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Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Turquía, entre la identidad y la política – 17/08/11

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Cuando la cúpula castrense de una nación que limita con Irán, Irak y Siria, y que constituye la segunda fuerza militar de la OTAN, renuncia en masa abruptamente, no se requiere ser un experto para advertir que algo inédito y con repercusiones potencialmente graves para ella misma y toda la región está en juego. Tal fue el caso cuando, a fines de julio, presentaron simultáneamente su dimisión el Jefe del Estado Mayor Conjunto y los comandantes del Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina en Turquía.

El hecho fue de alto impacto, pero el modo en que renunciaron los militares fue -si es que podemos usar la palabra en este contexto- delicado: ellos esperaron a que den las seis de la tarde del día viernes, una vez que los mercados financieros habían cerrado, para efectuar el anuncio, y se aseguraron de que sus reemplazantes estuvieran listos antes de la apertura de los mercados el día lunes. Aún así, la lira turca cayó. El motivo ostensible de la dramática determinación tiene raíces en el denominado Caso Ergenekon, como se conoce al acontecimiento del 2007 bajo el cual el gobierno arrestó a unos doscientos cincuenta militares luego de acusarlos de complotar para derrocar a las autoridades civiles. Todos los generales de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea y alrededor de la mitad de los almirantes de la Marina fueron implicados en el supuesto plan de golpe de estado. A cuatro años de iniciados los procesos, todavía no se ha emitido veredicto alguno.

Es cierto que en el pasado los militares han llevado a cabo tres golpes de estado (desde 1960) y que provocaron la renuncia de otro gobierno, de tinte islamista, en 1997. Pero en las circunstancias recientes daría la impresión de que las acusaciones no tienen fundamento real y que estarían enmarcadas en las tensiones cívico-castrenses que han estado aumentando desde el 2002, cuando el actual gobierno islámico tomó democráticamente el poder. Desde entonces el descrédito de las Fuerzas Armadas ha sido intenso: cayó de un 90% de apoyo popular a un 60% en menos de una década. Tradicionalmente, los militares eran vistos como los guardianes del secularismo y de la democracia turca; hoy están siendo presentados ante la sociedad como una amenaza al orden institucional. Como ha informado Soner Cagaptay en CNN Global Public Square, junto con la acusación de ser golpistas se les endilgó la intención de explotar las mezquitas de Estambul con el fin de propiciar una gran crisis política.

Las relaciones entre los dirigentes del gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo» y la cúpula castrense nunca fueron dóciles. En los años noventa, cuando Recep Tayyip Erdogan estaba todavía lejos de convertirse en el premier contemporáneo, fue arrestado por haber leído un poema islámico públicamente. Poco tiempo atrás, un reconocido general turco dos veces eligió no saludar a la esposa del presidente Abdullah Gul, presumiblemente por vestir ella un velo islámico. Estas disputas ilustran acerca de una lucha por el destino cultural del país en la que los turcos definirán si prefieren preservar el legado laico del fundador de la República Turca, Kemal Ataturk, o si lo descartan a favor de un populismo islamista que en estos últimos años ha estado alejando a Ankara de Occidente y llevándola cada vez más firmemente hacia el Oriente. «Lo que estamos presenciando ahora», opinaba un editorial del Jerusalem Post, «es un repudio de la idea esencial de la revolución de Ataturk: que la modernización exitosa sólo podría ocurrir si fuese acompañada de secularismo». Efectivamente, al haber puesto en el banquillo de los acusados a los protectores legendarios del laicisismo turco, en un sentido simbólico, el gobierno ha llevado a juicio a la propia herencia política kemalista.

Envalentonado por la tercera victoria electoral consecutiva (con cómodo margen porcentual) del pasado mes de junio, Erdogan esgrime su musculatura política bajo la luz caliente del sol oriental. Los militares, acosados y humillados, se hacen a un lado. El ciudadano medio turco contempla, asombrado, el espectáculo. Y el resto del mundo vigila con ansiedad el derrotero de una nación que supo ser un gran imperio y que hoy está negociando consigo misma, pujando por dar forma, al perfil de su propia identidad.

Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

La falsa pipa de la paz de Irán – 12/08/11

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Los ánimos cambian rápido en Teherán. En octubre del año pasado, el gobierno iraní presentó una dura carta a las Naciones Unidas en respuesta a la solicitud argentina de juzgar a los oficiales iraníes acusados de perpetrar el atentado contra la AMIA en la cual acusaba a Buenos Aires de cooperar con grupos terroristas -“en particular con la conocida Organización Muyahidin Jalq” (¿¡conocida por quién, además de Ahmadinejad!?)- decía que la comunidad musulmana “continúa aislada y discriminada en la Argentina ”, pedía que las autoridades desistan “de reiterar las improcedentes hipótesis y lugares comunes inventados”, e instaba a que se protegiesen “los derechos fundamentales” de los iraníes acusados. Unos nueves meses más tarde, el gobierno-ayatollah ofreció a la Argentina participar en un “diálogo constructivo” y extendió la cooperación para “aclarar las circunstancias” de un atentado que la fiscalía nacional atribuyó al propio Irán. La propuesta era tan transparentemente falsa y provocativa que AMIA y DAIA emitieron un comunicado conjunto afirmando, correctamente, que las declaraciones iraníes “no resultan creíbles”.

Pero la cancillería argentina no pareció opinar lo mismo. El Palacio San Martín emitió un comunicado definiendo al pronunciamiento iraní como “inédito y muy positivo”. Tal actitud refuerza las sospechas acerca de la existencia de un posible canal de cooperación entre la Argentina K y el Irán de Ahmadinejad, inicialmente denunciado por Pepe Eliaschev en el periódico Perfil. En marzo de este año, el periodista publicó una nota titulada “Argentina negocia con Irán dejar de lado la investigación de los atentados” en la que aseguraba que el estado nacional estaba dispuesto a abandonar la causa AMIA a cambio de mayores negocios comerciales con la república islámica. Durante largos días el gobierno eligió mantenerse en silencio, lo cuál resultaba extraño a la luz de la gravedad de la denuncia, para finalmente dejar en boca del canciller Héctor Timerman la desmentida oficial: “No hay ninguna evidencia de que la Argentina haya cambiado su curso de acción”. Esto no fue expresado formalmente en un comunicado escrito, sino manifestado espontáneamente en el marco de una conferencia de prensa en Israel a modo de respuesta a una pregunta local. El asunto fue dado por terminado.

Si Irán está realmente dispuesto a cooperar, sin embargo, hay varias cosas que puede hacer. Desarticular las fuentes de financiamiento ilícito de Hezbollah en la Triple Frontera puede ser un buen comienzo. Desistir de su proselitismo religioso entre indígenas en México y Venezuela puede ser un segundo paso adecuado. Regresar al Líbano y a su país a las múltiples células terroristas chiítas distribuidas en América Latina, frenar la construcción de un sistema misilístico en Venezuela y abandonar sus esfuerzos por obtener uranio boliviano y venezolano podría ayudar. Para completar sus muestras de buena fe, bien haría en poner a disposición de la justicia argentina a sus ciudadanos bajo pedido de captura mundial de INTERPOL. Recién entonces podremos afirmar, como ya ha hecho el Palacio San Martín, que los gestos iraníes son inéditos y positivos.

Hasta que ello ocurra no podremos sino ver a la propuesta iraní -en la notable observación de Shimon Samuels del Centro Simon Wiesenthal- como el equivalente a un ofrecimiento de Al-Qaeda a los Estados Unidos de América para cooperar en la investigación de los atentados del 11 de septiembre.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

El ocaso de un líder, y de un proyecto – 08/11

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“[Debemos] revisarnos nosotros, empezando por el liderazgo de mí mismo”. La frase, transmitida por la televisión estatal venezolana el viernes 29 de julio, pertenece a Hugo Chávez. Confrontado a su propia mortalidad, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela decidió renovar su atuendo, sus slógans y las lecturas de algunos pronunciamientos de los padres del Cristianismo. “¿Por qué tenemos que andar todo el tiempo con camisa roja?” preguntó retóricamente el día de su cumpleaños número 57 al mostrarse con una camisa amarilla, por motivos espirituales, según dejó saber. “Esa gente que se viste ropa interior roja es sospechosa”, agregó. El lema “Patria socialista o muerte”, hasta entonces usado insistentemente, será cambiado por “Patria socialista y victoria”, anunció. Chávez añadió que la cita bíblica atribuida al apóstol San Pablo -“me consumiré gustosamente al servicio del pueblo sufriente”- demanda asignarle otro sentido pues “consumirse es acabarse y yo no me voy a consumir y mucho menos gustosamente”. Mostrándose ante las cámaras con los signos de la quimioterapia, Chávez declaró: “Este es my new look”.

