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La Prensa (Nicaragua)

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Por Julián Schvindlerman

  

Palestina a 10 años de Arafat – 20/11/14

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“Por la liberación de Palestina, del río al mar”, ha sido la pancarta histórica del nacionalismo palestino durante su larga e infructuosa fase de lucha armada contra el sionismo. “Con sangre y fuego te redimiremos, oh Palestina”, ha sido la consigna coreada por masas de palestinos en las manifestaciones multitudinarias en Cisjordania y Gaza durante los años del proceso de paz. Yasser Arafat pudo haber pasado a la historia como el hombre que declarara la fundación —real, no solo simbólica— del Estado palestino con Jerusalén. Este como su capital, tal como le fuera ofrecido por los israelíes en las Tratativas de Camp David en el 2000. Eligió transitar otro terreno: el de la confrontación eterna, al patear la mesa de negociaciones y lanzar una intifada tras retornar a Ramallah como un Saladino moderno que combate hasta el final.

Una semana de noviembre diez años atrás Arafat murió, pero las consecuencias de su intransigencia ideológica y miopía política aún están vivas. Hoy, Palestina es una bomba a punto de estallar. Gaza, cedida por Israel a la Autoridad Palestina y ahora en manos de un movimiento fundamentalista, ya ha explotado en furias de agresión tres veces en la última década. Cisjordania está a punto de hacerlo. Israel, una vez más, está ensangrentada.

A mediados de octubre, Abdelrahman al-Shaludi lanzó su auto contra civiles israelíes, provocando la muerte a una joven de 22 años y a una bebé de 3 meses de edad. A fines de mes, Moatas Hijazi disparó a quemarropa contra un activista israelí. A comienzos de noviembre, Ibrahím al-Akri mató a un guardia de fronteras e hirió a tres personas al atropellar con su coche a un grupo de transeúntes. Unos días después, en Cisjordania y en Tel-Aviv, un soldado y una mujer israelí fueron mortalmente apuñalados. En la Galilea la Policía israelí evitó otro atentado al matar a un árabe que blandía un cuchillo, lo que desencadenó protestas violentas entre los palestinos. Un tranvía construido unos pocos años atrás que cruza barrios árabes en la capital (así ideado para no excluir a la población árabe de la ciudad) es continuamente atacado con piedras. Por días hubo disturbios en la Explanada del Templo. En Cisjordania, una mezquita fue incendiada. Un chofer palestino fue hallado muerto en un micro en la capital, en un suicido aparente que disparó revueltas. Al día siguiente, los primos Uday y Ghassan Abu Jamal —parientes de un terrorista liberado antaño por Israel a cambio del soldado secuestrado por Hamás, Gilad Shalit— masacraron con hachas y metralletas a cuatro feligreses judíos en una sinagoga en Jerusalén.

En esta atmósfera, el presidente Abbas prometió mudar la tumba de Arafat hacia Jerusalén. No está apenas jugando con fuego; está actuando como un pirómano fuera de sí. La conmemoración perfecta para este aniversario de la muerte de Arafat.

Esta nota fue originalmente publicada en La Razón (España)

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

Palestina a 10 años de Arafat – 19/11/14

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“Por la liberación de Palestina, del río al mar” ha sido la pancarta histórica del nacionalismo palestino durante su larga e infructuosa fase de lucha armada contra el sionismo. “Con sangre y fuego te redimiremos, oh Palestina” ha sido la consigna coreada por masas de palestinos en las manifestaciones multitudinarias en Cisjordania y Gaza durante los años del proceso de paz. Yasser Arafat pudo haber pasado a la historia como el hombre que declarara la fundación -real, no sólo simbólica- del estado palestino con Jerusalem Este como su capital, tal como le fuera ofrecido por los israelíes en las Tratativas de Camp David en el 2000. Eligió transitar otro terreno: el de la confrontación eterna, al patear la mesa de negociaciones y lanzar una intifada tras retornar a Ramallah como un Saladino moderno que combate hasta el final.

Una semana de noviembre diez años atrás Arafat murió, pero las consecuencias de su intransigencia ideológica y miopía política aún están vivas. Hoy, Palestina es una bomba a punto de estallar. Gaza, cedida por Israel a la Autoridad Palestina y ahora en manos de un movimiento fundamentalista, ya ha explotado en furias de agresión tres veces en la última década. Cisjordania está a punto de hacerlo. Israel, una vez más, está ensangrentada.

A mediados de octubre, Abdelrahman al-Shaludi lanzó su auto contra civiles israelíes, provocando la muerte a una joven de 22 años y a una beba de 3 meses de edad. A fines de mes, Moatas Hijazi disparó a quemarropa contra un activista israelí. A comienzos de noviembre, Ibrahím al-Akri mató a un guardia de fronteras e hirió a tres personas al atropellar con su coche a un grupo de transeúntes. Unos días después, en Cisjordania y en Tel-Aviv un soldado y una mujer israelí fueron mortalmente apuñalados. En la Galilea la policía israelí evitó otro atentado al matar a un árabe que blandía un cuchillo, lo que desencadenó protestas violentas entre los palestinos. Un tranvía construido unos pocos años atrás que cruza barrios árabes en la capital (así ideado para no excluir a la población árabe de la ciudad) es continuamente atacado con piedras. Y ayer, cuatro israelíes murieron acuchillados en una sinagoga.

En esta atmósfera, el presidente Abbas prometió mudar la tumba de Arafat hacia Jerusalem. No está apenas jugando con fuego; está actuando como un pirómano fuera de sí. Una conmemoración “perfecta” para este aniversario de la muerte de Arafat.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Venezuela en el consejo de seguridad de la ONU – 15/11/14

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La revolución bolivariana ha llegado a Nueva York. O al menos a la sede de las Naciones Unidas, a cuyo Consejo de Seguridad -el órgano más crucial de todo el sistema del foro multilateral- Caracas hace poco fue electa. Sobre un total de 193 estados-miembro, 181 apoyaron la postulación del país caribeño. “Este es un día en que el mundo le ha dado apoyo a nuestra patria” comentó a posteriori un efusivo Nicolás Maduro.

