| Programa: Zoom a la Noticia Conducción: Hassan Nassar Canal: NTN24 (de Colombia para América Latina y USA) Fecha: 08/08/2011 Tema: ¿Siria ante una intervención mundial? |
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Compromiso
Por Julián Schvindlerman
  El ocaso de un líder, y de un proyecto – 08/11
“[Debemos] revisarnos nosotros, empezando por el liderazgo de mí mismo”. La frase, transmitida por la televisión estatal venezolana el viernes 29 de julio, pertenece a Hugo Chávez. Confrontado a su propia mortalidad, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela decidió renovar su atuendo, sus slógans y las lecturas de algunos pronunciamientos de los padres del Cristianismo. “¿Por qué tenemos que andar todo el tiempo con camisa roja?” preguntó retóricamente el día de su cumpleaños número 57 al mostrarse con una camisa amarilla, por motivos espirituales, según dejó saber. “Esa gente que se viste ropa interior roja es sospechosa”, agregó. El lema “Patria socialista o muerte”, hasta entonces usado insistentemente, será cambiado por “Patria socialista y victoria”, anunció. Chávez añadió que la cita bíblica atribuida al apóstol San Pablo -“me consumiré gustosamente al servicio del pueblo sufriente”- demanda asignarle otro sentido pues “consumirse es acabarse y yo no me voy a consumir y mucho menos gustosamente”. Mostrándose ante las cámaras con los signos de la quimioterapia, Chávez declaró: “Este es my new look”.
Estrambótico como siempre, en los que parecen ser sus tiempos finales de liderazgo político el presidente venezolano parece estar dispuesto al cambio. Pero se requerirán modificaciones más que ornamentales si él espera salvar a su país del legado de su propia revolución. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), el año pasado la economía venezolana se contrajo el 1,6%, mientras que las economías latinoamericanas crecieron, en promedio, el 6%. Venezuela tiene uno de los índices más altos de inflación regional, si no el más alto: 23,6% anual. Tal como ha publicado el diario La Nación, la escasez de alimentos, estimada en el 18%, alcanza a productos básicos como la leche en polvo, el aceite de maíz, el azúcar, la carne y el pollo. Habiendo sido en el pasado el quinto exportador mundial de café, Venezuela hoy debe importar café de Nicaragua. Casi el 7% de la población no tiene vivienda, en tanto que el servicio eléctrico es deplorable. Cuando Chávez llegó al poder en 1998 hubo 4.550 homicidios; una década después el guarismo era de 14.589 según el Observatorio de Violencia Venezolano. El gobierno ya no publica estadísticas sobre el crimen.
En el área de la salud la situación es especialmente calamitosa. Conforme ha informado Mary Anastasia O´Grady en las páginas del Wall Street Journal, en las clínicas privadas el costo de los servicios hospitalarios crece un 39,7% anualmente, los costos de los servicios médicos y paramédicos crecen un 21,5% y los costos de los remedios y de los equipos médicos lo hacen al 17,4%. En los hospitales donde los precios no pueden ser aumentados, la calidad y el servicio han caído, resultando en faltantes desde aspirinas hasta pastillas para el colesterol. Con sueldos promedio de 325 dólares mensuales, los doctores que pueden abandonar el país lo hacen; la Federación Médica Venezolana reportó que hay 130.000 pacientes en espera parar ser operados en hospitales públicos. Este cuadro podría explicar la razón por la que Chávez eligió viajar a Cuba para ser atendido médicamente.
La isla comunista tiene la reputación de ser un paraíso de la salud. Con 73.000 médicos con licencia, posee la mejor tasa de médico por paciente en el mundo (1/170). Sin embargo, puede que Hugo Chávez tampoco confié demasiado en el sistema de su amigo Fidel Castro. Como ha observado O´Grady, su cirujano es español.
Junto al deterioro en la salud física del presidente se advierte un deterioro en la salud institucional del país, y ello puede verse de manera particular en la situación de su comunidad judía. Diariamente son hostigados los judíos en la prensa oficial y semioficial venezolana. El padecimiento es continuo y el tipo de retórica pública que deben escuchar puede verse en apenas dos citas de años dispares: en la Navidad del 2005 Chávez aseguró, elípticamente, que “algunas minorías, entre ellas los descendientes de los asesinos de Cristo, se han apoderado de las riquezas de este mundo”, y en junio de 2011 proclamó, ya sin ambigüedades, “¡Maldito eres, Estado de Israel!”. Una de las sinagogas fue profanada y una institución central que oficia a la vez de escuela y de club deportivo fue dos veces allanada bajo pretexto. En poco más de una década de gobierno, Chávez logró que alrededor de la mitad de la comunidad judía emigrara.
Hugo Chávez está enfermo, y Venezuela también. La salud del presidente está siendo debidamente atendida. Ya es hora de que también esa hermosa nación reciba la oportunidad de recuperarse.
