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Libros

Triángulo de Infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel

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Mussicatt – 2014.

128 Páginas.

El año 2013 marcó los doscientos años del nacimiento de Richard Wagner (1813-1883), acontecimiento que brindó la oportunidad de reflexionar acerca de su arte, de su ideología y de su persona. Este libro ofrece un enfoque integral sobre aspectos de su vida y obra que usualmente han sido abordados separadamente en la literatura wagneriana universal; específicamente en la literatura en español será difícil hallar libros que tengan esta aproximación abarcadora.

En sus páginas el autor aborda la ideología de Wagner y su relación ambivalente con los judíos de su tiempo, su adopción ulterior como modelo artístico y político por parte del nazismo, y el debate intenso y prolongado sobre la representación de sus obras en Israel, para finalmente cerrar con un epílogo que reúne la narración y la reflexión. Contiene además un anexo dedicado a la compleja relación que Friedrich Nietzsche tuvo con el compositor alemán.

En este nuevo libro, Schvindlerman nos ofrece una penetrante mirada sobre un compositor profundo y profundamente controvertido que ahondará el debate que desde siempre ha rodeado a este creador singular.

«Julián Schvindlerman ha escrito un ensayo muy notable sobre Richard Wagner y su esencial contradicción: el gran autor alemán odiaba a los judíos en abstracto, pero a los que conoció y trató los respetaba y admiraba como extraordinarios creadores musicales. Esa paradoja es frecuente en los conflictos raciales y étnicos. El equívoco siempre parte de quienes sostienen estereotipos absurdos. Este libro aborda ese importantísimo tema, origen de tantos atropellos y crímenes, de la manera más amena e instructiva en que puede abordarse.»

Carlos Alberto Montaner
Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Medio oriente 2014 – 15/01/14

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El nuevo año no ha comenzado tranquilamente para el Medio Oriente.

Irak padeció durante el año ido la peor cantidad de muertos por atentados en los últimos cinco años. A la luz de lo cual y ante el próximo repliegue de los Estados Unidos de Afganistán para mediados del presente surgen interrogantes acerca de qué sucederá allí. La guerra civil en Siria ha quebrado al país en varios bandos y su caos ha derrapado hacia el Líbano e Irak, creando presiones sobre ambos gobiernos y replicando los enfrentamientos sectarios, donde una especie de rebelión dentro de la rebelión se ha cristalizado en los combates entre islamistas dentro de la propia oposición. Egipto ha regresado a la era Mubarak sin Mubarak, con los militares en el poder, los Hermanos Musulmanes en la clandestinidad y nuevas restricciones a las libertades políticas para todos los egipcios. Libia y Yemen están siendo acosadas por tribus armadas, milicias jihadistas y gobiernos débiles. Túnez -donde todo comenzó- todavía batalla por su estabilidad.

Uno imaginaría que la caída de Saddam Hussein, Muhamar Ghadaffi o el posible derrocamiento de Bashar al-Assad son desarrollos positivos al irse déspotas anti-occidentales del gobierno. Pero, como el comentarista Gerald Seif ha notado, nada es tan simple en el Medio Oriente. La derrota de Saddam dejó fortalecido a Irán. La salida de tiranos no dio lugar a democracia sino a luchas inter-étnicas por el poder. El islamismo ha crecido notablemente. Al-Qaeda ha resurgido con gran fuerza superando su momento de debilidad tras la muerte de Osama Ben-Laden.

La mayoría de los países árabes son construcciones del colonialismo europeo que reunió a diversas etnias y sectas bajo un mismo gobierno que apeló a la tiranía y la amenaza fantasiosa de enemigos externos (el sionismo y occidente) para consolidar su poder. Por décadas sofocó, degradó y oprimió el disenso, la inventiva, la libertad, a la vez que estancó en la pobreza y el subdesarrollo a grandes cantidades de personas. La primavera árabe se rebeló contra este sistema de gobierno. Los clamores fueron dirigidos contra los represores, no contra los infieles». Ese fue un acontecimiento inédito y el más extraordinario, tanto política como culturalmente, que ofreció esta rebelión masiva.

