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Compromiso

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Por Julián Schvindlerman

  

Tributo a Nelson Mandela – 12/13

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Año 5 – Nro 41

Grandes personalidades han tenido funerales masivos. Mahatma Gandhi fue llorado por dos millones de indios en 1948. Josef Stalin fue despedido por cinco millones de soviéticos en 1953. Un millón de norteamericanos saludaron a John F. Kennedy en 1963. Tres millones de iraníes asistieron al funeral de Ruhollah Khomeini en 1989, dos millones de católicos llenaron la Plaza San Pedro en el 2005 por Juan Pablo II e igual cantidad despidió a Hugo Chávez en el 2013.

Grandes números, no obstante, no significa honra necesariamente. La grandeza de un hombre o de una mujer no se puede medir por la cantidad de seguidores solamente. Aunque aún bajo ese sólo estándar el recientemente fallecido Nelson Mandela calificaría noblemente, lo que lo ha distinguido como uno entre pocos líderes extraordinarios del siglo XX fueron los atributos de su personalidad. A su memorial asistieron conmovidos por igual el presidente de los Estados Unidos Barack Obama y el presidente de Cuba Raúl Castro. Al enterarse de su muerte, lo elogiaron el presidente de Irán Hassan Rohani y el premier israelí Binyamín Netanyahu.

Lo que hizo único a Mandela fue su capacidad sobrehumana para perdonar -sin olvidar- a sus enemigos, para dar vuelta una página de su historia personal y la de su pueblo a favor de la reconciliación y la paz. La historia está repleta de rebeldes y luchadores por la libertad (usando el término libremente) que una vez alcanzado el poder traicionan sus ideales, pisotean sus promesas y dan la espalda a su pueblo. Idi Amín, Fidel Castro y Yasser Arafat son algunos ejemplos que vienen a la mente de líderes fracasados que han prometido la luna y entregado una estrella fugaz. Si eso.

Al cabo de veintisiete años de injusto encarcelamiento, al lograr la libertad Mandela pudo haberse dejado llevar por el anhelo de la retribución. Al hacer a un costado la sed de venganza particular y priorizar el destino colectivo de su nación, al desestimar la idea de la relección indefinida y al repudiar las tentaciones del populismo facilista, Mandela aseguró que Sudáfrica no se convirtiese en otro estado fallido de esa castigada región. Basta con mirar alrededor de su patria para comprobar cuan distinto ha sido el camino que él eligió transitar. Esto lo ha hecho un grande.

Como casi toda figura pública relevante, Mandela no ha estado exento de ceder al oportunismo o de caer en el error. Su asociación con representantes de lo peor del Medio Oriente, por caso, no ha sido precisamente una marca de distinción. Apenas dos semanas de salir de prisión, en 1990, se reunió con Yasser Arafat, por entonces firmemente anclado en su política violentamente hostil hacia Israel. La OLP había entrenado militarmente a hombres del Congreso Nacional Africano y Mandela veía con simpatía la causa de liberación palestina. Tuvo además como gran aliado al coronel Muhamar Gadafi, quién patrocinaría financieramente la campaña electoral del sudafricano años después. Un nieto de Mandela lleva por nombre Gadafi, tal la cercanía que los unió. Su pasada militancia en el extremismo y sus posteriores vinculaciones problemáticas le valieron su inclusión en la lista de terroristas de los Estados Unidos, hasta el 2008.

Mandela tuvo una actitud ambivalente hacia Israel. Justificadamente le reprochaba su alianza con la Sudáfrica del Apartheid: Jerusalem no rompió relaciones diplomáticas con Pretoria y de hecho fue un importante socio comercial. Tardó mucho en aceptar visitar el país. Para cuando finalmente lo hizo su mandato presidencial ya había terminado. Antes honró con su presencia a Irán, Siria y Jordania. Fue un crítico de la denominada ocupación israelí de las tierras capturadas tras la guerra de 1967 y argumentó con vehemencia contra la noción de que la paz era posible en ese escenario. A la vez, defendió el derecho de Israel a existir en un clima de paz y seguridad y pidió a las naciones árabes que aceptasen la legitimidad de Israel en la zona.

Mejores relaciones tuvo con sus compatriotas judíos. Quizás no formalmente con la comunidad judía como tal, pero sí de por cierto con varios de sus miembros. Sus primeros empleadores fueron judíos de apellido Sidelsky, quienes lo contrataron como abogado en su estudio jurídico en 1942; época poco habituada a tales cosas. Diez años más tarde establecería el primer bufete de abogados de su país integrado solamente por personas de color, el estudio Mandela & Tambo. Un judío, Arthur Goldreich, dio refugio a Mandela y a camaradas en armas del perseguido Congreso Nacional Africano en una granja de su propiedad. El fiscal principal del juicio que lo condenó por supuesta alta traición era un judío, Percy Yutar, pero también lo fueron varios de sus defensores legales: Israel Maisels y Arthur Chaskalson. Entre los miembros blancos y judíos del Partido Comunista Sudafricano, de fuerte tenor anti-apartheid, estaban Joe Slovo y Gill Marcus, a quienes Mandela incluiría en su gabinete al asumir la presidencia de la nación. Que el gran rabino de Sudáfrica, Cyril Harris, fuese invitado a bendecir su último matrimonio es un testimonio de los lazos cálidos que supo cultivar con sus hermanos hebreos sudafricanos.

