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Por Julián Schvindlerman

  

El boicot palestino al seminario de Bahrein fue una nueva muestra de insensatez – 02/07/19

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¿Por qué no fueron los líderes palestinos a Bahrein? Porque están enamorados de su causa presente más que de su Estado futuro. Porque priorizan sus reclamos nacionales más que las necesidades económicas de su pueblo. Porque la racionalidad, la moderación, la concesión y el pragmatismo hace décadas que se esfumaron -si es que alguna vez existieron- del cálculo político del liderazgo palestino.

“Decimos que los derechos nacionales no son piezas de bienes raíces que se compran y venden, y que llegar a una solución política que garantice la libertad, dignidad, independencia y justicia para nuestra gente debe preceder a cualquier programa o proyecto económico porque eso creará estabilidad y seguridad para todos «, aseguró el presidente palestino Mahmoud Abbas. “Por esa razón, el Estado de Palestina no participó en el taller estadounidense que tuvo lugar hace dos días en Manama”, la capital de Bahrein.

Bueno, el “Estado de Palestina” no existe como tal. Este encuentro convocado por la Administración Trump -que reunió a siete países árabes y fue promocionado bajo la consigna de la “Paz hacia la Prosperidad”- puede ser visto como un primer paso hacia la estatidad palestina, precisamente. Pero el liderazgo palestino prefirió verlo como un soborno a sus aspiraciones nacionales.

“El potencial económico completo de Palestina sólo se puede lograr poniendo fin a la ocupación israelí, respetando el derecho internacional y las resoluciones de la ONU” declaró Saeb Erekat, el alto funcionario palestino a cargo del Departamento de Asuntos de Negociación. “Bajo la cobertura de esta participación, los Estados Unidos están tratando de crear soluciones fuera del ámbito de la legitimidad internacional que restan valor a los legítimos derechos nacionales del pueblo palestino”, acotó. El histórico negociador palestino Nabil Sha’ath, afirmó: “Para el equipo de Trump, la reunión de Manama representa una etapa estratégica en sus esfuerzos por socavar tanto el derecho internacional como los derechos inalienables del pueblo palestino… No puede haber ´prosperidad´ sin libertad”. Fatah, la principal facción política palestina, que además preside Abbas, dijo que quienes asistieran a la conferencia serían considerados traidores. Intimidado, el sector privado de la economía palestina capituló. Como informó el periodista palestino Khaled Abu Tomaeh, la Federación Palestina de Asociaciones Empresariales, la Federación Palestina de Industrias, el Foro de Mujeres Empresarias de Palestina, el Centro de Comercio Palestino, la Federación de Cámaras Palestinas de Comercio, Industria y Agricultura, y la Cámara de Comercio Palestino-Americana, han elegido no asistir al Taller Económico promovido por los Estados Unidos. Fatah también llamó a los árabes a realizar manifestaciones frente a las embajadas de Bahrein en sus capitales. A colación, una muchedumbre atacó la representación diplomática de Bahrein en Iraq.

¿De qué modo ayuda este boicot palestino a la economía y a la política palestina? Sólo Abbas y sus colaboradores han de saberlo. Washington propuso lanzar un fondo de cincuenta mil millones de dólares, de los cuales más de la mitad estaría destinado a fomentar la economía palestina (la otra mitad fue asignada a Egipto, Jordania y el Líbano), y la AP lo repudia. Es bastante sorprendente, especialmente al considerar que el gobierno palestino viene pidiendo a las naciones árabes aportes de cien millones de dólares mensuales para el sostenimiento de su economía, y que desde los Acuerdos de Oslo lleva un cuarto de sigo básicamente viviendo de dádivas mundiales, siendo en términos per cápita el pueblo palestino el más asistido económicamente desde el Plan Marshall.

En lo relativo a las relaciones bilaterales con Israel, la AP ha mostrado similar miopía. Por un tiempo ya, Ramallah ha estado rechazando la devolución impositiva que Israel debe realizarle por los impuestos que cobra a los trabajadores palestinos en Israel. ¿La razón? Jerusalem objeta la política oficial palestina bajo la cual recompensa monetariamente a los terroristas que matan o hieren israelíes, y brinda asignaciones materiales a los familiares de los terroristas encarcelados. Por años, el gobierno israelí toleró esta situación; inmoral bajo cualquier estándar objetivo. Hace poco decidió deducir de esas transferencias el monto equivalente a los pagos que la AP da a los asesinos de israelíes; equivalente a un 6% del total. Ofendida en sus elevados principios, la AP ha estado declinando aceptar la totalidad de dichas transferencias. En otras palabras, el presidente Abbas ha estado rechazando el 94% de los pagos israelíes porque éstos se niegan a financiar una política remunerativa de quienes anhelan matarlos. La Unión Europea y varios estados árabes ofrecieron compensar el déficit con contribuciones propias (una postura escandalosa en sí misma) pero Ramallah descartó ambos ofrecimientos igualmente. Quiere que Israel le pague.

Según cifras provistas por las organizaciones Palestinian Media Watch y el Jerusalem Center for Public Affairs, los salarios a terroristas oscilaban en 2017 entre 400 y 3500 dólares por mes y se pagan durante la condena de cárcel en Israel del perpetrador (a las familias de quienes mueren en el intento, la AP da otros beneficios). Tal como señaló la analista israelí Evelyn Gordon, las cifras en el extremo superior del rango son el tipo de salarios con los que la mayoría de los empleados palestinos ni siquiera pueden empezar a soñar. “En resumen” indicó Gordon, “la Autoridad Palestina ha hecho al terrorismo mucho más lucrativo que al trabajo productivo”. Cabe agregar que cuanto mayor la condena, mayor la compensación económica. Como la condena está vinculada al crimen, esto significa que el gobierno palestino recompensa más a quienes logren matar israelíes que a aquellos que simplemente los hieren o intentan hacerlo. El año pasado, las “asignaciones por terrorista” representaron el 7% del presupuesto anual de la AP (aproximadamente 360 millones de dólares sobre cinco mil millones). En promedio, un millón por día. Cada día del año. Una política generosa con los “resistentes”, considerando las tasas de desempleo del año pasado en Cisjordania (18%) y Gaza (52%).

Pero se pone peor. Pocas semanas atrás trascendió que mientras se estaban recortando los salarios de los empleados públicos en un 50%, el gabinete palestino se auto-concedió en secreto un aumento salarial del 67% en 2017, retroactivo al 2014. Así, los salarios mensuales de los ministros del gobierno palestino aumentaron de 3.000 a 5.000 dólares, en tanto que el salario del Primer Ministro se elevó a 6.000. En comparación, la mayoría de los trabajadores palestinos ganan entre 700 y 1.000 dólares al mes. La indignación pública precipitó la anulación de estos aumentos. El presidente Abbas no llama a elecciones nacionales desde hace catorce años a sabiendas de que posiblemente no las ganaría.

En resumidas cuentas, estos casos -el boicot al encuentro económico regional en Bahrein, el rechazo a las transferencias impositivas parciales israelíes y los auto-premios salariales oficiales- echan luz sobre un liderazgo palestino obsesionado con su causa nacional, indiferente a la situación económica de su pueblo, desafiante ante las naciones árabes que lo patrocinan y prepotente ante una potencia global que busca recaudar fondos multimillonarios para los palestinos. Si Abbas y sus colaboradores insisten en atrincherarse en estas posturas insensatas, no conseguirán el favor de su pueblo, ni una economía sustentable y menos aún un Estado independiente.

Varios

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Por Julián Schvindlerman

  

Meretz, ¿Todavia sionista? – 17/06/19

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El Medio – 17/06/19

Tras su creación en 1992, el partido de ultra izquierda israelí Meretz tuvo un estreno electoral espectacular: doce bancas sobre ciento veinte en la Knesset, el tercer puesto en el ranking de los ganadores y un 9.6% de los votos. De allí en más inició un descenso político oscilante hasta alcanzar las magras cuatro bancas, el noveno puesto y apenas el 3.63% de los votos en las últimas elecciones, este 2019.