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  Hezbollah en América Latina – 03/08/11
El 19 de julio de 1994, el vuelo 901 de Alas Chiricanas partió desde la localidad de Colón hacia la Ciudad de Panamá con veintiún personas a bordo. Nunca arribó a destino. Un sujeto llamado Jammal Lya explotó una bomba en pleno vuelo provocando la muerte a todos los pasajeros y la tripulación, entre los que se hallaban doce miembros de la comunidad judía local. Su cuerpo fue el único no reclamado y una agrupación desconocida, Ansar Allah, clamó la autoría del atentado. Oficiales del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América oportunamente dejaron trascender sus sospechas de que esta agrupación era o bien un subgrupo, o bien un seudónimo, del movimiento terrorista libanés Hezbollah.
Por haber ocurrido un día después del atentado contra la sede de la comunidad judía de la Argentina, AMIA, en el cuál fueron muertas ochenta y cinco personas y cientos, heridas, este hecho brutal no cosechó la atención debida fuera de Panamá y Centroamérica. Pero marcó la tercera instancia sangrienta de terror islamista en Latinoamérica, después del atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires, en 1992.
Desde entonces han sido varios los señalamientos de oficiales, académicos especializados y medios de prensa a propósito de la inquietante presencia de integrantes de Hezbollah en la región. A principios del corriente mes de julio, Roger Noriega, ex subsecretario de estado para América Latina dijo en referencia a Hezbollah ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos que se pueden identificar ochenta células operativas en doce países de la región». El pasado abril, la revista Veja informó acerca de la presencia de unos veinte miembros de grupos extremistas musulmanes en Brasil. Según la publicación, integrantes de Al-Qaeda, Hamas y Hezbollah operan en suelo brasilero, desde donde recaudan dinero, difunden propaganda, reclutan militantes y planean atentados. El propio procurador general de Brasil ha advertido que «sin que nadie lo perciba, está surgiendo una generación de extremistas islámicos en el país». En el 2006, el Departamento del Tesoro denunció una red de recaudación de fondos para Hezbollah en la zona de la Triple Frontera que comparten la Argentina, Brasil y Paraguay, así como en el norte de Chile. Años atrás, el Comando Sur del Ejército estadounidense informó que Hezbollah recaudaba al menos trescientos millones de dólares anualmente en Latinoamérica.
El arresto, el año pasado en Tijuana, de Jameel Nasr, presunto responsable de las operaciones de Hezbollah en México, generó a su vez interrogantes referidos al posible nexo entre la agrupación libanesa y los carteles de la droga mexicanos, hábiles infiltradotes de la frontera con el vecino del norte. La isla Margarita en Venezuela ha sido señalada por expertos como una base de actividades de Hezbollah. El patrón de esta agrupación, la república iraní, se siente tan cómodo en la zona que su Ministro de Defensa, bajo pedido de captura internacional por parte de INTERPOL debido a su involucramiento en el atentado contra la AMIA, se permitió visitar el mes pasado Bolivia en viaje oficial. El presidente Mahmoud Ahmadinejad ha visitado al menos cinco países de la región en los últimos años y ha recibido a contrapartes suyos en Teherán.
Los esfuerzos del grupo terrorista libanés por introducirse en Latinoamérica pueden verse también en el acuerdo firmado con el estado español en 2004 para la difusión satelital de la programación de su canal de televisión, Al Manar, a toda América Latina. Bajo fuertes presiones internacionales, España posteriormente canceló tales transmisiones. A comienzos de 2009 fue celebrado en el Líbano el «Foro Internacional de Beirut para la Resistencia, Antiimperialismo, Solidaridad entre Pueblos y Alternativas», que reunió a cientos de delegados, entre ellos de Latinoamérica. Este encuentro, organizado por Hezbollah, lucía orientado a reforzar el «Primer Congreso Internacional de Literatura Latinoamericana» del año 2007 auspiciado por el gobierno iraní.
Irán y Hezbollah han estado activos en América Latina por varios años. A la luz de esta realidad y de la peligrosidad que sus actividades aquí acarrean es llamativa, tal como ha planteado un editorial de la publicación estadounidense en español Revista de Medio Oriente, la escasa atención pública que el tema está recibiendo. Mientras que la Argentina y Panamá acaban de conmemorar un nuevo aniversario de los atentados impunes, cabe esperar que el resto de las naciones latinoamericanas adviertan que la luz de alerta está al rojo vivo.
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  «Liova corre hacia el poder» la utopia de Trotsky – 28/07/11
Sobre la vida de León Trotsky se han realizado varias películas, escrito múltiples biografías y publicado una innumerable cantidad de artículos y ensayos.
Arquitecto de la revolución bolchevique, constructor del Ejército Rojo, agente subversivo junto a Vladímir Lenin y profeta trágico exiliado por Iósif Stalin, polemista encendido, viajante global errante, escritor apasionado, idealista y amante, luchador infatigable, víctima de la intriga y del asesinato… Mucho en él ha concitado la atención de legiones de seguidores, contrincantes, observadores, historiadores y narradores.
Marcos Aguinis ha dedicado su más reciente novela a este personaje; nos ha legado un retrato atrapante de los primeros años, la juventud y la temprana madurez de Liova –tal era su apodo infantil–. A lo largo más de cuatrocientas páginas, Aguinis nos invita a conocer al niño curioso, al adolescente inquieto, al joven idealista, y nos introduce –como solamente un gran novelista puede– en los sentimientos, las disquisiciones, las aspiraciones y las contradicciones de este Trotsky en construcción. Así, seremos testigos de sus odiseas, padeceremos sus temores, nos embriagaremos con sus ilusiones y –si nos dejamos llevar por la pluma maestra del narrador– incluso simpatizaremos con quien ejercerá, más adelante, una influencia decisiva en el devenir, extraordinario y dramático, del siglo XX.
