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Perfil, Perfil - 2024

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Hamas-Unrwa: un equipo encubierto – 03/02/24

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La agencia de la ONU para ayudar a los gazatíes tiene 1.200 empleados conectados a Hamas o a la Jihad Islámica y 6 mil poseen familiares que mantienen lazos con grupos terroristas.

El escándalo es de envergadura: empleados de una agencia de las Naciones Unidas participaron del ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre pasado.

Según un informe de la inteligencia israelí presentado a países donantes de Unrwa (United Nations Reliefs and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East, traducido al español Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) y replicado en importantes medios de prensa, de los 12.000 empleados del organismo, doce jugaron un papel en la masacre. 

De ellos, unos 1.200 están conectados al Movimiento de Resistencia Islámico Hamás o a la Jihad Islámica Palestina, y cerca de 6 mil tienen parientes cercanos que mantienen lazos oficiales con grupos terroristas de la Franja de Gaza. Conforme indicó el reporte israelí, empleados de Unrwa integraron la horda de atacantes que asesinaron y secuestraron israelíes, obtuvieron armas para los terroristas y asistieron en la logística de la operación. Uno de ellos, incluso se sacó una foto con una rehén en Gaza. 

En rápida sucesión, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Canadá, Australia, Finlandia, Italia, Francia, Japón, Austria, Estonia, Países Bajos y Rumania anunciaron suspensiones de financiación a la agencia. 

Esta información sintoniza con un informe de enero de 2024 de UN Watch, una ONG suiza dedicada a monitorear al sistema de las Naciones Unidas, que expuso que treinta empleados de Unrwa celebraron la masacre del 7 de octubre y apoyaron el terrorismo de Hamás en un grupo de Telegram, que reúne a tres mil maestros de esta agencia de la ONU. 

UN Watch los identificó por su nombre y presentó las citas referidas a los israelíes, tales como “mátenlos uno por uno”, “no dejen (vivo) a ninguno atrás”, “Oh, Alá, pártelos al medio”, “Oh, cuánto odio a los judíos”, “El tiempo de Israel se acabó”, así como alabanzas para los jihadistas, del tipo “Que Alá los proteja y guíe su puntería”. 

Desde 2015, UN Watch ha expuesto más de 150 páginas de Facebook del personal de la Unrwa con contenido antisemita. El involucramiento del staff armoniza con un reporte de noviembre de 2023 de Impact-se, una organización con sedes en Inglaterra e Israel, que analiza la educación en todo el mundo, que concluyó que el plan de estudios que se imparte en las escuelas de Unrwa es profundamente antisionista, judeófobo y filojihadista. 

Antes del ataque de Hamás, Impact-se identificó a más de cien empleados de la Unrwa que promovían odio y violencia contra los israelíes en las redes sociales. Tras la incursión sangrienta, recopiló declaraciones de más de una docena de sus empleados que aplaudieron las atrocidades. 

El inicio. Unrwa fue creada para atender las necesidades de cerca de 700 mil palestinos convertidos en refugiados, por la agresión árabe contra Israel en 1948. Actualmente se ocupa de cuidar a toda su descendencia: más de cinco millones de palestinos en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén oriental, así como en el Líbano, Jordania y Siria. La vasta mayoría de su staff, que ronda los treinta mil empleados, es palestina y proporciona educación a casi 545 mil niños en sus escuelas. El daño educativo que este plantel está ocasionando no puede minimizarse y, de hecho, Israel lleva un largo tiempo alertando sobre el contenido odioso de estos planes de estudio.

Aunque toda esta información puede resultar perturbadora, no debería sorprender a quien haya estado prestando atención a la conducta de esta agencia de la ONU durante las últimas décadas. Unrwa sigue las directrices de la lista consolidada de grupos e individuos terroristas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que no designa a Hamás como organización terrorista. Esto le ha permitido a la agencia contratar personal indeseable. 

En 2017 la ONU se vio forzada a echar al líder del sindicato de Unrwa luego de que Israel denunció que él había sido incorporado al liderazgo top de Hamás. Ya se probó que combatientes de Hamás han disparado cohetes desde instalaciones de la Unrwa, donde además han almacenado armas y han ubicado túneles debajo de ellas.

Esta situación, ya deplorable, expone también una conexión inquietante entre esta agencia problemática de la ONU con los procedimientos por la causa de genocidio que inició Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia en La Haya. Tal como observó Naftali Balanson, director de operaciones de NGO Monitor, un think tank israelí que observa globalmente el sesgo de las ONGs, trece notas al pie de página en la petición de Sudáfrica citan a Unrwa como fuente de apoyo para su afirmación de que los israelíes están cometiendo un genocidio contra los palestinos en Gaza. En otras palabras, parte de la argumentación legal sudafricana se basa en propaganda suministrada por Hamás. 

Unrwa dijo que al menos 152 empleados suyos murieron en esta guerra. El Ministerio de Salud de Gaza provee las cifras que indican la cantidad de muertos totales allí (sin distinguir entre combatientes y civiles), y que también constituye información de base para la acusación sudafricana. Como ambas instituciones son controladas por Hamás, extraoficialmente en el primer caso y oficialmente en el segundo, emerge un interrogante válido acerca de este juicio infundado.

La imagen de la agencia de socorro de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos está hecha trizas. Al haber aceptado la Corte Internacional de Justicia como admisible el planteo acusatorio sudafricano, la ONU va camino a estropear su credibilidad institucional aún más todavía.

