Todas las entradas de: adminJS2021

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

El dislate en la ONU – 26/07/14

Imprimir

En una votación de 29 países a favor, 1 en contra y 17 abstenciones, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas acaba de adoptar una resolución condenatoria de Israel y crear una comisión de investigación acerca de las “groseras violaciones a los derechos humanos internacionales”. El desarrollo traslada la impresión de que el máximo foro del sistema internacional humanitario objeta la conducta incivilizada de una nación en guerra, lo cual tacha la imagen mundial de ésta. No obstante, al mirar los hechos con mayor atención advertimos que una aberración diplomática y un dislate moral han ocurrido.

La guerra en curso en Israel y en Gaza es cristalina en los hechos, tanto los relativos a su génesis como a su desarrollo. Un movimiento terrorista y fundamentalista comprometido con la destrucción una democracia vecina atacó a ésta con total alevosía, exhibiendo nula misericordia hacia su población civil. Lanzó alrededor de dos mil misiles contra ciudades israelíes en un período de tres semanas, expuso al 75% de su población al fuego inesperado -en escuelas, sinagogas, casas, calles- e infiltró terroristas con el objetivo de aumentar las fatalidades. Hamas disparó misiles desde mezquitas y hospitales y empleó a su propia población civil como escudo humano contra los bombardeos en represalia de la Fuerza Aérea de Israel. El estado judío no tuvo más remedio que responder a una agresión descarnada y lo hizo procurando proteger a la población civil palestina, sin lograrlo en muchos casos.

En su resolución tendenciosa, el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU ignora los ataques de Hamas y sólo se concierne por la respuesta militar de Israel. Su carácter surrealista queda en evidencia al notar que entre quienes acusaron a esta pequeña nación asediada está Siria, en cuya tierra al menos 1.800 palestinos fueron intencionalmente asesinados por el gobierno poco tiempo atrás.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Un cese al fuego no es el fin del conflicto – 24/07/14

Imprimir

Cruzado ya el umbral de los primeros siete días de guerra entre el Movimiento de Resistencia Islámico -tal su nombre- Hamas y el Estado de Israel, con más de mil cohetes lanzados contra la nación hebrea y cantidades de ataques aéreos sobre Gaza, Egipto elevó una propuesta de cese el fuego que buscaba calmar la tormenta. Israel la aceptó a pesar de tener reparos; Hamas la rechazó de cuajo. Vuelta a foja cero.
Es dable, sin embargo, analizar las raíces de la hesitación israelí. Desde la perspectiva humanitaria es bienvenida la tregua en las contiendas, pero estratégicamente, éste no siempre es el caso. Aun cuando esta postulación desafíe nuestro humanismo, es menester profundizar en ella si aspiramos a un cabal entendimiento de lo que allí está en juego.
En el año 2005, el ejército israelí abandonó la Franja de Gaza por completo. Ni un solo soldado, ni un solo colono, permanecieron allí. La ocupación terminó. Los israelíes creyeron que por fin gozarían de cierta seguridad en esa frontera caliente. Se equivocaron. Desde entonces, en tres oportunidades, Hamas inició ataques con cohetes contra Israel, forzando una respuesta militar, que rápidamente derivó en una contienda abierta.
En 2008, 2012 y 2014, los israelíes debieron correr a sus refugios antiaéreos cada vez que Hamas lanzó misiles inesperadamente. Militarmente, Israel es mucho más poderoso que Hamas, pero políticamente este grupo terrorista se anota puntos en la corte de la opinión pública mundial con cada muerte palestina.
Cuando la confrontación alcanza niveles intolerables para la sensibilidad internacional, la comunidad diplomática impone un cese el fuego. Forzados a interrumpir su campaña militar, sin haber alcanzado los objetivos, los israelíes se repliegan, resignados, a sabiendas de que ésa no será la última pelea.
Éste es un ciclo perverso que el Gobierno de Israel anhela detener. Hamas utiliza tales treguas para recomponerse, rearmarse y planificar el próximo ataque sorpresa.
Hasta tal punto esto es así que incluso los propios israelíes se mostraron alarmados por el nuevo arsenal de su enemigo, de fabricación siria e iraní. Los cohetes que Hamas lanzó antaño, llegaron al sur de Israel primero, luego al centro, y en esta contienda, misiles cayeron en el norte del país. Es por ello que un cese al fuego que no contemple el desarme total de Hamas y un bloqueo al contrabando de armamento estará destinado al fracaso a la larga.
Al calibrar su represalia, Israel debe haber contemplado tres opciones. Una consistiría en asestar un golpe mortal al enemigo. El riesgo de este camino es que al remover a este grupo extremista del poder bien podría darse el caso que agrupaciones más radicales todavía pujasen por ganar espacio en la Franja, tales como ISIS y Al-Qaeda, que ya están desafiando seriamente al poder central en Siria y en Irak, y generando un creciente riesgo para Jordania y Egipto.
Otra opción puede haber sido neutralizar a Hamas y reemplazarlo por un gobierno más moderado de la Autoridad Palestina, que perdió la Franja en el 2007 en una cruenta lucha fratricida con Hamas y busca recuperarla, pero Mahmoud Abbas no puede ser visto popularmente como un títere sionista, de modo que la opción no parece viable.
Lo cual, posiblemente, ha dejado a Israel ante la alternativa final de preservar políticamente a su enemigo gazatí, pero anular su capacidad ofensiva futura. Esta es la campaña que sería interrumpida si la propuesta egipcia prosperase.
Bienvenida una tregua. Pero si la familia de las naciones desea evitar una nueva -¡y cuarta!- contienda entre las partes de aquí a futuro, es crucial que el cese el fuego contemple el desarme de Hamas y prevenga su rearme. Una tregua inmediata e imperfecta calmará nuestras ansiedades pacifistas…, pero sólo momentáneamente, hasta el próximo e inevitable round.

