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Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Irán a las puertas de america latina – 10/06/09

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El 1 de mayo, la cadena de noticias CNN informó que la flamante Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América, Hillary Clinton, definió a las incursiones de la República Islámica de Irán en nuestra región como bastante perturbadoras». El 23 del mismo mes, el diario Panamá América advirtió en un editorial que Irán «extiende sus amenazas a otras regiones». Tres días más tarde, en su edición del 26 de mayo, el New York Times reprodujo un cable de Associated Press que publicaba una denuncia del Estado de Israel referida a la provisión venezolana y boliviana de uranio a Teherán para su programa nuclear. Estas noticias no hacen más que confirmar un desarrollo que se ha venido afirmando en los últimos cuatro años: la creciente influencia iraní en Latinoamérica.

Teherán posee lazos bilaterales históricos con algunos países del hemisferio occidental; el nuevo enfoque regional de la diplomacia iraní es la novedad. Desde el ascenso de Mahmoud Ahmadinejad a la presidencia ha habido una reorientación de los esfuerzos diplomáticos de la república islámica hacia Latinoamérica. Por caso, el presidente iraní ha visitado la región más veces que el presidente George W. Bush. Los objetivos iraníes son múltiples. El régimen de Teherán necesita forjar nuevas alianzas internacionales a la luz del ostracismo al que está siendo incrementalmente sometido debido a su programa nuclear. En este sentido Latinoamérica ofrece una zona de simpatía natural en aquellos sectores decididos a permanecer en el Tercer Mundo. Será pertinente recordar que durante la votación en la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) del año 2006 solamente tres países votaron a favor de Irán en la cuestión nuclear, dos de ellos latinoamericanos: Siria, Cuba y Venezuela. A su vez, los ayatollahs pretenden servir de contrapeso a Washington en su zona de influencia tradicional, a modo de represalia por la presencia estadounidense en el Medio Oriente, bajo designio imperial de Irán. No debe descartarse tampoco la posibilidad de que la nación islámica esté buscando mercados económicos alternativos ante el prospecto de sanciones robustas futuras en el marco multilateral de las Naciones Unidas, regional de Europa, o unilateral -como ya rige- de Estados Unidos. La expansión del chiísmo iraní -en puja con el sunismo árabe en el Medio oriente- bien podría ser otro factor: a partir de los años noventa tribus totxiles en México y Wayuu en Venezuela ha sido convertidas al Islam chiíta. Como beneficio extra, al mostrarse con líderes latinoamericanos, Ahmadinjead puede buscar mejorar su pobre imagen domestica, de cara a las elecciones próximas especialmente.

El profesor argentino Erwin Viera ha caracterizado a Venezuela como el puerto de entrada de Irán a América Latina. Comparten vínculo estrecho desde el surgimiento de la OPEC en los años sesenta, pero con Chávez y Ahmadinejad en el poder la relación política se consolidó y la comercial se expandió. Ambos poseen un estilo estridente signado por la diatriba anti-estadounidense, anti-israelí, anti-occidental y anti-judía. Hugo Chávez dio status de observador a Irán en el ALBA (la Alternativa Bolivariana de las Américas compuesta por Bolivia, Cuba, Ecuador, República Dominicana, Honduras y Nicaragua) en tanto que Chávez fue premiado por el gobierno ayatollah por su apoyo al programa nuclear de Irán. Irán es el segundo inversor en Venezuela, luego de Estados Unidos; todo un símbolo del pragmatismo del líder bolivariano. En abril último, Caracas y Teherán fundaron el Banco Binacional Venezolano-Iraní con aportes iniciales de USD 200 millones cada parte. Existe un vuelo transoceánico Teherán-Caracas, con escala en Damasco, cuyos pasajeros y pertenencias ingresan semanalmente a Venezuela sin control aduanero alguno, según testimonios recogidos. Algunas universidades venezolanas ya enseñan farsi, el idioma iraní. Caroline Glick ha escrito en el Jerusalem Post que un miembro venezolano de Hizbullah, Tarek el-Aissami, fue designado como jefe de la agencia de pasaportes venezolana; posteriormente nombrado Ministro de Justicia e Interior. El año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos definió al diplomático venezolano apostado en Damasco y Beirut, Ghazi Nasr al-Din, como agente del Hizbullah. El académico israelí Ely Karmon, citando a un diario kuwaití, indicó que en abril del año pasado el director de relaciones internacionales de Hizbullah, Nawaf Musawi, participó de un evento en la embajada venezolana en Beirut que marcaba un nuevo aniversario del fracaso del golpe anti-chavista. Algunos se han preguntado cuanto tiempo pasará antes de que Hugo Chávez invite a la marina iraní a sus costas, tal como ha hecho con la marina rusa meses atrás.

