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Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

El sendero de Yahya Sinwar hacia el 7/10 – 0/10/24

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https://www.perfil.com/noticias/opinion/el-sendero-de-yahya-sinwar-hacia-el-710.phtml

El 6 de abril de 2018, el líder de Hamas en Gaza, Yahya Sinwar, decía esto sobre los israelíes: “¡Derribaremos la frontera y arrancaremos sus corazones de sus cuerpos!”. Al mes siguiente, el 9 de mayo, arengó a una multitud de palestinos: “¡Estamos listos para morir, y decenas de miles morirán con nosotros!”. Poco más de seis años después, hará realidad ambas afirmaciones. El baño de sangre del 7 de octubre de 2023 que él mismo planeó y ejecutó –y cuyo primer aniversario ahora se está conmemorando–, fue siniestro en sí mismo. Pero hay un trasfondo inmensamente trágico en la historia de su vínculo con su némesis, el Estado judío. Pues fue Israel quien, tras arrestarlo bajo cargos de asesinato, le brindó una educación universitaria, le salvó la vida médicamente y eventualmente lo dejó en libertad.

Sinwar nació en 1962 en el campo de refugiados de Khan Younis, en Gaza, entonces bajo control egipcio. Se graduó en estudios árabes en la Universidad Islámica de Gaza, la cual fue fundada en 1978 por dos hombres que una década después crearían Hamas. Se ganó la confianza de uno de ellos, el jeque Ahmed Yassin, e inició así su carrera dentro del movimiento. Junto a dos colegas fundó una organización encargada de erradicar a colaboradores palestinos de Israel; tal su celo en la misión que se ganó el apodo de “Carnicero de Khan Yunis”. Había sido arrestado en 1982 y 1985, y en 1988 nuevamente, esta vez por secuestrar y asesinar a dos soldados israelíes y a cuatro palestinos a los que acusó de ser colaboradores del sionismo. Al año siguiente fue condenado a cuatro cadenas perpetuas.

Parte de sus años en prisión, Yahya Sinwar realizó estudios académicos a través de la Universidad Abierta, aprovechando una oportunidad ofrecida por las autoridades israelíes. El ahora líder de Hamas dedicó siete años a aprender sobre la historia del pueblo judío, el sionismo, el Holocausto y la sociedad israelí, en un intento práctico por conocer a su enemigo. A juzgar por sus calificaciones, con un promedio de 90/100, parece haber tomado el desafío académico con seriedad.

En una reciente columna en The Jerusalem Post, Jacky Hugi, comentarista de asuntos árabes de la radio del ejército israelí, notó que desde su celda Sinwar completó 15 cursos en los departamentos de humanidades y ciencias sociales. Financió sus estudios con el estipendio mensual que la Autoridad Palestina proporciona a los palestinos que atentan contra, o matan a, israelíes. Tenía buen manejo del hebreo y lo perfeccionó con el tiempo, al punto que llegó a traducir al árabe las autobiografías de dos exjefes del contraespionaje israelí: Matar o morir, de Yaakov Peri, y Shin Bet: Entre las grietas, de Carmi Gillon.

Hugi exploró el currículo al que accedió Sinwar. Algunos de sus cursos fueron: “Jerusalén a través de los tiempos”, que traza la historia de la ciudad desde sus primeros días como asentamiento jebuseo, pasando por los períodos hasmoneo, romano, musulmán, otomano y británico; “Del exilio a la soberanía”, sobre la historia del pueblo judío durante la antigüedad, desde el imperio persa hasta las eras griega, romana y bizantina, incluyendo la revuelta de los macabeos. “La historia del pueblo judío durante el período del Primer Templo” y “Judea y Roma”, le permitieron introducirse en la historia del pueblo hebreo durante el imperio romano. También cursó “Entre judíos y cristianos: judíos y cristianos en Europa occidental hasta la era moderna temprana”, que cubría debates teológicos, persecuciones, libelos de sangre y el fenómeno de los marranos. “En los días del Holocausto”: estudió la vida judía en Europa, el ascenso de los nazis y su plan de exterminio. La calificación más alta la logró con el curso “Entre Sión y el sionismo 1881-1914”, y también tomó “Patrones de la sociedad en Israel”, que examinó las raíces de la sociedad israelí y las relaciones entre sus segmentos. En “Gobierno y política en Israel” se familiarizó con la democracia israelí, la separación de poderes, los partidos políticos, el sistema electoral y sus minorías.