Esta nota fue originalmente publicada en El Cornista.

La Prensa (Nicaragua)

La Prensa (Nicaragua)

Por Julián Schvindlerman

  

Un cese del fuego no es el fin del conflicto – 18/07/14

Imprimir

Cruzado ya el umbral de los primeros siete días de guerra entre el Movimiento de Resistencia Islámico —tal su nombre— Hamás y el Estado de Israel, con más de mil cohetes lanzados contra la nación hebrea y cantidades de ataques aéreos sobre Gaza, Egipto elevó una propuesta de cese de fuego que buscaba calmar la tormenta. Israel la aceptó a pesar de tener reparos; Hamás la rechazó de cuajo. Vuelta a foja cero. Es dable, sin embargo, analizar las raíces de la hesitación israelí. Desde la perspectiva humanitaria son bienvenidas las treguas en las contiendas, pero estratégicamente este no siempre es el caso. Aún cuando esta postulación desafíe nuestro humanismo, es menester profundizar en ella si aspiramos a un cabal entendimiento de lo que allí está en juego.

En el año 2005 el ejército israelí abandonó la Franja de Gaza por completo. Ni un solo soldado, ni un solo colono, permanecieron allí. La ocupación terminó. Los israelíes creyeron que por fin gozarían de cierta seguridad en esa frontera caliente. Se equivocaron. Desde entonces, en tres oportunidades Hamás inició ataques con cohetes contra Israel, forzando una respuesta militar que rápidamente derivó en una contienda abierta. En 2008, 2012 y 2014 los israelíes debieron correr a sus refugios antiaéreos cada vez que Hamás lanzó misiles inesperadamente. Militarmente, Israel es mucho más poderoso que Hamás. Pero políticamente, este grupo terrorista se anota puntos en la corte de la opinión pública mundial con cada muerte palestina. Cuando la confrontación alcanza niveles intolerables para la sensibilidad internacional, la comunidad diplomática impone un cese de fuego. Forzados a interrumpir su campaña militar sin haber alcanzado los objetivos, los israelíes se repliegan, resignados, a sabiendas de que esa no será la última pelea.

Este es un ciclo perverso que el gobierno de Israel anhela detener. Hamás utiliza tales treguas para recomponerse, rearmarse y planificar el próximo ataque sorpresa. Hasta tal punto esto es así que incluso los propios israelíes se mostraron alarmados por el nuevo arsenal de su enemigo, de fabricación siria e iraní. Los cohetes que Hamás lanzó antaño llegaron al sur de Israel primero, luego al centro y en esta contienda misiles cayeron en el norte del país. Es por ello que un cese de fuego que no contemple el desarme total de Hamás y un bloqueo al contrabando de armamentos estará destinado al fracaso a la larga.