Seúl

Pilatos en el Vaticano – 28/01/24

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La equidistancia del papa francisco entre israel y hamás disminuye su condición de estadista

Por Julián Schvindlerman

https://seul.ar/papa-francisco-hamas/

A mediados de diciembre, el portal de noticias del Vaticano, Vatican News, publicó una nota titulada “Gaza: israelíes atacan la parroquia La Sagrada Familia”. La fuente de la noticia había sido un comunicado del Patriarcado Latino de Jerusalén, que responsabilizó a francotiradores israelíes por la muerte de dos mujeres: “Se les disparó a sangre fría”. Durante el Ángelus del día siguiente en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco dio eco a esta acusación, absteniéndose de nombrar a los perpetradores: “Sigo recibiendo noticias muy graves y dolorosas de Gaza. Civiles desarmados están siendo bombardeados y tiroteados. Y esto ha ocurrido hasta dentro del recinto parroquial de la Sagrada Familia, donde no hay terroristas, sino familias, niños, enfermos y discapacitados, monjas. […] Algunos dicen: «Es el terrorismo, es la guerra». Sí, es guerra, es terrorismo”.

El ejército israelí respondió aclarando que terroristas de Hamas habían lanzado una granada contra las tropas de las Fuerzas de Defensa Israelíes “desde las cercanías de la iglesia”, y que en respuesta dispararon contra personas que guiaban a los milicianos de Hamás hacia los objetivos israelíes. Y aseguró: “Las FDI sólo atacan a los terroristas y la infraestructura terrorista y no a los civiles, sin importar su religión. Las FDI toman amplias medidas para evitar daños a los civiles no involucrados, mientras luchan contra una organización terrorista que hace todo lo posible para poner a los civiles en riesgo, incluido el uso de civiles y lugares sagrados como escudos humanos para sus actividades terroristas”.

A pesar de la naturaleza confusa de la situación –y de la imposibilidad material de que el Patriarcado Latino de Jerusalén hubiera podido saber con certeza el origen de los disparos–, al igual que con la previa falsa acusación del presunto ataque israelí contra el hospital palestino Al-Ahli, la noticia quedó instalada como cierta. “Los israelíes han abierto fuego contra los cristianos de Gaza”, afirmaba sin dudarlo la primera línea de la nota de Vatican News.

Diez días más tarde, la agrupación chiíta libanesa Hezbolá disparó un misil guiado contra la iglesia greco-católica Santa María en Iqrit, en el norte de Israel. Un anciano feligrés cristiano resultó herido, lo que motivó que soldados israelíes fueran a rescatarlo. Entonces Hezbolá lanzó un segundo misil, que hirió a nueve de ellos. Orgullosamente, la milicia pro-iraní posteó un video del incidente. Aunque esta vez no había dudas acerca de la identidad del atacante ni de la intencionalidad de la agresión contra un sitio sagrado del cristianismo, no hubo reacciones indignadas significativas por parte de oficiales católicos.

Esta doble vara tipifica la respuesta vaticana a la guerra Israel-Hamás (más Hezbolá) en estos meses. Ya la primerísima reacción oficial católica a la incursión ultraviolenta de Hamás al territorio israelí había sido un fracaso moral. El mismo 7 de octubre, el Patriarcado Latino de Jerusalén (que integra la Iglesia Católica) emitió un comunicado donde no condenaba las atrocidades de Hamás y las ponía en pie de igualdad con la incipiente respuesta israelí. Declaraba:

El ciclo de violencia que ha matado a numerosos palestinos e israelíes en los últimos meses ha estallado esta mañana, sábado 7 de octubre de 2023. Asistimos a una explosión repentina de violencia que es muy preocupante por su extensión e intensidad. La operación lanzada desde Gaza y la reacción del ejército israelí nos están devolviendo al peor período de nuestra historia reciente. Las demasiadas víctimas y tragedias que tienen que afrontar tanto los palestinos como las familias israelíes crearán más odio y división y destruirán cada vez más cualquier perspectiva de estabilidad […] Hacemos un llamado a la comunidad internacional, a los líderes religiosos de la región y del mundo, a hacer todos los esfuerzos posibles para ayudar a desescalar la situación, restaurar la calma y trabajar para garantizar los derechos fundamentales de los pueblos en la región.

Tildar a la situación apenas de “preocupante”, definir a la invasión jihadista palestina como “operación”, no llamar por su nombre a la agrupación terrorista palestina, no condenar las masacres, hablar de “ciclo de violencia”, pedir “calma” y reclamar por “los derechos fundamentales de los pueblos de la región” –una obvia mención al nacionalismo palestino– el día mismo del ataque escalofriante, fue poco menos que asombroso. (Para la procesión navideña en Belén, dos meses y medio después, el Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbatista Pizzaballa, vistió una kefya palestina sobre su atuendo religioso).

El 13 de octubre, el secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin caracterizó al golpe del movimiento integrista palestino de ser “inhumano” y afirmó que “es el derecho de aquellos agredidos defenderse”, aunque matizó: “Pero aun la legítima defensa debe respetar los parámetros de la proporcionalidad”. También llamó al diálogo entre las partes para “evitar un baño de sangre, tal como está sucediendo en Gaza, donde muchas víctimas civiles inocentes fueron provocadas por los ataques del ejército israelí”.