Pero la primavera árabe no sólo alteró la estructura de poder reinante de los países árabes sino que transformó profundamente a toda la región. Lo cual, combinado con la actual vocación de retirada de los Estados Unidos de la zona y el ascenso de Irán, deja un cuadro inquietante. La mala noticia es que estamos ingresando a una fase histórica signada por un Medio Oriente pos-norteamericano. La buena noticia es que ello es reversible. La decisión de esta Casa Blanca de limitar la presencia militar en la región es un epifenómeno de una determinación más esencial de aislar a los Estados Unidos de los líos del mundo entero, especialmente los del Medio Oriente. Vale decir, de borrar la idea extendida de ese país como el garante de la paz y la seguridad global, de remover la autoimagen de «nación indispensable» que ha acompañado a los estadounidenses por décadas.

Washington, no obstante, no podrá desentenderse por completo y aun cuando el Presidente Obama no tenga la intención de abandonar enteramente a la zona a su suerte, no podrá controlar las consecuencias de ese repliegue. Aquél célebre principio de la física es aplicable a la política: el espacio cedido es ocupado por otro elemento. Ante la ausencia o presencia disminuida de los Estados Unidos ha surgido a la superficie una pelea histórica entre el chiísmo y el sunismo en las cabezas de Irán y Arabia Saudita. Las tensiones entre sunitas y chiítas son añejas pero habían estado parcialmente contenidas por los tiranos árabes. Ya no. Ryhad y Teherán están en abierta confrontación a través del patrocinio a fuerzas de uno u otro sector en distintas partes del Medio Oriente, notablemente en el Líbano, Siria y Bahrein. La Administración Obama parece creer que esto no afectará a su nación de modo tal que justifique un mayor involucramiento.

No hay certezas de que una participación foránea de algún tipo en estos grandes acontecimientos sea efectiva a estas alturas. A la vez, librados a las suyas, los desarrollos cada vez se ponen peor. He aquí el dilema.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Francisco en Israel – 29/12/13

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En octubre de 2012, un tiroteo a quemarropa contra una niña de 14 años en Pakistán conmocionó a la opinión pública mundial.
Con frialdad notable, un sicario talibán se dirigió a un colectivo que transportaba a un grupo de niñas en edad escolar en aquel país musulmán, preguntó quién era Malala Yousafsay, elevó su arma y le disparó sin más «por ir en contra de los soldados de Alá”.
Una bala dio en su cabeza, la otra en su cuello. Ella fue enviada de urgencia a un hospital en Inglaterra, fue atendida médicamente y resguardada de posibles nuevos intentos homicidas. Su vida había quedado profundamente afectada y pendía de un hilo.
«Nadie que haya tenido una bala cruzando su cerebro tiene una recuperación completa”, dijo entonces Jonathan Fellus, de la Fundación Internacional para la Investigación Cerebral.
Muchísimas personas, dentro y fuera de Pakistán, rezaron por su vida. Atravesó varias operaciones, le colocaron una placa de titanio en el cráneo. Milagrosamente sobrevivió y en febrero del 2013 fue dada de alta.
Malala es hija de un maestro y oriunda del valle de Swat, región paquistaní fronteriza con Afganistán que cayó en manos de extremistas talibanes, en el año 2007. Desde entonces, los hombres fueron obligados a dejarse crecer la barba, se prohibió a las mujeres ir a los mercados y, en repetidas ocasiones, escuelas de niñas fueron bombardeadas.
Luego de la invasión norteamericana a Afganistán, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, grupos talibanes se refugiaron al otro lado de la frontera, creando zonas de semigobierno en Pakistán.
Según el diario El País de España, las quemas y sabotajes de escuelas de niñas en las regiones tribales de Waziristán del Norte y del Sur, donde los radicales están acuartelados, «han dejado de ser noticia porque ya no quedan más centros por destruir”.
En el valle de Swat, durante el breve pero infernal gobierno de los talibanes, entre 2007-2009, antes de que el ejército paquistaní los expulsara de la zona, 13 niñas fueron decapitadas, 170 escuelas destruidas y otras cinco atacadas con bombas.
Bajo el seudónimo de Gul Makai (el nombre de una heroína de un cuento folklórico local), y desde los 11 años de edad, Malala había estado contando en un blog de la BBC cómo había sido la vida allí.
Su columna se titulaba «Diario de una estudiante paquistaní”. Anotaba comentarios del tipo: «Me duele abrir el armario y ver mi uniforme, mi mochila y mi cartuchera. Las escuelas de los varones abren mañana, pero los talibanes prohibieron la educación para las niñas. ¿Mi verdadero nombre significa desesperación?”.
Luego de su recuperación ella dijo: «La gente me conoce como la niña que fue disparada por los talibanes, pero quiero que me conozcan por ser la niña que lucha por los derechos de todos los niños y niñas, por su derecho a la educación y por su derecho a la igualdad”.
Antes de la agresión, Malala era conocida por su excepcional valentía y activa militancia en la causa vital de los derechos de las mujeres en Pakistán. Ella era regularmente entrevistada por la prensa y había sido premiada con una distinción al mérito civil. En el 2009 se hizo un documental fílmico sobre ella. Luego del ataque su fama y su causa se potenciaron.
La actriz Angelina Jolie estableció un fondo con el nombre de Malala para fomentar la educación infantil en Pakistán. Este año fue nominada al Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia y al Premio Nobel de la Paz.
A una muy temprana edad, Malala se había convertido en un referente local e internacional y, como tal, en una amenaza para los fundamentalistas. El vil esfuerzo de éstos en silenciarla pretendió callar, no sólo a esta joven, sino a todas aquellas que están defendiendo la libertad, además de disuadir a colegas futuras. Afortunadamente han fracasado.
Para los talibanes Malala Yousafsay era, conforme dijo oportunamente uno de sus voceros, «un símbolo de los infieles y de la obscenidad”. Para muchos otros, ella es un modelo de rectitud, coraje y dignidad. Es de esperar que su ejemplo contagie de energía a quienes luchan por la igualdad de género en Pakistán.

