueblo ha preocupado a historiadores por largo tiempo. Un reciente ensayo del profesor Alvin Rosenfeld de la Universidad de Indiana, titulado “Pensamiento ´Progresista´ Judío y el Nuevo Antisemitismo” examinó los escritos de varios intelectuales judíos anti-israelíes del mundo anglo tales como Tony Kushner, Jacqueline Rose y Tony Judt entre otros. Similar preocupación llevó a Theodor Lessing ha publicar, en 1930, un libro titulado “El Amor-Odio de los Judíos” en cuyas páginas estudió los casos de seis judíos prominentes que repudiaron su identidad, entre ellos Otto Weininger y Arthur Trebitsch. El filósofo austriaco Weininger terminó quitándose la vida por eso, en tanto que el periodista vienés Trebitsch se convirtió al cristianismo e instó a los alemanes a no ceder en su lucha contra los judíos: “¡Permaneced firmes! ¡No tengáis piedad! ¡Ni siquiera conmigo!”.

Entre quienes evidenciaron alienación (en distintos grados) respecto de su judaísmo, contamos a Karl Marx, quién dejó testimonio de su sentir en el panfleto de 1843 “Sobre la Cuestión Judía”; a Rosa Luxemburgo, que en una carta privada respondió a un colega “¿Por qué recurres a mí con tus penas especiales judías?…No puedo hallar un rincón especial de mi corazón por el ghetto”; y a Gertrud Stein, quién en 1934 dijo al New York Times que “Hitler debió haber recibido el Premio Nobel de la Paz”. Hannah Arendt no tuvo inhibición en ser amante del profesor nazi Martin Heidegger y lo promovió en círculos intelectuales aún después de la guerra. Friedrich Stahl se convirtió al cristianismo, se hizo profesor de derecho eclesiástico en la Universidad de Berlín, y fue líder del antisemita Partido Conservador Cristiano. Todos ellos seguramente coincidirían con la aseveración del poeta judío alemán converso al cristianismo Heinrich Heine, de que “el judaísmo no es una religión sino una desgracia”.

Aún más atrás en el tiempo, podemos identificar a judíos que trocaron el judaísmo por el catolicismo (cuando el segundo pujaba por anular al primero) y se transformaron en antisemitas impiadosos. Entre sus filas, según ha escrito Gustavo Perednik, han militado -especialmente en el Medioevo- Petrus Alfons, Nicholas Donin, Pablo Christiani, Avner de Burgos, Guglielmo Moncada y Alessandro Franceschi.

Así es que Uri Davis, el exótico judío israelí de Fatah, no encarna un fenómeno tan excepcional; él integra un linaje trágico que hace a una parte verdaderamente alucinante de la historia judía.

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Por Julián Schvindlerman

  

Un canciller Israelí en Sudamérica – 06/08/09

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En 1947, trece de los entonces veinte países latinoamericanos en las Naciones Unidas votaron a favor del Plan de Partición. América Latina jugó un papel crítico en esa votación. Hoy, eso es historia antigua. En las últimas décadas, las naciones latinoamericanas han virado hacia posturas que oscilan entre la neutralidad y la contrariedad en lo relativo a las cuestiones israelíes. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Lieberman -la primera de un canciller israelí a la región en veintitrés años- claramente ha apuntado a reforzar los lazos bilaterales.

Lieberman visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia. En todos estos países -salvo la Argentina- fue recibido por los presidentes, además de otros funcionarios de alto rango. A excepción de manifestaciones callejeras de bajo impacto, ocasionales pegatinas de afiches ofensivos, y el infaltable repudio de grupos radicales judíos, el viaje del canciller por la región pasó sin mayor escándalo y contribuyó a solidificar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. Como trasfondo de la visita del canciller se encuentra la creciente penetración iraní en el hemisferio occidental. Ello en parte posiblemente explique el renovado interés israelí por América Latina. Recientemente, ha viajado a Panamá y a Costa Rica el Ministro de Seguridad Pública Yitzjak Aharonovitch, ha participado de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Honduras el Vice-Ministro Danny Ayalon, en agosto estará en Paraguay y Ecuador el ministro Uzi Landau, y ha sido anunciada una visita del Presidente Shimon Peres para noviembre. Los diplomáticos israelíes parecen haber descubierto que el sur también existe.

A lo largo de su estadía en nuestro país, tuve la oportunidad de escuchar dos veces al canciller. Durante una minúscula y brevísima conferencia de prensa ante periodistas comunitarios en la cuál aceptó cinco preguntas a lo largo de quince minutos, y durante un almuerzo organizado en su honor en el Hotel Alvear donde pude escucharlo por más tiempo. Con el aditamento de la entrevista exclusiva que concedió al diario La Nación, podemos darnos una idea del mensaje que trajo a la región. Cinco puntos pudieron ser detectados con claridad: a) reforzar lazos con Sudamérica, como complemento a la relación especial con Washington y al vínculo cotidiano con la Unión Europea y otros actores internacionales; b) alertar sobre la creciente influencia iraní en estas tierras y denunciar la naturaleza del régimen ayatollah; c) subrayar la no-centralidad del problema palestino como el asunto más acuciante a nivel regional; d) señalar la amenaza global del terrorismo fundamentalista islámico; y e) apoyar a la comunidad judía local en el reclamo de esclarecimiento por el atentado contra la AMIA. Estos cinco asuntos no agotan una agenda mayor de preocupaciones plasmadas en entrevistas, conversaciones y discursos pronunciados durante su visita, pero parecen reflejar fielmente al menos varias de las inquietudes contemporáneas de la diplomacia israelí, algunas de las cuáles tocan directamente a América Latina.

Nadie debiera albergar expectativas desmedidas acerca de nuevas actitudes latinoamericanas hacia el Medio Oriente como resultado de esta visita (por caso, Brasilia ya anunció que recibirá en breve al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad). A la vez, tampoco nadie debiera minimizar el impacto positivo que esta gira pudiere haber tenido en la transmisión de la perspectiva israelí a los políticos latinoamericanos. A la luz de las realidades geopolíticas regionales e internacionales, el viaje del canciller Lieberman ha sido oportuno y atinado.

Originalmente publicado en Comunidades