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Triángulo De Infamia - Reseñas

Revista Mía (Perfil) – 30/4/14

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Triángulo de infamia: Richard Wagner, los nazis e Israel
De Julián Schvindlerman

El autor aborda la ideología de Wagner y su relación ambivalente con los judíos de su tiempo, su adopción ulterior como modelo artístico y político por parte del nazismo, y el debate intenso sobre la representación de sus obras en Israel, para finalmente cerrar con un epílogo que reúne la narración y la reflexión. Contiene además un anexo dedicado a la compleja relación que Friedrich Nietzsche tuvo con el compositor alemán.

Publicado en la p. 52 de la edición impresa del 30/4/14

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

Desechar el diálogo – 25/04/14

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a) ¿Qué consecuencias tiene para el proceso de paz el pacto entre Hamas y Al Fatah? ¿Por qué lo complica aún más?
Dado que Hamas es un movimiento fundamentalista opuesto a la existencia del estado de Israel, una unión de Fatah con éste implica la imposibilidad de la negociación política con Israel. Para Jerusalem resulta inconcebible que su socio en el proceso de paz reniegue de las tratativas y se alíe con un grupo terrorista comprometido con su destrucción. Con Fatah es difícil llegar a un acuerdo, con Hamas es imposible sentarse a conversar. Esa es la diferencia crucial.

b) ¿Por qué para el primer ministro Benjamin Netanyahu el pacto significa suspender las negociaciones de paz así como nuevas sanciones?
Benjamín Netanyahu ha dicho que Mahmoud Abbas debe elegir entre la unión nacional con Hamas o la paz con Israel. La Autoridad Palestina repudió las conversaciones con Israel al negarse a posponer la fecha del acuerdo posible y postularse unilatertalmente a varios organismos de las Naciones Unidas. Hasta aquí uno podía pensar que se trataba de una técnica de negociación por medio de la presión. Al acercarse a Hamas daría más la impresión de que Abbas está dispuesto a desechar enteramente el diálogo con Israel. Ante esta conclusión, el gobierno israelí decidió suspender reuniones previstas y endurecer su posición.

c) Este pacto entre Al Fatah y Hamas, ¿se puede leer en clave electoral? ¿Por qué ahora sí habrá elecciones en seis meses?
Creo que debe leerse bajo la luz de un impedimento psicológico colectivo en el liderazgo palestino. La Autoridad Palestina, engendrada en los Acuerdos de Oslo entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, quiere un estado independiente, pero anhela obtenerlo por medio de la confrontación, sea ésta militar o diplomática. Yasser Arafat rechazó la componenda en Camp David en el año 2000 y lanzó una intifada. Abbas rechaza ahora la posibilidad de la paz y la soberanía y apela a la imposición diplomática por medio de la ONU. En ambos casos veo una determinación del liderazgo palestino en alcanzar sus objetivos nacionales por fuera de un acuerdo con el estado judío. Los dirigentes palestinos parecen sentir que un estado que emerja de la negociación con Israel carecerá de legitimidad y sólo la tendrá si es «ganado» por medio de la confrontación.

d) En su opinión, ¿por qué EE UU, con su secretario de Estado John Kerry a la cabeza, ha insistido en retomar el proceso de paz cuando ninguna de las partes había hecho ningún avance considerable?
Fue un error de esta Casa Blanca. El nuevo Secretario de Estado John Kerry se entusiasmó con la idea de que él triunfaría donde todos los demás diplomáticos han fracasado y se abocó a la tarea con una fuerte obsesión. Barack Obama eligió dedicar energías y atención a un conflicto perdurable a expensas de atender otras urgencias globales. Oportunamente, muchos analistas hemos señalado que ese camino estaba errado, pero no es ésta la primera vez que un gobierno norteamericano pretende solucionar idealmente esta disputa centenaria.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Perfil – 19/04/14

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La saga de la Westöstlicher Diwan Orchester

En 1999, junto con el intelectual palestino Edward Said, el músico argentino-israelí Daniel Barenboim fundó la West-Eastern Divan Orchestra, que reúne a músicos israelíes, palestinos y árabes. La génesis del proyecto surgió en el contexto de los eventos culturales europeos en ocasión del 250° aniversario del nacimiento de Goethe. Los organizadores pidieron a Barenboim que reuniera en un taller a jóvenes músicos del Medio Oriente. Al sumarse, Said propuso juntar a los músicos en una orquesta que interpretara una colección de poemas líricos de Goethe de 1819 inspirada en el poeta persa del siglo XIV Hafiz Shirazi y que llevaba por nombre Westöstlicher Diwan.