Originalmente publicado en Infobae

Infobae, Infobae - 2013

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Francisco en Israel – 25/12/13

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Ya fue confirmada la visita del Papa Francisco a Israel, Jordania y la entidad palestina para marzo del 2014. Los detalles de la agenda causaron decepción en Jerusalem cuando se conoció que el Obispo de Roma planea permanecer menos de 48hs en el país, que no dará una misa allí sino en Belén (ciudad bajo gobierno palestino) y que será el Papa quien reciba al Primer Ministro de Israel (en la iglesia Notre Dame) y no al revés como era de esperarse. Dado que los previos pontífices en viajar a Israel en el siglo XXI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, lo han hecho por seis y cinco días respectivamente, las autoridades israelíes tomaron a mal la brevedad del anunciado viaje pontificio.

Quizás no debieran verlo así. Las visitas papales a Israel son acontecimientos diplomáticos y religiosos enormes que ofrecen la oportunidad de reforzar los lazos entre Roma y Jerusalem -formalizados con el establecimiento de relaciones diplomáticas exactamente veinte años atrás este mes de diciembre- independientemente de la duración de la gira. Francisco podrá enmarcar su viaje en este trascendente contexto. Al mismo tiempo, empero, las estadías papales en Israel pueden ser, y en el pasado así han sido, problemáticas. Cada gesto del Sumo Pontífice, cada palabra y cada silencio serán escrutados. Si honrará con su presencia un lugar o si no lo hará será causal de alegría o indignación. Se esperarán de Francisco varios discursos, cada uno de ellos tendrá el potencial de agradar u ofender. Previas visitas pontificas dan cuenta de ello.

En 1964, Pablo VI se convirtió en el primer Papa en pisar territorio israelí. Entonces la Santa Sede y el estado judío no tenían relaciones diplomáticas de modo que el Obispo de Roma se ocupó de dejar en claro que lo suyo era una peregrinación espiritual a Tierra Santa desprovista de cualquier motivación política. Pablo VI se negó a ingresar a Israel por la capital del país y las autoridades israelíes debieron desplazarse a la Galilea para darle la bienvenida. Procedente de Jordania, el Papa pasó menos de 24hs en Israel, donde visitó sitios de relevancia religiosa para la Iglesia Católica: Meggido, Nazareth, Tiberíades y Cafarnaúm. Durante su estadía completa no pronunció las palabras “Israel” o “estado judío” en momento alguno y no incluyó al Gran Rabino en su agenda de reuniones. Extrañamente, defendió al controvertido Pío XII aún en suelo israelí y realizó una declaración teológica que chocaba con el espíritu de acercamiento religioso del recientemente inaugurado Concilio Vaticano II. Una vez de regreso en Roma, envió un telegrama de agradecimiento al presidente de la nación a Tel-Aviv y no a Jerusalem, donde el presidente tiene residencia. Oportunamente la revista católica Commonweal señaló sobre la conducta pontificia: “La falta de sensibilidad hacia la historia judía y hacia la nación de Israel debe esperar un más feliz día de rectificación”.

