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La Ilustración Liberal

La Ilustración Liberal

Por Julián Schvindlerman

  

Mila 18 vs. Muranowska 7: una grieta en el gueto de Varsovia – Primavera-Verano 2019

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Por Julián Schvindlerman
Artículo publicado en La Ilustración Liberal (España)

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis establecieron cientos de guetos en el continente europeo con el fin de segregar a los judíos. Eran extremadamente insalubres y superpoblados. Escaseaban los alimentos y los servicios públicos eran mínimos. El frío invernal era inclemente y los brotes epidémicos, tan regulares como mortales. Con la adopción de la Solución Final (1942), los alemanes comenzaron la destrucción de los mismos y la deportación de la población judía hacia campos de exterminio. Cuando los judíos comprendieron que serían enviados a una muerte cruel y segura, muchos de ellos se sublevaron. Así, hubo levantamientos en más de cuarenta guetos, incluidos los de Varsovia, Vilna, Bialystok, Czestochowa, Kovno, Minsk, Mir, Bedzin, Sosnowiec, Tuchin y Kremenets. También hubo revueltas en campos de trabajo, en Lublin y Janówska, así como en los campos de exterminio de Auschwitz (se voló uno de los crematorios), Sobibor (se mató a once guardias SS) y Treblinka (se provocó un incendio).

El primer levantamiento urbano en la Europa ocupada por los nazis ocurrió en el gueto de Varsovia entre abril y mayo de 1943. El año anterior, 270.000 judíos habían sido enviados a Treblinka. La revuelta se desató sólo cuando los restantes 130.000 comenzaron a advertir la dimensión de la tragedia en ciernes y el destino fatal que les esperaba. Para enero de 1943, había poco más de 60.000 judíos en el gueto. Un puñado de ellos se sublevó militarmente. Fue una contienda librada en la más absoluta soledad. Los judíos estaban marginados del mundo y su gesta apenas fue notada en el resto de Polonia o en el extranjero. Mientras enfrentaban a los nazis en las calles del gueto en condiciones desventajosas, nunca recibieron palabras de estímulo u ofrecimientos de ayuda por parte parte de ningún líder aliado.

Durante alrededor de treinta días, la resistencia judía desafió al ejército alemán desde una situación de clara inferioridad. Los nazis habían estimado que en apenas tres días aplastarían esa rebelión. Al final, los soldados alemanes redujeron el gueto a escombros con artillería pesada. En un ataque dirigido al búnker de la resistencia, sito en el número 18 de la calle Mila, los nazis asesinaron al comandante de la revuelta, Mordejai Anielewicz, y a la mayoría de sus combatientes. El oficial responsable de liquidar el gueto ordenó destruir la Gran Sinagoga de la calle Tlomacki, como símbolo de la victoria nazi. En sus reportes a Berlín, informó haber matado a alrededor de 7.000 judíos, capturado a otros 56.065 y destruido 631 búnkeres. Los judíos fueron deportados a campos de concentración y de exterminio. Aunque los rebeldes sabían que tenían cero chances de supervivencia, se sublevaron en señal de desafío al nazismo.

Los resistentes del gueto ocasionaron muy pocas bajas entre las filas nazis (16 muertos y 85 heridos); aun así, simbólicamente su levantamiento fue la más importante de todas las rebeliones urbanas ocurridas durante la guerra. La Ceremonia de Recordación del Holocausto, Iom ha-Shoá, fue señalada en el calendario hebreo en coincidencia con este levantamiento. Su historia quedó retratada en una gran cantidad de libros, artículos y películas. El heroísmo de sus combatientes ha sido honrado en museos, conmemoraciones anuales, calles y estatuas; y su épica, inmortalizada en best-sellers como Mila 18, de Leon Uris, y The Wall, de John Hersey.

El otro lado de la historia

Sin embargo, y a pesar de esa enorme atención mundial, sólo se conoce una parte de la historia. Bajo el último ladrillo bombardeado por los nazis quedó sepultada otra parte de la verdad. La historia completa del levantamiento del gueto de Varsovia exige reconocer la existencia no de una sino de dos organizaciones armadas hebreas: la Organización Judía de Combate (Zydowska Organizacja Bojowa, ZOB) y la Unión Militar Judía (Zydowski Zwiazek Wojskowy, ZZW). Al momento de la sublevación, la primera contaba con alrededor de 500 miembros, la segunda con la mitad. La ZOB fue liderada por Mordejai Anielewicz y era de extracción socialista. La ZZW fue establecida por Pawel Frenkel, del movimiento revisionista (en términos actuales, derechista) Betar.

Originalmente, Anielewicz se había unido a Betar a los doce años de edad, pero más tarde abandonó el movimiento para sumarse al marxista Hashomer Hatzair. Las disparidades ideológicas, personales y grupales impidieron que esas dos organizaciones armadas unieran fuerzas contra los nazis aun en plena Guerra Mundial, con el trasfondo de cientos de miles de judíos maltratados, marginados y deportados a las cámaras de gas.

En los años de la preguerra, los socialistas judíos predicaban sobre la lucha de clases y promovían la consigna de la solidaridad con el proletariado universal. En Palestina y en Polonia, los judíos de izquierda detestaban a los judíos derechistas que defendían la economía capitalista y el libre mercado. Los primeros veían a los segundos como enemigos de las clases trabajadoras, en el mejor de los casos, y como fascistas, en el peor. La enciclopédica Crónica del Holocausto describe a Hashomer Hatzair como un “movimiento socialista sionista que consideraba el socialismo nacional [sic] como un desarrollo natural del capitalismo”. Marek Edelman, el representante del Bund en la ZOB, caracterizó a los combatientes de la ZZW como “una banda de porteros, contrabandistas y ladrones”, en tanto que Yitzhak Zuckerman, subcomandante de la misma ZOB, descalificó a la resistencia revisionista como permeable a la infiltración nazi: “Estábamos preocupados respecto de la posibilidad de que la ZZW fuese infiltrada por agentes de la Gestapo”.

Varios de los comunicados emitidos por los resistentes socialistas durante el levantamiento contenían retórica típicamente izquierdista. Así, un cable enviado desde Varsovia a Londres el 26 de abril de 1946 y redactado por activistas de Poalei Zion (Obreros de Sión) mandaba “saludos de los luchadores a los trabajadores judíos de Eretz Israel y del mundo entero”. En marzo de 1944, la Federación de Trabajadores Judíos en Palestina (Histadrut) publicó en su revista Davar una carta fechada en noviembre y proveniente de militantes judíos en Polonia que hacía referencia a “los valores que nos fueron imbuidos (…) Es de estos valores que nace la iniciativa para la resistencia y la revuelta, como parte del Movimiento de los Trabajadores de Eretz Israel”. En mayo, el Comité Nacional Judío de Varsovia despachó un cable a Londres que concluía con estas palabras:

Que todos los movimientos obreros del mundo sepan que los organizadores y líderes de la revuelta del gueto de Varsovia fueron del Movimiento de los Obreros para el Trabajo en Eretz Israel, y que cientos de luchadores combatieron por y se inspiraron en el ideal de que su muerte será una de las bases para un futuro socialista para las masas judías en Eretz Israel.

La adhesión a estas consignas socialistas fue intensa, al punto de que, durante el levantamiento, la ZOB permitió que se sumaran a sus filas movimientos proletarios antisionistas, como los bundistas y los comunistas, pero rechazó aliarse con los revisionistas.

Rivalidad en Palestina, desunión en Polonia

La segunda mitad de los años cuarenta fue un período marcado por acentuadas confrontaciones entre el liderazgo socialista en Palestina/Israel y los grupos disidentes de derecha que se habían declarado en rebeldía contra los británicos y desafiaban las directivas de la Agencia Judía, cuyo titular era David Ben Gurión. Uno de esos grupos era el Irgún, establecido en 1931 por discrepancias con las tácticas de la Haganá y con su reacción al pogromo árabe de 1929. El Irgún criticó la pasividad del oficialismo y respondió a las agresiones árabes con ataques contra autobuses, mercados e individuos árabes. A partir de 1939, luego de la publicación del Libro Blanco, que restringía la inmigración judía a Palestina, sus miembros efectuaron operaciones contra instalaciones e instituciones británicas, y mataron a oficiales ingleses que habían torturado a irgunistas.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, esta agrupación cesó sus ataques contra los ingleses y muchos de sus combatientes se enlistaron en el ejército británico; entre ellos su líder, quien fue abatido durante una operación de comando en Irak. Su sucesor, Menajem Beguin, retomó la política contra los ingleses a partir de 1944 con gran intensidad, atacando campamentos del ejército, estaciones policiales, oficinas del Gobierno y vías férreas. Al Irgún se le sumó la Banda Stern (también conocida como Lehi), grupo escindido del propio Irgún cuando éste decidió detener sus operaciones anti-inglesas en 1939 y que tenía en sus filas a Itzhak Shamir. Luego de que la Banda Stern asesinara al ministro británico para asuntos de Medio Oriente (1944), la Haganá, irritada, intentó frenar sus acciones y persiguió a los miembros de ambas agrupaciones, encarcelándolos e incluso delatándolos ante las autoridades británicas. Trescientos de ellos fueron apresados y doscientos cincuenta y uno, deportados a campamentos de detención británicos en Eritrea y Sudán como resultado de esta decisión del oficialismo sionista.

La comunidad judía en Palestina tuvo un efímero momento de unidad con el Movimiento Unido de Resistencia Judía, que aglutinaba a la Haganá, el Irgún y la Banda Stern. Ello ocurrió en octubre de 1945, luego de que la Oficina Colonial británica informara a Jaím Weizmann de que no cambiaría su política hacia Palestina. Ben Gurión ordenó a la Haganá unir fuerzas con los grupos previamente repudiados. Así, por toda Palestina fueron atacados intereses ingleses, así como las infraestructuras que necesitaban para controlar el territorio, tales como centrales telefónicas, refinerías de petróleo, puentes, bases militares, etc. A mediados de 1946, el Irgún –sin autorización de la Haganá– voló un ala del Hotel King David que albergaba los cuarteles militares británicos. Los trescientos kilos de explosivo provocaron la muerte a veintiocho ingleses, cuarenta y un árabes y diecisiete judíos. Ese hecho marcó el fin del Movimiento Unido de Resistencia Judía.

Según estadísticas de la Oficina Colonial, entre junio de 1946 y marzo de 1947 la resistencia sionista mató a 45 soldados, 29 policías y 14 civiles británicos. En 1947 el Irgún adoptó medidas cada vez más audaces. Sus miembros atacaron la prisión-fortaleza de Acre y liberaron a 251 prisioneros suyos. Cuando los ingleses ahorcaron a tres de sus militantes, el Irgún respondió ahorcando a dos sargentos británicos. En junio de 1948, Ben Gurión ordenó al ejército que hundiese el buque Altalena, que transportaba armamento francés para el Irgún y alrededor de 900 pasajeros, la mayoría sobrevivientes del Holocausto. Aunque Beguin había informado del arribo del buque a las autoridades oficiales, se produjo una disputa en torno al destino final de esas armas.

Esto da cuenta de hasta qué niveles llegaban los choques entre la derecha y la izquierda sionista en aquellos tiempos. Esa rivalidad, que ya existía en la preguerra, se manifestó también en la judería polaca y no pudo ser contenida ni siquiera en el contexto del Holocausto. Cabe notar que la resistencia judía que se sublevó en el gueto de Vilna incluía a miembros de Betar y de Hashomer Hatzair, así como a comunistas. Aba Kovner y Yosef Glazman decidieron armar un frente común ante los nazis. En Varsovia, los resistentes judíos no pudieron hacerlo.

El socialismo judío, al poder

La narrativa que emergió durante el levantamiento y que se consolidó con los años como la única versión válida de los hechos fue la promovida por los supervivientes de la ZOB. A los combatientes socialistas se les asignó un rol central en la revuelta y se relegó a los revisionistas a los márgenes de la lucha; y si se les mencionaba, era despectivamente. Los principales creadores de esta versión fueron Yitzhak Zuckerman y su mujer y camarada de armas Tzivya Lubetkin, los más destacados sobrevivientes de la milicia liderada por Mordejai Anielewicz. Al finalizar la guerra emigraron a Israel, dieron entrevistas a la prensa, dictaron conferencias por el país y ayudaron a fundar el Museo de los Combatientes del Gueto en el kibutz Lojamei Haguetaot (establecido aun antes que Yad Vashem). Zuckerman redactó una autobiografía –Un exceso de memoria–, Lubetkin otra –En los días de destrucción y revuelta–, y llegó incluso a testificar en el juicio a Eichmann, celebrado en Jerusalem.

La historia que narraron dio muy poco espacio a la gesta de la ZZW. Su relato fue acríticamente adoptado por el Mapai y el laborismo, fuerza política que gobernó el Estado judío durante los primeros 29 años de su existencia, y así quedó rubricada oficialmente una narrativa sesgada.

