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Compromiso

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Por Julián Schvindlerman

  

Salam Fayyad y el fin de una época – 12/11

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Cuando nació, cerca de Tulkarem en 1952, Cisjordania estaba bajo gobierno jordano. En su temprana adultez eligió el Líbano para cursar sus estudios de ingeniería en la Universidad Americana de Beirut. Una vez graduado, viajó a los Estados Unidos a obtener una maestría en contabilidad por la Universidad Saint Edward y un doctorado en economía por la Universidad de Texas. Tras recibir la ciudadanía estadounidense, Salam Fayyad se incorporó a la Reserva Federal de Saint Louis pero preservó su vínculo con Jordania mediante su papel de docente de la Universidad de Yarmouk.

El mismo año en que se sumó como funcionario al Banco Mundial en Washington D.C., estalló la intifada palestina de 1987. En 1995, con el levantamiento palestino terminado y una era de negociación inaugurada entre Israel y la OLP, Fayyad fue designado representante del Fondo Monetario Internacional en las zonas administradas por la Autoridad Palestina. Asentado en Jerusalem Este, trabajó para esta institución global unos seis años para tomar luego, en 2001, un puesto en el Banco Árabe de Cisjordania.

Fayyad ha tenido una conexión remota con el nacionalismo palestino, que data de sus tiempos mozos cuando estuvo relacionado a la OLP. Pero esencialmente él es una figura independiente. En el 2005, año de la retirada unilateral israelí de la Franja de Gaza, junto a la activista y política Hanan Ashrawi y otros notables palestinos, fundó un partido político llamado “La Tercera Vía” que buscaba ofrecer una alternativa a la población palestina, entonces dividida -básicamente- entre Fatah y Hamas. La lógica del establecimiento partidario era simple: Fatah estaba contaminada de corrupción y nepotismo, Hamas era prisionera de su violencia y extremismo; una tercera vía era necesaria. En rigor, había varios partidos independientes que ofrecían justamente ese mensaje de excepcionalidad a la calle palestina, entre otros “La Iniciativa Nacional Palestina” de Mustafá Barghouti y Haider Abdel Shafi, dos pesos pesados de la política local.

Pero las elecciones legislativas del 2006 dieron apenas el 2.4% de los votos a la agrupación de Fayyad. El gran perdedor, sin embargo, fue Fatah, que encogió abismalmente ante la victoria estelar y completamente legítima de Hamas. Al año siguiente, una cruenta lucha interna se sucedería entre los dos colosos del nacionalismo palestino. Al cabo de un tiempo violento, el movimiento integrista Hamas quedaría con el control total de Gaza. El presidente Mahmoud Abbas proclamó un gobierno de emergencia con Fayyad como premier. Fue un acto de subsistencia inconstitucional que removía al ejecutivo de la injerencia del parlamento, en manos de Hamas, cuyo líder Ismael Hanyeh se consideraba el primer ministro legítimo. Palestina quedaría partida geográficamente en dos sub-entidades gobernadas separadamente por dos enemigos políticos históricos.

En este escenario, la comunidad internacional apostó por Cisjordania. Ansiosa ante el posible descenso de Gaza al islamismo, decidió reforzar su apoyo material y político a la facción palestina más moderada. La Gaza de Hamas quedó bajo el paraguas de la protección iraní, creció militarmente y se empobreció económicamente. Bajo la capitanía de Fayyad, la economía cisjordana floreció: carreteras, escuelas y hospitales fueron construidos, árboles fueron plantados, la transparencia administrativa emergió y la asistencia mundial continuó fluyendo hacia Ramallah. El milagro palestino parecía, finalmente, haber advenido.

Pronto surgió un nuevo obstáculo al progreso palestino, y quizás desde el lugar más inesperado. Cuando el primer ministro Fayyad parecía haber asegurado la estabilidad en Cisjordania, el presidente Abbas repudió el diálogo con Israel y adoptó una política -tanto interna como externa- agresiva. Tres decisiones suyas del 2011 resultaron ser claves para crear un cortocircuito político con su premier. Una de ellas fue negociar un gobierno de unidad nacional con Hamas. Otra, promover el reconocimiento global del estado palestino en las Naciones Unidas. Una tercera fue purgar del gobierno a oficiales leales a Fayyad. Las tres iniciativas desafiaron la confianza de Washington y Bruselas, principales patrocinadores diplomáticos y económicos de la Autoridad Palestina.

