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Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Ankara mira al oriente – 11/11/09

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Turquía -considerado el país musulmán más alineado con Occidente durante las últimas seis décadas- parece haber dado un brusco viraje de timón hacia el Oriente en tiempos recientes. Kemal Ataturk orientó a Ankara hacia el Occidente a comienzos del siglo XX; un siglo después, Recep Tayyip Erdogan (ascendió al poder en el 2002) parece decidido a deshacer el legado pro-occidental del fundador de la república turca.

A partir de 1946, Turquía eligió el lado occidental de la disputa en el marco de la guerra fría, se sumó a la OTAN y pujó por ser aceptada como miembro pleno en la Unión Europea. El año pasado, el premier Erdogan caracterizó a Occidente de ser inmoral» y desde entonces promovió un acercamiento con el mundo musulmán; especialmente con los sectores más intransigentes. En enero del 2008, el gobierno islamista turco recibió con honores al presidente de Sudán, Omar al-Bashir, luego de que éste fuese acusado por la Corte Penal Internacional de cometer crímenes de guerra en Darfur. (A principios de este año recibió al vicepresidente sudanés Ali Osman Taha). En momentos en que la comunidad internacional luce un poco más dispuesta a acercar posiciones en torno a la cuestión nuclear de Irán, Erdogan definió al programa nuclear de ese país como «pacífico y humanitario», dijo del presidente iraní «no hay duda que él se nuestro amigo» y fue uno de los primeros líderes mundiales en congratularlo luego de las elecciones fraudulentas de junio último. Respecto de Siria, país al que Turquía amenazó con invadir una década atrás por el cobijo dado por Damasco a Abdullah Ocalan y su Partido de los Trabajadores Kurdos («Les diremos ´shalom´ a los israelíes desde los Altos del Golán» sentenció oportunamente un diario turco), apenas el mes pasado Ankara anunció la creación del Consejo de Cooperación Estratégica con el régimen de Assad; ejercicios militares conjuntos están siendo planeados. Asimismo, el oficial Partido de la Justicia y el Desarrollo que gobierna Turquía ha pedido a la familia de las naciones que «reconozca a Hamas como el gobierno legítimo del pueblo palestino».

Naturalmente, las relaciones con Israel no podían permanecer inalteradas en esta coyuntura. Apenas un día antes de invitar a Siria a sumarse a ejercicios militares el mes pasado, Ankara des-invitó a Israel del ejercicio anual de la fuerza aérea turca denominado «Águila de Anatolia» llevado a cabo conjuntamente con Jerusalem, Washington y la OTAN desde mediados de los años noventa. Los turcos explicitaron que no permitirían la participación de aviones israelíes que hubieran bombardeado posiciones de Hamas durante la guerra de Gaza. En respuesta, los italianos y los estadounidenses abandonaron el evento provocando así su cancelación. También un día antes de recibir al vicepresidente sudanés, Erdogan insultó al presidente israelí Shimon Peres en el Foro Económico Mundial de Davos al acusarlo de «mentiroso» y retirarse de la sala, no sin antes opinar que los israelíes «saben como matar gente». En Ankara fue recibido por una multitud que ondeaba banderas de Turquía y Hamas. Durante la contienda que enfrentó a Hamas con Israel en la Franja de Gaza a comienzo de año, Erdogan se alió abiertamente con los palestinos declarando entre diciembre de 2008 y enero de 2009 que Israel era una nación de bandidos, que no debía permanecer en la ONU, y que cometió crímenes contra la humanidad, por lo cuál Alláh la castigaría. También comparó a Gaza con un campo de concentración y acusó a los judíos de violar el Antiguo Testamento.

Desde el ascenso del partido islamista de Erdogan al poder, la sociedad turca ha cambiado. Según datos presentados por el experto Soner Cagaptay en Foreign Affairs, el número de personas que se identifican a sí mismas como musulmanas ha crecido el 10% entre 2002 y 2007 (población de 77 millones) y casi el 50% se define como islamista. En el 2002, el 80% de la población quería que su país ingresara a la UE, ese porcentaje había caído al 30% para el año pasado. Resulta evidente que la sociedad turca está atravesando un proceso de islamización -en detrimento de la occidentalización- lo que no resulta tan claro es si ello es causa o consecuencia del extremismo islamista del partido gobernante. En cualquier caso, esta observación del Wall Street Journal ha captado con fidelidad la nueva situación turca: «Como un estado secular musulmán, Turquía ha sido un pilar de la OTAN y un baluarte contra el radicalismo político (comunista, baatista, islamista) de sus varios vecinos. Ahora el Sr. Erdogan puede estar apostando a que el futuro de Turquía yazca en la cima del mundo musulmán, en lugar del último lugar de su contraparte occidental».

Originalmente publicado en Libertad Digital (España)

Veintitrés Internacional

Veintitrés Internacional

Por Julián Schvindlerman

  

Visitantes de tierras lejanas – 11/09

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De repente luce como si América Latina y el Medio Oriente no quedaran tan lejos. Casi simultáneamente han visitado la región los presidentes de Israel, Irán y la Autoridad Palestina; situación por demás atípica. Cualquier otra coincidencia de presidentes mesoorientales en las Américas (por decir, de Marruecos, Túnez y Omán) sería llamativa, pero la presencia casi al mismo tiempo en el Hemisferio Occidental de los presidentes de tres entidades tan crucialmente centrales para la realidad del Medio Oriente -e incluso, internacional- no puede menos que causar sorpresa e intriga. El presidente israelí Shimon Peres visitó Brasil y Argentina; su par palestino Mahmoud Abbas fue a esos dos países más Chile y Venezuela; el líder iraní Mahmoud Ahmadinejad viajó a Brasil, Bolivia y Venezuela. Todos lo hicieron durante la segunda quincena de noviembre. En lo que respecta a los presidentes palestino e israelí al menos, estamos habituados a verlos realizar visitas de estado a Asia, Estados Unidos, Europa y otros lugares; al presidente iraní podemos hallarlo en Siria o Sudán…¿Pero en América Latina? ¿Con que propósito han venido? ¿Por qué ahora? ¿Y por qué casi al mismo tiempo? Para responder a estas preguntas será necesario primero comprender la situación política de cada uno de estos tres actores internacionales, la interrelación que los vincula, y a partir de allí interpretar sus intereses posibles en tierras hispanas.

La República Islámica de Irán

En la actualidad, Irán está siendo cada vez más ampliamente considerado un estado-paria. Su opacidad y obstinación en el desarrollo de un programa nuclear clandestino lo ha puesto de bruces contra la familia de las naciones y ha fomentado su aislamiento en la comunidad global. La fuerte represión oficial contra manifestantes pro-democracia luego de las últimas elecciones presidenciales abiertamente fraguadas ha generado condenas universales y reforzado la marginación de Teherán.

