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Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Pio XII: Un debate que no cesa – 06/01/10

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Al firmar el decreto que reconoce “virtudes heroicas” simultáneamente a Juan Pablo II y a Pío XII -haciéndolos “venerables”, lo que abre el camino a la beatificación y eventual canonización- Benedicto XVI ha replicado un modelo ya empleado por su antecesor en el año 2000, cuando éste beatificó al mismo tiempo a Juan XXIII y a Pío IX, pretendiendo complacer así a conservadores y progresistas dentro de la Iglesia Católica y a la vez apaciguar protestas de la comunidad judía global. Así como Juan XXIII es admirado y Pío IX despreciado por los judíos, de modo similar Juan Pablo II es ampliamente querido por la misma comunidad judía que recela de Pío XII. Aunque esta última decisión papal tenga posiblemente más que ver con asuntos internos de la Iglesia que con consideraciones externas hacia terceros, la polémica decisión ciertamente afecta a los judíos, y si bien la elección de santos vaticanos no es asunto de competencia de la grey hebrea, sí lo es la validación eclesiástica de un pontífice tan directamente involucrado con el destino de los judíos durante su época más oscura.

Apologistas de Pío XII suelen traer en su defensa varias citas de judíos prominentes de antaño que han aplaudido la gestión del controvertido Papa. Ya en 1945 dirigentes de la comunidad judía italiana, el secretario-general del Congreso Judío Mundial y cerca de ochenta judíos alemanes sobrevivientes de la Shoá expresaron gratitud al Sumo Pontífice. En 1955, la Orquesta Sinfónica de Israel dio un concierto en su honor en el propio Vaticano. Cuando tres años más tarde Eugenio Pacelli murió, el principal rabino de Roma y la canciller israelí hicieron llegar sus condolencias alabando los actos del Papa durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso hoy en día, dos textos muy citados en su defensa pertenecen a judíos: Los últimos Tres Papas y los Judíos, de Pinjas Lapide, ex cónsul israelí en Milán que atribuye a Pacelli haber salvado cientos de miles de vidas judías, y El Mito del Papa de Hitler, de David Dalin, rabino que sugiere que Pío XII sea reconocido como “Justo Entre las Naciones” por Yad Vashem.

Respecto de las primeras gratitudes dadas a Pío XII durante los primeros quince años de posguerra debemos considerar un hecho crucial: todas ellas ocurrieron en tiempos en los que la verdadera dimensión de la conducta del Papa durante la guerra todavía no había sido completamente revelada. Fue a partir de 1963, con la puesta en escena de Der Stellvertreter de Rolf Hochhuth, que el papel de Pacelli comenzó a ser universalmente cuestionado. El conocimiento cabal del Holocausto y la aprehensión emocional de su enormidad estaban aún siendo procesadas. El juicio a Adolf Eichmann de 1961 todavía no había acontecido. El diario de Anna Frank, publicado en 1952, no trataba el tema. La Noche de Elie Wiesel, inicialmente publicada en 1956 en escasa tirada, aún tenía muchos años por delante antes de pasar a convertirse en el bestseller global que hoy es. Por caso, ya en 1941 el New York Times elogió a Pío XII como “una voz solitaria en el silencio y la oscuridad que envuelve a Europa”. Sin embargo, ni siquiera los apologistas de Pacelli le atribuyen haber hablado en público en contra de los nazis o a favor de los judíos durante la Shoá, limitándose a defender su silencio como la mejor postura entre peores opciones. Estas citas no prueban que Pacelli haya sido un héroe de los judíos, sino que quienes las pronunciaron así lo creían.

A propósito de Lapide, su libro, publicado en 1966, bien pudo haber tenido la intención de reciprocar a la Iglesia por el Concilio Vaticano II, concluido el año previo. Jerusalem desde siempre anheló obtener el reconocimiento vaticano a su independencia, y ello también pudo haber influido en la actitud de un ex diplomático hacia un Papa criticado. En cuanto al rabino Dalin, simplemente digamos que durante los años noventa una agrupación israelí denominada Rabinos por los Derechos Humanos vio con buenos ojos a Yasser Arafat quién -a diferencia de Pacelli- asesinó judíos por doquier, y que otrora un número considerable de judíos apoyaron a Joseph Stalin mientras éste reprimía severamente a sus hermanos. Así es que un rabino defiende a un Papa. ¿Y? En cualquier caso, más allá de las motivaciones de los autores, cabe mencionar la existencia de una nutrida bibliografía profundamente crítica del rol de Pío XII en el período 1939-1945, parte de ella ya legendaria en la materia: El Silencio de Pío XII, de Carlo Falconi; La Iglesia y el Holocausto, de Daniel Goldhagen; El Holocausto en la Historia, de Michael Marrus; Bajo sus Propias Ventanas, de Susan Zuccotti; y un largo -realmente largo- etcétera.

Los archivos vaticanos desde el año 1922 en adelante están vedados al público. Entre 1965 y 1981 la Santa Sede permitió la publicación de muchos documentos del período de la guerra en su poder, para lo cuál convocó a sacerdotes de diversos países para que editaran los once volúmenes que hoy integran los Actes et Documents du Saint Siège Relatifs á la Seconde Guerre Mondiale. El proyecto buscaba contrarrestar las acusaciones relativas a su silencio y en consecuencia es parcial. Posteriores intentos de conformar comisiones de investigación independientes fracasaron. Hasta que los archivos vaticanos no sean abiertos a los historiadores difícilmente la verdad pueda ser conocida plenamente. En tanto Roma insista en negar acceso al récord histórico, todo intento suyo en rehabilitar a un Papa tan masiva y completamente cuestionado será justamente visto como un esfuerzo vaticano en auto-concederse la absolución.

Veintitrés Internacional

Veintitrés Internacional

Por Julián Schvindlerman

  

El dilema Persa – 01/10

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(Edición Impresa)

Al contrario de la impresión general establecida, podemos decir que Teherán y Jerusalén han estado dialogando últimamente… aunque de manera poco convencional. Si definimos al diálogo como un intercambio de mensajes, al menos eso ha estado ciertamente sucediendo. Considérese lo siguiente:

En junio de 2008, el vicepremier israelí (ex ministro de Defensa y ex jefe del Estado Mayor Conjunto) Sahul Mofaz dijo al diario Yediot Aaharonot que “si Irán continúa con su programa para conseguir armas nucleares, atacaremos”. Unas semanas más tarde, un gran simulacro de ataque aéreo fue llevado a cabo por la fuerza aérea israelí sobre el Mar Mediterráneo, a unos 1.500 kilómetros de distancia de las costas del Estado israelí. Esa misma distancia aproximadamente –en dirección opuesta– es la que separa a Israel de las plantas nucleares iraníes en Bushehr, Isfahan y Natanz. En el ejercicio participaron más de cien jets F-15 y F-16, aviones bombarderos, aviones de abastecimiento, y helicópteros de rescate.

A comienzos de julio, durante una visita a Kuala Lumpur, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad afirmó que “no solamente Estados Unidos e Israel, sino cientos otros como ellos no pueden atacar Irán y ellos lo saben… Deben rendirse ante la voluntad de la nación iraní”. Tres días más tarde, Irán lanzó nueve misiles de prueba con un radio de alcance de 2.000 kilómetros, lo que comprendía Israel, el sur de Europa y bases norteamericanas en el Medio Oriente. “Nuestro dedo estará siempre en el gatillo”, aseveró Teherán. En respuesta, Israel presentó su más avanzado avión espía. Un mes después, Irán lanzó un satélite de fabricación doméstica al espacio. Denominado Omid (“Esperanza”), su lanzamiento coincidió con un aniversario del nacimiento del Doceavo Imán, una de las fechas más sagradas del calendario chiita. En la ocasión, el ejército subrayó el simbolismo: “En el aniversario del nacimiento del último Imán de los chiitas, Hazrat Mahdi (Que Dios apresure su Reaparición), ilustrando así el auspicioso nombre del Imán en el espacio”.