La noción romántica de que artistas árabes e israelíes superasen creativamente los antagonismos del Medio Oriente captó el corazón de los europeos, y lo que había comenzado como un taller experimental se transformó en una orquesta profesional compuesta por 120 músicos estables de Israel, Palestina, Jordania, Siria, El Líbano, Egipto e incluso de naciones musulmanas no árabes, como Turquía e Irán.

Barenboim llevó la orquesta árabe-israelí por todo el mundo y llegó a tocar en la Salle Pleyel en París, el Royal Albert Hall de Londres, el Mozarteum de Salzburgo, el Teatro alla Scala en Milán, el Carnegie Hall en Nueva York, el Conservatorio Tchaikovsky en Moscú, el Museo Hagia Eirene en Estambul, la Plaza Mayor en Madrid, el Teatro Colón en Buenos Aires, e incluso en la sede de las Naciones Unidas y en la Mezquita de Córdoba en España. Pero en tierras árabes la difusión fue más lenta. En 2003 dirigió la West-Eastern Divan Orchestra en Marruecos, en presencia de la reina Lalla Salma. “Un raro hechizo de armonía meso-oriental ha sido echado en Marruecos”, comentó Al-Jazeera, “en un concierto salvajemente aplaudido”. El primer concierto dado en Cisjordania junto con su orquesta multinacional ocurrió en 2005. “No es todos los días que uno ve un ensayo custodiado por soldados armados con armas semiautomáticas, pero el ambiente entre los músicos era relajado y excitado”, reportó The Guardian.

En 2008 dirigió a la orquesta árabe-israelí en el teatro de Berlín Waldbühne, edificado por el régimen nazi para los Juegos Olímpicos de 1936. La orquesta tocó obras de Mozart y Wagner, y se anunció que lo recaudado sería donado para la construcción de una sala de conciertos en Ramallah. En 2010 y 2011, llevó la orquesta a Qatar y fue bien recibida. En 2012 debió cancelar conciertos en Egipto y Qatar dada las reacciones hostiles despertadas; con la prensa árabe acusando al maestro de ser “un sionista”, se optó por abandonar el tour de promoción de armonía entre los pueblos.

En abril de 2009, el maestro dio recitales de piano y dirigió la Orquesta Sinfónica de El Cairo, en Egipto, donde tocó piezas de Beethoven. Hubo reacciones negativas, como la del secretario general de la Liga Arabe Amr Moussa, que se negó a asistir. Pero la audiencia, compuesta por miembros de la alta sociedad egipcia y diplomáticos acreditados, ovacionó al pianista y conductor. La estrella de cine Omar Sharif lo presentó diciendo: “Amo su trabajo y amo sus opiniones”.

En mayo de 2011, el maestro dirigió un concierto en la Franja de Gaza, gobernada por el movimiento fundamentalista Hamas. Era la primera vez que un ensamble internacional daba un concierto de música clásica en la Franja. Una amenaza emitida por un grupo radical islámico durante la performance hizo que los músicos dejaran inmediatamente la sala al terminar el concierto. Así relató el abrupto final The New York Times: “La orquesta fue trasladada de regreso a Rafah y reabordó su vuelo a Berlín el martes, con una escala en Viena: cuarenta horas de viaje resultó ser, para menos de una hora de música”.

Las peripecias de la orquesta y del propio Barenboim en países árabes han llevado a algunos críticos a sugerir que el proyecto orquestal mixto funciona más como una fantasía de armonía social que gratifica a sus audiencias progresistas que como un aporte positivo a la dinámica del Medio Oriente. Otros creen que es un vehículo notable para promover la paz entre los pueblos. Este año arribará a Buenos Aires para ofrecer un concierto que buscará, por algunos momentos al menos, que la música silencie melodiosamente los ruidos de la política.

*Autor de Triángulo de infamia: Richard Wagner, los nazis e Israel (Editorial Mussicatt).

