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Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Judíos contra Sión – 19/08/09

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La noticia divulgada por Associated Press a comienzos de agosto a propósito de un integrante judío israelí del movimiento palestino Fatah debe haber levantado más de una ceja entre los lectores.

Uri Davis fue uno de los alrededor de setecientos miembros de Fatah que se postuló para uno de los ochenta y nueve asientos del Consejo Revolucionario de esta agrupación que ha controlado el destino de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) por décadas y ha sido la fuerza dominante en la Autoridad Palestina (AP) desde su creación en 1994. En los años sesenta, Davis rehusó sumarse al ejército, algo que en aquella época era considerado alta traición por la sociedad israelí, se casó con una mujer palestina, escribió un libro antisionista en los años setenta, se exilió y unió a Fatah en los años ochenta, convirtiéndose en director de su oficina londinense en tiempos en los que este grupo perpetraba atentados terroristas contra los judíos en Israel y Europa principalmente. Un caso singular, ciertamente.

O quizás no tanto. Pues Davis -que se autodefine como un palestino hebreo-parlante del “estado apartheid de Israel”- no es el único judío en haber simpatizado con el nacionalismo palestino. De los extremos de la sociedad israelí han surgido grupos o personajes controvertidos que han dado apoyo a los nacionalistas palestinos a lo largo del tiempo. Miembros del movimiento ultraortodoxo Neturei Karta, por ejemplo, han visitado a Yasser Arafat cuando convalecía en un hospital parisino en el año 2004 y se han manifestado a favor de ataques terroristas contra Israel. (También han respaldado a Mahmoud Ahmadinehad en Teherán por su diatriba antisionista y negadora de la Shoá). Emanando del lado laico y de la izquierda radical, agrupaciones como Betselem, Paz Ahora y Rabinos por los Derechos Humanos, sin llegar a estos niveles aberrantes, han sistemáticamente elegido respaldar los reclamos nacionalistas de los palestinos en desmedro de los intereses israelíes, contribuyendo a la difamación global de su propio país con sus actividades, reportes y comunicados tendenciosos.

La oposición judía a Sión se remonta a los tiempos del Mandato Británico sobre Palestina e incluyó en sus filas a pensadores estelares a los que no se les podría atribuir sufrir la patología del auto-odio. Martin Buber, por caso, escribió en 1939 -al año de haber arribado a Palestina y a dos meses del inicio de la Segunda Guerra Mundial- un artículo en el diario Haaretz en el que acusaba al Sionismo de “realizar acciones de Hitler en la tierra de Israel, porque ellos [los sionistas] quieren servir al dios de Hitler [el nacionalismo] después de que éste reciba un nombre judío.” Con anterioridad, el reformismo judeo-alemán del siglo XIX decidió expurgar de sus textos litúrgicos las referencias a Jerusalem y a la Tierra de Israel con el objeto de eliminar todo vestigio nacionalista. Para ellos, los judíos constituían una religión y no una nación con reclamos soberanos válidos. En el otro extremo, la ortodoxia rabínica era antisionista en virtud de su mesianismo fundamentalista. En la Rusia post-revolucionaria de principios del siglo XX, los bolcheviques judíos eran profundamente antisionistas. Uno de sus líderes más destacados, el judío ateo León Trotsky, veía a Theodor Herzl como una “figura repulsiva”. Hoy, parte de los judíos residentes en la diáspora fieramente críticos de Israel suelen estar fuera del marco comunitario (aunque de ningún modo ese es siempre el caso), y -en palabras del psiquiatra y profesor de Harvard Kenneth Levin – “su única afiliación con asuntos judíos tiene que ver con sus ataques a Israel”. Juan Gelman y Pedro Brieger tipifican esta categoría en la Argentina.

El tópico de la enajenación de algunos judíos respecto de su propia identidad y de su sentido de pertenencia a su propio pueblo ha preocupado a historiadores por largo tiempo. Un reciente ensayo del profesor Alvin Rosenfeld de la Universidad de Indiana, titulado “Pensamiento ´Progresista´ Judío y el Nuevo Antisemitismo” examinó los escritos de varios intelectuales judíos anti-israelíes del mundo anglo tales como Tony Kushner, Jacqueline Rose y Tony Judt entre otros. Similar preocupación llevó a Theodor Lessing ha publicar, en 1930, un libro titulado “El Amor-Odio de los Judíos” en cuyas páginas estudió los casos de seis judíos prominentes que repudiaron su identidad, entre ellos Otto Weininger y Arthur Trebitsch. El filósofo austriaco Weininger terminó quitándose la vida por eso, en tanto que el periodista vienés Trebitsch se convirtió al cristianismo e instó a los alemanes a no ceder en su lucha contra los judíos: “¡Permaneced firmes! ¡No tengáis piedad! ¡Ni siquiera conmigo!”.