El mundo ha perdido a un gran líder. Una figura no inmaculada quizás, pero ciertamente de elevada estatura moral. Su legado ahora descansa en las manos de sus sucesores.

Infobae, Infobae - 2013

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Yusuf Islam en la Argentina – 21/11/13

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Nació como Steven Demetre Georgiou de un padre greco-chipriota y madre sueca pero adoptó el nombre artístico de Cat Stevens. Con este alias alcanzó gran fama y forjó una leyenda musical extraordinaria. Compuso canciones bellísimas, como Father and Son, Wild World, I love my dog entre muchas otras. En tanto su carrera progresaba, el joven Steven exploraba el Budismo zen, el vegetarianismo, la numerología y la astrología. Pero sería finalmente en el Islam donde hallaría su refugio espiritual final.

Su primer encuentro con la religión del Profeta Mahoma ocurrió a principios de los años setenta en un mercado en Marrakech, Marruecos, a donde había ido en busca de inspiración. Stevens oyó una bella melodía y preguntó que música era esa. Le respondieron que era música para Dios. “Nunca había oído nada igual en mi vida” exclamaría el compositor. “He oído hablar de la música de alabanza, de aplauso, por el dinero, pero esto era música que no buscaba recompensa sino de Dios. ¡Qué maravillosa declaración!”.

Tiempo después Stevens tuvo una experiencia reveladora en las playas de Malibú cuando debió luchar contra las corrientes peligrosas del Océano Pacífico. Quiso regresar a nado a tierra firme pero el mar era inclemente. Pensó que se ahogaría y clamó a Dios. “Milagrosamente la marea se volvió con rapidez, una repentina ola lo levantó, y él nadó fácilmente a la orilla” según se relata en su sitio oficial. Su fe en Mahoma creció cuando su hermano mayor -de nombre hebreo, David- le dio un ejemplar del Corán. A partir de entonces, el músico incorporó rezos diarios a Alá y se apartó de la bebida, los bares y las fiestas. En 1977 dejó a la industria de la música y se convirtió al Islam, aunque mantuvo un compromiso contractual previo que se cristalizó en un nuevo álbum en 1978. De allí en más sería conocido como Yusuf Islam. Sus fans estaban desconcertados. Cat Stevens había desaparecido.

Una de las primeras canciones que compuso en su nueva vida como musulmán se tituló “A es por Alá”. Pero fue recién en 1995, luego de casi dos décadas de haberse desprendido de su colección de guitarras, que retornó a los estudios de grabación con el álbum La vida del último profeta bajo su propio sello discográfico Montaña de Luz. Durante ese largo período de aislamiento dedicó sus energías a la religión, a su familia y a causas benéficas: fundó la primera escuela privada islámica de Inglaterra, creó una organización caritativa para paliar el hambre en África y dedicó canciones a los bosnios musulmanes masacrados en Sarajevo. Con el advenimiento del siglo XXI se instaló en Dubai. El sábado 23 dará un concierto en el Luna Park porteño titulado “Wanted: Yusuf alias Cat Stevens – Peace Train Tour”.

La inclusión de la palabra wanted en el afiche promocional no es casual. Al convertirse al Islam desaparecieron las controversias asociadas a la agitada vida de los músicos del gremio del sexo, las drogas y el rock´n roll; pero nuevas polémicas relacionadas con su militancia religiosa emergieron. En años posteriores Yusuf Islam sería deportado de Israel por simpatizar con, y haber apoyado materialmente a, el grupo fundamentalista Hamas, vería vedado su ingreso a los Estados Unidos bajo cargos de respaldar al terrorismo y despertaría nuevos llamados de atención al afirmar que la música está prohibida en el Corán y por su postura acerca de los atentados del 9/11 y la libertad de expresión.

En su portal (www.yusufislam.com) dedica una sección de FAQS (preguntas frecuentes) a varios de estos asuntos polémicos. Un listado de casi veinticinco ítems reúne interrogantes del tipo: “¿Acaso no apoyó al Hamas?”, “¿Se opone Yusuf a al libre discurso?”, “¿Qué sobre el 9/11 y el terrorismo?”, “¿No dijo ‘¡Maten a Rushdie!’?”, “¿Por qué ha dejado Yusuf caer Islam de su nombre de escena?” y “¿Es el Islam presentado de mala manera por la prensa occidental?” entre otros. Todos ellos son alegatos defensivos en su naturaleza que buscan o bien dejar las cosas en claro, o bien exculpar al artista de su propio pasado.

