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Roma y Jerusalem - Reseñas

El País (Uruguay) – 22/01/11

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«La idea de un Estado judío desafió al Vaticano»
La cuestión: ¿Cómo fue la reacción inicial que tuvo el Vaticano ante el nacimiento de Israel?
La respuesta: Roma y Jerusalem

La relación entre cristianos y judíos nunca fue fácil. Menos aún la que tuvo el Vaticano con el nuevo Estado de Israel. En el libro Roma y Jerusalem (Debate, 520 pesos uruguayos) Julián Schvindlerman hace un pormenorizado racconto de cómo la Santa Sede reaccionó a lo largo de la historia ante los judíos, y la nula aceptación que tenía la idea de un estado sionista entre las más altas cúpulas del papado. Lo hace basándose en declaraciones públicas papales y también recortes de los medios oficiales del Vaticano que reflejan lo difícil que fue llegar a la diplomacia de hoy.

EXTRACTOS:

La idea de un Estado judío desafió al Vaticano psicológica, teológica y políticamente. En la época del advenimiento del sionismo político, L`Osservatore Romano todavía publicaba noticias acerca de presuntos crímenes rituales judíos. Que el órgano vaticano hiciera ello sin tapujos no era menos reflejo de la cultura política reinante en el catolicismo en esos tiempos que resultado de un modo usual de ver a los judíos a través de centurias de política clerical hostil. La noción de que el pueblo judío tenía derecho a la autodeterminación -o derecho alguno a cualquier cosa, sin ir más lejos- era anatema para el entendimiento católico del papel del judío en la historia, y aceptar algo diferente demandaba un ajuste emocional exigente. Por surgir (inevitablemente) en el contexto de emergentes nacionalismos y en una atmósfera de creciente secularismo, liberalismo y modernismo, y por beneficiarse de todas esas mismas corrientes cuestionadoras del orden clerical establecido, el sionism o estaba destinado a irritar al Papado. (…)

Pero no todo fue negativo. Las décadas siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial presenciaron un cambio fundamental en la actitud del papado hacia el pueblo judío. Juan XXIII merece el crédito por haberlo propiciado y Juan Pablo II por haberlo consolidado. Hechos impensados poco tiempo atrás pasaron a ser recurrentes. Los papas visitaron campos de concentración y sinagogas, se dio un concierto en memoria del Holocausto en la propia ciudad del Vaticano y el antisemitismo fue duramente condenado. (…)

Pero el símbolo más significativo del nuevo enfoque vaticano hacia el pueblo judío ha sido el reconocimiento del Estado de Israel. Las primeras dos visitas papales acaecidas antes y después de tal reconocimiento ilustraron el contraste. Cuando Pablo VI visitó el país en 1964, el gobierno debió desplazarse a la Galilea para darle la bienvenida. Durante su corta estadía, el Papa en ningún momento nombró explícitamente a «Israel» o al «Estado judío», evitó reunirse con el Gran Rabino, y pronunció discursos en los que defendió a Pío XII y refirió a la teoría del desplazamiento. Cuando Juan Pablo II visitó Israel en el año 2000, lo hizo a una nación con la cual él mismo había entablado relaciones diplomáticas. Una vez allí, rezó en Jerusalem, se reunió con los dos principales rabinos, fue a Yad Vashem, e introdujo una plegaria en las piedras del Muro de los Lamentos (…). El viaje de Benedicto XVI del año 2009 reforzó la realidad del vínculo Vaticano-Israel. (…) Por supuesto llegar a este punto no ha sido sencillo. (…)

