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Comunidades, Comunidades - 2007

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El escándalo de Al-Hurra TV – 22/05/07

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Profundamente conmocionada por los atentados del 11 de septiembre del 2001, la sociedad norteamericana se interrogó acerca del motivo por el cuál ella era tan odiada en el Medio Oriente. Una de las conclusiones a la que arribó fue que los árabes y los musulmanes estaban contaminados por una maliciosa propaganda difamatoria que emanaba diariamente de los periódicos que estos leían, las radios que oían y la televisión que miraban. Los medios masivos de comunicación mesorientales estaban tan plagados de teorías conspirativas anti-estadounidenses y tan saturados de sentimientos visceralmente hostiles a USA, que una manera de revertir esa negativa impresión sería brindar a las audiencias árabes la posibilidad de ver y oír noticias y reflexiones sostenidamente divergentes de las postuladas por el consenso periodístico de la región.

Con tal propósito, un canal de televisión satelital en lengua árabe fue creado por el gobierno norteamericano. Oficialmente lanzado en febrero de 2004 bajo el nombre de Al-Hurra (El Libre) y con un presupuesto anual de u$s 70 millones, este medio serviría como plataforma para la divulgación de noticias, comentarios y opiniones alternativas a las tradicionalmente difundidas en los medios árabes. Su misión sería denunciar las violaciones a los derechos humanos en la región, exponer casos de corrupción, promover la paz, apoyar la democracia, y contrarrestar las distorsiones relativas a los Estados Unidos de América. Cosa que a grandes rasgos estuvo haciendo hasta noviembre del 2006, oportunidad en la que su director Mouafac Harb- un musulmán nacido en El Líbano- fue reemplazado por Larry Register; un norteamericano ex productor de la CNN. Desde entonces, las nuevas decisiones editoriales provocaron un giro de 180 grados en la cobertura de Al-Hurra, dándole –por más increíble que esto suene- un sesgo visiblemente pro-islamista y antinorteamericano. Tan radical ha sido el cambio en el contenido de este canal satelital, que dos diputados (un republicano de Indiana y un demócrata de Florida) han instado a la Secretaria de Estado Condoleeza Rice a que ordene una investigación al respecto, en tanto que el parlamentario reformista y secular iraquí Mithal al-Alusi comentó “Hasta ahora, estábamos tan felices con Al-Hurra…Pero ya no”.

La gota que colmó el vaso de la tolerancia respecto de la autoflagelación del Sr. Register (tan típica, acotemos, de los periodistas progresistas de la CNN) fue la cobertura en vivo y total, durante más de 70 minutos, de un discurso virulento del líder del Hizbollah Hasan Nasrallah, seguida de un comentario por parte de un oficial libanés que criticó a Nasrallah por no haber sido lo suficientemente anti-israelí y anti-norteamericano. Según Joel Mowbray –un periodista independiente que denunció todo este asunto originalmente en las páginas del Wall Street Journal– esto no hacía más que afirmar una nueva política editorial de dar cobertura amigable a terroristas de Al-Qaeda y del Hamas, cuyas exageraciones, falsedades o difamaciones rara vez eran cuestionadas. Por ejemplo, cuando el 9 de febrero último, los palestinos protestaron con violencia las construcciones que la municipalidad de Jerusalém encargó realizar para mejorar la seguridad en el Monte del Templo, Al-Hurra brindó una cobertura de ”noticias de último momento” de casi dos horas, superando así en  media hora a la cadena Al-Jazeera, y se aseguró de que Ikrima Sabri, el imán de la mezquita Al-Aqsa y ex mufti de Jerusalém asignado oportunamente por Yasser Arafat, tuviera el espacio de aire suficiente para acusar a Israel de disparar armas y arrojar bombas dentro de la mezquita y luego prohibir el ingreso de médicos para auxiliar a los heridos. Unos meses antes, el 12 de diciembre de 2006, Al-Hurra estuvo presente en Teherán en ocasión de la conferencia negacionista, dando espacio a famosos negadores tales como el norteamericano David Duke y el francés Robert Faurrison, quienes propagaron sus posturas mentirosas sin ser interpelados por el corresponsal de Al-Hurra, quién por su parte se refirió a los críticos de estos negadores como “defensores del Holocausto”. (Atrás quedaron los tiempos de Mouafac Harb en los que Al-Hurra cubrió el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz y entrevistó a Elie Wiesel; algo vanguardista para una canal en lengua árabe). Según informó Joel Mowbray, seis semanas más tarde, el 20 de enero del corriente año, Al-Hurra emitió un especial sobre Neturei Karta, el grupo marginal de judíos ultraortodoxos que participaron de la reunión de negadores en la capital iraní, emitiendo entrevistas en las que éstos aseguraban que “los sionistas” habían quemado sus sinagogas, nuevamente, sin cuestionamiento alguno por parte del corresponsal de este canal satelital, quién además indicó que Neturei Karta poseía más de un millón de miembros cuando en realidad posee apenas varios miles de simpatizantes, tal como indica el propio website de esa agrupación. Podríamos continuar, pero el panorama ya es claro.