En mayo del 2009, unos días después de que Irán ensayara el lanzamiento de un misil balístico de largo alance, Israel efectuó un simulacro nacional de guerra abierta en todos los frentes simultáneos. El mismo mes, Irán emplazó misiles tierra-aire y tierra-mar en el Estrecho de Ormuz y otras áreas del Golfo. Inmediatamente después, la fuerza aérea israelí llevó a cabo un ejercicio de combate aéreo. En junio y julio, Israel envió buques de guerra y uno de sus submarinos nucleares a través del Canal de Suez (con la aprobación egipcia) y el Mar Rojo. Posteriormente, Irán desplazó buques en el Golfo de Adén. Durante este período, oficiales israelíes han expresado –públicamente– gran confianza en la posibilidad de un ataque exitoso contra las instalaciones nucleares iraníes. Israel es “una nación loca liderada por gente loca”, opinó el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Manoucher Mottaki, que no se atreverá a atacar pues “ellos saben qué respuesta vendrá de Irán”. El 11 de febrero, fecha del 31º aniversario de la revolución khomeinista, Ahmadinejad anunció ante cientos de miles de simpatizantes que su país estaba enriqueciendo uranio al 20 por ciento y que Irán “es un Estado nuclear”.

VIENTOS DE GUERRA

Con el diálogo propuesto y ensayado por Europa durante siete años habiendo terminado en un callejón sin salida, con la reciente oferta diplomática occidental de enriquecer uranio iraní al 19,75 por ciento fuera de Irán rechazada, con el entusiasta acercamiento de la administración Obama igualmente despreciado, y con el prospecto de la adopción de sanciones robustas por parte de la ONU cada vez más lejano (con China y Rusia como miembros permanentes renuentes, y con Brasil y Turquía como miembros no-permanentes similarmente reacios, la adopción de sanciones efectivas, es decir, no simbólicas, luce remota), la opción militar emerge –para Israel principalmente– como una alternativa última, desagradable pero inevitable, si es que la familia de las naciones aspira a detener la ambición nuclear del régimen totalitario persa. Tal escenario sería extremadamente inquietante. Amén del desafío logístico de incursionar en territorio hostil lejano, la reacción iraní anticipada comprendería ofensivas directas con misiles balísticos contra el Estado hebreo y las treinta y tres bases militares estadounidenses en la región, instrucciones a Hamas y Hezbollah de hostigar con Qassams y Katyushas (entre otro arsenal) a la población israelí desde la Franja de Gaza y el Líbano, respectivamente; posiblemente la activación de células terroristas fuera del teatro de operaciones del Medio Oriente, y un bloqueo del Estrecho de Ormuz por donde circula gran parte del petróleo mundial. Una evaluación completa de los riesgos en juego, no obstante, debe también incluir una consideración a las amenazas que el poder nuclear en manos de ayatollahs fanáticos entabla. Teherán ganaría una influencia atroz en la región más estratégica e inestable del globo, dispararía una carrera armamentística nuclear en una zona siempre al borde de una catástrofe militar (árabes, turcos, persas e israelíes en competencia nuclear harían lucir a la Guerra Fría como un juego de niños, en la apta observación de un analista), la tentación iraní de atacar atómicamente a Jerusalén sería estimulada, e ingresaríamos sin retorno a la era del terrorismo nuclear internacional donde ya no un edificio sino una ciudad entera quedarían a merced de terroristas apocalípticos.

Hay quienes creen que si el mundo libre pudo coexistir con Estados atómicos como Pakistán y Corea del Norte, pues podría hacerlo con Irán también. Sin embargo, conforme ha señalado Dore Gold, la nuclearización de Irán tiene implicancias globales y no solamente mesoorientales. La república islámica apoya insurgencias fundamentalistas en Gaza, Líbano, Egipto, Arabia Saudita, Sudán, Irak y Afganistán; tiene ambiciones territoriales sobre Bahrein; está cada vez más involucrada en América latina y en África oriental; y es una nación gobernada por clérigos mesiánicos. Este último punto no debe ser tomado a la ligera. En un discurso dado a comienzos de diciembre pasado en Isfahan (sede de una central nuclear), notado por el académico iraní exiliado Amir Taheri en The Wall Street Journal, Ahmadinejad afirmó que él era un “elegido” por el Imán Oculto (figura mesiánica chiita) cuya misión es expulsar al “infiel” de tierras islámicas y liberar Palestina de los “ocupadores sionistas”. ¿Puede alguien dudar que este hombre y este régimen emplearían con tales fines armamento nuclear?

CAMBIO DE RÉGIMEN

A pesar de todo lo deprimente que el cuadro de situación pueda lucir, hay una luz al final del túnel. Dado que no es la bomba per se, sino la naturaleza del régimen que la posee lo que representa una amenaza a la paz internacional, un cambio de régimen en Irán alteraría por completo la situación hoy reinante. Intentar modificar la política nuclear del gobierno ayatollah ha probado ser fútil; pero un cambio de régimen podría disipar la tormenta geoestratégica que se avecina, sea porque Irán cruzará el umbral nuclear o porque algún actor internacional militarmente lo impedirá.

La república islámica ha sido un Estado-paria por más de treinta años cuyo recurso a la represión doméstica, la apelación al fervor revolucionario, la retórica antioccidental, la promoción de terrorismo, la exportación de fundamentalismo religioso, un desafiante militarismo y el desarrollo clandestino de tecnología atómica han finalmente generado un consenso global a propósito de su ilegitimidad. Localmente, la situación del régimen es precaria. Si bien hubo esporádicas manifestaciones antiestablishment en 1999 y 2003, la reacción popular surgida durante las elecciones presidenciales fraudulentas de junio de 2009 ha gestado un auténtico movimiento pro-democracia que tiene el potencial de convertirse en la fuerza transformadora de la realidad persa en el mediano plazo. Al momento del anuncio de esa fecha electoral, el Líder Supremo Alí Khameini dijo públicamente al presidente y candidato oficial Ahmadinejad: “Usted puede considerarse en el poder por otros cinco años más”. Alrededor de 475 personas se postularon al cargo de presidente en las pasadas elecciones, pero solamente cuatro (!) fueron aprobadas por el Consejo Guardián, garante de los valores de la revolución khomeinista. Los cuatro no censurados tenían todos ellos impecables credenciales islamistas. Primeramente estaba el presidente Mahmoud Ahmadinejad, quien resultó triunfador. También Mohsen Rezaie, ex comandante de las Guardias Revolucionarias sujeto a una orden de arresto emitida por el gobierno argentino por su vinculación con el atentado contra la AMIA. Otro era Mahdi Karroubi, ex vocero del Parlamento muy cercano a Khomeini y Khameini. Finalmente, Mir Hossein Musavi, quien fue primer ministro en tiempos del ayatollah Khomeini, fue quien más apoyo popular cosechó entre las masas insatisfechas. Al ungir a Ahmadinejad en la presidencia, el establishment clerical ratificó la continuidad de las políticas confrontativas del gobierno. Durante el sufragio no hubo una comisión electoral independiente que supervisara los votos, ni observadores que verificaran los resultados. El conteo final de millones de votos fue anunciado al poco tiempo de la clausura del sufragio. Ahmadinejad cosechó más votos que cualquier otro candidato en la historia iraní, ganó en todas las provincias y en todos los estratos sociales. Sus oponentes perdieron incluso en sus ciudades natales, una humillación atípica aun bajo los estándares electorales de Irán.

Consternados, millones de iraníes colmaron las calles de Teherán y otras ciudades exigiendo transparencia. Sus actos de desobediencia civil fueron severamente reprimidos por las autoridades que, carentes de todo vestigio de legitimidad, sustentaron su supervivencia en la fuerza bruta de las Guardias Revolucionarias y las Milicias Basij. Cientos de activistas fueron arrestados, otros cientos forzados al exilio y docenas de ellos fueron asesinados. Varios fueron condenados a muerte y ejecutados, en digno tributo al segundo lugar (después de China) que ocupa Irán en el ranking mundial de ejecuciones anuales.