Entre quienes evidenciaron alienación (en distintos grados) respecto de su judaísmo, contamos a Karl Marx, quién dejó testimonio de su sentir en el panfleto de 1843 “Sobre la Cuestión Judía”; a Rosa Luxemburgo, que en una carta privada respondió a un colega “¿Por qué recurres a mí con tus penas especiales judías?…No puedo hallar un rincón especial de mi corazón por el ghetto”; y a Gertrud Stein, quién en 1934 dijo al New York Times que “Hitler debió haber recibido el Premio Nobel de la Paz”. Hannah Arendt no tuvo inhibición en ser amante del profesor nazi Martin Heidegger y lo promovió en círculos intelectuales aún después de la guerra. Friedrich Stahl se convirtió al cristianismo, se hizo profesor de derecho eclesiástico en la Universidad de Berlín, y fue líder del antisemita Partido Conservador Cristiano. Todos ellos seguramente coincidirían con la aseveración del poeta judío alemán converso al cristianismo Heinrich Heine, de que “el judaísmo no es una religión sino una desgracia”.

Aún más atrás en el tiempo, podemos identificar a judíos que trocaron el judaísmo por el catolicismo (cuando el segundo pujaba por anular al primero) y se transformaron en antisemitas impiadosos. Entre sus filas, según ha escrito Gustavo Perednik, han militado -especialmente en el Medioevo- Petrus Alfons, Nicholas Donin, Pablo Christiani, Avner de Burgos, Guglielmo Moncada y Alessandro Franceschi.

Así es que Uri Davis, el exótico judío israelí de Fatah, no encarna un fenómeno tan excepcional; él integra un linaje trágico que hace a una parte verdaderamente alucinante de la historia judía.

Guysen International News

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Por Julián Schvindlerman

  

Un canciller Israelí en Sudamérica – 06/08/09

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En 1947, trece de los entonces veinte países latinoamericanos en las Naciones Unidas votaron a favor del Plan de Partición. América Latina jugó un papel crítico en esa votación. Hoy, eso es historia antigua. En las últimas décadas, las naciones latinoamericanas han virado hacia posturas que oscilan entre la neutralidad y la contrariedad en lo relativo a las cuestiones israelíes. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Lieberman -la primera de un canciller israelí a la región en veintitrés años- claramente ha apuntado a reforzar los lazos bilaterales.

Lieberman visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia. En todos estos países -salvo la Argentina- fue recibido por los presidentes, además de otros funcionarios de alto rango. A excepción de manifestaciones callejeras de bajo impacto, ocasionales pegatinas de afiches ofensivos, y el infaltable repudio de grupos radicales judíos, el viaje del canciller por la región pasó sin mayor escándalo y contribuyó a solidificar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. Como trasfondo de la visita del canciller se encuentra la creciente penetración iraní en el hemisferio occidental. Ello en parte posiblemente explique el renovado interés israelí por América Latina. Recientemente, ha viajado a Panamá y a Costa Rica el Ministro de Seguridad Pública Yitzjak Aharonovitch, ha participado de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Honduras el Vice-Ministro Danny Ayalon, en agosto estará en Paraguay y Ecuador el ministro Uzi Landau, y ha sido anunciada una visita del Presidente Shimon Peres para noviembre. Los diplomáticos israelíes parecen haber descubierto que el sur también existe.

A lo largo de su estadía en nuestro país, tuve la oportunidad de escuchar dos veces al canciller. Durante una minúscula y brevísima conferencia de prensa ante periodistas comunitarios en la cuál aceptó cinco preguntas a lo largo de quince minutos, y durante un almuerzo organizado en su honor en el Hotel Alvear donde pude escucharlo por más tiempo. Con el aditamento de la entrevista exclusiva que concedió al diario La Nación, podemos darnos una idea del mensaje que trajo a la región. Cinco puntos pudieron ser detectados con claridad: a) reforzar lazos con Sudamérica, como complemento a la relación especial con Washington y al vínculo cotidiano con la Unión Europea y otros actores internacionales; b) alertar sobre la creciente influencia iraní en estas tierras y denunciar la naturaleza del régimen ayatollah; c) subrayar la no-centralidad del problema palestino como el asunto más acuciante a nivel regional; d) señalar la amenaza global del terrorismo fundamentalista islámico; y e) apoyar a la comunidad judía local en el reclamo de esclarecimiento por el atentado contra la AMIA. Estos cinco asuntos no agotan una agenda mayor de preocupaciones plasmadas en entrevistas, conversaciones y discursos pronunciados durante su visita, pero parecen reflejar fielmente al menos varias de las inquietudes contemporáneas de la diplomacia israelí, algunas de las cuáles tocan directamente a América Latina.

Nadie debiera albergar expectativas desmedidas acerca de nuevas actitudes latinoamericanas hacia el Medio Oriente como resultado de esta visita (por caso, Brasilia ya anunció que recibirá en breve al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad). A la vez, tampoco nadie debiera minimizar el impacto positivo que esta gira pudiere haber tenido en la transmisión de la perspectiva israelí a los políticos latinoamericanos. A la luz de las realidades geopolíticas regionales e internacionales, el viaje del canciller Lieberman ha sido oportuno y atinado.