Hugi señala que Sinwar no obtuvo su título, aun cuando le faltaban solo unos pocos cursos. “Tenía el tiempo y los fondos para continuar, pero su objetivo no era obtener un título de una universidad israelí. Su objetivo era extraer el conocimiento que necesitaba”, indicó.

Además de brindarle una educación de grado durante su encarcelamiento, Israel le salvó la vida. Corría el año 2004 cuando Sinwar manifestó un dolor persistente en la nuca, temblaba y caminaba erráticamente. El médico penitenciario que lo revisó concluyó que el paciente podía estar sufriendo un ACV provocado por un tumor cerebral de riesgo mortal. “Tiene que ser hospitalizado de inmediato” aconsejó. Fue trasladado al Centro Médico Soroka de Beersheba, al sur del país, donde fue operado durante dos horas, tras lo cual sobrevivió. Judith Miller, experiodista del New York Times en El Cairo, narró esta anécdota enorme en la revista Tablet y agregó que en la cárcel, junto a una banda de hermanos islámicos, imponía reglas, daba órdenes y formó un consejo gobernante de Hamas. Establecieron una red de comunicaciones entre sí y con otros militantes fuera de la cárcel a través de pequeños teléfonos móviles de plástico que eran contrabandeados por los abogados, esposas y aun en los pañales de los bebés que los visitaban.

Sinwar era un recluso peligroso, pero la suerte estaba de su lado. En 2006, Hamas secuestró al soldado israelí Gilat Shalit. Bajo mediación alemana y egipcia, cinco años más tarde Israel y la milicia fundamentalista palestina acordaron intercambiar a Shalit por 1.027 prisioneros palestinos, entre ellos más de 300 que cumplían cadena perpetua por crímenes violentos. Yahya Sinwar estaba en la lista. A los pocos días de su liberación, sin embargo, criticó públicamente el acuerdo (pues no había alcanzado a toda la población carcelaria terrorista, cómo él pretendía) y llamó a los palestinos a secuestrar a más soldados para asegurar la liberación de sus hermanos musulmanes en prisión.

El 7 de octubre del año pasado, sus hombres entraron a Israel, masacraron a más de 1.200 personas y secuestraron a 251 soldados y civiles en la agresión más atroz que Israel experimentó en su historia. El premier Benjamin Netanyahu dijo entonces que Sinwar era un “muerto ambulante”. En la arena palestina, como observó Jacky Hugi, Yahya Sinwar se convirtió en el mayor enemigo de Israel desde Yasser Arafat. Y uno podría agregar, en su enemigo más ingrato.

Seúl

Israel contra todos – 06/10/24

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Al revés de lo que se dice, el esfuerzo del Estado hebreo por reducir las víctimas colaterales en Gaza no tiene precedentes. Si el mundo no le ata las manos, el triunfo será definitivo.

Por Julián Schvindlerman

A las 6:29 am del 7 de octubre del año pasado, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, fue informado de que la frontera sur del país había sido vulnerada. Aproximadamente 3.500 palestinos participaron en la incursión, de los cuales cerca de 2.000 eran miembros de la milicia islamista Hamás y los 1.500 restantes, civiles gazatíes. Tomaron por sorpresa a la población en plena madrugada de un sábado, coincidiendo con la festividad de Simjat Torá, y masacraron alevosamente a más de 1.200 personas.

Familias enteras fueron asesinadas con brutalidad extrema. Ejecutaron a padres delante de sus hijos y viceversa. Violaron a mujeres y luego las mataron. Incendiaron casas, autos y personas, bebés incluidos. Arrojaron granadas dentro de los refugios, donde personas desarmadas y desesperadas se habían ocultado. Con especial saña se enfocaron en un festival de jóvenes convocado con una consigna de paz: les dispararon a quienes pudieron, atraparon y torturaron a otros, y violaron a jóvenes de ambos géneros. Una hoja hallada en el uniforme de un terrorista abatido contenía instrucciones para violar, ofreciendo la traducción del árabe al hebreo de la orden “sacate los pantalones”. Los actos depravados y la perversión sexual exhibida por los atacantes son indescriptibles. La atrocidad fue tan absoluta que se hicieron comparaciones con el Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial y con los pogroms de siglos previos en Europa.