No fue una caída libre, pero sí sostenida, a lo largo de los años. En las siguientes elecciones, en 1996, perdió tres bancas y cayó al quinto puesto. En las elecciones de 1999 ganó una banca pero cedió un puesto, ubicándose cuarta entre los triunfadores. Esa fue la última elección de la era Oslo, en la que Meretz vindicó su ideología dialoguista con la OLP de Yasser Arafat. Tras el colapso del proceso de paz en el año 2000 y el lanzamiento palestino de una nueva y sangrienta intifada, Merertz ya no volverá a tener bancas de dos dígitos. En las elecciones del 2003 perdió cuatro bancas y cayó al puesto seis entre los partidos ganadores. Tres años más tarde, en 2006, perdió otra banca, cayó al puesto número nueve y cosechó apenas el 3.77% de los votos nacionales. En 2009 tuvo una peor performance electoral todavía, logrando tan sólo tres bancas, retrocediendo aún más en el ranking y persuadiendo ideológicamente a un paupérrimo 2.95% del padrón electoral. Las elecciones del 2013 le obsequiaron una alegría al darle tres bancas más y recuperar dos posiciones entre los contendientes, pero dos años después perderá una banca y caerá otros dos puntos en el ranking. En 2019, finalmente, obtuvo sólo cuatro bancas -lo que representa un encogimiento del 66% respecto de su victoria estelar de 1992-, quedó ubicada en la novena posición -lo que implica un rendimiento electoral tres veces peor que el logrado en sus primeras elecciones-, y pudo seducir a sólo el 3.63% de los israelíes -una pérdida en el orden de los dos tercios de sus votantes originales y que además superó al filo el umbral electoral del 3.25%-.

Con sólo el doce por ciento de los israelíes judíos identificándose como izquierdistas, según datos del Instituto de Democracia de Israel, Meretz quedó relegado a los márgenes de la vida política nacional. Una de sus cuatro bancas en el Parlamento resultó enteramente de los votos de los árabes del país. El partido acaba de anunciar que buscará un “liderazgo conjunto árabe-judío” para las próximas elecciones. Su última lista incluía a Issawi Freij y a Alí Shalalha, un árabe y un druso respectivamente, en el top-5 de sus postulantes. (Un antecedente de esta cooperación partidista judeo-árabe pudo verse en 1999, cuando Hussniya Jabara se convirtió en la primera parlamentaria árabe; en representación de Meretz, precisamente). Lo cual es muy auspicioso en cuanto a la coexistencia árabe-judía en Israel y a la integración política de la minoría árabe. Y es también un tributo al pluralismo de Meretz. Pero refleja a la vez donde está ubicado el nuevo distrito electoral partidario. Meretz casi triplicó el total de sus votos entre los ciudadanos árabes de Israel en comparación a la última elección (aproximadamente 36.000 sobre 12.000) a la par que vio caer un 20% su voto judío (de alrededor de 150.000 a 120.000). Con un umbral electoral de 140.000 votos, esto quiere decir que Meretz no estaría en la actual Knesset si no fuera por los votantes árabes.

¿Hasta dónde estará dispuesto a ir Meretz? Tamar Zandberg, su actual líder, declaró: “El futuro de la izquierda israelí es una asociación entre judíos y árabes”. Dijo también: “A nivel político y electoral, si el campo de centro-izquierda no crea asociaciones con la comunidad árabe, no podrá regresar al poder. Si los árabes votan como los judíos, no habrá un primer ministro de la derecha”. Y en un mensaje enviado por email a sus partidarios aseguró que la “nueva izquierda israelí (…) debe incluir una verdadera asociación entre judíos y árabes: social, civil y política”. La Autoridad Palestina ve con buenos ojos este desarrollo.

Golda Meir acusó cierta vez a Shulamit Aloni, la futura partera de Meretz, de fomentar una forma israelí de “egoísmo burgués progresista”. ¿Qué diría hoy de Zandberg, su heredera y sucesora ideológica? ¿Qué diría del partido, que no se había definido como sionista en sus plataformas de las previas tres campañas electorales, y que llevó al Jerusalem Post a titular “Meretz debate si es Sionista” en octubre de 2017?

¿Lo es? Liel Leibovitz reportó acerca del debate surrealista en la revista Tablet. La titular del partido entonces, Zehava Gal-On, aseguró que Meretz seguía tan comprometido como siempre con el sionismo. Su portavoz, May Ossi, dijo lo opuesto: “Meretz es un partido político israelí no sionista, el partido de todos los ciudadanos porque la idea del sionismo necesariamente borra a todo otro pueblo”. Mossi Raz, el secretario-general del partido, afirmó que Meretz nunca se había definido como un partido sionista. Ilan Gilon, figura destacada de Meretz, afirmó que el lema del partido seguía siendo “el sionismo, el socialismo y la hermandad de los pueblos”. Asumiendo que Meretz sigue siendo filosóficamente sionista, otro debate pertinente emerge a la luz de su lema: ¿es Meretz más sionista que socialista o viceversa? A juzgar por su decisión de julio del año pasado, parecería que el socialismo es su carta preferida. Aquél mes, la Internacional Socialista, de la que Meretz es miembro, adoptó una resolución que tachaba a Israel de ser Apartheid y respaldaba al movimiento BDS. Entonces, el Laborismo abandonó esa organización. Meretz no lo hizo. Enfrentada a la elección entre su lealtad al sionismo o al socialismo, optó por lo segundo. De por cierto, su plataforma se titula “No hay revolución sin Meretz”; una jerga más propia de la época de la fundación de la Internacional Socialista que de nuestros tiempos.

La mayoría de los israelíes judíos, parece, no están interesados en la revolución. Al menos no en la revolución socialista, judeo-árabe o lo que sea que los camaradas post-sionistas de Meretz tengan en mente. Dedicados a la revolución del high-tech, una nueva generación de israelíes ha transformado al país de ser una entidad socialista en sus orígenes a una pujante nación start-up capitalista en el siglo XXI. Políticamente, han abandonado las fantasías peligrosas que Meretz promovió con celo durante toda su historia. Al perder protagonismo por defender perimidas ideas de izquierda, el partido se encuentra en la paradoja existencial de deber moverse más a la izquierda todavía para asegurar su supervivencia. Con su auto-eyección del campo sionista, Meretz está, finalmente, arribando a su hogar natural.

Varios

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Por Julián Schvindlerman

  

Ganar es perder un poco – 05/06/19

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Entrevista con La Vanguardia (Colombia) – 05/06/19

Uno de los mayores reveses de su carrera política sufrió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, luego de su incapacidad para consolidar una coalición. Netanyahu se juega su futuro político en nuevas elecciones en septiembre próximo.

Israel está sumido en una incertidumbre política tras el fracaso del primer ministro Benjamin Netanyahu de formar gobierno, precipitado por el rechazo de su exministro de Defensa, Avigdor Lieberman, a formar coalición.

Así las cosas, los israelíes conocieron de una nueva citación a las urnas en septiembre próximo, apenas unas semanas después de las últimas legislativas celebradas en abril. Algo inédito desde la creación del Estado de Israel en 1948.

La continuidad del gobierno de Netanyahu, en el poder desde 2009 sin interrupción, está en la cuerda floja, y lo que está en juego es la supervivencia misma de una figura que ha dominado la política israelí en los últimos años. Sus aliados terminaron votando la disolución del Parlamento.

La disolución de la Knésset (Parlamento israelí) el pasado jueves, marcó un dramático punto de quiebre para Netanyahu, el primer ministro con el período más extenso en la historia israelí, con 13 años en el poder. Además, ha generado incertidumbre sobre su futuro político.

Israel es una democracia parlamentaria cuyos gobiernos se forman a partir del armado de una coalición, explica Julián Schvindlerman, analista político internacional argentino. Coalición que, según él, resulta de duras negociaciones tras los resultados electorales.

El experto en asuntos del Medio Oriente recuerda que en las últimas elecciones triunfó el partido Likud de Netanyahu, el de mejor chance para formar gobierno, algo que no lo logró y entonces llamó a nuevas elecciones.

“Habitualmente, cuando el mejor posicionado fracasa en armar gobierno, el presidente (Reuven Rivlin) convoca al segundo con mejor oportunidades, que en este caso sería Benny Gantz del partido Azul y Blanco. Netanyahu evitó ello al disolver el Parlamento y llamar a nuevas elecciones”, describe Schvindlerman.

Si bien reconoce que la movida fue legal, y teniendo en cuenta que Netanyahu quedó a una sola banca de poder formar gobierno, considera de todos modos dudoso que haya sido lo correcto.