Perfil, Perfil - 2014

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

La saga de la westöstlicher Diwan Orchester – 19/04/14

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En 1999, junto con el intelectual palestino Edward Said, el músico argentino-israelí Daniel Barenboim fundó la West-Eastern Divan Orchestra, que reúne a músicos israelíes, palestinos y árabes. La génesis del proyecto surgió en el contexto de los eventos culturales europeos en ocasión del 250° aniversario del nacimiento de Goethe. Los organizadores pidieron a Barenboim que reuniera en un taller a jóvenes músicos del Medio Oriente. Al sumarse, Said propuso juntar a los músicos en una orquesta que interpretara una colección de poemas líricos de Goethe de 1819 inspirada en el poeta persa del siglo XIV Hafiz Shirazi y que llevaba por nombre Westöstlicher Diwan.

La noción romántica de que artistas árabes e israelíes superasen creativamente los antagonismos del Medio Oriente captó el corazón de los europeos, y lo que había comenzado como un taller experimental se transformó en una orquesta profesional compuesta por 120 músicos estables de Israel, Palestina, Jordania, Siria, El Líbano, Egipto e incluso de naciones musulmanas no árabes, como Turquía e Irán.

Barenboim llevó la orquesta árabe-israelí por todo el mundo y llegó a tocar en la Salle Pleyel en París, el Royal Albert Hall de Londres, el Mozarteum de Salzburgo, el Teatro alla Scala en Milán, el Carnegie Hall en Nueva York, el Conservatorio Tchaikovsky en Moscú, el Museo Hagia Eirene en Estambul, la Plaza Mayor en Madrid, el Teatro Colón en Buenos Aires, e incluso en la sede de las Naciones Unidas y en la Mezquita de Córdoba en España. Pero en tierras árabes la difusión fue más lenta. En 2003 dirigió la West-Eastern Divan Orchestra en Marruecos, en presencia de la reina Lalla Salma. “Un raro hechizo de armonía meso-oriental ha sido echado en Marruecos”, comentó Al-Jazeera, “en un concierto salvajemente aplaudido”. El primer concierto dado en Cisjordania junto con su orquesta multinacional ocurrió en 2005. “No es todos los días que uno ve un ensayo custodiado por soldados armados con armas semiautomáticas, pero el ambiente entre los músicos era relajado y excitado”, reportó The Guardian.

En 2008 dirigió a la orquesta árabe-israelí en el teatro de Berlín Waldbühne, edificado por el régimen nazi para los Juegos Olímpicos de 1936. La orquesta tocó obras de Mozart y Wagner, y se anunció que lo recaudado sería donado para la construcción de una sala de conciertos en Ramallah. En 2010 y 2011, llevó la orquesta a Qatar y fue bien recibida. En 2012 debió cancelar conciertos en Egipto y Qatar dada las reacciones hostiles despertadas; con la prensa árabe acusando al maestro de ser “un sionista”, se optó por abandonar el tour de promoción de armonía entre los pueblos.

En abril de 2009, el maestro dio recitales de piano y dirigió la Orquesta Sinfónica de El Cairo, en Egipto, donde tocó piezas de Beethoven. Hubo reacciones negativas, como la del secretario general de la Liga Arabe Amr Moussa, que se negó a asistir. Pero la audiencia, compuesta por miembros de la alta sociedad egipcia y diplomáticos acreditados, ovacionó al pianista y conductor. La estrella de cine Omar Sharif lo presentó diciendo: “Amo su trabajo y amo sus opiniones”.

En mayo de 2011, el maestro dirigió un concierto en la Franja de Gaza, gobernada por el movimiento fundamentalista Hamas. Era la primera vez que un ensamble internacional daba un concierto de música clásica en la Franja. Una amenaza emitida por un grupo radical islámico durante la performance hizo que los músicos dejaran inmediatamente la sala al terminar el concierto. Así relató el abrupto final The New York Times: “La orquesta fue trasladada de regreso a Rafah y reabordó su vuelo a Berlín el martes, con una escala en Viena: cuarenta horas de viaje resultó ser, para menos de una hora de música”.

Las peripecias de la orquesta y del propio Barenboim en países árabes han llevado a algunos críticos a sugerir que el proyecto orquestal mixto funciona más como una fantasía de armonía social que gratifica a sus audiencias progresistas que como un aporte positivo a la dinámica del Medio Oriente. Otros creen que es un vehículo notable para promover la paz entre los pueblos. Este año arribará a Buenos Aires para ofrecer un concierto que buscará, por algunos momentos al menos, que la música silencie melodiosamente los ruidos de la política.