El modelo Chavista ha llevado a Venezuela a la ruina. Al estado paupérrimo de su economía se agregó la fuerte caída del precio del petróleo que aporta el 96% de los ingresos de sus arcas. Nadie sabe -salvo los sauditas que en el plano geopolítico buscan castigar económicamente a Irán y a Rusia con su actual política petrolera- hasta cuando descenderán los precios internacionales de este hidrocarburo. Según los analistas financieros, Caracas necesita un precio por barril de USD 130 para equilibrar sus cuentas, de modo que la precariedad de su situación económica tiene altas probabilidades de empeorar.

Pero lo que el régimen venezolano no podrá seguir haciendo económicamente en materia de regalos internacionales, quizás pueda sublimarlo políticamente. A su pueblo, el gobierno de Maduro ya lo tiene tristemente acostumbrado a iniciativas estrambóticas como la reciente Ofensiva de las Navidades Felices y farsas del tipo. Desde el próximo 1 de enero, gracias a su ingreso al Consejo de Seguridad, el gobierno podrá dar un relieve diplomático global a sus acciones. Considerando que Caracas respaldó la anexión rusa de Crimea, se puso del lado de Damasco cuando comenzó a reprimir a sus ciudadanos, fue aliado de las FARC, amigo íntimo de Cuba e importante socio de Irán, con seguridad su flamante papel en el organismo de la ONU será -por decir lo mínimo-problemático.

Los latinoamericanos tenemos un motivo cierto para estar preocupados. Fue la Venezuela de Hugo Chávez la que facilitó el ingreso de Irán a nuestra región y con quien firmó cientos de acuerdos de cooperación estratégica en el plano económico, político, militar y cultural. El polémico ex presidente Mahmoud Ahmadinejad siempre halló en la Venezuela Chavista un hogar afectivo y una entusiasta promotora de su asociación: no fue casualidad que Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros allegados a Chávez abrieran también sus puertas a Teherán. La criatura terrorista gestada por el Irán Khomeinista, Hezbollah, ya estaba actuando en América Latina para cuando Chávez llegó al poder, pero fue a partir de entonces que obtuvo una logística de movilidad como nunca antes había gozado aquí (apenas en las últimas semanas un miembro de Hezbollah fue apresado en Lima y trascendió la vinculación entre este movimiento terrorista y bandas criminales en Brasil). Es razonable asumir que la embajadora venezolana en la ONU -una de las hijas de Chávez- buscará perpetuar el legado ideológico de su difunto padre con iniciativas que persigan legitimar estas decisiones.

La buena noticia es que los iraníes en este momento tienen otras distracciones. Con el ascenso de ISIS al control efectivo de partes de Irak y Siria y expandiendo su influencia regional, los guardianes del chiísmo en el Medio Oriente están enteramente enfocados en preservar su poder e intereses allí, con miembros de las Guardias Revolucionarias y del Hezbollah dando combate a los integristas sunitas en el terreno. Y siguen en curso los esfuerzos del nuevo presidente Hassan Rouhani de alcanzar un fin negociado a las ambiciones nucleares de su país con las potencias occidentales, cosa que aparentemente lo ha llevado a bajar en algún grado la intensidad de la presencia persa
en Latinoamérica.

Pero esto puede cambiar, conforme cambien las circunstancias. Sea cual fuere la actual intención de Irán en el Hemisferio Occidental, al igual que Moscú, Pekín y La Habana, a partir del 2015 los ayatollahs contarán con un aliado leal en el Consejo de Seguridad.

Triángulo De Infamia - Reseñas

VIS A VIS – 07/11/14

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«Triángulo de Infamia. Richard Wagner, los Nazis e Israel» de Julián Schvindlerman
Análisis de Eduardo Chernizki

Julián Schvindlerman logra en su último libro “Triángulo de Infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel” conformar un texto que permite tanto a los estudiosos de la historia de la música clásica, del antisemitismo y la Shoá, como al individuo común acceder a una información que, por lo menos en castellano, está dispersa en infinidad de trabajos y artículos periodísticos.

Este libro, de poco más de 120 páginas, editado por Mussicat está compuesto por una corta introducción, tres capítulos: “Wagner y los judío. Música y racismo”; “Wagner y los nazis. El poder de los símbolos”; “Wagner en Israel. Una controversia candente”; el Epílogo y un apéndice “Nietzsche versus Wagner” y una bibliografía.

A nuestro entender cada uno de los capítulos son ensayos que por sí solos tienen un gran valor y que al ser unidos por la Introducción y el Epílogo adquieren una integración que junto con el apéndice no sólo nos permiten conocer el antisemitismo de Richard Wagner sino también como el mismo fue, en cierta medida, inspirador de las propuestas por Adolf Hitler en Mein Kampf, Mi Lucha, a la vez que se sentía impactado por la obra musical del compositor, y como luego el nazismo utilizó sus operas y el festival anual en Bayreuth, considerado el máximo exponente de la creación musical wagneriana, en su beneficio.

El capítulo referido a la controversia existente en el Estado de Israel respecto a la ejecución de la obra musical de Richard Wagner no solo es instructivo sobre los motivos de la misma, sino que también permite reflexionar sobre un tema que Schvindlerman plantea desde el comienzo de su trabajo: la adhesión que la obra musical wagneriana tuvo y tiene en una importante cantidad de melómanos judíos pese a su abierto antisemitismo.

Otro hecho significativo que queda muy en claro en el primer capítulo de este libro es que su antisemitismo no le impidió a Richard Wagner mantener una relación fluida con varios judíos, hayan sido estos sus patrocinadores financieros, directores de orquestas o músicos.