Hoy la familia de las naciones contempla, azorada, como Abbas jaquea galantemente los logros del tecnócrata desideologizado, mientras se empecina inexplicablemente en hacer de Palestina -en la observación del editor español Mario Noya – el país del Nunca Jamás.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2011

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

La penitencia del juez Goldstone – 28/11/11

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Richard Goldstone ha sido juez de la Corte Constitucional de Sudáfrica, fiscal principal de los tribunales internacionales para la antigua Yugoslavia y Ruanda, presidente de la Investigación Internacional Independiente sobre Kosovo, profesor visitante en Harvard y Cambridge; y ha recibido doctorados honoris causa en universidades de Canadá, Holanda, el Reino Unido, Sudáfrica y EEUU.

Cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU lo eligió para encabezar una comisión investigadora sobre lo ocurrido durante la guerra que enfrentó al grupo terrorista Hamás y al Estado de Israel en 2008-09, se daba por sentado que las conclusiones de aquélla se verían reforzadas por el peso de su reputación. Y como era judío, la crítica a Israel cobraría una mayor legitimidad.

El Informe Goldstone concluyó que, «posiblemente», ambas partes habían cometido «crímenes contra la humanidad» y crímenes de guerra. Fue la primera vez que la ONU investigó y documentó actos de terrorismo perpetrados por Hamás, pero, como era previsible, focalizó sus críticas en el Estado judío, al que acusó de lanzar «un ataque deliberadamente desproporcionado» y «diseñado para castigar, humillar y aterrorizar a la población civil [de Gaza]».

El informe tuvo una gran repercusión en el mundo entero. Israel rechazó sus conclusiones; Hamás las respaldó.

Al cabo de un tiempo, pasado el linchamiento mediático y diplomático, cuando la imagen de Israel ante la opinión pública mundial estaba –una vez más– hecha trizas, Richard Goldstone publicó una nota de opinión en The Washington Post (1-IV-2011) en la que reconocía no haber dispuesto de todos los datos cuando acusó a Jerusalem de cometer crímenes de guerra. «Si yo hubiera sabido entonces lo que sé ahora», escribió el juez sudafricano, «el Reporte Goldstone hubiera sido diferente».

En su artículo, Goldstone confesaba que los civiles palestinos no habían sido atacados deliberadamente y reconocía la seriedad de las investigaciones llevadas a cabo por las propias Fuerzas de Defensa de Israel relativas al comportamiento de sus efectivos en dicho conflicto. Con una franqueza rayana en la ingenuidad, el sudafricano lamentaba que Hamás no hubiera hecho otro tanto. «A fin de cuentas, pedir a Hamás que investigue puede haber sido una iniciativa equivocada». (Se necesita ser un oficial de la ONU para llegar a esta conclusión ex post facto).

Siete meses después, Goldstone publicó otra nota de opinión, esta vez en The New York Times (1-XI-2011), en la que distinguía la crítica legítima a Israel de la demonización del Estado judío y destacaba el hecho de que éste es una democracia en estado de guerra con vecinos que repudian su existencia. Asimismo, subrayó que las relaciones judeo-árabes en Israel y en Cisjordania no pueden ser «reducidas a una narrativa de discriminación judía» y advirtió contra la tentación de hacer comparaciones superficiales entre la Sudáfrica del apartheid, extinta en 1994, y el Israel de hoy. «La acusación de que Israel es una Estado-apartheid es falsa y maliciosa; en vez de promoverlo, dificulta la consecución de la paz y la armonía».

Estos dos artículos tuvieron su impacto en el ámbito diplomático y en el mundillo de los especialistas y los especialmente interesados en este asunto, pero no recibieron ni de lejos la misma atención internacional que el Informe Goldstone. La principal responsable de ello es la prensa, que eligió dar voz a lo que condenaba a Jerusalem y poner sordina a lo que la exoneraba. Con el foco puesto sobre los medios de comunicación en lengua española, Revista de Medio Oriente informó de que ningún medio de ese ámbito se hizo eco de la última nota de opinión de Goldstone. En un comunicado titulado «La prensa que alabó a Goldstone por acusar al Estado de Israel, ahora lo ignora por defenderlo», la publicación de monitoreo de medios en español sentenció: la acusación despertó cobertura; la retractación y defensa de Israel suscitó indiferencia.

