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Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Un fusil para D’elía – 03/03/14

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Nicolás Maduro no está solo. Los hermanos Castro, Evo Morales y Daniel Ortega lo respaldan. Tiene además el apoyo de Dilma Rousseff, José Mujica y Cristina Fernández. Podemos decir que -exceptuando a las presidencias de Panamá, Colombia, Perú, Costa Rica y Chile- prácticamente todos los gobiernos de Latinoamérica están de su lado. Además cuenta con el guiño tácito de la Organización de Estados Americanos (OEA) comandada por el socialista chileno José Miguel Insulza.

Otro ciudadano chileno que simpatiza con su causa es la icónica militante estudiantil comunista y ahora diputada Camila Vallejo, quien se hizo famosa al liderar protestas universitarias contra el gobierno de Sebastián Piñera, pero ahora ha dado la espalda a los universitarios venezolanos. “La derecha venezolana repite el mismo guión golpista de 2002 pero ese bravo pueblo ya aprendió” tuiteó el 22 de febrero, tres días después de que la modelo y estudiante Génesis Carmona fuese asesinada de un tiro a la cara en una manifestación de la oposición venezolana.

También está expresando sus opiniones simpatizantes un famoso argentino, Diego Armando Maradona, que fue contratado por el canal de televisión satelital del gobierno venezolano Telesur para oficiar de comentarista en la Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014. “Les digo a los venezolanos y al presidente Maduro que estamos viendo todas las mentiras que están diciendo y creando los imperialistas” anunció, y se ofreció “a ser un soldado de Venezuela para lo que mande… ¡Viva Chávez, viva Maduro!”.

Y luego está Luis D´Elía. El referente piquetero nacional participó a mediados de febrero en una manifestación frente a la embajada de Venezuela para expresar su solidaridad con el gobierno de Maduro y decir “no a esta nueva intentona fascista cuyo fin es el derrocamiento del gobierno venezolano”. También pidió, públicamente y sin pruritos, el fusilamiento del líder opositor Leopoldo López. “Maduro debe fusilar a López, agente de la CIA” disparó. Ante la avalancha de cuestionamientos, remató al aire en la Rock & Pop: “¿Tanto escándalo por plantear el fusilamiento de Leopoldo López?”. Y en su propio programa en FM Cooperativa, más tarde agregó: “Hay que fusilarlo a este tipo, sin dudar”. Esta postura extrema, que cruzó el límite de la incitación a la violencia, sintoniza enteramente con el fanatismo que él ha propugnado por largo tiempo.

En 2004 tomó una comisaría en el barrio capitalino de La Boca. En 2006, tenaza en mano, rompió una tranquera que demarcaba campos del terrateniente estadounidense Douglas Tompkins en la provincia de Corrientes. Ese mismo año realizó una contramarcha a una manifestación opositora a las políticas del gobierno en materia de seguridad ciudadana. En 2008 lideró otra contramarcha en defensa del gobierno, esta vez dirigida contra productores agropecuarios y ciudadanos críticos de las políticas económicas abusivas del oficialismo. Con la consigna “la plaza es nuestra” sus seguidores bloquearon a los manifestantes y el propio D´Elía agredió físicamente a uno de ellos. Ese mismo año, en el marco de una entrevista con un periodista que lo provocó, el piquetero pronunció una de sus frases más célebres: “¡Odio a la puta oligarquía, odio a los blancos!”.

En el plano de las relaciones internacionales se erigió como apologista de Irán en la Argentina. En 2007 viajó al país islámico, junto con el sacerdote Luis Farinello y el diputado Mario Cafiero, para entregar en mano una carta al entonces presidente Mahmmoud Ahmadinejad que expresaba apoyo a las posturas de la República Islámica en torno a la causa AMIA y su programa nuclear. La misiva llevaba las firmas de Osvaldo Bayer, Fernando Pino Solanas y Hebe de Bonafini entre otros referentes de la izquierda nacional. Al regresar al país acusó a “la derecha israelí” de estar detrás del atentado contra la sede judía. Como era de esperar, estuvo a favor del polémico Memorando de Entendimiento pactado unos años más tarde entre Buenos Aires y Teherán.

En 2011 tuvo un cruce verbal con el político Diego Kravetz en el cual D´Elía negaba ser un antisemita. Cuando Kravetz lo invitó al Museo del Holocausto porteño, el militante K respondió: “La memoria del Holocausto debe servir para que no pase nunca más, no para justificar los crímenes del actual gobierno de Israel”. En 2013, el Centro Simon Wiesenthal expuso una filmación de un encuentro realizado en la mezquita at-Tauhid del barrio de Flores en el que eufemísticamente él pidió por la destrucción del Estado de Israel.