Esta es la historia de cómo un canal establecido para actuar de contrapeso a la propaganda anti-occidental de Al-Jazeera Al-Arabiya, terminó convirtiéndose en un competidor de estos canales en la promoción de anti-occidentalismo islamista. El equivalente histórico a este hecho sería imaginar a la Radio Free Europe durante la Guerra Fría brindando una cobertura benigna al Kremlin, o a la BBC ofreciendo espacio a los nazis para criticar a Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial. Tal como señaló un editorial del Wall Street Journal: “Al-Hurra puede ser una herramienta útil en la batalla de las ideas que es crucial para la guerra contra el extremismo islámico. Pero si ella y sus emisiones hermanas irán meramente a proveer otra plataforma para la propaganda anti-norteamericana, ¿quién las necesita?”.

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Por Julián Schvindlerman

  

El informe Winograd – 09/05/07

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“Estamos cansados de luchar, cansados de ser valientes, cansados de ganar, cansados de derrotar a nuestros enemigos…” dijo Ehud Olmert a una audiencia neoyorquina en junio de 2005. Esta frase arrogante no podría lucir más desubicada al contrastarla con las conclusiones devastadoras del reporte interino del Comité Winograd a propósito de la decisión política de ingresar a El Líbano el verano boreal pasado y del desempeño del ejército durante la contienda con el Hizbollah. Según el mismo, el primer ministro y el ministro de defensa cometieron graves errores, evidenciaron una severa falta de criterio, fueron inexpertos, su conducta irresponsable y sus decisiones imprudentes. En cuanto al ejército, nos informa el comité, éste sencillamente no estaba preparado para ir a la guerra. Apenas sorprende que al publicarse estas conclusiones hayan brotado llamados a la resignación de Ehud Olmert y Amir Peretz desde todo el espectro político (desde Yossi Beilin a Effie Eitam), que entre el 68% y el 74% de los israelíes deseen ver a este dúo fuera del poder (Haaretz 2/5/07), que se haya protestado contra ellos en una multitudinaria manifestación, y que hasta la propia canciller haya hecho pública su impresión de que el primer ministro debe partir.

El informe cubre el período desde la retirada unilateral de El Líbano en el año 2000 hasta  los primeros cinco días de la guerra. Resta por publicarse el informe final sobre la evaluación de los siguientes 30 días de la contienda. Si así de severas han sido las conclusiones referidas a los comienzos de la guerra, cabe suponer que las observaciones pertinentes a prácticamente la totalidad de la guerra serán brutales. No hay razón por la cuál Olmert y Peretz no deban dimitir inmediatamente. Ya han perdido su mandato. Cuando la confianza popular en sus líderes electos se precipita tan bruscamente ya no hay justificativo democrático alguno para estirar la permanencia en el gobierno. Para peor, esto ocurre con el trasfondo de oficiales públicos suspendidos bajo cargos de acoso sexual y cargos de corrupción, algo que no contribuye precisamente a reforzar la confianza del pueblo en la dirigencia política del país.

En parte Israel está pagando el precio por su politiquería de coaliciones que obliga al partido ganador a seducir a leales y opositores para garantizar la gobernabilidad. Haber puesto a un sindicalista en la cartera de defensa de una nación asediada ha sido un error garrafal resultante de estas negociaciones y regateos políticos. Peretz debe dejar ya mismo el puesto que nunca debió haber aceptado en primer lugar. Y si bien sería injusto poner sobre los hombros de Olmert toda la responsabilidad por los fracasos en El Líbano –después de todo, durante los años previos toda la comunidad de inteligencia falló en no advertir la creciente militarización del Hizbollah- como primer ministro él es el responsable de una decisión de llevar a la nación a una guerra con un ejército defectuoso. Los altos índices de apoyo popular a la decisión de responder militarmente a las agresiones del Hizbollah no pueden ser usados para su validación. El pueblo dio por sentado que las filas militares estaban preparadas. De haberse sabido entonces lo que se sabe hoy, tal apoyo seguramente no habría existido.

Dada la gravedad de las amenazas externas que enfrenta, el estado israelí necesita un liderazgo experto y competente. El día de su cumpleaños, Israel recibió 110 cohetes y proyectiles desde la Franja de Gaza; obsequio del Hamás, cuyo vocero reafirmó –por si falta hiciere- que “Hamás continúa comprometido con la guerra santa como una opción estratégica para la liberación de toda Palestina”. La semana pasada el vice-secretario general del Hizbollah anunció que ésta agrupación se ha reconstruido y que tiene “nuevos planes de batalla”. Irán continúa avanzando con su programa nuclear y llamando a la destrucción de Israel. El estado judío sencillamente no puede darse el lujo de acomodar las apetencias de políticos mediocres mal preparados para el ejercicio de la función pública con puestos clave en las áreas de la seguridad, la defensa, la diplomacia o cualquier otro campo de relevancia nacional.

El informe Winograd ha dejado al descubierto una fuerte crisis institucional. Como toda crisis, ella puede ser transformada en una oportunidad. En este caso, la de renovar el liderazgo nacional. Para que ello ocurra, la actual y fallida dirigencia debe renunciar.