En el año 2002, un grupo opositor al régimen Ayatollah denunció la existencia de un programa nuclear secreto en Irán. Alarmado, Occidente temió que éste tuviera una finalidad militar. La República Islámica aseguró que el mismo tenía fines civiles y pacíficos. Durante el período 2003-2005 la tríada conformada por Berlín, Londres y París lideraron una política de diálogo con Teherán; la cual no condujo al freno del mentado programa nuclear. En el año 2005, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó que Teherán violó el Tratado de No-Proliferación y al año siguiente derivó el dossier iraní al Consejo de Seguridad. Desde entonces cinco resoluciones fueron adoptadas en su seno instando a Irán a detener el enriquecimiento de uranio (a determinado nivel de enriquecimiento el uranio es empleado en la producción de bombas nucleares) y otras tres rondas de sanciones fueron impuestas sobre Irán (aunque, para lograr la aprobación china y rusa, con poder de veto, éstas fueron débiles). En todos estos años el gobierno iraní reafirmó su voluntad de avanzar con su proyecto nuclear, conforme ha documentado Bret Stephens en The Wall Street Journal: “Irán…debe ser reconocido por la comunidad internacional como miembro del club nuclear”, dijo en el año 2003 el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Kamal Kharrazi; “Definitivamente no podemos parar nuestro programa nuclear y no lo pararemos”, aseguró en el año 2005 el ex-presidente Hashemi Rafsanjani; “Hace unos años, dijeron que debíamos detener completamente todas nuestras actividades nucleares. Ahora miren donde estamos hoy”, observó en octubre del corriente el presidente Mahmoud Ahmadinejad. Esta actitud desafiante contribuyó decididamente a la marginación de Irán. Estados Unidos y Europa ven con preocupación la situación, y estas aprehensiones son compartidas -si bien no siempre publicitadas- por el mundo árabe sunita (a excepción de Siria y Qatar) que mantiene disputas históricas con el chiísmo iraní.

En un contexto de creciente aislamiento regional e internacional, Teherán salió en busca de nuevas alianzas. América Latina se transformó así en una zona apta para el cultivo diplomático. Desde que asumió el poder en el año 2005, Ahmadinejad realizó cuatro visitas a Latinoamérica en las que visitó cinco países: Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Brasil. A su vez, recibió en Teherán a los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega y al canciller brasilero Celso Amorín. Firmó acuerdos económicos, abrió embajadas, forjó estrechos lazos personales con líderes de la región y gradualmente fue ganando presencia política y económica en el continente descubierto por Cristóbal Colón. Cada espacio ganado por Irán es un espacio ganado para el movimiento terrorista Hizbullah cuyas células ya han golpeado en la Argentina y podrían hacerlo nuevamente en otras partes en el tiempo y forma en que los Ayatollahs lo consideren apropiado. La creación de una base de represalias contra intereses israelíes y estadounidenses ante un eventual ataque militar a sus instalaciones nucleares podría ser un objetivo iraní en esta región; a la vez que actuar de contrapeso a Washington en su zona de influencia, a modo de correspondencia a la injerencia norteamericana en el Medio Oriente. El reciente tour diplomático a Latinoamérica, entonces, debe ser visto en el marco de esta política de apertura hacia nuevos horizontes en la búsqueda de objetivos claros, con el aditamento singular de que, en virtud de su peso regional y cada vez mayor trascendencia global, de ser seducido Brasil por el encanto iraní, éste sería el trofeo político por excelencia para las aspiraciones de Teherán aquí.

La Autoridad Nacional Palestina

Fatah -órgano central de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), establecida en 1964, y de la Autoridad Palestina (AP), creada en 1994- ha estado compitiendo con el Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas), surgido en 1987, por más de veinte años por controlar el destino del nacionalismo palestino. La victoria electoral de Hamas en la Franja de Gaza en el 2006 y la expulsión violenta de Fatah por parte de sus hombres al año siguiente dejaron a la AP fracturada geográfica y políticamente en dos entidades separadas: Gaza, controlada por Hamas, y Cisjordania, controlada por Fatah. A pesar de ser un movimiento fundamentalista sunita, Hamas es desde hace unos pocos años patrocinado por Irán, lo que implica una intromisión chiíta iraní en los asuntos domésticos palestinos. Por años Egipto ha intentado mediar un acercamiento entre las partes con magros resultados. Los esfuerzos en pos de lograr un gobierno de unidad nacional similarmente fracasaron, elecciones nacionales no han podido hasta el momento ser llevadas a cabo debido a la falta de cooperación de los islamistas de Hamas, y dada la pobre gestión de Abbas -sucesor del mítico Yasser Arafat- comenzaron a surgir serios cuestionamientos a su capacidad de liderazgo. En semejante clima, el presidente de la AP amenazó con renunciar; lo que dejaría al vocero del Consejo Legislativo Palestino y miembro del Hamas, Aziz Dweik, al mando de la AP.

Asimismo, el proceso de paz con los israelíes está estancado, al estar la AP fisurada políticamente. El premier Binyamin Netanyahu definió los lineamientos de una paz posible con los palestinos en éstos términos: a favor de un estado palestino, necesariamente desmilitarizado, con realización del derecho al retorno fuera de las fronteras de Israel, y con Jerusalem como capital indivisa del estado judío. Abbas rechazó estas condiciones. Al no poder mostrar avances en el frente interno ni en el externo, y cada vez más asediado políticamente, el presidente palestino planteó la idea de declarar unilateralmente al estado palestino. Ello ya había sido intentado en el pasado sin éxito alguno. Luego del colapso de las tratativas de Status Final en Camp David en el año 2000, Arafat visitó treinta y siete capitales haciendo un lobby intenso en pos de la misma idea para regresar a Ramallah con mucho millaje acumulado y ningún respaldo político. Con anterioridad, en 1988, Arafat había declarado unilateralmente la independencia palestina…en Argelia. Los rusos y los países árabes y musulmanes otorgaron su reconocimiento, pero sin la validación de Europa y Estados Unidos, por no decir Israel, el acto permaneció en el plano simbólico exclusivamente. Esta vez Abbas no cosechó mejores resultados tampoco. El Ministro de Relaciones Exteriores sueco, Carl Bildt, cuyo país ejerce la presidencia rotativa de la Unión Europa (UE) indicó: “Quisiera poder estar en la posición de reconocer a un estado palestino, pero debe haber uno primero, así es que creo que ello es de algún modo prematuro”. De manera análoga se manifestó el Departamento de Estado de Estados Unidos a través de su vocero Ian Kelly: “Apoyamos la creación de un estado palestino, pero estamos convencidos que debe ser conseguido a través de negociaciones entre dos partes”. Israel por su parte anunció que respondería de manera inequívoca al unilateralismo palestino.

Fue en esta atmósfera que el asesor presidencial Saeb Erakat informó que Abbas partiría rumbo a Latinoamérica en busca de apoyo a su declaración unilateral. El presidente palestino deseaba obtener en la región el apoyo que no pudo lograr en el resto del mundo libre. Cabe suponer que también estaría interesado en escuchar de primeras fuentes qué estarían hablando los israelíes y los iraníes por aquí, dado que la AP tiene relaciones tensas con ambos. Además, es posible que Abbas necesitara transitoriamente salir al extranjero para descomprimir el descontento local con su persona. Entre tangos y caipirhinas quizás encontraría algo de paz.