Al calibrar su represalia, Israel debe haber contemplado tres opciones. Una consistiría en asestar un golpe mortal al enemigo. El riesgo de este camino es que al remover a este grupo extremista del poder bien podría darse el caso que agrupaciones más radicales todavía pujasen por ganar espacio en la franja, tales como ISIS y Al-Qaeda, que ya están desafiando seriamente al poder central en Siria y en Irak y entablando un creciente riesgo para Jordania y Egipto. Otra opción puede haber sido neutralizar a Hamás y reemplazarlo por el gobierno más moderado de la autoridad Palestina, que perdió la franja en el 2007 en una cruenta lucha fratricida con Hamás y busca recuperarla. Pero Mahmoud Abbas no puede ser visto popularmente como un títere sionista, de modo que la opción no parece viable. Lo cual posiblemente ha dejado a Israel ante la alternativa final de preservar políticamente a su enemigo gazatí pero anular su capacidad ofensiva futura. Esta es la campaña que sería interrumpida si la propuesta egipcia prosperase.

Bienvenida una tregua. Pero si la familia de las naciones desea evitar una nueva —¡y cuarta!— contienda entre las partes de aquí a futuro, es crucial que el cese de fuego contemple el desarme de Hamás y prevenga su rearme. Una tregua inmediata e imperfecta calmará nuestras ansiedades pacifistas? pero sólo momentáneamente, hasta el próximo e inevitable round. ©FIRMAS PRESS

El autor es escritor y analista político internacional. Magíster en Ciencias Sociales por la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Artículo publicado originalmente en Libertad Digital

Libertad Digital, Libertad Digital - 2014

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Un cese del fuego no es un fin del conflicto – 17/07/14

Imprimir

Cruzado ya el umbral de los primeros siete días de guerra entre el Movimiento de Resistencia Islámico -tal su nombre- Hamas y el Estado de Israel, con más de mil cohetes lanzados contra la nación hebrea y cantidades de ataques aéreos sobre Gaza, Egipto elevó una propuesta de cese de fuego que buscaba calmar la tormenta. Israel la aceptó a pesar de tener reparos; Hamas la rechazó de cuajo. Vuelta a foja cero. Es dable, sin embargo, analizar las raíces de la hesitación israelí. Desde la perspectiva humanitaria son bienvenidas las treguas en las contiendas, pero estratégicamente este no siempre es el caso. Aun cuando esta postulación desafíe nuestro humanismo, es menester profundizar en ella si aspiramos a un cabal entendimiento de lo que allí está en juego.

En el año 2005 el ejército israelí abandonó la Franja de Gaza por completo. Ni un solo soldado, ni un solo colono, permanecieron allí. La ocupación terminó. Los israelíes creyeron que por fin gozarían de cierta seguridad en esa frontera caliente. Se equivocaron. Desde entonces, en tres oportunidades Hamas inició ataques con cohetes contra Israel, forzando una respuesta militar que rápidamente derivó en una contienda abierta. En 2008, 2012 y 2014 los israelíes debieron correr a sus refugios antiaéreos cada vez que Hamas lanzó misiles inesperadamente. Militarmente, Israel es mucho más poderoso que Hamas. Pero políticamente, este grupo terrorista se anota puntos en la corte de la opinión pública mundial con cada muerte palestina. Cuando la confrontación alcanza niveles intolerables para la sensibilidad internacional, la comunidad diplomática impone un cese de fuego. Forzados a interrumpir su campaña militar sin haber alcanzado los objetivos, los israelíes se repliegan, resignados, a sabiendas de que ésa no será la última pelea.

Este es un ciclo perverso que el gobierno de Israel anhela detener. Hamas utiliza tales treguas para recomponerse, rearmarse y planificar el próximo ataque sorpresa. Hasta tal punto esto es así que incluso los propios israelíes se mostraron alarmados por el nuevo arsenal de su enemigo, de fabricación siria e iraní. Los cohetes que Hamas lanzó antaño llegaron al sur de Israel primero, luego al centro y en esta contienda misiles cayeron en el norte del país. Es por ello que un cese de fuego que no contemple el desarme total de Hamas y un bloqueo al contrabando de armamentos estará destinado al fracaso a la larga.