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Por Julián Schvindlerman

  

Jerusalem ante Riyadh y Teheran – 24/04/07

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En este nuevo Iom Haatzmaut, Israel enfrenta dos desafíos peculiares provenientes del mundo islámico. Desde Teherán, líder del chiísmo musulmán, surge un claro mensaje eliminacionista. Desde Ryhad, líder del sunismo musulmán, emana una falsa obertura de paz encubridora de una añeja animosidad. Israel no tendrá más remedio que afrontar el antisionismo de ambos. Si bien varían en el nivel de peligrosidad existencial, ambos poseen altas dosis de hostilidad. Vayamos por partes.     

El frente iraní. En octubre de 2005 se llevó a cabo en Irán una conferencia titulada “Un Mundo Sin Sionismo” en la que abundaron los llamados a la destrucción de Israel. Dos meses después, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad comenzó su negación pública del Holocausto. Simbólicamente, lo hizo desde el centro religioso más poderoso del Islam -la Meca- donde estaba reunida la Organización de la Conferencia Islámica; ente agrupador de las 57 naciones musulmanas del globo. Otros dos meses más tarde, en febrero de 2006, el régimen iraní anunció la apertura de una competencia internacional de caricaturas acerca del Holocausto. Presumiblemente, ello era una suerte de respuesta a la publicación en un periódico danés de caricaturas críticas del fundamentalismo islámico. Al poco tiempo, Ahmadinejad anunció la convocatoria a un encuentro mundial de negadores del Holocausto, evento por supuesto disfrazado de reunión académica bajo el título “Revisión del Holocausto: Visión Global”. Destacadas figuras del mundillo negacionista participaron del mismo en diciembre de 2006. A lo largo de todo este período, repetidas veces el presidente iraní instó a “borrar a Israel del mapa”, a su vez.

Evidentemente, estamos ante una política deliberada con un propósito singular. Al negar la Shoá, Irán persigue la obtención de dos objetivos simultáneos que tienen un mismo fin. El primer objetivo es negar legitimidad al Estado de Israel. Desde la óptica iraní (y la de otros países en la región también) la creación de Israel ha sido resultado directo de la existencia del Holocausto judío. Si los hechos terribles de la Segunda Guerra Mundial pudieran de alguna manera ser refutados, entonces la justificación moral del establecimiento del estado judío quedaría cuestionada. El segundo objetivo es negar la condición de sufrientes a los judíos. Tal Como Yigal Carmon ha observado, en tanto el mundo recuerde el Holocausto será difícil poder efectuar otro contra el pueblo judío, ahora mayormente asentado en Israel. El paso previo al genocidio es la deshumanización de un grupo, pero ello no puede hacerse si éste es aún percibido como una víctima. Así, el negacionismo debe ser visto como un medio que ha adoptado Teherán para facilitar la obliteración de Israel al aspirar a la remoción del status de víctima a los judíos y a la sustracción de legitimidad al estado de los judíos. Al negar la Shoá, Irán niega a Israel.

Como trasfondo de todo esto, el régimen iraní ha estado avanzando en la consecución de su proyecto nuclear. Tres resoluciones han sido adoptadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, dos de ellas han impuesto sanciones (desafortunadamente muy débiles), más Irán permanece más imbatible que nunca, atreviéndose incluso a secuestrar y posteriormente liberar a piacere a tropas extranjeras en aguas foráneas y a declarar con total impunidad las nuevas metas técnicas alcanzadas en su plan nuclear. La preocupación es mundial, pero la urgencia recae sobre Israel: de todas las naciones del orbe, ésta ha sido la única designada para la aniquilación por parte de Irán.

El frente saudita. Cinco años atrás, Arabia Saudita sorprendió al mundo diplomático con una flamante propuesta de paz: si el Estado de Israel fuera a abandonar todos los territorios que ocupa, el mundo árabe normalizaría relaciones con él. Posteriormente, este plan sería adoptado por la Liga Árabe durante un encuentro en Beirut y pasaría de allí en más a ser conocido como la “Iniciativa de Paz Árabe”. Como era de esperar, esta iniciativa despertó considerable excitación en los círculos donde reina la fe en el pacifismo árabe, pero con el tiempo ella pareció hundirse en un pozo de arena mesooriental. Hasta hace poco, cuando Ryhad resucitó su brillante idea diplomática y una vez más los crédulos de siempre la recibieron con exultante efusividad. El plan, esencialmente, postula la destrucción de Israel; pero lo hace más sutilmente que como lo hace Irán. Vale decir, con la típica habilidad árabe de disfrazar sus intenciones agresivas con ropajes de paz. La solución saudita se reduce a lo siguiente: los árabes normalizarán relaciones con Israel si éste acepta 1) regresar a las fronteras de 1967, y 2) reconocer el derecho al retorno de los refugiados palestinos. (Exige además la división de Jerusalén). En otras palabras: el reconocimiento árabe es contingente a que Israel retorne a las fronteras militarmente indefensibles de 1967 y que admita también en su entonces encogido territorio a millones de retornados palestinos. Una vez que Tel-Aviv quede a 15 kilómetros de Cisjordania y el estado judío haya sido ahogado demográficamente, entonces las naciones árabes normalizarán relaciones.