UN FALSO EQUILIBRIO

¿Y qué sobre el Sumo Pontífice, cuyo mensaje es seguido por cerca de más de mil millones de fieles globalmente? El Papa Francisco respondió a la invasión del territorio soberano de Israel y la consecuente matanza de alrededor de 1.200 israelíes con discursos pacifistas y condenas genéricas a las guerras. Al final de su audiencia semanal, el 11 de octubre, el Santo Padre dijo que “quien es atacado tiene derecho a defenderse, pero estoy muy preocupado por el asedio total bajo el cual viven los palestinos en Gaza”. En general, pidió por la liberación de los rehenes israelíes y extranjeros capturados por los terroristas palestinos y balanceó esos exhortos con llamados humanitarios a favor de los civiles gazatíes. No condenó explícitamente a Hamás ni sus acciones durante los primeros tres meses posteriores a aquél fatídico 7 de octubre, y prefirió hacer alusiones vagas; cuando repudió con claridad, lo hizo sin nombrar a Hamás. En este plazo, insinuó que Israel cometía crímenes de guerra y que respondió “al terror con terror”. El Papa Francisco mantuvo una tensa llamada telefónica con el presidente israelí Isaac Herzog el mismo mes del ataque, dado que según informó el Washington Post “el Papa estaba calificando su campaña en Gaza como un acto de terrorismo”. Asimismo, clamó por un cese de fuego repetidas veces, algo que desde la perspectiva israelí equivalía a otorgar la victoria a Hamás.

A fines de octubre hizo un rezo por la paz que no incorporó una condena al terrorismo palestino, eligiendo en su lugar atenerse a meditaciones espirituales del tipo “María […], Reina de la paz, sufres con nosotros y por nosotros, al ver a tantos de tus hijos abatidos por los conflictos, angustiados por las guerras que desgarran el mundo”. Fiel a su visión personal de la ecuanimidad, Francisco recibió a mediados de noviembre en Roma, en continuado, a familiares de israelíes secuestrados y a familiares de gazatíes. “Recemos por el pueblo palestino, recemos por el pueblo israelí”, entonó el Papa argentino, “para que llegue la paz”. En declaraciones públicas posteriores, dijo: “Hemos ido más allá de las guerras. Esto no es una guerra. Esto es terrorismo”; frase que fue interpretada como una crítica dura a Israel. Una pequeña controversia se gestó ante los trascendidos –afirmados por la delegación palestina y negados por el Vaticano– de que el Sumo Pontífice había tildado de “genocidio” lo que estaba ocurriendo en la Franja de Gaza. Los ángelus pronunciados todos los domingos en la plaza de San Pedro sirvieron de ocasión para que el Papa se exprese sobre la continua guerra Hamás-Israel. Todos fueron humanistas, pero políticamente ambiguos.

Recién el 8 de enero, en ocasión de su tradicional saludo de Año Nuevo al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, Francisco pronunció uno de sus mensajes más contundentes. A diferencia de los ángelus, dirigidos a la feligresía católica, aquí la audiencia era la comunidad diplomática, y las palabras del Papa sonaron más enfáticas. El Sumo Pontífice instó una vez más a la liberación de los rehenes, pidió por un cese de fuego –“incluso en el Líbano”–, expresó su preocupación por los sucesos “en Israel y Palestina” y disparó munición gruesa, políticamente hablando. Por un lado, condenó sin miramientos las atrocidades de Hamás como nunca antes lo había hecho:

Todos nos hemos quedado conmocionados por el ataque terrorista contra la población de Israel del pasado 7 de octubre, en el que fueron heridos, torturados y asesinados de manera atroz tantos inocentes y en que muchos otros fueron tomados como rehenes. Repito mi condena por esa acción y por cualquier forma de terrorismo y extremismo.

Cabe notar la categorización de “terrorista” a la agresión de Hamás, aun cuando, una vez más, eligió no nombrarlo explícitamente, y “mi condena por esa acción”. A continuación, el Santo Padre responsabilizó al movimiento palestino por las consecuencias padecidas por los gazatíes como resultado de su invasión:

No es este el modo en el que se pueden resolver las controversias entre los pueblos, es más, las hacen más difíciles, causando sufrimiento a todos. De hecho, lo que provocó fue una fuerte respuesta militar israelí en Gaza que ha traído la muerte de decenas de miles de palestinos, en su mayoría civiles, entre ellos muchos niños, adolescentes y jóvenes, y ha provocado una situación humanitaria gravísima con sufrimientos inimaginables.

Como era de esperar a la luz de los equilibrios que persigue la diplomacia vaticana, Francisco se aseguró de incluir este dardo a Israel:

Por otra parte, las guerras modernas ya no se desarrollan sólo en los campos de batalla delimitados, ni afectan solamente a los soldados. En un contexto en el que ya no parece observarse una distinción entre los objetivos militares y civiles, no hay conflicto que no termine de algún modo por golpear indiscriminadamente a la población civil. Los sucesos de Ucrania y Gaza son una prueba evidente de esto. No debemos olvidarnos de que las violaciones graves del derecho internacional humanitario son crímenes de guerra.