El Estado de Israel

Con todo lo problemático, desgastante y complicado que el conflicto que Israel tiene con los palestinos pueda ser, el desafío fundamental -no solamente a su seguridad nacional sino a su misma existencia- sin embargo proviene de Teherán. Ante la amenaza nuclear de Irán, las disputas con Ramallah empalidecen en gravedad. Aún sin cejar en sus esfuerzos por la paz con los palestinos, Jerusalem comprende que la nación que más puede jaquear su destino no yace al otro lado de la Línea Verde sino a unos mil quinientos kilómetros de distancia. Fue allí, después de todo, donde se organizó una conferencia titulada “Un Mundo Sin Sionismo”, donde se llevó a cabo una competencia internacional de caricaturas negadoras del Holocausto, donde en los desfiles militares se han exhibido misiles con consignas que llaman a la destrucción de Israel, y desde donde el presidente iraní ha pedido que se borre a Israel del mapa, ha anunciado que aquél país está “camino a la aniquilación” y profetizado que “el régimen sionista ha llegado a su fin”. Para los israelíes, la Conferencia Internacional para la revisión Global del Holocausto, efectuada en Teherán en diciembre del 2006, fue un momento revelador. Como aptamente observó el comentarista Yossi Klein Halevi, al haber reunido Irán en su tierra a los más rancios antisemitas globales para negar el genocidio más documentado de la historia -al mismo tiempo en que intentaba persuadir al mundo entero de su cordura- marcó el momento en que en Jerusalem ya no hubo más cabida, si es que alguna vez la hubo, para fantasear con la noción del diálogo racional con Teherán.

El 14 de diciembre de 2001, a dos meses de los atentados del World Trade Center, la por entonces segunda máxima autoridad en la república islámica, el ayatollah Hashemi Rafsanjani, anheló públicamente que “el mundo del Islam estuviere debidamente equipado con las armas que Israel tiene en su poder” puesto que “la aplicación de una bomba atómica no dejaría nada en Israel pero la misma cosa sólo produciría daños en el mundo musulmán”. Esta no es una frase que los israelíes puedan fácilmente olvidar, ni tampoco debieran. El estado judío ya debió combatir militarmente en dos ocasiones con organizaciones fundamentalistas apañadas por los ayatollahs y apostadas en sus fronteras. Irán no posee fronteras geográficas con Israel, pero sí tiene fronteras militares con esta nación a través del Hamas en la Franja de Gaza y del Hizbullah en el sur del Líbano. En los años 2006 y 2009, el ejército israelí debió responder a las agresiones que estas agrupaciones lanzaron desde territorios evacuados unilateralmente por los israelíes con anterioridad. Las contiendas fueron convencionales, pero podrían dejar de serlo sí y cuando Teherán cruzara el umbral nuclear. En ese hipotético pero no improbable escenario, la totalidad del cálculo geoestratégico regional cambiaría radicalmente.

A la luz de esta realidad, luce razonable asumir que las incursiones iraníes en América Latina no escaparon a la atención israelí, y que las recientes visitas de alto nivel diplomático a nuestra región son resultado directo de esa preocupación. Solamente en el año corriente, aterrizaron en Latinoamérica procedentes de Israel su canciller (visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia); su Ministro de Seguridad Pública (visitó Panamá y Costa Rica); su Ministro de Infraestructura (visitó Ecuador y Paraguay); su vice-Ministro (participó, por primera vez, en Honduras de la cumbre de la OEA); y su Presidente (visitó Argentina y Brasil). El viaje de Shimon Peres fue oficialmente presentado en el marco de la promoción turística (lo acompañó el Ministro de Turismo) y económica (arribó una impresionante comitiva empresarial), y es claro que estos asuntos fueron parte central de la agenda. Al mismo tiempo, Peres no desperdició la oportunidad de alertar repetidas veces sobre el peligro que encarna Irán. En una de tales ocasiones, con la presidente Cristina Kirchner a su lado, recordó que la República Islámica de Irán tiene por Ministro de Defensa a quien perpetrara el ataque contra la AMIA en 1994 y preguntó si acaso alguien se sentiría cómodo con la idea de que semejante hombre tuviera armas nucleares en su poder. Israel goza de fuertes lazos históricos con muchos países del continente y con muchos de ellos mantiene ricas relaciones diplomáticas, culturales y económicas. No obstante, el escenario inquietante planteado por la creciente penetración iraní en esta área puede explicar el renovado interés israelí por las Américas.

Conclusión

América Latina se ha transformado en un territorio tentador para el proselitismo político mesooriental. Ello abre un abanico de oportunidades y desafíos singulares para una región tradicionalmente alejada de -y en consecuencia insuficientemente familiarizada con- las vicisitudes del Medio Oriente. Surge la posibilidad de un mayor protagonismo global para una América Latina usualmente centrada en sus propios asuntos. Este novel relieve global, sin embargo, conlleva una cuota de mayor responsabilidad en el ejercicio de las decisiones soberanas. En tanto los conflictos del Medio Oriente se abren camino en tierras hispanas, resta por conocerse hacia que destinos finales -felices o ingratos- la región elegirá dejarse llevar.

Comunidades, Comunidades - 2009

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Por Julián Schvindlerman

  

Una paradoja terrorista Persa – 28/10/09

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Las Guardias Revolucionarias Iraníes, también conocidas como Pasdaran, fueron establecidas en 1979 con el fin de custodiar a la revolución khomeinista. No tardaron mucho en pasar de ser protectoras a convertirse en dueñas. Según informes de prensa, las GRI controlan un tercio de la economía del país, tienen su propia infantería, marina y fuerza aérea, bajo su égida operan las milicias Basij para represión doméstica, entrenan al Hamas palestino y al Hizbullah libanés, controlan las instalaciones nucleares iraníes y son responsables por las misiones de espionaje fuera del país. Un ataque a las GRI equivale a un ataque contra el corazón del régimen iraní.

Precisamente eso ocurrió el 18 del corriente cuando un grupo separatista sunita denominado Jundullah efectuó un ataque suicida contra miembros elite de las GRI causando la muerte a cinco oficiales de alto rango, entre ellos al vice-comandante de las fuerzas terrestres y al vice-comandante en la provincia de Sistán-Baluchistán. Otras docenas de personas murieron en el brutal atentado. Aunque no ha sido el primer ataque contra las GRI, éste indudablemente fue uno de los más graves. Jundullah batalla contra el régimen khomeinista desde el año 2002 debido a la persecución a la que la minoría balachi (musulmana sunita) es sometida en la tierra de los ayatollahs. El titular de las GRI acusó a Estados Unidos, Gran Bretaña y Pakistán de apoyar a los insurgentes sunitas de Jundullah.