Unos días antes del levantamiento, Zuckerman fue enviado a contactar con la resistencia polaca fuera del gueto, pero no pudo regresar tras el inicio de la represión nazi. Se convirtió en el más prominente testigo de los hechos, aun cuando no participó de la rebelión en el gueto. Junto con Adolf Berman, de Poalei Zion, y Leon Feiner, del Bund, redactó los comunicados que se enviaron al Yishuv a través de la radio de la resistencia polaca, con la que tenían nexos. El primer boletín decía (el énfasis ha sido agregado):

Hoy, lunes 19 de abril, los alemanes empezaron una nueva acción mortífera en el gueto de Varsovia. A las 4 am se escuchó fuego intenso de rifles y ametralladoras, así como la explosión de bombas, en las inmediaciones de los muros del gueto. Carros blindados y tanques entraron al gueto. La acción es llevada a cabo por la policía militar bajo el comando de las SS (…) La Organización Judía de Combate [ZOB], que abarca a todos los elementos activos de la comunidad judía, está poniendo fuerte resistencia en varios edificios. Se están produciendo choches violentos entre los combatientes judíos y los alemanes.

El segundo boletín reportaba el 20 de abril: “La lucha entre la Organización Judía de Combate [ZOB] y los alemanes en el gueto de Varsovia continúa con toda su fuerza”. El tercero, emitido el mismo día, decía: “La Organización Judía de Combate [ZOB], que lidera el combate en el gueto de Varsovia, ha rechazado un ultimátum de los alemanes que exigía la deposición de las armas para las 10 am del martes” (énfasis agregado). Y proseguía: “Los luchadores judíos han izado dos banderas sobre la azotea de un edificio en la calle Muranowska: una roja y blanca, la otra azul y blanca”. El 28 de abril, otro boletín informaba: “En el área de la estación de acarreo de Muranowska, una unidad de combatientes efectuó un ataque contra los alemanes”.  

Estos comunicados, los primeros y únicos que dieron a conocer al mundo lo que estaba ocurriendo en el gueto, proclamaron que sólo una facción judía estaba combatiendo a los nazis, y que dicha facción era la ZOB. Se trataba de una versión parcial de los hechos, y Zuckerman, Berman y Feiner lo sabían. Conocían la existencia de la ZZW, sabían quiénes eran Pawel Frenkel y su subalterno Leon Rodal y estaban al tanto de que la ZZW, según diría años más tarde un superviviente revisionista del gueto, fue “la primera en organizarse, la primera en advertir, la primera en adiestrarse y armarse y la primera en llevar a cabo acciones”. Para peor, esos comunicados atribuyeron a la ZOB lo que se considera la hazaña más extraordinaria del levantamiento: izar las banderas polaca y sionista sobre la azotea de uno de los edificios del gueto.

El testigo nazi

Juergen Stroop fue el oficial de las SS responsable de liquidar los remanentes del gueto tras las deportaciones de 1942. Respondía ante Heinrich Himmler, a cuyo escritorio llegaban los informes que aquél le enviaba a través de su superior, el SS asentado en Cracovia Frierich-Wilhelm Krueger. Anotados con la frialdad y el rigor de los nazis, dichos informes constituyen las más fidedignas descripciones de los hechos durante la sublevación judía y la consecuente represión alemana. En uno de sus reportes, Stroop escribió:

Esas banderas inspiraron a cientos de miles de personas, las despertaron. Tuvieron una gran importancia política y moral, unieron a los judíos y a los polacos. Esas banderas eran poderosas como fuego de cañón. ¡Eran como mil cañones!

En otro reporte, Stroop mencionó a los combatientes revisionistas: “Ya en la noche del primer día nos topamos con una resistencia bastante feroz. Aquellas personas estaban organizadas en un movimiento llamado a-Jalutz, que creo yo se llamaba también Betar”. Testigos de la contienda han corroborado la descripción de este oficial nazi, quien, paradójicamente, se convirtió en una fuente más objetiva que los escribas de la ZOB, que minimizaron o directamente escondieron el papel de la ZZW durante la revuelta.

Tras liquidar el gueto, Stroop fue galardonado con la Cruz de Hierro. Reunió todos sus reportes diarios del período comprendido entre el 9 de abril y 16 de mayo de 1943, junto con su informe del 16 de mayo, en un álbum adornado con fotografías de los combates que él mismo había tomado. Titulado El rincón judío en Varsovia ya no existe, también contenía un listado de los nombres de los alemanes caídos. Una copia del álbum fue entregada a Krueger, otra Himmler y otra quedó en manos del propio Stroop. Ésta fue admitida como evidencia en los Juicios de Núremberg. Ha sido traducida y publicada en muchos idiomas. Es considerada una fuente primaria valiosa sobre el levantamiento.

Tomado prisionero al finalizar la guerra, se ordenó a Stroop que escribiera un reporte sobre su accionar en el gueto. Escrito en mayo de 1946, es conocido como el Reporte Weisbaden, por la cárcel homónima. En él, Stroop menciona el izado de las banderas polaca y sionista por los combatientes judíos en la plaza Muranowski. Stroop fue condenado a muerte, pero extraditado antes a Polonia para ser juzgado por sus crímenes en el gueto. Mientras aguardaba el inicio del juicio en la prisión de Mokotow (Varsovia), se le ordenó responder por escrito 42 preguntas sobre los hechos en el gueto. Sobre la batalla en la plaza Muranowski, respondió: “La plaza Muranowski (ya no recuerdo el nombre) fue el lugar que los luchadores del gueto defendieron con la mayor obstinación”. Stroop repitió esto mismo ante tres sobrevivientes a los que se les permitió interrogarle: Marek Edelman, miembro bundista de la ZOB; Rahel Auerbach, colaboradora de Emmanuel Ringelblum, el famoso cronista del gueto, y Stefan Grayek, integrante de Poalei Zion. “La más defensa más potente se produjo en la plaza Muranowski”, admitió.

Sus declaraciones durante el juicio en Varsovia, así como los diálogos que mantuvo con un prisionero polaco con quien compartió celda, Kazimierz Moczarski, quien posteriormente los volcó en un libro titulado Conversaciones con el ejecutor, agregan evidencia sobre la existencia y las acciones de la ZZW.

El relato se consolida

La muerte en combate de la plana mayor de la ZZW y de muchos de sus combatientes, la carencia de conexiones con el mundo exterior de aquellos que sí sobrevivieron y el rol marginal de Betar en la política en Palestina atentaron contra la elaboración de una narrativa equilibrada sobre el levantamiento del gueto. Ni siquiera sobrevivió una fotografía del líder de la ZZW, Pawel Frenkel. Los más importantes líderes de la ZOB, por el contrario, sobrevivieron (salvo Anielewicz), y tenían estrechos contactos con las fuerzas clandestinas polacas y con el Gobierno polaco en el exilio. Esto les permitió transmitir cables al extranjero. Sus vínculos con la Agencia Judía en Palestina y otros organismos judíos oficiales socialistas potenciaron la divulgación de su relato.

El 22 de junio de 1943, Zuckerman y Lubetkin enviaron un cable a Palestina por medio de la resistencia polaca. “Los comabtes en el gueto han terminado. Cientos de nuestros camaradas han caído. Decenas decidieron suicidarse. Hejalutz-Hashomer Hatzair fue la columna vertebral de la Organización Judía de Combate [ZOB]”. Dos meses después, Davar reprodujo este cable. En mayo de 1944, Unzer Tsait, el mensual del movimiento bundista en Estados Unidos, publicó: “La resistencia fue organizada y liderada por la Organización Judía de Combate [ZOB], que desempeñó el papel fundamental. Esta organización de combate fue el brazo operativo del Comité de Coordinación, integrado por representantes del Bund y del Comité Nacional Judío. Los revisionistas establecieron una pequeña organización propia, Nejama, que cesó sus operaciones tras dos días de lucha. Los miembros de la ZOB eran principalmente jóvenes trabajadores…”. Dentro de las filas izquierdistas, existió además una competencia entre los socialistas y los bundistas de la ZOB por la supremacía en el combate, tal como atestigua este cable del 24 de mayo de 1944, enviado a Londres por Zuckerman y Berman:

Por el bien de la verdad, queremos comentar unas cuantas cosas. Basándonos en reportes del extranjero, nos parece que el Bund está tratando de darse crédito por los combates en el gueto de Varsovia, si no por todos, por la mayoría. Les hacemos saber inequívocamente que esto no es consistente con la verdad.

En enero de 1945, el Ejército Rojo liberó Varsovia, y al poco Radio Lublin comenzó a emitir en yidish. En febrero, Berman habló sobre el levantamiento y no hizo mención al rol de la ZZW. En abril, Zuckerman elogió a los mártires socialistas del gueto. Unos días después, Radio Lublin anunció que se había honrado con honores militares a 67 judíos por su heroísmo durante la revuelta. Mordejai Anielewicz estaba en la cima. Ningún combatiente de la ZZW fue incluido.

En agosto de 1945 se celebró en Londres el primer congreso sionista de posguerra. Asistieron personalidades como David ben Gurión, Haim Weizmann, Moshé Sharet, Nahum Goldmann, Stephen Wise y Aba Hillel Silver. Estuvieron presentes Zuckerman y Berman, que presentaron su relato del levantamiento. En junio de 1946, Tzivya Lubetkin emigró a Palestina, y su marido lo hizo un año más tarde. Allí contaron reiteradamente la historia del levantamiento según ellos la veían. En mayo de 1947, Zuckerman dio un discurso en el que afirmó que jóvenes de Betar fueron invitados a unirse a la ZOB, pero “como es habitual en ellos, desafiaron la disciplina (…) Sus pretensiones les hicieron querer gobernar también el gueto“. Estas palabras exponen la percepción de los revisionistas como competidores por el liderazgo de la revuelta. La mirada socialista de los hechos fue respaldada por Yisrael Gutman, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalem, que era miembro de Hashomer Hatzair y había sido combatiente de la ZOB. El Dr. Gutman publicó varios libros sobre el levantamiento, en particular uno en hebreo en 1977 (Los judíos de Varsovia 1939-1943: gueto, clandestinidad, revuelta), que reivindicó el rol de la ZOB y condenó a la marginalidad la participación de la ZZW. Este libro fue traducido al inglés en 1989.

El disidente

Emmanuel Ringelblum, el gran cronista de la vida en el gueto de Varsovia, militaba en Poalei Zion y era miembro de la ZOB. Pero, a diferencia de sus colegas, quiso dejar constancia de la existencia de los combatientes de la ZZW. En noviembre de 1943, el Comité Nacional Judío de Varsovia envió a Londres un listado con los nombres de 224 caídos de la ZOB, con la afiliación de cada uno. No había un solo integrante de Betar. Al advertirlo, Ringelblum –que había visto a los combatientes de Betar izar las banderas polaca y sionista en la plaza Muranowski y en esos momentos se encontraba escondido en el gueto– preguntó por su ausencia en una nota enviada a Berman unas semanas después: “¿Y por qué no hay datos respecto de la ZZW? Debemos dejar su huella en la historia, aun cuando no simpaticemos con ellos”. Unos días después, reiteró su preocupación en otra nota para Berman: “En cuanto a los revisionistas, no tengo datos sobre ellos (…) hay que hacer un esfuerzo por completar la lista. Tengo sólo dos nombres: Rodalski [Rodal] y Frenkelowski [Frenkel] (…)”. Berman y Zuckerman no compartían esa inquietud y nada se hizo para incorporar a los caídos de la ZZW. Berman guardó esas notas de Ringelblum y no reveló su existencia al emigrar a Israel. Fueron descubiertas posteriormente. Ringelblum fue ejecutado por los nazis en marzo de 1944.

En busca de la verdad perdida

Sobrevivientes del Holocausto que habían combatido en las filas de la ZZW, una vez emigrados a Israel, contemplaron con dolor la evolución de esta narrativa y cómo habían sido borrados de la historia. Fella Finkelstein trató de reunirse con Lubetkin, pero, según ha relatado, ésta rehusó. Ziuta Hartman, quien fue condecorada como ciudadana honoraria en Varsovia, fue recibida por Simja Rotem, ex alto mando de la ZOB, delante de otras personas, pero rechazó categóricamente la versión de esta excombatiente. El museo del Holocausto en Lojamei Haguetaot listaba a Hartman como fallecida en un campo de concentración, y recién en 2011 se avino a reconocerla oficialmente, al invitarla a encender una vela en una ceremonia de recordación (ese mismo año, Hartman murió). “Hacer el mal es fácil”, se oye decir a Emilka Kodorev, exluchadora de la ZZW, en un documental titulado El levantamiento del gueto de Varsovia: La historia no contada; “pero enmendarlo es imposible”.

La primera publicación que buscó reivindicar el papel de la ZZW en la revuelta estuvo a cargo de David Wdowinski, uno de los líderes de Betar en la Polonia de preguerra. Wdowinski era un psiquiatra formado en las universidades de Viena y Varsovia que no participó de los combates pero intervino en las negociaciones entre la ZZW y la ZOB para unir ambas resistencias. En abril de 1946 publicó un artículo en el diario derechista palestino Hamashkif titulado “La revuelta del gueto de Varsovia”, en el cual mencionaba el rol de la ZZW. En 1985 se publicó su libro Y no estamos salvados, sobre la implicación revisionista en la revuelta. Ese mismo año, otro sobreviviente revisionista, no combatiente pero relacionado con la ZZW, Adam Halperín, escribió un capítulo titulado “La parte de Betar en la revuelta del Gueto” en el libro La verdad sobre el levantamiento del gueto de Varsovia, editado por el Ejecutivo Mundial de Betar en Tel Aviv. Posteriormente, Ber Mark, director del Instituto de Historia Judía de Varsovia, investigó el período del levantamiento y escribió varios libros en yídish y en polaco al respecto. Como fueron publicados en la Polonia comunista a partir de 1947, subrayó el rol de los luchadores comunistas, no obstante citó tanto a la ZOB como a la ZZW y nombró a los comandantes de ambas organizaciones.

