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Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El escándalo de los asentamientos – 24/03/10

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Si algo ha quedado en claro a partir del lamentable episodio relacionado a la construcción de nuevas casas en Ramat Shlomó, es que Israel está en la más completa soledad para enfrentar la amenaza nuclear iraní. Esta Casa Blanca no la respaldará si una incursión militar preventiva fuese necesaria. Gracias a la torpeza inconcebible de un burócrata del Ministerio de Interior israelí y a la subsiguiente reacción desproporcionada de la Administración Demócrata, ello resulta evidente. Un gobierno estadounidense proclive a crear la peor crisis bilateral en décadas a partir de un asunto tan cotidiano como el de los asentamientos (en este caso específico, una ampliación barrial dentro de las fronteras municipales de Jerusalem a cinco cuadras de la Línea Verde), difícilmente esté dispuesto a brindar capital político o de otra índole a un Israel enredado en una contienda bélica mayúscula. En este sentido entonces, chapeau al burócrata inútil de Shas que inadvertidamente echó luz sobre el verdadero estado de las relaciones Washington-Jerusalem.

La determinación estadounidense de casi fomentar una ruptura en su “relación especial” con su más confiable aliado en el Medio Oriente encaja a la perfección con el nuevo enfoque demócrata hacia esta región. El presidente Barack Obama ha invertido un apreciable esfuerzo en seducir a las naciones árabes e islámicas y en ofender a los israelíes desde que asumió el control de la Casa Blanca. Sus visitas a Ankara, Ryhad y El Cairo durante su primer año de gobierno y su decisión de no visitar Jerusalem en ese período, sumado a los discursos dulces regalados a audiencias musulmanas y su política de acercamiento a Turquía, Siria e Irán, en contraste con la dureza de sus expresiones relativas a las políticas de Israel, dan cuenta del giro atroz acaecido en Washington desde que George W. Bush partió.

El primer indicio de la nueva política mesooriental demócrata surgió en Mayo del 2009 cuando la flamante Secretaria de Estado Hillary Clinton hizo de los asentamientos israelíes en zonas disputadas el punto nodal de la disputa palestino-israelí. Entonces declaró que el presidente Obama “quiere ver un freno a los asentamientos; no a algunos asentamientos, no a puestos alejados, no excepciones al crecimiento natural”. El segundo indicio emergió con la actitud apaciguadora hacia la República Islámica de Irán, con cuyos líderes el presidente Obama intercambió cartas y ofreció las bonafides del espíritu americano si tan sólo los ayatollahs desearan abandonar sus ambiciones nucleares e imperiales en el Medio Oriente. El tercer indicio se manifestó con la sorprendente vinculación efectuada por Washington entre la cuestión nuclear iraní y el proceso de paz entre israelíes y palestinos, sugiriendo que solamente progreso en este último llevaría a una resolución del primero. Con el transcurso del tiempo la Administración Demócrata pareció retroceder de este esquema, hasta la aparición de este nuevo incidente que cabalmente demostró que el presidente Obama dejó de ser una aliado (si es que alguna vez lo fue) para convertirse en un adversario de Israel.

El desarrollo de los eventos fue revelador. Conocido el anuncio israelí durante la presencia en tierra hebrea del Vicepresidente Joe Biden, éste demoró una hora y media su asistencia a una cena formal en la residencia del Primer Ministro y luego su oficina emitió un comunicado que “condenó” la decisión israelí. El lenguaje diplomático empleado fue severo y atípico para referir a una declaración burocrática de un país aliado. Al día siguiente, Hillary Clinton mantuvo una tensa conversación de 43 minutos de duración con el premier Binyamín Netanyahu en la que exigió que Israel demuestre que “está comprometida con esta relación y con el proceso de paz”. El embajador israelí en Washington fue convocado a dar explicaciones al Departamento de Estado, y EE.UU. sumó su voz a un comunicado de condena emitido por el Cuarteto del Medio Oriente que integran también Rusia, la Unión Europea y las Naciones Unidas. Envalentonados, los palestinos amenazaron con lanzar una nueva intifada, hubo choques entre fuerzas israelíes y palestinas de Jerusalem a Jaffa en tanto que cohetes comenzaron a ser lanzados nuevamente desde la Franja de Gaza.