Conforme ha observado el primer embajador israelí en la Santa Sede, el reconocimiento temprano a Israel podría haber sido para la Iglesia Católica una oportunidad histórica de rectificar -aunque sea parcialmente- su pasado de hostilidad hacia los judíos y su silencio durante la Shoá, pero Roma eligió ver las cosas de un modo diferente. Sólo después que la OLP consintió en reconocer formalmente a Israel, la Santa Sede decidió hacer lo mismo. Para entonces el Estado de Israel había cumplido cuarenta y cinco años de vida soberana. En diciembre de 1993 el Acuerdo Fundamental fue firmado entre las partes y en junio de 1994 Israel y la Santa Sede intercambiaron embajadores. Al cabo de noventa años, la búsqueda de reconocimiento vaticano por parte del sionismo llegaba a su fin. Herzl obtenía así una victoria póstuma. Se abría un nuevo horizonte en las relaciones entre ambos Estados, y al mismo tiempo se cerraba un primer capítulo de la política vaticana hacia una nación de la que acertadamente se ha dicho que posee demasiada poca geografía para tanta historia.

EL EXPERTO
No es la primera vez que Schvindlerman escribe sobre sionismo. El analista internacional es autor de «Tierras por paz, tierras por guerra» y ha publicado columnas en Clarín y La Nación, entre otros.

Enlacejudio.com (México)

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Por Julián Schvindlerman

  

Qatar 2022 – 20/01/11

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Por decisión de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) adoptada el pasado diciembre, por primera vez en la historia de los campeonatos mundiales de fútbol una nación árabe será anfitriona: Qatar en 2022. La fecha lucirá exageradamente distante; las temperaturas del Medio Oriente, inclementemente calurosas; los cincuenta mil millones de dólares necesarios en infraestructura podrán sonar cuantiosos; pero el pequeño país del golfo parece dispuesto al desafío.

La elección de Qatar fue cuestionada por Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos, cuyas candidaturas fueron desechadas a pesar de haber recibido mejores puntajes técnicos y financieros por parte de consultores de la propia FIFA. Conforme ha informado Matthew Futterman en el Wall Street Journal, la victoria de esta nación “estuvo marcada por una parranda de gastos” que abarcó el reclutamiento de figuras estelares del fútbol de la Argentina, España, Francia y otros países dentro de una agresiva campaña de relaciones públicas, así como de inversiones importantes en los países de origen de varios de los ejecutivos miembros de la junta selectora de la FIFA. Según el informe del diario estadounidense, basado en documentos y correos electrónicos del comité responsable de la candidatura, Qatar, a través de su academia de entrenamiento de fútbol (conocida por el nombre de Aspire, controlada por la familia real) expandió sus actividades a un total de quince países, de los cuáles seis tienen delegados ante el pequeño comité selector de la FIFA. Aspire ofreció ampliar el entrenamiento deportivo a nivel popular en Nigeria, construir una academia de fútbol en Tailandia y llevó su programa “Sueños de Fútbol” a diez países africanos, entre ellos Camerún, Costa de Marfil y Nigeria, que tienen representación en el comité ejecutivo de FIFA. Nada de esto significó una violación de la reglas de la institución internacional.

Una pequeña ciudad mundialista será creada en la que nueve de los doce estadios estarán en un radio de sesenta kilómetros cuadrados. Tal como informó Pablo Helman en el diario argentino Perfil, éstos mantendrán una temperatura interior de 27 grados mientras que afuera la temperatura ambiente superará los 40. Serán armados con estructuras desmontables que permitirá su desplazamiento -e incluso exportación- una vez terminado el Mundial. Los proyectos presentados por el afamado Norman Foster y otros, así como los cinco diseñados por el estudio de arquitectura Albert Speer & Partner GmbH son, visualmente, hiper-atractivos. Si el nombre de este último suena familiar es porque lo es: pertenece al nieto del arquitecto de Hitler.