Las consecuencias históricas de las ideas y las ambiciones de Trotsky, así como el cumplimiento de su trágico destino –un comunista español al servicio del NKVD lo mató clavándole un piolet en la cabeza–, quedarán para un futuro libro. En estas páginas hallaremos al revolucionario naciente, sus viajes y peripecias, sus encuentros con otras personalidades de la época –desde Rosa Luxemburgo a Máximo Gorki–; y hasta la revelación por qué cambió su nombre, Lev Davidovich Bronstein, por el que le hizo célebre: León Trotsky.
Esto es una novela, así que estamos hablando de una obra de ficción. Pero una ficción sustentada en el rigor histórico que caracteriza los textos de Aguinis. Aguinis conoce la historia posterior al momento en que su relato se detiene, y precisamente ese conocimiento le permite condimentar la narración con pizcas de sabiduría retrospectiva y reflexión intelectual. En las páginas finales hace decir a Trotsky: «La revolución es grande, pero no ha terminado con los imbéciles». El libro está por finalizar, y con él, el sueño cumplido del personaje central. La pesadilla que se sucederá queda insinuada y el lector, en complicidad con el autor, sabe como terminará.
En «Liova corre hacia el poder«, Aguinis logra un relato estimulante e instructivo, dotado de un equilibrio preciso entre la erudición que caracteriza a sus ensayos políticos con la seducción narrativa tan típica de sus novelas. Liova corre hacia el poder se suma así a una bibliografía fecunda que ya hace tiempo consagró a Aguinis en el panorama de las Letras latinoamericanas.
Perfil
Por Julián Schvindlerman
  La diatriba de Fito Páez, epifenómeno de un padecimiento intelectual – 14/07/11
En ocasiones, he tenido problemas con las posiciones ideológicas de algunos de mis artistas favoritos. Aprecio las canciones de Joaquín Sabina, me entretienen su desfachatez personal (“cada vez que me confieso me doy la absolución”), su ateísmo poético (“y yo que nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer”) y su sabiduría callejera (“miente, como mienten los boleros”) pero lamento que pueda a veces ser un obtuso intelectualmente, como cuando, entrevistado por Diego Armando Maradona -otro del que mejor no hablar en este sentido- acerca del huracán Katrina, acotó que éste entró en los Estados Unidos pero que se detuvo en las costas de Cuba por que allí gobierna Fidel Castro.
Pablo Neruda me encanta y a la vez me desconcierta que pueda pasar de su exquisitamente romántico De veinte poemas de amor y una canción desesperada a su exaltada adoración del Partido Comunista (“metal inalterable”, “fortaleza del hombre”), a su alabanza a Stalin (“alza, limpia, construye, fortifica, preserva, mira, protege, alimenta”) -aunque, admitía, “también castiga”- pero aún cuando los crímenes atroces del líder soviético se hicieron visibles y el poeta chileno reconocía “ayer se murió la verdad”, podía de todas formas subrayar que a los comunistas “un minuto de sombra no nos ciega, con ninguna agonía moriremos”.
El cine de Woody Allen me parece fantástico, si bien debo confesar que he arribado tardíamente -y no completamente convencido todavía- a su club de fans, y encuentro genialidad hasta en su humor más elemental, como en este diálogo del film Bananas:
Fielding: “Te quiero, te quiero”.
Nancy: “Oh, dilo en francés. Oh, por favor, dilo en francés”.
Fielding: “No sé francés”.
Nancy: “Oh, por favor… ¡por favor!”
Fielding: ¿Qué te parece en hebreo?
No obstante hallo repulsiva su intolerancia hacia quien piensa diferente políticamente (el Partido Republicano, el Tea Party) y ofensiva la caricatura que por momentos ha hecho de la historia judía.
Afortunadamente, jamás fui un seguidor de Fito Páez. Nunca compré sus discos, ni fui a sus conciertos, ni observé con interés su devenir. De modo que no cayó ningún ídolo cuando leí su columna de opinión en el oficialista Página12 el martes pasado en la cuál incurrió -en la impresión de Luis Gregorich- en una “salvaje declaración antidemocrática y discriminadora”. Molesto con los resultados de los comicios municipales y legislativos porteños, el cantante rosarino dedicó una letanía de insultos a “La mitad”, tal como tituló a su nota, de los capitalinos que votaron por Mauricio Macri. Esa mitad “repugna”, “da asco”, “le gusta tener el bolsillo lleno”. Por el modo en que votó, aseguró Páez, la sociedad padece de un “efecto manicomio”. Pero su mayor encono lo reservó para los políticos victoriosos a quienes tildó de “jauría de ineptos e incapaces” y de ser “simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina”. Ni que Biondini hubiera triunfado.
