Todas las entradas de: adminJS2021

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Hamas e Israel fuera de foco – 12/07/14

Imprimir

Tal como el proverbial cuento del hombre que pierde sus llaves en una zona oscura del barrio pero las busca en el patio de su casa sólo porque allí hay un faro de luz que le permite ver bien, la atención mundial sobre el último round bélico entre Hamas e Israel se ha vertido sobre los aspectos usuales que la prensa internacional ha destacado, a expensas de otras cuestiones que por no estar bajo el foco de luz mediático han quedado relegadas de la mirada global. Bien vale la pena echarles un vistazo pues ellas dicen mucho a propósito de la naturaleza de este conflicto, de la conducta de los combatientes y de la cultura de estos pueblos enfrentados.

Esta nueva confrontación -la tercera desde que Israel abandonó Gaza- no surgió de la nada; tuvo un hecho disparador y un actor responsable. El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania. Sus ejecutores cantaron luego de matarlos. Pasarían tres semanas hasta que sus cuerpos serían hallados. En ese lapso y a modo de celebración, grupos jihadistas comenzaron a lanzar cohetes desde Gaza hacia poblados de Israel. Un gesto se popularizó en la calle palestina: una mano con tres dedos elevados, simbolizando a los tres jóvenes secuestrados y anunciando la esperanza de un nuevo intercambio como el de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado antaño por Hamas y recuperado a cambio de la liberación de 1027 terroristas que habían matado, en conjunto, a 569 israelíes. Cuando la policía israelí informó del arresto de dos sospechosos en el crimen, la madre palestina de uno de ellos declaró: “Estaré orgullosa de él hasta el día del Juicio Final… El objetivo de mis hijos es el triunfo del Islam”.

Al poco tiempo, en injustificada represalia, seis ultranacionalistas israelíes secuestraron y asesinaron a un adolescente palestino. Prácticamente toda la sociedad israelí se mostró consternada y el gobierno condenó enérgicamente el crimen. La madre de uno de los chicos israelíes asesinados denunció el acto de venganza y un tío hizo llegar sus condolencias personales a la familia de la víctima palestina. Estas respuestas moralmente dispares a crímenes similares no tuvieron el subrayado que merecían en la cobertura de medios.

El arresto de islamistas en Cisjordania y el crimen del joven palestino elevaron la determinación de Hamas de atacar a Israel. Cuando la cantidad y regularidad de misiles lanzados desde Gaza se tornaron intolerables, los israelíes respondieron con ataques aéreos. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de mostrar las fotos de las víctimas palestinas: niños, mujeres, ancianos, familias enteras diezmadas en los bombardeos de la aviación hebrea; lo cual es trágico. Pero fracasaron en informar cabalmente sobre los diametralmente opuestos comportamientos militares de los contrincantes. Típicamente, Hamas escondió militantes y arsenales en zonas densamente pobladas de civiles. Para evitar o minimizar víctimas civiles palestinas, el ejército israelí llamó telefónicamente a los habitantes de los edificios en los que miembros de Hamas se ocultaban para advertirles que ese edificio sería próximamente atacado. A continuación la fuerza aérea disparaba un misil sin carga explosiva que, al impactar en el objetivo, servía de alerta a los residentes para que se diesen a la fuga. Recién entonces era lanzado el misil real. Esta técnica lleva por nombre “golpe en la puerta” en la jerga castrense israelí. En los anales de la historia militar es difícil hallar ejemplo semejante de sensibilidad hacia una población enemiga. Y sin embargo, la noticia apenas fue divulgada por la prensa internacional. Tristemente, tampoco recibió demasiada cobertura, si alguna, la reacción de Hamas, cristalizada en este comunicado de su Ministerio del Interior, publicado en la prensa gazatí: “El Ministerio de Interior advirtió a los habitantes a no prestar atención a los mensajes que las Fuerzas de Defensa israelíes transmiten a través de teléfono a los ciudadanos según los cuales deben desalojar sus viviendas inmediatamente [antes de los bombardeos]… El Ministerio solicita a los ciudadanos no prestar atención a esos mensajes y no abandonar sus hogares”. Los palestinos obedecieron a Hamas. Las fotos de sus cadáveres hicieron titulares de prensa críticos de la represalia militar israelí.

Tampoco fue lo suficientemente notado en los cables de prensa el hecho de que Hamas disparó cohetes contra Ashdod, donde está alojada la central eléctrica desde la cual Israel provee de energía a Gaza (aún durante la contienda); contra Jerusalem, lugar de residencia de las mezquitas más sagradas para el Islam y en cuyo nombre en el pasado los palestinos han lanzado intifadas contra los israelíes; y contra el centro atómico en Dimona, ubicado a pocos kilómetros de Gaza, cuya explosión presuntamente detonaría una carga radioactiva que afectaría no solamente a israelíes sino a masas de palestinos, egipcios, jordanos y según soplen los vientos quien sabe a quién más. ¿No debiera esta actitud genocida ser noticia de interés para la prensa internacional?

Boko Haram, ISIS, Al-Qaeda y los talibanes instantáneamente despiertan una mirada escéptica por parte de la opinión pública mundial. No así Hamas. A pesar de ser un movimiento fundamentalista islámico idénticamente comprometido con el desprecio hacia -y la lucha contra- los infieles, reina una cierta complacencia en la actitud periodística hacia él. Eso no es mérito de este grupo integrista. Es sencillamente suertudo: tiene por enemigo a una nación que la prensa ama odiar.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Revista Sinfónica

Imprimir

Triangulo de Infamia – Richard Wagner, los Nazis e Israel

El año 2013 marcó los doscientos años del nacimiento de Richard Wagner (1813-1883), acontecimiento que brindó la oportunidad de reflexionar acerca de su arte, de su ideología y de su persona. Este libro ofrece un enfoque integral sobre aspectos de su vida y obra que usualmente han sido abordados separadamente en la literatura wagneriana universal; específicamente en la literatura en español será difícil hallar libros que tengan esta aproximación abarcadora.