Una rápida constatación de los hechos que rodearon al affair Rushdie, por caso, parece indicar lo segundo. En 1989 el Ayatolá Ruhollah Khomeini emitió una fatua homicida contra el autor indio-británico al publicarse Los versos satánicos. En una entrevista televisiva, Yusuf Islam fue consultado si él iría a una manifestación a quemar esfinges de Rushdie. “Preferiría que sea la cosa verdadera” respondió. También aseguró que si el escritor apareciese en la puerta de su casa pidiendo ayuda, “trataría de telefonear al Ayatollah Khomeini para decirle exactamente donde este hombre se encuentra”. Cuando le prensa le repreguntó por sus pronunciamientos, Yusuf Islam los confirmó.

El músico converso envió una carta de queja a Penguin Books, la editorial que publicó el libro: “Deseo expresar mi más profunda indignación por la falta de sensibilidad de Penguin Books en publicar el libro de Salman Rushdie, Los versos satánicos. Este libro es claramente blasfemo en su naturaleza y tan profundamente ofensivo para la comunidad musulmana que le insto a que de al contenido de esta carta su más urgente atención y tome una decisión responsable”. En su sitio Yusuf Islam insiste: “Nunca pedí por la muerte de Salman Rushdie, ni respaldé la fatua emitida por el ayatolá Khomeini, y todavía no lo hago. El libro en sí destruyó la armonía entre los pueblos y creó una crisis internacional innecesaria”. El libro, no la fatua, según su saber, creó la crisis. Esta sección luego cita extractos de Éxodo, Levítico y Mateo con entonaciones bíblicas contrarias a la blasfemia, queriendo sugerir que no sólo el Islam se expresa de modo contundente en este sentido. Aunque en el siglo XX ningún Papa o Gran Rabino ha clamado por la muerte de un escritor disidente como el líder global del chiísmo lo hizo.

El hecho de que esta multitud de temas exijan ser aclarados en la página web de un músico es un testimonio en sí mismo acerca de su trayectoria y de su ideología. En 1989 el Financial Times informó que una corte militar israelí en Gaza lo acusó de haber donado dinero a Hamas cuando visitó el país el año previo. En 1996, el experto en terrorismo Steven Emerson dio testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos y citó un folleto redactado por Yusuf Islam para la Asociación Islámica de Palestina: “Los judíos no parecen respetar a Dios ni a su creación. Sus propios libros sagrados contienen la maldición que Dios trajo sobre ellos por medio de sus profetas a causa de su desobediencia a Él y por su engaño en la tierra… No habrá justicia hasta que toda la tierra sea devuelta sus legítimos dueños… Sólo el Islam puede devolver la paz a Tierra Santa”.

Su presunto pacifismo no se ve reforzado en este intercambio con un periodista del New York Times. Entrevistado en el 2007, así respondió el músico a esta simple pregunta: “¿Diría que usted tiene desprecio por un grupo terrorista como Hamas?” Yusuf Islam: “No voy a poner esas palabras en mi boca. Yo no diría nada al respecto. Estoy aquí para hablar de paz. Soy un hombre que quiere la paz para este mundo, y yo no creo que vaya a lograr eso arrinconando a la gente y haciéndoles preguntas muy, muy difíciles sobre cuestiones muy polémicas”.

Disfruten del show.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

A 75 años de la kristallnacht – 20/11/13

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Días atrás, el conocido relacionista público ecuatoriano Jaime Durán Barba se declaró simpatizante de Adolf Hitler y de Joseph Stalin en una entrevista con la revista Noticias: Hitler era un tipo espectacular» dijo, y Stalin «tenía una finura impresionante». Poco antes, Silvio Berlusconi aseguró que su familia era perseguida judicialmente en Italia «como las familias judías bajo el régimen de Hitler». Esa misma semana, una asociación de granjeros italiana creó el «Premio Hitler» a ser otorgado irónicamente a activistas por los derechos de los animales. También esa semana, un encuentro interreligioso en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se vio interrumpido durante cuarenta minutos cuando un grupo de católicos ultra-tradicionalistas de la Hermandad Sacerdotal San Pío X comenzaron a entonar el Ave María para frustrar la reunión. El último julio, el bar Soldatenkaffe fue finalmente clausurado en Indonesia por estar ambientado con temática nazi: las paredes estaban decoradas con esvásticas y las mozas vestían uniformes de las SS; aún así, permaneció abierto por más de dos años. Durante un pasado partido fútbol entre Hungría e Israel, hinchas húngaros dieron la espalda cuando sonó el himno nacional israelí Hatikva y elevaron carteles que decían «judíos apestosos» y «Heil Benito Mussolini».

Forzosamente debemos preguntarnos cuál es el estado de nuestra salud moral como sociedad universal a 75 años de la Noche de los Cristales Rotos. Fue esa noche, entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, cuando los nazis lanzaron un pogromo contra las juderías de Austria y Alemania, destrozaron los negocios y las propiedades de los judíos, quemaron sus sinagogas, asesinaron a noventa y uno y deportaron a alrededor de treinta mil. La orgía de devastación fue un presagio del genocidio por venir en el cual seis millones de judíos serían industrialmente aniquilados en menos de seis años, entre 1939 y 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial más de cincuenta millones de personas morirían dentro y fuera del campo de batalla.

