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Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Frenar el avance de ISIS y las elecciones en Israel, claves para el futuro del medio oriente – 04/01/15

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Por Fernando Gaon

Infobae consultó a varios expertos en la conflictiva zona, que en el 2014 registró una cifra récord de 90 mil muertos, en su mayoría víctimas de la guerra civil en Siria. Desafíos de la amenaza yidahista.

Un año termina y otro comienza, y en Medio Oriente mucho podría ocurrir de un año para otro. Tan así, que a cuatro años de iniciada la «Primavera Árabe», la esperada ola de democratización entre los países musulmanes fue barrida por guerras civiles y un fuerte resurgimiento islamista. Desde luego, son muchos los interrogantes que rodean a las temáticas relacionadas con esta controversial región. Para intentar esclarecer el panorama, Infobae consultó a varios expertos para que compartieran brevemente sus opiniones sobre la situación actual y sus pronósticos para el 2015.

Raymond Ibrahim
Especialista norteamericano en islam y Medio Oriente

-¿Cuáles son los prospectos para 2015?
Las cosas probablemente permanecerán en el statu quo; escucharemos de ataques o victorias esporádicas por parte de Estados Unidos contra el Estado Islámico, pero tan pronto como han aparecido estas noticias, de repente escucharemos cómo los yihadistas han adquirido una posición ventajosa.
-En términos generales, ¿cómo evalúa la situación de las minorías religiosas en Medio Oriente?
¿Mejorará o empeorará la situación en 2015?
Basándonos en tendencias recientes, hay que decir que las cosas seguirán para peor. Hay que acordarse que hace un siglo, casi el 25% de Medio Oriente era todavía cristiano. Hoy, solamente algo como el 2% lo es. La razón detrás de esto es la extendida discriminación a lo que hay que sumarle, en años recientes, la persecución de lleno, un subproducto de la radicalización islámica. Hay que tener en cuenta que en el siglo VII, cuando el islam llegó al escenario, la abrumadora mayoría de África del norte y el sudoeste de Asia –el Medio Oriente– era cristiano. Durante el curso de los siglos el número de cristianos fue disminuyendo y, a menos que se produzca un milagro inesperado, el número continuará disminuyendo. En naciones como Marruecos, Argelia y Libia virtualmente ya no quedan cristianos.
-Mirando hacia atrás, ¿cómo evaluaría a la «Primavera Árabe»? ¿Podemos esperar desenlaces positivos en 2015? ¿Piensa que el Estado Islámico (ISIS) será derrotado?
El Estado Islámico podría ser derrotado – tanto como al-Qaeda fue supuestamente derrotada – pero eso no significa que la ideología detrás de dichos grupos sea derrotada. En tanto esa ideología siga viva, también lo estará la yihad.

Daniel Pipes
Historiador norteamericano y fundador del Middle East Forum


-¿Cómo describiría la situación contemporánea de los movimientos islamistas?
En 2012 parecía que los islamistas podrían superar sus tantas divergencias internas. Sean sectarias, políticas o tácticas, o mismo las actitudes desiguales en relación a la modernidad, parecía que los islamistas podrían cooperar. Las diferencias entre los grupos islamistas eran reales pero secundarias porque -así como lo dije entonces- todos los islamistas patean para el mismo lado; apuntan hacia la completa y severa aplicación de la ley islámica, la sharia. La cooperación persiste de manera pequeña, pero en los últimos meses los islamistas se han lanzado abruptamente los unos contra los otros sobre el pescuezo de los demás. Los islamistas aún constituyen un solo movimiento que comparte objetivos utópicos y supremacistas similares, pero también tienen diferente personal, afiliaciones étnicas, métodos, y filosofías. Las hostilidades intestinas entre los islamistas han estallado en muchos países de mayoría musulmana. Como reflejo de patrones profundos de Medio Oriente, la disensión entre los islamistas les impide trabajar juntos. A la par que el movimiento surge, y sus miembros se acercan al poder y pasan a gobernar, sus grietas se hacen cada vez más divisivas. Las rivalidades que se tapan cuando los islamistas languidecen en la oposición emergen una vez que ostentan poder.
-¿Qué posibilidades hay entonces de que logren superar sus diferencias en el 2015?
Ninguna si esta tendencia continúa. Si sigue así el movimiento islamista estará condenado al fracaso. Es una cuestión de tiempo. Al igual que el fascismo y el comunismo, el islamismo es una amenaza a nuestra civilización, que a pesar de infligir un daño inmenso, nunca es imperante. Esta realidad ofrece motivo para ser optimismo, pero no para la complacencia.

Dlawer Ala’Aldeen
Ex ministro de Educación del Kurdistán iraquí y fundador del Middle East Research Institute (MERI)


-¿Cuáles son en su los principales desafíos que enfrentará la región kurda de Irak en el 2015?
La región kurda de Irak se enfrentó a su año más difícil en 2014. Debió confrontar con una amenaza existencial proveniente del ISIS, y sufrió -y continúa sufriendo- una crisis financiera debido a las políticas centralistas de Bagdad, opuestas a la autonomía regional de Kurdistán. El 2015 será totalmente diferente. El ISIS será contenido y su amenaza a Kurdistán se verá minimizada. El KRG [Gobierno Regional de Kurdistán] será mejor apoyado internacionalmente, mejor equipado y entrenado militarmente, y mejor financiado. Las relaciones con Bagdad ya han cambiado y mejorarán a lo largo del 2015. El KRG se hará cada vez más independiente económicamente, y su curva de crecimiento poco a poco se recuperará. Creo que el Kurdistán Iraquí alcanzó un hito en 2014 y que nunca mirará hacia atrás. Lamentablemente, lo mismo no puede ser dicho de Bagdad, que aún se enfrenta a desafíos enormes. El nuevo Gobierno de [Haider] al-Abadi tendrá un tiempo difícil reconstruyendo a un ejército roto o liberando territorios sunitas del ISIS. El presupuesto de Irak sufrió golpes gigantes por la guerra con el ISIS, y sumado esto a la pobre gestión del Gobierno pasado y la caída en los precios del petróleo, Irak permanecerá débil y relativamente disfuncional debido a la naturaleza de la dinámica de poderes. Importantemente, la guerra contra el ISIS mantendrá a Irak ocupado por los próximos años. Liberar las principales ciudades sunitas, como Mosúl, no será fácil o no podrá ser sin sufrir importantes bajas. Este esfuerzo requiere de la cooperación de la población local, que todavía tiene que ver soluciones políticas alternativas. Incluso si es expulsado de las ciudades, el ISIS puede cambiar sus tácticas y recurrir a una guerra partisana en Irak. También seguirá teniendo sus fortalezas en Siria por un tiempo, debido principalmente a la falta de una fuerza terrestre anti-ISIS creíble – otra que la compuesta por los kurdos que son una pequeña minoría. Lo cierto es que los poderes internacionales y regionales han fallado en encontrar una estrategia clara para lidiar con el ISIS y Siria.
Militantes de ISIS apuntan a soldados iraquíes capturados en una base de Tikrit, Irak
-Regionalmente hablando, ¿cómo serán las dinámicas entre los poderes regionales?
Predecir cómo podrían cambiar las relaciones entre Irán, Turquía y los Estados del Golfo árabe es difícil. Pero deberíamos estar listos para las sorpresas, particularmente en las posiciones turcas. Los ejes del cambio pasarán por: la guerra contra el ISIS, el futuro del régimen de al-Assad, las negociaciones nucleares con Irán y las elecciones en Turquía. Estados Unidos está tratando de progresar en este paisaje complejo, pero por ahora no hay señales de que haya una visión clara para esto.