En 1963, Haim Lazar publicó en Israel el hasta ese momento más contundente trabajo sobre la participación de Betar en el levantamiento. Lazar emigró a Israel en la posguerra tras haber dejado el gueto de Vilna para unirse a los partisanos en Rusia. Originalmente escrito en hebreo con el título La Masada de Varsovia: la Organización Militar Judía en el levantamiento del gueto de Varsovia, fue traducido al inglés en 1966 como Muranowska 7: El gueto de Varsovia se levanta. En la introducción escribió:

Hubiera sido preferible que este libro, que relata las acciones del movimiento nacional fundado por Jabotinsky, no hubiese aparecido; en otras palabras, que no hubiera habido necesidad. ¿Pero qué opción había, cuando debía probarse con testimonios y documentos que casi todo lo que se ha escrito hasta el momento –y ha sido mucho, en cientos y miles de libros y  artículos– sobre la resistencia de los judíos de Varsovia es una falsificación deliberada por parte de aquellos que tratan de vanagloriarse mientras ignoran a (…) otras organizaciones del movimiento de Jabotinsky?

También en 1963, quien fuera colaboradora de Ringelblum y sobreviviente del Holocausto Rahel Auerbach publicó en hebreo La revuelta del gueto de Varsovia, donde escribió:

Un capítulo separado, que desafortunadamente todavía no ha sido investigado, es la existencia de una organización de combate paralela, que en algunas fuentes es denominada ZZW (Irgún Zvai Yehudi) (…) A diferencia de la ZOB, la ZZW tenía entre sus miembros a expertos militares, exoficiales del Ejército polaco. La ZZW también tenía armas. Incluso tenía una metralleta, y eso evidentemente explica la efectividad de sus acciones de combate durante los primeros días de la revuelta.

En 1965, el titular de los archivos de Yad Vashem, Yosef Kermish, escribió en el prefacio de un libro que era un compilado de documentos sobre el levantamiento, titulado en hebreo El rebelde y la revuelta en el gueto de Varsovia:

En cuanto al levantamiento en sí, las fuentes judías y polacas son por desgracia poco atinadas. No cubren todos los aspectos del levantamiento. Varios puntos que, si fuesen aclarados, agregarían mucho a la investigación de la revuelta han sido tratados sólo de manera general (…) También la batalla de cuatro días de duración en la Plaza Muranowski (una batalla pesada tuvo lugar el cuarto día de la revuelta, el 22 de abril, cuando los alemanes capturaron las banderas judía y polaca) fue descripta en las fuentes judías de manera muy poco relevante.

En 1986, Pawel Besztimt, miembro de la ZZW, escribió un raconto de la resistencia revisionista en la revista Dapim. Otros dos luchadores sobrevivientes de la ZZW que participaron en la batalla de la Plaza Muranowski escribieron libros al respecto: Los sobrevivientes (Jack Eisner) y Enjaulado: el manuscrito Landau (David Landau; publicado póstumamente por su familia en 1999). Finalmente, en 2009 apareció en hebreo Banderas sobre el gueto de Varsovia: la historia no contada del levantamiento del gueto de Varsovia, de Moshé Arens, eminente miembro del Likud, exministro de Defensa de Israel; es posiblemente el esfuerzo académico más significativo para corregir esta distorsión histórica (ha sido la fuente para la elaboración de este trabajo). Fue traducido al inglés y al polaco en 2011. El eminente historiador Saul Friedländer, en su libro Los años del exterminio (en inglés), cita sintéticamente a la ZZW del libro de Arens.

Llamativamente, en la información online que ofrecen los Museos del Holocausto de Israel y Estados Unidos se reconoce la participación de los revisionistas en la revuelta, pero se afirma que la ZOB y la ZZW alcanzaron la unión y lucharon conjuntamente. La excepcional obra de documentación Crónica del Holocausto (traducida el español en 2001) tiene más de 765 páginas, una sección bibliográfica de 10 páginas y más de 2.000 fotografías. Sólo su índice se extiende por 45 páginas, y allí no son referenciados ni una sola vez la ZZW, Frenkel o Rodal. Por el contrario, la ZOB es citada en 28 páginas, mientras que Anielewicz, Zuckerman y Lubetkin son mencionados en 15.    

Conclusión

Los combatientes socialistas, comunistas y bundistas liderados por Mordejai Anielewicz en la ZOB fueron héroes. Contra todo pronóstico y enfrentados al Ejército más poderoso de Europa en aquel entonces, dieron una lección excepcional de coraje cívico y moral. Su gesta es con justicia recordada cada año en ceremonias alusivas. Merecen un rincón de gloria en la memoria del pueblo judío y de la historia universal. Además de ser héroes, empero, fueron seres humanos aquejados por las debilidades de nuestra condición. Experimentaron sentimientos bajos y se dejaron sobrepasar por un sentido de la competencia ideológica que, aunque habitual, no deja de ser deplorable. Su decisión de expulsar de la historia del levantamiento a su contraparte de la ZZW por el sólo hecho de que era revisionista ensombrece lo que de otra manera sería una épica intachable.

“¿Cómo puede ser que estudiara Historia, me convirtiera en maestra de Historia, enseñara Historia a miles de alumnos, me centrara en la Segunda Guerra Mundial y ni una sola vez, ni una sola vez, me topara con la historia de Pawel Frenkel?”, se preguntó ante los documentalistas Simon Schechter y Yuval Haimovich Zuser la doctora israelí Tamar Ketko. El autor de este ensayo debe sumar su propia confesión de incredulidad, también. Aun sin ser un experto en asuntos del Holocausto, como lector ávido de la historia judía jamás había dado con este acontecimiento asombroso sino hasta fechas recientes.

Poco antes de que estallara la revuelta, Pawel Frenkel  dio un discurso ante sus seguidores: “Por supuesto que lucharemos con armas las manos, y la mayoría caeremos. Pero viviremos en las vidas y en los corazones de generaciones futuras y en las páginas de su historia (…) Moriremos antes de tiempo, pero no estamos condenados. ¡Permaneceremos vivos mientras la historia judía viva!”. Esas palabras resultaron proféticas… por puro azar. Era esperable que Frenkel dijera aquello. Es una convicción típica de quienes se alzan estoicamente ante el abismo. Jamás podía haber imaginado que sus propios hermanos se empeñarían en suprimir su existencia y la de sus colegas. Gracias al aporte de sobrevivientes imparciales e historiadores objetivos, la historia de Frenkel, Rodal y los luchadores de la Zydowski Zwiazek Wojskowy es hoy conocida. También ellos merecen un aplauso por su compromiso para con la integridad.

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Fuentes consultadas

– Arens, Moshe. Banderas sobre el gueto de Varsovia: La historia no contada del levantamiento del gueto de Varsovia (Jerusalem: Gefen Publishing House, 2011).

– Hazony, Yoram. El Estado judío: La lucha por el alma de Israel (Nueva York: Basic Books, 2000).

– Johnson, Paul. La historia de los judíos (Buenos Aires: Javier Vergara Editores, 1991).

– Weber, Louis. Crónica del Holocausto: Las palabras e imágenes que hicieron historia (Madrid: LIBSA, 2002).

– Schechter Simon & Yuval Haimovich Zuser, El levantamiento del gueto de Varsovia: la historia no contada (documental)

– Sitio oficial de Yad Vashem: www.yadvashem.org

– Sitio oficial del United States Holocaust Memorial Museum: www.ushmm.org

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Netanyahu se ha debilitado – 19/09/19

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Entrevista publicada en YNet en Español (Israel)
[Ynet es el sitio online del diario israelí Yediot Aharonot]

Los escritores y analistas argentinos, Julián Schvindlerman y Marcelo Birmajer, analizaron el panorama político israelí luego de las elecciones.
Ynet Español – Leandro Fleischer| 19.09.19

El escritor y analista político internacional especializado en asuntos del Medio Oriente, Julián Schvindlerman, y el ensayista y guionista, Marcelo Birmajer, dialogaron en exclusiva con Ynet Español sobre el panorama israelí a dos días de las elecciones celebradas el martes.

Schvindlerman afirmó que «Benjamín Netanyahu no ha ganado claramente las últimas elecciones, porque el sistema electoral israelí es parlamentario, donde el votante elige al partido y no a su líder. Es tradicional en Israel que la fuerza más votada siempre dependa de facciones menores para formar gobierno». No obstante, aclaró que «Netanyahu se ha debilitado según los resultados conocidos hasta el momento». Según el escritor, esto «puede deberse al cansancio relativo con la figura del primer ministro, que ha gobernado por diez años consecutivos, o con la pérdida de la idea de su indispensabilidad, o con las causas judiciales que penden sobre su cabeza, o con el manejo de la situación en Gaza».

De acuerdo a Birmajer, Netanyahu no logra obtener una clara victoria en las elecciones «porque ha cumplido un ciclo político e ideológico. Ha dedicado los últimos 50 años de su vida a mejorar el Estado de Israel, y lo ha logrado. Sus políticas en el ámbito de la seguridad y en el de la economía han sido de las más exitosas en el Estado judío». Por este motivo, señaló, «es lógico que comience el final de su carrera; es propio de las democracias que eso suceda».

En el caso hipotético de que Benny Gantz sea el nuevo primer ministro, Schvindlerman manifestó que «sin un gobierno de unidad, deberá demostrar rápidamente que él es un líder de estatura nacional y mundial». Y añadió que el ex jefe de las FDI «estará siempre a la sombra de la figura grande de Netanyahu».

Respecto a la alianza de partidos árabes, Schvindlerman señaló que «ha hecho una buena elección; es la tercera fuerza electoral. Resta por ver si respaldará a Kajol Labán, y si este partido querrá contar con el apoyo de un grupo no sionista para gobernar». Y agregó: «Lo que luce claro es que las advertencias sensacionalistas de Netanyahu tuvieron el efecto contrario en esta comunidad».

Según Birmajer, «el problema de los partidos que componen esta alianza no es que sean árabes, sino antisionistas». En este sentido, el escritor señaló que «el discurso de Netanyahu advirtiendo acerca del peligro de las facciones árabes, no se refiere a su identidad religiosa o étnica, sino a su posición política, ya que no aceptan la existencia del Estado judío». Sin embargo, aclaró que no cree que haya «un peligro para la existencia de Israel, debido a que la mayoría de las fuerzas políticas están convencidas de mantener una identidad nacional judía, lo cual es imprescindible».

En referencia al plan de anexión del valle del Jordán de Netanyahu, Schvindlerman dijo que «a pesar de que el primer ministro crea que es bueno hacer eso, la realidad es que no lo hizo cuando tuvo la oportunidad. Pero es perfectamente posible que lleve a cabo el plan si retoma el poder, en parte para seducir a los partidos de la derecha o bien porque la coyuntura regional le empuje a ello».

Birmajer indicó que «si los palestinos aceptan la existencia de un Estado judío y se muestran dispuestos a hacer la paz, lo más probable es que no se concrete» la anexión del valle del Jordán. Y agregó que «mientras continúen intentando exterminar a los judíos de Israel, la anexión representa una propuesta razonable». El escritor explicó, además, que el plan de anexar el valle del Jordán no es nuevo, ya que «fue creado por Yigal Alón, uno de los líderes del laborismo israelí (fallecido en 1980), cuyas ideas se encontraban en las antípodas de las que hoy sostiene Netanyahu». Birmajer considera que para decidir sobre este asunto, «debería llamarse a un plebiscito en Israel».

Respecto del futuro político de Israel, Schvindlerman considera que la propuesta de Liberman de formar un gobierno de unidad nacional que esté compuesto por el Likud, Kajol Labán e Yisrael Beitenu (su propio partido), «luce, objetivamente, como la mejor opción en términos de equilibrio ideológico y viabilidad para gobernar».

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Por Julián Schvindlerman

  

Los acuerdos de Oslo, 25 años después – 13/09/19

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El 13 de septiembre de 1993, Shimon Peres (por Israel) y Mahmoud Abbas (por la OLP) insertaron sus firmas en la “Declaración de Principios”, en una ceremonia en los jardines de la Casa Blanca de Bill Clinton. Conocido como los “Acuerdos de Oslo”, este pacto puso en marcha un proceso de negociaciones tendientes a alcanzar una paz final. En la jornada que marca su aniversario de plata, israelíes y palestinos siguen tan amargamente enfrentados como entonces.

Al acceder al pacto, la OLP se vio forzada a renunciar oficialmente a la praxis terrorista y a su anunciado objetivo histórico de establecer un estado palestino “desde el río [Jordán] al mar [Mediterráneo]”; lo que requería la obliteración de Israel. Formalmente reconoció al estado de Israel. En la actualidad, Gaza es auto-gobernada por palestinos pero padece un bloqueo en todas sus fronteras, con Egipto incluido. Casi la totalidad de la población palestina de Cisjordania está bajo gobierno palestino, pero éste sólo controla una porción de las tierras reclamadas. A su vez, grandes cantidades de palestinos cayeron bajo el fuego de soldados de Israel en varias confrontaciones. El estado palestino prometido en 1993 sigue siendo una fantasía.