Agregó su enojo el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, opositor abochornado a la presencia de Mario Vargas Llosa en la reciente Feria del Libro Internacional de Buenos Aires, aseverando que en la capital federal reina “una ideología tacaña, particularista, defensiva y egoísta”. Y a su vez, el filósofo ultra-K, Ricardo Forster, sentenció: “El macrismo es una variante porteña del cualunquismo, aquel movimiento surgido de las clases bajas italianas que apoyaron al fascismo mussoliniano”. Vaya fascismo el de Macri que, al ubicar a Sergio Bergman al tope de su lista, acaba de legar la primera instancia en la historia legislativa de la República Argentina en la cual un rabino es electo como diputado. O bien ya sucedió esto en la Italia de Mussolini y sus leyes raciales favorecían a los judíos, o la afirmación de Forster, además de absurda, es difamatoria.
La insensatez política de algunos intelectuales ha sido notoria y su imbecilidad moral, legendaria. La simpatía de Gertrude Stein por Adolf Hitler, la pasión de Jean-Paul Sartre por los terroristas palestinos, el cariño de Gabriel García Márquez por la Cuba de Fidel Castro, entre otros muchos más, dan cuenta de una vocación ilimitada común hacia la intolerancia y la irracionalidad por parte de sendos pensadores. Las reacciones emocionales y las afirmaciones desproporcionadas del campo intelectual K ante los resultados de las últimas elecciones porteñas reflejan las hipocresías insufribles tan típicas de la izquierda-caviar que canta al unísono la marcha peronista con su perpetuo “combate al Capital” mientras una de sus punteras políticas veranea en Punta del Este, su Ministro de Economía maneja una Harley-Davidson y su Presidenta viste Prada.
Esta es la otra mitad de la sociedad, hemos de suponer si ha de tener algún sentido lógico el razonamiento de Fito Páez, a la que presuntamente no le gusta tener el bolsillo lleno.
Zoom a la Noticia – 14/07/11
Programa: Zoom a la Noticia
Conducción: Hassan Nassar
Canal: NTN24 (de Colombia para América Latina y USA)
Fecha: 14/07/2011
Varios
Por Julián Schvindlerman
  Revueltas mesoorientales – 12/07/11
Breve resumen de la conferencia “Medio Oriente en transformación” dictada por JS el 06/07/2011
Observatorio Político Nacional – Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Santa Cruz de la Sierra – Bolivia)
¿Quién hubiera imaginado que el suicidio a lo bonzo de un tunecino desesperado dispararía revueltas en una docena de países árabes, provocaría la caída de dos gobiernos y una intervención militar mundial en un tercero? ¿Quién hubiera concebido, apenas poco tiempo atrás, que manifestaciones populares en el Medio Oriente se verían libres de las consignas anti-norteamericanas y anti-israelíes tan típicas y que se enfocarían en su lugar en los propios monarcas y presidentes vitalicios? ¿Quién hubiera anticipado que luego de décadas de fallidos y apasionados proyectos -panarabismo o islamismo- los habitantes incursionarían en un inédito (y todavía incierto) activismo democrático?
“Las grandes revoluciones que nos sorprenden a primera vista deben haber estado precedidas por una revolución calma y secreta en el espíritu de la época…” escribió Hegel, “… especialmente imperceptible a los contemporáneos, y tan difícil de discernir como de describir en palabras”. Hegel veía en la falta de familiaridad con ese aspecto espiritual de la revolución “lo que hace que los cambios resultantes sean asombrosos”. Y decididamente asombrosos han sido los resultados, por el momento, de estas movilizaciones árabes. Revolución es una palabra demasiado grande para lo que estamos presenciando: no se percibe una ideología unificadora de las masas, ni líderes nítidamente identificables, ni una visión, o si quiera una propuesta, abarcadora de qué nuevo estadio se aspira a alcanzar.
Pero ciertamente estamos ante unas revueltas significativas contra la represión política, el subdesarrollo económico, la postergación social y a favor de la libertad, la prosperidad y la democracia. El Medio Oriente árabe es una de las zonas más corruptas, inestables, violentas y a la vez poblacionalmente joven del planeta. La edad promedio es de veintiséis años. Por demasiado tiempo, sus gobernantes eludieron realizar reformas políticas y económicas y culpar de todos los males internos a fuerzas externas. El “imperio americano” y el “ente sionista” han sido los blancos preferidos de autócratas ineficaces e incapaces de brindar soluciones reales a las necesidades de sus pueblos. China ofrece un contrapunto interesante. Pekín sostuvo un sistema político dictatorial donde la elite miembro del Partido Comunista gobierna con mano de hierro a más mil millones de personas que aún desconocen la brisa de la libertad. Pero económicamente, China adoptó reformas importantes que le han dado un crecimiento apreciable.
Las naciones latinoamericanas ofrecen el contrapunto inverso. Cada nación es singular, pero en términos generales podemos ver que la región, aún cuando ha hecho esfuerzos económicos diversos, todavía tiene brechas sociales escandalosamente amplias. Sin embargo, América Latina hizo una transición de la tiranía a la democracia de manera generalmente pacífica y bastante exitosa. Pero los gobernantes árabes eligieron ni reformarse política ni económicamente, ni dieron señales de hacerlo en el futuro cercano. “Para millones de personas que concluyeron que sus sueños de vidas mejores expirarían incumplidos”, observó el autor Zachary Karabell, “nada podía ser peor que el presente”. Las masas árabes ya no están dispuestas a consumir la retórica oficial.