En sus páginas el autor aborda la ideología de Wagner y su relación ambivalente con los judíos de su tiempo, su adopción ulterior como modelo artístico y político por parte del nazismo, y el debate intenso y prolongado sobre la representación de sus obras en Israel, para finalmente cerrar con un epílogo que reúne la narración y la reflexión. Contiene además un anexo dedicado a la compleja relación que Friedrich Nietzsche tuvo con el compositor alemán.

En este nuevo libro, Schvindlerman nos ofrece una penetrante mirada sobre un compositor profundo y profundamente controvertido que ahondará el debate que desde siempre ha rodeado a este creador singular.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Veintitrés – 18/06/14

Imprimir

Wagner, una de las figuras más discutidas de la historia: el hombre antes que el artista
Por Raquel Roberti

Controvertido, contradictorio, amado y odiado por igual, Richard Wagner ha superado a lo largo de la historia la condición de músico creativo y genial para
convertirse en símbolo representativo del nazismo. De eso trata este libro de Julián Schvindlerman. Organizado casi como una biografía, el texto apunta al hombre y no al artista, una arista que no resulta favorable al compositor pero que demuestra que el nazismo no nació con Adolf Hitler.

En los 70 años de su vida, entre 1813 y 1883, el autor de El anillo del nibelungo dejó huellas de su antisemitismo en escritos diversos. Medio siglo después, Hitler y sus seguidores abrevarían en ellos. Pero Wagner era contradictorio y también trababa amistad con hombres judíos, muchos admiradores de su obra.

Triángulo de infamia: Richard Wagner, los nazis e Israel aporta información interesante, como la relación de Wagner con Friedrich Nietzsche y un intento trasnochado de generar una “pequeña Alemania” en Paraguay.

Hace poco más de un mes se cumplieron 131 años de la muerte de Wagner, que continúa siendo una de las figuras más discutidas de la historia. En el capítulo “Wagner en Israel”, luego de un extenso detalle del debate acerca de si permitir o prohibir la música del compositor alemán en ese país, Schvindlerman se pronuncia a favor de la prohibición. Y hay que decirlo: tampoco se muestra imparcial (si esa cualidad fuera posible) en el resto del texto.”.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Sobre el acercamiento de Argentina a Israel – 13/06/14

Imprimir

Artículo publicado en La Palabra Israelita (Chile)
Entrevista:

Argentina da vuelta la cara a Irán y asume compromisos con Israel en una próxima compra de aviones Kfir (fuera de uso hace décadas pero que han sido reciclados por Israel Aircraft Industries).

-Se habla de un futuro viaje de la presidenta a Israel, ¿por qué ahora?

-La Argentina Kirchnerista presuntamente se acercó a Irán buscando energía y complacer la causa populista de Lula da Silva y a Hugo Chávez. Pretendió dejar la causa AMIA de lado para allanar el camino al intercambio comercial con una nación que anhelaba profundizar sus lazos en Latinoamérica.
Pero Teherán no acompañó a Buenos Aires en su entusiasmo ni en su celeridad en facilitar el flujo de las cosas. Al no validar Irán el Memorando de Entendimiento mutuo,el gobierno argentino entendió que quedó colgando en soledad y timoneó para otro rumbo.
Se refiere al Memorandúm que firmaron Argentina e Irán con el objeto de facilitar la investigación del atentado de la AMIA, que sin embargo molestó a la colectividad judía que consideró inútil y ofensivo dicho acercamiento.

-¿Tiene alguna influencia el filosemitismo del Papa, su viaje a Israel en estos pasos de Cristina Kirchner?

-En lo más mínimo, son temas desvinculados. El gobierno argentino no es antisemita ni antiisraelí, es tercermundista y populista, bajo ese prisma deben ser evaluadas sus políticas.

-Pero el Papa es argentino, es el más popular de los papas y los papas son populares. Timerman manifestó en Israel el deseo de Cristina de viajar a Israel antes de que termine el mandato.

-Lo veo de otro modo. Como le dije, son temas desconectados.

-Timerman es de padre judío, ¿puede eso estar influyendo?

-Puede estar influyendo negativamente. El padre (reconocido periodista) parece haber educado al hijo en el mismo desprecio hacia Israel, un país que le salvó la vida después de que la junta militar lo persiguiera y torturara, y que sin embargo respondió hostigando a Israel cuando discrepó con sus políticas.
Luego el hijo orientó Argentina hacia Irán, el máximo enemigo mundial de Israel. Si la identidad judía del canciller argentino tiene algún papel aquí es pernicioso, al generar falsas culpas de doble lealtad que son canalizadas malamente.

-A los políticos judíos del tercer mundo les sucede mucho con la izquierda, se les acusa de trabajar para Israel. ¿No podría decirse que Timerman está teniendo suerte de que la coyuntura en Argentina esté tan abierta
a Israel? ¿o usted cree que Timerman está incómodo con su papel como restaurador de las relaciones entre Argentina e Israel, justo a él?


-Timerman es un funcionario obsecuente, él hará lo que la Jefa mande. No tiene una visión propia de las relaciones internacionales ni de donde Argentina debería estar ubicada en la constelación global.
Cristina Fernández, para bien o para mal, tiene ideología, el canciller meramente ejecuta órdenes. No tuvo pruritos en estrechar la mano de representantes de un régimen negador del Holocausto y patrocinador de terrorismo antiisraelí. No los tendrá tampoco si debe abrazar a un ministro israelí.