Pero para que los judíos europeos pudiesen ser llevados a Auschwitz, Dachau y otros campos de la muerte, previamente debieron ser obliterados ante la opinión pública alemana y europea. Sólo una vez que éstos habían sido deshumanizados en las cátedras universitarias, en los artículos de prensa, en las manifestaciones públicas y en las películas de propaganda, pudieron ser finalmente masacrados en los campos de concentración. Auschwitz fue el final de un largo camino iniciado con la retórica fanática.

Es por eso que el poder de la palabra decanta como una de las lecciones más fundamentales de este episodio atroz. Para que el discurso nazi prendiese en Alemania y Europa debió darse una comunicación entre dos actores: el emisor y el receptor. El mensaje del primero no hubiera calado si no hubiera tenido un recipiente sobre el cual verter su extremismo. Siglos de prédica antijudía habían allanado el camino para la destrucción de la judería europea.

La propaganda fascista atacó a espectros más que a seres reales. Persiguió imágenes más que personas. La culpa ficticia, sin embargo y como un filósofo ha notado, dio lugar a un castigo hiperreal.

Premonitoriamente, Sigmund Freud escribió en la década de 1920 sobre la psicología de las masas unas reflexiones que cimentaron observaciones de futuros pensadores sobre la dinámica que se dio durante el Holocausto. Entonces hubo un delirio colectivo encarnado en la relación entre un padre terrible y las masas. Hitler rehuyó del rol de padre amoroso y lo remplazó por el del padre autoritario. El amor quedó reservado sólo para Alemania. El führer hizo de figura de padre temido por una masa con sed de obediencia y que se supeditó al mandato colectivo.

El Führer era histérico y paranoico, pero fue un hábil comunicador de sus ideas. Como ha observado Theodor Adorno, en un sentido fue un maestro en el uso de su propia neurosis con finalidades perversas: vendió sus defectos psicológicos magistralmente. Se entabló una relación de placer entre el líder nazi y sus seguidores en la que éstos esperaban gratificaciones al someterse a su liderazgo. Conforme Adorno ha indicado, Hitler no atrajo a pesar de su extremismo, sino precisamente por ser un extremista. Curiosamente el lema nazi era «Despierta Alemania» cuando buscaba todo lo contrario: mantenerla embobada en sueños de grandeza nacional en la búsqueda fantástica de chivos expiatorios.

Un eminente historiador israelí ha dicho que el Holocausto existió porque pudo existir y que lo que pasó una vez puede suceder de nuevo. Es por eso que aprender sus lecciones y comprometernos enteramente al Nunca Más es nuestra obligación permanente.

Esta nota fue originalmente publicada en Página Siete (Bolivia).

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

A 75 años de la Kristallnacht – 16/11/13

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Días atrás, el conocido relacionista público ecuatoriano Jaime Durán Barba se declaró simpatizante de Adolf Hitler y de Joseph Stalin en una entrevista con la revista Noticias: “Hitler era un tipo espectacular” dijo, y Stalin “tenía una finura impresionante”. Poco antes, Silvio Berlusconi aseguró que su familia era perseguida judicialmente en Italia “como las familias judías bajo el régimen de Hitler”. Esa misma semana, una asociación de granjeros italiana creó el “Premio Hitler” a ser otorgado irónicamente a activistas por los derechos de los animales. También esa semana, un encuentro interreligioso en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se vio interrumpido durante cuarenta minutos cuando un grupo de católicos ultra-tradicionalistas de la Hermandad Sacerdotal San Pío X comenzaron a entonar el Ave María para frustrar la reunión. El último julio, el bar Soldatenkaffe fue finalmente clausurado en Indonesia por estar ambientado con temática nazi: las paredes estaban decoradas con esvásticas y las mozas vestían uniformes de las SS; aún así, permaneció abierto por más de dos años. Durante un pasado partido fútbol entre Hungría e Israel, hinchas húngaros dieron la espalda cuando sonó el himno nacional israelí Hatikva y elevaron carteles que decían “judíos apestosos” y “Heil Benito Mussolini”.

Forzosamente debemos preguntarnos cuál es el estado de nuestra salud moral como sociedad universal a 75 años de la Noche de los Cristales Rotos. Fue esa noche, entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, cuando los nazis lanzaron un pogromo contra las juderías de Austria y Alemania, destrozaron los negocios y las propiedades de los judíos, quemaron sus sinagogas, asesinaron a noventa y uno y deportaron a alrededor de treinta mil. La orgía de devastación fue un presagio del genocidio por venir en el cual seis millones de judíos serían industrialmente aniquilados en menos de seis años, entre 1939 y 1945. Durante la Segunda Guerra Mundial más de cincuenta millones de personas morirían dentro y fuera del campo de batalla.

Pero para que los judíos europeos pudiesen ser llevados a Auschwitz, Dachau y otros campos de la muerte, previamente debieron ser obliterados ante la opinión pública alemana y europea. Sólo una vez que éstos habían sido deshumanizados en las cátedras universitarias, en los artículos de prensa, en las manifestaciones públicas y en las películas de propaganda, pudieron ser finalmente masacrados en los campos de concentración. Auschwitz fue el final de un largo camino iniciado con la retórica fanática.