Venezuela lidera, pero otros países la siguen. Tal como ha informado el ex oficial de contraterrorismo de la CIA John Kiriakou en Los Angeles Times, Evo Morales decidió el año pasado desplazar la única embajada de Bolivia en el Medio Oriente, de El Cairo (líder de los países pro-occidentales) a Teherán. También instruyó a su cancillería a que levantara restricciones de visa a los ciudadanos iraníes. Un acuerdo fue firmado por medio del cuál la televisión iraní proveerá a la televisión boliviana de programación iraní en español. Rafael Correa se convirtió en el primer jefe de estado ecuatoriano en visitar Irán. Por su parte, Ahmadinejad estuvo presente en la asunción de Correa. Cuando Fernando Lugo ganó las elecciones presidenciales en Paraguay el año pasado, su par iraní lo tildó de «hombre de Dios y enemigo del Gran Satán» en alusión a USA. Lugo nombró al simpatizante del Hizbullah Alejandro Hamed Franco como el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores; este individuo tiene prohibido el ingreso a territorio estadounidense o de volar en una aerolínea de aquél país. Según ha informado Amir Taheri en el New York Post, miembros de la comunidad chiíta de Paraguay (15% de la población) colaboraron con la campaña de Lugo, la que obtuvo también el apoyo de Irán y Venezuela. En Nicaragua, la república islámica tiene su embajada más grande que en cualquier otra parte del mundo, con un personal diplomático estimado entre 20 y 100 oficiales. Incluso naciones moderadas tienen fuertes lazos con Irán. Brasil es el primer socio comercial de Irán en Latinoamérica y ya dos veces debieron cancelarse a último minuto invitaciones oficiales de Brasil al presidente iraní para que visitara la región. La Argentina, que sufrió dos atentados terroristas de impronta islamista en su suelo, incrementó su comercio bilateral con Irán en casi un diez mil por ciento interanual y se abstuvo de apoyar la candidatura a la OIEA de un nacional argentino que no gozaba con el favor de Teherán, conforme ha publicado La Nación poco tiempo atrás. Además, su delegación ante la ONU en Ginebra no abandonó el recinto cuando Ahmadinejad habló el último abril provocando una polémica mundial.

¿Por qué es esto preocupante? Sencillamente, porque las incursiones de Irán en América Latina exceden lo económico y lo cultural y conllevan un desafío político y terrorista asociado. Aún cuando en su propia tierra los ayatollahs reprimen a los izquierdistas, éstos seguirán hallando en nuestra región aliados voluntarios -paradójicamente- a medida que Latinoamérica siga girando hacia la izquierda.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Julián Schvindlerman – 06/09

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Kesher (Brasil)

Você virá para Curitiba nos próximos dias. Para quem ainda não lhe conhece, conte um pouco sobre você.

Soy analista político internacional, especializado en asuntos del Medio Oriente. Estudié Adminsitración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires y posteriormente realicé una maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Hebrea de Jerusalém. En ese período, fui inviado a escribir artículos de opinión para el Miami Herald y publiqué notas en otros medios de Israel, Estados Unidos y la Argentina también, así como en periódicos de las comunidades judías de la región. Permanecí en Israel para escribir mi primer libro «Tierras por Paz, Tierras por Guerra», un trabajo academico pionero sobre el conflicto palestino-israelí en lengua hispana y que permanece como una referencia muy consultada. Posteriormente residí en Washington, D.C. cerca de un año para luego ir a Ginebra a trabajar como Director Ejecutvo Adjunto de United Nations Watch, una ONG suiza dedicada al monitoreo de la ONU. Hace unos años retorné a la Argentina, donde mantengo tres columnas radiales y una escrita en el periódico judio «Comunidades» y he estado disertando en América Latina sobre temas afines.

Uma de suas palestras em Curitiba é sobre o Irã e as armas nucleares. ¿Como Israel fica nesse contexto?

El programa nuclear de Irán representa una amenaza existencial para Israel, no solamente para su seguridad nacional, sino para su misma supervivencia. Desde los tiempos de Hitler, salvándo las primeras décadas de exaltación árabe, no ha habido un líder internacional que abiertamente llame a la obliteración del estado judío. Su desarrollo nuclear procura dotarlo de los medios para poder llevar adelante su anhelo destructivo. El mundo libre no parece estar tomando las acciones necesarias para evitar que Irán se transforme en una potencia regional nuclear, lo que puede terminar forzando a Israel a tomar una medida decisiva. El año 2010 luce como un año crítico para la contención o prevención de Irán.

¿De que maneira você acredita que devemos enfrentar o antisemitismo?