Al calibrar su represalia, Israel debe haber contemplado tres opciones. Una consistiría en asestar un golpe mortal al enemigo. El riesgo de este camino es que al remover a este grupo extremista del poder bien podría darse el caso que agrupaciones más radicales todavía pujasen por ganar espacio en la franja, tales como ISIS y Al-Qaeda, que ya están desafiando seriamente al poder central en Siria y en Irak y entablando un creciente riesgo para Jordania y Egipto. Otra opción puede haber sido neutralizar a Hamas y reemplazarlo por el gobierno más moderado de la Autoridad Palestina, que perdió la franja en el 2007 en una cruenta lucha fratricida con Hamas y busca recuperarla. Pero Mahmoud Abbas no puede ser visto popularmente como un títere sionista, de modo que la opción no parece viable. Lo cual posiblemente ha dejado a Israel ante la alternativa final de preservar políticamente a su enemigo gazatí pero anular su capacidad ofensiva futura. Esta es la campaña que sería interrumpida si la propuesta egipcia prosperase.

Bienvenida una tregua. Pero si la familia de las naciones desea evitar una nueva -¡y cuarta!- contienda entre las partes de aquí a futuro, es crucial que el cese de fuego contemple el desarme de Hamas y prevenga su rearme. Una tregua inmediata a imperfecta calmará nuestras ansiedades pacifistas… pero sólo momentáneamente, hasta el próximo e inevitable round.  

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Hamas e Israel fuera de foco – 16/07/14

Imprimir

Tal como el proverbial cuento del hombre que pierde sus llaves en una zona oscura del barrio pero las busca en el patio de su casa sólo porque allí hay un faro de luz que le permite ver bien, la atención mundial sobre el último round bélico entre Hamas e Israel se ha vertido sobre los aspectos usuales que la prensa internacional ha destacado, a expensas de otras cuestiones que por no estar bajo el foco de luz mediático han quedado relegadas de la mirada global. Bien vale la pena echarles un vistazo pues ellas dicen mucho a propósito de la naturaleza de este conflicto, de la conducta de los combatientes y de la cultura de estos pueblos enfrentados.

Esta nueva confrontación -la tercera desde que Israel abandonó Gaza- no surgió de la nada; tuvo un hecho disparador y un actor responsable. El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania. Sus ejecutores cantaron luego de matarlos. Pasarían tres semanas hasta que sus cuerpos serían hallados. En ese lapso y a modo de celebración, grupos jihadistas comenzaron a lanzar cohetes desde Gaza hacia poblados de Israel. Un gesto se popularizó en la calle palestina: una mano con tres dedos elevados, simbolizando a los tres jóvenes secuestrados y anunciando la esperanza de un nuevo intercambio como el de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado antaño por Hamas y recuperado a cambio de la liberación de 1027 terroristas que habían matado, en conjunto, a 569 israelíes. Cuando la policía israelí informó del arresto de dos sospechosos en el crimen, la madre palestina de uno de ellos declaró: “Estaré orgullosa de él hasta el día del Juicio Final… El objetivo de mis hijos es el triunfo del Islam”.

Al poco tiempo, en injustificada represalia, seis ultranacionalistas israelíes secuestraron y asesinaron a un adolescente palestino. Prácticamente toda la sociedad israelí se mostró consternada y el gobierno condenó enérgicamente el crimen. La madre de uno de los chicos israelíes asesinados denunció el acto de venganza y un tío hizo llegar sus condolencias personales a la familia de la víctima palestina. Estas respuestas moralmente dispares a crímenes similares no tuvieron el subrayado que merecían en la cobertura de medios.