Richard Goldstone debió haberlo previsto. Nunca debió dejarse seducir por el falso prestigio que confiere el sistema de las Naciones Unidas. Como juez comprometido con la verdad, jamás debió consentir que un documento difamatorio llevara su firma. Como figura de renombre global, no debió permitir que su nombre y su credo fuesen usados para validar una mentira. Es bueno que haya comenzado a enmendar el daño que causó, aunque para balancear un reporte de 575 páginas va a tener que escribir unos cuantos artículos.

Parece una ocupación digna para un arrepentido. El único problema es que sólo unos pocos tomarán nota.

Originalmente publicado en Comunidades

Infobae, Infobae - 2011

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

La Argentina y el programa nuclear de Irán – 24/11/11

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Días atrás visitó el país el vicepremier israelí Dan Meridor, también a cargo de la cartera de energía atómica e inteligencia. Los titulares de las entrevistas concedidas a la prensa local expresaron sin ambigüedades el nudo de su preocupación, y la de su nación, respecto del programa nuclear iraní y la expectativa acerca de que papel la República Argentina es llamada a ocupar. “Argentina debería ser parte de la campaña contra un Irán nuclear” (Perfil, 20 de noviembre); “Esperamos que la Argentina juegue de manera diferente” (La Nación, 15 de noviembre).

La visita de alto nivel del ministro israelí ocurrió en un momento internacional que tiene a la República Islámica de Irán en el centro de la escena. Tres acontecimientos recientes resaltan ello. Primeramente, las revelaciones hechas por el gobierno de los Estados Unidos, en octubre, acerca de un complot iraní para asesinar al embajador saudita en Washington, D.C. Esta noticia estuvo acompañada por menciones a la Argentina como posible territorio para atentar contra las delegaciones de Arabia Saudita e Israel. En segundo término, la filtración (accidental o deliberada), al poco tiempo, de una noticia a la prensa hebrea a propósito de un posible ataque preventivo de la fuerza aérea israelí contra las instalaciones nucleares iraníes. Ello a su vez coincidió con un ejercicio militar israelí junto con la aviación italiana desde una base de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Cerdeña, con un simulacro nacional de ataque aéreo contra el territorio israelí, y con la exitosa prueba del misil nuclear Jericó. En tercer lugar, la publicación, a principios de noviembre, de un revelador reporte de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) que documentó detalladamente el estado de evolución del programa nuclear iraní y expresó su grave preocupación por las posibles dimensiones militares del mismo. Basándose en informes de inteligencia de diez países diferentes, confirmó lo que la familia de las naciones sospechaba: que Teherán está decidido a producir armas nucleares.

A este cuadro global debe sumarse la consideración al contexto específico latinoamericano y, puntualmente, argentino. En los últimos años, Irán ha ampliado de un modo nunca antes visto su red de relaciones diplomáticas, económicas, culturales y de otro tipo con diversos países de la región. Irán ha casi duplicado el número de embajadas que tenía en América Latina diez años atrás. Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Brasil han sido anfitriones del controvertido presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, en tanto que dignatarios de estas naciones, y de Uruguay, han visitado Teherán. Estos intercambios mutuos han ocurrido en un contexto de creciente condena mundial a la república islámica por su conducta en general (patrocinio de terrorismo, represión doméstica) y especialmente por su programa nuclear, ya bajo sanción de múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Será particularmente instructivo notar que en la última reunión de la Junta de Gobernadores de la AIEA (18 de noviembre) se adoptó una resolución de censura contra Irán. La votación contó con treinta y dos votos a favor, una abstención y dos en contra. Los únicos dos países que votaron negativamente fueron latinoamericanos: Cuba y Ecuador.