Estrambótico como siempre, en los que parecen ser sus tiempos finales de liderazgo político el presidente venezolano parece estar dispuesto al cambio. Pero se requerirán modificaciones más que ornamentales si él espera salvar a su país del legado de su propia revolución. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), el año pasado la economía venezolana se contrajo el 1,6%, mientras que las economías latinoamericanas crecieron, en promedio, el 6%. Venezuela tiene uno de los índices más altos de inflación regional, si no el más alto: 23,6% anual. Tal como ha publicado el diario La Nación, la escasez de alimentos, estimada en el 18%, alcanza a productos básicos como la leche en polvo, el aceite de maíz, el azúcar, la carne y el pollo. Habiendo sido en el pasado el quinto exportador mundial de café, Venezuela hoy debe importar café de Nicaragua. Casi el 7% de la población no tiene vivienda, en tanto que el servicio eléctrico es deplorable. Cuando Chávez llegó al poder en 1998 hubo 4.550 homicidios; una década después el guarismo era de 14.589 según el Observatorio de Violencia Venezolano. El gobierno ya no publica estadísticas sobre el crimen.

En el área de la salud la situación es especialmente calamitosa. Conforme ha informado Mary Anastasia O´Grady en las páginas del Wall Street Journal, en las clínicas privadas el costo de los servicios hospitalarios crece un 39,7% anualmente, los costos de los servicios médicos y paramédicos crecen un 21,5% y los costos de los remedios y de los equipos médicos lo hacen al 17,4%. En los hospitales donde los precios no pueden ser aumentados, la calidad y el servicio han caído, resultando en faltantes desde aspirinas hasta pastillas para el colesterol. Con sueldos promedio de 325 dólares mensuales, los doctores que pueden abandonar el país lo hacen; la Federación Médica Venezolana reportó que hay 130.000 pacientes en espera parar ser operados en hospitales públicos. Este cuadro podría explicar la razón por la que Chávez eligió viajar a Cuba para ser atendido médicamente.

La isla comunista tiene la reputación de ser un paraíso de la salud. Con 73.000 médicos con licencia, posee la mejor tasa de médico por paciente en el mundo (1/170). Sin embargo, puede que Hugo Chávez tampoco confié demasiado en el sistema de su amigo Fidel Castro. Como ha observado O´Grady, su cirujano es español.

Junto al deterioro en la salud física del presidente se advierte un deterioro en la salud institucional del país, y ello puede verse de manera particular en la situación de su comunidad judía. Diariamente son hostigados los judíos en la prensa oficial y semioficial venezolana. El padecimiento es continuo y el tipo de retórica pública que deben escuchar puede verse en apenas dos citas de años dispares: en la Navidad del 2005 Chávez aseguró, elípticamente, que “algunas minorías, entre ellas los descendientes de los asesinos de Cristo, se han apoderado de las riquezas de este mundo”, y en junio de 2011 proclamó, ya sin ambigüedades, “¡Maldito eres, Estado de Israel!”. Una de las sinagogas fue profanada y una institución central que oficia a la vez de escuela y de club deportivo fue dos veces allanada bajo pretexto. En poco más de una década de gobierno, Chávez logró que alrededor de la mitad de la comunidad judía emigrara.

Hugo Chávez está enfermo, y Venezuela también. La salud del presidente está siendo debidamente atendida. Ya es hora de que también esa hermosa nación reciba la oportunidad de recuperarse.

Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Hezbollah en América Latina – 03/08/11

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El 19 de julio de 1994, el vuelo 901 de Alas Chiricanas partió desde la localidad de Colón hacia la Ciudad de Panamá con veintiún personas a bordo. Nunca arribó a destino. Un sujeto llamado Jammal Lya explotó una bomba en pleno vuelo provocando la muerte a todos los pasajeros y la tripulación, entre los que se hallaban doce miembros de la comunidad judía local. Su cuerpo fue el único no reclamado y una agrupación desconocida, Ansar Allah, clamó la autoría del atentado. Oficiales del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América oportunamente dejaron trascender sus sospechas de que esta agrupación era o bien un subgrupo, o bien un seudónimo, del movimiento terrorista libanés Hezbollah.

Por haber ocurrido un día después del atentado contra la sede de la comunidad judía de la Argentina, AMIA, en el cuál fueron muertas ochenta y cinco personas y cientos, heridas, este hecho brutal no cosechó la atención debida fuera de Panamá y Centroamérica. Pero marcó la tercera instancia sangrienta de terror islamista en Latinoamérica, después del atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992.

Desde entonces han sido varios los señalamientos de oficiales, académicos especializados y medios de prensa a propósito de la inquietante presencia de integrantes de Hezbollah en la región. A principios del corriente mes de julio, Roger Noriega, ex subsecretario de estado para América Latina dijo en referencia a Hezbollah ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos que se pueden identificar ochenta células operativas en doce países de la región». El pasado abril, la revista Veja informó acerca de la presencia de unos veinte miembros de grupos extremistas musulmanes en Brasil. Según la publicación, integrantes de Al-Qaeda, Hamas y Hezbollah operan en suelo brasilero, desde donde recaudan dinero, difunden propaganda, reclutan militantes y planean atentados. El propio procurador general de Brasil ha advertido que «sin que nadie lo perciba, está surgiendo una generación de extremistas islámicos en el país». En el 2006, el Departamento del Tesoro denunció una red de recaudación de fondos para Hezbollah en la zona de la Triple Frontera que comparten la Argentina, Brasil y Paraguay, así como en el norte de Chile. Años atrás, el Comando Sur del Ejército estadounidense informó que Hezbollah recaudaba al menos trescientos millones de dólares anualmente en Latinoamérica.

El arresto, el año pasado en Tijuana, de Jameel Nasr, presunto responsable de las operaciones de Hezbollah en México, generó a su vez interrogantes referidos al posible nexo entre la agrupación libanesa y los carteles de la droga mexicanos, hábiles infiltradotes de la frontera con el vecino del norte. La isla Margarita en Venezuela ha sido señalada por expertos como una base de actividades de Hezbollah. El patrón de esta agrupación, la república iraní, se siente tan cómodo en la zona que su Ministro de Defensa, bajo pedido de captura internacional por parte de INTERPOL debido a su involucramiento en el atentado contra la AMIA, se permitió visitar el mes pasado Bolivia en viaje oficial. El presidente Mahmoud Ahmadinejad ha visitado al menos cinco países de la región en los últimos años y ha recibido a contrapartes suyos en Teherán.

Los esfuerzos del grupo terrorista libanés por introducirse en Latinoamérica pueden verse también en el acuerdo firmado con el estado español en 2004 para la difusión satelital de la programación de su canal de televisión, Al Manar, a toda América Latina. Bajo fuertes presiones internacionales, España posteriormente canceló tales transmisiones. A comienzos de 2009 fue celebrado en el Líbano el «Foro Internacional de Beirut para la Resistencia, Antiimperialismo, Solidaridad entre Pueblos y Alternativas», que reunió a cientos de delegados, entre ellos de Latinoamérica. Este encuentro, organizado por Hezbollah, lucía orientado a reforzar el «Primer Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana» del año 2007 auspiciado por el gobierno iraní.

Irán y Hezbollah han estado activos en América Latina por varios años. A la luz de esta realidad y de la peligrosidad que sus actividades aquí acarrean es llamativa, tal como ha planteado un editorial de la publicación estadounidense en español Revista de Medio Oriente, la escasa atención pública que el tema está recibiendo. Mientras que la Argentina y Panamá acaban de conmemorar un nuevo aniversario de los atentados impunes, cabe esperar que el resto de las naciones latinoamericanas adviertan que la luz de alerta está al rojo vivo.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2011

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

«Liova corre hacia el poder» la utopia de Trotsky – 28/07/11

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Sobre la vida de León Trotsky se han realizado varias películas, escrito múltiples biografías y publicado una innumerable cantidad de artículos y ensayos.