Le dieron la espalda

Para Jaime Rosenthal, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Netanyahu estaba confiado de que podría armar coalición con los partidos que lo han acompañado en los últimos años, la derecha nacionalista, la derecha religiosa y otras facciones religiosas.

Pero en este caso le quedó faltando el apoyo de un partido de derecha nacionalista laico, que encabeza Lieberman, quien no estaba dispuesto a conformar gobierno donde los partidos religiosos estuvieran imponiendo muchas condiciones.

Especialmente se refiere a un tema de por medio que no ha sido resuelto, relacionado con la obligatoriedad de prestar el servicio militar por parte de los jóvenes de familias ultraortodoxas.

Se trata de un asunto fundamental en un país en guerra desde su creación.

En Israel, donde los hombres cumplen casi tres años de servicio militar y las mujeres dos años, este trato preferente hacia los ultraortodoxos, que representan el 11% de su población y con mayor crecimiento demográfico, está considerado por muchos una injusticia.

A juicio del analista Schvindlerman, Netanyahu buscó hacer malabares entre dos fuerzas muy opuestas: los seculares del partido Israel Nuestro Hogar, de Lieberman, y los partidos ultraortodoxos, cuyos intereses son contrarios.

“Lieberman quiere promover una ley ya avanzada a favor de reclutar a los jóvenes ultraortodoxos al servicio militar pero estos partidos se oponen con fuerza a ello, al buscar preservar el status quo establecido en 1948, que les da el derecho de dedicarse al estudio religioso sin ir al Ejército. Lieberman no cedió, tampoco los ortodoxos, y las negociaciones cayeron”, asegura.

Así pues, el primer ministro israelí opta por disolver la Knésset, “básicamente porque confía que con nuevas elecciones le va a ir mejor que en las anteriores, que va a conseguir un mayor número de curules en el Parlamento, y no va a necesitar por lo tanto, el apoyo de tantos partidos minoritarios para formar una coalición de gobierno”, apunta en ese sentido Rosenthal.

Riesgosa apuesta

Aunque la cataloga como una riesgosa apuesta que podría tener algo de razón dado el amplio respaldo que tiene el líder israelí entre los sectores de la derecha, aunque tenga que someterse a un proceso judicial por acusaciones de corrupción.

“Esta situación ha sido aprovechada hábilmente por Netanyahu para invocar una persecución en su contra, que según él busca de esa manera sacarlo del camino”, destaca el docente de la Universidad Externado.

No obstante, Alexander Montero, profesor de Geopolítica de la Universidad Santo Tomás, advierte el costo político que esto significa para Netanyahu.

Esto, añade, plantea una renegociación al interior de las fuerzas políticas de Israel para intentar formar gobierno.

“Todos estos factores llevan a que el primer ministro se presente con una imagen debilitada en el seno de los partidos y ante la sociedad israelí que nos abre el camino a una nueva coalición, si bien liderada por Netanyahu, pero con algunos ingredientes y diferencias”, considera.

Montero observa, además, un predominio de posiciones radicales que no se ponen de acuerdo porque son las voces más radicales las que dificultan esta coalición, aludiendo al partido de Lieberman.

Según él, Lieberman ha acusado a Netanyahu de aplicar una política débil hacia los palestinos. “Lieberman quiere una agudización de la ocupación y una manifestación fuerte más marcada contra los palestinos”, dice.

Adicionalmente, pronostica que la coalición que resulte tampoco será favorable a la paz y, “será una que busque una radicalización de la ocupación en los territorios palestinos”.

Por otro lado, menciona que los tres casos de corrupción que acosan al primer ministro Benjamin Netanyahu, de su familia y de su círculo inmediato, es otro elemento que lo pone contra las cuerdas.

Plan de paz de Trump, Pendiente

Con respecto a cómo la crisis política israelí impactará el plan de paz para Medio Oriente trazado por el presidente Donald Trump, el experto Jaime Rosenthal reconoce que sí se afecta de alguna manera su presentación. “No tendría sentido que frente a esta incertidumbre política en Israel se presentara un plan que seguramente su discusión y aprobación va a quedar esperando hasta que se produzcan nuevas elecciones”, insiste.

Alexander Montero comparte esta afirmación, señalando que la Administración Trump ya había aplazado de por sí en varias ocasiones la presentación en público del plan y con este nuevo panorama político israelí, no queda más remedio que suspenderlo.

En esta coyuntura, el plan de paz que Trump busca lanzar posiblemente quedará rezagado al desarrollo político doméstico en Israel, anota por su lado, Julián Schvindlerman. “Trump cuenta con Netanyahu, con quien tiene una excelente sintonía política y personal, para avanzar”, puntualiza.

Mundo Israelita

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Por Julián Schvindlerman

  

Meretz, ¿todavia Sionista? – 06/19

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Tras su creación en 1992, el partido de ultra izquierda israelí Meretz tuvo un estreno electoral espectacular: doce bancas sobre ciento veinte en la Knesset, el tercer puesto en el ranking de los ganadores y un 9.6% de los votos. De allí en más inició un descenso político oscilante hasta alcanzar las magras cuatro bancas, el noveno puesto y apenas el 3.63% de los votos en las últimas elecciones, este 2019.

No fue una caída libre, pero sí sostenida, a lo largo de los años. En las siguientes elecciones, en 1996, perdió tres bancas y cayó al quinto puesto. En las elecciones de 1999 ganó una banca pero cedió un puesto, ubicándose cuarta entre los triunfadores. Esa fue la última elección de la era Oslo, en la que Meretz vindicó su ideología dialoguista con la OLP de Yasser Arafat. Tras el colapso del proceso de paz en el año 2000 y el lanzamiento palestino de una nueva y sangrienta intifada, Merertz ya no volverá a tener bancas de dos dígitos. En las elecciones del 2003 perdió cuatro bancas y cayó al puesto seis entre los partidos ganadores. Tres años más tarde, en 2006, perdió otra banca, cayó al puesto número nueve y cosechó apenas el 3.77% de los votos nacionales. En 2009 tuvo una peor performance electoral todavía, logrando tan sólo tres bancas, retrocediendo aún más en el ranking y persuadiendo ideológicamente a un paupérrimo 2.95% del padrón electoral. Las elecciones del 2013 le obsequiaron una alegría al darle tres bancas más y recuperar dos posiciones entre los contendientes, pero dos años después perderá una banca y caerá otros dos puntos en el ranking. En 2019, finalmente, obtuvo sólo cuatro bancas -lo que representa un encogimiento del 66% respecto de su victoria estelar de 1992-, quedó ubicada en la novena posición -lo que implica un rendimiento electoral tres veces peor que el logrado en sus primeras elecciones-, y pudo seducir a sólo el 3.63% de los israelíes -una pérdida en el orden de los dos tercios de sus votantes originales y que además superó al filo el umbral electoral del 3.25%-.

Con sólo el doce por ciento de los israelíes judíos identificándose como izquierdistas, según datos del Instituto de Democracia de Israel, Meretz quedó relegado a los márgenes de la vida política nacional. Una de sus cuatro bancas en el Parlamento resultó enteramente de los votos de los árabes del país. El partido acaba de anunciar que buscará un “liderazgo conjunto árabe-judío” para las próximas elecciones. Su última lista incluía a Issawi Freij y a Alí Shalalha, un árabe y un druso respectivamente, en el top-5 de sus postulantes. (Un antecedente de esta cooperación partidista judeo-árabe pudo verse en 1999, cuando Hussniya Jabara se convirtió en la primera parlamentaria árabe; en representación de Meretz, precisamente). Lo cual es muy auspicioso en cuanto a la coexistencia árabe-judía en Israel y a la integración política de la minoría árabe. Y es también un tributo al pluralismo de Meretz. Pero refleja a la vez donde está ubicado el nuevo distrito electoral partidario. Meretz casi triplicó el total de sus votos entre los ciudadanos árabes de Israel en comparación a la última elección (aproximadamente 36.000 sobre 12.000) a la par que vio caer un 20% su voto judío (de alrededor de 150.000 a 120.000). Con un umbral electoral de 140.000 votos, esto quiere decir que Meretz no estaría en la actual Knesset si no fuera por los votantes árabes.