-Pero cuesta entender el cambio en 180 grados ¿Tendrá algo que ver el desbarajuste en Venezuela, el no querer estar con los perdedores? ¿O que en Argentina esté la segunda mayor colectividad judía del mundo y no pueda seguir pasándose por alto?

-Este gobierno pasa por alto a cualquier adversario, rara vez intenta componer, usualmente confronta sin medir demasiado el tamaño del contrincante: Estados Unidos, Uruguay, España, Gran Bretaña, etc. La comunidad judía local puede protestar, dialogar, pero no presionar al nivel de alterar política exterior.
La muerte de Chávez en Venezuela puede haber influido dado que él aparentemente fomentó el acercamiento
argentino-iraní.

-¿Será menos difícil hacer gestos a Israel ahora con la polarización de los palestinos al unirse con Hamas?

-No creo. La Casa Rosada y el Palacio San Martín actuales no hacen evaluaciones geopolíticas profundas o completas al definir sus políticas y además este desarrollo está desconectado del lazo Buenos Aires-Teherán.

-De hecho es algo burdo pasar de ser amigos de Irán a acercarse a Israel comprando aviones y pagando más caro que la propuesta de España meses antes ¿Qué buscan? ¿No estarán pagando un precio muy caro, en
todo sentido?


-A mi modo de ver, es una actitud semi-revanchista, como si Buenos Aires estuviera queriendo dar un mensaje excesivamente obvio a Teherán de que, si Irán se alejó, entonces la Argentina también lo hará. Ir a Israel entonces es el “castigo” máximo que el gobierno cree puede dar al régimen ayatollah por su desplante político. Puede también que haya alguna cosmovisión materialista, típicamente K, de querer “comprar” voluntades, y la adquisición de aviones encajaría con ello en esa lectura, más allá de la necesidad real en el plano militar.

-Además está la tensión con Inglaterra, se dice que estos aviones pueden intimidar a las embarcaciones petrolíferas de UK ¿puede ser esa la clave de esta movida?

-No creo que el gobierno argentino llegue tan lejos. El país ya ofendió militarmente a Londres en 1982 y le salió muy mal.

-En Chile solo somos 16 mil, nos ponemos felices cuando no condenan a Israel, cuando un diputado nos defiende si tomamos en cuenta que tenemos la colectividad palestina más grande fuera de Israel, ¿qué piden ustedes? El tema de la derogación del memorándum fue un triunfo.

-La DAIA y la AMIA han logrado que el memorándum sea declarado inconstitucional. Eso fue una ofensiva antigubernamental notable. Las dirigencias mantienen reuniones privadas y en público emiten comunicados.
Son las gestiones de una minoría en una gran república.

Clarín

Clarín

Por Julián Schvindlerman

  

¿Qué puede hacer un rezo en el conflicto Israelí-Palestino? – 10/06/14

Imprimir

Tribuna. El relieve espiritual del encuentro entre el papa Francisco y los líderes de Israel y Palestina está fuera de duda. Pero las discrepancias perduran.

El relieve espiritual y la dimensión simbólica del encuentro del Papa Francisco con los presidentes de Israel y la Autoridad Palestina para orar juntos por la paz son enormes y, en un sentido, se erige en réplica política del reciente abrazo interreligioso del líder de la Iglesia Católica con referentes del Islam y del Judaísmo frente al Muro de los Lamentos. Francisco debe ser saludado por tan noble iniciativa pero, como él mismo ha reconocido, el impacto diplomático de esta plegaria con seguridad será acotado.

La hazaña pontificia transita un canal espiritual un tanto alejado de las crudas realidades políticas terrenales. Las discrepancias históricas -estatus de Jerusalem, refugiados, fronteras finales, asentamientos- seguirán atormentando a los negociadores palestinos e israelíes y frustrando a los mediadores internacionales, en tanto que el reciente acuerdo de unión nacional entre Fatah y Hamas tiene el potencial de elevar el nivel de complejidad -e incluso, peligrosidad- de las cosas gravemente.

La rápida aceptación del nuevo gobierno palestino de transición por parte de las Naciones Unidas, la Unión Europea y los Estados Unidos ha generado un movimiento casi celebratorio del acuerdo palestino que desconoce las motivaciones y los objetivos de Hamas al acceder a la coexistencia política con su archirival Fatah. La reunión dominical en Roma contribuirá a reforzar la noción de buenaventura reinante en círculos diplomáticos internacionales en tanto Mahmoud Abbas asistió como presidente de una Autoridad Palestina asociada al Hamas. Israel puede verse así forzada por la opinión pública a lidiar con un gobierno que incluye un elemento dedicado a su aniquilación.

Muchos creen que por medio de este acuerdo la Autoridad Palestina estará incorporando Gaza a su jurisdicción, normalizando de este modo una situación de quiebre político y geográfico que apartó antaño a la franja del Margen Occidental y facilitando así el prospecto del diálogo. Puede que ello ocurra pro forma, pero en la práctica es probable que pase lo inverso y que sea el Hamas quien estará ganando terreno en Cisjordania a la larga, lo cual atentará contra la paz. Hamas mantendrá su infraestructura militar intacta -su poderoso arsenal y sus miles de combatientes- y buscará “libanonizar” Cisjordania. Es decir, emulará la política de Hezbolla en el Líbano, grupo terrorista armado hasta los dientes que cuenta con representación política en el gabinete libanés y controla la zona sur del país. No es causalidad que líderes de Hamas hayan tenido últimamente reuniones con oficiales de Hezbollah y funcionarios de Irán.