El plan es tan absurdamente obvio en su intencionalidad de despertar el rechazo israelí que cuesta creer que se le haya brindado siquiera el beneficio de la duda. Esta iniciativa tiene poco que ver con una inquietud saudita por solucionar el conflicto palestino-israelí y mucho que ver con proteger sus intereses nacionales. Cuando Ryhad lo publicitó a principios del 2002, lo hizo con la finalidad de restituir su imagen ante la opinión pública norteamericana, entonces consternada por el hecho de que 15 de los 19 terroristas suicidas del 9/11 fueran saudíes, que el propio Osama Bin-Laden también lo fuera, y que el anti-norteamericanismo rampante entre los musulmanes fueran en gran medida resultado del wahabismo extremista enseñado en las numerosas madrazas de la órbita islámica patrocinadas por Ryhad. Hoy la Casa de Saúd ha relanzado su plan con el único propósito de contener el ascenso del chiísmo iraní y su creciente influencia en los asuntos de la disputa palestino-israelí a través del terrorismo de Hizbullah o de Hamás. El “Partido de Ds” (Hizbullah) fue creado por la Guardia Revolucionaria Iraní, pero el Hamás no. Ryhad aspira a remover a esta agrupación sunita de la actual influencia chiíta iraní. Este apoyo será a expensas del Fatah de Mahmoud Abbas, el supuesto moderado en este rompecabezas. Y dado que Hamás rechaza reconocer a Israel, la iniciativa de paz árabe tarde o temprano colapsará. La idea, sin embargo, es que el repudio nazca de Jerusalén y quedé así expuesta como la obstaculizadora de la paz. De ahí una propuesta que recicla los tradicionales reclamos maximalistas árabes. Que la Iniciativa de Paz Árabe incorpore demandas ausentes en pilares de la diplomacia regional tales como la Resolución 242 (que no exige el retorno a las fronteras de 1967) y los Acuerdos de Oslo (que no imponen el derecho al retorno) es el indicativo más fiel del falso pacifismo saudita.

En comparación con Teherán, Ryhad luce menos fanática. Pero en comparación con Ryhad, Teherán luce más franca.     

Clarín

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Por Julián Schvindlerman

  

Recordar hoy el holocausto – 21/04/07

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Tal como cada año por estos días, las comunidades judías del mundo han conmemorado «Iom Hashoa», el Día del Holocausto. Este año, singularmente, al dolor del pasado se le ha sumado preocupación por el presente y ansiedad por el futuro. Una sensación de real urgencia se ha instalado a la luz de la creciente agresividad que el negacionismo ha cobrado.

Este fenómeno ha nacido en Europa al poco tiempo de finalizada la Segunda Guerra Mundial y se ha propagado por todo el orbe. Propagandistas en París, Londres, Berlín y otras partes promueven el «revisionismo histórico»; tal el nombre de pretensión académica que esta tergiversación de la historia recibe.

En el Medio Oriente, conferencias negadoras han sido celebradas en el pasado cercano. Desde Teherán, simultáneamente se niega el genocidio de los judíos europeos del siglo pasado, a la vez que se promueve un nuevo genocidio contra el estado judío.

Resulta extraño que este fenómeno vil persista a la luz de la masiva evidencia disponible. El Holocausto —con justicia— sea quizás uno de los acontecimientos históricos mejor documentados, testimoniados, debatidos y enseñados en la modernidad. Sus hechos han ganado notoriedad no solo entre los especialistas sino a nivel popular a través de los desgarradores testimonios de Elie Wiesel, las angustiantes reflexiones de Primo Levi, el conmovedor diario de Ana Frank, la sentida música de Wladyslaw Szpilman, el heroísmo trágico de Mordejai Anielewicz, las dramáticas pinturas de Adolf Frankl, películas, documentales, obras de teatro, poesías, y otras tantas manifestaciones culturales e intelectuales que han retratado la agonía del alma humana en esa noche oscura.

Hasta ahora, los actos de conmemoración han cumplido el propósito de honrar la memoria de los asesinados a la vez que alertar a la opinión pública a través de campañas educativas y legislativas bajo la consigna del «Nunca Más». Cada vez resulta más claro que ello deberá reforzarse con un activismo político definido tendiente a contrarrestar la maligna misión de los negadores. Tal como observó el activista libertario canadiense Irwin Cotler ante las Naciones Unidas en Ginebra poco tiempo atrás: «Que sea este día no solo un acto de recordación, que lo es, sino además un recordatorio para actuar, que debe ser».

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Por Julián Schvindlerman

  

El deber de recordar – 18/04/07

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De todas las manifestaciones de odio contemporáneas, la negación del Holocausto destaca por su vigor. Es tan alucinante, tan inconcebible moralmente, que su sola mención remite a un mundo irreal, a una suerte de espacio virtual inmoral habitado sólo por los fanáticos más fanatizados. Negar a las víctimas su sufrimiento es un acto tan vil, tan inhumano, que, correctamente, las sociedades civilizadas han puesto a sus perpetradores fuera de toda aceptación social; algunas naciones lo castigan incluso con la cárcel.