La escalada de violencia y renovada intransigencia palestina es resultado directo de la decisión de Barack Obama de transformar a EE.UU., en la caracterización del Wall Street Journal, “tal como los europeos lo han hecho, en otro bufete de abogados de los palestinos”. Es posible que la Casa Blanca retroceda o al menos dilate, tal como ha debido hacer con su grandilocuente anuncio de cerrar la cárcel de Guantánamo en un año, abandonar Irak velozmente, y llevar a juicio civil en Manhattan a terroristas de Al-Qaeda. Pero el daño -a la relación bilateral con su más estrecho aliado, al proceso de paz y a la estabilidad del Medio Oriente- ya está hecho. Y el acto de deslealtad hacia Israel ha sido aleccionador.

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Pavlov en dubai – 03/03/2010

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De haber vivido en la actualidad, Iván Petróvich Pávlov (quién desarrolló su famosa teoría del reflejo condicionado entre 1890 y 1900) igualmente hubiera podido llevar a cabo su investigación y confirmar su tesis con igual precisión con apenas observar la actitud de los europeos hacia los israelíes durante la primera década del siglo XXI.

Para Europa, la muerte de un palestino presupone la culpabilidad israelí. Tan acostumbrada está a chillar contra Israel por el sufrimiento palestino que no puede siquiera concebir la noción de que algún tercero inflinga daño a su víctima dilecta. Bastó que el jefe de la policía de un país árabe señalara con un 99%» de certeza la participación sionista en el asesinato de un terrorista palestino para que Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Alemania (y posteriormente Australia) citaran a embajadores israelíes a dar explicaciones por el uso de pasaportes de sus países en la sucia operación. Dubai -que aún debe dar explicaciones a propósito de la presencia libre en su territorio nacional, en un hotel de lujo, de un terrorista y pieza clave de la importación clandestina de armamento iraní a Gaza – pasó a la ofensiva. INTERPOL -que no emitió circulares rojas contra sospechosos iraníes en el asesinato de 85 personas en la Argentina sino hasta trece años después del hecho, cuando el fiscal de la causa AMIA presentara el caso ante su Asamblea General- velozmente puso las fotografías de once de los (al momento) veintiséis acusados en su portal oficial dentro de la lista de los más buscados. La mera idea de que otros actores internacionales pudieran tener un interés en la eliminación de Mahmoud Mabhouh -Fatah, Egipto, Estados Unidos- o que su muerte pudiera haber sido el resultado de las cruentas internas del mundillo del terror, parece no haber cruzado las mentes de los distinguidos diplomáticos europeos, quienes quedaron un poco en ridículo ante la aseveración posterior del mismo jefe de la policía dubaití de que al menos dos de los presuntos asesinos partieron de Duabi rumbo a Irán; un destino-refugio harto improbable para un agente del Mossad involucrado en la eliminación de un enlace iraní.

Quienquiera haya sido el ejecutor de esta operación, indudablemente le ha hecho un bien a la humanidad. El mundo es ahora un poco más seguro dado que hay un terrorista menos complotando muerte sobre la faz de la tierra. Desde el punto de vista de la logística, la operación fue un éxito: agentes foráneos encubiertos ingresaron a un país sin ser detectados, eliminaron al objetivo, no provocaron bajas colaterales, no sufrieron bajas propias y se fugaron sin que ninguno de ellos fuese arrestado. Misión cumplida. A posteriori, un abochornado Dubai puso el grito en el cielo y provocó un escándalo diplomático internacional al acusar precipitadamente a Jerusalem y revelar supuestas imágenes del grupo comando que fueron tomadas por cámaras que hoy en día se encuentran apostadas en hoteles, casinos y shopping centers de categoría en cualquier parte del mundo. Ciertamente hay precedentes del tipo en la lucha antiterrorista israelí: Yihye Ayash, Ahmed Yassin, Abdel Azíz Rantisi y el fallido intento contra Khaled Mashal son los casos más salientes de participación israelí en este tipo de operaciones contra el Hamas. Pero el precedente no crea, ni demuestra, culpabilidad.

