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Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

Los 90 años de Mundo Israelita – 31/05/13

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Cuando Mundo Israelita nació, en junio de 1923, el planeta era muy diferente de como lo conocemos hoy.  Los nazis todavía no habían subido al poder. La Segunda Guerra Mundial no había comenzado ni el Holocausto había ocurrido. El Estado de Israel no había sido establecido, ni sus épicas y sus tragedias habían acontecido. Ni Mahatma Ghandi ni John Fitzgerald Kennedy ni John Lennon ni Itzjak Rabín habían sido asesinados. Hiroshima y Nagasaki eran ciudades normales, Fidel Castro no había sido concebido y Juan Domingo Perón estaba a más de dos décadas de distancia de liderar en la Argentina. Mijaíl Gorbachov no había llegado al poder en Rusia ni Ronald Reagan al gobierno de los Estados Unidos. Winston Churchill aún no había derrotado a Hitler ni recibido el Premio Nobel de Literatura. Nelson Mandela era inimaginable en Sudáfrica. Charles Chaplin no había filmado Tiempos modernos, Neil Armstrong estaba aún muy lejos de la luna y la ONU no existía.

Cuando Mundo Israelita cumplió veinticinco años, en junio de 1948, Israel era muy diferente de como lo conocemos hoy. El estado judío acababa de ser proclamado y la Guerra de la Independencia recién había comenzado. La Guerra de los Seis Días, la del Iom kipur, la del Líbano, la del Golfo, no habían ocurrido. Los traumas legendarios del terrorismo palestino aún no habían advenido, ni Entebbe, ni Maalot, ni Múnich, ni Achille Lauro.  Yasser Arafat era un desconocido. Las negociaciones con la OLP, las intifadas, el proceso de paz fallido; eventos difíciles de anticipar. La exitosa paz con Egipto y Jordania menos todavía. El desarrollo de la nación, su progreso tecnológico, la proliferación de compañías start-up eran pura fantasía. Naomi Shemer no había compuesto Jerusalem de Oro y el Muro de los Lamentos estaba por quedar ubicado en Jordania.

Cuando Mundo Israelita cumplió cincuenta años, en junio de 1973, la Argentina era muy diferente de como la conocemos hoy. Isabelita estaba por gobernar, la junta militar no había golpeado ni la guerra de las Malvinas, acontecido. La Copa Mundial de 1978, el ascenso y caída de Diego Armando Maradona, el regreso de la democracia, Raúl Alfonsin; nada todavía. Menem, De la Rúa, El y Ella y nuestras locuras de cada día eran remotas. Tato Bores estaba vivo, Ricardo Darín no noviaba con Susana Giménez y Coca Sarli tenía todavía una docena de películas por actuar. Neustad era relevante y Lanata tenía trece años. Ni pensar se podía en el corralito y Domingo Cavallo. La Cámpora y Guillermo Moreno, inconcebibles; como hoy. Pipo Pescador estaba armando su carrera y el país no había ganado un premio Oscar todavía.

Hoy, Mundo Israelita cumple noventa años. El mundo no es el mismo y éste, el primer periódico judío de la Argentina, sigue informando y educando a sus lectores con el respaldo de una trayectoria fenomenal. Feliz Cumpleaños y por muchos más.

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

La difusa línea roja – 28/05/13

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El mes pasado, la inteligencia militar israelí anunció que el gobierno sirio había usado armas químicas al combatir a la rebelión que lo ha estado desafiando en los últimos dos años. Refiriéndose a un caso de marzo, el brigadier-general Itai Brun, quién dirige la división de investigaciones del departamento de inteligencia del Ejército israélí, describió que «las víctimas tenían sus pupilas encogidas, espuma en la boca y otros síntomas que indican el uso de armas químicas mortales». Con anterioridad, los gobiernos de Francia y Reino Unido habían efectuado similares denuncias. Posteriormente, Turquía las respaldó. Este mes, Carla del Ponte, miembro de la comisión de Naciones Unidas que investiga la ejecución de crímenes de guerra en Siria, dijo haber recogido testimonios de víctimas y personal médico que sostenían que los rebeldes habían usado gas sarín en los combates. Esta semana, Le Monde publicó un informe que sostiene que las tropas leales al régimen han usado armas químicas.

Pero el gobierno de los Estados Unidos -cuyo presidente proclamó públicamente en más de una ocasión que tal escenario significaría una línea roja que él no toleraría- desde un principio abrazó la prudencia. El Secretario de Defensa Chuck Hagel admitió que el régimen de Asad «probablemente» usó armas químicas, aunque «en baja escala». Y la oficina de prensa de la Casa Blanca indicó que cuando el presidente habló de líneas rojas lo hizo espontáneamente y fuera de las recomendaciones de la oratoria pública de sus asesores.

Es posible que con el paso del tiempo surgirán más evidencias sobre el uso de armas químicas en Siria. Restará ver por cuanto tiempo más podrá Washington eludir la acción decidida sin perder todo atisbo de credibilidad.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Stephen Hawking por Palestina – 22/05/13

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Los juegos ofrecen una oportunidad a los atletas para sobresalir, para esforzarse y convertirse en destacados en su campo», declaró Stephen Hawking al inaugurar los juegos olímpicos de Londres 2012, «así es que vamos a celebrar juntos la excelencia, la amistad y el respeto». Este espíritu de fraternidad universal parece haberse disipado del profesor un año después: con cierta solemnidad anunció que rechazaba, por motivos políticos, la invitación del presidente Shimon Peres a participar de la Conferencia Presidencial de Israel: Enfrentando el Mañana 2013.

