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Seúl

Israel contra todos – 06/10/24

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Al revés de lo que se dice, el esfuerzo del Estado hebreo por reducir las víctimas colaterales en Gaza no tiene precedentes. Si el mundo no le ata las manos, el triunfo será definitivo.

Por Julián Schvindlerman

A las 6:29 am del 7 de octubre del año pasado, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, fue informado de que la frontera sur del país había sido vulnerada. Aproximadamente 3.500 palestinos participaron en la incursión, de los cuales cerca de 2.000 eran miembros de la milicia islamista Hamás y los 1.500 restantes, civiles gazatíes. Tomaron por sorpresa a la población en plena madrugada de un sábado, coincidiendo con la festividad de Simjat Torá, y masacraron alevosamente a más de 1.200 personas.

Familias enteras fueron asesinadas con brutalidad extrema. Ejecutaron a padres delante de sus hijos y viceversa. Violaron a mujeres y luego las mataron. Incendiaron casas, autos y personas, bebés incluidos. Arrojaron granadas dentro de los refugios, donde personas desarmadas y desesperadas se habían ocultado. Con especial saña se enfocaron en un festival de jóvenes convocado con una consigna de paz: les dispararon a quienes pudieron, atraparon y torturaron a otros, y violaron a jóvenes de ambos géneros. Una hoja hallada en el uniforme de un terrorista abatido contenía instrucciones para violar, ofreciendo la traducción del árabe al hebreo de la orden “sacate los pantalones”. Los actos depravados y la perversión sexual exhibida por los atacantes son indescriptibles. La atrocidad fue tan absoluta que se hicieron comparaciones con el Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial y con los pogroms de siglos previos en Europa.

Los primeros cuatro minutos del ataque de Hamás fueron cruciales para el éxito de su operación. Cuatrocientos cohetes fueron lanzados desde Gaza contra poblados de Israel, dando cobertura a la invasión inminente. Conforme al protocolo de seguridad, cuando suenan las alarmas, los israelíes se resguardan en refugios especiales. Drones cargados de explosivos golpearon las cámaras de seguridad fronterizas, cegando así a quienes monitoreaban la frontera electrónicamente. Los terroristas ingresaron por vía terrestre, aérea y marítima: en camionetas y motos, parapentes y lanchas. Además de masacrar, secuestraron a 251 israelíes, vivos y muertos. El mayor tenía 85 años y el menor, un bebé argentino-israelí llamado Kfir Bibas, contaba con apenas ocho meses. Circularon imágenes de civiles gazatíes transportando secuestrados en motocicletas, y milicianos de Hamás llevando jóvenes mujeres –algunas ensangrentadas, otras semidesnudas y moribundas– en sus pick-ups blancas, mientras gritaban eufóricamente Ala-u-akbar (“Dios es grande”). En Gaza, fueron recibidos con vítores. La euforia y el clima celebratorio eran totales.

Israel fue tomado por sorpresa y pagó un precio muy alto por eso. La nación entera estaba conmocionada, esforzándose en procesar la magnitud del odio visceral del pueblo palestino que acababa de quedar expuesto. Dos encuestas palestinas de los meses siguientes pusieron guarismos: el 75% de los palestinos de Gaza y Cisjordania respaldaban la masacre de Hamás. La Autoridad Palestina, presuntamente la parte moderada de la ecuación, nunca repudió esa incursión sádica. La penetración islamista en la sociedad gazatí ha sido tan completa, que hasta maestros de las escuelas de la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, participaron de las matanzas. Los fotógrafos palestinos sabían que debían estar en la frontera aquella madrugada para documentar lo que consideraban una gran hazaña. Increíblemente, uno de ellos, Yasser Qudih, fue galardonado con el premio Pulitzer como parte del equipo de Reuters, a pesar de haber colaborado con una organización terrorista.

Secuestrados intercambiados o liberados (117 de los secuestrados regresaron a Israel con vida) narraron que fueron alojados en casas particulares; otros contaron que médicos palestinos les removieron balas de sus cuerpos sin usar anestesia o que les arrojaron ácido en las heridas abiertas. Evidencia forense probó que una joven israelí herida fue tiroteada en el hospital Al-Shifa y otros seis jóvenes fueron ejecutados a sangre fría en un túnel por dos terroristas al advertir la proximidad de soldados israelíes. ¿Y cómo no recordar aquel inconcebible llamado telefónico que hizo un atacante palestino a sus padres para relatarles orgullosamente que había matado a diez israelíes con sus propias manos? La reacción de sus progenitores no fue menos abismal: la madre lloró emocionada, el padre le agradeció a Alá.

Un desafío para el Ejército

Las Fuerzas de Defensa de Israel respondieron a la agresión de Hamás con una combinación de campaña aérea e incursión terrestre. Según estimaciones militares, antes del 7 de octubre Hamás tenía entre 30.000 y 40.000 combatientes en la Franja de Gaza, divididos en cinco brigadas regionales, 24 batallones y unas 140 compañías. En su reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU, Netanyahu declaró: “Las Fuerzas de Defensa de Israel han matado o capturado a más de la mitad de estos terroristas, han destruido más del 90% de su arsenal de cohetes y han eliminado los segmentos clave de su red de túneles terroristas”.

