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Por Julián Schvindlerman

  

Teorías conspirativas del medio oriente – 09/09

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Artículo publicado en Revista Amijai

Cuando en mayo del presente año estalló la pandemia de la gripe porcina, la televisión iraní insinuó que los judíos y los norteamericanos estaban tras de ella. Mencionó puntualmente al ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld como accionista de una “compañía judía” dueña del remedio curativo de la que “todos sus accionistas son sionistas”. Tres años antes, en un contexto de gripe aviaria, un columnista en el diario oficial sirio Al-Thawara sugirió que los israelíes habían creado el virus para dañar “genes que sólo poseen los árabes”. En cuanto al motivo por el cuál habría Israel plantado el virus en Asia oriental si el objetivo eran los genes árabes, el autor lo vinculó con una táctica de distracción típicamente sionista.

No era enteramente ilógico asumir ello. Después de todo, si los judíos habían planeado los atentados del 9/11, esto ciertamente sería un detalle. “Sólo los judíos son capaces de planear semejante incidente” afirmó casualmente un tal jeque Gamei. El “incidente” aludido fue el atentado que provocó la muerte a cerca de tres mil personas en Estados Unidos. Un website con patrocinio del gobierno de Qatar atribuyó el ataque a “una organización sionista internacional, ´Los Sabios de Sión´”. El embajador sirio ante Teherán, Turky Muhammad Saqr, afirmó “Siria tiene prueba documentada del involucramiento del régimen sionista en los ataques del 11 de septiembre sobre los Estados Unidos”.

En rigor no hay nada nuevo bajo el sol. Las teorías conspirativas tienen un largo historial en aquellas tierras poco hospitalarias.

Cuando en 1996 Israel demandó a la OLP que alterara la Carta Nacional Palestina, en conformidad con los requerimientos de los Acuerdos de Oslo, Rifat an-Najir, miembro del Consejo Palestino respondió: «Los Protocolos de los Sabios de Sión contienen párrafos mucho más peligrosos que los de la Carta Nacional Palestina… Por ende, para que nosotros anulemos partes de la Carta, ellos deben anular el extremismo incluido en los Protocolos». Éstos son regularmente citados por la prensa, fueron publicados en forma de libro en varios países árabes, e incluso por un diario iraní, el que publicó el tomo completo en 1995 en más de 150 ediciones bajo el título «un recordatorio para el lector». El mismo año, la Universidad de Alejandría, en Egipto, otorgó una maestría a un estudiante que escribió su tesis sobre el rol de los judíos en la economía basada en los Protocolos.

Según el diario oficial sirio Tishrin, organizaciones judías e israelíes han colonizado «100%» la red Internet y en consecuencia no hay material en la autopista informática que sea «benigno a los intereses sirios». La prensa palestina repetidamente ha acusado a Israel de exportar gomas de mascar afrodisíacas y chocolates contaminados «para crear problemas internos en nuestra comunidad y matar nuestros valores nacionales e islámicos», en palabras de un funcionario palestino. En abril de 2001, clérigos sauditas, jordanos y egipcios emitieron fatwas prohibiendo el uso del popular juego originario del Japón «Pokemon» puesto que era una «conspiración sionista». Según estos líderes religiosos islámicos, Pokemon quiere decir en japonés «soy judío» y la Estrella de David podía verse en las imágenes de las figuritas.

Estas divagaciones han incursionado en el campo literario. Un famoso libro publicado en 1987, El Anticristo, escrito por el autor egipcio Sa´id Ayyub, sostuvo que todos los sumos pontífices de la Iglesia Católica, Martin Luther King y Napoleón Bonaparte fueron judíos. Otro escritor egipcio, ´Izzat´Arif, publicó en 1990 el libro El Fin de Saddam, en el que acusó al dictador de Bagdad de ser judío. Siguiendo esta línea, un periódico sirio afirmó que Yasser Arafat inició negociaciones con Israel porque él mismo era judío. En 1991 vio la luz del día un libro escrito por ´Isa Da´ud titulado Advertencia: El falso mesías está invadiendo el mundo desde el Triángulo de las Bermudas, donde judíos y norteamericanos eran acusados de estar planeando explotar el planeta tierra. David Cook, un estudiante de la literatura árabe-musulmana, señaló que estos libros no son oscuras y marginales publicaciones; son tan populares que todos ellos han sido republicados varias veces.

A pesar de los varios repliegues territoriales israelíes, el mundo árabe ha estado largamente convencido que el estado judío desea expandir sus fronteras hasta cubrir todo el Medio Oriente… y más también. El académico Daniel Pipes trazó sus orígenes a tiempos precedentes al establecimiento del Estado de Israel. En 1937, dijo el rey Abd al-Aziz ibn Saud a un diplomático inglés: «Los judíos contemplan como su objetivo final no sólo tomar todo Palestina sino también la tierra al sur hasta llegar a Medina. Hacia el Este, también tienen la esperanza de algún día extenderse hasta el Golfo Pérsico». Gamal Abdel Nasser propagó intensamente esta fantasía. Al igual que su colega saudita, Nasser creía que «los judíos intentan conquistar Meca y Medina». En 1990, el diario Al-Akhbar opinó que la inmigración de judíos provenientes de la Unión Soviética era un «paso importante hacia la concreción del viejo sueño del Gran Israel, estirándose desde el Nilo hasta el Éufrates». Al año siguiente, Muhamar Qhadafi advirtió respecto a un siniestro plan israelí tendiente a «dominar fuentes de agua en la región, desde el Eufrates al Nilo». El líder libio adujo que Israel establecería sus cuarteles en El Cairo, dominando el área desde Pakistán a España y desde Turquía a Yemen: «Los israelíes han dicho que su hogar es de océano a océano, desde el Océano Índigo hasta los Estrechos del Bab al-Mandib, Estrechos de Hormuz, el Mar Rojo… hasta el Océano Atlántico junto con el Estrecho de Gibraltar y el Mediterráneo».

