Tema: 30 aniversario del atentado a la AMIA
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A 30 años de terrorismo e impunidad – 18/07/24
Profesores Republicanos
Por Julián Schvindlerman
  Proclama de Profesores Republicanos por 30 aniversario atentado AMIA – 10/07/24
El País (Uruguay)
Por Julián Schvindlerman
  Enrevista de Julián Schvindlerman con El País (Uruguay) – 28/06/24
Por Carlos Ríos
Profesor titular en la carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo (Argentina), profesor invitado en la Universidad Hebraica (México) y autor de cinco libros, Schvindlerman es un analista político argentino experto en Medio Oriente. Esta semana estuvo en Montevideo para brindar la conferencia “La Guerra Hamás- Israel. Repercusiones regionales y globales”, invitado por instituciones judías uruguayas. Schvindlerman habló con El País sobre esa guerra provocada por el ataque terrorista de Hamás, y de la creciente tensión con Hezbolá.
-Desde el día del ataque de Hamás el 7 de octubre, el gobierno israelí se fijó tres objetivos: recuperar a los rehenes, eliminar a Hamás y asegurarse de que Gaza no vuelva a ser una amenaza militar. ¿A cuánto se está de cumplirse esos objetivos?
-Los objetivos declarados públicamente por el gobierno israelí fueron efectivamente esos. Al momento no están cumplidos completamente ninguno de los tres. Gaza sigue siendo una amenaza, y lo será incluyo pos Hamás, que es el problema más complejo de los tres. En el tema de los rehenes, hubo algunos liberados, pero hay más de 100 israelíes secuestrados en Gaza. Y en relación a la eliminación de Hamás, todavía no se ha logrado. Hubo fuertes golpes contra Hamás, la mayoría de sus batallones fueron destruidos, y se habla de que casi la mitad de su fuerza militar fue diezmada. Pero son tantos los factores que intervienen que es muy difícil imaginar cuándo el gobierno decidirá frenar la campaña. Lo que sí es cierto es que hace unos días el primer ministro Netanyahu dijo que había reducido significativamente la presencia de soldados en Gaza para orientarse hacia la amenaza que representa Hezbolá en el norte.
-Netanyahu dijo que si Israel se lo propone, puede acabar militarmente con Hamás en pocos días. ¿Hamás es solo una amenaza militar?
-Vayamos a la génesis de su historia. Hamás nació generando mucho apoyo en el pueblo gazatí a fines de los años 80, porque nace como un movimiento religioso, social y educativo. El tema es que con el tiempo se transforma en un grupo terrorista. El debate que está ahora en Israel es si la ideología yihadista que encarna Hamás se pueda erradicar. Puedes destruir a Al Qaeda, a Boko Haram o ISIS, pero la ideología yihadista que los anima es otro nivel de complejidad. Hamás como grupo terrorista es eliminable. Pero la ideología yihadista es un combate cultural muy a largo plazo, que no solo involucra a Israel; es un tema más internacional.
-El ataque de Hamás se da cuando las negociaciones por los acuerdos de Abraham venían muy avanzadas, y se estaba a punto de firmar con Arabia Saudita. ¿Hubo un intento de Hamás de boicotear esos acuerdos o el ataque estaba planificado con o sin acuerdos?
-Creo que las dos cosas. Por un lado, Hamás planeó el ataque con mucha antelación. A la vez le sirvió a Irán y a Hamás por lo menos para postergar, dañar o entorpecer este proceso de acercamiento sustancial. Si bien ya existían acuerdos con países árabes -Egipto y Jordania-, un intento de negociación diplomática con los palestinos y los pactos de Abraham que normalizan lazos con otros cuatro países árabes, Arabia Saudita por ser el custodio de Meca y Medina, un país árabes musulmán, hiper prominente religiosa, política y económicamente, hubiera validado la integración regional de Israel de una manera realmente importante. Además hay otro punto, Irán tiene como máximos enemigos en términos geopolíticos a EE.UU al que llama “el gran Satán”, a Israel que llama “el pequeño Satán” y a Arabia Saudita que es el bastión del sunismo árabe. Irán es un país no árabe bastión chiita. De manera que eran los tres máximos enemigos formando una alianza. Así que son las dos cosas.