Al consentir el acuerdo, Israel se convirtió en la primera nación en la historia en armar a un enemigo legendario con la esperanza de obtener seguridad a cambio. Usualmente, como ha observado Efraim Karsh, profesor emérito del King´s College, los acuerdos de paz llevan la premisa del desarme de la facción guerrera, como en los casos de las FARC o el IRA. A pesar del inquietante récord institucional de la OLP -promoción de terrorismo global, corrupción económica endémica, desestabilización de Jordania, papel sangriento durante la guerra civil libanesa, alianza con el Irak de Saddam Hussein- el gobierno Laborista de aquél entonces rescató a una agrupación moribunda, la legitimó ante los ojos del mundo y facilitó su retorno triunfal a la Palestina histórica desde su exilio en Túnez. Desde entonces, más de un millar y medio de israelíes cayeron víctima del terrorismo, miles de cohetes fueron lanzados desde la franja de Gaza (evacuada por Israel en 2005, hoy en manos de un movimiento jihadista), y una entidad políticamente hostil fue creada en zonas de Cisjordania (la Autoridad Palestina liderada por Fatah).

¿Por qué Oslo? Para responder este interrogante, debemos recordar la coyuntura en la que se hallaban Israel y la OLP en aquella época y las cosmovisiones que animaron la diplomacia secreta del Israel de entonces.

El desmoronamiento de la Unión Soviética a inicios de los años noventa privó a la OLP de su padrino político mundial. La alianza forjada entre Arafat y Hussein significó el aislamiento diplomático de la OLP una vez que Irak fue echado de Kuwait. Ese error de Arafat le costó caro al pueblo palestino. Miles de ellos fueron muertos en Irak en venganza y cientos de miles fueron expulsados de los países del Golfo Pérsico tras la guerra, en represalia. Además, los países árabes, históricos patrocinadores financieros de la OLP, le dieron la espalda. A fines del siglo XX, la OLP de Arafat estaba políticamente marginada y financieramente apretada. Cuando los israelíes le lanzaron el salvavidas político que significó el pacto de Oslo, la OLP no tuvo más remedio que aferrarse a él. Hani al-Hassan, un destacado oficial palestino, caracterizaría al acuerdo como “la paz de la necesidad”. Israel, por su parte, estaba desesperado por poner un fin a la intifada palestina que había estallado espontáneamente en diciembre de 1987. Con una opinión pública mundial indignada y una sociedad local agobiada, las autoridades israelíes se sentían muy presionadas. Oslo también fue un salvavidas para ellas mismas.

Dos enfoques disímiles y contradictorios chocaron en la arena política israelí durante la primera mitad de los años noventa. La noción de un “Nuevo Medio Oriente”, fomentada por el canciller Laborista Shimon Peres, sugería que un entramado de relaciones económicas entre Israel y sus vecinos árabes suprimiría añejas quejas nacionalistas y antipatías religiosas y cristalizaría el advenimiento de una era de paz y armonía regional. Un naciente estado palestino daría satisfacción a los anhelos nacionales y materiales de los palestinos, quienes, con su estatidad realizada y su bienestar económico asegurado, abandonarían sus impulsos destructivos antisionistas. Sobre la premisa de que “si ellos no comen, nosotros no dormimos”, Israel auspició el desarrollo económico de Gaza y Cisjordania con la ilusión de que ello disiparía los nubarrones de la contienda bélica. (Sólo en la última década, la economía cisjordana creció cerca del 49%; la economía gazatí, desconectada de Israel, se contrajo más del 5% en el mismo período). Filosóficamente, el postulado era, en esencia, marxista, al apoyarse en la idea de que las motivaciones económicas son el factor determinante de las relaciones humanas y estatales.

En la vereda de enfrente, Benjamín Netanyahu del Likud, promovía una visión política alternativa que era, en esencia filosófica, kantiana. Proponía la idea de que sólo regímenes democráticos podían traer la paz entre los pueblos. Sostenía que llenar los cofres de entidades dictatoriales o movimientos irredentistas (como la OLP) no las haría más moderadas, sino más poderosas. Kant predijo doscientos años atrás que las democracias propenden a la paz, interna y externa, y que las tiranías, a la guerra. Siendo Yasser Arafat, el líder del nacionalismo palestino, un hombre que a lo largo de su vida trajinó los senderos más oscuros de la violencia política, Netanyahu creía que transformarlo en un profeta de la paz era un emprendimiento tan ingenuo como imposible. Básicamente, Netanyahu estaba convencido de que era un error “compartir la Tierra Santa con el menos santo de los movimientos nacionalistas de nuestro tiempo”, en las palabras de Yossi Klein Halevi, un defensor desencantado del proceso de paz. Durante los años noventa, Bibi, como se lo conoce popularmente, representó la oposición más ácida a los Acuerdos de Oslo.

Casualmente, el mismo año de la firma de los Acuerdos de Oslo (1993), Peres publicó El nuevo Medio Oriente, texto que contenía sus ideas revolucionarias sobre la región, y Netanyahu publicaba Un lugar entre las naciones, su obra-fetiche sobre el lugar de Israel en la comunidad internacional. Sus miradas no podían ser más antagónicas.

Existió una tercera vertiente, sin embargo. El Primer Ministro en aquél tiempo era Isaak Rabin, un comandante militar de impecables credenciales y fama de duro dentro del Laborismo. Él no compartía la mirada rosada de Peres sobre el prospecto de un Medio Oriente renovado y sentía un rechazo contundente hacia Arafat. Pero, al igual que su canciller, estaba convencido de que la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania era inviable. Alguna desconexión territorial debía advenir. “Sacar Gaza de Tel-Aviv” fue un eslogan de campaña del Laborismo. Rabin quería una separación política de los palestinos, para lo cual necesitaba crear un gobierno autónomo en esas zonas disputadas. La OLP de Yasser Arafat ocupó ese lugar. Así, mientras Peres quería un matrimonio entre israelíes y palestinos, Rabin buscaba un divorcio. Ambas perspectivas convivieron durante los años del proceso de paz dentro del mismo partido.

Pero lo verdaderamente curioso fue la notable transformación ideológica de ambas figuras políticas en relativamente poco tiempo. Trece años antes de poner su firma en los acuerdos con la OLP, Shimon Peres opinaba:

“Los interlocutores que aducen que Arafat estará satisfecho con un objetivo menos ambicioso, es decir, que Israel se retire a las fronteras pre-junio 1967, que abandone Jerusalem oriental, y conceda el establecimiento de un ejército palestino, pueden no darse cuenta de que están patrocinando un plan que perjudicaría la capacidad de autodefensa israelí y la dejaría sin fronteras defendibles… Un estado de la OLP prolongaría, no terminaría, la contienda; construiría una base para la continuación de la lucha, no trabajaría en pos de la reconciliación”.

Un año antes, en 1979, Isaac Rabin ofrecía esta declaración no menos sorprendente:

“…nos oponemos en los términos más fuertes a la creación de un mini-estado palestino en el Margen Occidental y la Franja de Gaza, fundamentalmente porque no puede resolver nada… Los líderes de la OLP han declarado -y yo les creo- que ven ese mini-estado como la primera fase para la obtención de su así llamado ´estado secular y democrático´ a ser construido en Palestina sobre las ruinas del Estado de Israel”.

Ni Rabin (asesinado por un compatriota en 1995), ni Arafat ni Peres (fallecidos en 2004 y 2016 respectivamente) llegaron al vigésimo quinto aniversario del polémico acuerdo que ellos gestaron. Sus sucesores actuales, Abbas y Netanyahu, son adversarios enconados. El proceso de paz está estancado. Palestina está fracturada entre Gaza y Cisjordania. Israel vive bajo amenaza constante.

Unas bodas de plata para el olvido.

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Por Julián Schvindlerman

  

Hace 50 años, Muammar Gaddafi llegaba al poder – 01/09/19

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Perfil online – Sección El Observador

Muhamar Qaddafi se hizo notar públicamente el 1 de septiembre de 1969 cuando, junto con otros oficiales libios y contando apenas 27 años de edad, derrocó a la monarquía del Rey Idris al-Sanusi, mientras éste vacacionaba en Turquía. El gobierno fue desbandado, la constitución fue anulada y una nueva república, proclamada. Desde el primer día, el nuevo líder libio prometió una nueva era, tal como quedó contenido en el primer documento emitido el día del golpe: en la República Árabe Libia “nadie será aterrorizado, nadie engañado, nadie oprimido, no patrones, no sirvientes, sino hermanos libres”. Unas pocas semanas más tarde, Qaddafi proclamó la autoridad del pueblo al decir que “la revolución es una revolución popular… El pueblo es el maestro, el pueblo es el pionero, el pueblo inspiró a las fuerzas armadas… y el pueblo es el gobernante… el ´rey de reyes´”.

Pero no todos estaban convencidos. De hecho, tan sólo dos meses después del golpe, ministros del nuevo gabinete intentaron destituirlo. En respuesta, el Coronel aprobó la Ley para la Protección de la Revolución según la cual hacer campaña contra el estado era una ofensa criminal, tal como incitar al odio, esparcir falsedades o manifestarse y hacer huelgas. “La ejecución es el destino de cualquiera que forme un partido político” advirtió Qaddafi desde Trípoli. De por cierto que hubo ahorcamientos públicos de opositores y otras formas de opresión. Asumió los roles de primer ministro y ministro de defensa y se rodeó de asociados de confianza y familiares. Los británicos intentaron derrocarlo por medio de mercenarios belgas y franceses, pero el plan fracasó cuando agentes yugoslavos lo desbarataron. A lo largo de los años, Qaddafi sobrevivió al menos ocho intentos serios de golpe de estado y varios complots de asesinato.

En los años siguientes, Qaddafi implementó una campaña de arabización e islamización de la sociedad para erradicar toda influencia occidental. Prohibió la enseñanza escolar en cualquier idioma que no fuera el árabe. Removió los carteles callejeros de signos latinos, vedó el consumo de bebidas alcohólicas, cerró teatros y salas de conciertos, clausuró las bases militares de Estados Unidos y Gran Bretaña, nacionalizó los bancos extranjeros y se apropió de la comercialización del petróleo. Transformó a la catedral de Trípoli en una mezquita y a la catedral de Benghazi en los cuarteles centrales del Gremio Socialista Árabe. Hizo derribar una antiquísima estatua romana de Septimus Severus y otros tesoros culturales. También expulsó a las comunidades judías e italianas y confiscó sus propiedades. En un acto especialmente humillante, obligó a los italianos a desenterrar a sus muertos y llevárselos del país, y se aseguró de emitir el macabro espectáculo por televisión.

Durante un discurso dado en la localidad de Zawara en abril de 1973, Qaddafi declaró los cinco puntos fundamentales de su revolución ideológica: el reemplazo de la ley civil por la ley religiosa islámica, purgar al país de los enfermos políticos, la creación de una milicia popular para proteger la revolución, el lanzamiento de una revolución administrativa y otra cultural. Hizo su anuncio el mismo día de un aniversario del nacimiento del profeta Mahoma y sus cinco puntos pretendían remitir a los cinco pilares del islam. Unos años después encargaría al músico de la corte que compusiera una canción llamada “Mensajero del Desierto Árabe”. Más adelante en el tiempo, el régimen publicaría una estampilla con la imagen de Qaddafi montado a un caballo blanco que parecía estar apuntando al cielo, una alusión al relato islámico de Al-Buraq, la bestia alada que transportó a Mahoma en su vuelo nocturno de Meca a Jerusalem.

Mientras que en el plano doméstico Libia estaba ingresando a una era caótica y dictatorial, en el plano de las relaciones exteriores estaba por involucrarse en múltiples conflictos ajenos y enredarse en varias disputas bilaterales. Qaddafi aspiraba a unir a su patria con otras naciones árabes y crear un súper-estado árabe-musulmán. Sus intentos -con Egipto, Siria, Túnez, Sudán, Marruecos- terminaron en fracasos políticos y enemistades manifiestas con otros líderes. A lo largo de su alocada gestión, según ha documentado la académica inglesa Alison Pargeter en Libia: El ascenso y caída de Qaddafi, el Coronel invadió Chad, luchó junto a Uganda contra Tanzania, fomentó una insurrección en Nigeria y creó el “Frente de Constancia y Confrontación” contra Egipto tras el pacto de paz del Cairo con Israel. Amenazó con atacar Malta cuando petróleo fue descubierto en el mar Mediterráneo que separa a ambas naciones. Rompió relaciones con Arabia Saudita, a quien necesitaba para expandir su pan-arabismo, por sus vínculos con Estados Unidos, e intervino a favor del chií Irán durante la guerra con Irak, a pesar de que la población libia es mayormente suní. Trípoli fue un importante cliente de armas rusas, dando así la espalda a los chechenos musulmanes insurrectos.

