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Por Julián Schvindlerman

  

Nisman, el terrorismo iraní y el general Soleimani – 22/01/20

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Por Julián Schvindlerman
Libertad Digital (España) – 22/1/2020

Cinco años después de la muerte del fiscal Alberto Nisman, todavía nos estamos preguntando si se suicidó o lo asesinaron. Siete años después de la firma del Memorando de Entendimiento entre la Argentina e Irán, todavía dudamos si aquello fue una iniciativa diplomática legítima o un ardid oscuro de encubrimiento. Veinticinco años después del atentado contra la sede de la AMIA, todavía aguardamos a que los perpetradores sean juzgados y condenados. La justicia y la política en la Argentina tienen una habilidad especial para dilatar, ofuscar, aplazar y –en última instancia– frustrar el anhelo de verdad de la sociedad.

Situación política en la Argentina

En enero de 2015, tras acusar a la presidenta de la Nación de traicionar a la patria, Alberto Nisman apareció muerto con un tiro en la sien en el baño de su departamento de Puerto Madero (Buenos Aires). Dos meses más tarde, The Wall Street Journal informaba: «Equipos de investigación rivales contribuyeron a transformar el caso en una novela policial que ha atrapado la atención del país». Un lustro más tarde, un nuevo Gobierno que tiene como vicepresidenta a quien fuera presidenta al momento de la muerte del fiscal quiere revisar las conclusiones de un informe de la Gendarmería que determinó que al fiscal lo asesinaron.

La nueva ministra de Seguridad, Sabina Frederic, antes de asumir había declarado que calificar a Hezbolá como una organización terrorista (tal como hizo la Administración Macri el año pasado) equivalía a «comprar un problema que no tenemos» y agregaba: «El terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no es nuestro». El presidente de la República, Alberto Fernández, se ve constantemente tironeado por sus declaraciones del pasado y las correcciones del presente a las que se ve forzado. «Hasta el día de hoy, dudo de que se haya suicidado», afirmó en el 2017 para el documental El fiscal, la presidenta y el espía. Consultado este año, Fernández cambió de parecer:

Thank you for watching

Desde 2017, cuando se grabó la entrevista, hasta ahora no apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron, y apareció una pericia absurda que contradice los más elementales principios.

Cristina

En algún punto, Cristina Fernández de Kirchner empezó a creer que quienes buscaban dañar a la Argentina no eran los terroristas libaneses de Hezbolá, a las órdenes de sus patrones en Teherán, sino un grupo de cabilderos, académicos y financistas judíos norteamericanos. En 2015 los acusó de conformar un «modus operandi global» que «genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color». ¿Se recuerda su frase «todo tiene que ver con todo cuando se trata de geopolítica y poder internacional»? La señora Fernández de Kirchner sostuvo su teoría conspirativa el tiempo suficiente como para incluirla en su libro de memorias publicado en 2019, Sinceramente. Cuando The Washington Post publicó un editorial crítico de estas fantasías –tachándolas de «antisemitas» al notar que todos los señalados por CFK eran judíos–, el entonces Jefe de Gabinete Aníbal Fernández respondió con una nota de su autoría en Página 12 que descalificaba dicho editorial como «un decálogo de lugares comunes».

En paralelo, una sucia campaña estaba en pleno auge para desprestigiar al fiscal muerto con el fin de invalidar las conclusiones de sus investigaciones, tan rigurosas que persuadieron a Interpol para que emitiera alertas rojas de captura internacional contra los acusados por Nisman. Unos años antes, en marzo de 2011, el periodista Pepe Eliaschev había publicado en la portada del diario Perfil una nota titulada «Argentina negocia con Irán dejar de lado la investigación de los atentados». Fue linchado mediáticamente por los militantes del Gobierno K. Murió por causas naturales en noviembre de 2014, sin llegar a conocer la acusación judicial de Nisman, unos pocos meses después. Llamativamente, el propio Nisman había reaccionado con escepticismo:

El hecho que plantea la nota es absurdo, descabellado y de imposible cumplimiento. Hacía tiempo que no leía algo tan disparatado.

La coyuntura regional

Mientras la Argentina vive en su loop de caos permanente, en el plano regional y global algunas cosas han cambiado. El mismo mes-aniversario de la muerte del fiscal que denunció la participación de Irán, por medio de Hezbolá, en el atentado de 1994, el máximo responsable de las operaciones terroristas internacionales de la República Islámica de Irán fue eliminado. En un ataque con drones norteamericanos, el general Qasem Soleimani resultó muerto en Bagdad. Soleimani había asumido el rol de jefe de la Fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní en 1998, pocos años después del atentado en Buenos Aires, pero ya era un cuadro activo del régimen teocrático responsable de aquella matanza de 85 personas.

En América Latina, las reacciones contrastantes a este desarrollo quedaron signadas por las respuestas de Brasilia y Caracas. «Nuestra posición es aliarse con cualquier país del mundo en la lucha contra el terrorismo», declaró el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en apoyo a Washington durante una entrevista con la TV Bandeirantes. «Sabemos lo que, en gran parte, Irán representa para sus vecinos y para el mundo». En Venezuela, el jerarca Diosdado Cabello se dirigió a la embajada iraní, donde leyó un mensaje que finalizó con estas palabras: «¡Viva Irán, vivan los pueblos libres, nosotros venceremos!». En una nota para BBC News, Gerardo Lissardy observó una paradoja interesante. Brasil «es el gran socio comercial de Irán en América Latina, con un intercambio bilateral miles de veces superior en dólares al que la República Islámica tiene con su aliado socialista de Venezuela». Según el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el intercambio comercial entre Venezuela e Irán fue de 892.000 dólares en 2016, último año del que se dispone de cifras. Brasil, en cambio, comerció con Irán por un valor de 2.560 millones de dólares en 2017. «Incluso el intercambio bilateral de la República Islámica con Chile, Colombia o México supera al que mantiene con sus aliados de Venezuela, Cuba o Nicaragua», señala Lissardy.

A partir de 2005, Teherán buscó relacionarse con América Latina de manera regional más que bilateral. Su permanente estado de confrontación con Occidente, en particular en aquellos tiempos por su programa nuclear clandestino, empujó al régimen a buscar aliados en otras zonas del globo. La gesta diplomática coincidió con la expansión del populismo de izquierdas en países como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Venezuela o Argentina. Cuando este populismo se vio restringido por el ascenso o consolidación de referentes de corte derechista en Brasil, Argentina, Colombia, Chile y otros, ese corresponsal anota que Irán distinguió sus relaciones internacionales entre aliados políticos y económicos. La Argentina mantuvo lazos comerciales con la república islámica durante este período a pesar de las tensiones políticas surgidas a partir de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. El ascenso de Mauricio Macri al poder vio la derogación del Memorando de Entendimiento, la designación de Hezbolá como grupo terrorista y un apartamiento de la asociación con Teherán que alguna vez deseó la Presidencia anterior. Pero el comercio con Irán no se extinguió, alcanzando los 451 millones de dólares en 2017, según el centro de investigación más arriba citado.

Sin embargo, los intereses de Irán en América Latina no se circunscribieron al ámbito económico o político. El experto israelí Ely Karmon detalló en una monografía pionera algunos de los objetivos perseguidos por Teherán en esta región: la propagación del chiismo, la ampliación de las bases operativas de Hezbolá, el apoyo diplomático en foros internacionales a su programa nuclear ilícito, la posible obtención de uranio, limitar el impacto de las sanciones económicas mediante la creación de un mercado alternativo y, en general, contrarrestar a Estados Unidos –que tiene tropas en países fronterizos con Irán– con su propia presencia en el Hemisferio Occidental. A esto hay que agregar las sórdidas redes de contrabando de armas y el lucrativo negocio de las drogas.

Soleimani

«Se ha perdido un héroe de la criminalidad hemisférica, y los gángsters están tristes», escribió la comentarista estadounidense especializada en asuntos latinoamericanos Mary Anastasia O’Grady. No es para menos. Soleimani era parte de una estructura que buscaba ganar espacios estratégicos non sanctos en la región. En mayo de 2013, Nisman publicó un extenso informe sobre una elaborada red de terrorismo iraní desde México hasta Sudamérica. Esta red podría ahora verse afectada. Varios analistas dijeron que los atentados perpetrados en la Argentina fueron respuestas a operaciones israelíes contra Irán: la eliminación en 1992 de Abás Muawi, cofundador de Hezbolá, y la captura en 1994 de Mustafá Dirani, aliado clave de Hezbolá en el Líbano. Bajo este prisma, el ataque selectivo a Soleimani podría haber puesto a las comunidades judías de América Latina, así como a las embajadas israelíes y estadounidenses, en la mira. Las represalias son parte del riesgo inherente a la lucha contra el terrorismo. El general iraní era un activo combatiente enemigo, responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses. Su partida, en cualquier caso, significa que un malhechor menos anda complotando. Es razonable asumir que este desarrollo no hubiera entristecido a Alberto Nisman.

Perfil, Perfil - 2020

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Ecos de medio oriente – 19/01/20

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El fiscal Alberto Nisman, el terrorismo iraní y el general Qassem Soleimani
El camino que va de la muerte de Alberto Nisman a la del militar iraní en Irak denota distintas instancias en la lucha de todo el continente americano contra el terrorismo.

Por Julián Schvindlerman
PERFIL – El Observador (19/1/2020)

https://www.perfil.com/noticias/elobservador/el-fiscal-alberto-nisman-el-terrorismo-irani-y-el-general-qasem-soleimani.phtml

A cinco años de la muerte del fiscal Alberto Nisman, todavía nos estamos preguntando si se suicidó o lo asesinaron. A siete años de la firma del Memorando de Entendimiento entre la Argentina e Irán, todavía dudamos si aquello fue una iniciativa diplomática legítima o un ardid oscuro de encubrimiento. A veinticinco años del atentado contra la sede de la AMIA, todavía aguardamos que los perpetradores sean juzgados y condenados. La justicia y la política en la Argentina tienen una habilidad especial para dilatar, ofuscar, aplazar y -en última instancia- frustrar, al anhelo de verdad que reclama la sociedad.