-¿Cuál es el papel de Irán en Medio Oriente, además de apoyar a Hamás y a otros grupos enemigos de Israel?
-Irán financia en torno a 100 millones de dólares anuales a Hamás; le da mucho más a Hezbolá. Es una república islámica fundamentalista desde 1979 con la revolución de Jomeini, que tiene una estrategia de subversión regional. De hecho en la Constitución iraní se pide la exportación de su “revolución”. Irán hoy es una gran fuerza desestabilizadora regional. Es un actor central que en algún momento va a tener una confrontación directa con Israel. Como decía el exprimir ministro israelí Naftali Bennett, podemos luchar contra los tentáculos hasta un punto, pero al pulpo en algún momento habrá que confrontarlo.
-¿Cómo explica que Irán, que financia a grupos terroristas en Medio Oriente, no reciba las condenas que recibe Israel en medio de la guerra contra Hamás? Por ejemplo, en la ONU Israel ha sido muy cuestionado.
-Hace poco cuando murió en un accidente aparente el expresidente iraní Ebrahim Raisi, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU hicieron un homenaje, un minuto de silencio, a un hombre que en los años 80 mandó ejecutar a miles de disidentes, y reprimió con brutalidad las manifestaciones por la muerte de la joven Mahsa Amini, que por tener mal puesto el velo fue molida a palos en una comisaría. Es extrañísima la actitud de la ONU. La realidad es que la ONU hace tiempo que quedó de alguna manera cooptada por un montón de países que no tienen una cosmovisión liberal democrática pro occidental. Es sumamente lamentable que una institución con ideales nobles, con principios fundacionales muy buenos, terminó corrompida ideológicamente y políticamente al servicio de un montón de dictaduras. Esto explica la cantidad de resoluciones que hay contra Israel y casi nula atención a la situación de derechos humanos reales en otras partes del mundo.
-A partir de la guerra en Gaza, Israel ha tenido crisis diplomáticas con varios países. En América Latina esas crisis de dieron con países que tienen gobiernos de izquierda, como Brasil y Colombia. ¿Se puede identificar a la izquierda latinoamericana con la “causa palestina”, o son casos puntuales y no podemos generalizar?
-Creo que se puede generalizar, porque la evidencia está presente. La abrumadora mayoría de los países que están gobernados por partidos de izquierda -no una izquierda centrista sino tirando a cierto extremo- es totalmente pro palestina. Éste Lula claramente volvió recargado, como aliado de Rusia, muy cercano a China, muy anti sionista. Me parece que se corrió muy al extremo. Petro sí, claramente está en un extremo. Y Boric parece más equilibrado. De manera que yo diría que hay un fenómeno hoy en día donde mayormente la izquierda tiende a ser más pro palestina y anti israelíes. Y la derecha hoy está siendo más pro israelí. El fenómeno se viene dando en todos los continentes.
-¿Esto se da porque en Israel gobierna la derecha con Netanyahu? ¿Qué pasaría con un gobierno de otro color político?
-Se moderaría un poquito, pero no sustancialmente. Porque en rigor todo depende de qué políticas adopte el gobierno israelí, sea de izquierda o de derecha. Netanyahu tuvo muchos años en el poder, generó muchos enemigos y muchas antipatías mundiales, entonces es una figura un poco desgastada. Pero la realidad es que hubo instancias históricas de partidos de la izquierda israelí tomando decisiones similares a las que hoy serían decisiones de derecha, y fueron universalmente castigados. Supongamos que no está Netanyahu y sí Yair Lapid, que es de la centroizquierda israelí y hubiera respondido militarmente en Gaza, la reacción internacional igual hubiera sido contraria.
-¿Es sostenible el actual gobierno del primer ministro Netanyahu o cómo reclama la oposición hay que convocar a elecciones?