Julián Schvindlerman también se refiere a otros creadores musicales contemporáneos de Wagner que eran antisemitas, pero que no se convirtieron en un icono del anti judaísmo, marcando como una de las grandes diferencias entre ellos y quien se autodefinió “el más alemán de todos los compositores” el manifiesto Das Judenthum in Der Musik (El judaísmo en la música) que Wagner publica en 1850 con seudónimo: K. Freigedank (librepensador) y que años después, 1869, reedita con su propio nombre, en el que expreso su “ideología visceralmente antijudía”.

Sobre el motivo de ese escrito Schvindlerman nos dice “Algunos autores consideran que el manifiesto estuvo dirigido a, o inspirado en el rencor contra dos músicos judíos específicos: Giacomo Meyerbeer y Félix Mendelssohn; hacia el primero sentía tal antipatía que no lo mencionaba por su nombre. Pero Wagner no tardó en ampliar su crítica de estos músicos hacia una condena general contra todo el pueblo judío” (pág. 25).

Una compañera quizás más antisemita que Richard Wagner fue su segunda esposa, Cósima Francesca Gaetan, hija ilegitima del pianista y compositor húngaro Franz Liszt y la condesa Marie d’Agoult, que estaba casada con el director de orquesta Hans von Bülow, alumno de Liszt y amigo personal de Wagner.

Cósima, 24 años menor que Wagner, lo conoció en 1862 y ambos se convirtieron en amantes en el verano de 1864, naciendo de esa relación tres hijos: Isolde (1865-1919) que recibió el apellido von Bülow; Eva Wagner (1867-1942) y Siegfried (1869-1930) y en 1870 se divorció de Hans von Bülow y se casó con Richard.

Muchos de los arrebatos antisemitas y la relación ambivalente que Richard Wagner mantenía con judíos se conocen debido a que Cósima las volcó en su diario, en el que escribió la relación que mantuvo con Richard, hasta el día siguiente del fallecimiento de su esposo, el 11 de febrero de 1883, en el cual además incluía sus propias apreciaciones negativas respecto a los judíos.

La relación entre Hitler primero y el nazismo después, con la obra de Richard Wagner, analizada en el segundo capítulo, está dividida en dos grandes facetas, muy bien descriptas en “Triángulo de Infamia. Richard Wagner, los nazis e Israel”. La primera es la actitud de Hitler, quien estaba profundamente embelesado con varias de las operas escritas por Wagner y que durante algunos años fue un visitante permanente de la casa de los Wagner en Bayreuth, estableciendo un lazo de amistad con Cósima, hasta su fallecimiento en 1930, y también con sus hijos Eva y Sigfried.

La segunda se refiere a como los dirigentes del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei, NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) popularmente conocido como partido nazi, Hitler incluido, utilizaron gran parte de las creaciones wagnerianas como un símbolo que en muchos casos reemplazó a la música sacra de las iglesias luteranas y en otras fue el acompañamiento de las grandes concentraciones que regularmente se convocaban y en las que el Führer se dirigía a la multitud, que lo escuchaba con una devoción cuasi religiosa, que por su organización se pueden interpretar como un ataque “ a las religiones y erigió su propio culto neopagano personal” (pag. 49), afirmando Julián Schvindlerman más adelante “Richard Wagner estaba en el centro de ese culto popular en tiempo de la Alemania nazi. Su ideología y su obra armonizaban con la doctrina del nacional socialismo” (pag. 51)

En el segundo capítulo además se explica que Wagner era tolerado por muchos de los jerarcas nazis como una manera de no molestar a Hitler, por ejemplo Alfred Rosenberg prefería la música de Beethoven, pero a la vez Schvindlerman reconoce que “En comparación con otros compositores, Wagner se destacó por el hecho de que escribió acerca de la música mientras componía música. También escribió ensayos políticos, con lo cual ha legado una obra intelectual además de la artística. Ambas, resta a esta altura subrayar, están correlacionadas” (pág. 59).

Es probable que sea el deseo de romper esta correlación la que ha generado la disputa que se desarrolla en el Estado de Israel a partir de su fundación, si bien tiene antecedentes anteriores, entre quienes desean separar el antisemitismo de Richard Wagner de su creación musical pues consideran que una cosa es su ideología y otra sus obras musicales, en especial sus operas.

La “disputa” que en momentos fue muy enconada, terminó centrándose en si la Orquesta Filarmónica de Israel debía incluir en su repertorio obras de Richard Wagner, si bien durante décadas intervinieron en ella tanto los sobrevivientes de la Shoá como destacadas figuras de la ciudadanía israelí junto a afamados directores de orquesta y concertistas, entre ellos Daniel Barenboim.

Cuando Schvindlerman analiza la “disputa” lo hace ubicándola en la situación política y militar que atravesaba el estado judío, algo que le otorga un marco histórico que nos perece destacable. También consideramos muy interesante la inclusión de lo ocurrido con la West-Eastern Divan Orchestra, que en 1999 Bareinboim funda junto con el intelectual palestino Edward Said, que reunía a músicos judíos, palestinos y árabes, “una orquesta profesional compuesta por ciento veinte músicos estables de Israel, Palestina, Jordania, Siria, El Líbano, Egipto, e incluso de naciones musulmanas no árabes como Turquía e Irán” (pág. 91).

Es por todo lo expuesto que nos parece muy acertado el comentario de Carlos Alberto Montaner publicado en la contratapa del libro: “Julián Schvindlerman ha escrito un ensayo muy notable sobre Richard Wagner (…) de la manera más amena e instructiva en que puede abordarse”.