¿Hasta dónde estará dispuesto a ir Meretz? Tamar Zandberg, su actual líder, declaró: “El futuro de la izquierda israelí es una asociación entre judíos y árabes”. Dijo también: “A nivel político y electoral, si el campo de centro-izquierda no crea asociaciones con la comunidad árabe, no podrá regresar al poder. Si los árabes votan como los judíos, no habrá un primer ministro de la derecha”. Y en un mensaje enviado por email a sus partidarios aseguró que la “nueva izquierda israelí (…) debe incluir una verdadera asociación entre judíos y árabes: social, civil y política”. La Autoridad Palestina ve con buenos ojos este desarrollo. 

Golda Meir acusó cierta vez a Shulamit Aloni, la futura partera de Meretz, de fomentar una forma israelí de “egoísmo burgués progresista”. ¿Qué diría hoy de Zandberg, su heredera y sucesora ideológica? ¿Qué diría del partido, que no se había definido como sionista en sus plataformas de las previas tres campañas electorales, y que llevó al Jerusalem Post a titular “Meretz debate si es Sionista” en octubre de 2017?

¿Lo es? Liel Leibovitz reportó acerca del debate surrealista en la revista Tablet. La titular del partido entonces, Zehava Gal-On, aseguró que Meretz seguía tan comprometido como siempre con el sionismo. Su portavoz, May Ossi, dijo lo opuesto: “Meretz es un partido político israelí no sionista, el partido de todos los ciudadanos porque la idea del sionismo necesariamente borra a todo otro pueblo”. Mossi Raz, el secretario-general del partido, afirmó que Meretz nunca se había definido como un partido sionista. Ilan Gilon, figura destacada de Meretz, afirmó que el lema del partido seguía siendo “el sionismo, el socialismo y la hermandad de los pueblos”. Asumiendo que Meretz sigue siendo filosóficamente sionista, otro debate pertinente emerge a la luz de su lema: ¿es Meretz más sionista que socialista o viceversa? A juzgar por su decisión de julio del año pasado, parecería que el socialismo es su carta preferida. Aquél mes, la Internacional Socialista, de la que Meretz es miembro, adoptó una resolución que tachaba a Israel de ser Apartheid y respaldaba al movimiento BDS. Entonces, el Laborismo abandonó esa organización. Meretz no lo hizo. Enfrentada a la elección entre su lealtad al sionismo o al socialismo, optó por lo segundo. De por cierto, su plataforma se titula “No hay revolución sin Meretz”; una jerga más propia de la época de la fundación de la Internacional Socialista que de nuestros tiempos.

La mayoría de los israelíes judíos, parece, no están interesados en la revolución. Al menos no en la revolución socialista, judeo-árabe o lo que sea que los camaradas post-sionistas de Meretz tengan en mente. Dedicados a la revolución del high-tech, una nueva generación de israelíes ha transformado al país de ser una entidad socialista en sus orígenes a una pujante nación start-up capitalista en el siglo XXI. Políticamente, han abandonado las fantasías peligrosas que Meretz promovió con celo durante toda su historia. Al perder protagonismo por defender perimidas ideas de izquierda, el partido se encuentra en la paradoja existencial de deber moverse más a la izquierda todavía para asegurar su supervivencia. Con su auto-eyección del campo sionista, Meretz está, finalmente, arribando a su hogar natural.

Infobae, Infobae - 2019

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Por Julián Schvindlerman

  

Alemania se pone la kipá – 01/06/19

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Estos últimos días fueron agitados para Felix Klein, el Comisionado del Antisemitismo en Alemania, tras haber afirmado “No puedo recomendar a los judíos que usen la kipá [solideo] en todo momento en cualquier lugar de Alemania”. En una atmósfera en la que los delitos xenófobos y antisemitas aumentaron casi un 20 % en el último año, donde casi el 25% de las agresiones racistas fueron de carácter antisemita y donde todas las instituciones judías deben ser protegidas por la policía, esa aseveración estaba destinada a provocar una reacción.

“Nunca nos someteremos, nunca bajaremos la vista y nunca reaccionaremos ante el antisemitismo con derrotismo”, respondió el presidente israelí Reuven Rivlin, “esperaremos y exigiremos que nuestros aliados actúen de la misma manera”. “Si tan solo una persona en nuestro país no puede usar una kipá sin ponerse en peligro, la única respuesta es que todos usemos una kipá”, escribió el editor en jefe de Bild, Julian Reichelt. “¡La kipá pertenece a Alemania!” proclamó, e imprimió en la portada del diario (el más vendido de Alemania) un modelo de kipá para recortar con el fin de que los lectores la vistieran en solidaridad con la comunidad judía. Al día siguiente, la Canciller Angela Merkel afirmó en una entrevista con CNN que Alemania tiene que “enfrentarse a los espectros de su pasado” y que debido a ese pasado “tenemos que estar más alertas que los demás”. Luego, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier emitió una declaración que reafirmaba que era “el trabajo del estado proteger a nuestros conciudadanos judíos e intervenir cuando sea necesario”. A su vez, la embajadora de Alemania en Israel, Susanne Wasum-Rainer, subrayó que “la vida judía es parte de Alemania y que su gobierno tiene “una responsabilidad particularmente grande hacia la vida judía en Alemania”. El Secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo expresó su preocupación, durante una estancia en la propia Berlín, “de ver a los judíos desanimados de usar el solideo en público por razones de seguridad. Ninguno de nosotros debería achicarse ante los prejuicios”.

Como consecuencia de las repercusiones, el Comisionado Klein giró ciento ochenta grados y pasó de recomendar a los alemanes judíos que se abstengan de usar solideos a pedir a los alemanes no-judíos que los usen en público. Anticipándose a una inminente manifestación árabe-palestina que suele elevar consignas jihadistas, enfatizó en una entrevista con el grupo de medios Funke: “Hago un llamado a todos los ciudadanos en Berlín y en todas partes en Alemania para que lleven la kipá el sábado, cuando gente agitará de manera insoportable contra Israel y contra los judíos en el Día Al-Quds”. Se lanzó así una campaña con la consigna Deutschland trägt Kippa (Alemania se pone la kipá).

Strictu sensu, Felix Klein dijo una obviedad. Todos sabemos que hay zonas de Alemania, particularmente las pobladas por inmigrantes musulmanes, en las que los judíos no son bienvenidos. El propio Consejo Central de Judíos en Alemania emitió en el pasado varias advertencias sobre el uso de la kipá en público. Sólo que no es prudente publicitar ello desde los mandos gubernamentales pues puede ser leído como una admisión oficial de abandono de toda disposición a defender a la judería alemana ante potenciales agresores locales. Vale recordar que en Francia, donde se han hecho similares sugerencias, desde el 2005 al menos diez judíos fueron asesinados por islamistas. Entonces, más que solicitar a los judíos que se abstengan de vestir solideos, las naciones europeas deberían advertir a los antisemitas que serán severamente penalizados por sus ataques. Como remarcó un editorial de Bild, el hecho de que los judíos deban ocultar su religión para sentirse seguros siete décadas después del Holocausto significa un fracaso ante la propia historia europea en general, y alemana en particular.

De cualquier modo, hay un contexto mayor que debemos considerar al evaluar la actitud contemporánea de Alemania hacia el pueblo judío. Poco tiempo antes del affair Klein, legisladores alemanes adoptaron una resolución de denuncia sin precedentes del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra Israel, describiendo sus métodos como antisemitas y reminiscentes de los boicots nazis contra los judíos. La moción aprobada por el Bundestag renuncia apoyar financieramente todo proyecto que exija un boicot a Israel e insta a otros países europeos a seguir su estela. En el texto, los legisladores declararon que “el patrón de argumentación y los métodos del movimiento BDS son antisemitas” y que los llamamientos a boicotear productor israelíes “recuerdan la fase más terrible de la historia de Alemania”. Recalcaron, correctamente, que los adhesivos ´No compre´ que pega el BDS sobre productos israelíes “inevitablemente despiertan asociaciones con el eslogan nazi ´¡No compre a los judíos!´”.

Bien interesantemente, esta resolución (que no es vinculante) fue presentada por los tres partidos gobernantes del país, junto con dos partidos de la oposición, y aprobada por una gran mayoría. Fue patrocinada conjuntamente por la Unión Demócrata Cristiana y los Socialdemócratas, los dos partidos más grandes del Bundestag que conforman la coalición gobernante, así como dos partidos de la oposición, los Verdes y el Partido Demócrata Libre. Además, el ultra-derechista Alternativa para Alemania (AfD) intentó ir más lejos todavía al presentar una moción separada en la que pedía la prohibición total del movimiento BDS en el país (fue rechazada).