Con todo lo sofisticado que esta veneración qatarí por el deporte internacional y la arquitectura de vanguardia pueda parecer, políticamente Qatar deja mucho que desear. Es más, su posicionamiento ideológico en el tablero regional eleva interrogantes a propósito de la idoneidad de esta nación monárquica como anfitriona del Mundial 2022. Qatar es gobernada por el jeque Hamad bin Califa al-Thani quién destronó a su propio padre en 1995 cuando éste pasaba sus vacaciones en Suiza. Al año siguiente permitió el nacimiento del canal de televisión satelital Al-Jazeera cuya visión editorial, si bien más pluralista en la variedad de puntos de vista que presenta en comparación a otros medios tradicionales árabes, es esencialmente anti-occidental, y lo es de modo visceral. Es el único país del Golfo Pérsico aliado a Siria y a Irán, en marcado contraste con el consenso árabe sunita, y es además anfitrión regular de líderes islamistas. En los años noventa, Khaled Sheik Muhammad, planificador de los atentados del 9/11, residió en Qatar. Ante el pedido de arresto de Washington, pudo fugarse con la asistencia de un ministro qatarí. El teólogo de la Hermandad Musulmana, jeque Yousef al-Qaradawi, es bien recibido en la monarquía y usualmente entrevistado en Al-Jazeera. Al movimiento terrorista Hamas le permite tener oficinas y recaudar fondos en su territorio. Este apoyo a Hamas es oficial. Según una monografía del Washington Institute for Near East Policy, Qatar prometió cincuenta millones de dólares a Hamas luego de su victoria legislativa en 2006 y siguió patrocinándolo financieramente aún después del golpe de estado del 2007, cuando Estados Unidos y la Unión Europea cesaron su apoyo a la Franja de Gaza. A comienzos del 2009 promovió un encuentro árabe-islámico en su capital, Doha, en apoyo a esta agrupación fundamentalista, entonces en confrontación militar abierta con Israel.

Es cierto que el gobierno permitió a Israel abrir una oficina comercial en Doha y a los Estados Unidos mantener un centro de comando militar allí. Pero el favor al islamismo regional es real y tangible. En una rara reprimenda pública a los árabes, la secretaria de estado Hillary Clinton advirtió la semana pasada: “En demasiados lugares, de demasiadas formas, los cimientos de la región se están hundiendo en la arena”. No ha de ser casualidad que eligió efectuar su declaración en suelo qatarí.

Comunidades, Comunidades - 2011

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Medio Oriente 2011 – 12/01/11

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El año entrante encontrará a un Oriente Medio convulsionado, rasgo distintivo de una región que ha aprendido a vivir en la inestabilidad permanente.

Los atentados suicidas en Irak, Afganistán y Pakistán difícilmente desaparecerán. Al-Qaeda ha ganado una fuerte presencia en Yemen, y es un acertijo si el gobierno local permitirá a los Estados Unidos continuar su campaña militar encubierta tras el exposé de Wiki-Leaks. Las dudas acerca del estado de salud del líder supremo iraní y del presidente egipcio, así como la vejez del monarca saudita, abren interrogantes de continuidad y sucesorios no menores. Las revelaciones de memorandos clasificados de la diplomacia estadounidense en torno a las aprehensiones no publicitadas de gobernantes árabes moderados respecto del programa nuclear de Teherán ya han comenzado a motivar acercamientos hacia aquél país, con Jordania siendo el mejor exponente de ello. ¿Avanzará aún más Irán hacia la bomba nuclear? ¿Actuará Israel para impedirlo? El año 2010 pasó sin sobresaltos mayores en esta área. No queda claro todavía si el 2011 será una extensión de lo ya acontecido o testigo de rupturas.

La probabilidad de una paz integral palestino-israelí permanece remota, y el sendero unilateral emprendido por el liderazgo palestino en pos de la obtención de reconocimiento diplomático global a su estado, por el momento inexistente, será seguramente ahondado el año entrante, en parte estimulado por los avales tempranos concedidos ya -desde la órbita latinoamericana- por Brasil, la Argentina, Bolivia y Ecuador. El movimiento fundamentalista Hamas se ve beneficiado por débiles sanciones internacionales, en tanto que El Líbano corre riesgo de quedar sumido en el caos político ante las revelaciones inminentes del tribunal de las Naciones Unidas que ha investigado el asesinato del ex-premier Rafiq Hariri. La reorientación de Turquía hacia el Oriente ha sido uno de los desarrollos geopolíticos más trascendentes de los últimos tiempos y su acercamiento a Teherán luce especialmente inquietante. Hoy reina la cooperación, en detrimento de Occidente, pero una futura competencia por la supremacía regional entre turcos y persas no puede ser descartada. La mayor o menor tensión en ese vínculo repercutirá en toda la zona y más allá de ella.