En el turbio negocio del terrorismo y del espionaje internacional lo único cierto es que no hay certezas. Mucha razón podría tener Teherán cuando alega que Washington, Londres e Islamabad han estado detrás del atentado. Y mucha equivocación podría igualmente tener. Un raconto parcial de incidentes misteriosos de los últimos dos años sugiere que escapa al simple observador determinar la trama real de los eventos en este lúgubre y engañoso terreno.

En febrero del 2008, Imad Mugniyeh, jefe de operaciones internacionales de Hizbollah, fue muerto en un atentado no esclarecido en Damasco. Antes de ser superado por Osama Bin-Laden, Mugniyeh estaba en la cima de la lista de los hombres más buscados del FBI. Hizbullah acusó a Israel por ello. En abril, al menos veinte miembros del Hizbullah, en entrenamiento militar en Irán, murieron en circunstancias poco claras. En mayo, Irán culpó a agentes británicos y estadounidenses por una explosión en una mezquita en Shiraz en la que se había realizado una exhibición militar. En julio, un convoy que llevaba armas para el Hizbullah fue atacado y quince personas resultaron muertas en medio de una explosión en un suburbio de Teherán. Además, más de una docena de ingenieros iraníes perdieron sus vidas mientras intentaban ubicar una cabeza química a un misil en Siria. Unos meses antes, un tren que presuntamente transportaba pertrechos militares iraníes a Siria descarriló como resultado de una explosión en la zona norte de Turquía. En julio de 2009 estalló una guarida de armas del Hizbollah en el sur del Líbano; el Mossad fue acusado inmediatamente. El mismo mes cayó un avión iraní en rumbo a Armenia en el que murieron ciento sesenta y ocho personas. El Corriere della Sera informó que el avión transportaba fusibles sofisticados de las Guardias Revolucionarias Iraníes a Hizbullah. Para entonces el buque ruso Artic Sea desapareció en alta mar al surcar la ruta Finlandia-Argelia, lo que motivó un alerta de INTERPOL. Tres semanas más tarde, la marina rusa anunció haber hallado el buque frente a Cabo verde. Rápidamente surgieron hipótesis a propósito de la carga transportada -desde lanzamisiles hasta armas nucleares para Teherán- en oposición a la carga declarada de madera. A éstas le sucedieron versiones que atribuían al servicio secreto israelí haber secuestrado el barco. El almirante Tarmo Kouts, relator de la Unión Europea sobre piratería y ex comandante de las fuerzas armas de Estonia dijo que el Artic Sea fue interceptado por agentes al servicio de Israel». Por su parte, informó Yediot Ahronot que «piratas enviados por el Mossad se apoderaron en alta mar del Artic Sea». A mediados del presente mes de octubre, un búnker secreto de armamento del Hizbullah explotó provocando heridas a un alto miembro de la organización. Es difícil saber cuáles de estos acontecimientos han sido accidentes o sabotajes, y cuáles fueron planeados por agencias occidentales u orientales, grupos disidentes o resultado de tramas internas iraníes.

El atentado del 18 último, entonces, no será sencillo de encasillar. Aún así, resulta claro que el principal patrocinador de terrorismo a nivel mundial tiene un serio problema de terrorismo interno. El ataque de Jundullah ha creado una paradoja persa: hoy la República Islámica de Irán se encuentra en la extraña posición de protestar con vigor la comisión de actos de terror.

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Por Julián Schvindlerman

  

El boomerang goldstone – 14/10/09

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En un giro inesperado, el último reporte/calumnia de la ONU respecto de Israel terminó -por el momento- provocando más daño a los palestinos que a los israelíes. En manifestaciones callejeras, palestinos arrojaron zapatos contra la imagen del presidente Mahmoud Abbas, el que fue acusado de alta traición» por los voceros de Hamas. Esto fue motivado por la decisión de la Autoridad Palestina de ceder a la presión norteamericana de posponer la votación de una resolución orientada a derivar el informe a la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y posiblemente la Corte Penal Internacional; lo que podía haber abierto la puerta a posibles juicios contra oficiales israelíes. La votación quedó postergada para la sesión del Consejo de Derechos Humanos del marzo próximo. Hamas anunció que arrestaría a todo oficial de Fatah involucrado en la decisión de la discordia, en tanto que con una atmósfera cada vez más convulsionada Abbas creó una comisión especial de indagación y envió a su canciller a Nueva York a renovar los reclamos por juicios contra los israelíes bajo cargos de crímenes de guerra.

He aquí el trasfondo. Siempre atento a aprovechar la oportunidad para denostar al estado judío, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU infestado de países tercermundistas creó una misión investigadora del papel jugado por el ejército israelí durante la pasada confrontación en la Franja de Gaza con el movimiento fundamentalista Hamas. Presidida por el jurista judeo-sudafricano Richard Goldstone, la misión fue instigada por Bangladesh, Malasia, Pakistán, Siria y Somalía con el mandato de armar un caso contra Israel por «violaciones a la ley humanitaria internacional». La tendenciosidad de todo el emprendimiento era tan descarada que despertó la oposición de Canadá, Japón, Suiza y la Unión Europea. El Estados Unidos de George W. Bush había decidido boicotear al organismo y no era entonces miembro. (Obama revirtió esa decisión y ahora EE.UU. es miembro del CDH).

Como era de esperarse de una institución que en sus tres años de vida ha condenado más veces a Jerusalem que a los restantes 191 estados-miembro de la ONU combinados, el reporte final acusó a Israel de haber cometido crímenes de guerra y posiblemente crímenes contra la humanidad. El mismo disipó toda distinción entre la agresión y la legítima defensa, entre una democracia y una entidad terrorista, entre la comisión deliberada de actos de terror y las bajas civiles producidas por accidentes de guerra. Sus 575 páginas relegaron al detalle los ataques incesantes de cohetes iniciados por Hamas sin que mediare provocación previa alguna por parte de Israel, y caracterizaron la defensa de Israel de ser «un ataque deliberadamente desproporcionado diseñado para castigar, humillar y aterrorizar a la población civil» palestina. El informe tildó a Israel de «poder ocupante» aún cuando ya desde el año 2005 no hay presencia israelí en Gaza; a la fuertemente armada policía de Gaza la consideró una agencia civil. Contra toda evidencia pública, parte de ella incluso televisada, el informe concluyó que Hamas no usó hospitales como centro de comandos, que no utilizó ambulancias para transportar cohetes, que sus hombres no dispararon desde instalaciones de la ONU, y que las mezquitas no fueron empleadas para esconder municiones. En un insólito acto de jutzpá, el reporte Goldstone pidió al estado israelí que pagara materialmente a Hamas por el daño causado durante la contienda. Respecto de la conducta de la agrupación terrorista, concedió que atacar a civiles israelíes «constituiría crímenes de guerra y podría significar crímenes contra la humanidad». Hamas se mostró tan preocupada por esta aseveración que presionó a la Autoridad Palestina a que someta el reporte a tratamiento en el Consejo de Seguridad, convencida que arrinconaría a Israel. Libia -único miembro árabe no-permanente del actual Consejo de Seguridad, y cuyo presidente arrojó al aire la Carta de la ONU durante la última reunión de la Asamblea General- llamó a una sesión de emergencia para discutir el reporte, y la misión palestina ante la ONU manifestó apoyo a la misma. El Consejo de Seguridad rechazó el pedido libio pero accedió a debatir el tema en su siguiente sesión periódica.