Al igual que en años anteriores, la Conferencia planeada para este junio examinará temas acuciantes relacionados a la economía, la geopolítica, el medio ambiente, la sociedad, la identidad, la cultura y la educación entre otros, y buscará, como ella anuncia, «proponer soluciones que puedan conducir a un futuro mejor para Israel, el pueblo judío y para toda la humanidad». Han confirmado su asistencia Bill Clinton, Tony Blair, Mijaíl Gorbachov, Alberto de Mónaco, Sharon Stone y Bárbara Streisand, entre otras prominentes figuras del mundo entero. Un pensador como Hawking, considerado como uno de los físicos teóricos más brillantes desde Albert Einstein, podía haber aportado mucho a un mega-evento como éste. Su alejamiento esa una pena para Israel, para el mundo y para él. Algo bueno podía haber surgido de su presencia, nada bueno surgirá de su ausencia.

La politización de un evento tan noble incomodó a la Universidad de Cambridge, alma mater de Hawking, cuyos voceros invocaron cuestiones de salud para explicar la cancelación del profesor. Pero el propio Hawking se aseguró de que las razones reales de su conducta quedasen bien establecidas. En una carta fechada 3 de mayo, escribió: «Acepté la invitación a la Conferencia presidencial con la intención de que ello me permitiera expresar mi opinión sobre las perspectivas de un acuerdo de paz y disertar sobre Cisjordania. Sin embargo, he recibido una serie de correos electrónicos de los académicos palestinos. Ellos son unánimes en que debo respetar el boicot. En vista de ello, debo abandonar la Conferencia. De haber asistido hubiese declarado mi opinión de que la actual política del gobierno israelí probablemente lleve al desastre».

Este comunicado lacónico lo deja a uno con la impresión de que Hawking cedió bajo presión. Inicialmente él había aceptado el convite, pero lo repudió luego de haber recibido «una serie de correos electrónicos de los académicos palestinos». Hawking debe haber estado expuesto a la típica avalancha de misivas hostiles que las personalidades del mundo reciben al instante de anunciar una futura visita a Israel. Es parte de la campaña global de boicot al estado judío montada por fanáticos palestinos y sus asociados internacionales entre quienes se cuentan a varios académicos británicos. El tono justificador del texto parece confirmar el punto, la carta luce estar dirigida a los israelíes y a los palestinos. Antes que él, otras figuras estelares -de la música principalmente- como Elvis Costello, Roger Waters, Carlos Santana y The Pixies decidieron cancelar sus representaciones en Israel ante los requerimientos/presiones de los organizadores de las campañas de boicot anti-israelí. Ellos buscan erosionar la legitimidad del estado judío y aislarlo internacionalmente. Al fin de cuentas, lo único que logran es exhibir su propio radicalismo. Y Costello, Waters, Hawking y compañía hacen un pésimo papel al prestarse a tales maniobras.

En el caso específico del eminente físico, hay algo paradójico en el hecho de que él mismo se valió de la tecnología israelí para coexistir con su padecimiento corporal. Tal como ha indicado Yvette Alt Miller, él se comunica por medio de un sistema de voz mecánico que funciona con el procesador Intel Core i7, desarrollado por técnicos israelíes. Su descubrimiento más significativo, el bosón de Higgs, se basó en detectores de partículas desarrollados en Israel. El año pasado él aceptó un premio de tres millones de dólares otorgado por un inversionista judío vinculado a la industria de la tecnología israelí. Desconozco cuál habrá sido el aporte palestino, si es que alguno, a su condición. En cualquier caso, a la hora de mostrar lealtades o meras afinidades, el físico se comportó como un ingrato.

La Conferencia Presidencial será un éxito aún sin el profesor Hawking y más allá del boicot de sus colegas palestinos. Uno puede entender por qué a estos últimos les ofusca que Israel mire al futuro; bastante obsesionados están con el pasado y bastante desconformes con la existencia de Israel en el presente. No necesitamos apelar a Sigmund Freud para desentrañar las furias oscuras que ellos sienten al ver que los israelíes -a pesar de todo y en compañía de luminarias globales- siguen mirando al futuro.

Infobae, Infobae - 2013

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

El bicentenario de Richard Wagner – 19/05/13

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Richard Wagner (1813-1883) fue un músico extraordinario, un esnob revolucionario, un creador de inmenso talento colmado de paradojas y un antisemita legendario. Un hombre que trabajó con judíos, se benefició de su filantropía y los odió como pocos. Un reaccionario que detestó a la aristocracia y militó en su contra, y a la vez recibió el apoyo de reyes y personalidades del establishment. Durante gran parte de su carrera fue un paria político, perseguido por las autoridades, con prohibición de ingresar a partes de su Alemania natal e incapacitado incluso de ver la representación de sus propias obras donde fuera que la orden policial imperial estuviera vigente. Y al mismo tiempo fue un artista aclamado.

