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La Carta Escondida - Reseñas

René Fuentes – 28/08/18

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Por René Fuentes – 28/08/18

Edmond Jabès (un judío egipcio, de procedencia italiana y que fue uno de los más importantes poetas franceses de la segunda mitad del siglo XX) escribió en uno de sus versos memorables: Leo y releo el libro que voy a escribir.

Y es precisamente por la lectura de este libro, es decir, La carta escondida, como por tantos otros valiosos también, donde otra vez ese acto que previamente parece absurdo (continuar la lectura de un libro que todavía está por escribirse) alcanza su mayor y mejor valor. Porque se lee para conocer, para aprender, por entretenimiento incluso; pero se lee también, como este libro y tantos otros valiosos proponen, para rememorar y ampliar el proceso continuo y siempre resignificado de la memorización. No de un hecho ni de una persona en particular, sino de la memoria misma en su máxima expresión: la memoria colectiva de una cultura. Ese tipo de memoria que se puede enunciar en singular, aunque siempre es plural, tangible e intangible, sostenida por múltiples instancias de la escritura continúa en múltiples dimensiones sincrónicas y acrónicas, con y más allá de todos los tiempos.

Así también pude y propongo leer La carta escondida. No importa que el título sugiera e intrigue sobre cuál, dónde, por qué y otras preguntas posibles sobre una carta. Es un título que se ajusta más a cualquier tipo de escritura narrativa que se sustenta en el suspenso, la policial por ejemplo. Sin embargo, ahí está el valor complementario del subtítulo: “Historia de una familia árabe-judía”. Que, de manera opuesta al título, evita cualquier tipo de expectativas sobre lo desconocido o resguardado detrás del suspenso, para decirnos que el libro ofrece una historia familiar. Una historia entre tantas historias que se integran en los relatos y correlatos de esa Historia con mayúscula de la que todos tenemos una versión, una pertenencia, un modo incluso de reconocernos y reconocer la existencia y las discursividades de los otros.

Pero esta historia familiar, desde el subtítulo, ya propone una trama singular, compleja, amparada incluso en la realidad más pública y actualizada para marcar algo significativo, convulso, una y otra vez históricamente no resuelto: los vínculos entre árabes y judíos, o más precisamente, la aceptación pacífica de una identidad judía dentro de un contexto árabe. Eso que este subtítulo y la realidad de esta familia de inmigrantes, finalmente asentada en Uruguay, viene a marcar un punto de observación diferente: no se trata únicamente de una historia familiar que podría servir de correlato de tantos hechos y noticias del pasado y del presente más reciente, sino que aporta el testimonio de una familia donde existe una verdadera victoria de esa integración. Con conflictos internos, como cualquier familia, según da cuenta también el libro, pero conflictos que cuando llegan los postres al final de la cena –según el argumento–, ya existe un clima de conciliación, entre los miembros de la familia, entre las generaciones, entre las visiones políticas, entre los distintos puntos de vista sobre qué hacer y cómo ser judío, y cómo incidir y comprender el mundo árabe y la herencia o pertenencia árabe que también forma parte de esta genealogía híbrida, como la escritura de estos tiempos.

Por eso, cuando en la introducción el autor habla de su propósito de escribir una biografía novelada, ya es una propuesta que viene encontrar un camino narrativo acorde con la envergadura y con la complejidad de esta historia. Esta historia que ubica al autor en el trabajo de documentar, compilar, redactar y otras funciones que cumple con creces; pero lo más importante, esta historia lo ubica en la necesidad de trasladar a la escritura los registros de una realidad y de todo aquello que en los testimonios de Leila –personaje central del libro– se convierte en un compromiso ineludible: escribir las memorias continuas de la memoria.

Por eso, además, cuando en el prólogo o introducción Julián Schvindlerman se refiere a aquel encuentro en la librería “El Ateneo Gran Sprending y luego en el epílogo vuelve a referir ese hecho –aparentemente extradiegético, es decir, por fuera el contenido y el contexto narrativos– también está narrando, también está tensando y extendiendo las tramas de esta historia. ¿Familiar? Sí, definitivamente. Pero también es una historia que atraviesa siglos, países, culturas, religiones, guerras, conflictos armados, dictaduras, democracias perdidas y recuperadas; el surgimiento, el desarrollo, el florecer y el exterminio de instituciones, culturas, naciones… Por eso, finalmente, no desentonan y son muy necesarios todos los pasajes de esta narración donde el autor documenta con nombres propios, con datos, lugares y hechos concretos. Por ejemplo: no podríamos leer de otro modo más claro, justo y preciso esta historia familiar sin mencionar al nazismo, a cada uno de los campos de exterminio donde murieron los familiares referidos y tantos más desconocidos entre 6 millones de judíos y otros discriminados y perseguidos. No podría entenderse el tratamiento argumental del siglo xx sin mencionar y abordar aquí la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto Judío, el barco St. Louis y otros… Y aquí, en este libro, también es pertinente hablar y se habla de Stalin, de los periodos de la dictadura de Batista en Cuba, de la revolución y de la dictadura revolucionaria de Fidel Castro. También se habla o se escribe –incluso como títulos y contenidos de cada uno de los capítulos de la primera parte de libro– de pueblos y ciudades específicas, con nombre propio, por donde también trascurrió cada rama o trama de esta historia familiar: Jabal Amel, Montevideo, Esperanza, Beirut, Nueva York… Y luego, por ejemplo, Damasco y el museo del Hezbolá en Beirut.

Cuando comienza la segunda parte del libro, en la página 168 para ser más precisos, es que comienza en verdad la porción, el espacio biográfico que corresponde a Leila, y es cuando, como lectores, pero esencialmente como humanos comprendemos la complejidad y la envergadura del drama de Fawwaz (musulmán converso, en apariencias o en parte, al judaísmo), esposo de Inés (hija de judíos lituanos, sobrevivientes y que vienen a parar a un pueblo de Uruguay) y padre árabe de Leila (mujer judía por la educación de sus padres, y por su vocación y por su convicción es judía y madre judía también). Éste es un libro escrito con y desde la judeidad (como sensibilidad: estado sensible y de pertenencia a lo judío y al judaísmo en todas sus manifestaciones, también en la religiosa). Además, es un libro escrito desde el judaísmo (como religión, como cultura, como reconocimiento y parte del pueblo presente y ancestral). Y es un libro que propone, no impone, una visión sionista (como reconocimiento al derecho de existencia y a los valores formidables del Estado de Israel). También es un libro que se ocupa de incluir lo aprobable y lo repudiable de la otra parte; la parte negadora, la parte que se empeña en destruir la historia que este libro y el pueblo del libro ha escrito de sí, con otros y por otros.
Pero lo más importante que deja esta historia es el poder de inclusión, de amalgamiento entre lo diverso, lo históricamente inmensurable y hecho de opuestos incompatibles. Porque narra una historia real, una biografía novelada, pero no tergiversa ni evade los escollos históricos ni las encrucijadas de los tiempos pasados, actuales y presumiblemente fututos.

En estos tiempos actuales también de escrituras híbridas, Juan José Saer (un gran escritor argentino, católico y de procedencia familiar siria) en su reconocido ensayo “El concepto de ficción” (1989), dice lo siguiente: La verdad no es lo contrario de la ficción, y cuando optamos por la práctica de la ficción, no lo hacemos con el propósito turbio de tergiversar la verdad. (…) No se escriben ficciones para eludir (…) los rigores que exige la verdad. Del mismo modo, luego de leer La carta escondida, podríamos decir que no se escribe narrativa de no-ficción para emular o contradecir la ficción, sino para extender el valor escritural y legible de la realidad y de lo verdadero. También para potenciar las posibilidades expresivas de las tramas humanas. Esas tramas humanas que no deben reducirse, sino manifestarse en toda su extensión y complejidad, como magníficamente hizo Julián Schvindlerman en este libro. Y que cumple también con aquel pedido o caracterización que hizo Saer de la novela contemporánea: La novela es una epopeya subjetiva en la que el autor pide permiso para tratar el universo a su manera. Y Julián lo hizo, con todos estos personajes reales y recreados. Con todo lo que hace de este libro una biografía colectiva y una novela polifónica de la realidad y sus complejidades, adonde todos pertenecemos.

Valió la pena que Leila contactara al autor, que se encontraran en la librería El Ateneo y conversaran dos horas. Julián ha escrito una epopeya subjetiva, de personajes más cívicos que épicos, más constructores de su destino que entregados a una falla trágica. De manera, Leila, que valió la pena el libro. Es otra carta más, muy completa, contundente. Y queda.

La Carta Escondida - Reseñas

Magali Milmaniene – 28/08/18

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Por Magali Milmaniene
Dra. en Psicología y Lic. en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires

La carta escondida es una novela coral, en la que Julián Schvindlerman despliega con gran virtuosismo y sensibilidad poética, algunos temas que forman parte y  atraviesan sus rigurosas investigaciones, plasmadas en sus últimos libros  teóricos: Roma y Jerusalén (2010), Triángulo de infamia (2014), Tierras por paz, tierras por Guerra (2002).

Se trata de una novela polifónica, puesto que a través de una pluralidad de voces y de registros narrativos, expresa el derrotero del pueblo judío, signado   por conflictos identitarios, por sinuosos caminos espirituales, e intrincados recorridos (exilios, diásporas, retornos y persecuciones).

La obra de Julián Schvindlerman se filia en el canon de las sagas históricas clásicas del género literario tales como Éxodo de León Uris, Guerra y Paz de Tolstoi, Vida y Destino de Vasili Grossman, así como de la filmografía contemporánea, por ejemplo Sunshine (1999), y El violinista  en el tejado (1971).  

En todas estas producciones ficcionales  se  asiste a una  indagación genealógica  que va tejiendo y destejiendo una trama hilvanada por conflictos amorosos, étnicos, políticos y religiosos entre clanes familiares, sobre el horizonte de  escenarios epocales turbulentos.

Abordé dos  ejes temáticos centrales que se pueden colegir del texto:

a) La cuestión de la identidad y b) el secreto.

a) El problema de la identidad es uno de los ejes nucleares en torno al cual se despliega la trama argumental. Así Fawwaz, uno de los protagonistas, es un ciudadano de origen libanés, que desde un pueblo recóndito, emigra impulsado por los conflictos de la región a Montevideo. Lo hace junto a su hermano, quien después retorna a su país y se une a las filas del fanatismo chiita. Allí, en ese país  sudamericano, ajeno a su universo simbólico-cultural, conoce a Inés quien fuera después su prometida.

Inés proviene de una familia  judía  no-observante, sobreviviente de la Shoah,  que permanece fiel a su identidad y ligada a sus tradiciones. Fawwa e Inés  se enamoran y  al poco tiempo formalizan el vínculo y contraen casamineto.

La unión conyugal adviene luego de la conversión de Fawwas al judaísmo la  aceptación de las condiciones que le impone tácitamente su familia política.  Sin embargo, no todo resulta tan armónico, dado que mientras Fawwas  mantiene una aparente adhesión al judaísmo, en su esfera privada se vuelca a los rituales islámicos.

Así, relata el autor:

Fawwas valoraba las enseñanzas que había aprendido acerca del Judaísmo pero-secretamente- rezaba cinco veces al día en dirección a la meca, leía el Corán semanalmente  y escuchaba  programas de radio árabe. Necesitaba hacer ello para recordarse que él seguía siendo musulmán. Era un acto privado, íntimo, que lo tenía a sí mismo como único destinatario. No pretendía desafiar a nadie con esos gestos, había aceptado convertirse para poder  casarse con su amada judía de modo que no hubiera  sido procedente  incomodar a sus suegros  o a su esposa. Pero se había jurado a si mismo que nunca dejaría de ser lo que realmente  era; un musulmán orgulloso.

Tal como destacan distintas vertientes  teóricas (Cesca, 2016) de la cuestión identitaria, la situación de residir en una geografía particular no deriva mecánicamente en “anclajes simbólicos”. La vida en un nuevo territorio geográfico  -como bien señala Cesca (2016)- no genera necesariamente una renovada identidad, pero siempre nos  confronta incesantemente  sobre nuestras raíces y orígenes étnicos.

En la misma dirección, Gerard Hassoun en Los contrabandistas de la memoria (1996),  analiza  los distintos modos  tramitar nuestra filiación identitaria:

“aunque seamos rebeldes  o escépticos  frente a lo que nos ha sido legado y en lo que estamos inscriptos, que adhiramos o no a esos valores, no excluye que nuestra vida sea más o menos deudora de eso” (Hassoun, G., (1996) en Cesca, 2016, p.36).

Entonces trasladarse y migrar desde distintos lugares del mundo hacia nuevas geografías supone, en resumidas cuentas, que la persona rearme su vida, repiense sus tradiciones y reconstruya su identidad. Sin embargo, este proceso migratorio no sucede de un modo armónico. Usualmente, las tensiones y los conflictos entre lo nuevo y lo ancestral, habitan al sujeto, hasta el punto de producir un desgarramiento  subjetivo, tanto cuanto más ambas identidades son  antagónicas, en el caso de Fawwas entre sus filiación musulmana y su conversión al judaísmo. 

Así, Fawwas intenta encontrar cierta normalidad, que compatibilice los aspectos escindidos de su identidad, dado que si bien se adhiere a la  pertenencia étnica de su esposa, en secreto se mantiene fiel a sus tradiciones.

El protagonista intenta resolver dicha dualidad a través del ocultamiento de la misma. Pero el secreto y lo no dicho inciden emocionalmente de modo traumático en su hija Leila, dado que ella percibe un enigma referido a sus orígenes que la inquieta y la conduce  a intentar su resolución. Es decir, trata  de entender y dilucidar los conflictos identitarios no resueltos de sus padres, a los  que  luego ella busca afanosamente resolver o al menos integrar.

Este malestar interior no explicitado de Fawwas, se expresa sintomáticamente  en   los diversos caminos religiosos y políticos que emprende cada  uno de sus hijos. Uno de sus hijos Eduardo, casado con una mujer no-judía Fabiana, se convierte en un acérrimo crítico de la política Israelí. Por otro lado, en Leila la tensión interna ligada al malestar identitario, se infiltraba en el ámbito profesional y en  sus relaciones laborales. Así,  su identidad “musulmana” percibida o asignada por su apellido Zuhair, tenía más peso social que su identificación como judía, conflicto que le generaba mucha angustia: “(…) respecto a su hospital se interrogaba: ¿Debía decirles que en realidad era judia?” (Schvindlerman, J. 2018).  

Este “malestar subjetivo” expresa en el plano ficcional  un debate  que cobra vigencia referido a las tensiones entre las identidades asignadas, a partir de las    representaciones que se juegan en el imaginario colectivo imperante, en  discordancia con  la identidad  vivida o auto-percibida.  

En uno de los episodios, Leila atiende, como asistente social, a un paciente palestino llamado Wallid, el cual  devuelve en espejo su propia conflictiva, y que  genera en ella una multiplicidad de reflexiones e interrogantes tendientes a resolver sus conflictos filiatorios.

Leila -nombre que alude, según Schvindlerman al significante “noche” en lengua árabe, noche que separa ambas familias- opera en el conflicto tratando de armonizar y compatibilizar las diferencias étnico-religiosas de sus padres,  y  sus incesantes búsquedas devienen de su plena dialectización. Tal como lo expresa acertadamente el autor: la identidad -cualquiera sea ésta-  no puede ser ocultada o reprimida,   ya que la misma tiende a insistir y a expresarse convocando al sujeto  a su asunción desde lo más profundo de su ser.

En este sentido, la fidelidad a su identidad y a sus tradiciones ancestrales -llámese mandatos, recuerdos,  vivencias-  interpelan al protagonista (Fawwaz) y lo obligan a reencontrarse con sus orígenes negados. Cuando finalmente puede   reapropiarse de  su filiación de un modo genuino y auténtico, y reencontrarse   con su origen musulmán, se pacifica internamente y aventa así, los fantasmas espectrales que  le generaban un permanente desasosiego y angustia existencial. Recodemos que renegar de los orígenes genera una culpa de difícil tramitación simbólica.

Insistimos que sólo desde la plena y auténtica asunción de nuestra  identidad -sin ocultamientos e imposturas- podremos ir al encuentro del prójimo, en términos de hospitalidad, reconocimiento y diálogo intersubjetivo. Desde esta concepción filosófica es que el autor despliega su relato y se instala así, en un posicionamiento teórico a contrapelo de la exaltación posmoderna e hipermoderna de visiones románticas e idílicas ligadas a las posibles fusiones, mixturas e  hibridaciones  de identidades, de carácter  armónicas, que excluyen todo tipo de conflictividad, las que finalmente derivan en complejos conflictos familiares y subjetivos de difícil tramitación. En este caso, se trata de dos identidades ligadas a ancestrales conflictos étnicos, religiosos y políticos, que dificultan la armonización, quizás posible en otras condiciones menos conflictivas y antagónicas.

b) El secreto:

Simmel decía: “El secreto contiene una tensión,  que se resuelve en el momento de la revelación”. (Simmel: 1986, p.381 citado por  Rodriguez Pérsico, A, 2006.)

Toda saga genealógica, tal como nos señala el autor, encierra un secreto, que produce efectos y que insiste en ser revelado, a través de las generaciones.

Todo lo no-dicho,  genera efectos en las relaciones familiares. Lo secretos y los ocultamientos siempre se perciben  inconscientemente, y nunca se puede eludir su incidencia, que resiste e insiste en su resolución.

Asi, todo lo que se guarda en secreto se concibe una vía  que permite  sostener  la fantasía de procrastinar o  disipar  el sufrimiento (Alarcón de Soler, 2007)  que este escenario de identidades duales  le provocaría a todo el grupo en caso de ser develada.

En nombre de esa operación subjetiva, Fawwaz debe pues compatibilizar la realidad compleja,  dado que debe sostener ciertos ideales familiares -asentados en el mandato ancestral de sostener su familia unida-  a la vez que preservar su identidad de origen.

El secreto se impone pues como un modo preservar esta dualidad de pertenencias y fidelidades, que pervive en él como irreconciliable. El secreto en tanto mecanismo de resolución fallido -asentado en un pacto de silencio- es el que  da origen al drama familiar.

La función del secreto  permite preservar  así al núcleo familiar y evitar el conflicto que supone la pertenencia a dos universos socio-culturales antagónicos, dado que la revelación de la verdad renegada amenaza así con  vulnerar la moralidad compartida de ese grupo conformado por la confluencia de dos tradiciones en conflicto. (Alarcón de Soler, 2007).

El desenlace de la obra,  porta en sí mismo un mensaje ético-emancipatorio para  cada uno de los protagonistas, especialmente para Leila, puesto que  el encuentro con la cultura  musulmana en su viaje geográfico,  cultural y simbólico a Beirut, le permite a ella alcanzar la “plenitud existencial”. Esta deriva a partir de la reconciliación y el reencuentro con aspectos  muy profundos de su identidad y de su historia, con la convicción que dicha revelación  no la obliga a  desconocer ni renegar de  su  filiación en el judaísmo.

Para concluir, se  debe destacar  que, en estos  tiempos  hipermodernos de  orfandad de valores y de retirada de los grandes relatos de la modernidad,  es inusual  encontrar literaturas  que aúnen una rigurosa  matriz conceptual  con una sensibilidad poética y un fuerte compromiso ético como el  que  despliega el autor,  el cual nos permite inteligir y debatir los conflictos identitarios, políticos y culturales de una época en toda su verdad.

En suma, la novela, más allá de sus  logradas  cualidades  literarias, genera un efecto de transmisión, dado que de su lectura se desprenden un contundente mensaje ético y humanista

Bibliografía:

Alarcón de Soler, M. (2007). Secretos familiares y sus marcas en la subjetividad disponible en: http://www.aappg.org/wp-content/uploads/2007-N%C2%BA1.pdf

Cesca, P. (2016). Los alumnos inmigrantes,  Buenos Aires: ed Mandioca.

Hassoun, J. (1996). Los contrabandistas de la memoria,  Buenos Aires: De la Flor.

Rodríguez Pérsico, A. (2006). “El lugar (del) secreto: Leopoldo Lugones y las figuras del escritor”. Cuadernos Lirico, Revista  de la red universitaria  de  estudios  sobre las literaturas rioplatenses contemporáneas en  Francia.  (1- 2006). Disponible en: http://journals.openedition.org/lirico/302; DOI: 10.4000/lirico.302.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2018

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Israel es el estado-nación del pueblo Judío – 23/08/18

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Hay alrededor de doscientos estados en el mundo. Cincuenta y siete de ellos son países musulmanes. Veinte son árabes. Otros muchos son cristianos o laicos. De esta constelación, sólo uno es judío. El 19 de julio pasado, Israel declaró ello jurídicamente en una votación en la Knesset de 62 votos a favor, 55 en contra y 2 abstenciones. Esta nueva Ley Básica ha codificado el carácter judío del Estado. Así como Grecia es el país de los griegos, Colombia el de los colombianos y Libia el de los libios; Israel es el estado de los judíos.

Tradicionalmente, Israel se ha definido como un estado “judío y democrático”. La dimensión democrática ya estaba contenida en las quince leyes básicas preexistentes. La dimensión judía lo está ahora con esta nueva ley.

Los críticos han observado que la noción de la igualdad no fue incorporada a esta ley. No tenía sentido hacerlo puesto que esa igualdad ya está mencionada en otras leyes. Por ejemplo, la Ley Básica: Dignidad Humana y Libertad (1992) dice que su propósito es “proteger la dignidad humana y la libertad”, define a Israel como “un estado judío y democrático”, asegura que “los derechos humanos fundamentales en Israel se basan en el reconocimiento del valor del ser humano, la santidad de la vida humana y el principio de que todas las personas son libres” y refiere a los principios de la Declaración de la Independencia del Estado de Israel, la que postula que “El Estado de Israel fomentará el desarrollo del país para todos sus habitantes, se basará en la libertad, la justicia y la paz… y garantizará la completa igualdad de los derechos sociales y políticos para todos sus habitantes, independientemente de su religión, raza o sexo…”.

Tal como observó Bret Stephens, esta nueva ley no derogó ninguna ley previa. Fue aprobada democráticamente, y puede ser revocada democráticamente. La democracia israelí no está en riesgo.

Israel trata a sus minorías con respeto. Los árabes (20% de la población) acceden a las universidades, a la Corte Suprema, a la Cancillería, al Parlamento, y a la Policía. Pueden entrar y salir del país libremente y desplazarse internamente en libertad. Pueden hablar el árabe y gozan de los mismos beneficios que el resto de la población. Esta ley asegura que el árabe tendrá un estatus especial que no afecta su uso previo, corrigiendo así una herencia del Mandato Británico que puso al Hebreo a la par que el árabe y el inglés.

La nueva ley declara que el “Hatikva” es el himno nacional, que el Hebreo es el idioma oficial, que Jerusalem es su capital, que la “Menorá” es su símbolo, que el “Shabat” es su día de descanso, que el Día de la Independencia es su fiesta nacional y que el Día del Holocausto es una conmemoración nacional. Proclama que Israel está abierta a la inmigración judía y que protegerá a los judíos y a los israelíes (judíos o no) que se hallen en problemas en el extranjero.

Nada controversial aquí. La cruz cristiana puede verse en varias banderas europeas: en las de Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Grecia e Inglaterra, entre otras. La media luna islámica flamea orgullosamente en las banderas de Malasia, Turquía, Argelia, Túnez, Pakistán y Maldivas, entre otras. Francia y España declaran oficiales al francés y al español respectivamente. La República Islámica de Irán incorpora a la religión islámica en la misma designación oficial del país. (Cabe notar que esta Ley Básica no afirma que el judaísmo será la religión oficial).

La nueva Ley Básica declara que Israel es la patria histórica del pueblo judío, el que tiene el derecho exclusivo a la autodeterminación nacional en esa tierra. Vale decir, individualmente preserva los derechos de todos sus ciudadanos; colectivamente sostiene que sólo los judíos tienen derecho a auto-determinarse nacionalmente en Israel. Eso es perfectamente legítimo. Y lógico. Como señaló Melanie Phillips: “Ningún país en el mundo otorga la autodeterminación nacional a sus minorías, por la simple razón de que hacerlo convertiría a esas minorías en una nación propia”. Esto no lo hace Finlandia con su minoría sueca, ni Argentina con su minoría Boliviana, ni Egipto con su minoría copta, ni Francia con su minoría islámica. Tampoco lo hará Israel con su minoría árabe.

Esta ley sostiene que promoverá los asentamientos. Ideológicamente, esto puede resultar controvertido para algunos. Pero cabe recordar que eso mismo sostuvo el Mandato Británico sobre Palestina de 1920 y que ha sido la piedra basal del sionismo desde su nacimiento.

La noción de que Israel es un estado judío nació con el sionismo político mismo y la publicación en 1896 de El estado judío de Theodor Herzl. La Declaración Balfour de 1918 se manifestó a favor de un “Hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. La Comisión Peel de 1937 postuló: “Si el experimento de establecer un Hogar Nacional Judío fuese exitoso y un número suficiente de judíos fuesen a Palestina, el Hogar Nacional podría convertirse con el transcurso del tiempo en un estado judío”. El Plan de Partición de Palestina de 1947 (Resolución 181 de la Asamblea General) empleó el término “estado judío” treinta veces: 27 veces en el texto de la resolución y 3 veces en notas al pie. La Declaración de Independencia de Israel de 1948 afirmó cinco veces que el país es un “estado judío”, de manera destacada así: “Nosotros… declaramos el establecimiento de un estado judío en Eretz Israel, que será conocido como el Estado de Israel”.

De manera que al auto-definirse como un “estado judío” en el 2018, Israel ha actuado en consonancia con el marco legal otorgado a su carácter nacional desde 1918 en adelante. Incluso Yasser Arafat, en diciembre de 1988, dijo: “Aceptamos dos estados, el estado palestino y el estado judío de Israel”. Por supuesto, el líder palestino mintió en aquella ocasión: la Carta Nacional Palestina de 1964 niega todo derecho a la autodeterminación nacional al pueblo judío. Pero su frase da testimonio de que no hay nada asombroso en la definición de Israel como un estado judío.

Ignorando convenientemente estos precedentes, el presidente palestino Mahmoud Abbas ha dicho que la nueva ley básica es “racista y fascista”. Echemos un vistazo a la Constitución palestina (borrador final del 2003). Artículo 2: “Palestina es parte de la gran nación árabe”. Artículo 4: “Jerusalem es la capital del estado de Palestina”. Artículo 5: “El árabe y el islam son el idioma y la religión oficiales palestinos”. Artículo 7: “Los principios de la Sharía islámica son una fuente importante de legislación”. Entonces, se pregunta Daniel Pipes, “¿Palestina será musulmana pero Israel no puede ser judío?”. Agrega Netanyahu: ¿Es posible estar a favor de una solución de dos estados y simultáneamente rechazar la noción de un estado judío? Uno podría acotar también que la auto-definición de estado judío armoniza con la Resolución 181 de la ONU, mientras que la auto-definición de Palestina como estado musulmán, no, dado que dicha Resolución habló de un “estado judío” y un “estado árabe”.

Setenta años después de que la Asamblea General de la ONU dijera que Israel sería un estado judío, era hora que los propios israelíes declarasen lo mismo. 

The Times of Israel, The Times of Israel - 2018

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Daniel Barenboim, Proud Palestinian – 25/07/18

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 25/07/18

https://blogs.timesofisrael.com/daniel-barenboim-proud-palestinian/

In an article published in the Israeli newspaper Haaretz and republished at least in the British The Guardian, the Spanish El País and the Argentine La Nación, acclaimed conductor Daniel Barenboim expressed feeling ashamed to be an Israeli since the state “passed a law which replaces the principle of equality and universal values with nationalism and racism.” Of course none of that has happened, but the Maestro is given to bombastic exaggeration every time he has an opportunity to revile Israel.

In 1947, the General Assembly of the United Nations called for the establishment of a Jewish state and an Arab state. Those were its terms. That was its nomenclature. Seventy years later, Israel declares that it is a Jewish state. The only one, let’s remember, in the whole concert of nations. Nor is Israel the only country to emphasize its national symbols. Sweden, Norway, Finland, Denmark, Greece and England, among others, have a Christian cross on their flags. Malaysia, Turkey, Algeria, Tunisia, Pakistan and Maldives, among others, have an Islamic crescent on theirs. France and Spain declare French and Spanish, respectively, as their official languages. Iran even names the Muslim religion in its official designation: Islamic Republic of Iran. Once again, Israel is questioned for doing what other nations do without frights.

And what about Palestine? Let’s take a look at the first articles of the 2003-approved draft of its Constitution. Article 2: “Palestine is part of the great Arab nation.” Article 4: “Jerusalem is the capital of the State of Palestine.” Article 5: “Arabic and Islam are the official Palestinian language and religion.” Article 7: “The principles of Islamic Sharia are a major source for legislation.” Daniel Barenboim has Palestinian nationality. Does any of this embarrass him in any way? Is it perhaps embarrassing to him that the Palestinian government in the West Bank applies the death penalty to Palestinians who sell land to Jews? Or that the Palestinian president has minimized the Holocaust? Or that the Palestinian government in Gaza kills homosexuals? Or that it attacks the Israelis with rockets, rifles, tunnels and incendiary kites? Does he not feel personal embarrassment when his countrymen in the territories give out candies every time an Israeli is killed?

We look forward to his indignant article in Al-Hayat al-Jadida.

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[Versión en español]

Barenboim, palestino orgulloso

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 25/07/18

En un artículo publicado en el diario israelí Haaretz y reproducido al menos en el inglés The Guardian, el español El País y el argentino La Nación, el aclamado director de orquesta Daniel Barenboim expresó sentir vergüenza de ser israelí puesto que el estado “aprobó una ley que reemplaza el principio de igualdad y los valores universales por el nacionalismo y el racismo”. Por supuesto que nada de eso ha ocurrido, pero el Maestro es dado a la exageración bombástica cada vez que tiene la oportunidad de denostar a Israel.

En 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas pidió por la creación de un estado judío y uno árabe. Esos fueron sus términos. Esa su nomenclatura. Setenta años después, Israel declara que es un estado judío. El único, recordemos, en todo el concierto de las naciones. Ni es Israel el único país en subrayar sus símbolos nacionales. Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Grecia e Inglaterra, entre otros, tienen una cruz cristiana en sus banderas. Malasia, Turquía, Argelia, Túnez, Pakistán y Maldivas, entre otros, tienen una media luna islámica en la suya. Francia y España declaran al francés y al español, respectivamente, como sus idiomas oficiales. Irán incluso nombra a la religión musulmana en la designación oficial del país: República Islámica de Irán. Una vez más, Israel es cuestionado por hacer lo que otras naciones hacen sin sobresaltos.

¿Y qué sobre Palestina? Veamos los primeros artículos del borrador aprobado de su Constitución en el 2003. Artículo 2: “Palestina es parte de la gran nación árabe”. Artículo 4: “Jerusalem es la capital del estado de Palestina”. Artículo 5: “El árabe y el Islam son el idioma y la religión oficiales palestinos”. Artículo 7: “Los principios de la Sharia islámica son una fuente importante de legislación”. Daniel Barenboim tiene la nacionalidad palestina. ¿Lo avergüenza esto de alguna manera? ¿Lo avergüenza quizás que el gobierno palestino de Cisjordania castigue con la pena de muerte a los palestinos que vendan tierras a los judíos? ¿O que su presidente haya minimizado el Holocausto? ¿O que el gobierno palestino en Gaza mate a los homosexuales? ¿O que agreda con cohetes, rifles, túneles y barriletes incendiarios a los israelíes? ¿No siente vergüenza personal el señor Barenboim cuando sus compatriotas en los territorios reparten caramelos cada vez que un israelí es asesinado?

Aguardamos expectantes su artículo indignado en Al-Hayat al-Jadida.

Perfil, Perfil - 2018

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Facebook y los que niegan el Holocausto – 25/07/18

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La semana pasada, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, se negó a retirar de la red social contenido que niega la existencia del genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial. Defendió su postura así:

«Soy judío, y hay un grupo de personas que niegan que el Holocausto haya sucedido. Me parece profundamente ofensivo. Pero al final del día, no creo que nuestra plataforma deba remover eso porque creo que hay cosas que las personas entienden erróneamente. No creo que se estén equivocando intencionalmente, pero creo que es difícil impugnar la intención y comprender la intención”. A menos que las personas estén “tratando de organizar daño contra alguien, o de atacar a alguien”, prosiguió, “puedes poner ese contenido en tu página, incluso si las personas pueden estar en desacuerdo o lo encuentran ofensivo”.Tras la reacción provocada, se retractó de sus comentarios: “Personalmente encuentro la negación del Holocausto profundamente ofensiva, y no quisedefender la intención de las personas que lo niegan”. Pero no accedió a bajar los posteosnegacionistas.

Resulta claro que quien entiende erróneamente el asunto es el propio CEO de Facebook. Con dificultad podrá él dirimir con objetividad si la negación del Holocausto constituye un discurso ofensivo que amerite su exclusión de la plataforma global. Afortunadamente existen leyes que lo consideran inaceptable.

La separación entre “intención” y “error” al propagar la idea de que el Holocausto no existió es grotescamente ingenua. Ernst Zündel, Louis Farrakhan, AlíKhameini, Roger Geraudy, Mahmoud Abbas, David Duke, Robert Faurisson, Hutton Gibson (padre de Mel): cuando han negado o minimizado el Holocausto, ¿lo hicieron por error o por convicción?¿Puede alguien negar reiteradamente el Holocausto y alegar que no actúa de mala fe?

En el año 2000, un juez británico debió lidiar anticipadamente con el planteo de Zuckerberg. El historiador británico David Irving, quizás el más prominente negacionista contemporáneo y autor de varios libros sobre la Segunda Guerra Mundial, aseguró que “ningún documento de ninguna índole muestra que el Holocausto haya alguna vez ocurrido”, dijo que jamás existió “ninguna política del Reich para matar a los judíos”, alegó que las cámaras de gas no existieron, exculpó a Hitler de toda responsabilidad por la Kristallnacht y postuló que el führer fue “probablemente el mejor amigo que los judíos tuvieron durante el período del Tercer Reich. Él hacía todo lo que podía para evitar que les pasaran cosas desagradables”, entre otras afirmaciones.Deborah Lipstadt, profesora en la Universidad de Emory, escribió en su libro El creciente asalto a la verdad y la memoriaque Irving era un negador del Holocausto que “distorsiona evidencia”, “manipula documentos” y que “torcía y tergiversaba datos para llegar a conclusiones históricas insostenibles”. También lo tildó de “partisano de Hitler” y que se veía a sí mismo “como el portador del legado de Hitler”.

El señor Irving demandó por libelo a la doctora Lipstadty su editorial PenguinBooks, en Inglaterra, donde la carga de la prueba recae en los demandados. Vale decir que le tocó a ella y a la editorial demostrar que Irving era un negador del Holocausto, lo que significó demostrar en una Corte de Ley que el genocidio judío durante la guerra había existido. Al cabo de 62 días en la Corte y 36.000 páginas de evidencia, el juez Charles Graydictaminó que Irving “tergiversa seriamente las pruebas disponibles contemporáneas”, que se apoya “en tergiversaciones, mala interpretación y omisión de la evidencia documental”, que su enfoque tenía un “definido aire de irrealidad”, que “fantaseaba”, que algunos de sus puntos eran “absurdos”,y concluyó que Irving había “repetidamente cruzado la línea divisoria entre la crítica legítima y la denigración prejuiciosa de la raza y el pueblo judío”. Tras dos horas de lectura ofreció su veredicto: “Se deduce que el fallo debe ser a favor de los demandados”.

Durante el juicio, el juez Gray había preguntado retóricamente si alguien podría ser “honestamente antisemita y un honesto extremista al mismo tiempo”, que es esencialmente lo que Zuckerberginadvertidamente ha sugerido: la posibilidad de que pueda haber personas que nieguen el Holocausto sin malas intenciones. Tanto el CEO de Facebook hoy, como este juez inglés entonces, parecían no poder entender que la negación del Holocausto es una forma de antisemitismo. En sus conclusiones, el juez determinó que efectivamente había un nexo, ytachó a Irving de “antisemita” y “racista”.

Quizás Zuckerberg pueda eventualmente deducir esto por sí mismo. Caso contrario, encontrará en este fallo histórico las bases legales y lógicas para arribar a esaconclusión evidente.

Comunidades, Comunidades - 2018

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Alí Akbar Velayati acumula millas aéreas – 25/07/18

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Días atrás, en el mes aniversario de la voladura de la AMIA, Alí Akbar Velayati, quien fuera canciller de la República Islámica de Irán en 1994 y actualmente oficia de asesor del Gran Ayatolá Alí Khameini, entró y salió de Rusia con total impunidad. Se anunció un viaje suyo a China. También entró y salió de Malasia y de Singapur, en julio de 2016, sin dificultades. El pasado noviembre hizo un viaje a El Líbano, posiblemente el país más seguro para los iraníes fuera de Irán. La cancillería argentina ha solicitado su detención preventiva dado el pedido de captura internacional emitido por la justicia local en su contra. Pero en la arena de la geopolítica mundial, como con acierto señalaba en Clarín la periodista Natasha Niebieskikwiat, ninguna nación aliada o relacionada a Irán dará prioridad a estos pedidos argentinos. Alí Akbar Velayati seguirá acumulando millas aéreas con absoluta impunidad. Cabe recordar, además, que INTERPOL se negó en su momento a poner una circular roja sobre su cabeza, aun cuando él fue señalado como partícipe de la reunión del Consejo Supremo de Irán, de agosto de 1993, en la cual se planeó el atentado contra la AMIA en la Argentina.

El Ministro de Defensa Ahmad Vahidi visitó Bolivia, en 2011, con análoga libertad. Buenos Aires se anotó un éxito relativo cuando logró que el gobierno de Evo Morales echara» al oficial iraní pero fue un fracaso que no obtuviera su arresto. Algo parecido puede decirse respecto de un viaje de Mohsen Rabbani a Colombia, en 2016, ocasión en que una protesta argentina frustró su anunciada visita. Por lo demás, el panorama es claro: las autoridades iraníes comprometidas judicialmente aquí, difícilmente serán arrestadas durante sus periplos en el extranjero.

La Argentina debe insistir, desde ya, en estos reclamos judiciales ante el mundo entero, por más fútiles que sean. Nuestra búsqueda de justicia no debe cesar, ni quedar limitada a discursos durante el acto de conmemoración en las puertas de la institución judía, o a la creación de conmovedores videos sobre las víctimas del atentado, o a la generación de loables campañas para que el 18 de julio sea declarado día de duelo nacional. Pero debemos ser realistas en cuanto al alcance de esos pedidos oficiales. Es un hecho que cuando Donald Trump sacó a Estados Unidos del pacto nuclear del P5+1 con Irán, Europa puso el grito en el cielo. Es un hecho que las más prominentes empresas europeas han competido entre sí para ver cuál firmaba con los ayatolás el más jugoso contrato comercial. Recordemos que dentro de la semana de la firma del pacto nuclear en 2015, delegados europeos ya estaban aterrizando en Irán, y que firmas del tamaño de Boeing, Airbus, Renault, Peugeot-Citroen, Siemens y Total, por nombrar unas pocas, establecieron fuertes lazos comerciales con Teherán.

La república islámica es un peso pesado en la geopolítica del Medio Oriente. Mantiene relaciones estratégicas con China y Rusia. Influye en El Líbano, Siria, Irak, Yemen y Gaza. Su presidente, Hasan Rohani, es continuamente -delirantemente- presentado como un moderado por la prensa global. Irán es un país-miembro respetado de las Naciones Unidas, al punto que en 2014 fue elegido para presidir la codiciada Comisión sobre el Estatus de la Mujer del Consejo Económico y Social del organismo, aun cuando acababa de condenar a muerte a una joven de 26 años que había sido violada. El gobierno italiano llegó al extremo de tapar estatuas clásicas durante una visita suya para que el puritano ayatolá no viese un desnudo esculpido en piedra. En esta atmósfera, ¿quién va a arrestar y extraditar a un oficial iraní buscado por la justicia de un país sudamericano por un atentado cometido casi un cuarto de siglo atrás?

Así son las cosas. Hoy. Mañana será otro día. Quizás la ley alcance a los perpetradores, eventualmente. En el presente, nuestra tarea es no abandonar nuestra búsqueda de justicia. Aun, o especialmente, cuando los asesinos -pasaporte en mano- y sus socios -contrato en la mesa- se burlen del dolor que nos han causado.

Infobae, Infobae - 2018

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Por Julián Schvindlerman

  

Alí Akbar Velayati acumula millas aéreas – 18/07/18

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Días atrás, en el mes aniversario de la voladura de la AMIA, Alí Akbar Velayati, quien fuera canciller de la República Islámica de Irán en 1994 y actualmente oficia de asesor del Gran Ayatolá Alí Khameini, entró y salió de Rusia con total impunidad. Se anunció un viaje suyo a China. También entró y salió de Malasia y de Singapur, en julio de 2016, sin dificultades. El pasado noviembre hizo un viaje a El Líbano, posiblemente el país más seguro para los iraníes fuera de Irán. La cancillería argentina ha solicitado su detención preventiva dado el pedido de captura internacional emitido por la justicia local en su contra. Pero en la arena de la geopolítica mundial, como con acierto señalaba en Clarín la periodista Natasha Niebieskikwiat, ninguna nación aliada o relacionada a Irán dará prioridad a estos pedidos argentinos. Alí Akbar Velayati seguirá acumulando millas aéreas con absoluta impunidad. Cabe recordar, además, que INTERPOL se negó en su momento a poner una circular roja sobre su cabeza, aun cuando él fue señalado como partícipe de la reunión del Consejo Supremo de Irán, de agosto de 1993, en la cual se planeó el atentado contra la AMIA en la Argentina.

El Ministro de Defensa Ahmad Vahidi visitó Bolivia, en 2011, con análoga libertad. Buenos Aires se anotó un éxito relativo cuando logró que el gobierno de Evo Morales “echara” al oficial iraní pero fue un fracaso que no obtuviera su arresto. Algo parecido puede decirse respecto de un viaje de Mohsen Rabbani a Colombia, en 2016, ocasión en que una protesta argentina frustró su anunciada visita. Por lo demás, el panorama es claro: las autoridades iraníes comprometidas judicialmente aquí, difícilmente serán arrestadas durante sus periplos en el extranjero.

La Argentina debe insistir, desde ya, en estos reclamos judiciales ante el mundo entero, por más fútiles que sean. Nuestra búsqueda de justicia no debe cesar, ni quedar limitada a discursos durante el acto de conmemoración en las puertas de la institución judía, o a la creación de conmovedores videos sobre las víctimas del atentado, o a la generación de loables campañas para que el 18 de julio sea declarado día de duelo nacional. Pero debemos ser realistas en cuanto al alcance de esos pedidos oficiales. Es un hecho que cuando Donald Trump sacó a Estados Unidos del pacto nuclear del P5+1 con Irán, Europa puso el grito en el cielo. Es un hecho que las más prominentes empresas europeas han competido entre sí para ver cuál firmaba con los ayatolás el más jugoso contrato comercial. Recordemos que dentro de la semana de la firma del pacto nuclear en 2015, delegados europeos ya estaban aterrizando en Irán, y que firmas del tamaño de Boeing, Airbus, Renault, Peugeot-Citroen, Siemens y Total, por nombrar unas pocas, establecieron fuertes lazos comerciales con Teherán.

La república islámica es un peso pesado en la geopolítica del Medio Oriente. Mantiene relaciones estratégicas con China y Rusia. Influye en El Líbano, Siria, Irak, Yemen y Gaza. Su presidente, Hasan Rohani, es continuamente -delirantemente- presentado como un moderado por la prensa global. Irán es un país-miembro respetado de las Naciones Unidas, al punto que en 2014 fue elegido para presidir la codiciada Comisión sobre el Estatus de la Mujer del Consejo Económico y Social del organismo, aun cuando acababa de condenar a muerte a una joven de 26 años que había sido violada. El gobierno italiano llegó al extremo de tapar estatuas clásicas durante una visita suya para que el puritano ayatolá no viese un desnudo esculpido en piedra. En esta atmósfera, ¿quién va a arrestar y extraditar a un oficial iraní buscado por la justicia de un país sudamericano por un atentado cometido casi un cuarto de siglo atrás?

Así son las cosas. Hoy. Mañana será otro día. Quizás la ley alcance a los perpetradores, eventualmente. En el presente, nuestra tarea es no abandonar nuestra búsqueda de justicia. Aun, o especialmente, cuando los asesinos -pasaporte en mano- y sus socios –contrato en la mesa- se burlen del dolor que nos han causado.

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Por Julián Schvindlerman

  

Charles Krauthammer, 1950-2018 – 28/06/18

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Dejo esta vida sin arrepentimientos. Fue una vida maravillosa; completa y llena de grandes amores y grandes esfuerzos que la hacen merecedora de ser vivida. Estoy triste de tener que irme, pero me voy con el conocimiento de que he vivido la vida que quise.

Charles Krauthammer

Despedirse de este mundo con semejante auto-satisfacción personal es el privilegio -y la proeza- de unos pocos. No sorprende que Krauthammmer esté entre ellos.

Definido por The Financial Times como el más influyente comentarista político de los Estados Unidos, despedido con elogios por George W. Bush y Binyamin Netanyahu, celebrado por Joe Scarborough como “sin lugar a dudas la más poderosa fuerza en el conservadurismo norteamericano” y aplaudido por su colega George Will así “las columnas de Krauthammer suben al periodismo al nivel de la literatura”, este maravilloso pensador y agudo analista político nos ha abandonado el jueves pasado, a los 68 años, víctima de un cáncer.

Intelectualmente, conocí a Krauthammer en 1990, cuando yo tenía 21 años de edad. Era todavía la prehistoria de la tecnología -no internet, no Facebook, no Whatshapp- lo que tornaba casi imposible para un joven argentino leer a un comentarista que publicaba en The New Republic, Time y The Washington Post. Eran tiempos de la primera intifada y por casualidad cayó en mis manos la traducción al español de uno de sus artículos, titulado “Juzgando a Israel”. Un clásico del género de la defensa de esa pequeña nación. Marcó un estándar para entender la compleja dinámica que guía las relaciones de la prensa con el estado judío. Tuve que esperar varios años hasta dar con otro artículo suyo, también al azar, esta vez en una clase de inglés, cuando la maestra ofreció para el debate otro de sus ensayos. Pero fue cuando me desplacé a Jerusalem a cursar un posgrado y me suscribí al Jerusalem Post que advertí nuevamente su nombre, cada vez que ese diario reproducía alguna columna suya. Rápidamente me convertí, como muchos otros, en un fan consumado. El inicio del siglo XXI me encontró residiendo en Washington, ciudad en la que esperaba ansioso el arribo de los viernes, día de su columna en The Washington Post.

Para un argentino liberal, la pluma de Krauthammer se transformó en un alimento indispensable en mi dieta ideológica cotidiana. En sus reflexiones hallé el cobijo intelectual y el amparo emocional que, como articulista, anhelaba. La lógica irrebatible que guiaba su razonamiento, la contundencia de sus argumentos, la elegancia de su prosa, la profundidad de su conocimiento, su claridad moral y conceptual, su asidero factual, y su fina ironía tuvieron en mí un efecto adictivo. Como en este extracto de la introducción a su libro Things That Matter, un compilado de sus mejores artículos a lo largo de una carrera de treinta años, éxito instantáneo del 2013 que vendió un millón de ejemplares, y que al día siguiente de su fallecimiento era el libro más solicitado en Amazon:

“Al biólogo y filósofo Lewis Thomas se le preguntó una vez qué creación deberíamos enviar al espacio como evidencia del logro humano. ´Yo votaría por Bach, todo lo de Bach, lo lanzaría al espacio, una y otra vez´, sugirió. Luego agregó tristemente: ´Estaríamos presumiendo, por supuesto´.
Ni un solo discurso del Estado de la Unión, me atrevería a decir. Ninguna versión del Tratado de No-Proliferación Nuclear. Ni, Dios nos ayude, lo que enviamos al espacio cuando tuvimos la oportunidad. Los Voyager 1 y 2 interestelares llevan, entre otras muestras, los primeros saludos de audio de nuestra especie. ¿Quién es ese que, en nombre de toda la humanidad que ha vivido alguna vez, habla a alguna raza alienígena desconocida a través de la infinitud del espacio? ¿Cuya voz sobrevivirá en la eternidad mucho después de que la Tierra se haya convertido en ceniza? Por supuesto, el jefe de la única institución política que representa a toda la humanidad, el entonces Secretario-General de la ONU Kurt Waldheim. Más tarde se descubrió que él era… un nazi. Uno menor, fíjate. Solo un pequeño engranaje en la máquina. Te hace desear que hubiéramos enviado inmediatamente un Voyager 3 pitando frenéticamente: Por favor ignoren todos los mensajes anteriores.”

Ganador del premio Pulitzer, Charles Krauthammer llegó al análisis político por el camino de la medicina. Hijo neoyorquino de inmigrantes europeos judíos, se mudó a Canadá de niño (“prudentemente llevé a mis padres conmigo”) donde estudió ciencia política y dirigió una revista estudiantil en la universidad McGill que debió rescatar de la extinción inminente dado su “Maoísmo insensato y carente de humor… El Estalinismo era [para los editores anteriores] demasiado moderado y falto de romance. Estos eran, después de todo, los años sesenta”. De allí viajó a la Universidad de Oxford pero la abandonó para ingresar a la carrea de medicina psiquiátrica en Harvard. Un accidente lo confinó a una silla de ruedas de por vida, aun así finalizó sus estudios de medicina con los de su clase. En paralelo al ejercicio de su profesión fue llamado a redactar discursos para Walter Mondale, el candidato a vicepresidente de Jimmy Carter. “Era la primavera de 1986. Seis meses de eso y nuestro bando perdió, mal. Tal fue mi carrera política”. Por eso, cuando le preguntaban en sus años maduros cómo se llega a ser un columnista sindicado mundialmente, reproducido en unos cuatrocientos diarios, él respondía: “Primero, ve a estudiar medicina”.

Como otros progresistas desencantados -Irving Kristol, Norman Podhoretz, Ronald Reagan- abrazó el conservadurismo con el fervor de los conversos hasta llegar a ser uno de sus referentes más prominentes; sin perder jamás su independencia. Fue un crítico áspero de Bill Clinton y Barack Obama y también de Donald Trump, de quien escribió: “Solía pensar a Trump como un niño de once años, un matón escolar subdesarrollado. Le pifié por diez años”. Abordó una vastedad de temas -el rol de EE.UU., las virtudes del ajedrez, la muerte de Lady Di, la sabiduría de Winston Churchill, el futuro de la bioética, el misterio del judaísmo- sin perder nunca el análisis riguroso o la observación perspicaz. Especialmente en estos tiempos de flaccidez periodística e histeria ideológica colectiva, será dolorosamente extrañado.

En años recientes han partido muchos de mis héroes de no-ficción: Oriana Fallaci, Elie Wiesel, Bernard Lewis, William Buckley Jr., por nombrar algunos. La muerte de Krauthammer agrega a mi orfandad intelectual. Hallo consuelo en esta frase de otra heroína, la partisana caída en acción durante la Segunda Guerra Mundial, Jana Senesh:

“Hay estrellas cuya luminosidad es visible en la Tierra aunque hace largo tiempo que se han extinguido. Hay personas cuyo resplandor continúa iluminando al mundo aunque no están más entre los vivos. Estas luces son particularmente brillantes cuando la noche es oscura. Ellas alumbran el camino para la humanidad.”

Descansa en paz, Charles Krauthammer.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2018

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Messi, Rajoub — and Firmenich? – 12/06/18

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 12/06/18
 

Last week, Argentina was supposed to play a football match against Israel. Instead, it ended up playing a political match against Palestine –and lost by a landslide. After being exposed to numerous pressures and threats, led by the Palestinian Football Association, the Argentine team succumbed. The match was canceled.

The most insistent and aggressive exhorts emanated from Jibril Rajoub, the president of the PFA, who said: “We will begin a campaign against the Argentine [Football] Association, and we will personally target Messi, who has tens of millions of fans in Arab states, Islamic states, in Asia, in Africa, and in states that are friends of the Palestinian people… We will target Messi, and will demand that everyone burn their [Messi] shirts and pictures and renounce him.” Some Palestinians burned the Argentine flag. However, what most decidedly tipped the balance towards the refusal to travel to Israel was a small but noisy demonstration of BDS militants in Barcelona. Gathered in front of the place where the Argentine national team was training, they hoisted bloodied team shirts and read by loudspeaker the names of the players followed by the slogan “do not go”. It was after this intimidation that Lionel Messi desisted from playing in Israel.

A few days later, Argentina´s Ministry of Security reported that this demonstration had been called by a Kirchnerist movement named Provincia 25, which is led by Facundo Firmenich, son of Mario Firmenich, both Argentine residents of Barcelona. (Firmenich junior denied any involvement). To the Israelis, those names may not ring a bell, but Argentines recognized them immediately.

Mario Firmenich was the head of the Argentine guerrilla-terrorist group Montoneros, which in the 1970s cultivated close ties with the Palestine Liberation Organization. In his book Montoneros, George Chaya offers some highlights of this relationship. In 1976, in a clear terminological emulation of their admired PLO, Montoneros established the Argentina Liberation Organization. The following year, Mario Firmenich and Fernando Vaca Narvaja, another leader of the group, met with Yasser Arafat and Faruq khadumi in Beirut. The magazine Evita Montonera published a photograph of the meeting that shows the smiling Argentines flanking the head of the PLO, who wears his typical military and keffie attire. A few months later Montoneros and the PLO issued a joint statement against Zionism and in favor of Palestinian rights. In 1978, the Argentine guerrillas opened a press office in Lebanon that published a weekly in Arabic. In July 1980, Maariv reported that “dozens of Argentine guerrillas are being trained in PLO camps near Damascus and Beirut.” Rodolfo Galimberti, a prominent member of Montoneros and a key player in the network with the PLO, fought alongside Palestinian militias in Lebanon, was wounded in combat, interned in Damascus and then evacuated to Paris.

Jibril Rajoub must know this story well. After all, he himself was a protagonist of the era. In 1970 he was imprisoned for throwing a grenade against an Israeli army truck. He was released in 1985, in the framework of an agreement between Israel and the Popular Front for the Liberation of Palestine, led by Ahmed Jibril. In prison, he led hunger strikes and protests, studied Hebrew and -surprisingly enough- along with a cellmate translated into Arabic The Revolt, by Menachem Begin. After his release he was arrested again for his activities during the 1987 intifada and deported to Lebanon. He moved to Tunisia, where he became Arafat’s lieutenant, and in 1994 he returned to the West Bank after the signing of the Oslo Accords. Until 2002 he was in charge of the Preventive Security Force in the West Bank, and since 2006 he has been president of the Palestinian Football Association.

He never lost his radicalism. In June 2012, as head of the Palestine Olympic Committee, Rajoub strongly opposed a one-minute silence during the International Olympic Games, in remembrance of the eleven Israeli athletes murdered by Palestinians at the 1972 Munich Olympics. After Palestinian and Israeli kids played in a joint match, hosted by the Peres Center for Peace to promote coexistence, said Rajoub: “Any activity of normalization in sports with the Zionist enemy is a crime against humanity.” And it was Rajoub who sponsored, in 2015, a tennis tournament named after a terrorist who had stabbed two Israelis to death.

The apparent orchestration by Facundo Firmenich of a pro-Palestinian protest in Barcelona in 2018 closes a circle initiated by his father in the 1970s. The descendants of the Montoneros and the descendants of the PLO continue the struggle, not an armed struggle in this case, but a political one. As Rajoub himself stated in June 2013: “We believe that in the current situation of non-violent resistance, the use of sport and football is an effective tool to promote our rights.” That is quite an improvement from his May 1, 2013 statement about Israel, pronounced on the Lebanese television station Al-Mayadeen: “I swear that if we had a nuke, we would have used it this very morning.”

In light of his record, no one should doubt him.

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[Versión en español]

Messi, Rajoub… ¿y Firmenich?

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 12/06/18

http://blogs.timesofisrael.com/messi-rajoub-and-firmenich/

La semana pasada, la Argentina debía jugar un partido de fútbol contra Israel. En lugar de ello, terminó jugando un partido político contra Palestina… y perdió por goleada. Tras quedar expuesta a numerosas presiones y amenazas, lideradas por la propia Federación de Fútbol Palestina, la selección argentina sucumbió. El partido fue cancelado.

Los exhortos más insistentes y agresivos emanaron de Jibril Rajoub, el presidente de la FFP, quien dijo: “Comenzaremos una campaña contra la Asociación [Argentina] de Fútbol, y nos dirigiremos personalmente a Messi, que tiene decenas de millones de seguidores en estados árabes, islámicos, en Asia, en África y en estados que son amigos del pueblo palestino… Apuntaremos a Messi y demandaremos que todos quemen sus camisetas y afiches [de Messi] y renuncien a él”. Algunos palestinos quemaron la bandera argentina. No obstante, el acontecimiento que inclinó definitivamente la balanza hacia la negativa a viajar a Israel fue una pequeña pero ruidosa manifestación de militantes BDS en Barcelona. Reunidos frente al lugar donde entrenaba el seleccionado argentino, izaron camisetas del equipo ensangrentadas y leyeron por altavoz los nombres de los jugadores seguidos de la consigna “no vayas”. Fue tras este amedrentamiento que Lionel Messi desistió de ir a jugar a Israel.

A los pocos días, el Ministerio de Seguridad de la República Argentina informó que quien llamó a esta manifestación fue un movimiento Kirchnerista denominado Provincia 25, que es liderado por Facundo Firmenich, hijo de Mario Firmenich, ambos argentinos residentes en Barcelona. (Firmenich hijo niega toda participación). A los israelíes esos nombres quizás no les digan mucho, pero los argentinos los reconocieron inmediatamente.

Mario Firmenich fue jefe de la agrupación argentina guerrillera-terrorista Montoneros, que en los años setenta supo cultivar lazos estrechos con la Organización para la Liberación de Palestina. George Chaya en su libro Montoneros ofrece algunos momentos destacados de esta relación. En 1976, en una clara emulación terminológica de su admirada OLP, Montoneros creó la Organización para la Liberación de la Argentina. Al año siguiente, Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja, otro líder del grupo, se reunieron con Yasser Arafat y Faruq khadumi en Beirut. La revista Evita Montonera publicó una fotografía del encuentro que muestra a los argentinos sonrientes flanqueando al titular de la OLP, quien viste su típico atuendo militar y keffie. Unos meses después Montoneros y la OLP emitieron un comunicado conjunto contra el sionismo y a favor de los derechos palestinos. En 1978, los guerrilleros argentinos abrieron una oficina de prensa en el Líbano que editó un semanario en lengua árabe. En julio de 1980, Maariv informaba que “docenas de guerrilleros argentinos están siendo entrenados en campamentos de la OLP cerca de Damasco y Beirut”. Rodolfo Galimberti, un prominente miembro de Montoneros y pieza clave en el entramado con la OLP, luchó junto a las milicias palestinas en el Líbano, fue herido en combate, internado en Damasco y posteriormente evacuado a Paris.

Jibril Rajoub debe conocer bien esta historia. Después de todo, él mismo fue un protagonista de la época. En 1970 fue encarcelado por lanzar una granada contra un camión del ejército israelí. Fue liberado en 1985, en el marco de un acuerdo entre Israel y el Frente Popular para la Liberación de Palestina, dirigido por Ahmed Jibril. En la cárcel, lideró huelgas de hambre y protestas, estudió hebreo y -sorprendentemente- junto con un compañero de celda tradujo al árabe La revuelta, de Menajem Begin. Tras su liberación fue arrestado nuevamente por sus actividades durante la intifada de 1987 y deportado al Líbano. Se mudó a Túnez, donde se convirtió en lugarteniente de Arafat, y en 1994 retornó a Cisjordania después de la firma de los Acuerdos de Oslo. Hasta 2002 tuvo a su cargo la Fuerza de Seguridad Preventiva en Cisjordania y a partir del 2006 preside la Federación Palestina de Fútbol.

Nunca perdió su radicalismo. En junio de 2012, como jefe del Comité Olímpico de Palestina, Rajoub se opuso férreamente a que se llevara a cabo un minuto de silencio durante los juegos olímpicos internacionales, en recordación de los once atletas israelíes asesinados por palestinos en las olimpíadas de Múnich de 1972. Después de que niños palestinos e israelíes jugaran en un partido conjunto en 2014, organizado por el Centro Peres para la Paz con el objeto de promover la coexistencia, dijo Rajoub: “Cualquier actividad de normalización en los deportes con el enemigo sionista es un crimen contra la humanidad”. Y fue Rajoub quien patrocinó, en 2015, un torneo de tenis con el nombre de un terrorista que había matado a puñaladas a dos israelíes.

La aparente gestación por parte de Facundo Firmenich de una protesta pro-palestina en Barcelona en el 2018 cierra un círculo iniciado por su padre en la década del 1970. Los descendientes de los Montoneros y los descendientes de la OLP continúan la lucha, no armada en este caso, sino en el campo de la presión política. Tal como declaró el propio Rajoub en junio de 2013: “Creemos que en la situación actual de resistencia no-violenta, incluir la utilización del deporte y el fútbol es una herramienta efectiva para promover nuestros derechos”. Eso es una mejora respecto de su pronunciamiento del 1 de mayo de 2013 sobre Israel, dicho en el canal de televisión libanés Al-Mayadeen: “Juro que si tuviéramos una bomba nuclear, la habríamos utilizado esta misma mañana”.

A la luz de su historial, nadie debiera ponerlo en duda.

La Carta Escondida - Reseñas

Radio Jai – 29/05/18

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La Carta Escondida, el nuevo libro de Julián Schvindlerman

La editorial Linardi & Risso publicó en Uruguay La Carta Escondida, el nuevo libro del analista internacional Julian Schvindlerman, una biografía novelada basada en hechos reales que cuenta la historia de dos familias, una judía y una árabe.

Cuenta la epopeya de dos familias unidas -y desunidas a la vez- por la historia, la religión, la cultura y la geografía, y del anhelo privado de una mujer de encontrar su lugar justo en esa convulsa y atrapante historia familiar.

Un hombre musulmán libanés se casa con una mujer judía lituana y dan inicio a una historia de amor, encuentros y desencuentros, búsquedas, hallazgos y decepciones, intrigas y aprehensiones, en torno a las dos familias dispares unidas en un matrimonio singular en una pequeña localidad en Uruguay. Tres países, tres culturas, tres historias y modos divergentes de ver la vida, reunidos en un árbol familiar cuyas ramas cargan el peso de pasados duros, exóticos e incluso peligrosos.

Leila -personaje central de esta obra- que en árabe significa “noche”, fue así nombrada por su padre al nacer. Metafóricamente, en tanto la historia discurra, el nombre será una representación simbólica de la noche negra que separa a ambas familias, y a cuya oscuridad Leila deberá ingresar para poder emerger al alba de su propia plenitud existencial.