El reciente asesinato político del gobernador de Punjab, Salman Taseer, puede presagiar un año difícil para el inestable Pakistán. Su asesinato, enmarcado en la oposición del político paquistaní a la condena a muerte de una agricultora cristiana bajo cargos de blasfemar contra Mahoma, ilustra también la penosa situación de las comunidades cristianas en la región. Ellas fueron violentamente atacadas en Irak y en Egipto durante la última Navidad, y han sufrido hostigamiento a lo largo del año ido en Nigeria, Somalía, Gaza, Argelia y Mauritania entre otros lugares. En ciertos países, como en Arabia Saudita e Irán, los católicos no pueden practicar públicamente su religión. Sudán -donde los cristianos del sur han sido masacrados por años en manos de salvajes aliados al gobierno norteño- enfrenta una inminente secesión cuyo desenlace es, al momento, incierto.

La cultura política de los árabes sigue siendo decepcionante y no augura sorpresas positivas para el año entrante; al menos al evaluarla según un dato pintoresco revelador. Los lectores de la CNN en árabe votaron al premier turco Recep Tayyip Erdogan “Hombre del Año” por el 2010, secundado por el presidente Sirio Bashar Assad. Ambos descollan como dos de los políticos musulmanes más prominentes en respaldar públicamente al líder extremista número uno de la región, Mahmoud Ahmadinjead de Irán. La CNN en árabe, asentada en Dubai, afirmó que los resultados de la encuesta reflejan el “ánimo general de la calle árabe”.

El estado judío finalizó el 2010 con una noticia espectacular: el más grande descubrimiento de gas en aguas profundas en la última década a nivel mundial. De confirmarse las previsiones, Israel podría convertirse en un exportador neto de energía para el 2016, aunque sin abandonar su necesidad de importar petróleo. La planta se halla dentro de las doscientas millas náuticas establecidas como “zona económica exclusiva” israelí por la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar, pero Hizbullah -siempre atento a inventar disputas con los judíos- ha reclamado soberanía libanesa sobre el lugar. El potencial de conflicto es real.

Como cada 1 de enero, el Medio Oriente -y con él, el resto del globo- espera expectante su destino para el año que se inicia.

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Medio oriente 2011 – 12/01/2011

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El año entrante encontrará a un Oriente Medio convulsionado, rasgo distintivo de una región que ha aprendido a vivir en la inestabilidad permanente.

Los atentados suicidas en Irak, Afganistán y Pakistán difícilmente desaparecerán. Al-Qaeda ha ganado una fuerte presencia en Yemen, y es un acertijo si el gobierno local permitirá a los Estados Unidos continuar su campaña militar encubierta tras el exposé de Wiki-Leaks. Las dudas acerca del estado de salud del líder supremo iraní y del presidente egipcio, así como la vejez del monarca saudita, abren interrogantes de continuidad y sucesorios no menores. Las revelaciones de memorandos clasificados de la diplomacia estadounidense en torno a las aprehensiones no publicitadas de gobernantes árabes moderados respecto del programa nuclear de Teherán ya han comenzado a motivar acercamientos hacia aquél país, con Jordania siendo el mejor exponente de ello. ¿Avanzará aún más Irán hacia la bomba nuclear? ¿Actuará Israel para impedirlo? El año 2010 pasó sin sobresaltos mayores en esta área. No queda claro todavía si el 2011 será una extensión de lo ya acontecido o testigo de rupturas.