En el transcurso de un año, el ejército israelí atacó 35.000 objetivos terroristas, superando lo alcanzado por Estados Unidos durante toda su campaña en Afganistán, según un alto oficial israelí, y eliminó a 23 de los 24 batallones de la milicia palestina. Mató a su líder, Ismail Haniya, en Teherán; al elusivo Mohamed Deif, el comandante del ala militar de Hamás, en Khan Younis, junto a su subalterno Rafaa Salameh; y a Saleh al-Arouri, enlace de Hamás con Irán, en Beirut, entre otros. El mes pasado, el ejército hebreo estimó que Hamás fue derrotado militarmente en toda la Franja de Gaza y que ahora es sólo un grupo guerrillero.

Estadísticamente, esto significa que Israel ocasionó la muerte a alrededor de un civil por cada terrorista eliminado. No hay otro ejército en la historia universal que haya alcanzado este nivel mínimo de bajas colaterales.

El desafío militar para las FDI ha sido monumental. Enfrentó un escenario bélico de alta complejidad, inédito en la historia de las guerras modernas. El teatro de operaciones fue un centro urbano poblado con casi 2,5 millones de civiles, entre los cuales se escondían decenas de miles de terroristas. Existía una verdadera ciudadela subterránea conformada por un sistema de túneles de más de 500 kilómetros de extensión, más grande que la red de subterráneos de Londres o Nueva York. Hamás ocultó explosivos, armamento y personal en edificios particulares, en escuelas de la ONU, en mezquitas, en campos de refugiados, en zonas humanitarias designadas y empleó estas mismas instalaciones –así como cementerios– para lanzar decenas de miles de cohetes y emboscar a soldados israelíes. El líder de la organización palestina, Yahya Sinwar, presuntamente se desplaza bajo tierra rodeado de secuestrados para evitar ser atacado.

El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, aseguró a la prensa occidental que más de 40.000 personas resultaron muertas hasta ahora, sin distinguir entre civiles y combatientes (amén de que la cifra es inverificable). Tampoco diferencia entre palestinos muertos por Israel y aquellos que murieron por cohetes defectuosos de Hamás (4.000 cayeron dentro de Gaza). Israel informó que mató a unos 18.000 combatientes (17.000 en Gaza y 1.000 dentro de Israel el 7 de octubre). Estadísticamente, esto significa que Israel ocasionó la muerte a alrededor de un civil por cada terrorista eliminado. No hay otro ejército en la historia universal que haya alcanzado este nivel mínimo de bajas colaterales y mucho menos en semejante escenario bélico donde la población civil es usada como escudo humano.

El triunfo moral de Israel

Esto es resultante de una eficaz política de prevención. Según cifras provistas por fuentes israelíes, el ejército realizó seis millones de llamadas pregrabadas, envió cuatro millones de mensajes de texto, hizo 20.000 llamadas telefónicas y lanzó un millón y medio de panfletos desde el aire a los gazatíes para advertirles que se desplazaran de zonas que serían atacadas. Israel instaló 14 hospitales de campo. Envió o permitió el ingreso de 51.500 camiones con alrededor de 700.000 toneladas de alimentos, lo que supone más de 3.000 calorías diarias para cada hombre, mujer y niño palestino. Coordinó con la ONU una campaña de vacunación contra la polio en Gaza que alcanzó al 90% de la población a la que estaba dirigida. Al día de hoy continúa proveyendo agua y electricidad a la Franja de Gaza. Estas consideraciones con la población civil de una entidad hostil en medio de una guerra iniciada por sus gobernantes no tienen precedentes.

John Spencer, quién sirvió durante 25 años como soldado de infantería y dos períodos en Irak y es titular de estudios sobre guerra urbana en el Instituto de Guerra Moderna de West Point, escribió en una columna para Newsweek en marzo:

En mi larga carrera estudiando y asesorando sobre guerra urbana para las fuerzas armadas de Estados Unidos, nunca he conocido a una institución que tome tantas medidas para atender a la población civil del país enemigo, especialmente mientras combate simultáneamente en los mismos edificios. De hecho, según mi análisis, Israel ha implementado más precauciones para prevenir daños a civiles que cualquier otra fuerza en la historia, superando con creces lo que exige el derecho internacional y más de lo que hizo Estados Unidos en sus guerras en Irak y Afganistán.

La guerra contra Hamás no ha terminado. Muchos secuestrados permanecen en horripilante cautiverio. Sinwar aparentemente sigue vivo. El futuro político de Gaza y su potencial impacto sobre Israel son inciertos. No obstante, y a pesar de las presiones diplomáticas y las difamaciones globales, Israel ha triunfado moralmente y lo está haciendo militarmente. Si la familia de las naciones no le ata las manos, todo indica que a futuro lo hará definitivamente.

Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

Facebook legitima un histórico lema absolutista del nacionalismo palestino – 09/24

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En los seis meses posteriores a la invasión palestina del 7 de octubre del año pasado, Facebook vio una multiplicación exponencial en el uso de la frase “desde el río hasta el mar” y en consecuencia convocó a su Junta de Supervisión para que opine al respecto. Fuera de las redes, el slogan es coreado en manifestaciones propalestinas, especialmente en los campus universitarios de Occidente, donde aparece escrito en pancartas sostenidas por jóvenes que visten la Keffiyeh, otro símbolo palestino (Yasser Arafat la popularizó al usarla en una estética que, el mito decía, daba forma al mapa de Palestina).

La Junta de Supervisión de Facebook está compuesta por expertos y abogados que monitorean la administración de contenidos de Facebook e Instagram. Opera de forma independiente, pero está financiada por la empresa de Mark Zuckerberg. Tras estudiar el asunto, determinó que el lema era políticamente aceptable. Indicó Shlomo Levin en su blog en The Times of Israel que el pasado 4 de septiembre la Junta decidió que la frase en tanto expresión de solidaridad con los palestinos podía ser empleada, siempre y cuando no estuviera acompañada de llamamientos a la violencia o elogios a grupos terroristas. Adujo que la frase tiene varios significados, ergo no sería en sí misma violenta, ofensiva o discriminatoria.

La Junta reconoció que la frase es polémica y que resuena mal entre los israelíes, los judíos de la diáspora y sus aliados. Pero también sostuvo que admite interpretaciones distintas:

“La frase […] ha sido adoptada por varios grupos e individuos y su significado depende del hablante, el oyente y el contexto […] muchos entienden la frase como un llamado a la igualdad de derechos y la autodeterminación del pueblo palestino. A veces se utiliza para indicar el apoyo a uno o más objetivos políticos específicos: un único estado binacional en todo el territorio, una solución de dos estados para ambos grupos, el derecho al retorno de los refugiados palestinos o entre otros objetivos el fin de la ocupación militar israelí de los territorios palestinos ocupados en la guerra de 1967. En otros contextos, la frase es una simple afirmación de un lugar, un pueblo y una historia sin objetivos políticos ni tácticas concretas”.

Es difícil aceptar los significados pacíficos que la Junta le concede a este lema. Históricamente estuvo asociado a la retórica extremista del nacionalismo palestino, pues refiere eufemísticamente a la liberación de toda el área que va desde “el río” (Jordán) “al mar” (Mediterráneo). Quien se moleste en ver un mapa de la zona, notará que entre el río Jordán y el mar Mediterráneo está Israel. En otras palabras, la frase es un grito de guerra a favor de la eliminación del estado de Israel.

El lema original completo en árabe Min al-nahr ila al-bahr, Filastin sa-takun hurrah, significa “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. Emergió en las filas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en la década de 1960 y fue luego adoptado también por el Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) décadas después. Veamos algunos pronunciamientos relevantes que ilustran la intención inequívoca de la frase:

“La marcha victoriosa continuará hasta que la bandera de Palestina se ice sobre Jerusalén y sobre toda la zona de Palestina desde el río hasta el mar” –Yasser Arafat, líder de la OLP, en 1980.

“Desde su mar hasta su río… es nuestra” –posteo en Facebook de la principal organización palestina Fatah, en 2015.

“No existe Israel, toda la tierra es nuestra, desde el mar hasta el río” –palabras del ministro de la Autoridad Palestina (AP) Marwan Awratani en una escuela secundaria para niñas de Qalquilya, en 2021.

“Palestina todavía está ocupada y Hamás no detendrá la guerra santa hasta la liberación de toda Palestina desde el río hasta el mar” –el jeque Ahmad Yassin, fundador de Hamás, en 1997.

“Hamás rechaza cualquier alternativa a la liberación total y completa de Palestina, desde el río hasta el mar” –de la Constitución de Hamas de 2017.

Precisamente basándose en este último dato, una opinión minoritaria de la Junta señaló que la frase equivale a una “glorificación de Hamás”. No obstante, “el contexto es crucial”, dijo la copresidenta de la Junta de Supervisión Pamela San Martín. Lo mismo había alegado una de las tres presidentas de Harvard, U. Penn y MIT en su testimonio ante el Congreso de EE.UU. cuando se le preguntó si sus estatutos permitían llamados a la comisión de un genocidio contra los judíos en su campus, que se estaban coreando a viva voz. Desde entonces, dos de ellas perdieron sus puestos por esa permisividad insostenible, como así también tiempo después la presidenta de la Universidad de Columbia por el manejo subóptimo de la situación antisionista allí.

Al igual que las distinguidas académicas estadounidenses, lo que la mayoría de los miembros de la Junta de Supervisión de Facebook falla en entender es que hay una línea divisoria entre apoyar la estatidad palestina y pedir por la eliminación de Israel. Quienes han empleado este eslogan históricamente, tal como se ha citado anteriormente, no han querido ni quieren establecer un estado palestino al lado de Israel; sino encima de Israel. En cualquier caso, “el 7 de octubre, Hamás demostró lo que significa en la práctica desde el río hasta el mar, independientemente de lo que signifique en teoría para algunos” señalaron Ahmad Sharawi y David Adesnik de la Fundación para la Defensa de las Democracias.