Es por eso que el poder de la palabra decanta como una de las lecciones más fundamentales de este episodio atroz. Para que el discurso nazi prendiese en Alemania y Europa debió darse una comunicación entre dos actores: el emisor y el receptor. El mensaje del primero no hubiera calado si no hubiera tenido un recipiente sobre el cual verter su extremismo. Siglos de prédica antijudía habían allanado el camino para la destrucción de la judería europea.

La propaganda fascista atacó a espectros más que a seres reales. Persiguió imágenes más que personas. La culpa ficticia, sin embargo y como un filósofo ha notado, dio lugar a un castigo hiperreal.

Premonitoriamente, Sigmund Freud escribió en la década de 1920 sobre la psicología de las masas unas reflexiones que cimentaron observaciones de futuros pensadores sobre la dinámica que se dio durante el Holocausto. Entonces hubo un delirio colectivo encarnado en la relación entre un padre terrible y las masas. Hitler rehuyó del rol de padre amoroso y lo remplazó por el del padre autoritario. El amor quedó reservado sólo para Alemania. El führer hizo de figura de padre temido por una masa con sed de obediencia y que se supeditó al mandato colectivo.

El Führer era histérico y paranoico, pero fue un hábil comunicador de sus ideas. Como ha observado Theodor Adorno, en un sentido fue un maestro en el uso de su propia neurosis con finalidades perversas: vendió sus defectos psicológicos magistralmente. Se entabló una relación de placer entre el líder nazi y sus seguidores en la que éstos esperaban gratificaciones al someterse a su liderazgo. Conforme Adorno ha indicado, Hitler no atrajo a pesar de su extremismo, sino precisamente por ser un extremista. Curiosamente el lema nazi era “Despierta Alemania” cuando buscaba todo lo contrario: mantenerla embobada en sueños de grandeza nacional en la búsqueda fantástica de chivos expiatorios.

Un eminente historiador israelí ha dicho que el Holocausto existió porque pudo existir y que lo que pasó una vez puede suceder de nuevo. Es por eso que aprender sus lecciones y comprometernos enteramente al Nunca Más es nuestra obligación permanente.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

«El holocausto dejó lecciones para saber la importancia de la palabra y la propaganda» – 07/11/13

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Artículo publicado en Oxígeno (Bolivia)

La Paz, 07 de noviembre (Oxígeno).- El analista político internacional, escritor y conferencista Julián Schvindlerman llegó a la ciudad de La Paz, donde participó de la conferencia «Racismo y Marginación… 68 años después”, en el marco del 50 aniversario de la firma el Tratado del Elíseo entre Francia y Alemania para establecer bases nuevas entre ambos países, afectados por múltiples guerras.

La participación de Schvindlerman se produjo el pasado martes y con la intervención del argentino Ariel Seidler y del ex presidente Carlos Mesa culmina este jueves este ciclo de conferencias que se realiza desde las 09.00 hasta las 13.00 en la sala 10 del Multicine.

En entrevista con el periódico digital Oxígeno, Julián Schvindlerman explica que fue invitado por la Alianza Francesa, el Goethe-Institut, el Círculo Israelita para el seminario que recuerda los 50 años de la firma del Tratado y para hacer una reflexión sobre el racismo y la marginación que sufre aún hoy en día la comunidad judía, luego de la Segunda Guerra Mundial.

Oxígeno (Ox): ¿Por qué es tan importante el Tratado del Elíseo para ambos países?

Julián Schvindlerman (JS): El Tratado (del Elíseo) es muy importante para Alemania y Francia, es un ejemplo para la Unión Europea y todo un ejemplo para la comunidad internacional, porque Francia y Alemania que estuvieron en guerra durante mucho tiempo y se habían acumulado resentimientos importantes entre ambas poblaciones, tuvieron dos estadistas que tuvieron la capacidad, la credibilidad y la asertividad como para fomentar un cambio. Se trata de figuras como Charles de Gaulle o Konrad Adenauer.

Marca además la reconciliación histórica entre estos dos países, también es el puntapié para la conformación de la Unión Europea, porque se tomó el ejemplo en Europa que si dos países enemistados podían unirse de este modo, había oportunidad para la generación de un bloque más fraternal entre las comunidades europeas. Por otro lado es un modelo general porque muestra como dos enemigos pueden dar vuelta la página y aspirar a relaciones políticas más armoniosas

(Ox): ¿Cuántos años se cumplen desde la firma del Tratado?

(JS): El Tratado cumple 50 años, el evento al que fui llamado -no soy un europeísta- sino más bien por mi conocimiento del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial y de lo que significa la discriminación y el antisemitismo, mi contribución en el seminario fue hacer una reflexión sobre que se acaban de cumplir 68 años -este año- del fin de la guerra mundial, 75 esta misma semana de la Noche de los Cristales Rotos, la famosa ‘Kristallnacht’, la noche que los alemanes atacaron a los judíos en Austria y Alemania.