Los primeros cuatro minutos del ataque de Hamás fueron cruciales para el éxito de su operación. Cuatrocientos cohetes fueron lanzados desde Gaza contra poblados de Israel, dando cobertura a la invasión inminente. Conforme al protocolo de seguridad, cuando suenan las alarmas, los israelíes se resguardan en refugios especiales. Drones cargados de explosivos golpearon las cámaras de seguridad fronterizas, cegando así a quienes monitoreaban la frontera electrónicamente. Los terroristas ingresaron por vía terrestre, aérea y marítima: en camionetas y motos, parapentes y lanchas. Además de masacrar, secuestraron a 251 israelíes, vivos y muertos. El mayor tenía 85 años y el menor, un bebé argentino-israelí llamado Kfir Bibas, contaba con apenas ocho meses. Circularon imágenes de civiles gazatíes transportando secuestrados en motocicletas, y milicianos de Hamás llevando jóvenes mujeres –algunas ensangrentadas, otras semidesnudas y moribundas– en sus pick-ups blancas, mientras gritaban eufóricamente Ala-u-akbar (“Dios es grande”). En Gaza, fueron recibidos con vítores. La euforia y el clima celebratorio eran totales.

Israel fue tomado por sorpresa y pagó un precio muy alto por eso. La nación entera estaba conmocionada, esforzándose en procesar la magnitud del odio visceral del pueblo palestino que acababa de quedar expuesto. Dos encuestas palestinas de los meses siguientes pusieron guarismos: el 75% de los palestinos de Gaza y Cisjordania respaldaban la masacre de Hamás. La Autoridad Palestina, presuntamente la parte moderada de la ecuación, nunca repudió esa incursión sádica. La penetración islamista en la sociedad gazatí ha sido tan completa, que hasta maestros de las escuelas de la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, participaron de las matanzas. Los fotógrafos palestinos sabían que debían estar en la frontera aquella madrugada para documentar lo que consideraban una gran hazaña. Increíblemente, uno de ellos, Yasser Qudih, fue galardonado con el premio Pulitzer como parte del equipo de Reuters, a pesar de haber colaborado con una organización terrorista.

Secuestrados intercambiados o liberados (117 de los secuestrados regresaron a Israel con vida) narraron que fueron alojados en casas particulares; otros contaron que médicos palestinos les removieron balas de sus cuerpos sin usar anestesia o que les arrojaron ácido en las heridas abiertas. Evidencia forense probó que una joven israelí herida fue tiroteada en el hospital Al-Shifa y otros seis jóvenes fueron ejecutados a sangre fría en un túnel por dos terroristas al advertir la proximidad de soldados israelíes. ¿Y cómo no recordar aquel inconcebible llamado telefónico que hizo un atacante palestino a sus padres para relatarles orgullosamente que había matado a diez israelíes con sus propias manos? La reacción de sus progenitores no fue menos abismal: la madre lloró emocionada, el padre le agradeció a Alá.

Un desafío para el Ejército

Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron a la agresión de Hamás con una combinación de campaña aérea e incursión terrestre. Según estimaciones militares, antes del 7 de octubre Hamás tenía entre 30.000 y 40.000 combatientes en la Franja de Gaza, divididos en cinco brigadas regionales, 24 batallones y unas 140 compañías. En su reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu declaró: “Las Fuerzas de Defensa de Israel han matado o capturado a más de la mitad de estos terroristas, han destruido más del 90% de su arsenal de cohetes y han eliminado los segmentos clave de su red de túneles terroristas”.

En el transcurso de un año, el ejército israelí atacó 35.000 objetivos terroristas, superando lo alcanzado por Estados Unidos durante toda su campaña en Afganistán, según un alto oficial israelí, y eliminó a 23 de los 24 batallones de la milicia palestina. Mató a su líder, Ismail Haniya, en Teherán; al elusivo Mohamed Deif, el comandante del ala militar de Hamás, en Khan Younis, junto a su subalterno Rafaa Salameh; y a Saleh al-Arouri, enlace de Hamás con Irán, en Beirut, entre otros. El mes pasado, el ejército hebreo estimó que Hamás fue derrotado militarmente en toda la Franja de Gaza y que ahora es sólo un grupo guerrillero.