En un ensayo de mi autoría publicado por la editorial Milá en 2004 dedicado a analizar la interconexión entre antisemitismo, antiisraelísmo y antinorteamericanismo, al observar la propagación de slogans y narrativas históricas palestinas en círculos de la elite global, anoté: “Lo que estamos presenciando aquí es esencialmente un proceso de palestinización del discurso intelectual occidental”. Dos décadas más tarde, el fenómeno ya no es sólo ámbito de las elites de las Naciones Unidas o de la intelligentsia académica, sino que se ha popularizado.

La aceptación y validación del lema absolutista “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre” ha sido tan total que hasta Facebook lo ha aprobado como argumento legítimo en el discurso popular. Yasser Arafat estaría encantado. Yahia Sinwar lo está. ¿Qué nos dice eso acerca de esta decisión?

Infobae, Infobae - 2024

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Ismail Hanyeh no era candidato al Premio Nobel de la Paz – 03/08/24

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Por Julián Schvindlerman
Infobae – 3/8/2024

https://www.infobae.com/opinion/2024/08/03/ismail-haniyeh-no-era-candidato-al-nobel-de-la-paz

Cuando terroristas de Hamas invadieron Israel e iniciaron la masacre de más de 1200 personas -a muchas de las cuales violaron, mutilaron, decapitaron e incendiaron- y secuestraron a otras 250 hacia la Franja de Gaza, aquella mañana fatídica del 7 de octubre de 2023, Ismail Hanyeh se hallaba en Doha, donde residía en un hotel de lujo. Lo acompañaban otros dirigentes de la milicia integrista palestina, entre ellos Saleh al-Arouri, el enlace de Hamas con Teherán, que tenía su base en Beirut, pero se había desplazado a Catar ese día.

Mientras seguía la cobertura de Al-Jazeera sobre la invasión de Hamás al sur de Israel, Hanyeh, vestido con traje impecable, permite ser filmado en tanto agradece a Alá el golpe que se ha asestado. Se lo ve a él y sus colegas postrarse y rezar. Dijo entonces el líder de Hamas: “Esta es una postración de gratitud por esta victoria. Alá, por favor otorga tu apoyo y gloria a nuestro pueblo y nación. ¡Alá u Akbar! ¡Alá u Akbar! Alabado sea Alá”. Un poco más tarde ese mismo día, dirá a Al-Jazeera: “Este es un llamado a nuestra resistencia, a nuestra Cisjordania, a nuestro pueblo, a nuestra resistencia en el exterior, a nuestros aliados estratégicos, a todos los hijos de esta nación: hoy es su día. Estamos al borde de la victoria. Seamos socios en la creación de esta gran victoria, inshallah”. Poco más de dos semanas después, proclamará la utilidad política de que mueran civiles palestinos en los bombardeos de Israel: “La sangre de las mujeres, los niños y los ancianos […] somos nosotros los que necesitamos esta sangre, para que despierte en nosotros el espíritu revolucionario, para que despierte en nosotros la determinación”. (El video y las citas pueden verse aquí: https://www.memri.org/reports/hamas-their-own-words-october-7-attack).

Haniyeh fue uno de los miembros fundadores más jóvenes de Hamas, en 1988, ya que cooperaba con el líder espiritual del grupo, el jeque Ahmed Yassin. Fue arrestado por las autoridades israelíes y más tarde deportado al sur del Líbano, en diciembre de 1992, junto con aproximadamente otros 400 islamistas, luego de que el grupo asesinara a seis agentes de seguridad israelíes. Bajo presión internacional, Israel se vio obligado a revocar la medida; Haniyeh regresó a Gaza en 1993 después de la firma de los Acuerdos de Oslo. Era un cuadro jerárquico de Hamas cuando el grupo lanzó una oleada de actos de terror suicida en las calles, buses, discotecas, pizzerías y universidades de Israel. Tenía una posición de liderazgo cuando el movimiento tomó la Franja de Gaza por medio de un golpe de estado y expulsó (y en el camino mató) a funcionarios de Fatah para transformar a Gaza en una base de agresiones jihadistas contra Israel. Tiempo después, el sunita Hamas se asoció con la república chiíta de Irán, abrió oficinas en varios países del Medio Oriente, mejoró el rango de sus cohetes, se nutrió de dinero catarí e iraní, además de desviar fondos de asistencia humanitaria internacional, para construir una sofisticada red de túneles de cientos de kilómetros de extensión, aplastó a dialoguistas, asesinó a sospechosos de colaborar con Israel, ejecutó a homosexuales, encarceló a disidentes y reprimió a las mujeres. Desde la modernista Doha, Hanyeh cultivó vínculos con Turquía, Rusia y China y consolidó la alianza con Teherán. En suma, Hanyeh fue un terrorista absoluto que lideró un movimiento jihadista híper violento al cual alió a las peores potencias revanchistas antioccidentales.