Yo mantuve un tête à tête televisivo con D´Elía en 2007, cuando él acompañó al jeque Abdul Karim Paz, líder espiritual de la mezquita at-Tauhid, al programa Tormenta de ideas conducido por Daniel Muchnik a debatir conmigo y con el legislador Jorge Henríquez sobre la responsabilidad de Irán en los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA. No hará falta indicar qué posición adoptó. Es un tanto irónico que su colega Abdul Karim Paz haya surgido de la oligarquía que D´Elía tanto desprecia: su nombre de nacimiento previo a su conversión al Islam es Santiago Paz Bullrich, “hijo de una de las familias patricias argentinas” según informó oportunamente Gustavo Sierra, enviado especial del diario Clarín a Irán. No menos curioso es el hecho de que el Partido Miles que él preside haya participado en la última marcha del orgullo lésbico, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual, intersexual y queer en la Argentina y que a la vez él respalde con tanto entusiasmo a un régimen que condena a muerte a los homosexuales en Irán.

En última instancia D´Elía es el epítome de las inconsistencias de gran parte de América Latina. Una región pletórica en discursos sobre democracia y derechos humanos pero cuyos presidentes reunidos en la última cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe proclamó -como nos recordó Enrique Krauze- “guía político y moral de América” a Fidel Castro, el más longevo y último dictador del continente.

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El atroz engaño de Hassan Rohani – 26/02/14

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Todo el pueblo iraní debería sentir que hay justicia. Justicia significa igualdad de oportunidades. Todas las etnias, todas las religiones, incluso las minorías religiosas, deben sentir la justicia. ¡Larga vida a los derechos civiles!¬ -Hassan Rohani, 11 de abril de 2013.

He intentado defender el derecho legítimo que toda persona en este mundo debería tener, que es el derecho a vivir libremente con derechos civiles completos. Con todas estas miserias y tragedias, nunca he usado un arma para luchar contra crímenes atroces excepto la pluma -Hashem Shaabani, 11 de junio de 2013.

Si el presidente de la República Islámica de Irán y el joven poeta defensor de los derechos humanos árabe-iraní arriba citados coincidían en lo relativo a la protección de los derechos civiles universales, entonces ¿por qué el primero firmó una orden de ejecución contra el segundo?

Esta es una pregunta que deberían hacerse el Presidente Barack Obama, la Canciller Angela Merkel, la Alta Representante para los Asuntos Exteriores de la Unión Europea Chaterine Ashton y los demás involucrados en el diálogo con Irán. No plantearla es dar un pase libre a las terribles violaciones a los derechos humanos que acontecen sin pausa en la nación persa.

Hashem Shaabani era un poeta de treinta y dos años, tenía una maestría en ciencia política, enseñaba literatura árabe en escuelas iraníes, organizaba festivales de la paz», publicaba sus poemas online y era fundador del Instituto del Diálogo con la finalidad de promover la cultura árabe en su país natal. Para el régimen iraní él esparcía la corrupción en la Tierra y luchaba contra Dios. Acusado de esos cargos bizarros fue condenado a muerte y ahorcado en una prisión el mes pasado. «Comencé mi travesía elevando mi pluma contra la tiranía que esclaviza y encarcela mentes y pensamientos, colonizando las mentes del pueblo antes de colonizar sus tierras y destruyendo los pensamientos del pueblo antes de destruir su región» escribió desde su celda, poco antes de que el régimen ayatollah terminara aniquilando su propia vida. «Es importante que las centrifugadoras giren, pero las vidas de las personas debieran andar también» exclamó Rohani, apenas cuatro días antes de que se hiciese pública la carta de Shaabani. La cita parece no haberlo incluido.

La situación de los derechos humanos en Irán ha sido legendariamente paupérrima, especialmente en los últimos treinta y cinco años de etapa posrevolucionaria. Irán secunda solamente a China en la cantidad de ejecuciones anuales que lleva a cabo, aunque tiene la más alta tasa mundial en términos per cápita. En los rankings de Freedom House -prestigiosa ONG de derechos humanos que monitorea el estatus de los mismos globalmente- Irán sistemáticamente califica en las peores posiciones: en el reporte sobre la calidad de libertad en los países del mundo, Irán está en el nivel 6 en una escala de 1-7, donde 7 es lo más deplorable; sobre 197 países escrutados en materia de libertad de prensa, Irán ocupa el puesto 191; y en lo referido a censura en la internet, Irán es evaluado como el más represor en una constelación de sesenta países que incluye a Cuba, Siria y Sudán. La catástrofe humanitaria en la Tierra de los Ayatollahs abarca la persecución a disidentes políticos, periodistas independientes, artistas y miembros de las minorías religiosas, étnicas y sexuales.

