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Comunidades, Comunidades - 2020

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Combatir al Covid-19 al estilo ayatolá – 29/04/20

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Por Julián Schvindlerman
Comunidades – 29/4/2020

Irán fue el país más afectado por la crisis del Coronavirus en el Medio Oriente, y dentro de Irán, el epicentro del contagio fue la ciudad religiosa de Qoms. El ayatola Khameini y el establishment clerical que lo sigue se opusieron a las recomendaciones iniciales del Ministerio de Salud de poner a Qoms en cuarentena. Las plegarias en las mezquitas se extendieron más allá de lo aconsejable. Para peor, fomentaron que los feligreses fuesen a rezar por los enfermos y a pedir por su sanación al santuario de Fátima Masoumeh. Las autoridades médicas nacionales quisieron poner en cuarentena este sitio religioso, pero el custodio del mismo y a la sazón representante local de Khameini, Mohamad Saidi, objetó la sugerencia. Cuando estalló la crisis sanitaria, había en Qoms alrededor de setecientos seminaristas chinos musulmanes. (Desde hace más de un lustro, varios centros de estudio en Qoms, así como en Isfahan y otras ciudades, ofrecen cursos en mandarín). Además, dos millones y medio de turistas visitan Qoms cada año. Suele haber allí también cantidades de trabajadores chinos dedicados a proyectos de infraestructura. Solamente entre el 4-23 de febrero, la aerolínea Mahan Air realizó 55 vuelos desde China hacia Irán. No sorprende que algunas voces hayan sugerido (entre ellas la de Mehdi Khalaji, teólogo chiíta educado en Irán, y de quién he tomado la información concerniente a Qoms) que la alta presencia china en Irán pudo haber sido en parte responsable del contagio.

Además ha estado presente el componente de la corrupción. Conforme informó The Wall Street Journal, el año pasado el Jefe de Gabinete de la presidencia iraní admitió que se le había perdido el rastro a más de mil millones de un monto asignado a la importación de medicamentos. Cerca de 170 millones de un subsidio para insumos médicos se usaron para la importación de tabaco. A esto se agrega el orden de prioridades que dicta la ideología revolucionaria del régimen. Según el Departamento de Estado norteamericano, desde el 2012, Teherán gastó 16 mil millones de dólares en apoyo al terrorismo  globalmente. Hoy su sistema sanitario carece de la estructura y los equipamientos necesarios para dar combate a un Coronavirus que ya mató, de acuerdo a cifras oficiales, a casi 5.500 iraníes. Eso sí, acaban de lanzar un satélite militar al espacio exterior, siguen desarrollando misiles balísticos y enriquecen uranio óptimamente.

Otro factor de propagación fue la pedantería oficial. “No necesitamos médicos norteamericanos” aseguró el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Abas Musavi, luego de que el Presidente Donald trump ofreciera asistencia médica al gobierno de Teherán. “Yo les digo que si el pueblo norteamericano necesita ayuda, estamos listos a darla. Pero nosotros no necesitamos su ayuda” dijo el comandante de las Guardias Revolucionarias, Hossein Salami. Con el orgullo herido, la milicia paramilitar Basij propuso enviar máscaras y desinfectantes a Estados Unidos en respuesta al ofrecimiento de Washington. “¿Qué tipo de persona lógica confiaría en que él [Trump] trajera medicinas?” acotó el Líder Supremo Alí Khameini. (Nada de esto impidió, sin embargo, que por primera vez desde la revolución Khomeinista Teherán solicitara al Fondo Monetario Internacional un préstamo de cinco mil millones de dólares). Tan confiado estaba el régimen con su gestión de la crisis del Coronavirus, que echó del país a un grupo de voluntarios de la ONG francesa  Médicos Sin Fronteras que había arribado una semana antes. Basirat, un sitio de información perteneciente a las Guardias Revolucionarias, alegó que el contingente de MSF había viajado a Irán con la intención de examinar a los pacientes contagiados para desarrollar un virus nuevo que afectase exclusivamente a la población iraní. Algunos oficiales del área de la salud trataron de inyectar una dosis de cordura para balancear el discurso de los ayatolás y los militares. “Es muy improbable que se trate de una guerra biológica” observó Reza Malekzadeh, Vice-Ministro de Salud. “No estamos para nada en una posición de enviar equipamiento médico e insumos a ningún otro país”, advirtió el vocero del Ministerio de Salud, Kianpush Jahanpour. Pero en una teocracia es de esperar que prevalezca la religión -e incluso la superstición- por sobre la ciencia médica.

Sí, la superstición. El Líder Supremo ha insinuado que el Covid-19 pudo ser obra de “espíritus malignos” en Estados Unidos. El Ayatolá Alí Akbar Velayati, su asesor más cercano, lidera el Grupo de Medicina Tradicional e Islámica en la Academia de Ciencias Médicas en Irán. Tal como ha informado The Economist, ambos promueven un tipo de medicina islámica de corte divino basado en hierbas medicinales por sobre la medicina científica occidental. Otros clérigos inventaron pociones mágicas. Morteza Kohansal publicó un video de una visita que hizo a una sala de hospital con convalecientes de Coronavirus en el norte de Irán a los que les aplicó “el perfume del Profeta”, unas gotitas que se ponen en la nariz de los pacientes y curan el Covid-19, según asegura. Él mismo las aplicó, sin guantes, ni máscara protectora, ni distanciamiento social alguno, y recomendó que tras olerlas, estornudaran. El ayatolá Abbas Tabrizian, dueño de la tienda online Centro Médico Islámico, propuso vía Telegram esto a los infectados de Covid-19: “Antes de dormir, pon una bola de algodón sumergida en aceite violeta en tu ano”. Hossein Ravazadeh recomendó dejar caer gotas de aceite de calabaza en los oídos dos veces al día. Otra sugerencia singular provino de Mehdi Sabili, titular de la denominada Asociación Científico-Educativa de la Medicina del Imam Sadegh. En un video publicado en Instagram, donde tiene sesenta mil seguidores, se filmó al lado de un dromedario tragando orina de camello como antídoto al Coronavirus. Según sus indicaciones, se debe tomar “tres veces al día durante tres días” y mejor aún “a su temperatura inicial, caliente”. Cerró con una apreciación personal: “A pesar del sabor, es fantástica”. Al-Arabiya ha posteado online algunos de estos videos bizarros. Varios de estos charlatanes han sido arrestados y sus tiendas allanadas. Trágicamente, cerca de quinientos iraníes murieron tras ingerir metanol bajo la creencia, promovida en redes sociales, de que era una cura al Coronavirus.