Es necesario recordar quién fue Ismail Hanyeh dada la cobertura bochornosamente adulatoria de su persona que es tendencia en los medios masivos de comunicación, especialmente en los de Occidente. Luego de que muriera en una explosión en su residencia como invitado del régimen ayatolá en Teherán, medios establecidos lo han presentado ante la opinión pública como un “mediador”, un “líder pragmático” o un “negociador moderado” entre otras caracterizaciones amables. Al observar esta cobertura extraña, Elkana Bar Eitan escribió en The Times of Israel: “No hay nada sobre sus constantes llamamientos a destruir el Estado de Israel. Ni una sola palabra sobre su papel en la masacre de Hamás del 7 de octubre. No hay nada sobre su lujoso estilo de vida, viviendo en el Hotel Four Seasons y volando en aviones privados. Ni una sola palabra sobre su corrupción en curso y cómo robó miles de millones de dólares al pueblo palestino”. “Al Qaeda y el ISIS no pueden tener ´alas políticas´ con diplomáticos terroristas vestidos con trajes caros” notó un editorial de The Wall Street Journal. “¿Por qué debería tratarse de manera diferente a Hamás?”. “Por más frustrados que estén los estadounidenses con los ataques”, debió comentar el historiador Walter Russell Mead, “Washington difícilmente puede condenar a Israel por eliminar a tres de los principales objetivos de la lista estadounidense de terroristas globales” en alusión a las ejecuciones de Mohammed Deif de Hamas, Fuad Shukr de Hezbolá y del propio Hanyeh, atribuidas a Israel.

Es en tiempos como éstos cuando muchos editores y periodistas exhiben sus verdaderos colores ideológicos. La glorificación de un terrorista realmente cruza todo límite profesional, y no puede mezclarse con la habitual preocupación por el destino de los civiles palestinos. Esta mirada delicada, este trato cortés, hacia un asesino legendario, contrasta intensamente con la incesante crítica impaciente que le es extendida a Israel en buena parte de la órbita mediática. Aunque el espectáculo duela, es bueno que esto haya ocurrido. Expone sin tapujos los atributos morales de quienes reportan -en rigor, juzgan- a diario a Israel. Las máscaras, damas y caballeros, yacen en el suelo.

Criterio

La soledad existencial de Israel – Criterio – Junio/Julio 2024

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Por Julián Schvindlerman

Una gran brecha separa al modo en que la comunidad internacional y los israelíes ven a Israel y su entorno.

Para buena parte de la opinión pública mundial, Israel es un estado espartano, militarmente poderoso y políticamente abusivo, enteramente insensible al sufrimiento humanitario que inflige al pueblo palestino en tanto avanza con su campaña bélica contra el movimiento fundamentalista Hamas en la Franja de Gaza. La Corte Internacional de Justicia pondera si Israel es un estado genocida. La Corte Penal Internacional emite ordenes de arresto contra su primer ministro y ministro de defensa. Todo el sistema de las Naciones Unidas eleva un dedo acusador contra Jerusalem con cada reporte crítico, resolución condenatoria o debate adverso en cualquiera de sus foros. Muchos editoriales de prensa cuestionan sus políticas, en tanto que llamados a boicotear productos o ciudadanos israelíes se amontonan desde supermercados hasta universidades. Israel es acusado de hambrear deliberadamente a los gazatíes y de atacar a civiles palestinos con saña. El estado judío, al parecer, va camino a convertirse en un paria internacional.

Los israelíes observan este cuadro de situación con incomprensión, sino con consternación. Recuerdan que una guerra les fue impuesta por un enemigo despiadado que los atacó por sorpresa, al invadir sus fronteras y masacrar a sus hermanas y hermanos de la manera más sádica posible. Saben que Hamas está decidido a destruirlos, no a meramente doblegarlos. Comprenden que la ideología jihadista que anima a sus docenas de miles de combatientes es inflexiblemente supremacista y parte y parcela de una ofensiva más amplia contra el orden liberal global. Entienden, dolorosamente, que están enfrascados en una guerra de supervivencia, amenazados por una constelación integrista que reúne a Hamas en Gaza, a Hezbolá en el Líbano, a los Houtíes en Yemen y a otras milicias chiítas pro-iraníes en Siria e Irak; todas ellas dirigidas por ayatolás tiránicos que llevan cuarenta y cinco años predicando la aniquilación de Israel desde Teherán.

Ven con perplejidad como sus esfuerzos concretos por preservar las vidas de los civiles gazatíes -en una guerra urbana extremadamente compleja y a pesar de los intentos de Hamas de manipularlos como escudos humanos- son denostados por la opinión pública mundial que, sólo a esta nación en guerra le exige cero bajas colaterales. No logran entender cómo, habiendo aumentado la cantidad de ayuda humanitaria enviada a Gaza (una entidad hostil) respecto de los niveles previos a la guerra, igual reciben acusaciones infundadas de provocar hambrunas masivas (la ONU debió corregir sus propias proyecciones desproporcionadas de unos pocos meses atrás). Contemplan apenados la indiferencia que el mundo entero muestra ante más de cien israelíes todavía secuestrados en Gaza y ante los más de ochenta mil desplazados internos desde el norte y el sur del país por la invasión de Hamas y los misiles de Hezbolá. Y los desconcierta la indignación moral selectiva de sus críticos. ¿Por qué nunca se quejan ante Egipto por cerrar su frontera con Gaza y encerrar así a los palestinos en una zona de guerra? ¿Por qué no reclaman a Qatar y a Turquía que dejen de hospedar a líderes de Hamas? ¿Por qué no organizan manifestaciones en las universidades del mundo libre en oposición a la República Islámica de Irán por armar, entrenar y financiar al terrorismo regional? ¿Por qué ponen el foco en Israel y sólo en Israel?

