Todas las entradas de: adminJS2021

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

El berrinche Turco contra Francisco – 25/04/15

Imprimir

“Cuando los políticos y los religiosos asumen el trabajo de historiadores, no dicen verdades, sino estupideces” afirmó hace pocos días el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan. ¿Cómo cuando él mismo aseguró que navegantes musulmanes descubrieron el continente americano y que Cristóbal Colón vio una mezquita en Cuba? Recordemos ese memorable discurso televisado durante la ceremonia de clausura de la Primera Cumbre de Líderes Musulmanes Latinoamericanos, celebrada unos meses atrás en Estambul, en el que el mandatario turco declaró: “Navegantes musulmanes habían llegado a las orillas de América en 1178. En sus diarios, Cristóbal Colón se refirió a la presencia de una mezquita sobre una montaña en Cuba”.

No, por supuesto. Erdogan aludía al papa Francisco, quien durante una misa en la Basílica de San Pedro se refirió al exilio forzado y matanza de un millón y medio de armenios entre 1915-1917 a manos de los turcos como “el primer genocidio del siglo XX”. Genocidio es una palabra prohibida en el léxico historiográfico turco, al menos en lo concerniente a sus propias acciones. Para otros puede usarse libremente, en particular si Israel está involucrado. “Israel está aplicando el terror. Israel está en este momento cometiendo un genocidio. No admite que Fatah y Hamás establezcan juntos un gobierno de consenso”, fustigó Erdogan a mediados del 2014.

Francisco no hizo más que reiterar una frase ya pronunciada por Juan Pablo II en el 2001 y honrar su convicción personal de que los turcos cometieron un genocidio contra los armenios, cosa que él ya había dicho cuando era Arzobispo de Buenos Aires. Pero los turcos se ponen muy sensibles con este tema. Ankara llamó a consultas a su embajador ante la Santa Sede, convocó al nuncio en Estambul para asentar su protesta, amenazó con expulsar a los cien mil armenios que residen en Turquía y sus oficiales salieron en manada a atacar indecorosamente al Papa. La embajada turca en Roma envió una nota alegando que esa expresión era “una calumnia”. El Primer Ministro Ahmet Davutoglu tildó a las palabras del pontífice de ser “inapropiadas y facciosas” y a Francisco de haber “adherido a la conspiración” de un “frente del mal”. El Gran Muftí Mehmet Gormez tachó las declaraciones papales de “sin fundamento” e inspiradas “por lobbies políticos y empresas de relaciones públicas”. El Ministro para Asuntos Europeos, Volkan Bozkir, recordó que Francisco provenía de la Argentina, “un país que acogió a los nazis”. El presidente Erdogan acusó al Papa de decir estupideces y le amenazó: “condeno este error y le advierto que no lo repita de nuevo”. Mientras tanto, hackers turcos clamaron autoría por un ataque cibernético al portal del Vaticano.

Ante semejante avalancha provocadora, el Papa respondió sutilmente: “el camino de la Iglesia es el de la franqueza”. De no ser por su mención, como observó el diario español El País, “el centenario de uno de los episodios más oscuros del siglo XX no hubiera tenido tanta relevancia”. Gracias al gobierno turco, hemos presenciado una de las muestras de exhibicionismo político más exageradas de los últimos tiempos.

Quizás Ankara espera poder torcer la determinación papal mediante su reacción desproporcionada, tal como sucedió con Benedicto XVI tras su crítica al Islam radical en Ratisbona en el 2006. Luego de la ola de repudio que sus palabras suscitaron, el Sumo Pontífice viajó a Turquía, expresó apoyo al ingreso de esa nación musulmana a la Unión Europea, rezó en una mezquita histórica en dirección a la Meca y caracterizó al Islam como una religión de amor y tolerancia. Erdogan estaba chocho. Esperemos que esta vez la Santa Sede preserve su firmeza inicial.

En cuanto a Turquía, ya es hora de que asuma una mirada honesta y madura sobre su propia historia. Lo que ocurrió, ocurrió, y ningún berrinche desbocado podrá borrar los hechos.