El arresto de islamistas en Cisjordania y el crimen del joven palestino elevaron la determinación de Hamas de atacar a Israel. Cuando la cantidad y regularidad de misiles lanzados desde Gaza se tornaron intolerables, los israelíes respondieron con ataques aéreos. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de mostrar las fotos de las víctimas palestinas: niños, mujeres, ancianos, familias enteras diezmadas en los bombardeos de la aviación hebrea; lo cual es trágico. Pero fracasaron en informar cabalmente sobre los diametralmente opuestos comportamientos militares de los contrincantes. Típicamente, Hamas escondió militantes y arsenales en zonas densamente pobladas de civiles. Para evitar o minimizar víctimas civiles palestinas, el ejército israelí llamó telefónicamente a los habitantes de los edificios en los que miembros de Hamas se ocultaban para advertirles que ese edificio sería próximamente atacado. A continuación la fuerza aérea disparaba un misil sin carga explosiva que, al impactar en el objetivo, servía de alerta a los residentes para que se diesen a la fuga. Recién entonces era lanzado el misil real. Esta técnica lleva por nombre “golpe en la puerta” en la jerga castrense israelí. En los anales de la historia militar es difícil hallar ejemplo semejante de sensibilidad hacia una población enemiga. Y sin embargo, la noticia apenas fue divulgada por la prensa internacional. Tristemente, tampoco recibió demasiada cobertura, si alguna, la reacción de Hamas, cristalizada en este comunicado de su Ministerio del Interior, publicado en la prensa gazatí: “El Ministerio de Interior advirtió a los habitantes a no prestar atención a los mensajes que las Fuerzas de Defensa israelíes transmiten a través de teléfono a los ciudadanos según los cuales deben desalojar sus viviendas inmediatamente [antes de los bombardeos]… El Ministerio solicita a los ciudadanos no prestar atención a esos mensajes y no abandonar sus hogares”. Los palestinos obedecieron a Hamas. Las fotos de sus cadáveres hicieron titulares de prensa críticos de la represalia militar israelí.

Tampoco fue lo suficientemente notado en los cables de prensa el hecho de que Hamas disparó cohetes contra Ashdod, donde está alojada la central eléctrica desde la cual Israel provee de energía a Gaza (aún durante la contienda); contra Jerusalem, lugar de residencia de las mezquitas más sagradas para el Islam y en cuyo nombre en el pasado los palestinos han lanzado intifadas contra los israelíes; y contra el centro atómico en Dimona, ubicado a pocos kilómetros de Gaza, cuya explosión presuntamente detonaría una carga radioactiva que afectaría no solamente a israelíes sino a masas de palestinos, egipcios, jordanos y según soplen los vientos quien sabe a quién más. ¿No debiera esta actitud genocida ser noticia de interés para la prensa internacional?

Boko Haram, ISIS, Al-Qaeda y los talibanes instantáneamente despiertan una mirada escéptica por parte de la opinión pública mundial. No así Hamas. A pesar de ser un movimiento fundamentalista islámico idénticamente comprometido con el desprecio hacia -y la lucha contra- los infieles, reina una cierta complacencia en la actitud periodística hacia él. Eso no es mérito de este grupo integrista. Es sencillamente suertudo: tiene por enemigo a una nación que la prensa ama odiar.

Esta nota fue originalmente publicada en Infobae.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Hamas e Israel fuera de foco – 16/07/14

Imprimir

Tal como el proverbial cuento del hombre que pierde sus llaves en una zona oscura del barrio pero las busca en el patio de su casa sólo porque allí hay un faro de luz que le permite ver bien, la atención mundial sobre el último round bélico entre Hamas e Israel se ha vertido sobre los aspectos usuales que la prensa internacional ha destacado, a expensas de otras cuestiones que por no estar bajo el foco de luz mediático han quedado relegadas de la mirada global. Bien vale la pena echarles un vistazo pues ellas dicen mucho a propósito de la naturaleza de este conflicto, de la conducta de los combatientes y de la cultura de estos pueblos enfrentados.

Esta nueva confrontación -la tercera desde que Israel abandonó Gaza- no surgió de la nada; tuvo un hecho disparador y un actor responsable. El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania. Sus ejecutores cantaron luego de matarlos. Pasarían tres semanas hasta que sus cuerpos serían hallados. En ese lapso y a modo de celebración, grupos jihadistas comenzaron a lanzar cohetes desde Gaza hacia poblados de Israel. Un gesto se popularizó en la calle palestina: una mano con tres dedos elevados, simbolizando a los tres jóvenes secuestrados y anunciando la esperanza de un nuevo intercambio como el de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado antaño por Hamas y recuperado a cambio de la liberación de 1027 terroristas que habían matado, en conjunto, a 569 israelíes. Cuando la policía israelí informó del arresto de dos sospechosos en el crimen, la madre palestina de uno de ellos declaró: “Estaré orgullosa de él hasta el día del Juicio Final… El objetivo de mis hijos es el triunfo del Islam”.