La probabilidad de una paz integral palestino-israelí permanece remota, y el sendero unilateral emprendido por el liderazgo palestino en pos de la obtención de reconocimiento diplomático global a su estado, por el momento inexistente, será seguramente ahondado el año entrante, en parte estimulado por los avales tempranos concedidos ya -desde la órbita latinoamericana- por Brasil, la Argentina, Bolivia y Ecuador. El movimiento fundamentalista Hamas se ve beneficiado por débiles sanciones internacionales, en tanto que El Líbano corre riesgo de quedar sumido en el caos político ante las revelaciones inminentes del tribunal de las Naciones Unidas que ha investigado el asesinato del ex-premier Rafiq Hariri. La reorientación de Turquía hacia el Oriente ha sido uno de los desarrollos geopolíticos más trascendentes de los últimos tiempos y su acercamiento a Teherán luce especialmente inquietante. Hoy reina la cooperación, en detrimento de Occidente, pero una futura competencia por la supremacía regional entre turcos y persas no puede ser descartada. La mayor o menor tensión en ese vínculo repercutirá en toda la zona y más allá de ella.

El reciente asesinato político del gobernador de Punjab, Salman Taseer, puede presagiar un año difícil para el inestable Pakistán. Su asesinato, enmarcado en la oposición del político paquistaní a la condena a muerte de una agricultora cristiana bajo cargos de blasfemar contra Mahoma, ilustra también la penosa situación de las comunidades cristianas en la región. Ellas fueron violentamente atacadas en Irak y en Egipto durante la última Navidad, y han sufrido hostigamiento a lo largo del año ido en Nigeria, Somalía, Gaza, Argelia y Mauritania entre otros lugares. En ciertos países, como en Arabia Saudita e Irán, los católicos no pueden practicar públicamente su religión. Sudán -donde los cristianos del sur han sido masacrados por años en manos de salvajes aliados al gobierno norteño- enfrenta una inminente secesión cuyo desenlace es, al momento, incierto.

La cultura política de los árabes sigue siendo decepcionante y no augura sorpresas positivas para el año entrante; al menos al evaluarla según un dato pintoresco revelador. Los lectores de la CNN en árabe votaron al premier turco Recep Tayyip Erdogan Hombre del Año» por el 2010, secundado por el presidente Sirio Bashar Assad. Ambos descollan como dos de los políticos musulmanes más prominentes en respaldar públicamente al líder extremista número uno de la región, Mahmoud Ahmadinjead de Irán. La CNN en árabe, asentada en Dubai, afirmó que los resultados de la encuesta reflejan el «ánimo general de la calle árabe».

El estado judío finalizó el 2010 con una noticia espectacular: el más grande descubrimiento de gas en aguas profundas en la última década a nivel mundial. De confirmarse las previsiones, Israel podría convertirse en un exportador neto de energía para el 2016, aunque sin abandonar su necesidad de importar petróleo. La planta se halla dentro de las doscientas millas náuticas establecidas como «zona económica exclusiva» israelí por la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar, pero Hizbullah -siempre atento a inventar disputas con los judíos- ha reclamado soberanía libanesa sobre el lugar. El potencial de conflicto es real.

Como cada 1 de enero, el Medio Oriente -y con él, el resto del globo- espera expectante su destino para el año que se inicia.

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

¿Nace un nuevo estado en Palestina? – 22/12/10

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El 15 de noviembre de 1988 aconteció en Argelia una ceremonia singular: el Consejo Nacional Palestino declaró la independencia de Palestina. En horas de la madrugada, con la bandera palestina flameando y el acompañamiento de una banda militar argelina que tocó los acordes del himno nacional palestino, Yasser Arafat leyó la declaración de independencia del estado naciente. Se recitó poesía, se pronunciaron discursos y los delegados se felicitaron por la ocasión. Los países árabes y musulmanes, así como el bloque soviético, extendieron su reconocimiento; otros se sumarían posteriormente. Unos meses después, Arafat fue proclamado Presidente del Estado de Palestina».