La Argentina ha tenido una relación singular con Irán. Padeció en su propio suelo el impacto del terror iraní, y lo sufrió dos veces. Los últimos dos presidentes han denunciado a Irán en foros multilaterales, respaldado la investigación de la causa AMIA y apoyado la emisión de circulares rojas por parte de INTERPOL para la captura de funcionarios iraníes de primer nivel involucrados en el atentado. A la vez, la proximidad ideológica del gobierno argentino con líderes regionales muy cercanos a Teherán, el crecimiento notable del comercio bilateral, y la instrucción presidencial dada al representante argentino ante la ONU en Nueva York el pasado mes de septiembre de permanecer en la sala durante el discurso del presidente iraní (cuya retórica extrema motivó la salida de otras delegaciones), dan cuenta de una política exterior ambivalente. La apertura al diálogo, ofrecido por Teherán en vísperas del último aniversario de la voladura de la AMIA, respondido favorablemente por la cancillería argentina en un comunicado del mes de julio que definió al pronunciamiento iraní como “inédito y muy positivo” y reafirmado por Cristina Fernández de Kirchner en su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre (la Argentina “no puede ni debe” rechazar una oferta de diálogo con Irán, dijo en aquella ocasión), generó apreciable inquietud dentro y fuera del país. Al ocurrir con el trasfondo de una denuncia -no del todo repudiada oficialmente- publicada en marzo por el diario Perfil a propósito de un acercamiento argentino-iraní, este desarrollo no podía menos que reposicionar a Buenos Aires bajo la atención de Washington y Jerusalem.

El lunes 14 del corriente, en una cena ante cientos de invitados en el Hotel Alvear, Dan Meridor y el canciller Héctor Timerman dirigieron unas palabras. En su discurso, el canciller no nombró explícitamente a Irán ni una sola vez, ni siquiera cuando refirió a los atentados de los años noventa. Unos días después, el viernes 18, la Argentina votó en contra de Irán en la reunión de la Junta de Gobernadores de la AIEA. Para el análisis político, la postura oficial hacia Irán sigue siendo un misterio.

Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La penitencia del juez Goldstone – 23/11/11

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Richard Goldstone fue juez de la Corte Constitucional de Sudáfrica, fiscal principal de los Tribunales Criminales Internacionales de las Naciones Unidas para la ex Yugoslavia y Ruanda, presidente de la Investigación Independiente Internacional sobre Kosovo, profesor visitante en Harvard y Cambridge, y receptor de doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Canadá, Holanda, El Reino Unido, Sudáfrica y los Estados Unidos. Cuando el Consejo de Derechos Humanos de la ONU lo eligió para liderar una comisión investigadora sobre lo ocurrido durante la guerra entre el grupo terrorista Hamas y el estado de Israel en 2008-09, los oficiales seleccionadores sabían muy bien que sus conclusiones llevarían consigo el peso de su reputación. También sabían que él era judío, lo cual agregaría mayor legitimidad a la condena contra Israel.

El Informe Goldstone concluyó que ambas partes habían posiblemente» cometido «crímenes contra la humanidad» y crímenes de guerra potenciales. Esta fue la primera vez que la ONU investigó y documentó actos de terrorismo perpetrados por Hamas pero, como era de esperar, centró su mayor condena en el estado judío al que denunció por llevar adelante «un ataque deliberadamente desproporcionado diseñado para castigar, humillar y aterrorizar a población civil [palestina]». El reporte repercutió en el mundo entero. Israel repudió sus conclusiones, Hamas las respaldó.

Al cabo de un tiempo, pasado el linchamiento mediático y diplomático, cuando la imagen de Israel ante la opinión pública mundial estaba -una vez más- hecha trizas, Richard Goldstone publicó una nota de opinión en The Washington Post («Reconsiderando el Reporte Goldstone sobre Israel y crímenes de guerra», 1 de abril de 2011) en la que reconoció no haber tenido en sus manos todos los hechos cuando acusó a Jerusalem de cometer crímenes de guerra. «Si yo hubiera sabido entonces lo que sé ahora», escribió el juez sudafricano, «el Reporte Goldstone hubiera sido un documento diferente». En su texto, él admitía que los civiles palestinos no habían sido intencionalmente atacados como parte de una política y reconocía la seriedad de las investigaciones militares israelíes sobre su propia conducta durante la guerra. Con una franqueza rayana en la ingenuidad, lamentaba que Hamas no hubiera hecho otro tanto. «Al fin de cuentas, pedir a Hamas que investigue puede haber sido un emprendimiento equivocado». (Se necesita ser un oficial de la ONU para llegar a esta conclusión ex post facto).