Si los médicos iraníes deben restar una porción de sus energías y tiempo de su lucha titánica contra el Coronavirus para contrarrestar las fake news digitales, la corrupción estatal, la insensibilidad de los militares, los dogmas de los ayatolás y los delirios de los curanderos, a nadie ha de sorprenderle que Irán se haya convertido en el peor escenario de Coronavirus en el Medio Oriente y en uno de los más graves en el mundo.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2020

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Remembering Li Wenliang – 04/04/20

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By Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 4/4/20

https://blogs.timesofisrael.com/remembering-li-wenliang/

Now that the Coronavirus has crossed the million-infected and fifty thousand-dead mark, now that it has forced over 3.5 billion people to live in quarantine, now that it has seriously damaged the world economy, now that it has the whole world on edge pondering with anguish its potential aftermath, and now that it has transformed our lives in yet unintelligible ways; perhaps now is the right time to honor the young Chinese doctor who tried to warn us all of the coming apocalypse –and was inconceivably silenced by the Beijing government.

At the end of last December, the thirty-four years old doctor Li Wenliang detected the first symptoms of Covid-19 in seven hospitalized patients with a diagnosis similar to SARS and in one patient whom he attended at the Wuhan Central Hospital, and from whom he got fatally infected. He alerted his colleagues to the severity of the outbreak only to receive a reprimand from Chinese state authorities in return. The Police arrested him, accused him of spreading rumors, and forced him to sign a statement of repentance. The official press disqualified him and his professional colleagues with the nickname of “the eight gossipers.” In an online interview with The New York Times on February 1, Mr. Li stated: “If the officials had disclosed information about the epidemic earlier, I think it would have been a lot better. There should be more openness and transparency.”  He passed away within a few days.

His death sparked a wave of outrage -from Hong Kong to San Francisco- and prompted the Chinese government to react. The Supreme Court criticized the Wuhan Police for punishing the doctors who raised the alarm: “It might have been a fortunate thing to contain the new coronavirus, if the public had heard of this ‘rumor’ at that time.” The National Supervisory Commission ruled that the punishment of Li was “irregular” and “improper.” Hu Xijin, editor-in-chief of the state-controlled Global Times, wrote: “Wuhan indeed owes Li Wenliang an apology.” The Chinese Communist Party promptly issued a “solemn apology” to the doctor’s family and claimed to have disciplined the two policemen involved in the matter. As is so usual in totalitarian states, Beijing sought to limit the responsibilities to just two junior officers. But it is a fact that the Xi Jinping government “waited seventeen critical days before sharing the Covid-19 genome sequence with other nations” as stated by The Berman Law Group in a federal class action lawsuit against the People’s Republic of China, Hubei Province and Wuhan City.

In a recent column in The Wall Street Journal, Chris Jacobs proposed that the White House should award Dr. Li Wenliang the Presidential Medal of Freedom. In his viw, “Awarding the Medal of Freedom to Li Wenliang would recognize the role of free speech in maintaining a healthy society and serve as a fitting tribute to the role that millions of other first responders are playing in this pandemic.” Established in 1963, it has been posthumously given to Martin Luther King, Pope John XXIII and Anwar Sadat among other world figures, as well as to John F. Kennedy himself, its creator. In this vein, the United Nations could recognize Dr. Li in some prominent way, too. Now that China has accorded the highest possible honor conferred on citizens who die serving the country, by declaring him a “martyr,” there should be no objection from Beijing. After all, as Frank Sieren noted in Deutsche Welle about Li: “He was not an idealistic whistleblower a la Julian Assange. He was not a dissident. He wasn’t even political. He was just a doctor doing his job.”

The Sakharov Prize, established in 1988 by the European Parliament, would be another good recognition to bestow upon the late Chinese doctor that would assure him a place in the collective memory along other prominent awardees such as Nelson Mandela, Osvaldo Payá and Malala Yousafzai. Other countries could follow suit and similarly honor with their highest national distinctions this exemplary physician who paid with his life, and almost with his reputation, for trying to sound the alarm about the worst pandemic in more than a hundred years to hit mankind.

Version en Español:

Recordemos a Li Wenliang:

Ahora que el Coronavirus ha cruzado la marca del millón de infectados y de cincuenta mil muertos, que ha forzado a más de 3.5 mil millones de personas a vivir en cuarentena, que ha dañado gravemente a la economía mundial, que tiene al mundo entero en vilo ponderando con angustia sus secuelas potenciales, y que ha transformado nuestras vidas de manera todavía inentendible; ahora entonces quizás sea el momento adecuado para honrar al joven médico chino que intentó advertirnos del apocalipsis que se avecinaba… y que fue inconcebiblemente silenciado por el gobierno de Beijing.

De apenas treinta y cuatro años de edad, a fines de diciembre pasado, el médico Li Wenliang detectó los primeros síntomas del Covid-19 en siete pacientes internados con diagnóstico similar al SARS y en una paciente que atendió en el Hospital Central de Wuhan, y de la cual se contagió mortalmente. Alertó a colegas suyos de la gravedad del brote y recibió a cambio una reprimenda de las autoridades estatales chinas. La policía lo detuvo, lo acusó de esparcir rumores y le obligó a firmar una declaración de arrepentimiento. La prensa oficial le descalificó a él y a sus colegas profesionales con el mote de “los ocho chismosos”. En diálogo online con The New York Times el 1 de febrero, Li declaró: “Si los funcionarios hubieran divulgado antes la información referente a la epidemia, creo que todo habría sido mucho mejor. Debería haber más transparencia y apertura”. Falleció a los pocos días.

Su muerte disparó una oleada de indignación -desde Hong Kong hasta San Francisco- y empujó al gobierno chino a reaccionar. La Corte Suprema criticó a la policía de Wuhan por sancionar a los médicos que hicieron sonar la alarma: “Podría haber sido algo afortunado para contener el nuevo coronavirus, si el público hubiera escuchado este ‘rumor’ en ese momento”. La Comisión Nacional de Supervisión dictaminó que el castigo a Li fue “irregular” e “impropio”. Hu Xijin, el jefe de redacción del Global Times (controlado por el Estado), escribió: “Wuhan realmente le debe una disculpa a Li Wenliang”. Prontamente, el Partido Comunista Chino emitió una “disculpa solemne” a la familia del médico y aseguró que había disciplinado a los dos policías implicados en el asunto. Como es habitual en los estados totalitarios, Beijing pretendió acotar las responsabilidades a dos oficiales menores. Pero es un hecho que el gobierno de Xi Jinping “esperó diecisiete días críticos antes de compartir la secuencia del genoma Covid-19 con otras naciones” tal como afirmó el bufete norteamericano The Berman Law Group en una demanda colectiva federal contra la República Popular de China, la provincia de Hubei y la ciudad de Wuhan.