Aquél fue un acto simbólico: la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) desesperadamente necesitaba dar señales de existencia en el radar político palestino. Exiliada a la distante Túnez luego de su derrota militar ante los israelíes en El Líbano en 1982, asediada por el surgimiento del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamas) en las zonas disputadas a partir de 1987, desafiada por la determinación del Reino Hashemita de Jordania de poner fin al nexo legal y administrativo con Cisjordania en 1988, y urgida por tomar el control sobre la Intifada que agitaba a la población palestina, la OLP apeló a una declaración solemne para reafirmar su liderazgo. Sin el consentimiento israelí ni estadounidense, la iniciativa fracasó. Aunque en la Asamblea General de las Naciones Unidas, la placa de identificación de la delegación palestina pasó de ser «OLP» a «Palestina». Eso no afectó apreciablemente el curso de los acontecimientos políticos ni para los palestinos ni para los israelíes. Desplacémonos al presente y veremos un nuevo intento palestino en obtener reconocimiento diplomático global a su estado inexistente. A partir de la firma de los Acuerdos de Oslo de1993 fue creada la Autoridad Palestina, la cual gobierna a la población palestina residente en Cisjordania (y sólo nominalmente a la de Gaza), controla limitadamente territorios en disputa, y posee instituciones oficiales representativas, todo lo cual conforma una «entidad», más no un «estado», el que debe surgir, según lo acordado entre las partes, de las negociaciones. Como el liderazgo palestino no tiene la menor intención de alcanzar la independencia estatal por la vía de las tratativas, ha recurrido a la alternativa de forzar el surgimiento de su estado mediante una resolución de la ONU respaldada por la comunidad internacional. Sin embargo, en la actualidad, la entidad palestina no cumple con los criterios legales universalmente aceptados para obtener la categoría de estado: ejercicio de gobi erno efectivo e independiente, la posesión de un territorio definido, control efectivo sobre una masa poblacional permanente y la capacidad de practicar libremente relaciones exteriores. Conforme ha señalado el experto legal Tal Becker, «la entidad palestina no se convierte en un estado bajo la ley internacional por meramente declarar unilateralmente ello». De hecho, una entidad que reclama la categoría de estado y emerge de modo ilegal, bajo la ley internacional no es elegible para el reconocimiento.

Pero dejaremos las disquisiciones jurídicas para los expertos. Lo central aquí es la intencionalidad política del liderazgo palestino de escabullirse de sus obligaciones asumidas para con el Estado de Israel, eludir por completo las decisiones nacionales difíciles que debe adoptar para alcanzar la paz, y la mala fe de pretender lograr por medio de la argucia y la imposición lo que debe surgir por medio de la conciliación. Esta nueva iniciativa replay-Argelia expone para todo el que quiera ver la nula inclinación pacifista de los dirigentes palestinos (moderados, supuestamente), que ya ni siquiera aceptan sentarse a negociar con sus pares israelíes y piden por un diálogo indirecto con mediación extranjera mientras, simultáneamente, intentan crear considerable presión internacional sobre su socio de la paz. Arafat en Camp David 2000 redux.

Las declaraciones de reconocimiento al inexistente estado palestino proclamadas recientemente por los gobiernos de Brasil, la Argentina y Bolivia -más la afirmación de Uruguay de que seguirá esa senda el año entrante- no hacen más que hacer el juego a la intransigencia palestina. Lejos de estimular la componenda, con su actitud prematura, estas naciones la han complicado. Mahmoud Abbas estará complacido; los verdaderos pacifistas, defraudados.

Libertad Digital, Libertad Digital - 2010

Libertad Digital

Por Julián Schvindlerman

  

El Vaticano e Israel – 15/12/10

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La idea de un Estado judío desafió al Vaticano política, psicológica y teológicamente. Durante la primera mitad del siglo pasado, la noción de que el pueblo judío tenía derecho a la autodeterminación era todavía inconcebible para el entendimiento católico, y aceptar algo así demandaba un ajuste emocional exigente.