Tal fue su naturaleza que incluso la misma persona podía albergar opiniones encontradas sobre él en diferentes momentos de su vida. La primera impresión que de él tuvo Friedrich Nietzsche fue óptima: “Cuando ayer conocí a Richard Wagner sentí un deleite de un sabor tan peculiar que ya no soy exactamente quien era antes”. Pero al final de sus días escribió dos ensayos hostiles afirmando: “sostengo que Wagner es perjudicial” y “Mi vivencia más importante fue una convalecencia. Wagner es tan sólo una de mis enfermedades”. En un libro titulado En búsqueda de Wagner, escrito a fines de la década de 1930 que es una exploración de las raíces ideológicas del nazismo, Theodor Adorno postuló que el antisemitismo de Wagner no era un atributo idiosincrático de su personalidad sino una característica de toda su obra artística. Sin embargo, unas décadas después, Adorno desarrolló cierto aprecio por el compositor y en una serie de ensayos breves escritos en los años cincuenta y sesenta buscó rehabilitarlo. Thomas Mann inicialmente se refirió a Wagner como “la fuente de la experiencia más fértil y profunda de mi juventud” para terminar despreciándolo como “ese gnomo resoplado de la Sajonia con su talento colosal y personalidad lamentable”.

A diferencia de otros compositores, escribió sobre la música mientras componía música. Y además de haber compuesto una obra monumental, Wagner escribió una considerable cantidad de ensayos políticos y artísticos, redactó unas diez mil cartas y dictó una autobiografía de alrededor de un millar de páginas. Uno de sus textos más famosos fue El judaísmo en la música, en el cual protestaba contra la “influencia judaica en la música”, afirmaba que el judaísmo era “la mala conciencia de nuestra civilización moderna”, alegaba que los judíos eran incapaces de crear artísticamente y clamaba por su total aniquilación. Su arenga era radical aún en una coyuntura en la que el antisemitismo estaba esparcido. Wagner fue también un nacionalista que exaltó la identidad alemana, basó sus óperas en el pasado legendario e histórico de Alemania y se preocupó por el futuro colectivo de su país.

La combinación intensa de nacionalismo y antisemitismo hicieron de él un referente para los racistas de su tiempo y por venir. Su influencia se notó en obras superxenófobas como Los cimientos del siglo XIX de Houston Stewart Chamberlain, Ensayo sobre la inequidad de las razas humanas de Josef Arthur de Gobineau y Mein Kampf de Adolf Hitler, quien mencionó al compositor en su texto y de quien dijo orgullosamente: “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el nacionalsocialismo aspira”. El ministro de Propaganda nazi Josef Goebbels consagró una de las obras de Wagner como la ópera oficial del régimen: “De todos los dramas musicales, Die Meistersinger se destaca como el más alemán. Es simplemente la encarnación de nuestra identidad nacional”.

En su tiempo Wagner fue un revolucionario. Cuando ocurrieron las revueltas de 1830 en París, las apoyó desde Leipzig: “Este día marcó para mí el comienzo de la historia y yo naturalmente me encomié con corazón y alma a la revolución”. Cuando las revueltas estallaron en Dresde en 1848 Wagner proclamó: “¡Dejen que sus antorchas quemen brillantemente!… ¡Dejen que reduzcan todo al polvo y las cenizas!”. Habiendo puesto sus esperanzas revolucionarias en 1852, una vez arribado ese año sin cambio político real se negó a reconocerlo y fechó sus cartas “32 de diciembre de 1851” y así sucesivamente. “Durante la mitad de su vida”, observó Nietzsche con ironía, “Wagner creyó en la revolución como sólo un francés podía hacerlo”.

A doscientos años de su nacimiento y a ciento treinta de su muerte, Richard Wagner sigue siendo una de las figuras creativas más discutidas de todos los tiempos.

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Los llaneros solitarios del terrorismo – 08/05/13

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Desde el año 2001, Al-Qaeda no ha podido montar exitosamente ataques dentro del territorio de los Estados Unidos, pero han surgido varios admiradores jihadistas que han buscado imitar sus hazañas terroristas a escala más modesta o que han decidido unirse a la organización islamista. Tal fue el caso de Nidal Hasan (mató a trece soldados en Fort Hood al grito de Alá u akbar» en el 2009), de Najibullah Zazi (quiso hacer estallar un subte el mismo año), de Faisal Shahzad (procuró activar una bomba en Times Square en el 2010) y de Richard Reid (intentó explotar un avión en 2001 con una bomba oculta en sus zapatos). Si estos sujetos proliferan, los estadounidenses tendrán serios problemas.

Las capacidades de los servicios secretos de monitorear los movimientos de los terroristas se ven seriamente afectadas al deber lidiar con individuos, en vez de grupos. Estos últimos tienen muchos miembros a los que deben primero reclutar y luego adoctrinar, entrenar, comunicarles instrucciones y remunerarlos, lo que genera algunas señales que son captadas en los radares de los agencias de inteligencia. Los sujetos auto-radicalizados, por el contrario, operan como fantasmas que surgen inesperadamente en la escena del terror. Usualmente tales individuos dejan alguna estela de evidencia que puede hacer sonar alarmas previamente: conducta extraña, posteos online extremistas, compra de materiales sospechosos, etc. Pero los indicios no siempre son advertidos a tiempo. Otras veces, las fuerzas de seguridad simplemente fracasan en cumplir con su tarea.