En suma, la percepción global y local acerca de Israel no concuerdan. Hamas e Israel componen un espejo roto. Lastimosamente para algunos, el punto de equilibrio no se podrá dar en un punto medio; como no lo hubo entre Hitler y Churchill, simplemente no hay equidistancia moral entre Israel y Hamas et al. Entre dos sistemas de valores tan poderosa e irreductiblemente enfrentados -una democracia liberal falible, por un lado, y un movimiento terrorista fanáticamente anti-occidental, por el otro- sólo uno de ellos puede verdaderamente -existencialmente- prevalecer. El pueblo de Israel soporta un doble padecimiento: el de estar en la vanguardia de la lucha contra el jihadismo internacional y el de ser incesantemente socavado en su gesta; irónicamente no por los secuaces de sus enemigos, sino por sus teóricos aliados, aquellos que siguen en la línea de la agresión islamista si Israel llegara a colapsar. Es todo un signo de nuestros tiempos que el antisemitismo haya aumentado dramáticamente en occidente tras la ocurrencia del peor ataque antijudío desde el Holocausto y el más grave atentado terrorista en la historia de Israel.

La brecha perceptiva se extiende al campo de la diplomacia. La familia de las naciones parece opinar que la ausencia de un estado palestino es la raíz causal de esta desagracia política y militar. Según esta corriente ideológica, si Israel permitiese la independencia palestina, la paz reinará; si cesara lo que ve como una ocupación de tierras ajenas, la violencia desaparecerá. Muchos observadores bien intencionados creen que el liderazgo palestino anhela tener un estado soberano al lado de Israel. Cada vez más israelíes están convencidos de que los palestinos desean un estado propio sobre Israel. Ellos conocen su historia: saben que el liderazgo árabe-palestino ha estado rechazando ofrecimientos de soberanía por casi un siglo ya. Lo hicieron en 1937, en 1947, en 1967, en 2000, en 2008 y hasta la actualidad. Y no, Netanyahu no gobernó Israel desde siempre. La refutación palestina al proyecto de la paz fue especialmente contra Itzjak Rabín, Shimon Peres y Ehud Barak; todas figuras del partido de centro izquierda Laborista. Los israelíes recuerdan, además, que cada repliegue territorial reciente los alejó aún más del prospecto de la paz. Israel se retiró de manera unilateral del sur del Líbano en el 2000 y de Gaza cinco años después. Desde entonces, ninguna de esas fronteras conoció ni un atisbo remoto de paz. Al contrario, las zonas evacuadas fueron rápidamente capturadas por islamistas radicales (Hezbolá en el norte, Hamas en el sur) que iniciaron varias guerras muy sangrientas contra Israel.

Entonces, los israelíes se preguntan con toda razonabilidad si pueden correr el riesgo de replegarse de Cisjordania para que se establezca un estado palestino allí. ¿Quién podría asegurarles que la historia no se repetirá? ¿Qué no serán atacados una vez más? ¿Y que cuando ello ocurra y se vean forzados a defenderse, no serán condenados, criticados y vilipendiados como sucede en la actualidad? Para peor, en este escenario potencial la amenaza sería exponencialmente mayor. Israel es aproximadamente del tamaño de Tucumán, la provincia más chica de la Argentina. En su tramo más estrecho, la distancia de Cisjordania al Mar Mediterráneo es de menos de quince kilómetros. Israel no posee profundidad estratégica. No tiene margen para el error, sea este diplomático o militar. Si sus vecinos fueran finlandeses, presuntamente podría asumir un riesgo calculado. Con sus actuales vecinos palestinos -quienes apoyaron en más del 75% la invasión salvaje de Hamas del 7 de octubre y cuyo gobierno de Mahmoud Abbas todavía no la condenó- el riesgo calculado pasaría a ser una apuesta irracional. Y sin embargo, Noruega, Irlanda, España y otros países están buscando forzar sobre Israel el reconocimiento de un estado palestino… que para los israelíes, además de ser peligroso, es una recompensa inmoral a la intransigencia política y al terrorismo jihadista.

Casi un cuarto de siglo atrás, cuando Israel se hallaba inmerso en la agitada segunda intifada palestina tras el colapso del proceso de paz, un columnista del Washington Post notó que Israel no era odiado por sus enemigos del Medio Oriente debido a sus acciones, sino debido a su mera existencia. Escribió oportunamente George Will: “No es que Israel sea provocativo; el que Israel sea es provocativo”. Los israelíes lo saben. Sólo falta que el resto del mundo también lo admita.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2024

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Argentina designates Hamas as a terrorist group –and Iran gets angry – 31/07/24

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 31/7/2024

https://blogs.timesofisrael.com/argentina-designates-hamas-as-a-terrorist-group-and-iran-gets-angry

Back in February, Martin Griffiths, UN undersecretary general for humanitarian affairs and emergency relief coordinator, denied that Hamas was a terrorist organization. “Hamas is not a terrorist group for us,” he said. “It is a political movement.” Five months later, from the southern cone of the American continent, the Argentine government refuted this assertion by designating Hamas as a terrorist movement in the Public Registry of Persons and Entities linked to Acts of Terrorism and their Financing (Repet). In 2019, the conservative government of Mauricio Macri created this registry and incorporated the Lebanese Hezbollah militia as a terrorist organization. In 2024, the government of libertarian Javier Milei added the Palestinian group Hamas.