-Es un tema muy delicado. Porque hubo una elección y se eligió a Netanyahu democráticamente. Entonces, pedir el cambio de gobierno cuando no se cumple el ciclo es cuestionable. Por otro lado es cierto que ocurrió un hecho que cambia todo y que ha generado tensiones absolutamente inusitadas en la sociedad israelí, empezando por el tema de los rehenes que es desgarrador para las familias. Prefiero no tomar postura, simplemente presentar el escenario de que lo que está en confrontación es la existencia de una elección libre, transparente y legítima y un mandato que se debe cumplir, versus el argumento de que hay una situación de excepción que requiere una acción de excepción.
Conferencia de Julián Schvindlerman en Montevideo (Kehila – KKL) – 26/06/24
Entrevista de Julián Schvindlerman con Sebastian Galiani – 20/06/24
Tema: Israel y los tres círculos de conflictividad: islámico, árabe y palestino – Parte 3
Sebastián Galiani fue viceministro de economía de la República Argentina. Es profesor en la Universidad de Maryland (EE.UU.) y obtuvo su doctorado en la Universidad de Oxford. Entre sus previos entrevistados están Nicolas Dijovne, Federico Sturzenegger, Domingo Cavallo, Laura Alonso, Sergio Berensztein, Fabián Calle y otros.
Perfil
Por Julián Schvindlerman
  El cuestionable homenaje de la ONU por la muerte del presidente de Irán – 08/06/24
Por Julián Schvindlerman
Perfil – 8/6/2024
Geopolíticamente hablando, este año viene agitado y, entre tanto acontecimiento internacional, solo recibió un tratamiento efímero un hecho que merece su debida atención: el minuto de silencio que las Naciones Unidas llevó adelante en honor al presidente de la República Islámica de Irán, Ebrhaim Raisi, tras su fallecimiento en un accidente aéreo el 20 de mayo pasado.
El Consejo de Seguridad del organismo realizó un acto conmemorativo el mismo día de su muerte. El presidente rotativo del organismo, Pedro Comissário Afonso, embajador de Mozambique, pidió a los miembros ponerse de pie y guardar silencio “en recuerdo de la pérdida de vidas, en un accidente del presidente de la República Islámica de Irán, Ebrahim Raisi y su equipo”.
Se levantaron los presentes, entre ellos, las delegaciones de EE.UU., Reino Unido, Francia y Suiza. Diez días después, el 30 de mayo, la Asamblea General de la ONU organizó su propio acto de recordación. UN Press, que se encarga de cubrir las actividades de la organización, detalló la ceremonia en su portal, con el título “La Asamblea General rinde homenaje al difunto presidente de Irán y elogia su liderazgo visionario y sus contribuciones al multilateralismo y el desarrollo”. Vale la pena advertir qué se dijo allí.
Penas equivocadas. Concluido el minuto de silencio, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, dijo que Raisi “dirigió a Irán en un momento difícil para el país, la región y el mundo”. Dennis Francis, el enviado de Trinidad y Tobago, quien presidía la Asamblea General, trasladó “nuestras más sentidas condolencias al gobierno y al pueblo de Irán”, recordando que Raisi “lideró la contribución de su país a la configuración de los principios de nuestro sistema multilateral y de la cooperación internacional”. Hablando en nombre del Grupo Africano, el representante de Burundi señaló que el mandatario iraní “fue un líder visionario”, dedicado a los principios de hermandad, solidaridad y multilateralismo. En nombre de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), el representante de Pakistán recordó “las contribuciones históricas del difunto presidente a la visión y misión de ese organismo”. En nombre del Movimiento de Países No Alineados, el representante de Uganda destacó que Raisi desempeñó un papel decisivo en el fortalecimiento de la cooperación entre los miembros del bloque y destacó su “visión y liderazgo”.
Sumaron sus elogios al difunto presidente el representante de Haití, quien habló en nombre del Grupo de Estados de América Latina y el Caribe (Grulac, el representante de Qatar, quien lo hizo por el Consejo de Cooperación del Golfo, y el representante de Vanuatu, por el Grupo de Estados de Asia-Pacífico.
El embajador de Irán agradeció a todos los oradores y señaló que el presidente Raisi y el ministro de Relaciones Exteriores que también murió en el accidente, estuvieron abocados a “promover la paz, la estabilidad y la seguridad sostenible en nuestra región y más allá”. Ningún delegado de países occidentales habló en el homenaje. Algunos, como Francia y Estados Unidos, no enviaron representantes. La sala se veía bastante vacía.