El mes pasado se cumplió [70 años de] la época de la deportación de los judíos de Roma y el rescate de los judíos [de Dinamarca], entonces en rigor se reunían varios aniversarios y se buscó hacer una reflexión colectiva sobre estos problemas y cuentas pendientes.

(OX): Por el racismo, la marginación y los ataques sufridos en la Segunda Guerra, ¿persisten las secuelas?

(JS).- El Holocausto ha dejado una gran enseñanza en el marco de comprender la importancia de la palabra, de la retórica, de la incitación, de la propaganda, lo que hemos visto se está replicando en otros países como Ruanda por ejemplo en los años 90 o en [otros] lados, donde esencialmente los nazis planeaban destruir a los judíos físicamente, […] el programa fue orientado a los judíos.

Antes debieron destruirlos en el campo de la opinión pública, en las cátedras que daban en las universidades, en las charlas que daban en las concentraciones de Núremberg, en los artículos de periódicos de Sturmer, donde se destruye la imagen del judío, entonces Auschwitz es el punto final, donde culmina la destrucción física, la aniquilación completa de quien ya fue aniquilado idealmente.

Yo creo que desde este punto es importante aprender que las palabras tienen consecuencias, que las incitaciones tienen consecuencias y es una alerta importante. Entonces si hoy escuchamos a un líder extremista decir cosas bárbaras, ya la alerta debe dispararse para comprender que el camino final puede ser muy grave y que éste es el momento de detenerlo.

Ox: ¿Los pueblos habrán aprendido la lección para no generar una Tercera Guerra Mundial?

(JS): Albert Einstein dijo que no sabía [como sería esa guerra] pero que la cuarta sería con arcos y flechas, como diciendo que el retroceso va a ser total por la destrucción total de la humanidad, [y también] porque la destrucción moral sería enorme.

Cuando se habla de una Tercera Guerra Mundial hay un preconcepto, que va a ser igual que la anterior, pero con armas más letales y puede ser algo diferente. Hoy en día es difícil pensar en una tercera guerra, porque si bien muchas lecciones no fueron aprendidas hay algunas que sí.

Creo que la guerra verdadera es una de índole ética, de índole educativa y moral. Hay que educar a las poblaciones en contra de la discriminación, de la marginación a favor del respeto, del otro, de la diversidad, pero no en el sentido de cliché, que no solo sea declarativo sino que de verdad deben haber programas educativos y que entren en la sociedad, que bajen a las bases porque a veces pasa que hay legislaciones que son muy nobles, pero que luego no se aplican, esta brecha tiene que acortarse.

(Ox): Los judíos tras la guerra emigraron a otros países, pero siguieron siendo discriminados ¿Por qué?

(JS); Hay comunidades judías, desde que los judíos europeos emigraron a otras latitudes y generalmente ha sido a países democráticos que los han acogido y les han dado la posibilidad de desarrollarse. No siempre fue en todos lados, pero mayormente sí, hay organizaciones judías que están dedicadas a combatir el antisemitismo, toda forma de discriminación, a concientizar a la ciudadanía a propósito de estos males, porque lo que hay que entender es que lo que comienza como un ataque contra los judíos no termina [con ellos].

En general los autoritarios, los tiranos [empiezan con] los judíos [pero] la pasan luego a los demás, porque lo que anida en su seno es una ideología extremista, aniquiladora, malvada. Si tenés un elemento de racismo en tu personalidad con seguridad va a ser más expansivo, entonces esto es importante, detectar estos primeros síntomas y alertarlos.

(Ox): ¿A raíz de que surge esta marginación o discriminación de los judíos?

(JS): Viene de hace tiempo, desde la Edad Media la Iglesia Católica marginó y expulsó [a los judíos] de una serie de oficios, además porque condenaba la usura, por cobrar interés del dinero prestado. Fue una época en la que se ven forzados a [ser prestamistas] y son acusados a dedicarse a eso. Esa es la gran paradoja, quedó desde entonces la impresión y fue perpetuada por la obra de Shakespeare ‘El mercader de Venecia’ donde el personaje Shylok presta dinero y quiere marcar al cristiano que no le paga.

Hay judíos ricos y en Hollywood son influyentes [así como] en las finanzas mundiales, pero no son los únicos, hay musulmanes que también lo son, hay cristianos influyentes en los mercados y si uno ve la proporción verá que la comunidad judía es minoritaria. Somos a nivel mundial 13 millones en un mundo de 6 mil millones.

Lo dijo Einstein, que era judío: ‘es mas difícil romper un prejuicio, que un átomo’.

(Ox). Sobre el racismo en Bolivia ha escuchado algo, ¿qué opinión le merece?