Tamerlan Tsarnaev, el mayor de los hermanos chechenos que atentaron contra maratonistas en Boston el mes pasado, fue la quinta persona desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 que ha cometido actos de terror después de haber sido interrogado por el FBI. Antes que él, conforme ha mostrado el ex fiscal general de los Estados Unidos Michael Mukasey, pasó con el ya mencionado Nidal Hasan, con Anwar al-Awlaki (jihadista de alto rango en Al-Qaeda), con Abdulhakim Mujahid Muhammad (asesinó a un recluta en Little Rock en el 2009) y con David Coleman Headley (dio información a los autores de la masacre de Bombay en el 2008). A la luz del daño que los terroristas suelen provocar, tales errores lucen inadmisibles.

A la vez, muchos atentados en su fase de planeación fueron desbaratados y cabecillas terroristas, eliminados. La muerte de Osama Bin-Laden marcó el cenit simbólico de la lucha antiterrorista de los Estados Unidos contra Al-Qaeda. Como es sabido, las agencias de inteligencia son castigadas públicamente cuando fallan, y rara vez recompensadas cuando triunfan en operaciones clandestinas desconocidas para el público en general.

El terrorismo refiere a la comunicación. El acto de terror es esencialmente la transmisión de un mensaje. Sea derribar las Torres Gemelas en Nueva York, asesinar a deportistas en una Olimpíada en Berlín, o explotar una estación de trenes en Madrid, el acto de terror es una declaración al mundo. El anarquista del siglo diecinueve Paul Brousse llamó al terrorismo «propaganda por medio de la acción». Con el advenimiento de los medios de comunicación masivos, las agrupaciones terroristas alcanzaron notoriedad mundial. Se trate de nihilistas rusos, anarquistas europeos, revolucionarios sudamericanos o jihadistas mesorientales, todos ellos han buscado la atención de la audiencia local, regional o internacional.

Por definición, el terrorista, para ser considerado como tal, debe: a) hacer de su objetivo población civil indefensa, b) asegurarse que el factor atrocidad sea elevado, c) perseguir una finalidad política en su misión. Usualmente, los terroristas recurren a la denominación eufemística para encubrir su violencia política y se anuncian ante el mundo como luchadores por la libertad o combatientes por la igualdad. En sus mentes, el fin siempre justifica los medios. «¿Qué importa la vida de un niño árabe o judío si su muerte ayudará a traer la revolución?» decía décadas atrás Ghassan Kanafani del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Los terroristas son plenamente conscientes de la necesidad de disfrazar su agenda extremista y en consecuencia higienizan su retórica: llevan a cabo «operaciones», emiten «comunicados militares», declaran «la guerra» al enemigo. Para auto-compensarse psicológicamente, apelan a las comparaciones ventajosas según las cuáles ellos son las verdaderas víctimas de crímenes indescriptibles que les facultan -de hecho, les obligan- a dar respuesta al padecimiento personal y/o colectivo. Un tío de los hermanos Tsarnaev dijo que ellos se sentían socialmente marginados dentro de los Estados Unidos. Las sociedades del mundo están repletas de inadaptados, pero sólo una fracción de ellos reacciona a su condición masacrando a sus compatriotas. La ideología es vital para entender tales conductas de violencia política feroz.

El mismo día en que los hermanos chechenos musulmanes atentaron en Boston, miembros de Al-Qaeda mataron a medio centenar de personas en Irak. Que hayamos prestado atención a Boston e ignorado a Bagdad fue una alerta de que acostumbrarnos a convivir con el terror, sencillamente no es una opción.

Originalmente publicada en La Razón (España)

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

La bomba es el mensaje – 05/05/13

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Desde el año 2001, Al-Qaeda no ha podido montar exitosamente ataques dentro del territorio de los Estados Unidos, pero han surgido varios admiradores jihadistas que han buscado imitar sus hazañas terroristas a escala más modesta o que han decidido unirse a la organización islamista. Tal fue el caso de Nidal Hasan (mató a trece soldados en Fort Hood al grito de “Alá u akbar” en el 2009), de Najibullah Zazi (quiso hacer estallar un subte el mismo año), de Faisal Shahzad (procuró activar una bomba en Times Square en el 2010) y de Richard Reid (intentó explotar un avión en 2001 con una bomba oculta en sus zapatos). Si estos sujetos proliferan, los estadounidenses tendrán serios problemas.

Las capacidades de los servicios secretos de monitorear los movimientos de los terroristas se ven seriamente afectadas al deber lidiar con individuos, en vez de grupos. Estos últimos tienen muchos miembros a los que deben primero reclutar y luego adoctrinar, entrenar, comunicarles instrucciones y remunerarlos, lo que genera algunas señales que son captadas en los radares de los agencias de inteligencia. Los sujetos auto-radicalizados, por el contrario, operan como fantasmas que surgen inesperadamente en la escena del terror. Usualmente tales individuos dejan alguna estela de evidencia que puede hacer sonar alarmas previamente: conducta extraña, posteos online extremistas, compra de materiales sospechosos, etc. Pero los indicios no siempre son advertidos a tiempo. Otras veces, las fuerzas de seguridad simplemente fracasan en cumplir con su tarea.