La situación política en la Argentina
En enero de 2015, tras acusar a la Presidenta de la Nación de traicionar a la patria, Alberto Nisman apareció muerto de un tiro en la cien en el baño de su departamento en Puerto Madero. Apenas dos meses después, informaba The Wall Street Journal: “Equipos de investigación rivales contribuyeron a transformar el caso en una novela policial que ha atrapado la atención del país”. Un lustro más tarde, un nuevo gobierno que tiene como vicepresidenta a quien fuera presidenta al momento de la muerte del fiscal, quiere revisar las conclusiones de un informe profesional de la Gendarmería que determinó que al fiscal lo asesinaron. La nueva Ministra de Seguridad Sabina Frederic antes de asumir había declarado que calificar a Hezbolá como una organización terrorista (tal como hizo la Administración Macri el año pasado) equivalía a “comprar un problema que no tenemos” y agregaba que “el terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no es nuestro”. El Presidente de la República Alberto Fernández se ve constantemente tironeado por sus pasadas declaraciones y las correcciones del presente a las que se ve forzado. “Hasta el día de hoy, dudo de que se haya suicidado”, afirmó en el 2017 para el documental de Netflix El fiscal, la presidenta y el espía. Consultado este año por sus dichos, Fernández cambió de parecer: “Desde 2017, cuando se grabó la entrevista, hasta ahora no apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron y apareció una pericia absurda que contradice los más elementales principios”.

Cristina
En algún punto, Cristina Fernández de Kirchner empezó a creer que quienes buscaban dañar a la Argentina no eran los terroristas libaneses de Hezbolá a las órdenes de sus patrones en Teherán sino un grupo de cabilderos, académicos y financistas judíos norteamericanos. En 2015 los acusó de conformar un “modus operandi global” que “genera operaciones políticas internacionales de cualquier tipo, forma y color”. ¿Se recuerda su frase “Todo tiene que ver con todo cuando se trata de geopolítica y poder internacional”? La señora Fernández de Kirchner sostuvo su teoría conspirativa el tiempo suficiente como para incluirla en su libro de memorias publicado en 2019, Sinceramente. Cuando The Washington Post publicó un editorial crítico de estas fantasías -tachándolas de “antisemitas” al notar que todos los señalados por CFK eran judíos-, el entonces Jefe de Gabinete Aníbal Fernández respondió con una nota de su autoría en Página12 que descalificaba al editorial como “un decálogo de lugares comunes”.   

En paralelo, una campaña sucia estaba en pleno auge para desprestigiar al fiscal muerto con el fin de invalidar las conclusiones de sus investigaciones, las que fueron de tal rigor que persuadieron a INTERPOL a que emitiera alertas rojas de captura internacional contra los acusados. Unos años antes, en marzo de 2011, el periodista Pepe Eliaschev había publicado en la portada del diario Perfil una nota titulada “Argentina negocia con Irán dejar de lado la investigación de los atentados”. Fue linchado mediáticamente por los militantes del gobierno K. Murió de causas naturales en noviembre de 2014 sin llegar a conocer la acusación judicial de Alberto Nisman unos pocos meses después. Llamativamente, el propio Nisman había reaccionado con escepticismo: “El hecho que plantea la nota es absurdo, descabellado y de imposible cumplimiento. Hacía tiempo que no leía algo tan disparatado”.  

La coyuntura regional
Mientras la Argentina vive en su loop de caos permanente, en el plano regional y global algunas cosas han cambiado. El mismo mes-aniversario de la muerte del fiscal que denunció la participación de Irán, por medio de Hezbolá, en el atentado de 1994, el máximo responsable de las operaciones terroristas internacionales de la República Islámica de Irán fue  eliminado. En un ataque con drones norteamericanos, el Mayor-General Qassem Soleimani resultó muerto en Bagdad. Él había asumido el rol de jefe de la Fuerza Al-Quds de las Guardias Revolucionarias iraníes en 1998, pocos años después del atentado en Buenos Aires, pero ya era un cuadro activo del régimen teocrático responsable de aquella matanza de 85 personas.

En América Latina las reacciones contrastantes a este desarrollo quedaron signadas por las respuestas de Brasilia y Caracas. “Nuestra posición es aliarse en cualquier país del mundo en el combate al terrorismo”, dijo el presidente de Brasil Jair Bolsonaro en apoyo a Washington durante una entrevista con la TV Bandeirantes, “sabemos lo que en gran parte Irán representa para sus vecinos y para el mundo”. En Venezuela, el jerarca Diosdado Cabello se dirigió a la embajada iraní donde leyó un mensaje que finalizó con estas palabras: “¡Viva Irán, vivan los pueblos libres, nosotros venceremos!”. En una nota para BBC News, Gerardo Lissardy observó una paradoja interesante. Brasil “es el gran socio comercial de Irán en América Latina, con un intercambio bilateral miles de veces superior en dólares al que la República Islámica tiene con su aliado socialista de Venezuela”. Según el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, el intercambio comercial entre Venezuela e Irán fue de 892.000 dólares en 2016, último año del que se dispone de cifras. Brasil, en cambio, comerció con Irán por un valor de 2.560 millones de dólares en 2017. “Incluso el intercambio bilateral de la República Islámica con Chile, Colombia o México supera al que mantiene con sus aliados de Venezuela, Cuba o Nicaragua” señala Lissardy.

A partir del 2005, Teherán buscó relacionarse con América Latina de manera regional más que bilateral. Su permanente estado de confrontación con Occidente, en particular en aquellos tiempos por su programa nuclear clandestino, empujó al régimen a buscar aliados en otras zonas del globo. La gesta diplomática coincidió con la expansión del populismo de izquierdas en países como Cuba, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Argentina y otros. Cuando este populismo se vio restringido por el ascenso o consolidación de referentes de corte derechista en Brasil, Argentina, Colombia, Chile y otros, ese corresponsal anota que Irán distinguió sus relaciones internacionales entre aliados políticos y económicos. La Argentina mantuvo lazos comerciales con la república islámica durante este período a pesar de las tensiones políticas surgidas a partir de los atentados a la embajada de Israel y a la AMIA. El ascenso de Mauricio Macri al poder vio la derogación del Memorando de Entendimiento, la designación de Hezbolá como grupo terrorista y un apartamiento de la asociación con Teherán que alguna vez deseó la presidencia anterior. Pero el comercio con Irán no se extinguió, alcanzando los 451 millones de dólares en 2017 según el centro de investigación más arriba citado.

Sin embargo, los intereses de Irán en América Latina no se circunscribieron al ámbito económico o político exclusivamente. El experto israelí Ely Karmon detalló en una monografía pionera algunos de los objetivos tradicionales perseguidos por Teherán en esta región: la propagación del chiísmo, la ampliación de las bases operativas de Hezbolá, el apoyo diplomático en foros internacionales a su programa nuclear ilícito, la posible obtención de uranio, limitar el impacto de las sanciones económicas mediante la creación de un mercado alternativo y, en general, contrarrestar a Estados Unidos -que tiene tropas en países fronterizos con Irán- con su propia presencia en el Hemisferio Occidental. A esto hay que agregar las sórdidas redes de contrabando de armas y el lucrativo negocio de las drogas.

Soleimani
“Se ha perdido un héroe de la criminalidad hemisférica, y los gángsters están tristes” escribió la comentarista estadounidense especializada en asuntos latinoamericanos Mary Anastasia O´Grady. No es para menos. Soleimani era parte de una estructura que buscaba ganar espacios estratégicos no-sanctos en la región. En mayo de 2013, Nisman publicó un extenso informe sobre una elaborada red de terrorismo iraní desde México hasta Sudamérica. Esta red podría ahora verse afectada. Varios analistas dijeron que los atentados perpetrados en la Argentina fueron respuestas a operaciones israelíes contra Irán: la eliminación en 1992 de Abbas Moussawi, cofundador de Hezbolá, y la captura en 1994 de Mustafa Dirani, un aliado clave de Hezbolá en El Líbano. Bajo este prisma, el ataque selectivo a Soleimani podría haber puesto a las comunidades judías de América Latina así como a las embajadas israelíes y estadounidenses en la mira. Las represalias son parte del riesgo inherente a la lucha contra el terrorismo. El general iraní era un combatiente enemigo activo responsable de la muerte de cientos de soldados estadounidenses. Su partida, en cualquier caso, significa que un malhechor menos está allí afuera complotando. Es razonable asumir que este desarrollo no hubiera entristecido a Alberto Nisman.  

Profesor en la carrera de Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo

Libertad Digital, Libertad Digital - 2019

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Por Julián Schvindlerman

  

Slavoj Zizek y su «problema» con «los Judíos de hoy – 20/12/19

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El impacto en el campo de las ideas del célebre filósofo, psicoanalista marxista y crítico cultural esloveno Slavoj Zizek es notable. Foreign Policy lo consideró uno de los mejores pensadores contemporáneos. Se le ha dedicado un documental, Zizek! Hay una revista académica dedicada íntegramente a la exploración de su obra, The International Journal of Zizek Studies. Fue director internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres, es investigador principal en la Universidad de Liubliana, profesor en la Universidad de Nueva York y docente invitado a universidades de elite de todo el mundo. Sus libros son éxitos globales de ventas. Sus artículos causan sensación.

Nunca fue ajeno a la polémica, al punto de que este año el International Journal of Zizek Studies debió abordar sus varias controversias en una edición que llevó por título ¿Qué salió mal con Zizek? (vol. 13, nº 2) y que decía en su introducción:

En los últimos años, los ataques contra Slavoj Zizek se multiplican (…) Políticamente, fue condenado por su posición sobre Donald Trump, su crítica del enfoque humanitario hacia los refugiados, su enfoque más matizado del movimiento LGBT+, etc. En el ámbito del psicoanálisis, los lacanianos de Jacques-Alain Miller emprendieron una campaña feroz él, denunciándolo como un fraude. En el ámbito de la filosofía, las nuevas formas de realismo (‘ontología orientada a objetos’) rechazan el pensamiento de Zizek por seguir arraigado en la subjetividad trascendental.

En el ensayo «Un teatro de sombras: salvar, criticar, psicoanalizar a Ži, su autor, el profesor Robert Kilroy, señala:

Junto con su exclusión de las plataformas de medios dominantes como The Guardian y The New York Times, la denuncia de su trabajo por parte de la comunidad académica ha alcanzado un nivel excesivo, con pensadores como Noam Chomsky que buscan socavar la validez empírica de su pensamiento de una manera sorprendentemente personalizada.

A partir de ahora parece que habrá que sumar a The Independent a la lista.

El pasado día 3, Zizek publicó un artículo de opinión en ese diario británico titulado «No hay conflicto entre la lucha contra el antisemitismo y la lucha contra la ocupación israelí», en el cual escribió: «El problema con los judíos de hoy es que están tratando de echar raíces en un lugar que por miles de años fue habitado por otro pueblo» (énfasis agregado). Más allá de que el pueblo judío también habitó la región de Palestina por miles de años, para un psicoanalista y un escritor experimentado es muy sorprendente esa elección de palabras. En particular, en una nota cuyo objetivo era el opuesto: separar la crítica a Israel del ataque a los judíos. Zizek aclaró en ese mismo texto: «Yo, por supuesto, rechazo indiscutiblemente el antisemitismo en todas sus formas», pero su acto fallido fue más elocuente que su apertura de paraguas preventiva.