En una columna reciente en The Wall Street Journal, Chris Jacobs propuso que la Casa Blanca otorgue al Dr. Li Wenliang la Medalla Presidencial de la Libertad. En su visión, “Otorgar la Medalla de la Libertad a Li Wenliang reconocería el papel de la libertad de expresión en el mantenimiento de una sociedad saludable y serviría como un tributo adecuado al papel que millones de otros socorristas están desempeñando en esta pandemia”. Creada en 1963, ha sido dada póstumamente a Martin Luther King, Juan XXIII y Anwar Sadat entre otras figuras mundiales, así como al propio John F. Kennedy, su creador. Las Naciones Unidas podrían tomar la posta de esta iniciativa y reconocer al Dr. Li de algún modo prominente. Ahora que China le ha concedido el máximo honor posible que se confiere a ciudadanos que mueren sirviendo al país, al declararlo “mártir”, no debería haber objeción por parte de Beijing. Al fin de cuentas, como observó Frank Sieren en Deutsche Welle sobre Li: “No era un denunciante idealista a la Julian Assange. No era un disidente. Ni siquiera era político. Era simplemente un médico haciendo su trabajo”.

El Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia, establecido en 1988 por el Parlamento Europeo, sería otro buen reconocimiento al médico chino, que le aseguraría un lugar en la memoria colectiva junto a otros destacados premiados como Nelson Mandela, Osvaldo Payá y Malala Yousafzai. Otros países podrían seguir la estela y honrar de manera similar con sus más altas distinciones nacionales a este profesional ejemplar que pagó con su vida, y casi con su reputación, por intentar dar aviso temprano de la peor pandemia en más de cien años que ha azotado a la humanidad.

Perfil, Perfil - 2020

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Corona: un virus comunista – 25/03/20

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Por Julián Schvindlerman
Perfil.com – 25/3/20

https://www.perfil.com/noticias/columnistas/corona-un-virus-comunista.phtml

¿Alguien conoce el CUIT de la República Popular China y su condición ante el IVA?

Según se informó, la firma norteamericana The Berman Law Group inició una demanda colectiva federal contra la República Popular de China, la provincia de Hubei, la ciudad de Wuhan y varios ministerios del gobierno chino, en busca de compensaciones por lesiones personales, muertes por negligencia, daños a la propiedad y otras secuelas atribuidas a la responsabilidad de Pekín en diseminar primero, y en no contener luego, el Coronavirus. “Los funcionarios chinos sabían antes del 3 de enero que el COVID-19 se transmitió de humano a humano y los pacientes comenzaron a morir unos días después. Sin embargo, seguían diciéndole a la gente de Wuhan y al mundo en general que todo estaba bien, incluso celebrando una cena pública en Wuhan para más de 40.000 familias el 18 de enero” explicó uno de sus representantes. “Cuando leas sobre el aumento del número de víctimas mortales y veas la detención casi completa de la vida y los viajes normales, recuerda que China esperó diecisiete días críticos antes de compartir la secuencia del genoma COVID-19 con otras naciones, como lo deja en claro nuestra demanda”, declaró.

Josh Rogin coincidió en The Washington Post: “Debemos ser específicos al culpar al Partido Comunista Chino por sus acciones. Fue el PCCh el que ocultó el brote del virus durante semanas, silenciando a los médicos, encarcelando a periodistas y obstruyendo la ciencia, especialmente al cerrar el laboratorio de Shanghái que lanzó públicamente la primera secuencia del genoma del Coronavirus”. Efectivamente, el gobierno chino -que hace poco expulsó del país a los corresponsales del New York TimesWashington Post Wall Street Journal– cerró las redes sociales locales que primero reportaron noticias del Coronavirus durante la primera quincena de enero. El doctor Li Wenliang, quién en diciembre alertó sobre un posible estallido epidémico similar al SARS, fue censurado por la policía comunista china y acusado de “esparcir rumores”. Forzado a reconocer su “comportamiento ilegal”, murió por Coronavirus en febrero; tenía treinta tres años de edad. También en enero, científicos de un laboratorio en Shanghái mapearon el genoma del virus y pidieron acciones preventivas. El régimen chino respondió clausurando el laboratorio. Con estas medidas negadoras, el gobierno de Xi Jinping limitó seriamente la capacidad de dar una respuesta mundial temprana al Coronavirus. “El resultado ha sido la pandemia global más peligrosa en un siglo” observó John P. Walters, CEO del Hudson institute.

Aun así, algunos parecen más preocupados por la imagen que por las muertes que el Coronavirus está ocasionando. La Asociación de Periodistas Asiáticos Americanos solicitó a las agencias de noticias que no utilicen el término “virus de Wuhan”, pues ello supuestamente estigmatizaría a sus residentes. Cuando el Presidente Donald Trump -en respuesta a la absurda acusación del vocero de la cancillería china de que el ejército estadounidense habría llevado el virus a Wuhan- habló del “virus chino”, Pekín adujo que esa era una postura racista. Esto lo dice un régimen que tiene encarcelados en Xinjiang a más de un millón de musulmanes por motivos étnicos. “Procede de China, por eso lo digo” retrucó Trump, impasible. La Organización Mundial de la Salud le hizo un gran favor a Pekín al denominar al virus COVID-19 en vez de asociarlo al país del cual emanó.

Este organismo de las Naciones Unidas está liderado por el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, un ex miembro del marxista Frente de Liberación Popular de Tigray. Según la BBC, cuando fue Ministro de Salud en Etiopía “era conocido por desalentar a los periodistas de informar sobre casos sospechosos de cólera en el país”. Después de viajar a Beijing, el Dr. Tedros dijo que China había establecido “un nuevo estándar para el control de brotes”. El historiador Walter Russell Mead acotó en The Wall Street Journal que “Pasos tales como excluir a Taiwán de reuniones de emergencia y alabar la respuesta de China al virus han hecho ver a la Organización Mundial de la Salud como un portavoz de Beijing”. Y Mario Noya, en una potente nota en el diario online español Libertad Digital, dedicó este párrafo al Dr. Tedros y la OMS: “[L]a pasmarota OMS, que no fue alertada por Pekín hasta el 31 de diciembre y que no envió delegación alguna al mastodonte asiático hasta el 10 de febrero; la corrupta y obsecuente OMS, pretendidamente comandada por un títere de Pekín, el marxista Tedros Adhanom, que siendo ministro de Sanidad en Etiopía silenció tres mortíferos brotes de cólera en el país africano: cómo no iba a ser bueno para el convento”. La expansión veloz y mortal del Coronavirus, su impacto sobre la economía mundial y la nueva normalidad que se avecina nos tienen bastante ocupados como para pensar sobre qué papel está jugando la OMS y su líder en estos momentos. Con la pandemia contenida a futuro, seguramente la prensa indagará un poco más en ello.

Por todo esto, ver ahora al gobierno chino en su faceta más amable -enviando enormes cantidades de respiradores, mascarillas, guantes, kits de prueba, equipos médicos y doctores a varios países, auto-promoviéndose como benefactor de la humanidad por medio de una diplomacia humanitaria generosa- puede resultar un poco raro. Bienvenida la asistencia que desesperadamente necesitamos, desde ya. Pero no olvidemos dónde brotó este virus letal y desde dónde se desató está pandemia. Como decía uno de esos tantos mensajes que han estado inundando nuestros celulares últimamente y cuya comicidad encierra una dosis de verdad: ¿qué les costaba hervir al murciélago dos minutos más?