Tamerlan Tsarnaev, el mayor de los hermanos chechenos que atentaron contra maratonistas en Boston el mes pasado, fue la quinta persona desde los atentados del 11 de septiembre del 2001 que ha cometido actos de terror después de haber sido interrogado por el FBI. Antes que él, conforme ha mostrado el ex fiscal general de los Estados Unidos Michael Mukasey, pasó con el ya mencionado Nidal Hasan, con Anwar al-Awlaki (jihadista de alto rango en Al-Qaeda), con Abdulhakim Mujahid Muhammad (asesinó a un recluta en Little Rock en el 2009) y con David Coleman Headley (dio información a los autores de la masacre de Bombay en el 2008). A la luz del daño que los terroristas suelen provocar, tales errores lucen inadmisibles.

A la vez, muchos atentados en su fase de planeación fueron desbaratados y cabecillas terroristas, eliminados. La muerte de Osama Bin-Laden marcó el cenit simbólico de la lucha antiterrorista de los Estados Unidos contra Al-Qaeda. Como es sabido, las agencias de inteligencia son castigadas públicamente cuando fallan, y rara vez recompensadas cuando triunfan en operaciones clandestinas desconocidas para el público en general.

El terrorismo refiere a la comunicación. El acto de terror es esencialmente la transmisión de un mensaje. Sea derribar las Torres Gemelas en Nueva York, asesinar a deportistas en una Olimpíada en Berlín, o explotar una estación de trenes en Madrid, el acto de terror es una declaración al mundo. El anarquista del siglo diecinueve Paul Brousse llamó al terrorismo “propaganda por medio de la acción”. Con el advenimiento de los medios de comunicación masivos, las agrupaciones terroristas alcanzaron notoriedad mundial. Se trate de nihilistas rusos, anarquistas europeos, revolucionarios sudamericanos o jihadistas mesorientales, todos ellos han buscado la atención de la audiencia local, regional o internacional.

Por definición, el terrorista, para ser considerado como tal, debe: a) hacer de su objetivo población civil indefensa, b) asegurarse que el factor atrocidad sea elevado, c) perseguir una finalidad política en su misión. Usualmente, los terroristas recurren a la denominación eufemística para encubrir su violencia política y se anuncian ante el mundo como luchadores por la libertad o combatientes por la igualdad. En sus mentes, el fin siempre justifica los medios. “¿Qué importa la vida de un niño árabe o judío si su muerte ayudará a traer la revolución?” decía décadas atrás Ghassan Kanafani del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Los terroristas son plenamente conscientes de la necesidad de disfrazar su agenda extremista y en consecuencia higienizan su retórica: llevan a cabo “operaciones”, emiten “comunicados militares”, declaran “la guerra” al enemigo. Para auto-compensarse psicológicamente, apelan a las comparaciones ventajosas según las cuáles ellos son las verdaderas víctimas de crímenes indescriptibles que les facultan -de hecho, les obligan- a dar respuesta al padecimiento personal y/o colectivo. Un tío de los hermanos Tsarnaev dijo que ellos se sentían socialmente marginados dentro de los Estados Unidos. Las sociedades del mundo están repletas de inadaptados, pero sólo una fracción de ellos reacciona a su condición masacrando a sus compatriotas. La ideología es vital para entender tales conductas de violencia política feroz.

El mismo día en que los hermanos chechenos musulmanes atentaron en Boston, miembros de Al-Qaeda mataron a medio centenar de personas en Irak. Que hayamos prestado atención a Boston e ignorado a Bagdad fue una alerta de que acostumbrarnos a convivir con el terror, sencillamente no es una opción.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

El ejemplo de Malala Yousafzai – 05/13

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Año 5 – Nro 34

En octubre del 2012, un tiroteo a quemarropa contra una niña de catorce años en Pakistán conmocionó a la opinión pública mundial. Con frialdad notable, un sicario talibán se dirigió a un colectivo que transportaba a un grupo de niñas en edad escolar en aquel país musulmán, preguntó quién era Malala Yousafsay, elevó su arma y le disparó sin más “por ir en contra de los soldados de Alá”. Una bala dio en su cabeza, la otra en su cuello. Ella fue enviada de urgencia a un hospital en Inglaterra, fue atendida médicamente y resguardada de posibles nuevos intentos homicidas. Su vida había quedado profundamente afectada y pendía de un hilo. “Nadie que haya tenido una bala cruzando su cerebro tiene una recuperación completa” dijo entonces Jonathan Fellus de la Fundación Internacional para la Investigación Cerebral. Muchísimas personas, dentro y fuera de Pakistán, rezaron por su vida. Atravesó varias operaciones, le colocaron una placa de titanio en el cráneo, milagrosamente sobrevivió y en febrero del 2013 fue dada de alta.