Naturalmente, Francisco es ajeno a estas complicaciones. Al Sumo Pontífice lo anima un sincero anhelo de paz y una vocación ecuménica por la conciliación. Su aporte fue positivo en el plano de la imagen y el simbolismo. No obstante -debemos admitir- la dinámica política palestino-israelí probablemente permanecerá impermeable a su gestión espiritual.

Escritor y analista político. Autor de Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío (Debate)

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

La salud en la ONU – 07/06/14

Imprimir

La Organización de las Naciones Unidas está enferma. Es inmuno-deficiente al virus de la perversión política, el chantaje moral y la hipocresía. Ni siquiera su órgano responsable de velar por la salud global ha escapado al contagio.

Entre el 19-24 de mayo pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró su 67 Asamblea Anual en Ginebra. El único país analizado -y condenado- sobre un total de 194 estados-miembro, fue Israel. Ni una sola resolución fue adoptada para criticar, cuestionar o señalar la situación de la salud en ningún otro país específico del orbe. La resolución fue patrocinada por países árabes: Egipto y Jordania (que tienen acuerdos de paz con Israel) más Marruecos, Kuwait, Libia, Omán, Argelia, Túnez, Yemen, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Ciento cinco naciones votaron a favor, entre ellas estados no exactamente modélicos por sus sistemas de salud como Botsuana, Mozambique, Irán, Pakistán y Uganda. Exceptuando a Colombia, que se abstuvo, y a varias naciones latinoamericanas y caribeñas que estuvieron ausentes, demasiadas dieron sus votos para castigar a Israel: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. Cuba fue electa para presidir la sesión. En su alegato, Siria acusó al estado judío de realizar “prácticas inhumanas” contra los pobladores de los Altos del Golán y aseguró que “las condiciones de salud de la población siria en el Golán ocupado continúan deteriorándose”.

Intuitivamente sabemos que algo no está bien aquí, pero es contrastando los hechos que podemos ver realmente la magnitud del doble estándar exhibido en la ONU. La ONG suiza United Nations Watch ha presentado una tabla comparativa en materia de salud entre Israel y los estados patrocinadores de la resolución que muestra inequívocamente la supremacía israelí en este campo. Por citar sólo el índice de mortandad materna del año pasado, en Israel fue de 0,4 mientras que el promedio de los once países árabes fue de 4,5 (once veces peor). En Cuba, la nación electa para presidir la Asamblea Anual de la OMS, el ciudadano medio debe rebuscárselas para conseguir aspirinas, muchos hospitales carecen de agua corriente, hay muertes por cólera y en el 2011 veintiséis pacientes de un manicomio murieron debido a las “condiciones deplorables” del lugar según informó la BBC. Y en Siria, que cuestionó a Israel en el recinto, ya hubo más de 150.000 muertos en una cruenta guerra fratricida (un tercio de ellos civiles), el régimen empleó armas químicas contra su propia población y aplicó políticas de hambruna deliberada para doblegar ciudades rebeldes.

Vale la pena detenerse por un instante en la cuestión siria puesto que en tanto el régimen Assad mata a los suyos, Israel hace esfuerzos por salvarlos. Dada la cantidad de hombres y mujeres sirios que, malheridos y desesperados, huyeron hacia Israel en busca de asistencia médica urgente, el ejército israelí abrió un hospital de campaña en la frontera con aquél país árabe para atenderlos. Desde el 2013, cuando los primeros siete heridos se arrimaron a la frontera con Israel solicitando ayuda, sus médicos comenzaron a asistirlos, inaugurando así una misión humanitaria riesgosa y sin precedentes. Como la cantidad y frecuencia de los heridos sirios que pedían ayuda fue creciendo, el gobierno dio la orden de construir un hospital que cubriese los casos de urgencia y evitase que ciudadanos de un país enemigo quedasen desamparados.

Al no haber acuerdos de cooperación médica entre Siria e Israel, los profesionales israelíes tienen desafíos importantes en conocer la historia clínica de los pacientes. Algunos doctores sirios envían a los heridos al país vecino con algunas indicaciones escritas en árabe o en inglés para facilitar las tareas de los médicos israelíes. Estos debieron ganarse la confianza de árabes atemorizados, demasiado habituados a la vil propaganda antiisraelí de Damasco. Una vez curados deben regresar a Siria, y al hacerlo deben ocultar que sus vidas fueron salvadas por los “sionistas”.

Nadie podrá saber nada de esto al leer el texto de la última resolución antiisraelí de la OMS, la que se suma a las toneladas de papel que acumulan las injustas resoluciones contra Israel en la ONU. Nada nuevo bajo el sol. El castigo colectivo contra Jerusalem ha sido el sello distintivo de este desacreditado foro por largo tiempo.

Newsweek

Newsweek

Por Julián Schvindlerman

  

El error de los Wagnerianos – 06/14

Imprimir

Edición Impresa pp. 22-23

A inicios de la década de 1870, la mayoría de los socios del Club Wagner en Berlín eran judíos. El diario Bayreuther Blätter, fundando por Wagner en 1878, listaba contribuyentes a su obra entre los que sobresalían los apellidos judíos. En la siguiente década, su segunda esposa, Cósima, se mostró sorprendida por “el apego curioso que individuos judíos tienen con él”. Varios talentosos músicos hebreos cooperaron con Wagner: Joseph Rubinstein, Heinrich Porges, Angelo Neumann, Karl Tausig y Hermann Levi, entre otros. Algunos eran invitados frecuentes a sus aposentos. Al día de su defunción, cuatro de sus mejores amigos eran judíos y dos de ellos, junto con otros diez gentiles, cargaron su féretro.