Profesor en la carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo

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Por Julián Schvindlerman

  

Del Sandinismo al Sandernismo: ¿el socialismo nunca muere? – 11/03/20

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Por Julián Schvindlerman
Infobae – 11/3/2020

https://www.infobae.com/america/opinion/2020/03/11/del-sandinismo-al-sandernismo-el-socialismo-nunca-muere/

Joshua Muravchik, autor de Heaven on Earth: The Rise, Fall, and Afterlife of Socialism, trazó el origen del término “socialismo” a los seguidores de Robert Owen, quien en 1825 estableció una comuna en Indiana a la que llamó New Harmony para aplicar su sistema socialista. Al cabo de dos años, había colapsado. Sus seguidores fundaron otras casi cincuenta comunas en los Estados Unidos durante el siglo XIX y todas ellas terminaron en la ruina. A pesar de este resultado empírico, el modelo cobró impulso teórico cuando Karl Marx “transformó al socialismo de ser un experimento -probado, testeado y fallido- en una profecía” escribió Muravchik. El sueño de la revolución proletaria gestó muchos partidos socialistas en Europa en aquélla época -anotó este autor- pero las clases trabajadoras en los países industriales en vez de empobrecerse, mejoraron su calidad de vida, y las clases medias lejos de desaparecer, crecieron. Tras los estragos de la Primera Guerra Mundial y el ascenso de Lenin en Rusia, el socialismo ganó ímpetu y durante el siglo XX un tercio de la humanidad pasó a ser gobernado bajo este modelo económico. Habitualmente hermanado a un esquema represivo, se lo justificó por sus presuntos beneficios socioeconómicos, los que rara vez se materializaron.

La evidencia empírica prueba que el socialismo ha fracasado en cada lugar en que fue intentado, con la sola excepción quizás de las comunas agrícolas (kibutzim) de Israel que proliferaron especialmente durante la primera mitad del siglo XX. Pujantes, democráticas e igualitarias, hicieron un aporte importante a la construcción de la nación. Aun así, con la eventual convergencia del país hacia el capitalismo perdieron fuerza y terminaron adaptándose a la economía privada. Esto llevó a Muravcik a concluir que “el socialismo ha fracasado en todo lugar en que fue aplicado; incluso en donde ha triunfado”. Cuando -tras Rusia- China, Cuba, Vietnam, Camboya, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte, Siria, Afganistán y otros lo adoptaron, millones murieron y cientos de millones se empobrecieron.

Sus defensores más desapasionados suelen citar a Suecia como ejemplo de un buen socialismo, pero es un ejemplo inadecuado. Volvo es una compañía sueca. H&M es una compañía sueca. Ericsson es otra compañía sueca. Electrolux es asimismo sueca. IKEA es también una compañía sueca. Y Spotify es sueca. Todas ellas son ejemplos rotundos de exitosos emprendimientos capitalistas. Suecia está basada en una economía capitalista con un estado protector. Sus defensores más apasionados han estado defendiendo a los socialismos duros de Venezuela, Nicaragua y Cuba por un período notoriamente prolongado. Bernie Sanders destaca entre ellos. Carlos Alberto Montaner ha observado que al candidato Demócrata no lo ha conmovido el paso del tiempo: en ciclos de cada veinte años sigue aferrado a la tentación socialista.

Primero con la revolución cubana en 1959. En un video presentado en la televisión por el corresponsal de la CBS Anderson Cooper, se vio a Sanders en la década de 1980 defender a Fidel Castro sobre la base de que “educó a los niños, les brindó atención médica, transformó totalmente la sociedad”. Observadores han notado que antes de que Castro llegase al poder, Cuba era 80% letrada; muy por delante de otros países de la región. En las siguientes décadas varios países -Argentina, Chile y Costa Rica, por ejemplo- han casi igualado los niveles de Cuba mientras que Panamá, Paraguay, Ecuador y Colombia han alfabetizado considerablemente a su población. “La diferencia”, indicó un editorial del Wall Street Journal,  es que estos países “lo hicieron sin haber ´totalmente transformado a la sociedad´ con pelotones de fusilamiento, mazmorras, tortura y exilio”.

En 1985 Sanders era alcalde de Burlington, Vermont. La revolución sandinista llevaba seis años en curso en Nicaragua. Definió a Daniel Ortega como “un tipo impresionante” y sostuvo que “Vermont podría ser un ejemplo para el resto de la nación similar al tipo de ejemplo que Nicaragua está dando al resto de América Latina”. La Nicaragua sandinista estuvo signada por una guerra sangrienta, la creación de refugiados y el aplastamiento de libertades individuales. Sanders incluso viajó a Managua, donde asistió a un desfile militar sandinista durante el cual se entonó el himno que contiene esta estrofa que nos recuerda Montaner: “Los hijos de Sandino / ni se venden ni se rinden / luchamos contra el yankee / enemigo de la humanidad”.

Veinte años después del ascenso de Sandinismo en Nicaragua y a cuarenta del Castrismo en Cuba, arribó el Chavismo a Venezuela. Sanders no tardó en caer bajo su embrujo. En una entrevista televisada con Univisión en febrero de 2019, Sanders dijo que no consideraba que Juan Guaidó fuera el presidente legítimo de Venezuela. Tampoco respaldó las sanciones económicas de la Administración Trump contra Caracas. Durante la actual campaña electoral fue criticado por otros miembros del Partido Demócrata por negarse a tildar a Nicolás Maduro de dictador (finalmente lo hizo), pero su admiración por el “Socialismo del Siglo XXI” es de larga data. En enero de 2003, Sanders firmó una carta en apoyo a Hugo Chávez (años más tarde lo tachará de “dictador comunista”). Ese mismo mes, la experta en asuntos latinoamericanos Mary Anastasia O’ Grady escribía: “Los neandertales económicos siempre están rompiendo huevos en busca del esquivo omelet igualitario, pero si la agresión del Sr. Chávez contra su pueblo continúa sin restricciones, los pobres se empobrecerán, el medio ambiente natural de Venezuela quedará destrozado e incluso la mínima protección de los derechos humanos se convertirá en un recuerdo oscuro”. Adivine quién estaba en lo cierto, ¿Bernie o Mary?