Siete meses después, Richard Goldstone publicó otra nota de opinión, esta vez en The New York Times («Israel y la difamación del Apartheid», 1 de noviembre de 2011) en la que hizo una distinción entre la crítica legítima y la demonización de Israel, destacó el hecho de que Israel es una democracia en estado de guerra con vecinos que repudian su existencia, subrayó que las relaciones judeo-árabes en Israel y en Cisjordania «no pueden ser simplificadas a una narrativa de discriminación judía», y advirtió contra la tentación de realizar comparaciones superficiales entre la situación de Apartheid en Sudáfrica antes de 1994 y el Israel de hoy. «La acusación de que Israel es una estado Apartheid es falsa y maliciosa, traba, en lugar de promover, la paz y la armonía», aseguró.

Los artículos recibieron atención en ámbitos diplomáticos y en el mundillo de los especialistas e interesados en estos asuntos, pero no obtuvieron ni una fracción del interés internacional dado al informe original. La principal responsable de ello es la prensa, que eligió amplificar la noticia que castigaba a Jerusalem y minimizar la noticia opuesta (exceptuando, claro está, a los propios Washington Post y New York Times). Con el foco puesto sobre los medios de comunicación en lengua española, Revista de Medio Oriente informó que ningún medio hispanohablante de referencia recogió la última nota de opinión de Goldstone. En un comunicado titulado «La prensa que alabó a Goldstone por acusar al Estado de Israel, ahora lo ignora por defenderlo», la publicación de monitoreo de medios en español vio una correlación entre las declaraciones del juez sudafricano sobre Israel y la repercusión mediática asociada: la acusación despertó cobertura, la retracción -e incluso defensa- de Israel provocó indiferencia.

Richard Goldstone debió haber anticipado esta situación. Nunca debió dejarse seducir por el falso prestigio que confiere la pertenencia al sistema de las Naciones Unidas. Como un juez comprometido con la verdad, jamás debió haber consentido que un documento difamatorio llevara su firma. Como una figura de renombre global, no debió permitir que su nombre y su credo fuesen usados para validar una mentira. Es bueno que él haya comenzado a enmendar el daño que ha causado, aunque para balancear un reporte de quinientas setenta y cinco páginas va a tener que escribir unos cuantos artículos.

Luce una ocupación digna para un arrepentido moral. El único problema es que sólo unos pocos periodistas lo notarán.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Razones por las que Irán se da el lujo de amenazar a EE.UU e Israel – 12/11/11

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Tras haberse confirmado que Irán desarrolla armas nucleares, sector del gobierno hebreo evalúa ofensiva.
Artículo publicado en El Comercio (Perú)

Por Daniel Meza

La reciente confirmación del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sobre el programa nuclear iraní ha generado tensión en Israel y EE.UU: en el mundo ya se habla de un posible nuevo conflicto armado en Medio Oriente (MO). Mientras la ONU, a través de Ban Ki-Moon, dice esperar un arreglo diplomático, el ala más radical hebrea, o sea el primer ministro Netanyahu y el canciller Lieberman, no han descartado un posible ataque a la República Islámica amparados en el apoyo que sin duda les dará Washington. Ahmadineyad, por su parte, ya advirtió a las naciones de occidente que “están preparados para la guerra”. Aquí, algunos motivos por los que Irán se da el lujo de lanzar esta advertencia (y por los que no convendría atacar).

1. El territorio iraní. Washington no aceptó que naciones como Iraq o Siria tuvieran plantas nucleares. Lo mismo quisiera para Irán, no obstante, la extensión de este territorio (casi 2 millones de km2) no tiene comparación al de los anteriores. Según una publicación de la revista “Foreign Policy”, atacar esta área sería como “podar el pasto”, puesto que los daños militares se recompondrían rápidamente. “Solo retrasaría el crecimiento del programa nuclear iraní”, sostiene a este diario online el experto en temas de MO, Farid Kahhat. Estas tierras albergan difíciles escondites subterráneos donde se ocultan municiones. Tras un ataque, Irán tendría todo el derecho de rearmarse por el principio de defensa propia.

2. Los peligrosos aliados de Irán. Un eventual ataque contra Teherán desataría la posibilidad de convocar a un golpe contra las fuerzas estadounidenses en Afganistán y lo que queda de ellas en Iraq. “Grupos radicales como Al Qaeda y Hezbollah podrían sumarse”, indica el argentino Julián Schvindlerman, también especialista en temas de MO. Es decir, existiría una amenaza sunita y chiita. Si bien es improbable que Ahmadineyad invada físicamente a EE.UU., no estaría mal -para él- aplastar a sus tropas en la región.

