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Compromiso

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Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Rafael Grossi, Embajador de la República Argentina en Austria – 12/17

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Año 11. No. 68

Rafael Grossi es egresado del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), con medalla de plata. Es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Argentina, Magíster en relaciones internacionales y Doctor en Historia y Política Internacional por la Universidad de Ginebra, Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales. Fue Director General Adjunto del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Viena, y Jefe de Gabinete del Organismo para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), La Haya. Fue asesor del Subsecretario General de las Naciones Unidas en Materia de Desarme, y Presidente del Grupo de Expertos Gubernamentales de las Naciones Unidas sobre el Registro Internacional de Armas. También fue Director General de Coordinación Política de la Cancillería, y prestó funciones en la Embajada de la República ante el Reino de Bélgica y en la Misión Permanente de la República Argentina ante los Organismos Internacionales, en Ginebra.

-¿Cuál es el estado de la relación entre la Argentina y Austria?

La relación bilateral entre la Argentina y Austria es muy buena. Es una antigua relación en la que no existen puntos de fricción y por el contrario hay una vieja amistad, y una presencia austríaca en la Argentina que data de muchos años. En materia de comercio estamos aumentando el volumen de comercio. Se sitúa cerca de los 300 millones de euros, con una balanza levemente superavitaria para la Argentina. Somos el tercer socio comercial de Austria en América Latina, después de Brasil y México. En este momento estamos multiplicando nuestros esfuerzos para generar un interés en nuestro país tanto en materia comercial como en el área de inversiones. Recientemente organizamos una presentación ante potenciales inversores austríacos y se observa un claro interés en sectores clave como infraestructura, energías renovables y transportes; en suma, las áreas en las que el gobierno ha presentado un paquete atractivo de proyectos de inversión.

-¿Qué temas prioritarios guían la agenda de nuestro país con la Unión Europea?

El acuerdo Unión Europea-Mercosur es central en estos momentos. El logro de un acuerdo equilibrado y mutuamente beneficioso es el objetivo inmediato.

-En Austria ha ascendido electoralmente un partido nacionalista que sacudió el tablero político. ¿Qué lectura ofrece al respecto?

El Partido de la Libertad (FPO) es una fuerza política que efectivamente está en claro ascenso en Austria, es la tercera fuerza política, muy cerca de los socialistas. En este momento y en ese carácter actualmente negocia con el partido que obtuvo el primer puesto en las elecciones del pasado mes de octubre, el Partido Popular (OVP), la formación de una coalición de gobierno. Hay inquietudes en la sociedad austríaca, y el posible nuevo primer ministro Sebastian Kurz está consciente de ello, por lo que ha reafirmado el carácter decididamente pro-europeo del futuro gobierno. Ello ha traído tranquilidad.

-En un sentido más amplio, ¿Cómo vislumbra la situación de Europa en el futuro mediato de caras a los desafíos de la inmigración y el terrorismo?

Viena es una caja de resonancia sumamente reveladora de las grandes tendencias de la historia, y lo ha sido a través del tiempo. Hoy no es una excepción. El gobierno austríaco ha debido enfrentar el tema de los refugiados con mucha decisión. Hay que comprender que las dos rutas reconocidas de las corrientes de refugiados más recientes, tanto la del Mediterráneo como la de los Balcanes, tienen a Austria como pasaje obligado y en muchos casos como el objetivo final. Ello ha suscitado tensiones sociales que son inevitables. Estos fenómenos que usted cita son sin dudas enormes desafíos que van más allá de Austria o de Europa misma ya que ponen en juego los valores centrales de las democracias modernas que se ven confrontadas a fenómenos que surgen muchas veces de sus propias estructuras sociales -jóvenes desempleados, de segunda generación de inmigrantes que se radicalizan- cuestionando la legitimidad del sistema de convivencia en su totalidad. Allí es donde debe ponerse el foco y donde la Unión Europea procura hacerlo equilibrando las libertades fundamentales con una gestión eficaz de la seguridad. Enorme desafío, sin dudas.

-Usted desempeñó funciones diplomáticas ante las Naciones Unidas en Suiza. ¿Qué fortalezas y debilidades ve en la ONU como actor internacional?

A riesgo de decir una obviedad, pero no por ello menos cierta, la realidad es que si no tuviésemos a las Naciones Unidas habría que crearlas. El problema del sistema multilateral es que las debilidades o limitaciones del mismo son muy fáciles de identificar. Más difícil y quizás menos atractivo y escandaloso es ver los logros cotidianos que el sistema de las Naciones Unidas aporta a la convivencia internacional y a la preservación de la paz y seguridad internacionales. Las soluciones a los grandes problemas internacionales -el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, el cambio climático, los derechos humanos- tienen necesariamente un componente multilateral. En algunos casos es central a la solución de los problemas, en otros un complemente indispensable, pero ciertamente no se puede prescindir de las Naciones Unidas.

-En muchos de sus foros, especialmente en el Consejo de Derechos Humanos, se percibe una atención desproporcionada a los asuntos de Israel, a expensas de otras urgencias mundiales. La contracara es un pase libre a los países violadores de los derechos humanos, que rara vez son condenados. ¿Ve algún remedio a la polítización del sistema de la ONU?

La pregunta se vincula en cierta medida con el punto anterior. El sistema puede ser abusado, alguna vez manipulado, pero su necesidad es incontestable.

-Permítame llevarlo hacia el plano nuclear. ¿Cree que el Joint Comprehensive Plan of Action, como se conoce en inglés al pacto nuclear del P5 + 1 con Irán, es un buen acuerdo?

Es un acuerdo razonable. Naturalmente tiene apologistas y detractores, ambos munidos de sus argumentos. Aquí lo que hay que tener presente es la naturaleza y el alcance del acuerdo. Si lo que se busca es neutralizar completamente toda actividad nuclear en la República Islámica de Irán, el JCPOA claramente no satisface esa expectativa. Pero ese no es su objetivo. Se trata de un acuerdo que limita y controla todas las actividades nucleares en Irán, mediante un sistema complejo de reducción de ciertas instalaciones y equipos, la reconfiguración de las instalaciones y equipos de transformación del núcleo del reactor de agua pesada de Arak y otras tantas. El JCPOA establece un régimen de controles e inspecciones que desacelera -pero no elimina- el programa nuclear de Irán. Y Allí el punto crítico para otros, que hubiesen preferido un acuerdo más radical, es decir, uno que hubiese eliminados todas estas actividades en Irán. La pregunta es si esto era políticamente posible o no. Por eso vuelvo al inicio de mi respuesta. Quien busca del JCPOA un tratado que “desnuclearice” a Irán naturalmente estará en contra. Si por el contrario se favorece un enfoque gradual, el JCPOA aparece como un camino razonable y técnicamente fundado.

-Dos aliados importantes de EE.UU., Arabia Saudita e Israel, lo objetaron. En su impresión, ¿qué promesas y qué riesgos tiene este acuerdo para la seguridad nuclear global a futuro?

El acuerdo demuestra que puede arribarse a soluciones diplomáticas cuando existe coherencia y unidad de acción en los negociadores. Esto es lo que sucedió entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania. Presentaron un frente coherente Estados Unidos, Rusia, China, Francia, El Reino Unido y Alemania, lo que no es fácil. Se atuvieron a él y ello facilitó que Irán advirtiera que frente a ese grupo sin fisuras debería negociar limitaciones concretas. El acuerdo debe ser respetado en todos sus puntos de manera escrupulosa, para eso está el Organismo Internacional de Energía Atómica. Los riesgos siempre existen, como digo, es un acuerdo complejo y difícil de verificar, que exige un esfuerzo considerable en términos de inspecciones. En mi opinión son los países, los actores de la escena internacional, quienes son responsables de manejar la situación. Un acuerdo es un vehículo. El JCPOA es eso. Más allá de eso, la seguridad nuclear y la estabilidad exigen un trabajo constante, ya que a diferencia de lo que muchos afirman, la actividad nuclear en el mundo no decrece, sino todo lo contrario.

-Corea del Norte. En 1994 el presidente Bill Clinton negoció con Pyongyang un acuerdo nuclear. En los últimos años el régimen coreano ha estado probando armas nucleares. ¿Ofrece este caso lecciones para lo que pueda esperarse del pacto con Irán?

No tantas. En Corea del Norte existió un esquema de incentivos y recompensas que usted menciona, que llevaron al llamado acuerdo marco. Corea del Norte lo violó, se retiró del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, expulsó a los inspectores del OIEA. Ignora más de diez resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y -diferencia fundamental- tiene armas nucleares. Tiene un arsenal, cosa que Irán nunca llegó a tener, ni siquiera ensayó un artefacto. De ahí que la situación sea muchísimo más grave. Son procesos que tienen algunas similitudes pero también diferencias muy marcadas. Algunos pensaron en 2015, cuando se alcanzó el acuerdo con Irán, que un modelo similar podría aplicarse a Corea del Norte, pero como señalo, se trata de casos diferentes. Diría, eso sí, que la vía diplomática es la que debe seguirse en Corea del Norte sin lugar a dudas y que los procesos anteriores, incluyendo el así llamado de conversaciones hexapartitas, seis partidos de conversaciones (EE.UU., Rusia, China, Japón, y ambas Coreas) demuestran que no es imposible establecer escenarios de cooperación y de negociación con Pyongyang.

-La Argentina tiene experiencia apreciable en el desarrollo nuclear. ¿Visualiza un papel internacional relevante para nuestro país en esta área a futuro?

Claramente. La Argentina posee, hoy por hoy, el programa nuclear más importante de América Latina, con tres centrales nucleares en operación, dos planeadas, un reactor nuclear modulable en construcción de diseño nacional, el CAREM, y una red de instalaciones nucleares en todo el territorio nacional. Tenemos además, lo que es bastante singular para un país como el nuestro, un perfil exportador nuclear, con operaciones comerciales exitosas en Perú, Argelia, Egipto y Australia, entre otras. Ello hace que la Argentina sea un actor muy comprometido con la gobernanza nuclear internacional y el buen funcionamiento de los acuerdos y las instituciones. Por esa razón nos ha tocado desempeñar papeles de coordinación y liderazgo en diversas áreas de la agenda nuclear. Actualmente nos preparamos para ejercer la presidencia de la Conferencia de Examen del Tratado de No Proliferación (TNP) en 2020, un ejercicio que concita la atención global por la importancia de este instrumento clave, en momentos de incertidumbre y cuestionamientos al principio de la no-proliferación de armas de destrucción masiva, como puede verse en el caso de Corea del Norte. Será una alta responsabilidad y seguramente replanteará la legítima aspiración de conducir el Organismo Internacional de Energía Atómica.

-Por último, un asunto muy doloroso para los argentinos. Durante la tragedia del submarino Ara San Juan, usted jugó un papel muy importante al involucrar a la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Cuéntenos al respecto por favor.