Erwin Viera
Consultor argentino sobre Medio Oriente


-¿Cuál es la situación y el principal desafío regional?
Con advenimiento de la «Primavera» árabe que resultó no serlo tanto, el desafío regional es el reto a la noción de un Estado Nación árabe, jaqueado por diversas entidades subestatales (kurdos, conflicto sunnitas vs chiítas) y súperestatales (Estado panislámico), que amenazan con el colapso a los Estados árabes, especialmente a aquellos creados tras el fin del Imperio otomano.
-¿Y el desafío en la arena palestina?
La Autoridad Palestina dirigida por Fatah sufre de un creciente problema de legitimidad entre los mismos palestinos, en parte debido a su imagen como partido corrupto, y su ineficacia e ineficiencia en la gestión pública. Hamás y la Yihad Islámica han sabido aprovechar estos agravios, y más allá de los acuerdos temporales, existe una profunda enemistad con Fatah. Si Israel termina su presencia militar en Cisjordania, Hamás y los elementos islamistas, disfrutando de una popularidad y superioridad militar sobre Fatah, son capaces de tomar las riendas del Gobierno y promover una guerra asimétrica de larga data.

Eli Cohen
Abogado y columnista español


-¿Cuál será el foco de atención en Medio Oriente en 2015?
Seguirá siendo el avance del Estado Islámico y el desarrollo de la guerra civil siria, hechos cruciales para el futuro de la región.
-¿Qué sucederá si Benjamín Netanyahu pierde las próximas elecciones en mayo?
Si hay un cambio de color en el gobierno israelí y gana la coalición formada por Isaac Herzog [del partido laborista] y Tzipi Livni [centrista], todo apunta a un nuevo impulso del proceso de paz, seguramente presentado una lista de condiciones más corta que la de Netanyahu.

Julián Schvindlerman
Analista político internacional argentino


-¿Cuál es el panorama que depara 2015 a israelíes y palestinos?
El nuevo año inicia con pocas probabilidades de paz y altas de más guerra. La última confrontación Hamás-Israel demostró que la comunidad internacional aprende muy poco acerca de la dinámica, ideología, objetivos y motivación del Hamás y su lucha contra Israel. El 2014 marcó la tercera instancia en que este grupo fundamentalista agrede al Estado judío, usa las treguas para rearmarse, aprende de sus errores y planifica la siguiente agresión. A poco de finalizada esa contienda, Hamás retomó la construcción de túneles, el entrenamiento de sus cuadros y relanzó su alianza con Irán mientras mantuvo en los márgenes a la Autoridad Palestina, que se suponía tomaría control de las fronteras de Gaza. Estos desarrollos no han despertado demasiada consternación o siquiera atención mundial, ciertamente no en los medios masivos de comunicación y, a juzgar por las recientes declaraciones favorables al estado palestino en varios parlamentos europeos, tampoco en el ámbito político. Con la misión genocida del Hamás intacta y la indiferencia internacional presente, podría ser sólo cuestión de tiempo hasta la próxima confrontación.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Los desafíos estratégicos de un estado Palestino – 02/01/15

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Desde la firma de los Acuerdos de Oslo, los palestinos reclaman un estado independiente en las fronteras previas a 1967, lo que equivale a decir en las fronteras trazadas por las líneas de cese de fuego al fin de la guerra de la independencia de Israel, en 1949. Dejando de lado las opiniones ideológicas y las consideraciones históricas, desde un punto de vista estrictamente militar tales fronteras presentan riesgos de seguridad que todo observador honesto no puede desconocer. Denominadas por el ex canciller israelí Abba Eban “fronteras Auschwitz”, ella encapsulan el máximo riesgo geográfico del país: su falta de profundidad estratégica.

Las dimensiones de Israel son inconcebiblemente pequeñas. En su línea directa más estrecha, apenas catorce kilómetros separan a Cisjordania de la costa mediterránea israelí. El Margen Occidental está a tres kilómetros del aeropuerto internacional del país y a pocos de su parlamento. El triángulo Jerusalem-Haifa-Tel Aviv -área que reúne al 70% de la población y al 80% de la infraestructura económica del país-, está a minutos de distancia de ciudades palestinas. Un jet de guerra puede cubrir el trecho que separa al río Jordán del mar Mediterráneo en tres minutos. Esa es la distancia entre Jordania e Israel, Cisjordania está entre ellas. En otras palabras, Israel carece de profundidad territorial defensiva. No dispone del espacio geográfico mínimo para repeler una agresión terrestre. En octubre de 1973, los israelíes fueron sorprendidos por el ataque sirio y egipcio durante la Guerra del Iom Kipur, cuyas tropas avanzaron treinta kilómetros antes de ser frenadas por el ejército israelí. Si este mismo ataque hubiera arrancado desde las fronteras de 1967, en vez de las de 1973, y si las formaciones árabes se hubieran adentrado en territorio israelí la misma extensión, entonces la nación judía hubiera dejado de existir.

Hasta los años noventa, era tradicional en Israel ver a un potencial estado palestino en Cisjordania como un riesgo militar intolerable. El Acuerdo de Oslo modificó los parámetros ideológicos en la sociedad israelí, pero desde una óptica estratégica este sigue siendo el caso. Aún en la era de los misiles, los que sobrevuelan vastas extensiones terrestres y dan en su objetivo con precisión, la posesión de territorio defensivo sigue siendo crucial. Las guerras, al fin de cuentas, se siguen ganando con tropas en el terreno. Por eso los kurdos y los rebeldes sirios y el gobierno iraquí esperan presencia en el terreno de soldados estadounidenses para que den combate a los jihadistas del Estado Islámico. Las bombas desde el aire ayudan, sin lugar a dudas, pero la derrota enemiga sigue estando marcada por el simbolismo de la bandera plantada en tierra conquistada. Estados Unidos es la potencia líder en misiles balísticos, y aun así controla docenas de bases militares en zonas clave a lo largo y ancho del mundo.