Infobae, Infobae - 2015

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Contra la banalidad de la indiferencia – 18/04/15

Imprimir

El filósofo germano-israelí Emil Fackenheim caracterizó la historia del antisemitismo con esta secuencia. Inicialmente se les dijo a los judíos: “ustedes no pueden vivir entre nosotros como judíos”, es decir, deben convertirse. Luego se les dijo: “ustedes no pueden vivir entre nosotros”, es decir, deber partir. Los nazis postularon: “ustedes no pueden vivir”. Y los asesinaron en masa.

Holocausto en hebreo se dice Shoá, término que -según explica Louis Weber, editor de la monumental Crónica del Holocausto: las palabras e imágenes que hicieron historia- surgió en un folleto publicado en Jerusalem en 1940 por el Comité Unido de Ayuda a los Judíos en Polonia. La palabra refiere al exterminio de seis millones de judíos en Europa, entre 1939 y 1945, llevado a cabo por los nazis y sus aliados.

El genocidio de los judíos del siglo último fue algo único en los anales de las masacres sufridas por el pueblo hebreo y, resta aclarar, fue un enorme crimen contra toda la humanidad.

El papel del hombre en este infierno de muerte y destrucción aún es materia de estudio e interpelación. Hubo víctimas y hubo verdugos, hubo colaboradores y hubo resistentes, hubo justos entre las naciones y hubo observadores indiferentes. El Holocausto fue ideado, perpetrado, desafiado y sufrido por hombres. Y las noblezas y las bajezas que signaron esa época atroz serán símbolos de heroicidad y estigmas de vergüenza para toda la raza humana por siempre.

Se atribuye al historiador judío Simón Dubnow, quién fue asesinado por los nazis en Riga en 1941, haber dicho estas palabras finales a sus hermanos: “¡escriban y registren!”. Su llamado, junto al de tantos otros, ha reverberado a través del tiempo y ha legado una literatura del Holocausto, documentada y emotiva a la vez, cuya divulgación se ha convertido en un mandato moral para todos los hombres de bien. Ella nos confronta con la muerte. “Pero el estudio de estas muertes”, en la apta observación del renombrado académico Michael Berenbaum, “es un servicio a la vida”.

En la actualidad hay concientización sobre el Holocausto: películas, museos, testimonios de los sobrevivientes, programas educativos, conmemoraciones oficiales y una vasta literatura académica dan cuenta de ello. ¿Pero comprendemos realmente? ¿Hemos verdaderamente aprendido las lecciones terribles de la Shoá? Una de sus más cruciales lecciones yace -parafraseando a Hanna Arendt- en la banalidad de la indiferencia. Así la retrató para la posteridad Martin Niemöller, un pastor alemán encarcelado entre 1937 y 1945: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada”.

Hoy, tristemente, casi nadie está diciendo nada sobre la incitación genocida que anida en grupos y estados fundamentalistas que anhelan la aniquilación de Israel, el único estado judío del mundo y nación-refugio para los sobrevivientes de la Shoá. El movimiento palestino Hamas anuncia en su carta fundacional que busca la erradicación de Israel y la de todos los judíos donde sea que se encuentren, y a nadie parece importarle. El Estado Islámico tuitea “estamos yendo a matarlos, oh judíos” sin que a alguien eso le mueva una pestaña. El líder del movimiento libanés Hebzolá, Hassan Nasralá, declara impunemente que “si todos los judíos se reúnen en Israel, eso nos va a ahorrar la molestia de ir en pos de ellos por todo el mundo”. El ex presidente iraní Ali Akbar Hashemi Rafsanjani (considerado un moderado) proclamó a inicios de este milenio que “la aplicación de una bomba atómica no dejaría nada en Israel, pero la misma cosa sólo producirá daños en el mundo musulmán”, frase convenientemente olvidada por un Occidente entusiasmado en negociar con Teherán. El estandarte de los houtis que han recientemente derrocado al gobierno en Yemen es “Dios es grande. Muerte a América. Muerte a Israel. Al diablo con los judíos. Poder para el Islam”. ¿A alguien le concierne?