Primeramente, a traves de la educación. Y en un sentido amplio. No sólo los alumnos en las escuelas o los estudiantes en las universidades deben ser educados, sino los periodistas, los intelectuales, los diplomáticos y todos aquellos que aún no advierten que la demonización de Israel es una manifestación contemporánea de antisemitismo. Hay gente sumamente culta en sus áreas de competencia pero que en lo relativo al antisemitismo y al antisionismo saben poco, o nada. Vivimos en un entorno donde difamar a los judíos está mal visto, pero criminalizar al estado judío es considerado políticamente correcto. Esto es absurdo y debe ser enmendado. Cabe a las comunidades judías de las diáspora llevar adelante la tarea de informar, esclarecer y educar a sus compatriotas.

¿Israel continua sendo mal visto pela imprensa de forma geral?

Desafortunadamente sí, si bien ha mejorado la situación en los últimos años [Nota: esta entrevista fue hecha antes del incidente de la flotilla]. En parte, el avance del islamismo sobre Occidente ha despertado algunas conciencias respecto de un flagelo que Israel ha venido enfrentando por décadas en casi total soledad. Pero aún así, importantes segmentos de la prensa mundial intentan separar la ofensiva islamista radical contra el mundo libre de la ofensiva islamista radical contra Israel. En este curioso esquema, Al-Qaeda es fácilmente condenable, pero Hamas o Hizbullah no tanto. Poco conmueve tanto a los periodistas como el sufrimiento palestino, en la medida en que éste sea inflingido por los israelíes. Si son maltratados por los árabes o por sus líderes ya no parece emerger tanta indignación. Israel falla en su esfuerzo de esclarecimiento, algunas comunidades judías de la diáspora hacen una labor ejemplar, otras no hacen lo suficiente. El desafío es enorme pues debe modificarse toda una cultura periodística consolidada a lo largo de los años.

Perfil, Perfil - 2009

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Fidel, el gran unificador – 23/05/09

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La pretendida solidaridad latinoamericana con Cuba es resultado del antiamericanismo que atraviesa gran parte de la región; desde Tijuana hasta Ushuaia. Continuamente empleado como bate antiyanqui, no pudo ser reprimido ni siquiera ante el flamante presidente Barack Obama y su propuesta de cambio. El apoyo a la isla comunista manifestado en la última Cumbre de las Américas ha dado testimonio del arraigo pernicioso de este sentimiento en los países latinoamericanos.

Cuba es el unificador político-emocional regional más destacado. Chile permanece renuente a brindar una salida al mar a Bolivia; la Argentina ha estado dispuesta a estropear sus excelentes lazos con Uruguay por una pastera; Venezuela arriesgó una guerra con Colombia al patrocinar a las FARC, pero basta que un presidente estadounidense pise la región para que los latinoamericanos se unan en un reclamo común por el destino de Cuba. Emblemática en este aspecto fue la entrega del libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, como obsequio chavista al arribado de Washington. (“Qué lastima que el Sr. Obama no tenía un ejemplar del best-seller de los años noventa, El perfecto idiota latinoamericano, como regalo para el Sr. Chávez”, ironizó Mary Anastasia O’Grady en las páginas del Wall Street Journal).

Es una tragedia que la causa del régimen castrista se haya convertido en un factor de unidad latinoamericana. Cuba es el único país al que la reputada ONG internacional Freedom House define como “no-libre” en todo el continente americano, explicando la categoría, así: “Un país no-libre es uno donde los derechos políticos básicos están ausentes, y las libertades civiles básicas son negadas amplia y sistemáticamente”. Sudán, Somalia y Belarús, entre otros, comparten el ranking con La Habana. Según la prestigiosa Human Rights Watch, “Cuba ha desarrollado una altamente efectiva maquinaria de represión. La negación de los derechos civiles y políticos básicos está escrita en la ley cubana”. Frustrada por la poca atención dada a la situación de los derechos humanos por los delegados a la Cumbre en Puerto España, la famosa organización humanitaria Amnesty International emitió un comunicado que decía: “Los gobiernos de América no han reconocido que los derechos humanos deben ocupar un lugar central en los esfuerzos por hacer frente a los numerosos desafíos fundamentales que encara la región…”. El propio Obama, quien aterrizó en Trinidad y Tobago con ofertas de diálogo hacia la isla comunista, se vio obligado a señalar a sus socios latinoamericanos la incongruencia de defender a los hermanos Castro. En su discurso recordó que todos los líderes asistentes habían sido electos democráticamente, y agregó: “Eso no ocurre en Cuba”.

Quizás ello ocurra cuando los presidentes latinoamericanos comprendan que la auténtica defensa de Cuba consiste en respaldar la causa de los cubanos y no la de los tiranos que los gobiernan. Abrazar a una elite represora y ungir tal acto como un modelo de solidaridad no es un símbolo de unidad latinoamericana, sino un bochorno regional. La fascinación latinoamericana por Fidel va hermanada a la idealización del “Che”, quien a su vez compuso un poema en honor a aquél, en el cual lo tildaba de “ardiente profeta de la aurora”. Juan José Sebreli, en su magistral libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, presenta ricas citas de Ernesto Guevara como la recién citada, y otra en la que el joven argentino devenido en revolucionario global decía: “Todo jefe tiene que ser un mito para sus hombres”. Fidel Castro, efectivamente, se ha convertido en un mito para sus hombres y para muchos otros cubanos. Más trágico es que se haya convertido en mito para líderes políticos y sociales en Latinoamérica. La mitología castrista, arropada por unos y otros, sigue encandilando corazones. Y lo seguirá haciendo en tanto sus contrapartes demócratas insistan en promoverla de este modo.