3. Consecuencias económicas. Estados Unidos, con probabilidades de recesión, no espera seguir gastando armamento en una nueva intervención en MO (pero tampoco se querrá quedar de brazos cruzados ante el desafío iraní). La distancia tampoco lo favorece. Irán, al igual que años anteriores, bloquearía el estrecho de Hormuz (por donde pasa un 40% de los barcos petroleros del mundo) y provocaría resultados globales catastróficos.

4. Una guerra más para los Estados Unidos. Está claro que si Netanyahu ordena abrir el fuego, lo hará en coordinación con Washington (no exactamente con el entusiasmo de Obama). Así mismo, si Teherán responde no perdería la oportunidad, junto a sus hipotéticos aliados, de avanzar y atacar instalaciones militares norteamericanas y embajadas. Un blanco formidable para Irán sería Bahrein, sede de la Quinta Flota de los Estados Unidos.

5. Hostilidad hacia Israel / identificación con Irán: Con un Israel que se vanagloria de ser un baluarte de Occidente enclavado en una mayoría musulmana, en Medio Oriente es más visto como una amenaza que el propio Irán. En el apogeo de la Primavera Árabe, Irán tiene muchos más lazos comunes en el nacionalismo panárabe. “Israel invadió al menos una vez a todos y cada uno de sus vecinos basándose en las promesas bíblicas. Si bien Irán ha impulsado a grupos armados como Hamas y Hezbollah, nunca ha atacado a sus vecinos”, dice Kahhat.

Por otro lado, Schvindlerman apunta a que de no producirse una arremetida como la planteada y no surtir efecto (tal como ocurre ahora) las sanciones de la comunidad internacional, se configuraría un nuevo escenario geopolítico en Medio Oriente, donde Irán sería el nuevo poderoso de la región (por su poder militar) y hasta impulsaría a otros países de la región a que sigan su ejemplo.

Así las cosas, ¿se producirá una intervención militar en territorio de la República Islámica de Irán?

Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Steve Jobs: ¿hijo de Arabia? – 09/11/11

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Abdulfattah Jandali nació en 1931 en Homs, Siria, en el seno de una familia acaudalada. Pasó sus tiempos de estudiante en la Universidad Americana de Beirut donde se involucró con las ideas pan-arabistas de la época para luego emigrar a los Estados Unidos, donde obtendría su doctorado en ciencia política de la Universidad de Winsconsin. Al cabo de enseñar un tiempo en Nevada, se orientó hacia la industria del juego. Se juntó con Joanne Schieble, una estadounidense de ascendencia europea, y fruto de esa relación nació un bebé al que dieron en adopción. Años más tarde, la pareja se casaría, nacería una niña del matrimonio, y se divorciaría. Abdulfattah Jandali hoy es parte de los alrededor de diecisiete millones de expatriados sirios que viven en la diáspora, de cuyo seno han surgido figuras destacadas como el cantante canadiense Paul Anka, descendiente de sirios cristianos. En la historia de Jandali no habría nada de extraordinario… de no ser por que el niño que él dio en adopción -luego de recibir el apellido de los nuevos padres- fue Steve Jobs.

La noticia del parentesco sirio-sunita provocó una reacción en la opinión pública árabe. Palash Ghosh, en una columna en The International Business Times, afirmó que el árabe más famoso y poderoso en el mundo… no es Bashar al Assad… [sino] probablemente Steve Jobs». Un lector de Elaph, importante diario online en árabe, lo llamó «el nieto de Homs». Una notita escrita en árabe, dejada a modo de tributo en una tienda Apple de Palo Alto, California, ofreció un comentario memorable: «Tres manzanas cambiaron al mundo, la manzana de Adán, la manzana de Newton, y la manzana de Steve». El célebre académico estadounidense-libanés Fouad Ajami señaló en The Wall Street Journal que era comprensible que «un mundo atorado en batallas tribales y retraso tecnológico se haya entusiasmado con reclamar al… padre de la computadora personal, del iPod, iPhone y iPad».