“No permitiremos que estos cristianos vengan por nuestro petróleo” bramó Muhamar Gaddafi ante la inminencia de la intervención internacional. Pero los opositores pidieron por asistencia externa para dar combate al régimen de todos modos. En Yemen, el presidente Alí Abdullah Saleh aparentemente permitió a grupos afiliados a Al-Qaeda tomar posesión de una fábrica de municiones, la que fue rápidamente explotada, en un intento de sugerir que si él se va, los fundamentalistas ingresarán. Après moi le déluge, lo mismo que enunció Hosni Mubarak al presentarse como el único líder posible para Egipto… por treinta años. Y en Irán, único bastión chiíta no árabe de la región, los ayatollahs ya no saben que hacer retóricamente para justificar su apoyo a los rebeldes árabes que desafían a sus enemigos sunitas históricos y simultáneamente reprimir manifestaciones democráticas en su propia nación, sin caer en contradicciones insalvables.
Se ha dicho de las guerras que se sabe siempre como comienzan pero nunca como terminan. Una definición en la que caben perfectamente los acontecimientos actuales del Medio Oriente. No obstante la incertidumbre del destino de esta realidad, la determinación colectiva de los árabes de comenzar a mirar dentro de sus sociedades y dejar de obsesionarse con los sospechosos usuales externos es un desarrollo tan inesperado políticamente, como necesario culturalmente.
Comunidades
Por Julián Schvindlerman
  La indignación por Palestina de Stéphane Hessel – 06/07/11
El semianarquista nonagenario franco-alemán Stéphane Hessel tiene muchos motivos para estar indignado. Como sobreviviente del Holocausto, debe causarle indignación contemplar la supervivencia del neonazismo, incluso en Francia y en Alemania. Como uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, debe indignarlo seriamente la persistente y ubicua violación de esos derechos en grandes porciones del globo. Como ex embajador de Francia ante las Naciones Unidas en Ginebra, debe hallar indignante la degradación institucional de ese foro multilateral. Y sin embargo, no hallaremos demasiadas referencias a esas cuestiones en su panfleto ¡Indígnate!, el cual movilizó a más de un millón de jóvenes en España, Grecia y otras partes de Europa. Actualmente mi principal indignación», anuncia el autor del ahora universalmente famoso texto, «concierne a Palestina, la franja de Gaza, Cisjordania».
Para Hessel, es «absolutamente necesario» leer el informe Goldsonte; aunque hemos de asumir que no la desmentida del propio juez sudafricano que declaró poco tiempo atrás que de haber sabido entonces lo que sabe hoy, seguramente hubiera escrito un informe diferente. El redactor se reserva importantes juicios de valor sobre el comportamiento de los israelíes («La fuente de mi indignación es el llamamiento lanzado por los israelíes valientes de la diáspora: ustedes, nuestros antepasados, vengan a ver a donde han llevado nuestros dirigentes a este país, olvidando lo valores humanos fundamentales del judaísmo»), y de los judíos («Que los propios judíos puedan perpetrar crímenes de guerra es insoportable»), mostrando cierta confusión en los términos: son los judíos los que residen en la diáspora y los israelíes, en Israel. Para un descendiente de padre judío, el equívoco es llamativo; la pretendida lección de ética, penosa.
Pero el rigor fáctico y la moderación valorativa no son el fuerte de Hessel. Gaza, en su visión, es «una prisión a cielo abierto», los palestinos fueron «expulsados de sus tierras por Israel» en 1948 y Hamas «no ha podido evitar que se lancen cohetes a los pueblos israelíes». No ha podido evitar, nótese. Por los gazatíes no siente otra cosa que admiración: «… su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus hijos, innumerables y risueños…». Claramente, Hessel parece no haber visitado los innumerables y poco risueños campamentos de entrenamiento infantiles que Hamas ha montado para el adoctrinamiento terrorista de los niños gazatíes, como muestra de su constante preocupación por el bienestar de sus hijos.
A lo largo del texto, el autor se manifiesta contrario a la violencia y titula a una sección «La no violencia, el camino que debemos aprender a seguir», y aún a otra «Por una insurrección pacífica». Sanciona a Jean-Paul Sartre por haber apoyado a terroristas durante la guerra de Argelia y durante la toma de rehenes israelíes en las olimpíadas de Munich. «Evidentemente pienso que el terrorismo es inaceptable» afirma Hessel. Pero estas consideraciones no pueden extenderse a la Gaza actual: «… hay que admitir que, cuando un pueblo está ocupado con medios militares infinitamente superiores, la reacción popular no puede ser únicamente no violenta», puesto que «podemos explicar estos actos [de terror] por la exasperación de los gazatíes». Si esto luce como un doble estándar es porque lo es. Y para que no queden dudas acerca del posicionamiento de Hessel, él elabora sobre el punto de esta forma: «En la noción de exasperación, hay que comprender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren». Con todo, estas justificaciones lucen innecesarias. No por ser moralmente inconcebibles, sino porque desafían la propia lógica argumental de Hessel, quién, en un párrafo agregado a la edición en español, agradece a la juventud española el «apoyo que ha dado a la causa palestina, que se muestra cada vez más partidaria de una resistencia no violenta».