Poco ha mejorado, si algo, desde que Hassan Rohani fue electo y asumió el poder el año pasado.

En los últimos seis meses que él lleva gobernando, alrededor de trescientos iraníes fueron ejecutados, lo cual al ritmo actual preservará la cantidad de ajusticiamientos anuales del año anterior, que superó los seiscientos. En su campaña electoral, Rohani prometió liberar a todos los prisioneros políticos del país y al mes de asumir funciones puso en libertad a quince conocidos activistas encarcelados; pero cerca de ochocientos todavía permanecen tras las rejas. En campaña, Rohani prometió mejorar el estatus de la mujer y de las minorías étnicas y religiosas, sin embargo su gabinete excluyó a las mujeres en tanto que los Bahais, los sufistas y los cristianos siguen siendo acosados por el régimen. El flamante presidente ha efectivamente nombrado a figuras nominalmente moderadas a puestos ministeriales, pero al mismo tiempo ha elegido para el importante cargo de Ministro de Justicia a Mostafá Pourmohammadi, a quien Human Rights Watch apodó «Ministro de la Muerte» por su responsabilidad en ejecuciones masivas de prisioneros políticos en 1988 y en el asesinato de disidentes ideológicos, dentro y fuera del país, en los años noventa.

Con su sonrisa y sus palabras decorativas, Rohani se ha hecho una imagen de moderado en la corte de la opinión pública internacional. Con la vista puesta en las negociaciones nucleares, los líderes de la Unión Europea y los Estados Unidos -que conocen los hechos- deciden mirar para otro lado. Mientras que el destino de las tratativas diplomáticas seguirá siendo incierto, en materia de derechos humanos hay algo bastante claro: nada mejorará para los iraníes oprimidos si el mundo sigue callando.

Una versión ampliada de esta nota fue originalmente publicada en Infobae.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2014

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

El atroz engaño de Hassan Rohani – 18/02/14

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Todo el pueblo iraní debería sentir que hay justicia. Justicia significa igualdad de oportunidades. Todas las etnias, todas las religiones, incluso las minorías religiosas, deben sentir la justicia. ¡Larga vida a los derechos civiles!­ -Hassan Rohani, 11 de abril de 2013.

He intentado defender el derecho legítimo que toda persona en este mundo debería tener, que es el derecho a vivir libremente con derechos civiles completos. Con todas estas miserias y tragedias, nunca he usado un arma para luchar contra crímenes atroces excepto la pluma -Hashem Shaabani, 11 de junio de 2013.

Si el presidente de la República Islámica de Irán y el joven poeta defensor de los derechos humanos árabe-iraní arriba citados coincidían en lo relativo a la protección de los derechos civiles universales, entonces ¿por qué el primero firmó una orden de ejecución contra el segundo?

Esta es una pregunta que deberían hacerse el Presidente Barack Obama, la Canciller Angela Merkel, la Alta Representante para los Asuntos Exteriores de la Unión Europea Chaterine Ashton y los demás involucrados en el diálogo con Irán. No plantearla es dar un pase libre a las terribles violaciones a los derechos humanos que acontecen sin pausa en la nación persa.

Hashem Shaabani era un poeta de treinta y dos años, tenía una maestría en ciencia política, enseñaba literatura árabe en escuelas iraníes, organizaba “festivales de la paz”, publicaba sus poemas online y era fundador del Instituto del Diálogo con la finalidad de promover la cultura árabe en su país natal. Para el régimen iraní él esparcía la corrupción en la Tierra y luchaba contra Dios. Acusado de esos cargos bizarros fue condenado a muerte y ahorcado en una prisión el mes pasado. “Comencé mi travesía elevando mi pluma contra la tiranía que esclaviza y encarcela mentes y pensamientos, colonizando las mentes del pueblo antes de colonizar sus tierras y destruyendo los pensamientos del pueblo antes de destruir su región” escribió desde su celda, poco antes de que el régimen ayatollah terminara aniquilando su propia vida. “Es importante que las centrifugadoras giren, pero las vidas de las personas debieran andar también” exclamó Rohani, apenas cuatro días antes de que se hiciese pública la carta de Shaabani. La cita parece no haberlo incluido.