Trabajamos conjuntamente con el Organismo para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares con sede en Viena, y conocíamos el alcance de la red de detección que conforma el sistema internacional de vigilancia que incluye estaciones sísmicas, de infrasonido, radionucleidos e hidroacústicas. En contactos con el CTBT se planteó la posibilidad de hacer una lectura focalizada y dedicada de los sensores hidroacústicos que pudieran haber recogido datos relevantes para la búsqueda de nuestro submarino. El CTBT, en particular su Secretario Ejecutivo, el Dr. Lassina Zerbo, respondió con generosidad y alto profesionalismo y en pocos días contamos con un primer informe que reveló la ocurrencia de un fenómeno impulsivo aislado, compatible con una explosión subacuática. Ello resultó determinante para poder determinar, el 21 de noviembre, que el buque sufrió un evento disruptivo de magnitud. A partir de eso, y desde ese momento de manera ininterrumpida, el CTBT ha continuado aportando sus análisis y mediciones, en constante interacción con los equipos de la Armada Argentina.

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Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Mauricio Wainrot – 12/17

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Año 11. No. 68

Mauricio Wainrot es un destacado coreógrafo argentino cuya labor ha recibido numerosos premios internacionales. Actualmente es el representante Especial para Asuntos Culturales de la Cancillería Argentina, a cargo de la Dirección General de Asuntos Culturales. Es coreógrafo permanente del Royal Ballet of Flanders de Bélgica y ex director artístico de Les Ballets Jazz de Montreal y del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

Entrevistó Julián Schvindlerman

-Verdaderamente su currículum es impresionante. Comencemos por el principio. ¿Cómo logró un niño judío hijo de sobrevivientes del Holocausto llegar a donde se encuentra ahora?

Mis padres han sufrido muchísimo y han vivido dolores indecibles. Cada uno de ellos, perdió a casi todos sus familiares directos. Dejaron Varsovia en junio de 1939, dos meses antes de que comenzara la segunda guerra con el primer ataque alemán a Polonia el 1 de septiembre de 1939. Ellos exactamente el 18 de junio estaban viajando desde La Rochelle en Francia rumbo a Arica, Chile y de allí a Bolivia, a la ciudad de La Paz. Bolivia fue el único país que otorgaba visados a los judíos, contrastando con Estados Unidos, Canadá, Australia y nuestra querida Argentina, que además se jactaba en el prólogo de su constitución: para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución.

En fin, mis padres no eran, como muchísimas otras personas considerados hombres y mujeres de este mundo, porque no pudieron conseguir los visados correspondientes como para poder venir a la Argentina, por expresa orden del Gobierno Argentino que no aceptaba que los judíos pudiesen instalarse en nuestro país. En cambio, y afortunadamente, si lo fueron para las autoridades bolivianas que hicieron lo imposible para salvar a miles de judíos del Holocausto y les otorgaron las visas correspondientes para que pudieran salir de Polonia, justo a tiempo, llegando primero a Chile en el vapor chileno reina del Pacífico que los dejó en Arica, luego de cruzar el Canal de Panamá, y de Arica, en micros pudieron llegaron a La Paz. Todo este periplo sin hablar una palabra de español, ya que se manejaban en Yidish y polaco.

-¿Cuándo nació su vocación artística? ¿Cómo logró canalizarla en una época del país no tan abierta como ahora a los judíos?
Desde muy chico mis padres me llevaban al Teatro a ver obras judías, en general musicales al teatro Mitre o al Soleil, y algunas veces al IFT, que era un teatro más comprometido socialmente, allí daban obras de Bertolt Brecht. También muchas veces fuimos a ver obras de López Lagar, Mecha Ortíz o Luisa Vehil y otros artistas de la época. En otras ocasiones con mis padres íbamos a la Facultad de Derecho a escuchar conciertos, supongo de la Sinfónica Nacional. Evidentemente participar como espectador de estos espectáculos, mas mi madre que cantaba en Yidish y en polaco muy a menudo, nació en mi querer vivir en ese mundo artístico, y lo logré.

Respecto a lo judío de su pregunta, nunca me afectó en nada, en la escuela primaria y secundaria tuve muchos momentos de tensión y de pelea con varios chicos, que se manejaban con un antisemitismo digamos a nivel doméstico, pero ya dentro del mundo del Teatro y la Danza jamás lo viví.

-Una reflexión sobre su participación en el film 18J por favor.

Fue una experiencia extraordinaria, que nació por la invitación a participar de Fernando Sokolowicz como productor de mi corto. Me entusiasmo la idea de hacer un corto como homenaje al tan desgraciado evento que vivimos en nuestro país los argentinos judíos y los no judíos. Con mi vocabulario de danza creamos junto al querido Carlos Gallardo un libreto, y además Carlos se hizo cargo de la escenografía y de vestuarios. El comienzo con toda esa ropa tirada en el piso en muy fuerte y poético, aunque parece ser que son deshechos tirados como si fuese después de un cataclismo. El final viendo como la ropa va subiendo al cielo, sin los cuerpos, mientras una mujer trata de aferrase a ella es muy emocionante y triste. Estoy muy agradecido por esta experiencia.

-Cuéntenos sobre su obra acerca de la vida Ana Frank.
Hay un antes y un después en mi vida y carrera por haber creado mi coreografía Anne Frank, – hay que llamarla de esa manera porque así se llamaba Anne Frank-. En realidad debería escribir un libro sobre todas las puestas de Anne Frank que monté en diez países diferentes y en catorce compañías diferentes.

Para mi Anne Frank es una obra política, -que va más allá del hecho que haya sido tomada de la historia de ocho personajes de origen judío, que murieron todos, menos el padre Otto Frank en el Holocausto-, para convertirse en un muy fuerte alegato antifascista. Sin duda la historia de toda mi familia paterna, mi familia materna, que fueron asesinados todos en Polonia, fueron el disparador de la idea de realizar mi obra. Cuando realicé Anne Frank, para su estreno el 5 de mayo 1984 escribí este texto en el programa de mano, que ha sido repetido en todas las otras puestas de mi obra:

“La intolerancia, la arbitrariedad y el poder son los temas de esta obra. El terrible destino de las ocho personas que convivieron desterradas en el pequeño anexo de un edificio de Amsterdam por espacio de más de dos años bajo el peor régimen fascista que ha existido, es la excusa. La intolerancia religiosa, política y racial, y la arbitrariedad de un poder totalitario, sin límites, que termina por destruir y corromper a todos los individuos -sean los verdugos o sus víctimas- ha sido mi real preocupación. He trabajado con imágenes extraídas del diario de Anna y especialmente de un libro con testimonios de personas que conocieron a todos los habitantes del anexo. De ellos, el único sobreviviente fue Otto Frank. Y precisamente con la vuelta del señor Frank, unos meses después de finalizada la guerra, es que comienza mi obra. Al bucear en Anna Frank me introduje en mi historia personal, en vivencias y anécdotas que he recogido desde chico, en la historia también trágica de todos mis familiares que sucumbieron quién sabe dónde, en las mismas condiciones que los Frank, los van Daan, los Dussel y tantos otros millones de personas que cayeron víctimas de la intolerancia. La voz de Anna es la de todos ellos y la de todos los que amamos y respetamos el sagrado don de la vida por encima de todas las cosas. Esta obra está dedicada a los mártires y sobrevivientes de todos los genocidios. Y a mi familia”.

-¿Qué aprendizaje, personal y profesional, le dio la trayectoria internacional? ¿Puede comparar la escena artística mundial con la de Argentina?

Debo empezar al revés con mi respuesta a su pregunta. Todo el aprendizaje que tuve en mi país, siempre en escuelas públicas del estado y en el Colón, y en el Teatro San Martín, me dieron la posibilidad de trabajar con un enorme número de compañías y escuelas. Por supuesto a este bagaje de conocimientos adquiridos en mi país, y posteriormente a través de la experiencia que fui adquiriendo con numerosas compañías europeas, americanas y asiáticas, como con los cientos de bailarines que trabajaron conmigo, se fueron incrementando mis conocimientos coreográficos, de producción y de dirección general.

La Argentina tiene en el Ballet del San Martín, una de las mejores compañías de danza contemporánea de América del Sur. Este año cumple cuarenta años de existencia, de los cuales he sido su director artístico durante 23 años en dos períodos diferentes.

-Asistí a su puesta en escena de la Novena Sinfonía de Beethoven en el Teatro San Martín. Quedé impactado por la dimensión creativa de plasmar en los movimientos de los cuerpos humanos la manifestación musical de Beethoven. ¿Cómo es este proceso creativo?

Me encanta que le haya gustado mi versión de la Novena Sinfonía de Beethoven. Es muy difícil en una respuesta de pocas líneas explicar todo el proceso, lo único que puedo decirle que este año cumplo 50 años con mi profesión, sin duda todo ese enorme lapso de tiempo me ha dado y enseñado tanto como para llegar a montar una obra de esta dimensión, que coincido con usted, es impactante, muy emotiva y de las mejores que realicé.

-Poco tiempo atrás el Presidente Mauricio Macri lo designó como responsable nacional de asuntos culturales en la cancillería. ¿Cómo vivió está designación? ¿Qué objetivos de gestión se ha planteado?

Fue y es un honor que el Presidente Macri me haya ofrecido este cargo. Hace diez años siendo Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, estuvimos hablando de la posibilidad de que yo sea Ministro de Cultura. Si bien me gustó mucho la idea, preferí quedarme en el Teatro San Martín, dirigiendo al Ballet, y seguir haciendo coreografías.

Ahora con diez años más, acepté su ofrecimiento, me gusta mucho conectarme con otras poéticas, y sé que puedo ayudar a muchos artistas, instituciones privadas y gubernamentales. Divulgar nuestra cultura, la cultura de nuestro país y la marca que nos enmarca como argentinos.

-¿Qué valor y qué desafíos tiene la gestión cultural en un país muy rico culturalmente pero bastante pobre socialmente? ¿Cuál es el papel, si alguno, de la promoción cultural en entornos desfavorecidos?

Argentina, como otros países de Latinoamérica, si bien bastante menos que muchos de ellos, es el país de las paradojas. La creatividad argentina no tiene límites y es reconocida en el mundo, el tema presupuesto es un tema complicado de manejar y tratamos desde DICUL, la Dirección Nacional de Asuntos Culturales de la Cancillería poder expandir el arte argentino, por todas nuestras delegaciones: Embajadas y Consulados en el exterior, como apoyar giras de artistas y conjuntos aportando muchas veces pasajes, logística y publicidad.

-Política y cultura ¿pueden mezclarse? ¿Cuál cree usted debe ser el rol del artista frente al Poder y ante la Sociedad?
No creo que haya separación entre la política y la cultura, cada uno tiene sus ideas políticas, algunos son más fanáticos que otros. Desde mi lugar no hay ningún tipo de límite para promover el talento y el trabajo de los artistas argentinos más allá de sus decisiones y apreciaciones políticas. El artista es siempre un emergente de su sociedad, y no creo que en los “artistas oficialistas”, las revoluciones, históricamente, han sido siempre realizada y manejadas por artistas independientes y no por artistas oficiales, sobre todo cuando están muy politizados, y sus obras dejan de ser obras para convertirse en panfletos.