Tal día llegó treinta seis años después. En el 2000 viajó a Israel Juan Pablo II, el pontífice responsable del intercambio de embajadores entre las partes. Una vez más ello fue anunciado como una peregrinación religiosa (“me entristecería si alguien le atribuyera otros significados a este plan mío” afirmó) pero el relieve político de la gira era innegable. El Papa fue recibido en el aeropuerto internacional de Tel-Aviv por el presidente y el primer ministro, se reunió con los dos principales rabinos del país, fue al Museo del Holocausto Yad Vashem e insertó una plegaria en el Muro de los Lamentos en la ciudad santa. Esta última imagen quedó para la posteridad y se erigió en el símbolo visual más notable del nuevo vínculo Vaticano-Israel. Inevitablemente, la política se inmiscuyó en los discursos pontificios y algunos de sus pronunciamientos pro-palestinos irritaron al gobierno israelí. Pero no se perdió de vista que Juan Pablo II -con su sola visita- repudió la teología antisionista de la Santa Sede cristalizada en las palabras de Pío X al momento de recibir en audiencia al padre del sionismo político Theodor Herzl, en 1904: “Los judíos no han reconocido a nuestro Señor, por consiguiente no podemos nosotros reconocer al pueblo judío”. Al partir, el papa polaco dejó una impresión memorable entre los israelíes.

En el 2009 le llegó el turno a Benedicto XVI. “He venido como un peregrino de la paz” postuló tal como sus antecesores, pero nadie se hacía ilusiones de que la política estaría ausente. “Si él simplemente se las ingenia para regresar a Roma sin haber comenzado una guerra, algunos declararían el viaje exitoso” opinó entonces el corresponsal en Israel del National Cathollic Reporter. El Papa se esforzó en ser ecuánime pero el desafío era imposible y algunas expresiones a favor de los palestinos empañaron la gira. “La última semana mostró que en lo relativo al conflicto palestino-israelí, el Papa Benedicto XVI sencillamente no lo entiende” editorializó The Jerusalem Post. Especialmente decepcionantes fueron sus palabras en Yad Vashem -no mencionó expresamente a los nazis, a los alemanes o a sus colaboradores ni al antisemitismo- y se le atribuyó haber adoptado una postura meramente protocolar ante el Holocausto. Dada su nacionalidad alemana y su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas, su actitud cobró una dimensión apreciable. Le jugó a su vez en contra su personalidad distanciada de las masas, el precedente de la mayormente exitosa visita de Juan Pablo II y las esperadas comparaciones así como la menor trascendencia histórica de una segunda visita papal.

El año entrante hallará a un nuevo Papa en Israel. Francisco es un amigo genuino de los judíos pero también es un hombre del Tercer Mundo y un pontífice que deberá honrar la tradicional diplomacia pro-palestina de la Santa Sede. Una agenda corta minimizará los posibles puntos de fricción sin dañar la relevancia simbólica del viaje en sí. A la luz de la duración de pasadas visitas papales, 48hs puede lucir poco. Ante las controversias potenciales, la brevedad puede terminar siendo una bendición.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