Asimismo, Alemania había previamente anunciado que se opondría a las resoluciones sesgadas de las Naciones Unidas contra Israel, y unos pocos días después del voto anti-BDS en su Parlamento, Berlín cumplió su promesa. La asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud de la ONU votó 96 a 11 una resolución redactada por los palestinos (el hospital central de Gaza ha albergado en su subsuelo cuarteles del Hamas), copatrocinada por Siria (el gobierno ha bombardeado hospitales), Venezuela (el gobierno está provocando muertes infantiles en los hospitales por mala administración o indiferencia) y Sudán (¿alguien recuerda el genocidio allí?), que culpó a Israel por las “condiciones de salud en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén oriental y en el Golán sirio ocupado”. Alemania estuvo entre las únicas once naciones que se opusieron a esta salvaje politización de la OMS para castigar injustamente a Israel, lo que preanuncia un nuevo papel diplomático de Alemania en la ONU en lo concerniente al estado judío.

Así es que luce sensato no sobredimensionar las palabras no felices de un oficial de gobierno, las que en todo caso fueron corregidas. El panorama más amplio muestra una nación decidida a dar combate al antisemitismo y al antisionismo, dentro de sus fronteras y fuera de ellas. Esperemos que el liderazgo de Berlín sea próximamente emulado por otras capitales europeas.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Cristina vuelve a la carga – 21/05/19

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Entrevista con Sputnik (Rusia) Y Radio M24 (Uruguay) – 18/05/19

La expresidenta vuelve al ruedo político en Argentina. Su decisión de pasar a un segundo plano como ‘vice’ es vista como una movida política para ganar a los electores de centro.

El sorpresivo anuncio de Cristina Fernández de Kirchner, sobre quien pesa un juicio por corrupción, como fórmula vicepresidencial, sacude la escena política en ese país, que afronta una incertidumbre económica sin precedentes.

La exmandataria de centro izquierda y hoy senadora de 66 años, muestra así sus cartas, de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo. Su compañero de fórmula será el exjefe de Gabinete, Alberto Fernández, un peronista moderado, con buena relación con el establishment y con los medios.

Aunque se pensó que buscaría un tercer período en la Casa Rosada, Fernández de Kirchner optó por ser la ‘vice’, lo que es visto como una jugada política en virtud del asedio judicial que enfrenta y al que ella califica como “persecución política”.

En pleno año electoral, la dos veces presidenta de Argentina, entre los años 2007 y 2015, se sienta en el banquillo de los acusados.

Justamente, hoy inicia el primer juicio en su contra, en el marco de acusaciones de corrupción relacionadas con contratos de obras públicas adjudicados a un empresario, cercano a la expresidenta. Si es condenada, podría purgar entre cinco y 16 años de prisión.

Pero no es el único. La actual senadora por el peronismo tiene abiertos 12 procesos judiciales en su contra.

Eduardo Vior, analista internacional argentino, lo considera como una “escenificación para que ella aparezca respondiendo a una indagatoria en un juicio oral”. Es decir, “todo un juego de cámaras y fotografías”, añade.

Esto, porque según él, no se le ha permitido a la defensa presentar pruebas, “y la acusación utiliza como única carga testimonios de periodistas y políticos que han sido denunciados en las causas por espionaje”.

Al respecto, Julián Schvindlerman, escritor y analista político argentino, recuerda que desde su salida del gobierno, tras dos mandatos seguidos, Fernández de Kirchner ha estado enfrentada a una serie de acusaciones formales, procesamientos judiciales, juicios orales y la consecuente condena social y decaimiento de imagen pública asociados.

“Habrá que ver qué impacto tendrá en la gente la imagen de la expresidenta sentada en el banquillo de los acusados en el juicio oral”, dice.

Schvindlerman agrega, en esa línea: “ella sigue siendo aclamada por un sector leal, pero sus desafíos judiciales le restan peso”. Y advierte que su candidatura abre un abanico político y judicial distinto.

En cuanto a su compañero a la Presidencia, Vior interpreta que probablemente optó por esta solución, en parte para no dañar la unidad del peronismo y del kirchnerismo en virtud de los procesos judiciales en su contra. Pero también lo percibe a partir de la crisis económica y dependencia externa del país.

En ese sentido, explica que Alberto Fernández es un político que, si bien fue jefe de Gabinete de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007, viene originariamente de la derecha neoliberal de los años 90, se ha ido transformando y evolucionando, pues tiene unos fuertes lazos con los grandes conglomerados económicos, y el grupo Clarín, el grupo mediático monopólico que domina el mercado de medios en Argentina, y sectores de partido demócrata en Estados Unidos.

Entonces, en su opinión, el poder está repartido dentro de esa fórmula política Fernández-Fernández. La expresidenta tiene un fuerte poder de movilización y predicamento popular, mientras que Fernández tiene lazos muy importantes en los círculos de poder no vinculados en forma directa al gobierno de Donald Trump, señala.

“Salvataje”

En resumen lo define como una “operación de salvataje, pues al ponerse como precandidata vicepresidencial garantiza a los sectores populares el control sobre las políticas que se realicen y por otro lado, al poner al exministro Fernández como presidenciable le está haciendo un gesto a los sectores dominantes”.

Sobre este punto, Schvindlerman asegura que la expresidenta Fernández ha estado manteniendo reuniones con los sectores peronistas y progresistas para aunar esfuerzos en desbancar a Mauricio Macri.

“Hay otros actores políticos a tener en cuenta de aquí a octubre todavía, pero es claro que Fernández de Kirchner resurgió con fuerzas en las últimas semanas”, destaca.

Para Vior, el gobierno de Mauricio Macri la tiene difícil en su carrera por la reelección, porque “ha apostado exclusivamente al apoyo del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, para tener dólares que sostengan de algún modo las reservas del Banco Central y así espera bajar la inflación”.

Lo que a su modo de ver, es una apuesta que no está dando frutos, porque está demostrando que es una “utopía”, porque Argentina en este momento está experimentando una tasa de inflación del 54% anual.

Danas (Serbia)

Danas (Serbia)

Por Julián Schvindlerman

  

Eurovisión, victoria diplomática y cultural de Israel – 19/05/19

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Articulo original

Versión en español

Desde el momento en el año pasado cuando la ganadora de edición anterior de Eurovisión Neta Barzilai saludó la gente con saludo tradicional hebreo “En año próximo en Jerusalem” hubo polémicas sobre dónde debe celebrar se ese festival.

“La competencia de Eurovisión fue legítimamente ganada el año pasado por Israel, en consecuencia, le toca ser anfitriona este año. La ciudad elegida fue Tel-Aviv tras considerar a Jerusalem, pero como la capital es cuestionada mundialmente y la ciudad es vista como conservadora y tradicionalista, en tanto que Tel-Aviv es más moderna, abierta y gay-friendly, se optó por esta urbe costera y atractiva”, dice para Danas nuestro invitado distinguido, escritor, historiador y analista de política internacional de Argentina Julián Schvindlerman y opina que intentos de sabotear el festival fracasaron.

“El movimiento BDS intentó, y fracasó, sabotear a Israel, y la semana pasada grupos jihadistas en la Franja de Gaza lanzaron cientos de cohetes contra el estado judío, y amenazaron con reiniciar esa agresión durante Eurovisión si no se cumplían sus demandas, pero por el momento hay relativa calma en la frontera. Es decir que el festival no ha estado exento de riesgos, pero su desarrollo en Israel marca una victoria cultural y diplomática para el país, que siempre ha buscado normalizar su existencia, dice para Danas Julián Schvindlerman.

Mientras las preparativos para gala final festival llegan a su fin , el primer ministro Benjamin Netanyahu, a quien los israelíes llaman Bibi, sigue intentando componer el nuevo gobierno de coalición. Netanyahu se enfrenta con acusaciones de corrupción, se plantea la pregunta si en cuenta de Eurovisión él intentara de ganar algún punto político.