Arquitecto de la revolución bolchevique, constructor del Ejército Rojo, agente subversivo junto a Vladímir Lenin y profeta trágico exiliado por Iósif Stalin, polemista encendido, viajante global errante, escritor apasionado, idealista y amante, luchador infatigable, víctima de la intriga y del asesinato… Mucho en él ha concitado la atención de legiones de seguidores, contrincantes, observadores, historiadores y narradores.

Marcos Aguinis ha dedicado su más reciente novela a este personaje; nos ha legado un retrato atrapante de los primeros años, la juventud y la temprana madurez de Liova –tal era su apodo infantil–. A lo largo más de cuatrocientas páginas, Aguinis nos invita a conocer al niño curioso, al adolescente inquieto, al joven idealista, y nos introduce –como solamente un gran novelista puede– en los sentimientos, las disquisiciones, las aspiraciones y las contradicciones de este Trotsky en construcción. Así, seremos testigos de sus odiseas, padeceremos sus temores, nos embriagaremos con sus ilusiones y –si nos dejamos llevar por la pluma maestra del narrador– incluso simpatizaremos con quien ejercerá, más adelante, una influencia decisiva en el devenir, extraordinario y dramático, del siglo XX.

Las consecuencias históricas de las ideas y las ambiciones de Trotsky, así como el cumplimiento de su trágico destino –un comunista español al servicio del NKVD lo mató clavándole un piolet en la cabeza–, quedarán para un futuro libro. En estas páginas hallaremos al revolucionario naciente, sus viajes y peripecias, sus encuentros con otras personalidades de la época –desde Rosa Luxemburgo a Máximo Gorki–; y hasta la revelación por qué cambió su nombre, Lev Davidovich Bronstein, por el que le hizo célebre: León Trotsky.

Esto es una novela, así que estamos hablando de una obra de ficción. Pero una ficción sustentada en el rigor histórico que caracteriza los textos de Aguinis. Aguinis conoce la historia posterior al momento en que su relato se detiene, y precisamente ese conocimiento le permite condimentar la narración con pizcas de sabiduría retrospectiva y reflexión intelectual. En las páginas finales hace decir a Trotsky: «La revolución es grande, pero no ha terminado con los imbéciles». El libro está por finalizar, y con él, el sueño cumplido del personaje central. La pesadilla que se sucederá queda insinuada y el lector, en complicidad con el autor, sabe como terminará.

En «Liova corre hacia el poder«, Aguinis logra un relato estimulante e instructivo, dotado de un equilibrio preciso entre la erudición que caracteriza a sus ensayos políticos con la seducción narrativa tan típica de sus novelas. Liova corre hacia el poder se suma así a una bibliografía fecunda que ya hace tiempo consagró a Aguinis en el panorama de las Letras latinoamericanas.

Perfil, Perfil - 2011

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

La diatriba de Fito Páez, epifenómeno de un padecimiento intelectual – 14/07/11

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En ocasiones, he tenido problemas con las posiciones ideológicas de algunos de mis artistas favoritos. Aprecio las canciones de Joaquín Sabina, me entretienen su desfachatez personal (“cada vez que me confieso me doy la absolución”), su ateísmo poético (“y yo que nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer”) y su sabiduría callejera (“miente, como mienten los boleros”) pero lamento que pueda a veces ser un obtuso intelectualmente, como cuando, entrevistado por Diego Armando Maradona -otro del que mejor no hablar en este sentido- acerca del huracán Katrina, acotó que éste entró en los Estados Unidos pero que se detuvo en las costas de Cuba por que allí gobierna Fidel Castro.

Pablo Neruda me encanta y a la vez me desconcierta que pueda pasar de su exquisitamente romántico De veinte poemas de amor y una canción desesperada a su exaltada adoración del Partido Comunista (“metal inalterable”, “fortaleza del hombre”), a su alabanza a Stalin (“alza, limpia, construye, fortifica, preserva, mira, protege, alimenta”) -aunque, admitía, “también castiga”- pero aún cuando los crímenes atroces del líder soviético se hicieron visibles y el poeta chileno reconocía “ayer se murió la verdad”, podía de todas formas subrayar que a los comunistas “un minuto de sombra no nos ciega, con ninguna agonía moriremos”.