El ejemplo de Malala Yousafzai – 18/12/13

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En octubre de 2012, un tiroteo a quemarropa contra una niña de 14 años en Pakistán conmocionó a la opinión pública mundial.
Con frialdad notable, un sicario talibán se dirigió a un colectivo que transportaba a un grupo de niñas en edad escolar en aquel país musulmán, preguntó quién era Malala Yousafsay, elevó su arma y le disparó sin más «por ir en contra de los soldados de Alá”.
Una bala dio en su cabeza, la otra en su cuello. Ella fue enviada de urgencia a un hospital en Inglaterra, fue atendida médicamente y resguardada de posibles nuevos intentos homicidas. Su vida había quedado profundamente afectada y pendía de un hilo.
«Nadie que haya tenido una bala cruzando su cerebro tiene una recuperación completa”, dijo entonces Jonathan Fellus, de la Fundación Internacional para la Investigación Cerebral.
Muchísimas personas, dentro y fuera de Pakistán, rezaron por su vida. Atravesó varias operaciones, le colocaron una placa de titanio en el cráneo. Milagrosamente sobrevivió y en febrero del 2013 fue dada de alta.
Malala es hija de un maestro y oriunda del valle de Swat, región paquistaní fronteriza con Afganistán que cayó en manos de extremistas talibanes, en el año 2007. Desde entonces, los hombres fueron obligados a dejarse crecer la barba, se prohibió a las mujeres ir a los mercados y, en repetidas ocasiones, escuelas de niñas fueron bombardeadas.
Luego de la invasión norteamericana a Afganistán, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, grupos talibanes se refugiaron al otro lado de la frontera, creando zonas de semigobierno en Pakistán.
Según el diario El País de España, las quemas y sabotajes de escuelas de niñas en las regiones tribales de Waziristán del Norte y del Sur, donde los radicales están acuartelados, «han dejado de ser noticia porque ya no quedan más centros por destruir”.
En el valle de Swat, durante el breve pero infernal gobierno de los talibanes, entre 2007-2009, antes de que el ejército paquistaní los expulsara de la zona, 13 niñas fueron decapitadas, 170 escuelas destruidas y otras cinco atacadas con bombas.
Bajo el seudónimo de Gul Makai (el nombre de una heroína de un cuento folklórico local), y desde los 11 años de edad, Malala había estado contando en un blog de la BBC cómo había sido la vida allí.
Su columna se titulaba «Diario de una estudiante paquistaní”. Anotaba comentarios del tipo: «Me duele abrir el armario y ver mi uniforme, mi mochila y mi cartuchera. Las escuelas de los varones abren mañana, pero los talibanes prohibieron la educación para las niñas. ¿Mi verdadero nombre significa desesperación?”.
Luego de su recuperación ella dijo: «La gente me conoce como la niña que fue disparada por los talibanes, pero quiero que me conozcan por ser la niña que lucha por los derechos de todos los niños y niñas, por su derecho a la educación y por su derecho a la igualdad”.
Antes de la agresión, Malala era conocida por su excepcional valentía y activa militancia en la causa vital de los derechos de las mujeres en Pakistán. Ella era regularmente entrevistada por la prensa y había sido premiada con una distinción al mérito civil. En el 2009 se hizo un documental fílmico sobre ella. Luego del ataque su fama y su causa se potenciaron.
La actriz Angelina Jolie estableció un fondo con el nombre de Malala para fomentar la educación infantil en Pakistán. Este año fue nominada al Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia y al Premio Nobel de la Paz.
A una muy temprana edad, Malala se había convertido en un referente local e internacional y, como tal, en una amenaza para los fundamentalistas. El vil esfuerzo de éstos en silenciarla pretendió callar, no sólo a esta joven, sino a todas aquellas que están defendiendo la libertad, además de disuadir a colegas futuras. Afortunadamente han fracasado.
Para los talibanes Malala Yousafsay era, conforme dijo oportunamente uno de sus voceros, «un símbolo de los infieles y de la obscenidad”. Para muchos otros, ella es un modelo de rectitud, coraje y dignidad. Es de esperar que su ejemplo contagie de energía a quienes luchan por la igualdad de género en Pakistán.

Originalmente publicada en revista Compromiso.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Ryhad-Jerusalem-Teherán: ¿un triángulo isósceles? – 18/12/13

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Las estrellas geopolíticas se han alineado como nunca antes en el cosmos del Medio Oriente propiciando un escenario hipotético pero no imposible: una alianza estratégica entre Ryhad y Jerusalem contra Teherán.

¿Suena descabellado? No tanto. La fantástica política exterior de la Administración Obama -centrada en la noción de espantar aliados y apaciguar adversarios- ha creado un inédito punto de intersección entre los intereses israelíes y sauditas. Ambas naciones son fuertes enemigas de Irán, ambas recelan del programa nuclear persa, a ambas les preocupa el avance del chiísmo en la región y ambas están alarmadas por el acercamiento Washington-Teherán. Aún dentro de la dimensión sunita, tanto Israel como Arabia Saudita parecen estar del mismo lado del cuadrilátero, sea la confrontación intra-rebelde del Ejército Libre Sirio contra Al-Qaeda en Siria, Fatah contra Hamas en Palestina, los militares del general Al-Sisi contra la Hermandad Musulmana en Egipto o la monarquía Hashemita contra insurgentes islamistas en Jordania.