Qaddafi apoyó tal cantidad de movimientos secesionistas y terroristas en todo el mundo -en Líbano, Palestina, Eritrea, Chad, Egipto, Sudán, las Islas Canarias, Gales, Angola, Tailandia, Nicaragua, Argentina, Italia, Córsica y Sardinia- que parecía ser como un Fondo Monetario Internacional para gobiernos ilegítimos, comentó el escritor satírico Joe Bob Briggs. “Lo que es extraño sobre estos años”, agregó, “es que uno no puede discernir un propósito abarcador en nada de ello, excepto quizás Desestabilizar al Universo Entero, como un villano en una película de James Bond”. En 1973 sugirió torpedear el barco inglés Queen Elizabeth II mientras transportaba judíos a Israel para celebrar el 25 aniversario del pequeño país. Cierta vez denunció que Occidente podría querer conquistar Libia porque tenía las playas mejor ubicadas bajo el sol. Estableció el Premio Qaddafi a los Derechos Humanos aun cuando había enviado escuadrones de la muerte a liquidar disidentes en Los Ángeles, Roma, Londres, Atenas, Beirut, Bonn y Milán. (También creó el Premio Mundial Qaddafi de Literatura). Recibió con honores en su tierra a los cuerpos de los terroristas palestinos abatidos que mataron atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich. Hizo estallar en el aire un avión de Pan Am, uno de UTA, uno de Libia y una discoteca en Berlín. Cuando el gobierno de Ronald Reagan bombardeó su residencia personal en 1986, provocando la muerte de una de sus hijas, Qaddafi declaró que era legal comer a soldados estadounidenses, puesto que éstos eran animales.

El Coronel lanzó un programa de armas de destrucción masiva que abandonó tras las invasiones norteamericanas de Irak y Afganistán. Al cabo de pagar reparaciones por algunas de sus acciones terroristas fue readmitido a la familia de las naciones. El líder árabe solía desplazarse con su mega carpa beduina y delegaciones abultadas. En ocasión de una visita a Paris en 2007, por ejemplo, se hizo acompañar por cuatrocientos funcionarios repartidos en cinco aviones y la prensa reportó que llevó consigo un camello sahariano para “saludar a los visitantes en la verdadera tradición del desierto”. También lo acompañaban en sus visitas al extranjero una coterie de guardianas mujeres, denominadas las amazonas, a muchas de las cuales él mismo sometió sexualmente. Como ha informado la periodista francesa Annick Cojean en Las cautivas: el harén oculto de Qaddafi, solía visitar escuelas secundarias y palmear a alguna niña con cariño; señal para sus guardianas de que la llevasen a su morada esa misma noche. Violó a las esposas e hijas de sus propios generales y usó el sexo como herramienta de opresión política.

La Enciclopedia Política del Medio Oriente lo describió como “un agresor arquetípico, un líder inestable, frenético e impredecible”. David Sullivan, un investigador privado norteamericano que vivió en Libia, dijo que Qaddafi era un loco que transformó a aquella nación árabe en un manicomio. El presidente Ronald Reagan oportunamente lo tildó de ser el “perro rabioso del Medio Oriente”. El corresponsal brasilero Andrei Netto lo definió como “el Osama bin Laden de los 1980s”. El veterano periodista Jon Lee Anderson vio en el “una figura desquiciada” a la que bautizó “el Michael Jackson de la política global”. Y Oriana Fallaci fue implacable: “Es estúpido. Es clínicamente estúpido… Es el más estúpido de todos”.

En el análisis final, su ambición desmedida fue infructuosa. Sus asonadas golpistas no provocaron la caída de ningún gobierno. Ninguno de los grupos separatistas que apoyó alcanzó su independencia, ni campaña terrorista alguna que él alentó quebró la voluntad de nación alguna. Sus ilusiones panarabistas y panislámicas no se cristalizaron, mientras que las consigas de su Libro Verde sólo fueron aplicadas, a la fuerza, en Libia, y abandonadas tras su muerte. “Qaddafi ha cosechado amargura y destrucción sin obtener ninguno de sus objetivos” observó el experto en asuntos meso-orientales Daniel Pipes. “Mayor futilidad apenas puede imaginarse”.

Febrero de 2011 marcó el inicio del fin del régimen Qaddafista. Motivada por las revueltas que estaban ocurriendo en otros países del Medio Oriente, la generación joven de Libia salió a las calles a manifestarse pacíficamente a favor de un cambio democrático. La mayor de estas movilizaciones aconteció en Benghazi, históricamente enemistada con la región occidental del país y su capital, Trípoli. En una vuelta de tuerca del destino, la ciudad desde la que Qaddafi había anunciado su golpe militar exitoso 42 años antes, gestó su caída. El Coronel acusó a los rebeldes de estar bajo los efectos de alucinógenos que alguien había metido en su café con leche y reprimió con ferocidad. Sólo durante la primera semana de sublevación popular, cientos de manifestantes fueron muertos a tiros por el ejército. A mayor desafío popular, más delirante parecía ponerse el líder. “Ellos me aman, todo mi pueblo está conmigo. Toda mi gente me ama” declaró a un periodista inglés. Y También: “Ellos morirían para protegerme”. De por cierto que muchos libios murieron. No por él, sin embargo, sino a su causa. Hallado oculto en una cloaca en las afueras de Sirte en octubre de aquél año –a doscientos cincuenta días exactos desde el inicio de las revueltas- Qaddafi fue empalado, linchado y tiroteado sin piedad.

Para un hombre que había profetizado “la era de las masas” (la Jamahiriya, palabra de su invención), y que incluso había rebautizado a Libia como Al-Jamahiriya al-arabiyya al-Libiyya al-Shaabiyya al-ishtirakiyya (“Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista”), puede decirse que su muerte en manos del pueblo fue un acto de brutal justicia poética.

Julián Schvindlerman: Profesor Titular de Política Mundial en la carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo.

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El síndrome de Estocolmo ha cumplido 46 años – 30/08/19

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Clark, te veré de nuevo!», gritó a modo de despedida la joven Kristin Ehnmark desde la camilla en la que estaba sentada, presta a ser ingresada en una ambulancia, rodeada de policías y enfermeros y, un poco más lejos, de periodistas y curiosos. Era uno de los rehenes que acababan de ser liberados tras seis días de cautiverio en el Sveriges Kreditbank de Estocolmo, Suecia. Clark Olofsson era uno de sus captores.

Fue a partir de esos sucesos de fines de agosto de 1973 que se acuñó el concepto Síndrome de Estocolmo (SE). Los expertos en psicología del terrorismo se habían centrado hasta entonces en los mecanismos de desconexión moral de los terroristas, en un intento de estudiar las maneras en que se comportaban frente a sus víctimas-objetivo. El robo al banco sueco les forzó a contemplar también la psicología de las víctimas y los lazos poderosos que se podían entablar entre captores y rehenes.

Aunque el incidente del 23 al 28 de agosto de 1973 no fue un caso de terrorismo, sino apenas un ardid delictivo, tuvo un fuerte impacto en esa y otras disciplinas.

El concepto fue acuñado por el psiquiatra y criminólogo Nils Bejerot, en aquel entonces consultor de la Policía sueca.

El SE es un fenómeno psicológico curioso, una suerte de distorsión afectiva. Según la Enciclopedia Británica, el lazo se crea cuando el captor amenaza inicialmente con tomar la vida del rehén y luego decide no matarlo. El alivio del rehén ante la eliminación de esa amenaza se expresa en sentimientos de gratitud hacia el captor por concederle la vida. El robo al banco de Estocolmo duró seis días, lo que ha llevado a psicólogos a concluir que el vínculo se puede desarrollar rápidamente y que el anhelo de supervivencia de la víctima supera la necesidad de odiar al responsable de haber generado esa situación de tensión.

El análisis psicológico sugiere que el instinto de supervivencia está en la raíz del SE. Como las víctimas son forzadas a depender de la caridad de los victimarios, inconscientemente buscan bondad en un entorno hostil. La menor acción positiva por parte de los captores es leída como un buen trato, y entablan un nexo entre la felicidad de estos (la satisfacción de sus exigencias) y la suya propia (la liberación). La doctora Anna Freud llamó a estas reacciones «identificación con el agresor».

El psiquiatra sueco Lennart Ljungberg, quien trató posteriormente a los rehenes del Sveriges Kreditbank, dijo que eran personas mentalmente sanas a quienes una ordalía desbarató patrones neuróticos que antes habían estado bajo control. En un ensayo publicado en 2015 en The International Journal of Advanced Research, el profesor Minu S. Nair cita un informe del FBI que determinó que sólo el 8% de las personas expuestas a una situación de secuestro desarrolla este síndrome. Tras estudiar más de 1.200 episodios de tomas de rehenes, los investigadores del FBI concluyeron que hay tres factores necesarios para su manifestación: 1) la crisis debe durar varios días, 2) los captores deben permanecer en contacto con los rehenes y 3) los captores deben mostrar cierta amabilidad para con sus víctimas.

Quienes estudiaron esta matriz psíquica señalaron que el SE está signado no sólo por el lazo positivo entre captor y cautivo, sino por una actitud negativa hacia las autoridades que amenacen esa relación idílica captor-cautivo. Durante el robo al banco sueco, los rehenes reiteradamente se aliaron con sus captores contra la Policía, que buscaba liberarlos. Hasta tal punto fue así que en el instante previo a su liberación, cuando se ordenó a los secuestradores permanecer en el banco y dejar salir a los rehenes, estos últimos se opusieron, prefiriendo salir abrazados a los criminales para que no fueran ejecutados. Bajo la mirada atónita de los policías, captores y cautivos se besaron y estrecharon las manos.

Para entender el desenlace es menester conocer los detalles de ese acontecimiento singular. Daniel Lang hizo un trabajo formidable al respecto cuando escribió para The New Yorker un artículo de alrededor de 45 páginas poco más de un año después, apoyado en entrevistas personales con los involucrados, documentos oficiales e informes de prensa. Con el título «The Bank Drama», sigue siendo una fuente de referencia insoslayable.

Todo comenzó cuando Jan-Erik Olsson, un exconvicto de 32 años que había residido en Texas, entró armado al Sveriges Kreditbank, disparó al techo y anunció a los gritos, en inglés: «¡La fiesta acaba de empezar!». Colocó una radio sobre uno de los estantes y la puso a todo volumen, creando una atmósfera surrealista de robo de banco a ritmo de rock. Su atuendo y su idioma agregaban confusión. Vestía una peluca de cabellera desordenada, un gorro de vaquero del Viejo Oeste y hablaba, ya digo, en inglés. Como en aquel entonces la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) operaba en Europa, algunos pensaron que se trataba de un terrorista árabe. Otros supusieron que era un loco, un ladrón o ambas cosas.

Olsson hizo salir a todos los presentes, salvo a Birgitta Lundblad, Elisabeth Oldgren y Kristin Ehnmark. Pidió hablar con la Policía y presentó sus demandas, entre las que se contaban la liberación del preso Clark Olofsson y la entrega de armas, un automóvil Mustang y una cantidad en efectivo de unos 700.000 dólares. El ladrón, luego se sabría, estimó que, con unas elecciones generales en ciernes, las autoridades accederían a sus reclamos. Esa resultó ser una estimación errada. En todo caso, el contexto electoral fortaleció la determinación del Gobierno de doblegar al delincuente.

Un policía vestido de paisano que estaba en la zona ingresó al banco. Olsson no lo vio, pero Birgitta sí y exclamó: «¡No dispare!», lo que alertó al ladrón, que sí disparó e hirió al agente. A otro policía que entró identificándose previamente lo hizo sentar y cantar una canción de su elección. Eligió «Lonesome Cowboy», de Elvis Presley, y la cantó para que la Policía pudiera escucharla al otro lado de la línea. Fue un preludio de que lo que estaba por ocurrir en ese banco sería extremadamente bizarro.

El robo se convirtió en una sensación nacional, con cobertura exhaustiva de la prensa, que llegó a entrevistar a los rehenes por teléfono y a emitir sus conversaciones para el público general.

En un esfuerzo por determinar la identidad del secuestrador, la Policía cometió un error. Creyendo que se trataba de Kaj Hannson, un fugitivo, trajeron desde el sur del país a su hermano y a un amigo suyo. «Kaj, Kaj, soy tu hermano», dijo el susodicho, asomándose a la puerta del banco; pero él y su colega debieron salir corriendo cuando Olsson les respondió con tiros de metralleta. El verdadero Kaj Hannson aportó una nota de color cuando llamó a la Policía desde Hawai, donde se encontraba escondido, para hacer saber su indignación por la confusión. Al poco tiempo fue extraditado.

Mientras tanto, Clark Olofsson fue llevado al banco. Al principio no reconoció a su amigo; cuando lo hizo, le saludó en sueco. Olsson respondió en esa lengua y entonces quedó más acotado el rango de su identidad posible. Clark buscó y quemó las cintas de grabación del banco y halló oculto en un cuarto a otro empleado, Sven Säfström. Unos días después, para matar el aburrimiento, quemaría fajos de billetes. Habitualmente tarareaba la canción «Killing me softly with his song», de Roberta Flack. Jan se movía dentro del banco acompañado de sus rehenes. Intuía, con acierto, que había francotiradores afuera. A su metralleta la llamaba «mi abogado».

La Policía accedió a sus exigencias, pero tomó precauciones. Ocultó un radar en el automóvil, puso helicópteros en el aire, reforzó las guardias en los aeropuertos y erigió puestos de control en las rutas. El jefe policial a cargo, Sven Thorander, pidió a Olsson que permitiera se revisara el estado de los rehenes. El comisario Lindroth pudo hacerlo. Al regresar relató que los cautivos tuvieron una actitud hostil hacia él, que no le pidieron nada ni mostraron miradas suplicantes. Notó que se los veía relajados al interactuar con uno de los secuestradores. Informó, para sorpresa de todos, que los rehenes pidieron que se les dejase salir a todos juntos.