Vale decir: el ataque de Hamás contra civiles fue un acto “terrorista”, pero Israel comete “crímenes de guerra”; aun cuando en realidad nunca ponga en la mira a civiles deliberadamente. La equivalencia moral quedó establecida. “Incluso cuando se trata de ejercer el derecho a la legítima defensa”, afirmó además el Papa, “es esencial atenerse a un uso proporcionado de la fuerza”. Francisco solicitó a la comunidad internacional que “promueva con determinación la solución de dos Estados, uno israelí y uno palestino, así como también un estatuto especial internacionalmente garantizado para la Ciudad de Jerusalén”. Esto último se excedió de los contornos de la guerra en curso e incursionó en una larga aspiración diplomática vaticana a propósito del estatus de la ciudad santa.

LA TRAMPA DEL HIPER-PACIFISMO

El Vaticano incluye a la Iglesia Católica, que lidera espiritualmente, y a la Santa Sede, que lo hace política y diplomáticamente. Ambas son gobernadas por el Sumo Pontífice, que es simultáneamente el líder religioso y político supremo de ambas instituciones. El Papa tiene gran influencia en los asuntos globales y en la opinión pública, especialmente la católica. El Vaticano podrá no tener un solo tanque o jet militar, pero el Papa trata de igual a igual a los líderes de las grandes potencias del mundo y Roma es un muy importante centro diplomático. La palabra del Papa importa.

Es entendible que como autoridad religiosa Francisco haya impartido mensajes morales, centrados en la tragedia humanitaria de la guerra. Pero él también es una autoridad política, y sus pronunciamientos fueron decepcionantes en este campo. El Papa protestó contra la guerra en sí misma sin reconocer que Hamás era el responsable primario de haberla iniciado. No denunció la práctica conocida de Hamás de incrustar su arsenal militar y combatientes en la infraestructura civil de Gaza, sea en hospitales, escuelas, mezquitas, hogares y oficinas de la ONU. No denunció el yihadismo de Hamás como un componente crucial de una ideología religiosa supremacista, ni pidió combatirla. No instó a Hamás a que desista de proseguir con esta confrontación, limitándose a pedir por la liberación de los secuestrados. Estos llamamientos hubieran balanceado un poco sus reiteradas exhortaciones por los civiles gazatíes (por cuyo destino Israel es principalmente responsabilizado) y por un cese de fuego (que militarmente sólo beneficiaría a Hamás).

Francisco ha hecho gala de un pacifismo a rajatabla, llegando a protestar contra “los fabricantes de armas”, lo cual dejó en evidencia una comprensión limitada de la realidad geopolítica regional: del rol de la República Islámica de Irán, del papel que juega la ideología fundamentalista en el Medio Oriente, de los intereses de varios actores regionales y potencias mundiales. Su expectativa de nulas bajas colaterales, además de irrealista en el marco de una guerra –de cualquier guerra–, equivale a exigirle la rendición a Israel, que fue la nación agredida. Aquello de que “lo que se construye sobre escombros nunca será una verdadera victoria”, que declaró el Papa, tiene precedentes históricos que lo desmienten: la transformación democrática de Japón, Alemania e Italia tras la Segunda Guerra Mundial. Para peor, su híper-pacifismo está en contradicción con la doctrina de la guerra justa enunciada por San Agustín en el siglo IV y que fue una piedra basal de las leyes modernas de la guerra. Andrea Tornielli, director editorial de los medios vaticanos, confirmó este punto en un editorial del 24 de noviembre en L’Osservatore Romano:

Durante más de un siglo, la Santa Sede, con un crescendo de pronunciamientos determinado por el agravamiento de las amenazas bélicas y el uso de armas cada vez más sofisticadas y destructivas, declara con fuerza su “no” a la guerra. Del llamamiento profético de Benedicto XV contra “la inútil masacre” de la Gran Guerra hasta las repetidas palabras en cada ocasión del Papa Francisco sobre la guerra como una derrota para la humanidad, el magisterio de los Obispos de Roma ha clarificado y profundizado que no existen “guerras justas”.

Según esta mirada pontifica, entonces, no habría justicia en la guerra de defensa y de necesidad que Israel se vio obligada a librar tras un ataque no provocado de dimensiones horrorosas que incluyó asesinatos en masa, violaciones grupales, decapitaciones, mutilaciones, incendios de personas vivas y secuestros masivos, perpetrado por un enemigo imbuido de una aspiración religiosa de exterminio. Dar respuesta a esta guerra santa de siglo XXI, ¿no sería una guerra justa? Para nada, cree Francisco, puesto que “la guerra es en sí misma un crimen contra la humanidad”, tal como afirmó durante su ángelus del 14 de enero.

Con sus sermones humanistas en torno a la confrontación entre Hamás e Israel, Francisco puede estar honrando su misión como líder religioso. No obstante, está al mismo tiempo disminuyendo su estirpe de estadista. Su pacifismo puede ser loable, pero poco afectará la dinámica compleja que hoy vincula en una lucha de supervivencia a una democracia liberal con una milicia integrista genocida.