Respecto de un Irán nuclear, Arabia Saudita podría incluso estar más inquieta que el propio Israel. Jerusalem posee armas nucleares con las que defenderse efectivamente de la agresión iraní; Ryhad no. Israel comparte valores con los Estados Unidos que la realeza saudita no. Su alianza con Washington se asienta en intereses -petróleo y seguridad- y la historia ha probado incontables veces que los intereses de las naciones pueden cambiar. Allí está la primavera árabe para recordarles la velocidad con la que la Casa Blanca abandonó a su socio histórico Hosni Mubarak ante el incipiente islamista Mohammed Morsi o la galantería con la que el presidente Obama dejó que se evaporasen sus rimbombantes advertencias de líneas rojas ante el uso de armas químicas por parte de Bashar al-Assad.

El Reino Saudita ha dejado saber su malestar. El gobierno ha informado a Washington que no lo favorecerá más frente a otros proveedores para futuras órdenes de compra militares. Hace poco trascendió que Ryhad había encargado la confección de una bomba atómica a Pakistán. Y en unas inusuales declaraciones públicas, autoridades sauditas han amonestado al gobierno estadounidense por sus últimas políticas hacia el Medio Oriente. En la actualidad, y en lo relativo a ciertos temas, parecería que Ryhad y Jerusalem están más cerca entre sí que en relación a los Estados Unidos.

Esto ha llevado a algunos analistas a imaginar un escenario de cooperación entre estos dos polos opuestos. En particular Walter Russell Mead, editor del American Interest, ve factible tal asistencia mutua. En su visión, si Arabia Saudita permitiese a la aviación israelí sobrevolar su territorio en ruta a Irán, eso cambiaría fuertemente la ecuación presente sobre las posibilidades de la opción militar como freno al programa nuclear de los ayatollahs. En tanto líder regional, Ryhad podría contener la subsiguiente furia islámica antisionista así como controlar el precio del petróleo en la posguerra. Israel por su parte podría ser concesiva en la cuestión palestina -Jerusalem y asentamientos especialmente- de modo que la monarquía wahabita emergiese como el gran patrón de los palestinos y protector de la ciudad santa.

Otros observadores miran el cuadro desde otra perspectiva. Yoram Friedman, comentarista político del diario israelí Yediot Aharonot, destaca que, como guardián del sunismo regional, Arabia Saudita ve con profundo resquemor la idea de que el enemigo judío (Israel) y el enemigo chiíta (Irán) posean armas nucleares y el mundo sunita, no. Él destaca que Ryhad es enemiga de Persia, pero no lo es menos del estado judío. Con Irán comparte espacio en la OPEP, mantiene relaciones diplomáticas y a los iraníes les está permitido ingresar a tierra saudita. Nada de esto vale para los israelíes. Además los países del Golfo Pérsico, aliados de Ryhad, han estado coqueteando con el régimen Ayahtollah últimamente: Omán medió entre Estados Unidos e Irán, Kuwait y Qatar mantienen buenos lazos con Teherán y Emiratos Árabes Unidos se ha acercado a Irán. El único país del Golfo que permanece reacio es Bahrein, en cuyo territorio Irán ha estado incitando a la población chiíta a la sublevación.

Si Ryhad debe elegir entre Irán e Israel seguramente optará por el primero. Ello estaría más en sintonía con la actual política de la administración norteamericana y ésta es una relación vital para el reinado. Ello a su vez armonizaría con el ethos antisionista del Medio Oriente y con la afiliación religiosa de los actores. Si y cuando el bastión del sunismo se amigase con el motor del chiísmo en la región, eso alejará a Israel de cualquier intento de reconciliación con el mundo musulmán» señaló Friedman. En tal caso, la soledad existencial de Israel será total. Amenazado con la aniquilación por Irán y aislado como nunca antes en la zona, para prevalecer dependerá crucialmente de la veracidad de la promesa presidencial del señor Obama «nosotros cubriremos las espaldas de Israel». Lástima que las amenazas iraníes sean más creíbles que las palabras de esta Casa Blanca.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Paranoia zoológica en el medio oriente – 04/12/13