La abundancia de evidencia histórica es tal, que sorprende la persistencia de la ofensiva negacionista. El Holocausto es posiblemente uno de los hechos históricos más investigados, debatidos, testimoniados. Todavía contamos entre nosotros con algunos supervivientes, testigos presenciales de una tragedia indescriptible que toman fuerzas de donde ya no hay para dejar un legado de memoria y advertencia. Aun así, aun cuando hombres y mujeres surgidos de las profundidades del abismo nos hablan con sus brazos tatuados de aquel horror, los herederos ideológicos del nazismo persisten (y no parecen mostrar signos de agotamiento) en la tergiversación del pasado, amparados en la misma judeofobia febril de sus antepasados más cercanos.
 
Se ha postulado que la negación del Holocausto es una forma de antisemitismo. Tal como este último, posee los atributos de la irracionalidad, la malicia y la continuidad. El negador de la Shoá es un antisemita que apela a novedosos recursos para mantener viva la llama del odio al judío, esa llama que lo devora internamente y que tantas veces a lo largo de la historia ha consumido la decencia humana en una hoguera de delirio y sinrazón. Lo que sigue es una sabia observación del académico y activista libertario canadiense Irwin Cotler: «Hay cosas en la historia judía que son demasiado terribles como para ser creídas, pero no tan terribles como para no haber sucedido».
 
Se suceden las conferencias internacionales dedicadas a promocionar la negación del Holocausto: El Cairo y Teherán (2006), Abu Dhabi (2002), Ammán (2001)… En la tristemente célebre Conferencia de Durban (Sudáfrica), celebrada en septiembre de 2001 bajo los auspicios de Naciones Unidas, se incorporaron elementos minimizadores del mismo. Que el encuentro se denominara «Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas de Intolerancia» no fue sino la guinda orwelliana de semejante guiso.

Por lo que hace a Occidente, cuna de este «revisionismo histórico», nos encontramos con que conocidos negacionistas, como David Irving y Robert Faurisson, emprenden acciones legales contra aquellos que los señalan como falsificadores de la historia. Son seres sin alma con egos sensibles, mentirosos que montan en cólera cuando quedan expuestos a la luz de la verdad.
 
Si del odio al judío proviene la negación del Holocausto, la minimización del mismo puede sustentarse en la cobardía. Según el Daily Mirror, una escuela británica ha decidido remover la Shoá de sus clases de Historia para no «ofender» a sus alumnos musulmanes. A éstos se les dice en sus casas y en las mezquitas que el genocidio nazi contra los judíos es un mito, y cuando en el colegio se les enseña lo contrario se alteran.
 
En fechas recientes se inauguró en París la Rue Raoul Wallenberg. Es pequeña y está situada en un barrio marginal. En la placa conmemorativa se ha omitido el hecho de que Wallenberg se dedicó a salvar judíos durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, el hecho por el que ha pasado a la posteridad y por el que, presumiblemente, se le ha dedicado esa placa y esa calle… Por lo demás, la ceremonia inaugural tuvo lugar en la mañana de un sábado, es decir, en pleno shabbat, por lo que fueron numerosos los diplomáticos israelíes y los líderes judíos que no pudieron asistir. «Puede que los responsables tuvieran en cuenta la sensibilidad de los islamistas radicales que viven en el vecindario», aventuró Shimon Samuels, del Centro Simon Wiesenthal.

Con creciente inquietud, advertimos también la extensión de la banalización del Holocausto. «Temo que no hemos aprendido de nuestra historia», ha declarado el profesor alemán Wolfram Richter, de la Universidad de Dortmund, a propósito de la supuesta discriminación europea hacia los inmigrantes musulmanes. «Mi principal temor es que acabemos haciendo a los musulmanes lo que hicimos en el pasado a los judíos». Por su parte, el alcalde de Londres, Ken Livingstone, ve «ecos» de la «demonología de la Alemania nazi» en el debate europeo acerca de la vestimenta musulmana, y la académica Fania Oz-Salzberger, hija del renombrado novelista israelí Amoz Oz, ha comparado la situación de las musulmanas residentes en Europa con la de su abuela, que hubo de huir de Praga ante el avance de las tropas alemanas.
 
Tal como han señalado Efraim Karsh y Rory Miller (de cuya monografía «Europe’s Persecuted Muslims?» he tomado las citas anteriores), esto sucede a la par que aumenta el sentimiento de vulnerabilidad de las comunidades judías en Europa, en gran parte debido a la intimidación violenta que ejercen, precisamente, aquellos que hoy están siendo descritos como posibles víctimas de un nuevo «Holocausto» europeo.
 
En un mundo en que los judeófobos niegan el Holocausto, los cobardes lo minimizan y los cínicos lo banalizan, combatir el olvido cobra especial relevancia. Así pues, los actos que se celebran cada año no deben limitarse a recordar lo sucedido –algo muy digno de por sí–, han ser también ejercicios de cordura, una suerte de antídoto contra la desinformación ambiental.
 