Al poco tiempo, en injustificada represalia, seis ultranacionalistas israelíes secuestraron y asesinaron a un adolescente palestino. Prácticamente toda la sociedad israelí se mostró consternada y el gobierno condenó enérgicamente el crimen. La madre de uno de los chicos israelíes asesinados denunció el acto de venganza y un tío hizo llegar sus condolencias personales a la familia de la víctima palestina. Estas respuestas moralmente dispares a crímenes similares no tuvieron el subrayado que merecían en la cobertura de medios.

El arresto de islamistas en Cisjordania y el crimen del joven palestino elevaron la determinación de Hamas de atacar a Israel. Cuando la cantidad y regularidad de misiles lanzados desde Gaza se tornaron intolerables, los israelíes respondieron con ataques aéreos. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de mostrar las fotos de las víctimas palestinas: niños, mujeres, ancianos, familias enteras diezmadas en los bombardeos de la aviación hebrea; lo cual es trágico. Pero fracasaron en informar cabalmente sobre los diametralmente opuestos comportamientos militares de los contrincantes. Típicamente, Hamas escondió militantes y arsenales en zonas densamente pobladas de civiles. Para evitar o minimizar víctimas civiles palestinas, el ejército israelí llamó telefónicamente a los habitantes de los edificios en los que miembros de Hamas se ocultaban para advertirles que ese edificio sería próximamente atacado. A continuación la fuerza aérea disparaba un misil sin carga explosiva que, al impactar en el objetivo, servía de alerta a los residentes para que se diesen a la fuga. Recién entonces era lanzado el misil real. Esta técnica lleva por nombre “golpe en la puerta” en la jerga castrense israelí. En los anales de la historia militar es difícil hallar ejemplo semejante de sensibilidad hacia una población enemiga. Y sin embargo, la noticia apenas fue divulgada por la prensa internacional. Tristemente, tampoco recibió demasiada cobertura, si alguna, la reacción de Hamas, cristalizada en este comunicado de su Ministerio del Interior, publicado en la prensa gazatí: “El Ministerio de Interior advirtió a los habitantes a no prestar atención a los mensajes que las Fuerzas de Defensa israelíes transmiten a través de teléfono a los ciudadanos según los cuales deben desalojar sus viviendas inmediatamente [antes de los bombardeos]… El Ministerio solicita a los ciudadanos no prestar atención a esos mensajes y no abandonar sus hogares”. Los palestinos obedecieron a Hamas. Las fotos de sus cadáveres hicieron titulares de prensa críticos de la represalia militar israelí.

Tampoco fue lo suficientemente notado en los cables de prensa el hecho de que Hamas disparó cohetes contra Ashdod, donde está alojada la central eléctrica desde la cual Israel provee de energía a Gaza (aún durante la contienda); contra Jerusalem, lugar de residencia de las mezquitas más sagradas para el Islam y en cuyo nombre en el pasado los palestinos han lanzado intifadas contra los israelíes; y contra el centro atómico en Dimona, ubicado a pocos kilómetros de Gaza, cuya explosión presuntamente detonaría una carga radioactiva que afectaría no solamente a israelíes sino a masas de palestinos, egipcios, jordanos y según soplen los vientos quien sabe a quién más. ¿No debiera esta actitud genocida ser noticia de interés para la prensa internacional?

Boko Haram, ISIS, Al-Qaeda y los talibanes instantáneamente despiertan una mirada escéptica por parte de la opinión pública mundial. No así Hamas. A pesar de ser un movimiento fundamentalista islámico idénticamente comprometido con el desprecio hacia -y la lucha contra- los infieles, reina una cierta complacencia en la actitud periodística hacia él. Eso no es mérito de este grupo integrista. Es sencillamente suertudo: tiene por enemigo a una nación que la prensa ama odiar.