Aún así, el repudio antioficial persistió y desde entonces los demócratas iraníes han usado celebraciones nacionales para salir a las calles a expresar su sentir. El 18 de septiembre, Día de Jerusalén, tradicionalmente empleado como un festival antiisraelí, entre los slogans proclamados figuraban “¡Olvídense de Palestina! ¡Piensen en Irán!” y “¡Ni Hamas ni Hezbollah! ¡Yo doy mi vida por Irán!”. El 4 de noviembre, conmemoración de la toma de la embajada norteamericana en Teherán en 1979, la oposición hizo de Rusia, no de USA, el foco de su disgusto: “¡La embajada rusa es un nido de espías!”. A mediados de diciembre falleció el ayatollah Alí Hossein Montazeri, un fuerte crítico de las autoridades. Inicialmente asistió a la consolidación de la revolución khomeinista pero luego de que criticara la brutalidad del régimen fue puesto en arresto domiciliario en Qom, asiento del clero chiita. Su funeral sirvió de una nueva oportunidad para manifestaciones contra el oficialismo. El festival del Ashura el 27 del mismo mes, el cual recuerda la muerte de una de las figuras islámicas más reverenciadas, convocó a cientos de miles de manifestantes que gritaron consignas contra el gobierno y compararon el martirio del prócer religioso con las muertes de los opositores a Ahmadinejad. A juzgar por los slogans publicitados, resulta claro que las protestas populares ya no están meramente orientadas al fraude electoral sino contra el régimen en sí mismo: “¡Muerte al dictador!”, “¡Libertad ahora!” y “Abandonen el enriquecimiento de Uranio. ¡Hagan algo por los pobres!”. El más elocuente quizás haya sido aquel que clamó “¡República iraní, no república islámica!”. El 11 de febrero, aniversario de la revolución, las autoridades movilizaron a cientos de miles de simpatizantes y posicionaron policías para reprimir las manifestaciones planeadas por los opositores. Según informó el experto Michael Ledeen en National Review, gente fue llevada de zonas rurales a los centros urbanos con una paga de U$S 80 por día para golpear a los manifestantes opositores.

En una población de 75 millones, el 70% de los iraníes tiene menos de treinta años de edad y 22 millones navegan por Internet. Apenas sorprende que el régimen haya limitado el acceso online, el servicio de mensajería de texto por celular y sitios de chateo, en un intento de obstruir el poder de organización y convocatoria de los demócratas. A la prensa extranjera se le prohibió cubrir las manifestaciones opositoras. A partir de las protestas de diciembre último, el gobierno ayatollah comenzó a acusar a los opositores de cometer crímenes religiosos, es decir, de ofender a Alá e insultar al difunto Khomeini; son considerados “mohareb” (guerreros contra Dios y su Profeta) cuyo castigo es la pena capital.

La represión ha estimulado más todavía a la oposición cuya naturaleza descentralizada facilita su supervivencia, pero la ausencia de un liderazgo carismático entorpece su continuidad. Luego de meses de protestas, represiones, falsos juicios y choques, la pregunta crucial aquí es la que ha formulado Benjamín Joffe-Walt de Media Line: ¿está Irán presenciando el comienzo de una revolución o el final de una revuelta fallida?

CONCLUSIÓN

Georg Wilhelm Friedrich Hegel escribió: “Las grandes revoluciones que nos toman por sorpresa deben haber estado precedidas por una revolución tranquila y secreta en el espíritu de la era (Zeitgeist), una revolución no visible a cada ojo, especialmente imperceptible a los contemporáneos, y tan difícil de discernir como de describir en palabras. Es la falta de familiaridad con esta revolución espiritual lo que hace de los cambios resultantes algo sorprendente”.

Irán está atravesando uno de esos raros momentos históricos en los que un importante punto de inflexión política, social y cultural puede vislumbrarse en el horizonte nacional. El año 2010 emerge como un año crítico en el cual o bien Teherán obtendrá su ansiado poder nuclear o bien Jerusalén destruirá militarmente esa aspiración iraní. A estos dos escenarios preocupantes se agrega un tercero, deseable y posible, consistente en un cambio de régimen de modo idealmente pacífico. Los demócratas iraníes desesperadamente necesitan de apoyo internacional, tal como todos aquellos que en el pasado han luchado contra dictaduras han necesitado la aprobación moral extranjera a su causa. Hasta el momento el mundo libre ha titubeado, y la administración Obama –de la que más anhelan oír palabras de aliento los disidentes iraníes– no ha brindado más que un tibio apoyo a esta significativa revuelta democrática en la nación que actualmente más ofende a la conciencia pública mundial. La prudencia de Washington no evitó que las autoridades iraníes la acusaran de todas formas de injerencia en sus asuntos internos, tal como montaron protestas estudiantiles frente a las embajadas de Francia, Italia y Gran Bretaña al grito de “muerte a los hipócritas”. Uno de los slogans más famosos del movimiento pro-democracia en Irán estaba dirigido no a los ayatollahs, sino al presidente estadounidense: “¿Obama, estás con nosotros o con ellos?”. Esta es una pregunta desgarradora cuya respuesta no puede ser demorada. Por el bien del futuro de Irán, de la democracia y de la estabilidad global, esperemos que la Casa Blanca y el resto de Occidente den la respuesta acertada.

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La verdadera historia de el principito» – 23/12/2009″

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Con la partida del año 2009 se irá también el 65 aniversario de la desaparición de Antoine de Saint-Exupéry en las aguas del Mar Mediterráneo. Afamado autor, piloto aventurero y dandi aristocrático, Saint-Exupéry ha cautivado al público francés desde los años treinta con libros tales como Courrier Sud o Vol de Nuit, y a audiencias en los cuatro puntos cardinales a partir de los años cuarenta, con la publicación de su obra cumbre y best-seller internacional El Principito. Traducido a ciento cincuenta idiomas y con ochenta millones de ejemplares publicados, este comentario social sobre la inocencia de la niñez, la corrupción afectiva de la adultez y lo esencial de la vida, hizo de su autor una leyenda eterna en la cultura francesa y universal.

Un accidente aéreo -acontecido en 1935 en el desierto del Sahara, en el cual Saint-Exupéry y su copiloto Andre Prevot padecieron alucinaciones visuales bajo el calcinante sol libio hasta ser hallados por un beduino en camello- recibió el crédito de ser la fuente inspiradora del sensacional libro, publicado en 1943. Pero el contexto de la escritura fue la Nueva York de los años de la Segunda Guerra Mundial, esa ciudad que nunca duerme» y que quitó el sueño y la calma al mentado autor-aviador. En un libro de reciente publicación en la Argentina que lleva por nombre el título de esta nota, Alain Vircondelet narra con exquisito detalle el estado de enajenación emocional, de no-pertenencia y de constante vacío espiritual en el que se hallaba Saint-Exupéry al momento de iniciar la escritura de su obra durante el exilio en Estados Unidos.

Políticamente, Saint-Exupéry era un expatriado no sólo de Francia en Estados Unidos, sino de la propia comunidad francesa exiliada en Nueva York. Recibía fieros ataques de Andre Breton y Jacques Maritain por su presunta cercanía al gobierno de Vichy, el cuál lo había nombrado garante del régimen a comienzos de 1941; algo que Saint-Exupéry desmintió. Sentimentalmente, su vida era un caos. Casado con la modelo salvadoreña Consuelo Suncín Sandóval por más de una década (le propuso matrimonio surcando los cielos de Buenos Aires en un avión por él piloteado, horas después de haberla conocido), el artista llevaba la vida romántica de un bohemio desprejuiciado. Tenía amantes de la alta sociedad y frecuentaba un entorno intelectual en el que su mujer no encajaba. Su familia nunca aprobó la relación con Consuelo, a punto tal que una retrospectiva de la vida del autor organizada por la familia en Paris en el 2000, año del centenario de su nacimiento, incluía apenas una fotografía de su esposa, posando sola junto a una rosa. La mayoría de sus biógrafos, de modo similar la excluyeron del relato oficial de su vida. Pero Consuelo tuvo su venganza póstuma con la publicación de sus memorias El Recuerdo de una Rosa. Escritas en 1945 y publicadas en el año 2000 tras ser encontradas pocos años antes en un viejo baúl, rápidamente alcanzaron la cima de los libros de no-ficción de mayores ventas en Francia y la devolvieron al lugar legítimo como compañera de vida de Saint-Exupéry del que la habían injustamente sustraído.

Al ver a Saint-Exupéry existencialmente abatido, su editor le propone un proyecto: escribir un cuento para niños. «El Principito se le ha aparecido en la tormenta de la Historia y de su historia como un posible avance hacia la eternidad» observó Vircondelet. «Ya era hora de nacer» diría el propio Saint-Exupéry una vez que el libro estuviere terminado. Sin embargo, poco tiempo moriría. El 31 de julio de 1944, el aviador francés despegó al mando de un avión Lockheed P-38 de la isla de Córcega en un vuelo de reconocimiento sobre la Francia Ocupada para jamás regresar. El año anterior se había unido a la Fuerza Aérea de la Francia Libre en África del Norte y había estropeado un avión estadounidense por error, lo que le valió el cese de actividades. Fue rehabilitado luego de persistentes reclamos, incluida su disposición a morir por su país. «Me importa un bledo si Ud. muere por Francia o no», le espetó el Coronel Leon Gray, «pero Ud. no lo hará en uno de nuestros aviones».