*Autor de Triángulo de infamia: Richard Wagner, los nazis e Israel (Editorial Mussicatt).

Perfil, Perfil - 2014

Perfil

Por Julián Schvindlerman

  

Israel impulsa la pena de muerte contra terroristas – 19/04/14

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El premier Netanyahu promovió en el Parlamento un proyecto de ley para aplicar la pena capital a autores de atentados. Aún no fue aprobado. Críticas de los palestinos.

Por Matías Mestas

El año 2018 empezó con un nuevo eje de debate en el conflicto entre Israel y Palestina. La pena de muerte, que ya existe en Israel contra crímenes de guerra, resurgió como una posible respuesta ante ataques terroristas perpetrados por palestinos. Esto reavivó el conflicto entre ambos Estados de Medio Oriente, más aún luego de que el Knesset (el Parlamento israelí) votara a favor de una aprobación preliminar del proyecto.

“Esto fue motivado por una serie de atentados atroces que hubo en el último tiempo”, dijo Julián Schvindlerman, analista político internacional y columnista de The Times of Israel, a PERFIL. “Como este tipo de atentado es frecuente, este proyecto de ley parlamentaria refleja un cansancio social existente contra los terroristas que son apresados y luego liberados por intercambio de prisioneros u otras alternativas”.

En 2011, por ejemplo, para asegurarse la liberación de un soldado secuestrado, Israel liberó a más de mil palestinos responsables de casi 600 muertes en total. Así otros miles también han sido liberados, algo que provocó que el nuevo proyecto facilite la aplicación de la pena de muerte contra terroristas. De aprobarse la ley (aún debe pasar, por lo menos, tres instancias), el veredicto judicial no necesitaría ser unánime para dictar la pena capital, sino solo la mayoría. Para Schvindlerman, el proyecto “tiene chances de avanzar”.

Más violencia. “Es una jugada que deteriora la calidad institucional y democrática de Israel y lo hace más susceptible a caer en la demagogia de los populistas”, remarcó a este diario una fuente diplomática de Israel, que no quiso dar su nombre a conocer. “Por otro lado, desde un punto de vista más pragmático, podría llevar al desquite de terroristas; como no puedo atentar en Israel porque me matan, hago el atentado en otros países contra judíos”, añadió. Esto podría afectar a las comunidades judías argentinas, entre otras.

Amplio apoyo oficial. La medida cuenta con el apoyo expreso del ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, y con el del primer ministro, Benjamin Netanyahu. Este último se dirigió a los legisladores antes de la primera votación y afirmó que “hay casos extremos en los que quienes cometen horribles crímenes no merecen vivir, deben sentir toda la dureza de la ley”.

Por su parte, desde la oposición señalaron que la pena de muerte existente no se aplica por desacuerdos entre quienes deben ejercerla. No obstante, los números no alcanzaron para frenar el proyecto en la primera instancia del Knesset (ganó la aprobación por 52 votos contra 49).

La pena capital cuenta también con un amplio apoyo popular entre los israelíes. Una encuesta de fines del año pasado, realizada por el Instituto de Democracia de Israel y la Universidad de Tel Aviv, relevó que el 70% de los israelíes está a favor de su uso contra atacantes palestinos.

Rechazo. Desde el lado palestino, sin embargo, aseveraron que el proyecto de ley promueve una “atmósfera fascista dentro de la sociedad israelí” y que está dirigido exclusivamente contra los palestinos.

Triángulo De Infamia - Reseñas

Infobae – 17/04/14

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Un legado musical ensombrecido

El año 1933 marcó el quincuagésimo aniversario de la muerte de Richard Wagner y el ascenso del nazismo al poder en Alemania. Fue una apta coincidencia, pues Wagner ejerció una influencia ideológica suprema sobre el movimiento nazi, fue una figura preeminente de su musicología y un hombre sobre el que el propio Adolf Hitler dijo: “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el Nacional-Socialismo aspira” y “Para entender lo que el Nacional-Socialismo es, uno debe leer a Wagner”.