Esta nota fue originalmente publicada en Infobae

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Hamas e Israel fuera de foco – 12/07/14

Imprimir

Tal como el proverbial cuento del hombre que pierde sus llaves en una zona oscura del barrio pero las busca en el patio de su casa sólo porque allí hay un faro de luz que le permite ver bien, la atención mundial sobre el último round bélico entre Hamas e Israel se ha vertido sobre los aspectos usuales que la prensa internacional ha destacado, a expensas de otras cuestiones que por no estar bajo el foco de luz mediático han quedado relegadas de la mirada global. Bien vale la pena echarles un vistazo pues ellas dicen mucho a propósito de la naturaleza de este conflicto, de la conducta de los combatientes y de la cultura de estos pueblos enfrentados.

Esta nueva confrontación -la tercera desde que Israel abandonó Gaza- no surgió de la nada; tuvo un hecho disparador y un actor responsable. El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados y asesinados en Cisjordania. Sus ejecutores cantaron luego de matarlos. Pasarían tres semanas hasta que sus cuerpos serían hallados. En ese lapso y a modo de celebración, grupos jihadistas comenzaron a lanzar cohetes desde Gaza hacia poblados de Israel. Un gesto se popularizó en la calle palestina: una mano con tres dedos elevados, simbolizando a los tres jóvenes secuestrados y anunciando la esperanza de un nuevo intercambio como el de Gilad Shalit, soldado israelí secuestrado antaño por Hamas y recuperado a cambio de la liberación de 1027 terroristas que habían matado, en conjunto, a 569 israelíes. Cuando la policía israelí informó del arresto de dos sospechosos en el crimen, la madre palestina de uno de ellos declaró: “Estaré orgullosa de él hasta el día del Juicio Final… El objetivo de mis hijos es el triunfo del Islam”.

Al poco tiempo, en injustificada represalia, seis ultranacionalistas israelíes secuestraron y asesinaron a un adolescente palestino. Prácticamente toda la sociedad israelí se mostró consternada y el gobierno condenó enérgicamente el crimen. La madre de uno de los chicos israelíes asesinados denunció el acto de venganza y un tío hizo llegar sus condolencias personales a la familia de la víctima palestina. Estas respuestas moralmente dispares a crímenes similares no tuvieron el subrayado que merecían en la cobertura de medios.

El arresto de islamistas en Cisjordania y el crimen del joven palestino elevaron la determinación de Hamas de atacar a Israel. Cuando la cantidad y regularidad de misiles lanzados desde Gaza se tornaron intolerables, los israelíes respondieron con ataques aéreos. Los medios masivos de comunicación se ocuparon de mostrar las fotos de las víctimas palestinas: niños, mujeres, ancianos, familias enteras diezmadas en los bombardeos de la aviación hebrea; lo cual es trágico. Pero fracasaron en informar cabalmente sobre los diametralmente opuestos comportamientos militares de los contrincantes. Típicamente, Hamas escondió militantes y arsenales en zonas densamente pobladas de civiles. Para evitar o minimizar víctimas civiles palestinas, el ejército israelí llamó telefónicamente a los habitantes de los edificios en los que miembros de Hamas se ocultaban para advertirles que ese edificio sería próximamente atacado. A continuación la fuerza aérea disparaba un misil sin carga explosiva que, al impactar en el objetivo, servía de alerta a los residentes para que se diesen a la fuga. Recién entonces era lanzado el misil real. Esta técnica lleva por nombre “golpe en la puerta” en la jerga castrense israelí. En los anales de la historia militar es difícil hallar ejemplo semejante de sensibilidad hacia una población enemiga. Y sin embargo, la noticia apenas fue divulgada por la prensa internacional. Tristemente, tampoco recibió demasiada cobertura, si alguna, la reacción de Hamas, cristalizada en este comunicado de su Ministerio del Interior, publicado en la prensa gazatí: “El Ministerio de Interior advirtió a los habitantes a no prestar atención a los mensajes que las Fuerzas de Defensa israelíes transmiten a través de teléfono a los ciudadanos según los cuales deben desalojar sus viviendas inmediatamente [antes de los bombardeos]… El Ministerio solicita a los ciudadanos no prestar atención a esos mensajes y no abandonar sus hogares”. Los palestinos obedecieron a Hamas. Las fotos de sus cadáveres hicieron titulares de prensa críticos de la represalia militar israelí.