“El premier Netanyahu enfrenta causas legales desde antes de las elecciones que lo consagraron ganador a su partido Likud, y está en pleno período de negociaciones para formar una coalición de gobierno. Eurovisión puede distender un poco el clima social pero no protegerá a Netanyahu de esas acusaciones ni de los desafíos de armar una coalición viable. Este festival es importante para Israel; no obstante, las realidades internas y externas no se evaporarán por su desarrollo. No veo que Netanyahu pueda capitalizar políticamente este evento, más allá del evidente clima de alegría que se pueda instalar temporalmente en el país”, dice para Danas Julián Schvindlerman.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2019

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Rescuing Pawel Frenkel from oblivion – 16/05/19

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 16/05/19

Today, May 16, only back in 1943, the revolt of the Warsaw ghetto ended. After almost thirty days of fierce fighting, the resistant Jews of the ghetto fell, crushed by the German war machine under the command of the Nazi officer Jüergen Stroop. We know the epic story of this uprising and the heroism of the fighters, we recognize their names -Mordejai Anielewicz, Simcha Rotem, Yitzhak Zuckerman, Tzivya Lubetkin and Marek Edelman, among others- and their group, the socialist Zydowska Organizacja Bojowa (ZOB). Less familiar are the names of Pawel Frenkel and Leon Rodal, leaders of the revisionist Zydowski Zwiazek Wojskowy (ZZW), who died during the revolt. For example, the 2001 Spanish edition of The Holocaust Chronicle has more than 765 pages, a 10-page bibliographic section and more than 2,000 photographs. Only its index extends for 45 pages, and there are no references to the ZZW, Frenkel or Rodal. By contrast, the ZOB is cited in 28 pages, while Anielewicz, Zuckerman and Lubetkin are mentioned in 15 pages as a whole.

The first attempt to mark their participation in the uprising was made during the war by Emmanuel Ringelblum, the great chronicler of life in the Warsaw ghetto, who was active in Poalei Zion and was a member of ZOB. When, in November 1943, the Jewish National Committee in Warsaw sent to London a list with the names of 224 ZOB fighters who had died, indicating the respective party affiliation of each one, and omitted all members of ZZW, Ringelblum queried about this absence in a note sent to his colleague Adolf Berman a few weeks later: “And why is there no data regarding ZZW? In the history we must leave their tracks, even when they are not sympathetic in our eyes.” A few days later, he reiterated his concern in another note sent to Berman: “As for the Revisionists, I have no data on them … an effort should be made to complete the list. I have only two names: Rodalski [Rodal] and Frenkelowski [Frenkel] … One of them should be found or one of their commanders.”

The first post-war publication that sought to vindicate the role of the ZZW in the revolt was authored by David Wdowinski, one of Betar’s leaders in pre-war Poland. He was a psychiatrist trained at the universities of Vienna and Warsaw who did not participate in the fighting but had a role in the fruitless negotiations between the ZZW and the ZOB to unite both groups. In April 1946 he published an article in the Palestinian right-wing daily Hamashkif titled “The Warsaw Ghetto Revolt” in which he mentioned the role of the ZZW. His book And we are not saved about the ZZW was published in 1985. That same year, another revisionist survivor, a non-combatant but related to the ZZW, Adam Halperin, wrote a chapter titled “The part of Betar in the revolt of the Ghetto” in the short book The Truth about the Warsaw Ghetto Uprising, edited by the Betar World Executive in Tel- Aviv. Later, Ber Mark, director of the Institute of Jewish History in Warsaw, investigated the period of the uprising and wrote several books in Yiddish and Polish about it. As his books were published in communist Poland, from 1947 onwards, he underlined the role of the communist fighters, however he mentioned both the ZOB and the ZZW and their commanders.

In 1963, Haim Lazar published in Israel what was regarded then the most resounding work on Betar’s participation in the uprising. Lazar had made Alyah in the postwar period after leaving the Vilna ghetto to join the partisans in Russia. Originally written in Hebrew as The Masada of Warsaw: The Jewish Military Organization in the Warsaw Ghetto Uprising, it was translated into English in 1966 as Muranowska 7: The Warsaw Ghetto Rises. In the introduction, Lazar wrote: “It would have been better if this book, which relates the actions of the national movement founded by Jabotinsky, had not appeared; in other words, if there had been no need for it. But what choice was there, when it had to be proven by testimonies and documents, that almost everything that has been written so far -and much was written in hundreds and thousands of books and articles- about the resistance of the Jews of Warsaw, is a deliberate falsification by those attempting to glorify themselves while ignoring others … above all, ignoring deliberately and stubbornly the other fighting underground, the ZZW -Irgun Zvai Yehudi- founded by Betar and other organizations from the Jabotinsky movement.”

Also in 1963, Rahel Auerbach, who collaborated with Ringelblum and survived the Holocaust, published The revolt of the Warsaw Ghetto in Hebrew. She wrote: “A separate chapter, that unfortunately has as yet not at all been researched, is the existence of a parallel combat organization, which in some of the sources is called ZZW (Irgun Zvai Yehudi) … Unlike the ZOB, ZZW had among its members expert military men, former officers in the Polish army. The ZZW also had weapons. It even had a machine gun, and that evidently accounts for the effectiveness of its combat actions during the first days of the revolt.” In 1965, the head of Yad Vashem’s archives, Yosef Kermish, wrote in the preface to a book that was a compilation of documents about the uprising, titled in Hebrew The Rebel and the Revolt in the Warsaw Ghetto: “As for the revolt itself and the actual preparations for it, the Jewish and Polish sources are regretfully not sufficiently adequate. They do not cover all the aspects of the revolt. A number of points, which if cleared would add greatly to research of the revolt, have only been dealt with in general terms.” In 1986, Pawel Besztimt, a member of the ZZW, wrote an account of the revisionist resistance in the magazine Dapim. Two other surviving fighters of the ZZW who participated in the revolt wrote books about it: The Survivors by Jack Eisner and Caged: The Landau Manuscript by David Landau (published posthumously by his family in 1999).

Finally, in 2009 emerged in Hebrew Flags over the Warsaw Ghetto: The Untold Story of the Warsaw Ghetto Uprising by prominent Likud politician Moshe Arens –possibly the most significant academic effort to set the record straight to date (and the main source upon which this article is based to show the chronology of the decades-long effort to preserve the memory of the fighters of the ZZW). It was translated into English and Polish in 2011. The eminent historian Saul Friedländer in his book The Years of Extermination briefly quotes the ZZW from the Arens´s book. In 2017, the film documentary The Uprising of the Warsaw Ghetto: The Untold Story by Yuval Haimovich-Zuser and Simon Shechter appeared, interviewing surviving combatants of the ZZW and Arens himself. Paradoxically, in his reports to Berlin Stroop did mention the ZZW: “Already on the night of the first day we ran into a rather fierce resistance. Those people were organized in a movement called a-Jalutz, which I believe was also called Betar.” During the war years, deep ideological divisions between leftists and rightists among the Warsaw ghetto fighters prevented their union, and in the postwar period this gap consolidated a narrative that excluded the participation of the revisionists in the fighting. More than seven and a half decades later, and despite the valiant efforts already made, we still have a debt to the truth.

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[Versión en español]
 

Rescatando a Pawel Frenkel del olvido

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 16/05/19

https://blogs.timesofisrael.com/rescuing-pawel-frenkel-from-oblivion/

Un día como hoy, 16 de mayo, sólo que en 1943, terminaba la revuelta del gueto de Varsovia. Tras casi treinta días de fiero combate, los resistentes judíos del gueto caían, aplastados por la maquinaria bélica alemana al mando del oficial nazi Jüergen Stroop. Conocemos la historia épica de esta sublevación, sabemos del heroísmo de los luchadores, reconocemos sus nombres -Mordejai Anielewicz, Simja Rotem, Yitzhak Zuckerman, Tzivya Lubetkin y Marek Edelman, entre otros- y a su agrupación, la socialista Organización Judía de Combate (Zydowska Organizacja Bojowa; ZOB). Menos familiar nos resultan los nombres de Pawel Frenkel y Leon Rodal, líderes de la revisionista Unión Militar Judía (Zydowski Zwiazek Wojskowy; ZZW), quienes murieron durante la revuelta. Por ejemplo, la edición en español de 2001 de Crónica del Holocausto tiene más de 765 páginas, una sección bibliográfica de 10 páginas y más de 2000 fotografías. Sólo su índice se extiende por 45 páginas, y allí no son referenciados ni una sola vez la ZZW, Frenkel o Rodal. Por el contrario, la ZOB es citada en 28 páginas, mientras que Anielewicz, Zuckerman y Lubetkin son mencionados en 15 páginas en conjunto.