Nos debería preocupar a todos, pues así comienzan los genocidios. Con la propaganda, con la incitación. Es decir, con la destrucción intelectual de las víctimas como preludio a su exterminación física. Primero se los difama y deshumaniza, luego se los ejecuta. El Medio Oriente es un hervidero de feroces proclamas antijudías, de una magnitud no vista desde los tiempos de la Alemania nazi. La manera genuina de honrar la memoria de los mártires judíos asesinados en el pasado es actuar para preservar las vidas de los judíos que están bajo amenaza en el presente. En este Día del Holocausto tomemos conciencia de ello.

Comunidades, Comunidades - 2015

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Alemania e Israel: 50 años de lazos diplomáticos – 15/04/15

Imprimir

Es, inevitablemente, una relación cargada de simbolismo. El Holocausto siempre sopló como una brisa negra sobre ambas naciones. Pero el hito político -cuyo 50 aniversario se conmemora este año- del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Bonn y Jerusalem marcó un punto de inflexión profundo entre alemanes e israelíes, cristalizado en una alianza moderna sólida y fructífera.

En 1951, el Canciller alemán Konrad Adenauer afirmó públicamente que actos criminales indescriptibles» habían sido perpetrados por la Alemania nazi contra el pueblo judío y anunció la voluntad de su nación de pagar reparaciones al recientemente establecido estado judío. Bonn buscaba su reingreso a la Alianza Occidental y hacerse cargo de una deuda moral enorme con los judíos. Para Israel, agobiado por las exigencias del emprendimiento nacional, pujando por hacerse un lugar en un Medio Oriente hostil y anhelando integrarse a la familia de las naciones, el apoyo material de Alemania era necesario. Pero las heridas de la Segunda Guerra Mundial eran frescas: el país tenía entre los suyos a una gran cantidad de sobrevivientes, regía un boicot al idioma alemán y a la cultura alemana, y había muchos opositores a que algo se hiciera que rehabilitase moral y políticamente a Alemania en la posguerra. Tras un acalorado debate en la Kensset, el Acuerdo de Reparaciones fue aprobado por 60 contra 51 votos al año siguiente. Poco más de una década después, Bonn y Jerusalem sellaron lazos diplomáticos, intercambiaron embajadores y abrieron sus naciones al fortalecimiento de un vínculo perdurable.

Hoy Alemania es el mayor socio comercial de Israel en Europa y el tercero a nivel mundial, luego de Estados Unidos y China. Es un proveedor crítico de armamento, en el que destacan cinco submarinos nucleares Dolphin, cuyo costo multimillonario ha sido subsidiado apreciablemente por Berlín. La suma de reparaciones abonadas por Alemania a Israel ronda los 30 mil millones de dólares; cifra que se triplica al tener en consideración el monto dado a sobrevivientes individuales en todo el mundo. A diferencia de la República Democrática de Alemania -que no se vio a sí misma como sucesora del Tercer Reich ni responsable de sus acciones y cuya orientación comunista la llevó por el camino del antisionismo- la República Federal de Alemania hizo un esfuerzo notable en transformarse en una nación diferente. Tras la guerra, los ocupantes norteamericanos iniciaron un proceso de desnazificación de la sociedad alemana y en Núremberg criminales de guerra fueron juzgados. La nueva Alemania hizo una transición del totalitarismo hacia la democracia, de la ruina a la pujanza económica, adoptó programas educativos sobre los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y estimuló la construcción de sitios y memoriales para la recordación del Holocausto. Yad Vashem tiene acuerdos de educación firmados con los dieciséis estados alemanes.

En la década de 1930 vivía medio millón de judíos en Alemania, apenas quince mil sobrevivieron a la guerra. Actualmente la comunidad judía alemana cuenta con más de cien mil miembros afiliados e igual cantidad estimada de no-afiliados (mayormente emigrantes de la ex URSS). Solamente en Berlín se cree que hay cerca de veinte mil israelíes. La vida judía en Alemania es vibrante, con festivales de cine, sinagogas, museos y lazos estrechos con el gobierno. El intercambio económico, cultural y científico entre Berlín y Jerusalem es floreciente.