Por su parte, el embajador del Estado de Israel, Gilad Erdan, protestó con indignación: “¡La ONU fue fundada para prevenir atrocidades, pero hoy saluda a los dictadores asesinos en masa!”. Antes había criticado al Consejo con ironía: “¿Qué hará a continuación? ¿Dedicará el Consejo un momento de silencio para conmemorar a Hitler?”.
El verdadero Raisi. Estos homenajes fueron celebrados en honor a un hombre apodado “el Carnicero de Teherán” por su papel en la supervisión de las ejecuciones masivas de miles de personas en 1988; quien reprimió con brutalidad a mujeres y estudiantes que protestaron por el asesinato de la joven Mahsa Amini por usar incorrectamente el velo impuesto por su régimen (sus policías mataron a más de quinientos iraníes y arrestaron a más de 22 mil); quien preside un gobierno que ejecuta homosexuales y opositores; quien niega el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial; quien respalda a movimientos terroristas en Yemen, Líbano, Irak y Gaza.
Quien financió con cien millones de dólares anuales al movimiento fundamentalista palestino Hamas (grupo que el pasado 7 de octubre asesinó a alrededor de 1.200 israelíes en territorio israelí y secuestró hacia Gaza a más de 250); quien gobernó el país mientras enriqueció uranio a niveles aptos para uso militar, a pesar de alegar un fin exclusivamente civil; quien proveyó de drones a Rusia para atacar ciudades en Ucrania; y quien lanzó un masivo ataque con misiles cruceros y balísticos contra Israel unas semanas atrás.
Una desdichada historia. Debe notarse, además, que esta es la misma ONU cuyo principal órgano judicial, la Corte internacional de Justicia, hoy presidida por Nawaf Salam –un político libanés que fue representante de aquel país árabe ante las Naciones Unidas–, está ponderando si Israel es un estado genocida. Y que el exsubsecretario general de las Naciones Unidas, el británico-musulmán Karim Ahmad Khan, quien como fiscal de la Corte Penal Internacional acaba de emitir órdenes de arresto contra el primer ministro y el ministro de Defensa israelíes (así como contra tres líderes de Hamas, pero pocos observadores informados creen que la medida no sea verdaderamente contra Israel). Un dato de su biografía: Khan fue abogado defensor del expresidente de Liberia Charles Taylor, condenado a 50 años de prisión por crímenes de guerra, y de Saif al Islam Gadafi, hijo del infame tirano de Libia.
Las Naciones Unidas acusa varios precedentes de debacles morales. Desde haber tenido como secretario general al austríaco Kurt Waldheim, de quien luego se supo, había sido un oficial nazi; hasta haber invitado a disertar a su Asamblea General a Yasser Arafat, entonces un terrorista declarado. Desde haber elevado a su secretaría general a Kofi Annan, quien había fracasado como subsecretario general para operaciones de paz cuando ocurrieron las masacres de Bosnia y Ruanda, hasta haber permitido que la Unrwa en Gaza, su agencia para la protección de refugiados palestinos, haya sido enteramente infiltrada por terroristas de Hamas. Su minuto de silencio en honor a uno de los más despiadados tiranos contemporáneos, es un nuevo nadir en su desdichada historia institucional.
Entrevista de Julián Schvindlerman con Diario Norte (Chaco) – 15/05/24
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  Acerca del nuevo libro Papa Francisco: Mi vida. Mi historia a través de la Historia (Madrid: Harper Collins, 2024) – 04/05/24
La meditación de Francisco sobre la dimisión y la figura de Benedicto XVI
Por Julián Schvindlerman
Libertad Digital (España) – 4/5/2024
https://www.clublibertaddigital.com/ideas
En una autobiografía de reciente publicación, Papa Francisco: Mi vida. Mi historia a través de la Historia -de la pluma del actual pontífice en coautoría con Fabio Marchese Ragona, vaticanista del grupo de televisión Mediaset- el Papa Francisco relata el sendero de su vida en tanto se cruza con hechos relevantes de la historia mundial. En la interacción, Francisco reflexiona sobre el Holocausto, las bombas atómicas, la Guerra Fría, el primer alunizaje, la dictadura militar en la Argentina, el surgimiento de la Unión Europea, los ataques terroristas del 11S y la pandemia de COVID, entre otros asuntos. Aquí me centraré en el capítulo dedicado a la dimisión de su predecesor Benedicto XVI y en la mirada que el actual pontífice brinda acerca de esa renuncia y de la ulterior muerte del Papa alemán.