Por el relato de Daniel Lang sabemos que Olsson dio permiso a las mujeres para ir al baño, pero les colgaba una soga al cuello. «No podía ir demasiado lejos y estaba atada a la soga que él sostenía, pero me sentía libre», diría luego Elisabeth. «Recuerdo haber pensado que fue muy amable al dejarme salir». A Kristin la dejó ir sin ataduras. Se topó con un policía escondido en los alrededores, quien le susurró que le indicase cuántos rehenes había. «Le mostré con mis dedos», contaría más tarde. «Me sentí una traidora. No sé por qué».

Se autorizó a las cautivas a entablar conversaciones telefónicas con sus familias. Kristin habló con su madre. Elisabeth no halló a nadie en su casa. Birgitta sólo pudo hablar con la mucama y estaba desolada. Olsson la reconfortó. Le acarició la mejilla y le dijo: «Prueba de nuevo, no abandones». En el banco hacía frío. Elisabeth relató que cuando Olsson notó que tiritaba la cubrió con su campera. «Jan era una mezcla de brutalidad y ternura», dirá posteriormente. En cierto punto, Kristin llamó al entonces primer ministro sueco, Olof Palme. El diálogo fue grabado por la Policía y transcripto. Durante su investigación de 1974, Lang accedió al mismo. Sorprende la actitud de la cautiva. «Confío plenamente en Clark y el ladrón… han sido muy buenos», «quiero salir con estos dos muchachos… Quiero irme con el ladrón… Todo el pueblo sueco sabe que queremos irnos con Clark y el ladrón», se la oye insistir. Cuando el premier le pregunta por qué, Kristin responde: «Porque confío en ellos».

Poco después llamó la madre de Kristin al banco y regañó a su hija por la informalidad con la que se había expresado durante sus entrevistas. A la par, una de las mujeres comenzó a menstruar y los captores exigieron con insistencia que les hicieran llegar tampones. Elisabeth habló con su madre y le aseguró que las cosas no eran tan malas como la prensa decía. Birgitta también habló con su madre y le preguntó por sus hijos. Al colgar estaba triste y Olsson la consoló. Tras su liberación dirá: «El ladrón me dijo que todo iría bien si la Policía se fuera. Coincidí con él. Sí, pensé, es la Policía la que me aparta de mis hijos». A veces Kristin se despertaba de noche exaltada por pesadillas. Olsson la tomaba de la mano y la tranquilizaba. Kristin también admitió ante la Policía que Clark y ella hicieron manitas: «Clark me daba ternura. Sí, nos dimos la mano, pero no hubo sexo. Me hizo sentir enormemente segura». Lang cuenta que Olsson y una de las rehenes, a la que no identifica, intimaron durante el cautiverio. Ella narró que Jan le acarició las nalgas y los pechos con su consentimiento, pero que se negó a tener sexo; Olsson, frustrado, se masturbó. Con la conclusión del secuestro, la Policía científica halló muestras de semen en el suelo y pensó en la posibilidad de una violación. La prensa, por su parte, especulaba con qué estarían haciendo durante tantos días tres varones y tres mujeres jóvenes encerrados.

Consternados por el drama en curso, ciudadanos comunes inundaron con sugerencias diversas la central telefónica de la Policía. Algunas propuestas, ofrecidas por señoras mayores, fueron peculiares. Una dijo que lo que había que hacer era meter abejas agresivas en las tuberías, para forzar la salida de los malhechores. Otra opinó que la clave podría estar en organizar frente al banco un concierto de temas religiosos del Ejército de Salvación, con la esperanza de que eso aflojara la resistencia moral de los secuestradores. Llamativamente, la solución al problema que ideó la Policía no estuvo muy alejada de una de estas propuestas; consistió en alcanzar a los delincuentes por las tuberías; sólo que en vez de abejas se metió gas.

Previamente habían intentado dormirlos poniendo somníferos en la cerveza que les entregaron junto con unos sándwiches. Olsson y Olofsson hicieron que sus rehenes comieran primero, y sólo media hora después se animaron a hacerlo ellos. Nadie tocó la cerveza, pues tenía un aspecto sospechoso. Antes se habían estado alimentando con unas peras que Olsson compartió con el grupo. Una vez las autoridades llegaron a la conclusión de que los secuestradores no eran unos asesinos, decidieron lanzar gases adormecedores por los conductos de ventilación. Pero Olsson encontró la manera de frustrar el plan: ató sogas alrededor de los cuellos de los rehenes y las colgó del techo; si éstos se desvanecían, morirían estrangulados. Dejó que la Policía introdujese una cámara diminuta para que pudiera comprobar la situación. Cuando Birgitta se aflojó el nudo, Jan lo reforzó. Aun así, Kristin explicaría tras su liberación:

Ese era nuestro mundo. Estábamos en la cámara para respirar juntos, para sobrevivir. Quien amenazara ese mundo sería nuestro enemigo.

Al principio la Policía cedió, pero con el correr del tiempo y sin una alternativa más efectiva el oficial a cargo, Sven Thorander, eligió correr el riesgo. Ordenó poner fin a toda comunicación con el grupo, detener el envío de alimentos, cortar el suministro de luz y que se introdujeran los gases desde el techo. Se vertieron quince botes en un minuto, para que fueran efectivos. Del otro lado de la puerta había policías armados y con máscaras de gas. Se envió también un equipo de anestesiólogos, presto a reanimar a los rehenes que se hubieran desmayado. Fuera del banco aguardaban media docena de ambulancias.

El drama del banco llegó así a su fin. Suecia respiró aliviada. Birgitta se quedó con la radio de Olsson y Kristin con una bala de su ametralladora. Souvenirs que su secuestrador gentilmente les obsequió. Un año más tarde, una de las rehenes visitará a Clark en prisión. Ni Quentin Tarantino en el pico de su creatividad hubiera imaginado un guión tan absurdo como el que se vivió en aquel banco de Estocolmo en el verano boreal de 1973. 

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Политические разногласия в еврейской общине – 23/08/19

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Марк Котлярский, Евгения Слюдикова, «Детали» К.В.

Но кандидаты в президенты пока не «разыгрывают» еврейскую карту, и еврейских тем не касаются. Об этом «Деталям» сказал профессор Хулиан Швиндлерман – известный аргентинский журналист и политолог, один из ведущих обозревателей крупного аргентинского интернет-ресурса Infobae.

– Руководители DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas – головная организация еврейской общины Аргентины; представляет сообщество на различных официальных мероприятиях и осуществляет контакты с властями – прим. «Детали»), и многих других еврейских организаций заняли выжидательную позицию, – утверждает Швиндлерман. – Хотя еврейская община в целом обеспокоена возможным возвращением «киршнеризма» во власть.

Правда, первое правительство, возглавляемое Нестором Киршнером (был президентом Аргентины с 2003 по 2007 год, после чего передал бразды правления своей супруге Кристине. Скончался в 2010 году – прим. «Детали»), в целом, не создавало общине особых проблем. А вот уже его преемница, Кристина Фернандес де Киршнер, заняла во внешней и внутренней политике такую позицию, обеспокоившую евреев. Преимущественно из-за Меморандума о взаимопонимании с Исламской Республикой Иран и связей правительства с далеко не «кошерными» персонажами. Все помнят и о том, что все еще не раскрыты обстоятельства смерти (убийства?) прокурора Альберто Нисмана, который обвинял Кристину Фернандес в государственной измене.

Кристина Фернандес де Киршнер поощряла раскол общины, спонсируя создание в ней маргинальной группы, которая стремится подорвать легитимность представительских еврейских институтов и структур. Это евреи-антисионисты, к тому же резко антипатично относящиеся к местным евреям. Но, в отличие от этих маргиналов, большинство евреев Аргентины весьма встревожены возвращением к власти столь одиозной персоны, как Кристина Киршнер, – говорит Швиндлерман.

По его мнению, если экономическая ситуация еще сильнее ухудшится и антисемитизм усилится, многие евреи задумаются об эмиграции. Но, как настаивают в Casa Rosada – штаб-квартире аргентинского правительства – пока не прошли президентские выборы – выводы делать рано.

Большинство местных евреев поддерживают кандидатуру Макри и собираются отдать за него голоса в октябре. Но их не так много, чтобы их голоса стали для него решающими.

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[Versión en español]
Traducción vía Google:

Diferencias políticas en la comunidad judía
Por Mark Kotlyarsky y Evgenia Slyudikova

Los candidatos presidenciales aún no han «jugado» la carta judía, y no les preocupan los temas judíos, dijo a Detaly el profesor Julián Schvindlerman, un famoso periodista y analista argentino, uno de los principales colaboradores de un gran medio argentino de Internet, Infobae.

“Los líderes de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) y muchas otras organizaciones judías han tomado una actitud de esperar y ver”, dice Schvindlerman. Aunque la comunidad judía en su conjunto está preocupada por el posible regreso del kirchnerismo al poder.

“Su primer gobierno, con Néstor Kirchner, no cristalizó problemas con la comunidad judía en términos generales. Fue más bien su sucesora y viuda Cristina Fernández, quién abrazó posiciones en materia de política exterior y doméstica que inquietaron a la comunidad. De manera preponderante fue el Memorando de Entendimiento con la República Islámica de Irán y su asociación con personajes no enteramente kosher, más la muerte aun no aclarada del fiscal Alberto Nisman que la acusó a ella de traición a la patria. CFK fomentó la división de la comunidad al auspiciar la creación de un grupo marginal, alejado de la comunidad judía, que busca socavar la legitimidad de las instituciones representativas”. Estos judíos son antisionistas y muy antipáticos hacia los judíos locales. “Pero, a diferencia de estos marginales, la mayoría de los judíos en Argentina están bastante alarmados por el regreso al poder de una persona tan polarizante como Christina Kirchner”, dice Schvindlerman.

En su opinión, si la situación económica se deteriora aún más y el antisemitismo se intensifica, muchos judíos considerarían emigrar. Pero, como insiste la Casa Rosada, la sede del gobierno argentino, hasta que hayan pasado las elecciones presidenciales, es demasiado pronto para sacar conclusiones. La mayoría de los judíos locales apoyan la candidatura de Macri y tienen la intención de votar por él en octubre. Pero no hay tantos como para que sus voces se vuelvan decisivas para él.

Comunidades, Comunidades - 2019

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Muhamar Qaddafi à la mode – 08/19

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Ahora que se cumplen 50 años de la revolución Qaddafista -cuando un joven apuesto militar, al mando de unas pocas decenas de oficiales, derrocó a la monarquía de Idris al-Sanussi un lejano septiembre de 1969-, ahora que su caótico gobierno de cuatro décadas de duración -durante el cual transformó a Libia en un laboratorio social para experimentar con el pueblo sus excéntricas teorías- ha llegado a su fin, ahora que su complejo legado -represión doméstica brutal, promoción de guerras regionales y terrorismo global, desintegración del país en una guerra civil y tribal sangrienta tras su muerte- es más o menos conocido, ahora quizás sea entonces aceptable enfocarnos en uno de los aspectos más frívolos y menos dañinos de su persona: su colorido, vívido y peculiar vestuario.

Su particular estilo estético contribuyó a su fama de hombre estrafalario. Me gustaría follar los pantalones del Coronel Qaddafi» respondió el pintor Francis Bacon cuando el escritor inglés Jeffrey Bernard le preguntó con quien más que nadie en el mundo le gustaría acostarse. La revista Time publicó un artículo sobre su estilo que llevó por título «La moda de Qaddafi: el emperador tenía algo de ropa loca». Su autor, Nicholas Hegel McClelland, acotó: «Durante cuatro décadas de liderazgo despiadado, el ´Hermano Líder´ probablemente no recibió muchas observaciones de su sastre». Durante una conferencia de prensa en Libia en 2008 lució un gorro caqui y una camisa al tono con imágenes de varios nacionalistas árabes, entre ellos el egipcio Gamal Abdel Nasser. Para la sesión de clausura de una cumbre de líderes africanos en Sudán en 2006, se vistió íntegramente del mismo color. «Puede preguntarse por qué Gadafi se vistió de púrpura de pies a cabeza. Pero la pregunta más relevante es: ¿Por qué no fue aterciopelado? Creemos que George Costanza estaría de acuerdo» lanzó Nicholas Hegel McClelland. Al contemplar la túnica de tonos amarillos que el Coronel usó durante la apertura de la cumbre de Jefes de Estado africanos en Addis Abeba en 2009, este periodista notó que era «excelente para ocultar las manchas de mostaza».

Los periodistas de pret-a-porter estaban igualmente fascinados. En 2009, la revista Vanity Fair le dedicó una nota titulada «El Coronel Qaddafi: una vida en la moda» con esta presentación:

«Desde que completó su transición de paria internacional a estadista, el Coronel Muhamar Qaddafi -el líder de mayor trayectoria tanto en África como en el mundo árabe- ha traído color y su propio estilo excéntrico al circuito monótono de cumbres y conferencias internacionales. Basándose en las influencias de Lacroix, Liberace, Phil Spector (para el cabello), Snoopy e Idi Amin, el líder de Libia, ahora en sus 60 años, es simplemente el vestidor más descarado del escenario mundial. Rendimos homenaje a un genio de la sastrería de nuestro tiempo».