Lo cual nos lleva a reflexionar sobre la seducción incomprensible que el socialismo aun genera en ciertos sectores. Es normal que las generaciones jóvenes se sientan atraídas por su mantra igualitaria, su panacea idealista, su utopianismo romántico. Pero que un  septuagenario estadounidense haya hecho su carrera política enteramente bajo su hechizo es realmente sorprendente. Que además sea un serio contendiente al liderazgo de un partido históricamente centrista que tuvo entre sus filas a Roosevelt y Truman es alarmante. Y que a su vez este hombre sea un candidato firme a la presidencia de los Estados Unidos -el país donde el capitalismo triunfó de la manera más exorbitante y definitiva posible- es casi surrealista. Así, el reciente renacimiento político de Joe Biden no es tan solo una esperanza racional para la progresía estadounidense. Lo es para el país entero. Biden no está exento de debilidades; basta recordar que fue vicepresidente en la Casa Blanca de Barack Obama. Pero al menos no eligió a la Unión Soviética para ir de luna de miel por diez días a sus 46 años, como Sanders sí hizo, en 1988. Especialmente aquellos que ven a Trump con enfado y a sus políticas con desprecio, deberían poder advertir que la alternativa ganadora al líder del jopo amarillo difícilmente pueda ser un revolucionario incurable a la Jeremy Corbyn.

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Por Julián Schvindlerman

  

El BDS en España: Entre la hipocresía y la irrelevancia – 26/02/20

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Por Julián Schvindlerman
Comunidades – 26/2/2020

Molins de Rei es una pequeña localidad catalana de alrededor de 25.000 habitantes. Tiene un buen restaurante japonés en el cual cené a principios de febrero, en ocasión de mi visita a Barcelona a presentar mi novela La carta escondida: historia de una familia árabe-judía. Molins de Rei se hizo conocida para la judería global en 2018 cuando objetó una competencia de la Liga Europea de waterpolo femenino entre la selección israelí y la española bajo presiones del BDS. Este puntito en el mapa, uno supondría, no estaría concernido con la geopolítica de Medio Oriente, o puntualmente con la distante problemática entre palestinos e israelíes, pero parece que a sus autoridades esos temas les importan mucho. Tal como les conmueve a otros 57 ayuntamientos españoles que acaban de adherir al llamado “Espacio Libre de Apartheid Israelí” (ELAI), promovido por el BDS España, con apoyo de PSOE y Podemos, con la consigna de no negociar con empresas israelíes, ni comprar sus servicios y productos.

Así, ayuntamientos, diputaciones, entidades, sindicatos y espacios culturales, comerciales o deportivos en Andalucía, Aragón,  Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Catalunya, Extremadura, Galicia, Madrid, Navarra y  Valencia, entre otros, han marcado su línea en la arena ante los impertinentes israelíes. Oh, y también alguno que otro en las cruciales islas Canarias y Baleares; focos de alta gravitación en la política mundial que no podían permanecer indiferentes a las penurias del pueblo palestino. La lista oficial de ELAI incluye -entre muchas otras adhesiones relevantes que quitarán el sueño a los israelíes- a la Izquierda Anticapitalista Revolucionaria de Granada, a la asociación Ecologistas en Acción, al Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional, al periódico del Partido Comunista de España Mundo Obrero, al Sindicato de Periodistas de Andalucía, a la radio comunitaria de Málaga Onda Color, a la librería La Vorágine de Santander, a la Taberna Morgan de Valladolid, al Laboratorio de Prótesis Dental F. Darwiche también en Valladolid, a la Tetería India de Sant Feliu de Llobregat (en la periferia de Barcelona) y a Vinos Barona de Extremadura. En lo que sólo puede ser descrito como un golpe durísimo a la economía israelí, se sumó al boicot La Chiguita Riojana (Puesto 41 del Mercado de San Fernando en Madrid). Jerusalem debería estar especialmente preocupada por la adhesión al BDS de la Carnicería Manolo Lago de Madrid, la peluquería New Look también de la capital española, la librería El Gusanito Lector de Sevilla y el Café-Pub Crit i Nit de Valencia.

Por supuesto que esta campaña es una broma de principio a fin. No tendrá el menor impacto económico sobre Israel, y sus mentores lo saben. El ángulo de ataque es político: hacer ruido en los medios, reinstalar el tema palestino en la agenda, aislar simbólicamente a Israel. Ya lo intentaron los países árabes desde 1945 en adelante; y fallaron. Hoy varios de ellos comercian, abierta u opacamente, con el estado judío. Incluso los palestinos se relacionan comercialmente con Israel. Según una monografía de 2018 del Tony Blair Institute for Global Change, “Israel sigue siendo el mayor socio comercial de la Autoridad Palestina”. Dice el informe: “Desde mediados de la década de 1990, Israel ha sido un destino casi exclusivo para las exportaciones palestinas, con un promedio de más del 90% del total de las exportaciones palestinas de bienes”. En septiembre de 2019, informaba France24: “En 2015, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu formó un gobierno considerado como el más derechista en la historia de Israel, alrededor de 45.000 palestinos tenían permisos de trabajo israelíes, según cifras oficiales palestinas. Cuatro años más tarde, ese número es de alrededor de 85.000”. En otras palabras: los propios palestinos, tanto a nivel estatal como popular, no están boicoteando a Israel.

El BDS España se manifiesta en su sitio online “contra la supremacía judía” y “contra el colonialismo sionista”. Están muy a la moda estos muchachos. Cuando lancen una campaña de boicot contra China por encarcelar a más de un millón de musulmanes uigures, contra Siria por lanzar bombas químicas contra su propia población islámica, contra Irán por arrestar a mujeres musulmanas que se quitan el velo en la vía pública o contra Myanmar por masacrar a los musulmanes rohinyas, (o aún fuera de la órbita islámica: contra Venezuela por exiliar a millones de los suyos, contra Rusia por perseguir sus opositores políticos, contra Corea del Norte por hambrear a casi todo su pueblo)- podríamos empezar a considerarlos con seriedad. Desde ya que no es ni remotamente justo equiparar a Israel con estas naciones, los ejemplos simplemente ilustran la hipocresía de los moralistas selectivos españoles. 

Por fortuna, no veo en el listado de ELAI a mi restaurante japonés favorito en Molins de Rei.

La Vanguardia (Colombia)

La Vanguardia (Colombia)

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Julián Schvindlerman con La Vanguardia (Colombia) – 28/01/20

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Auschwitz, símbolo del horror nazi

La Vanguardia (Colombia) – 28/1/20
Por Angela Castro

https://www.vanguardia.com/mundo/auschwitz-simbolo-del-horror-nazi-XL1937101

“Arbeit macht frei” (“El trabajo libera”). Esta inscripción en alemán en la puerta de hierro a la entrada de Auschwitz, fue la ‘bienvenida’ con la que los nazis recibieron con amargo sarcasmo a los cerca de 1,3 millones de prisioneros que pasaron por este campo de concentración, y el final para el 90% de ellos, que antes que libertad, encontraron la muerte. Auschwit-Birkenau, un territorio de 40 kilómetros cuadrados y antiguo cuartel de la monarquía austro-húngara, es el símbolo universal del genocidio nazi, construido en 1940 tras la invasión de Polonia por los alemanes.