-Volvamos a su gestión. Bienal de Venecia, Ferias literarias en Guadalajara, Madrid y Fráncfort, teatro y cine en la Argentina. ¿Cómo ve al país en el contexto artístico e intelectual global?

Argentina está cumpliendo un gran papel en cada una de las Ferias o Bienales que usted menciona. Es llamativo el nivel de respeto que nuestro trabajo tiene por parte de colegas internacionales. También debo decir que este camino fue iniciado por la gestión anterior, aunque en la gran mayoría de los casos los artistas que representaban a nuestro país han sido en su gran mayoría muy seguidores de aquél gobierno.

-Para terminar ¿Qué consejos le daría a los jóvenes artistas e intelectuales argentinos?

No puedo dar consejos a nadie, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, dijo Antonio Machado. Cada uno debe encontrar el suyo. A mí me sirvió hacerlo, con mucho trabajo, transpiración, emoción, ilusiones, fantasías, talento, alegrías, tristezas, viajes, compartiendo experiencias con mis colegas y alumnos. ¡No me he guardado Nada! Todos mis sueños siguen intactos.

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Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Boris y Álvaro Castellanos – 12/17

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Año 11. No. 68

El Coronel José Arturo Castellanos fue Cónsul General de El Salvador en Ginebra durante la Segunda Guerra Mundial. Durante su estadía diplomática, entre 1942 y 1945, nombró a George Mandel-Mantello, un refugiado judío de Rumania que residía en Ginebra, como Primer Secretario de su consulado y le autorizó a emitir miles de ”certificados de ciudadanía” para refugiados judíos en la Europa ocupada. Estos documentos protegían de deportación a su portador, al servir como declaración oficial de que éste era un ciudadano reconocido por el país latinoamericano. Compromiso entrevista aquí a los nietos de este “Justo Entre las Naciones”, conforme lo reconoció el Museo del Holocausto de Israel. 

 -¿Cómo y cuándo se enteraron de la gesta de vuestro abuelo?

Desde pequeños nuestra abuela de parte de madre nos contaba que nuestro abuelo había sido un hombre muy importante, un héroe de la Segunda Guerra Mundial. Ella se dio cuenta de las hazañas del Cnel. José Arturo Castellanos cuando salió la historia por primera vez en El Salvador. En el año 1975 el escritor Leon Uris visitó a El Salvador y buscó a nuestro abuelo de quien había oído mucho durante sus investigaciones para su libro «Exodus». Esta visita precipitó la única entrevista que dio el Coronel Castellanos que salió en el diario nacional «La Prensa Gráfica» sobre El Rescate que llevó a cabo con su amigo judío; George Mandl-Mantello. Aunque sabíamos que nuestro abuelito era un héroe, todavía éramos muy jóvenes para entender la importancia de lo que había hecho. Cuando nuestro abuelo fue nombrado Justo Entre las Naciones en 2010, comenzamos a investigar más, comenzamos a entender la complejidad y el gran alcance de la historia del rescate.

-¿Cómo llega él a Ginebra en ese momento clave? ¿A qué atribuyen su accionar?

Nuestro abuelo tuvo el puesto de Cónsul General en Hamburgo desde 1938 donde comenzó a visar pasaportes de gente judía quienes intentaban salir de Alemania. Cuando la guerra se intensifica en el año 1942, El Salvador le declara la guerra a Alemania y el coronel pide un traslado a Ginebra, ya que los bombardeos aliados se intensificaban muy cerca del consulado Salvadoreño que se situaba cerca de la estación de ferrocarril «Dammtor» un objetivo importante para los aliados.

-¿Cuántos judíos fueron salvados por el Coronel Castellanos? ¿Han conocido en persona a algunos de los supervivientes salvados por vuestro abuelo?

La historia de nuestro abuelo el Cnel. Castellanos es única entre muchos diplomáticos nombrados Justos Entre las Naciones por Yad Vashem porque no hay otro ejemplo donde un diplomático no-judío colaboró con un judío para llevar a cabo a lo que solo se le puede llamar una «mission de rescate». Según el Museo del Holocausto de EEUU, más de 13,000 documentos se produjeron y se distribuyeron desde el consulado de El Salvador en Ginebra. Es por eso que hay cifras usadas por el gobierno salvadoreño y otros de decenas de miles de judíos salvados, tomando en cuenta que cada documento podía salvar múltiples miembros de familia y también que los documentos fueron replicados por diferentes actores en Hungría y otros lugares, salvando much mas personas. El museo del Holocausto de los Estados Unidos dice “más de 10,000 aunque es muy difícil de dar una cifra exacta”. Como es casi impossible obtener una cifra científica, en nuestro documental, tenemos cuidado de no citar un número fijo, prefiriendo hablar de los miles salvados por la acción del Cnel. Castellanos. Creemos que la importancia de esta historia no está en el numero exacta de personas salvadas, si no que en el impulso humanístico de nuestro abuelo para ayudar a tantas personas que no conocía.

-Él no es tan conocido como Oscar Schindler o Raoul Wallenberg. ¿Eso los llevó a realizar el documental que cuenta su historia? ¿Para hacer justicia con un héroe que residía en el anonimato?

Sí, el desconocimiento de la historia de nuestro abuelo, El Cnel. José Arturo Castellanos su vida y su gran hazaña, fue una de las cosas que nos impulsó a documentar su historia para que los jóvenes y las nuevas generaciones puedan aprender de su historia y puedan tomar su ejemplo. Viajamos por todo el mundo difundiendo la historia – cuando regresemos a Argentina queremos dar más charlas en escuelas y presentar el RESCATE A Live Film-Concerto de nuevo. Necesitamos la ayuda y apoyo de organizaciones como la DAIA – este trabajo es crítico: el de no-Judíos que se dedican hoy a hablar contra el anti-semitismo; pero si necesitamos apoyo. “We cannot do this alone!” – como el Rescate de nuestro abuelo – el no lo pudo haber hecho solo sin la ayuda de su amigo Judío.

-Cuéntennos sobre la experiencia de realizar este film.

Boris: El proyecto comenzó con la idea de mi hermano Álvaro, de confrontar a nuestro padre después de muchos años de no verlo, y entrevistarlo para conocer más de nuestro abuelo. Cuando tratamos de contactarlo, nuestra familia en El Salvador nos avisó que nuestro padre ya había fallecido (perdimos todo contacto con nuestro padre cuando emigramos de El Salvadora con nuestra madre a Canadá en los años 80). Aunque habíamos perdido la oportunidad de entrevistar a nuestro papá, decidimos entrevistar a otros miembros de nuestra familia quienes habían conocido bien a nuestro abuelo y también a los sobrevivientes del holocausto que todavía vivían y fueron salvados por su acción de rescate. Comenzamos a filmar en 2013 en Israel y terminamos en 2016, acumulando cientos de horas de tomas y entrevistas que fueron editadas para crear la versión de «EL RESCATE – Un Film-Concierto» que estrenamos en junio de 2017 en Toronto y que hemos estado girando en Sudamérica y Europa como un “FILM-CONCIERTO ENVIVO» este año pasado.

-¿A qué países ha llegado este documental? ¿Qué impacto ha tenido en las audiencias?

Comenzamos con el estreno de nuestro concepto llamado «Film-Concerto» en Junio de 2017 en Toronto (un evento asistido por más de 350 personas). Este concepto se trata de la proyección del film, acompañada con la rendición en vivo de la banda sonora del film, tocada por una orquesta de seis o más músicos, incluyendo a Boris Castellanos en piano y Álvaro Castellanos en contrabajo más violín, cello, flauta y percussion. Después del estreno en Toronto hicimos una presentación especial en Ottawa, la capital de Canadá, en la residencia del Embajador Alemán. En el verano de 2017 hicimos una corta gira en Centro América, presentando el film en Panamá y Costa Rica, y también presentamos la película en Septiembre en Santiago de Chile y en Buenos Aires, donde hicimos 2 presentaciones para jóvenes y estudiantes y una para el público general en el Teatro Conti – (la ex ESMA incluyendo la escuela Alemana de LANUS y la escuela ORT en BA). En cada país hemos hecho presentaciones en escuelas como la escuela alemana Humboldt en Costa Rica y la Escuela de Fatima en Panamá donde hablamos con los estudiantes para educarlos sobre el anit-semitismo, los derechos humanos y la importancia de todos los «Justos Entre las Naciones». Acabamos de regresar de Alemania donde presentamos la versión alemana de nuestro film en Berlin y Hamburgo (DIE RETTUNG – Ein Live Filmkonzert). En todos los lugares donde hemos presentado, nuestro film ha atraído el interés de muchos judíos y no-judíos, viejos y jóvenes de varias grupos y comunidades con el efecto de crear enlaces y vínculos entre estos grupos diversos. Por ejemplo, en Buenos Aires una de nuestras presentaciones fue asistida por la escuela Alemana de Lanús, y la escuela de ORT, entre cuales han habido episodios de provocaciones y antisemitismo. Fue la primera vez que las dos escuelas se han reunido para un evento cultural o educacional.

-Yad Vashem lo ha reconocido como un justo entre las naciones en 2010 ¿Cómo han vivido eso ustedes, sus descendientes?

Nosotros sentimos un profundo orgullo cuando Yad Vashem honró a nuestro abuelo en 2010. Además de sentirnos orgullosos, sentimos también que
teníamos el deber de hacer lo que pudiéramos como artistas para difundir la historia y las hazañas por cuales nuestro abuelo ha sido honrado como Justo Entre las Naciones. EL RESCATE – Un Film-Concierto es nuestro modo de honrar la memoria de nuestro abuelo y al mismo tiempo continuar su legado.

-Para finalizar, un mensaje para la comunidad judía de la Argentina por favor.

De parte de la familia Castellanos, le mandamos a la comunidad judía en la Argentina un mensaje gratitud y amistad. Gracias también a la Embajada de Alemania en Argentina y al Teatro Haroldo Conti (Claudio Avruj y Alex Kurland) por su gran ayuda en hacer nuestro sueño realidad de traer El Rescate a Argentina. Esperamos regresar muy pronto a vuestro lindo país para compartir con ustedes la increíble historia del Cnel. José Arturo Castellanos y EL RESCATE un Film-Concierto en vivo. Para descubrir más pueden visitar – www.castellanosmovie.com.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2017

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Happy Posthumous Birthday, Mr. Churchill – 30/11/17

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 30/11/17

http://blogs.timesofisrael.com/happy-posthumous-birthday-mr-churchill/

Yesterday we commemorated the 70th anniversary of the Partition of Palestine, contained in General Assembly resolution 181, of 1947. Today, November 30th, we would do well to remember the birth of one of the most extraordinary men and influencing leaders of the Twentieth Century: Winston Leonard Spencer Churchill. Remembering it a day after an anniversary of the United Nations vote that created one of the legal bases for the establishment of the state of Israel is especially appropriate. After all, Winston Churchill (Oxfordshire, 1874 – London, 1965) was a fervent supporter of the Zionist cause and a good friend of the Jews.