Sede vacante.
A lo largo de la historia católica, varios pontífices renunciaron forzosamente al ejercicio papal. El caso más dramático fue el de San Clemente I, quien renunció en el año 96 y al año siguiente fue arrojado al Mar Negro encadenado a un ancla. El Papa San Ponciano abandonó el trono de San Pedro en el siglo III. El Papa San Silverio en el siglo VI fue depuesto por el general bizantino Belisario y renunció. En el 654 renunció el Papa San Martín, también tras ser depuesto y, en su caso, deportado. En el siglo XI el Papa Benedicto IX renunció y se retiró al monasterio de Grottaferrata como penitente. En 1294 fue el turno del Papa Celestino V, quien dejó el oficio por incapacidad, aunque inducido por el cardenal Benedicto Caetani. “En el Vaticano corrían rumores de que, por la noche, el papa Celestino oía la voz de un ángel que le pedía que abdicara de su cargo y que, en realidad, era Caetani quien le hablaba a través de un agujero en la pared”. Tras la dimisión, éste asumió como el nuevo Papa con el nombre de Bonifacio VIII. El Papa Gregorio XII renunció en 1415 y Clemente VIII lo hizo en 1429.
El 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI sorprendió al mundo al anunciar su renuncia al papado. Dirigiéndose en latín a los cardenales en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, afirmó:
“para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio es necesario también el vigor, tanto del cuerpo como del espíritu; vigor que en los últimos meses ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma…”.
Poco más de dos semanas después, el 28 de febrero, Benedicto XVI salió al balcón de la residencia pontificia de Castel Gandolfo para dar su último discurso como Sumo Pontífice:
“Sabéis que para mí este es un día distinto de otros anteriores. Ya no soy Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Todavía lo seré hasta las ocho de esta tarde, después ya no. Soy simplemente un peregrino que empieza la última etapa de su peregrinación en esta tierra”.
La dimisión de Benedicto XVI marcó la primera renuncia libre en la historia papal, la primera renuncia no inducida por rivales o con el fin de resolver un cisma. Fue, en palabras del vaticanista español Javier Martínez-Brocal, “una novedad absoluta”. Así, a casi seis siglos de la previa renuncia pontificia y marcando terreno inédito, Ratzinger conmovió al mundo católico, cristiano y seglar con su impactante determinación. Con la última campanada de las 20h, las puertas del palacio se cerraron y culminó su papado. “Ratzinger, de 85 años, se marcha como vivió, solo” esbozó Pablo Ordaz en El País de España.
Primeras reacciones.
Con la conclusión del discurso, el todavía arzobispo porteño Jorge Bergoglio relata en su nuevo libro que se acercó a saludar el Papa “como los demás hermanos cardenales, y le agradecí todo lo que había hecho. Fue muy amable y también me agradeció haber ido a la audiencia. A las ocho en punto inició el período de sede vacante: la Iglesia ya no tenía papa”. Francisco se mostró comprensivo con la decisión de su predecesor: “Sin duda, Benedicto debió meditar y rezar mucho antes de tomar aquella histórica y valiente decisión”.