Estadísticamente, esto significa que Israel ocasionó la muerte a alrededor de un civil por cada terrorista eliminado. No hay otro ejército en la historia universal que haya alcanzado este nivel mínimo de bajas colaterales.

El desafío militar para las FDI ha sido monumental. Enfrentó un escenario bélico de alta complejidad, inédito en la historia de las guerras modernas. El teatro de operaciones fue un centro urbano poblado con casi 2,5 millones de civiles, entre los cuales se escondían decenas de miles de terroristas. Existía una verdadera ciudadela subterránea conformada por un sistema de túneles de más de 500 kilómetros de extensión, más grande que la red de subterráneos de Londres o Nueva York. Hamás ocultó explosivos, armamento y personal en edificios particulares, en escuelas de la ONU, en mezquitas, en campos de refugiados, en zonas humanitarias designadas y empleó estas mismas instalaciones –así como cementerios– para lanzar decenas de miles de cohetes y emboscar a soldados israelíes. El líder de la organización palestina, Yahya Sinwar, presuntamente se desplaza bajo tierra rodeado de secuestrados para evitar ser atacado.

El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, aseguró a la prensa occidental que más de 40.000 personas resultaron muertas hasta ahora, sin distinguir entre civiles y combatientes (amén de que la cifra es inverificable). Tampoco diferencia entre palestinos muertos por Israel y aquellos que murieron por cohetes defectuosos de Hamás (4.000 cayeron dentro de Gaza). Israel informó que mató a unos 18.000 combatientes (17.000 en Gaza y 1.000 dentro de Israel el 7 de octubre). Estadísticamente, esto significa que Israel ocasionó la muerte a alrededor de un civil por cada terrorista eliminado. No hay otro ejército en la historia universal que haya alcanzado este nivel mínimo de bajas colaterales y mucho menos en semejante escenario bélico donde la población civil es usada como escudo humano.

El triunfo moral de Israel

Esto es resultante de una eficaz política de prevención. Según cifras provistas por fuentes israelíes, el ejército realizó seis millones de llamadas pregrabadas, envió cuatro millones de mensajes de texto, hizo 20.000 llamadas telefónicas y lanzó un millón y medio de panfletos desde el aire a los gazatíes para advertirles que se desplazaran de zonas que serían atacadas. Israel instaló 14 hospitales de campo. Envió o permitió el ingreso de 51.500 camiones con alrededor de 700.000 toneladas de alimentos, lo que supone más de 3.000 calorías diarias para cada hombre, mujer y niño palestino. Coordinó con la ONU una campaña de vacunación contra la polio en Gaza que alcanzó al 90% de la población a la que estaba dirigida. Al día de hoy continúa proveyendo agua y electricidad a la Franja de Gaza. Estas consideraciones con la población civil de una entidad hostil en medio de una guerra iniciada por sus gobernantes no tienen precedentes.

John Spencer, quién sirvió durante 25 años como soldado de infantería y dos períodos en Irak y es titular de estudios sobre guerra urbana en el Instituto de Guerra Moderna de West Point, escribió en una columna para Newsweek en marzo:

En mi larga carrera estudiando y asesorando sobre guerra urbana para las fuerzas armadas de Estados Unidos, nunca he conocido a una institución que tome tantas medidas para atender a la población civil del país enemigo, especialmente mientras combate simultáneamente en los mismos edificios. De hecho, según mi análisis, Israel ha implementado más precauciones para prevenir daños a civiles que cualquier otra fuerza en la historia, superando con creces lo que exige el derecho internacional y más de lo que hizo Estados Unidos en sus guerras en Irak y Afganistán.

La guerra contra Hamás no ha terminado. Muchos secuestrados permanecen en horripilante cautiverio. Sinwar aparentemente sigue vivo. El futuro político de Gaza y su potencial impacto sobre Israel son inciertos. No obstante, y a pesar de las presiones diplomáticas y las difamaciones globales, Israel ha triunfado moralmente y lo está haciendo militarmente. Si la familia de las naciones no le ata las manos, todo indica que a futuro lo hará definitivamente.

Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

Facebook legitima un histórico lema absolutista del nacionalismo palestino – 09/24

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En los seis meses posteriores a la invasión palestina del 7 de octubre del año pasado, Facebook vio una multiplicación exponencial en el uso de la frase “desde el río hasta el mar” y en consecuencia convocó a su Junta de Supervisión para que opine al respecto. Fuera de las redes, el slogan es coreado en manifestaciones propalestinas, especialmente en los campus universitarios de Occidente, donde aparece escrito en pancartas sostenidas por jóvenes que visten la Keffiyeh, otro símbolo palestino (Yasser Arafat la popularizó al usarla en una estética que, el mito decía, daba forma al mapa de Palestina).

La Junta de Supervisión de Facebook está compuesta por expertos y abogados que monitorean la administración de contenidos de Facebook e Instagram. Opera de forma independiente, pero está financiada por la empresa de Mark Zuckerberg. Tras estudiar el asunto, determinó que el lema era políticamente aceptable. Indicó Shlomo Levin en su blog en The Times of Israel que el pasado 4 de septiembre la Junta decidió que la frase en tanto expresión de solidaridad con los palestinos podía ser empleada, siempre y cuando no estuviera acompañada de llamamientos a la violencia o elogios a grupos terroristas. Adujo que la frase tiene varios significados, ergo no sería en sí misma violenta, ofensiva o discriminatoria.

La Junta reconoció que la frase es polémica y que resuena mal entre los israelíes, los judíos de la diáspora y sus aliados. Pero también sostuvo que admite interpretaciones distintas:

“La frase […] ha sido adoptada por varios grupos e individuos y su significado depende del hablante, el oyente y el contexto […] muchos entienden la frase como un llamado a la igualdad de derechos y la autodeterminación del pueblo palestino. A veces se utiliza para indicar el apoyo a uno o más objetivos políticos específicos: un único estado binacional en todo el territorio, una solución de dos estados para ambos grupos, el derecho al retorno de los refugiados palestinos o entre otros objetivos el fin de la ocupación militar israelí de los territorios palestinos ocupados en la guerra de 1967. En otros contextos, la frase es una simple afirmación de un lugar, un pueblo y una historia sin objetivos políticos ni tácticas concretas”.

Es difícil aceptar los significados pacíficos que la Junta le concede a este lema. Históricamente estuvo asociado a la retórica extremista del nacionalismo palestino, pues refiere eufemísticamente a la liberación de toda el área que va desde “el río” (Jordán) “al mar” (Mediterráneo). Quien se moleste en ver un mapa de la zona, notará que entre el río Jordán y el mar Mediterráneo está Israel. En otras palabras, la frase es un grito de guerra a favor de la eliminación del estado de Israel.

El lema original completo en árabe Min al-nahr ila al-bahr, Filastin sa-takun hurrah, significa “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Emergió en las filas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en la década de 1960 y fue luego adoptado también por el Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) décadas después. Veamos algunos pronunciamientos relevantes que ilustran la intención inequívoca de la frase:

“La marcha victoriosa continuará hasta que la bandera de Palestina se ice sobre Jerusalén y sobre toda la zona de Palestina desde el río hasta el mar” –Yasser Arafat, líder de la OLP, en 1980.

“Desde su mar hasta su río… es nuestra” –posteo en Facebook de la principal organización palestina Fatah, en 2015.

“No existe Israel, toda la tierra es nuestra, desde el mar hasta el río” –palabras del ministro de la Autoridad Palestina (AP) Marwan Awratani en una escuela secundaria para niñas de Qalquilya, en 2021.

“Palestina todavía está ocupada y Hamás no detendrá la guerra santa hasta la liberación de toda Palestina desde el río hasta el mar” –el jeque Ahmad Yassin, fundador de Hamás, en 1997.

“Hamás rechaza cualquier alternativa a la liberación total y completa de Palestina, desde el río hasta el mar” –de la Constitución de Hamas de 2017.