Tras la polémica desatada, The Independent editó la columna del pensador contestatario y reemplazó «el problema con los judíos de hoy» por «el problema con el proyecto de los asentamientos de hoy», y comunicó a sus lectores:

Reconocemos que una versión anterior de este artículo no cumplía con nuestros propios estándares editoriales.

No terminó ahí el lío. Al poco tiempo Zizek publicó una nota en Russia Today en la que afirmó que The Independent rechazó publicarle un segundo artículo tras la controversia. «Me equivoqué, cometí un error imperdonable al usar la frase ‘el problema con los judíos de hoy’», admitía, pero seguía luego con una intrincada reflexión que se presta a debate en torno a este asunto.

No es la primera vez que el filósofo esloveno cuestiona a Israel.

En 2007 la editorial de izquierda Verso Book publicó textos de Mao con una introducción crítica suya. (Existe una traducción al español, de la editorial Akal). La portada era una recreación de los afiches de propaganda de la era maoísta, con el rostro del Gran Timonel irradiando luz mientras es aclamado por una multitud armada. En pleno siglo XXI, Zizek ofreció esta defensa de los Guardias Rojos:

Se siente uno tentado de parafrasear aquí a Brecht –»¿Qué es el robo de un banco comparado con la fundación de un banco?»– una vez más: ¿qué son los estallidos violentos y destructivos de un guardia rojo atrapado en la Revolución Cultural comparados con la verdadera Revolución Cultural, la disolución permanente de todas las formas de vida que necesita la reproducción capitalista? El verdadero Señor del desgobierno es el reino del actual capitalismo global.

Su alegato a favor de la Revolución Cultural (un millón de muertos) lleva a Zizek a hablar del capitalismo global. De ahí el autor pasa llamativamente a hablar de la guerra urbana del Ejército israelí contra el terrorismo palestino en Cisjordania. (Publiqué al respecto un artículo sobre esta técnica: «Urbanicidio» y «anarquitectura» en la política antiterrorista israelí). Zizek ve en el armado teórico de ideas posmodernas tomadas del ámbito de la arquitectura aplicadas a la lucha urbana antiterrorista del Ejército israelí una «reapropiación capitalista del dinamismo revolucionario» que «no carece de cómicos efectos colaterales».

Es interesante observar el flujo de su pensamiento desde un enfoque psicoanalítico: Mao conecta con capitalismo, que conecta con Israel. Es precisamente este tipo de asociaciones libres lo que terminará poniéndolo en aprietos años más tarde, como su reciente nota prueba.

Zizek pertenece a esa penosa camada de intelectuales enajenados de Occidente, convocados ideológicamente por los más atroces despotismos; siempre atentos a los defectos de las democracias, nunca perceptivos sobre las calamidades de las tiranías. Dijo esto del fundamentalismo islámico: «En un curioso giro, la religión es uno de los posibles lugares desde los que se pueden plantear dudas críticas sobre la sociedad de hoy. Se ha convertido en uno de los lugares de resistencia». Del régimen de Pol Pot en Camboya opinó que «no fue lo suficientemente radical» porque fracasó al crear «nuevas formas de colectividad», y agregó que la «violencia revolucionaria debería ser celebrada como redentora e incluso divina». Además, aplaudió el «sueño popular que sostuvo la revolución de Jomeini: libertad y justicia».

¿Sorprende entonces que algunos medios hayan comenzado a rechazar sus ensayos? Lo curioso es que hayan tardado tantos años en hacerlo. Después de todo, al cabo de varios shows incluso los bufones mejor dotados terminan aburriendo. 

Infobae, Infobae - 2019

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Por Julián Schvindlerman

  

Árabes por Israel – 09/12/19

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Parece que el Mesías finalmente arribó (o regresó, según la creencia en que uno se apoye) a la Tierra unas pocas semanas atrás. Y aunque Jerusalem debió haber sido su lugar de aparición según las profecías, lo hizo en Londres. O al menos uno debiera ser perdonado por creer eso al advertir el extraordinario desarrollo que tuvo lugar en la capital del Reino Unido a mediados de noviembre último.
En el hotel Gloucester Millennium treinta y dos delegados de quince países árabes se reunieron para participar de un encuentro inédito del recientemente creado Consejo Árabe para la Integración Regional. Una iniciativa más, de las miles del tipo que ya existen en la diplomacia del Medio Oriente, uno podría pensar. Uno estaría equivocado si así hiciese. Puesto que aunque su nombre no sea singularmente original, su misión sí lo es. Basta leer estas palabras de Mostafa El-Dessouki y Eglal Gheita, miembros fundadores del Consejo, para notar ello:

“Boicotear a Israel y a su pueblo solo ha fortalecido a ambos, al tiempo que hace un gran daño a los países árabes, y no menos a los palestinos. Por el bien de la región, ya es hora de avanzar hacia una era posterior al boicot… La paz ha eludido la región por generaciones. Pero estamos decididos a impulsar la cooperación entre el mundo árabe e Israel, convencidos de que los beneficios de la asociación deben reemplazar los estragos de la exclusión”.

¿De nuevo? Estamos tan acostumbrados a que las reuniones de delegados árabes resulten en diatribas incendiarias contra, o en eslóganes gastados sobre, Israel, que esta iniciativa no es menos que sorprendente. Pero justamente, esta no fue una reunión más, y de hecho, los delegados en rigor no fueron enviados oficiales de sus países de origen sino participantes voluntarios en un noble y novel emprendimiento. Algunos asistieron aún bajo la sombra de amenazas de muerte pronunciadas en sus propios países. Ningún israelí pudo ser invitado porque los participantes árabes podrían haber sido acusados del crimen de la normalización al regresar a sus hogares. Y Egipto, la primera nación árabe en forjar la paz con Israel, intentó sabotear este encuentro al presionar a varios de los árabes a que no viajasen a Londres.

Debemos cederles la palabra a algunos de los participantes para -parafraseando el dicho popular- leer para creer. La periodista inglesa Jenni Frazer informó en detalle acerca del inusual contenido de las ponencias.

Muhammed Anwar el-Sadat, sobrino del presidente egipcio que logró la paz con Israel, fue uno de los oradores principales. Reside en su país, donde lidera el Partido de la Reforma y el Desarrollo en el parlamento egipcio. Su ponencia abordó con gran realismo los acuerdos de paz de Egipto y Jordania con Israel, y concluyó que los tratados de paz esencialmente fracasaron debido a que “se pensó muy poco sobre cómo convertir una paz de las élites en una paz de los pueblos”. Lamentó la “tendencia revivida a demonizar a israelíes y judíos en general en Egipto” y criticó a los medios masivos de comunicación de su país, los que con respaldo oficial, “han instalado el miedo y la paranoia en las mentes de la población, y han creado una brecha entre las poblaciones de los dos países”.

Sami Abdul-Latif Al-Nisf, ex ministro de información de Kuwait, quien vive allí, sacudió al auditorio con un discurso de una sinceridad demoledora. Aseguró que había sido un error “insistir en que Israel es un estado racista de apartheid cuando claramente no lo es. Al comienzo de su inmigración a Palestina, los judíos no trataron a los árabes como los blancos trataron a los pueblos indígenas de América, Sudáfrica y Rhodesia. Nunca ha habido instalaciones públicas segregadas en Israel, ni ninguna cuestión de derechos democráticos básicos denegados a los ciudadanos árabes de Israel. Basta de esta farsa ridícula”. No se inhibió de criticar a los palestinos por idolatrar al terrorismo al creer que “los fines justifican los medios y, por lo tanto, no mostrar arrepentimiento por el secuestro de aviones, barcos y autobuses, el bombardeo de aeropuertos y embajadas y, en general, el asesinato de inocentes mediante ataques terroristas. Otros movimientos de liberación, como en Argelia y Sudáfrica, no privilegiaron tales métodos, y las organizaciones palestinas que lo hicieron -desde las de Abu Nidal hasta las de George Habash- nunca fueron criticadas públicamente por el daño infligido a la causa palestina”.
La abogada egipcia Eglal Gheita, residente en Londres, lidió con el movimiento Boicots-Desinversión-Sanciones (BDS) bajo el trasfondo de la historia de los boicots árabes contra Israel. “Uno podría pensar que, con tal historial compilado durante más de medio siglo, la ilógica de boicotear a Israel se habría vuelto clara”. Agregó que este movimiento, al no concitar apoyo unificado de los estados árabes, buscó respaldo entre los sectores de la izquierda radical antisionista de Occidente. “El boicot original fue explícito sobre su objetivo de extirpar a Israel como estado judío; el movimiento BDS en general mantiene el mismo objetivo” anotó, y destacó el absurdo subyacente en esa campaña hostil: “Vea un video de un mitin de BDS, y existe una buena posibilidad de que el metraje se haya tomado en un dispositivo que utiliza tecnología israelí: el boicot se rompe antes de que comience”.

El jeque libanés Saleh Hamed clausuró el encuentro con un alegato que no habrá causado ninguna gracia a los poderes de Irán y Hezbolá en su país. “No negamos los derechos de los judíos a tener un país porque son una nación” lanzó, ellos “tienen su religión, idioma, cultura, arte y patrimonio”. Al recordar las expulsiones de los judíos libaneses tras el establecimiento de Israel, los llamó a “regresar al Líbano, recuperar sus hogares y vivir al lado de musulmanes y cristianos y todos los constituyentes del mosaico libanés” y añadió: “Necesitamos que los judíos del mundo árabe sepan que necesitamos sus esfuerzos y presencia, porque la construcción de la nación no está completa sin ellos”.

Del lado palestino hizo acto de presencia el académico Mohammed Dajani, un ex combatiente de Fatah que tuvo prohibido el ingreso a Israel durante 25 años. Había conmocionado al mundo árabe y palestino en el 2014 al llevar a un grupo de treinta estudiantes de la Universidad Al-Quds a Auschwitz, quienes fueron guiados por dos sobrevivientes judíos del Holocausto. Aquél viaje era parte de un programa conjunto sobre “Reconciliación y resolución de conflictos” con la Universidad Friedrich Schiller de Alemania y la Universidad Ben-Gurion de Israel. Mientras el grupo palestino visitó un campo de concentración nazi, el grupo israelí visitó un campo de refugiados palestinos al sur de Belén. Dajani perdió su empleo por ello, su auto fue incendiado y su persona socialmente repudiada. Con un coraje de acero, durante su presentación en Londres propuso crear un programa de postgrado panárabe centrado en la educación para la paz.
Además, el sudanés Ismail Sayyid Ahmed pidió que se inicien diálogos de acercamiento entre árabes e israelíes. La emiratí Maryam al-Ahmedi, activista por los derechos de las mujeres, y la periodista saudita Sakina Mushaykis, instaron a crear lazos de la colaboración cultural con el estado judío, con producciones cinematográficas conjuntas o festivales de música. Delegados iraquíes, argelinos y tunecinos pidieron reconectarse con israelíes cuyas familias eran oriundas de esos países. En un mensaje de video, el ex premier británico Tony Blair subrayó que “las realidades geopolíticas de la región requieren la integración de Israel en la región” y felicitó a los congregados por su valentía y “nueva visión acerca de la construcción de la paz”. El evento contó con el patrocinio del Centro para las Comunicaciones de la Paz, asentado en Estados Unidos.