La renuncia de Benedicto fue aplaudida por muchos como un acto franco de reconocimiento de las propias limitaciones y un gesto valiente que preservaba a un hombre mayor al borde de sus capacidades, a la vez que protegía a una Iglesia necesitada de un líder colmado de vigor para guiar a más de mil millones de fieles en todo el mundo. En primera plana, el diario vaticano alabó la “desconcertante dignidad” con la que Benedicto había procedido. Otros lo vieron como una abdicación inconcebible al trono de San Pedro y un abandono de sus obligaciones papales. Dado que Ratzinger permaneció con vida por casi una década adicional y continuó escribiendo durante este período, hubo cuestionamientos a las razones esgrimidas para desistir del rol pontificio. Cuando el Trono de Pedro fue ocupado por el nuevo Papa Francisco -“el pontífice más progresista en medio siglo” según The Economist- los críticos conservadores de Ratzinger se sintieron singularmente decepcionados por la consecuencia infeliz de la abdicación papal.
Esto dio lugar a una inédita convivencia de dos pontífices en la Ciudad del Vaticano: el Papa renunciante y el nuevo líder supremo de la Iglesia Católica, Francisco; conservador uno, progresista el otro. Benedicto XVI siguió vistiendo de blanco y parecía cómodo con el mote de “Papa emérito” pero nunca desafió públicamente a Francisco por discrepancias ideológicas, aun cuando continuó escribiendo y, ocasionalmente, disertando o dando entrevistas. Salvo una famosa excepción: cuando se publicó un libro suyo en coautoría con el cardenal africano Robert Sarah, prefecto de la Congregación del Culto Divino, en el 2020, a favor del celibato sacerdotal en momentos en los que el nuevo Papa se mostraba dispuesto a permitir el casamiento de sacerdotes del rito latino. Las críticas no tardaron en emerger, forzando al Papa emérito a retirar su firma de esa obra.
En su autobiografía, Bergoglio aborda las controversias que surgieron entre ellos: “…me entristeció ver que, con los años, su figura de papa emérito ha sido instrumentalizada con fines ideológicos y políticos por gente sin escrúpulos que, al no haber aceptado su renuncia, quizá pensó en su propio beneficio y en sus propios intereses, subestimado la dramática posibilidad de una fractura en el seno de la Iglesia”, y lamentará que “por desgracia” en los años siguientes a la renuncia pontificia “no faltaron polémicas que nos hicieron daño a los dos”. Una de las más conocidas controversias involucró al entonces secretario personal del papa alemán, Georg Gänswein, cuyo libro crítico (con un capítulo dedicado al vínculo entre ambos papas) salió el día del funeral de Benedicto XVI. “Que el día del sepelio se publique un libro que me pone de vuelta y media, contando cosas que no son verdad, es muy triste” dijo Francisco entonces.
Habemus Papam.
Pero esta historia comienza con el momento de la noticia bombástica de la abdicación en Roma y la toma de conocimiento de ella por parte de Jorge Bergolgio en Buenos Aires. Así se narra en el libro:
“Mientras tanto, en el despacho del arzobispo [de Buenos Aires] el teléfono sigue sonando.
-¿Diga?- responde el purpurado.
-Eminencia, soy Gerry [O´Connell], lo llamo desde Roma, espero no molestar. Abdicó el Papa…
Me quedé paralizado unos segundos, casi no podía creer lo que mi interlocutor me estaba diciendo por teléfono”.
El arzobispo porteño comprendió que debía viajar a Roma, aún cuando, admite, “yo trataba de ir lo menos posible al Vaticano. Sinceramente, prefería estar con mi gente, entre otras cosas, porque no me sentía muy a gusto viendo la pompa de esos palacios”. El arribo de los purpurados a un nuevo cónclave es un acontecimiento ampliamente cubierto por los medios de prensa del globo y seguido por millones. No obstante, Bergoglio se las ingenia para pasar desapercibido: “envuelto en su abrigo negro, llega solo, a pie, con el bolso en la mano y sin el solideo de color púrpura en la cabeza, cruzando la Plaza de San Pedro. Ni los fieles ni los periodistas lo reconocen y esto le permite llegar puntual, sin obstáculos”. Ante el colegio cardenalicio, Bergoglio cierra su breve mensaje con estas palabras: “Pensando en el próximo papa: un hombre que, a través de la contemplación de Jesucristo y de la adoración de Jesucristo, ayude a la Iglesia a salir de sí misma hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de la `dulce y reconfortante alegría de evangelizar´”.