Originalmente publicado en Comunidades

Comunidades, Comunidades - 2009

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Un canciller Israelí en sudamérica – 05/08/09

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En 1947, trece de los entonces veinte países latinoamericanos en las Naciones Unidas votaron a favor del Plan de Partición. América Latina jugó un papel crítico en esa votación. Hoy, eso es historia antigua. En las últimas décadas, las naciones latinoamericanas han virado hacia posturas que oscilan entre la neutralidad y la contrariedad en lo relativo a las cuestiones israelíes. La visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Israel Avigdor Lieberman -la primera de un canciller israelí a la región en veintitrés años- claramente ha apuntado a reforzar los lazos bilaterales.

Lieberman visitó Brasil, Argentina, Perú y Colombia. En todos estos países -salvo la Argentina- fue recibido por los presidentes, además de otros funcionarios de alto rango. A excepción de manifestaciones callejeras de bajo impacto, ocasionales pegatinas de afiches ofensivos, y el infaltable repudio de grupos radicales judíos, el viaje del canciller por la región pasó sin mayor escándalo y contribuyó a solidificar las relaciones diplomáticas y comerciales entre las partes. Como trasfondo de la visita del canciller se encuentra la creciente penetración iraní en el hemisferio occidental. Ello en parte posiblemente explique el renovado interés israelí por América Latina. Recientemente, ha viajado a Panamá y a Costa Rica el Ministro de Seguridad Pública Yitzjak Aharonovitch, ha participado de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en Honduras el Vice-Ministro Danny Ayalon, en agosto estará en Paraguay y Ecuador el ministro Uzi Landau, y ha sido anunciada una visita del Presidente Shimon Peres para noviembre. Los diplomáticos israelíes parecen haber descubierto que el sur también existe.

A lo largo de su estadía en nuestro país, tuve la oportunidad de escuchar dos veces al canciller. Durante una minúscula y brevísima conferencia de prensa ante periodistas comunitarios en la cuál aceptó cinco preguntas a lo largo de quince minutos, y durante un almuerzo organizado en su honor en el Hotel Alvear donde pude escucharlo por más tiempo. Con el aditamento de la entrevista exclusiva que concedió al diario La Nación, podemos darnos una idea del mensaje que trajo a la región. Cinco puntos pudieron ser detectados con claridad: a) reforzar lazos con Sudamérica, como complemento a la relación especial con Washington y al vínculo cotidiano con la Unión Europea y otros actores internacionales; b) alertar sobre la creciente influencia iraní en estas tierras y denunciar la naturaleza del régimen ayatollah; c) subrayar la no-centralidad del problema palestino como el asunto más acuciante a nivel regional; d) señalar la amenaza global del terrorismo fundamentalista islámico; y e) apoyar a la comunidad judía local en el reclamo de esclarecimiento por el atentado contra la AMIA. Estos cinco asuntos no agotan una agenda mayor de preocupaciones plasmadas en entrevistas, conversaciones y discursos pronunciados durante su visita, pero parecen reflejar fielmente al menos varias de las inquietudes contemporáneas de la diplomacia israelí, algunas de las cuáles tocan directamente a América Latina.

Nadie debiera albergar expectativas desmedidas acerca de nuevas actitudes latinoamericanas hacia el Medio Oriente como resultado de esta visita (por caso, Brasilia ya anunció que recibirá en breve al presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad). A la vez, tampoco nadie debiera minimizar el impacto positivo que esta gira pudiere haber tenido en la transmisión de la perspectiva israelí a los políticos latinoamericanos. A la luz de las realidades geopolíticas regionales e internacionales, el viaje del canciller Lieberman ha sido oportuno y atinado.

Judíos contra sión – 19/08/2009″

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Por Julián Schvindlerman

  

El espectro del terror – 08/07/09

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Según el más reciente informe anual sobre terrorismo del Departamento de Estado de los EE.UU., el año pasado hubo 11.770 atentados internacionales, y 54.747 personas resultaron muertas, heridas o fueron secuestradas por terroristas. La mayor cantidad de atentados tuvo lugar en el Cercano Oriente mientras que en el Sur de Asia se contaron la mayoría de las víctimas fatales. A su vez, ambas regiones absorbieron el 75% de los 235 atentados de alta letalidad (aquellos que provocaron la muerte a diez o más personas) en el 2008.

Los redactores del informe son extremadamente equívocos al lidiar con la identidad de los atacantes, pero piadosamente admiten que a) los Talibanes, más que ningún otro grupo, clamaron autoría por la mayor cantidad de atentados y de fatalidades, y que b) al-Shabaab al-Islamiya fue el segundo grupo terrorista más mortífero. En la jerga políticamente correcta de los diplomáticos de Washington, ésta sea posiblemente su manera de decir que agrupaciones terroristas islámicas han sido las responsable de la comisión del mayor número de atentados en el mundo, y de la ocasión de la mayor cantidad de víctimas.