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

La muerte de León Klinghoffer: Una ópera para la polémica – 05/11/14

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La Ópera Metropolitana de Nueva York estrenó a mediados de octubre un drama musical basado en el asesinato de un ciudadano estadounidense en manos de la OLP casi treinta años atrás. Parte de la opinión pública reaccionó ofendida ante lo que consideró una higienización moral de ese atentado despreciable. Hubo pedidos de que la ópera fuese cancelada, protestas el día del estreno y un largo debate acerca de los méritos o deméritos de ponerla en escena. Comencemos por los hechos del caso.

El 7 de octubre de 1985 un grupo de cuatro terroristas palestinos bajo las órdenes de Abu Abbas secuestró en aguas egipcias un enorme crucero italiano, el Achille Lauro, tomando como rehenes a 545 pasajeros. Luego de exigir la liberación de unos cincuenta palestinos encarcelados en Israel, los integrantes de la banda asesinaron a quemarropa a un pasajero judeo-norteamericano minusválido de 69 años de edad, Leon Klinghoffer, arrojaron su cuerpo por la borda (junto con la silla de ruedas) y anunciaron por la radio del barco que en cuestión de minutos seguirán asesinando rehenes hasta que sus demandas fuesen cumplidas. Cuando trascendió a la OLP que comandos estadounidenses preparaban abordar el crucero, Yasser Arafat decidió enviar dos mediadores a El Cairo a negociar la rendición de los terroristas, quienes fueron puestos en custodia en Egipto. Posteriormente, el presidente Hosni Mubarak falsamente anunció que los palestinos habían dejado el país, cuando en realidad aún se encontraban en una base militar egipcia. Al partir en un avión militar egipcio cuatro jets norteamericanos lo forzaron a aterrizar en Sicilia, donde las autoridades italianas apresaron a los fugitivos. A esta acción de Washington, Arafat la tildó de “loca” y como un insulto al mundo árabe.

Bettino Craxi, el premier italiano, se hizo cómplice de la fuga de los piratas modernos. Puso a Abu Abbas en un avión con destino a Yugoslavia, donde halló refugio en la oficina de la OLP en Belgrado. Los otros miembros del grupo fueron enjuiciados.

Al darse cuenta de que la operación se había transformado en un desastre de relaciones públicas, la OLP tomó distancia del episodio. El 8 de octubre Abu Iyad, lugarteniente de Arafat, adujo que los secuestradores eran parte de una agrupación menor no afiliada a la OLP. Al día siguiente, la organización palestina emitió un comunicado de prensa afirmando que los secuestradores no pertenecían a ningún grupo leal a Arafat, y un día más tarde el propio Arafat negó ante la prensa internacional involucramiento alguno de la OLP en el operativo. El 10 de octubre, el “canciller” palestino Faruk Qaddumi aseguró que el asesinato de Klinghoffer era una gran mentira inventada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos. En diciembre, Qaddumi dijo ante la Liga Árabe -en presencia del Secretario-General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar- que “quizás fe su propia esposa quien lo empujó al mar para obtener la herencia. Nadie ni siquiera tenía evidencia de que fue asesinado”. En 1988 el propio Abu Abbas bromeó con que Klinghoffer se ahogó al intentar nadar.

Con la firma de los Acuerdos de Oslo, Israel permitió a Abu Abbas ingresar a Gaza, donde sentó residencia y pasó a recibir un sueldo de la recién creada Autoridad Palestina.

No he visto la ópera, de modo que no puedo comentarla. Pero sí he visto el trailer y las entrevistas al compositor que ofrece la Ópera Metropolitana de Nueva York en su portal, y juzgando sólo por eso ya puede verse que se trata de un acontecimiento sumamente polémico. El propio título contiene la palabra “muerte” en vez de “asesinato” y la ópera -basada en un libreto de Alice Goodman, nacida judía y ahora sacerdotisa anglicana,- “da voz a todas las partes”, tal como apuntaló The New York Times en un editorial apologético. En el trailer puede verse a Klinghoffer denunciar la brutalidad del terrorismo palestino y a uno de los terroristas cantar: “Todo el tiempo se quejan de vuestro sufrimiento pero donde hombres pobres se reúnen puedes hallar judíos engordando. Ustedes saben como engañar al simple, explotar a la virgen, contaminar donde han expoliado. Ustedes difaman a quienes engañan y quiebran vuestra propia ley con la idolatría. EE.UU. es un judío grandote”. No sé que opinará el diario neoyorquino al respecto, pero eso a mí me luce como dar voz a un antisemita. Lo cual, parece, es parte de la idea. “La ópera”, explica su compositor John Adams, “mira a los terroristas y a los pasajeros y ve humanidad en ambos”, lo cual no habrá sido muy difícil para quien opina que “el terrorismo es un acto de desesperación”.

Adams ha mostrado interés en tornar asuntos políticos en dramas escénicos previamente, con Doctor Atómico y Nixon en China. “Escribir una ópera sobre el terrorismo es indudablemente una idea provocadora” admitió el compositor. Un punto que La muerte de Leon Klinghoffer viene confirmando desde su estreno en Bruselas en 1991.

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La muerte de leon klinghoffer: una ópera para la polémica (05/11/14)

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La Ópera Metropolitana de Nueva York estrenó a mediados de octubre un drama musical basado en el asesinato de un ciudadano estadounidense en manos de la OLP casi treinta años atrás. Parte de la opinión pública reaccionó ofendida ante lo que consideró una higienización moral de ese atentado despreciable. Hubo pedidos de que la ópera fuese cancelada, protestas el día del estreno y un largo debate acerca de los méritos o deméritos de ponerla en escena. Comencemos por los hechos del caso.