¿Triunfará este proyecto? La semilla que estos árabes honorables han plantado tiene el potencial de germinar hacia la paz. Su constitución, en cualquier caso, ya es una victoria enorme.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2019

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

How the UN Legitimized the Palestinian Cause – 14/11/19

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This month, 45 years ago, the United Nations welcomed Yasser Arafat

By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 14/11/19

On October 14, 1974, the UN General Assembly adopted resolution 3210 (XXIX), which invited the Palestine Liberation Organization (PLO) to participate in the discussion on the “Question of Palestine” to be held on November 4 of the same year. In a vote with 105 countries in favor, four against and twenty abstentions, the resolution was passed. Resolution 3210 (XXIX) has an extension of just three lines, but its impact on the history of the relationship between the UN and the PLO, and therefore Israel, was enormous. The General Assembly, which until then had recognized and endorsed the merits of the Palestinian cause and implicitly recognized the PLO as the spokesperson for that cause, with this resolution explicitly legitimized the PLO as the “representative of the Palestinian people” and through this recognition and subsequent invitation extended to Arafat to speak before the General Assembly, it supported the cause of a terrorist organization dedicated to the annihilation of a member state of the UN. This in itself constituted a violation of the Charter of the United Nations, as articles 1, 22 and 33 call for the resolution of international disputes in a peaceful manner (not to mention that the PLO was not even a state).


Arafat’s visit required a security deployment worth of hundreds of thousands of dollars and generated much controversy over the very nature of the invitation extended to the then most famous terrorist in the world to speak before a prestigious organization dedicated to the promotion of peace. In addition, a scandal ensued due to his carrying of a pistol within UN premises. Arafat at the UN was treated with honors: by order of the president of the General Assembly, the Palestinian leader was escorted to the pulpit of the Assembly by the chief of protocol, an honor generally reserved for heads of state only. Dressed in his classic military uniform and keffyia, Yaser Arafat delivered an almost two-hour-long speech, in Arabic, to the distinguished audience. Throughout it, he compared Zionism with colonialism, presented Israel as an enemy of the Third World, anointed himself as a defender of monotheism, described the PLO as a charity organization, urged the international community to restrict Jewish immigration to Israel, rewrote the history of the Arab-Israeli conflict and proclaimed himself a pacifist: “Today I have come bearing an olive branch and a freedom fighter´s gun. Do not let the olive branch fall from my hand.”

Arafat received a standing ovation from the members of the General Assembly. That same afternoon -and for the next nine days- the General Assembly discussed the speech of the Palestinian leader. Of the eighty-one countries that participated in the debate, sixty-one spoke in his favor. As Harris Schoenberg showed in his book A Mandate for Terror: The UN and the PLO, the allies of the Palestinians had only praise for Arafat’s speech. Bangladesh defined it as “inspiring.” Somalia found him “moving.” Madagascar labeled it “moderate and conciliatory.” Nigeria said it was “touching.” Mauritania considered it “bright and extremely moderate”. Tunisia said that “the mental openness, nobility and tolerance that characterized Mr. Arafat’s speech … are tangible proof of the political maturity and sense of responsibility of the great Palestinian people.” Before the Israeli ambassador could react, the General Assembly voted to limit Israel´s chance to respond to a brief right of reply at the end of the day. However, the voice of the Israeli ambassador resonated clearly when he said: “On October 14, the UN hung a sign that says ‘murderers of children are welcome here’.” The international media expressed its disapproval through painful editorials and cartoons, while demonstrations against the visit were organized in several countries. After all, the sight of a terrorist in uniform preaching morality to the world with the endorsement of the UN was not a spectacle to which the West was accustomed.

The degree of prestige granted to the Palestinian organization by the UN was irreversible and, if anything, accelerated the process of international acceptance and legitimation conferred on the PLO by the United Nations since the late 1960s. During the following years a series of resolutions would follow that would further enhance the positioning of the PLO within the bureaucracy of the United Nations.

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[Versión en español]
 

Cómo la ONU legitimó la causa palestina

Este mes, 45 años atrás, las Naciones Unidas convocaron a Yasser Arafat

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 14/11/19

El 14 de octubre de 1974 la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 3210 (XXIX), por la cual invitaba a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a participar de la discusión sobre la “Cuestión de Palestina” a ser realizada el 4 de noviembre del mismo año. En una votación con 105 países a favor, cuatro en contra y veinte abstenciones, la resolución fue aprobada. La resolución 3210 (XXIX) tiene una extensión de apenas tres renglones, pero su impacto en la historia de la relación entre la ONU y la OLP, y por ende Israel, fue enorme. Por cuanto que la Asamblea General, que hasta entonces había reconocido y avalado los méritos de la causa palestina e implícitamente había reconocido a la OLP como el vocero de dicha causa, con esta resolución legitimó explícitamente a la OLP como la “representante del pueblo palestino” y a través de este reconocimiento y ulterior invitación extendida a su titular a disertar ante la Asamblea General apoyó la causa de una organización terrorista dedicada a la aniquilación de un estado-miembro de la ONU. Esto en sí mismo constituyó una violación de la propia Carta de las Naciones Unidas, en tanto que los artículos 1, 22 y 33 demandan la resolución de disputas internacionales de manera pacífica (por no mencionar que la OLP ni siquiera era un estado).

La visita de Arafat demandó un despliegue de seguridad de cientos de miles de dólares y generó mucha polémica por la naturaleza misma de la invitación al entonces terrorista más famoso del mundo para disertar ante una prestigiosa organización dedicada a la promoción de la paz, además del escándalo creado debido a la portación de armas del titular de la OLP dentro del recinto de la ONU. Arafat en la ONU fue tratado con honores: por orden del presidente de la Asamblea General, el líder palestino fue escoltado al púlpito de la Asamblea por el jefe de protocolo, un honor generalmente solo reservado para jefes de estado. Vestido con su clásico uniforme militar y keffyia, Yaser Arafat pronunció un discurso de casi dos horas de duración, en árabe, ante la distinguida audiencia. A lo largo del mismo, comparó al sionismo con el colonialismo, presentó a Israel como enemigo del Tercer Mundo, se anunció como defensor del monoteísmo, describió a la OLP como una organización de caridad, instó a la comunidad internacional a restringir la inmigración judía a Israel, reescribió la historia del conflicto árabe-israelí y se proclamó un pacifista: “Hoy he venido con una rama de olivo y una pistola de luchador por la libertad. No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano“.

Arafat recibió un aplauso masivo y una ovación de pie por parte de los miembros de la Asamblea General. Esa misma tarde -y durante los siguientes nueve días- la Asamblea General debatió el discurso del titular de la OLP. De los ochenta y un países que participaron del debate, sesenta y uno se pronunciaron a su favor. Harris Schoenberg en su libro A Mandate for Terror: The UN and the PLO mostró como las naciones aliadas a los palestinos solo tuvieron elogios para el discurso de Arafat. Bangladesh lo definió como “inspirador”. Somalia lo encontró “movilizador”. Madagascar lo etiquetó de “moderado y conciliador”. Nigeria opinó que fue “conmovedor”. Mauritania lo consideró “brillante y extremadamente moderado”. Túnez dijo que “la apertura mental, nobleza y tolerancia que caracterizó el discurso del Sr. Arafat… son prueba tangible de la madurez política y el sentido de responsabilidad del gran pueblo palestino”. Antes de que el embajador israelí pudiera responder, la Asamblea General votó limitar el uso de la palabra de Israel a un breve derecho a réplica al final del día. Sin embargo, la voz del embajador israelí resonó con claridad cuando afirmó: “El 14 de octubre la ONU colgó un cartel que dice ´asesinos de niños son bienvenidos aquí´”. La prensa internacional expresó su desaprobación mediante adoloridos editoriales y caricaturas, en tanto que manifestaciones en contra de la resolución fueron organizadas en varios continentes donde se denunciaba el trato brindado a la OLP. Después de todo, la imagen de un terrorista en uniforme que predicaba moral al mundo entero con aval de la ONU no era un espectáculo al que Occidente estuviera muy acostumbrado.

El grado de prestigio concedido por la ONU a la organización palestina fue irreversible y, si algo, aceleró el proceso de aceptación y legitimación internacional conferido a la OLP por las Naciones Unidas desde finales de la década de los sesenta. Durante los siguientes años se sucederán una serie de resoluciones que afianzarán aún más la incidencia y posicionamiento de la OLP dentro de la burocracia de las Naciones Unidas.

Comunidades, Comunidades - 2019

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

A 45 años del discurso histórico de Arafat en la ONU – 11/19

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Sin la ayuda indispensable de las Naciones Unidas desde fines de la década de 1960 en adelante, es poco probable que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) hubiera logrado dejar de ser vista por la opinión pública mundial como algo más que una banda de extremistas para pasar a ser considerada la “legítima representante del pueblo palestino” y sus miembros “luchadores por la libertad”. La Asamblea General de las Naciones Unidas brindó una áurea de respeto y reconocimiento internacional a la OLP a través de ciertas resoluciones clave, las que, entre otras, confirieron el status de observador permanente a la organización palestina, endosaron su plataforma política, invitaron a su líder a disertar ante la Asamblea General y en general favorecieron la creación de una atmósfera propicia para la aceptación y consecuente legitimación internacional de una organización que entonces clamaba por la destrucción de un estado-miembro de la ONU y practicaba terrorismo indiscriminado a lo largo y ancho del mundo.

Al presentarse como un grupo esencialmente anti-colonialista, anti-racista y anti-imperialista, la OLP se ganó el favor y simpatías naturales de todas las ex colonias que identificaron la causa palestina con su propia lucha independentista, de los países africanos que casi ininterrumpidamente sufrieron el flagelo del racismo y de los estados de Europa y Latinoamérica sacudidos por el fervor anti-imperialista. Estos países pertenecían a bloques regionales, tales como el Movimiento de los No Alineados y la Organización de Unidad Africana entre otros, que brindaron una mayoría automática en la ONU. Este desarrollo fue reflejado en el foro internacional a través de ciertas resoluciones de la Asamblea General, las que gradualmente legitimaron a la OLP dentro del marco del reconocimiento brindado a los movimientos de liberación nacional».