His natural pro-Jewish sympathies can be seen early, in a letter sent to his mother from Paris in 1898. France at the time was shocked by the Dreyfus case. “Bravo Zola!” wrote young Winston, “I am delighted to witness the complete debacle of this monstrous conspiracy.” In 1905, after a second pogrom in the Russian city of Kishinev that left 19 Jews dead, Churchill spoke before a crowd in Manchester and condemned “the appalling massacres and detestable atrocities recently committed in the Empire of Russia.” In 1920, in an article published in the Illustrated Sunday Herald, he opined about the Jews that “no thoughtful man can doubt the fact that they are beyond all question the most formidable and most remarkable race which has ever appeared in the world.” As an anti-Communist, he harangued against what he called “the foul baboonery of Bolshevism”, but unlike other compatriots who associated the Jews with the Bolsheviks and denied them support for their national cause, Churchill saw that Zionism offered the Jews an alternative to communism. Recognizing the disproportion of Jews in the Bolshevik movement relative to the size of Russian Jewry, he nonetheless postulated that “In violent contrast to international communism, it presents to the Jew a national idea of a commanding character.”

In a message sent in 1908 to the British Zionist Federation, Churchill noted: “I am in full sympathy with the historical traditional aspirations of the Jews. The restoration to them of a center of true racial and political integrity would be a tremendous event in the history of the world.” In 1921, during a visit to Palestine, just before planting a tree on the site where four years later the Hebrew University of Jerusalem would be built, Churchill said: “Personally, my heart is full of sympathy for Zionism … I believe that the establishment of a Jewish National Home in Palestine will be a blessing to the whole world, a blessing for the Jewish race scattered all over the world, and a blessing to Great Britain.” To a delegation of Zionists who visited him in Jerusalem he said: “I am myself perfectly convinced that the cause of Zionism is one which carries with it much that is good for the whole world, and not only for the Jewish people, but that it will also bring prosperity and contentment and advancement to the Arab population of this country.”

But not only before Hebrew audiences would Churchill defend Zionism. During a debate in the British parliament in 1922, he declared “I say, in all consistency and reasonable fair play, that does not justify the House of Commons at this stage in repudiating the general Zionist policy” and celebrated the fruits of Jewish labor in Palestine by marking the contrast with the reluctance of the Arabs: “Left to themselves, the Arabs of Palestine would not in a thousand years have taken effective steps towards the irrigation and electrification of Palestine. They would have been quite content to dwell -a handful of philosophic people- in the wasted sun-scorched plains…”.

When an Arab-Palestinian delegation went to exert pressure on him to adopt an anti-Zionist stance, he replied: “You have asked me in the first place to repudiate the Balfour Declaration and to veto immigration of Jews into Palestine. It is not in my power to do so nor, if it were in my power, would it be my wish.” After a long plea in favor of the pro-Zionist policy of the British government, Churchill admonished the Arab-Palestinian delegates: “If instead of sharing miseries through quarrels you will share blessings through cooperation, a bright and tranquil future lies before your country.”

In addition to questioning the Arabs, Churchill was critical of Islam and the fundamentalism that was beating within it. In his 1899 book The River War he wrote: “Individual Moslems may show splendid qualities –but the influence of the religion paralyzes the social development of those who follow it. No stronger retrograde force exists in the world. Far from being moribund, Mohammedanism is a militant and proselytizing faith.” In 1921 he informed the House of Commons about the emerging extremism in Saudi Arabia, the Wahhabi sect. He said that the Wahabis “profess a life of exceeding austerity, and what they practice themselves they rigorously enforce on others. They hold it as an article of duty, as well as of faith, to kill all who do not share their opinions and make slaves of their wives and children.” Churchill concluded: “Austere, intolerant, well-armed, and blood-thirsty, in their own regions the Wahabis are a distinct factor which must be taken into account, and have been, and still are, very dangerous to the holy cities of Mecca and Medina.”

A decade before his death he bequeathed this phrase to the Jewish people. “You ought to let the Jews have Jerusalem,” he told a British officer in 1955 at Buckingham Palace during a luncheon with the Sha of Iran, “it is they who made it famous.”

Churchill was a British politician above all things. At times he adopted positions contrary to Zionism, such as when he split a portion of the territory promised to the Jews for its National Home to create Transjordan (the current Kingdom of Jordan) or when he issued a White Paper restricting Jewish immigration to Palestine, among other measures. But it is fair to say that in his role as parliamentarian (1904-1908), cabinet minister (1921-1922) and prime minister (1940-1945) he maintained a consistent pro-Jewish personal position and a courageous pro-Zionist political stance. Beyond his role in British affairs in Palestine, his greatest contribution to the well-being of the Jewish people was -without a doubt- to have been the leader who faced rhetorically like no one else, and defeated militarily (with the support of the United States and Russia) Adolf Hitler, the greatest enemy of the Jews in history.
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[Versión en español]

Feliz cumpleaños póstumo, Sr. Churchill

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 30/11/17

Ayer hemos conmemorado los 70 años de la Partición de Palestina, contenida en la resolución 181 de la Asamblea General, de 1947. Hoy, 30 de noviembre, bien haríamos en recordar el nacimiento de uno de los hombres más extraordinarios y uno de los líderes más influyentes del siglo XX: Winston Leonard Spencer Churchill. Recordarlo un día después de un aniversario de la votación de las Naciones Unidas que creó una de las bases legales para el establecimiento del estado de Israel es especialmente adecuado. Después de todo, Winston Churchill (Oxfordshire, 1874 – Londres, 1965) fue un ferviente defensor de la causa sionista y un buen amigo de los judíos.

Sus naturales simpatías pro-judías pueden verse tempranamente, en una carta enviada a su madre desde Paris en 1898. Francia estaba entonces conmocionada por el caso Dreyfus. “¡Bravo Zola!”, escribió el joven Winston, “estoy deleitado de presenciar la completa debacle de esta conspiración monstruosa”. En 1905, tras un segundo pogromo en la ciudad rusa de Kishinev que dejó 19 judíos muertos, Churchill habló ante una multitud en Manchester y condenó “las masacres apabullantes y atrocidades detestables recientemente cometidas en el Imperio de Rusia”. En 1920 en un artículo publicado en el Illustrated Sunday Herald opinó sobre los judíos que “ningún hombre pensante puede dudar del hecho de que ellos son más allá de todo interrogante la raza más formidable y más destacada que alguna vez haya aparecido en el mundo”. Como buen anticomunista, arengó contra lo que llamó “el babuino inmundo del bolchevismo”, pero a diferencia de otros compatriotas que asociaron a los judíos con los bolcheviques y les negaron apoyo a su causa nacional, Churchill vio que el sionismo ofrecía a los judíos una alternativa al comunismo. Reconociendo la desproporción de judíos en el movimiento bolchevique relativo al tamaño de la judería rusa, no obstante postuló que “En violento contraste con el comunismo internacional, presenta al judío una idea nacional de un carácter dominante”.

En un mensaje enviado en 1908 a la Federación Sionista Británica, Churchill anotó: “Tengo plena simpatía con las aspiraciones tradicionales históricas de los judíos. La restauración a ellos de un centro de verdadera integridad política y racial sería un acontecimiento tremendo en la historia del mundo”. En 1921, durante una visita a Palestina, Churchill dijo justo antes de plantar un árbol en el sitio donde cuatro años más tarde sería edificada la Universidad Hebrea de Jerusalem: “Personalmente, mi corazón está lleno de simpatía por el sionismo… Creo que el establecimiento de un Hogar Nacional Judío en Palestina será una bendición para todo el mundo, una bendición para la raza judía esparcida por todo el mundo, y una bendición para Gran Bretaña”. A una delegación de sionistas que lo visitó en Jerusalem le aseguró: “Yo estoy perfectamente convencido que la causa del sionismo acarrea mucho de lo que es bueno para el mundo, y no sólo para el pueblo judío, sino que también traerá prosperidad y satisfacción y desarrollo a la población árabe en este país”.

Pero no solamente ante audiencias hebreas defendería Churchill al sionismo. Durante un debate en el parlamento británico en 1922, declaró “Yo digo, con toda la consistencia y razonable juego limpio, que no se justifica que la Cámara de los Comunes en esta etapa repudie la política general sionista” y celebró los frutos de la labor judía en Palestina marcando el contraste con el desgano de los árabes: “Dejados a sus anchas, los árabes de Palestina ni en mil años hubieran tomado pasos efectivos para la irrigación y electrificación de Palestina. Ellos hubieran estado bastante contentos con deambular -un grupo de personas filosóficas- en las llanuras desperdiciadas y quemadas por el sol…”.

Ya cuando una delegación árabe-palestina había ido a presionarlo previamente para que adoptase una postura anti-sionista, él respondió: “Ustedes me han pedido en primer lugar que repudie la Declaración Balfour y que vete la inmigración de judíos a Palestina. No está en mi poder hacer eso, ni, si estuviera en mi poder, sería tal cosa mi deseo”. Tras un largo alegato a favor de la política pro-sionista del gobierno británico, Churchill amonestó a los delegados árabes-palestinos: “Si en lugar de compartir miserias por medio de peleas ustedes compartieran bendiciones a través de la cooperación, un futuro tranquilo y brillante yace ante su país”.

Además de cuestionar a los árabes, Churchill se mostró crítico del Islam y del fundamentalismo que latía en su seno. En su libro River War de 1899 escribió: “Musulmanes individuales pueden mostrar cualidades espléndidas; pero la influencia de la religión paraliza el desarrollo social de aquellos que la siguen. No existe una fuerza retrograda mayor en el mundo. Lejos de estar moribundo, el Mahometanismo es una fe militante y proselitista”. En 1921 informó a la Cámara de los Comunes a propósito del extremismo emergente en Arabia Saudita, la secta wahabita. Dijo que los wahabis “profesan una vida de austeridad excesiva, y lo que practican ellos mismos rigurosamente lo fuerzan sobre otros. Mantienen como artículo de deber, así como de fe, matar a quien no comparte sus opiniones y esclavizan a sus mujeres y sus hijos”. Concluyó Churchill: “Austero, intolerante, bien armado, y sanguinario, en sus propias regiones los wahabis son un factor distintivo que debe ser tenido en cuenta, y han sido, y todavía son, muy peligrosos a la ciudades santas de Meca y Medina”.

Una década antes de su muerte legó esta frase al pueblo judío. “Deben dejar a los judíos tener Jerusalem”, dijo a un oficial británico en 1955 en el Palacio de Buckingham durante un almuerzo con el Shá de Irán, “fueron ellos quienes la hicieron famosa”.