La respuesta vaticana al establecimiento de Israel quedó inicialmente contenida en un artículo de L’Osservatore Romano publicado el día en que el Estado judío proclamó su independencia. «El sionismo moderno no es el verdadero heredero del Israel bíblico», decía el órgano vaticano; y añadía: el cristianismo es «el verdadero Israel».

La restauración de la soberanía judía sobre la Tierra de Israel hizo inseparables las nociones de Estado judío y nación judía. Pero la Iglesia Católica veía con hostilidad la conexión hebrea con el lugar. Pío X conformó en 1904 una teología antisionista que perduraría durante buena parte del siglo XX. A partir del nacimiento del Estado de Israel, el Vaticano hizo un esfuerzo por caracterizar al Estado judío como un fenómeno meramente político, desprovisto de connotación religiosa alguna. Ello le permitió, al final del camino, reconocerlo diplomáticamente sin tener que lidiar con el desafío teológico a él asociado. No obstante, no dejaba de ser un rechazo de las bases espirituales del sionismo y una ofensa al modo en que los judíos se veían a sí mismos y se vinculaban con Israel.

La cuestión del reconocimiento o no reconocimiento del nuevo Estado se convirtió en un asunto de suma importancia para el Vaticano; un asunto que venía a incorporarse a la carpeta de cuestiones calientes, como el destino de Jerusalem y los lugares santos, el devenir del conflicto entre árabes y judíos y la situación de las comunidades cristianas en el Medio Oriente.

Tal como señaló en su día el vaticanista católico Henry Bocala, la Santa Sede veía la cuestión de Jerusalem como un asunto religioso (protección de los lugares santos) que además tenía una dimensión política (el estatus jurídico para la ciudad). Roma se consideraba parte implicada, y en consecuencia no sólo pidió por una resolución del asunto, sino que indicó cómo debía ser dicha resolución. En un primer momento abogó por la internacionalización de la ciudad y de los lugares santos, pero su posición varió a raíz de la Guerra de los Seis Días (1967): entonces defendió la elaboración de un estatuto especial internacionalmente garantizado.

Por lo que hace al conflicto árabe-israelí, lo consideraba un problema político (un choque entre dos nacionalismos) que además tenía una dimensión religiosa (la disminuida presencia cristiana en Tierra Santa). En este asunto el Vaticano se veía en el papel del conciliador, y apoyó una resolución del conflicto… pero sin entrar en demasiados detalles. Ahora bien, no apostó por la imparcialidad, sino que adoptó una posición pro-palestina; un ejemplo palmario lo encontramos en monseñor John Nolan, director de la Misión Pontificia en Jordania, que en 1983 dijo que la Iglesia sería la voz de los que, al parecer, no la tenían, los palestinos.

Roma no prestó a las aspiraciones nacionales judías el mismo apoyo que prestó a las aspiraciones nacionales de los palestinos, y cuando se constituyó Israel demoró lo máximo que pudo el establecimiento de relaciones diplomáticas. Con el correr de los años, esta renuencia fue dejando a la Santa Sede en compañía de los países más intransigentes. A pesar de su prédica a favor de la reconciliación entre las naciones, el Vaticano negaba la caridad al Estado judío.

Sólo después de que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) consintiera en reconocer formalmente a Israel, la Santa Sede hizo lo propio. Para entonces, el Estado judío tenía ya cuarenta y cinco años de vida soberana. El Acuerdo Fundamental se suscribió en diciembre de 1993, y el intercambio de embajadores no se produjo hasta junio de 1994. Fue un hito histórico. Desde entonces, ha habido sus más y sus menos, pero en lo esencial la relación entre Roma y Jerusalem ha quedado normalizada.