Conferencias destacadas

Entrevista de Julián Schvindlerman con Sebastian Galiani – 19/01/24

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Tema: Israel y los tres círculos de conflictividad: islámico, árabe y palestino – Parte 1

Sebastián Galiani fue viceministro de economía de la República Argentina. Es profesor en la Universidad de Maryland (EE.UU.) y obtuvo su doctorado en la Universidad de Oxford. Entre sus previos entrevistados están Nicolas Dijovne, Federico Sturzenegger, Domingo Cavallo, Laura Alonso, Sergio Berensztein, Fabián Calle y otros.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2024

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

The Lemkin Institute Betrays its Name – 17/01/24

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 17/1/2023

https://blogs.timesofisrael.com/the-lemkin-institute-betrays-its-name/

Is it even conceivable that an institute named after Raphael Lemkin would accuse Israel of committing genocide? If one lives in the Orwellian world of what passes today as a human rights NGO, the answer will be in the affirmative. Quite the opposite, if one believes that Raphael Lemkin’s good name and legacy deserve to be honored.

The Lemkin Institute for Genocide Prevention (LIGP) is a registered non-profit organization in the United States, it apparently has no physical offices. It was established a few years ago and has already accumulated a few accusations of genocide against the Jewish state. On May 8, 2021 it said that Israel’s violence against Palestinians in Jerusalem was “genocidal.” On May 26, 2022, it accused the Israelis of acting with “impunity” and perpetrating “mass atrocities.” On October 27, 2023 it accused Israel (and the US) of “committing genocide in Gaza.” Between October 14 and November 13, 2023, it issued four “SOS Alerts for Genocide in Gaza.” Last January 12 it noted “the overwhelming evidence of genocidal rhetoric from senior Israeli officials, journalists, and Israeli military and society.” When South Africa launched its malicious political attack on Israel at the International Court of Justice last week, the LIGP celebrated it as a “historic” day in a tweet which included a banner titled “8 genocidal acts committed by Israel against the Palestinian people.” It also took the infamous quote from United Nations Secretary-General António Guterres (“the attack by Hamas did not happen in a vacuum”) and dedicated a timeline to it that provides the “much-needed context” to understand the reasons why savage jihadists invaded Israel by surprise to murder, rape, torture, burn and kidnap civilians and soldiers.

To get an idea of the level of bias with which the LIGP operates, it will suffice to read a tweet by Prime Minister Binyamin Netanyahu that is offered as proof of “genocidal intent.” Netanyahu wrote on October 16: “This is a struggle between the children of light and the children of darkness, between humanity and the law of the jungle.” Two days later, the LIGP urged that the Israeli premier be indicted by the International Criminal Court “for the crime of genocide.” Truly, one must stretch the language to interpret those words as a call to “destroy, in whole or in part, a national, ethnical, racial or religious group” as the 1948 Genocide Convention defines genocide. Genocide experts will presumably be judicious about using such an emotionally-charged term, but this is what happens when humanitarian law is blatantly politicized.

Although the LIGP characterized Hamas’s recent actions as having a “genocidal dimension,” and quotes a violent fragment of its Charter of Allah on its website, it does not denounce the multiple and regular Arab, Islamic and Palestinian calls for the destruction of Israel and the Jews, which do constitute flagrant cases of “genocidal intent.” You will not find on the Institute´s website this quote from Hamas leader in Gaza Yahya Sinwar: “We support the eradication of Israel through armed jihad and struggle”; nor this call to the Palestinian diaspora from senior Hamas member Fathi Hamad: “You should attack every Jew possible in all the world and kill them;” nor this one from Iranian official Ali Aghamohammadi: “The only way to save humanity is to annihilate Israel.” We can reasonably say that these hateful statements are more explicit than Netanyahu’s tweet. Still, they do not seem to have been detected by the Institute’s radar. Perhaps its web’s search engine is not working properly, or perhaps what is not working well is the LIGP team’s moral compass.

To make matters worse, its co-founder and CEO, Elisa von Joeden-Forgey, is introduced as an “Expert on genocide, gender, prevention, and the history of colonialism,” as well as a “Professor of Holocaust and Genocide Studies at Stockton University, NJ.” Unlike other well-known NGOs, largely made up of lawyers specialized in human rights, the LIGP is led by an expert on genocides and the Holocaust per se; who should know better. For a politician, an activist or a journalist to make an arbitrary use of the term genocide is already a bad thing. That an expert on genocides would do so, is disconcerting.

The point is not, however, to debate the merits -or lack of thereof- of claims that Israel might be a genocidal state. Thanks to Pretoria, the International Court of Justice is already dealing with the matter and Israel’s lawyers are presenting their arguments. The point is also not whether those who raise these accusations have the right to do so, of course they do. The point is whether it is legitimate that they do so from an institute dedicated to educating about genocides and abusing the name of the Polish-Jewish jurist who coined the term –after fleeing Nazi Europe and based on a genocide perpetrated against the Jewish people. They will argue that they are doing justice to both Lemkin’s name and the applicability of the concept of genocide. In reality, they are betraying the former and degrading the latter. That Germany has decided to join the legal debate in The Hague on Israel’s side to refute the wild South African accusation helps clarify things.

Let’s be clear, the board and staff of the Lemkin Institute for Genocide Prevention can freely accuse the state of Israel of being genocidal from here to eternity. They should simply stop doing so under the reputational coverage that Raphael Lemkin’s name provides and the aura of respect that surrounds his important legacy. Having lost 49 members of his family during the Holocaust, Lemkin dedicated his life to raising international awareness about genocides and to legally codify the concept in order to consolidate its prevention. He died in 1959 with his mission accomplished, but exhausted and impoverished. Surely he did not do this so that 65 years later an anti-Zionist African country would turn his life’s work into a political campaign against the Jewish state, nor so that an NGO from the country that welcomed him would have the chutzpah to support this legal pogrom on his behalf.