De todos modos, aún si Israel fuese el responsable ¿exactamente cual es el motivo de la indignación? ¿Qué mató a un combatiente enemigo en tierras distantes? Bueno, la OTAN hizo precisamente eso para la misma época en Afganistán, provocando la muerte a docenas de talibanes de un saque e incluso ocasionando la muerte a decenas de civiles en las inmediaciones. El teatro de operaciones fue distinto, pero el objetivo el mismo: combatir al terrorismo islámico. Debe admitirse que el derecho a la auto-defensa necesariamente implica la comisión de un daño a terceros, especialmente a terceros decididos a matarlo a uno. Israel históricamente ha debido balancear sus requerimientos de seguridad con las restricciones de la ley y la moral internacional y ha emergido generalmente airosa. No debe olvidarse que la ley internacional define a los terroristas como «enemigos comunes de la humanidad» y postula el principio de que ningún crimen debe quedar sin castigo. Los propios Tribunales de Nuremberg, según ha explicado el profesor Louis Rene Beres, al ser establecidos en 1945 postularon que «lejos de ser injusto castigar [a un ofensor], sería injusto que sus crímenes permanezcan impunes».

Este principio jurídico y moral fue honrado extrajudicialmente el mes pasado en Dubai.

Comunidades, Comunidades - 2010

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Por Julián Schvindlerman

  

Pavlov en Dubai – 03/03/10

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De haber vivido en la actualidad, Iván Petróvich Pávlov (quién desarrolló su famosa teoría del reflejo condicionado entre 1890 y 1900) igualmente hubiera podido llevar a cabo su investigación y confirmar su tesis con igual precisión con apenas observar la actitud de los europeos hacia los israelíes durante la primera década del siglo XXI.

Para Europa, la muerte de un palestino presupone la culpabilidad israelí. Tan acostumbrada está a chillar contra Israel por el sufrimiento palestino que no puede siquiera concebir la noción de que algún tercero inflinga daño a su víctima dilecta. Bastó que el jefe de la policía de un país árabe señalara con un “99%” de certeza la participación sionista en el asesinato de un terrorista palestino para que Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Alemania (y posteriormente Australia) citaran a embajadores israelíes a dar explicaciones por el uso de pasaportes de sus países en la sucia operación. Dubai -que aún debe dar explicaciones a propósito de la presencia libre en su territorio nacional, en un hotel de lujo, de un terrorista y pieza clave de la importación clandestina de armamento iraní a Gaza – pasó a la ofensiva. INTERPOL -que no emitió circulares rojas contra sospechosos iraníes en el asesinato de 85 personas en la Argentina sino hasta trece años después del hecho, cuando el fiscal de la causa AMIA presentara el caso ante su Asamblea General- velozmente puso las fotografías de once de los (al momento) veintiséis acusados en su portal oficial dentro de la lista de los más buscados. La mera idea de que otros actores internacionales pudieran tener un interés en la eliminación de Mahmoud Mabhouh -Fatah, Egipto, Estados Unidos- o que su muerte pudiera haber sido el resultado de las cruentas internas del mundillo del terror, parece no haber cruzado las mentes de los distinguidos diplomáticos europeos, quienes quedaron un poco en ridículo ante la aseveración posterior del mismo jefe de la policía dubaití de que al menos dos de los presuntos asesinos partieron de Duabi rumbo a Irán; un destino-refugio harto improbable para un agente del Mossad involucrado en la eliminación de un enlace iraní.

Quienquiera haya sido el ejecutor de esta operación, indudablemente le ha hecho un bien a la humanidad. El mundo es ahora un poco más seguro dado que hay un terrorista menos complotando muerte sobre la faz de la tierra. Desde el punto de vista de la logística, la operación fue un éxito: agentes foráneos encubiertos ingresaron a un país sin ser detectados, eliminaron al objetivo, no provocaron bajas colaterales, no sufrieron bajas propias y se fugaron sin que ninguno de ellos fuese arrestado. Misión cumplida. A posteriori, un abochornado Dubai puso el grito en el cielo y provocó un escándalo diplomático internacional al acusar precipitadamente a Jerusalem y revelar supuestas imágenes del grupo comando que fueron tomadas por cámaras que hoy en día se encuentran apostadas en hoteles, casinos y shopping centers de categoría en cualquier parte del mundo. Ciertamente hay precedentes del tipo en la lucha antiterrorista israelí: Yihye Ayash, Ahmed Yassin, Abdel Azíz Rantisi y el fallido intento contra Khaled Mashal son los casos más salientes de participación israelí en este tipo de operaciones contra el Hamas. Pero el precedente no crea, ni demuestra, culpabilidad.