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Por Julián Schvindlerman

  

El antisemitismo y sus descontentos – 22/05/09

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Generalmente se postula que conflictos como el último entre Israel y Hamas provocan antisemitismo mundial. Rápidamente comenzamos a ver críticas en la prensa, condenas en la ONU, urgentes reuniones diplomáticas seguidas de manifestaciones callejeras masivas -algunas violentas, todas apasionadas- e iniciativas de boicots, académicos o económicos, contra Israel. En esta atmósfera agitada no tardan en surgir comentarios y actos decididamente antisemitas. En rigor, sin embargo, es al revés. Es la judeofobia la que fomenta el conflicto árabe-israelí, y para comprobar ello basta leer la Carta de Hamas o Hizbullah, como anteriormente la de la OLP, o escuchar las diatribas feroces del presidente iraní Ahmadinejad, y ahora también del premier turco Erdogan, o ver prácticamente cualquier programa televisivo, árabe o palestino, y especialmente shows infantiles, donde típicamente hallaremos reprobaciones a los judíos, no solamente a los sionistas o a los israelíes.

A pesar de que los enemigos de Israel se declaran antisionistas y no antisemitas, sus actitudes los delatan. Tómese por caso España, donde una reciente encuesta de Pew Global Research detectó un 46% de opiniones desfavorables hacia los judíos. Allí se llevó a cabo meses atrás la más grande protesta popular anti-israelí de toda Europa, con cien mil manifestantes. En Bolivia, el gobierno del cocalero Evo Morales cortó lazos diplomáticos con Israel y al poco tiempo clausuró un Centro de Jabad Lubavitch sito en los montes so pretexto de venta de drogas. Aparentemente sería el único lugar en todo el territorio boliviano en el que circuló droga entre los mochileros extranjeros, principalmente israelíes, que lo visitaron.

Pero ha sido en Venezuela -el único país latinoamericano en expulsar al embajador israelí de su tierra (Bolivia también cortó lazos pero no había embajador allí)- donde el antiisraelismo más claramente se ha transformado en judeofobia. A pesar de los pronunciamientos pro-forma contrarios al antisemitismo (como ser la declaración conjunta firmada en diciembre último por Argentina, Brasil y Venezuela) lo cierto es que en Caracas una sinagoga fue blanco de un ataque de vandalismo y desde un sitio online oficial se instó a denunciar públicamente a los judíos pro-israelíes, boicotear sus negocios, confiscar sus propiedades para donarlas a los palestinos, y se refirió a Israel como “estado nazi” y “colonia eurogringa”. Grupos paraoficiales han distribuido públicamente ejemplares de Los Protocolos de los Sabios de Sión. Chávez, que ha sido distinguido por los gobiernos de Libia e Irán, ya había ordenado en el pasado allanamientos contra la más grande escuela y club judíos de Caracas y enviado a sus soldados a buscar armas ilegales allí en 2004 y 2007. En 2002, el presidente bolivariano atribuyó un golpe en su contra a “un complot sionista orquestado por el Mossad”, en 2005 en su mensaje de Navidad señaló que “algunas minorías, descendientes de los mismos que crucificaron a Cristo…tomaron todas las riquezas del mundo para ellos mismos”, y este año dijo por televisión: “El Holocausto, eso es lo que está pasando en estos momentos en Gaza”. Sus lamentaciones por la agresión a la sinagoga y su insinuación de que la “oligarquía” estaba detrás de ello no reaseguraron a muchos. Bajo su gobierno, Venezuela se está convirtiendo en un estado antisemita.