Precisamente basándose en este último dato, una opinión minoritaria de la Junta señaló que la frase equivale a una “glorificación de Hamás”. No obstante, “el contexto es crucial”, dijo la copresidenta de la Junta de Supervisión Pamela San Martín. Lo mismo había alegado una de las tres presidentas de Harvard, U. Penn y MIT en su testimonio ante el Congreso de EE.UU. cuando se le preguntó si sus estatutos permitían llamados a la comisión de un genocidio contra los judíos en su campus, que se estaban coreando a viva voz. Desde entonces, dos de ellas perdieron sus puestos por esa permisividad insostenible, como así también tiempo después la presidenta de la Universidad de Columbia por el manejo subóptimo de la situación antisionista allí.

Al igual que las distinguidas académicas estadounidenses, lo que la mayoría de los miembros de la Junta de Supervisión de Facebook falla en entender es que hay una línea divisoria entre apoyar la estatidad palestina y pedir por la eliminación de Israel. Quienes han empleado este eslogan históricamente, tal como se ha citado anteriormente, no han querido ni quieren establecer un estado palestino al lado de Israel; sino encima de Israel. En cualquier caso, “el 7 de octubre, Hamás demostró lo que significa en la práctica desde el río hasta el mar, independientemente de lo que signifique en teoría para algunos” señalaron Ahmad Sharawi y David Adesnik de la Fundación para la Defensa de las Democracias.

En un ensayo de mi autoría publicado por la editorial Milá en 2004 dedicado a analizar la interconexión entre antisemitismo, antiisraelísmo y antinorteamericanismo, al observar la propagación de slogans y narrativas históricas palestinas en círculos de la elite global, anoté: “Lo que estamos presenciando aquí es esencialmente un proceso de palestinización del discurso intelectual occidental”. Dos décadas más tarde, el fenómeno ya no es sólo ámbito de las elites de las Naciones Unidas o de la intelligentsia académica, sino que se ha popularizado.

La aceptación y validación del lema absolutista “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre” ha sido tan total que hasta Facebook lo ha aprobado como argumento legítimo en el discurso popular. Yasser Arafat estaría encantado. Yahia Sinwar lo está. ¿Qué nos dice eso acerca de esta decisión?

Infobae, Infobae - 2024

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Ismail Hanyeh no era candidato al Premio Nobel de la Paz – 03/08/24

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Por Julián Schvindlerman
Infobae – 3/8/2024

https://www.infobae.com/opinion/2024/08/03/ismail-haniyeh-no-era-candidato-al-nobel-de-la-paz

Cuando terroristas de Hamas invadieron Israel e iniciaron la masacre de más de 1200 personas -a muchas de las cuales violaron, mutilaron, decapitaron e incendiaron- y secuestraron a otras 250 hacia la Franja de Gaza, aquella mañana fatídica del 7 de octubre de 2023, Ismail Hanyeh se hallaba en Doha, donde residía en un hotel de lujo. Lo acompañaban otros dirigentes de la milicia integrista palestina, entre ellos Saleh al-Arouri, el enlace de Hamas con Teherán, que tenía su base en Beirut, pero se había desplazado a Catar ese día.

Mientras seguía la cobertura de Al-Jazeera sobre la invasión de Hamás al sur de Israel, Hanyeh, vestido con traje impecable, permite ser filmado en tanto agradece a Alá el golpe que se ha asestado. Se lo ve a él y sus colegas postrarse y rezar. Dijo entonces el líder de Hamas: “Esta es una postración de gratitud por esta victoria. Alá, por favor otorga tu apoyo y gloria a nuestro pueblo y nación. ¡Alá u Akbar! ¡Alá u Akbar! Alabado sea Alá”. Un poco más tarde ese mismo día, dirá a Al-Jazeera: “Este es un llamado a nuestra resistencia, a nuestra Cisjordania, a nuestro pueblo, a nuestra resistencia en el exterior, a nuestros aliados estratégicos, a todos los hijos de esta nación: hoy es su día. Estamos al borde de la victoria. Seamos socios en la creación de esta gran victoria, inshallah”. Poco más de dos semanas después, proclamará la utilidad política de que mueran civiles palestinos en los bombardeos de Israel: “La sangre de las mujeres, los niños y los ancianos […] somos nosotros los que necesitamos esta sangre, para que despierte en nosotros el espíritu revolucionario, para que despierte en nosotros la determinación”. (El video y las citas pueden verse aquí: https://www.memri.org/reports/hamas-their-own-words-october-7-attack).