El mejor director de Wagner en Alemania en su tiempo fue el judío Gustav Mahler. De los más destacados conductores que han dirigido a Wagner en el siglo XX, muchos de ellos fueron judíos: Otto Klemperer, Bruno Walter, Fritz Reiner, Erich Leinsdorf, Georg Solti, James Levine y Daniel Barenboim. En Bayreuth, una apreciable cantidad de los directores del festival de fines del siglo último también fueron judíos. Esta fascinación wagneriana se esparció a su vez entre las élites musicales del Estado judío, con la orquesta filarmónica del país liderando en esta área. Desde su fundación –en 1936 como la Orquesta Sinfónica de Palestina y con Arturo Toscanini en la dirección del concierto inaugural en Tel Aviv– mostró un claro interés en tocar obras de Richard Wagner. Esta afinidad cruzó 1948, año del establecimiento del Estado de Israel, cuando fue rebautizada como la Orquesta Filarmónica de Israel (OFI), y sus sucesivos directores continuaron pujando por tocar obras del destacado compositor alemán.

Durante el último cuarto de siglo, la cruzada a favor de Wagner en Israel ha sido liderada por Daniel Barenboim, quien ve la prohibición de facto, aunque no por ley, de que orquestas estatales interpreten obras de Wagner como un asunto de identidad nacional y supervivencia democrática. “No tengo intención de combatir como un misionero a favor de Wagner en Israel”, escribió el conductor argentino-israelí en sus memorias, “no obstante, opino que, en ese caso, Israel puede y debería definirse como una democracia”. Ciertamente la supresión de toda la obra de un eximio compositor clásico no es un tema menor y requiere cuidadosa ponderación. Sin embargo, democracia no significa anarquía, y la vida democrática es una gama de libertades y derechos que conviven con otra gama de restricciones y obligaciones. Asimismo, no debemos olvidar que el derecho al goce artístico es en última instancia el derecho sobre un placer, y como tal puede ser postergado ante consideraciones más esenciales que hacen al bien común. No dar lugar en el espacio público israelí al compositor favorito de Hitler no es un acto antidemocrático, es apenas un acto digno.

Los wagnerianos alegan que el hombre debe ser separado de su arte, sostienen que la música es neutral y que etiquetar a una obra de arte como moralmente buena o mala es imposible. “En tanto la obra en sí misma no sea algo que promueva odio (como puede ser dicho de un obra como El mercader de Venecia, aunque no prohibimos a Shakespeare), aquellos que aman la música deben separar al hombre de su arte”, argumentó por caso Jonathan Tobin en la revista neoyorquina Commentary. No obstante, muchas de las composiciones de Wagner trascendieron precisamente por su contenido ideológico, y los nazis lo hicieron su ícono cultural supremo al apreciar los trazos nacionalistas y racistas en su vida y su obra. “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el Nacional-Socialismo aspira”, afirmó Adolf Hitler. Gottfried Wagner, bisnieto del compositor, dijo que no se puede apartar las óperas wagnerianas de su obra teórica: “Yo no puedo sentarme a disfrutar su música. Nunca pongo la música de Wagner en mi casa… Sus escritos y su música forman un todo unificado”.

En todo caso, ¿es verdaderamente posible separar al hombre de su creación en general? Supongamos, en un titánico esfuerzo de imaginación, que el ex presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad fuese un notable pintor, mundialmente admirado por ello. ¿Sería correcto que los frescos de un hombre que clamó por la aniquilación de Israel se exhibieran en los museos del país? Si el gran inquisidor Tomás de Torquemada, cuando no estuviere quemando a judíos, hubiese escrito novelas sublimes de la talla de un Miguel de Cervantes, ¿deberían ellas ser divulgadas en las librerías del Estado judío?

Los defensores de la obra wagneriana en Israel presentan el argumento de que si el antisemitismo fuese el parámetro para determinar quién pudiese o no ser representado en el Estado judío, entonces Tchaikovsky, Chopin y otros famosos compositores que albergaron sentimientos antijudíos deberían ser igualmente prohibidos. Es un punto válido, pero debe notarse que Wagner no fue meramente un consumidor más de antisemitismo, sino un creador y propagador furibundo de antisemitismo. En su ensayo El judaísmo en la música pidió por la eliminación total de los judíos. Eso lo ubica en una categoría aparte en el infame panteón de los antisemitas. Como admitió el director musical de la OFI, Zubin Mehta, “Wagner fue ciento diez por ciento antisemita”.

La pérdida que sufren los músicos israelíes al quedar privados de estudiar a Wagner, un compositor crucial en la música clásica, es real. Pero conforme ha escrito en la revista Tablet David Goldman: “El arte, sin embargo, no reside en las nubes del monte Parnaso. Tiene consecuencias en el mundo real, en el cual humanos ordinarios viven y sufren, y la sociedad en casos extremos debe marcar una línea… En un Estado judío, el público tiene derecho a pedir a los músicos judíos que sean judíos primero y músicos en segundo lugar”.

En su raíz, el debate sobre Wagner en Israel contrapone dos símbolos poderosos. Por un lado, el compositor alemán fue un símbolo cultural del nazismo. Aun cuando él falleció antes del advenimiento del Nacional-Socialismo, su influencia sobre este movimiento fue enorme. La OFI es un símbolo cultural del Estado judío y es de esperar que su comportamiento sintonice con su significación simbólica. En este plano, el crítico Alex Ross ha hecho un aporte notable en The New Yorker al observar: “Si hay un lugar donde solamente se permite a Wagner ser escuchado”, escribió en relación a Bayreuth, “debiera también haber un lugar donde se le pide a Wagner permanecer en silencio”. No hay lugar más adecuado para ello que el Estado de Israel.

Schvindlerman es un escritor argentino. Su más reciente libro es “Triángulo de infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel” (Mussicatt).