Acota Francisco en Mi Vida: “¡Ese discurso fue mi condena! Menos de tres minutos que cambiaron mi vida. Al finalizar la alocución hubo un aplauso y más tarde me enteré que desde ese mismo momento había empezado a circular mi nombre”. El 13 de marzo de 2013, con la tercera votación, Bergoglio fue electo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Él recuerda que el cardenal brasileño Cláudio Hummes lo besó y le pidió que no se olvide de los pobres. “Y entonces elegí el nombre que tendría como papa: Francisco. En honor a San Francisco de Asís”, anotó.
Francisco narra qué, tras ser elegido Papa y saludar a la feligresía en la Plaza de San Pedro, lo siguiente que hizo fue llamar por teléfono a su predecesor, quien no atendió al encontrarse mirando la fumata blanca por televisión junto a su secretario privado. “Una vez saludado al pueblo”, cuenta Francisco, “hice mi primera llamada al papa emérito. Quería darle las gracias una vez más por su trabajo, pidiéndole que rezara por mí y prometiéndole que iría a verlo pronto”. En varias ocasiones, Francisco visitó a Benedicto y en su primera conferencia de prensa, en un vuelo de regreso de un viaje a Río de Janeiro en julio de 2013, se refirió con calidez al vínculo que los unía: “es como tener el abuelo en casa, pero el abuelo sabio”. Aquí la cita ampliada:
“Hay algo que caracteriza mi relación con Benedicto: yo le quiero mucho. Siempre le he querido. Para mí es un hombre de Dios, un hombre humilde, un hombre que reza. Me alegré mucho cuando fue elegido Papa. También cuando dimitió fue un ejemplo de grandeza. Un grande. Sólo un grande hace esto […] Es como tener el abuelo en casa, pero un abuelo sabio”.
Aunque nunca lo dijo en público, Benedicto no halló del todo alegre la mención. Cuando Francisco reiteró eso al año siguiente durante la celebración de la Jornada para la Tercera Edad en Roma, conforme informó la corresponsal en Italia del diario argentino La Nación, Ratzinger comentó a su secretario privado Georg Ganswein: “Bueno, en el fondo tenemos sólo nueve años de diferencia. Quizás era más correcto definirme ‘el hermano mayor’”.
El fallecimiento de Benedicto XVI.
El 31 de diciembre de 2022 L`Osservatore Romano informó que falleció Benedicto XVI, a los 95 años, a las 9:34h, en el monasterio Mater Ecclesiae, en los jardines vaticanos. “Benedicto XVI ha regresado a la Casa del Padre” declaró el diario oficial vaticano. Esa misma tarde, en su homilía de fin de año, dijo Francisco:
“Y hablando de amabilidad, en este momento, nuestro pensamiento se dirige espontáneamente a nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI, que nos ha dejado esta mañana. Con emoción recordamos su persona tan noble, tan amable. Y sentimos tanta gratitud en el corazón: gratitud a Dios por haberlo dado a la Iglesia y al mundo; gratitud a él, por todo el bien que ha realizado, y sobre todo por su testimonio de fe y de oración, especialmente en estos últimos años de su vida retirada. Sólo Dios conoce el valor y la fuerza de su intercesión, de sus sacrificios ofrecidos por el bien de la Iglesia”.
Por voluntad de Benedicto, se invitó oficialmente tan sólo a las delegaciones de Alemania e Italia a su funeral solemne, las que fueron presididas por los presidentes respectivos Frank-Walter Steinmeier y Sergio Matarella. Otros dignatarios mundiales se hicieron presentes, como la reina Sofía de España. Los restos de Ratzinger fueron colocados en el centro de la plaza vaticana, donde casi 200.000 personas le dieron su último adiós, tras lo cual fueron introducidos en un féretro de madera. Francisco inauguró la celebración fúnebre ante unos 130 cardenales, 400 obispos y 3700 sacerdotes. Tal como vaticanistas señalaron, era la primera vez en la historia contemporánea que un Papa era despedido por otro Pontífice. (En 1802 el Papa Pío VII participó del funeral de su predecesor, Pío VI, fallecido en 1799 en el exilio en Francia). Durante la Misa Exequial, Francisco destacó la “sabiduría, delicadeza y entrega” del pontífice fallecido y declaró:
“También nosotros, aferrados a las últimas palabras del Señor y al testimonio que marcó su vida, queremos, como comunidad eclesial, seguir sus huellas y confiar a nuestro hermano en las manos del Padre: que estas manos de misericordia encuentren su lámpara encendida con el aceite del Evangelio, que él esparció y testimonió durante su vida (cf. Mt 25,6-7)”.