Un singular aporte a la alocada noción realizó Yasser Arafat en 1990 ante nada menos que el Consejo de Seguridad de la ONU, desplazado especialmente desde Nueva York a Ginebra. En aquella oportunidad, el famoso palestino indicó tener evidencia de los designios expansionistas israelíes. Con una moneda israelí de 10 agorot en la mano, dijo a la audiencia: «Este documento es un mapa del Gran Israel, el que está inscrito en esta moneda israelí, la pieza de 10 agorot». Abriendo un mapa, Arafat continuó: «todo Palestina, todo El Líbano, todo Jordania, medio Siria, 2/3 de Irak, 1/3 de Arabia Saudita hasta la sagrada Medina, y medio Sinaí». (La moneda, en uso en Israel, muestra una menorá contra un mapa regional; es una imitación de una moneda emitida en el año 37 antes de la Era Común por el último de los reyes jasmoneos, durante el sitio de Jerusalem).

En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud», esencialmente reviviendo el libelo de sangre de Damasco de 1840.

Mi alucinación árabe favorita: PEPSI, según un grupo egipcio opuesto a productos israelíes y norteamericanos, significa «Pay Every Penny to Save Israel» (pague todo centavo para salvar a Israel). Habrá que tomar PEPSI…

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El libelo de sangre de Estocolmo – 02/09/09

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Se conoce como libelo de sangre a la maledicencia de que los judíos necesitan la sangre de niños cristianos para la cocción del pan leudado durante las festividades del Pesaj. A pesar de que el pueblo judío fue desde tiempos bíblicos la primera nación en prohibir el consumo de sangre y los sacrificios humanos, la creencia en esta acusación lunática se esparció velozmente y no parece querer sucumbir.

El primer caso europeo surgió en Norwich, Inglaterra, en 1144, cuando se halló en los bosques el cadáver de un joven llamado Guillermo y los judíos fueron acusados por su muerte. Se repitió en 1147 en Wursburg, en 1168 en Gloucester, en 1171 en Blois, en 1182 en Zaragoza, en 1255 en Lincoln, en 1286 en Munich, y reiteradamente por toda Europa aún hasta entrado el siglo XX. Se ha estimado que al menos unas 150 veces fueron los judíos de Europa juzgados y condenados por este supuesto crimen desde el siglo XII en adelante. Esta calumnia aparece en Los Cuentos de Canterbury de Geofrrey Chaucer y en Ulises de James Joyce. Desde el siglo XIX hubo una explosión de acusaciones basadas en el libelo de sangre.

Fue introducido al Medio Oriente por misionarios cristianos y rápidamente hizo metástasis en toda la región. Tal como el historiador Efraím Karsh ha documentado, comunidades judías fueron acusadas de haber realizado este falso rito en Alepo (1810, 1850, 1875); Antioco (1826); Beirut (1824, 1862, 1874); Damasco (1840, 1848, 1890); Deir al-Qamar (1847); Homus (1829); Trípoli (1834); Jerusalem (1847); Alejandría (1870, 1882, 1901, 1902); Port Said (1903, 1908); y El Cairo (1844, 1890, 1901-1902).

En tiempos modernos, Rusia lo propagó entusiastamente y hubo pogromos cometidos en su nombre. El caso más famoso de injuria ritual del siglo XX ocurrió en Kiev en 1913, manifestado en el escandaloso juicio contra el obrero judío Mendel Beilis. Tanto en el siglo XIX como en el XX, L´Osservatore Romano, Civiltá Cattolica y la Radio Vaticana respaldaron fábulas acerca del libelo de sangre. Este último periódico publicó sobre este tema incluso durante el Holocausto. Desde la década de 1930, los nazis incorporaron el libelo a su maquinaria de propaganda antijudía. Según el historiador James Parkes, En Europa Oriental, entre los católicos romanos y los cristianos ortodoxos orientales…hay casi más ejemplos de la acusación en los años 1880 y 1945 que en toda la Edad Media».

A partir de la segunda mitad del siglo XX, fueron los árabes y los musulmanes quienes más lo divulgaron mediante imaginativas variaciones y adaptaciones cuya base acusatoria ha sido esencialmente la misma. En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de la entonces Primera Dama de Estados Unidos Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud». En el 2004, la televisión iraní emitió la serie «Los ojos azules de Zahra» cuyo tema principal versaba sobre un plan israelí orientado a hacerse de ojos palestinos para trasplantarlos a no-videntes israelíes.