El cine de Woody Allen me parece fantástico, si bien debo confesar que he arribado tardíamente -y no completamente convencido todavía- a su club de fans, y encuentro genialidad hasta en su humor más elemental, como en este diálogo del film Bananas:

Fielding: “Te quiero, te quiero”.
Nancy: “Oh, dilo en francés. Oh, por favor, dilo en francés”.
Fielding: “No sé francés”.
Nancy: “Oh, por favor… ¡por favor!”
Fielding: ¿Qué te parece en hebreo?

No obstante hallo repulsiva su intolerancia hacia quien piensa diferente políticamente (el Partido Republicano, el Tea Party) y ofensiva la caricatura que por momentos ha hecho de la historia judía.

Afortunadamente, jamás fui un seguidor de Fito Páez. Nunca compré sus discos, ni fui a sus conciertos, ni observé con interés su devenir. De modo que no cayó ningún ídolo cuando leí su columna de opinión en el oficialista Página12 el martes pasado en la cuál incurrió -en la impresión de Luis Gregorich- en una “salvaje declaración antidemocrática y discriminadora”. Molesto con los resultados de los comicios municipales y legislativos porteños, el cantante rosarino dedicó una letanía de insultos a “La mitad”, tal como tituló a su nota, de los capitalinos que votaron por Mauricio Macri. Esa mitad “repugna”, “da asco”, “le gusta tener el bolsillo lleno”. Por el modo en que votó, aseguró Páez, la sociedad padece de un “efecto manicomio”. Pero su mayor encono lo reservó para los políticos victoriosos a quienes tildó de “jauría de ineptos e incapaces” y de ser “simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina”. Ni que Biondini hubiera triunfado.

Agregó su enojo el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, opositor abochornado a la presencia de Mario Vargas Llosa en la reciente Feria del Libro Internacional de Buenos Aires, aseverando que en la capital federal reina “una ideología tacaña, particularista, defensiva y egoísta”. Y a su vez, el filósofo ultra-K, Ricardo Forster, sentenció: “El macrismo es una variante porteña del cualunquismo, aquel movimiento surgido de las clases bajas italianas que apoyaron al fascismo mussoliniano”. Vaya fascismo el de Macri que, al ubicar a Sergio Bergman al tope de su lista, acaba de legar la primera instancia en la historia legislativa de la República Argentina en la cual un rabino es electo como diputado. O bien ya sucedió esto en la Italia de Mussolini y sus leyes raciales favorecían a los judíos, o la afirmación de Forster, además de absurda, es difamatoria.

La insensatez política de algunos intelectuales ha sido notoria y su imbecilidad moral, legendaria. La simpatía de Gertrude Stein por Adolf Hitler, la pasión de Jean-Paul Sartre por los terroristas palestinos, el cariño de Gabriel García Márquez por la Cuba de Fidel Castro, entre otros muchos más, dan cuenta de una vocación ilimitada común hacia la intolerancia y la irracionalidad por parte de sendos pensadores. Las reacciones emocionales y las afirmaciones desproporcionadas del campo intelectual K ante los resultados de las últimas elecciones porteñas reflejan las hipocresías insufribles tan típicas de la izquierda-caviar que canta al unísono la marcha peronista con su perpetuo “combate al Capital” mientras una de sus punteras políticas veranea en Punta del Este, su Ministro de Economía maneja una Harley-Davidson y su Presidenta viste Prada.

Esta es la otra mitad de la sociedad, hemos de suponer si ha de tener algún sentido lógico el razonamiento de Fito Páez, a la que presuntamente no le gusta tener el bolsillo lleno.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Revueltas mesoorientales – 12/07/11

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Breve resumen de la conferencia “Medio Oriente en transformación” dictada por JS el 06/07/2011
Observatorio Político Nacional – Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Santa Cruz de la Sierra – Bolivia)

¿Quién hubiera imaginado que el suicidio a lo bonzo de un tunecino desesperado dispararía revueltas en una docena de países árabes, provocaría la caída de dos gobiernos y una intervención militar mundial en un tercero? ¿Quién hubiera concebido, apenas poco tiempo atrás, que manifestaciones populares en el Medio Oriente se verían libres de las consignas anti-norteamericanas y anti-israelíes tan típicas y que se enfocarían en su lugar en los propios monarcas y presidentes vitalicios? ¿Quién hubiera anticipado que luego de décadas de fallidos y apasionados proyectos -panarabismo o islamismo- los habitantes incursionarían en un inédito (y todavía incierto) activismo democrático?