El 7 de octubre de 1985 un grupo de cuatro terroristas palestinos bajo las órdenes de Abu Abbas secuestró en aguas egipcias un enorme crucero italiano, el Achille Lauro, tomando como rehenes a 545 pasajeros. Luego de exigir la liberación de unos cincuenta palestinos encarcelados en Israel, los integrantes de la banda asesinaron a quemarropa a un pasajero judeo-norteamericano minusválido de 69 años de edad, Leon Klinghoffer, arrojaron su cuerpo por la borda (junto con la silla de ruedas) y anunciaron por la radio del barco que en cuestión de minutos seguirán asesinando rehenes hasta que sus demandas fuesen cumplidas. Cuando trascendió a la OLP que comandos estadounidenses preparaban abordar el crucero, Yasser Arafat decidió enviar dos mediadores a El Cairo a negociar la rendición de los terroristas, quienes fueron puestos en custodia en Egipto. Posteriormente, el presidente Hosni Mubarak falsamente anunció que los palestinos habían dejado el país, cuando en realidad aún se encontraban en una base militar egipcia. Al partir en un avión militar egipcio cuatro jets norteamericanos lo forzaron a aterrizar en Sicilia, donde las autoridades italianas apresaron a los fugitivos. A esta acción de Washington, Arafat la tildó de loca» y como un insulto al mundo árabe.

Bettino Craxi, el premier italiano, se hizo cómplice de la fuga de los piratas modernos. Puso a Abu Abbas en un avión con destino a Yugoslavia, donde halló refugio en la oficina de la OLP en Belgrado. Los otros miembros del grupo fueron enjuiciados.

Al darse cuenta de que la operación se había transformado en un desastre de relaciones públicas, la OLP tomó distancia del episodio. El 8 de octubre Abu Iyad, lugarteniente de Arafat, adujo que los secuestradores eran parte de una agrupación menor no afiliada a la OLP. Al día siguiente, la organización palestina emitió un comunicado de prensa afirmando que los secuestradores no pertenecían a ningún grupo leal a Arafat, y un día más tarde el propio Arafat negó ante la prensa internacional involucramiento alguno de la OLP en el operativo. El 10 de octubre, el «canciller» palestino Faruk Qaddumi aseguró que el asesinato de Klinghoffer era una gran mentira inventada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos. En diciembre, Qaddumi dijo ante la Liga Árabe -en presencia del Secretario-General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar- que «quizás fe su propia esposa quien lo empujó al mar para obtener la herencia. Nadie ni siquiera tenía evidencia de que fue asesinado». En 1988 el propio Abu Abbas bromeó con que Klinghoffer se ahogó al intentar nadar.

Con la firma de los Acuerdos de Oslo, Israel permitió a Abu Abbas ingresar a Gaza, donde sentó residencia y pasó a recibir un sueldo de la recién creada Autoridad Palestina.

No he visto la ópera, de modo que no puedo comentarla. Pero sí he visto el trailer y las entrevistas al compositor que ofrece la Ópera Metropolitana de Nueva York en su portal, y juzgando sólo por eso ya puede verse que se trata de un acontecimiento sumamente polémico. El propio título contiene la palabra «muerte» en vez de «asesinato» y la ópera -basada en un libreto de Alice Goodman, nacida judía y ahora sacerdotisa anglicana,- «da voz a todas las partes», tal como apuntaló The New York Times en un editorial apologético. En el trailer puede verse a Klinghoffer denunciar la brutalidad del terrorismo palestino y a uno de los terroristas cantar: «Todo el tiempo se quejan de vuestro sufrimiento pero donde hombres pobres se reúnen puedes hallar judíos engordando. Ustedes saben como engañar al simple, explotar a la virgen, contaminar donde han expoliado. Ustedes difaman a quienes engañan y quiebran vuestra propia ley con la idolatría. EE.UU. es un judío grandote». No sé que opinará el diario neoyorquino al respecto, pero eso a mí me luce como dar voz a un antisemita. Lo cual, parece, es parte de la idea. «La ópera», explica su compositor John Adams, «mira a los terroristas y a los pasajeros y ve humanidad en ambos», lo cual no habrá sido muy difícil para quien opina que «el terrorismo es un acto de desesperación».

Adams ha mostrado interés en tornar asuntos políticos en dramas escénicos previamente, con Doctor Atómico y Nixon en China. «Escribir una ópera sobre el terrorismo es indudablemente una idea provocadora» admitió el compositor. Un punto que La muerte de Leon Klinghoffer viene confirmando desde su estreno en Bruselas en 1991.

Comunidades, Comunidades - 2014

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

ISIS y Y EE.UU. bajo el prisma de Gaza – 22/10/14

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En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro de Israel Binyamin Netanyahu hizo una equiparación entre el grupo terrorista palestino Hamas y el ISIS (o Estado Islámico): “Ambos son ramas del mismo árbol venenoso” aseguró. Aunque
logísticamente no hay coordinación entre estos grupos, ni organigrama que los una, y cada cual tiene su nacimiento en una coyuntura y tiempo diferentes, y albergan ambiciones dispares, Netanyahu está en lo cierto: ideológicamente, Hamas e ISIS están hermanados en la Jihad. Ambos desprecian la “infidelidad” occidental. Ambos aspiran a erigir un califato islámico; en Palestina uno, en toda la región el otro. Y ambos son visceralmente violentos. En un sentido, la lucha de Israel contra Hamas encapsula la lucha universal del mundo libre contra el fundamentalismo islámico.

Desde ya, muy pocos diplomáticos, periodistas y académicos se han mostrado hasta el momento dispuestos a abrazar este postulado. Y en particular, muy pocos han elevado en relación a Estados Unidos y el ISIS el tipo de preguntas que han hecho -con auténtica insistencia- en torno a la acción militar israelí en Gaza, principalmente: ¿Qué hay sobre las bajas civiles en los bombardeos de la coalición contra posiciones de ISIS en el Medio Oriente?