La situación de los derechos humanos en Irán ha sido legendariamente paupérrima, especialmente en los últimos treinta y cinco años de etapa posrevolucionaria. Irán secunda solamente a China en la cantidad de ejecuciones anuales que lleva a cabo, aunque tiene la más alta tasa mundial en términos per cápita. En los rankings de Freedom House -prestigiosa ONG de derechos humanos que monitorea el estatus de los mismos globalmente- Irán sistemáticamente califica en las peores posiciones: en el reporte sobre la calidad de libertad en los países del mundo, Irán está en el nivel 6 en una escala de 1-7, donde 7 es lo más deplorable; sobre 197 países escrutados en materia de libertad de prensa, Irán ocupa el puesto 191; y en lo referido a censura en la internet, Irán es evaluado como el más represor en una constelación de sesenta países que incluye a Cuba, Siria y Sudán. La catástrofe humanitaria en la Tierra de los Ayatollahs abarca la persecución a disidentes políticos, periodistas independientes, artistas y miembros de las minorías religiosas, étnicas y sexuales.

Poco ha mejorado, si algo, desde que Hassan Rohani fue electo y asumió el poder el año pasado.

En los últimos seis meses que él lleva gobernando, alrededor de trescientos iraníes fueron ejecutados, lo cual al ritmo actual preservará la cantidad de ajusticiamientos anuales del año anterior, que superó los seiscientos. En su campaña electoral, Rohani prometió liberar a todos los prisioneros políticos del país y al mes de asumir funciones puso en libertad a quince conocidos activistas encarcelados; pero cerca de ochocientos todavía permanecen tras las rejas. Los líderes del Movimiento Verde -Mehdi Karroubi y Hossein Mousavi y su esposa Zahra Rahnavard- están bajo arresto domiciliario. En campaña, Rohani prometió mejorar el estatus de la mujer y de las minorías étnicas y religiosas, sin embargo su gabinete excluyó a las mujeres en tanto que los Bahais, los sufistas y los cristianos siguen siendo acosados por el régimen. Astutamente, el presidente iraní designó a una mujer para un rol muy visible como es el puesto del vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero a excepción de ese y otro par de casos el papel de la mujer en la vida política del país continúa siendo marginal. Las mujeres en general aún deben lidiar con los “custodios de la modestia” de la policía local que les dice de qué manera deben vestirse y cuya presencia en las calles ha crecido el mismo mes que Rohani asumió funciones. En tanto que el flamante presidente ha efectivamente nombrado a figuras nominalmente moderadas a puestos ministeriales, al mismo tiempo ha elegido para el importante cargo de Ministro de Justicia a Mostafá Pourmohammadi, a quien Human Rights Watch apodó “Ministro de la Muerte” por su responsabilidad en ejecuciones masivas de prisioneros políticos en 1988 y en el asesinato de disidentes ideológicos, dentro y fuera del país, en los años noventa.

Con su sonrisa y sus palabras decorativas, Rohani se ha hecho una imagen de moderado en la corte de la opinión pública internacional. Con la vista puesta en las negociaciones nucleares, los líderes de la Unión Europea y los Estados Unidos -que conocen los hechos- deciden mirar para otro lado. Mientras que el destino de las tratativas diplomáticas seguirá siendo incierto, en materia de derechos humanos hay algo bastante claro: nada mejorará para los iraníes oprimidos si el mundo sigue callando. 

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Los bolsillos inmodestos del Ayatollah – 01/02/14