En cinco años de funcionamiento, la Alemania nazi asesinó sistemáticamente en las temidas cámaras de gas a al menos 1,1 millones de personas, 960 mil de ellos judíos. Fueron gaseados, obligados a trabajar sin descanso o pasar hambre hasta la muerte e incluso fueron víctimas de crueles experimentos médicos. El 27 de enero de 1945, el ‘Ejército rojo’, como se conocían entonces a las tropas soviéticas, entraron al complejo de Auschwitz, poniendo fin a la mayor fábrica de la muerte del régimen nazi.

Para Julián Schvindlerman, profesor universitario y analista político internacional, la liberación del complejo de exterminio nazi Auschwitz-Birkenau mostró al mundo “el horror más increíble, ingresar al abismo más profundo, de la condición humana. Muchos sobrevivientes permanecieron en silencio durante un largo tiempo, para luego exteriorizar sus traumas, penas y dolores más agudos del alma”. En su opinión, es inaudito que aún existen corrientes negadoras del Holocausto, que plantean que nada de esto ocurrió, o minimicen el hecho, e igualmente, señala que “el negacionismo es una forma moderna de antisemitismo, en tanto toma un acontecimiento oscuro de la historia judía para usarlo como arma de ataque en su contra”. Por ello, este escritor argentino destaca que “estas conmemoraciones son cruciales para que las generaciones venideras conozcan la verdad. Cuando los hechos fácticos están bajo ataque, no hay más remedio que dar una respuesta educativa contundente”.

Sin duda, la lección más importante que de lejos deja el campo de exterminio de Auschwitz para la humanidad, cuando la cordura, la diplomacia y la política fallan y reinan el racismo, la intolerancia y la fuerza, es que el resultado es abrumador. Y en la memoria colectiva de las futuras generaciones, debe quedar, además, como valiosa lección el mantener vivo el recuerdo del Holocausto, para que Auschwitz no se repita.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2020

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Nisman, el terrorismo iraní y el general Soleimani – 22/01/20

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Por Julián Schvindlerman
Libertad Digital (España) – 22/1/2020

Cinco años después de la muerte del fiscal Alberto Nisman, todavía nos estamos preguntando si se suicidó o lo asesinaron. Siete años después de la firma del Memorando de Entendimiento entre la Argentina e Irán, todavía dudamos si aquello fue una iniciativa diplomática legítima o un ardid oscuro de encubrimiento. Veinticinco años después del atentado contra la sede de la AMIA, todavía aguardamos a que los perpetradores sean juzgados y condenados. La justicia y la política en la Argentina tienen una habilidad especial para dilatar, ofuscar, aplazar y –en última instancia– frustrar el anhelo de verdad de la sociedad.

Situación política en la Argentina

En enero de 2015, tras acusar a la presidenta de la Nación de traicionar a la patria, Alberto Nisman apareció muerto con un tiro en la sien en el baño de su departamento de Puerto Madero (Buenos Aires). Dos meses más tarde, The Wall Street Journal informaba: «Equipos de investigación rivales contribuyeron a transformar el caso en una novela policial que ha atrapado la atención del país». Un lustro más tarde, un nuevo Gobierno que tiene como vicepresidenta a quien fuera presidenta al momento de la muerte del fiscal quiere revisar las conclusiones de un informe de la Gendarmería que determinó que al fiscal lo asesinaron.

La nueva ministra de Seguridad, Sabina Frederic, antes de asumir había declarado que calificar a Hezbolá como una organización terrorista (tal como hizo la Administración Macri el año pasado) equivalía a «comprar un problema que no tenemos» y agregaba: «El terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no es nuestro». El presidente de la República, Alberto Fernández, se ve constantemente tironeado por sus declaraciones del pasado y las correcciones del presente a las que se ve forzado. «Hasta el día de hoy, dudo de que se haya suicidado», afirmó en el 2017 para el documental El fiscal, la presidenta y el espía. Consultado este año, Fernández cambió de parecer:

Thank you for watching

Desde 2017, cuando se grabó la entrevista, hasta ahora no apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron, y apareció una pericia absurda que contradice los más elementales principios.

Cristina

En algún punto, Cristina Fernández de Kirchner empezó a creer que quienes buscaban dañar a la Argentina no eran los terroristas libaneses de Hezbolá, a las órdenes de sus patrones en Teherán, sino un grupo de cabilderos, académicos y financistas judíos norteamericanos. En 2015 los acusó de conformar un «modus operandi global» que «genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color». ¿Se recuerda su frase «todo tiene que ver con todo cuando se trata de geopolítica y poder internacional»? La señora Fernández de Kirchner sostuvo su teoría conspirativa el tiempo suficiente como para incluirla en su libro de memorias publicado en 2019, Sinceramente. Cuando The Washington Post publicó un editorial crítico de estas fantasías –tachándolas de «antisemitas» al notar que todos los señalados por CFK eran judíos–, el entonces Jefe de Gabinete Aníbal Fernández respondió con una nota de su autoría en Página 12 que descalificaba dicho editorial como «un decálogo de lugares comunes».

En paralelo, una sucia campaña estaba en pleno auge para desprestigiar al fiscal muerto con el fin de invalidar las conclusiones de sus investigaciones, tan rigurosas que persuadieron a Interpol para que emitiera alertas rojas de captura internacional contra los acusados por Nisman. Unos años antes, en marzo de 2011, el periodista Pepe Eliaschev había publicado en la portada del diario Perfil una nota titulada «Argentina negocia con Irán dejar de lado la investigación de los atentados». Fue linchado mediáticamente por los militantes del Gobierno K. Murió por causas naturales en noviembre de 2014, sin llegar a conocer la acusación judicial de Nisman, unos pocos meses después. Llamativamente, el propio Nisman había reaccionado con escepticismo:

El hecho que plantea la nota es absurdo, descabellado y de imposible cumplimiento. Hacía tiempo que no leía algo tan disparatado.

La coyuntura regional

Mientras la Argentina vive en su loop de caos permanente, en el plano regional y global algunas cosas han cambiado. El mismo mes-aniversario de la muerte del fiscal que denunció la participación de Irán, por medio de Hezbolá, en el atentado de 1994, el máximo responsable de las operaciones terroristas internacionales de la República Islámica de Irán fue eliminado. En un ataque con drones norteamericanos, el general Qasem Soleimani resultó muerto en Bagdad. Soleimani había asumido el rol de jefe de la Fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní en 1998, pocos años después del atentado en Buenos Aires, pero ya era un cuadro activo del régimen teocrático responsable de aquella matanza de 85 personas.