Diversos hechos dejaron su marca en la relación. En 1960, el Mossad secuestró a Adolf Eichmann y lo llevó a juicio en Jerusalem; episodio que recordó dolorosamente la Shoá en el país. Ese mismo año, Volkswagen nombró a Motti Auerbach, hijo del último rabino en Frankfurt, como su representante en Israel. Esa misma década trascendió que científicos alemanes estaban trabajando en el desarrollo del programa misilístico egipcio, lo que enardeció a los israelíes; el hecho se replicó en los años noventa cuando se supo que el gas con el que Saddam Hussein había amenazado cargar a los misiles Scud para atacar a Israel había sido provisto a Irak por Alemania. En los años setenta, las Olimpíadas de Múnich, que pudieron haber reforzado el vínculo, fueron escenario de una toma y asesinato de rehenes israelíes por terroristas palestinos. La interpretación pública de las obras del compositor nacionalista alemán del siglo XIX Richard Wagner aún es asunto de ríspido debate en Israel.

Si algo, estas tensiones prueban la resiliencia del vínculo que une a ambas naciones. No obstante, el futuro de la relación no está exento de desafíos. A medida que el tiempo transcurra y el Holocausto sea un recuerdo distante para las nuevas generaciones, las que podrían verse menos comprometidas moralmente con Israel y los judíos que sus antepasados, ¿se mantendrá el vínculo tal como lo conocemos? A medida que el sentimiento popular antiisraelí crezca en Alemania, así como el tamaño de su comunidad islámica, y los movimientos políticos de la extrema derecha se afiancen, ¿sobrevivirá el ánimo oficial pro-israelí contemporáneo? Encuestas de los últimos años ya revelan un 20% de antisemitismo en Alemania y un 60% de opiniones negativas sobre Israel.

Eso concierne al futuro. En lo que respecta al pasado reciente y al presente, hay razones suficientes para conmemorar este medio siglo de relaciones diplomáticas entre Alemania e Israel con el mejor ánimo celebratorio. Chin-chin por una relación sumamente especial.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Ayatolá Khomeini, poeta – 10/04/15

Imprimir

Blog de Letras Libres (México)

El camino hacia la maldad absoluta puede ser retorcido. Adolf Hitler quiso ser pintor antes que genocida, pero fue categóricamente rechazado por la Academia de Arte de Viena como alguien “totalmente inadecuado” para la pintura. Más tarde, como Führer, se tomaría su venganza personal contra toda forma de arte no-aria, a la que llamaría “degenerada”. En 1949, el joven Pol Pot obtuvo una beca para estudiar en Paris y residió allí hasta 1953, año en que Camboya se independizó de Francia. Su retorno no se debió a ese acontecimiento político, sin embargo, sino a que tras desaprobar su curso tres años seguidos se vio forzado a regresar a su casa. La tiranía del socialismo agrario que impondría tiempo después en su país ocasionaría la muerte a un millón de personas. Idi Amín Dada fue campeón de boxeo nacional en Uganda por ocho años y también incursionó en el rugby en su vida pre-totalitaria. Oficiales británicos que lo trataron entonces dijeron que “necesita que le expliquen las cosas en palabras de una letra”. Una década después, este mentecato asesinaría a cerca de quinientos mil ugandeses.

Estos casos aportados por Sean Braswell ofician de introducción a otro personaje polémico que ha sabido cultivar un costado más ameno. Además de haber transformado a una gran nación persa en una teocracia asfixiante, el ayatolá Ruhollah Khomeini abrazó las letras prolíficamente. Escribió artículos y tratados sobre el Corán, la ley islámica, la filosofía, el agnosticismo y la política, llevando “a la crítica literaria a nuevas extensiones” en la opinión de Daniel Kalder en The Guardian.