El primer intento en registrar su participación en la sublevación fue hecho durante la guerra por Emmanuel Ringelblum, el gran cronista de la vida en el gueto de Varsovia, quien militaba en Poalei Zion y era miembro de la ZOB. Cuando, en noviembre de 1943, el Comité Nacional Judío en Varsovia envió a Londres un listado con los nombres de 224 luchadores de la ZOB que habían muerto, indicando la respectiva afiliación partidaria de cada uno, y omitió a todos los integrantes de la ZZW, Ringelblum preguntó por su ausencia en una nota enviada a su colega Adolf Berman unas semanas después: “¿Y por qué no hay datos respecto de la ZZW? Debemos dejar sus marcas en la historia, aun cuando no simpatizamos con ellos”. Unos días después, reiteró su preocupación en otra nota para Berman: “En cuanto a los Revisionistas, no tengo datos sobre ellos… un esfuerzo debe ser hecho para completar la lista. Tengo sólo dos nombres: Rodalski [Rodal] y Frenkelowski [Frenkel]… Uno de ellos debería ser hallado o uno de sus comandantes”.

La primera publicación de posguerra que buscó reivindicar el papel de la ZZW en la revuelta, estuvo a cargo de David Wdowinski, uno de los líderes de Betar en Polonia en la preguerra. Era un psiquiatra formado en las universidades de Viena y Varsovia que no participó de los combates pero tuvo un papel en las negociaciones infructuosas entre la ZZW y la ZOB para unir ambas resistencias. En Abril de 1946 publicó un artículo en el diario derechista palestino Hamashkif titulado “La revuelta del gueto de Varsovia” en el cual mencionaba el rol de la ZZW. En 1985 fue publicado su libro Y no estamos salvados, sobre la participación revisionista en la revuelta. Ese mismo año, otro sobreviviente revisionista, no combatiente pero relacionado a la ZZW, Adam Halperin escribió un capítulo titulado “La parte de Betar en la revuelta del Gueto” dentro de un libro pequeño titulado La verdad sobre el levantamiento del gueto de Varsovia, editado por el Ejecutivo Mundial de Betar en Tel-Aviv. Posteriormente, Ber Mark, director del Instituto de Historia Judía en Varsovia, investigó el período del levantamiento y escribió varios libros en yídish y en polaco al respecto. Como sus libros fueron publicados en la Polonia comunista, a partir de 1947, subrayó el rol de los luchadores comunistas, no obstante citó tanto a la ZOB como a la ZZW y nombró a los comandantes de ambas organizaciones.

En 1963, Haim Lazar publicó en Israel el que fue entonces el más rotundo trabajo sobre la participación de Betar en el levantamiento. Lazar emigró a Israel en la posguerra tras haber dejado el gueto de Vilna para unirse a los partisanos en Rusia. Originalmente escrito en hebreo con el título La Masada de Varsovia: La Organización Militar Judía en el levantamiento del gueto de Varsovia, fue traducido al inglés en 1966 como Muranowska 7: El Gueto de Varsovia se levanta. En la introducción, escribió Lazar: “Hubiera sido preferible que este libro, que relata las acciones del movimiento nacional fundado por Jabotinsky, no hubiese aparecido; en otras palabras que no hubiera habido necesidad suya. ¿Pero qué opción había, cuando debía ser probado por testimonios y documentos, que casi todo lo que se ha escrito hasta el momento -y mucho fue escrito en cientos y miles de libros y artículos- sobre la resistencia de los judíos de Varsovia, es una falsificación deliberada por parte de aquellos que tratan de vanagloriarse mientras ignoran a otros…. sobre todo, ignorando con intención y terquedad a las otras fuerzas clandestinas, la ZZW – Irgún Zvai Yehudi- fundado por Betar y otras organizaciones del movimiento de Jabotinsky”.

También en 1963, quien fuera colaboradora de Ringelblum y sobrevivió al Holocausto, Rahel Auerbach, publicó en hebreo La Revuelta del Gueto de Varsovia. Allí escribió: “Un capítulo separado, que desafortunadamente todavía no ha sido investigado para nada, es la existencia de una organización de combate paralela, la que en algunas fuentes es denominada ZZW (Irgún Zvai Yehudi)… A diferencia de la ZOB, la ZZW tenía entre sus miembros a expertos militares, ex oficiales del ejército polaco. La ZZW también tenía armas. Incluso tenía una metralleta, y eso evidentemente explica la efectividad de sus acciones de combate durante los primeros días de la revuelta”. En 1965, el titular de los archivos de Yad Vashem, Yosef Kermish, escribió en el prefacio de un libro que era un compilado de documentos sobre el levantamiento, titulado en hebreo El Rebelde y la revuelta en el gueto de Varsovia: “En cuanto al levantamiento en sí mismo, las fuentes judías y polacas son lamentablemente insuficientemente adecuadas. No cubren todos los aspectos del levantamiento. Varios puntos, que si fuesen aclarados agregarían mucho a la investigación de la revuelta, han sido tratados sólo de manera general”. En 1986, Pawel Besztimt, miembro de la ZZW, escribió un raconto de la resistencia revisionista en la revista Dapim. Otros dos luchadores sobrevivientes de la ZZW que participaron en la batalla de la Plaza Muranowski escribieron libros al respecto. Lo sobrevivientes de Jack Eisner y Enjaulado: El manuscrito Landau de David Landau (publicado póstumamente por su familia en 1999).

Finalmente, en 2009 apareció en hebreo Banderas sobre el gueto de Varsovia: La historia no contada del levantamiento del gueto de Varsovia de Moshe Arens, prominente político del Likud, posiblemente el esfuerzo académico más significativo en corregir esta distorsión histórica (fuente en la que este artículo está basado para el trazado de esta cronología del esfuerzo por rescatar la memoria de los luchadores de la ZZW). Fue traducido al inglés y al polaco en 2011. El eminente historiador Saul Friedländer en su libro Los años del exterminio cita sintéticamente a la ZZW del libro de Arens. En 2017 apareció el documental El levantamiento del gueto de Varsovia: La historia no contada, de Yuval Haimovich-Zuser y Simon Shechter, que entrevista a luchadoras sobrevivientes de la ZZW y al propio Arens. Paradójicamente, Stroop mencionó en sus reportes a los combatientes revisionistas: “Ya en la noche del primer día nos topamos con una resistencia bastante feroz. Aquellas personas estaban organizadas en un movimiento llamado a-Jalutz, que creo yo se llamaba también Betar”. Durante los años de la guerra, las profundas divisiones ideológicas entre izquierdistas y derechistas entre los combatientes del gueto de Varsovia impidieron su unión, y en la posguerra esta brecha consolidó una narrativa que excluyó la participación de los revisionistas en los combates. Más de siete décadas después, y a pesar de los esfuerzos nobles ya realizados, seguimos teniendo una deuda con la verdad.