Pero la excitación por el hecho de que un genio de la estatura del fundador de Apple descendiera de un árabe-sirio rápidamente dio lugar a lamentaciones del estado actual de las cosas en aquél país. «Creo que de haberse quedado en Siria, [Jobs] no hubiera inventado nada» dijo un sirio a Reuters. Lo cual es completamente cierto. Steve Jobs fue el resultado de la cultura americana, no de la genética árabe. Según un estudio del desarrollo árabe realizado por las Naciones Unidas, «prácticamente no hay innovaciones árabes en el mercado». Tal como Lawrence Salomon ha observado en The Financial Post, cuatrocientas patentes originadas en los países árabes fueron registradas en los Estados Unidos entre 1980 y 2000. Steve Jobs por sí sólo presentó trescientas diecisiete patentes en su corta vida; Apple patentó miles. Que la diáspora siria (diecisiete millones) se acerque en número a la propia población de Siria (veintidós millones) sugiere que la cultura local es sofocante y expulsiva. La represión militar de los últimos meses confirma ello dramáticamente. De haber permanecido en Siria, fue notado, Jandali y su hijo probablemente hubieran tenido un destino diferente. Homs, después de todo, fue epicentro de las revueltas anti-Assad. Steve, seguramente llamado de otro modo, hubiera participado en las protestas y su padre lo hubiera tenido que ir a identificar a la morgue estatal. «Si quieren otro Steve Jobs», indicó de modo ominoso un joven árabe, «paren de matar a niños sirios».

El desaprovechamiento del talento local es una seña distintiva de múltiples naciones, árabes y no árabes. Muchos artistas, intelectuales e innovadores regularmente se ven obligados a partir hacia tierras lejanas en busca de un aire más puro que oxigene y estimule su creatividad innata. La distancia del terruño, el alejamiento de una cultura contaminante, han resultado muchas veces ser decisivos para el florecimiento de un talento preexistente pero asfixiado. «Las mentes, tal como los corazones, van a donde son apreciados» sentenció tiempo atrás quien fuera Secretario de Defensa estadounidense, Robert Mcnamara. Pero una cosa es que una cultura expulse talentos y otra muy distinta es que los extermine. Con más de tres mil muertos, y contando, en las calles de Damasco, Hama, Latakia, Deraa, Qamishli, Abu Kamal, Daty al-Zawr y Homs, la Siria del clan Assad indudablemente no parece ser el lugar adecuado para la inventiva. Permanecerá como uno de esos pequeños misterios de la vida, dejado al campo de la imaginación, especular a propósito de cual hubiera sido el destino de la criatura nacida de la unión de Abdulfattah Jandali y Joanne Schieble si sus padres biológicos hubieran elegido vivir su vida de familia en Siria. Pero no se requiere demasiada imaginación para afirmar sin margen apreciable de duda que, en tal caso, ni Apple ni Pixar hubieran existido.

«Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder» dijo Steve Jobs a jóvenes estudiantes en su famoso discurso en la Universidad de Stanford. Palabras sabias que, al contemplarlas bajo la luz de la crisis humanitaria en Siria, adquieren el relieve de la tragedia.

Compromiso

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Por Julián Schvindlerman

  

La A.I.E.A. e Irán: Trasfondo de una relación conflictiva – 11/11

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El pasado mes de noviembre, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) hizo público un escalofriante informe referido al estado del programa nuclear iraní. Titulado Implementation of the NPT Safeguards Agreement and relevant provisions of Security Council resolutions in the Islamic Republic of Iran, denunció que Teherán trabajó “en el desarrollo de un diseño local de un arma nuclear”. El gobierno iraní respondió a la publicación del reporte de modo desafiante, rechazando sus conclusiones y acusando al director-general del organismo, Yukiya Amano, de ser un lacayo del imperialismo norteamericano. El embajador iraní ante la AIEA, Alí Asghar Soltanieh, afirmó que “este reporte no es balanceado, ni profesional, y preparado con motivación política”. En realidad, todo lo contrario. El informe es altamente profesional, equilibrado, preciso y ampliamente documentado. Si algo, ha sido justamente un déficit de determinación política global lo que ha permitido que Irán avanzara hasta este punto en su proyecto nuclear.

Desde que, a fines del 2002, fue denunciada la existencia de un programa nuclear iraní clandestino, la AIEA ha sido el órgano del sistema de las Naciones Unidas encargado de monitorear las actividades -lícitas e ilícitas- de las autoridades iraníes en este campo. Según su Director General ha relatado, el seguimiento ha sido problemático desde el primer día.