(JS).- Sé que hay problemas aquí como los hay en toda América Latina y el mundo, más podría hacerse, creo que el hecho de que un Presidente que surge de las clases indígenas, haya podido llegar a la presidencia de la nación, habla muy bien del país, del mismo modo que en los Estados Unidos, el ascenso de un hombre de raza negra habla muy bien del país, mujeres por ejemplo en Alemania o en Brasil y otros lados que también habla bien de un estado general de las sociedades más evolucionadas en materia de derechos humanos y diversidad, de dar oportunidad a los colectivos minoritarios. A la especificidad del tema de Bolivia no soy conocedor de tema.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El destino del hauptsturmführer Priebke – 23/10/13

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En marzo de 1944 una bomba hecha por partisanos estalló al paso de tropas SS en la Roma ocupada. Treinta y tres soldados alemanes murieron. Adolf Hitler ordenó matar a diez italianos por cada nazi muerto. Dentro de las 24hs, 335 italianos encarcelados, entre ellos 73 judíos, fueron transportados hacia las Fosas Ardeatinas por los responsables de la GESTAPO en Roma -Erich Priebke y Herbert Kappler- junto con otros doce oficiales y noventa soldados. Allí los condenados fueron agrupados de a cinco y asesinados en tandas. Arrodillados sobre los cadáveres de los otros desdichados, fueron ejecutados de un tiro en la nuca. Así sesenta y siete ejecuciones grupales debieron sucederse. En 1946 Priebke dirá a los aliados durante un interrogatorio: Yo entré con el segundo o el tercer grupo y maté a un hombre con una pistola automática italiana, y hacia el final maté a otro con la misma pistola». Acto seguido las entradas a las fosas fueron dinamitadas. Luego los verdugos abandonaron el lugar. ¿Por qué 335 si el Führer había exigido 10 por cada soldado abatido? Los oficiales nazis advirtieron que por error se había reunido a 5 personas de más y decidieron matarlos igualmente para no dejar testigos.

Al concluir la guerra Priebke estuvo poco más de un año y medio en un campamento de prisioneros británico en Roma hasta que huyó hacia Austria donde se escondió en un monasterio franciscano. Con la asistencia del Vaticano y de la Cruz Roja viajó luego a la Argentina. Vivió tranquilamente en Bariloche durante aproximadamente cuarenta años hasta que, en 1991, fue detectado por un escritor argentino. Luego de una entrevista con una televisora norteamericana -en la que admitió ante las cámaras «Aquellas cosas ocurrían, ¿sabe usted? En aquella época una orden era una orden, joven. ¿Entiende?»- se convirtió en una infame causa célebre. Entonces Roma pidió su extradición a las autoridades argentinas y en 1995 el nazi fue despachado hacia Italia. Tres años más tarde fue condenado a cadena perpetua con el privilegio del arresto domiciliario. Doce días atrás, a los cien años de edad, falleció.

Y entonces un cierto sentido de justicia moral comenzó a abrirse camino. Uno tras otro, los gobiernos de Alemania (país donde nació), la Argentina (país donde vivió escondido) e Italia (país donde murió) lo repudiaron, rechazando enterrar en su suelo el cuerpo del asesino. El Vaticano prohibió a las iglesias católicas romanas que oficiaran su funeral. Un intento de realizar su velatorio en una iglesia ultracatólica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en la localidad Albano Laziale próxima a Roma terminó frustrado, al enfrentarse neonazis con manifestantes que a patadas y puñetazos buscaron impedir el ingreso del ataúd. Sus restos fueron llevados al aeropuerto militar de Pratica di Mare donde, al momento de escribir estas líneas, permanece.

Al igual que Rudolph Hess -y a diferencia de muchos nazis de alto rango juzgados, cuyos cuerpos fueron cremados- Priebke sería enterrado. Esa situación creó tensiones entre los estados implicados. Ostensiblemente, los gobiernos invocaron razones legales (cuestiones de jurisdicción) o pragmáticas (evitar que su tumba se transforme en un centro de peregrinación neonazi) para justificar sus rechazos. Pero la consideración máxima debió ser la principista: negarse a alojar en suelo patrio las exequias de un criminal de guerra nazi.

Esto era esperar demasiado de parte de estados habituados a la expediencia política. Tal como relató Uki Goñi en La auténtica Odessa, fue la Comisión Pontificia para la Asistencia en Roma la que emitió, en 1948, un documento de identidad vaticano para Priebke con un alias; él a su vez aseguró que en 1942 el Papa Pío XII lo recibió en audiencia. Durante el juicio en Italia en la década de 1990, la Iglesia Católica alojó a Priebke en el monasterio San Buenaventura, bajo custodia policial, en las afueras de Roma. Este mismo monasterio había ocultado a varios criminales de guerra nazi en la posguerra. La Argentina de Juan Domingo Perón acogió con gusto al fugitivo nazi en 1948, otorgando su permiso migratorio el mismo día que emitió el de Josef Mengele. «En aquellos días Argentina era una especie de paraíso para nosotros» confesó Priebke posteriormente. No sólo entonces. Es conocido el afecto de sus vecinos barilochenses, quienes lo llamaban cariñosamente «don Erico» y adoraban los productos de su fiambrería «Viena». Antes de ascender la escalerilla del avión que lo llevaría al juicio en Roma, el nazi se despidió de los policías argentinos que lo habían escoltado; éstos lo abrazaron, sus ojos estaban humedecidos por las lágrimas. El vicecónsul italiano en Bariloche sabía de su presencia en la Patagonia pero nunca informó sobre ello. Renunció a su puesto cuando se desató el escándalo. Y Alemania presentó su propio pedido de extradición sólo después de que Italia lo hiciera. Tres fiscales de la Unidad de Crímenes de Guerra que seguían el caso Priebke entre 1947 y 1973 habían sido miembros del Partido Nazi durante la guerra. En 1996 el fiscal responsable, Hermann Weissing, admitió que siempre tuvieron a mano evidencia inculpatoria pero no la usaron.