Eso no debiera sorprender a la luz de que 29 sobre un total de 44 organizaciones designadas como terroristas globalmente por el Departamento de Estado son musulmanas, incluyendo grupos seculares. Entre las restantes figuran grupos tales como Sendero Luminoso, FARC, Real IRA, Kahane Jai, Aum Shinrikyo, y el Partido Comunista de las Filipinas entre otros. El informe indica que un número sustantivo de víctimas ha sido musulmán, especialmente en países tales como Irak, Pakistán y Afganistán. El último atentado terrorista espectacular (por usar un término) ocurrió en Mumbai en diciembre de 2008, y tiene antecedentes de similar calibre en Londres en 2005, Madrid en 2004, y -el más impactante, medido en originalidad de planificación, simpleza de ejecución y factor atrocidad- Washington y Nueva York en 2001.

El atentado contra la sede de la AMIA en 1994 presagió esta oleada de terrorismo de envergadura, tal como lo habían hecho innumerables atentados islamistas de menor dimensión pero igual intención contra israelíes y judíos en el Medio Oriente y en el resto del mundo con anterioridad. Especialmente a partir del 2001, dos características distintivas pudieron ser detectadas en la reacción internacional; en función a la identidad de los atacantes y en función a la identidad de las víctimas. Es decir: a) evitar identificar expresamente a los perpetradores cuando éstos fueran musulmanes, y b) distinguir conceptualmente la naturaleza del atentado cuando las víctimas fueran israelíes.

De esta forma, intensos esfuerzos fueron realizados para diluir al límite de la más completa confusión la identidad de los terroristas musulmanes, en el primer caso; y en separar la Jihad lanzada por islamistas contra israelíes de aquella lanzada por islamistas contra no-israelíes, en el segundo de los casos. Esto dio lugar a dos tipos de situaciones extrañas. Una tal en la que terroristas musulmanes que invocando el nombre de Allah y abiertamente anunciando que anhelaban masacrar a la mayor cantidad de infieles llevaban a cabo atentados suicidas con aprobación religiosa, eran descritos por órganos de prensa con eufemismos tales como activistas», «militantes» e incluso «jóvenes» o «ciudadanos de otros países», en los cuáles las palabras «terrorista» y «musulmán» eran deliberadamente desconectadas. Otra tal en la que intelectuales, políticos y formadores de opinión estiraban al límite del absurdo la noción de que, de alguna manera, hacer estallar micros repletos de civiles en las calles de Tel-Aviv era algo diferente respecto de hacerlos estallar en las calles de Londres o Madrid; aún cuando en ambos casos los perpetradores de tales actos profesaran la fe islámica.

Al conmemorar el quinceavo aniversario de la voladura de la AMIA, advertimos que así como los actos de terror islamistas han hecho metástasis por todos lados, también lo han hecho la incomprensión acerca del terrorismo y del islamismo y la falta de determinación de dar respuestas reales a la combinación de ambos: el terrorismo fundamentalita islámico. Esta proliferación planetaria de corrección política y cobardía intelectual es la peor forma posible de rendir tributo a las víctimas de este y cualquier otro atentado, cuyas muertes trágicas e innecesarias debieron habernos impulsado a deshacernos de nuestra pereza moral a la hora de combatir el Mal.

Comunidades, Comunidades - 2009

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Por Julián Schvindlerman

  

La paz realista de Netanyahu – 24/06/09

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La exigencia de Netanyhau que los palestinos reconozcan a Israel como el estado judío está arruinando la oportunidad para la paz». – Hosni Mubarark, Presidente de Egipto.

En su importante discurso pronunciado el 14 del corriente, el Primer Ministro de Israel comenzó y finalizó subrayando el anhelo de paz israelí. «Me dirijo a todos los líderes árabes esta noche y digo: reunámonos. Hablemos de paz y hagamos la paz. Estoy dispuesto a reunirme con Uds. en cualquier momento. Estoy dispuesto a ir a Damasco, a Riyhad, a Beirut, a cualquier lado…». Continuó: «Queremos vivir con Uds. en paz…nadie en Israel desea la guerra». Y finalizó: «Llamo a los líderes del mundo árabe y al liderazgo palestino, continuemos juntos el sendero de Menajem Begin y Anwar Sadat, Yitzjak Rabin y el Rey Hussein». Una vez asentado ello, Netanyahu procedió a elaborar a propósito de la historia del conflicto partiendo de una pregunta obvia: «¿Si las ventajas de la paz son tan evidentes, debemos preguntarnos porqué la paz permanece tan remota, aún cuando nuestra mano permanece estirada hacia la paz?». El premier respondió a ello elevando unas cuantas verdades históricas: «Los árabes rechazaron cualquier estado judío, en cualesquiera fronteras»; «Aquellos que creen que le enemistad continua hacia Israel es producto de nuestra presencia en Judea, Samaria y Gaza, está confundiendo causa y consecuencia»; «La aseveración de que las retiradas territoriales traerán la paz con los palestinos, o al menos avanzarán la paz, hasta el momento no ha resistido el testeo de la realidad». Tal como sus predecesores, se expresó a favor de un estado palestino. A diferencia de éstos, lo condicionó a que sea desmilitarizado, a que los refugiados palestinos sean integrados «fuera de las fronteras de Israel», y a que los palestinos reconozcan a Israel «como un estado judío». Sobre Jerusalem, Netanyahu insistió en que permanecerá como «la capital unida» de Israel.