La Argentina ha presenciado un rebrote judeófobo. Movilizados por dirigentes islámicos, grupos de izquierda se han concentrado frente a la embajada de Israel en más de una ocasión, para arrojar zapatos y pronunciar epítetos maleducados. En un acontecimiento casi sin precedentes, una columna de militantes pretendió agredir a un destacado miembro de la colectividad judía. Posteriormente, en vivo por televisión, uno de los líderes de esa manifestación justificó el uso del término “rata” contra los judíos sionistas. Insólitamente, María José Lubertino, la oficial responsable del INADI (ente gubernamental contra la discriminación, que debe sancionar expresiones discriminatorias) pareció justificar la agresión al negarse a condenar el acto cuando afirmó que “el INADI no tiene nada que decir sobre los ataques antisemitas porque no es un organismo opinador” y al decir que “Israel violó reglas del derecho internacional y eso se le vino en contra”. El Ministro de Interior Aníbal Fernández inicialmente opinó que “no hay brote antisemita”. Singular inquietud provocó el hecho de que uno de los líderes de la protesta pública antiisraelí fuese el piquetero semioficial Luis D´Elía, quién contó hasta hace muy poco con apoyo de al menos algún sector del gobierno. Después de una protesta de la comunidad judía, el oficialismo modificó su postura. Libertino instó a D´Elía a que moderara sus expresiones y Fernández calificó de “locura” las declaraciones de la izquierda radical. Que la respuesta oficial ante los desmanes de los malvivientes fue insatisfactoria quedó demostrado unos meses mas tarde cuando integrantes del Frente de Acción Revolucionaria (FAR) agredieron con armas blancas y marciales en plena Plaza de Mayo a un conglomerado de judíos que celebraban el 61 Aniversario del Estado de Israel. Al allanar un local de este grupo -que posee una cooperativa que fabrica guardapolvos para el Estado Nacional- la policía federal halló bombas molotov, armas cortas y pancartas con el rostro de Hugo Chávez, quién, coincidentemente, acababa de visitar la Argentina. Desde la Casa Rosada una vez más negaron que hubiere un brote antisemita. Quizás creyeron en la acotación de un miembro de las FAR: “No somos antisemitas, somos antisionistas”…

En tanto esperamos quede develado a quién responden los fanáticos que accionaron con violencia, y en tanto nos reconfortamos con las denuncias y protestas plasmadas en los editoriales de los principales diarios argentinos, resultará pertinente advertir algo más. Durante la guerra de Hamas contra Israel el pasado enero, medios de prensa respetables han tergiversado los hechos alevosamente e incluso publicado caricaturas difamadoras; como ser una bota con una Estrella de David que aplastaba a una paloma en el diario Perfil, y un tanque israelí con una Cruz Gamada en Clarín. Estereotipos clásicos de la nueva judeofobia -los israelíes como enemigos de la paz, como genocidas nazis, o ambos- fueron de esta forma alentados por el periodismo establecido. Estas demonizaciones de Israel no crearon el accionar de las FAR o de Quebracho, pero sin dudas lo han facilitado, al dar una pátina de respetabilidad social a las opiniones más extremas denostadoras del estado judío. Este es un elemento insoslayable de cualquier evaluación social a propósito de cómo prevenir derroteros desafortunados que al menos cierta parte de la Argentina parece querer transitar.

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Un papa en tierra santa – 13/05/09

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La inminente visita de Benedicto XVI a Tierra Santa marcará el tercer viaje de un Sumo Pontífice a Israel en los últimos cuarenta y cinco años. Las dos visitas papales que lo anteceden han sido bien contrastantes.

Pablo VI fue el primer Papa en pisar suelo hebreo, en 1964, y lo hizo en el marco de un peregrinaje espiritual. En lo relativo a las relaciones Roma-Jerusalem, su viaje no tuvo el menor significado político. En aquellos tiempos, la Santa Sede no había entablado relaciones diplomáticas con Israel todavía y esa visita no promocionó tal desarrollo. Procedente de Jordania (donde la mayoría de los lugares santos cristianos se hallaban) Pablo VI ingresó a Israel a través de la Galilea en vez de la capital del estado; las autoridades israelíes debieron recibirlo en Meggido. Una vez allí, pasó menos de 24hs en el estado judío y rehusó reunirse con oficiales israelíes en Jerusalem. En ningún momento se dirigió al presidente israelí por el título de su investidura, sino como su excelencia». Durante toda su estadía se las ingenió para evitar pronunciar las palabras «Israel» o «estado judío». En Nazareth dio un discurso que parecía orientado a validar la Teoría del Desplazamiento: «Es la voz de Cristo promulgando el Nuevo Testamento; la nueva ley que tanto absorbe como supera a la vieja…». Antes de partir, hizo una defensa pública -en suelo israelí- del controvertido Pío XII: «Todos saben lo que Pío XII hizo por la defensa y rescate de todos aquellos que estaban en infortunio, sin ninguna distinción…». De regreso en Roma, envió un telegrama de agradecimiento dirigido a Tel-Aviv en lugar de Jerusalem, lugar de residencia del presidente. A pesar de que el Concilio Vaticano II estaba en curso al momento de concretarse esta visita papal, Pablo VI no empleó la ocasión de su presencia en Israel para renovar las relaciones religiosas con los judíos o los lazos políticos con los israelíes.