Quizás haya sido su curiosidad literaria lo que lo haya empujado a leer Los versos satánicos de Salman Rushdie a finales de la década del ochenta, aunque con seguridad fue el ayatolá que vivía en él quién condenó al escritor indio-británico-musulmán-sunita a muerte por ello. Casi una década antes de este incidente que presagió la intolerancia contemporánea contra la libertad de expresión de Jyllans Posten a Charlie Hebdo, Bantam Books compiló un muestrario de dichos de Khomeini tomados de tres escritos suyos: El reinado de los ilustrados, Llave a los misterios y La explicación de los problemas. Según Kalder, “el sabor inmensamente vengativo, tedioso, deprimente, obsesivo, paranoico, supersticioso, reaccionario, autoritario, misógino y antisemita del pensamiento del ayatolá” brilla en el texto.

Pero la verdadera rareza literaria adjudicada a Khomeini surgió en 1989, cuando uno de sus poemas fue publicado tras su fallecimiento en el diario iraní Kahyan. Patrick Clawson, un experto norteamericano en economía persa lo halló en la prensa iraní y lo envió a la revista The New Republic. Unos días antes, con autorización de The New Republic,The New York Times publicó la primicia en Occidente, con traducción de William Chittick, profesor de estudios religiosos en la State University at Stony Brook.

«I have become imprisoned, O beloved, by the mole on your lip! I saw your ailing eyes and became ill through love. Delivered from self, I beat the drum of »I am the Real!» Like Hallaj, I became a customer for the top of the gallows. Heartache for the beloved has thrown so many sparks into my soul That I have been driven to despair and become the talk of the bazaar! Open the door of the tavern and let us go there day and night, For I am sick and tired of the mosque and seminary. I have torn off the garb of asceticism and hypocrisy, Putting on the cloak of the tavern-haunting shaykh and becoming aware. The city preacher has so tormented me with his advice That I have sought aid from the breath of the wine-drenched profligate. Leave me alone to remember the idol-temple, I who have been awakened by the hand of the tavern’s idol».

Aventuro una traducción:

“Me he convertido en prisionero, oh amada, ¡por el lunar en tu labio! Vi tus ojos enfermos y enfermé a través del amor. Liberado de mí mismo, golpeo el tambor de ´¡Yo soy el real!´ Al igual que Hallaj, me convertí en un cliente de la parte superior de la horca. La angustia por la amada ha lanzado tantas chispas en mi alma que se me ha impulsado a la desesperación ¡y me he convertido en la comidilla del bazar! Abre la puerta de la taberna y vayamos allí día y noche, porque yo estoy enfermo y cansado de la mezquita y del seminario. He arrancado el atuendo del ascetismo y la hipocresía, poniéndome el manto del jeque inquieto por la taberna y tomando conciencia. El predicador de la ciudad me ha atormentado tanto con su consejo que he buscado la ayuda de la respiración del libertino empapado de vino. Déjame solo para recordar el templo-ídolo, yo, que he sido despertado por la mano del ídolo de la taberna”.

Seguramente en el proceso de traducción del farsi al inglés el poema original no permaneció intacto. Pero el tono es inconfundible. ¿Romance, sensualidad, femineidad, alcohol y libertinaje en la misma oración que Líder Supremo de Irán? ¿Repudiar la religión por los labios de una mujer? ¿Trocar la mezquita por la taberna? ¿Semejante herejía de la pluma del ayatolá? ¡Con razón lo publicaron póstumamente!

O no. En su momento, los expertos interpretaron el poema en clave mística, como una alegoría religiosa que buscaba honrar a Fátima, la hija del profeta del islam, y como una simbólica afirmación de la fe, donde la taberna es la presencia divina en la que el amante bebe el vino del amor de Dios.

El veredicto de la historia sobre el ayatolá Khomeini ya es claro. Quizás la historia sea más benigna con el poeta Khomeini.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Juan Pablo II, el renovador de la iglesia – 05/04/15

Imprimir

Diario El País (Colombia)

El legado de Juan Pablo II, a diez años de su muerte ocurrida el 2 de abril de 2005, ha sido ponderado dentro y fuera del cristianismo y parece tomar forma en los caminos de renovación y modernización que recorre hoy la Iglesia Católica. El primer giro apostólico se dio el 16 de octubre de 1978 cuando el entonces cardenal polaco Karol Wojtyla fue elegido sucesor de San Pedro, rompiendo una tradición de cuatro siglos y medio de papas italianos. Investido como Juan Pablo II y su procedencia de un país comunista influyeron en su pontificado.