Malala es hija de un maestro y oriunda del valle de Swat, región paquistaní fronteriza con Afganistán que cayó en manos de extremistas talibanes en el año 2007. Desde entonces, los hombres fueron obligados a dejarse crecer la barba, se prohibió a las mujeres ir a los mercados y, en repetidas ocasiones, escuelas de niñas fueron bombardeadas. Luego de la invasión norteamericana de Afganistán tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, grupos talibanes se refugiaron al otro lado de la frontera, creando zonas de semi-gobierno en Pakistán. Según el diario El País de España las quemas y sabotajes de escuelas de niñas en las regiones tribales de Waziristán del Norte y del Sur, donde los radicales están acuartelados, “han dejado de ser noticia porque ya no quedan más centros por destruir”. En el valle de Swat, durante el breve pero infernal gobierno de los talibanes entre 2007-2009, antes de que el ejército paquistaní los expulsara de la zona, trece niñas fueron decapitadas, ciento setenta escuelas destruidas y otras cinco atacadas con bombas.

Bajo el seudónimo de Gul Makai (el nombre de una heroína de un cuento folclórico local) y desde los once años de edad, Malala había estado contando como ha sido la vida allí en un blog de la BBC. Su columna se titulaba “Diario de una estudiante paquistaní”. Anotaba comentarios del tipo: “Me duele abrir el armario y ver mi uniforme, mi mochila y mi cartuchera. Las escuelas de los varones abren mañana, pero los talibanes prohibieron la educación para las niñas. ¿Mi verdadero nombre significa desesperación?”. Dijo luego de su recuperación: “La gente me conoce como la niña que fue disparada por los talibanes, pero quiero que me conozcan por ser la niña que lucha por los derechos de todos los niños y niñas, por su derecho a la educación y por su derecho a la igualdad”.

Antes de la agresión, Malala era conocida por su excepcional valentía y activa militancia en la causa vital de los derechos de las mujeres en Pakistán. Ella era regularmente entrevistada por la prensa y había sido premiada con una distinción al mérito civil. En el 2009 se hizo un documental fílmico sobre ella. Luego del ataque su fama y su causa se potenciaron. La actriz Angelina Jolie estableció un fondo con el nombre de Malala para fomentar la educación infantil en Pakistán. Este año fue nominada al Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia y al Premio Nobel de la Paz.

A una muy temprana edad, Malala se había convertido en un referente local e internacional y, como tal, en una amenaza para los fundamentalistas. El vil esfuerzo de éstos en silenciarla pretendió callar no sólo a esta joven sino a todas aquellas que están defendiendo la libertad, además de disuadir a colegas futuras. Afortunadamente han fracasado.

Para los talibanes Malala Yousafsay era, conforme dijo oportunamente uno de sus voceros, “un símbolo de los infieles y de la obscenidad”. Para muchos otros, ella es un modelo de rectitud, coraje y dignidad. Es de esperar que su ejemplo contagie de energía a quienes luchan por la igualdad de género en Pakistán.

La Nación (Argentina)

La Nación (Argentina)

Por Julián Schvindlerman

  

La canonización de dos pontífices que hicieron historia – 25/04/13

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El próximo 27 de abril tendrá lugar una ceremonia extraordinaria en el Vaticano: en presencia de dos papas vivos serán canonizados dos papas fallecidos. Francisco anunció la canonización simultánea de Juan XXIII y de Juan Pablo II, en tanto que el papa emérito Benedicto XVI hizo saber que asistirá. Con la primera canonización doble de dos pontífices, Francisco anhela reunir a reformistas y conservadores dentro de la Iglesia Católica y ungir en figuras modélicas a dos personalidades históricas del papado.

Usualmente, tales asuntos son de preocupación exclusiva de los católicos. A veces, partes interesadas dejan oír sus voces cuando esos acontecimientos lesionan sus sentimientos. Tal el caso de Pío XII, el papa que lideró a la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial, cuya propuesta de beatificación ha sido cuestionada por la comunidad judía internacional al considerar que de esa forma Roma busca legitimar la política de la Santa Sede frente al nazismo. En la instancia actual, sin embargo, es harto probable que los judíos vean con aprobación esta doble canonización al involucrar a dos pontífices muy queridos.

Juan XXIII revolucionó las relaciones religiosas entre católicos y judíos; Juan Pablo II revolucionó las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el estado judío. El legado individual de cada uno de ellos en las relaciones interreligiosas es notable. En conjunto, es monumental.

Durante los años de la Shoá, Angelo Roncalli fue nuncio en Estambul, desde donde trabajó denodadamente en favor de salvar a los judíos perseguidos por los nazis. Ya como Sumo Pontífice, compuso una plegaria en la que expresaba remordimiento por las legendarias difamaciones antijudías de la Iglesia y, en una ocasión memorable, saludó espontánea y cálidamente a un grupo de feligreses hebreos al verlos salir de la sinagoga en Roma. Pero su contribución más fundamental en el plano interreligioso fue la convocatoria del Concilio Vaticano II (1962-1965), cuya declaración Nostra Aetate marcó un punto de inflexión en los vínculos entre católicos y judíos, y sus repercusiones positivas se sienten todavía.