En América Latina, las reacciones contrastantes a este desarrollo quedaron signadas por las respuestas de Brasilia y Caracas. «Nuestra posición es aliarse con cualquier país del mundo en la lucha contra el terrorismo», declaró el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en apoyo a Washington durante una entrevista con la TV Bandeirantes. «Sabemos lo que, en gran parte, Irán representa para sus vecinos y para el mundo». En Venezuela, el jerarca Diosdado Cabello se dirigió a la embajada iraní, donde leyó un mensaje que finalizó con estas palabras: «¡Viva Irán, vivan los pueblos libres, nosotros venceremos!». En una nota para BBC News, Gerardo Lissardy observó una paradoja interesante. Brasil «es el gran socio comercial de Irán en América Latina, con un intercambio bilateral miles de veces superior en dólares al que la República Islámica tiene con su aliado socialista de Venezuela». Según el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el intercambio comercial entre Venezuela e Irán fue de 892.000 dólares en 2016, último año del que se dispone de cifras. Brasil, en cambio, comerció con Irán por un valor de 2.560 millones de dólares en 2017. «Incluso el intercambio bilateral de la República Islámica con Chile, Colombia o México supera al que mantiene con sus aliados de Venezuela, Cuba o Nicaragua», señala Lissardy.

A partir de 2005, Teherán buscó relacionarse con América Latina de manera regional más que bilateral. Su permanente estado de confrontación con Occidente, en particular en aquellos tiempos por su programa nuclear clandestino, empujó al régimen a buscar aliados en otras zonas del globo. La gesta diplomática coincidió con la expansión del populismo de izquierdas en países como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Venezuela o Argentina. Cuando este populismo se vio restringido por el ascenso o consolidación de referentes de corte derechista en Brasil, Argentina, Colombia, Chile y otros, ese corresponsal anota que Irán distinguió sus relaciones internacionales entre aliados políticos y económicos. La Argentina mantuvo lazos comerciales con la república islámica durante este período a pesar de las tensiones políticas surgidas a partir de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. El ascenso de Mauricio Macri al poder vio la derogación del Memorando de Entendimiento, la designación de Hezbolá como grupo terrorista y un apartamiento de la asociación con Teherán que alguna vez deseó la Presidencia anterior. Pero el comercio con Irán no se extinguió, alcanzando los 451 millones de dólares en 2017, según el centro de investigación más arriba citado.

Sin embargo, los intereses de Irán en América Latina no se circunscribieron al ámbito económico o político. El experto israelí Ely Karmon detalló en una monografía pionera algunos de los objetivos perseguidos por Teherán en esta región: la propagación del chiismo, la ampliación de las bases operativas de Hezbolá, el apoyo diplomático en foros internacionales a su programa nuclear ilícito, la posible obtención de uranio, limitar el impacto de las sanciones económicas mediante la creación de un mercado alternativo y, en general, contrarrestar a Estados Unidos –que tiene tropas en países fronterizos con Irán– con su propia presencia en el Hemisferio Occidental. A esto hay que agregar las sórdidas redes de contrabando de armas y el lucrativo negocio de las drogas.

Soleimani

«Se ha perdido un héroe de la criminalidad hemisférica, y los gángsters están tristes», escribió la comentarista estadounidense especializada en asuntos latinoamericanos Mary Anastasia O’Grady. No es para menos. Soleimani era parte de una estructura que buscaba ganar espacios estratégicos non sanctos en la región. En mayo de 2013, Nisman publicó un extenso informe sobre una elaborada red de terrorismo iraní desde México hasta Sudamérica. Esta red podría ahora verse afectada. Varios analistas dijeron que los atentados perpetrados en la Argentina fueron respuestas a operaciones israelíes contra Irán: la eliminación en 1992 de Abás Muawi, cofundador de Hezbolá, y la captura en 1994 de Mustafá Dirani, aliado clave de Hezbolá en el Líbano. Bajo este prisma, el ataque selectivo a Soleimani podría haber puesto a las comunidades judías de América Latina, así como a las embajadas israelíes y estadounidenses, en la mira. Las represalias son parte del riesgo inherente a la lucha contra el terrorismo. El general iraní era un activo combatiente enemigo, responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses. Su partida, en cualquier caso, significa que un malhechor menos anda complotando. Es razonable asumir que este desarrollo no hubiera entristecido a Alberto Nisman.

Perfil, Perfil - 2020

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Ecos de medio oriente – 19/01/20

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El fiscal Alberto Nisman, el terrorismo iraní y el general Qassem Soleimani
El camino que va de la muerte de Alberto Nisman a la del militar iraní en Irak denota distintas instancias en la lucha de todo el continente americano contra el terrorismo.

Por Julián Schvindlerman
PERFIL – El Observador (19/1/2020)

https://www.perfil.com/noticias/elobservador/el-fiscal-alberto-nisman-el-terrorismo-irani-y-el-general-qasem-soleimani.phtml

A cinco años de la muerte del fiscal Alberto Nisman, todavía nos estamos preguntando si se suicidó o lo asesinaron. A siete años de la firma del Memorando de Entendimiento entre la Argentina e Irán, todavía dudamos si aquello fue una iniciativa diplomática legítima o un ardid oscuro de encubrimiento. A veinticinco años del atentado contra la sede de la AMIA, todavía aguardamos que los perpetradores sean juzgados y condenados. La justicia y la política en la Argentina tienen una habilidad especial para dilatar, ofuscar, aplazar y -en última instancia- frustrar, al anhelo de verdad que reclama la sociedad.

La situación política en la Argentina
En enero de 2015, tras acusar a la Presidenta de la Nación de traicionar a la patria, Alberto Nisman apareció muerto de un tiro en la cien en el baño de su departamento en Puerto Madero. Apenas dos meses después, informaba The Wall Street Journal: “Equipos de investigación rivales contribuyeron a transformar el caso en una novela policial que ha atrapado la atención del país”. Un lustro más tarde, un nuevo gobierno que tiene como vicepresidenta a quien fuera presidenta al momento de la muerte del fiscal, quiere revisar las conclusiones de un informe profesional de la Gendarmería que determinó que al fiscal lo asesinaron. La nueva Ministra de Seguridad Sabina Frederic antes de asumir había declarado que calificar a Hezbolá como una organización terrorista (tal como hizo la Administración Macri el año pasado) equivalía a “comprar un problema que no tenemos” y agregaba que “el terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no es nuestro”. El Presidente de la República Alberto Fernández se ve constantemente tironeado por sus pasadas declaraciones y las correcciones del presente a las que se ve forzado. “Hasta el día de hoy, dudo de que se haya suicidado”, afirmó en el 2017 para el documental de Netflix El fiscal, la presidenta y el espía. Consultado este año por sus dichos, Fernández cambió de parecer: “Desde 2017, cuando se grabó la entrevista, hasta ahora no apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron y apareció una pericia absurda que contradice los más elementales principios”.