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Poco antes de morir, en 1989, el entonces ayatollah Ruhollah Khomeini firmó un edicto que tendría repercusiones políticas y económicas enormes en la historia futura del país. Creó una entidad con la misión de administrar todas las propiedades abandonadas durante los caóticos tiempos de la revolución de 1979, que llevó a los islamistas al poder. Se la conoce como Setad Ejraiye Farmane Hazrate Emam, Cuarteles para Ejecutar la Orden del Imán.
En noviembre, Reuters publicó un informe de seis meses de investigación que valuó el total de los activos del Setad: 95.000 millones de dólares. «Setad se ha convertido en una de las organizaciones más poderosas en Irán, aunque muchos iraníes, y el mundo más ampliamente, saben poco sobre ella”, consignó.
«En los últimos seis años, se ha transformado en un gigante corporativo que ahora tiene intereses en casi todo sector de la industria iraní, incluyendo finanzas, telecomunicaciones, la producción de píldoras para el control de la natalidad e incluso la cría de avestruces”, explicó la agencia noticiosa.
Al tope de este imperio se sienta un solo hombre: el Líder Supremo de la República Islámica de Irán, el ayatollah Alí Khameini, sucesor del primer gran ayatollah del país y entronado por el último cuarto de siglo. Así, el mandamás persa tiene a disposición recursos financieros cuyo valor «rivaliza con las pertenencias del Shá”, depuesto en 1979, según Reuters, pero en opinión de algunos economistas superó 30 veces la riqueza de Reza Pahlevi, actualizada por inflación.
El origen de esta fortuna se basó en propiedades abandonadas o confiscadas a figuras leales al Shá, enemigos declarados o fugitivos ideológicos. Durante las últimas tres décadas se agregaron las propiedades de aquellos desprotegidos políticamente.
Tal como Holman Jenkins Jr. ha notado en el Wall Street Journal, el pasado mayo miembros de la odiada minoría religiosa Bahai perdieron propiedades valuadas en al menos 88 millones de dólares. Reportando desde Londres y Beirut, los periodistas de Reuters Steve Stecklow, Babak Dehghanpisheh y Yeganeh Torbati, presentaron en su informe a una anciana iraní residente en Europa mostrando los documentos originales que llevaron a su desposesión: la orden judicial que autorizó el secuestro de los tres departamentos de sus hijos, la carta que les informó acerca de la venta de una de las unidades y la nota que le exigía el pago de alquiler por uno de sus propios departamentos.
Los libros contables de Setad son inaccesibles para el público general e incluso para los legisladores: en 2008 el Parlamento votó a favor de prohibirse a sí mismo el monitoreo de todas las organizaciones del Líder Supremo, a menos que él lo requiera.
Así, Khameini y sus 500 empleados provenientes del ejército y de los servicios de seguridad que administran Beite Rahbar (la Casa del Líder) -la Casa Rosada persa- disponen de cuantiosos fondos a discreción para gestionar Setad y gobernar el país.
En julio del 2010 la Unión Europea incluyó al presidente de Setad, Mohammad Mokhber, en un listado de individuos y entidades a ser sancionados por su participación en actividades vinculadas al programa nuclear y balístico de Irán. En 2012 Mokhber fue removido de la lista. El pasado junio, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos incorporó a Setad a un grupo de 37 empresas sancionadas por el mismo motivo.
Pero este mes, a la luz del Acuerdo de Ginebra pactado entre Teherán y las potencias, 14 compañías petroquímicas previamente sancionadas quedaron liberadas para comerciar mundialmente. Entre ellas figuran tres empresas que Washington había identificado como parte del conglomerado de Setad: Ghaed Bassir Petrochecmical Products Co., Marjan Petrochecmical Co., y Sadaf Petrochemical Assaluyeh Co. A medida que prosigan las negociaciones, otras compañías de Setad seguramente se beneficiarán de mayor flexibilización.
Con su vestir modesto, monotemáticas exhortaciones islámicas y constantes protestas contra el capitalismo, Alí Khameini se ha edificado una imagen de predicador virtuoso y guía espiritual piadoso.
El suyo no es el primer ni único caso de líderes revolucionarios que astutamente toman para sí y su séquito una tajada de los frutos de la revolución mientras mantienen empobrecida a gran parte de la población. Lo llamativo -sin desmerecer ni un ápice el notable aporte de Reuters- es que le haya tomado tanto tiempo a alguien notarlo.

Originalmente publicado en Infobae.

Infobae, Infobae - 2014

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Por Julián Schvindlerman

  

Los bolsillos inmodestos del Ayatollah – 29/01/14

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Poco antes de morir, en 1989, el entonces ayatollah Ruhollah Khomeini firmó un edicto de apenas dos párrafos de extensión que tendría repercusiones políticas y económicas enormes en la historia futura del país. El mismo creó una entidad con la misión de administrar todas las propiedades abandonadas durante los caóticos tiempos de la revolución de 1979 que llevó a los islamistas al poder. Se la conoce como Setad Ejraiye Farmane Hazrate Emam, Cuarteles para Ejecutar la Orden del Imán.

El pasado noviembre, Reuters publicó un informe de seis meses de investigación que valuó el total de los activos de esta entidad en USD 95.000 millones. “Setad se ha convertido en una de las organizaciones más poderosas en Irán, aunque muchos iraníes, y el mundo más ampliamente, saben poco sobre ella” consignó Reuters. “En los últimos seis años, se ha transformado en un gigante corporativo que ahora tiene intereses en casi todo sector de la industria iraní, incluyendo finanzas, telecomunicaciones, la producción de píldoras para el control de la natalidad e incluso la cría de avestruces” explicó la agencia noticiosa. Al tope de este imperio se sienta un sólo hombre: el Líder Supremo de la República Islámica de Irán, el ayatollah Alí Khameini, sucesor del primer gran ayatollah del país y entronado por el último cuarto de siglo.