Churchill fue un político británico por sobre todas las cosas. Por momentos adoptó posiciones contrarias al sionismo, como cuando escindió una porción del territorio prometido a los judíos para su Hogar Nacional al crear Transjordania (el actual Reino de Jordania) o cuando emitió un Libro Blanco que restringía la inmigración judía a Palestina, entre otras medidas. Pero es justo decir que en sus funciones de parlamentario (1904-1908), ministro del gabinete (1921-1922) y primer ministro (1940-1945) mantuvo una consistente posición personal pro-judía y una valiente postura política pro-sionista. Más allá de su papel en los asuntos británicos en Palestina, su mayor contribución al bienestar del pueblo judío fue -sin embargo y sin lugar a dudas- haber sido el líder que enfrentó retóricamente como nadie, y derrotó militarmente (con el apoyo de Estados Unidos y Rusia) a Adolfo Hitler, el máximo enemigo de los judíos en la historia.

Posdata: todas las citas pueden hallarse en Churchill and the Jews: A Lifelong Friendship de Martin Gilbert.

La Ilustración Liberal

La Ilustración Liberal

Por Julián Schvindlerman

  

Un turista extraño en Israel: Jalal Al-E Ahmad – Primavera-Verano 2017

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Por Julián Schvindlerman
Artículo publicado en La Ilustración Liberal (España)

Este año, el gobierno iraní instaló un reloj en Teherán que marca la cuenta regresiva hacia la destrucción de Israel en el 2040, según pronosticó el Ayatolá Alí Khameini. El año pasado, el ejército persa hizo prácticas de tiro con misiles contra objetivos marcados con una Estrella de David. El año previo organizó un concurso mundial de caricaturas negadoras del Holocausto. En consecuencia, si este articulista afirmara que el ideólogo más prominente de la revolución Khomeinista visitó Israel, volvió a su país fascinado con el estado judío y volcó sus impresiones en un texto que hizo público, ¿alguien lo creería? Eso ocurrió en los años sesenta, época en la que el ayatolá Ruholá Khomeini estaba denunciando al Sha Reza Pahlevi como un “judío infiel”, preguntando retóricamente “¿es el Sha un israelí?” y afirmando que “Israel no desea que el Corán exista en este país”. Y algo más: el turista en cuestión, Jalal Al-e Ahmad, fue el único escritor contemporáneo al que Khomeini alguna vez alabó. Su influencia en la revolución islámica que derrocó a Pahlevi fue tan poderosa que la República Islámica de Irán ha puesto su rostro en estampillas de la nación y ha bautizado un premio literario en su honor.

Jalal Al-e Ahmad alcanzó fama sideral en su país natal con la publicación en 1962 de su obra cumbre, Gharbzadegi, usualmente traducida como Occidentosis o Westoxification. Básicamente era un tratado contra la influencia occidental en Irán, en el que postulaba que el Occidente era una toxina que estaba contaminando a los iraníes y el Islam era el antídoto esencial. En su búsqueda del “socialismo divino”, como Bernard Avishai caracterizó en un ensayo en Foreign Affairs, Al-e Ahmad creyó que el islamismo iraní tenía algo que aprender del sionismo.
A diferencia de los árabes a su alrededor, que veían a Israel como una manifestación de la occidentalización del Oriente Medio, Al-e Ahmad consideraba al estado judío como un foco integrador del Este y el Oeste, una suerte de utopía oriental que se extendía desde Tokio hasta Tel-Aviv: “si uno mira con los ojos de un oriental como yo, desprovisto de fanatismo e hipérbole y resentimiento, preocupado por el futuro de un Oriente del cual un fin es Tel-Aviv y el otro Tokio, y sabiendo que este mismo Oriente es el germen de eventos futuros y la esperanza de un mundo cansado del Occidente y la Occidentosis; en los ojos de este oriental, Israel, con todas sus fallas y contradicciones encubiertas dentro suyo, es una base de poder, un primer paso, el heraldo de un futuro no muy lejano”.

Se refirió a Israel con un término singular de la teología chií, velayet¸ una entidad política custodiada por Dios; comparó a David Ben-Gurión y Moshé Dayan con Enoc y Yoav (“estos guardianes, cada cual con sus propias profecías o -al menos- visión clara, construyeron un estado-guardián en la tierra de Palestina y llamaron a ella a todos los Hijos de Israel”); y arrojó esta frase poderosa: “La presencia de Israel en el Oriente es un medio para retornar al Islam”. Consideró al país judío como un aliado que, tal como Irán, padecía el acoso de los árabes: “Yo, que he sufrido en manos de estos árabes desarraigados, estoy feliz con la presencia de Israel en el Oriente”.

En una nota publicada en la revista Tablet en la que analiza este texto, Scott Abramson indica que este pensador iraní vio en el kibutz israelí la cristalización de la posibilidad de la modernización sin occidentalización. “Es”, Al-e Ahmad argumentó, “la piedra basal de la Casa de Israel”. El modelo de granja colectiva sionista llamó su atención especialmente tras su alejamiento del partido comunista iraní en los años cuarenta. Escéptico del estalinismo, vio en el kibutz una alternativa a la opresión colectivista soviética. Anotó en el libro de visitantes del kibutz Ayelet Hashahar por el que pasó: “Según lo veo, el kibutz es la respuesta al problema de todos los países, incluyendo al nuestro”. Tal como nos informa el académico y traductor al inglés de Al-e Ahmad, Samuel Thrope, este intelectual iraní mostró interés por Israel y por los judíos tempranamente, dedicando tiempo a la lectura de la Biblia hebrea y el Nuevo Testamento, y redactando dos cuentos basándose en esas lecturas: “El tercer libro de los reyes” y “La epístola de Pablo el apóstol a los escritores”. También leyó las transcripciones de los juicios de Núremberg mucho antes de su futuro viaje a Israel. Cuando lo hizo, recorrió el Museo del Holocausto de Israel, Yad Vashem, y se apenó por “los 6 millones de judíos que fueron masacrados en los crematorios de una Europa leprosa de fascismo”.

A pesar de la perspicacia sociológica y la apertura mental que el autor puso en evidencia, sucumbió también a las nociones de la época (aún perviven) a propósito de la presunta culpabilidad occidental en el nacimiento pecaminoso de Israel. Sión fue el resultado de la Shoá, una “indemnidad toscamente realizada por los pecados de los fascistas” dirá. Europa exterminó a los judíos, reconocerá, pero “yo, un oriental, estoy pagando el precio”. Israel es descripta como “un milagro” aunque es a la vez “el puente seguro del capitalismo occidental” hacia la región. Postulará además que “Israel es la cortina que el cristianismo dibujó entre sí mismo y el mundo del islam para evitar que yo vea el peligro real”. Y más allá de su tipificación de Israel como velayet, ponderará la existencia de Israel así: “un pueblo, una tribu, una comunidad religiosa, o los restos sobrevivientes de las doce tribus -cualquier designación que usted prefiera- a través de la historia, tradiciones y mitos padecidos por el despojo y el exilio, y alimentados muchos sueños en sus corazones hasta que finalmente se asentaron, en cierto modo, en respuesta a tales esperanzas y en una tierra ni especialmente prometedora ni ´prometida´”.

El viaje de Jalal Al-e Ahmad a la nación hebrea aconteció en febrero de 1963 y duró al menos siete días. Fue un invitado oficial del Estado de Israel. Recorrió Jerusalem, Tel-Aviv, Haifa, Akko y Nazareth, acompañado por su esposa, la literata Simin Daneshvar, autora de la primera novela escrita por una mujer en la Persia moderna y docente en la Universidad de Teherán, quien disertó en la Universidad Hebrea de Jerusalem y a quien le ofrecieron un encuentro con Golda Meir, pero declinó. Visitaron Yad Vashem, un kibutz en la Galilea, asistieron a la ópera de Tel-Aviv, se reunieron con escritores y poetas y participaron de una excavación arqueológica. Al año siguiente de su regreso a Irán, Al-e Ahmad publicó un artículo sobre esta visita, titulado “Viaje a la Tierra de Israel”. Al poco tiempo recibió un llamado de un seminarista indignado, un joven de veinticinco años llamado Alí Khameini, quién un cuarto de siglo más tarde sería consagrado como Líder Supremo de Irán. Al recordar esa conversación años después, Khameini dirá que ese artículo le causó “descontento y objeción” y que le “golpeó como una ola”. Thrope señala que al futuro Gran Ayatolá sin duda no le agradó la ponderación positiva que Al-e Ahmad hizo de Israel, pero más disgusto le habrá causado el modo en que el pensador iraní elogió al estado judío. El autor exhibía una prosa rica en jerga islámica, fuertemente arraigada en las fuentes clásicas del chiísmo, y exaltaba a Israel de manera cuasi-religiosa.

Cinco años después de haber publicado su racconto acerca de la travesía en Israel, Al-e Ahmad fallecía, a los 46 años. A quince años de su muerte y a veinte de la aparición de aquél artículo, su hermano Shams publicó en formato de libro las impresiones que Jalal continuó escribiendo en los años siguientes sobre ese viaje trascendental, con un título que reflejaba el nuevo momento -entrado ya un lustro de revolución Khomeinista- en la relación entre esas naciones: “Viaje a la Tierra del Ángel de la Muerte”. Aunque Al-e Ahmad nunca se refirió a Israel de esa manera, sus reflexiones sí contenían cuestionamientos duros, como los arriba citados. Especialmente a partir de 1967, tras la Guerra de los Seis Días, parece haber cambiado radicalmente su manera de ver a Israel y a los judíos. En el quinto capítulo del libro, el autor hace un giro en U absoluto y escribe frases tomadas del manual del antisemita clásico: “La prensa francesa está en manos de los judíos”; “Los judíos administran todos los transmisores de televisión en Nueva York”; “El pueblo judío es frugal, por supuesto”; “Es el sionismo lo que es peligroso, puesto que es la otra cara de la moneda del nazismo y el fascismo”; etcétera. Pide también que palestinos e israelíes sigan los dictados del pensador judío alemán Martin Buber y conformen un estado binacional, aunque desaprueba los llamados de los árabes a echar a los judíos al mar.

Entre los expertos abundan las dudas acerca de la verdadera autoría de este quinto capítulo atribuido a Al-e Ahmad. Es tan fuerte el contraste en tono, contenido y estilo con el resto de los cuatro capítulos previos (dos de los cuales abarcan su artículo publicado) que varios han planteado la conjetura de que Shams falsificó el texto original. Después de todo, él mintió al decir que su hermano había sido asesinado por agentes del Sha y fue designado por Khomeini para dirigir el Comité de la Revolución Cultural. Es perfectamente posible que haya fraguado los escritos de su hermano para redimir el honor de éste ante sus pares islamistas y amoldar su visión a la ideología del régimen ayatolá. No obstante, otros argumentan que ese capítulo final bien podría haber nacido de la pluma de un escritor afectado por los hechos de 1967 y que a lo largo de su corta vida transitó caminos ideológicos muy dispares. Educado religiosamente, rompió con su familia al abrazar al marxismo, luego dejó el partido comunista para convertirse al existencialismo, fue un admirador del sionismo y terminó su viaje en el Islamismo. Tuvo un historial de entusiasmos que terminaron en desencantos. En Occidentosis, Al-e Ahmad condena a los iraníes occidentalizados, no obstante – como señala Thrope- él mismo era uno de esos sujetos despreciados: un librepensador progresista; un musulmán no-practicante de la religión; un intelectual franco-parlante, traductor de Sartre y Camus; un trotamundos que visitó Europa, Rusia, Arabia Saudita, Israel y Estados Unidos (¡incluso participó de un seminario en Harvard dictado por Henry kissinger!). La contradicción no era para él un atributo de ajenidad.

Cualquiera sea la verdad en lo relativo a este capítulo quinto, no parece haber dudas acerca de la originalidad de los previos. El hecho de que “el gurú de los ayatolás” -como lo ha llamado Avishai-, el persa icónico Jalal Al-e Ahmad, haya apreciado a Israel y haya considerado al estado-nación de los judíos un modelo para el islam y para Irán, nada menos, califica como uno de los acontecimientos más peculiares de la historia de las ideas del Medio Oriente moderno.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

“Urbanicidio” y “anarquitectura” en la política antiterrorista israelí – 13/11/17

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Artículo en El Medio – 13/11/17


El israelí Eyal Weizman es arquitecto, profesor de Culturas Espaciales y Visuales en la Universidad de Londres, uno de los fundadores del colectivo Decolonizing Architecture Art Residency de Belén y autor de Hollow Land, cuyo capítulo séptimo se titula “Across the Walls: Military Operations as Urban Planning”. La editorial española Errata Naturae –que incluye en su catálogo Viaje a la Palestina ocupada, de Eric Hazan, y El enemigo declarado, de Jean Genet– transformó ese capítulo en un pequeño libro, al que tituló A través de los muros. Cómo el Ejército israelí se apropió de la teoría crítica postmoderna y reinventó la guerra urbana.

Ya desde el título se anuncia un viaje a lo intelectualmente bizarro e ideológicamente adverso. El autor hace un buen trabajo de investigación, nutrido de referencias eclécticas a personalidades tan dispares como el oficial arabista británico T. E. Lawrence, el estratega prusiano Carl von Clausewitz, el teórico militar posnapoleónico Antoine-Henri Jomini, la escritora palestina contemporánea Adania Shibli, la filósofa alemana Hannah Arendt, el sociólogo de la Escuela de Frankfurt Herbert Marcuse y el periodista israelí antiisraelí Gideon Levy, entre otros. Weizman busca interpretar el cruce entre arquitectura y praxis bélica en el marco de las operaciones antiterroristas de Israel en las ciudades palestinas durante la Segunda Intifada, y la influencia que la teoría crítica posmoderna ha tenido en la doctrina de la guerra urbana de las IDF (Fuerzas de Defensa de Israel). Sostiene que el Instituto de Investigación en Teoría Operacional (OTRI, por sus siglas en inglés), un departamento del Ejército israelí, se benefició del pensamiento de una serie de artistas, filósofos, ensayistas y arquitectos para dar forma a una acción militar urbana singularmente exitosa, al punto de que fue estudiada por los Ejércitos de Estados Unidos, Inglaterra y Australia.

Según el autor, el OTRI incorporó a sus manuales de instrucción los escritos de Gilles Deleuze y Félix Guattari, autores de Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia; de Guy Debord y otros miembros de la Internacional Situacionista, que auspiciaban la adaptación de construcciones a usos novedosos en lo que llamaron détournement; de George Bataille, con su búsqueda del desmantelamiento del “racionalismo rígido de un orden de posguerra” para “liberar los deseos humanos reprimidos”; de Bernard Tschumi, arquitecto radical de izquierdas cuyo libro Arquitectura y disyunción el OTRI tradujo al hebreo; y hasta la anarquitectura (arquitectura anárquica) de Gordon Matta-Clark, una “tentativa de subversión del orden represivo del espacio doméstico” que consistía en desmantelar y transformar edificios abandonados. Las ideas poscoloniales, posestructuralistas y posmodernas de estos vanguardistas de los años 60 en adelante aparentemente contornearon una conducta bélica de los soldados de Israel en Cisjordania que el geógrafo británico Stephen Graham denominó “urbanicidio”.

Un precedente importante de las guerras urbanas, informa Weizman, se encuentra en el manual del mariscal francés Thomas Bugeaud La guerre des rues et des maisons. Escrito en 1849 para dar respuesta a las sublevaciones de clase registradas en Francia en aquellos tiempos, el texto proponía ampliar las calles y eliminar los edificios ubicados en las esquinas estratégicas de París. Un siglo y medio más tarde, el Ejército hebreo adoptaría el método de la geometría inversa, que consiste en atravesar los muros interiores de las casas de los palestinos para capturar terroristas, con lo que se evita dejar a los soldados expuestos al fuego enemigo en la vía pública. Este avance casa por casa desde sus mismos interiores “reinterpretó, cortocircuitó y recreó la sintaxis arquitectónica y urbana”, asegura el autor.

Para mejor entrenar a sus soldados en la guerra urbana, las IDF diseñaron un modelo tridimensional digital de Gaza y Cisjordania describiendo –“al mínimo detalle”, apunta Weizman– el emplazamiento de las puertas y ventanas de cada casa. Luego construyeron en el desierto del Néguev una maqueta a escala real de una localidad palestina, con un mercado de calles estrechas, un campo de refugiados, un sector religioso y un vecindario rural. Weizman informa de que un aclamado escenógrafo de un teatro de Tel Aviv fue convocado para diseñar unos efectos especiales que reprodujeran lo que sucede en un combate real. El Ejército israelí también contrató a una firma high-tech local para que fabricara un dispositivo que permitiera ver –y disparar– a través de las paredes: dotado de un radar e imágenes térmicas, produce imágenes tridimensionales de la vida biológica al otro lado del muro. Al parecer, Israel contaría con las armas adecuadas para disparar a través del concreto sin desvíos de trayectoria significativos. Por otro lado, sus comandos estudian la fisonomía, las voces, el comportamiento y los hábitos de los objetivos terroristas para poder eliminarlos con precisión al momento de dar con ellos imprevistamente.

Eyal Weizman ve todo esto con horror. Asegura que Israel concibe la que se desarrolla en entornos urbanos como “la última forma posmoderna de la guerra”. Con contemplación filosófica, sentencia que Israel ha elevado su tecnología “al nivel de la metafísica, tratando de moverse más allá del aquí y ahora de la realidad física, colapsando el espacio y el tiempo”. Lamenta que la educación en Humanidades, que “es el arma más poderosa para combatir el imperialismo capitalista”, se haya convertido en “herramienta del mismísimo poder colonial”. Postula: “Si los muros intentan contener la entropía natural de lo urbano, romperlos supondría liberar nuevas formas políticas y sociales”; pero estas acciones, en manos de los soldados israelíes, se han transformado en la “fundamentación de un ataque contra el frágil hábitat de los refugiados palestinos en estado de sitio”. En ningún momento considera que, al poner sus soldados sobre el terreno y no bombardear desde el aire, Israel buscó minimizar las bajas civiles palestinas, aun al precio de exponer las vidas de sus propios hombres. Por el contrario, para Weizman, “la transgresión de los límites domésticos debe ser entendida como la manifestación extrema de un estado represivo”.

A lo largo de las 110 páginas de esta obra, en ningún lugar podrá uno hallar la palabra terrorista asociada a los combatientes palestinos, aun cuando son identificados como miembros de los brazos armados de Hamás (Izedín al Qasam), la Yihad Islámica Palestina (Saraya al Quds) o Fatah (Brigadas de los Mártires de Al Aqsa); incluso de Hezbolá o Al Qaeda. Los únicos términos de referencia son “resistentes”, “guerrilleros” o “personas”. A los comités populares nacidos durante la Segunda Intifada para coordinar ataques contra israelíes, integrados por representantes de los grupos laicos y fundamentalistas palestinos, los presenta como un ejemplo de “democracia participativa”. Y en cuanto a la valla de seguridad (“el muro”, en su lenguaje), dice que mientas sea algo “constantemente permeable y transparente sólo desde uno de sus lados, Israel seguirá siendo soberana sobre los territorios palestinos”. Vale decir, si Israel ejerce su derecho de autodefensa ante actos de terror planeados en Gaza o Cisjordania, eso significa que Jerusalem es la soberana allí. No se le ha ocurrido pensar en la simetría lógica de su enunciado: si Hamás dispara cohetes contra Israel por encima del muro, ¿eso la convierte en soberana –y consecuentemente responsable– del territorio de Israel y de su población?

Este libro reúne a una editorial española no simpatizante de Israel con un académico israelí crítico de Israel exiliado part-time. Se dice que cuando uno sólo tiene un martillo en la mano, todos los problemas lucen como clavos. Cuando uno es un arquitecto progresista israelí enojado con las acciones defensivas de su país, la derivada será un libro que mezcla posmodernismo con urbanismo y política militar. Sorprendentemente, e ideología al margen, el resultado es estimulante, informativo y no del todo incoherente.

The Times of Israel, The Times of Israel - 2017

The Times of Israel

Por Julián Schvindlerman

  

Centennial of the Balfour Declaration: Nothing to apologize for – 06/11/17

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By Julian Schvindlerman
The Times of Israel – 06/11/17

http://blogs.timesofisrael.com/centennial-of-the-balfour-declaration-nothing-to-apologize-for-2/

The Palestinians have been demanding a British official apology for the Balfour Declaration, issued a hundred years ago this month. Instead they received these public pronouncements from the highest authorities of His Majesty’s Government. “We are proud of our pioneering role in the creation of the State of Israel,” said Prime Minister Theresa May at a dinner in London commemorating the 100th anniversary of the declaration, while condemning the “new and pernicious form of anti-Semitism which uses criticism of the actions of the Israeli government as a despicable justification for questioning the very right of Israel to exist”. Foreign Minister Boris Johnson said at a parliamentary session that the Balfour Declaration “paved the way for one of the greatest political triumphs of the 20th century, the creation of the State of Israel” and called the establishment of the Jewish state “an amazing achievement by humanity.”

But if the Palestinians wanted an apology, they should have also demanded it from the United States, France, Italy, China and Japan, among other nations that were then openly in favor of the Zionist cause. Even long before the Balfour Declaration, prominent international personalities had expressed their praise for the Zionist idea, which had not yet crystallized politically. As Yoram Hazony gathered in The Jewish State: The Struggle for Israel´s Soul, in the eighteenth century, with his army at the gates of Jerusalem, Napoleon Bonaparte announced: “Raise Israelites! Now is the time … to reclaim your political existence as a nation among nations.” US President John Adams exclaimed: “I really wish the Jews in Judea an independent nation.” Jean-Jacques Rousseau postulated: “I will never believe that I have seriously heard the arguments of the Jews until they have a free state of their own.” After a visit to Palestine at the end of the 19th century, the German Kaiser told Theodor Herzl: “The settlements that I have seen, the Germans as well as those of your own people, can serve as examples of what can be done with the country. There is room for everyone here.” With Zionism already marching in the 20th century, even an Arabist like T.E. Lawrence said that this movement was “a conscious effort, on the part of the less European people in Europe, to confront the drift of the years, and to return once again to the East from which they came”. This is how the famed Argentine writer Jorge Luis Borges pondered the rebirth of Israel: “What else were you, Israel, but that nostalgia, but that will to save, between the fickle forms of time, your old magic book, your liturgies, your loneliness with God?.”