Hessel está tan orgulloso de su propalestinismo que, en la solapa del texto publicado recientemente por la editorial Planeta en la Argentina, se destaca su categoría de «Defensor de la causa palestina». Que este sea un atributo merecedor de mención en una biografía de autor es todo un comentario sobre el estatus casi icónico que esta postura ideológica ha alcanzado. Eso sólo ya es suficiente para que el panfleto ¡Indígnate! cause justificada indignación.
Varios
Por Julián Schvindlerman
  La declaración unilateral de un estado palestino será simbólica – 07/11
Entrevista de J.S con revista Shalom (Chile)
Por Gabriela Arditi Karlik
Durante un té con limón y en voz moderada debido al desgaste de su garganta, conversamos desde esclarecimiento hasta judeofobia, jihadismo, el levantamiento en los países árabes y el conflicto en el Medio Oriente.
¿Es la intención de Israel de lograr la paz su motor más potente de esclarecimiento?
– No creo. Pienso que es un componente indispensable pero porque Israel realmente desea la paz. Si además se lo ve como un estado pacifista; mejor. La hasbará (esclarecimiento) consiste en explicar las políticas de Israel, que son percibidas como problemáticas, y a veces no tienen que ver con la paz sino con su seguridad. Desde el día de su nacimiento Israel ha anhelado la paz y no siempre tuvo buena imagen.
El gran logro de los palestinos de transformarse en la única víctima del conflicto en el Medio Oriente ¿se debe básicamente a su trabajo mediático?
– Hay muchos factores. El papel de la prensa es indispensable no tanto porque los palestinos sean hábiles en el manejo de los medios de comunicación sino porque la prensa es más proclive a la posición palestina. El origen de esto es una cultura progresista de fijar a Israel en el papel de Goliat y a los palestinos en el de David. Más allá de la “inconducta” palestina, todo es visto bajo el prisma del opresor y el oprimido. Aún así debemos admitir que los palestinos han sido también mucho más efectivos que los israelíes en la presentación de su causa. Los altos voceros palestinos no han tenido escrúpulos en mostrar imágenes crudas, mientras que Israel no ha llevado el conflicto al amarillismo ni ha expuesto a las víctimas de los atentados palestinos.
DESPRECIO ACEPTADO
Cuando se compara a Israel con la Sudáfrica del apartheid o la Alemania nazi, ¿estamos hablando exclusivamente de ignorancia?
– No. Acá hay dos niveles: el que promueve la difamación es generalmente un antisemita y el que la recibe es usualmente un ignorante. No obstante, hemos visto a intelectuales muy destacados siendo antisemitas. Desde mi perspectiva el propagador tiene una agenda política que busca difamar a Israel. Históricamente ha habido acusaciones descabelladas contra los judíos. En la antigüedad eran creídas y hoy en día también se creen porque el antisemitismo se acomoda al lenguaje de la época.
¿Por qué la izquierda política a nivel mundial se ha alineado con el antiamericanismo, el anti-sionismo y el antisemitismo?
– Tradicionalmente la derecha quedó más asociada al antisemitismo por la integración del catolicismo con el nacionalismo. Pero uno suele olvidar que existió el comunismo estalinista… la izquierda radical tiende a tener un odio profundo a la libertad. Por eso odia a los Estados Unidos, la democracia más sólida del mundo, y a Israel, la única del Medio Oriente. Se mezcla, además, el hecho que vivimos en un mundo donde es políticamente correcto despreciar a los Estados Unidos e Israel. América Latina habla de democracia pero a Fidel Castro lo tratan como un dios…
El reemplazo del término “antisemitismo” por “judeofobia” ¿se debe a diferencias entre ambos conceptos?
– En rigor sí. Judeofobia es más preciso. La fobia, psicológicamente, sugiere miedo, pero sociológicamente significa odio. El término“judeofobia” fue acuñado por Leo Pinsker, un judío, mientras que “antisemitismo” fue acuñado por un judeófobo, Wilhelm Marr. “Antisemitismo” sugiere que hay un movimiento que se opone al “semitismo”, y no hay tal cosa.
Volviendo al tema de la ignorancia, ¿qué factores circundan la judeofobia?
– Su origen tiene miles de años pero el cristianismo fue un gran propagador. La Iglesia creó un marco en que el desprecio al judío era aceptado. En los años del Holocausto ya había existido un trabajo pernicioso. Los genocidios, como el de Hitler contra los judíos, quien asesinó a seis millones en seis años, son sólo posibles si existe previamente un genocidio intelectual del pueblo, que precede al genocidio físico. Por eso me preocupa la imagen de difamación de Israel, porque se le asigna al pueblo judío las peores etiquetas del Siglo XX. No afirmo que estamos en 1938 pero sí que hay una resonancia desagradable en la retórica de masas antisemitas de esa época.
¿Cómo ha ido evolucionando la judeofobia desde la postguerra y la creación del Estado de Israel?