Así lo advierte Julián Schvindlerman, vaticanista argentino, para quien la participación del Papa en el plano político “resultaría crucial en el esfuerzo occidental por derrocar al comunismo”. De hecho, en el cónclave que lo eligió, Juan Pablo II exhortó a los obispos a “no tener miedo” y a rebelarse contra la opresión comunista, a la vez que se manifestó crítico del capitalismo. Schvindlerman recuerda que “el Papa dijo que el comunismo fue una medicina más peligrosa que la propia enfermedad capitalista, pero que el capitalismo salvaje tampoco era algo aceptable”. Su mensaje fue cuestionador del régimen soviético; sin embargo, le tendió la mano a Cuba y recibió en audiencia en Roma a Fidel Castro y viajó a la isla comunista.

En la arena interreligiosa, Juan Pablo II fue el primer Papa en visitar Auschwitz (1979), el primero en ingresar en una sinagoga (1986) desde San Pedro y en 1993 entabló relaciones diplomáticas entre Roma y Jerusalén. Al reconocer diplomáticamente al estado judío, se convirtió en el primer pontífice en ir al Museo del Holocausto de Israel y en rezar en el Muro de los Lamentos. “La imagen del Papa ante sus imponentes piedras blancas se erigió en la representación visual más destacada de la nueva era entre la grey católica y la judía”,
recuerda Schvindlerman.

Hernán Olano, director de Humanidades de la Universidad de la Sabana, sostiene que el legado de Juan Pablo II fue indiscutible en lo religioso, en lo jurídico y en lo político. Él desarrolla algunos de los puntos clave del Concilio Vaticano II a través de sus encíclicas. Como la expedición del segundo código de derecho canónico de la Iglesia para ajustar y modernizar el anterior, hecho en 1917. Un segundo legado -dice Olano- es la reestructuración de la Curia Romana con la constitución apostólica ‘Pastor Bonos’ en 1988. Y como jurista, expide la Constitución Política del Estado Ciudad del Vaticano, que lo reconoce como soberano y sujeto de Derecho Internacional.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

Del fascismo al Jazz: La singular historia de Romano Mussolini – 04/15

Imprimir

Año 7. No. 55

Once días antes de ser linchado junto a su amante, la actriz Clara Petacci, Benito Mussolini se hallaba con su familia en su residencia romana: una amplia casona en la que los humanos cohabitaban junto a un jaguar, dos leones, dos gacelas, un mono, dos ponis y dos tortugas. La casa sería eventualmente convertida en un memorial del Holocausto. Pero aquel día, El Duce todavía disfrutaba de su vida y de un momento apacible. Al ver a su hijo sentado al piano, tocando una melodía, se acercó y le dijo: “sigue tocando”. Romano Mussolini obedeció al padre y continuó tocando el piano el resto de su vida.

Giulio Romano Mussolini nació el 26 de septiembre de 1927 en Carpena di Forli, en el norte de Italia. Último de los hijos de Benito y Donna Rachele Guidi, mostró un temprano interés por la música, a los cuatro años de edad, cuando su hermano Vittorio le hizo escuchar unos discos de vinilo de jazz. El acto en sí era un desafío y una contradicción: el régimen fascista de Benito Mussolini despreciaba el género al considerarlo -al igual que los nazis en Alemania- decadente, asociado a los negros y los judíos, y americano. El poco jazz que se oía era burdamente nacionalizado: Louis Armstrong y Benny Goodman, por ejemplo, eran conocidos en la Italia fascista como Luigi Fortebraccio y Beniamino Buonuomo. Posteriormente, Romano sorteó la prohibición familiar de escuchar jazz en la casa familiar al vincularse a un músico del ejército alemán que le enseñó algunas melodías de Duke Ellington.