Palestinos y árabes respondieron indignados. Sin embargo, no hay nada controvertido ni ilógico en la postura de Netanyahu. Si ante cada concesión territorial, los enemigos de Israel han empleado esas zonas liberadas para lanzar guerras de agresión, resulta sensata la exigencia de la desmilitarización. Su objetivo no es inhibir la soberanía palestina por capricho nacionalista de Israel, sino resguardar a Israel del cahuvinismo revanchista palestino y del fundamentalismo islamista que lo rodea. Si los palestinos algún día tendrán su patria propia, luce enteramente normal la idea de que su diáspora vaya a ser absorbida en el nuevo estado en lugar del estado del vecino. Ni tampoco parece coherente la noción de los palestinos quieran un estado propio judenrein a la par que demanden un estado binacional en el territorio de Israel. En cuanto al requisito de reconocimiento de Israel como un estado judío, debe recordarse que así fue exactamente como fue planteado por la Resolución 181 de la ONU que facilitó su creación. Y los musulmanes debieran ser los últimos en cuestionar el principio de que un estado priorice cierta religión a nivel nacional. En cuanto a Jerusalem, Netanyahu no ha hecho más que abrazar la postura maximalista que prácticamente todos los palestinos -desde Arafat hasta el sastre de la esquina- han estado declarando por décadas; que Jerusalem será la capital de su hogar nacional. ¿Desde cuando encuentran a la intransigencia tan irritante?

La belleza del discurso de Bibi Netanyahu radica en su simpleza. Por primera vez desde los Acuerdos de Oslo casi dos décadas atrás, un líder israelí ha definido inequívocamente las líneas rojas de Israel en su incesante búsqueda de la paz. Netanyahu ha arrojado la pelota al campo árabe y palestino…y éstos la patearon fuera de la cancha. Dijeron que con estas reglas no quieren jugar. Pretenden el mantenimiento de los parámetros usuales: encogimiento de las fronteras de Israel, inundación del reducido país con población hostil, estrangulamiento demográfico del único estado judío del mundo, privación de su capital histórica, etc. Típica ha sido la respuesta -de valor histórico- de Mubarak arriba citada, la que encapsula mágicamente la falacia de la presunta moderación árabe. Eso fue dicho al día siguiente del discurso de Netanyahu. Cuatro días después, el presidente egipcio publicó una columna de opinión en The Washington Post en la que afirmó que «Un acuerdo histórico está al alcance» y que «la parte árabe está dispuesta a reciprocar pasos serios hacia la paz que adopte Israel». ¿Por qué no alterar el orden, para variar? Que primero los países árabes normalicen relaciones diplomáticas con Israel y luego Israel reciproque sus -¿cómo lo expresó Mubarak?- «pasos serios hacia la paz».

De todos los líderes de la región, Mubarak es el último que debiera hacerse el ingenuo. Fue en su propia tierra, en El Cairo, donde apenas diez días antes del mensaje de Netanyahu, habló el presidente Barack Obama y advirtió a los líderes árabes de la necesidad de modificar su postura tradicional. El presidente Obama fue inequívoco: «Finalmente, los estados árabes deben reconocer que la Iniciativa de Paz Árabe fue un comienzo importante, pero no el fin de sus responsabilidades. El conflicto árabe-israelí no debiera más ser usado para distraer al pueblo de las naciones árabes de otros problemas. En lugar de ello, debe ser una causa para la acción para ayudar al pueblo palestino a desarrollar las instituciones que sostendrán su estado; reconocer la legitimidad de Israel; y elegir el progreso por sobre un foco auto-destructivo en el pasado».

Quizás hubo malentendidos de traducción. O quizás no puedan cambiar el chip. Deberán recapacitar. En el siglo XXI, no saber inglés ni computación no es una opción.