Entre 2003 y 2004, la AIEA detectó que Irán no estaba cumpliendo sus obligaciones como estado-miembro. Las revelaciones de que estaba construyendo una gran planta nuclear subterránea en Natanz y una planta procesadora de agua pesada en Arak, ninguna declarada ante la AIEA, disparó la alarma entre los oficiales e inspectores del organismo. Se determinó que había inconsistencias e incumplimientos por parte de Teherán en reportar la adquisición y procesamiento de material nuclear y en declarar la existencia de plantas en las que tal material había sido almacenado. La AIEA descubrió que desde los años setenta, atravesando los ochenta, y extendiéndose en los noventa y la primera década del nuevo milenio, Irán había usado material no declarado para testear y experimentar con la fabricación, conversión y enriquecimiento de uranio, así como en actividades relacionadas con la irradiación y la separación de plutonio, en varias ubicaciones no declaradas.

En octubre del 2003, el gobierno iraní informó al organismo de la ONU que había decidido cooperar y blanquear todas sus actividades relacionadas al ámbito nuclear. Permitió acceso a los inspectores de la AIEA a los sitios requeridos de evaluación, dio información, ofreció aclaraciones respecto del origen del equipamiento y consintió a que sus funcionarios fuesen entrevistados. Por los siguientes tres años, Teherán presentó informes de inventarios y alteraciones habidas, diseños de las plantas donde actividades no declaradas habían acontecido y puso a disposición de la AIEA material nuclear para que éste fuese verificado. Irán reconoció haber tenido contactos con una red de provisión nuclear clandestina desde 1987 y haber recibido información relativa al proceso de enriquecimiento de uranio. Dada la admisión iraní de haberse relacionado con el mercado negro nuclear, la agencia de la ONU solicitó información a otros estados miembros, se contactó con integrantes de la red clandestina señalada por las autoridades iraníes y pidió más explicaciones a propósito del estado y orientación del desarrollo nuclear de la república islámica. Para el año 2005, la AIEA sabía que Irán había realizado estudios para probar explosivos de altura y de reingeniería de un misil capaz de transportar ojivas nuevas. Esa información despertó la preocupación acerca de lo que la AIEA denominó las “posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán”.

Con el correr de los años, la agencia de la ONU continuaba recibiendo información de inteligencia, además de la que por sus propios medios obtenía, y pedía aclaraciones a Irán. En mayo de 2008, las autoridades iraníes confirmaron parte de las aseveraciones de la AIEA pero mayormente desecharon los hallazgos y acusaron al organismo de inventar o trucar datos. La agencia intentó, sin éxito, seguir conversando con Irán a propósito de sus actividades no declaradas. “Entre 2007-2010”, informó la AIEA, “Irán siguió ocultando actividades nucleares”. Específicamente omitió reportar en tiempo su decisión de construir una nueva planta nuclear en Darkhovin y una tercera planta de enriquecimiento cerca de Qom. Entre 2009 y 2010 Irán anunció su decisión de construir diez nuevas plantas y que poseía tecnología de enriquecimiento de láser. “La agencia todavía está esperando respuestas sustantivas de Irán a las solicitudes de la agencia de mayor información sobre sus anuncios”, informó su director general. Durante un largo tiempo, la AIEA intentó entrevistar a Mohsen Fakhrizadeh, el coordinador general de la investigación nuclear-militar iraní, sin poder lograrlo.

Para el año 2011, explicó la AIEA, “varias de las respuestas dadas por Irán a preguntas presentadas por la agencia en relación a los esfuerzos para resolver las preocupaciones de la agencia han sido imprecisas y/o incompletas, y la información ha tardado en llegar y ha sido por momentos contradictoria”. Eso, “y un patrón de reconocimiento tardío o posterior al hecho de la existencia de partes del programa nuclear de Irán previamente no declarados, han llevado a aumentar las preocupaciones de la agencia, en lugar de disiparlas”. La AIEA se abocó a reunir información sensible que el gobierno iraní le negaba, basándose en imágenes satelitales, verificaciones limitadas a las plantas nucleares, entrevistas a integrantes de redes clandestinas de provisión nuclear y en documentación presentada por más de diez países miembro del organismo de la ONU. Así reunió datos -apoyados en más de mil páginas de material- acerca de viajes internacionales de individuos relacionados al programa nuclear, transacciones financieras, documentaciones sobre técnicas de fabricación de ciertos componentes, etcétera, y -finalmente y armada con ello- la AIEA publicó el último noviembre su reporte revelador.