Version en Español:

El Instituto Lemkin traiciona su nombre

¿Es siquiera concebible que un instituto que lleva el nombre de Rafael Lemkin acuse a Israel de cometer un genocidio? Si uno vive en el mundo orwelliano de lo que hoy pasa como una ONG de derechos humanos la respuesta será afirmativa. Lo opuesto, si uno cree que el buen nombre y legado de Rafael Lemkin merecen ser honrados.

El Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio (ILPG) es una organización sin fines de lucro registrada en los Estados Unidos, aparentemente no tiene oficinas físicas. Fue establecido unos pocos años atrás y ya lleva acumuladas unas cuantas acusaciones de genocidio contra el estado judío. El 8 de mayo de 2021 dijo que la violencia de Israel contra los palestinos en Jerusalem era “genocida”. El 26 de mayo de 2022 acusó a los israelíes de actuar con “impunidad” y perpetrar “atrocidades masivas”. El 27 de octubre de 2023 acusó a Israel (y a EEUU) de “cometer genocidio en Gaza”. Entre el 14 de octubre y el 13 de noviembre de 2023 emitió cuatro “Alertas SOS por genocidio en Gaza”. El 12 de enero pasado notó “la abrumadora evidencia de retórica genocida de altos funcionarios israelíes, periodistas y militares y sociedad israelíes”. Cuando Sudáfrica inició su malicioso ataque político contra Israel en la Corte Internacional de Justicia la semana pasada, el ILPG lo celebró como un día “histórico” en un tweet al que agregó un cartel titulado “8 actos genocidas cometidos por Israel contra el pueblo palestino”. También tomó la cita infame del Secretario-General de las Naciones Unidas Antonio Guterrez (“el ataque de Hamas no ocurrió en el vacío”) y le dedicó un timeline que brinda el “tan necesario contexto” para comprender las razones por las cuales jihadistas salvajes invadieron Israel por sorpresa para asesinar, violar, torturar, incendiar y secuestrar civiles y soldados.

Para tener una idea del nivel de sesgo con que opera el ILPG, será suficiente leer un tweet del Primer Ministro Binyamin Netanyahu que se ofrece como prueba de “intención genocida”. Escribió Netanyahu el 16 de octubre último: “Esta es una lucha entre los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad, entre la humanidad y la ley de la jungla”. Dos días después, el ILPG instó a que el premier israelí fuese procesado en la Corte Criminal Internacional “por el crimen de genocidio”. Verdaderamente uno debe forzar al extremo el lenguaje para interpretar esas palabras como una convocatoria a “destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” tal como la Convención sobre Genocidio de 1948 define el genocidio. Es de suponer que expertos en genocidios serán criteriosos con el uso de un término tan cargado emocionalmente, pero esto es lo que sucede cuando la ley humanitaria es politizada con descaro.

Si bien el ILPG caracterizó las acciones recientes de Hamas como poseedoras de una “dimensión genocida”, y se ocupa de citar un fragmento violento de su Carta de Alá en su portal, no denuncia los múltiples y cotidianos pedidos árabes, islámicos y palestinos por la destrucción de Israel y los judíos, los cuales sí constituyen casos flagrantes de “intención genocida”. Usted no va a encontrar en su website esta cita del líder de Hamas en Gaza Yahya Sinwar: “Apoyamos la erradicación de Israel a través de la jihad armada y la lucha”; ni este llamado a la diáspora palestina del miembro de alto rango de Hamas Fathi Hamad: “Deberían atacar a todos los judíos posibles en todo el mundo y matarlos”; ni esta del funcionario iraní Ali Aghamohammadi: “La única forma de salvar a la humanidad es aniquilar a Israel”. Podemos razonablemente decir que estas declaraciones odiosas son más explícitas que el tweet de Netanyahu. Aún así, no parecen haber sido captadas por el radar del Instituto. Quizás el buscador del portal no funciona adecuadamente, o quizás lo que no funciona es la brújula moral del equipo del ILPG.

Para peor, su cofundadora y directora ejecutiva, Elisa von Joeden-Forgey, es presentada como “Experta en genocidio, género, prevención e historia del colonialismo”, así como “Profesora de Estudios del Holocausto y Genocidio en la Universidad de Stockton, NJ”. A diferencia de otras conocidas ONGs, integradas en buena medida por abogados especializados en derechos humanos, el ILPG es liderado por una experta en genocidios y Holocausto per se; quien debiera saber mejor. Que un político, un activista o un periodista haga un uso arbitrario del término genocidio, ya es algo malo. Que lo haga un experto en genocidios es desconcertante.

El punto no es, sin embargo, debatir los méritos -o falta de ellos- acerca de las aseveraciones de que Israel sería un estado genocida. Gracias a Pretoria, la Corte Internacional de Justicia ya se está ocupando del asunto y los abogados de Israel están presentando sus alegatos. El punto tampoco es si quienes elevan esas acusaciones tienen derecho a hacerlo, desde ya que lo tienen. El punto es si es razonable que lo hagan desde un instituto dedicado a educar sobre genocidios y abusando el nombre del jurista judeo-polaco que acuñó el término; tras fugarse de la Europa Nazi y basándose en un genocidio perpetrado contra el pueblo judío. Ellos alegarán que están haciendo justicia tanto al nombre de Lemkin como a la aplicabilidad del concepto de genocidio. En realidad, están traicionando al primero y degradando lo segundo. Que Alemania haya decidido sumarse al debate legal en La haya del lado de Israel para refutar la descabellada acusación sudafricana, ayuda a aclarar las cosas.