El 10 de diciembre de 1969, la Asamblea General adoptó la resolución 2535 B (XXIV), la que por primera vez incorporó la palabra «palestinos» en resoluciones de la ONU (hasta entonces eran definidos como «refugiados árabes»). Dicha resolución se refería explícitamente a los «derechos inalienables de los palestinos» e incluía el derecho a la «autodeterminación». Cuatro días más tarde, el 14 de diciembre de 1969, la Asamblea General adoptó la resolución 1514 (XV), la Declaración acerca del Otorgamiento de Independencia a Países Coloniales. La misma indicó que «todos los pueblos tienen el derecho a la autodeterminación» y proclamó «la necesidad de finalizar rápida e incondicionalmente el colonialismo en todas sus formas y manifestaciones». El 4 de noviembre de 1970, la Asamblea General adoptó la resolución 2628 (XXV) que declaró la necesidad de respetar los derechos del pueblo palestino mediante el establecimiento de una paz justa y duradera en el Medio Oriente. Así como «lucha armada» era un eufemismo empleado por la OLP para referirse a los actos de terror contra Israel, «paz justa y duradera» se convirtió desde entonces en un eufemismo de la destrucción de Israel en las Naciones Unidas. Semanas más tarde, el 30 de noviembre de 1970, la Asamblea General extendió la aplicación de la Declaración de Descolonización al problema palestino al reconocer el derecho palestino a la autodeterminación mediante la adopción de la resolución 2649 (XXV). El 8 de diciembre de 1970, la Asamblea General expandió los «derechos inalienables» del pueblo palestino que incluía el derecho a la autodeterminación, en la resolución 2672 (XXV).

La conexión entre las luchas contra el colonialismo y la causa palestina fue reforzada el 14 de diciembre de 1970, cuando la Asamblea General adoptó la resolución 2708 (XX), la que reafirmó el «reconocimiento de la legitimidad de la lucha de los pueblos coloniales y pueblos bajo dominación foránea a ejercitar su derecho a la autodeterminación». La frase «dominación foránea» fue interpretada como una inclusión de la causa palestina. En tanto que la Carta de la ONU admite el uso de la fuerza por parte de un estado-miembro siempre y cuando sea en auto-defensa, esta resolución ha sido interpretada como la creadora de una nueva categoría de uso «legítimo» de la fuerza contra estados-miembro. El año 1970 fue en el que la Asamblea General adoptó la «Declaración de Principios de Ley Internacional respecto a Naciones Amigables», la que amplió los derechos de los «pueblos» y restringió los derechos de los estados al afirmar que «todo estado tiene la obligación de abstenerse de cualquier acción forzosa que prive pueblos (…) de su derecho a la autodeterminación, libertad e independencia. En sus acciones de resistencia contra tal acción forzosa en pos del ejercicio de la autodeterminación, tales pueblos tienen el derecho a solicitar y recibir apoyo, de acuerdo con los propósitos y principios de la Carta».

Jeane Kirkpatrick, ex embajadora norteamericana ante la ONU, opinó oportunamente que con esta declaración la Asamblea General adoptó la posición no solo de que los «pueblos» tienen derechos superiores a los de los estados, sino que aquellos estados que resistan a esos «pueblos» se convierten en el agresor: «la Asamblea General de esta manera subordinó el principio de la ´inviolabilidad soberana´ de los estados a la lucha de ´pueblos´ contra el ´colonialismo´ y puso importantes nuevas restricciones al derecho de los estados a la auto-defensa». Al año siguiente, el 6 de diciembre de 1971, la Asamblea General respaldó «la legalidad y legitimidad de la lucha del pueblo palestino por la autodeterminación» al adoptar la resolución 2787 (XXVI). En 1973 la Asamblea General adoptó la resolución 3070 que contiene una retórica que parecía tomada directamente de la Carta Nacional Palestina. Los palestinos, afirma la resolución, tienen el derecho a «liberarse de la dominación extranjera y del sometimiento foráneo por todos los medios disponibles incluso la lucha armada». Toda esta codificación legal en el marco de la Asamblea General de la ONU de una teoría tercermundista de la «lucha contra el colonialismo», que presenta a los palestinos como un pueblo oprimido en búsqueda de la «autodeterminación nacional» y a Israel como el estado «imperialista» y «opresor», sirvió para ubicar a la OLP en el lugar de la víctima y a Israel en el papel de victimario.

El zenit de esta política pro-palestina de la ONU se alcanzó con la invitación a Yasser Arafat a disertar ante su Asamblea General, un mes de noviembre como el actual, 45 años atrás.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2019

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

The Shikaki Brothers: A Saga of Two Palestinians – 22/10/19

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By Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 22/10/19

https://blogs.timesofisrael.com/the-shikaki-brothers-a-saga-of-two-palestinians/

On October 26, 1995, Fathi Shikaki awoke to the last day of his life. He was staying at the Diplomat Hotel in the town of Sliema, in Malta. The Mediterranean island was full of tourists, but somehow managed to keep its beauty intact and a had a certain atmosphere of parsimony. Shikaki had landed the previous night, coming from Libya, where he had attended a meeting of Arab terrorist groups organized by Muhamar Gaddafi. As the leader of the Palestinian Islamic Jihad, he could not be absent. He had not wanted to attend, but the Libyan colonel was a generous patron. In addition, Said Mussa al-Muragha, the leader of a radical Palestinian faction that had challenged Yasser Arafat within the Palestine Liberation Organization and a staunch enemy of his, had decided to attend. Shikaki had to be there. As usual, he would return to Damascus, stopping in Malta.

It would not hurt a short stay on that peaceful island, anyway. The last months had been hectic as he had ordered the execution of several successful attacks in Historic Palestine. In November 1994, a Palestinian cyclist detonated a bomb attached to his body at an Israeli military checkpoint in Netzarim (Gaza), killing three reserve soldiers. In January 1995, at the crossing of Bet Lid (on the route between Tel Aviv and Haifa), two of his men blew themselves up -with a difference of three minutes so as to reach the passers-by who came to the site to help victims of the first detonation – causing the death of a civilian and twenty-one Israeli soldiers. Then, in April, two suicide bombers exploded next to a bus in Kfar Darom (Gaza), killing seven Israeli soldiers and a 20-year-old American student, Alisa Michelle Flatow. Shikaki could reward himself with a brief relaxing moment on the Maltese stop-over.

At mid-morning, taking advantage of the warm weather, he went for a walk. He stopped at the Marks & Spencer store and bought a shirt. In the next store, he acquired three more. It was soon noon. The clock struck 1:15pm –the time of his death. A Yamaha motorcycle with two passengers on board had been following him stealthily. It approached slowly and stopped at his side. A Mossad agent drew a silenced pistol and fired twice at the head of the Palestinian militant. Shikaki fell to the ground. The shooter triggered once more, aiming at the neck of his target. The driver sped away to a nearby beach. There, they met other Israeli commandos who were dressed in civilian clothes, posing as tourists. They waited for the arrival of the rest of the team, jumped onto a boat that took them out to sea, where farther away an Israeli ship transported them back to Tel Aviv.

The Israelis had been planning this operation for months. Previously, they had tried to eliminate him in June 1994, on the road that connects Tunisia with Libya. The Mossad had tapped his phone, so they knew his movements. Shikaki used to fly from Damascus or Beirut to Tunisia (via Malta) where he rented a car, usually a BMW or a Jaguar, and drove alone to Tripoli. The Mossad and the Israeli army mounted an operation to plant explosives at a point on that route and attach an electronic device to Shikaki’s car, which would activate the bombs as it passed near them. They were acting on the ground when they realized that a Morocco-Egypt rally would take place at that time. They noticed that some drivers were approaching, and as they wanted to avoid what in the jargon is coldly called collateral damage, they quit the mission. By the time the second opportunity appeared, months later in Malta, the Israelis were determined not to let Shikaki go.

So far, this is just a common story in the war on terror that Israel has been waging for decades and that several authors have documented, notably Ronen Bergman in his book Rise and Kill First: The Secret History of Israel’s Targeted Assassinations. But this story stops being anecdotal when noticing a turn, so to speak, that gives it a certain tragic beauty. Fathi was survived by a brother two years younger, Khalil, who could have well followed the violent wake of his brother; and, in fact, he had a reason to do so in that endless an-eye-for-an-eye cycle that has bloodied the Palestinian-Israeli reality. However, he chose to dedicate his life to the academy, becoming a reputed pollster in the West Bank who even interacts with his Israeli counterparts. Two sides of the same emblematic coin.

Khalil Shikaki was born in 1953 in Rafiah, in the Gaza Strip. He graduated from the West Bank University of Bir Zeit and the American University in Beirut. After a working stay in Kuwait, he moved to New York, where he got his doctorate from Columbia University in 1985. He taught there for a year, and returned to the West Bank to take up teaching at the An-Najjah University in Nablus. When this university was closed during the first intifada, Khalil returned to the United States and taught at the University of Wisconsin-Milwaukee before moving to Tampa in 1991, where he became a professor at the University of South Florida.

Although he sought to distance himself from his brother’s dark aura -he became involved in second-track negotiations with the Israelis during the 1992 Madrid Peace Conference-, when he wanted to return to the West Bank that same year, after the reopening of the An- Najjah U., the Israeli authorities denied him permission in light of intelligence information that stated that he had kept in touch with Fathi. The US Department of State intervened on his behalf and Khalil was able to return to the territories. He always denied being in touch with his brother or with the Palestinian Islamic Jihad, but more than once he was embraced by the shadow of his brother´s organization. According to some allegations, the PIJ had used Khalil´s academic center in Tampa as a front.

In 1993, with support from the Ford Foundation and the European Union, he founded the Center for Palestine Research and Studies in Nablus, which in 2000 became the Palestinian Center for Policy and Survey Research. His opinion polls on the Palestinian street about the government in Ramallah put him in direct confrontation with the Palestinian Authority on more than one occasion. In 2015, a survey revealed that eighty percent of Palestinians considered the PA to be corrupt, and a later survey showed that seventy percent of the Palestinian population believed that Mahmoud Abbas should resign. This is not exactly the kind of data that the Palestinian government would want to advertise. Besides, that he conducts joint academic studies with his Israeli colleagues must have aroused the ire of the fanatics, who will surely have seen his engagement with the Zionists as a betrayal of his deceased brother’s legacy.

Fathi and Khalil were born just two years apart, in the same city and of the same parents. They grew up in the same cultural, social, political and economic millieu. Both attended university (Fathi obtained a medical degree in Egypt). However, they ended up taking very different directions in life. In 1981, while Khalil was pursuing his doctorate in the United States, Fathi founded the Palestinian Islamic Jihad in Egypt, as a vehicle for anti-Zionist struggle and for the future establishment of a caliphate in Palestine. Their contrasting life stories expose a singular saga that shows us that we can yield to the pressures of circumstances, or avoid them. Khalil teaches us that, ultimately, it is always individual choice -based on human will and values- what determines the destiny of men. Unintentionally, he shows us that free will, our inner moral compass and a sense of positive mission can forge one’s own path, with relative independence from the surrounding environment. Symbolically, Fathi and Khalil embody two legendarily different paths among which the Palestinian people, each day, collectively, must choose.