Cristina
En algún punto, Cristina Fernández de Kirchner empezó a creer que quienes buscaban dañar a la Argentina no eran los terroristas libaneses de Hezbolá a las órdenes de sus patrones en Teherán sino un grupo de cabilderos, académicos y financistas judíos norteamericanos. En 2015 los acusó de conformar un “modus operandi global” que “genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color”. ¿Se recuerda su frase “Todo tiene que ver con todo cuando se trata de geopolítica y poder internacional”? La señora Fernández de Kirchner sostuvo su teoría conspirativa el tiempo suficiente como para incluirla en su libro de memorias publicado en 2019, Sinceramente. Cuando The Washington Post publicó un editorial crítico de estas fantasías -tachándolas de “antisemitas” al notar que todos los señalados por CFK eran judíos-, el entonces Jefe de Gabinete Aníbal Fernández respondió con una nota de su autoría en Página12 que descalificaba al editorial como “un decálogo de lugares comunes”.   

En paralelo, una campaña sucia estaba en pleno auge para desprestigiar al fiscal muerto con el fin de invalidar las conclusiones de sus investigaciones, las que fueron de tal rigor que persuadieron a INTERPOL a que emitiera alertas rojas de captura internacional contra los acusados. Unos años antes, en marzo de 2011, el periodista Pepe Eliaschev había publicado en la portada del diario Perfil una nota titulada “Argentina negocia con Irán dejar de lado la investigación de los atentados”. Fue linchado mediáticamente por los militantes del gobierno K. Murió de causas naturales en noviembre de 2014 sin llegar a conocer la acusación judicial de Alberto Nisman unos pocos meses después. Llamativamente, el propio Nisman había reaccionado con escepticismo: “El hecho que plantea la nota es absurdo, descabellado y de imposible cumplimiento. Hacía tiempo que no leía algo tan disparatado”.  

La coyuntura regional
Mientras la Argentina vive en su loop de caos permanente, en el plano regional y global algunas cosas han cambiado. El mismo mes-aniversario de la muerte del fiscal que denunció la participación de Irán, por medio de Hezbolá, en el atentado de 1994, el máximo responsable de las operaciones terroristas internacionales de la República Islámica de Irán fue  eliminado. En un ataque con drones norteamericanos, el Mayor-General Qassem Soleimani resultó muerto en Bagdad. Él había asumido el rol de jefe de la Fuerza Al-Quds de las Guardias Revolucionarias iraníes en 1998, pocos años después del atentado en Buenos Aires, pero ya era un cuadro activo del régimen teocrático responsable de aquella matanza de 85 personas.

En América Latina las reacciones contrastantes a este desarrollo quedaron signadas por las respuestas de Brasilia y Caracas. “Nuestra posición es aliarse en cualquier país del mundo en el combate al terrorismo”, dijo el presidente de Brasil Jair Bolsonaro en apoyo a Washington durante una entrevista con la TV Bandeirantes, “sabemos lo que en gran parte Irán representa para sus vecinos y para el mundo”. En Venezuela, el jerarca Diosdado Cabello se dirigió a la embajada iraní donde leyó un mensaje que finalizó con estas palabras: “¡Viva Irán, vivan los pueblos libres, nosotros venceremos!”. En una nota para BBC News, Gerardo Lissardy observó una paradoja interesante. Brasil “es el gran socio comercial de Irán en América Latina, con un intercambio bilateral miles de veces superior en dólares al que la República Islámica tiene con su aliado socialista de Venezuela”. Según el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el intercambio comercial entre Venezuela e Irán fue de 892.000 dólares en 2016, último año del que se dispone de cifras. Brasil, en cambio, comerció con Irán por un valor de 2.560 millones de dólares en 2017. “Incluso el intercambio bilateral de la República Islámica con Chile, Colombia o México supera al que mantiene con sus aliados de Venezuela, Cuba o Nicaragua” señala Lissardy.

A partir del 2005, Teherán buscó relacionarse con América Latina de manera regional más que bilateral. Su permanente estado de confrontación con Occidente, en particular en aquellos tiempos por su programa nuclear clandestino, empujó al régimen a buscar aliados en otras zonas del globo. La gesta diplomática coincidió con la expansión del populismo de izquierdas en países como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Argentina y otros. Cuando este populismo se vio restringido por el ascenso o consolidación de referentes de corte derechista en Brasil, Argentina, Colombia, Chile y otros, ese corresponsal anota que Irán distinguió sus relaciones internacionales entre aliados políticos y económicos. La Argentina mantuvo lazos comerciales con la república islámica durante este período a pesar de las tensiones políticas surgidas a partir de los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA. El ascenso de Mauricio Macri al poder vio la derogación del Memorando de Entendimiento, la designación de Hezbolá como grupo terrorista y un apartamiento de la asociación con Teherán que alguna vez deseó la presidencia anterior. Pero el comercio con Irán no se extinguió, alcanzando los 451 millones de dólares en 2017 según el centro de investigación más arriba citado.

Sin embargo, los intereses de Irán en América Latina no se circunscribieron al ámbito económico o político exclusivamente. El experto israelí Ely Karmon detalló en una monografía pionera algunos de los objetivos tradicionales perseguidos por Teherán en esta región: la propagación del chiísmo, la ampliación de las bases operativas de Hezbolá, el apoyo diplomático en foros internacionales a su programa nuclear ilícito, la posible obtención de uranio, limitar el impacto de las sanciones económicas mediante la creación de un mercado alternativo y, en general, contrarrestar a Estados Unidos -que tiene tropas en países fronterizos con Irán- con su propia presencia en el Hemisferio Occidental. A esto hay que agregar las sórdidas redes de contrabando de armas y el lucrativo negocio de las drogas.

Soleimani
“Se ha perdido un héroe de la criminalidad hemisférica, y los gángsters están tristes” escribió la comentarista estadounidense especializada en asuntos latinoamericanos Mary Anastasia O´Grady. No es para menos. Soleimani era parte de una estructura que buscaba ganar espacios estratégicos no-sanctos en la región. En mayo de 2013, Nisman publicó un extenso informe sobre una elaborada red de terrorismo iraní desde México hasta Sudamérica. Esta red podría ahora verse afectada. Varios analistas dijeron que los atentados perpetrados en la Argentina fueron respuestas a operaciones israelíes contra Irán: la eliminación en 1992 de Abbas Moussawi, cofundador de Hezbolá, y la captura en 1994 de Mustafa Dirani, un aliado clave de Hezbolá en El Líbano. Bajo este prisma, el ataque selectivo a Soleimani podría haber puesto a las comunidades judías de América Latina así como a las embajadas israelíes y estadounidenses en la mira. Las represalias son parte del riesgo inherente a la lucha contra el terrorismo. El general iraní era un combatiente enemigo activo responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses. Su partida, en cualquier caso, significa que un malhechor menos está allí afuera complotando. Es razonable asumir que este desarrollo no hubiera entristecido a Alberto Nisman.  

Profesor en la carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo