Todas las entradas de: adminJS2021

Libertad Digital, Libertad Digital - 2008

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Israel a los 60 – 21/01/08

Imprimir

Lo de la genialidad judía es, ciertamente, un caso peculiar. La medición de excelencia humana más reconocida, el Premio Nobel, así lo demuestra. Durante la primera mitad del siglo XX, el 14% de los premiados en literatura, química, física y medicina/psicología fueron judíos. Esto, en una época de intensas persecuciones y fuertes restricciones sociales y legales para la judería mundial; en un período, en fin, en el que un tercio del pueblo judío fue exterminado por el régimen nazi. Durante la segunda mitad de dicha centuria, con una atmósfera más respirable, los judíos representaron el 29% de los galardonados con el Nobel. En lo que va del nuevo milenio la cifra es aún mayor: 32%. El mérito luce extravagante cuando se tiene en cuenta que los judíos son apenas el 0,2% de la población mundial. (Charles Murray, “Jewish Genius”, Commentary, April 2007)

Así las cosas, se entiende que el Estado de Israel sea la maravillosa realidad que es. Junte usted todo el talento judío en un espacio reducido, dé a sus habitantes la oportunidad de expresar toda su creatividad en el marco de la independencia estatal y la libre autodeterminación nacional… y el resultado será espectacular. En síntesis, ésta es la historia de Israel: la genialidad judía aplicada a la construcción nacional.

Cuando, a finales del siglo XIX, Theodor Herzl imaginó el Estado judío, lo concibió como un refugio físico para su pueblo, pero también como un centro de producción económica, espiritual, científica y cultural. ¡Y vaya si ha sido así!

Ya antes de constituirse el Estado la comunidad judía establecida en Palestina había erigido los cimientos para el desarrollo nacional en algunas de las áreas que han hecho del Israel actual un modelo ejemplar. La escuela Mikve Israel, fundada en 1870, marca la génesis de la investigación agrícola israelí, posteriormente potenciada con la Estación Agrícola (1921), que andando el tiempo se convertiría en la Organización de Investigación Agrícola, el mayor centro nacional de I+D en este campo.

La Estación Hebrea de Salud fue creada a comienzos del siglo XX, con el objeto de promover la investigación médica. También merece destacarse la fundación, en los años 30, de los Laboratorios del Mar Muerto, orientados a la investigación industrial. En 1924 le llegó el turno al Instituto de Tecnología de Israel, más conocido como Technion; y en 1925 a la Universidad Hebrea de Jerusalem. Casi una década más tarde, en 1934, echó a andar en Rehovot el Instituto Sieff, hoy conocido como Instituto Weizmann.

Tras el establecimiento del Estado de Israel vieron la luz otros cuatro centros de educación superior: la Universidad Bar-Ilán (1955), la Universidad de Tel Aviv (1956), la Universidad de Haifa (1963) y la Universidad Ben Gurión (1967). En 1948 las universidades entonces existentes apenas sumaban 1.600 estudiantes; en las que funcionan hoy en día estudian 125.000. A esta cifra hay que añadir los 100.000 que están inscritos en institutos terciarios.

No menos impresionante ha sido la promoción cultural. Atendamos, por ejemplo, al mundo de la música. La Filarmónica Palestina (rebautizada posteriormene como Filarmónica de Israel) dio su primer concierto, de la mano de Arturo Toscanini, en Tel Avivi en el año 1936. Desde entonces, Israel ha brindado a la música figuras descollantes como Itzjak Perlman, Shlomo Mintz, Pinjas Zuckerman o Daniel Barenboim. Hoy, el país cuenta con numerosas orquestas sinfónicas y de cámara, en ciudades como Jerusalem, Haifa, Holon, Ramat Gan, Beer Sheva, Netanya y Rishon Lezion. La Academia de Música Samuel Rubin (fundada en 1945) es otro ejemplo de la calidad artística que es usual hallar en Israel.

No son muchas las naciones que ponen en pie museos antes de alcanzar la independencia, y ciertamente la creación del Museo de Arte de Tel Aviv (1932) representa un hito cultural singular. En la actualidad hay cerca de 200 museos, de diverso tamaño, en la Tierra de Israel.

Por lo que hace al turismo, el crecimiento ha sido fenomenal: mientras que en 1950 fueron 33.000 los turistas que visitaron el país, para finales de los años 90 (antes de que la segunda intifada dañara apreciablemente al sector) los visitantes habían pasado a ser 2,5 millones, una cifra 76 veces superior a la primera. (Por cierto, en ese período la población judía de Israel se multiplicó por diez, de 600.000 a 5,5 millones de personas, aproximadamente).

Los logros económicos de Israel en estos 60 años han sido también extraordinarios, como queda de manifiesto en el hecho de que se cuente entre los 25 con más renta per cápita y entre los que mayores tasas de crecimiento económico presentan. Para cualquier nación, ello sería una proeza digna de elogio, pero para un Estado asediado desde su mismísimo nacimiento, que ha debido enfrentar el boicot económico de todo un bloque regional, que ha tenido que librar guerras y sacrificar preciosas vidas humanas (sólo durante la Guerra de la Independencia, librada en 1948, Israel perdió el 1% de su población) y que se ha visto obligado a destinar sumas astronómicas de su presupuesto a la defensa nacional (un 10% durante sus primeras dos décadas de existencia y un 25% a partir de 1967; el máximo se alcanzó durante la Guerra del Yom Kippur, en 1973: ¡un 45%!); para un país que ha tenido que absorber a más de 2,5 millones de inmigrantes en seis décadas (cuatro veces el número de pobladores judíos en el momento del establecimiento de la patria); para un país que después de cuatrocientos años de gobierno otomano se encontró una tierra desolada y una hostilidad vecinal manifiesta; para una nación, en fin, que se ha topado con semejantes desafíos, todo esto no es menos que un milagro.

El Estado de Israel mantiene relaciones diplomáticas con 162 naciones, sobre un total de 192 acreditadas ante la ONU. Varias de ellas son árabes. Aun así, el ideal de la paz sigue estando lejos de alcanzarse, y la existencia de Israel sigue poniéndose en cuestión.

En otro orden de cosas, la distribución de la riqueza nacional no es todo lo equitativa que debiera ser, y la gama de problemas sociales que aquejan al Estado no es despreciable. Israel, por supuesto, no es una tarea completada; la construcción continúa. Ahora bien, el balance de estas seis décadas es reconfortante.

Estamos hablando de una pequeña nación que comenzó su emprendimiento secando pantanos en el desierto a fines del siglo XIX y que ha ingresado en XXI con satélites propios en el espacio, así que algún crédito debemos reconocerle. Vayan, pues, las mejores salutaciones para Israel en éste su sexagésimo aniversario.

Originalmente publicado en la Revista de Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina

Comunidades, Comunidades - 2008

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Mr. Bush en tierras ingratas – 16/01/08

Imprimir

El arribo de George W. Bush a Tierra Santa acontece en un momento sensible. A casi diez años de su visita previa y la primera en su papel de Presidente de los Estados Unidos de América, los temas que preocupan a la administración norteamericana incluyen -pero trascienden- los contornos propios de la disyuntiva palestino-israelí. Con Israel como punto de partida de la gira regional, y las zonas autónomas palestinas la siguiente escala, es natural que la atención mediática se haya centrado en los asuntos del prolongado conflicto entre unos y otros. No obstante, el periplo oficialmente anunciado abarca también a Egipto, Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Irak no figura en el itinerario oficial pero se ha especulado a propósito de una visita sorpresa. En cualquier caso, la estabilidad de Bagdad sigue siendo una alta prioridad en la política mesoriental de la Casa Blanca.

Los éxitos más sonados de la política exterior de Estados Unidos en esta región durante el mandato del presidente Bush han sido la liberación (aún incompleta la estabilización) de Irak y de Afganistán, el repliegue sirio de El Líbano, y el abandono por parte de Libia de su programa de armas de destrucción masiva. Los eventos del 11 de septiembre del 2001, las guerras en Irak y en Afganistán, y el programa nuclear de Irán, han reorientado la atención norteamericana del meollo palestino-israelí hacia problemas más vitales de la zona y más significativos para el mundo. Los palestinos habían sido reducidos a su escala adecuada en la constelación árabe», escribió el académico Fouad Ajami, «es el crédito singular del Sr. Bush el haber sido el primer presidente estadounidense en reconocer que Palestina no era la preocupación central de los árabes, o la fuente principal de las dolencias políticas». A diferencia de Bill Clinton, cuya indulgencia hacia Yasser Arafat ha sido legendaria, George W. Bush anticipó que no visitaría la tumba del fallecido líder palestino durante su estadía en Ramallah, ni mucho menos rendiría tributo a su figura. Su entereza moral será largamente añorada cuándo él haya abandonado el sillón presidencial.

Para un líder tan sobrio en su pensamiento estratégico y tan bien dotado para distinguir lo históricamente esencial de lo políticamente efímero, la última iniciativa que él ha impulsado -Annapolis- luce como un traspié desafortunado. Ciertamente, la lógica que animó el relanzamiento del proceso de paz entre israelíes y palestinos se basó en una premisa sensata: la de cooptar a las naciones árabes sunitas moderadas y pro-occidentales, alejarlas de la mala influencia de la república chiíta iraní, y así aislarla a ésta y a sus secuaces en Damasco, El Líbano, y la Franja de Gaza. Pero eso fue antes de la publicación del Estimado de Inteligencia Nacional (NIE), en el cuál sectores de la comunidad de inteligencia norteamericana interfirieron en la política exterior de Washington de manera tan espectacular que probablemente hayan motivado un giro de 180 grados en la política hacia Teherán en la actual administración republicana. El informe adujo que Irán detuvo su programa nuclear en el año 2003. Una nota al pie aclaraba que esta aseveración aludía a la fase armamentista del proceso nuclear, pero que otros aspectos críticos -tales como el enriquecimiento de uranio- continuaban en marcha y que Irán podría a futuro, si así lo deseara, cruzar el umbral nuclear. El reporte fue redactado de manera tal que llevara a la conclusión (errónea) de que la república islámica había abandonado su programa nuclear. Ello puso en tela de juicio los esfuerzos diplomáticos de los años pasados y dañó mortalmente a las opciones militares futuras. El especialista israelí en asuntos estratégicos Gerlad Steinberg ha señalado que en las siguientes dos semanas a la publicación del NIE, China y Malasia firmaron contratos de desarrollo y suministro de energía a Irán, Rusia despachó dos envíos de energía para la planta atómica de Bushehr (acción que había detenido durante el año anterior alegando incumplimientos de pago por parte de los ayatollahs), Egipto se acercó a Irán con el objeto de normalizar las relaciones interrumpidas desde el asesinato de Anwar el-Sadat en 1981, Arabia Saudita recibió a Mahmoud Ahmadinejad en la Meca, y la Alianza Árabe del Golfo invitó al presidente iraní a uno de sus encuentros. Cabe destacar que esta «alianza» fue inicialmente creada con el propósito de contener las ambiciones iraníes.

Ahora, Annapolis pasó a ser una distracción de los temas más graves. Puestos militares, cruces fronterizos, la valla de seguridad y los asentamientos nuevamente pasaron a captar titulares…mientras Irán continúa avanzando en el sendero nuclear. La continuidad de ataques con cohetes kassam (y también katyusha) contra ciudades israelíes y los intentos de atentados terroristas aún en curso (como el caso reciente de la «parejita enamorada» que, tomada de sus manos, se acercó a un puesto militar israelí y repentinamente abrió fuego) son un buen recordatorio de cuán distante se halla aún el horizonte de la paz. Peor aún, los palestinos todavía deben dar una señal creíble de que desean la paz verdadera, y el reconocimiento público de Israel como un «estado judío» sería un buen punto de partida para el reaseguro. Los israelíes aún esperan -ya por décadas- ello. Frente a esto, Har Homa es decididamente secundario.

El incidente de esta semana en el que naves iraníes hostigaron a buques de la marina norteamericana en el Estrecho de Ormuz, quizás sirva de llamado de atención al presidente Bush respecto del lugar real donde se encuentran las amenazas a la paz y a la seguridad global. Por esta ruta marítima pasa a diario el 40% del comercio mundial de petróleo y el 90% de las exportaciones de crudo de los países del Golfo Pérsico. Además por allí circula gran parte del abastecimiento militar para los más de 40.000 soldados norteamericanos apostados en la zona. Garantizar la libre navegación en esas aguas ha sido un objetivo estratégico histórico para Washington, conforme ha explicado Walter Russell Mead del Council on Foreign Relations. De allí mantuvo Estados Unidos alejados a los soviéticos durante la Guerra Fría, y protegió a los reinados del petróleo de las ambiciones de Gamal Abdel Nasser y de los designios de Saddam Hussein. Hoy, Estados Unidos continúa velando por la seguridad del Golfo ante la amenaza que encarnan los ayatollahs iraníes. Es bueno que Bush haya incluido en su itinerario a los países del Golfo, en tanto reafirma la importancia geopolítica que Washington le da a la zona que Winston Churchill llamó «aquellos desiertos ingratos» y nos devuelve un sentido de la perspectiva y de la prioridad que por momentos luce confuso.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2008

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Maradona y Ahmadineyad – 07/01/08

Imprimir

De Villa Fiorito a Teherán hay un largo camino, pero Diego Armando Maradona parece decidido a transitarlo. Dada su colorida peripecia ideológica, apenas sorprende que el palacio presidencial de la República Islámica de Irán pueda ser un próximo destino para este talentoso y polémico futbolista devenido semiactvista político.

El incidente ocurrió en fechas cercanas a la Navidad, luego de un partido de fútbol entre la Argentina y Brasil en el que Maradona fue presentado al encargado de negocios de Irán en Buenos Aires, quien invitó al astro del fútbol a visitar su país. Encantado, Maradona respondió: «Ya conocí a Chávez y a Fidel. Ahora sólo me falta conocer a su presidente. Quiero conocer a Ahmadineyad». Y agregó: «Estoy con los iraníes de todo corazón, de verdad lo digo. Lo digo porque lo siento: estoy con el pueblo de Irán».

Maradona no alcanza a comprender que su preocupación por el pueblo iraní lo debería llevar a condenar, y no a saludar, al régimen que lo somete, reprime y hostiga. La de los ayatolás es una de las dictaduras más prolongadas y más crueles de la contemporaneidad. Pero el Diego es un gran futbolista, no un gran pensador, y sus decisiones parecen obedecer más a la espontaneidad del sentimiento que a la frialdad de la razón.

Unos pocos días antes, Maradona había anunciado que pretendía tatuarse a Hugo Chávez, que así acompañará en su cuerpo a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara. Su romance con el líder bolivariano nació casi tres años atrás, en 2005, durante una visita del ex futbolista a Caracas. Al salir de una reunión con el mandatario de Venezuela en el Palacio de Miraflores, Maradona exclamó: «A mí me gustan las mujeres, pero salí enamorado de Chávez». Y agregó: «Me parece que Chávez le hace bien al mundo. Es un número 10… Es un gigante, un monstruo».

Ese mismo año Maradona participó en la Cumbre de los Pueblos que el kirchnerismo organizó extraoficialmente en Mar del Plata en repudio a Estados Unidos y a su presidente, a quien Maradona había tachado de «basura humana». Antes había viajado en el Tren del ALBA junto a Chávez, Evo Morales y el cineasta Emir Kusturica, quien asimismo estaba deseoso de realizar una película sobre el ex campeón de fútbol.

A mediados de este año Maradona viajó de nuevo a Venezuela, esta vez para inaugurar la Copa América. El estadio lo ovacionó.

Aparentemente, su interés por la política internacional afloró en Cuba, durante el período que pasó allí para tratar su adicción a las drogas (una sobredosis de cocaína casi lo mata en el año 2000). Pero su gusto por la vida global ya se había manifestado con anterioridad. En 1999 viajó a Trípoli invitado por la Federación Libia de Fútbol, presidida por Saadi Gadafi, multimillonario hijo del presidente libio y él mismo futbolista profesional. En el aeropuerto de Ezeiza, antes de partir, dio una conferencia de prensa en la que criticó a los Estados Unidos y elogió a Libia. Dos años más tarde, Maradona asistiría como invitado de honor a la boda de Saadi Gadafi.

En 1985 se trenzó en un curioso episodio que involucraba al entonces Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Juan Pablo II. Luego de una visita al Vaticano, trascendió el malestar de Maradona con el Papa por un asunto relativo a los rosarios que éste le dio, algo que el icono del fútbol consideró una «falta total de respeto». Posteriormente, Maradona diría: «Estuve en el Vaticano y vi los techos de oro. Y después escucho al Papa diciendo que la Iglesia estaba preocupada por los pibes pobres. ¿Y? ¡Vende los techos, viejo! ¡Hacé algo!». Para entonces, conforme ha revelado el escritor británico Martin Amis, Maradona tenía unos ingresos anuales de 15 millones de dólares: 7 millones del Nápoles, 3 de la televisión italiana y 5 de Hitachi.

Muchos años después, Maradona lanzaría su propio programa televisivo: La Noche del 10. «Si Jesús tambaleó, ¿por qué no debería tambalear yo también?», preguntó conmovido a su millonaria audiencia. Nada pudo con el rating de aquel programa esa noche: ni un film de Harry Potter ni el show del famosísimo Marcelo Tinelli.

Diego Armando Maradona conmociona. Millones de fans lo adoran. En ciertos sectores, él forma opinión pública. Y ello explica probablemente por qué los iraníes lo quieren a su lado. Dieguito puede ser un valioso activo en una campaña de relaciones públicas.

Originalmente publicado en Comunidades

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Israel a los sesenta – 01/08

Imprimir

Revista de Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina

Hay algo muy peculiar a propósito de la genialidad judía. La medición de excelencia humana más reconocida, el Premio Nobel, así lo demuestra. Durante la primera mitad del siglo XX, el 14% de los premiados en literatura, química, física y medicina/psiclogía fueron judíos. Esto, en una época de intensas persecuciones y fuertes restricciones sociales y legales para la judería mundial, y por sobre todo, en un período en el que 1/3 del pueblo judío fuese exterminado en Europa por el régimen nazi. Durante la segunda mitad del siglo último, en el marco de una atmósfera de mayor apertura, los judíos conformaron el 29% de todos los premiados por el Comité Nobel. En lo que va del nuevo milenio, los judíos han obtenido el 32% de las prestigiosas distinciones. El mérito luce extravagante a la luz de que los judíos representan el 0.2% de la población mundial. (Charles Murray, “Jewish Genius”, Commentary, April 2007).

En consecuencia, es entendible que el Estado de Israel sea la maravillosa realidad que es. Junte Ud. todo el talento judío en un espacio reducido y déles a sus habitantes la oportunidad de expresar toda su creatividad en el marco de la independencia estatal y la libre autodeterminación nacional, y encontrará un resultado espectacular. En síntesis, esta es la historia de Israel; la genialidad judía aplicada a la construcción nacional.

Cuando a finales del siglo XIX, Theodor Herzl imaginó al estado judío, concibió al mismo como un refugio físico para su pueblo, pero también como un centro de producción económica, espiritual, científica y cultural. Y vaya si éste ha sido el caso. Aún antes de constituirse el estado, la comunidad judía establecida en Palestina ya había creado los cimientos para el desarrollo nacional en tantas áreas que han hecho del Israel actual un modelo ejemplar. La Escuela Mikve Israel, fundada en 1870, marca la génesis de la investigación agrícola israelí, la que es luego potenciada con la Estación Agrícola de 1921, que eventualmente se convertiría en la Organización de Investigación Agrícola; hoy el más grande centro de investigación y desarrollo israelí en este campo. La Estación Hebrea de Salud fue creada a comienzos del siglo XX para promover la investigación médica, tal como lo fuera la fundación de los Laboratorios del Mar Muerto de la década de 1930, orientado a la investigación industrial. En 1924 fue establecido en Haifa el Instituto de Tecnología de Israel, más conocido simplemente como Technion. Al año siguiente fue inaugurada la Universidad Hebrea de Jerusalem, y en Rehovoth, en 1934 fue creado el Instituto de Ciencia Weizmann (inicialmente bajo el nombre de Instituto Sieff). Luego del nacimiento del Estado de Israel, otras cuatro universidades fueron creadas: la Universidad Bar-Ilán (1955 en Ramat Gan), la Universidad de Tel-Aviv (establecida en 1956, es hoy la más grande de las universidades israelíes), la Universidad de Haifa (1963) y la Universidad Ben-Gurión del Negev (1967 en Beer Sheva). En 1948, apenas 1600 estudiantes estaban enrolados en las universidades entones existentes. Hoy, alrededor de 125.000 alumnos conforman la red universitaria israelí, y otros 100.000 estudian en institutos terciarios.

No menos impresionante ha sido la promoción cultural, que en materia musical por ejemplo, ha tenido de la mano de Arturo Toscanini la presentación del primer concierto de la Orquesta Filarmónica Palestina (rebautizada como Orquesta Filarmónica de Israel) en la ciudad de Tel-Aviv en 1936. Desde entonces, Israel ha brindado al mundo musical figuras descollantes de la talla de Itzjak Perlman, Shlomo Mintz, Pinjas Zuckerman, y Daniel Barenboim, entre otros. Hoy Israel cuenta con numerosas orquestas sinfónicas y de cámara en Jerusalem, Haifa, Holon, Ramat Gan, Beer Sheva, Netanya y Rishon Lezion, entre otras ciudades. La Academia de Música Samuel Rubin (fundada en 1945 e integrada a la UTA en 1966) es otro ejemplo de la calidad artística que es usual hallar en Israel. En la actualidad, concursos internacionales de arpa y piano, así como un festival de jazz en Eilat, son polos de interés mundial. No son muchas las naciones que establecen museos antes de alcanzar la independencia, y ciertamente la creación del Museo de Arte de Tel-Aviv en 1932 marca un hito cultural singular. En la actualidad hay cerca de 200 museos de diverso tamaño en la Tierra de Israel. En materia turística, el crecimiento ha sido fenomenal: mientras que en 1950, 33.000 turistas visitaron Israel, para fines de los años noventa (antes de que la segunda intifada palestina dañara apreciablemente al sector), más de 2.5 millones lo habían hecho. Esto representa, tal como indica la cancillería israelí, 76 veces la cantidad de visitantes foráneos comparativamente al momento del nacimiento del estado. (En ese período, la población judía israelí creció casi 10 veces, de 600.000 a 5.5 millones aproximadamente).

Los logros económicos de Israel han sido también extraordinarios, evidenciados en el ingreso dentro de sus primeros cincuenta años de vida, al ranking de los 25 países con el más alto ingreso nacional per cápita y su pertenencia al grupo de naciones con una de las más altas tasas de crecimiento económico. Para cualquier nación ello sería una proeza digna de elogio, pero para un estado asediado desde su mismísimo nacimiento, que ha debido enfrentar un boicot económico de todo un bloque regional, que ha tenido que librar guerras y sacrificar preciosas vidas humanas de su pequeña población (solamente durante la Guerra de la Independencia de 1948, Israel perdió el 1% de su gente), y que se ha visto obligada a orientar sumas astronómicas de su presupuesto nacional al área de la defensa (equivalente al 10% durante las primeras dos décadas, al 25% a partir de 1967, y que llegó al insólito guarismo del 45% durante la Guerra de Iom Kipur en 1973), para un país que ha tenido que absorber a más de 2.5 millones de inmigrantes en seis décadas (cuatro veces el número de pobladores judíos al momento del establecimiento de la patria), para un país que después de 400 años de gobierno otomano encontró una tierra desolada y una hostilidad vecinal manifiesta; para una nación que se ha topado con semejantes desafíos, esto no es menos que un milagro.

El estado de Israel mantiene relaciones diplomáticas con unas 162 naciones sobre un total de 192 acreditadas ante la ONU, varias de ellas naciones árabes, aunque aún esta lejos de alcanzar el ideal de la paz y su existencia sigue siendo cuestionada. Internamente, la distribución de la riqueza nacional no es todo lo equitativa que debiera ser, y la gama de problemas sociales que aquejan al estado no es despreciable. Israel, por supuesto, no es una tarea completada; la construcción continúa. Empero los diversos frentes internos y externos irresueltos, el balance a sus seis décadas de vida es reconfortante.

Para una pequeña nación que comenzó su emprendimiento nacional secando pantanos en el desierto a fines del siglo XIX, y que ha ingresado al siglo XXI con satélites propios en el espacio, algún crédito debemos reconocerle. Vayan, pues, las mejores salutaciones para Israel en este nuevo aniversario.

Uncategorized

Maradona y ahmadinejad – 03/01/08

Imprimir

De Villa Fiorito a Teherán hay un largo camino…y Diego Armando Maradona parece decidido a transitarlo. El espectacular viaje ideológico del Diez» incluye un abrazo al General Galtieri en la década del setenta cuando, de adolescente, ingresó al fútbol profesional; asesoramiento futbolístico a Saadi Al-Gaddafi, el tercero de siete hijos del Coronel libio Muammar Gaddafi; buenas relaciones con el Presidente Carlos Menem durante los años noventa; vínculos estrechos con el Comandante Fidel Castro, loas a Hugo Chavez, identificación con el Che Guevara; insultos a George W. Bush, ofensas a Juan Pablo II y comparaciones propias con Jesús. En este colorido viaje ideológico, apenas sorprende que el palacio presidencial de la República Islámica de Irán pueda ser un próximo destino para el talentoso y polémico ex futbolista y conductor televisivo devenido en semi-actvista político.

El incidente ocurrió en fecha cercana a la Navidad, luego de un partido de fútbol entre la Argentina y Brasil donde Maradona fue presentado al encargado de negocios de Irán en Buenos Aires, quién invitó al astro del fútbol a visitar su país. Encantado, Maradona respondió: «Ya conocí a Chávez y a Fidel. Ahora sólo me falta conocer a su presidente. Quiero conocer a Ahmadinejad». Y agregó: «Estoy con los iraníes de todo corazón, de verdad lo digo. Lo digo porque lo siento: estoy con el pueblo de Irán». Maradona no alcanza a comprender que su preocupación por el pueblo iraní lo debería llevar a condenar -y no a saludar- al régimen que lo somete, lo reprime y lo hostiga en una de las dictaduras más prolongadas (desde 1979) y más crueles de la contemporaneidad. Pero «El Diego» es un gran futbolista, no un gran pensador, y sus decisiones parecen surgidas más de la espontaneidad del sentimiento que de la frialdad de la razón.

Unos pocos días antes, Maradona había anunciado su intención de tatuarse la imagen de Hugo Chavez en su cuerpo, replicando las que ya tiene de Fidel Castro en una pierna y de Ernesto «Che» Guevara en un brazo. El romance con el líder bolivariano nació casi tres años atrás durante una visita a Caracas en el año 2005. Al salir de una reunión con Chávez del Palacio de Miraflores, Maradona exclamó: «A mí me gustan las mujeres, pero salí enamorado de Chávez». Y continuó: «Me parece que Chávez le hace bien al mundo. Es un número 10…es un gigante, un monstruo». Ese mismo año, Maradona participaría de la Cumbre de los Pueblos que el Kirchnerismo organizó extraoficialmente en Mar del Plata en repudio a Estados Unidos y su presidente, a quién Maradona había definido de «basura humana». Antes había viajado en el Tren del ALBA junto a Hugo Chávez, Evo Morales y el cineasta Emir Kusturica, quién asimismo estaba deseoso de realizar una película sobre el ex campeón de fútbol. A mediados de este año, Maradona viajó otra vez a Venezuela, esta vez a inaugurar la Copa América, frente a un estadio que lo ovacionó.

Aparentemente, su interés por la política internacional afloró en Cuba, durante el período de internación de varios años en la isla comunista para tratar su adicción a las drogas luego de que una sobredosis de cocaína casi lo matara en el año 2000. Todo tipo de relatos sobrevolaron su estancia cubana, alimentando las noticias amarillas de un público ávido de información sobre la vida de su ídolo. Según el diario británico The Independent, en el año 2004, un periódico mexicano publicó fotografías tomadas de un video presuntamente filmado durante una fiesta en La Havana, que supuestamente mostraba a Maradona manteniendo relaciones sexuales con su novia cubana frente a sus amigos. En otra fiesta, aparentemente la de su cumpleaños, Maradona apareció disfrazado de Osama Bin-Laden, armado con una metralleta de juguete. Se le atribuye haberse lanzado a la pileta vestido, en ocasiones en las que Boca Juniors hiciera un gol y él lo viera vía conexión satelital.

Su gusto por la vida global ya se había manifestado con anterioridad. En 1999, Maradona viajó a Trípoli invitado por la Federación Libia de Fútbol, presidida por Saadi Al-Gaddafi, multimillonario hijo del presidente libio y él mismo un futbolista profesional. En Ezeiza, antes de partir rumbo a Libia, dio una conferencia de prensa en la que criticó a los Estados Unidos y elogió a Libia. Tiempo tenía de sobra: había llegado tarde al aeropuerto y había perdido el vuelo de Lufthansa que le había regalado su admirador árabe. Dos años más tarde, Maradona participaría como invitado de honor del casamiento de Al-Gaddafi. En 1985 se trenzó en un curioso episodio que involucraba al entonces Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Luego de una visita al Vaticano trascendió el malestar de Maradona con Juan Pablo II por un asunto relativo a los rosarios que el Papa le diera, algo que el ícono del fútbol consideró que era una «falta total de respeto». Posteriormente, Maradona diría: «Estuve en el Vaticano y ví los techos de oro. Y después escucho al Papa diciendo que la Iglesia estaba preocupada por los pibes pobres. ¿Y? ¡Vende los techos viejo! ¡Hacé algo!». Para entonces, conforme ha revelado el escritor británico Martin Amis, Maradona tenía ingresos anuales por u$s 7 millones del Nápoli, u$s 3 millones de la televisión italiana, y u$s 5 millones de Hitachi.

Muchos años después él lanzaría su propio programa televisivo, La Noche del 10. «Si Jesús tambaleó, entonces por qué no debería yo también» preguntó conmovido a su audiencia de millones de televidentes. Nada pudo contra el ráting de aquél programa esa noche; ni la emisión de un film de Harry Potter por parte de un canal competidor, ni la de un show del famosísimo Marcelo Tinelli, en otro. Diego Armando Maradona conmociona. Millones de fans lo adoran. En ciertos sectores, él forma opinión pública. Y ello explica probablemente porqué los iraníes lo quieran a su lado. «Dieguito» puede ser un activo valioso en una campaña de relaciones públicas.

Comunidades, Comunidades - 2008

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Maradona y Ahmadinejad – 03/01/08

Imprimir

De Villa Fiorito a Teherán hay un largo camino…y Diego Armando Maradona parece decidido a transitarlo. El espectacular viaje ideológico del “Diez” incluye un abrazo al General Galtieri en la década del setenta cuando, de adolescente, ingresó al fútbol profesional; asesoramiento futbolístico a Saadi Al-Gaddafi, el tercero de siete hijos del Coronel libio Muammar Gaddafi; buenas relaciones con el Presidente Carlos Menem durante los años noventa; vínculos estrechos con el Comandante Fidel Castro, loas a Hugo Chavez, identificación con el Che Guevara; insultos a George W. Bush, ofensas a Juan Pablo II y comparaciones propias con Jesús. En este colorido viaje ideológico, apenas sorprende que el palacio presidencial de la República Islámica de Irán pueda ser un próximo destino para el talentoso y polémico ex futbolista y conductor televisivo devenido en semi-actvista político.

El incidente ocurrió en fecha cercana a la Navidad, luego de un partido de fútbol entre la Argentina y Brasil donde Maradona fue presentado al encargado de negocios de Irán en Buenos Aires, quién invitó al astro del fútbol a visitar su país. Encantado, Maradona respondió: “Ya conocí a Chávez y a Fidel. Ahora sólo me falta conocer a su presidente. Quiero conocer a Ahmadinejad”. Y agregó: “Estoy con los iraníes de todo corazón, de verdad lo digo. Lo digo porque lo siento: estoy con el pueblo de Irán”. Maradona no alcanza a comprender que su preocupación por el pueblo iraní lo debería llevar a condenar -y no a saludar- al régimen que lo somete, lo reprime y lo hostiga en una de las dictaduras más prolongadas (desde 1979) y más crueles de la contemporaneidad. Pero “El Diego” es un gran futbolista, no un gran pensador, y sus decisiones parecen surgidas más de la espontaneidad del sentimiento que de la frialdad de la razón.

Unos pocos días antes, Maradona había anunciado su intención de tatuarse la imagen de Hugo Chavez en su cuerpo, replicando las que ya tiene de Fidel Castro en una pierna y de Ernesto “Che” Guevara en un brazo. El romance con el líder bolivariano nació casi tres años atrás durante una visita a Caracas en el año 2005. Al salir de una reunión con Chávez del Palacio de Miraflores, Maradona exclamó: “A mí me gustan las mujeres, pero salí enamorado de Chávez”. Y continuó: “Me parece que Chávez le hace bien al mundo. Es un número 10…es un gigante, un monstruo”. Ese mismo año, Maradona participaría de la Cumbre de los Pueblos que el Kirchnerismo organizó extraoficialmente en Mar del Plata en repudio a Estados Unidos y su presidente, a quién Maradona había definido de “basura humana”. Antes había viajado en el Tren del ALBA junto a Hugo Chávez, Evo Morales y el cineasta Emir Kusturica, quién asimismo estaba deseoso de realizar una película sobre el ex campeón de fútbol. A mediados de este año, Maradona viajó otra vez a Venezuela, esta vez a inaugurar la Copa América, frente a un estadio que lo ovacionó.

Aparentemente, su interés por la política internacional afloró en Cuba, durante el período de internación de varios años en la isla comunista para tratar su adicción a las drogas luego de que una sobredosis de cocaína casi lo matara en el año 2000. Todo tipo de relatos sobrevolaron su estancia cubana, alimentando las noticias amarillas de un público ávido de información sobre la vida de su ídolo. Según el diario británico The Independent, en el año 2004, un periódico mexicano publicó fotografías tomadas de un video presuntamente filmado durante una fiesta en La Havana, que supuestamente mostraba a Maradona manteniendo relaciones sexuales con su novia cubana frente a sus amigos. En otra fiesta, aparentemente la de su cumpleaños, Maradona apareció disfrazado de Osama Bin-Laden, armado con una metralleta de juguete. Se le atribuye haberse lanzado a la pileta vestido, en ocasiones en las que Boca Juniors hiciera un gol y él lo viera vía conexión satelital.

Su gusto por la vida global ya se había manifestado con anterioridad. En 1999, Maradona viajó a Trípoli invitado por la Federación Libia de Fútbol, presidida por Saadi Al-Gaddafi, multimillonario hijo del presidente libio y él mismo un futbolista profesional. En Ezeiza, antes de partir rumbo a Libia, dio una conferencia de prensa en la que criticó a los Estados Unidos y elogió a Libia. Tiempo tenía de sobra: había llegado tarde al aeropuerto y había perdido el vuelo de Lufthansa que le había regalado su admirador árabe. Dos años más tarde, Maradona participaría como invitado de honor del casamiento de Al-Gaddafi. En 1985 se trenzó en un curioso episodio que involucraba al entonces Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Luego de una visita al Vaticano trascendió el malestar de Maradona con Juan Pablo II por un asunto relativo a los rosarios que el Papa le diera, algo que el ícono del fútbol consideró que era una “falta total de respeto”. Posteriormente, Maradona diría: “Estuve en el Vaticano y ví los techos de oro. Y después escucho al Papa diciendo que la Iglesia estaba preocupada por los pibes pobres. ¿Y? ¡Vende los techos viejo! ¡Hacé algo!”. Para entonces, conforme ha revelado el escritor británico Martin Amis, Maradona tenía ingresos anuales por u$s 7 millones del Nápoli, u$s 3 millones de la televisión italiana, y u$s 5 millones de Hitachi.

Muchos años después él lanzaría su propio programa televisivo, La Noche del 10. “Si Jesús tambaleó, entonces por qué no debería yo también” preguntó conmovido a su audiencia de millones de televidentes. Nada pudo contra el ráting de aquél programa esa noche; ni la emisión de un film de Harry Potter por parte de un canal competidor, ni la de un show del famosísimo Marcelo Tinelli, en otro. Diego Armando Maradona conmociona. Millones de fans lo adoran. En ciertos sectores, él forma opinión pública. Y ello explica probablemente porqué los iraníes lo quieran a su lado. “Dieguito” puede ser un activo valioso en una campaña de relaciones públicas.

Televisivas

Infobae – 26/12/07

Imprimir

Medio: Infobae.com
Fecha: 26/12/2007

Duración: 4′ 00″

Sinopsis de la entrevista a propósito de la cuestión Maradona-Irán (publicada en Infobae.com):

El analista Julián Schvindlerman habló en diálogo con Infobae.com sobre las declaraciones del ex jugador de fútbol y su eventual viaje a Irán.

El analista Julián Schvindlerman destacó la posibilidad de una campaña de relaciones públicas de Irán en la Argentina y dijo que “la visita puede haber sido iniciada por Luis D’Elía que es el operador político de los iraníes” en la Argentina.

Señaló como una “idea descabellada” la intención de Diego Maradona de querer visitar a “un gobierno que reprime ferozmente su propia población” y que es una situación que lo pone en contradicción con su postura de abrazar al pueblo iraní. “Tendría que denunciarlo no apoyarlo”, sentenció porque en realidad hay que condenar a quienes reprimen.

“Es muy triste que se relacione con sospechosos de haber asesinados a sus hermanos en la Argentina”, dijo Schvindlerman y destacó que “Irán ha fomentado el asesinato de ciudadanos argentinos” en el marco del atentado de la AMIA y que ello está siendo investigado por la justicia argentina.

Con respecto al por qué desde Irán se estaría generando esta campaña, el escritor dijo que “podrían estar interesados en generar apoyo popular”, debido a la cuestionada situación internacional por la que atraviesa Irán. “El apoyo de una persona tan popular como Maradona sería un boom para Irán”, expresó.

Pero esgrimió que Maradona “es futbolista, no es intelectual, no es un pensador y por tanto sus virtudes están en sus pies no en un cerebro”, por lo que “quizás él no está entendiendo realmente lo que sucede en el marco de una coyuntura internacional muy compleja”.

Y destacó: “Ha confundido los tantos y termina apoyando a quienes no debería”. Además, señaló que es posible que Maradona no revierta su postura de acercamiento hacia Irán.

“Si el está siendo como suponemos usado por una campaña y si se da cuenta es posible que tome distancia, pero si se siente afín al régimen iraní, porque es muy cercano a Hugo Chávez en Venezuela y a Fidel Castro en Cuba, creo que en este sentido habrá que ver cómo lo vive”, explicó y remarcó como importante la reunión del ex futbolista con familiares de víctimas y directivos de la comunidad judía.

Comunidades, Comunidades - 2007

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Una estimación desafortunada – 19/12/07

Imprimir

A principios del corriente mes de diciembre fue publicado el “Estimado de Inteligencia Nacional” (NIE, según sus siglas en inglés) sobre Irán que ha causado una fuerte conmoción diplomática. Las afirmaciones vertidas en ese documento han efectivamente significado una reversión de 180 grados en la política iraní de la actual Casa Blanca, han dañado apreciablemente los esfuerzos de aliados clave de Estados Unidos -tales como Israel, Francia y Gran Bretaña- de evitar la procuración nuclear iraní, han seriamente debilitado el prospecto de mayores sanciones internacionales contra la república islámica, han removido (por el momento) de la mesa la opción militar de Washington, y han puesto en tela de juicio la credibilidad de aquellos líderes -dentro y fuera de Estados Unidos- que durante los últimos cuatro años han estado alertando acerca de los peligros de un Irán nuclear. ¿Cómo no habría el régimen en Irán de definirlo como una “gran victoria”? Tristemente, todo esto fue provocado por un informe de inteligencia altamente defectuoso.

¿Qué dice este NIE? Titulado “Irán: Capacidades e Intenciones Nucleares”, afirma -en su primer párrafo y con un grado de “alta confianza”- que Teherán ha “detenido su programa de armas nucleares” en el año 2003 “primariamente en respuesta al creciente escrutinio internacional”. Sin embargo, el mismo informe sostiene, también con un grado de “alta confianza”, que “entidades militares iraníes estaban trabajando bajo dirección gubernamental para desarrollar armas nucleares”. En una nota al pie, el reporte indica que “por ´programa de armas nucleares´ queremos decir el trabajo armamentístico y de desarrollo de armas nucleares de Irán…no nos referimos al trabajo civil declarado relacionado a la conversión y enriquecimiento de uranio”. Ahora bien, el enriquecimiento de uranio a escala industrial (con 3000 centrifugadoras, como hace Irán) trasciende el uso civil de la energía atómica, y la superación de ese obstáculo técnico es el paso crítico de todo el proceso de manufactura nuclear para la obtención de la bomba atómica. Es por ello que el enriquecimiento de uranio ha sido el foco de la atención mundial y el motivo por el que resoluciones reprobatorias de Irán han sido adoptadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Llamativamente, la segunda oración del NIE sostiene que “Nosotros también evaluamos con confianza moderada a alta que Teherán como mínimo mantiene abierta la opción de desarrollar armas nucleares”. Y la frase final del reporte asevera: “Nosotros evaluamos con alta confianza que Irán posee la capacidad científica, técnica e industrial para eventualmente producir armas nucleares si decide hacerlo”. En otras palabras, la información que el NIE brinda sobre el programa de enriquecimiento de uranio iraní es inconsistente con la aseveración de que Teherán ha abandonado su interés en la producción de armas nucleares, la que, en todo caso, el informe reconoce que Teherán podrá “eventualmente” hacer.

No solo ello, el actual informe de inteligencia contradice a un previo NIE del 2005 que sostuvo -también con un grado de “alta confianza”- que “Irán actualmente está decidida a desarrollar armas nucleares” y que éste era el caso “a pesar de sus obligaciones internacionales y la presión internacional”. Esta evaluación corresponde al año 2005. Pero el actual NIE sostiene que Irán detuvo su programa nuclear en el 2003 -dos años antes de este informe- y que lo hizo debido a la presión internacional, cosa que el NIE del 2005 enfáticamente negó fuera el caso. Evidentemente, uno de los dos estimados de inteligencia nacional está equivocado. Como si fuera poca la confusión reinante, en una fecha tan reciente como el 11 de enero de 2007, el reporte “Evaluación Anual de Amenaza” del Director de Inteligencia Nacional sostuvo que el régimen iraní “está decidido a desarrollar armas nucleares” en desprecio de sus obligaciones internacionales, y agregaba que Teherán “continúa la búsqueda de uranio enriquecido y ha mostrado más interés en trabar las negociaciones que en alcanzar un solución diplomática aceptable”. El actual NIE afirma evaluar “con moderada confianza” que “Teherán no ha relanzado su programa de armas nucleares para mediados del 2007, pero no sabemos si actualmente intenta desarrollar armas nucleares” (mi énfasis). Vale decir, la opinión de la comunidad de inteligencia norteamericana hoy es que Irán no relanzó su programa nuclear, lo que está en abierta contradicción con una evaluación de apenas diez meses atrás. La síntesis de todo este meollo la podemos hallar en una oración del último Estimado de Inteligencia Nacional, resaltada por mi en itálicas más arriba y que amerita repetición: “no sabemos si [Irán] actualmente intenta desarrollar armas nucleares”. Fin del debate.

Las estimaciones de las agencias de inteligencia no son infalibles. Tal como varios historiadores han señalado últimamente, la propia CIA desestimó las intenciones soviéticas de ubicar misiles balísticos en Cuba, evaluó incorrectamente el programa de armas de destrucción masivas de Irak, subestimó los avances atómicos de Libia y Corea del Norte, fracasó en detectar los preparativos de un test nuclear de la India, no advirtió el progreso nuclear iraní hasta que éste fuera denunciado por opositores al régimen en agosto del 2002, y respecto de las actuales intenciones o avances de este régimen teocrático se contradice de una manera tan escandalosa que pone en serias dudas a todo el proceso de evaluación de estas agencias. Pero el daño ya está hecho. Más allá de la esperanza de los editores del New York Times (“El nuevo reporte no es un argumento para que nadie baje la guardia respecto de las ambiciones nucleares de Irán”), lo cierto es que ello es probablemente lo que sucederá. Ahora más que nunca será difícil persuadir a Moscú y a Pekín de la necesidad de nuevas sanciones, o requerir a la Unión Europea la imposición de trabas financieras a las operaciones de los ayatollahs, o convencer a la opinión pública del posible escenario de una ataque militar. Israel, por su parte, ha quedado considerablemente aislada para enfrentar la muy real amenaza nuclear iraní.

El trasfondo político de este affair es la influencia de ex oficiales del Departamento de Estado críticos de la política exterior de la Administración Bush en la redacción del presente NIE. Aparentemente, sectores de la comunidad de inteligencia y diplomática han guiado las conclusiones y fomentado la publicación de este NIE con el propósito de anular la opción militar. Si éste ha sido el caso, entonces el presidente Bush deberá poner su casa en orden. Lo contrario sería permitir a oficiales renegados conducir la política exterior norteamericana. En cualquier período de la historia de una nación, ello sería inadmisible. En las urgentes circunstancias actuales, ello resulta decididamente inconcebible.

Comunidades, Comunidades - 2007

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Annapolis 1947 – 05/12/07

Imprimir

“Annapolis” -tal como se ha identificado sencillamente a la reunión diplomática de alto nivel acontecida en la capital del estado de Maryland la semana pasada- ha expuesto con devastadora claridad la imposibilidad de alcanzar una paz real y duradera entre los israelíes y los árabes en general, y con los palestinos en particular. Aunque el evento fue concebido con el propósito de relanzar las tratativas de paz entre las partes y fue diseñado de manera que mostrara apoyo mundial al proyecto de la paz mesooriental, éste terminó dejando en evidencia -formalidades al margen- ya no la mera reticencia sino el contundente repudio árabe y palestino al reconocimiento del derecho a la existencia al Estado de Israel.

La Organización para la Conferencia Islámica tiene 57 estados-miembro. La Liga Árabe posee 22. A Annapolis enviaron delegaciones solamente 19 naciones árabes y/o musulmanas. Las naciones islámicas no árabes que participaron fueron Turquía, Indonesia, Malasia y Pakistán. Los países árabes presentes fueron Arabia Saudita, Argelia, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, El Líbano, Mauritania, Marruecos, Omán, Qatar, Sudán, Siria, Túnez, y Yemen. Ni un solo canciller árabe accedió a reunirse con la ministra de relaciones exteriores de Israel. Tampoco le fueron concedidos encuentros públicos al primer ministro israelí por parte de algún delegado árabe, debiendo contentarse éste solo con el intercambio de saludos con cuatro representantes (de Qatar, Bahrein, Marruecos y Pakistán) luego del discurso del israelí; discurso en el que, cabe recordar, Olmert instó al mundo árabe a entablar relaciones diplomáticas con el estado judío. El canciller saudita había anunciado públicamente que no estrecharía su mano con ningún israelí (“No estamos dispuestos a ser parte de una presentación teatral”, acotó el príncipe Saúd al-Faisal). Planes de una posible escala en Nordáfrica por parte de Tzipi Livni en su viaje de regreso a Israel debieron ser  descartados.

Durante las semanas previas de intensa actividad preparatoria de la “cumbre”- posteriormente rebautizada como “encuentro” para significar el inicio, en lugar del fin, de las negociaciones- la prensa controlada del mundo árabe había estado publicando caricaturas fuertemente hostiles a Israel. No solamente en Siria o en la Franja de Gaza podían verse dibujos ofensivos, sino también en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar, e incluso en Jordania y Egipto; los únicos dos países de la órbita árabe que poseen tratados de paz formales con el estado judío. Diez días antes de Annapolis, las naciones musulmanas promovieron (y lograron) una iniciativa en Ginebra para que Israel sea anualmente condenada en las sesiones del supuestamente reformado Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, al haber introducido como asunto permanente de la agenda del CDH la censura de Israel. Al día siguiente de la finalización del encuentro en Maryland, unos pocos cientos de kilómetros más al norte, en Nueva York, la ONU conmemoró, como cada 29 de noviembre, el “Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino”, en el que árabes y musulmanes reprueban la Resolución 181 que recomendó el establecimiento de un estado judío y uno árabe, evento que religiosamente culmina con la adopción de una serie de resoluciones anti-israelíes en la Asamblea General.

A la luz de lo cuál nos vemos obligados a tomar con escepticismo la participación árabe e islámica en este encuentro. Ir a Annapolis a hablar de paz mientras lideran campañas de ostracismo diplomático en Nueva York y Ginebra, e incitan a las masas con estereotipos anti-israelíes en sus propios países, no es obviamente la manera más convincente de persuadir a terceros respecto de su declarado pacifismo. La noción de convocar al mundo árabe a Annapolis descansaba sobre la premisa de que el apoyo colectivo de éste al proceso de paz facilitaría la flexibilidad palestina en materia de negociación. Resulta muy claro que su conducta no ha ayudado a que este objetivo fuera alcanzado.

En cuanto a los propios palestinos, ellos se han llevado igual crédito que los árabes en el rubro intransigencia. Su obstinada determinación de no reconocer a Israel como un estado judío estuvo hecha a medida para que Annapolis resulte un fiasco. “Israel puede definirse a sí misma como guste, pero los palestinos no la reconocerán como un estado judío” aseveró Salam Fayad, el primer ministro palestino. “Los palestinos nunca reconocerán la identidad judía de Israel” aseveró Saeb Erakat, jefe del departamento de negociaciones de la OLP.  “Esto es absolutamente rechazado” dijo Ahmed Qurei, el principal negociador palestino. “Este tema no está en la mesa” indicó Yasser Abed Rabbo, secretario-general del comité ejecutivo de la OLP. Por su parte, la comunidad árabe de Nazareth instó a la Autoridad Palestina a no reconocer a Israel como un estado judío. (Estas citas fueron recopiladas por el comentarista estadounidense Daniel Pipes). Esto sugiere que los palestinos pretenden  resolver los problemas territoriales de 1967 sin aceptar las realidades fácticas de 1948, algo que fue reafirmado en el discurso del premier Mahmoud Abbas, cuando éste realizó dos menciones específicas a la “Nakba”, el término árabe para “catástrofe”, vocablo con que se alude en el discurso árabe a la creación de Israel. Los sirios, a su vez, en un editorial publicado en el periódico estatal Teshreen, anunciaron que viajaban a Annapolis a “frustrar el plan de Olmert de forzar a los países árabes a reconocer a Israel como un estado judío”. Atento a que la naturaleza judía del estado israelí sigue siendo cuestionada, el presidente Bush, anfitrión del encuentro, prometió en su discurso que Estados Unidos seguiría comprometido con Israel como una “patria para el pueblo judío” y preocupado por “la seguridad de Israel como un estado judío”.

Simbólicamente, el encuentro de Annapolis finalizó un día antes del sesenta aniversario de la resolución para la partición de Palestina, mediante la cuál la familia de las naciones expresó su disposición al establecimiento de un “estado judío” (tal el término exacto del texto de la resolución, el que es repetido unas treinta veces) y otro árabe. Aunque la resolución en ningún lugar habla de un “estado palestino”, hoy Israel lo reconoce como futura realidad y de hecho sus delegados fueron a Maryland -y antes a Oslo y a Camp David- dispuestos a  facilitar la creación del mismo. A sesenta años de aquél crucial momento diplomático en el que las bases fueron sentadas para el establecimiento de dos estados, uno judío y el otro árabe, los interlocutores árabes y palestinos continúan estancados en las trincheras de la historia, aferrados tercamente a sus dogmas nacionalistas, y psicológicamente incapacitados de abandonar su cuestionamiento existencialista al estado de Israel. 

Annapolis 2007 nos ha brindado un atípico momento de claridad conceptual: a los árabes y a los palestinos 1967 les fastidia, pero es 1948 lo que realmente les duele.

Originalmente publicado en Libertad Digital