Triángulo De Infamia - Reseñas

Revista Teatro Colón

Imprimir

El valor del silencio
Por Julián Schvindlerman

Los defensores de la obra wagneriana en Israel presentan el argumento de que si el antisemitismo fuese el parámetro para determinar quién puede o no ser presentado en el estado judío, entonces Tchaikovsky, Chopin y otros famosos compositores judeófobos deberían ser igualmente prohibidos. Es un punto válido, pero debe notarse que Wagner no fue meramente un consumidor más de antisemitismo, sino un creador y propagador furibundo de antisemitismo. […] Él forjó la judeofobia genocida alemana. Recordemos que en su ensayo El judaísmo en la música pidió por la eliminación total de los judíos. Eso lo ubica en una categoría aparte en el infame panteón de los antisemitas. Como dijo Zubin Mehta: “Wagner fue ciento diez por ciento antisemita”.


En su raíz, el debate sobre Wagner contrapone dos símbolos poderosos. Por un lado, el compositor alemán fue un símbolo cultural del nazismo. Aun cuando él falleció antes del advenimiento del nacionalsocialismo, es innegable que su influencia ideológica y cultural sobre este movimiento fue enorme. La Orquesta Filarmónica de Israel es un símbolo cultural del estado judío, en gran parte un país-refugio del antisemitismo, y es de esperar que su comportamiento sintonice con su significación simbólica. La unión de ambos símbolos luce inapropiada. El violinista Avraham Melamed señaló, en cierto momento de la polémica, que si pintara una esvástica en la vía pública, él sería arrestado, aun cuando la esvástica originalmente era un símbolo indio inofensivo. Pues desde el momento en que los nazis la tomaron para sí, quedó asociada a la maldad y ya no a la cultura oriental antigua. De modo similar, la apropiación hitleriana de la música wagneriana es algo de lo que el propio Wagner no es responsable, pero desde el momento en que su obra pasó a ser modélica de la expresión cultural nazi, perdió la neutralidad que pudiera (o no) haber tenido para quedar irremediablemente asociada al nazismo.


Los profesores Yirmiyahu Yovel y Hans Jonan han agregado el papel de Bayreuth a este cuadro. La colina se erigió en un santuario político-musical que culminó con la unión no sólo del arte y la política nacionalista, sino con la de Wagner con Hitler. Bayreuth nunca fue una sala de conciertos normal; muchos wagnerianos la han visto –y aún hoy muchos la ven– como centro de culto y peregrinación a Wagner. Esa sacralización ha unido la interpretación con el homenaje al compositor. Como estos académicos han observado, Beethoven y Mozart no poseen más santuario que el de sus partituras, y nadie, cuando los interpreta, les rinde culto. En cambio, con Wagner hay un aura de sacralización a su persona y su obra. Los músicos israelíes pueden querer interpretarlo, pero la sociedad tiene derecho a no desear homenajearlo.


Aun con las contradicciones del caso –y las hay–, los sobrevivientes del Holocausto en Israel deben tener la última palabra en este espinoso tema. Es razonable que aquellos que padecieron las consecuencias llevadas al extremo del wagnerismo sean los jueces últimos en esta cuestión. “¿Debemos esperar hasta que recibamos un certificado de alguien que dice que el último sobreviviente ha fallecido?”, pregunta exasperado Yonatan Livne, fundador de la Sociedad Wagner en Israel. Pues sí, señor Livne, sí. Y si los wagnerianos aún no pueden ser persuadidos, finalmente se puede apelar a la justicia cósmica. “Si hay un lugar donde solamente se permite a Wagner ser escuchado –comentó sobre Bayreuth Alex Ross en The New Yorker–, debería también haber un lugar donde se le pide a Wagner permanecer en silencio.” No hay lugar más adecuado para ello que el estado de Israel.

Texto tomado del epílogo de Triángulo de infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel. Buenos Aires. Mussicatt, 2014

Triángulo De Infamia - Reseñas

Newsweek Argentina – 06/2014

Imprimir

El error de los Wagnerianos – Edición Impresa pp. 22-23

A inicios de la década de 1870, la mayoría de los socios del Club Wagner en Berlín eran judíos. El diario Bayreuther Blätter, fundando por Wagner en 1878, listaba contribuyentes a su obra entre los que sobresalían los apellidos judíos. En la siguiente década, su segunda esposa, Cósima, se mostró sorprendida por “el apego curioso que individuos judíos tienen con él”. Varios talentosos músicos hebreos cooperaron con Wagner: Joseph Rubinstein, Heinrich Porges, Angelo Neumann, Karl Tausig y Hermann Levi, entre otros. Algunos eran invitados frecuentes a sus aposentos. Al día de su defunción, cuatro de sus mejores amigos eran judíos y dos de ellos, junto con otros diez gentiles, cargaron su féretro.

El mejor director de Wagner en Alemania en su tiempo fue el judío Gustav Mahler. De los más destacados conductores que han dirigido a Wagner en el siglo XX, muchos de ellos fueron judíos: Otto Klemperer, Bruno Walter, Fritz Reiner, Erich Leinsdorf, Georg Solti, James Levine y Daniel Barenboim. En Bayreuth, una apreciable cantidad de los directores del festival de fines del siglo último también fueron judíos. Esta fascinación wagneriana se esparció a su vez entre las élites musicales del Estado judío, con la orquesta filarmónica del país liderando en esta área. Desde su fundación –en 1936 como la Orquesta Sinfónica de Palestina y con Arturo Toscanini en la dirección del concierto inaugural en Tel Aviv– mostró un claro interés en tocar obras de Richard Wagner. Esta afinidad cruzó 1948, año del establecimiento del Estado de Israel, cuando fue rebautizada como la Orquesta Filarmónica de Israel (OFI), y sus sucesivos directores continuaron pujando por tocar obras del destacado compositor alemán.