Al parlamento francés asistió con un traje negro y un mapa de África adosado al pecho en el color nacional de Libia haciendo juego con una camisa verde con el detalle de «una hermosa capa y bufanda arrojadas sobre su hombro a la manera del gran empresario de cabaret francés de la época de Toulouse-Lautrec, Aristide Bruant» en la descripción de Christophe Ena. Cuando visitó el Palacio de Versalles portando un sombrero aviador y una campera de cuero marrón con piel de cordero, Patrick Kovarik observó: «¿De dónde obtiene este individuo extraordinario las ideas para su guardarropa?». Al recibir a Hosni Mubarak en Sirte, Qaddafi lució un pantalón blanco y una camisa extravagante impresa con fotos de lo que parecían ser héroes africanos; se calzó zapatos de cuero negros con altos tacos durante una caminata por la playa (presumiblemente para estar a la altura del egipcio) y cargó un paraguas blanco en su mano derecha.

Otros periodistas se mostraron más críticos. Aterrizó en Italia para una reunión con Silvio Berlusconi «con el uniforme tradicional de un dictador de república bananera, con matices y charreteras que habrían avergonzado a Napoleón» según consignó impiadosamente Alessandra Benedetti. Clavada en sus ropas podía verse una fotografía del héroe nacional libio Omar al-Mukhtar, quien fue ejecutado por las autoridades coloniales italianas en la década de 1930. En un encuentro del G-8 lució un traje blanco al estilo de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche bajo una típica chalina árabe de color negro, ostentando varias medallas y «un broche de África, por si alguien olvidara que Muhamar es el presidente de la Unión Africana» acotó con sorna cierto corresponsal. Cuando el Coronel vistió unas túnicas de color salmón con detalles violetas y un gorro marrón, Laurent Rebours disparó: «Esto, sorprendentemente, es la idea de Qaddafi de llevar ropa adecuada para el almuerzo con el primer ministro portugués, Antonio Guterres, en el Hotel Sheraton de El Cairo, en abril de 2000. Eso, o su equipaje se perdió en el camino y sacó un atuendo del tapizado de su habitación de hotel».

El académico y diplomático norteamericano Ethan Chorin subrayó que el narcisismo del Coronel estaba exacerbado por asuntos de identidad sexual asociados a su fijación por la moda con un toque femenino. «[Qaddafi] puede revisar el armario de Nancy [la Primera Dama] cuando quiera» acotó al respecto con ironía Ronald Reagan en su tiempo. Enric Gonzalez informó en El País de España que el líder libio se presentó en un acto oficial «maquillado como una Barbie y con zapatos de tacón».

Aunque Qaddafi nunca llegó a impactar en el arte y en la moda occidental como Mao lo hizo -Andy Warhol lo retrató, Amazon ofrece remeras con su rostro estampado y existe el cuello homónimo para referir a cierto tipo de chaqueta- nos queda el estilo Q para recordar el lado más liviano de su legado.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2019

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Argentina Designates Hezbollah a Terrorist Group – 22/07/19

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 22/07/19

On the eve of July 18, coinciding with the 25th anniversary of the attack on the headquarters of the Jewish community of Argentina, AMIA, Argentine President Mauricio Macri issued a decree establishing the legal framework for the designation of individuals and groups as terrorists. It is known as Registro Nacional de Personas y Organizaciones Sospechosas de Terrorismo (RENAPOST). The next day, the Financial Information Unit ordered the freezing of assets “of the terrorist organization Hezbollah, specific entities of the military wing that make up the organization and leaders of the organization.” Thus, Argentina became the first Latin American nation to designate this Shia militia as terrorist. That same day, Secretary General of the Organization of American States (OAS) Luis Almagro urged the 34-member countries to follow in the footsteps of Buenos Aires. “Let’s commit ourselves,” he declared, “to appointing Hezbollah as a terrorist organization that undermines the principles of human dignity that we defend in this hemisphere.” Visiting Buenos Aires, the US Secretary of State Mike Pompeo reinforced this request.

It was time for Argentina -a country that suffered Hezbollah´s violence in 1992 (the Israeli embassy bombing) and in 1994 (the AMIA bombing), with a sum total of 114 dead- to designate this militia as a terrorist group, as was done, partially or completely, by the Arab League, the European Union, Canada, Australia, New Zealand, the Netherlands, the United States and Israel. Although a quarter of a century late, this measure is unprecedented in Latin America and puts Argentina at the forefront of the fight against terrorism in the region.

Indeed, Hezbollah is one of the most important terrorist organizations in the world. It has built a worldwide network of terror that has spread from the Middle East to Latin America. It has carried out suicide bombings, aircraft hijackings, political assassinations, arms smuggling and fired rockets against civilians. It was the first terrorist organization in modern history to have committed a suicide attack; against soldiers of France and the United States in Beirut in 1983 (more than 300 dead). Until Al-Qaeda removed it from the nefarious podium on September 11, 2001, Hezbollah was the group responsible for killing more Americans than any other terrorist organization.

In Latin America, it not only hit in Buenos Aires. On July 19, 1994, Flight 901 of Alas Chiricanas departed from the town of Colón to Panama City with 21 people on board —to never arrive at destination. A man named Jammal Lya blew up a bomb in midair, killing all passengers and crew, including twelve members of the local Jewish community. His body was the only unclaimed, and an unknown group, Ansar Allah, claimed responsibility for the attack. Officials from the US Department of State promptly let go of their suspicions that this group was either a subgroup, or a pseudonym, of the Lebanese Hezbollah terrorist movement. Because it happened a day after the AMIA attack, this brutal deed did not get enough attention outside of Panama and Central America. But it marked the third bloody instance of Islamist terror in Latin America. Hezbollah also planned attacks in Peru and Bolivia in 2014-2015.

Its agents were arrested in the Caribbean, Central America and South America. In a piece in Fox News, expert Emanuele Ottolenghi provided some examples that expose the penetration of this Shiite militia in the region. Paraguay recently extradited Nader Mohamad Farhat, called by Washington “a supporter of Hezbollah.” The representative of Hezbollah in Latin America, Sheikh Bilal Mohsen Wehbe, under sanctions of the United States Department of Treasury since 2010, until recently resided in San Pablo. Hezbollah’s publication, Al-Akhbar has a dedicated journalist in Brazil who also works as a correspondent for Russia Today en español. Washington has just offered a seven million dollar reward for information on Salman Raouf Salman, a crucial operative in the attacks in Buenos Aires, who already had an arrest warrant from Interpol, and who is responsible for creating a terrorist infrastructure in Bolivia, Colombia, Peru and Panama.

In addition, Hezbollah commands prominent criminal operations in the area. Recently, the Barakat Clan, connected to Hezbollah, was disbanded in the Tri-Border area, accused of being involved in drug trading, arms trafficking, merchandise smuggling, currency counterfeiting, money laundering and terror financing. Investigations from the United States have revealed that Hezbollah is a major player in the transit of drugs and money from South America to Europe and the Middle East through West Africa.

In his master’s thesis at Harvard University, titled An Examination of the Nature of Hezbollah’s Evolving Presence in Latin America (2017), Adam Garrett Santiago wrote: “Latin America is one region where Hezbollah has realized enormous success… this study reveals that Hezbollah arrived in Latin America in 1983, establishing a modest beachhead in several Muslim communities and evolved to become a fully operational organization capable of gaining sympathizers, training recruits, directing operatives, generating substantial amounts of revenue, conducting terror attacks, creating alliances with organized criminal enterprises, and creating an alliance with a national government.”

For all these reasons, President Mauricio Macri´s determination was necessary. Let us hope that it will be promptly imitated by other democracies in the region.

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[Versión en español]
 

Argentina designa a Hezbolá como grupo terrorista

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 22/07/19

La víspera del pasado 18 de julio, en coincidencia con el 25 aniversario del atentado a la sede de la comunidad judía de la Argentina, AMIA, el presidente argentino Mauricio Macri aprobó un decreto que creó el marco legal para la designación de personas y grupos como terroristas. Se lo conoce como Registro Nacional de Personas y Organizaciones Sospechosas de Terrorismo (RENAPOST). Al día siguiente, la Unidad de Información Financiera ordenó el congelamiento de activos “de la organización terrorista Hezbolá, entidades específicas del ala militar que integran la misma y líderes de la organización”. Así, la Argentina se convirtió en la primera nación latinoamericana en designar a esta milicia chií como terrorista. Ese mismo día, el Secretario-General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, instó a los 34 países miembros a seguir los pasos de Buenos Aires. “Comprometámonos” declaró, “a nombrar a Hezbolá como organización terrorista que atenta contra los principios de la dignidad humana que defendemos en este hemisferio”. Durante su visita a Buenos Aires, el Secretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo reforzó este pedido.

Era hora de que la Argentina -país que padeció la violencia de Hezbolá en 1992 (atentado contra la embajada de Israel) y 1994 (atentado contra la AMIA), con un total de 114 muertos-, designase a este grupo como una agrupación terrorista, tal como ya han hecho, de manera parcial o completa, la Liga Árabe, la Unión Europea, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Holanda, Estados Unidos e Israel. Aunque con una demora de un cuarto de siglo, la medida no tiene precedentes en América Latina y pone a la Argentina en la vanguardia de la lucha contra el terrorismo en la región.

Efectivamente, Hezbolá es una de las organizaciones terroristas más importantes del mundo. Ha construido una red mundial de terror que se ha extendido desde el Medio Oriente hasta Latinoamérica. Su larga lista de acciones incluye atentados suicidas, secuestros de aviones, asesinatos políticos, contrabando de armas y el lanzamiento de cohetes contra civiles. Fue la primera organización terrorista en la historia moderna que ha perpetrado un atentado suicida; contra soldados de Francia y Estados Unidos en Beirut en 1983 (más de 300 muertos). Hasta que Al-Qaeda la removió del nefasto podio el 11 de septiembre de 2001, Hezbolá era el grupo responsable de matar más estadounidenses que cualquiera otra organización terrorista.

En América Latina, no sólo golpeó en Buenos Aires. El 19 de julio de 1994, el vuelo 901 de Alas Chiricanas partió desde la localidad de Colón hacia la Ciudad de Panamá con 21 personas a bordo. Nunca arribó a destino. Un sujeto llamado Jammal Lya explotó una bomba en pleno vuelo provocando la muerte a todos los pasajeros y la tripulación, entre los que se hallaban doce miembros de la comunidad judía local. Su cuerpo fue el único no reclamado y una agrupación desconocida, Ansar Allah, clamó la autoría del atentado. Oficiales del Departamento de Estado de los Estados Unidos oportunamente dejaron trascender sus sospechas de que esta agrupación era o bien un subgrupo, o bien un seudónimo, del movimiento terrorista libanés Hezbolá. Por haber ocurrido un día después del atentado contra la AMIA, este hecho brutal no cosechó la atención debida fuera de Panamá y Centroamérica. Pero marcó la tercera instancia sangrienta de terror islamista en Latinoamérica. Hezbolá también planeó ataques en Perú y Bolivia entre 2014-2015.

Sus agentes fueron detenidos en el Caribe, América Central y América del Sur. En Fox News, el experto Emanuele Ottolenghi brindó algunos ejemplos que exponen la penetración de esta milicia chií en la región. Paraguay recientemente extraditó a Nader Mohamad Farhat, señalado por Washington como “un partidario de Hezbolá”. El representante de Hezbolá en América Latina, el jeque Bilal Mohsen Wehbe, bajo sanciones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos desde el 2010, hasta hace poco residía en San Pablo. La publicación de Hezbolá, Al-Akhbar tiene un periodista dedicado en Brasil que también trabaja como corresponsal en español de Russia Today. Washington acaba de ofrecer una recompensa de siete millones de dólares por información sobre Salman Raouf Salman, un operativo crucial en los atentados en Buenos Aires, quien ya tiene un orden de captura de Interpol, y a quien se responsabiliza de haber creado una infraestructura terrorista en Bolivia, Colombia, Perú y Panamá.

Además, Hezbolá comanda operaciones criminales prominentes en la zona. Recientemente, el Clan Barakat, conectado a Hezbolá, fue desarmado en la Triple Frontera, acusado de estar involucrado en el negocio de las drogas, tráfico de armas, contrabando de mercancías, falsificación de moneda, lavado de dinero y financiamiento del terrorismo. Investigaciones de los Estados Unidos han revelado que Hezbolá es un jugador importante en el tránsito de drogas y dinero desde América del Sur hacia Europa y Oriente Medio a través de África Occidental.

En su tesis de maestría en la Universidad de Harvard, titulada Un examen de la naturaleza de la presencia en evolución de Hezbolá en América Latina (2017), Adam Garrett Santiago, señaló: “América Latina es una región donde Hezbolá ha alcanzado un enorme éxito … este estudio revela que Hezbolá llegó a América Latina en 1983, estableciendo un modesto desembarco en varias comunidades musulmanas y evolucionó para convertirse en una organización totalmente operativa capaz de obtener simpatizantes, capacitar reclutas, dirigir operativos, generar cantidades sustanciales de ingresos, realizar ataques terroristas, crear alianzas con empresas delictivas organizadas y crear una alianza con un gobierno nacional”.

Por todo ello, la determinación del presidente Mauricio Macri era necesaria. Es de esperar que sea prontamente imitada por las democracias de la región.