Ya desde la década del 1920 empezaron los esfuerzos nazis por divulgar los escritos y la obra de Wagner en Alemania, conforme han documentado Jonathan Carr, Joachim Köhler y Éric Michaud, entre otros. La Sociedad Richard Wagner fue fundada en 1926, compuesta principalmente por seguidores nazis del compositor, y el teatro de Bayreuth, creado por el maestro teutón para montar exclusivamente sus óperas, fue erigido epicentro de las actividades culturales de los nazis. El primer festival de posguerra abrió en 1924 para “reforzar el espíritu alemán”, tal como indicó la dirección. Se cantó Deutschland über alles y miembros del (ilegal) Partido Nazi gritaron “Heil” y alabaron a su Führer, entonces encarcelado. El programa de aquel año en Bayreuth contenía una nota con esta frase: “Richard Wagner es una guía al Nacional-Socialismo”.

En 1928, el crítico de música Bernhard Diebold escribió que “el público culto y situado políticamente a la derecha ha elevado a Richard Wagner a la especial condición de Dios supremo del arte y la cultura”. En 1933 el crítico de música del New York Times informó: “Bayreuth es el símbolo del Tercer Reich. El Nacional-Socialismo ve en las obras de Richard Wagner algo relacionado a él en la esencia y en el espíritu”. Junto con retratos del compositor, comenzaron a venderse retratos de Hitler como souvenirs en sus performances, y su rostro acompañaba el de su ídolo Wagner en los folletos. Eventualmente la esvástica flamearía en el festival y el Führer se pararía ante la tumba de Wagner para depositar un arreglo floral. En el Festival de Bayreuth de 1934 fue puesta en escena Parsifal, obra sobre la que Hitler comentó: “Es sobre Parsifal que edifico mi religión”.

Hitler personalmente se ocupó de que Bayreuth recibiera todo el apoyo financiero necesario para su funcionamiento entre 1933 y 1940, y durante la Segunda Guerra Mundial organizó transporte gratuito a Bayreuth para soldados heridos. Hitler, Goebbels, Speer y Göring, entre otros jerarcas nazis de importancia, eran asiduos visitantes al festival. A partir de 1931 las puestas en escena de Bayreuth comenzaron a ser transmitidas por radio a otras partes del mundo; a Europa, las Américas y África. “Adolf Hitler ha transformado el ideal de Bayreuth en el ideal alemán”, escribió el crítico Hans Conrad en 1936.

En un sentido acotado, el wagnerismo fue un fenómeno hitleriano más que nazi. Durante la guerra, obras de Verdi, Puccini y Lortzing se pusieron en escena más a menudo que las de Wagner. Incluso él parece no haber sido el compositor preferido de todos los oficiales nazis. “En realidad”, dijo después de la guerra Heinz Tietjen, director-general del Festival de Bayreuth en la era nazi, “los principales oficiales de la cúpula del gobierno durante el Reich eran hostiles a Wagner… La cúpula toleraba el entusiasmo de Hitler por Wagner, pero luchaba, oculta o abiertamente, contra aquellos que, como yo, éramos fieles a sus obras”. El ideólogo Alfred Rosenberg se inclinaba por Beethoven. “Quien quiera entender la esencia de nuestro movimiento”, escribió en 1927 para marcar el centenario del fallecimiento del compositor, “sabe que en todos nosotros existe un impulso semejante al que Beethoven encarna en su máxima expresión”.

En 1933 Hitler invitó a miembros del Partido Nazi a una gala wagneriana de Los maestros cantores en Núremberg y asistieron tan pocos que, indignado, envió patrullas a buscarlos a los burdeles y cervecerías de la ciudad. Al año siguiente, el Führer se aseguró de que el teatro estuviese repleto pero se ofuscó al comprobar que muchos de los asistentes forzados dormitaban o aplaudían a destiempo. En ocasión de una puesta en escena de Tristán e Isolda, el desenlace fue vergonzoso, según relató la secretaria de Hitler, Traudl Junge. Así lo transcribió Carr: “En cierta ocasión, recordó, uno de los integrantes del séquito del Führer fue rescatado en el último instante, cuando después de dormirse en plena representación estuvo a punto de caerse del palco. Quien lo rescató había estado completamente dormido poco antes. Otro de los miembros del grupo, dichosamente ajeno al pequeños drama del palco y al gran drama del escenario, se dedicó a roncar de principio a fin”.

Wagner no fue adorado por cada integrante del movimiento nazi ni fue el único músico tocado durante el Tercer Reich, tampoco fue siempre dominante. Su obra Parsifal fue condenada por los nazis como ideológicamente inaceptable y se prohibió su puesta en escena en Alemania desde 1939 en adelante. Pero simbólicamente Wagner fue supremo. La cabalgata de las valquirias fue el acompañamiento musical de muchos de los noticieros alemanes durante la guerra, especialmente al mostrar los ataques de la fuerza aérea. Segmentos de la obertura de Rienzi anticipaban los discursos nazis en Núremberg y otras ciudades. El ocaso de los dioses se emitió por radio para anunciar la muerte de Hitler.

Su música sonó en los altoparlantes de algunos campos de concentración y, según ha escrito Sam Shirakawa, biógrafo del prominente conductor Wilhelm Furtwängler, el doctor Mengele escuchaba obras de Wagner mientras llevaba a cabo sus experimentos médicos monstruosos. “La música de Richard Wagner conquistó el mundo porque fue conscientemente alemana y pujó por no ser más que eso”, sintetizó Goebbels en 1935. El Ministro de Propaganda consagró Die Meistersinger como la ópera oficial del régimen nazi: “De todos los dramas musicales, Die Meistersinger se destaca como el más alemán. Es simplemente la encarnación de nuestra identidad nacional”, afirmó. Leni Riefenstahl incluyó extractos de esta obra en su película El triunfo de la voluntad en 1934 y fue habitualmente presentada en las galas. Un segmento de la ópera dice: “¡Despierten! Pronto llegará el amanecer”; el llamado unificador de Hitler fue “¡Alemania, despierta!”. El Führer y los nazis celebraron a varios compositores -Bach, Mozart, Beethoven, Lizst- pero de Wagner hicieron su objeto de culto, su fetiche musical, ensombreciendo su legado para siempre.

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

Un legado musical ensombrecido – 17/04/14

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Artículo publicado en Infobae

El año 1933 marcó el quincuagésimo aniversario de la muerte de Richard Wagner y el ascenso del nazismo al poder en Alemania. Fue una apta coincidencia, pues Wagner ejerció una influencia ideológica suprema sobre el movimiento nazi, fue una figura preeminente de su musicología y un hombre sobre el que el propio Adolf Hitler dijo: “Los trabajos de Wagner son la encarnación de todo a lo que el Nacional-Socialismo aspira” y “Para entender lo que el Nacional-Socialismo es, uno debe leer a Wagner”.

Ya desde la década del 1920 empezaron los esfuerzos nazis por divulgar los escritos y la obra de Wagner en Alemania, conforme han documentado Jonathan Carr, Joachim Köhler y Éric Michaud, entre otros. La Sociedad Richard Wagner fue fundada en 1926, compuesta principalmente por seguidores nazis del compositor, y el teatro de Bayreuth, creado por el maestro teutón para montar exclusivamente sus óperas, fue erigido epicentro de las actividades culturales de los nazis. El primer festival de posguerra abrió en 1924 para “reforzar el espíritu alemán”, tal como indicó la dirección. Se cantó Deutschland über alles y miembros del (ilegal) Partido Nazi gritaron “Heil” y alabaron a su Führer, entonces encarcelado. El programa de aquel año en Bayreuth contenía una nota con esta frase: “Richard Wagner es una guía al Nacional-Socialismo”.

En 1928, el crítico de música Bernhard Diebold escribió que “el público culto y situado políticamente a la derecha ha elevado a Richard Wagner a la especial condición de Dios supremo del arte y la cultura”. En 1933 el crítico de música del New York Times informó: “Bayreuth es el símbolo del Tercer Reich. El Nacional-Socialismo ve en las obras de Richard Wagner algo relacionado a él en la esencia y en el espíritu”. Junto con retratos del compositor, comenzaron a venderse retratos de Hitler como souvenirs en sus performances, y su rostro acompañaba el de su ídolo Wagner en los folletos. Eventualmente la esvástica flamearía en el festival y el Führer se pararía ante la tumba de Wagner para depositar un arreglo floral. En el Festival de Bayreuth de 1934 fue puesta en escena Parsifal, obra sobre la que Hitler comentó: “Es sobre Parsifal que edifico mi religión”.