Juan Pablo II fue el primer papa en visitar Auschwitz (1979), el primero en ingresar en una sinagoga (1986) y quien entabló relaciones diplomáticas entre Roma y Jerusalén (1993). Al reconocer diplomáticamente al estado judío, Juan Pablo II normalizó las relaciones largamente postergadas entre la Santa Sede y el estado de Israel. Luego se convirtió en el primer pontífice en ir, con el inicio del nuevo milenio, a Yad Vashem (el Museo del Holocausto de Israel) y en rezar en el Muro de los Lamentos. La imagen del papa ante sus imponentes piedras blancas se erigió en la representación visual más destacada de la nueva era en las relaciones entre la grey católica y la judía.

Por supuesto que hubo desencuentros y desavenencias entre las partes. En cuestiones religiosas, la Iglesia Católica y el pueblo judío tienen sus diferencias, y en el plano de las relaciones internacionales, la diplomacia de la Santa Sede y la política de Israel no están en completa sintonía. Pero gracias a estos dos papas extraordinarios algo ha cambiado para siempre en los lazos que unen a ambos pueblos.

Por ello la ceremonia de este domingo en la Ciudad del Vaticano será seguramente observada con entusiasmo no sólo por todos los católicos del mundo, sino también por aquellos a quienes uno de estos pontífices famosamente llamó «nuestros hermanos mayores».

Comunidades, Comunidades - 2013

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La doble apostasía de Magdi Allam – 24/04/13

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En coincidencia con las Pascuas últimas, el celebrado comentarista italiano Magdi Cristiano Allam anunció que abandonaba el catolicismo. Cinco años después de dejar el islam para recibir el bautismo -en el Vaticano y por el mismísimo Papa Benedicto XVI- Allam anunció el motivo de la despedida en una nota publicada en Il Giornale que puede resumirse en dos palabras: demasiado relativismo.

La decisión fue extrema y el anuncio, dramático. Su vida como católico se desarrolló por cinco años, entre las Pascuas del 2008 y las Pascuas del 2013, y su final coincidió con la renuncia al cargo papal de Benedicto XVI. “Creo en Jesús que me encantaba cuando era niño, leyendo los Evangelios y traído a la vida por auténticos testigos -religiosos y laicos cristianos- a través de sus buenas obras” escribió, “pero ya no creo en la Iglesia”. Allam se pronunciaba todavía creyente y se comprometía a no cejar en la lucha por la santidad de la vida, la unión familiar, la dignidad de la persona y la libertad religiosa. También reafirmaba su nacionalismo al subrayar su rechazo a la caridad que la Iglesia mostraba hacia los inmigrantes, especialmente a los ilegales, en Italia y proclamaba: “Estoy a favor de la recepción de las normas y la primera regla es que en Italia, primero debemos asegurar el bien de los italianos, la correcta aplicación de la exhortación de Jesús ama a tu prójimo como a ti mismo”.

El autor empleaba la ocasión para cuestionar a la Iglesia en aquellos elementos de disidencia individual que consideraba estar en oposición a la naturaleza humana, como el celibato sacerdotal, la abstención de relaciones sexuales fuera del matrimonio y el rechazo al divorcio. Reflexionaba, a su vez, sobre la misión universal de la Iglesia y concluía que al buscar la comunión de todos los católicos del mundo tomaba una postura contraria a la de la identidad nacional que él veía como necesaria para preservar a la civilización occidental.

Yendo al núcleo de su apostasía, Allam explicaba que lo que más lo alejó de su nueva fe había sido el relativismo y la legitimidad conferida al islam “como una verdadera religión de Allah como el único Dios verdadero, a Mahoma como un profeta verdadero, al Corán como libro sagrado y a las mezquitas como lugares de culto”. Para un hombre que había abandonado el islam en repudio a las violencias e intransigencias que en su visión anidaban en su seno, el respeto pontificio acordado a la religión Mahometana en el marco del diálogo interreligioso le resultó inadmisible. En su artículo, Allam se mostró consternado por la decisión de Juan Pablo II de haber besado el Corán en 1999, porque Benedicto XVI haya orado hacia la Meca desde la Mezquita Azul de Estambul en el 2006 y porque Francisco extendiera su consideración a los musulmanes del mundo, llegando a lavar los pies a dos de ellos en una prisión italiana el pasado mes de abril (esto ocurrió posteriormente). No por casualidad su artículo se titulaba “Por qué me voy de esta Iglesia débil con el islam”.

Y finalizaba: “voy a seguir adelante con la espalda recta y la cabeza alta para dar mi aporte al renacimiento de los valores e identidades italianos. Voy a ser un hombre íntegro en la totalidad de mi humanidad”.

Esta era una despedida fuerte, en consonancia con una determinación absoluta y forjada en su propia historia personal. Magdi Allam nació en Egipto en 1952 en el seno de una familia musulmana. Su educación estuvo en manos de salesianos en el Cairo y el contacto con sus muchos docentes italianos nutrió su primer vínculo con Italia, país al que emigró en 1972, donde se graduó de sociólogo en la Universidad de La Sapienza y en el cual, catorce años después, obtenía la ciudadanía. Llegó a ser subdirector de Il Corriere della Sera y se hizo famoso por su crítica al islam radical. En el 2008 trocó al islam por el catolicismo, y un lustro después anuló su pertenencia a la Iglesia Católica. Su viaje espiritual e ideológico ha sido ciertamente extraordinario.