De todos modos, aún si Israel fuese el responsable ¿exactamente cual es el motivo de la indignación? ¿Qué mató a un combatiente enemigo en tierras distantes? Bueno, la OTAN hizo precisamente eso para la misma época en Afganistán, provocando la muerte a docenas de talibanes de un saque e incluso ocasionando la muerte a decenas de civiles en las inmediaciones. El teatro de operaciones fue distinto, pero el objetivo el mismo: combatir al terrorismo islámico. Debe admitirse que el derecho a la auto-defensa necesariamente implica la comisión de un daño a terceros, especialmente a terceros decididos a matarlo a uno. Israel históricamente ha debido balancear sus requerimientos de seguridad con las restricciones de la ley y la moral internacional y ha emergido generalmente airosa. No debe olvidarse que la ley internacional define a los terroristas como “enemigos comunes de la humanidad” y postula el principio de que ningún crimen debe quedar sin castigo. Los propios Tribunales de Nuremberg, según ha explicado el profesor Louis Rene Beres, al ser establecidos en 1945 postularon que “lejos de ser injusto castigar [a un ofensor], sería injusto que sus crímenes permanezcan impunes”.

Este principio jurídico y moral fue honrado extrajudicialmente el mes pasado en Dubai.

Guysen International News

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Por Julián Schvindlerman

  

La enfermedad intelectual del siglo XXI – 03/02/10

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“Debemos dar una nueva vida a nuestra cultura del martirio, porque a nada le temen más los enemigos de Alá que a nuestro amor por la muerte”. Le propongo un acertijo. ¿A quién cree Ud. que más probablemente pertenezca esta frase?: a) un sacerdote católico, b) un rabino judío, c) un imán musulmán. Si el lector está mínimamente informado de los asuntos mundiales y es un observador honesto, entonces seguramente optará por la opción última. Voilá! Es la correcta: la cita fue pronunciada por el clérigo Anwar al-Awlaki, popularmente apodado “el Bin-Laden de internet”. Otro desafío. Si están por subir a un avión con destino a Boston tres hombres jóvenes, a saber: a) un tibetano budista, b) un panameño evangelista, c) un nigeriano musulmán, y solamente uno de ellos puede ser monitoreado, ¿a quién, en su opinión, deberían los oficiales de seguridad aérea escrutar? Si el lector está mínimamente informado de los asuntos mundiales y es un observador honesto, entonces, nuevamente optará por la opción última. Ello no lo convierte a Ud. en un racista, como los bienpensantes alegarán, sino en apenas un individuo sensato: Ud. sabe que, salvo los tigres tamiles de Sri Lanka, el terrorismo suicida es un menester puramente islámico.

Sin embargo, aún admitiendo en nuestro fuero íntimo la verdad de estos asuntos, nos negamos públicamente a declararla. Padecemos, como sociedad, una enfermedad intelectual moderna (data de finales del siglo pasado) que nos inhibe, en lo relativo al fundamentalismo islámico, en llamar a las cosas por su nombre: la corrección política. Ella afecta primordialmente a las elites intelectuales, ámbito en el que ha alcanzado proporciones epidémicas, aunque también ha infectado a niveles gubernamentales. Cuatro manifestaciones recientes sugieren que la misma ya ha contagiado a la Administración Obama:

1) La decisión de cerrar la prisión de Guantánamo. Aún cuando la evidencia prueba que en varios casos terroristas liberados reinciden en el oficio del terror, y aún cuando los burócratas norteamericanos no han hallado todavía una reubicación adecuada para los reclusos, Barak Obama luce decidido a cumplir con su promesa de campaña de cerrar terminalmente esta prisión. El motivo es principalmente una cuestión de imagen pública: la administración demócrata quiere con ello mejorar la percepción global de su patria. Como ella lo ve, clausurar Guantánamo significaría cerrar un capítulo infame de la era Bush y restituir los valores morales perdidos en la guerra contra el terror. Sin embargo, conforme Breth Stephens ha observado, la Encuesta Global del Centro Pew del 2009 sobre las impresiones extranjeras acerca de USA consignó como opiniones favorables el 14% en Turquía, 15% en zonas palestinas, 16% en Pakistán, 25% en Jordania y 27% en Egipto; índices de aprobación muy bajos y apenas una leve mejoría de los años de la presidencia republicana.

2) Llevar a Khali Sheik Mohamed a juicio civil en Manhattan. El ideólogo de los atentados del 9/11, detenido en Guantánamo, gozará del privilegio de regodearse en la escena del crimen, contar con una plataforma internacional espectacular para la divulgación de sus patrañas, beneficiarse de una defensa legal seria, y -al menos teóricamente- aspirar a ser puesto en libertad (recuérdese que en todo juicio justo se presume la inocencia del acusado); todo por el noble deseo de los demócratas de mostrar al mundo cuán auténticamente correcto Estados Unidos realmente es. Según el académico James Wilson, el juicio costará a la alcaldía de Nueva York unos USD 200 millones anuales y expondrá a toda la ciudad a renovadas amenazas a su seguridad. Para demostrar su culpabilidad, probablemente la fiscalía se verá obligada a divulgar información clasificada. Al menos ello ocurrió cuando fue juzgado el jeque Omar Abdel Rahman por intentar explotar el World Trade Center en 1993 y el gobierno debió revelar la identidad de todos los co-conspiradores del caso que no habían sido juzgados; una lista que incluía a Osama Bin-Laden y muchos otros cómplices más que quedaron así advertidos de que estaban siendo observados.

3) El permiso otorgado a Tariq Ramadan de ingresar a Estados Unidos. En el año 2004, este profesor de la Universidad de Oxford fue invitado a enseñar a la Universidad de Notre Dame en Indiana, pero las autoridades estadounidenses le impidieron ingresar al país debido a que éste había financiado a grupos vinculados al movimiento terrorista Hamas. Durante los siguientes cinco años el affair fue intensamente debatido y, finalmente, la Administración Obama levantó las restricciones legales. Un vocero oficial explicó, en un comunicado prefigurado, que “el gobierno de Estados Unidos está buscando una nueva relación con las comunidades musulmanas basada en intereses mutuos y respeto mutuo”. Pero tal como Daniel Pipes señaló, este era un caso de terrorismo desvinculado de asuntos del Islam. Además, de que modo ayudará a crear respeto mutuo el facilitar el ingreso al territorio nacional de un acusado de financiar terrorismo anti-occidental, es algo que el gobierno demócrata aún debe explicar.

4) El manejo del caso Umar Farouk Abdulmutallab. Primero el fracaso colosal de seguridad al permitir que un joven musulmán nigeriano entrenado por Al-Qaeda, presente en los listados de sospechosos, que pagó en efectivo y no despachó equipaje, abordara un avión con destino a Estados Unidos. Segundo el fiasco legal de haberle leído los Derechos Miranda al cabo de apenas cincuenta minutos de interrogación, tras lo cuál el detenido se llamó a silencio y quedó a la espera del arribo de su abogado, privando de esta manera a los agentes de seguridad de información preciosa acerca de Al-Qaeda en Yemén, la agrupación que lo entrenó y envió en su misión suicida en un avión con cientos de pasajeros a bordo. Conforme Charles Krauthammer ha indicado, esta decisión fue tomada sin el conocimiento o consulta al Secretario de Defensa, al Secretario de Seguridad Interna, al Director del FBI, al Director del Centro de Contra-terrorismo y al Director de Inteligencia Nacional. Ahora el gobierno deberá pagar con concesiones en el área de la penalidad la obtención de información crucial para la protección de los ciudadanos norteamericanos. Ciertamente, la Administración Obama adoptó la decisión coherente de monitorear especialmente a futuros pasajeros provenientes de catorce países cuyas poblaciones son mayormente musulmanas que albergan islamismo interno. Esta decisión de apartarse un poco del sistema absurdo de chequeo al azar, empero, contrasta con el trato legalmente puritano concedido a Adbulmuttalab. La pregunta crítica que muchos norteamericanos se están haciendo es si es prudente tratar a los terroristas como criminales comunes en vez de cómo enemigos combatientes.