Treinta y seis años después, otro pontífice viajó a Israel. La visita de Juan Pablo II en el año 2000 también fue anunciada como una peregrinación espiritual, pero ocurrió en un contexto histórico muy distinto. Este Papa había reconocido diplomáticamente al estado judío y más que ningún otro pontífice en la historia del Vaticano había fomentado vínculos armoniosos con el pueblo hebreo. Aquel fue su viaje internacional número noventa y uno como Papa, de los ciento cuatro que realizó a ciento veintinueve países durante su pontificado. (Como Arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla había visitado la Tierra Santa en 1965). Juan Pablo II visitó Jerusalem, se reunió con oficiales israelíes, rindió tributo en el Museo del Holocausto, participó de un encuentro interreligioso, y rezó en el Muro de los Lamentos. Esta imagen simbólica fue luego motivo de una estampilla israelí y posteriormente un ministro viajó a Roma a presentarla. La visita no estuvo exenta de polémicas, pero fue de todos modos extraordinariamente positiva y dejó mensajes como éste: «La Iglesia Católica desea llevar adelante un diálogo interreligioso sincero y fructífero con los miembros de la fe judía…». Juan Pablo II legó a la Iglesia Católica la definitiva aceptación política y religiosa del estado judío. Ella significó un repudio a la teología anti-sionista de Pío X, el primer Papa en recibir en audiencia a un líder sionista. Durante su encuentro con Theodor Herzl- en 1904, el primero de su tipo- Pío X sustentó su rechazo al nacionalismo judío en premisas religiosas: «Los judíos no han reconocido a nuestro Señor, por consiguiente no podemos reconocer al pueblo judío…si Uds vienen a Palestina y asientan su gente allí, nosotros estaremos listos con iglesias y sacerdotes para bautizarlos a todos Uds». Noventa y seis años más tarde, otra sería la actitud de otro Sumo Pontífice hacia el sionismo.

Ante dos precedentes tan marcadamente dispares, resta por ver como será recordada esta nueva visita papal, ansiosamente esperada.

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Payasos en la onu – 29/04/2009

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Uno debe remontarse al año 1974 cuando el terrorista palestino Yasser Arafat fue invitado a disertar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para recordar un escándalo de similar envergadura como el ocurrido la semana última en Ginebra. Al invitar oficialmente al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad a orar en la inauguración de la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia e Intolerancia Relacionada, esta institución supranacional ha dejado una vez más en evidencia su caducidad moral. El espectáculo de un tirano racista negador del Holocausto dando un discurso en el marco de una cumbre de la ONU contra el racismo marcó un precedente memorable. El momento iconográfico por excelencia de este drama quedó capturado en las imágenes de tres estudiantes franco-judíos disfrazados de payasos arrojando narices postizas rojas al podio del orador. Ninguna crítica intelectual podría superar en efectividad e impacto visual el retrato plasmado por esos intrépidos jóvenes: la ONU como farsa circense.

El presidente iraní fue el único jefe de estado en viajar a Ginebra para la ocasión. Arribó con una comitiva de 180 delegados que el gobierno suizo albergó en alrededor de cuarenta habitaciones de hotel. Fue recibido por el presidente suizo Hans-Rudolf Merz, quién defendió posteriormente su decisión, y por el Secretario-General de la ONU Ban Ki-moon, quién aseguró haber instado al iraní a la moderación. Ahmadinejad calificó a Israel de régimen racista, cruel y opresivo», afirmó que era «una nación entera [creada] con el pretexto del sufrimiento judío», e instó a «erradicar este bárbaro racismo». Eso decepcionó a Ki-moon, pero la vocera de la ONU Marie Heuze afirmó que el presidente iraní había moderado su discurso. Según ella ha dicho a Associated Press, la parte relevante del discurso oficial en farsi decía: «Luego de la Segunda Guerra Mundial, ellos recurrieron a la agresión militar para destituir a una nación entera sobre el pretexto del sufrimiento judío y la cuestión dudosa y ambigua del Holocausto». Heuze señaló que Ahmadinejad omitió decir «dudosa y ambigua» y en su lugar refirió al «abuso de la cuestión del Holocausto». Que atento, ciertamente. ¿Qué haríamos sin la asistencia indispensable de los oficiales de la ONU? Este evento dividió a los países del mundo en dos categorías morales: aquellos que decidieron boicotearlo y aquellos que decidieron participar del mismo. En el primer grupo se destacó Canadá, la primera nación en hacer pública su no-participación. Le siguieron Israel, y después, Estados Unidos. Se sumaron Italia, Polonia, Australia, Nueva Zelanda, y Alemania; una vez que Ahmadinejad anunció que asistiría como Jefe de Estado. La República Checa se retiró de la toda la conferencia luego del discurso del líder iraní. Entre quienes permanecieron en la conferencia quedaron subdivididos en dos grupos a su vez: aquellas naciones que se retiraron de la sala ante la diatriba de Ahmadinejad, y aquellas que optaron por quedarse en el recinto. Muchos países europeos pertenecen al primer subgrupo; las naciones latinoamericanas, africanas, árabes y musulmanas se encontraron en el segundo.