Version en Español:

Los hermanos Shikaki: La saga de dos palestinos:

El 26 de octubre de 1995, Fathi Shikaki amaneció al último día de su vida. Se había hospedado en el hotel “Diplomático” en el pueblo de Sliema, en Malta. La isla mediterránea estaba repleta de turistas, pero conseguía mantener su belleza intacta y cierta atmósfera de parsimonia. Shikaki había aterrizado la noche anterior, proveniente de Libia, donde había asistido a un encuentro de agrupaciones terroristas árabes organizado por Muhamar Gaddafi. Como líder de la Jihad Islámica Palestina, él no podía ausentarse. No había tenido ganas de asistir, pero el coronel libio era un patrón generoso. Además, Said Mussa al-Muragha, el líder de una facción palestina radical que había desafiado a Yasser Arafat dentro de la Organización para la Liberación de Palestina y enemigo acérrimo suyo, había decidido ir. Shikaki tenía que estar ahí. Como era habitual, retornaría a Damasco haciendo escala en Malta.

No le vendría mal una breve estadía en esa isla apacible. Los últimos meses había ordenado la ejecución de varios atentados exitosos. En noviembre de 1994, un ciclista palestino detonó una bomba adosada a su cuerpo en un puesto de control militar israelí en Netzarim (Gaza), ocasionando la muerte a tres soldados de reserva. En enero de 1995, en el cruce de Bet Lid (en la ruta entre Tel Aviv y Haifa), dos de sus hombres se explotaron -con una diferencia de tres minutos para abarcar a los transeúntes que se arrimaron al lugar a rescatar víctimas de la primera detonación- provocando la muerte a un civil y veintiún soldados israelíes. Luego, en abril, otros atacantes-suicidas de su tropa estallaron al lado de un autobús en Kfar Darom (Gaza), matando a siete soldados israelíes y una estudiante veinteañera norteamericana, Alicia Michelle Flatow. Shikaki podía premiarse con un pequeño esparcimiento en la escala maltesa.

A media mañana, aprovechando el buen clima, salió a caminar un rato. Fue a la tienda Marks & Spencer y compró una camisa. En la siguiente tienda, adquirió otras tres. Prontamente se hizo el mediodía. El reloj marcó las 13:15h. Era la hora de su muerte. Una motocicleta Yamaha con dos pasajeros a bordo lo había estado siguiendo sigilosamente, se aproximó con lentitud y se detuvo a su lado. Un agente del Mossad desenfundó una pistola con silenciador y disparó dos veces a la cabeza del militante palestino. Shikaki cayó al suelo. El tirador dio un tiro de gracia adicional al cuello del objetivo. El conductor aceleró hacia una playa cercana. Allí los esperaban otros comandos israelíes vestidos de civil. Aguardaron el arribo del resto del equipo, se subieron a una lancha que los llevó mar adentro, donde un barco israelí los transportó de regreso a Tel Aviv.

Los israelíes llevaban meses planeando esta operación. Previamente, habían intentado eliminarlo en junio de 1994, en la carretera que conecta Túnez con Libia. El Mossad había pinchado su teléfono, de modo que conocían sus movimientos. Shikaki solía volar desde Damasco o Beirut a Túnez (vía Malta) donde alquilaba un auto, usualmente un BMW o Jaguar, y manejaba en solitario hasta Trípoli. El Mossad y el Ejército israelí montaron un operativo para plantar explosivos en un punto de esa ruta y pegar un dispositivo electrónico al auto de Shikaki, que activaría las bombas al pasar cerca de ellas. Estaban actuando en el terreno cuando cayeron en la cuenta de que para esa época tendría lugar un rally Marruecos-Egipto. Notaron que algunos conductores se estaban acercando y como querían evitar lo que en la jerga se llama fríamente bajas colaterales, debieron abandonar la misión. Para cuando apareció la segunda oportunidad, meses después en Malta, los israelíes estaban decididos a no dejarlo escapar.     

Hasta aquí, esta no es más que una historia común en la guerra contra el terrorismo que Israel viene librando por décadas y que varios autores han documentado, de manera notable Ronen Bergman en su libro Rise and Kill First: The Secret History of Israel´s Targeted Assassinations. Pero esta historia deja de ser anecdótica al notar un giro, por así decir, que le da una cierta belleza trágica. Una dimensión, si se quiere, de epopeya. Fathi fue sobrevivido por un hermano dos años menor, Khalil, quien pudiendo haber seguido la estela violenta de su hermano -y, de hecho, habiendo tenido motivos para hacerlo en ese interminable ojo-por-ojo que ha ensangrentado la realidad palestino-israelí- sin embargo optó por dedicar su vida a la academia, convirtiéndose en un reputado encuestador en Cisjordania que incluso interactúa con sus pares israelíes. Las dos caras de una misma moneda emblemática. 

Khalil Shikaki nació en 1953 en Rafiah, en la Franja de Gaza. Se graduó en 1971 en la Universidad cisjordana de Bir Zeit y en la Universidad Americana en Beirut unos años después. Tras una estadía laboral en Kuwait, se desplazó a Nueva York, donde se doctoró en la Universidad de Columbia en 1985. Enseñó un año allí, y regresó a Cisjordania para asumir como profesor en la Universidad An-Najjah en Nablus. Cuando esta universidad fue cerrada durante la primera Intifada, Khalil regresó a los Estados Unidos y enseñó en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee antes de mudarse a Tampa, en 1991, donde se convirtió en profesor en la Universidad del Sur de Florida. 

Aunque él buscó distanciarse del aura oscura de su hermano -se involucró en negociaciones de segunda vía con los israelíes durante la Conferencia de Madrid de 1992-, cuando quiso regresar a Cisjordania ese mismo año, tras la reapertura de la Universidad An-Najjah, las autoridades israelíes le negaron el permiso a la luz de información de inteligencia que aseguraba que él se había mantenido en contacto con Fathi. El Departamento de Estado de EE.UU. intervino a su favor y Khalil pudo retornar a los territorios. Él siempre negó cualquier vínculo con su hermano o con el entorno de la Jihad Islámica Palestina, pero más de una vez se vio enredado por la sombra de esa organización, la que, según determinados alegatos, había usado su centro académico en Tampa como fachada.

En 1993, con apoyo de la Fundación Ford y la Unión Europea, fundó en Nablus el Centro de Investigación y Estudios de Palestina, que a partir del 2000 se transformó en el Centro Palestino para la Investigación de Políticas. Sus encuestas de opinión en la calle palestina sobre el gobierno en Ramala lo han puesto en confrontación directa con la Autoridad Palestina en más de una ocasión. En 2015, una encuesta reveló que el ochenta por ciento de los palestinos consideraban que la AP es corrupta, y luego otra encuesta mostró que el setenta por ciento de la población palestina opinaba que Mahmoud Abbas debía renunciar. No son exactamente el tipo de datos que el gobierno palestino quiera publicitar. A su vez, el hecho de que él lleva a cabo estudios académicos con colegas israelíes ha de haber despertado la ira de los fanáticos, quienes con seguridad habrán visto su acercamiento a los sionistas como una traición al legado de su difunto hermano.

Fathi y Khalil nacieron con apenas dos años de diferencia, en la misma ciudad y de los mismos padres. Crecieron en el mismo entorno cultural, social, político y económico. Ambos cursaron estudios universitarios (Fathi obtuvo un título de medicina en Egipto). No obstante, terminaron tomando rumbos muy distintos. En 1981, mientras Khalil estaba cursando su doctorado en Estados Unidos, Fathi fundaba la Jihad Islámica Palestina en Egipto, como un vehículo de lucha anti-sionista y para el futuro establecimiento de una teocracia en Palestina. Sus contrastantes historias de vida exponen una saga singular que nos muestra que se puede ceder a las presiones de las circunstancias, o eludirlas. Khalil nos enseña que, en última instancia, es siempre la decisión individual sustentada en la voluntad humana aquello que más determina el destino de los hombres. Sin proponérselo, él nos demuestra que el libre albedrío, la brújula moral interior y un sentido de misión positivo pueden forjar el camino propio, con relativa independencia del entorno circundante. Simbólicamente, Fathi y Khalil se erigen en dos senderos legendariamente diferentes entre los cuales el pueblo palestino, cada día, colectivamente, debe elegir.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Israel: cuando los líderes son minoría – 08/10/19

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La Vanguardia (Colombia) 08/10/19
Entrevistador:  Angela Castro

Armar una coalición de gobierno ha sido, sin lugar a dudas, el principal escollo para alcanzar la estabilidad política en Israel, que al paso que va se apresta a sus terceras elecciones parlamentarias en línea en menos de un año.

La gobernabilidad del país, en el que en los últimos 30 años ningún partido ha podido gobernar con menos de tres aliados, pende de un hilo y poner fin a la polarización en Israel ha resultado una misión casi inalcanzable.

Ni el bloque de derechas ni el de centroizquierda, los mayores partidos del país, han logrado sumar mayoría suficiente en la Knéset (Parlamento israelí) que permitan la conformación de un gobierno de unidad nacional o de coalición.

Entonces, la habilidad para formar alianzas es ahora el factor decisivo, ya que ni Benjamín Netanyahu, ni su principal rival, Benny Gantz, obtuvieron la mayoría parlamentaria requerida para consolidar un nuevo gobierno en las elecciones del pasado 17 de septiembre.

Netanyahu, el primer ministro que ha batido el récord de permanencia en el poder en Israel (13 años) pero acosado por escándalos de corrupción, hasta el momento no ha podido formar gobierno, tras la oferta que le hiciera el presidente Reuven Rivlin. Su mensaje a todos los partidos ha sido un gobierno de unidad nacional, en donde habría rotación del cargo de primer ministro.

Frente a la situación política actual, Julián Schvindlerman, analista político internacional, recuerda que luego de las elecciones de abril pasado en las que no hubo un partido ganador con ventaja para formar gobierno por sí solo, Netanyahu, líder del partido Likud, que había alcanzado los mayores votos, convocó a nuevas elecciones en septiembre.

Pero estos comicios tampoco arrojaron un resultado que permitiera al nuevo ganador, el partido Azul y Blanco de Benny Gantz, conformar un gobierno por sí solo.

“Entonces hay una situación compleja donde se requieren negociaciones arduas entre partidos no siempre aliados o afines. Hoy la política está estancada”, advierte el experto en política internacional y Medio Oriente.