Seamos claros, el board y staff del Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio pueden acusar libremente al estado de Israel de ser genocida de aquí a la eternidad. Simplemente deberían dejar de hacerlo con la cobertura reputacional que brinda el nombre de Rafael Lemkin y el aurea de respeto que rodea a su importante legado. Habiendo perdido a 49 miembros de su familia durante el Holocausto, Lemkin dedicó su vida a la concientización internacional sobre los genocidios y a su codificación legal para consolidar su prevención. Murió en 1959 con la misión cumplida, pero extenuado y empobrecido. Seguramente no hizo ello para que 65 años después un país africano antisionista manipule el trabajo de su vida en una campaña política contra el estado judío, ni para que una ONG del país que lo acogió tuviera la jutzpá de respaldar ese pogromo legal en su nombre.

Conferencias destacadas

Entrevista de Julián Schvindlerman con Sebastian Galiani – 06/12/23

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Tema: El conflicto árabe con Israel: actualidad e historia

Sebastián Galiani fue viceministro de economía de la República Argentina. Es profesor en la Universidad de Maryland (EE.UU.) y obtuvo su doctorado en la Universidad de Oxford. Entre sus previos entrevistados están Nicolas Dijovne, Federico Sturzenegger, Domingo Cavallo, Laura Alonso, Sergio Berensztein, Fabián Calle y otros.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2023

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

A devastating survey in Palestine – 11/12/23

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 11/12/2023

https://blogs.timesofisrael.com/a-devastating-survey-in-palestine/

Arab World Research and Development (AWRAD) is a Palestinian pollster based in Ramallah. Its Linkedin profile presents it as “a pioneering research, consulting, and development firm, and is considered one of the leading firms in the Arab region.” Led by Dr. Nader Said, it has a team of experts and field researchers in Palestine, Jordan, Lebanon, Yemen, Morocco, Oman, Tunisia, Libya, Egypt, Syria, Saudi Arabia, and Iraq. Between October 31 and November 7, it surveyed 668 Palestinians face to face in the West Bank and in three towns in southern Gaza (Deir Al Balah, Khan Younis and Rafah). The sample included all socioeconomic groups, with equal representation of adult men and women, and with proportional distribution in the West Bank and Gaza, the company indicated. Its margin of error was 4%.

The survey -contained in a Jerusalem Center for Public Affairs report by IDF Lt.-Col. (res.) Maurice Hirsch- yielded distressing results. 75% supported the Hamas massacre, while only 13% expressed opposition to it. Strikingly, support for the attacks was notably higher among Palestinians in the West Bank (68%) than among those in Gaza (47%). 75% supported establishing a national unity government after the war with Hamas in it. 68% said that their support for a two-state solution had decreased, while 23% said it had increased. 90% expressed themselves against coexistence with the Israelis, with only 7% in favor. 87% expressed disinterest in reaching a permanent peace agreement with Israel, while 9% said they favored such an agreement. Support for terrorist groups surpassed the positive assessment of moderate Arab nations. The highest rated actors were the Al Qassam Brigades (89%), the Palestinian Islamic Jihad (84%), the Al Aqsa Brigades (80%) and Hamas (76%). In contrast, respondents showed negative evaluations about entities or countries with peace treaties or that were moving toward a peace pact with Israel. This is how they rated, expressed as a percentage of favorable image, the Palestinian Authority (10%), Egypt (14%), Jordan (12%), Saudi Arabia (3%) and the United Arab Emirates (2%). 98% of Palestinians surveyed said they will never forget or forgive Israel’s actions in this war.

These findings give a scientific framework to the anecdotal evidence that emerged in recent weeks. Palestinian workers in Israel gave logistical information to Hamas before the attack. On October 7, Gazan civilians entered Israel to loot communities after the Hamas incursion. In the early hours of the invasion, Palestinian photojournalists working freelance for The New York Times, CNN, Reuters and AP were present at the border to film and photograph the ongoing massacre. Upon hearing of the raid, Gazans crowded into public areas to celebrate the killings of Israelis, cheered when Hamas members paraded through the streets of Gaza a half-naked German-Israeli young woman who had just been kidnapped, and on at least one occasion threw stones against a vehicle carrying freed hostages (“we thought they were going to lynch us on the way to Israel,” one of them told The Jerusalem Post). It was Palestinian civilians who captured and handed over to Hamas a Russian-Israeli hostage who had managed to escape, and it was a Palestinian employee of the UN refugee agency (UNRWA) who held an Israeli hostage in the attic of his house for 50 days. The Palestinian prisoners released by Israel as per the exchange agreement with Hamas were received as heroes at popular celebrations, and it is worth remembering that they were imprisoned for having tried to murder Israelis. Horrifyingly, when a Hamas terrorist –in the midst of the massacre– called his parents using the cell phone of one of his victims to boast “Look how many I killed with my own hands! Your son killed Jews!” His father replied “Allah is great” and his mother told him “I wished I were with you”.