No obstante, eso fue precisamente lo que sucedió. Su muerte heroica contribuyó a la construcción del mito. Nunca quedó plenamente revelado si se trató de un accidente, de una caída en combate, o de un suicidio. En el 2008 un piloto alemán aseguró al diario La Provence que él derribó al avión de Saint-Exupéry. Otros piensan diferente. «Partir es intentar llegar al planeta imposible, incluso asumiendo el riesgo del martirio» escribió Alain Vircondelet. Otra biógrafa, Stacy Schiff, aún cuando permanece escéptica ante la idea del suicidio del autor, ha destacado un paralelismo sugerente. En el relato, el principito vive en un planeta tan pequeño que puede ver el amanecer 44 veces al día…la edad de Saint-Exupéry al enfrentar a la muerte.

Cualquiera haya sido el caso, algo sí es claro: tal como el principito, el autor abandonó la tierra sin dejar rastros.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La verdadera historia de «El Principito» – 23/12/09

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Con la partida del año 2009 se irá también el 65 aniversario de la desaparición de Antoine de Saint-Exupéry en las aguas del Mar Mediterráneo. Afamado autor, piloto aventurero y dandi aristocrático, Saint-Exupéry ha cautivado al público francés desde los años treinta con libros tales como Courrier Sud o Vol de Nuit, y a audiencias en los cuatro puntos cardinales a partir de los años cuarenta, con la publicación de su obra cumbre y best-seller internacional El Principito. Traducido a ciento cincuenta idiomas y con ochenta millones de ejemplares publicados, este comentario social sobre la inocencia de la niñez, la corrupción afectiva de la adultez y lo esencial de la vida, hizo de su autor una leyenda eterna en la cultura francesa y universal.

Un accidente aéreo -acontecido en 1935 en el desierto del Sahara, en el cual Saint-Exupéry y su copiloto Andre Prevot padecieron alucinaciones visuales bajo el calcinante sol libio hasta ser hallados por un beduino en camello- recibió el crédito de ser la fuente inspiradora del sensacional libro, publicado en 1943. Pero el contexto de la escritura fue la Nueva York de los años de la Segunda Guerra Mundial, esa “ciudad que nunca duerme” y que quitó el sueño y la calma al mentado autor-aviador. En un libro de reciente publicación en la Argentina que lleva por nombre el título de esta nota, Alain Vircondelet narra con exquisito detalle el estado de enajenación emocional, de no-pertenencia y de constante vacío espiritual en el que se hallaba Saint-Exupéry al momento de iniciar la escritura de su obra durante el exilio en Estados Unidos.

Políticamente, Saint-Exupéry era un expatriado no sólo de Francia en Estados Unidos, sino de la propia comunidad francesa exiliada en Nueva York. Recibía fieros ataques de Andre Breton y Jacques Maritain por su presunta cercanía al gobierno de Vichy, el cuál lo había nombrado garante del régimen a comienzos de 1941; algo que Saint-Exupéry desmintió. Sentimentalmente, su vida era un caos. Casado con la modelo salvadoreña Consuelo Suncín Sandóval por más de una década (le propuso matrimonio surcando los cielos de Buenos Aires en un avión por él piloteado, horas después de haberla conocido), el artista llevaba la vida romántica de un bohemio desprejuiciado. Tenía amantes de la alta sociedad y frecuentaba un entorno intelectual en el que su mujer no encajaba. Su familia nunca aprobó la relación con Consuelo, a punto tal que una retrospectiva de la vida del autor organizada por la familia en Paris en el 2000, año del centenario de su nacimiento, incluía apenas una fotografía de su esposa, posando sola junto a una rosa. La mayoría de sus biógrafos, de modo similar la excluyeron del relato oficial de su vida. Pero Consuelo tuvo su venganza póstuma con la publicación de sus memorias El Recuerdo de una Rosa. Escritas en 1945 y publicadas en el año 2000 tras ser encontradas pocos años antes en un viejo baúl, rápidamente alcanzaron la cima de los libros de no-ficción de mayores ventas en Francia y la devolvieron al lugar legítimo como compañera de vida de Saint-Exupéry del que la habían injustamente sustraído.

Al ver a Saint-Exupéry existencialmente abatido, su editor le propone un proyecto: escribir un cuento para niños. “El Principito se le ha aparecido en la tormenta de la Historia y de su historia como un posible avance hacia la eternidad” observó Vircondelet. “Ya era hora de nacer” diría el propio Saint-Exupéry una vez que el libro estuviere terminado. Sin embargo, poco tiempo moriría. El 31 de julio de 1944, el aviador francés despegó al mando de un avión Lockheed P-38 de la isla de Córcega en un vuelo de reconocimiento sobre la Francia Ocupada para jamás regresar. El año anterior se había unido a la Fuerza Aérea de la Francia Libre en África del Norte y había estropeado un avión estadounidense por error, lo que le valió el cese de actividades. Fue rehabilitado luego de persistentes reclamos, incluida su disposición a morir por su país. “Me importa un bledo si Ud. muere por Francia o no”, le espetó el Coronel Leon Gray, “pero Ud. no lo hará en uno de nuestros aviones”.

No obstante, eso fue precisamente lo que sucedió. Su muerte heroica contribuyó a la construcción del mito. Nunca quedó plenamente revelado si se trató de un accidente, de una caída en combate, o de un suicidio. En el 2008 un piloto alemán aseguró al diario La Provence que él derribó al avión de Saint-Exupéry. Otros piensan diferente. “Partir es intentar llegar al planeta imposible, incluso asumiendo el riesgo del martirio” escribió Alain Vircondelet. Otra biógrafa, Stacy Schiff, aún cuando permanece escéptica ante la idea del suicidio del autor, ha destacado un paralelismo sugerente. En el relato, el principito vive en un planeta tan pequeño que puede ver el amanecer 44 veces al día…la edad de Saint-Exupéry al enfrentar a la muerte.

Cualquiera haya sido el caso, algo sí es claro: tal como el principito, el autor abandonó la tierra sin dejar rastros.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

En la tierra de Fidel – 09/12/09

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Mi viaje a Cuba comienza una semana antes de mi partida. Aterrizaré previamente en Guadalajara y Guatemala para dictar conferencias, y continuaré posteriormente hacia Caracas, Lima y Curaçao con el mismo fin. Pero es La Habana la ciudad que mas demanda mi atención. Adentrarse en territorio comunista exige tomar una serie de decisiones desde Buenos Aires: necesito llevar mi laptop, ¿pero qué si me la retienen en la aduana? Quisiera obsequiar un ejemplar de mi libro Tierras por Paz, Tierras por Guerra» a la comunidad judía, ¿pero no será considerado material político por las autoridades? Debo llevar tarjetas personales, ¿pero acaso no figura mi sitio oficial allí? Abandono aquello que pueda meterme en líos. Dejo mi laptop y mi libro en la Argentina, subo a mi cuenta de email online todo el material que puedo y que deberé dejar atrás antes de ingresar a Cuba, y me embarco hacia Centroamérica.

En el avión que me lleva desde México hacia la isla advierto, con preocupación, que llevo conmigo artículos de la prensa norteamericana que he ido tomando durante mi gira. Me deshago del material «político». Aún restan dos notas que me hacen dudar. Una, del Wall Street Journal, relata que el compositor ruso Rimsky-Korsakov estimuló a sus alumnos judíos a escribir música que reflejara su propia identidad. La otra, de Commentary, aborda la relación de Louis Armstrong con los judíos; su primera corneta la compró con dinero prestado de una familia judía que lo empleaba. ¿Habrá algo contrarevolucionario aquí? Quizás exageradamente, las abandono en la escala en Cancún. Estoy leyendo una nota de tapa de la revista Newsweek en la cual un periodista estadounidense-iraní narra su ordalía en la temida prisión de Evin. Cuenta como su interrogador le apretaba una oreja como si exprimiese un limón y daba consejos de supervivencia en las cárceles de Irán. ¿Por qué leo esto en ruta a una dictadura? La revista quedará en el asiento para un futuro pasajero.

Arribo a Cuba antes de la medianoche. Indico al oficial de inmigración que mi visa ya ha sido tramitada; minutos más tarde me trae el papel que autoriza mi ingreso al país. No me hacen una sola pregunta: ni motivo del viaje, ni días planeados de la estadía, ni de donde provengo, etc. Veo el sello de ingreso en mi pasaporte y me adentro hacia la sala de retiro de equipajes. Cruzo un control de seguridad, y me dirijo hacia una fila para la revisión de las valijas. Una joven oficial me hace una seña, quedo apartado del resto. «Bienvenido a Cuba» me dice mientras me hace un gesto de que puedo pasar sin revisión alguna. Todo duró unos cuantos minutos. Me consideré afortunado; colegas me habían contado de los largos interrogatorios a los que habían sido sometidos. Solamente días después, una vez que haya partido de Cuba, entenderé que mi visita a la isla estaba oficialmente pre-autorizada.

Llego al hotel y hago el check-in. Es tarde ya pero necesito un poco de aire fresco. Camino hacia el malecón que linda con el Mar del Caribe. El alumbrado público no es óptimo, pero una luna blanquísima lo ilumina todo. Hay mucha gente en la calle. Unos taxistas me ofrecen un viaje, un hombre de apodo oriental me ofrece mujeres. Ya frente al mar, un anciano que ha estado tocando su bello saxo a un grupo de jóvenes se aproxima, inicia conversación educada y me ofrece una serenata.

Por la mañana, La Habana se despliega ante mí en todo su esplendor. Vista desde la amplia ventana de la suite ejecutiva del piso veinte del hotel Meliá Cohíba (adoro ese nombre) luce como si todavía estuviera aterrizando. Me conmueve la hospitalidad de la comunidad y la generosidad de la B´nai B´rith internacional. Veo circular automóviles coloridos de los años cincuenta sobrepasados por otros más modernos y unas motos-taxi amarillas que remiten a Tailandia. Durante mi estadía cumpliré con el ritual turístico: fumaré un purito en el malecón, tomaré un mojito en el histórico hotel El Nacional y sacaré una fotografía al retrato del Ché en la Plaza de las Armas. Todo muy clisé, y todo muy precioso.

Llego al edificio de la comunidad judía en la Habana al mediodía. Me reciben con una calidez y una expectativa abrumadoras. Me muestran su muy digna biblioteca, rica en literatura judía, a la que con gusto entrego los libros que he llevado en obsequio: dos novelas de Isaac Bashevis Singer y una crónica de la Shoá. Dicto una conferencia sobre la vida y la obra de Elie Wiesel que es escuchada con suma atención por una nutrida y participativa audiencia. Detrás de mí cuelgan las banderas de Cuba y de Israel. No puedo evitar ceder a la tentación de deslizar una frase suya que espero les sirva de apoyo: «Cuando sea que hombres y mujeres son perseguidos por su raza, religión o puntos de vista políticos, ese lugar debe -en ese momento- convertirse en el centro del universo». No me atrevo a ir más lejos, se supone que no puedo abordar temas políticos. En todos los países visitados expongo sobre la incursión iraní en Latinoamérica, más no en Cuba. Aquí hablo de literatura judía exclusivamente. Me aplauden de pie. Me siento honrado por las cortesías y respetos de esta comunidad fascinante. Converso informalmente con sus miembros. Nadie criticará al gobierno o a Fidel, e incluso algunos lo defenderán. Al menos varios de sus líderes pueden viajar al extranjero y las instalaciones comunitarias se ven en muy buen estado. Un hombre se presenta como el hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista cubano y me dice que Israel es un estado terrorista (por algún motivo no me sorprende que la educación comunista derive en una apreciación de este tipo). Claramente este individuo es una excepción: la comunidad luce pro-israelí y muy orgullosa de su judaísmo.

Para lo que resta de la tarde, mis anfitriones me ofrecen un tour por la ciudad. Aprecio la gentileza. Recorremos la Habana Antigua: el clásico restaurante La Bodeguita, el hotel donde Ernst Hemingway se hospedó, locales de oferta autóctona. En una tienda compro veinticinco dólares de tabaco cubano. Cuando caigo en la cuenta de que acabo de gastar en tabaco el equivalente a un mes de salario promedio de un trabajador local me siento avergonzando por mi insensibilidad. La sublimo culpando al régimen que ha hecho una revolución proclamando la igualdad social y ha terminado creando una sociedad clasista con brechas escandalosas en la distribución del ingreso entre la elite gobernante y la masa popular. Por la noche ceno con el atento jazán argentino de la comunidad, mientras un grupo canta sonoramente coplas cubanas que nos impiden conversar.

Amanezco a mi último día en la isla. Camino nuevamente por el malecón hasta llegar a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos. Frente a ella ha sido erigida una gigante estructura con un cartel que anuncia «¡Patria o muerte, venceremos!». Continúo mi camino hasta el imponente hotel El Nacional, antaño cuartel general de la revolución. Un cartel cuelga de una de sus ventanas: «Viva la Patria» dice con el trasfondo de un soldado y la bandera cubana. Una de sus tiendas está dedicada el Ché en todas sus variedades: remeras, calcomanías y demás merchandising. De repente, oigo la voz de Hugo Chávez. Al volverme, veo su imagen en el televisor. Es domingo, día del programa bolivariano «Aló Presidente».

Me quedan unas pocas horas en La Habana y aún no he visitado la Plaza de la Revolución ni la universidad. Opto por un poco de relax burgués: la piscina del hotel es demasiado tentadora. Siento culpa capitalista; así es Cuba. Sigo teniendo suerte: en el taxi al aeropuerto paso justo al lado de la impresionante Plaza de la Revolución con su homenaje a José Martí, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara. En la vía pública no se ven retratos de Fidel. «Así él ha querido», me explica el taxista, «aún está con vida». En el aeropuerto descubro que para mi vuelo hacia Caracas he sido ubicado en primera clase; esta es una tierra de contrastes. El aeropuerto esta atestado de gente y es bullicioso. Vislumbro una disquería. Elijo despedirme de Cuba oyendo el tributo de Carlos Puebla al Ché: «Hasta Siempre».

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Ahmadinejad en Brasil: un visitante no grato – 25/11/09

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No cualquier estadista llega a gozar de un 80% de aprobación popular; menos aún en su segundo mandato. Más extraño todavía es que el político afortunado desista de buscar una reforma constitucional que permita su reelección. Pero así es Luiz Inacio Lula da Silva, el presidente más popular (no populista, como aclaraba poco tiempo atrás Rodrigo Mallea en La Nación Revista) de la historia brasilera de los últimos tiempos.

Brasil acaba de obtener una banca no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, además de haber sido designado asiento de la Copa Mundial de Fútbol 2014 y sede de los Juegos Olímpicos 2016; algo sin precedentes para América Latina. A estos logros políticos (¿alguien duda de que el deporte y la política estén entremezclados?) hay que agregar los económicos: durante los últimos cinco años su PBI creció al 4,7% anual y expertos han estimado que la economía brasilera mantendrá esa tasa anual para la siguiente década. Lo usual en América Latina es que sus naciones reciban préstamos de entes financieros internacionales. Sin embargo, este año Brasil prestó diez mil millones de dólares al FMI. Confiado, Lula pronosticó que Brasil será la quinta economía mundial para el 2020. Estamos cansados de ser el país del futuro», afirmó recientemente. «El siglo XXI es el siglo de Brasil».

Por sus notables éxitos económicos y creciente peso político global, Brasil con justicia ha sido equiparado a la India, China y Rusia. Pero el país tiene una asignatura pendiente en el campo de la protección mundial de los derechos humanos, lo que genera un contraste lamentable con su accionar de otro modo ejemplar. Tal como Andrés Oppenheimer ha documentado, las votaciones de Brasilia en el Consejo de Derechos Humanos de los últimos meses la ha dejado del lado de los estados totalitarios y alejada incluso de sus pares latinoamericanos. Cuando Cuba presentó una resolución para desactivar el seguimiento de los derechos humanos en Sri Lanka, Brasil eligió abstenerse. También se abstuvo al votarse una resolución iniciada por África tendiente a detener las investigaciones de la ONU en la República del Congo. Otro tanto hizo Brasil cuando se trató una resolución relativa al monitoreo de la situación de derechos humanos en Corea del Norte. (Afortunadamente, votó contra Sudán en una reciente votación en el Consejo de Seguridad). A este récord deben sumarse elogios desubicados por parte de Lula a su par venezolano («Chávez es sin duda el mejor presidente venezolano de los últimos cien años»), loas a Fidel Castro por su «rol histórico», y el prematuro reconocimiento del resultado -en rigor, fraude- electoral en Irán, sumado a la disposición de Lula de recibir «con honores» al presidente Mahmoud Ahmadinejad.