Sigamos el ejemplo de quienes regresaron del mismo infierno con la inquebrantable decisión de narrar lo inenarrable y honrar, así, la memoria de los asesinados. Pongamos sobre aviso a nuestros contemporáneos y contribuyamos a preservar la valía y la memoria de los desamparados, su triunfo moral ante la encarnación del Mal.
 

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Por Julián Schvindlerman

  

El CDH e Israel: la reforma futil – 27/03/07

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Si la tendenciosidad anti-israelí de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas había alcanzado antaño proporciones absurdas, la parcialidad de la nueva y empeorada comisión (ahora llamada Consejo de Derechos Humanos) ha llegado a niveles demenciales.

En su primer año de vida, el CDH ha adoptado ocho resoluciones de condena contra Israel y otras cuatro resoluciones están siendo preparadas por el bloque islámico para la actual sesión, inaugurada a comienzos de marzo. En el mismo período, ninguna otra resolución ha sido adoptada en condena de algún otro país. Esto es: ni China, ni Cuba, ni Sudán, ni Irán,  entre tantísimos otros abusadores seriales de derechos humanos básicos. El CDH, a su vez, ha mantenido más reuniones extraordinarias para condenar al estado judío que reuniones ordinarias propias de su trabajo. Una propuesta en circulación al momento de escribir estas líneas apunta a remover a varios de los 41 relatores especiales de la ONU cuya misión consiste en documentar los abusos a los derechos humanos que año tras año acaecen en nuestro planeta. Vale decir que la misma entidad que debería estar observando la situación de los derechos humanos en el mundo estaría considerando frenar, precisamente, tal actividad de observación. Pero no es esto tan grave, sin embargo, dado que algunas naciones seguirían siendo estudiadas. La propuesta en cuestión asegura, puntualmente, la continuidad de la misión del relator que monitorea los derechos humanos de los palestinos.

Como ha escrito Hillel Neuer, actual director ejecutivo de United Nations Watch, una ONG suiza que intenta admirablemente corregir la politización de las Naciones Unidas: “En la ONU, Israel por largo tiempo ha sido demonizada como el peor violador de la ley internacional. Pero ahora, bajo el supuestamente reformado Consejo de Derechos Humanos, Israel se ha convertido en el único violador”. Tal es el descrédito de esta institución que incluso Kenneth Roth -director ejecutivo de Human Rights Watch, una organización internacional de defensa de derechos humanos muy crítica de las políticas israelíes hacia los palestinos- ha dicho de la CDH que “hasta ahora ha sido enormemente decepcionante”. El Consejo de Derechos Humanos fue creado un año atrás por una votación de la Asamblea General (170-4) para reemplazar a la cuestionada Comisión de Derechos Humanos, iniciativa generada en gran medida a instancias del entonces secretario-general, el ghanés Kofi Annan, quién creía que la organización había “puesto una sombra sobre la reputación del sistema de las Naciones Unidas en su totalidad”. Al cabo de un año, la performance de la nueva comisión ha sido tan mala que incluso el nuevo secretario-general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon ha indicado que ésta “claramente no ha justificado todas las esperanzas que tantos de nosotros hemos puesto en ella”.

 ¿Por qué sucede esto? Sencillamente, porque se permite membresía a cualquier nación totalitaria que desee -y votación mediante pueda- incorporarse, independientemente del récord en materia humanitaria o democrática de la nación en cuestión. Una vez asentadas en la Comisión de Derechos Humanos, estas naciones forman bloques de solidaridad para garantizar su inmunidad frente a toda iniciativa de crítica adversa. De esta forma, la CDH pierde relevancia política y autoridad moral. Asimismo, el hecho de que el surrealismo y el doble-discurso se hayan convertido en su marca registrada, no augura bien para el futuro mejoramiento de la misma. Unos pocos años atrás, cuando quien escribe era delegado de United Nations Watch ante la ONU en Ginebra, el ejercicio de la presidencia de la CDH cayó en manos de Libia (legendario arrollador de derechos humanos). El mismo año, la presidencia de la Conferencia sobre el Desarme caería sobre Irak (acusada entonces por el Consejo de Seguridad de desarrollar armamento no convencional) y como Saddam Hussein optó por declinar la distinción, ésta paso a manos de Irán (hoy expuesto como un constructor nuclear ilegal). En previas sesiones, Israel ha sido acusada de asesinar a niños cristianos para emplear su sangre en la cocción de matzot, y se ha denunciado a los Estados Unidos de América de querer conquistar el universo. En la actual sesión del CDH, el representante cubano acusó a Suecia de llevar a cabo una limpieza étnica para que los pobladores luzcan solo “como conquistadores vikingos”, en tanto que el delegado iraní criticó a Francia por pisotear “sistemáticamente” los derechos de los musulmanes en su país. (Estas declaraciones fueron en respuesta a Suecia y Francia por haber definido a Cuba e Irán, respectivamente, como países en los que los derechos humanos no son respetados). Disparates como éstos, acumulados con el transcurso del tiempo, han ido limando la credibilidad de la Comisión hasta que quedó finalmente expuesta por lo que es: una institución de ideales nobles profundamente corrompida por las políticas inmorales de sus estados-miembro tiranos.

 Una institución presuntamente protectora de los derechos humanos que incluye a Arabia Saudita y a la que EE.UU. rechaza incorporarse, ciertamente tiene un problema. Mientras las dictaduras del orbe quieran entrar y la democracia más robusta del globo quiera salir, y mientras en sus sesiones anuales las naciones libres sean difamadas a la par que las totalitarias exculpadas, difícilmente pueda el Consejo de Derechos Humanos gozar siquiera de un semblante de respetabilidad…y mucho menos de efectividad a la hora de velar por los derechos humanos de quienes más lo necesitan.

Nota originalmente publicada en Keter

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Por Julián Schvindlerman

  

Cirque du Kirchner – 14/03/07

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El presidente de la nación más poderosa sobre la faz de la tierra anuncia una gira latinoamericana y la Argentina queda excluida de la agenda presidencial. El gobierno interpreta el hecho como un agravio a la patria y un insulto al presidente de los argentinos y decide responder con su propia ofensa: la organización de un encuentro multitudinario anti-Bush en la capital del país con el presidente venezolano Hugo Chávez como invitado especial y orador principal. El día es elegido de manera que coincida con la presencia del presidente norteamericano en el Uruguay, país con el que la Argentina de Kirchner sostiene un conflicto absurdo. Así, con un único gesto político nuestro presidente ha alcanzado tres logros simultáneos: ofender gratuitamente a los Estados Unidos de América, acentuar el ya de por sí desafortunado alejamiento de la República Oriental del Uruguay, y -acaso el logro más perturbador- aproximar a nuestro país a una irresponsable alianza con la República Bolivariana de Venezuela.

Esta manera de confeccionar la política exterior es tan infantil (“si [Bush] viene a la región y no a la Argentina, acá vendrá Chávez” sintetizó un dirigente cercano al presidente) que lo lleva a uno a especular con una motivación más auténtica detrás de esta decisión presidencial. ¿Será ésta una devolución de favores a Venezuela por la compra de bonos argentinos y el rescate de la empresa Sancor? ¿Será éste un regalo simbólico de Kirchner a Chávez para afirmar la lealtad argentina a la causa bolivariana? ¿Será un indicio obvio de las preferencias ideológicas de nuestro “inclasificable” presidente? Los estadounidenses tienen una expresión que dice más o menos esto: si luce como un pato, camina como un pato, y suena como un pato…¡entonces es un pato! Es decir, más allá de lo especulativo, lo que vemos es lo que hay. Y lo que hay es un clarísimo posicionamiento argentino cada vez más cercano al ideal chavista.

La reciente reformulación castrense a propósito de las nuevas hipótesis de conflicto ahondan aún más esta impresión. Conforme a esta nueva concepción militar, la República Argentina debería prepararse para un escenario tal en el que una potencia ávida de recursos naturales escasos, por ejemplo agua dulce, podría invadir nuestra patria con el objeto de la usurpación de lagos, glaciares y acuíferos. La nueva visión prevé maniobras defensivas tales como la guerra de guerrillas y la organización de la resistencia civil. Este nacionalismo alarmista tiene fuertes ecos en la doctrina militar venezolana que la ha impulsado a comprar cien mil rifles de asalto Kalashnikov para armar al pueblo ante el prospecto de una invasión norteamericana (y que además ha transformado a Venezuela en el mayor comprador de armas de América Latina, delante de otros grandes compradores internacionales de armamento tales como Pakistán e Irán).

Vale recordar que la cartera de defensa está hoy en manos de Nilda Garré, ex embajadora argentina ante Caracas, y que fue un ex funcionario del actual gobierno -el ex subsecretario de Tierras para el Hábitat Social Luis D´Elía- el protagonista de aquél incidente de falso patriotismo en el cuál violó la propiedad privada de un terrateniente extranjero en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes, en nombre de la misma “dignidad y la soberanía” que esta nueva doctrina militar nos alerta podría estar bajo amenaza imperial. Y el círculo se completa al tener presente que una de las agrupaciones convocadas por la Casa Rosada para vivar a Chávez en el acto anti-Bush fue la Federación de Tierra y Vivienda del mismo Luis D´Elía, personaje que a su vez acababa de regresar de un viaje de solidaridad a Teherán con la intención anunciada de demostrar que el atentado contra la AMIA en 1994 no ha sido obra de Irán.

La Venezuela de Hugo Chávez es una fuerte aliada de la República Islámica de Irán de Mahmoud Ahmadinejad; a la sazón negador del Holocausto, autodeclarado aspirante a cometer un genocidio, y lunático apocalíptico. A comienzos de este año, en ocasión de la visita del iraní a Caracas, ambos anunciaron la creación de un fondo estratégico de dos mil millones de dólares para asistir a los gobiernos izquierdistas que deseen “liberarse del yugo imperialista” (la asistencia económica de Estados Unidos hacia América Latina anunciada por el presidente Bush en vísperas de su gira rondaba esa misma cifra). Uno de los países de la región con mayor presencia de la agrupación islamista Hizbollah es Venezuela, especialmente en la isla Margarita, una zona de libre comercio que alberga una importante comunidad árabe/musulmana, y la zona de Maracaibo, con adeptos indígenas de la tribu Wayuu conversos al Islam. Resulta llamativo que nada de esto parezca inquietar a los actuales gobernantes de la Argentina; país en el que Hizbollah está acusada de ser la autora de dos atentados terroristas de envergadura y cuya justicia pidió la captura internacional de ex líderes iraníes.