Antaño, en tiempos de Saddam Hussein, el escenario de una alianza palestino-iraquí inquietaba a los militares israelíes. Hoy ese riesgo se ha disuelto, pero fue reemplazado por otro peor: una posible alianza palestino-iraní. Mil quinientos kilómetros separan a Irán de Israel, y sin embargo Teherán posee fronteras militares con el estado judío: en Gaza por medio del grupo islamista sunita Hamas y en el sur del Líbano por medio del movimiento islamista chiíta Hezbollah. Aún si el estado palestino eventual fuese pacífico y un aliado confiable de Israel (un gran “si”), nada asegura que no podrá sucumbir a fuerzas radicales agresivas, tal como ya ha acontecido en porciones de Siria e Irak con el Estado Islámico, en el sur del Líbano con Hezbollah y en la propia Gaza con Hamas. La denominada primavera árabe ha probado con aterradora persuasión que líderes históricos pueden ser velozmente reemplazados por un nuevo orden de poder. ¿Quién puede garantizar a los israelíes que el septuagenario Mahmoud Abbas o su sucesor seguirán estando en el gobierno permanentemente? Ningún interlocutor sincero realmente puede. De ahí que las consideraciones de seguridad sigan siendo relevantes para el análisis defensivo israelí.

Por supuesto que los palestinos tienen derecho a alcanzar su independencia, y a tener su propio estado, y a dar forma a su singular destino como una nación soberana. Y es igualmente válido que sus simpatizantes internacionales apoyen su causa, y pidan por ellos, y los respalden. Pero en algún punto sería saludable que unos y otros dejasen por un instante de lado los eslóganes a propósito de la indispensabilidad de las fronteras de 1967 y considerasen, aunque más no sea como posibilidad remota, que las preocupaciones de seguridad asociadas a un estado palestino son para Israel legítimas y muy, muy reales.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2014

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Ziad Abu Ein y la varita mágica de Oslo – 17/12/14

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La sola mención de su nombre congeló la atmósfera de aquella reunión que manteníamos, una colega norteamericana y yo, con un alto oficial de la Autoridad Palestina (AP) en la Franja de Gaza a fines de los años noventa.

Estábamos cursando estudios de posgrado en Israel cuando a ella le surgió la posibilidad de entrevistar a un cuadro de Fatah, algo necesario para la monografía sobre el nacionalismo palestino que estaba escribiendo; y como el asunto me interesaba, y además creía que una dama occidental no debía adentrarse sola en esos territorios inhóspitos, me ofrecí a acompañarla. Recuerdo que el chofer que nos llevó desde la frontera gazatí hacia la oficina pública se declaró simpatizante de Hamás y atribuyó su cojera a la represión israelí durante la intifada. El oficial de la AP nos cubrió de retórica antisionista y victimización palestina y nos contó que su ceguera parcial se debía a una operación israelí en la Europa de antaño. Mientras escuchaba pasivamente las preguntas de mi compañera y las respuestas del palestino, pensé que sólo los alucinantes Acuerdos de Oslo podían haber facilitado un encuentro de ese tipo.

Al cabo de un buen rato, comencé a perder la paciencia con ese rol autoimpuesto de hacerme el extranjero ingenuo. Cada nueva afirmación mentirosa agregaba una capa de irritabilidad, que finalmente eclosionó de la forma más imprudente. “¿Por qué no nos habla de cómo la ONU protegió a Ziad Abu Ein?”, le interrumpí en cierto momento de su virtual soliloquio propagandístico. Su cuerpo se puso tieso, su mirada se heló, el aire se puso cortante. Los asistentes se miraron entre sí. El clima de cordialidad se había esfumado. Con la entrevista abruptamente finalizada, nos volvimos a Israel. Mientras el chofer adepto a Hamás nos transportaba en un vehículo –que si mal no recuerdo era una cortesía del oficialismo palestino para con nosotros–, yo procuraba mirar todo lo que podía por la ventana. Sabía que esa primera visita a la Franja sería con seguridad la última.

La reciente muerte súbita de Ziad Abu Ein tras un altercado con soldados israelíes trajo a mi mente este recuerdo de otros tiempos. Flor de carrerita había hecho. Comenzó militando en el Consejo Revolucionario de Fatah, la organización terrorista liderada por Abu Nidal, una de las facciones más radicales del movimiento palestino. En 1979 perpetró un atentado en Tiberias, atacó a un grupo de jóvenes que estaban celebrando una festividad judía en el centro de la ciudad: Boaz Lahav y David Lankri, de 16 años, murieron, y otros 36 resultaron heridos. Abu Ein huyó entonces a Estados Unidos, desde donde fue extraditado a Israel en 1982. Por cierto, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas protestó, mientras que la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución de condena contra Washington por haber accedido a la extradición y solicitó su puesta en libertad.

En Israel, Abu Ein fue enjuiciado y sentenciado a cadena perpetua. En 1985 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU condenó al Estado judío por el apresamiento de Abu Ein y exigió su liberación. Ese mismo año fue intercambiado por israelíes que estaban en manos del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Con el advenimiento de la era Oslo, Ziad Abu Ein tuvo diversos cargos oficiales en la estructura del Gobierno palestino, hasta alcanzar el rango de ministro.
Independientemente de cuál haya sido la verdadera razón de su fallecimiento, tuvo un final acorde a su vida de resistente antiisraelí: murió enfrentando a las “tropas de la ocupación”. Ya tendrá un lugar asegurado en el panteón de los mártires palestinos.

Ziad Abu Ein no fue el único terrorista legitimado por los Acuerdos de Oslo, con su osada propuesta de que hombres y mujeres que por décadas se dedicaron al asesinato a sangre fría de niños judíos podían transformarse en pacifistas. Mohamed Dahlán fue arrestado once veces por los israelíes y deportado a Túnez en 1988 por sus actividades violentas antes de que la magia de Oslo lo convirtiera en jefe de Seguridad Preventiva en Gaza. Yibril Rayub fue sentenciado a 18 años de prisión por haber arrojado una granada contra un micro israelí en 1968; deportado a Túnez al inicio de la primera intifada, en 1992 diseñó un plan para asesinar al entonces ministro israelí de Vivienda, Ariel Sharón. Oslo mediante, ascendió a jefe de Seguridad Preventiva de Cisjordania. En 1972, Amín al Hindi integró el equipo que planeó la matanza de atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich del mismo año; tocado por la varita de Oslo, a partir de 1994 se desempeñó como titular de la inteligencia militar palestina. Y, por supuesto, hay que mencionar a Yaser Arafat, terrorista de categoría mundial hasta 1993 y –tal el encantamiento de Oslo– presidente palestino y Nobel de la Paz al año siguiente.

Todo esto puede ofrecer un indicio de por qué fracasó el proceso de paz.  

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Ziad Abu Ein y la varita mágica de Oslo – 17/12/14

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La sola mención de su nombre congeló la atmósfera de aquella reunión que manteníamos, una colega norteamericana y yo, con un alto oficial de la Autoridad Palestina (AP) en la Franja de Gaza a fines de los años noventa.

Estábamos cursando estudios de posgrado en Israel cuando a ella le surgió la posibilidad de entrevistar a un cuadro de Fatah, algo necesario para la monografía sobre el nacionalismo palestino que estaba escribiendo; y como el asunto me interesaba, y además creía que una dama occidental no debía adentrarse sola en esos territorios inhóspitos, me ofrecí a acompañarla. Recuerdo que el chofer que nos llevó desde la frontera gazatí hacia la oficina pública se declaró simpatizante de Hamás y atribuyó su cojera a la represión israelí durante la intifada. El oficial de la AP nos cubrió de retórica antisionista y victimización palestina y nos contó que su ceguera parcial se debía a una operación israelí en la Europa de antaño. Mientras escuchaba pasivamente las preguntas de mi compañera y las respuestas del palestino, pensé que sólo los alucinantes Acuerdos de Oslo podían haber facilitado un encuentro de ese tipo.

Al cabo de un buen rato, comencé a perder la paciencia con ese rol autoimpuesto de hacerme el extranjero ingenuo. Cada nueva afirmación mentirosa agregaba una capa de irritabilidad, que finalmente eclosionó de la forma más imprudente. ¿Por qué no nos habla de cómo la ONU protegió a Ziad Abu Ein?», le interrumpí en cierto momento de su virtual soliloquio propagandístico. Su cuerpo se puso tieso, su mirada se heló, el aire se puso cortante. Los asistentes se miraron entre sí. El clima de cordialidad se había esfumado. Con la entrevista abruptamente finalizada, nos volvimos a Israel. Mientras el chofer adepto a Hamás nos transportaba en un vehículo -que si mal no recuerdo era una cortesía del oficialismo palestino para con nosotros-, yo procuraba mirar todo lo que podía por la ventana. Sabía que esa primera visita a la Franja sería con seguridad la última.

La reciente muerte súbita de Ziad Abu Ein tras un altercado con soldados israelíes trajo a mi mente este recuerdo de otros tiempos. Flor de carrerita había hecho. Comenzó militando en el Consejo Revolucionario de Fatah, la organización terrorista liderada por Abu Nidal, una de las facciones más radicales del movimiento palestino. En 1979 perpetró un atentado en Tiberias, atacó a un grupo de jóvenes que estaban celebrando una festividad judía en el centro de la ciudad: Boaz Lahav y David Lankri, de 16 años, murieron, y otros 36 resultaron heridos. Abu Ein huyó entonces a Estados Unidos, desde donde fue extraditado a Israel en 1982. Por cierto, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas protestó, mientras que la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución de condena contra Washington por haber accedido a la extradición y solicitó su puesta en libertad.

En Israel, Abu Ein fue enjuiciado y sentenciado a cadena perpetua. En 1985 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU condenó al Estado judío por el apresamiento de Abu Ein y exigió su liberación. Ese mismo año fue intercambiado por israelíes que estaban en manos del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

Con el advenimiento de la era Oslo, Ziad Abu Ein tuvo diversos cargos oficiales en la estructura del Gobierno palestino, hasta alcanzar el rango de ministro.

Independientemente de cuál haya sido la verdadera razón de su fallecimiento, tuvo un final acorde a su vida de resistente antiisraelí: murió enfrentando a las «tropas de la ocupación». Ya tendrá un lugar asegurado en el panteón de los mártires palestinos.

Ziad Abu Ein no fue el único terrorista legitimado por los Acuerdos de Oslo, con su osada propuesta de que hombres y mujeres que por décadas se dedicaron al asesinato a sangre fría de niños judíos podían transformarse en pacifistas. Mohamed Dahlán fue arrestado once veces por los israelíes y deportado a Túnez en 1988 por sus actividades violentas antes de que la magia de Oslo lo convirtiera en jefe de Seguridad Preventiva en Gaza. Yibril Rayub fue sentenciado a 18 años de prisión por haber arrojado una granada contra un micro israelí en 1968; deportado a Túnez al inicio de la primera intifada, en 1992 diseñó un plan para asesinar al entonces ministro israelí de Vivienda, Ariel Sharón. Oslo mediante, ascendió a jefe de Seguridad Preventiva de Cisjordania. En 1972, Amín al Hindi integró el equipo que planeó la matanza de atletas israelíes en las Olimpíadas de Múnich del mismo año; tocado por la varita de Oslo, a partir de 1994 se desempeñó como titular de la inteligencia militar palestina. Y, por supuesto, hay que mencionar a Yaser Arafat, terrorista de categoría mundial hasta 1993 y -tal el encantamiento de Oslo- presidente palestino y Nobel de la Paz al año siguiente.

Todo esto puede ofrecer un indicio de por qué fracasó el proceso de paz.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Dos papas y el Islam – 09/12/14

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Al poco tiempo de su consagración en abril de 2005, Benedicto XVI disertó ante representantes de las comunidades musulmanas de Colonia, Alemania, y definió al terrorismo como “una opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia civil”. En ocasión de su habitual saludo al cuerpo diplomático, en enero de 2006, el Papa refirió al “…contexto mundial actual, en el cual sin duda se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones. El peligro se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial”. Entre sus causas, el Papa aludió a “aberrantes concepciones religiosas” y agregó que “ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”.

La elección de palabras del Sumo Pontífice -“Choque de civilizaciones”, “aberrantes concepciones religiosas”, “perversión moral”- presagió la identificación más directa que el Papa haría entre el Islam y la violencia en septiembre del mismo año, durante una clase magistral sobre fe y razón en la Universidad de Ratisbona en su Alemania natal, al recordar una cita medieval: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. Aunque Benedicto había advertido segundos antes que esa frase contenía “una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable” la reacción en sectores de la comunidad islámica fue violenta. Musulmanes agraviados atacaron siete iglesias en la Franja de Gaza y Cisjordania y una en Basra, asesinaron a una monja italiana en Somalia y dos asirios en Irak, emitieron una fatua contra Benedicto XVI, realizaron manifestaciones públicas violentas, quemaron esfinges del Papa y llamaron a destruir cruces en Roma.

La tensión se fue disipando cuando tres meses más tarde el Papa viajó a Turquía y adoptó gestos conciliadores. Pidió por el ingreso de aquella nación a la Unión Europa, visitó una mezquita emblemática de Estambul, rezó en dirección a la Meca y vertió expresiones benignas hacia la religión mahometana.

Días atrás fue el turno de un nuevo Pontífice realizar una visita a Turquía, país en el que la comunidad cristiana cayó del 32% al 0,2% del total nacional en un siglo. El contexto mundial sigue estando afectado por el terrorismo de impronta islámica: el 80% de los atentados ocurridos durante el 2013 tuvo lugar en cinco naciones musulmanas -Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán y Siria- y el 66% de las víctimas fatales fue ocasionado por cuatro grupos fundamentalistas islámicos -Estado Islámico, Boko Haram, Talibanes y Al-Qaeda y afiliados-. El Papa se reunió con el presidente turco, recibió a refugiados y oró junto al mufti. En su vuelo de regreso a Roma, en diálogo con periodistas Francisco aseguró: “Yo le he dicho al presidente Erdogan que seria bonito que todos los líderes islámicos, ya sean líderes políticos o religiosos, digan claramente que condenan el terrorismo. La mayoría del pueblo islámico agradecería oír eso por boca de sus líderes religiosos, políticos y académicos. Todos nosotros necesitamos una condena mundial. Es importante que los islámicos que tienen una identidad digan que el Corán no es eso”.

Tal como su predecesor, Francisco ha puesto el dedo en la llaga. Sólo que sus modos afables y sus gestos simbólicos han atajado preventivamente cualquier indignación. Este es un Papa que postuló que “el Corán es un libro de paz” y que afirmó “no se puede decir que todos los islámicos son terroristas”, que lavó los pies a doce presos en una cárcel italiana -entre ellos los de una mujer musulmana- y que en ocasión de su primer mensaje a los musulmanes por el fin del Ramadán, en 2013, eligió saludarlos personalmente y no a través del Consejo Pontificio, como es usual: “Este año, el primero de mi Pontificado, he decidido firmar yo mismo este tradicional mensaje y enviároslo, queridos amigos, como expresión de estima y amistad por todos los musulmanes, especialmente aquellos que son líderes religiosos”.

Benedicto XVI y Francisco tienen estilos personales y pontificios diferentes. Vistos en un continuo histórico, sin embargo, la advertencia del primero en torno a la violencia perpetrada por extremistas en nombre del Islam y el llamado del segundo a que los moderados de esa fe los denuncien claramente, exponen un vector inequívoco en la diplomacia papal hacia el Islam, evidente para quien lo quiera ver.

Publicado originalmente en Infobae

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Dos papas y el Islam – 07/12/14

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Al poco tiempo de su consagración en abril de 2005, Benedicto XVI disertó ante representantes de las comunidades musulmanas de Colonia, Alemania, y definió al terrorismo como “una opción perversa y cruel, que desdeña el derecho sacrosanto a la vida y corroe los fundamentos mismos de toda convivencia civil”. En ocasión de su habitual saludo al cuerpo diplomático, en enero de 2006, el Papa refirió al “…contexto mundial actual, en el cual sin duda se ha vislumbrado el peligro de un choque de civilizaciones. El peligro se hace más agudo por el terrorismo organizado, que se extiende ya a escala mundial”. Entre sus causas, el Papa aludió a “aberrantes concepciones religiosas” y agregó que “ninguna circunstancia puede justificar esta actividad criminal, que llena de infamia a quien la realiza y que es mucho más deplorable cuando se apoya en una religión, rebajando así la pura verdad de Dios a la medida de la propia ceguera y perversión moral”.

La elección de palabras del Sumo Pontífice -“Choque de civilizaciones”, “aberrantes concepciones religiosas”, “perversión moral”- presagió la identificación más directa que el Papa haría entre el Islam y la violencia en septiembre del mismo año, durante una clase magistral sobre fe y razón en la Universidad de Ratisbona en su Alemania natal, al recordar una cita medieval: “Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su disposición de difundir por medio de la espada la fe que predicaba”. Aunque Benedicto había advertido segundos antes que esa frase contenía “una brusquedad que nos sorprende, brusquedad que para nosotros resulta inaceptable” la reacción en sectores de la comunidad islámica fue violenta. Musulmanes agraviados atacaron siete iglesias en la Franja de Gaza y Cisjordania y una en Basra, asesinaron a una monja italiana en Somalia y dos asirios en Irak, emitieron una fatua contra Benedicto XVI, realizaron manifestaciones públicas violentas, quemaron esfinges del Papa y llamaron a destruir cruces en Roma.

La tensión se fue disipando cuando tres meses más tarde el Papa viajó a Turquía y adoptó gestos conciliadores. Pidió por el ingreso de aquella nación a la Unión Europa, visitó una mezquita emblemática de Estambul, rezó en dirección a la Meca y vertió expresiones benignas hacia la religión mahometana.

Días atrás fue el turno de un nuevo Pontífice realizar una visita a Turquía, país en el que la comunidad cristiana cayó del 32% al 0,2% del total nacional en un siglo. El contexto mundial sigue estando afectado por el terrorismo de impronta islámica: el 80% de los atentados ocurridos durante el 2013 tuvo lugar en cinco naciones musulmanas -Afganistán, Irak, Nigeria, Pakistán y Siria- y el 66% de las víctimas fatales fue ocasionado por cuatro grupos fundamentalistas islámicos -Estado Islámico, Boko Haram, Talibanes y Al-Qaeda y afiliados-. El Papa se reunió con el presidente turco, recibió a refugiados y oró junto al mufti. En su vuelo de regreso a Roma, en diálogo con periodistas Francisco aseguró: “Yo le he dicho al presidente Erdogan que seria bonito que todos los líderes islámicos, ya sean líderes políticos o religiosos, digan claramente que condenan el terrorismo. La mayoría del pueblo islámico agradecería oír eso por boca de sus líderes religiosos, políticos y académicos. Todos nosotros necesitamos una condena mundial. Es importante que los islámicos que tienen una identidad digan que el Corán no es eso”.

Tal como su predecesor, Francisco ha puesto el dedo en la llaga. Sólo que sus modos afables y sus gestos simbólicos han atajado preventivamente cualquier indignación. Este es un Papa que postuló que “el Corán es un libro de paz” y que afirmó “no se puede decir que todos los islámicos son terroristas”, que lavó los pies a doce presos en una cárcel italiana -entre ellos los de una mujer musulmana- y que en ocasión de su primer mensaje a los musulmanes por el fin del Ramadán, en 2013, eligió saludarlos personalmente y no a través del Consejo Pontificio, como es usual: “Este año, el primero de mi Pontificado, he decidido firmar yo mismo este tradicional mensaje y enviároslo, queridos amigos, como expresión de estima y amistad por todos los musulmanes, especialmente aquellos que son líderes religiosos”.

Benedicto XVI y Francisco tienen estilos personales y pontificios diferentes. Vistos en un continuo histórico, sin embargo, la advertencia del primero en torno a la violencia perpetrada por extremistas en nombre del Islam y el llamado del segundo a que los moderados de esa fe los denuncien claramente, exponen un vector inequívoco en la diplomacia papal hacia el Islam, evidente para quien lo quiera ver.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

Castrillo mota de Judíos – 12/14

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La fundación de este pequeño pueblo español data de 1035 durante el reinado de Sancho III de Castilla, pero el primer documento que lleva por nombre Castrillo Matajudíos surgió entre 1620 y 1630. Su nombre infame puede remontarse a una matanza de judíos cuyos sobrevivientes se asentaron en los alrededores de Castrogeriz, donde fundaron una comunidad hebrea. Según algunos historiadores ella sería conocida posteriormente como el monte de los judíos, o Mota de Judíos. Otros historiadores elevaron la tesis de que Matajudíos alude directamente al pogromo original. Y aún otros sostienen que fueron los propios judíos -conversos forzados al cristianismo en el contexto de la Inquisición del siglo XV- quienes pusieron ese nombre en muestra de fervorosa lealtad a la nueva fe.

Con una superficie de poco más de veinte kilómetros cuadrados, una población de cincuenta y cinco habitantes y un presupuesto municipal menor al sueldo anual de un ejecutivo de línea media, de no ser por su curioso nombre con seguridad casi nadie fuera de España hubiera notado su existencia. Salvo por el hecho de haber tener un hijo ilustre -el compositor y organista del Renacimiento, Antonio Cabezón- nada descollaba en su entorno. En 1965, en coincidencia con los cuatrocientos años del nacimiento del músico, sus pobladores quisieron cambiar el nombre del pueblo al de Castrillo de Cabezón, pero la iniciativa no prosperó.

Afortunadamente, este año otra iniciativa del tipo sí triunfó. En un referéndum que contó 29 votos a favor, 19 en contra y cuatro anulados, sus habitantes decidieron modificar el nombre del pueblo a Castrillo Mota de Judíos, despojando así las nefastas asociaciones con el antisemitismo. Ahora la bandera y el escudo municipal, que llevan en su emblema una Estrella de David, sintonizarán con la nueva denominación.

El alcalde Lorenzo Rodríguez había anunciado que él renunciaría si el resultado no fuera favorable al cambio pues, según había dicho, a) ese no era el nombre original del pueblo y b) no reflejaba el genuino sentir de los vecinos. Miembros del Movimiento Social Republicano, ajenos a la localidad, buscaron sabotear la votación. La noche previa empapelaron el pueblo con carteles y pasquines contrarios a la modificación. Una pancarta ubicada en la Casa Consistorial decía: “Nuestra historia no se vota. ¡Castrillo Matajudíos no se toca!”. En el portal de ese movimiento político se proclamaba que “frente a los talibanes de la mal llamada democracia que tratan de borrar todo aquel rastro histórico que resulte políticamente incorrecto en esta sociedad de decadencia, ruina y cobardía; aún quedan personas libres, en pensamiento y en acción, que claman la defensa del legado de nuestros ancestros”. La alcaldía removió las pancartas y carteles y efectuó una denuncia ante la Guardia Civil. La votación transcurrió sin incidentes.

El referéndum en este pequeño pueblo español coincidió con las elecciones al parlamento europeo que mostró un marcado ascenso de partidos derechistas, nacionalistas y xenófobos, cuyos resultados alarmaron a Europa y al mundo entero. Ocurrió, además, el mismo día que un atacante islamista asesinó a tiros a cuatro personas en el Museo Judío de Bélgica, hecho que causó gran conmoción. Con este trasfondo, los pobladores de Castrillo Mota de Judíos han dado una lección cívica oportuna y han mostrado en la práctica y en el plano simbólico que los errores pueden ser reparados. Su acto fue diminuto y posiblemente inconsecuente para la historia española y europea. Pero a la luz del auge del terrorismo antijudío y de grupos racistas en el continente debe verse como un gesto ilustrador. El alcalde y su veintena de seguidores han aportado un granito de arena -minúsculo quizás, pero esencial- a favor de la rectitud humana.

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Realismo mágico en la prensa mundial – 03/12/14

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Que muchos periodistas son novelistas frustrados es fácil de comprobar: con sólo observar su cobertura del conflicto palestino-israelí vemos claramente que sus reportes son las más de las veces narrativas ficcionales. Regularmente ignoran reportar, o lo hacen limitadamente, sobre otras crisis del planeta tales como la matanza de 1.600 mujeres en Pakistán (271 de ellas violadas y 193 quemadas vivas) en 2013, las carnicerías del Congo (más de cinco millones de muertos hasta el 2012), la guerra de las drogas en México (60.000 muertos entre 2006-2012), la erradicación de la cultura tibetana en China u otras disputas en lugares remotos. Ellos creen que Israel es la noticia más importante en la tierra, o muy cerca» señaló Matti Friedman, ex corresponsal en Tierra Santa de Associated Press y quien aportó los ejemplos arriba citados.

Dada la atención desproporcionada que Israel recibe en los medios de comunicación, fue llamativo advertir cómo la última seguidilla de atentados palestinos contra israelíes fue mayormente desatendida. Sólo cuando la cantidad, regularidad y el factor atrocidad de estas agresiones las hizo imposibles de ignorar los corresponsales tomaron nota. Y entonces exhibieron con prístina nitidez su vocación por el género de la novela.

CNN Internacional dio la nota más destacada al describir inicialmente la matanza de cuatro rabinos y un policía en una sinagoga en la capital del país el 17 de noviembre como un «atentado mortífero contra una mezquita en Jerusalem» para luego agregar otro epígrafe que informaba sobre ese ataque brutal así: «la policía disparó, mató a dos palestinos». Seguía los pasos de AP que el 22 de octubre informó a la opinión pública a propósito de un ataque en el que un palestino atropelló a israelíes ocasionando la muerte a una beba de tres meses, entre otros, con este titular: «la policía israelí disparó a un hombre en Jerusalem Este».

La corresponsal principal del New York Times en Israel, Jodi Rudoren, aportó su interpretación de esa masacre: «Esa sangre desparramada sobre las prendas rituales y los libros sagrados de las víctimas subraya las señales cada vez más evidentes de que los extremistas de ambos bando están transformando la guerra estancada por el territorio y la identidad en una guerra religiosa a todo o nada». Sólo que no hubo extremistas de ambos bandos. De un lado, palestinos armados con hachas y rifles, del otro, rabinos rezando. Luego apunta acerca del «ciclo de violencia y deshumanización mutua» pero, una vez más, no hay equiparación posible: la incitación oficial en la calle palestina contra los israelíes es muy real (y olímpicamente desconsiderada por los medios) en tanto que la incitación oficial israelí anti-palestina, sencillamente, es inexistente.

La necesidad de crear una equivalencia moral entre las partes, de arrojar responsabilidad equilátera a israelíes y palestinos por la ausencia de la paz, de modo que la narrativa ficcional sobre este conflicto que han edificado los periodistas no tastabille es vívida en una entrevista de Julieta Roffo a David Grossman (por supuesto, es de manual entrevistar casi exclusivamente a personalidades de la izquierda israelí que validen los preconceptos de los periodistas) en la Revista de Cultura Ñ del 22 de noviembre. Aquí parte de su narración: «El martes hubo un atentado en una sinagoga en el que hubo cuatro muertos cuando dos hombres -luego muertos por la policía- entraron en la sinagoga armados con un cuchillo, un hacha y una pistola». Notable esfuerzo en ocultar la identidad de las víctimas y los victimarios: que los muertos fueron israelíes y los asesinos, palestinos, se puede deducir del contexto pero no está explícitamente indicado. A continuación ella afirma que «un palestino mató a dos personas -entre ellas un bebé-» y que «poco después se produjo un tiroteo que dejó herido en Jerusalem Oeste a un rabino ultranacionalista judío». Dejando de lado que los rabinos, ultranacionalistas o no, usualmente son judíos, el hecho fue groseramente higienizado: no hubo un tiroteo donde alguien cayó herido, sino un ataque a quemarropa contra un ciudadano israelí por parte de un terrorista palestino. Oh, y el presidente Abbas envió una carta de condolencias a la familia del asesino abatido, pero Julieta Roffo no considera que ese dato merezca mención.

Seguidamente se publica una nota inconexa de Sonia Budassi, presentada como autora y periodista becada por el Fondo Nacional de las Artes, que en cierto momento menciona la existencia de una queja puesto que hay más noticias sobre Israel que sobre los países árabes y gloriosamente señala: «Escritores y periodistas de distintos medios coinciden: ante la enorme comunidad judía en todo el mundo, los editores creen que el tema genera mayor interés que el mundo árabe». Han hecho bien los editores del suplemento cultural de Clarín en apuntar que ella proviene del campo de las letras y no de las matemáticas, así podemos perdonarle que no haya hecho correctamente las cuentas: la «enorme» comunidad judía mundial cuenta catorce millones sobre un total de más de siete mil millones de habitantes del planeta, entre los que hay cerca de 400 millones de árabes y casi 1.500 millones de musulmanes. Sin embargo y misteriosamente, son los minúsculos 14 millones de judíos -el equivalente a un error estadístico en China- los que captan la atención de «escritores y periodistas de distintos medios» lo que sea que ello signifique. La nota lleva por subtítulo «Cómo narrar la tensión en Oriente Medio sin caer en prejuicios eurocentristas». A los editores se les escapó la ironía.

Clarín esta enroscado en una lucha épica con el gobierno, en la que ambos se acusan de propagar un relato mentiroso sobre la realidad nacional. Que pena que los dueños, editores y periodistas del grupo no puedan ver que su tratamiento del conflicto palestino-israelí es tan ficticio y dañino como la gran novela K lo es sobre la Argentina.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2014

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

Cortázar y el terrorismo de izquierda – 21/11/14

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Hay que ser cínico para volcar sin el menor retaceo la culpa del terrorismo y su sangre en los grupos y los comandos que lo llevan a cabo

Julio Cortázar, septiembre de 1972

Hallé el texto de manera inesperada. Entré a una librería porteña que ofrece mucho de música y filosofía buscando bibliografía sobre Richard Wagner y me topé con un librito editado en España de portada agradable, título atractivo -Corrección de pruebas en Alta Provenza de Julio Cortázar- y un sticker redondo con la palabra “inédito” en su centro que capturó rápidamente mi atención. Pasaron varios meses hasta que me senté a leerlo, recordando una frase que me regaló antaño Marcelo Birmajer cuando le compartía mi sentimiento de culpa por comprar más libros de los que leo. “Los libros son como los vinos”, me dijo entonces inmutable, “se ponen en la biblioteca y se toman en el momento adecuado”.

Mi momento para este breve texto de Cortázar llegó hace muy poco tiempo, en ocasión de su aniversario centenario. En sus páginas el autor relata la experiencia de corregir las pruebas del Libro de Manuel antes de entregarlo a la editorial. Para ello, el célebre escritor se subió a una camioneta Volkswagen, se abasteció de alimentos y partió a recorrer La Provenza con el manuscrito a su lado. Me pareció una divertida coincidencia que Cortázar llamara a su vehículo Fafner, el mítico dragón del Anillo de los Nibelungos, inspirado en la letra F de la patente (que era por Francia) y en honor a “mis obstinadas predilecciones wagnerianas”. Pero ahí se detuvo el divertimento. Sería cuestión de algunos minutos adicionales de lectura nomás toparme con unas observaciones desafortunadas sobre la matanza en las Olimpíadas de Munich (en las que un comando palestino masacró a once atletas israelíes) que lo sorprendieron en plena corrección de pruebas.

La primera insinuación de algo fastidioso la encontré aquí: “apenas despierto, la radio me trajo la noticia de los dieciocho muertos de Múnich, la increíblemente torpe carnicería cumplida por un dispositivo policial que razones de todo género permitían imaginar como uno de los paradigmas del género”. La indignación puesta en la medida contraterrorista y no en la acción terrorista inicial preanunciaba un desorden moral al que se sumaba una fantasía conspirativa: “Poco se sabía lo que realmente había ocurrido, y poco sabemos hoy aunque el mosaico ya esté bastante bien armado para el que sepa ver; pero eso no importaba frente a la rápida, la astuta, la eficacísima puesta en marcha del condicionamiento de la masa colgada de receptores y diarios”. Habiendo establecido que la policía es torpe y responsable y que la prensa es manipuladora, seguía Cortázar:

Pero cómo no vomitar frente a los que lloraban sobre el micrófono por un atentado que interrumpía brutalmente “la tregua, la paz de los juegos olímpicos en esos días en que los pueblos olvidan sus diferencias y sus querellas”, textual, viejito. ¿Tregua, olvido de querellas? Hay que ser miserable para articular una frase parecida, hay que ser cínico para volcar sin el menor retaceo la culpa del terrorismo y su sangre en los grupos y los comandos que lo llevan a cabo; pero la máquina funciona bien, rápidamente se aprietan las teclas de la sensibilidad epidérmica, y entonces el genocidio cotidiano, Vietnam o Biafra, los ahorcados de Turquía y los fusilados de Irán, los 20 años de miseria y de vergüenza de los refugiados de Palestina, la exterminación sistemática en Guatemala, todo eso pasa a un plano nebuloso…

Estamos en Francia en los comienzos de los años setenta y la pluma es de un intelectual de izquierdas exiliado de Sudamérica; excusar a los perpetradores de sus actos de violencia es de rigueur para la intelligentsia de la época. Cortázar refuerza la noción de la nula culpabilidad de los asesinos de Múnich con una frase que recuerda de una revolucionaria brasilera: “Es necesario darse cuenta de que la violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla; y que es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella…”. Las causas del terrorismo: un clásico del género de la apología.

Okay con Vietnam y Biafra y Turquía y el Irán de Pahlevi y Palestina y Guatemala. Pero, ¿qué hay sobre Cuba? ¿O China? ¿Y la Unión Soviética? ¿O los represivos regímenes de Asia? ¿Y qué sobre las dictaduras árabes? ¿No hicieron miserable las vidas de muchos, acaso, Fidel Castro, Joseph Stalin, Mao Zedong, Muhamar Gadafi, Pol-Pot? No hay olvido en el autor de Rayuela, sino justificación. Con esa perene habilidad progresista para ver maldad sólo en la derecha, escribe: “¿Pero a quién la gusta la violencia por sí misma? ¿Le gustaba a Trotski, le gustaba al Che? Sólo los nazis (que constituyen para mí una especie de categoría mental fuera de todo período histórico y de toda civilización nacional, desde los asirios hasta los SS) hallan en la violencia una especie de rescate de la debilidad…”. Escribe esas líneas transcurridos casi 3/4 de un siglo en el que solamente en China y en la Unión Soviética los comunistas asesinaron alrededor de 85 millones de personas. A Ho Chi Minh lo nombra en sus páginas sólo para acotar, bastante frívolamente, que éste había sido cronista de boxeo en los años veinte.

Cortázar firma su texto en la localidad francesa de Saignon. Físicamente allí se encuentra, mentalmente, no obstante, reside en Saigón. Es un novelista aclamado pero un humanista frustrado pues, a decir de Juan Villoro, “quiere cambiar al mundo y sólo puede cambiar la página”. Gracias a Dios que es el caso. En cuanto a mí, cierro la contratapa, dejo esta triste obra de lado y pienso que su lectura a destiempo resultó ser un trago amargo.  

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Las finanzas del nacionalismo Palestino – 21/11/14

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Las últimas noticias que han revelado la magnitud del tesoro del ISIS (o Estado Islámico) -USD 2.000 millones- han captado la atención de una opinión pública sorprendida por los recursos a disposición de un movimiento terrorista sanguinario. Menos sabido es que quien le sigue en la lista de las agrupaciones terroristas más ricas del mundo es el Movimiento de Resistencia Islámico, más conocido como Hamas, que tiene un presupuesto operativo anual de USD 1.000 millones. A diferencia de ISIS, esta agrupación palestina no tiene acceso a pozos petroleros ni controla una región del tamaño de Bélgica esparcida entre dos estados; Gaza es pobre y diminuta. Pero tiene en su poder algo sumamente valioso ante los ojos del mundo: el destino de 1.8 millones de palestinos.

Desde la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), el pueblo palestino ha llegado a recibir la más grande asistencia económica mundial en términos per cápita desde el Plan Marshall tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. Como gobernador de la franja, Hamas está a punto de beneficiarse de esa generosidad: el mes pasado países donantes comprometieron USD 5.400 millones para la reconstrucción de Gaza. Si bien no está planeado que ese monto enorme llegue a las arcas de Hamas sino a la sociedad civil palestina, asumir que Hamas no tomará una porción de la torta es una fantasía.

No obstante, los mil millones de dólares con los que cuenta hoy Hamas no devienen de estas donaciones futuras. A lo largo de su existencia,
Hamas recibió apoyo material sustantivo de Qatar, armas de Irán, aportes individuales de ricos saudíes y dinero de colectas de los propios palestinos entre otras fuentes. En particular, cerca de un tercio de su ingreso provino del gravamen impuesto a las mercancías contrabandeadas por los alrededor de 1.500 túneles que cruzaban hasta hace poco la frontera gazatí desde el desierto del Sinaí egipcio. En 2005, el negocio de los túneles generaba en promedio USD 30 millones al año; para 2008, al cabo de un año de gobierno de Hamas, producía ese ingreso por mes. El negocio era tan lucrativo y la proliferación de túneles tan extraordinaria que Hamas se hizo cargo. Se apropió de los túneles edificados por la Autoridad Palestina, prohibió la construcción de nuevos túneles para Fatah y controló aquellos administrados por otros grupos terroristas de la franja. Incluso estableció la Comisión para los Asuntos de Túneles para que regulara la actividad. Para 2010, estimaba el periodista Nicolas Pelham, los túneles de Gaza tenían 5.000 dueños y daban trabajo a 25.000 empleados, los que proveían a hogares que alcanzaban alrededor de 150.000 gazatíes, casi el 10% de la población de la franja. En tanto Hamas gobierne la franja, “dinero donado a Gaza es una inversión en una guerra futura, no en la paz” sugirió el comentarista Jonathan Tobin.

Pero el dinero de Hamas -y el de ISIS, así como el de cualquier otro movimiento terrorista en cualquier lugar y período de la historia moderna- empalidece en comparación al tesoro que otrora tuvo su competidor legendario dentro del nacionalismo palestino: la OLP de Yasser Arafat. Solamente Fatah, el órgano central de la OLP, tenía en los años ochenta siete mil millones de dólares en su poder según la revista The Economist. En 1990, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) estimó el valor de los activos de la agrupación palestina entre USD 8.000 y USD 14.000 millones. En 1993, el Servicio de Inteligencia Nacional Criminal británico (NCIS) ubicó el guarismo en los USD 10.000 millones y le atribuyó un ingreso anual que rondaba los dos mil millones. En el 2000, la inteligencia israelí valuaba en veinte mil millones de dólares el tesoro de la OLP. “La mayor parte de las organizaciones revolucionarias y terroristas proyectan una imagen de persecución y pobreza” escribió el especialista John Laffin en su libro de 1982 The P.L.O. Connections. “La OLP, en contraste, es un grupo terrorista de luxe. Peculiarmente, no opera huyendo ni es perseguida ni pobre; opera desde edificios de oficinas con un staff permanente asalariado que trabaja horas regulares, se toma vacaciones al año y recibe pensiones de la OLP”, apuntó.

La transformación económica de la OLP -de ser un grupo que popularizó el secuestro de aviones y la toma de rehenes desde fines de los años sesenta para convertirse en una verdadera institución financiera internacional- ha sido uno de los capítulos más fascinantes y menos conocidos de la historia de la organización palestina. En el campo de la ilegalidad obtuvo dinero de aportes de potentados particulares, estados árabes, extorsiones, tráfico de drogas y robos; entre los que se cuenta, según James Adamas señala en su obra The Financing of Terror de 1986 el robo más espectacular jamás realizado a un banco hasta entonces, así consignado por el Libro Guiness de Récords Mundiales: el atraco efectuado por la OLP al Banco Británico del Medio Oriente en Beirut, en 1976. También contó con una cartera de inversiones perfectamente legal que incluyó hoteles en París y Damasco, una compañía de transporte marítimo en Chipre, duty free shops en Nigeria y Tanzania, la Radio Montecarlo y emprendimientos agrícolas en naciones tan dispares como Polonia, Egipto y El Congo. A partir de 1981, la OLP entró al negocio del crédito global al prestarle al gobierno de Nicaragua doce millones de dólares, convirtiéndose probablemente en la primera organización terrorista en la historia en prestar -en vez de pedir- dinero. India, Yemen, Congo, Líbano e Irak se cuentan entre los estados beneficiados por los créditos de la OLP.

En los años noventa y a inicios del nuevo milenio, Edward Said y Suha Tawil (esposa de Arafat) han estado entre quienes han protestado por la corrupción rampante en las cuentas de la Autoridad Palestina, sucesora de la OLP en la administración de Gaza y Cisjordania a partir de 1994.

Sea en su vertiente nacionalista laica (OLP) o en la religiosa fundamentalista (Hamas), el liderazgo de los palestinos ha sido y es rico. Inmensamente rico. Los palestinos, en cambio, han sido y son mayormente pobres. Que ambos grupos hayan conseguido persuadir al mundo entero que les obsequie -directa o indirectamente- grandes sumas de dinero es toda una proeza.

Y una gran patraña.