Infobae, Infobae - 2019

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Las teorías conspirativas de CFK sobre Israel deberían preocuparnos a todos – 17/07/19

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Once semanas atrás, Cristina Fernández de Kirchner publicó sus memorias, tituladas Sinceramente. Persiste en el primer puesto de ventas de libros de no-ficción desde entonces. Sus páginas ofrecen una oportunidad instructiva a quién desee conocer sus pensamientos, incluso aquellos relacionados al caso AMIA. Por momentos, la experiencia puede ser alucinante.

En una sección titulada “Los buitres también sobrevuelan la AMIA” presenta una elucubración retorcida incluso para los estándares habituales de las teorías conspirativas. Según ella, los cuestionamientos globales al Memorando de Entendimiento pactado entre su gobierno y la República Islámica de Irán en 2013 se apoyaban en un esfuerzo promovido por un grupo de acreedores norteamericanos de bonos argentinos, en litigio con la Argentina desde el default del año 2001. La señora Kirchner identifica al fondo de inversiones NML Elliot, presidido por Paul Singer, y -según ella- su socio Sheldon Adelson, a quien señala como allegado al premier israelí Benjamín Netanyahu, como los líderes de una “estrategia de extorsión sobre la Argentina” en la que involucra también a Mark Dubowitz, CEO de la asentada en Washington Fundación para la Defensa de las Democracias, por su postura crítica de Irán. Todos los involucrados en este presunto plan maestro, cabe notar, son judíos.

Cuando Israel votó en contra de una propuesta de su gobierno de crear una convención sobre deudas soberanas, en septiembre de 2014 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, CFK vio el punto culmine del complot. La propuesta argentina obtuvo 124 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones. La ex presidente destaca sólo el papel de Israel, al señalar exclusivamente al estado judío por nombre entre los países que votaron contra su iniciativa. Ella ve las razones de ese voto negativo en el vínculo entre Netanyahu y Adelson, y, cuando veinte días después el Juez a cargo de caso argentino en las cortes de Estados Unidos, Thomas P. Griesa, declaró a la Argentina en desacato, a la ex presidente le cerró el Excell. “Pensando en retrospectiva sobre lo acontecido a partir de la firma del Memorándum”, escribe, “ya estaba todo planificado para la persecución judicial que luego se inició cuando asumió Cambiemos”.

Durante su mandato y bajo sus órdenes, la delegación argentina votó casi siempre a favor de los intereses de los palestinos en la ONU. Su gobierno pactó con el régimen ayatolá, que nunca dejó de publicitar su anhelo de destruir a Israel. Ella recibió al presidente de Siria Bashar al-Assad y le manifestó su apoyo por el reclamo sirio en torno a los Altos del Golán. CFK viajó a Libia y se abrazó con Muhammar Gaddafi, a quién celebró públicamente como un camarada en armas. Ella no parece poder entender que estas políticas inevitablemente antagonizarían a Israel. Elige, por el contrario, leer un voto negativo de Jerusalem en la ONU -por un asunto económico- en clave política conspirativa. (¿Y cuáles exactamente habrán sido los motivos oscuros de los restantes diez países que votaron junto a Israel? ¿También fueron controlados por el dúo judío Singer-Adelson?). Posiblemente los observadores extranjeros desechen estas ideas alocadas como las extravagancias de un líder sudamericano resentido. Y harían bien en hacerlo. Pero para los argentinos que enfrentamos el prospecto de un potencial retorno de Cristina Fernández de Kirchner al poder, todo esto que huele a paranoia y antisemitismo es causa de seria preocupación.

El próximo 18 de julio, el pueblo argentino se congregará para recordar por vigésima quinta vez a las 85 víctimas del peor atentado terrorista cometido en nuestra tierra en nuestra historia. Como los previos, será un acto muy triste. Pero si el Kirchnerismo retorna al poder en las elecciones de octubre próximo, el aniversario número 26 será más amargo todavía.

Perfil, Perfil - 2019

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Los 25 años de impunidad tienen explicación en la política Argentina – 14/07/19

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Ultimamente, la República Islámica de Irán ha estado en las noticias por haber derribado un drone estadounidense, atacado gasoductos de Arabia Saudita, barcos en las costas de Emiratos Arabes Unidos, lanzado un misil contra la zona diplomática en Bagdad por medio de sus proxies, obstruido la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, amenazado a Londres tras la captura in fraganti delito de un buque iraní en aguas próximas al peñón de Gibraltar y, especialmente, por haber anunciado sus violaciones del Pacto Nuclear de 2015.

Si bien las tensiones recientes entre Irán y una parte de la comunidad internacional han alcanzado un pico alto, lejos están de ser novedosas. Como ya fue señalado, Teherán ha estado en guerra con naciones árabes sunitas y países occidentales por los últimos 40 años. Desde la revolución khomeinista, norteamericanos, europeos, israelíes, árabes y otros han padecido la violencia iraní.

Los argentinos también hemos sufrido las consecuencias violentas de la exportación de la revolución iraní: en 1992, con la voladura de la embajada de Israel en Buenos Aires, y con el atentado contra la sede de la comunidad judía AMIA, dos años después en la misma ciudad. Estos ataques marcaron, en su momento y respectivamente, la primera ofensiva islamista en el Hemisferio Occidental y el más grande ataque antisemita fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial.

Fecha. El próximo 18 de julio, el pueblo argentino conmemorará el 25º aniversario del atentado a la AMIA. Esta nueva fecha-aniversario estará ensombrecida por las vicisitudes de un año electoral que incluye en la principal fórmula opositora a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Cabe recordar que cuando presidía la nación, la señora Fernández de Kirchner firmó un Memorando de Entendimiento con el Irán de Mahmoud Ahmadinejad con el fin de exculpar a los perpetradores iraníes y normalizar la relación bilateral entre Buenos Aires y Teherán. Durante su gobierno, ella alió a la Argentina con los populismos de izquierda en la región, como la Cuba de los hermanos Castro, la Venezuela de Hugo Chávez, la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Rafael Correa y el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva. CFK vio que todos estos líderes abrieron las puertas de sus naciones a Irán y lamentó que la causa AMIA fuera un escollo para una más plena comunión política con el régimen ayatolá. En el año 2013 decidió enlistar a la Argentina entre los aliados latinoamericanos de Irán.

Dos años después, el principal fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, la acusó a ella y a otros funcionarios oficialistas de traicionar a la patria al haber conspirado con oficiales iraníes para encubrir la participación iraní en el atentado de 1994. Unos pocos días más tarde, Nisman apareció muerto por un tiro en la sien en el baño de su casa. Así, de la causa judicial original para investigar el atentado a la AMIA han brotado otras tres: una causa por encubrimiento que recayó contra políticos, jueces, fiscales, policías y hasta líderes de la comunidad judía en tiempos del gobierno del presidente Carlos Menem; otra causa derivada de la denuncia contra Cristina Kirchner y sus asociados por parte del fiscal Nisman; y otra más, relativa al asesinato del fiscal. Ellas aguardan un completo esclarecimiento. Con el cambio de gobierno, la Justicia declaró inconstitucional el memorando y las alertas rojas de Interpol siguen vigentes.

Juicio en ausencia. Un cuarto de siglo después de aquella agresión espeluznante, muchos argentinos han perdido la esperanza de poder juzgar a los asesinos, protegidos por Irán y Hezbollah. Otros pujan por la noción del juicio en ausencia, amparándose en precedentes como el de Erich Priebke, quien fue juzgado en ausencia y condenado en Italia, luego extraditado desde la Argentina, por su responsabilidad en la masacre de las Fosas Ardeatinas en las que 355 personas fueron matadas.

Pueden citarse otros ejemplos; los que varían significativamente en contexto histórico, solidez del sistema legal involucrado y mérito del caso, entre otros factores. A efectos meramente ilustrativos, puede recordarse el episodio del rey Carlos I de Inglaterra, quien fue llevado ante una corte en 1649. Retirado del tribunal debido a sus protestas, el juicio prosiguió en su ausencia, y dos días después fue condenado a muerte por decapitación sin estar él en la sala. El secretario privado de Hitler, Martin Bormann, fue condenado en ausencia por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad y condenado a muerte por ahorcamiento en los juicios de Nuremberg, en 1946. Adem Jashari, líder del Ejército de Liberación de Kosovo, fue condenado en ausencia en 1997 por cargos de terrorismo, por un tribunal yugoslavo después de varios intentos fallidos de captura. El ex primer ministro italiano Bettino Craxi fue condenado en ausencia a 27 años de cárcel en Italia, tras su fuga a Túnez en 1994, donde permanecía protegido por el régimen de Ben Ali. Y el propio presidente Zine El Abidine Ben Ali, luego de escaparse de Túnez en el marco de las revueltas árabes de 2011, fue juzgado en ausencia y condenado a 35 años de cárcel, junto con su esposa.

Al aplicar este concepto jurídico a nuestro país puede alegarse que, en teoría, la idea puede ser buena. Que podría brindar Justicia a las víctimas y un cierre emocional a sus familiares, quizás incluso a la nación entera. En la práctica, sin embargo, la Justicia argentina –y puntualmente a la luz de la causa AMIA– ha dado muestras de tal contaminación política que es razonable para los escépticos sospechar que no siempre prevalecerá la pulcritud jurídica en un juicio de tan alto voltaje político global como este. El debate ha resurgido y el aniversario número 25 lo ha potenciado.

Hezbollah: ¿Partido político o grupo terrorista? También emergió como posibilidad factible que el Estado argentino designe, finalmente, a Hezbollah como un grupo terrorista. Claramente, es una de las organizaciones terroristas más importantes del mundo y ha construido exitosamente una red mundial de terror que se ha extendido desde el Medio Oriente hasta Latinoamérica. Su larga lista de acciones incluye atentados suicidas, secuestros de aviones, asesinatos políticos, contrabando de armas y el lanzamiento de cohetes contra civiles. Tiene el cuestionable honor de ser la primera organización terrorista en la historia moderna que ha perpetrado un atentado suicida. Eso fue en 1983, apenas un año después de su nacimiento, cuando atacó la embajada estadounidense en Beirut, y las barracas de soldados americanos y franceses apostadas en aquel país árabe: casi trescientos soldados extranjeros y seis civiles libaneses perdieron la vida en ese atentado. Hasta el 11 de septiembre de 2001, Hezbollah era el grupo responsable de matar más estadounidenses que cualquier otra organización terrorista.

En sus confrontaciones militares con Israel, en 2006, Hezbollah usó al pueblo libanés como escudo humano, y ocultó armas y combatientes en hogares, escuelas, hospitales y mezquitas. A la vez, atacó centros poblados del norte de Israel, llegando a disparar alrededor de 4000 cohetes que ocasionaron la muerte a 44 civiles. En 2012 ,en Bulgaria, atacó a turistas israelíes, matando a seis e hiriendo a más de treinta.

También recurrió a los asesinatos políticos. En febrero de 2005, el primer ministro libanés, Rafik Hariri, fue asesinado junto con otras personas cuando se detonaron mil kilogramos de explosivos cerca de su automóvil en Beirut. El Tribunal Especial para el Líbano (un tribunal internacional asentado en Holanda) consideró a Hezbollah responsable del crimen. Previamente, se atribuyó a esta milicia chií haber asesinado al académico estadounidense Malcolm H. Kerr en 1984, al agregado militar francés en el Líbano, Coronel Christian Gouttière, en 1986, y luego al político libanés Pierre Amín Gemayel, en 2006, entre otros.

Además, Hezbollah comanda operaciones criminales prominentes. Sus agentes fueron detenidos en el Caribe, América Central y América del Sur. Recientemente, el Clan Barakat, conectado a Hezbollah, fue desarmado en la Triple Frontera, acusado de estar involucrado en el negocio de las drogas, tráfico de armas, contrabando de mercancías, falsificación de moneda y documentos, extorsión, lavado de dinero y financiamiento del terrorismo. Investigaciones de los Estados Unidos han revelado que Hezbollah es un jugador importante en el tránsito de drogas y dinero desde América del Sur hacia Europa y Oriente Medio a través de Africa Occidental.

Quienes se oponen a esta designación alegan que Hezbollah es también un movimiento político con representación en el parlamento y el gabinete del gobierno libanés, nada de lo cual puede justificar o tapar toda su otra gama de acciones terroristas y delictivas o incluso militares: sus combatientes están activos en el teatro de guerra en Siria. El segundo en la jerarquía de Hezbollah, el jeque Naim Qassem, ridiculizó esa distinción arbitraria en 2012: “No tenemos un ala militar y una política; no tenemos a Hezbollah por un lado y al grupo de la resistencia por el otro”. Es hora de que nuestro país designe a Hezbollah por lo que es, tal como ya han hecho, de manera parcial o completa, la Liga Arabe, la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos y otros.

Un cuarto de siglo. En ocasión de este nuevo aniversario, la AMIA produjo un original video que contiene testimonios de jóvenes que nacieron el 18 de julio de 1994, día del atentado. Tras presentar sus impresiones acerca del simbolismo de la fecha, concluye con las palabras de una mujer que declara, mirando a la cámara: “El 18 de julio voy a cumplir 25 años. La impunidad también”. ¿Se puede agregar algo más?

*Escritor, analista político y profesor universitario.