Y así llegamos a la reciente nota de la discordia del diario sueco Aftonbladet, el de mayor circulación en toda Escandinavia. Publicada en la sección de cultura, escrita por el periodista freelance Donald Boström, y respaldada luego del escándalo por el propio editor, la columna alegó que soldados israelíes matan a palestinos con el objeto de recolectar sus órganos para trasplantes en el estado judío. Notablemente, el gobierno sueco se ocultó tras el cliché de la libertad de expresión y eludió condenar el artículo, llegando a reprender a su embajadora en Tel-Aviv luego de que ésta lo repudiara. Ante la avalancha de cuestionamientos, el editor Jan Helin se vio forzado a admitir que no tenía evidencia respaldatoria de tan seria acusación. De hecho, los propios familiares de Bilal Ahmed Ghanem -el palestino de la pequeña localidad cisjordana de Imatín a cuyo derredor giraba toda la historia de la nota- realizaron similar confesión. Su madre negó haber dicho a algún periodista que los órganos de su hijo habían sido robados. Otro pariente de nombre Ibrahím aseguró que la familia nunca dijo tal cosa al fotógrafo sueco que vio el cuerpo de Bilal. «No sé si esto es cierto, no tenemos ninguna evidencia que apoye esto» resumió su hermano Jalal. En suma, se trató de una maliciosa calumnia.

Desde Norwich hasta Imatín, y del siglo XII al XXI, los antisemitas europeos han hallado las formas más efectistas de difamar a los judíos con libelos descabellados. Que hayan sido suecos los involucrados en este lamentable episodio y que hayan demostrado mayor entusiasmo que los propios palestinos en demonizar a Israel, tan solo prueba que la tradición judeofóbica que corroe al viejo continente está intacta, y que el estado judío ha tomado el lugar del pueblo judío en la matriz de este odio humano.

Originalmente publicada en Guysen International News (Francia)

Guysen International News

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Por Julián Schvindlerman

  

El libelo de sangre de Estocolmo – 30/08/09

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Se conoce como libelo de sangre a la maledicencia de que los judíos necesitan la sangre de niños cristianos para la cocción del pan leudado durante las festividades del Pesaj. A pesar de que el pueblo judío fue desde tiempos bíblicos la primera nación en prohibir el consumo de sangre y los sacrificios humanos, la creencia en esta acusación lunática se esparció velozmente y no parece querer sucumbir.

El primer caso europeo surgió en Norwich, Inglaterra, en 1144, cuando se halló en los bosques el cadáver de un joven llamado Guillermo y los judíos fueron acusados por su muerte. Se repitió en 1147 en Wursburg, en 1168 en Gloucester, en 1171 en Blois, en 1182 en Zaragoza, en 1255 en Lincoln, en 1286 en Munich, y reiteradamente por toda Europa aún hasta entrado el siglo XX. Se ha estimado que al menos unas 150 veces fueron los judíos de Europa juzgados y condenados por este supuesto crimen desde el siglo XII en adelante. Esta calumnia aparece en Los Cuentos de Canterbury de Geofrrey Chaucer y en Ulises de James Joyce. Desde el siglo XIX hubo una explosión de acusaciones basadas en el libelo de sangre.

Fue introducido al Medio Oriente por misionarios cristianos y rápidamente hizo metástasis en toda la región. Tal como el historiador Efraím Karsh ha documentado, comunidades judías fueron acusadas de haber realizado este falso rito en Alepo (1810, 1850, 1875); Antioco (1826); Beirut (1824, 1862, 1874); Damasco (1840, 1848, 1890); Deir al-Qamar (1847); Homus (1829); Trípoli (1834); Jerusalem (1847); Alejandría (1870, 1882, 1901, 1902); Port Said (1903, 1908); y El Cairo (1844, 1890, 1901-1902).

En tiempos modernos, Rusia lo propagó entusiastamente y hubo pogromos cometidos en su nombre. El caso más famoso de injuria ritual del siglo XX ocurrió en Kiev en 1913, manifestado en el escandaloso juicio contra el obrero judío Mendel Beilis. Tanto en el siglo XIX como en el XX, L´Osservatore Romano, Civiltá Cattolica y la Radio Vaticana respaldaron fábulas acerca del libelo de sangre. Este último periódico publicó sobre este tema incluso durante el Holocausto. Desde la década de 1930, los nazis incorporaron el libelo a su maquinaria de propaganda antijudía. Según el historiador James Parkes, “En Europa Oriental, entre los católicos romanos y los cristianos ortodoxos orientales…hay casi más ejemplos de la acusación en los años 1880 y 1945 que en toda la Edad Media”.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, fueron los árabes y los musulmanes quienes más lo divulgaron mediante imaginativas variaciones y adaptaciones cuya base acusatoria ha sido esencialmente la misma. En 1983, delegados árabes ante la Organización Mundial de la Salud acusaron a Israel de «envenenar masivamente» a adolescentes palestinas en Judea y Samaria. En 1991, el embajador sirio acusó a Israel ante la Comisión de Derechos Humanos de haber asesinado a niños cristianos para beber su sangre en Pesaj. En 1997, el representante palestino acusó a Israel de haber deliberadamente inyectado el virus HIV a niños palestinos durante la previa Intifada. En 1999, Suha Arafat (la viuda de Yasser), en presencia de la entonces Primera Dama de Estados Unidos Hillary Clinton, arguyó que Israel había asesinado niños palestinos con gas venenoso. En el contexto de la Intifada de Al-Aqsa, Arafat repetidas veces afirmó que el ejército israelí empleó un «gas negro» que produce cáncer. En el año 2000, el Ministerio de Educación egipcio republicó un libro originario de 1890 titulado «Sacrificos humanos en el Talmud». En el 2004, la televisión iraní emitió la serie “Los ojos azules de Zahra” cuyo tema principal versaba sobre un plan israelí orientado a hacerse de ojos palestinos para trasplantarlos a no-videntes israelíes.

Y así llegamos a la reciente nota de la discordia del diario sueco Aftonbladet, el de mayor circulación en toda Escandinavia. Publicada en la sección de cultura, escrita por el periodista freelance Donald Boström, y respaldada luego del escándalo por el propio editor, la columna alegó que soldados israelíes matan a palestinos con el objeto de recolectar sus órganos para trasplantes en el estado judío. Notablemente, el gobierno sueco se ocultó tras el cliché de la libertad de expresión y eludió condenar el artículo, llegando a reprender a su embajadora en Tel-Aviv luego de que ésta lo repudiara. Ante la avalancha de cuestionamientos, el editor Jan Helin se vio forzado a admitir que no tenía evidencia respaldatoria de tan seria acusación. De hecho, los propios familiares de Bilal Ahmed Ghanem -el palestino de la pequeña localidad cisjordana de Imatín a cuyo derredor giraba toda la historia de la nota- realizaron similar confesión. Su madre negó haber dicho a algún periodista que los órganos de su hijo habían sido robados. Otro pariente de nombre Ibrahím aseguró que la familia nunca dijo tal cosa al fotógrafo sueco que vio el cuerpo de Bilal. “No sé si esto es cierto, no tenemos ninguna evidencia que apoye esto” resumió su hermano Jalal. En suma, se trató de una maliciosa calumnia.

Desde Norwich hasta Imatín, y del siglo XII al XXI, los antisemitas europeos han hallado las formas más efectistas de difamar a los judíos con libelos descabellados. Que hayan sido suecos los involucrados en este lamentable episodio y que hayan demostrado mayor entusiasmo que los propios palestinos en demonizar a Israel, tan solo prueba que la tradición judeofóbica que corroe al viejo continente está intacta, y que el estado judío ha tomado el lugar del pueblo judío en la matriz de este odio humano.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Judíos contra Sión – 19/08/09

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La noticia divulgada por Associated Press a comienzos de agosto a propósito de un integrante judío israelí del movimiento palestino Fatah debe haber levantado más de una ceja entre los lectores.

Uri Davis fue uno de los alrededor de setecientos miembros de Fatah que se postuló para uno de los ochenta y nueve asientos del Consejo Revolucionario de esta agrupación que ha controlado el destino de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) por décadas y ha sido la fuerza dominante en la Autoridad Palestina (AP) desde su creación en 1994. En los años sesenta, Davis rehusó sumarse al ejército, algo que en aquella época era considerado alta traición por la sociedad israelí, se casó con una mujer palestina, escribió un libro antisionista en los años setenta, se exilió y unió a Fatah en los años ochenta, convirtiéndose en director de su oficina londinense en tiempos en los que este grupo perpetraba atentados terroristas contra los judíos en Israel y Europa principalmente. Un caso singular, ciertamente.

O quizás no tanto. Pues Davis -que se autodefine como un palestino hebreo-parlante del “estado apartheid de Israel”- no es el único judío en haber simpatizado con el nacionalismo palestino. De los extremos de la sociedad israelí han surgido grupos o personajes controvertidos que han dado apoyo a los nacionalistas palestinos a lo largo del tiempo. Miembros del movimiento ultraortodoxo Neturei Karta, por ejemplo, han visitado a Yasser Arafat cuando convalecía en un hospital parisino en el año 2004 y se han manifestado a favor de ataques terroristas contra Israel. (También han respaldado a Mahmoud Ahmadinehad en Teherán por su diatriba antisionista y negadora de la Shoá). Emanando del lado laico y de la izquierda radical, agrupaciones como Betselem, Paz Ahora y Rabinos por los Derechos Humanos, sin llegar a estos niveles aberrantes, han sistemáticamente elegido respaldar los reclamos nacionalistas de los palestinos en desmedro de los intereses israelíes, contribuyendo a la difamación global de su propio país con sus actividades, reportes y comunicados tendenciosos.

La oposición judía a Sión se remonta a los tiempos del Mandato Británico sobre Palestina e incluyó en sus filas a pensadores estelares a los que no se les podría atribuir sufrir la patología del auto-odio. Martin Buber, por caso, escribió en 1939 -al año de haber arribado a Palestina y a dos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial- un artículo en el diario Haaretz en el que acusaba al Sionismo de “realizar acciones de Hitler en la tierra de Israel, porque ellos [los sionistas] quieren servir al dios de Hitler [el nacionalismo] después de que éste reciba un nombre judío.” Con anterioridad, el reformismo judeo-alemán del siglo XIX decidió expurgar de sus textos litúrgicos las referencias a Jerusalem y a la Tierra de Israel con el objeto de eliminar todo vestigio nacionalista. Para ellos, los judíos constituían una religión y no una nación con reclamos soberanos válidos. En el otro extremo, la ortodoxia rabínica era antisionista en virtud de su mesianismo fundamentalista. En la Rusia post-revolucionaria de principios del siglo XX, los bolcheviques judíos eran profundamente antisionistas. Uno de sus líderes más destacados, el judío ateo León Trotsky, veía a Theodor Herzl como una “figura repulsiva”. Hoy, parte de los judíos residentes en la diáspora fieramente críticos de Israel suelen estar fuera del marco comunitario (aunque de ningún modo ese es siempre el caso), y -en palabras del psiquiatra y profesor de Harvard Kenneth Levin – “su única afiliación con asuntos judíos tiene que ver con sus ataques a Israel”. Juan Gelman y Pedro Brieger tipifican esta categoría en la Argentina.

El tópico de la enajenación de algunos judíos respecto de su propia identidad y de su sentido de pertenencia a su propio pueblo ha preocupado a historiadores por largo tiempo. Un reciente ensayo del profesor Alvin Rosenfeld de la Universidad de Indiana, titulado “Pensamiento ´Progresista´ Judío y el Nuevo Antisemitismo” examinó los escritos de varios intelectuales judíos anti-israelíes del mundo anglo tales como Tony Kushner, Jacqueline Rose y Tony Judt entre otros. Similar preocupación llevó a Theodor Lessing ha publicar, en 1930, un libro titulado “El Amor-Odio de los Judíos” en cuyas páginas estudió los casos de seis judíos prominentes que repudiaron su identidad, entre ellos Otto Weininger y Arthur Trebitsch. El filósofo austriaco Weininger terminó quitándose la vida por eso, en tanto que el periodista vienés Trebitsch se convirtió al cristianismo e instó a los alemanes a no ceder en su lucha contra los judíos: “¡Permaneced firmes! ¡No tengáis piedad! ¡Ni siquiera conmigo!”.

Entre quienes evidenciaron alienación (en distintos grados) respecto de su judaísmo, contamos a Karl Marx, quién dejó testimonio de su sentir en el panfleto de 1843 “Sobre la Cuestión Judía”; a Rosa Luxemburgo, que en una carta privada respondió a un colega “¿Por qué recurres a mí con tus penas especiales judías?…No puedo hallar un rincón especial de mi corazón por el ghetto”; y a Gertrud Stein, quién en 1934 dijo al New York Times que “Hitler debió haber recibido el Premio Nobel de la Paz”. Hannah Arendt no tuvo inhibición en ser amante del profesor nazi Martin Heidegger y lo promovió en círculos intelectuales aún después de la guerra. Friedrich Stahl se convirtió al cristianismo, se hizo profesor de derecho eclesiástico en la Universidad de Berlín, y fue líder del antisemita Partido Conservador Cristiano. Todos ellos seguramente coincidirían con la aseveración del poeta judío alemán converso al cristianismo Heinrich Heine, de que “el judaísmo no es una religión sino una desgracia”.

Aún más atrás en el tiempo, podemos identificar a judíos que trocaron el judaísmo por el catolicismo (cuando el segundo pujaba por anular al primero) y se transformaron en antisemitas impiadosos. Entre sus filas, según ha escrito Gustavo Perednik, han militado -especialmente en el Medioevo- Petrus Alfons, Nicholas Donin, Pablo Christiani, Avner de Burgos, Guglielmo Moncada y Alessandro Franceschi.

Así es que Uri Davis, el exótico judío israelí de Fatah, no encarna un fenómeno tan excepcional; él integra un linaje trágico que hace a una parte verdaderamente alucinante de la historia judía.

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Por Julián Schvindlerman

  

Un canciller Israelí en Sudamérica – 06/08/09

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En 1947, trece de los entonces veinte países latinoamericanos en las Naciones Unidas votaron a favor del Plan de Partición. América Latina jugó un papel crítico en esa votación. Hoy, eso es historia antigua. En las últimas décadas, las naciones latinoamericanas han virado hacia posturas que oscilan entre la neutralidad y la contrariedad en lo relativo a las cuestiones israelíes. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Lieberman -la primera de un canciller israelí a la región en veintitrés años- claramente ha apuntado a reforzar los lazos bilaterales.

Lieberman visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia. En todos estos países -salvo la Argentina- fue recibido por los presidentes, además de otros funcionarios de alto rango. A excepción de manifestaciones callejeras de bajo impacto, ocasionales pegatinas de afiches ofensivos, y el infaltable repudio de grupos radicales judíos, el viaje del canciller por la región pasó sin mayor escándalo y contribuyó a solidificar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. Como trasfondo de la visita del canciller se encuentra la creciente penetración iraní en el hemisferio occidental. Ello en parte posiblemente explique el renovado interés israelí por América Latina. Recientemente, ha viajado a Panamá y a Costa Rica el Ministro de Seguridad Pública Yitzjak Aharonovitch, ha participado de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Honduras el Vice-Ministro Danny Ayalon, en agosto estará en Paraguay y Ecuador el ministro Uzi Landau, y ha sido anunciada una visita del Presidente Shimon Peres para noviembre. Los diplomáticos israelíes parecen haber descubierto que el sur también existe.

A lo largo de su estadía en nuestro país, tuve la oportunidad de escuchar dos veces al canciller. Durante una minúscula y brevísima conferencia de prensa ante periodistas comunitarios en la cuál aceptó cinco preguntas a lo largo de quince minutos, y durante un almuerzo organizado en su honor en el Hotel Alvear donde pude escucharlo por más tiempo. Con el aditamento de la entrevista exclusiva que concedió al diario La Nación, podemos darnos una idea del mensaje que trajo a la región. Cinco puntos pudieron ser detectados con claridad: a) reforzar lazos con Sudamérica, como complemento a la relación especial con Washington y al vínculo cotidiano con la Unión Europea y otros actores internacionales; b) alertar sobre la creciente influencia iraní en estas tierras y denunciar la naturaleza del régimen ayatollah; c) subrayar la no-centralidad del problema palestino como el asunto más acuciante a nivel regional; d) señalar la amenaza global del terrorismo fundamentalista islámico; y e) apoyar a la comunidad judía local en el reclamo de esclarecimiento por el atentado contra la AMIA. Estos cinco asuntos no agotan una agenda mayor de preocupaciones plasmadas en entrevistas, conversaciones y discursos pronunciados durante su visita, pero parecen reflejar fielmente al menos varias de las inquietudes contemporáneas de la diplomacia israelí, algunas de las cuáles tocan directamente a América Latina.

Nadie debiera albergar expectativas desmedidas acerca de nuevas actitudes latinoamericanas hacia el Medio Oriente como resultado de esta visita (por caso, Brasilia ya anunció que recibirá en breve al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad). A la vez, tampoco nadie debiera minimizar el impacto positivo que esta gira pudiere haber tenido en la transmisión de la perspectiva israelí a los políticos latinoamericanos. A la luz de las realidades geopolíticas regionales e internacionales, el viaje del canciller Lieberman ha sido oportuno y atinado.

Originalmente publicado en Comunidades

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Un canciller Israelí en sudamérica – 05/08/09

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En 1947, trece de los entonces veinte países latinoamericanos en las Naciones Unidas votaron a favor del Plan de Partición. América Latina jugó un papel crítico en esa votación. Hoy, eso es historia antigua. En las últimas décadas, las naciones latinoamericanas han virado hacia posturas que oscilan entre la neutralidad y la contrariedad en lo relativo a las cuestiones israelíes. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Lieberman -la primera de un canciller israelí a la región en veintitrés años- claramente ha apuntado a reforzar los lazos bilaterales.

Lieberman visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia. En todos estos países -salvo la Argentina- fue recibido por los presidentes, además de otros funcionarios de alto rango. A excepción de manifestaciones callejeras de bajo impacto, ocasionales pegatinas de afiches ofensivos, y el infaltable repudio de grupos radicales judíos, el viaje del canciller por la región pasó sin mayor escándalo y contribuyó a solidificar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. Como trasfondo de la visita del canciller se encuentra la creciente penetración iraní en el hemisferio occidental. Ello en parte posiblemente explique el renovado interés israelí por América Latina. Recientemente, ha viajado a Panamá y a Costa Rica el Ministro de Seguridad Pública Yitzjak Aharonovitch, ha participado de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Honduras el Vice-Ministro Danny Ayalon, en agosto estará en Paraguay y Ecuador el ministro Uzi Landau, y ha sido anunciada una visita del Presidente Shimon Peres para noviembre. Los diplomáticos israelíes parecen haber descubierto que el sur también existe.

A lo largo de su estadía en nuestro país, tuve la oportunidad de escuchar dos veces al canciller. Durante una minúscula y brevísima conferencia de prensa ante periodistas comunitarios en la cuál aceptó cinco preguntas a lo largo de quince minutos, y durante un almuerzo organizado en su honor en el Hotel Alvear donde pude escucharlo por más tiempo. Con el aditamento de la entrevista exclusiva que concedió al diario La Nación, podemos darnos una idea del mensaje que trajo a la región. Cinco puntos pudieron ser detectados con claridad: a) reforzar lazos con Sudamérica, como complemento a la relación especial con Washington y al vínculo cotidiano con la Unión Europea y otros actores internacionales; b) alertar sobre la creciente influencia iraní en estas tierras y denunciar la naturaleza del régimen ayatollah; c) subrayar la no-centralidad del problema palestino como el asunto más acuciante a nivel regional; d) señalar la amenaza global del terrorismo fundamentalista islámico; y e) apoyar a la comunidad judía local en el reclamo de esclarecimiento por el atentado contra la AMIA. Estos cinco asuntos no agotan una agenda mayor de preocupaciones plasmadas en entrevistas, conversaciones y discursos pronunciados durante su visita, pero parecen reflejar fielmente al menos varias de las inquietudes contemporáneas de la diplomacia israelí, algunas de las cuáles tocan directamente a América Latina.

Nadie debiera albergar expectativas desmedidas acerca de nuevas actitudes latinoamericanas hacia el Medio Oriente como resultado de esta visita (por caso, Brasilia ya anunció que recibirá en breve al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad). A la vez, tampoco nadie debiera minimizar el impacto positivo que esta gira pudiere haber tenido en la transmisión de la perspectiva israelí a los políticos latinoamericanos. A la luz de las realidades geopolíticas regionales e internacionales, el viaje del canciller Lieberman ha sido oportuno y atinado.

Judíos contra sión – 19/08/2009″

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El espectro del terror – 08/07/09

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Según el más reciente informe anual sobre terrorismo del Departamento de Estado de los EE.UU., el año pasado hubo 11.770 atentados internacionales, y 54.747 personas resultaron muertas, heridas o fueron secuestradas por terroristas. La mayor cantidad de atentados tuvo lugar en el Cercano Oriente mientras que en el Sur de Asia se contaron la mayoría de las víctimas fatales. A su vez, ambas regiones absorbieron el 75% de los 235 atentados de alta letalidad (aquellos que provocaron la muerte a diez o más personas) en el 2008.

Los redactores del informe son extremadamente equívocos al lidiar con la identidad de los atacantes, pero piadosamente admiten que a) los Talibanes, más que ningún otro grupo, clamaron autoría por la mayor cantidad de atentados y de fatalidades, y que b) al-Shabaab al-Islamiya fue el segundo grupo terrorista más mortífero. En la jerga políticamente correcta de los diplomáticos de Washington, ésta sea posiblemente su manera de decir que agrupaciones terroristas islámicas han sido las responsable de la comisión del mayor número de atentados en el mundo, y de la ocasión de la mayor cantidad de víctimas.

Eso no debiera sorprender a la luz de que 29 sobre un total de 44 organizaciones designadas como terroristas globalmente por el Departamento de Estado son musulmanas, incluyendo grupos seculares. Entre las restantes figuran grupos tales como Sendero Luminoso, FARC, Real IRA, Kahane Jai, Aum Shinrikyo, y el Partido Comunista de las Filipinas entre otros. El informe indica que un número sustantivo de víctimas ha sido musulmán, especialmente en países tales como Irak, Pakistán y Afganistán. El último atentado terrorista espectacular (por usar un término) ocurrió en Mumbai en diciembre de 2008, y tiene antecedentes de similar calibre en Londres en 2005, Madrid en 2004, y -el más impactante, medido en originalidad de planificación, simpleza de ejecución y factor atrocidad- Washington y Nueva York en 2001.

El atentado contra la sede de la AMIA en 1994 presagió esta oleada de terrorismo de envergadura, tal como lo habían hecho innumerables atentados islamistas de menor dimensión pero igual intención contra israelíes y judíos en el Medio Oriente y en el resto del mundo con anterioridad. Especialmente a partir del 2001, dos características distintivas pudieron ser detectadas en la reacción internacional; en función a la identidad de los atacantes y en función a la identidad de las víctimas. Es decir: a) evitar identificar expresamente a los perpetradores cuando éstos fueran musulmanes, y b) distinguir conceptualmente la naturaleza del atentado cuando las víctimas fueran israelíes.

De esta forma, intensos esfuerzos fueron realizados para diluir al límite de la más completa confusión la identidad de los terroristas musulmanes, en el primer caso; y en separar la Jihad lanzada por islamistas contra israelíes de aquella lanzada por islamistas contra no-israelíes, en el segundo de los casos. Esto dio lugar a dos tipos de situaciones extrañas. Una tal en la que terroristas musulmanes que invocando el nombre de Allah y abiertamente anunciando que anhelaban masacrar a la mayor cantidad de infieles llevaban a cabo atentados suicidas con aprobación religiosa, eran descritos por órganos de prensa con eufemismos tales como activistas», «militantes» e incluso «jóvenes» o «ciudadanos de otros países», en los cuáles las palabras «terrorista» y «musulmán» eran deliberadamente desconectadas. Otra tal en la que intelectuales, políticos y formadores de opinión estiraban al límite del absurdo la noción de que, de alguna manera, hacer estallar micros repletos de civiles en las calles de Tel-Aviv era algo diferente respecto de hacerlos estallar en las calles de Londres o Madrid; aún cuando en ambos casos los perpetradores de tales actos profesaran la fe islámica.

Al conmemorar el quinceavo aniversario de la voladura de la AMIA, advertimos que así como los actos de terror islamistas han hecho metástasis por todos lados, también lo han hecho la incomprensión acerca del terrorismo y del islamismo y la falta de determinación de dar respuestas reales a la combinación de ambos: el terrorismo fundamentalita islámico. Esta proliferación planetaria de corrección política y cobardía intelectual es la peor forma posible de rendir tributo a las víctimas de este y cualquier otro atentado, cuyas muertes trágicas e innecesarias debieron habernos impulsado a deshacernos de nuestra pereza moral a la hora de combatir el Mal.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La paz realista de Netanyahu – 24/06/09

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La exigencia de Netanyhau que los palestinos reconozcan a Israel como el estado judío está arruinando la oportunidad para la paz». – Hosni Mubarark, Presidente de Egipto.

En su importante discurso pronunciado el 14 del corriente, el Primer Ministro de Israel comenzó y finalizó subrayando el anhelo de paz israelí. «Me dirijo a todos los líderes árabes esta noche y digo: reunámonos. Hablemos de paz y hagamos la paz. Estoy dispuesto a reunirme con Uds. en cualquier momento. Estoy dispuesto a ir a Damasco, a Riyhad, a Beirut, a cualquier lado…». Continuó: «Queremos vivir con Uds. en paz…nadie en Israel desea la guerra». Y finalizó: «Llamo a los líderes del mundo árabe y al liderazgo palestino, continuemos juntos el sendero de Menajem Begin y Anwar Sadat, Yitzjak Rabin y el Rey Hussein». Una vez asentado ello, Netanyahu procedió a elaborar a propósito de la historia del conflicto partiendo de una pregunta obvia: «¿Si las ventajas de la paz son tan evidentes, debemos preguntarnos porqué la paz permanece tan remota, aún cuando nuestra mano permanece estirada hacia la paz?». El premier respondió a ello elevando unas cuantas verdades históricas: «Los árabes rechazaron cualquier estado judío, en cualesquiera fronteras»; «Aquellos que creen que le enemistad continua hacia Israel es producto de nuestra presencia en Judea, Samaria y Gaza, está confundiendo causa y consecuencia»; «La aseveración de que las retiradas territoriales traerán la paz con los palestinos, o al menos avanzarán la paz, hasta el momento no ha resistido el testeo de la realidad». Tal como sus predecesores, se expresó a favor de un estado palestino. A diferencia de éstos, lo condicionó a que sea desmilitarizado, a que los refugiados palestinos sean integrados «fuera de las fronteras de Israel», y a que los palestinos reconozcan a Israel «como un estado judío». Sobre Jerusalem, Netanyahu insistió en que permanecerá como «la capital unida» de Israel.

Palestinos y árabes respondieron indignados. Sin embargo, no hay nada controvertido ni ilógico en la postura de Netanyahu. Si ante cada concesión territorial, los enemigos de Israel han empleado esas zonas liberadas para lanzar guerras de agresión, resulta sensata la exigencia de la desmilitarización. Su objetivo no es inhibir la soberanía palestina por capricho nacionalista de Israel, sino resguardar a Israel del cahuvinismo revanchista palestino y del fundamentalismo islamista que lo rodea. Si los palestinos algún día tendrán su patria propia, luce enteramente normal la idea de que su diáspora vaya a ser absorbida en el nuevo estado en lugar del estado del vecino. Ni tampoco parece coherente la noción de los palestinos quieran un estado propio judenrein a la par que demanden un estado binacional en el territorio de Israel. En cuanto al requisito de reconocimiento de Israel como un estado judío, debe recordarse que así fue exactamente como fue planteado por la Resolución 181 de la ONU que facilitó su creación. Y los musulmanes debieran ser los últimos en cuestionar el principio de que un estado priorice cierta religión a nivel nacional. En cuanto a Jerusalem, Netanyahu no ha hecho más que abrazar la postura maximalista que prácticamente todos los palestinos -desde Arafat hasta el sastre de la esquina- han estado declarando por décadas; que Jerusalem será la capital de su hogar nacional. ¿Desde cuando encuentran a la intransigencia tan irritante?

La belleza del discurso de Bibi Netanyahu radica en su simpleza. Por primera vez desde los Acuerdos de Oslo casi dos décadas atrás, un líder israelí ha definido inequívocamente las líneas rojas de Israel en su incesante búsqueda de la paz. Netanyahu ha arrojado la pelota al campo árabe y palestino…y éstos la patearon fuera de la cancha. Dijeron que con estas reglas no quieren jugar. Pretenden el mantenimiento de los parámetros usuales: encogimiento de las fronteras de Israel, inundación del reducido país con población hostil, estrangulamiento demográfico del único estado judío del mundo, privación de su capital histórica, etc. Típica ha sido la respuesta -de valor histórico- de Mubarak arriba citada, la que encapsula mágicamente la falacia de la presunta moderación árabe. Eso fue dicho al día siguiente del discurso de Netanyahu. Cuatro días después, el presidente egipcio publicó una columna de opinión en The Washington Post en la que afirmó que «Un acuerdo histórico está al alcance» y que «la parte árabe está dispuesta a reciprocar pasos serios hacia la paz que adopte Israel». ¿Por qué no alterar el orden, para variar? Que primero los países árabes normalicen relaciones diplomáticas con Israel y luego Israel reciproque sus -¿cómo lo expresó Mubarak?- «pasos serios hacia la paz».

De todos los líderes de la región, Mubarak es el último que debiera hacerse el ingenuo. Fue en su propia tierra, en El Cairo, donde apenas diez días antes del mensaje de Netanyahu, habló el presidente Barack Obama y advirtió a los líderes árabes de la necesidad de modificar su postura tradicional. El presidente Obama fue inequívoco: «Finalmente, los estados árabes deben reconocer que la Iniciativa de Paz Árabe fue un comienzo importante, pero no el fin de sus responsabilidades. El conflicto árabe-israelí no debiera más ser usado para distraer al pueblo de las naciones árabes de otros problemas. En lugar de ello, debe ser una causa para la acción para ayudar al pueblo palestino a desarrollar las instituciones que sostendrán su estado; reconocer la legitimidad de Israel; y elegir el progreso por sobre un foco auto-destructivo en el pasado».

Quizás hubo malentendidos de traducción. O quizás no puedan cambiar el chip. Deberán recapacitar. En el siglo XXI, no saber inglés ni computación no es una opción.