Para salvar su pellejo, Abbas capitalizó una disputa en la Explanada del Templo en la Ciudad Vieja de Jerusalem en la cuál ciento cincuenta musulmanes arrojaron piedras contra la policía israelí y turistas cristianos luego de una veda de acceso a musulmanes al lugar instituida preventivamente por las autoridades israelíes luego de haber descubierto cantones repletos de piedras en zonas aledañas a las mezquitas, en un contexto de llamamientos a «defender las mezquitas» ante la «judaización de Jerusalem», y acusaciones infundadas efectuadas por líderes árabes musulmanes de Israel alegando que los israelíes estaban construyendo un túnel en la zona. Tal como en el pasado, los líderes palestinos apelaron a falsedades para incitar a la comisión de actos de violencia anti-judíos con el objeto de distraer a las masas y alcanzar sus objetivos. Sucedió en 1920, en 1921, en 1929, entre 1936-1939, entre 1987-1992, y entre 2000-2005.

Estas intifadas han sido invariablemente el resultado de dos factores principales: a) el fanatismo árabe/palestino, y b) la certeza de que la violencia da frutos. Esta impresión fue forjada durante décadas gracias a la indulgencia de oficiales y burócratas como Richard Goldstone que han desde siempre ensuciado a la legítima defensa con retórica moralista y cubierto de legalidad puritana a la agresión despiadada.

Comunidades, Comunidades - 2009

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Por Julián Schvindlerman

  

Quo vadis Obama? – 30/09/09

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La última sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas fue un sobrio recordatorio (no es que hubiera necesidad de alguno) de hasta que punto este organismo se ha transformado en una plataforma global para la puesta en escena de las más absurdas y extremas posturas por parte de líderes mundiales estrafalarios. El coronel libio Mohamar Khadafy dio la nota inicial con un discurso de una hora y media repleta de desvaríos que fueron desde los complots para matar a John F. Kennedy y a Martin Luther King hasta la supuesta conspiración farmacéutica detrás del virus de la gripe A», según relató un cronista desde Nueva York. El presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad tuvo la oportunidad de difundir su propia versión aggiornada de los Protocolos de los Sabios de Sión al decir: «Ya no es aceptable que una pequeña minoría que domina la política, la economía y la cultura de las partes más importantes del mundo… y establece una nueva forma de esclavitud, dañe la reputación de otras naciones… para alcanzar sus ambiciones racistas». El líder venezolano Hugo Chávez usó el podio para proclamar que «el imperialismo se debe acabar» y anunciar que «El socialismo es el camino a la salvación de este planeta», no sin privarse de bromear: «No me vaya a lanzar un zapato alguien aquí». La ONU en todo su esplendor.

Fuera del ámbito de este foro multilateral las cosas no parecían lucir menos incoherentes. Unos días antes del inicio de la mega-reunión de la ONU, Zbigniew Brzezinski, quien fuera asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter y consejero de Barack Obama durante la campaña electoral, sugirió durante una entrevista que Estados Unidos debería derribar aviones israelíes si éstos cruzaran el espacio aéreo iraquí en ruta a Irán sin autorización debida. «¿Qué pasaría si ellos vuelan de todos modos?» preguntó el periodista del website Daily Beast. «Bueno, debemos ser serios respecto de negarles ese derecho… Si vuelan, uno sube y los confronta». El comentarista James Taranto vio en esta aseveración un reductio ad absurdum de la política exterior de la Administración Obama: «La administración se ha esforzado en ser conciliadora hacia enemigos y adversarios (Irán, Corea del Norte, Rusia) mientras que ha adoptado una línea dura con aliados de EE.UU. (Israel, la República Checa, Polonia, Honduras, posiblemente Afganistán). Pero incluso la Administración Obama no ha atacado militarmente a un aliado para proteger a un enemigo».

Piadosamente, esto no ha ocurrido, sin embargo el presidente estadounidense ha realmente tensado la relación con varios aliados de Washington en un breve período de tiempo. Ha tenido roces con Colombia por el Tratado de Libre Comercio, con México y Canadá por cuestiones comerciales, con Israel por los asentamientos, con Japón al lidiar con Pyongyang, y con Honduras por el meollo Zelaya. En este contexto de desavenencias, la decisión del presidente Obama de cancelar el programa misilístico defensivo de la era-Bush en Polonia y la República Checa, posiblemente haya sido la más gravemente desacertada y potencialmente dañina de las opciones políticas adoptadas. Con un notable espíritu chamberlainiano, Praga y Varsovia fueron traicionadas nuevamente, esta vez por Washington para apaciguar a Moscú. Ello ocurrió en coincidencia con el 70 aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial (invasión alemana a Polonia en septiembre de 1939, luego del Pacto de Munich de 1938 que abandonó a Praga ante los designios Hitlerianos) y el mismo día en el cuál, setenta años atrás, la Unión Soviética invadió Polonia luego de la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop con la Alemania Nazi. Nadie está sugiriendo que la referencia histórica sea prístina, pero ciertamente no está fuera de lugar.

La Casa Blanca justificó el cambio alegando, entre otras cosas, que nueva inteligencia demostró que Teherán no tiene sus capacidades misilísticas de largo alcance tan desarrolladas como se creía; una apreciación difícil de conciliar con el lanzamiento exitoso hecho por Irán el pasado mes de mayo de su misil Sejil que tiene un rango estimado de 1560 millas; suficiente para enviar una bomba de una tonelada a Varsovia, según ha informado The Wall Street Journal. Aunque Washington negó que la decisión fuera parte de un quid pro quo con Rusia por la cuestión iraní, inmediatamente el presidente Dimitry Medvedev afirmó: «Nuestra tarea es mantener un sistema de incentivos que permita a Irán usar energía nuclear pacífica, pero no permitiremos la creación de armas nucleares». De mantenerse, bienvenida la nueva postura rusa vis-a-vis Irán. Pero, como el autor Mark Helprin ha observado, haber concedido a Moscú poder de veto sobre las decisiones defensivas de competencia soberana de EE.UU. seguramente tendrá reverberaciones hoy no anticipadas. Incluso si Rusia ha sido cooptada a favor de la contención iraní, China todavía mantiene poder de veto en el Consejo de Seguridad, y su Ministro de Relaciones Exteriores afirmó después de conocida la decisión norteamericana: «Nosotros creemos que las sanciones y ejercer presión no son los caminos para resolver problemas y no son conducentes para los esfuerzos diplomáticos actuales sobre el tema nuclear de Irán».