En un relato publicado en 1883, Mark Twain afirmó que una pregunta sencilla y una respuesta sencilla marcan el camino más corto para salir de los mayores interrogantes. El interrogante en cuestión aquí es si la Administración Obama debiera poner en juego la seguridad de los ciudadanos norteamericanos en aras de la aprobación de la imagen de su país en tierras foráneas. Dado que la corrección política puede ser mortífera, la respuesta a esta pregunta es bien sencilla.

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Pio xii: un debate que no cesa – 06/01/2010

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Al firmar el decreto que reconoce virtudes heroicas» simultáneamente a Juan Pablo II y a Pío XII -haciéndolos «venerables», lo que abre el camino a la beatificación y eventual canonización- Benedicto XVI ha replicado un modelo ya empleado por su antecesor en el año 2000, cuando éste beatificó al mismo tiempo a Juan XXIII y a Pío IX, pretendiendo complacer así a conservadores y progresistas dentro de la Iglesia Católica y a la vez apaciguar protestas de la comunidad judía global. Así como Juan XXIII es admirado y Pío IX despreciado por los judíos, de modo similar Juan Pablo II es ampliamente querido por la misma comunidad judía que recela de Pío XII. Aunque esta última decisión papal tenga posiblemente más que ver con asuntos internos de la Iglesia que con consideraciones externas hacia terceros, la polémica decisión ciertamente afecta a los judíos, y si bien la elección de santos vaticanos no es asunto de competencia de la grey hebrea, sí lo es la validación eclesiástica de un pontífice tan directamente involucrado con el destino de los judíos durante su época más oscura.

Apologistas de Pío XII suelen traer en su defensa varias citas de judíos prominentes de antaño que han aplaudido la gestión del controvertido Papa. Ya en 1945 dirigentes de la comunidad judía italiana, el secretario-general del Congreso Judío Mundial y cerca de ochenta judíos alemanes sobrevivientes de la Shoá expresaron gratitud al Sumo Pontífice. En 1955, la Orquesta Sinfónica de Israel dio un concierto en su honor en el propio Vaticano. Cuando tres años más tarde Eugenio Pacelli murió, el principal rabino de Roma y la canciller israelí hicieron llegar sus condolencias alabando los actos del Papa durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso hoy en día, dos textos muy citados en su defensa pertenecen a judíos: Los últimos Tres Papas y los Judíos, de Pinjas Lapide, ex cónsul israelí en Milán que atribuye a Pacelli haber salvado cientos de miles de vidas judías, y El Mito del Papa de Hitler, de David Dalin, rabino que sugiere que Pío XII sea reconocido como «Justo Entre las Naciones» por Yad Vashem.

Respecto de las primeras gratitudes dadas a Pío XII durante los primeros quince años de posguerra debemos considerar un hecho crucial: todas ellas ocurrieron en tiempos en los que la verdadera dimensión de la conducta del Papa durante la guerra todavía no había sido completamente revelada. Fue a partir de 1963, con la puesta en escena de Der Stellvertreter de Rolf Hochhuth, que el papel de Pacelli comenzó a ser universalmente cuestionado. El conocimiento cabal del Holocausto y la aprehensión emocional de su enormidad estaban aún siendo procesadas. El juicio a Adolf Eichmann de 1961 todavía no había acontecido. El diario de Anna Frank, publicado en 1952, no trataba el tema. La Noche de Elie Wiesel, inicialmente publicada en 1956 en escasa tirada, aún tenía muchos años por delante antes de pasar a convertirse en el bestseller global que hoy es. Por caso, ya en 1941 el New York Times elogió a Pío XII como «una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que envuelve a Europa». Sin embargo, ni siquiera los apologistas de Pacelli le atribuyen haber hablado en público en contra de los nazis o a favor de los judíos durante la Shoá, limitándose a defender su silencio como la mejor postura entre peores opciones. Estas citas no prueban que Pacelli haya sido un héroe de los judíos, sino que quienes las pronunciaron así lo creían.