Tampoco fue lo suficientemente notado en los cables de prensa el hecho de que Hamas disparó cohetes contra Ashdod, donde está alojada la central eléctrica desde la cual Israel provee de energía a Gaza (aún durante la contienda); contra Jerusalem, lugar de residencia de las mezquitas más sagradas para el Islam y en cuyo nombre en el pasado los palestinos han lanzado intifadas contra los israelíes; y contra el centro atómico en Dimona, ubicado a pocos kilómetros de Gaza, cuya explosión presuntamente detonaría una carga radioactiva que afectaría no solamente a israelíes sino a masas de palestinos, egipcios, jordanos y según soplen los vientos quien sabe a quién más. ¿No debiera esta actitud genocida ser noticia de interés para la prensa internacional?

Boko Haram, ISIS, Al-Qaeda y los talibanes instantáneamente despiertan una mirada escéptica por parte de la opinión pública mundial. No así Hamas. A pesar de ser un movimiento fundamentalista islámico idénticamente comprometido con el desprecio hacia -y la lucha contra- los infieles, reina una cierta complacencia en la actitud periodística hacia él. Eso no es mérito de este grupo integrista. Es sencillamente suertudo: tiene por enemigo a una nación que la prensa ama odiar.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Revista Sinfónica

Imprimir

Triangulo de Infamia – Richard Wagner, los Nazis e Israel

El año 2013 marcó los doscientos años del nacimiento de Richard Wagner (1813-1883), acontecimiento que brindó la oportunidad de reflexionar acerca de su arte, de su ideología y de su persona. Este libro ofrece un enfoque integral sobre aspectos de su vida y obra que usualmente han sido abordados separadamente en la literatura wagneriana universal; específicamente en la literatura en español será difícil hallar libros que tengan esta aproximación abarcadora.

En sus páginas el autor aborda la ideología de Wagner y su relación ambivalente con los judíos de su tiempo, su adopción ulterior como modelo artístico y político por parte del nazismo, y el debate intenso y prolongado sobre la representación de sus obras en Israel, para finalmente cerrar con un epílogo que reúne la narración y la reflexión. Contiene además un anexo dedicado a la compleja relación que Friedrich Nietzsche tuvo con el compositor alemán.

En este nuevo libro, Schvindlerman nos ofrece una penetrante mirada sobre un compositor profundo y profundamente controvertido que ahondará el debate que desde siempre ha rodeado a este creador singular.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Veintitrés – 18/06/14

Imprimir

Wagner, una de las figuras más discutidas de la historia: el hombre antes que el artista
Por Raquel Roberti

Controvertido, contradictorio, amado y odiado por igual, Richard Wagner ha superado a lo largo de la historia la condición de músico creativo y genial para
convertirse en símbolo representativo del nazismo. De eso trata este libro de Julián Schvindlerman. Organizado casi como una biografía, el texto apunta al hombre y no al artista, una arista que no resulta favorable al compositor pero que demuestra que el nazismo no nació con Adolf Hitler.

En los 70 años de su vida, entre 1813 y 1883, el autor de El anillo del nibelungo dejó huellas de su antisemitismo en escritos diversos. Medio siglo después, Hitler y sus seguidores abrevarían en ellos. Pero Wagner era contradictorio y también trababa amistad con hombres judíos, muchos admiradores de su obra.

Triángulo de infamia: Richard Wagner, los nazis e Israel aporta información interesante, como la relación de Wagner con Friedrich Nietzsche y un intento trasnochado de generar una “pequeña Alemania” en Paraguay.

Hace poco más de un mes se cumplieron 131 años de la muerte de Wagner, que continúa siendo una de las figuras más discutidas de la historia. En el capítulo “Wagner en Israel”, luego de un extenso detalle del debate acerca de si permitir o prohibir la música del compositor alemán en ese país, Schvindlerman se pronuncia a favor de la prohibición. Y hay que decirlo: tampoco se muestra imparcial (si esa cualidad fuera posible) en el resto del texto.”.