En la posguerra, Romano se dedicó alternativamente al jazz, a la pintura y al comercio. Incursionó fugazmente en la industria del cine con una película fallida que le costó económicamente, pero pudo recuperarse por medio de la venta de sus pinturas, arte al que fue estimulado a ingresar por un payaso que lo escuchó dar un concierto de jazz en su circo. En los años cincuenta el joven Mussolini tocaba con un alias -Romano Full- para eludir el peso de un nombre familiar demasiado agobiante. Fue en el Festival de Jazz de San Remo en 1956 cuando alcanzó cierta notoriedad y en 1963 le llegó la fama con el álbum Jazz allo Studio 7, grabado con su banda The Romano Mussolini All Stars. Para entonces, el músico había comprendido que emplear su nombre verdadero sería una ventaja más que una marca de deshonra: ¿quién no sentiría curiosidad por escuchar tocar jazz al hijo de Benito Mussolini? Su nombre captaba atención, provocaba divertimento y daba lugar a situaciones cómicas. The Telegraph anotó que una vez halló a un fotógrafo debajo de su cama y que cuando el trompetista Chet Baker lo conoció, extendió su mano y torpemente le dijo “lamento lo de su padre”.

En Italia era un habitué del Bussola de Viareggio, el más famoso club de jazz de su época en el país, donde tocó junto a Ella Fitzgerald; fue asimismo un admirador del pianista Oscar Peterson. Pero fue en los Estados Unidos donde se relacionó más prolíficamente con grandes figuras del jazz, como Louis Armstrong, Dizzy Gillespie y Lionel Hampton. Con su quinteto The Romano Mussolini All Stars viajó a Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Kenia, México, Rusia, Corea del Sur y Venezuela. Su discografía incluye títulos como Latin Taste, Satanik, Minor Blues in Saint Louis y Tempo Jazz.

Por lo general, Romano se mantuvo alejado de la política y de los debates en torno al pasado negro de su padre, aunque el hecho de portar el nombre Mussolini en escenarios musicales puede haber asistido a distender las asociaciones más negativas del apellido. Romano condenó las leyes raciales que Benito promulgó y que derivaron en la deportación de aproximadamente siete mil judíos a los campos de exterminio, pero no repudió enteramente el legado político del Duce, llegando a afirmar en una entrevista que el 90% de lo que su padre había hecho era positivo. En 2004 publicó sus memorias tituladas Il Duce Mio Padre, bestseller instantáneo, en las que describió a Benito como un buen hombre de familia. (En su reseña de la obra, Publishers Weekly fustigó: “Se convierte en un retrato interesantemente incompleto del líder vilipendiado, y en un auto-retrato más interesante acerca de la fe, la negación y el poder cegador del amor de un hijo”). También compuso el himno del partido político ultranacionalista de su hija Alessandra (producto de su primer matrimonio con Anna Maria Scicolone, hermana de Sofía Loren), en cuyo portal su fallecimiento fue anunciado el 3 de febrero de 2006.

Fue cremado en una iglesia de Roma al son de himnos fúnebres de Nueva Orleans, ejecutados por músicos y amigos suyos del ambiente del jazz. Como toda figura pública, ha estado rodeado de algún cuestionamiento. Pero una cosa podemos asegurar con certeza. Su legado en el campo del arte ha sido más benigno que el de su padre tirano en la esfera de la política.

Televisivas

Debate en NTN24 – 01/04/15

Imprimir

Canal: NTN24 – Colombia
Tema: Choque de religiones en Medio Oriente (01/04/15)
Programa: La Noche
Conduce: Jefferson Beltrán

Panelistas:
Desde Miami: Daniel Álvarez, profesor en la Universidad Internacional de la Florida
Desde Bogotá: Luis Londoño, teólogo católico
Desde Bogotá: Rafat Ghotme, experto en Medio Oriente musulmán
Desde Buenos Aires: Julián Schvindlerman, analista político judío

Interesados verificar si video es subido aquí: http://www.ntn24.com/programa/la-noche