Así, el mandamás persa tiene a disposición recursos financieros cuyo valor “rivaliza con las pertenencias del Shá” depuesto en 1979 según Reuters, pero que en la opinión de algunos economistas ha superado treinta veces la riqueza de Reza Pahlevi actualizada por inflación. El origen de esta fortuna se basó en propiedades abandonas o confiscadas a figuras leales al Shá, enemigos declarados o fugitivos ideológicos. Durante las últimas tres décadas se agregaron las propiedades de todos aquellos desprotegidos políticamente. Tal como Holman Jenkins Jr. ha notado en el Wall Street Journal, el pasado mes de mayo miembros de la odiada minoría religiosa Bahai perdieron propiedades valuadas en al menos USD 88 millones. Reportando desde Londres y Beirut, los periodistas de Reuters Steve Stecklow, Babak Dehghanpisheh y Yeganeh Torbati presentaron en su informe a una anciana iraní residente en Europa mostrando los documentos originales que llevaron a su desposesión: la orden judicial que autorizó el secuestro de los tres departamentos de sus hijos, la carta que les informó acerca de la venta de una de las unidades y la nota que le exigía el pago de alquiler por uno de sus propios departamentos. Al final esta mujer lo perdió todo.

Los libros contables de Setad son inaccesibles para el público general e incluso para los legisladores: en el 2008 el propio parlamento votó a favor de prohibirse a sí mismo el monitoreo de todas las organizaciones del Líder Supremo, a menos que él lo requiera. Así, Khameini y sus quinientos empleados provenientes del ejército y de los servicios de seguridad que administran Beite Rahbar (la Casa del Líder) -la Casa Rosada persa- disponen de cuantiosos fondos a discreción para gestionar Setad y gobernar el país.

En julio del 2010 la Unión Europea incluyó al presidente de Setad, Mohammad Mokhber, en un listado de individuos y entidades a ser sancionados por su participación en actividades vinculadas al programa nuclear y balístico de Irán. En 2012 Mokhber fue removido de la lista. El pasado junio, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos incorporó a Setad a un grupo de treinta y siete empresas sancionadas por el mismo motivo. Pero este mes, a la luz del Acuerdo de Ginebra pactado entre Teherán y las potencias, catorce compañías petroquímicas previamente sancionadas quedaron liberadas para comerciar mundialmente. Entre ellas figuran tres empresas que Washington había identificado como parte del conglomerado de Setad: Ghaed Bassir Petrochecmical Products Co., Marjan Petrochecmical Co., y Sadaf Petrochemical Assaluyeh Co. A medida que prosigan las negociaciones, otras compañías de Setad seguramente se beneficiarán de mayor flexibilización.

Con su vestir modesto, monotemáticas exhortaciones islámicas y constantes protestas contra el capitalismo, Alí Khameini se ha edificado una imagen de predicador virtuoso y guía espiritual piadoso. El suyo no es el primer ni único caso de líderes revolucionarios que astutamente toman para sí y su séquito una tajada de los frutos de la revolución mientras mantienen empobrecida a gran parte de la población. Lo llamativo -sin desmerecer ni un ápice el notable aporte de Reuters- es que le haya tomado tanto tiempo a alguien notarlo.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Oriente medio 2014 – 16/01/14

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El nuevo año no ha comenzado tranquilamente para el Medio Oriente.

Irak padeció durante el año ido la peor cantidad de muertos por atentados en los últimos cinco años. A la luz de lo cual y ante el próximo repliegue de los Estados Unidos de Afganistán para mediados del presente surgen interrogantes acerca de qué sucederá allí. La guerra civil en Siria ha quebrado al país en varios bandos y su caos ha derrapado hacia el Líbano e Irak, creando presiones sobre ambos gobiernos y replicando los enfrentamientos sectarios, donde una especie de rebelión dentro de la rebelión se ha cristalizado en los combates entre islamistas dentro de la propia oposición. Egipto ha regresado a la era Mubarak sin Mubarak, con los militares en el poder, los Hermanos Musulmanes en la clandestinidad y nuevas restricciones a las libertades políticas para todos los egipcios. Libia y Yemen están siendo acosadas por tribus armadas, milicias jihadistas y gobiernos débiles. Túnez -donde todo comenzó- todavía batalla por su estabilidad.