Comunidades, Comunidades - 2009

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Por Julián Schvindlerman

  

Irán a las puertas de america latina – 10/06/09

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El 1 de mayo, la cadena de noticias CNN informó que la flamante Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América, Hillary Clinton, definió a las incursiones de la República Islámica de Irán en nuestra región como bastante perturbadoras». El 23 del mismo mes, el diario Panamá América advirtió en un editorial que Irán «extiende sus amenazas a otras regiones». Tres días más tarde, en su edición del 26 de mayo, el New York Times reprodujo un cable de Associated Press que publicaba una denuncia del Estado de Israel referida a la provisión venezolana y boliviana de uranio a Teherán para su programa nuclear. Estas noticias no hacen más que confirmar un desarrollo que se ha venido afirmando en los últimos cuatro años: la creciente influencia iraní en Latinoamérica.

Teherán posee lazos bilaterales históricos con algunos países del hemisferio occidental; el nuevo enfoque regional de la diplomacia iraní es la novedad. Desde el ascenso de Mahmoud Ahmadinejad a la presidencia ha habido una reorientación de los esfuerzos diplomáticos de la república islámica hacia Latinoamérica. Por caso, el presidente iraní ha visitado la región más veces que el presidente George W. Bush. Los objetivos iraníes son múltiples. El régimen de Teherán necesita forjar nuevas alianzas internacionales a la luz del ostracismo al que está siendo incrementalmente sometido debido a su programa nuclear. En este sentido Latinoamérica ofrece una zona de simpatía natural en aquellos sectores decididos a permanecer en el Tercer Mundo. Será pertinente recordar que durante la votación en la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) del año 2006 solamente tres países votaron a favor de Irán en la cuestión nuclear, dos de ellos latinoamericanos: Siria, Cuba y Venezuela. A su vez, los ayatollahs pretenden servir de contrapeso a Washington en su zona de influencia tradicional, a modo de represalia por la presencia estadounidense en el Medio Oriente, bajo designio imperial de Irán. No debe descartarse tampoco la posibilidad de que la nación islámica esté buscando mercados económicos alternativos ante el prospecto de sanciones robustas futuras en el marco multilateral de las Naciones Unidas, regional de Europa, o unilateral -como ya rige- de Estados Unidos. La expansión del chiísmo iraní -en puja con el sunismo árabe en el Medio oriente- bien podría ser otro factor: a partir de los años noventa tribus totxiles en México y Wayuu en Venezuela ha sido convertidas al Islam chiíta. Como beneficio extra, al mostrarse con líderes latinoamericanos, Ahmadinjead puede buscar mejorar su pobre imagen domestica, de cara a las elecciones próximas especialmente.

El profesor argentino Erwin Viera ha caracterizado a Venezuela como el puerto de entrada de Irán a América Latina. Comparten vínculo estrecho desde el surgimiento de la OPEC en los años sesenta, pero con Chávez y Ahmadinejad en el poder la relación política se consolidó y la comercial se expandió. Ambos poseen un estilo estridente signado por la diatriba anti-estadounidense, anti-israelí, anti-occidental y anti-judía. Hugo Chávez dio status de observador a Irán en el ALBA (la Alternativa Bolivariana de las Américas compuesta por Bolivia, Cuba, Ecuador, República Dominicana, Honduras y Nicaragua) en tanto que Chávez fue premiado por el gobierno ayatollah por su apoyo al programa nuclear de Irán. Irán es el segundo inversor en Venezuela, luego de Estados Unidos; todo un símbolo del pragmatismo del líder bolivariano. En abril último, Caracas y Teherán fundaron el Banco Binacional Venezolano-Iraní con aportes iniciales de USD 200 millones cada parte. Existe un vuelo transoceánico Teherán-Caracas, con escala en Damasco, cuyos pasajeros y pertenencias ingresan semanalmente a Venezuela sin control aduanero alguno, según testimonios recogidos. Algunas universidades venezolanas ya enseñan farsi, el idioma iraní. Caroline Glick ha escrito en el Jerusalem Post que un miembro venezolano de Hizbullah, Tarek el-Aissami, fue designado como jefe de la agencia de pasaportes venezolana; posteriormente nombrado Ministro de Justicia e Interior. El año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos definió al diplomático venezolano apostado en Damasco y Beirut, Ghazi Nasr al-Din, como agente del Hizbullah. El académico israelí Ely Karmon, citando a un diario kuwaití, indicó que en abril del año pasado el director de relaciones internacionales de Hizbullah, Nawaf Musawi, participó de un evento en la embajada venezolana en Beirut que marcaba un nuevo aniversario del fracaso del golpe anti-chavista. Algunos se han preguntado cuanto tiempo pasará antes de que Hugo Chávez invite a la marina iraní a sus costas, tal como ha hecho con la marina rusa meses atrás.