Por tratarse del líder de una nación teocrática, promotora de terrorismo regional e internacional, represora domésticamente, patrocinadora de insurgencias radicales en El Líbano, la Franja de Gaza, Afganistán e Irak, negadora del Holocausto, incitadora a la comisión de un genocidio contra un estado-miembro de la familia de las naciones, y en contravención de resoluciones de la ONU por su programa nuclear ilegal, la visita de Ahmadinejad marca un nadir en el estándar humanitario de Brasil. Las políticas extremistas del régimen ayatollah han despertado condena no solamente en Washington y Jerusalem, sino que han unido a Londres, París y Berlín en pos de una contención de Irán. Las naciones árabes sunitas, a excepción de Siria y Qatar, han expresado preocupación por el avance nuclear de Teherán. Las incursiones de Irán en América Latina -en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua principalmente- han suscitado inquietud. En esta coyuntura, ¿por qué habría Lula de conferir prestigio protocolar a un dirigente localmente despreciado y universalmente cuestionado?

La política es el arte de lo posible, y Lula no está actuando extrañamente en un mundo signado por la realpolitik. Pero el abandono de la causa de los derechos humanos, las alianzas con jefes de estado demagogos de la región, y los recibimientos de honor a presidentes repudiables, ensombrecen un liderazgo de otro modo estelar.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Ankara mira al oriente – 11/11/09

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Turquía -considerado el país musulmán más alineado con Occidente durante las últimas seis décadas- parece haber dado un brusco viraje de timón hacia el Oriente en tiempos recientes. Kemal Ataturk orientó a Ankara hacia el Occidente a comienzos del siglo XX; un siglo después, Recep Tayyip Erdogan (ascendió al poder en el 2002) parece decidido a deshacer el legado pro-occidental del fundador de la república turca.

A partir de 1946, Turquía eligió el lado occidental de la disputa en el marco de la guerra fría, se sumó a la OTAN y pujó por ser aceptada como miembro pleno en la Unión Europea. El año pasado, el premier Erdogan caracterizó a Occidente de ser inmoral» y desde entonces promovió un acercamiento con el mundo musulmán; especialmente con los sectores más intransigentes. En enero del 2008, el gobierno islamista turco recibió con honores al presidente de Sudán, Omar al-Bashir, luego de que éste fuese acusado por la Corte Penal Internacional de cometer crímenes de guerra en Darfur. (A principios de este año recibió al vicepresidente sudanés Ali Osman Taha). En momentos en que la comunidad internacional luce un poco más dispuesta a acercar posiciones en torno a la cuestión nuclear de Irán, Erdogan definió al programa nuclear de ese país como «pacífico y humanitario», dijo del presidente iraní «no hay duda que él se nuestro amigo» y fue uno de los primeros líderes mundiales en congratularlo luego de las elecciones fraudulentas de junio último. Respecto de Siria, país al que Turquía amenazó con invadir una década atrás por el cobijo dado por Damasco a Abdullah Ocalan y su Partido de los Trabajadores Kurdos («Les diremos ´shalom´ a los israelíes desde los Altos del Golán» sentenció oportunamente un diario turco), apenas el mes pasado Ankara anunció la creación del Consejo de Cooperación Estratégica con el régimen de Assad; ejercicios militares conjuntos están siendo planeados. Asimismo, el oficial Partido de la Justicia y el Desarrollo que gobierna Turquía ha pedido a la familia de las naciones que «reconozca a Hamas como el gobierno legítimo del pueblo palestino».

Naturalmente, las relaciones con Israel no podían permanecer inalteradas en esta coyuntura. Apenas un día antes de invitar a Siria a sumarse a ejercicios militares el mes pasado, Ankara des-invitó a Israel del ejercicio anual de la fuerza aérea turca denominado «Águila de Anatolia» llevado a cabo conjuntamente con Jerusalem, Washington y la OTAN desde mediados de los años noventa. Los turcos explicitaron que no permitirían la participación de aviones israelíes que hubieran bombardeado posiciones de Hamas durante la guerra de Gaza. En respuesta, los italianos y los estadounidenses abandonaron el evento provocando así su cancelación. También un día antes de recibir al vicepresidente sudanés, Erdogan insultó al presidente israelí Shimon Peres en el Foro Económico Mundial de Davos al acusarlo de «mentiroso» y retirarse de la sala, no sin antes opinar que los israelíes «saben como matar gente». En Ankara fue recibido por una multitud que ondeaba banderas de Turquía y Hamas. Durante la contienda que enfrentó a Hamas con Israel en la Franja de Gaza a comienzo de año, Erdogan se alió abiertamente con los palestinos declarando entre diciembre de 2008 y enero de 2009 que Israel era una nación de bandidos, que no debía permanecer en la ONU, y que cometió crímenes contra la humanidad, por lo cuál Alláh la castigaría. También comparó a Gaza con un campo de concentración y acusó a los judíos de violar el Antiguo Testamento.

Desde el ascenso del partido islamista de Erdogan al poder, la sociedad turca ha cambiado. Según datos presentados por el experto Soner Cagaptay en Foreign Affairs, el número de personas que se identifican a sí mismas como musulmanas ha crecido el 10% entre 2002 y 2007 (población de 77 millones) y casi el 50% se define como islamista. En el 2002, el 80% de la población quería que su país ingresara a la UE, ese porcentaje había caído al 30% para el año pasado. Resulta evidente que la sociedad turca está atravesando un proceso de islamización -en detrimento de la occidentalización- lo que no resulta tan claro es si ello es causa o consecuencia del extremismo islamista del partido gobernante. En cualquier caso, esta observación del Wall Street Journal ha captado con fidelidad la nueva situación turca: «Como un estado secular musulmán, Turquía ha sido un pilar de la OTAN y un baluarte contra el radicalismo político (comunista, baatista, islamista) de sus varios vecinos. Ahora el Sr. Erdogan puede estar apostando a que el futuro de Turquía yazca en la cima del mundo musulmán, en lugar del último lugar de su contraparte occidental».

Originalmente publicado en Libertad Digital (España)

Veintitrés Internacional

Veintitrés Internacional

Por Julián Schvindlerman

  

Visitantes de tierras lejanas – 11/09

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De repente luce como si América Latina y el Medio Oriente no quedaran tan lejos. Casi simultáneamente han visitado la región los presidentes de Israel, Irán y la Autoridad Palestina; situación por demás atípica. Cualquier otra coincidencia de presidentes mesoorientales en las Américas (por decir, de Marruecos, Túnez y Omán) sería llamativa, pero la presencia casi al mismo tiempo en el Hemisferio Occidental de los presidentes de tres entidades tan crucialmente centrales para la realidad del Medio Oriente -e incluso, internacional- no puede menos que causar sorpresa e intriga. El presidente israelí Shimon Peres visitó Brasil y Argentina; su par palestino Mahmoud Abbas fue a esos dos países más Chile y Venezuela; el líder iraní Mahmoud Ahmadinejad viajó a Brasil, Bolivia y Venezuela. Todos lo hicieron durante la segunda quincena de noviembre. En lo que respecta a los presidentes palestino e israelí al menos, estamos habituados a verlos realizar visitas de estado a Asia, Estados Unidos, Europa y otros lugares; al presidente iraní podemos hallarlo en Siria o Sudán…¿Pero en América Latina? ¿Con que propósito han venido? ¿Por qué ahora? ¿Y por qué casi al mismo tiempo? Para responder a estas preguntas será necesario primero comprender la situación política de cada uno de estos tres actores internacionales, la interrelación que los vincula, y a partir de allí interpretar sus intereses posibles en tierras hispanas.

La República Islámica de Irán

En la actualidad, Irán está siendo cada vez más ampliamente considerado un estado-paria. Su opacidad y obstinación en el desarrollo de un programa nuclear clandestino lo ha puesto de bruces contra la familia de las naciones y ha fomentado su aislamiento en la comunidad global. La fuerte represión oficial contra manifestantes pro-democracia luego de las últimas elecciones presidenciales abiertamente fraguadas ha generado condenas universales y reforzado la marginación de Teherán.