Y concluyó: “Benedicto, fiel amigo del Esposo, que tu gozo sea perfecto al oír definitivamente y para siempre su voz”.
Las palabras de despedida de Francisco no fueron bien recibidas entre los fieles conservadores que vieron en Benedicto XVI a su emblema moral. La homilía versó principalmente sobre la figura de Jesús y muy poco sobre la vida y obra del Papa Emérito. De hecho, Francisco nombró explícitamente a Benedicto una única vez, en el último párrafo de su homilía. Fue muy distinta de la homilía generosa que el cardenal Ratzinger pronunció en el funeral de Józef Wojtyla en 2005, al alabar profusamente la figura de Juan Pablo II. “Uno casi tiene la sensación de que esta es una homilía fúnebre genérica que ha sido ligeramente adaptada para Benedicto XVI”, apuntó el vaticanista John Allen. Rod Dreher, un cristiano ortodoxo oriental conservador, tuiteó: “Qué acto vergonzoso. Una señal de una inmensa falta de respeto”. David Quinn, director del Instituto Iona de Irlanda, también conservador, acotó con sarcasmo: “Comentarios muy discretos, de acuerdo”.
Los días posteriores al fallecimiento del Papa emérito, el Vaticano, lejos de paralizarse, siguió con sus asuntos en curso. Francisco se mantuvo en agenda: se reunió con el embajador saliente de Corea del Sur y los organizadores de un premio para promover la fraternidad humana. Dio su audiencia pública semanal a los peregrinos, aunque recordó a Benedicto. El día del funeral las oficinas del Vaticano permanecieron abiertas, y se les permitió asistir a la misa fúnebre solo a los empleados no esenciales. Los Museos Vaticanos y la farmacia vaticana no tenían programado cerrar por la tarde, pero la Capilla Sixtina no abrió sus puertas a turistas. Por su parte, el día del funeral, el diario oficial vaticano publicó el prólogo elogioso hacia Benedicto escrito por el Papa Francisco en el libro de la Librería Editora Vaticana Dios es siempre nuevo, que recoge el pensamiento espiritual del papa emérito.
Conclusión.
Papa Francisco: Mi vida. Mi historia a través de la Historia seguramente es un texto que refleja con fidelidad el sentir personal del actual Papa sobre el peculiar lazo con su predecesor. Es también un texto político, al echar luz sobre los pensamientos de un jefe de estado mundialmente influyente. Además, debe leerse en el contexto de una intensa disputa política entre progresistas y conservadores en el seno del Vaticano por los legados del difunto Benedicto XVI y del propio Francisco, ya octogenario y cursando su onceavo año de pontificado. Resulta claro que el segundo quiere dejar asentado su afecto y respeto por el primero. Tal como escribe: “[Benedicto] fue un gran Papa, humilde y sincero, que amó la Iglesia hasta el final”. Si este libro logrará apaciguar los rumores y las tormentas que todavía rodean la memoria del vínculo entre ambos papas, eso es harina de otro costal. Pero hay que reconocerle a Francisco el esfuerzo -declarado en la contratapa del libro como frase destacada- de intentarlo: “No hay que olvidar la lección más importante: podemos releer la historia de nuestra vida para hacer memoria y poder transmitir algo a quien nos escucha”.
Conferencia de Julián Schvindlerman por Iom Hashoá en Corrientes – 05/05/24
Ataque del 7 de octubre, nuevo genocidio a la judería
Organizada en forma conjunta por la Sociedad Cultural Israelita Scholem Aleijem y la Cátedra Libre Derechos Humanos, Genocidio y Holocausto de la Facultad de Derecho de la UNNE.