Uno imaginaría que la caída de Saddam Hussein, Muhamar Ghadaffi o el posible derrocamiento de Bashar al-Assad son desarrollos positivos al irse déspotas anti-occidentales del gobierno. Pero, como el comentarista Gerald Seif ha notado, nada es tan simple en el Medio Oriente. La derrota de Saddam dejó fortalecido a Irán. La salida de tiranos no dio lugar a democracia sino a luchas inter-étnicas por el poder. El islamismo ha crecido notablemente. Al-Qaeda ha resurgido con gran fuerza superando su momento de debilidad tras la muerte de Osama Ben-Laden.

La mayoría de los países árabes son construcciones del colonialismo europeo que reunió a diversas etnias y sectas bajo un mismo gobierno que apeló a la tiranía y la amenaza fantasiosa de enemigos externos (el sionismo y occidente) para consolidar su poder. Por décadas sofocó, degradó y oprimió el disenso, la inventiva, la libertad, a la vez que estancó en la pobreza y el subdesarrollo a grandes cantidades de personas. La primavera árabe se rebeló contra este sistema de gobierno. Los clamores fueron dirigidos contra los represores, no contra los “infieles”. Ese fue un acontecimiento inédito y el más extraordinario, tanto política como culturalmente, que ofreció esta rebelión masiva.

Pero la primavera árabe no sólo alteró la estructura de poder reinante de los países árabes sino que transformó profundamente a toda la región. Lo cual, combinado con la actual vocación de retirada de los Estados Unidos de la zona y el ascenso de Irán, deja un cuadro inquietante. La mala noticia es que estamos ingresando a una fase histórica signada por un Medio Oriente pos-norteamericano. La buena noticia es que ello es reversible. La decisión de esta Casa Blanca de limitar la presencia militar en la región es un epifenómeno de una determinación más esencial de aislar a los Estados Unidos de los líos del mundo entero, especialmente los del Medio Oriente. Vale decir, de borrar la idea extendida de ese país como el garante de la paz y la seguridad global, de remover la autoimagen de “nación indispensable” que ha acompañado a los estadounidenses por décadas.

Washington, no obstante, no podrá desentenderse por completo y aun cuando el Presidente Obama no tenga la intención de abandonar enteramente a la zona a su suerte, no podrá controlar las consecuencias de ese repliegue. Aquél célebre principio de la física es aplicable a la política: el espacio cedido es ocupado por otro elemento. Ante la ausencia o presencia disminuida de los Estados Unidos ha surgido a la superficie una pelea histórica entre el chiísmo y el sunismo en las cabezas de Irán y Arabia Saudita. Las tensiones entre sunitas y chiítas son añejas pero habían estado parcialmente contenidas por los tiranos árabes. Ya no. Ryhad y Teherán están en abierta confrontación a través del patrocinio a fuerzas de uno u otro sector en distintas partes del Medio Oriente, notablemente en el Líbano, Siria y Bahrein. La Administración Obama parece creer que esto no afectará a su nación de modo tal que justifique un mayor involucramiento.

No hay certezas de que una participación foránea de algún tipo en estos grandes acontecimientos sea efectiva a estas alturas. A la vez, librados a las suyas, los desarrollos cada vez se ponen peor. He aquí el dilema.

Originalmente publicado en Comunidades.

Libros

Triángulo de Infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel

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Mussicatt – 2014.

128 Páginas.

El año 2013 marcó los doscientos años del nacimiento de Richard Wagner (1813-1883), acontecimiento que brindó la oportunidad de reflexionar acerca de su arte, de su ideología y de su persona. Este libro ofrece un enfoque integral sobre aspectos de su vida y obra que usualmente han sido abordados separadamente en la literatura wagneriana universal; específicamente en la literatura en español será difícil hallar libros que tengan esta aproximación abarcadora.

En sus páginas el autor aborda la ideología de Wagner y su relación ambivalente con los judíos de su tiempo, su adopción ulterior como modelo artístico y político por parte del nazismo, y el debate intenso y prolongado sobre la representación de sus obras en Israel, para finalmente cerrar con un epílogo que reúne la narración y la reflexión. Contiene además un anexo dedicado a la compleja relación que Friedrich Nietzsche tuvo con el compositor alemán.

En este nuevo libro, Schvindlerman nos ofrece una penetrante mirada sobre un compositor profundo y profundamente controvertido que ahondará el debate que desde siempre ha rodeado a este creador singular.

«Julián Schvindlerman ha escrito un ensayo muy notable sobre Richard Wagner y su esencial contradicción: el gran autor alemán odiaba a los judíos en abstracto, pero a los que conoció y trató los respetaba y admiraba como extraordinarios creadores musicales. Esa paradoja es frecuente en los conflictos raciales y étnicos. El equívoco siempre parte de quienes sostienen estereotipos absurdos. Este libro aborda ese importantísimo tema, origen de tantos atropellos y crímenes, de la manera más amena e instructiva en que puede abordarse.»