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Días atrás, el conocido relacionista público ecuatoriano Jaime Durán Barba se declaró simpatizante de Adolf Hitler y de Joseph Stalin en una entrevista con la revista Noticias: Hitler era un tipo espectacular» dijo, y Stalin «tenía una finura impresionante». Poco antes, Silvio Berlusconi aseguró que su familia era perseguida judicialmente en Italia «como las familias judías bajo el régimen de Hitler». Esa misma semana, una asociación de granjeros italiana creó el «Premio Hitler» a ser otorgado irónicamente a activistas por los derechos de los animales. También esa semana, un encuentro interreligioso en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se vio interrumpido durante cuarenta minutos cuando un grupo de católicos ultra-tradicionalistas de la Hermandad Sacerdotal San Pío X comenzaron a entonar el Ave María para frustrar la reunión. El último julio, el bar Soldatenkaffe fue finalmente clausurado en Indonesia por estar ambientado con temática nazi: las paredes estaban decoradas con esvásticas y las mozas vestían uniformes de las SS; aún así, permaneció abierto por más de dos años. Durante un pasado partido fútbol entre Hungría e Israel, hinchas húngaros dieron la espalda cuando sonó el himno nacional israelí Hatikva y elevaron carteles que decían «judíos apestosos» y «Heil Benito Mussolini».

Forzosamente debemos preguntarnos cuál es el estado de nuestra salud moral como sociedad universal a 75 años de la Noche de los Cristales Rotos. Fue esa noche, entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, cuando los nazis lanzaron un pogromo contra las juderías de Austria y Alemania, destrozaron los negocios y las propiedades de los judíos, quemaron sus sinagogas, asesinaron a noventa y uno y deportaron a alrededor de treinta mil. La orgía de devastación fue un presagio del genocidio por venir en el cual seis millones de judíos serían industrialmente aniquilados en menos de seis años, entre 1939 y 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial más de cincuenta millones de personas morirían dentro y fuera del campo de batalla.

Pero para que los judíos europeos pudiesen ser llevados a Auschwitz, Dachau y otros campos de la muerte, previamente debieron ser obliterados ante la opinión pública alemana y europea. Sólo una vez que éstos habían sido deshumanizados en las cátedras universitarias, en los artículos de prensa, en las manifestaciones públicas y en las películas de propaganda, pudieron ser finalmente masacrados en los campos de concentración. Auschwitz fue el final de un largo camino iniciado con la retórica fanática.

Es por eso que el poder de la palabra decanta como una de las lecciones más fundamentales de este episodio atroz. Para que el discurso nazi prendiese en Alemania y Europa debió darse una comunicación entre dos actores: el emisor y el receptor. El mensaje del primero no hubiera calado si no hubiera tenido un recipiente sobre el cual verter su extremismo. Siglos de prédica antijudía habían allanado el camino para la destrucción de la judería europea.

La propaganda fascista atacó a espectros más que a seres reales. Persiguió imágenes más que personas. La culpa ficticia, sin embargo y como un filósofo ha notado, dio lugar a un castigo hiperreal.

Premonitoriamente, Sigmund Freud escribió en la década de 1920 sobre la psicología de las masas unas reflexiones que cimentaron observaciones de futuros pensadores sobre la dinámica que se dio durante el Holocausto. Entonces hubo un delirio colectivo encarnado en la relación entre un padre terrible y las masas. Hitler rehuyó del rol de padre amoroso y lo remplazó por el del padre autoritario. El amor quedó reservado sólo para Alemania. El führer hizo de figura de padre temido por una masa con sed de obediencia y que se supeditó al mandato colectivo.

El Führer era histérico y paranoico, pero fue un hábil comunicador de sus ideas. Como ha observado Theodor Adorno, en un sentido fue un maestro en el uso de su propia neurosis con finalidades perversas: vendió sus defectos psicológicos magistralmente. Se entabló una relación de placer entre el líder nazi y sus seguidores en la que éstos esperaban gratificaciones al someterse a su liderazgo. Conforme Adorno ha indicado, Hitler no atrajo a pesar de su extremismo, sino precisamente por ser un extremista. Curiosamente el lema nazi era «Despierta Alemania» cuando buscaba todo lo contrario: mantenerla embobada en sueños de grandeza nacional en la búsqueda fantástica de chivos expiatorios.

Un eminente historiador israelí ha dicho que el Holocausto existió porque pudo existir y que lo que pasó una vez puede suceder de nuevo. Es por eso que aprender sus lecciones y comprometernos enteramente al Nunca Más es nuestra obligación permanente.