La aviación estadounidense, respaldada por jets de las fuerzas aéreas de naciones árabes, europeas y otras ha estado bombardeando bases, campos de entrenamiento, centros de arsenales y refinerías en manos del grupo jihadista en la vecindad de varias ciudades sirias e iraquíes. Se ha reportado sobre la muerte de terroristas, han surgido videos que muestran a militantes hurgando entre los escombros en busca de sobrevivientes, y hemos visto fotografías de enormes pilas de humo elevándose de zonas atacadas. Es probable que Washington haya provocado la muerte a muchos más civiles árabes de los que ISIS haya matado a civiles norteamericanos, en términos absolutos y proporcionales. No obstante, tal como Jonathan Tobin se sorprendía hace poco en la revista Commentary, sabemos casi nada acerca de posibles muertes civiles en las zonas agredidas. Quizás no haya habido ninguna muerte civil. O quizás muchas. La verdad es que no tenemos idea porque quienes deberían estar planteándose eso no lo han estado haciendo demasiado. Lo cual es llamativo a la luz de la reciente preocupación que han mostrado por el sufrimiento árabe… al menos en Palestina.

La información ha girado en torno a la naturaleza bestial de ISIS, el tamaño de sus finanzas, la velocidad de su expansión, la timorata reacción de la Casa Blanca y las complejas alianzas regionales surgidas en la necesidad de dar respuesta. Todas ellas son legítimas preocupaciones geopolíticas. Este esfuerzo en comprender lo que está en juego estuvo enteramente ausente en la guerra Israel-Hamas. ¿Alguien se interrogó por el presupuesto operativo de Hamas? ¿Se informó debidamente acerca de su Carta fundacional genocida? ¿Se comentó cabalmente acerca de sus asociaciones con Irán, Catar y Turquía? ¿De la provechosa economía de sus túneles? ¿Del centenar y medio de niños palestinos que murieron construyéndolos? ¿De su fenomenal zigzag organizacional en el contexto de las revueltas árabes? Estados Unidos está peleando en el lejano Medio Oriente en válido ejercicio de la doctrina de la responsabilidad de proteger población civil asediada y para preservar la estabilidad de la zona. Israel debió luchar contra el movimiento de resistencia islámico palestino en sus fronteras para proteger al 75% de su ciudadanía que estuvo expuesta a una lluvia incesante de misiles y -cuanto le cuesta al mundo admitir esto- para sobrevivir.

Es posible que las preguntas que hasta el momento no se han estado haciendo en relación a la guerra contra ISIS deban empezar a hacerse prontamente. Los expertos militares llevan cierto tiempo ya advirtiendo que los jihadistas no podrán ser derrotados desde el aire y han aconsejado una intervención con botas en el terreno. Apenas una ciudad iraquí, Mosul, tiene aproximadamente la misma población de Gaza. No será difícil para los casi 35.000 hombres de ISIS ocultarse entre civiles e involucrar a los soldados enemigos en combate urbano, tal como los 20.000 miembros de Hamas han hecho con los israelíes. Quizás entonces empiece a asentarse en el entendimiento mundial la cruda realidad y el terrible dilema de la pasada guerra en Israel y en Gaza.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

El dilema irresuelto de los Árabes – 22/10/14

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La fuerte caída del precio del crudo en un contexto de sobreabundancia de desafíos geopolíticos en el Medio Oriente trajo a mi mente una frase famosa de un jeque de Dubai: “Mi abuelo andaba en camello, mi padre andaba en camello, yo manejo un Mercedes, mi hijo maneja un Land Rover, su hijo manejará un Land Rover, pero su hijo andará en camello”. Nadie puede anticipar qué impacto tendrá este agudo descenso en los precios del petróleo en la región, especialmente cuando la propia OPEP -con Arabia Saudita a la cabeza- no está mostrando interés en bajar la producción. Pero ello expone la mella perniciosa que tipifica la relación árabe-musulmana con este hidrocarburo.

Las naciones árabes reúnen alrededor de 250 millones de almas y sus economías dan forma a un PBI fenomenal, dado que producen un tercio del petróleo mundial y un 15% de su gas. No obstante, si uno remueve al petróleo de escena, el desempeño económico y social de los árabes se ve paupérrimo. El total de las exportaciones del mundo árabe no vinculado al petróleo es menor que el de Finlandia, que tiene una población de apenas cinco millones. Una década atrás, un reporte de las Naciones Unidas redactado por académicos árabes causó sensación global cuando reveló el estado social e intelectual calamitoso de las naciones árabes. El Arab Human Development Report informó que la cantidad de libros traducidos anualmente al árabe en todos los países árabes combinados equivalía a la quinta parte de los que eran traducidos al griego en Grecia. El número de patentes registradas entre 1980 y 2000 de Egipto, Jordania, Siria, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos no llegaba a cuatrocientos, comparado con las más de 7.500 patentes al año de Israel. La tasa de analfabetismo árabe es la más alta del planeta y sus científicos están entre los menos citados en estudios académicos internacionales. Sus más de doscientas universidades no figuran en los rankings de las mejores casas de estudio del mundo. Las mujeres son marginadas, las minorías religiosas no son integradas, los colectivos minoritarios sexuales son despreciados o perseguidos y el sistema democrático y republicano brilla por su ausencia. Para peor, el 70% de la población es menor a veinticinco años de edad y darles empleo requerirá, según estimaciones del 2009, la creación de ochenta millones de nuevos puestos de trabajo para el 2020.

Algunas naciones árabes han tenido mejor performance que otras. Dubai se ha transformado en un centro de vanguardia inmobiliaria excepcional. Qatar ha fundado uno de los canales televisivos más influyentes, Al-Jazzeera, y, dada su riqueza y mínima población, alcanzó un PBI per cápita de USD 73.000. Emirates Airlaines es una multinacional exitosa de los EAU y sucursales de prestigiosas universidades norteamericanas han abierto programas de estudios asociados en varios países del Golfo Pérsico. Pero más allá de la singularidad de casa caso, a nivel general el mundo árabe está estancado.

Fue precisamente contra este status-quo ingrato que hordas de jóvenes se rebelaron más de tres años atrás, dando inicio a la llamada primavera árabe que causó un efecto dominó notable y transformó políticamente a la zona de manera apreciable. Túnez se balancea por su equilibrio, Yemen la está peleando, Libia está consumida en luchas tribales, Egipto se enroscó sobre sí misma y Siria se desangra en una guerra civil atroz. Poco queda de los demócratas iniciales; en la actualidad son los fundamentalistas los que cargan la antorcha de la sublevación. Su impronta es diferente: ISIS, Al-Qaeda, el frente Al-Nusra y toda la impronunciable sopa de letras islamista que contamina la región persigue objetivos diferentes. Mejorar la calidad de vida de los árabes no es uno de ellos.

Los líderes árabes son los principales responsables de este desenlace. Por décadas reprimieron las libertades políticas y asfixiaron el progreso económico mientras sus poblaciones se multiplicaban y el resto del mundo cambiaba. Los pocos monarcas que sí modernizaron sus economías trabaron el desarrollo democrático. Samuel Huntington llamó a esta situación “el dilema del rey”: dado que la liberación política desafía la autoridad del monarca, su forzada apertura a la modernización económica necesariamente se detiene a las puertas de las libertades cívicas.

Los líderes árabes no supieron resolver este dilema. Ahora los jihadistas procuran erradicarlo con violencia.

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Isis y ee.uu. bajo el prisma de gaza (22/10/14)

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En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el primer ministro de Israel Binyamin Netanyahu hizo una equiparación entre el grupo terrorista palestino Hamas y el ISIS (o Estado Islámico): Ambos son ramas del mismo árbol venenoso» aseguró. Aunque logísticamente no hay coordinación entre estos grupos, ni organigrama que los una, y cada cual tiene su nacimiento en una coyuntura y tiempo diferentes, y albergan ambiciones dispares, Netanyahu está en lo cierto: ideológicamente, Hamas e ISIS están hermanados en la Jihad. Ambos desprecian la «infidelidad» occidental. Ambos aspiran a erigir un califato islámico; en Palestina uno, en toda la región el otro. Y ambos son visceralmente violentos. En un sentido, la lucha de Israel contra Hamas encapsula la lucha universal del mundo libre contra el fundamentalismo islámico.

Desde ya, muy pocos diplomáticos, periodistas y académicos se han mostrado hasta el momento dispuestos a abrazar este postulado. Y en particular, muy pocos han elevado en relación a Estados Unidos y el ISIS el tipo de preguntas que han hecho -con auténtica insistencia- en torno a la acción militar israelí en Gaza, principalmente: ¿Qué hay sobre las bajas civiles en los bombardeos de la coalición contra posiciones de ISIS en el Medio Oriente?

La aviación estadounidense, respaldada por jets de las fuerzas aéreas de naciones árabes, europeas y otras ha estado bombardeando bases, campos de entrenamiento, centros de arsenales y refinerías en manos del grupo jihadista en la vecindad de varias ciudades sirias e iraquíes. Se ha reportado sobre la muerte de terroristas, han surgido videos que muestran a militantes hurgando entre los escombros en busca de sobrevivientes, y hemos visto fotografías de enormes pilas de humo elevándose de zonas atacadas. Es probable que Washington haya provocado la muerte a muchos más civiles árabes de los que ISIS haya matado a civiles norteamericanos, en términos absolutos y proporcionales. No obstante, tal como Jonathan Tobin se sorprendía hace poco en la revista Commentary, sabemos casi nada acerca de posibles muertes civiles en las zonas agredidas. Quizás no haya habido ninguna muerte civil. O quizás muchas. La verdad es que no tenemos idea porque quienes deberían estar planteándose eso no lo han estado haciendo demasiado. Lo cual es llamativo a la luz de la reciente preocupación que han mostrado por el sufrimiento árabe al menos en Palestina.

La información ha girado en torno a la naturaleza bestial de ISIS, el tamaño de sus finanzas, la velocidad de su expansión, la timorata reacción de la Casa Blanca y las complejas alianzas regionales surgidas en la necesidad de dar respuesta. Todas ellas son legítimas preocupaciones geopolíticas. Este esfuerzo en comprender lo que está en juego estuvo enteramente ausente en la guerra Israel-Hamas. ¿Alguien se interrogó por el presupuesto operativo de Hamas? ¿Se informó debidamente acerca de su Carta fundacional genocida? ¿Se comentó cabalmente acerca de sus asociaciones con Irán, Catar y Turquía? ¿De la provechosa economía de sus túneles? ¿Del centenar y medio de niños palestinos que murieron construyéndolos? ¿De su fenomenal zigzag organizacional en el contexto de las revueltas árabes? Estados Unidos está peleando en el lejano Medio Oriente en válido ejercicio de la doctrina de la responsabilidad de proteger población civil asediada y para preservar la estabilidad de la zona. Israel debió luchar contra el movimiento de resistencia islámico palestino en sus fronteras para proteger al 75% de su ciudadanía que estuvo expuesta a una lluvia incesante de misiles y -cuanto le cuesta al mundo admitir esto- para sobrevivir.

Es posible que las preguntas que hasta el momento no se han estado haciendo en relación a la guerra contra ISIS deban empezar a hacerse prontamente. Los expertos militares llevan cierto tiempo ya advirtiendo que los jihadistas no podrán ser derrotados desde el aire y han aconsejado una intervención con botas en el terreno. Apenas una ciudad iraquí, Mosul, tiene aproximadamente la misma población de Gaza. No será difícil para los casi 35.000 hombres de ISIS ocultarse entre civiles e involucrar a los soldados enemigos en combate urbano, tal como los 20.000 miembros de Hamas han hecho con los israelíes. Quizás entonces empiece a asentarse en el entendimiento mundial la cruda realidad y el terrible dilema de la pasada guerra en Israel y en Gaza.