-Es el mismo fenómeno camaleónico que se adapta a las coyunturas diversas. Después de la Segunda Guerra Mundial ser antisemita era inconcebible. Hitler le dio un mal nombre y esto duró un tiempo hasta la creación del Estado de Israel. La judeofobia del mundo está ahora orientada hacia dicho país. Es decir: el antisemitismo orientado al judío es políticamente incorrecto. Si uno se declara antisemita hay leyes que lo condenan. Pero se refocalizó esa “incorrección” hacia el desprecio del Estado judío, al punto que hoy se intenta expulsarlo de la familia de las naciones.
¿Cuán preocupante es la judeofobia actual?
– Al parecer las comunidades que visito en América Latina están alertas y conscientes. Esas son las que me invitaron: aquellas en las cuales hay un reconocimiento que hay que educar. Me preocupan más bien los Judíos que no sé si son del todo conscientes del momento que le toca vivir a nuestro pueblo.
¿Hasta qué punto? ¿Podría haber otro Holocausto?
– Yehuda Bauer dice “Lo que pasó una vez, puede pasar dos veces”. Y las cosas suceden más que nada Debido a una combinación de factores. Entonces, es posible, si bien no me lo imagino ni en Europa ni en el mundo libre, pero no hay ningún secreto en la intención de los islamistas. La figura de Hitler fue adorada en muchos sectores de las comunidadesárabes y hubo colaboración de éstas con los nazis. Esto es crítico para entender la disposición psicológica de la región hacia Israel.
BRONCA REPRIMIDA
A corto plazo ¿qué acciones se pueden esperar de Al Qaeda, Hamás y la Jihad Islámica?
– Especialmente Al Qaeda va a estar orientada a darle el mensaje a los occidentales (primero a los Estados Unidos) que siguen vivos y con la capacidad de continuar dando batallas. Otro mensaje, esta vez a los jihadistas mismos, es que no han sido afectados por la decapitación de la organización. Se mató al símbolo de la jihad y al responsable de miles de víctimas en el mundo. Pero va a haber sucesores. Esto no es el fin ni de Al Quaeda ni del jihadismo. Tanto Hamás como la OLP prueban que uno puede matar a los líderes y la organización subsiste, pero el combate contra los líderes es inevitable pues eso demora la planificación de atentados; los obliga a estar más a la defensiva.
¿Qué elementos se conjugaron para el levantamiento en los países árabes?
– Básicamente que entró en erupción una bronca reprimida acumulada por décadas y que con la coyuntura de la era de la información, donde es más difícil suprimir el conocimiento, terminó por estallar. En realidad fue una secuencia; no todo al mismo tiempo. Comenzó con un joven tunecino que se suicidó a lo bonzo. Las revoluciones, por definición, nos sorprenden cuando hacen erupción porque uno no advierte lo que se está cultivando secretamente. Es una reacción popular espontánea por la libertad política y económica que se negó a
una población de edad promedio 26 años.
¿Tiene beneficios para Israel este intento de democratización?
– Sí. Estos intentos tienen oportunidades y desafíos. Una de las oportunidades es que si surgen gobiernos más democráticos, es bueno para Israel. Pero si surge mayor caos o gobiernos más radicales u hostiles a Israel, es malo. Hoy no lo sabemos. La caída de Siria, a priori es bueno. La caída de Egipto es un problema porque se perdió un garante de la paz regional. Las democracias no guerrean entre sí. Las dictaduras sí. A mayor democracia, mayor posibilidad de estabilidad regional.
EDUCACIÓN: FACTOR CRUCIAL
El acuerdo firmado entre Hamás y Fatah ¿significa que Mahmoud Abbas optó por la paz con Hamás en vez de con Israel?
– Sí. Eso lo destacó muy bien Benjamín Netanyahu. El problema de la Autoridad Palestina es que en el marco de Las revueltas hubo un esfuerzo de Hamás y Fatah de evitar quedar expuestos a ellas, lo cual tiene un propósito extra: lograr la declaración del Estado palestino libre, soberano e independiente, por parte de la Asamblea General de la ONU en septiembre. Y para eso, Cisjordania y Gaza necesitaban estar unificadas.
Desde otra perspectiva, ¿podría este acuerdo generar una oportunidad para Israel si los palestinos, en vez de limar sus rencillas internas, las intensifican?
– Acá no hay oportunidad ninguna para la paz. La división de Hamás y Fatah era una oportunidad al ver los palestinos la diferencia de calidad de vida entre Cisjoradnia y Gaza. Lamentablemente Hamás agrupa al fundamentalismo terrorista islámico. Esto no puede ni remotamente contribuir a la paz. Ni siquiera al proceso de paz. ¿La lección de las movilizaciones árabes? Israel vio cómo en tres semanas de revueltas en Egipto, tres décadas de acuerdos de paz hoy son discutidas, y se pregunta si Mahmoud Abbas o su sucesor va a proteger un acuerdo de paz que va a implicar concesiones territoriales y en el área de la seguridad por parte de Israel.
¿Qué consecuencias tendría la amenaza de los palestinos de declarar unilateralmente su Estado ante la Asamblea General de la ONU si Occidente ha puesto como condición la realización de elecciones presidenciales, las cuales tendrán lugar en 2012?