Haniyeh fue uno de los miembros fundadores más jóvenes de Hamas, en 1988, ya que cooperaba con el líder espiritual del grupo, el jeque Ahmed Yassin. Fue arrestado por las autoridades israelíes y más tarde deportado al sur del Líbano, en diciembre de 1992, junto con aproximadamente otros 400 islamistas, luego de que el grupo asesinara a seis agentes de seguridad israelíes. Bajo presión internacional, Israel se vio obligado a revocar la medida; Haniyeh regresó a Gaza en 1993 después de la firma de los Acuerdos de Oslo. Era un cuadro jerárquico de Hamas cuando el grupo lanzó una oleada de actos de terror suicida en las calles, buses, discotecas, pizzerías y universidades de Israel. Tenía una posición de liderazgo cuando el movimiento tomó la Franja de Gaza por medio de un golpe de estado y expulsó (y en el camino mató) a funcionarios de Fatah para transformar a Gaza en una base de agresiones jihadistas contra Israel. Tiempo después, el sunita Hamas se asoció con la república chiíta de Irán, abrió oficinas en varios países del Medio Oriente, mejoró el rango de sus cohetes, se nutrió de dinero catarí e iraní, además de desviar fondos de asistencia humanitaria internacional, para construir una sofisticada red de túneles de cientos de kilómetros de extensión, aplastó a dialoguistas, asesinó a sospechosos de colaborar con Israel, ejecutó a homosexuales, encarceló a disidentes y reprimió a las mujeres. Desde la modernista Doha, Hanyeh cultivó vínculos con Turquía, Rusia y China y consolidó la alianza con Teherán. En suma, Hanyeh fue un terrorista absoluto que lideró un movimiento jihadista híper violento al cual alió a las peores potencias revanchistas antioccidentales.

Es necesario recordar quién fue Ismail Hanyeh dada la cobertura bochornosamente adulatoria de su persona que es tendencia en los medios masivos de comunicación, especialmente en los de Occidente. Luego de que muriera en una explosión en su residencia como invitado del régimen ayatolá en Teherán, medios establecidos lo han presentado ante la opinión pública como un “mediador”, un “líder pragmático” o un “negociador moderado” entre otras caracterizaciones amables. Al observar esta cobertura extraña, Elkana Bar Eitan escribió en The Times of Israel: “No hay nada sobre sus constantes llamamientos a destruir el Estado de Israel. Ni una sola palabra sobre su papel en la masacre de Hamás del 7 de octubre. No hay nada sobre su lujoso estilo de vida, viviendo en el Hotel Four Seasons y volando en aviones privados. Ni una sola palabra sobre su corrupción en curso y cómo robó miles de millones de dólares al pueblo palestino”. “Al Qaeda y el ISIS no pueden tener ´alas políticas´ con diplomáticos terroristas vestidos con trajes caros” notó un editorial de The Wall Street Journal. “¿Por qué debería tratarse de manera diferente a Hamás?”. “Por más frustrados que estén los estadounidenses con los ataques”, debió comentar el historiador Walter Russell Mead, “Washington difícilmente puede condenar a Israel por eliminar a tres de los principales objetivos de la lista estadounidense de terroristas globales” en alusión a las ejecuciones de Mohammed Deif de Hamas, Fuad Shukr de Hezbolá y del propio Hanyeh, atribuidas a Israel.

Es en tiempos como éstos cuando muchos editores y periodistas exhiben sus verdaderos colores ideológicos. La glorificación de un terrorista realmente cruza todo límite profesional, y no puede mezclarse con la habitual preocupación por el destino de los civiles palestinos. Esta mirada delicada, este trato cortés, hacia un asesino legendario, contrasta intensamente con la incesante crítica impaciente que le es extendida a Israel en buena parte de la órbita mediática. Aunque el espectáculo duela, es bueno que esto haya ocurrido. Expone sin tapujos los atributos morales de quienes reportan -en rigor, juzgan- a diario a Israel. Las máscaras, damas y caballeros, yacen en el suelo.