“Las grandes revoluciones que nos sorprenden a primera vista deben haber estado precedidas por una revolución calma y secreta en el espíritu de la época…” escribió Hegel, “… especialmente imperceptible a los contemporáneos, y tan difícil de discernir como de describir en palabras”. Hegel veía en la falta de familiaridad con ese aspecto espiritual de la revolución “lo que hace que los cambios resultantes sean asombrosos”. Y decididamente asombrosos han sido los resultados, por el momento, de estas movilizaciones árabes. Revolución es una palabra demasiado grande para lo que estamos presenciando: no se percibe una ideología unificadora de las masas, ni líderes nítidamente identificables, ni una visión, o si quiera una propuesta, abarcadora de qué nuevo estadio se aspira a alcanzar.

Pero ciertamente estamos ante unas revueltas significativas contra la represión política, el subdesarrollo económico, la postergación social y a favor de la libertad, la prosperidad y la democracia. El Medio Oriente árabe es una de las zonas más corruptas, inestables, violentas y a la vez poblacionalmente joven del planeta. La edad promedio es de veintiséis años. Por demasiado tiempo, sus gobernantes eludieron realizar reformas políticas y económicas y culpar de todos los males internos a fuerzas externas. El “imperio americano” y el “ente sionista” han sido los blancos preferidos de autócratas ineficaces e incapaces de brindar soluciones reales a las necesidades de sus pueblos. China ofrece un contrapunto interesante. Pekín sostuvo un sistema político dictatorial donde la elite miembro del Partido Comunista gobierna con mano de hierro a más mil millones de personas que aún desconocen la brisa de la libertad. Pero económicamente, China adoptó reformas importantes que le han dado un crecimiento apreciable.

Las naciones latinoamericanas ofrecen el contrapunto inverso. Cada nación es singular, pero en términos generales podemos ver que la región, aún cuando ha hecho esfuerzos económicos diversos, todavía tiene brechas sociales escandalosamente amplias. Sin embargo, América Latina hizo una transición de la tiranía a la democracia de manera generalmente pacífica y bastante exitosa. Pero los gobernantes árabes eligieron ni reformarse política ni económicamente, ni dieron señales de hacerlo en el futuro cercano. “Para millones de personas que concluyeron que sus sueños de vidas mejores expirarían incumplidos”, observó el autor Zachary Karabell, “nada podía ser peor que el presente”. Las masas árabes ya no están dispuestas a consumir la retórica oficial.

“No permitiremos que estos cristianos vengan por nuestro petróleo” bramó Muhamar Gaddafi ante la inminencia de la intervención internacional. Pero los opositores pidieron por asistencia externa para dar combate al régimen de todos modos. En Yemen, el presidente Alí Abdullah Saleh aparentemente permitió a grupos afiliados a Al-Qaeda tomar posesión de una fábrica de municiones, la que fue rápidamente explotada, en un intento de sugerir que si él se va, los fundamentalistas ingresarán. Après moi le déluge, lo mismo que enunció Hosni Mubarak al presentarse como el único líder posible para Egipto… por treinta años. Y en Irán, único bastión chiíta no árabe de la región, los ayatollahs ya no saben que hacer retóricamente para justificar su apoyo a los rebeldes árabes que desafían a sus enemigos sunitas históricos y simultáneamente reprimir manifestaciones democráticas en su propia nación, sin caer en contradicciones insalvables.

Se ha dicho de las guerras que se sabe siempre como comienzan pero nunca como terminan. Una definición en la que caben perfectamente los acontecimientos actuales del Medio Oriente. No obstante la incertidumbre del destino de esta realidad, la determinación colectiva de los árabes de comenzar a mirar dentro de sus sociedades y dejar de obsesionarse con los sospechosos usuales externos es un desarrollo tan inesperado políticamente, como necesario culturalmente.