La conferencia -denominada «Durban II» por ser un seguimiento de la primera y previa conferencia de la ONU contra el racismo que devino en un linchamiento moral de Israel, acaecida en Sudáfrica en 2001- costó u$s 5.3 millones. El comité preparador del encuentro fue presidido por Libia y estuvo compuesto por Pakistán, Cuba, Rusia y el propio Irán, entre otros. Según UN Watch, cerca de u$s 1.6 millones fueron aportados por países donantes, entre ellos Rusia (u$s 600.000), Arabia Saudita (u$s 150.000), Irán (u$s 40.000), China (u$s 20.000), Kuwait (cifra indeterminada) más una contribución simbólica de la OLP (u$s 1.700). Los restantes u$s 3.7 millones fueron tomado del presupuesto regular de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, lo que significa que incluso los países que la boicotearon pero aportan a las arcas de la ONU indirectamente han financiado esta reunión. Washington, que es el más grande contribuyente a la ONU (22% de todo su presupuesto), había retenido el importe proporcional para esta conferencia.

Esta nueva extravagancia de las Naciones Unidas sólo sirvió para socavar aún más la pobre imagen internacional de ella misma, denostar a un estado-miembro, ofender a (algunas) naciones libres, regalar publicidad a un negador del Holocausto, y encubrir los reales abusos humanitarios que acontecen urbi et orbi. «En una conferencia que prometió revisar la conducta de los países sobre el racismo», indicó Hillel Neuer de UN Watch en testimonio ante la Conferencia de Revisión de Durban, «¿Puede alguien decirme quién ha sido monitoreado?» Esta cumbre fue copada íntegramente por los opresores. Para ser oídas, las víctimas de los abusadores y activistas de derechos humanos debieron asistir a un foro paralelo organizado por unas cuarenta organizaciones humanitarias, fuera del marco de la ONU. Allí pudieron hablar el sobreviviente de la Shoá Elie Wiesel, el ex disidente soviético Natan Sharansky, el activista Saad Edin Ibrahim (encarcelado durante tres años por el gobierno egipcio), Kristyiana Valcheva y Ashraf El-Hajoj (enfermera búlgara y médico palestino respectivamente, arrestados y torturados por el régimen libio bajo cargos falsos), Ahmad Batebi (pasó nueve años en cárceles iraníes por haber mostrado a la prensa internacional la remera ensangrentada de un amigo en una manifestación en Teherán), Ester Mujawayo (sobreviviente del genocidio contra los tutsis en Rwanda), Gibreil Hamid (darfuriana sobreviviente del genocidio sudanés), Soe Aung (opositora a la junta de Burma), y José Catillo (ex prisionero político en Cuba) entre muchos otros.

El mismo día que comenzó la conferencia de la ONU en Ginebra, el escritor Gerd Honsik fue llevado a juicio en Viena por negar públicamente el Holocausto. En febrero, la Argentina expulsó al obispo británico Williamson por el mismo motivo. Sin embargo, ni Austria ni Argentina boicotearon Durban II, y esta última ni siquiera abandonó la sala cuando habló el presidente iraní. Seguramente, ni Honsik ni Williamson negocian con estas dos naciones en volúmenes de millones de dólares, como la República Islámica de Irán lo hace. Pero por el bien de la consistencia más elemental, Austria, la Argentina y el resto del mundo libre deberían repudiar a Ahmadinejad con la misma determinación con la que sancionan a sátrapas de similar calibre. Si negar el Holocausto es un delito moral en Viena y en Buenos Aires, no debiera dejar de serlo en Ginebra o en Teherán.

Originalmente publicado en Libertad Digital

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Por Julián Schvindlerman

  

Obama y el medio oriente – 08/04/09

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El mensaje nodal de la campaña que llevó a Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos se centró en el cambio y en la esperanza. Fiel a la promesa, al poco tiempo de asumir funciones, la flamante Administración Obama publicitó anuncios y adoptó decisiones que, en lo referido al Medio Oriente al menos, parecieran estar orientadas a tomar rápida distancia del legado de George W. Bush.

El anuncio de la retirada gradual de las tropas apostadas en Irak, el refuerzo de recursos hacia Afganistán, la declaración a favor del cierre de la cárcel en la Bahía de Guantánamo, la disposición a incorporar a Irán en una cumbre mundial sobre Afganistán, y el envío de dos emisarios estadounidenses a Damasco, pueden verse como manifestaciones de la nueva orientación. Indicios de cambio de política pueden verse también en los dos ofrecimientos insinuados por la nueva Casa Blanca a Teherán y a Moscú. Al primero, en un muy público mensaje hecho por el propio presidente al régimen iraní, y al segundo mediante la sugerencia de que Washington estaría dispuesta a reconsiderar su programa de instalaciones de radares y sistemas de misisles anti-misiles en Polonia y la República Checa si Rusia fuese a reevaluar su apoyo a los ayatollahs.