Carlos Alberto Montaner
Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Medio oriente 2014 – 15/01/14

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El nuevo año no ha comenzado tranquilamente para el Medio Oriente.

Irak padeció durante el año ido la peor cantidad de muertos por atentados en los últimos cinco años. A la luz de lo cual y ante el próximo repliegue de los Estados Unidos de Afganistán para mediados del presente surgen interrogantes acerca de qué sucederá allí. La guerra civil en Siria ha quebrado al país en varios bandos y su caos ha derrapado hacia el Líbano e Irak, creando presiones sobre ambos gobiernos y replicando los enfrentamientos sectarios, donde una especie de rebelión dentro de la rebelión se ha cristalizado en los combates entre islamistas dentro de la propia oposición. Egipto ha regresado a la era Mubarak sin Mubarak, con los militares en el poder, los Hermanos Musulmanes en la clandestinidad y nuevas restricciones a las libertades políticas para todos los egipcios. Libia y Yemen están siendo acosadas por tribus armadas, milicias jihadistas y gobiernos débiles. Túnez -donde todo comenzó- todavía batalla por su estabilidad.

Uno imaginaría que la caída de Saddam Hussein, Muhamar Ghadaffi o el posible derrocamiento de Bashar al-Assad son desarrollos positivos al irse déspotas anti-occidentales del gobierno. Pero, como el comentarista Gerald Seif ha notado, nada es tan simple en el Medio Oriente. La derrota de Saddam dejó fortalecido a Irán. La salida de tiranos no dio lugar a democracia sino a luchas inter-étnicas por el poder. El islamismo ha crecido notablemente. Al-Qaeda ha resurgido con gran fuerza superando su momento de debilidad tras la muerte de Osama Ben-Laden.

La mayoría de los países árabes son construcciones del colonialismo europeo que reunió a diversas etnias y sectas bajo un mismo gobierno que apeló a la tiranía y la amenaza fantasiosa de enemigos externos (el sionismo y occidente) para consolidar su poder. Por décadas sofocó, degradó y oprimió el disenso, la inventiva, la libertad, a la vez que estancó en la pobreza y el subdesarrollo a grandes cantidades de personas. La primavera árabe se rebeló contra este sistema de gobierno. Los clamores fueron dirigidos contra los represores, no contra los infieles». Ese fue un acontecimiento inédito y el más extraordinario, tanto política como culturalmente, que ofreció esta rebelión masiva.

Pero la primavera árabe no sólo alteró la estructura de poder reinante de los países árabes sino que transformó profundamente a toda la región. Lo cual, combinado con la actual vocación de retirada de los Estados Unidos de la zona y el ascenso de Irán, deja un cuadro inquietante. La mala noticia es que estamos ingresando a una fase histórica signada por un Medio Oriente pos-norteamericano. La buena noticia es que ello es reversible. La decisión de esta Casa Blanca de limitar la presencia militar en la región es un epifenómeno de una determinación más esencial de aislar a los Estados Unidos de los líos del mundo entero, especialmente los del Medio Oriente. Vale decir, de borrar la idea extendida de ese país como el garante de la paz y la seguridad global, de remover la autoimagen de «nación indispensable» que ha acompañado a los estadounidenses por décadas.

Washington, no obstante, no podrá desentenderse por completo y aun cuando el Presidente Obama no tenga la intención de abandonar enteramente a la zona a su suerte, no podrá controlar las consecuencias de ese repliegue. Aquél célebre principio de la física es aplicable a la política: el espacio cedido es ocupado por otro elemento. Ante la ausencia o presencia disminuida de los Estados Unidos ha surgido a la superficie una pelea histórica entre el chiísmo y el sunismo en las cabezas de Irán y Arabia Saudita. Las tensiones entre sunitas y chiítas son añejas pero habían estado parcialmente contenidas por los tiranos árabes. Ya no. Ryhad y Teherán están en abierta confrontación a través del patrocinio a fuerzas de uno u otro sector en distintas partes del Medio Oriente, notablemente en el Líbano, Siria y Bahrein. La Administración Obama parece creer que esto no afectará a su nación de modo tal que justifique un mayor involucramiento.

No hay certezas de que una participación foránea de algún tipo en estos grandes acontecimientos sea efectiva a estas alturas. A la vez, librados a las suyas, los desarrollos cada vez se ponen peor. He aquí el dilema.