A los pocos días, el 24 de septiembre, el Consejo de Seguridad adoptó por unanimidad una resolución sobre armamento nuclear en la cuál Moscú y Beijing se opusieron a una propuesta francesa de mencionar por nombre a Irán y a Corea del Norte. Al día siguiente, Teherán reveló la existencia de una nueva planta de enriquecimiento de uranio en su territorio. La semana previa, el Organismo Internacional de Energía Atómica había adoptado una resolución que pedía a Israel que permitiera a la OIEA controlar su programa nuclear. Este «triunfo, momento glorioso», según Irán, fue posible gracias a una iniciativa árabe y a los votos de naciones subdesarrolladas más los de Rusia y China.

Si Obama quiere darle algún significado serio a su afirmación mediática «la ley internacional no es una promesa vacía» deberá comprender que el apaciguamiento no es el sendero adecuado. Bien haría en escuchar atentamente al presidente francés Nicolás Sarkozy: «Hay tiempos en los que los hechos tercos nos compelerán a tomar una decisión si queremos un mundo sin armas nucleares». El interrogante es si se tomará la decisión correcta y necesaria.

Infobae, Infobae - 2009

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Ante la encrucijada Iraní – 23/09/09

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La relación entre la comunidad internacional y la República Islámica de Irán parece seguir el movimiento de la Sonata No.7 del compositor ruso Sergei Prokofiev: ha comenzado con un allegro inquieto, ha continuado bajo un andante caloroso y posiblemente finalizará con un precipitato. Primero hubo conmoción ante la noticia de su plan atómico, luego intensa diplomacia, y ahora pareciera que nos encaminamos a un brusco final. La invitación extendida a Mahmoud Ahamdinejad a disertar a la Universidad de Columbia en Nueva York en septiembre de 2007, el concierto brindado por la Orquesta Sinfónica de Osnabruck a los ayatollahs en Teherán en agosto de 2008, la admisión de este personaje en una conferencia contra el racismo organizada por las Naciones Unidas en Ginebra en abril del 2009, y nuevamente estos días en la Asamblea General, entre otros casos escandalosos, no hacen más que mostrar que el mundo libre parece haber perdido su brújula moral respecto de lo que encarna Irán.

Debe recordarse que pesan sobre la República Islámica de Irán al menos cinco resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que exigen que ella desista de su programa de enriquecimiento de uranio, que tres rondas de sanciones han sido adoptadas, y que circulares rojas han sido emitidas por INTERPOL contra integrantes de la elite gobernante. Teherán ha ignorado esto y ha emergido más extremista aún del tumulto electoral de junio pasado. El 7 de septiembre último, el presidente Ahmadinjead expresó claramente que “el tema nuclear está terminado”, y designó a un hombre buscado por la justicia argentina como flamante ministro de defensa. Por un largo tiempo el mundo libre ha demostrado insistentemente su disposición a dialogar con Irán, pero, como ha sido expresado recientemente en las páginas del Wall Street Journal “la virtud de la perseverancia no debiera devenir en la insensatez de la futilidad”. Siete años de diplomacia suave parecen haber agotado su curso. En tanto las manecillas del reloj nuclear iraní avanzan más rápidamente que las del reloj diplomático occidental, cabe el interrogante acerca de cuan abierta está realmente la ventana de oportunidad que algunos creyeron ver en el contacto directo con Irán.

La familia de las naciones cuenta con instrumentos jurídicos y diplomáticos suficientes como para detener al actual provocador régimen iraní. Tal como juristas internacionales han señalado, Ahmadinejad continuamente está violentando la Convención contra el Genocidio que expresamente prohíbe “la incitación pública y directa al genocidio”. E Irán reiteradamente comete crímenes contra la humanidad con cada acto de terror que apaña, viola resoluciones de las Naciones Unidas con cada paso que da hacia la procuración nuclear, y ofende a la Declaración Universal de los Derechos Humanos con cada acción de represión interna que toma. Todos estos abusos ya han sido tolerados por demasiado tiempo. Cada día que pasa acerca más a Teherán al umbral nuclear y al mundo libre a una situación de exposición insostenible. Lo más trágico de este asunto es que al optar por no transitar aquellos caminos que pacíficamente llevarían al ostracismo iraní- es decir, la adopción de sanciones robustas en el seno de la ONU- el mundo libre está estrechando su propio margen de acción, dejándose a sí mismo enfrentado a la última de las alternativas: la vía militar. O peor aún: en su inacción, elige exponerse a la peligrosa realidad de un estado teocrático radical en posesión de arsenal nuclear.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Irán-Israel: Analista afirma que Ayatollahs «Ven a Irán como instrumento para imponer el Islam» – 22/09/09

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Agencia TELAM

Buenos Aires, 22 de septiembre (Télam).- El analista Julián Schvindlerman consideró hoy que «los ayatollahs de Irán ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo” y que este país pretende «contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel”. Schvindlerman, autor del libro «Tierras por Paz, Tierras por Guerra», consideró en diálogo con Télam que «si bien aún no ha sido admitido públicamente por Teherán, el propósito de su mentado programa nuclear parece tener una clara finalidad militar”.

A su criterio, las bases de esa estrategia emergen de dos ejes centrales: las «creencias religiosas” y sus «planes estratégicos” Sobre las creencias religiosas manifestó que «los ayatollahs ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo. Esto podrá lucir extraño para los occidentales, pero dista de ser inconcebible desde una óptica iraní”. Y sobre los planes estratégicos de Irán, consideró que están basados en «cuatro metas posibles: adquirir hegemonía regional, promover al chiísmo por sobre el sunismo, contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel”.

Schvindlerman recordó que en octubre de 2005, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad llamó a «borrar a Israel del mapa; en junio de 2007, anunció que la cuenta regresiva para la destrucción de Israel había comenzado; en febrero de 2008, lo tildó de `sucio microbio` y `bestia salvaje`. Luego agregó que en mayo del mismo año «se refirió a Israel como un `cadáver maloliente`, una `rata muerta`, y como un país `camino a la aniquilación`, y en junio, que el `régimen sionista ha llegado a su fin`. Respecto a las afirmaciones de Ahmadinejad sobre la negación del Holocausto judío, Schvindlerman consideró que «le es psicológicamente necesaria y políticamente útil. Desde el punto de vista iraní, la creación de Israel se debió al Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho creen poner en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada”. Y por último, interpretó como «otra muestra de radicalismo” la designación de Ahmad Vahidi «como Ministro de Defensa iraní, un comandante de las Guardias Revolucionarias señalado como uno de los planificadores de la masacre de la AMIA”.

Schvindlerman posee una licenciatura en Administración de la Universidad de Buenos Aires y una Maestría en Ciencias Sociales de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Es autor, además, del ensayo «El Otro Eje del Mal: antinorteamericanismo, antiisraelismo y antisemitismo”. (Télam).- jg-gel 22/09/2009 16:01

DyN

DyN

Por Julián Schvindlerman

  

El discurso del presidente de Irán en la ONU y las conexiones de su gobierno con el atentado a la AMIA – 22/09/09

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Buenos Aires, set 22 (DyN).- La presencia del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad y el discurso que pronunciará el jueves en la Asamblea General de la ONU mueven a la reflexión sobre si se lo debe considerar persona grata o no grata en ese foro mundial, en el que estará presente la presidenta argentina.