Venezuela lidera, pero otros países la siguen. Tal como ha informado el ex oficial de contraterrorismo de la CIA John Kiriakou en Los Angeles Times, Evo Morales decidió el año pasado desplazar la única embajada de Bolivia en el Medio Oriente, de El Cairo (líder de los países pro-occidentales) a Teherán. También instruyó a su cancillería a que levantara restricciones de visa a los ciudadanos iraníes. Un acuerdo fue firmado por medio del cuál la televisión iraní proveerá a la televisión boliviana de programación iraní en español. Rafael Correa se convirtió en el primer jefe de estado ecuatoriano en visitar Irán. Por su parte, Ahmadinejad estuvo presente en la asunción de Correa. Cuando Fernando Lugo ganó las elecciones presidenciales en Paraguay el año pasado, su par iraní lo tildó de «hombre de Dios y enemigo del Gran Satán» en alusión a USA. Lugo nombró al simpatizante del Hizbullah Alejandro Hamed Franco como el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores; este individuo tiene prohibido el ingreso a territorio estadounidense o de volar en una aerolínea de aquél país. Según ha informado Amir Taheri en el New York Post, miembros de la comunidad chiíta de Paraguay (15% de la población) colaboraron con la campaña de Lugo, la que obtuvo también el apoyo de Irán y Venezuela. En Nicaragua, la república islámica tiene su embajada más grande que en cualquier otra parte del mundo, con un personal diplomático estimado entre 20 y 100 oficiales. Incluso naciones moderadas tienen fuertes lazos con Irán. Brasil es el primer socio comercial de Irán en Latinoamérica y ya dos veces debieron cancelarse a último minuto invitaciones oficiales de Brasil al presidente iraní para que visitara la región. La Argentina, que sufrió dos atentados terroristas de impronta islamista en su suelo, incrementó su comercio bilateral con Irán en casi un diez mil por ciento interanual y se abstuvo de apoyar la candidatura a la OIEA de un nacional argentino que no gozaba con el favor de Teherán, conforme ha publicado La Nación poco tiempo atrás. Además, su delegación ante la ONU en Ginebra no abandonó el recinto cuando Ahmadinejad habló el último abril provocando una polémica mundial.

¿Por qué es esto preocupante? Sencillamente, porque las incursiones de Irán en América Latina exceden lo económico y lo cultural y conllevan un desafío político y terrorista asociado. Aún cuando en su propia tierra los ayatollahs reprimen a los izquierdistas, éstos seguirán hallando en nuestra región aliados voluntarios -paradójicamente- a medida que Latinoamérica siga girando hacia la izquierda.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Julián Schvindlerman – 06/09

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Kesher (Brasil)

Você virá para Curitiba nos próximos dias. Para quem ainda não lhe conhece, conte um pouco sobre você.

Soy analista político internacional, especializado en asuntos del Medio Oriente. Estudié Adminsitración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires y posteriormente realicé una maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Hebrea de Jerusalém. En ese período, fui inviado a escribir artículos de opinión para el Miami Herald y publiqué notas en otros medios de Israel, Estados Unidos y la Argentina también, así como en periódicos de las comunidades judías de la región. Permanecí en Israel para escribir mi primer libro «Tierras por Paz, Tierras por Guerra», un trabajo academico pionero sobre el conflicto palestino-israelí en lengua hispana y que permanece como una referencia muy consultada. Posteriormente residí en Washington, D.C. cerca de un año para luego ir a Ginebra a trabajar como Director Ejecutvo Adjunto de United Nations Watch, una ONG suiza dedicada al monitoreo de la ONU. Hace unos años retorné a la Argentina, donde mantengo tres columnas radiales y una escrita en el periódico judio «Comunidades» y he estado disertando en América Latina sobre temas afines.

Uma de suas palestras em Curitiba é sobre o Irã e as armas nucleares. ¿Como Israel fica nesse contexto?

El programa nuclear de Irán representa una amenaza existencial para Israel, no solamente para su seguridad nacional, sino para su misma supervivencia. Desde los tiempos de Hitler, salvándo las primeras décadas de exaltación árabe, no ha habido un líder internacional que abiertamente llame a la obliteración del estado judío. Su desarrollo nuclear procura dotarlo de los medios para poder llevar adelante su anhelo destructivo. El mundo libre no parece estar tomando las acciones necesarias para evitar que Irán se transforme en una potencia regional nuclear, lo que puede terminar forzando a Israel a tomar una medida decisiva. El año 2010 luce como un año crítico para la contención o prevención de Irán.

¿De que maneira você acredita que devemos enfrentar o antisemitismo?

Primeramente, a traves de la educación. Y en un sentido amplio. No sólo los alumnos en las escuelas o los estudiantes en las universidades deben ser educados, sino los periodistas, los intelectuales, los diplomáticos y todos aquellos que aún no advierten que la demonización de Israel es una manifestación contemporánea de antisemitismo. Hay gente sumamente culta en sus áreas de competencia pero que en lo relativo al antisemitismo y al antisionismo saben poco, o nada. Vivimos en un entorno donde difamar a los judíos está mal visto, pero criminalizar al estado judío es considerado políticamente correcto. Esto es absurdo y debe ser enmendado. Cabe a las comunidades judías de las diáspora llevar adelante la tarea de informar, esclarecer y educar a sus compatriotas.

¿Israel continua sendo mal visto pela imprensa de forma geral?