The Algemeiner

The Algemeiner

Por Julián Schvindlerman

  

70TH Anniversary of Israel’s admission to the UN: The historic Abba Eban speech – 16/05/19

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(Más abajo versión en español)

On May 5, 1949, the Ad Hoc Political Committee of the General Assembly of the United Nations
met to hear the words of Israel´s envoy, Abba Eban. No other nation had been forced to argue in its own favor for admission to the UN; only upon the Jewish state was such a requirement imposed. It was elevated by the defeated Arab nations that had collectively initiated a war against the new-born state. So they sought to annihilate Israel diplomatically, having failed to do so militarily on the battlefield.
Fortunately for Israel, the man charged with pleading on her behalf at the UN was the politically sophisticated, academically polished, and intellectually gifted Eban.
Originally from South Africa, he had been a professor of Arabic, Persian, and Hebrew literature at the University of Cambridge; a British army officer in Palestine; and a Zionist activist globally.
Supporting the obstructionist efforts of the Arab countries, Great Britain suggested that Israel’s admission to the UN be conditioned on the resolution of the status of Jerusalem and the situation of the Palestinian refugees. In his speech, Eban made a fierce defense of Israel’s right to be accepted as an equal among the nations, and denounced the undue politicization of the application.
“Rarely in history had a people so small in all the attributes of physical power surmounted so many ordeals and adversities in its path to independence. It had emerged out of mortal danger into the clear prospect of survival,” he observed.
“The imagination and sentiment of the world had been profoundly impressed by the spectacle of Israel’s swift consolidation. Israel had now secured recognition by an overwhelming majority of other States, in all the five Continents, in the Old World and the New,” said Eban, and stressed the democratic nature of the nascent country: “It had conducted the only democratic election with full popular participation which this part of the Near East had seen for several years. It had established a legislature based on popular suffrage. It had formed a government dedicated to the principles of parliamentary democracy and social reform.”
He also noted the election as head of state of David Ben-Gurion, “the most respected and
venerated citizen to symbolize both Israel’s concern for international prestige and its vision of scientific humanism.”
Eban highlighted the disproportionate attention that Israel´s case had raised. “No less than eighty- nine meetings of the Security Council had been devoted to the Palestine question; and at the end of this unprecedentedly minute investigation, the Security Council decided that; in its judgment Israel is a peace-loving State able and willing to fulfill its obligations under the Charter.”
However, Israel was required to address two issues resulting from the conflict, something that had not been required of any other state seeking membership, so Eban cited the cases of Pakistan and Yemen to highlight the injustice.
As he noted, “the Pakistan Representative was not interrogated on his intentions with regard to Kashmir. He was not called upon to explain his country’s intentions with regard to the eleven million refugees who were rendered homeless through the establishment of his State. On the same occasion, when the application of Yemen for membership in the United Nations was considered by the First Committee, there was no discussion as to whether an officially sponsored policy of organized slavery conformed with the Charter’s requirements on fundamental human rights.”
Furthermore, Eban sought to clarify the purpose of the meeting: “We are not here, I understand, to find solutions to the problems of Jerusalem or the Arab refugees. That task has been allocated to the Conciliation Commission with which my Government is in the closest and most formal contact at this moment. One question and one question alone is relevant: is Israel eligible for membership within the meaning of Article 4 of the Charter?”
Concluding, Eban compared the situation of his country with that of a man attacked by seven
gangsters in a dark street who is then dragged to court and finds his assailants sitting on the bench to judge him. Once again, he urged the committee to favorably consider Israel’s membership application.
By then, Mr. Eban had been talking for a long time. Previously, the Ad Hoc Committee paused,
debated whether to continue with the session or interrupt it to go to lunch, and chose to remain in the room. But at this point, after two and a half hours of listening to the Israeli envoy, the committee president closed the meeting with fine irony: He thanked the speaker “for his endurance” and suggested that the committee “apply for admission to the restaurant.” Six days later, the General Assembly voted in favor of Israel’s entry into the UN.
Clearly, there were other reasons why Israel was admitted to the UN. But it is no less true that Abba Eban´s focused, passionate, brilliant, and gracious oratory contributed decisively.

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[Versión en español]
 

70 ANIVERSARIO DE LA ADMISIÓN DE ISRAEL A LA ONU: EL DISCURSO HISTÓRICO DE ABBA EBAN
The Algemeiner (NY) – 16/5/19
https://www.algemeiner.com/2019/05/16/70th-anniversary-of-israels-admission-to-the-un-the-historic-abba-eban-speech/

El 5 de mayo de 1949, el Comité Político Ad Hoc de la Asamblea General de las Naciones Unidas se reunió para escuchar las palabras del enviado de Israel, Abba Eban. Ninguna otra nación debió alegar a favor de su ingreso a la ONU, sólo al estado judío se le impuso esa condición. Fue forzada por las naciones árabes derrotadas en una guerra que ellas habían iniciado colectivamente contra el país naciente. Buscaban someter diplomáticamente a Israel, habiendo fracasado en hacerlo militarmente en el campo de batalla.

Afortunadamente para Israel, el hombre encargado de alegar a su favor en la ONU era el políticamente sofisticado, académicamente pulido e intelectualmente dotado Abba Eban. Oriundo de Sudáfrica, había sido profesor de literatura árabe, persa y hebrea en la Universidad de Cambridge, oficial del ejército británico en Palestina y activista sionista global. Apoyando el obstruccionismo de los países árabes, Gran Bretaña sugirió que la admisión de Israel a la ONU estuviese condicionada a la resolución del status de Jerusalem y la situación de los refugiados palestinos. En su discurso, Eban hizo una encendida defensa del derecho de Israel a ser aceptada como un par entre las naciones y denunció la politización indebida del caso.

“Rara vez en la historia, un pueblo tan pequeño en todos los atributos del poder físico superó tantas pruebas y adversidades en su camino hacia la independencia. Ha surgido del peligro mortal hacia la clara perspectiva de la supervivencia «, señaló.

“La imaginación y el sentimiento del mundo se vieron profundamente impresionados por el espectáculo de la rápida consolidación de Israel. Israel ya ha obtenido el reconocimiento de una mayoría abrumadora de otros estados, en los cinco continentes, en el Viejo Mundo y en el Nuevo” dijo Eban, y subrayó el carácter democrático del nuevo país: “Ha llevado a cabo la única elección democrática con plena participación popular que esta parte del Cercano Oriente ha visto durante varios años. Se ha establecido una legislatura basada en el sufragio popular. Ha formado un gobierno dedicado a los principios de la democracia parlamentaria y la reforma social”. También notó la elección como jefe del Estado de David Ben Gurion, “el ciudadano más respetado y venerado”, para simbolizar “tanto la preocupación de Israel por el prestigio internacional como su visión del humanismo científico».

Eban destacó la atención desproporcionada que la postulación había suscitado. “No menos de ochenta y nueve reuniones del Consejo de Seguridad se dedicaron a la cuestión de Palestina; y al final de esta minuciosa investigación sin precedentes, el Consejo de Seguridad decidió que ´a su juicio, Israel es un Estado amante de la paz, capaz y dispuesto a cumplir con sus obligaciones en virtud de la Carta´”. Sin embargo, se le exigía a Israel el abordaje de dos asuntos resultantes del conflicto, algo que no se le había exigido ningún otro estado postulante, y citó a colación los casos de Pakistán y Yemen. “Cuando finalmente se llegó a la etapa de discusión del comité, el representante de Pakistán no fue interrogado sobre sus intenciones con respecto a Cachemira. No se le pidió que explicara las intenciones de su país con respecto a los once millones de refugiados que quedaron sin hogar a través del establecimiento de su Estado. En la misma ocasión, cuando la Primera Comisión examinó la solicitud de membresía de Yemen para ser miembro de las Naciones Unidas, no se discutió si una política de esclavitud organizada patrocinada oficialmente se ajustaba a los requisitos de la Carta sobre derechos humanos fundamentales».

Eban buscó echar claridad sobre el propósito de ese encuentro. “No estamos aquí, entiendo, para encontrar soluciones a los problemas de Jerusalén o de los refugiados árabes. Esa tarea ha sido asignada a la Comisión de Conciliación con la que mi Gobierno está en contacto más cercano y con mayor formato en este momento. Una pregunta y una pregunta solamente es relevante: ¿es elegible Israel para ser miembro en el sentido del Artículo 4 de la Carta?”. Concluyendo, Eban comparó la situación de su país con la de un hombre atacado por siete pandilleros en una calle oscura que luego es arrastrado a la corte y encuentra a sus agresores sentados en el banco para juzgarlo. Una vez más, instó al comité a considerar favorablemente la solicitud de membresía de Israel.

Para entonces, Eban había disertando largamente. En algún momento anterior, el Comité Ad hoc hizo una pausa, debatió si proseguir con la sesión o interrumpirla para ir almorzar, y optó por permanecer en el recinto. Pero en este punto, tras dos horas y media de estar escuchando al enviado israelí, el presidente del comité cerró el encuentro con fina ironía: agradeció al orador “por su resistencia” y sugirió que el comité “solicite la admisión al restaurante”. Seis días después, la Asamblea General votó a favor del ingreso de Israel a la ONU.

Claramente, hubo otras razones por las cuales Israel fue admitido en la ONU. Pero no es menos cierto que la nobleza, la pasión, la brillantez y la gracia de la oratoria de Abba Eban contribuyeron decididamente a ello.