Cuatro factores sirven de sustento a esta apreciación:

1) El programa nuclear: Si bien todavía no ha sido admitido públicamente por Teherán, el propósito de su mentado programa nuclear parece tener una clara finalidad militar.

Dos factores emergen como centrales:

a) Creencias religiosas. Los ayatollahs ven a su país nuclearmente armado como un instrumento de Alá para imponer el Islam sobre el resto del mundo. Esto podrá lucir extraño para los occidentales, pero dista de ser inconcebible desde una óptica iraní.

b) Planes estratégicos. Cuatro metas posibles: adquirir hegemonía regional, promover al chiísmo por sobre el sunismo, contener la presencia estadounidense en el Medio Oriente, y eliminar al estado de Israel.

2) Retórica extrema anti-israelí: En octubre de 2005, el presidente iraní llamó a «borrar a Israel del mapa», frase que ha repetido en varias ocasiones desde entonces.

En junio de 2007, él anunció que la cuenta regresiva para la destrucción de Israel había comenzado y en febrero de 2008, tildó al estado judío de «sucio microbio» y «bestia salvaje».

En mayo de aquél año se refirió a Israel como un «cadáver maloliente», una «rata muerta», y como un país «camino a la aniquilación».

En junio, afirmó que el «régimen sionista ha llegado a su fin»; cosa que repitió en agosto.

Durante la guerra entre Hamas e Israel a comienzos del 2009, el ayatollah Alí Khameini llamó a Israel un «guerrero infiel».

Así, setenta mil iraníes respondieron al llamado del gobierno para sumarse a una unidad de combatientes suicidas (ishtihadi) y cientos de ellos hicieron una sentada en el aeropuerto de Teherán, demandando ser enviados a Gaza.

«Confrontar al régimen sionista es una obligación religiosa y nacional» aseveró Ahmadinejad en vísperas de este Año Nuevo judío.

3) Negación del Holocausto: En la actualidad, la República Islámica de Irán es la nación líder en el mundo musulmán en este campo. La negación le es psicológicamente necesaria y políticamente útil.

Desde el punto de vista iraní, la creación del Estado de Israel se debió a los acontecimientos del Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho creen poner en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada.

En palabras del ministro de relaciones exteriores iraní, Manoujehr Mottaki: «Si la versión oficial del Holocausto es puesta en duda, entonces la identidad y naturaleza de Israel será puesta en duda».

4) Otras muestras de radicalismo: En agosto del corriente año, Ahmadinejad designó a Ahmad Vahidi como ministro de Defensa y al poco tiempo el congreso respaldó, por aclamación y unanimidad, la decisión.

Vahidi es un comandante de las Guardias Revolucionarias Iraníes señalado por la justicia argentina como uno de los planificadores de la masacre de la AMIA. El futuro ministro fue recibido en el congreso al grito de «muerte a Israel».

Alrededor de 475 personas se postularon al cargo de presidente en las pasadas elecciones en la República Islámica de Irán, pero solamente cuatro de ellos fueron aprobados por el Consejo Guardián. Entre ellos, Mohsen Rezaie, ex comandante de las Guardias Revolucionarias, sujeto a una orden de arresto emitida por el gobierno argentino por su vinculación con el atentado contra la AMIA.

Guysen International News

Guysen International News

Por Julián Schvindlerman

  

Ahmadinejad en la ONU, otra vez – 22/09/09

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La presencia del dictador de Teherán en el recinto de las Naciones Unidas no será otra cosa sino la más reciente expresión del zigzag occidental en su actitud ante Irán. Tres instancias previas dan cuenta de ello.

Ahamadinejad en la Universidad de Columbia: La controversial invitación que extendiera la Universidad de Columbia al líder iraní en septiembre del 2007 echó luz sobre la ambivalencia occidental hacia el régimen ayatollah. La universidad defendió su decisión de invitar al presidente de un país enemigo que niega el Holocausto, llama abiertamente a la destrucción de Israel, promueve terrorismo regional e internacionalmente, desarrolla un programa nuclear ilegal, reprime domésticamente a su propio pueblo, y que incluso encarceló a un graduado de la propia Universidad de Columbia, apelando a los “poderes del diálogo y la razón” y a la “libertad de expresión como un valor central de nuestra sociedad”. El presidente iraní empleó la ocasión para afirmar que el Holocausto era una teoría histórica, no un hecho factual. En un discurso repleto de referencias coránicas afirmó que Irán era amistoso con el pueblo judío y negó que hubiera homosexuales en su patria. Lo más grave del incidente fue la afirmación implícita de la universidad, que, al invitar a un incitador al aniquilamiento de Israel, ha involuntariamente anunciado que apoyar u oponerse al genocidio contra el pueblo judío es un tópico legítimo de debate, tal como ha observado Caroline Glick del Jerusalem Post.

Una orquesta alemana en Teherán: Cuando la Orquesta Sinfónica de Osnabruck tocó la Obertura Leonore de Beethoven, el Concierto No. 3 de Elgar, y la Cuarta Sinfonía de Brahms a fines de agosto del 2008 en Teherán, sus músicos quebraron un tabú impuesto por los revolucionarios khomeinistas y llevaron música clásica occidental -por primera vez en 28 años, aparentemente- a la tierra en la que los ayatollhas la habían declarado ilegal. Mahmoud Ahmadinejad no asistió al concierto, pero sí lo hicieron 900 selectos invitados entre los cuáles se encontraba el Ministro de Cultura y hubo una excitada recepción popular De integración cultural o intercambio musical ciertamente no se trató: el servicio secreto impidió a los músicos iraníes entablar contacto con ninguno de sus sesenta pares alemanes. En momentos en que en el recinto de las Naciones Unidas se estudiaban nuevas sanciones y la imposición de embargos militares contra Irán, músicos alemanes fueron a maquillar políticamente a Teherán y a camuflar la imagen internacional de un estado hostil detrás de la cortina de un acontecimiento cultural.

Ahmadinejad en Ginebra: En abril de 2009, Mahmoud Ahmadinejad asistió a la sede de la ONU en Ginebra para dar un discurso en el marco de la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia e Intolerancia Relacionada. El espectáculo de un tirano racista negador del Holocausto dando un discurso en el marco de una cumbre de la ONU contra el racismo marcó un precedente memorable. Este evento dividió a los países del mundo en dos categorías: aquellos que decidieron boicotearlo y aquellos que decidieron participar del mismo. En el primer grupo se destacó Canadá, la primera nación en hacer pública su no-participación. Le siguieron Israel, y después, Estados Unidos. Se sumaron Italia, Polonia, Australia, Nueva Zelanda, y Alemania. La República Checa se retiró de toda la conferencia luego del discurso del líder iraní. Entre quienes permanecieron en la conferencia quedaron subdivididos en dos grupos a su vez: aquellas naciones que se retiraron de la sala ante la diatriba de Ahmadinejad, y aquellas que optaron por quedarse en el recinto. Muchos países europeos pertenecen al primer subgrupo; las naciones latinoamericanas, africanas, árabes y musulmanas -junto con el Vaticano- se encontraron en el segundo.