Desafortunadamente sí, si bien ha mejorado la situación en los últimos años [Nota: esta entrevista fue hecha antes del incidente de la flotilla]. En parte, el avance del islamismo sobre Occidente ha despertado algunas conciencias respecto de un flagelo que Israel ha venido enfrentando por décadas en casi total soledad. Pero aún así, importantes segmentos de la prensa mundial intentan separar la ofensiva islamista radical contra el mundo libre de la ofensiva islamista radical contra Israel. En este curioso esquema, Al-Qaeda es fácilmente condenable, pero Hamas o Hizbullah no tanto. Poco conmueve tanto a los periodistas como el sufrimiento palestino, en la medida en que éste sea inflingido por los israelíes. Si son maltratados por los árabes o por sus líderes ya no parece emerger tanta indignación. Israel falla en su esfuerzo de esclarecimiento, algunas comunidades judías de la diáspora hacen una labor ejemplar, otras no hacen lo suficiente. El desafío es enorme pues debe modificarse toda una cultura periodística consolidada a lo largo de los años.

Perfil, Perfil - 2009

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Fidel, el gran unificador – 23/05/09

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La pretendida solidaridad latinoamericana con Cuba es resultado del antiamericanismo que atraviesa gran parte de la región; desde Tijuana hasta Ushuaia. Continuamente empleado como bate antiyanqui, no pudo ser reprimido ni siquiera ante el flamante presidente Barack Obama y su propuesta de cambio. El apoyo a la isla comunista manifestado en la última Cumbre de las Américas ha dado testimonio del arraigo pernicioso de este sentimiento en los países latinoamericanos.

Cuba es el unificador político-emocional regional más destacado. Chile permanece renuente a brindar una salida al mar a Bolivia; la Argentina ha estado dispuesta a estropear sus excelentes lazos con Uruguay por una pastera; Venezuela arriesgó una guerra con Colombia al patrocinar a las FARC, pero basta que un presidente estadounidense pise la región para que los latinoamericanos se unan en un reclamo común por el destino de Cuba. Emblemática en este aspecto fue la entrega del libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, como obsequio chavista al arribado de Washington. (“Qué lastima que el Sr. Obama no tenía un ejemplar del best-seller de los años noventa, El perfecto idiota latinoamericano, como regalo para el Sr. Chávez”, ironizó Mary Anastasia O’Grady en las páginas del Wall Street Journal).

Es una tragedia que la causa del régimen castrista se haya convertido en un factor de unidad latinoamericana. Cuba es el único país al que la reputada ONG internacional Freedom House define como “no-libre” en todo el continente americano, explicando la categoría, así: “Un país no-libre es uno donde los derechos políticos básicos están ausentes, y las libertades civiles básicas son negadas amplia y sistemáticamente”. Sudán, Somalia y Belarús, entre otros, comparten el ranking con La Habana. Según la prestigiosa Human Rights Watch, “Cuba ha desarrollado una altamente efectiva maquinaria de represión. La negación de los derechos civiles y políticos básicos está escrita en la ley cubana”. Frustrada por la poca atención dada a la situación de los derechos humanos por los delegados a la Cumbre en Puerto España, la famosa organización humanitaria Amnesty International emitió un comunicado que decía: “Los gobiernos de América no han reconocido que los derechos humanos deben ocupar un lugar central en los esfuerzos por hacer frente a los numerosos desafíos fundamentales que encara la región…”. El propio Obama, quien aterrizó en Trinidad y Tobago con ofertas de diálogo hacia la isla comunista, se vio obligado a señalar a sus socios latinoamericanos la incongruencia de defender a los hermanos Castro. En su discurso recordó que todos los líderes asistentes habían sido electos democráticamente, y agregó: “Eso no ocurre en Cuba”.

Quizás ello ocurra cuando los presidentes latinoamericanos comprendan que la auténtica defensa de Cuba consiste en respaldar la causa de los cubanos y no la de los tiranos que los gobiernan. Abrazar a una elite represora y ungir tal acto como un modelo de solidaridad no es un símbolo de unidad latinoamericana, sino un bochorno regional. La fascinación latinoamericana por Fidel va hermanada a la idealización del “Che”, quien a su vez compuso un poema en honor a aquél, en el cual lo tildaba de “ardiente profeta de la aurora”. Juan José Sebreli, en su magistral libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, presenta ricas citas de Ernesto Guevara como la recién citada, y otra en la que el joven argentino devenido en revolucionario global decía: “Todo jefe tiene que ser un mito para sus hombres”. Fidel Castro, efectivamente, se ha convertido en un mito para sus hombres y para muchos otros cubanos. Más trágico es que se haya convertido en mito para líderes políticos y sociales en Latinoamérica. La mitología castrista, arropada por unos y otros, sigue encandilando corazones. Y lo seguirá haciendo en tanto sus contrapartes demócratas insistan en promoverla de este modo.