Las respuestas a estas frescas iniciativas no se hicieron demorar. “No creo que ningún intercambio sea posible al respecto” afirmó el presidente ruso Dimitry Medvedev a la BBC. “No aceptaremos ninguna oferta de negociaciones que vaya de la mano de la fuerza” dijo el líder supremo iraní, ayatollah Alí Khamenei. “La nueva administración estadounidense dice que quiere olvidar el pasado, pero la nación iraní no puede olvidar tan fácilmente”, agregó. ¿Sorprendente? Apenas. Había un motivo por el cual la Administración Republicana optó por no apelar al diálogo con Irán y jugar al apaciguamiento con Rusia, y la Administración Demócrata no debiera desechar consideraciones de peso por el sólo hecho de que ellas eran parte integral de la política mesoriental del presidente Bush.

La actitud que informa a la cosmovisión del nuevo gobierno referida al Medio Oriente puede advertirse en una cita del discurso inaugural del presidente Obama. Los primeros discursos presidenciales son verdaderas cartas de presentación. Ellos tienen gran valor político y dan testimonio del pensamiento de la nueva Casa Blanca. Al dirigirse al Medio Oriente y más allá, dijo el nuevo presidente: “Al mundo musulmán, buscamos un nuevo camino hacia delante, basado en intereses mutuos y respeto mutuo”. En una entrevista posterior con la televisión al-Arabiya, Obama habló de restaurar el “mismo respeto y sociedad que Estados Unidos tuvo con el mundo musulmán en tiempos tan recientes como hace veinte o treinta años atrás”.

No todos estuvieron felices con la apología. En “el presunto invierno de nuestra falta de respeto hacia el mundo islámico” observó el comentarista Charles Krauthammer, “Estados Unidos no solamente respetó a los musulmanes, sangró por ellos”. Efectivamente, en seis intervenciones militares diferentes, soldados estadounidenses arriesgaron y muchos dieron sus vidas para salvar a poblaciones musulmanas acosadas. Aún cuando la motivación norteamericana hubiere respondido a la preservación de sus intereses geoestratégicos, estas campañas resultaron en la liberación de millones de musulmanes hostigados. Las invasiones de Irak y de Afganistán en las realidades del post- 9/11, así como la guerra por Kuwait de 1991, fueron expresiones claras de incursiones militares orientadas a la protección de los intereses nacionales e internacionales de Estados Unidos; aún así, hubo poblaciones islámicas beneficiadas. Por el contrario, las intervenciones en Bosnia, Kosovo y Somalía fueron motivadas principalmente por consideraciones humanitarias. Tal como señaló Krauthammer, ninguna otra nación hizo más por musulmanes oprimidos en los últimos veinte años que los Estados Unidos de América. En cuanto al idilio perdido de veinte o treinta años atrás, es difícil imaginar exactamente a que momento histórico aludió Obama, si es que a alguno. Precisamente treinta años atrás, Irán cayó en manos de los islamistas komehinistas y a partir de entonces advino la peor era en las relaciones Washington-Teherán.

Las naciones, al igual que los hombres, tienden a idealizar el pasado. Al menos el pasado distante. Pero el idilio perdido de tres décadas atrás entre el Islam y Occidente sencillamente no existió. Curiosamente para una nueva administración proclive a la glorificación del pasado, su propia actitud hacia el pasado reciente ha sido negativa, como puede verse en sus recurrentes críticas a las políticas de Bush. El último gobierno en Washington ha sido usualmente vilipendiado por su decisión de ir a la guerra en Irak y por su distanciamiento de los vaivenes diarios del conflicto palestino-israelí, entre otros asuntos, y en general por haber legado un Medio Oriente convulsionado. No obstante, tendemos a olvidar cuál era la situación en el Medio Oriente heredada por los republicanos de los demócratas entrado el siglo XXI. Antes que Bill Clinton dejara la Casa Blanca, las fallidas tratativas de Camp David habían dado lugar a la segunda intifada palestina, Siria ocupaba El Líbano, los talibanes gobernaban en Afganistán, Saddam Hussein controlaba Irak, la Libia de Qaddafi buscaba armamento no convencional, y Al-Qaeda planeaba en las sombras los atentados del 9/11. Nadie objetivo caracterizaría semejante legado positivamente.

El punto crucial que Barack Obama y su entorno deberá entender es que no todo depende de Washington a propósito del destino del Medio Oriente. Ciertamente Estados Unidos tiene una capacidad de influir en esa región como pocos actores internacionales, pero ella no está menos afectada por su propia naturaleza, sus vicios y sus aflicciones. A la vez que deseamos éxitos a una nueva administración que busca la fórmula adecuada para una justa aproximación al Medio Oriente, nos cabe esperar que su ambición sea templada por el realismo de la experiencia sin necesariamente sacrificar el optimismo de la esperanza prometida en la campaña.

Publicado originalmente en Comunidades