Ante la ausencia de una actitud internacional más decidida, debemos prepararnos para nuevos espectáculos discursivos del líder iraní en ciudades del mundo libre.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Obama y el progresismo Judío norteamericano – 16/09/09

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La popularidad de Barack Obama se ha desvanecido. El índice de aprobación de su gestión cayó diecisiete puntos en ocho meses, ubicándose en el 45% a comienzo de septiembre. La caída ha sido tan vertiginosa que el prestigioso comentarista Charles Krauthammer sentenció: Habiéndose derretido sus alas de cera, es el hombre que ha caído a la tierra…Se he convertido en ordinario. El hechizo está quebrado. El conjurador carismático del 2008 ha dilapidado su magia». Solamente los presidentes Clinton y Ford vieron caer su popularidad por debajo del 50% más rápidamente que Obama. El universalmente despreciado Bush llegó a este nivel al cabo de 37 meses de gobierno; su padre en 36 meses; y el cuestionado Nixon al cabo de 25 meses. La caída de Obama no es definitiva, pero sí lo es el colapso de las ilusiones que muchos en él depositaron. Entre ellos los judíos.

En lo relativo a la política exterior, puntualmente hacia el Medio Oriente, el enfoque de la nueva administración ha evidenciado un reducido cariño hacia Israel y una mayor apertura hacia el mundo musulmán. Cabe citar la determinación de la Casa Blanca en hacer de los asentamientos un asunto problemático central, la vinculación de una eventual contención de Irán con una mayor flexibilidad israelí en las negociaciones con los palestinos, la declaración de una alta funcionaria del Departamento de Estado a propósito de que Israel debe firmar el Tratado de No-Proliferación Nuclear, la afirmación de Hillary Clinton de que Estados Unidos dotaría de un «paraguas protector» a las naciones amenazadas por Irán si esta nación cruzara el umbral nuclear (sugiriendo así la aceptación de semejante escenario). A esto puede sumarse la primera entrevista presidencial -concedida a una televisora árabe-, el discurso de Obama en El Cairo, su titubeo en repudiar inmediatamente el fraude electoral en Irán, y el virtual abandono de la retórica bushista sobre la «guerra contra el terror». Nada de esto debiera sorprender dadas las conocidas asociaciones de Obama con figuras radicales de la izquierda norteamericana, como ser el ex-terrorista William Ayers, el ex vocero de la OLP y actual profesor en la Universidad de Chicago Rashid Khalidi, el pastor racista Jeremiah Wright, y el recientemente destituido asesor ambiental Van Jones (por respaldar un comunicado de una agrupación que acusó a Washington de planear los atentados del 9/11); sin olvidar a su entorno de asesores fuertemente críticos del estado judío desde Robert Malley a Samantha Power, y desde Zbigniew Brzezinski a Daniel Kurtzer. No podemos culpar a los israelíes de que apenas el 6% de ellos considere al presidente Obama pro-israelí. Algunos han caracterizado a la Administración Obama como «la segunda venida de Jimmy Carter».

En una columna publicada en esta página el año pasado («Barack Obama y el voto judío» – 25/6/08), ponderaba el motivo por el cuál ciclo tras ciclo electoral los judíos estadounidenses votan en grandes números a los demócratas cuando encuesta tras encuesta son los republicanos quienes mayor simpatía muestran por el Estado de Israel y ha sido un republicano -George W. Bush- el líder más pro-israelí de la historia presidencial de aquél país, y concluía que sus preferencias progresistas influyen decididamente en su actitud. Encuestas recientes reconfirman ambos puntos. Una de enero último del Pew Research Center reflejó que el 60% de los conservadores expresaron simpatía por Israel y el 8% de ellos por los palestinos; en contraste con el 33% de apoyo que recibió Israel por parte de los progresistas, de los cuáles el 21% favorecía a los palestinos. También mostró que el 69% de los republicanos y el 42% de los demócratas simpatizan más con Israel que con los palestinos. Sin embargo, el 78% de los judíos votaron por Obama en las pasadas elecciones. La Encuesta Anual de Opinión Judía Estadounidense del American Jewish Committee del año 2008 indicó que el 52% de los judíos estadounidenses se manifestó más confiado en el Partido Demócrata en lo referido al apoyo de Washington a Jerusalem. Según ha documentado Norman Podhoretz, el promedio de votos judíos por el Partido Demócrata desde 1928 en elecciones presidenciales ha sido del 75%. En las últimas elecciones, los judíos fueron el grupo étnico y religioso que más votos dio a Obama a excepción de la comunidad afro-americana. El voto judío fue 25 puntos más elevado que el 53% del voto del electorado general; 35 puntos más elevado que el 43% del de los blancos; 11 puntos más elevado que el 67% cosechado entre los hispanos; 33 puntos más elevado que el 45% obtenido de los protestantes; y 24 puntos más elevado que el 54% proveniente del voto católico.

Este contrasentido puede ser explicado a partir del pacifismo que corre a lo largo de la ideología progresista judía norteamericana. En un excelente estudio publicado el mes pasado en The Jerusalem Post, Darren Pinsker trajo a colación dos datos sorprendentes. Consultados en 1984 si el presidente Ronald Reagan había errado al tildar a la Unión Soviética de «Imperio del Mal», el 66% de los judíos norteamericanos respondió afirmativamente. Debe recordarse que Moscú era enemigo de Israel, del judaísmo, de la expresión cultural judía, de la libertad y demás valores judíos. En el año 2007, se preguntó a los judíos estadounidenses: «¿Apoyaría Ud. o se opondría a que los Estados Unidos adopte acción militar contra Irán para evitar que desarrolle armas nucleares?». El 57% respondió que se opondría a tal acción militar. Debe recordarse que Teherán ha amenazado públicamente con obliterar a Israel.

Estos datos llevaron tiempo atrás a Milton Himmelfarb, un estudioso de la comunidad judía estadounidense, a observar: «La causa de esta rareza es que muchos judíos son palomas». Lo que a su vez motivó a Darren Pinsker a preguntarse si los judíos de EE.UU. están evaluando correctamente sus propios intereses políticos al votar al Partido Demócrata sucesivamente. «Posiblemente, la respuesta es no» concluyó. «El pacifismo, en el análisis final, no servirá bien a un grupo étnico que es objetivo de un movimiento religioso radical global». Esto es algo que muchos judíos norteamericanos aún deben internalizar. Hasta que ello suceda, Barak Obama y el Partido Demócrata pueden dar por descontado el apoyo de estos votantes.