Gracias a la complicidad de terceros, Erich Priebke logró eludir a la justicia durante la mayor parte de su vida. Murió sin remordimientos, negando el Holocausto y contextualizando sus acciones. Es mínimamente justo que la paz que tuvo en vida le haya sido vedada a su muerte.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El extraño caso del Dr. Jeckyll y el Sr. Hyde en Irán – 09/10/13

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Uno puede sonreír, y sonreír, y ser un villano — Hamlet

A fines de septiembre una epidemia de optimismo se esparció en Nueva York ante la presencia del flamante y presuntamente moderado presidente iraní. En una visible campaña de relaciones públicas diseñada para alterar la imagen de Irán ante la opinión pública occidental, Hassan Rohani aterrizó en los Estados Unidos donde disertó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, publicó una nota de opinión en el Washington Post, concedió entrevistas televisivas a CNN y NBC en las que mostró un rostro conciliador, disertó ante un influyente think-tank e instruyó a su canciller a que se reuniera con su contraparte norteamericano. Aquellos que han estado buscando un líder moderado en la república islámica durante las últimas tres décadas, instantáneamente abrazaron con entusiasmo las palabras y gestos del iraní. Aquellos que miramos con sospecha la repentina retórica pacifista de un régimen teocrático preservamos nuestro tradicional escepticismo.

La desconfianza se sustenta en un hecho simple: hay un nuevo presidente en Irán pero el régimen es el mismo de siempre y al que Rohani ha estado sirviendo desde 1979 en distintos cargos de la estructura gubernamental.

Considere el caso de Saeed Abedini y pregúntese honestamente donde está la moderación de los ayatollahs, es decir, los jefes de Rouhani y quienes en última instancia son los hacedores de la política persa. El señor Abedini es un pastor cristiano nacido en Irán. Por practicar su fe pacíficamente él fue arrestado y sometido a palizas brutales. Abandonó el país y retornó años después con la autorización de las autoridades para construir un orfanato para los niños de Irán. El año pasado fue nuevamente encarcelado, juzgado por crímenes contra la seguridad nacional» y condenado a ocho años de cárcel. Abedini envió una carta al gobierno en la que marcó la ironía de su situación: por asistir a niños huérfanos en Irán, sus propios hijos quedaron privados de su compañía. La semana previa al arribo del presidente Rouhani a las Naciones Unidas, el régimen liberó a ochenta prisioneros políticos en una maniobra cínica calculada sólo para mejorar la imagen presidencial. El pastor Abedini no estuvo entre ellos. Hoy continúa internado en la notoria prisión Evin.

Luego está la ambigüedad declarativa de la presidencia de Irán. En sus pronunciamientos Rohani habló de paz y diálogo, pero rehusó reunirse con el presidente Obama aun cuando éste se mostró dispuesto a ello; incluso rechazó coordinar un fugaz apretón de manos con el presidente estadounidense en los pasillos de la ONU. A último minuto -cuando estaba viajando hacia el aeropuerto- Rohani mantuvo una conversación desde su celular con Obama en lo que fue descrito como un llamado histórico.

Pero ha sido en sus pronunciamientos en torno a los judíos donde más puede verse la ambivalencia del liderazgo persa. Entre los integrantes de la delegación oficial se contaba al único miembro judío del parlamento iraní y a la vez un gran antisionista. En ocasión del año nuevo judío, a comienzos de septiembre, Rohani envió un twitter de salutación a la comunidad judía mundial. Ante la sorpresa internacional, el gobierno iraní zigzagueó para confirmar si la cuenta de twitter era del presidente. Luego el saludo fue reiterado desde la cuenta oficial del canciller. Anteriormente, cuando se conmemoró el Día Al-Quds en Teherán en agosto, se atribuyó a Rohani haber comparado a Israel con «una herida» que debía «ser erradicada». El régimen ayatollah posteriormente negó que el presidente hubiera afirmado tal cosa. Es asimismo interesante leer el modo en que Rohani respondió a una pregunta de la CNN sobre el genocidio judío: «Yo no soy un estudioso de la historia los aspectos de los que usted habla, la clarificación de estos aspectos es el deber de los historiadores e investigadores». Esto mismo dijo a la NBC cuando le preguntaron si el Holocausto era un mito: «No soy un historiador, soy un político». Esta postura es la que suelen adoptar los revisionistas al reconocer que un crimen fue cometido contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial pero relativizan la magnitud del mismo.

Ahora que Teherán y Washington parecen próximos a iniciar algún tipo de diálogo, prepárese a encontrar otros muchos ejemplos de esta típica duplicidad iraní.