Durante el último cuarto de siglo, la cruzada a favor de Wagner en Israel ha sido liderada por Daniel Barenboim, quien ve la prohibición de facto, aunque no por ley, de que orquestas estatales interpreten obras de Wagner como un asunto de identidad nacional y supervivencia democrática. “No tengo intención de combatir como un misionero a favor de Wagner en Israel”, escribió el conductor argentino-israelí en sus memorias, “no obstante, opino que, en ese caso, Israel puede y debería definirse como una democracia”. Ciertamente la supresión de toda la obra de un eximio compositor clásico no es un tema menor y requiere cuidadosa ponderación. Sin embargo, democracia no significa anarquía, y la vida democrática es una gama de libertades y derechos que conviven con otra gama de restricciones y obligaciones. Asimismo, no debemos olvidar que el derecho al goce artístico es en última instancia el derecho sobre un placer, y como tal puede ser postergado ante consideraciones más esenciales que hacen al bien común. No dar lugar en el espacio público israelí al compositor favorito de Hitler no es un acto antidemocrático, es apenas un acto digno.

Los wagnerianos alegan que el hombre debe ser separado de su arte, sostienen que la música es neutral y que etiquetar a una obra de arte como moralmente buena o mala es imposible. “En tanto la obra en sí misma no sea algo que promueva odio (como puede ser dicho de un obra como El mercader de Venecia, aunque no prohibimos a Shakespeare), aquellos que aman la música deben separar al hombre de su arte”, argumentó por caso Jonathan Tobin en la revista neoyorquina Commentary. No obstante, muchas de las composiciones de Wagner trascendieron precisamente por su contenido ideológico, y los nazis lo hicieron su ícono cultural supremo al apreciar los trazos nacionalistas y racistas en su vida y su obra. “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el Nacional-Socialismo aspira”, afirmó Adolf Hitler. Gottfried Wagner, bisnieto del compositor, dijo que no se puede apartar las óperas wagnerianas de su obra teórica: “Yo no puedo sentarme a disfrutar su música. Nunca pongo la música de Wagner en mi casa… Sus escritos y su música forman un todo unificado”.

En todo caso, ¿es verdaderamente posible separar al hombre de su creación en general? Supongamos, en un titánico esfuerzo de imaginación, que el ex presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad fuese un notable pintor, mundialmente admirado por ello. ¿Sería correcto que los frescos de un hombre que clamó por la aniquilación de Israel se exhibieran en los museos del país? Si el gran inquisidor Tomás de Torquemada, cuando no estuviere quemando a judíos, hubiese escrito novelas sublimes de la talla de un Miguel de Cervantes, ¿deberían ellas ser divulgadas en las librerías del Estado judío?

Los defensores de la obra wagneriana en Israel presentan el argumento de que si el antisemitismo fuese el parámetro para determinar quién pudiese o no ser representado en el Estado judío, entonces Tchaikovsky, Chopin y otros famosos compositores que albergaron sentimientos antijudíos deberían ser igualmente prohibidos. Es un punto válido, pero debe notarse que Wagner no fue meramente un consumidor más de antisemitismo, sino un creador y propagador furibundo de antisemitismo. En su ensayo El judaísmo en la música pidió por la eliminación total de los judíos. Eso lo ubica en una categoría aparte en el infame panteón de los antisemitas. Como admitió el director musical de la OFI, Zubin Mehta, “Wagner fue ciento diez por ciento antisemita”.

La pérdida que sufren los músicos israelíes al quedar privados de estudiar a Wagner, un compositor crucial en la música clásica, es real. Pero conforme ha escrito en la revista Tablet David Goldman: “El arte, sin embargo, no reside en las nubes del monte Parnaso. Tiene consecuencias en el mundo real, en el cual humanos ordinarios viven y sufren, y la sociedad en casos extremos debe marcar una línea… En un Estado judío, el público tiene derecho a pedir a los músicos judíos que sean judíos primero y músicos en segundo lugar”.

En su raíz, el debate sobre Wagner en Israel contrapone dos símbolos poderosos. Por un lado, el compositor alemán fue un símbolo cultural del nazismo. Aun cuando él falleció antes del advenimiento del Nacional-Socialismo, su influencia sobre este movimiento fue enorme. La OFI es un símbolo cultural del Estado judío y es de esperar que su comportamiento sintonice con su significación simbólica. En este plano, el crítico Alex Ross ha hecho un aporte notable en The New Yorker al observar: “Si hay un lugar donde solamente se permite a Wagner ser escuchado”, escribió en relación a Bayreuth, “debiera también haber un lugar donde se le pide a Wagner permanecer en silencio”. No hay lugar más adecuado para ello que el Estado de Israel.

Schvindlerman es un escritor argentino. Su más reciente libro es “Triángulo de infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel” (Mussicatt).

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Acrobacia papal en Tierra Santa – 29/05/14

Imprimir

No hay modo de que un Papa -cualquier Papa, incluso Francisco- satisfaga a todas las partes en una peregrinación pontificia a la convulsionada Tierra Santa. Es inevitable que sus gestos hacia unos ofendan a otros, y viceversa. Es, además, de esperar que cada actor procure sacar el máximo rédito político a la presencia del Papa en su tierra, lo que usualmente pone al Sumo Pontífice en aprietos diplomáticos. El viaje pontificio puede evaluarse en su integralidad y en la evaluación general la gira ha sido exitosa. Si deseamos ponernos más específicos, sin embargo, debemos prestar atención a los detalles, pues son ellos los que -con mayor o menos sutileza o con diversos grados de simbolismo- expresan con elocuencia las posturas vaticanas.

¿Que nos dicen, entonces, los detalles del viaje de Francisco a la zona?