Originalmente publicado en Comunidades

Comunidades, Comunidades - 2010

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El vaticano e Israel – 08/12/10

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La idea de un estado judío desafió al Vaticano política, psicológica y teológicamente. Durante la primera mitad del siglo pasado, la noción de que el pueblo judío tenía derecho a la autodeterminación era todavía inconcebible al entendimiento católico del papel del judío en la historia, y aceptar algo diferente demandaba un ajuste emocional exigente.

La respuesta vaticana al establecimiento de Israel quedó inicialmente contenida en un artículo de L´Osservatore Romano publicado el día en que Israel proclamó su independencia. El Sionismo moderno no es el verdadero heredero del Israel bíblico» decía el órgano vaticano, el «Cristianismo [es] el verdadero Israel». Existencialmente, la reconstitución de la soberanía judía en la Tierra de Israel hizo inseparables la noción de estado judío y de nación judía. Pero la Iglesia Católica veía con hostilidad la conexión judía con la Tierra de Israel. Pío X gestó en 1904 una teología antisionista que perduraría por buena parte del siglo XX. A partir del nacimiento del Estado de Israel, el Vaticano hizo un esfuerzo en caracterizar al estado judío como un fenómeno meramente político, desprovisto de connotación religiosa alguna. Ello le permitió al final del camino reconocer al Estado de Israel diplomáticamente sin tener que lidiar con el desafío teológico a él asociado. No obstante, ello significó una negación de las bases espirituales del sionismo y una ofensa al modo en que los judíos se veían a sí mismos y a su vínculo con Israel.

Una vez que Israel nació, la cuestión relativa al reconocimiento o no del nuevo estado pasó a ser un tema de preocupación vaticana, agregado a otras consideraciones ya presentes en la agenda de la Santa Sede, como el destino de Jerusalem y los lugares santos, el devenir del conflicto árabe-israelí y la situación de las comunidades cristianas en el Medio Oriente. Tal como el vaticanista católico Henry Bocala señaló, la Santa Sede veía a la cuestión de Jerusalem como un asunto religioso (protección de los lugares santos) con una dimensión política (status jurídico para la ciudad). Aquí Roma se veía como parte en la disputa y en consecuencia no sólo pidió por una resolución del asunto sino que exigió que formato debía tener dicha solución. Inicialmente pidió por la internacionalización de Jerusalem y los lugares santos, y a partir de 1967 alteró su postura en pos de un estatuto especial internacionalmente garantizado. Al conflicto árabe-israelí lo veía como un problema político (un choque entre dos nacionalismos) con un componente religioso (la disminuida presencia cristiana en Tierra Santa). Roma se veía a sí misma en el papel de un conciliador y pidió por una resolución sin proponer detalles para la misma. Esto no impidió que adoptara una posición pro-palestina, la cual quedó expresada en esta frase poderosa de 1983 del monseñor John Nolan, director de la Misión Pontificia en Jordania: «Si los palestinos no tienen voz, nosotros somos su voz».

El respaldo de Roma a las aspiraciones nacionales palestinas no tuvo eco en análogo respaldo a las aspiraciones nacionales judías antes de 1948, y una vez que Israel fue establecido, el Vaticano demoró lo más posible entablar lazos diplomáticos. Con el correr de los años, esta renuencia fue dejando a la Santa Sede en compañía de los países más intransigentes. A pesar de su prédica a favor de la reconciliación entre las naciones, el Vaticano negaba la caridad al estado judío.

Sólo después que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) consintió en reconocer formalmente a Israel, la Santa Sede decidió hacer lo mismo. Para entonces el Estado de Israel había cumplido cuarenta y cinco años de vida soberana. En diciembre de 1993 el Acuerdo Fundamental fue firmado entre las partes y en junio de 1994 Israel y la Santa Sede intercambiaron embajadores. Ello fue un hito histórico. Desde entonces, las partes han tenido mejores y peores momentos, pero, esencialmente, la relación entre Roma y Jerusalem ha quedado normalizada.