A propósito de Lapide, su libro, publicado en 1966, bien pudo haber tenido la intención de reciprocar a la Iglesia por el Concilio Vaticano II, concluido el año previo. Jerusalem desde siempre anheló obtener el reconocimiento vaticano a su independencia, y ello también pudo haber influido en la actitud de un ex diplomático hacia un Papa criticado. En cuanto al rabino Dalin, simplemente digamos que durante los años noventa una agrupación israelí denominada Rabinos por los Derechos Humanos vio con buenos ojos a Yasser Arafat quién -a diferencia de Pacelli- asesinó judíos por doquier, y que otrora un número considerable de judíos apoyaron a Joseph Stalin mientras éste reprimía severamente a sus hermanos. Así es que un rabino defiende a un Papa. ¿Y? En cualquier caso, más allá de las motivaciones de los autores, cabe mencionar la existencia de una nutrida bibliografía profundamente crítica del rol de Pío XII en el período 1939-1945, parte de ella ya legendaria en la materia: El Silencio de Pío XII, de Carlo Falconi; La Iglesia y el Holocausto, de Daniel Goldhagen; El Holocausto en la Historia, de Michael Marrus; Bajo sus Propias Ventanas, de Susan Zuccotti; y un largo -realmente largo- etcétera.

Los archivos vaticanos desde el año 1922 en adelante están vedados al público. Entre 1965 y 1981 la Santa Sede permitió la publicación de muchos documentos del período de la guerra en su poder, para lo cuál convocó a sacerdotes de diversos países para que editaran los once volúmenes que hoy integran los Actes et Documents du Saint Siège Relatifs á la Seconde Guerre Mondiale. El proyecto buscaba contrarrestar las acusaciones relativas a su silencio y en consecuencia es parcial. Posteriores intentos de conformar comisiones de investigación independientes fracasaron. Hasta que los archivos vaticanos no sean abiertos a los historiadores difícilmente la verdad pueda ser conocida plenamente. En tanto Roma insista en negar acceso al récord histórico, todo intento suyo en rehabilitar a un Papa tan masiva y completamente cuestionado será justamente visto como un esfuerzo vaticano en auto-concederse la absolución.

Libros

Roma y Jerusalem. La política vaticana hacia el estado judío

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Random House Mondadori/Debate – 2010.

527 páginas.

La relación entre cristianos y judíos tuvo mal comienzo y peor desarrollo. Julián Schvindlerman revela el modo en que durante siglos, los Padres de la Iglesia han demonizado a los judíos de una manera tan feroz y consistente que, para cuando seis millones de ellos fueron exterminados por los nazis durante la primera mitad del siglo XX, muchos vieron allí un desenlace lógico.

A partir de entonces, el Papado revisó su actitud hacia el pueblo judío, encontrándose en el Concilio Vaticano II la manifestación más acabada de esta visión.

Desde finales del siglo XIX y a lo largo del siglo pasado, la idea de un estado judío, primero, y el establecimiento del Estado de Israel, después, crearon un desafío político, teológico y psicológico para el Vaticano. La respuesta de la Santa Sede a estos monumentales desarrollos de la historia moderna es narrada en estás páginas impecablemente documentadas, ofreciendo al lector la oportunidad de sumergirse en un tema cautivante y de enorme actualidad.

«Obra profunda y fascinante que desnuda un letal prejuicio milenario. La respalda una potente documentación. Sus páginas informan y sorprenden, denuncian y enseñan.»

Marcos Aguinis

«Si a una atrapante novela de espionaje le agregáramos un bagaje histórico fundamental, un punto de vista lúcido y auténtico, y la oportunidad de un tema candente, obtendríamos algo bastante parecido a este estupendo libro de Schvindlerman sobre Israel y el Vaticano.»

Marcelo Birmajer