Desde Jordania, nación atestada de refugiados sirios, pidió por la paz en Siria. El Papa no tiene tanques y aviones a su disposición y es predecible que apele a un sermón moral para agitar conciencias. No obstante, él puede respaldar acciones de terceros que sí tienen el poderío político y militar para actuar. La Nación informó que en esa terrible guerra civil la comunidad cristiana ha padecido “degüellos, asesinatos de ancianos, niños y mujeres embarazadas, y hasta crucifixiones por negarse a abjurar de su fe y no renunciar a sus creencias y aceptar su conversión al Islam”. Y aun así, el año pasado, cuando Estados Unidos y Francia estaban montando el caso a favor de la intervención en aquel país árabe para detener las matanzas, Francisco se opuso a toda acción militar y convocó a una jornada mundial de ayuno y plegaria por la paz. El gesto fue caritativo y estuvo en sintonía con la prédica pacifista de la Iglesia, pero a la vez fue geopolíticamente vacuo ya que no tuvo impacto real en el régimen Assad ni en los rebeldes jihadistas. Los cristianos, junto con otros, seguirán sufriendo en Siria.

De allí viajó directamente a Belén donde fue recibido con afiches que mostraban al presidente palestino Mahmoud Abbas flanqueado por Francisco y el patriarca griego de Jerusalem con el lema “Estado de Palestina, mayo 2014”. De este modo la Autoridad Palestina buscaba capitalizar la presencia pontificia como una expresión favorable hacia la soberanía de su inexistente estado. Al no objetar eso, la diplomacia vaticana implícitamente lo validó y el propio Francisco habló allí del “Estado de Palestina” y se manifestó por “un reconocimiento al derecho del pueblo palestino a una patria soberana”. Ya antaño la Santa Sede había dado su apoyo a la movida unilateral del gobierno palestino de postular a “Palestina” al sistema de las Naciones Unidas. El incidente más comentado lo tuvo como protagonista frente a lo que podemos a estas alturas llamar el “Muro de los Lamentos” palestino, es decir, la valla de seguridad erigida por Israel para contener ataques terroristas. Ante un sector con la leyenda “Papa, necesitamos que alguien hable de justicia. Belén luce como el gueto de Varsovia. Liberen a Palestina”, Francisco rezó brevemente en silencio. La equiparación con la ocupación nazi en Polonia pasó inadvertida. Empero, Francisco tuvo un mensaje claro ante un grupo de niños de un campo de refugiados de Belén, a quienes les dijo que “la violencia no se vence con la violencia”, un llamado tan necesario como importante para una joven generación demasiado educada en la jihad y la guerra de liberación. En un gesto paralelo, al visitar la Mezquita Al-Aqsa un día después, exclamaría “¡Que nadie use el nombre de Dios para la violencia!”, unas palabras que, en el contexto del abuso teológico por parte de grupos fundamentalistas, fueron contundentes y oportunas.

El siguiente tramo de la gira lo llevó a Israel, país al que decidió entrar por Tel-Aviv. Belén está a pocos minutos en auto de Jerusalem, pero en un gesto diseñado para subrayar el no-reconocimiento vaticano a la capital designada por Israel, el Papa se desplazó hasta el aeropuerto internacional Ben-Gurión para, una vez allí, emprender el rumbo de regreso hacia Jerusalem. Eso no tuvo el menor sentido geográfico, pero políticamente fue rotundo. Una vez allí, Francisco se expresó por “el derecho del Estado de Israel a existir y a florecer en paz y seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas” e invitó a los presidentes palestino e israelí a orar juntos en el Vaticano próximamente. La iniciativa es noble pero admite más de una lectura a la luz de que la reciente ruptura del diálogo entre Israel y Ramallah surgió como consecuencia de la alianza de la AP con Hamas (movimiento fundamentalista islámico-palestino que repudia la existencia de Israel). ¿Estaba el Papa indirectamente consintiendo esa unión? Posiblemente no. Con seguridad el acto se inscribe en sus honestos esfuerzos a favor de la paz, es sólo que acarrea el riesgo de poner al gobierno de Israel en una postura difícil: la de aceptar negociar con Abbas mientras éste forma gobierno con Hamas.

En Israel Francisco tuvo una serie de gestos notables. Al visitar la tumba de Theodor Herzl, el fundador del sionismo político, sentó precedente y se diferenció de los previos pontífices que visitaron el país, lo que toma gran relieve además en el contraste con el hecho de que no fue a la tumba de Yasser Arafat en Ramallah. Asimismo, Francisco rindió tributo a las víctimas israelíes del terrorismo árabe y palestino, a lo que accedió a pedido del primer ministro Benjamín Netanyahu que estaba molesto con la decisión papal de orar frente a la valla de seguridad. En Yad Vashem, el Museo del Holocausto, besó las manos de los sobrevivientes que lo recibieron, un gesto de una humildad y calidez excepcionales. Ante el Muro de los Lamentos rezó y se abrazó con sus dos acompañantes argentinos, uno musulmán y el otro judío, logrando una emblemática iconografía de la coexistencia y del diálogo. A la vez, al destacar de manera tan extraordinaria la presencia simbólica de las tres religiones monoteístas frente al Muro de los Lamentos, el Papa podía estar sutilmente afirmando la universalidad del carácter de la ciudad santa; una postura tradicional de la Santa Sede que históricamente bregó por la internacionalización de Jerusalem.

Jorge Bergoglio tenía un amplio entrenamiento como líder religioso, pero no como diplomático. Aun así, Francisco ha sorteado exitosamente los desafíos de una visita delicada, ha hecho aportes positivos a la dinámica de la zona, ha sembrado optimismo y ha partido de regreso a Roma con un logro apreciable: dejar mayormente complacidas a todas las partes involucradas.