A juicio de Schvindlerman, el hecho de que Netanyahu tenga pendientes causas judiciales que debe resolver, ha impedido que Gantz quiera sentarse en un gobierno con el Likud.

Es más, agrega en ese sentido, que ha pedido un Likud sin ‘Bibi’, apodo con el que se le conoce a Netanyahu, pero éste se niega y el partido lo acaba de respaldar.

Además destaca la figura de Netanyahu al que califica como un “mago de la supervivencia política” y hábil negociador, si bien reconoce que su panorama actual luce complicado.

“Van 10 años ininterrumpidos de égida suya y hay un desgaste de su figura. Parece que Israel está lista para un cambio, aun cuando le reconoce la excelencia política que ha sabido lucir como premier. Pero las negociaciones siguen y hasta que no concluyan, nada puede anticiparse”, estima Schvindlerman.



En su opinión, las cuentas parecen no cerrarle a nadie en términos de obtención de asientos en el Parlamento, y pronostica que “si el impasse persiste, podría haber una tercera ronda electoral este año en Israel”.

Esta idea es compartida por Jaime Rosenthal, abogado y profesor de la Universidad Externado de Colombia, quien explica que la tendencia sigue siendo la misma, es decir, los dos partidos mayoritarios, los derechistas Likud y Azul y Blanco, no alcanzaron a formar una coalición de gobierno que cuente con 61 miembros de la Knéset, de 120 escaños.

El partido de Gantz, que sacó el mayor número de parlamentarios, 32 frente a los 31 del Likud de Netanyahu, se opone por el momento a entrar en negociaciones con este último.

Entre otras cosas, “porque el primer ministro muy hábilmente ha querido que las negociaciones se hagan sobre la base de que él tiene una coalición con los partidos religiosos y quiere ir a negociaciones en bloque”, insiste.


Panorama complejo

Así las cosas, Rosenthal considera que la situación es compleja, y la jugada de Netanyahu para llevar a quienes han sido sus socios religiosos a ese gobierno de unidad nacional, es algo a lo que no está dispuesto el partido Azul y Blanco porque es una formación laica cuya bandera es no ser religiosa.


El tiempo corre y en caso de que Netanyahu no logre formar gobierno, entonces el presidente Rivlin tendría que darle el encargo a otro líder.

Se espera que el elegido sea Gantz, “lo cual tampoco parece muy probable, entre otros motivos porque tendría que contar con el apoyo de los partidos de la Lista Árabe Unida, que eligió en las últimas elecciones de septiembre a 13 parlamentarios”, lo que la hace la tercera fuerza política del país, subraya el docente universitario.

Sin embargo, aclara que no existe en la historia de Israel, desde su creación en 1948, una coalición de gobierno que haya incluido a los partidos árabes, porque estos nunca han querido participar del gobierno.

En este contexto, según él, la nueva estrella de todo este tejemaneje electoral en Israel es el exministro de Exteriores, Avigdor Lieberman. No solo sacó en septiembre una votación mayor a la de abril pasado, sino que sigue siendo con sus ocho parlamentarios una fuerza política decisoria, dice.

Sin embargo, observa que por tratarse de un partido abiertamente de derecha y laico, cuya principal diferencia con Netanyahu es que no quiere sentarse en un gobierno con los partidos religiosos, la situación parece que no se resolverá, lo que conduciría a una tercera elección en Israel en menos de un año, con miras a desenredar esa madeja política.

“Una pesadilla”: nuevas elecciones
Para el analista político Gil Novick, quien vive en Israel, el Likud de Benjamín Netanyahu, en este momento busca asociarse con otros partidos para llegar a los 61 diputados, pero según las posiciones partidistas, no lo estaría logrando, aunque aún tiene unas dos semanas para intentarlo.
Si no lo logra, la pelota pasaría al segundo partido con chances, Azul y Blanco, que incluso tienen menos opciones, señala. Entonces, anota que lo que se propuso es que se unan esos dos partidos en un gobierno de “unidad nacional”.
Además “los israelíes están cansados de esta situación, quieren que se forme gobierno cuanto antes y la posibilidad de unas terceras elecciones en menos de un año es vista como una pesadilla”, comenta.

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Por Julián Schvindlerman

  

A 70 años de la revolución comunista en China – 01/10/19

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Mao Zedong, el sanguinario líder comunista que se transformó en un objeto de culto

Mao tenía apenas diez años de edad cuando la primera, tímida traducción de la teoría marxista apareció en China, en 1903. Se trataba apenas de un fragmento del marxismo, una simple cita del Manifiesto Comunista, tomada de un libro en japonés titulado Socialismo Contemporáneo que abordaba la historia y el desarrollo de esa ideología. Otros libros y artículos le sucedieron a esta incipiente publicación, pero recién en 1908 se publicó, en una revista nombrada “Justicia del Cielo”, el prefacio entero de Engels a la edición de 1888 del Manifiesto Comunista. En Asia Oriental, las ideas socialistas entraron por Japón inicialmente, especialmente en círculos cristianos. Estudiantes chinos en Japón regresaron a su país trayendo consigo ideas socialistas y comunistas. También estudiantes chinos en Paris abrazaron al anarquismo y lo importaron a su país. Fue desde Tokio y Paris, antes que Moscú, de donde llegó el socialismo, el comunismo y el anarquismo a China. La posterior exposición del joven Mao a las ideas de Marx y Engels tendría un impacto profundo y duradero en él y, eventualmente, en toda China. “El comunismo no es amor”, concluiría Mao tras su inmersión en el estudio de esta doctrina, “El comunismo es un martillo que se usa para aplastar al enemigo”.

La adhesión de Mao al comunismo no se debió a la ignorancia o a la ausencia de opciones. De niño aprendió confucionismo y literatura clásica china. Se compenetró con el Espejo completo para la ayuda de gobierno, de Zizhi Tongjian (siglo XI), y con Cosas esenciales sobre los países y las regiones para estudiar la historia, de Tushi Fangyu Jiyao (siglo XVII), así como con clásicos chinos no canónicos como Los tres reinos, El margen del agua y Viaje a Occidente. De adolescente leyó sobre Napoleón, Pedro el Grande, Wellington, Lincoln y George Washington. Como joven adulto incursionó en El espíritu de las leyes de Montesquieu, El contrato social de Rousseau, La riqueza de las naciones de Smith, El origen de las especies de Darwin así como textos de John Stuart Mill, Herbert Spencer y Thomas Huxley, traducidos del inglés por académicos chinos que estudiaron en Inglaterra o tomados de traducciones japonesas. Un ejemplar de la biblioteca de Mao que sobrevivió con sus anotaciones fue la traducción al chino de Un sistema de éticas del filósofo Friedrich Paulsen. Una de sus notas dice: “Dejad que la destrucción juegue el papel de una madre que da vida a un nuevo país”. De manera que Mao tuvo contacto con las ideas occidentales sobre la democracia, la libertad, el individuo, la economía de libre mercado, la legalidad y la relación entre gobierno y gobernados. Pero él se dejó seducir por el marxismo, y a temprana edad ya proponía aplicar en China el “comunismo extremo” con sus “métodos de dictadura de clases”.

En 1920, Mao inauguró su propia librería cultural en la ciudad de Hunan, que vendía textos izquierdistas, socialistas y marxistas, como una introducción a El Capital, un estudio sobre la Nueva Rusia, El sistema soviético y China, así como la revista china Mundo de los trabajadores. El negocio prosperó y abrió otras siete sucursales. Al año siguiente, contando veintisiete años de edad, cofundó el Partido Comunista Chino. De aquí en más, el destino de China cambiaría por completo. Durante las siguientes tres décadas aproximadamente, Mao luchó en las guerras civiles de su país, lidió con Joseph Stalin, corrió de lado a sus adversarios, combatió contra los japoneses, formó varias familias, superó desafíos personales e impuso el gobierno comunista en algunas localidades chinas. Todo esto, como notó un historiador, fue antes de hacerse con el poder en su país. Una vez que tomó el control de China, este Gran Timonel sometió a sus cientos de millones de súbditos a una enteramente evitable hambruna masiva, una revolución cultural desquiciada, un exaltado culto a su personalidad, experimentos socio-económicos fallidos y caprichos personales varios durante casi tres décadas que dejaron a la población paranoica, aterrada y exhausta.

El líder chino estuvo dispuesto a ocasionar una gran devastación humana a una escala inconcebible con tal de alcanzar sus objetivos económicos y realizar sus fantasías políticas. Su receta del “Gran Salto Adelante” y su “Revolución Cultural” provocaron la muerte a entre 45-60 millones de personas. “Bien pudiera ser que tuviera que morir la mitad de la China” acotó Mao, indiferente al sufrimiento colosal que estaba ocasionando. Su desprecio por la vida (ajena) quedó expresado en esta frase suya singularmente elocuente: “Cuando los teólogos hablan del día del Juicio Final, son pesimistas y aterran a la gente. Nosotros decimos que el fin de la humanidad es algo que producirá algo más avanzado que la humanidad. La humanidad se halla todavía en su infancia”.

Ni siquiera el reino animal escapó a su varita destructiva. Insólitamente, Mao acusó a los gorriones de estar devorando los granos que podían alimentar a los niños chinos e incitó a los granjeros a atacarlos. La China rural vivió así una masiva cruzada anti-gorriones que se implementó por medio de una guerra de sonidos. Los campesinos golpeaban sus cacerolas ruidosamente para mantener a las aves asustadas en el aire mientras sus hijos rompían los nidos en los árboles. El resultado de esta campaña nacional fue exitoso: millones de gorriones cayeron a la tierra muertos de cansancio. Esta cacería absurda trajo una consecuencia no anticipada por el Gran Timonel. Ante la ausencia de gorriones, los insectos que dañaban las cosechas tuvieron el camino libre para diezmarlas, y con las cosechas arruinadas los campesinos padecieron hambre a tal extremo que emergió el canibalismo ocasionalmente.

Mientras el reino animal y la raza humana padecían las consecuencias de sus políticas en China, Mao se hizo el tiempo para escribir. De hecho, sería perfectamente razonable aducir que de no haber entrado a la política, él podría haber sido un ensayista y un poeta de envergadura. Mao escribió desde joven, reflejando por medio de la pluma sus muchas experiencias políticas y personales. Tras los combates, escribió; tras las separaciones de sus esposas, escribió; tras sus triunfos partidarios, escribió. Mao fue un ideólogo serio y un creador de frases cautivantes que resonaron en casi todos los confines de la Tierra. Tal como observó el periodista británico Daniel Kalder, así como el eslogan comercial Just Do It! es universalmente reconocido hoy en día, muchas de las creaciones lingüísticas de Mao alcanzaron fama mundial en su tiempo, especialmente, pero no exclusivamente, entre sus admiradores. Entre ellas: “La revolución no es un banquete”, “El poder político nace del cañón de un arma”, “Una sola chispa puede incendiar la pradera”, “Todos los reaccionarios son tigres de papel”, “Los marxistas no son adivinadores” y “Las balas recubiertas de azúcar de la burguesía”.