Independientemente de lo extraño que pueda lucir el hecho de abandonar una religión por razones de opinión más que de fe, su decisión ha alertado a propósito de un atributo del diálogo interconfesional que promueve el Vaticano con el islam: la mitigación de los temas reales de preocupación en pos de las apariencias políticamente correctas de la coexistencia. Ésta posiblemente haya sido la alarma más clara que ha sonado con su acto insólito el doble apóstata Magdi Allam. Aunque Roma esté comprensiblemente indignada con el mensajero, su mensaje merece ser escuchado.

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La doble apostasía de magdi allam (24/04/2013)

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En coincidencia con las Pascuas últimas, el celebrado comentarista italiano Magdi Cristiano Allam anunció que abandonaba el catolicismo. Cinco años después de dejar el islam para recibir el bautismo -en el Vaticano y por el mismísimo Papa Benedicto XVI- Allam anunció el motivo de la despedida en una nota publicada en Il Giornale que puede resumirse en dos palabras: demasiado relativismo.

La decisión fue extrema y el anuncio, dramático. Su vida como católico se desarrolló por cinco años, entre las Pascuas del 2008 y las Pascuas del 2013, y su final coincidió con la renuncia al cargo papal de Benedicto XVI. Creo en Jesús que me encantaba cuando era niño, leyendo los Evangelios y traído a la vida por auténticos testigos -religiosos y laicos cristianos- a través de sus buenas obras» escribió, «pero ya no creo en la Iglesia». Allam se pronunciaba todavía creyente y se comprometía a no cejar en la lucha por la santidad de la vida, la unión familiar, la dignidad de la persona y la libertad religiosa. También reafirmaba su nacionalismo al subrayar su rechazo a la caridad que la Iglesia mostraba hacia los inmigrantes, especialmente a los ilegales, en Italia y proclamaba: «Estoy a favor de la recepción de las normas y la primera regla es que en Italia, primero debemos asegurar el bien de los italianos, la correcta aplicación de la exhortación de Jesús ama a tu prójimo como a ti mismo».

El autor empleaba la ocasión para cuestionar a la Iglesia en aquellos elementos de disidencia individual que consideraba estar en oposición a la naturaleza humana, como el celibato sacerdotal, la abstención de relaciones sexuales fuera del matrimonio y el rechazo al divorcio. Reflexionaba, a su vez, sobre la misión universal de la Iglesia y concluía que al buscar la comunión de todos los católicos del mundo tomaba una postura contraria a la de la identidad nacional que él veía como necesaria para preservar a la civilización occidental.

Yendo al núcleo de su apostasía, Allam explicaba que lo que más lo alejó de su nueva fe había sido el relativismo y la legitimidad conferida al islam «como una verdadera religión de Allah como el único Dios verdadero, a Mahoma como un profeta verdadero, al Corán como libro sagrado y a las mezquitas como lugares de culto». Para un hombre que había abandonado el islam en repudio a las violencias e intransigencias que en su visión anidaban en su seno, el respeto pontificio acordado a la religión Mahometana en el marco del diálogo interreligioso le resultó inadmisible. En su artículo, Allam se mostró consternado por la decisión de Juan Pablo II de haber besado el Corán en 1999, porque Benedicto XVI haya orado hacia la Meca desde la Mezquita Azul de Estambul en el 2006 y porque Francisco extendiera su consideración a los musulmanes del mundo, llegando a lavar los pies a dos de ellos en una prisión italiana el pasado mes de abril (esto ocurrió posteriormente). No por casualidad su artículo se titulaba «Por qué me voy de esta Iglesia débil con el islam».

Y finalizaba: «voy a seguir adelante con la espalda recta y la cabeza alta para dar mi aporte al renacimiento de los valores e identidades italianos. Voy a ser un hombre íntegro en la totalidad de mi humanidad».

Esta era una despedida fuerte, en consonancia con una determinación absoluta y forjada en su propia historia personal. Magdi Allam nació en Egipto en 1952 en el seno de una familia musulmana. Su educación estuvo en manos de salesianos en el Cairo y el contacto con sus muchos docentes italianos nutrió su primer vínculo con Italia, país al que emigró en 1972, donde se graduó de sociólogo en la Universidad de La Sapienza y en el cual, catorce años después, obtenía la ciudadanía. Llegó a ser subdirector de Il Corriere della Sera y se hizo famoso por su crítica al islam radical. En el 2008 trocó al islam por el catolicismo, y un lustro después anuló su pertenencia a la Iglesia Católica. Su viaje espiritual e ideológico ha sido ciertamente extraordinario.

Independientemente de lo extraño que pueda lucir el hecho de abandonar una religión por razones de opinión más que de fe, su decisión ha alertado a propósito de un atributo del diálogo interconfesional que promueve el Vaticano con el islam: la mitigación de los temas reales de preocupación en pos de las apariencias políticamente correctas de la coexistencia. Ésta posiblemente haya sido la alarma más clara que ha sonado con su acto insólito el doble apóstata Magdi Allam. Aunque Roma esté comprensiblemente indignada con el mensajero, su mensaje merece ser escuchado.