In the statement that made this act official, the Argentine government declared: “Hamas has claimed responsibility for the atrocities during the attack perpetrated on Israel on October 7. These add to an extensive history of terrorist attacks in its name.” Other countries had already designated Hamas as a terrorist group: the United States, the European Union, Canada, Japan, Australia and Israel, among others. The decision was made a week before the 30th anniversary of the attack against the AMIA Jewish community headquarters in Buenos Aires at the hands of Hezbollah under instructions from Iran. The President of Israel Isaac Herzog thanked Argentina for the decision, as did Prime Minister Binyamin Netanyahu, who in a 14-second video pronounced: “Thank you Argentina, thank you President Javier Milei, for declaring Hamas a terrorist organization. “This is a sign of friendship with Israel and its commitment to the truth.”

But not everyone was happy. The Ayatollah regime responded to Buenos Aires through an editorial in the official English-language newspaper The Tehran Times. In the “about us” section the newspaper introduces itself this way: “The Tehran Times (TT) is the Islamic Republic of Iran’s first English daily newspaper, which began its work in 1979 to air the voice of the Islamic Revolution.” This voice protested strongly against Argentina´s  determination in an editorial published on July 14 titled “AMIA Case on the Eve of its 30th Anniversary.”

The editorial stated: “As we approach the 30th anniversary of the explosion at the Argentine Zionist Association building in Buenos Aires, it appears that we are on the threshold of a new development after three decades of ambiguity and deviation” (note the exchange of words “Israelite” for “Zionist” when referring to the AMIA, which is the acronym for Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas). It argued that the attack was an act of “self-harm of the Jews” or “revenge and punishment by Carlos Menem’s government against the Argentine Zionists” (why would Argentine Jews have wanted to destroy their main community center or would President Menen have wanted to punish Argentines of Jewish faith is left to the reader’s imagination). The editorial proceeded to suggest that Israel was behind the move and speculated on its motives: “During the past nine months, the Zionist regime has lost all its prestige in the world, including Latin America. Therefore, the Zionist regime is trying to restore its lost reputation by accusing the resistance forces and the axis of resistance, including Hamas and the Islamic Republic of Iran.”

“Regarding the AMIA case,” it added, “over the past 30 years, Iran has always patiently endured the accusations […] Unfortunately, instead of looking for credible and reliable partners for the economic salvation of its country and restoring the traditional position of Iran in its business relations, the Argentine government has been placed at the frontline of the anti-Iran scenario of the international Zionist network.” Finally, it concluded with a veiled threat: “Undoubtedly, Tehran will not forget the anti-Iranian policies of Buenos Aires. But Iran has shown that it does not easily play on the enemy’s chess board, but at the right time and right position, it will impose its own game on the enemy and make them regret their enmity with Iran.”

The Argentine government rejected this uncivilized editorial. “No one threatens Argentina,” said Defense Minister Luis Petri. “The terrorism of that tragic October 7 is exactly the same that attacked us three decades ago. There is no difference,” pointed out President Milei. Security Minister Patricia Bullrich said that “Iranians, who continue to live in their country and are civil servants, must pay for what they did… An attack has consequences.” And Vice President Victoria Villarruel dismissed the threat by saying that “those who commit attacks with deeds will also attempt to terrorize the population with words.”

The Iranian regime is frustrated with Argentina’s new pro-Western global positioning, after “the ineffectiveness of Mr. Fernández’s left-wing government” (as The Tehran Times editorial put it) led to the rise of the libertarian Milei. However, it is likely that its anger with Buenos Aires is not only due to the designation of Hamas as a terrorist group, but also to the official decision to promote the project of holding a trial in absentia against the Lebanese and Iranian perpetrators who attacked Argentina in 1994.

It is a good thing that the Argentine government has not allowed itself to be intimidated by a threatening and complaining newspaper editorial controlled by tyrannical clerics in Iran. The next step should be the breaking of diplomatic relations with Tehran, an action that incomprehensibly was not taken thirty years ago.

Version en Español:

Argentina designa a Hamas como grupo terrorista, e Irán se enoja

El pasado mes de febrero, Martin Griffiths, subsecretario general de la ONU para asuntos humanitarios y coordinador de ayuda de emergencia, negó que Hamás fuera un grupo terrorista. “Hamás no es un grupo terrorista para nosotros”, dijo. “Es un movimiento político”. Cinco meses más tarde, desde el cono sur del continente americano, el gobierno argentino refutó esta aseveración al designar a Hamas como movimiento terrorista en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (Repet). En 2019, el gobierno conservador de Mauricio Macri creó este registro e incorporó al movimiento libanés Hezbolá como organización terrorista. En 2024, el gobierno del libertario Javier Milei sumó al grupo palestino Hamas.