Hitler personalmente se ocupó de que Bayreuth recibiera todo el apoyo financiero necesario para su funcionamiento entre 1933 y 1940, y durante la Segunda Guerra Mundial organizó transporte gratuito a Bayreuth para soldados heridos. Hitler, Goebbels, Speer y Göring, entre otros jerarcas nazis de importancia, eran asiduos visitantes al festival. A partir de 1931 las puestas en escena de Bayreuth comenzaron a ser transmitidas por radio a otras partes del mundo; a Europa, las Américas y África. “Adolf Hitler ha transformado el ideal de Bayreuth en el ideal alemán”, escribió el crítico Hans Conrad en 1936.

En un sentido acotado, el wagnerismo fue un fenómeno hitleriano más que nazi. Durante la guerra, obras de Verdi, Puccini y Lortzing se pusieron en escena más a menudo que las de Wagner. Incluso él parece no haber sido el compositor preferido de todos los oficiales nazis. “En realidad”, dijo después de la guerra Heinz Tietjen, director-general del Festival de Bayreuth en la era nazi, “los principales oficiales de la cúpula del gobierno durante el Reich eran hostiles a Wagner… La cúpula toleraba el entusiasmo de Hitler por Wagner, pero luchaba, oculta o abiertamente, contra aquellos que, como yo, éramos fieles a sus obras”. El ideólogo Alfred Rosenberg se inclinaba por Beethoven. “Quien quiera entender la esencia de nuestro movimiento”, escribió en 1927 para marcar el centenario del fallecimiento del compositor, “sabe que en todos nosotros existe un impulso semejante al que Beethoven encarna en su máxima expresión”.

En 1933 Hitler invitó a miembros del Partido Nazi a una gala wagneriana de Los maestros cantores en Núremberg y asistieron tan pocos que, indignado, envió patrullas a buscarlos a los burdeles y cervecerías de la ciudad. Al año siguiente, el Führer se aseguró de que el teatro estuviese repleto pero se ofuscó al comprobar que muchos de los asistentes forzados dormitaban o aplaudían a destiempo. En ocasión de una puesta en escena de Tristán e Isolda, el desenlace fue vergonzoso, según relató la secretaria de Hitler, Traudl Junge. Así lo transcribió Carr: “En cierta ocasión, recordó, uno de los integrantes del séquito del Führer fue rescatado en el último instante, cuando después de dormirse en plena representación estuvo a punto de caerse del palco. Quien lo rescató había estado completamente dormido poco antes. Otro de los miembros del grupo, dichosamente ajeno al pequeños drama del palco y al gran drama del escenario, se dedicó a roncar de principio a fin”.

Wagner no fue adorado por cada integrante del movimiento nazi ni fue el único músico tocado durante el Tercer Reich, tampoco fue siempre dominante. Su obra Parsifal fue condenada por los nazis como ideológicamente inaceptable y se prohibió su puesta en escena en Alemania desde 1939 en adelante. Pero simbólicamente Wagner fue supremo. La cabalgata de las valquirias fue el acompañamiento musical de muchos de los noticieros alemanes durante la guerra, especialmente al mostrar los ataques de la fuerza aérea. Segmentos de la obertura de Rienzi anticipaban los discursos nazis en Núremberg y otras ciudades. El ocaso de los dioses se emitió por radio para anunciar la muerte de Hitler.

Su música sonó en los altoparlantes de algunos campos de concentración y, según ha escrito Sam Shirakawa, biógrafo del prominente conductor Wilhelm Furtwängler, el doctor Mengele escuchaba obras de Wagner mientras llevaba a cabo sus experimentos médicos monstruosos. “La música de Richard Wagner conquistó el mundo porque fue conscientemente alemana y pujó por no ser más que eso”, sintetizó Goebbels en 1935. El Ministro de Propaganda consagró Die Meistersinger como la ópera oficial del régimen nazi: “De todos los dramas musicales, Die Meistersinger se destaca como el más alemán. Es simplemente la encarnación de nuestra identidad nacional”, afirmó. Leni Riefenstahl incluyó extractos de esta obra en su película El triunfo de la voluntad en 1934 y fue habitualmente presentada en las galas. Un segmento de la ópera dice: “¡Despierten! Pronto llegará el amanecer”; el llamado unificador de Hitler fue “¡Alemania, despierta!”. El Führer y los nazis celebraron a varios compositores -Bach, Mozart, Beethoven, Lizst- pero de Wagner hicieron su objeto de culto, su fetiche musical, ensombreciendo su legado para siempre.