Not only should London or no one else offer no apology to the Palestinian people, but their leaders should consider issuing one themselves for the actions of their ancestors. Did not the Grand Mufti of Jerusalem ally with Adolf Hitler during the Second World War? Did not the Arab political leaders launch pogroms against the Jewish communities in Palestine at the time of the British Mandate? Did not they begin a war of aggression in 1947 that violated the United Nations Partition resolution, with the aim of -as Ruth Wisse noted- throwing to the sea a people who had just been thrown into the ovens? This same extremism also expresses itself today when Palestinian leaders name squares, streets and schools in honor of famous terrorists and pay tribute to bloodthirsty dictators of the region. Just last month, as MEMRI showed, the Palestinian Authority inaugurated a monument to Saddam Hussein in Kalkilya with a painted slogan that reads “Palestine from the River to the Sea.”

One hundred years ago, Great Britain formalized a pro-Zionist policy rooted in the recognition of the historical bond of the Jewish people with the Land of Israel. Such connection was widely praised by illustrious personalities of the time. The Balfour Declaration was fair, and Theresa May deserves to be applauded for rejecting indignant protests from contemporary Palestinian leaders. “When some people suggest that we should apologize for this letter,” the premier said, “I say absolutely not.” Chapeau.
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[Versión en español]

Centenario de la Declaración Balfour: Nada por lo que disculparse

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 06/11/17

Los palestinos han estado reclamando una disculpa oficial británica por la Declaración Balfour, emitida cien años atrás este mes. En su lugar recibieron estos pronunciamientos públicos de parte de las máximas autoridades del Gobierno de Su Majestad. “Estamos orgullosos de nuestro papel pionero en la creación del Estado de Israel”, dijo la Primer Ministro Theresa May en una cena en Londres que conmemoraba el 100 aniversario de la declaración, y condenó la “nueva y perniciosa forma de antisemitismo que usa la crítica a las acciones del gobierno israelí como una despreciable justificación para cuestionar el derecho de Israel a existir”. El Ministro de Relaciones Exteriores Boris Johnson aseguró en una sesión parlamentaria que la Declaración Balfour “allanó el camino para uno de los mayores triunfos políticos del siglo XX, la creación del Estado de Israel” y calificó el establecimiento del estado judío como “un logro increíble para la humanidad”.

Pero si los palestinos querían una disculpa debían haberla exigido también a los Estados Unidos, Francia, Italia, China y Japón, entre otras naciones que se manifestaron en aquél entonces abiertamente a favor de la causa sionista. Aun mucho antes de la Declaración Balfour, grandes personalidades internacionales se habían expresado con elogios hacia la idea sionista, la que todavía no se había cristalizado políticamente. Como Yoram Hazony recopiló en El Estado judío: la lucha por el alma de Israel, en el siglo XVIII, con su ejército a las puertas de Jerusalem, Napoleón Bonaparte anunció: “¡Israelitas levantaos! Ahora es el momento… de reclamar vuestra existencia política como una nación entre las naciones”. El presidente estadounidense John Adams exclamó: “Realmente les deseo a los judíos en Judea una nación independiente”. Jean-Jacques Rousseau postuló: “Nunca creeré haber seriamente oído los argumentos de los judíos hasta que tengan un estado libre”. Tras una visita a Palestina a fines del siglo XIX, el Káiser alemán dijo a Theodor Herzl: “Los asentamientos que he visto, los alemanes así como también los de su propio pueblo, pueden servir de muestras de lo que puede hacerse con el país. Hay lugar aquí para todo el mundo”. Con el sionismo ya marchando en el siglo XX, incluso un arabista como T.E. Lawrence decía que este movimiento era “un esfuerzo consciente, de parte del pueblo menos europeo en Europa, de confrontar contra la deriva de los años, y regresar una vez más al Oriente del cual vinieron”. Así ponderó al Israel renacido el afamado escritor argentino Jorge Luis Borges: “¿Qué otra cosa eras, Israel, sino esa nostalgia, sino esa voluntad de salvar, entre las inconstantes formas del tiempo, tu viejo libro mágico, tus liturgias, tu soledad con Dios?”.

No solo Londres ni nadie debería ofrecer una disculpa al pueblo palestino, sino que sus líderes deberían considerar dar ellos mismos una por las acciones de sus antepasados. ¿Acaso no se alió el Gran Muftí de Jerusalem con Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Acaso no lanzaron los líderes políticos árabes pogromos contra las comunidades judías en Palestina en la época del Mandato Británico? ¿Acaso no iniciaron en 1947 una guerra de agresión que violentó la resolución de Partición de las Naciones Unidas, con el fin de -como acotó de Ruth Wisse- echar al mar a un pueblo que acababa de ser echado a los hornos? Este mismo extremismo se expresa también en la actualidad cuando los líderes palestinos nombran plazas, calles y escuelas en honor de famosos terroristas y rinden tributo a sanguinarios dictadores de la región. Apenas el mes pasado, como mostró MEMRI, la Autoridad Palestina inauguró un monumento a Saddam Hussein en Kalkilya con un eslogan pintado que dice “Palestina del Río al Mar”.

Cien años atrás, Gran Bretaña oficializó una política pro-sionista arraigada en el reconocimiento del vínculo histórico del pueblo judío con la Tierra de Israel. Tal vínculo era ampliamente alabado por personalidades ilustres de la época. La Declaración Balfour fue justa, y Theresa May merece ser aplaudida por rechazar las protestas indignadas de los líderes palestinos contemporáneos. “Cuando algunas personas sugieren que debemos disculparnos por esta carta”, afirmó la premier, “yo digo absolutamente no”. Chapeau.

Comunidades, Comunidades - 2017

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Cuando Jalal Al-e Ahmad visitó Israel – 25/10/17

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Si este articulista afirmara que el ideólogo más prominente de la revolución Khomeinista visitó Israel, volvió a su país fascinado con el estado judío y volcó sus impresiones en un texto que hizo público, ¿alguien lo creería? Eso ocurrió en los años sesenta, época en la que el ayatolá Ruholá Khomeini estaba afirmando que Israel no desea que el Corán exista en este país». El turista en cuestión, Jalal Al-e Ahmad, fue el único escritor contemporáneo al que Khomeini alguna vez alabó. Su influencia en la revolución islámica que derrocó a Pahlevi fue tan poderosa que la República Islámica de Irán ha puesto su rostro en estampillas de la nación y ha bautizado un premio literario en su honor. Alcanzó fama sideral en su país natal con la publicación en 1962 de su obra cumbre, Gharbzadegi, usualmente traducida como Occidentosis o Westoxification. Básicamente era un tratado contra la influencia occidental en Irán, en el que postulaba que el Occidente era una toxina que estaba contaminando a los iraníes y el Islam era el antídoto esencial. En su búsqueda del «socialismo divino», como Bernard Avishai caracterizó en un ensayo en Foreign Affairs, Al-e Ahmad creyó que el islamismo iraní tenía algo que aprender del sionismo.

El viaje de Jalal Al-e Ahmad a la nación hebrea aconteció en febrero de 1963 y duró al menos siete días. Fue un invitado oficial del Estado de Israel. Recorrió Jerusalem, Tel-Aviv, Haifa, Akko y Nazareth, acompañado por su esposa, la literata Simin Daneshvar, autora de la primera novela escrita por una mujer en la Persia moderna y docente en la Universidad de Teherán, quien disertó en la Universidad Hebrea de Jerusalem y a quien le ofrecieron un encuentro con Golda Meir, pero declinó. Visitaron Yad Vashem, un kibutz en la Galilea, asistieron a la ópera de Tel-Aviv, se reunieron con escritores y poetas y participaron de una excavación arqueológica. Al año siguiente de su regreso a Irán, Al-e Ahmad publicó un artículo sobre esta visita, titulado «Viaje a la Tierra de Israel».

A diferencia de los árabes a su alrededor, que veían a Israel como una manifestación de la occidentalización del Oriente Medio, Al-e Ahmad consideraba al estado judío como un foco integrador del Este y el Oeste, una suerte de utopía oriental que se extendía desde Tokio hasta Tel-Aviv: «si uno mira con los ojos de un oriental como yo, desprovisto de fanatismo e hipérbole y resentimiento, preocupado por el futuro de un Oriente del cual un fin es Tel-Aviv y el otro Tokio, y sabiendo que este mismo Oriente es el germen de eventos futuros y la esperanza de un mundo cansado del Occidente y la Occidentosis; en los ojos de este oriental, Israel, con todas sus fallas y contradicciones encubiertas dentro suyo, es una base de poder, un primer paso, el heraldo de un futuro no muy lejano».

Se refirió a Israel con un término singular de la teología chií, velayet¸ una entidad política custodiada por Dios; comparó a David Ben-Gurión y Moshé Dayan con Enoc y Yoav («estos guardianes, cada cual con sus propias profecías o -al menos- visión clara, construyeron un estado-guardián en la tierra de Palestina y llamaron a ella a todos los Hijos de Israel»); y arrojó esta frase poderosa: «La presencia de Israel en el Oriente es un medio para retornar al Islam». Consideró al país judío como un aliado que, tal como Irán, padecía el acoso de los árabes: «Yo, que he sufrido en manos de estos árabes desarraigados, estoy feliz con la presencia de Israel en el Oriente».

Tal como nos informa el académico y traductor al inglés de Al-e Ahmad, Samuel Thrope, este intelectual iraní mostró interés por Israel y por los judíos tempranamente, dedicando tiempo a la lectura de la Biblia hebrea y el Nuevo Testamento, y redactando dos cuentos basándose en esas lecturas: «El tercer libro de los reyes» y «La epístola de Pablo el apóstol a los escritores». También leyó las transcripciones de los juicios de Núremberg mucho antes de su futuro viaje a Israel. Cuando lo hizo, recorrió el Museo del Holocausto de Israel, Yad Vashem, y se apenó por «los 6 millones de judíos que fueron masacrados en los crematorios de una Europa leprosa de fascismo».

Ciertamente, también hizo acotaciones infelices. Sión fue el resultado de la Shoá, una «indemnidad toscamente realizada por los pecados de los fascistas» dirá. Europa exterminó a los judíos, reconocerá, pero «yo, un oriental, estoy pagando el precio». Israel es descripta como «un milagro» aunque es a la vez «el puente seguro del capitalismo occidental» hacia la región. Postulará además que «Israel es la cortina que el cristianismo dibujó entre sí mismo y el mundo del islam para evitar que yo vea el peligro real». Y más allá de su tipificación de Israel como velayet, ponderará la existencia de Israel como «una tierra ni especialmente prometedora ni ´prometida´».