Infobae, Infobae - 2014

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Memo de Abu Bakr Al-Baghdadi sobre Cristina – 05/10/14

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Hermanos en la causa de la Jihad, que Alá esté con ustedes:

Nuestro plan de atacar a la presidente de la República Argentina ha sido expuesto. Dos eficientes comisarios porteños han alertado a la Casa Rosada al respecto (¡además del mal gusto elijen un color gay para su palacio de gobierno!). Justo cuando habíamos reordenado nuestra prioridades y definido nuestro objetivo supremo, nos han detectado. Fue inteligente dejar de lado a Ban K i-Moon, Barack Obama, David Cameron, Francois Hollande, Angela Merkel y otros dignatarios infieles y centrarnos en una de las menos relevantes figuras internacionales contemporáneas para hacerla nuestro blanco. Eso desorientó a nuestros adversarios. Lastimosamente también a muchos de los nuestros, tal como me whatsappeó el otro día el hermano Abdullah: “¿¡Y esa quién es!?”. Pero ya no funcionará: se enteraron. Y encima la propia Cristina Fernández lo ha anunciado públicamente, y nada menos que en el Vaticano y en la ONU.

Como si ella quisiera agregar ofensa a la herida inicial, su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas fue un desastre. En su recinto condenó la muerte dada por Estados Unidos a Osama Bin-Laden, fundador de Al-Qaeda con la que estamos enemistados. ¿Y por qué condenó esa muerte y no las más recientes de Abu Yousef al-Turki, líder del Frente al-Nusra en Siria, o la de Ahmed Abdi Godane, jefe de al-Shabab en Somalia? Esta hereje no debió condenar muerte alguna, sólo las vidas de nuestros nobles mártires cuentan.

Luego la señora puso en duda la veracidad de nuestros videos de decapitaciones. ¿Pueden creerlo? ¿Acaso tiene ella alguna idea del tiempo y esfuerzo que lleva capturar infieles, mantenerlos en cautiverio, eludir a las agencias de inteligencia que constantemente nos monitorean, preparar el mensaje al mundo, convocar a un verdugo que hable inglés, confeccionar el vestido naranja onda-Guantánamo, conseguir la cámara y filmar la ejecución? ¿Todo para nada? ¿Tanta inversión de energía para que la presidente argentina nos ninguneé?

¿Y qué necesidad había de comparar a su nación sudaca con nuestro archienemigo en el Medio Oriente, Arabia Saudita? Esos monarcas traidores que venden petróleo a cambio de seguridad al Tío Sam y que prestan sus pilotos para que sus aviones escolten a los jets norteamericanos mientras bombardean nuestras sagradas posiciones, no deben ser modelo de país para nadie. No es que no estemos de acuerdo con los duros castigos que Ryhad impone a los homosexuales, o con la ejemplar forma en que lapida a las mujeres adúlteras, o la eficaz manera en que amputa las manos a los ladrones. No, eso está bien. Pero este pozo petrolero con bandera es socio de Occidente y ha de pagar por ello. ¡Tómenos de ejemplo a nosotros señora! Mucho de lo que usted anhela ya lo estamos implementando en partes de Siria e Irak y, si Alá quiere, en toda la región prontamente: inexistente oposición política, nula libertad de expresión, nada de medios de prensa independientes. ¿Ve?

Debo admitir que me molestó sobremanera su insistencia, ya rayana en el ridículo, de acercarse a Irán. Soldados de sus Guardias Revolucionarias y combatientes de Hezbollah están luchando fieramente contra nuestros hombres. Teherán representa el corazón del chiísmo regional con el que estamos mortalmente enemistados y compitiendo por la supremacía en el Medio Oriente. ¿Qué tienen los iraníes para ofrecerle que nosotros no? Es cierto que desde que asumió funciones el gobierno de Hassan Rouhani ha matado alrededor de mil disidentes y está al tope en la cantidad de ejecuciones per cápita a nivel mundial. Pero dénos tiempo. Los ayatollahs llevan treinta y cinco años en el poder perfeccionando su técnica autoritaria. Volviendo a lo nuestro: ¿exactamente que parte de la frase “Teherán no validó el Memorando en todo este tiempo” usted no entendió? ¿Por qué persiste? En fin. Este sí que es un enigma divino.

Por último, la insinuación de que si algo le pasara los argentinos deberán mirar al Norte y no al Medio Oriente estuvo demás. ¿Acaso somos los del ISIS menos amenazantes que Washington? ¡Por favor! ¡Que cosas dice! Ya ven, hermanos en armas, lo que sucede cuando uno no milita en nuestra Fe y se forma en una provincia que lleva por nombre Santa Cruz.

No obstante, no todo fue malo en su discurso. Eso de los “demonios internos y externos” al referirse a los judíos me encantó. Le regalo un smiley por ello y un me gusta en su portal de Facebook; aunque no me haré seguidor suyo en Twitter pues me han dicho que abusa de ello, too much como le agrada decir. También ha hecho bien en instar a los sionistas a que acepten la creación del estado de Palestina; ya usaremos ese territorio para atacarlos oportunamente, como nuestros amigos de Hamas acaban de hacer desde Gaza y nuestros enemigos de Hezbollah han hecho desde el Líbano. Y me saco el sombrero por su crítica al modo en que Washington nos está atacando, ojalá (u “Oh Alá” como decimos por acá) que Obama le haga caso. Uno nunca sabe.

Al fin de cuentas, no estuvo tan mal. Quizás reconsideremos y la perdonemos.

Salum Aleikum,
Abu Bakr al-Bagdadi,
CEO, Jihad Global