En el comunicado que oficializó la medida, el gobierno argentino declaró: “Hamas se ha adjudicado la responsabilidad por las atrocidades durante el ataque perpetrado a Israel el pasado 7 de octubre. Estas se suman a un extenso historial de atentados terroristas en su nombre”. Otros países ya habían designado a Hamas como grupo terrorista: Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Japón, Australia e Israel, entre otros. La decisión fue tomada una semana antes de que se cumplieran 30 años del atentado contra la sede comunitaria judía AMIA en Buenos Aires a manos de Hezbolá bajo instrucciones de Irán. El presidente de Israel Isaac Herzog agradeció la decisión argentina, al igual que el primer ministro Binyamin Netanyahu, quién en un video de 14 segundos pronunció: “Gracias Argentina, gracias presidente Javier Milei, por declarar a Hamas como organización terrorista. Esta es una señal de amistad con Israel y de su compromiso con la verdad”.

Pero no todos estuvieron felices. El régimen ayatolá respondió a Buenos Aires por medio de un editorial del diario oficial en inglés Teherán Times. En la sección “sobre nosotros” el diario se presenta de este modo: “El Teherán Times (TT) es el primer diario en inglés de la República Islámica de Irán, que comenzó su labor en 1979 para difundir la voz de la Revolución Islámica”. Esta voz protestó con fuerza contra la Argentina por su determinación en un editorial publicado el 14 de julio último titulado “Caso AMIA en vísperas de su 30 aniversario”.

El editorial indicaba: “A medida que nos acercamos al 30º aniversario de la explosión en el edificio de la Asociación Sionista Argentina en Buenos Aires, parece que estamos en el umbral de un nuevo acontecimiento después de tres décadas de ambigüedad y desviación” (nótese el intercambio de palabras “israelita” por “sionista” al referirse a la AMIA, que son las siglas de Asociación de Mutuales Israelitas Argentinas). Sostuvo que el ataque fue un acto de “autolesiones de los judíos” o “venganza y castigo del gobierno de Carlos Menem contra los sionistas argentinos” (por qué razón habrían los judíos argentinos deseado destruir su principal sede comunitaria o el presidente Menen hubiera querido castigar a los argentinos de fe judía es dejado a la imaginación del lector). El editorial procedió a sugerir que Israel estaba detrás de la medida y especuló sobre sus motivos: “Durante los últimos nueve meses, el régimen sionista ha perdido todo su prestigio en el mundo, incluida América Latina. Por lo tanto, el régimen sionista está tratando de restaurar su reputación perdida acusando a las fuerzas de resistencia y al eje de resistencia, incluidos Hamás y la República Islámica de Irán”.

“Respecto al caso AMIA”, agregó, “durante los últimos 30 años, Irán siempre ha soportado pacientemente las acusaciones […] Lamentablemente, en lugar de buscar socios creíbles y confiables para la salvación económica de su país y restaurar la posición tradicional de Irán en sus relaciones comerciales, el gobierno argentino se ha colocado en la primera línea del escenario anti-Irán de la red sionista internacional”. Finalmente, concluyó con una amenaza velada: “Sin duda, Teherán no olvidará las políticas antiiraníes de Buenos Aires. Pero Irán ha demostrado que no juega fácilmente en el tablero de ajedrez del enemigo, sino que en el momento adecuado y en la posición adecuada, impondrá su propio juego al enemigo y le hará lamentar su enemistad con Irán”.

El gobierno argentino rechazó este editorial incivilizado. “A la Argentina no la amenaza nadie” espetó el Ministro de Defensa Luis Petri. “El terrorismo de ese trágico 7 de octubre es exactamente el mismo que nos atacó a nosotros hace tres décadas. No hay diferencia”, aseguró el presidente Milei. La Ministra de Seguridad Patricia Bullrich dijo que “los iraníes, que siguen viviendo en su país y siendo funcionarios, deben pagar por lo que hicieron… Un atentado tiene consecuencias”. Y la vicecanciller Victoria Villarruel desestimó la amenaza al decir que “aquél que en los hechos comete atentados, luego también con la palabra va a tratar de aterrorizar a la población”.

El régimen iraní está frustrado con el nuevo posicionamiento global prooccidental argentino, tras “la ineficacia del gobierno de izquierda del Sr. Fernández” (como aseguró el editorial del Teherán Times) que dio lugar al ascenso del libertario Milei. No obstante, es probable que su enojo con Buenos Aires no se deba solamente a la designación de Hamas como agrupación terrorista, sino también a la decisión oficial de impulsar el proyecto de realizar un juicio en ausencia contra los perpetradores libaneses e iraníes que atacaron a la Argentina en 1994.

Es positivo que el gobierno argentino no se haya dejado amedrentar por un editorial de diario amenazante y quejoso controlado por clérigos tiránicos en Irán. El siguiente paso debiera ser el rompimiento de relaciones diplomáticas con Teherán, una acción que incomprensiblemente no se tomó treinta años atrás.