Aún así, el hecho de que «el gurú de los ayatolás» -como lo ha llamado Avishai-, el persa icónico Jalal Al-e Ahmad, haya apreciado a Israel y haya considerado al estado-nación de los judíos un modelo para el islam y para Irán, nada menos, califica como uno de los acontecimientos más peculiares de la historia de las ideas del Medio Oriente moderno.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

Entrevista a Alejandro Roisentul – 10/17

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Año 10. No. 67

“Mis manos han tocado la sangre del enemigo, no por desgarrar su piel sino para curar sus heridas” 

Alejandro Roisentul

El Dr. Alejandro Roisentul es especialista en cirugía oral y maxilofacial, titular del Centro Médico Ziv de la Unidad Oral y Maxilofacial en Safed (Israel) y ex presidente inmediato de la Asociación Israelí de Cirujanos Orales y Maxilofaciales.

-Para comenzar, cuéntanos cómo se conectan River Plate, la odontología y Safed.

Voy a empezar por la charla de mi abuelo Enrique Woda cuando tenía apenas 5-6 años, donde venía siendo hincha de Vélez hasta ese entonces por mi papá el abogado Dr. Jorge Luis Roisentul Z”L. Mi abuelo me convenció de “pasarme” a River regalándome el equipo de fútbol completo lo que incluía la vestimenta, la pelota y las botines… más tarde me enteré que hizo lo mismo con el resto de los nietos varones (pero no siempre con éxito). Mi abuelo se escapó de la primera guerra mundial en Polonia y llegando a la Argentina con solo 9 años donde pronto y con su carácter sociable y comprador se integró muy fácilmente a la sociedad porteña de la primera mitad del siglo XX donde fue muy activo y líder en el sindicato de la carne.

Él fue socio fundador del club Macabi figurando en la primer acta institucional del 30 de Diciembre del año 1930 (link: http://www.macabi.com.ar/ace/los-tres-primeros-socios.htm) y fue para mí desde muy niño un gran guía espiritual, amigo y consejero de vida. De ahí que gran parte de mi infancia la pasé potreando entre la sede y en San Miguel de donde guardo hermosísimos recuerdos de los “grupos”, campamentos, “ Macabilandia» y fines de semana al aire libre pleno de actividades comunitarias y deportivas. Allí conocí los valores de la comunidad judía.
Apenas con 22 años recién cumplidos y con el título de odontólogo de la UBA en la mano, me vi de repente forjado a tomar responsabilidades y decisiones. No pasó mucho tiempo y le propuse a Juliana ir a vivir al exterior del país y formar una familia allí. Juliana me dijo una frase que se me grabó hasta hoy en día en mi mente -“si un judío que nace en la Golá (diáspora) y deja su país natal, el primer lugar que debe ir es a Israel”- y de allí en pocos meses nos encontrábamos en el Merkaz Klitá (centro de absorción) de Tiberíades, recién casados y convencidos de que hemos llegado a Israel a “dar” de nosotros. Esa búsqueda de aportar algo al país, aunque sea en forma muy pequeña como siempre lo hicimos, nos llevó a través de los años al hospital de la ciudad de Safed, el Zvi Medical Center después de una larga especialización en la carrera de cirugía oral y maxilofacial, donde fundé el servicio de la especialidad que no existía hasta ese entonces. Nos mudamos entonces a la moshavá Rosh Pina donde criamos a nuestros tres hijos, Jonatán, Natanella y Ofir en estos últimos años.

-¿Hace cuánto trabajas en el Zvi Medical Center y qué tareas llevas adelante allí?

Fundé la Unidad de Cirugía Oral y Maxilofacial en el año 1998 después de un año de especialización en Inglaterra. Durante muchos años trabajé y desarrollé el servicio como único cirujano hasta que se sumó el Dr. Daniel Lesmes, un cirujano maxilofacial nacido en Colombia y llegado a Israel de apenas 9 años y luego se sumaron las doctoras Zinat Adawieh y Keren Yudovich. Prestamos servicios que van desde cirugías menores como extracciones dentales, diagnóstico y tratamiento de lesiones de los maxilares, tumores de la cara, maxilares y cuello, trauma maxilofacial y problemas de articulación de ATM. Como así también cirugía implantológica, injertos óseos y demás. Estamos juntando fondos para establecer un servicio de atención dental para los niños sirios que están privados completamente de atención del otro lado de la frontera. El servicio oral y maxilofacial es muy importante en esta zona de periferia tan alejada de las facultades de odontología pues actúa como un centro de referencia muy importante para los dentistas del área, habiendo un dialogo permanente con ellos y colaborando con el desarrollo profesional de los mismos mediante rotaciones en la unidad y organización de encuentros científicos.

-¿Cuándo fue la primera vez que recibiste un paciente sirio? ¿Qué sentiste? ¿Cómo fue la interacción?

Fue un día de febrero del 2013. Estábamos con Daniel trabajando en el hospital cuando de repente nos llaman a la sala de trauma y nos informan que son heridos de guerra Sirios. Mientras nos dirigíamos, nos preguntamos: ¿que son heridos sirios? ¿Cómo llegaron a Israel? ¿Heridos por quién? Fue una sensación extraña, una mezcla de curiosidad y sorpresa. Pero no hablo de solo la mía sino también de la de ellos, yo creo que fue la primera vez que nos vimos “cara a cara” uno al otro. Pero en su mayoría estaban gravemente heridos y como quedaron internados por varias semanas y algunos también meses tuvimos oportunidad de establecer cierta “relación” a través del equipo médico de habla árabe y de trabajadores sociales.

-Cuéntanos sobre casos particulares que hayan dejado mella en vos.

Cada uno de los casos me ha dejado algo, un herido sirio no es un paciente común. Ellos han atravesado la frontera y han pasado al lado del “enemigo” para tener una posibilidad de sobrevivir a una muerte inminente. Han atravesado la frontera psicológica y cultural, para confrontar a lo desconocido y a lo tal vez, temido. De alguna manera, los casos que más me hicieron reflexionar, son precisamente aquellos que no se animaron a hablar con nosotros. Tal vez por temor a nosotros, tal vez por temor a lo que dirán cuando vuelvan, o tal vez paralizados por el mismo.
Uno no puede ser indiferente o insensible ante un niño herido, que ha sido separado de sus padres por una explosión. El hospital de Safed, lo cura, lo contiene y pasa a ser un segundo hogar para ellos y más tarde también para su familia. Una niña siria fue atendida por el equipo médico de diabetes juvenil de la doctora Orna Godfrid, luego de arribar al hospital en un estado gravísimo por la falta de la administración de insulina. La tratamos aquí también en la unidad de cirugía maxilofacial con un estado de salud bucal muy malo en consecuencia de la desnutrición y la diabetes no controlada. Después de un año la encontré con la madre, venían a buscar la ración de insulina pues ya se le había acabado la que se llevó. Contó que la tiene que esconder bajo tierra para que no se la roben. Israel brinda no solo medicina, brinda una esperanza de amistad.

-¿Difiere en algo el trabajo que vos realizas con el que se realiza en hospitales de campaña en la frontera misma?

El hospital de campaña se armó al poco tiempo de que los heridos comenzaron a pasar la frontera, para hacerles una evaluación primaria y tratamientos básicos, y ver si hay necesidad de transportarlos a los hospitales del país, siendo el Ziv Medical Center de Safed el más cercano. Pero con el tiempo, la necesidad del mismo se hizo innecesaria y se cerró, y a los heridos se los transfiere en ambulancias directamente al hospital y aquí se decide su tratamiento.

-¿Qué pacientes son derivados a tu hospital y por qué?

El Ziv Medical Center de Safed es uno de los tres hospitales que pertenecen a la Facultad de Medicina de la Universidad de Bar Ilan. El hospital más cercano a la frontera (40 km) de Siria es el hospital de Safed, hospital público donde trabajo jornada completa y donde se trajeron los primeros heridos. Con la venida diaria de más y más heridos de Siria, nuestro hospital se organizó rápidamente en los aspectos médicos como así también en los sociales y se transformó rápidamente en un centro de atención principal de heridos de guerra sirios. Hay que tener en cuenta que se han atendido aquí solamente, más de mil heridos sirios. El equipo de cirugía oral y maxilofacial compuesto por tres especialistas, con experiencia bélica previa por la atención de más de 1.500 heridos de la guerra del Líbano en el año 2006, ha tratado un gran número de heridos de balas, esquirlas y explosiones, niños y jóvenes, que en este caso, constan de ciertas características que los identifica. Aquí se destacan por su labor entre otros, el Prof. Alexander Lerner traumatólogo nacido en Rusia y famoso en su campo por el desarrollo de técnicas quirúrgicas especiales y reconocido mundialmente. Los heridos con heridas neurológicas y cerebrales fueron derivados a un centro hospitalario de las cercanías, perteneciente también a la Universidad de Bar Ilan.

-¿Te ha tocado atender combatientes sirios o son sólo civiles heridos?

Eso es difícil sino imposible de saber. Ellos no son los soldados clásicos con uniformes y cascos verdes, por lo general visten indumentaria civil, y no admiten por lo general el hecho de ser “combatientes”. Por otro lado, hemos atendido muchísimos niños muy jóvenes, adolescentes y mujeres embarazadas que han dado luz aquí. ¿Son ellos combatientes?

-¿Crees que los sirios retornados a Siria puedan a futuro incidir en una mejor coexistencia entre ambos pueblos?

Te lo voy a sintetizar en una frase: “Mi esperanza es que de aquí a 10 años, estos niños que hemos curado, hagan la paz con mis hijos”.
-Esta tarea humanitaria que Israel lleva adelante, curando a civiles de una nación enemiga, ¿tiene precedentes en otros lugares?
No tiene precedentes en ninguna parte del mundo. Israel viene prestando ayuda humanitaria en muchas partes del mundo, y eso es sabido y también reconocido. Esta es la primera vez que Israel presta ayuda humanitaria dentro de sus fronteras.

-¿Qué mensaje le darías a la comunidad judía argentina desde Israel?

Israel tiene enemigos externos que amenazan con su existencia. A pesar de ello, y a pesar de las guerras que hemos pasado y las que vendrán, el pueblo de Israel no ha perdido su humanidad, amor y respeto al prójimo. No dejemos que el mal y la adversidad desvíen y cambien nuestros valores. Los valores del pueblo judío sobrevivieron pogromos, inquisiciones y las atrocidades del Holocausto del siglo pasado. No hace mucho hemos recuperado y fundado nuestro Estado de Israel, hoy en día tenemos el Ejército de Defensa de Israel que nos protege, este es el momento de demostrar a nosotros mismos y al mundo, que somos diferentes, que usaremos el ejército del bien y de la humanidad para conseguir la paz entre los pueblos.