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

Las potencias e Irán – 01/04/15

Imprimir

Un modo de evaluar la calidad política del acuerdo en ciernes entre las potencias mundiales y la República Islámica de Irán consiste en contrastar el comienzo con el final. Durante la última década, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas logró adoptar seis resoluciones que le prohibían a Teherán enriquecer uranio; el acuerdo actual, con ciertas restricciones, le permitirá seguir haciéndolo. Según trascendidos de la prensa, la planta procesadora de agua pesada en Arak no será cerrada, como tampoco el reactor subterráneo en Fordo. Teherán ya recuperó diez mil millones de dólares de fondos que habían sido congelados por Washington y espera que las sanciones sean levantadas. Ello a pesar de que todavía no respondió satisfactoriamente una serie de interrogantes clave para disipar toda duda sobre la naturaleza de su programa nuclear. A saber:

Si Irán posee vastas reservas de gas y petróleo, ¿qué necesidad tiene de invertir en reactores para generar electricidad? Si Rusia le ofreció recibir su uranio y devolverlo enriquecido a gradaciones civiles, ¿por qué Irán se rehúsa a ello? ¿Por qué ocultó algunas de sus instalaciones nucleares bajo tierra, las rodeó de defensas antiáereas y obstruyó el acceso de los inspectores internacionales? Si el proyecto nuclear tiene finalidades pacíficas, ¿por qué continúa el país persa desarrollando misiles balísticos intercontinentales con capacidad para transportar ojivas nucleares a larga distancia? ¿Y hemos de creer que se expuso a sanciones económicas severas, ostracismo global e incluso al prospecto de un ataque militar israelí sólo para defender su derecho al uso pacífico de la tecnología nuclear?

En el plazo de negociación con las potencias, Irán realizó ejercicios navales en los que explotó un falso transportador norteamericano en el estrecho de Ormuz, encarceló al corresponsal del Washington Post en Teherán e intentó atentar contra la embajada israelí en Uruguay. Hoy, hombres de sus Guardias Revolucionarias están combatiendo en Irak y en Siria y el régimen está respaldando a milicias sublevadas en Yemen, como lo hizo antaño en Bahrein. Esto en adición a su apoyo a grupos fundamentalistas en Gaza y el sur del Líbano. Mayores concesiones al gobierno ayatolá no lo harán más benigno, sino más peligroso. Este punto lo comprenden demasiado bien los israelíes, los sauditas, los egipcios, los jordanos, los turcos y otros varios aliados de Occidente en el Medio Oriente. A excepción de los P5+1, muy pocas naciones comparten su entusiasmo con las negociaciones presentes.

Un acuerdo que no disipe las ansiedades bien fundamentadas de los países árabes sunitas en torno a las ambiciones nucleares de Irán, bien podría disparar una carrera armamentista nuclear en la región. No será ni fácil ni gratuito para muchas de estas naciones embarcarse en sus propios programas nucleares para contener a un Irán atomizado, pero lo harán si creen que como resultado de las tratativas el Irán chiíta emergerá como una potencia nuclear a la larga. Considerando que la lucha contra la proliferación nuclear a escala global ha sido un objetivo ostensible de la Administración Obama, este desenlace posible sería extremadamente irónico… además de sumamente inquietante.

En el mejor de los casos, el acuerdo actual limitará -pero no detendrá- el programa nuclear de Irán, apoyado en la premisa de que el país persa honrará sus compromisos. Dada la naturaleza opaca, violenta y fanática del régimen clerical iraní, creer en su palabra será la apuesta geopolítica del siglo.

Televisivas

Entrevista en CNN EN ESPAÑOL – 31/03/15

Imprimir

Canal: CNN en Español – EE.UU.
Tema: El acuerdo nuclear de las potencias con Irán (16/7/15)
Programa: Realidades en contexto
Conduce: María Regina Bustamante

Panelistas:
Desde Nueva York: Vanessa Newmann, CEO de Assyemtrica
Desde Buenos Aires: Julián Schvindlerman, analista político internacional

Emitió en vivo jueves 16 de julio a las 13hs. (Argentina). Interesados verificar si el video es subido aquí:
http://cnnespanol.cnn.com/tv_show/realidades-en-contexto/