En el año 2002, un grupo opositor al régimen Ayatollah denunció la existencia de un programa nuclear secreto en Irán. Alarmado, Occidente temió que éste tuviera una finalidad militar. La República Islámica aseguró que el mismo tenía fines civiles y pacíficos. Durante el período 2003-2005 la tríada conformada por Berlín, Londres y París lideraron una política de diálogo con Teherán; la cual no condujo al freno del mentado programa nuclear. En el año 2005, la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) determinó que Teherán violó el Tratado de No-Proliferación y al año siguiente derivó el dossier iraní al Consejo de Seguridad. Desde entonces cinco resoluciones fueron adoptadas en su seno instando a Irán a detener el enriquecimiento de uranio (a determinado nivel de enriquecimiento el uranio es empleado en la producción de bombas nucleares) y otras tres rondas de sanciones fueron impuestas sobre Irán (aunque, para lograr la aprobación china y rusa, con poder de veto, éstas fueron débiles). En todos estos años el gobierno iraní reafirmó su voluntad de avanzar con su proyecto nuclear, conforme ha documentado Bret Stephens en The Wall Street Journal: “Irán…debe ser reconocido por la comunidad internacional como miembro del club nuclear”, dijo en el año 2003 el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Kamal Kharrazi; “Definitivamente no podemos parar nuestro programa nuclear y no lo pararemos”, aseguró en el año 2005 el ex-presidente Hashemi Rafsanjani; “Hace unos años, dijeron que debíamos detener completamente todas nuestras actividades nucleares. Ahora miren donde estamos hoy”, observó en octubre del corriente el presidente Mahmoud Ahmadinejad. Esta actitud desafiante contribuyó decididamente a la marginación de Irán. Estados Unidos y Europa ven con preocupación la situación, y estas aprehensiones son compartidas -si bien no siempre publicitadas- por el mundo árabe sunita (a excepción de Siria y Qatar) que mantiene disputas históricas con el chiísmo iraní.

En un contexto de creciente aislamiento regional e internacional, Teherán salió en busca de nuevas alianzas. América Latina se transformó así en una zona apta para el cultivo diplomático. Desde que asumió el poder en el año 2005, Ahmadinejad realizó cuatro visitas a Latinoamérica en las que visitó cinco países: Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Brasil. A su vez, recibió en Teherán a los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Daniel Ortega y al canciller brasilero Celso Amorín. Firmó acuerdos económicos, abrió embajadas, forjó estrechos lazos personales con líderes de la región y gradualmente fue ganando presencia política y económica en el continente descubierto por Cristóbal Colón. Cada espacio ganado por Irán es un espacio ganado para el movimiento terrorista Hizbullah cuyas células ya han golpeado en la Argentina y podrían hacerlo nuevamente en otras partes en el tiempo y forma en que los Ayatollahs lo consideren apropiado. La creación de una base de represalias contra intereses israelíes y estadounidenses ante un eventual ataque militar a sus instalaciones nucleares podría ser un objetivo iraní en esta región; a la vez que actuar de contrapeso a Washington en su zona de influencia, a modo de correspondencia a la injerencia norteamericana en el Medio Oriente. El reciente tour diplomático a Latinoamérica, entonces, debe ser visto en el marco de esta política de apertura hacia nuevos horizontes en la búsqueda de objetivos claros, con el aditamento singular de que, en virtud de su peso regional y cada vez mayor trascendencia global, de ser seducido Brasil por el encanto iraní, éste sería el trofeo político por excelencia para las aspiraciones de Teherán aquí.

La Autoridad Nacional Palestina

Fatah -órgano central de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), establecida en 1964, y de la Autoridad Palestina (AP), creada en 1994- ha estado compitiendo con el Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas), surgido en 1987, por más de veinte años por controlar el destino del nacionalismo palestino. La victoria electoral de Hamas en la Franja de Gaza en el 2006 y la expulsión violenta de Fatah por parte de sus hombres al año siguiente dejaron a la AP fracturada geográfica y políticamente en dos entidades separadas: Gaza, controlada por Hamas, y Cisjordania, controlada por Fatah. A pesar de ser un movimiento fundamentalista sunita, Hamas es desde hace unos pocos años patrocinado por Irán, lo que implica una intromisión chiíta iraní en los asuntos domésticos palestinos. Por años Egipto ha intentado mediar un acercamiento entre las partes con magros resultados. Los esfuerzos en pos de lograr un gobierno de unidad nacional similarmente fracasaron, elecciones nacionales no han podido hasta el momento ser llevadas a cabo debido a la falta de cooperación de los islamistas de Hamas, y dada la pobre gestión de Abbas -sucesor del mítico Yasser Arafat- comenzaron a surgir serios cuestionamientos a su capacidad de liderazgo. En semejante clima, el presidente de la AP amenazó con renunciar; lo que dejaría al vocero del Consejo Legislativo Palestino y miembro del Hamas, Aziz Dweik, al mando de la AP.

Asimismo, el proceso de paz con los israelíes está estancado, al estar la AP fisurada políticamente. El premier Binyamin Netanyahu definió los lineamientos de una paz posible con los palestinos en éstos términos: a favor de un estado palestino, necesariamente desmilitarizado, con realización del derecho al retorno fuera de las fronteras de Israel, y con Jerusalem como capital indivisa del estado judío. Abbas rechazó estas condiciones. Al no poder mostrar avances en el frente interno ni en el externo, y cada vez más asediado políticamente, el presidente palestino planteó la idea de declarar unilateralmente al estado palestino. Ello ya había sido intentado en el pasado sin éxito alguno. Luego del colapso de las tratativas de Status Final en Camp David en el año 2000, Arafat visitó treinta y siete capitales haciendo un lobby intenso en pos de la misma idea para regresar a Ramallah con mucho millaje acumulado y ningún respaldo político. Con anterioridad, en 1988, Arafat había declarado unilateralmente la independencia palestina…en Argelia. Los rusos y los países árabes y musulmanes otorgaron su reconocimiento, pero sin la validación de Europa y Estados Unidos, por no decir Israel, el acto permaneció en el plano simbólico exclusivamente. Esta vez Abbas no cosechó mejores resultados tampoco. El Ministro de Relaciones Exteriores sueco, Carl Bildt, cuyo país ejerce la presidencia rotativa de la Unión Europa (UE) indicó: “Quisiera poder estar en la posición de reconocer a un estado palestino, pero debe haber uno primero, así es que creo que ello es de algún modo prematuro”. De manera análoga se manifestó el Departamento de Estado de Estados Unidos a través de su vocero Ian Kelly: “Apoyamos la creación de un estado palestino, pero estamos convencidos que debe ser conseguido a través de negociaciones entre dos partes”. Israel por su parte anunció que respondería de manera inequívoca al unilateralismo palestino.

Fue en esta atmósfera que el asesor presidencial Saeb Erakat informó que Abbas partiría rumbo a Latinoamérica en busca de apoyo a su declaración unilateral. El presidente palestino deseaba obtener en la región el apoyo que no pudo lograr en el resto del mundo libre. Cabe suponer que también estaría interesado en escuchar de primeras fuentes qué estarían hablando los israelíes y los iraníes por aquí, dado que la AP tiene relaciones tensas con ambos. Además, es posible que Abbas necesitara transitoriamente salir al extranjero para descomprimir el descontento local con su persona. Entre tangos y caipirhinas quizás encontraría algo de paz.

El Estado de Israel

Con todo lo problemático, desgastante y complicado que el conflicto que Israel tiene con los palestinos pueda ser, el desafío fundamental -no solamente a su seguridad nacional sino a su misma existencia- sin embargo proviene de Teherán. Ante la amenaza nuclear de Irán, las disputas con Ramallah empalidecen en gravedad. Aún sin cejar en sus esfuerzos por la paz con los palestinos, Jerusalem comprende que la nación que más puede jaquear su destino no yace al otro lado de la Línea Verde sino a unos mil quinientos kilómetros de distancia. Fue allí, después de todo, donde se organizó una conferencia titulada “Un Mundo Sin Sionismo”, donde se llevó a cabo una competencia internacional de caricaturas negadoras del Holocausto, donde en los desfiles militares se han exhibido misiles con consignas que llaman a la destrucción de Israel, y desde donde el presidente iraní ha pedido que se borre a Israel del mapa, ha anunciado que aquél país está “camino a la aniquilación” y profetizado que “el régimen sionista ha llegado a su fin”. Para los israelíes, la Conferencia Internacional para la revisión Global del Holocausto, efectuada en Teherán en diciembre del 2006, fue un momento revelador. Como aptamente observó el comentarista Yossi Klein Halevi, al haber reunido Irán en su tierra a los más rancios antisemitas globales para negar el genocidio más documentado de la historia -al mismo tiempo en que intentaba persuadir al mundo entero de su cordura- marcó el momento en que en Jerusalem ya no hubo más cabida, si es que alguna vez la hubo, para fantasear con la noción del diálogo racional con Teherán.