Tal fue la cantidad de latiguillos, reflexiones, poemas, artículos y discursos redactados y pronunciados por Mao, que a mediados de los años sesenta el gobierno chino decidió reunirlos en un compendio oficial único. Se lo conoció indistintamente como Citas del Presidente Mao, El Pequeño Libro Rojo o El Libro del Tesoro Rojo. Con Mao aun en vida en la década del sesenta, solamente en China se imprimieron más de mil millones de ejemplares, guarismo que superaba a la población local de la época (750 millones). Al poco tiempo, el régimen comunista chino inició traducciones a idiomas foráneos. Para 1971, la obra literaria cumbre del maoísmo contaba 110 millones de ejemplares repartidos en treinta y seis lenguas diferentes. Movimientos guerrilleros, especialmente en Perú, Nepal, Camboya y la India, lanzaron insurrecciones violentas inspirados en sus ideas. Su influencia se hizo notar desde Tanzania hasta Albania, desde Italia hasta Yugoslavia y desde Moscú hasta California. Arrasó ideológicamente al Tercer Mundo y sedujo románticamente a intelectuales como Julia Kristeva, Jean-Paul Sartre, Michel Foucalt y Alan Badiou. Se estima que su compendio es el texto más leído en la historia, sólo superado por la Biblia.

La estética Mao con los rayos del sol surgiendo detrás de su rostro sonriente se reprodujo en serie y toda China quedó cubierta de afiches con su imagen radiante. Estatuas de oro que lo corporizan fueron ubicadas en las calles, plazas y universidades de las ciudades. Su rostro fue impreso en miles de millones de pins para que los chinos pudieran clavarlos en sus ropas, próximos a sus corazones. Billetes nacionales, llaveros, encendedores, yo-yos, relojes y tarjetas en millones de cantidades llevaron su cara impresa en ellos. Talismanes con su imagen colgaron de los espejos en los automóviles de taxistas y su figura apareció en altares hogareños. Las biografías de Mao han sido extremadamente populares y vendieron grandes cantidades de ejemplares.

Su Libro Rojo y el merchandising de su figura fueron un exitoso negocio capitalista. Nada mal para un comunista.

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Por Julián Schvindlerman

  

¿Qué fue el caso Dreyfus? – 30/09/19

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Una polémica emergió en el Festival de Cine de Venecia a partir de la inclusión del film Un oficial y un espía del director Roman Polanski. La cineasta argentina que preside el jurado, Lucrecia Martel, no objetó la exhibición de la película en sí, pero repudió a su director, quien es un prófugo de la justicia estadounidense por cargos de violación de una menor de edad en 1978. Polanski por su parte se comparó con el personaje central de su película, el capitán Alfred Dreyfus, quien fue injustamente acusado de espionaje a fines del siglo XIX. Si las películas del director polaco ya eran motivo de inquietud en los círculos cinéfilos antes de la era del Mee Too, ahora resultaba evidente que las sensibilidades se potenciarían. Pero más allá de Polanski y su pasado, ¿qué se conoce como el caso Dreyfus que él retrata en su film?

Alfred Dreyfus nació en Alsacia (zona de Francia bajo ocupación alemana) en 1859 en el seno de una familia judía. Ingresó a la École Polytechnique, una academia militar de la que se graduó en 1880. Habiendo obtenido el rango de capitán, contrajo matrimonio con Lucie Hadamard, una joven pianista de una acaudalada familia judía, y ambos se asentaron en un departamento en una zona residencial parisina. Dreyfus hizo una destacada carrera llegando a graduarse en el noveno lugar de su clase de ochenta y un oficiales y fue premiado con la designación en el Estado Mayor General del ejército francés en 1892. Su éxito profesional como judío, en el ámbito militar de una nación católica y nacionalista, era visto como una prueba de la integración de los judíos a la sociedad europea en general. Pero lo que debió haber sido un símbolo de la adaptación, se terminó convirtiendo en una seña de los obstáculos todavía existentes para la plena afiliación de los judíos europeos de fines del siglo XIX.

En septiembre de 1894, el servicio de contraespionaje francés interceptó una misiva con secretos de estado enviada al agregado militar alemán en París. El mayor Hubert Henry falsificó pruebas para involucrar en el caso al único judío miembro del Estado Mayor General. En octubre, el capitán Dreyfus fue arrestado y acusado de espiar para Alemania. El 1 de noviembre, el periódico antisemita La Libre Parole informó acerca del arresto con el titular “Traición”. El juicio comenzó a puertas cerradas el 19 de diciembre y tres días más tarde Dreyfus fue hallado culpable. Condenado a cadena perpetua, fue enviado a la notoria colonia penal la Isla del Diablo en la Guayana francesa, donde pasó a ser el único prisionero entonces. Antes, en la ceremonia pública de degradación, un suboficial arrancaría las insignias y los botones del uniforme del acusado, le quitaría la espada y la quebraría contra su rodilla. Mientras cruzaba el patio, Dreyfus insistía en su inocencia: “Mi único crimen es haber nacido judío”. Afuera, una multitud enfurecida gritaba: “¡Muerte a Dreyfus! ¡Muerte a los judíos!”.

Un año y medio después, el coronel Marie-Georges Picquart, jefe de los servicios de inteligencia, halló evidencia inculpadora que indicaba al verdadero espía, el comandante Ferdinand Esterhazy. Hubo exigencias de un nuevo juicio, que fueron rechazadas, aunque Esterhazy fue investigado y sobreseído y Picquart apartado del caso y encarcelado (años más tarde será rehabilitado y llegará a ser Ministro de Guerra). A fines de 1896, el joven escritor judío Bernard Lazare publicó un ensayo titulado Un erreur judiciaire: la vérité sur l´affaire Dreyfus en el que denunciaba: “Fue arrestado porque era judío, y condenado porque era judío, y porque era judío no se elevaron a favor de su persona las voces de la justicia y la verdad”. Estimulados por Lazare, muchos jóvenes judíos asumieron como propia la causa, entre ellos Marcel Proust, que lograron interesar en el tema a personalidades no judías. Entre estas últimas se hallaba el escritor más popular de Francia, Emile Zola, quién escribiría el artículo que alteraría el rumbo del caso. Publicado el 13 de enero de 1898 bajo el título “¡J´Accuse…!” en el recientemente fundado L´Aurore editado por George Clemenceau, la columna causó un revuelo mayor. L´Aurore tenía una distribución de 300.000 ejemplares que debía batirse con la misma cantidad de ejemplares que editaba la prensa antisemita, más las publicaciones populares tales como Le Petit Journal (1.100.000), Le Petit Parisien (750.000) y Le Journal (500.000), que -al menos al principio del caso- adoptaron una postura favorable al orden establecido.

Zola fue enjuiciado bajo cargos de difamación y debió huir a Inglaterra. Cuatro días después de la publicación, estallaron disturbios antisemitas en Nantes y se propagaron a Nancy, Rennes, Burdeos, Tournon, Montpellier, Marsella, Lyon, Tolouse, Angers, El Havre, Orleáns y otras ciudades llegando hasta Argel. La sociedad francesa se partió en dos bandos. Hubo treinta y dos duelos entre dreyfusards y anti-dreyfusards. En la Cámara de Diputados hubo una riña a puñetazos. En 1899, el precursor del cine Georges Mélies rodó once films breves sobre el caso Dreyfus que en cada una de sus exhibiciones terminó la audiencia a los golpes. En este contexto se acuño el término “intelectuales” que refería a los dreyfusards; hoy en día consideraríamos intelectuales al escritor Paul Valéry y al pintor Edgar Degas, pero en aquél entonces ambos eran anti-dreyfusards.

En agosto de 1898, el mayor Henry admitió haber falsificado pruebas contra Dreyfus y se suicidó en vísperas del arresto. Una corte de apelaciones llamó a un nuevo juicio que ocurrió a mediados de 1899 luego de que Dreyfus fuese traído desde Sudamérica, enfermo de malaria. La reputación del ejército estaba en juego y los militares estaban más decididos que nunca a sostener su posición. La junta de oficiales que presidía el jurado votó a favor de una nueva condena contra el capitán judío, pero la injusticia a estas alturas era tan evidente que el presidente de la república Émile Loubet ofreció el perdón a Dreyfus, quién, presionado por el entorno, lo aceptó. Ese mismo año fue liberado de la prisión y finalmente, en julio de 1906, cuatro años después de la muerte de Zola, la alta corte de apelaciones (una corte civil) anuló la segunda condena y su inocencia quedó reivindicada.

Dreyfus fue reincorporado al ejército y promovido al cargo de mayor. Luchó en la Primera Guerra Mundial en el frente pero el ejército se rehusó a otorgarle algún reconocimiento por ello. En 1931, documentos alemanes demostraron de manera definitiva la culpabilidad de Esterhazy pero el ejército francés continuó renuente a admitir la verdad de su crimen. Aún en 1994, en ocasión del centenario del arresto del capitán Dreyfus, el ejército francés publicó un estudio en el que se presentaba como la víctima de una confabulación y lo más que pudo afirmar respecto de Alfred Dreyfus fue que “su inocencia es la tesis ahora más generalmente aceptada por los historiadores”. Este año se informó que el capitán Dreyfus sería ascendido al rango de General.

El capitán judío murió en la capital francesa en 1935. A cinco años de su fallecimiento, los nazis ingresaron a París precipitando la fuga de alrededor de un millón de parisinos, con decenas de miles de judíos entre ellos. Para entonces su esposa Lucie, de 71 años, huyó a Toulouse y de allí a Valence donde encontró refugio en un convento católico en el que pasó los años de la guerra oculta bajo otro nombre. Aun cuando su identidad verdadera fue desconocida por las monjas del convento, gracias a ellas una de las mujeres judías más famosas de Francia de la época sobrevivió al Holocausto. Lucie murió el 14 de diciembre de 1945. Una nieta de Dreyfus, Madeleine, de 22 años, permaneció en Toulouse donde se unió a la resistencia francesa y colaboró en organizar rutas de escape hacia España. Fue arrestada y enviada a Auschwitz en noviembre de 1943, lugar en el que murió tres meses más tarde.

Este 2019, la saga trágica de Alfred Dreyfus recobrará vida en la película de Polanski. Una controversia histórica dentro de otra controversia contemporánea. Aunque en rigor, y a pesar de los esfuerzos del director polaco en crear un paralelismo, ambas situaciones son histórica y moralmente incomparables.