– Va a ser completamente contraproducente. Será simbólica; no real. En 1988 Yasser Arafat declaró la independencia de los palestinos desde Argelia con una serie de símbolos y esto no cambió ni un milímetro la realidad del pueblo en los territorios disputados. Mahmoud Abbas quiere un Estado sin negociar con Israel; no quiere tierras por paz sino tierras sin paz. Esto porque quizás él no sea tan moderado o porque no puede traicionar el legado de Arafat quien no quiso conceder la paz. Va a ser inútil porque no va a cambiar la realidad y la necesidad de los palestinos en Cisjordania y Gaza. Lo que sí va a crear es una enorme presión mundial sobre Israel. Hay iniciativas orientadas a dañar a Israel más que a proteger los intereses de los palestinos.
Los grupos terroristas islámicos no están sólo en contra de Israel sino del mundo judío. ¿Es una ilusión la paz entre Israel y sus vecinos?
– En la medida en que gobiernen los fundamentalistas islámicos, sí, pero si gobiernan los sectores más moderados, puede ser posible. El asunto es que el liderazgo palestino, la intelectualidad y la cultura misma, van a tener que adoptar la postura que adoptó Israel, que es la de la paz. Tiene que haber, antes que nada, un cambio en el currículo educativo que promueva la aceptación de Israel. El factor educativo es básico para evaluar los avances del proyecto de la paz.
Su último libro es “Roma y Jerusalem: la Política Vaticana Hacia el Estado Judío”. ¿Es hoy el Vaticano amigo de Israel?
– No es ni amigo ni enemigo. Tienen una relación cordial y positiva. También tienen desavenencias, entendidas en el contexto de la perspectiva histórica de siglos de hostilidad cristiana hacia los judíos y de indisposición vaticana a reconocer el Estado de Israel durante sus primeros 45 años de vida soberana. No se puede hablar de amistad. Son dos Estados; y tras ellos hay dos religiones.
Libertad Digital
Por Julián Schvindlerman
  La indignación por Palestina de Stéphane Hessel – 04/07/11
El semianarquista nonagenario franco-alemán Stéphane Hessel tiene muchos motivos para estar indignado. Como sobreviviente del Holocausto, debe de causarle indignación contemplar la supervivencia del neonazismo, incluso en Francia y Alemania. Como uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, debe de indignarle seriamente la persistente violación de esos derechos en grandes porciones del globo. Como exembajador de Francia ante las Naciones Unidas, debe de hallar indignante la degradación de ese foro multilateral. Y sin embargo no hallaremos demasiadas referencias a esas cuestiones en su panfleto ¡Indígnate!, que movilizó a más de un millón de jóvenes en España, Grecia y otras partes de Europa. «Actualmente mi principal indignación», anuncia el autor del ahora universalmente famoso texto, «concierne a Palestina, la franja de Gaza, Cisjordania».
Para Hessel, es «absolutamente necesario» leer el informe Goldstone; aunque hemos de asumir que no la retractación del propio juez sudafricano, que declaró hace poco que, de haber sabido entonces lo que sabe hoy, seguramente hubiera escrito un texto diferente.
El rigor y la moderación no son el fuerte de Hessel. Gaza, en su visión, es «una prisión a cielo abierto»; los palestinos fueron «expulsados de sus tierras por Israel» en 1948, y Hamás «no ha podido evitar que se lancen cohetes a los pueblos israelíes». No ha podido evitar, nótese. Por los gazatíes no siente otra cosa que admiración: «Su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus hijos, innumerables y risueños…». Claramente, Hessel no ha visitado los innumerables y poco simpáticos campamentos infantiles de Hamás, en los que se somete a los niños a adoctrinamiento terrorista.
Hessel se manifiesta contrario a la violencia; de hecho, titula a una sección «La no violencia, el camino que debemos aprender a seguir», y otra «Por una insurrección pacífica». Critica a Jean-Paul Sartre por haber apoyado el terrorismo durante la guerra de Argelia y en las Olimpiadas de Munich. «Evidentemente pienso que el terrorismo es inaceptable», afirma Hessel. Pero estas consideraciones no pueden extenderse a la Gaza actual: «Hay que admitir que, cuando un pueblo está ocupado con medios militares infinitamente superiores, la reacción popular no puede ser únicamente no violenta (…) podemos explicar estos actos [de terror] por la exasperación de los gazatíes».
Si esto parece una muestra de doble rasero… es porque se trata de una muestra de doble rasero. Para que no queden dudas acerca de su postura, comenta: «En la noción de exasperación, hay que comprender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren». Con todo, estas justificaciones lucen innecesarias. No por ser moralmente inconcebibles, sino porque desafían la propia lógica argumental de Hessel, quien, en un párrafo agregado a la edición en español, agradece a la juventud española
el apoyo que ha dado a la causa palestina, que se muestra cada vez más partidaria de una resistencia no violenta.
Hessel está tan orgulloso de su propalestinismo que, en la solapa del texto publicado recientemente por la editorial Planeta en la Argentina, se destaca su categoría de «defensor de la causa palestina». Que este sea un atributo merecedor de mención en una biografía es todo un comentario sobre el estatus casi icónico que esa posición ideológica ha alcanzado. Eso sólo ya sería suficiente para que el panfleto ¡Indígnate! causase justificada indignación.