El 14 de diciembre de 2001, a dos meses de los atentados del World Trade Center, la por entonces segunda máxima autoridad en la república islámica, el ayatollah Hashemi Rafsanjani, anheló públicamente que “el mundo del Islam estuviere debidamente equipado con las armas que Israel tiene en su poder” puesto que “la aplicación de una bomba atómica no dejaría nada en Israel pero la misma cosa sólo produciría daños en el mundo musulmán”. Esta no es una frase que los israelíes puedan fácilmente olvidar, ni tampoco debieran. El estado judío ya debió combatir militarmente en dos ocasiones con organizaciones fundamentalistas apañadas por los ayatollahs y apostadas en sus fronteras. Irán no posee fronteras geográficas con Israel, pero sí tiene fronteras militares con esta nación a través del Hamas en la Franja de Gaza y del Hizbullah en el sur del Líbano. En los años 2006 y 2009, el ejército israelí debió responder a las agresiones que estas agrupaciones lanzaron desde territorios evacuados unilateralmente por los israelíes con anterioridad. Las contiendas fueron convencionales, pero podrían dejar de serlo sí y cuando Teherán cruzara el umbral nuclear. En ese hipotético pero no improbable escenario, la totalidad del cálculo geoestratégico regional cambiaría radicalmente.

A la luz de esta realidad, luce razonable asumir que las incursiones iraníes en América Latina no escaparon a la atención israelí, y que las recientes visitas de alto nivel diplomático a nuestra región son resultado directo de esa preocupación. Solamente en el año corriente, aterrizaron en Latinoamérica procedentes de Israel su canciller (visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia); su Ministro de Seguridad Pública (visitó Panamá y Costa Rica); su Ministro de Infraestructura (visitó Ecuador y Paraguay); su vice-Ministro (participó, por primera vez, en Honduras de la cumbre de la OEA); y su Presidente (visitó Argentina y Brasil). El viaje de Shimon Peres fue oficialmente presentado en el marco de la promoción turística (lo acompañó el Ministro de Turismo) y económica (arribó una impresionante comitiva empresarial), y es claro que estos asuntos fueron parte central de la agenda. Al mismo tiempo, Peres no desperdició la oportunidad de alertar repetidas veces sobre el peligro que encarna Irán. En una de tales ocasiones, con la presidente Cristina Kirchner a su lado, recordó que la República Islámica de Irán tiene por Ministro de Defensa a quien perpetrara el ataque contra la AMIA en 1994 y preguntó si acaso alguien se sentiría cómodo con la idea de que semejante hombre tuviera armas nucleares en su poder. Israel goza de fuertes lazos históricos con muchos países del continente y con muchos de ellos mantiene ricas relaciones diplomáticas, culturales y económicas. No obstante, el escenario inquietante planteado por la creciente penetración iraní en esta área puede explicar el renovado interés israelí por las Américas.

Conclusión

América Latina se ha transformado en un territorio tentador para el proselitismo político mesooriental. Ello abre un abanico de oportunidades y desafíos singulares para una región tradicionalmente alejada de -y en consecuencia insuficientemente familiarizada con- las vicisitudes del Medio Oriente. Surge la posibilidad de un mayor protagonismo global para una América Latina usualmente centrada en sus propios asuntos. Este novel relieve global, sin embargo, conlleva una cuota de mayor responsabilidad en el ejercicio de las decisiones soberanas. En tanto los conflictos del Medio Oriente se abren camino en tierras hispanas, resta por conocerse hacia que destinos finales -felices o ingratos- la región elegirá dejarse llevar.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Una paradoja terrorista Persa – 28/10/09

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Las Guardias Revolucionarias Iraníes, también conocidas como Pasdaran, fueron establecidas en 1979 con el fin de custodiar a la revolución khomeinista. No tardaron mucho en pasar de ser protectoras a convertirse en dueñas. Según informes de prensa, las GRI controlan un tercio de la economía del país, tienen su propia infantería, marina y fuerza aérea, bajo su égida operan las milicias Basij para represión doméstica, entrenan al Hamas palestino y al Hizbullah libanés, controlan las instalaciones nucleares iraníes y son responsables por las misiones de espionaje fuera del país. Un ataque a las GRI equivale a un ataque contra el corazón del régimen iraní.

Precisamente eso ocurrió el 18 del corriente cuando un grupo separatista sunita denominado Jundullah efectuó un ataque suicida contra miembros elite de las GRI causando la muerte a cinco oficiales de alto rango, entre ellos al vice-comandante de las fuerzas terrestres y al vice-comandante en la provincia de Sistán-Baluchistán. Otras docenas de personas murieron en el brutal atentado. Aunque no ha sido el primer ataque contra las GRI, éste indudablemente fue uno de los más graves. Jundullah batalla contra el régimen khomeinista desde el año 2002 debido a la persecución a la que la minoría balachi (musulmana sunita) es sometida en la tierra de los ayatollahs. El titular de las GRI acusó a Estados Unidos, Gran Bretaña y Pakistán de apoyar a los insurgentes sunitas de Jundullah.

En el turbio negocio del terrorismo y del espionaje internacional lo único cierto es que no hay certezas. Mucha razón podría tener Teherán cuando alega que Washington, Londres e Islamabad han estado detrás del atentado. Y mucha equivocación podría igualmente tener. Un raconto parcial de incidentes misteriosos de los últimos dos años sugiere que escapa al simple observador determinar la trama real de los eventos en este lúgubre y engañoso terreno.

En febrero del 2008, Imad Mugniyeh, jefe de operaciones internacionales de Hizbollah, fue muerto en un atentado no esclarecido en Damasco. Antes de ser superado por Osama Bin-Laden, Mugniyeh estaba en la cima de la lista de los hombres más buscados del FBI. Hizbullah acusó a Israel por ello. En abril, al menos veinte miembros del Hizbullah, en entrenamiento militar en Irán, murieron en circunstancias poco claras. En mayo, Irán culpó a agentes británicos y estadounidenses por una explosión en una mezquita en Shiraz en la que se había realizado una exhibición militar. En julio, un convoy que llevaba armas para el Hizbullah fue atacado y quince personas resultaron muertas en medio de una explosión en un suburbio de Teherán. Además, más de una docena de ingenieros iraníes perdieron sus vidas mientras intentaban ubicar una cabeza química a un misil en Siria. Unos meses antes, un tren que presuntamente transportaba pertrechos militares iraníes a Siria descarriló como resultado de una explosión en la zona norte de Turquía. En julio de 2009 estalló una guarida de armas del Hizbollah en el sur del Líbano; el Mossad fue acusado inmediatamente. El mismo mes cayó un avión iraní en rumbo a Armenia en el que murieron ciento sesenta y ocho personas. El Corriere della Sera informó que el avión transportaba fusibles sofisticados de las Guardias Revolucionarias Iraníes a Hizbullah. Para entonces el buque ruso Artic Sea desapareció en alta mar al surcar la ruta Finlandia-Argelia, lo que motivó un alerta de INTERPOL. Tres semanas más tarde, la marina rusa anunció haber hallado el buque frente a Cabo verde. Rápidamente surgieron hipótesis a propósito de la carga transportada -desde lanzamisiles hasta armas nucleares para Teherán- en oposición a la carga declarada de madera. A éstas le sucedieron versiones que atribuían al servicio secreto israelí haber secuestrado el barco. El almirante Tarmo Kouts, relator de la Unión Europea sobre piratería y ex comandante de las fuerzas armas de Estonia dijo que el Artic Sea fue interceptado por agentes al servicio de Israel». Por su parte, informó Yediot Ahronot que «piratas enviados por el Mossad se apoderaron en alta mar del Artic Sea». A mediados del presente mes de octubre, un búnker secreto de armamento del Hizbullah explotó provocando heridas a un alto miembro de la organización. Es difícil saber cuáles de estos acontecimientos han sido accidentes o sabotajes, y cuáles fueron planeados por agencias occidentales u orientales, grupos disidentes o resultado de tramas internas iraníes.

El atentado del 18 último, entonces, no será sencillo de encasillar. Aún así, resulta claro que el principal patrocinador de terrorismo a nivel mundial tiene un serio problema de terrorismo interno. El ataque de Jundullah ha creado una paradoja persa: hoy la República Islámica de Irán se encuentra en la extraña posición de protestar con vigor la comisión de actos de terror.