This panorama is bleak: it reveals a Palestinian society opposed to peace with Israel, strongly appreciative of the terrorist groups within it, sympathetic to the atrocities committed by Hamas on October 7, and even exposes undetermined portions of Gazan society as collaborationists of the jihadist regime that governs them. The implications for an international diplomacy effort increasingly focused on reactivating the much-heralded two-state solution are evident. In this environment, they anticipate a new failure –just as it has been happening for the last 75 years.

Version en Español:

Una encuesta desoladora en Palestina

Mundo árabe para la investigación y el desarrollo (AWRAD en sus siglas en inglés) es una encuestadora palestina con sede en Ramala. En su perfil de Linkedin se presenta como una empresa “pionera en investigación, consultoría y desarrollo, y está considerada una de las empresas líderes en la región árabe”. Dirigida por el Dr. Nader Said, posee un equipo de expertos e investigadores de campo en Palestina, Jordania, Líbano, Yemen, Marruecos, Omán, Túnez, Libia, Egipto, Siria, Arabia Saudita, e Irak. Entre el 31 de octubre y el 7 de noviembre, encuestó presencialmente a 668 palestinos en Cisjordania y en tres localidades del sur de Gaza (Deir Al Balah, Khan Younis y Rafah). La muestra incluyó a todos los grupos socioeconómicos, con representación equitativa de hombres y mujeres adultos, y con distribución proporcional en Cisjordania y Gaza, indicó la firma. Su margen de error fue del 4%.

La encuesta -contenida en un informe del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén elaborado por el Teniente Coronel (retirado) Maurice Hirsch- arrojó resultados angustiantes. El 75% apoyó la masacre de Hamas, mientras que sólo el 13% se expresó en contra. Llamativamente, el apoyo a los ataques fue notablemente mayor entre los palestinos de Cisjordania (68%) que entre los de Gaza (47%). El 75% respaldó el establecimiento de un gobierno de unidad nacional después de la guerra, que incluya a Hamas. El 68% informó que su apoyo a una solución de dos Estados había disminuido, en tanto que el 23% dijo que había aumentado. El 90% se expresó contrario a la coexistencia con los israelíes, con sólo el 7% a favor. El 87% manifestó desinterés en lograr un acuerdo de paz permanente con Israel, mientras que el 9% dijo desear tal acuerdo. El respaldo a los grupos terroristas superó la valoración positiva de las naciones árabes moderadas. Los actores mejor valorados fueron las Brigadas Al Qassam (89%), la Jihad Islámica Palestina (84%), las Brigadas Al Aqsa (80%) y Hamas (76%). En contraste, los encuestados mostraron valoraciones negativas acerca de entidades o países con tratados de paz o que estaban encaminados a un pacto de paz con Israel. Así calificaron, expresados en porcentaje de imagen favorable, la Autoridad Palestina (10%), Egipto (14%), Jordania (12%), Arabia Saudita (3%) y Emiratos Árabes Unidos (2%). El 98% de los palestinos encuestados afirmó que nunca olvidará ni perdonará las acciones de Israel en esta guerra.

Estos hallazgos dan un marco científico a la evidencia anecdótica que emergió en las últimas semanas. Trabajadores palestinos en Israel dieron información logística a Hamás antes del ataque. El 7 de octubre, civiles gazatíes ingresaron a Israel a saquear las comunidades tras la incursión de Hamas. La madrugada de la invasión se hicieron presentes en la frontera fotoperiodistas palestinos que trabajaban freelance para The New York Times, CNN, Reuters y AP para filmar y fotografiar la masacre en curso. Al enterarse de la incursión, gazatíes se amontonaron en zonas públicas para celebrar las matanzas de israelíes, vitorearon cuando miembros de Hamas desfilaron por las calles de Gaza a una joven alemana-israelí semidesnuda que acababa de ser secuestrada, y en al menos una ocasión arrojaron piedras contra el vehículo que transportaba rehenes liberados (“pensamos que nos iban a linchar en camino a Israel” dijo uno de ellos al Jerusalem Post). Fueron civiles palestinos quienes capturaron y entregaron a Hamas al rehén ruso-israelí que había logrado fugarse y fue un empleado palestino de la agencia de refugiados de la ONU (UNRWA) quien mantuvo como rehén a un israelí en el ático de su casa durante 50 días. Los prisioneros palestinos liberados por Israel, conforme el acuerdo de intercambio con Hamas, fueron recibidos como héroes en festejos populares, y cabe recordar que estaban encarcelados por haber intentado asesinar israelíes. Horrorosamente, cuando un terrorista de Hamas -en plena ocurrencia de la masacre- llamó a sus padres usando el celular de una de sus víctimas para alardear “¡Mira a cuántos maté con mis propias manos! ¡Tu hijo mató judíos!”, su padre respondió “Alá es grande” y su madre le dijo “me gustaría estar contigo”.

Este panorama es desolador: revela una sociedad palestina opuesta a la paz con Israel, fuertemente apreciativa de los grupos terroristas en su seno, simpatizante con las atrocidades que cometió Hamas el 7 de octubre, e incluso expone a porciones indeterminadas de la sociedad gazatí como colaboracionista del régimen jihadista que la gobierna. Las implicancias que esta realidad tendría para una diplomacia internacional cada vez más centrada en reactivar la mentada solución de dos estados, son evidentes. En este ambiente auguran un nuevo fracaso, tal como viene ocurriendo desde hace 75 años.