En resumidas cuentas, Irán es gobernada por un régimen teocrático fundamentalista, patrocinador de terrorismo internacional y constructor nuclear ilegal. Su principal aliado en Latinoamérica es Venezuela, la que es gobernada por un militar golpista, revolucionario y populista que ha convertido a esa nación caribeña en un país altamente militarizado, socialmente fracturado y políticamente enemistado con Washington, a la vez el mayor enemigo de Teherán. Exactamente que pretende ganar Nestor Kirchner al asociar a la Argentina a esta nefasta comunión está más allá de toda comprensión. Chávez y Ahmadinejad llevan adelante un programa estratégico ambicioso. La Argentina no debería estar ni remotamente cercana al mismo. Lamentablemente, la política circense de nuestro gobierno no nos reasegura demasiado en este sentido.

Comunidades, Comunidades - 2007

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Las fotografias no premiadas – 27/02/07

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A mediados de febrero fue publicado mundialmente el resultado del certamen World Press Photo 2007, posiblemente el más prestigioso de su clase, cuya edición número 50 acababa de completarse. En el mismo participaron 4460 fotógrafos de 124 países que presentaron 78.083 imágenes, de las cuáles el jurado galardonó tan solo a 60 de ellas y en donde solamente una recibió el premio principal como la mejor foto del año que terminó. ¿Y adivine sobre que trató la foto ganadora de este hipercompetitivo concurso global? Por supuesto, sobre la infinita maldad israelí. La mejor fotografía del 2006 fue aquella que retrató la devastación de Beirut luego de los bombardeos israelíes durante la última guerra en El Líbano.

El jurado, presidido por una editora del New York Times e integrado por fotógrafos profesionales, editores de imagen y representantes de agencias de prensa de varios países, definió diez categorías diferentes las que a su vez estaban subdivididas en dos secciones. De las seis categorías relevantes a los propósitos de este artículo (vale decir, desconsiderando las categorías no políticas tales como “naturaleza”, las dos asignadas a “deportes”, y la de “arte y entretenimiento”), en cuatro de ellas hubo fotografías premiadas referentes a Israel. De esas cuatro categorías, en tres de ellas los primeros premios fueron para fotos que abordaban temática sobre Israel. En la única categoría en la que Israel estuvo presente sin haber obtenido el primer premio, la mitad de las fotografías seleccionadas eran relativas a ella. A su vez, una de las dos únicas fotografías receptoras de una “mención de honor” era sobre Israel. En otras palabras, de un total de 38 imágenes galardonadas en las categorías relevantes a asuntos políticos actuales, siete de ellas referían a Israel. Quiere decir que casi una quinta parte de estas fotos destacadas -previamente seleccionadas de entre más de 78.000 fotografías presentadas desde los cuatro puntos cardinales- estaban vinculadas al estado judío.

Esto nos muestra, una vez más, la atención desproporcionada que recibe Israel en nuestro planeta y su mala imagen a escala global. Invariablemente, las únicas dos situaciones retratadas en las fotografías en cuestión eran mayoritariamente sobre los estragos derivados de la incursión israelí a El Líbano y, en menor medida, sobre la retirada israelí de la Franja de Gaza. Ciertamente hubo fotos galardonadas que abordaron otras y muy diversas temáticas contemporáneas también: desde la violencia contra la mujer en Guatemala hasta la crisis humanitaria del Sudán, y desde las protestas en Nepal hasta la injusticia social en México. Incluso un tercer premio en una de las categorías fue para una imagen del asesinato a sangre fría de un palestino acusado de colaboración con las autoridades israelíes, efectuado por militantes palestinos en la vía pública.

Aún así, no deja de llamar la atención que tantos premios en tan variadas categorías hayan sido reservados para Israel y su presunta violencia. Los temas subyacentes en las fotografías relativas a Israel son los clásicos del género: el uso desproporcionado de su fuerza militar y la victimización árabe (los libaneses parecen haber desplazado a los palestinos en este caso). El foco está puesto en el sufrimiento libanés, y aquí advertimos una acentuada selectividad. Dejando de lado la inexistencia de fotos premiadas a propósito del daño y las muertes provocadas por los más de 4000 misiles disparados por Hizbollah contra los israelíes en 33 días, es dable recordar que durante la misma guerra terroristas del Hizbollah usurparon hogares de civiles indefensos libaneses para instalar plataformas lanza-misiles y los usaron como escudos humanos ante la esperada represalia israelí. Más no hubo fotos galardonadas sobre este acto de barbarie (asumiendo que algún fotoperiodista se haya molestado en tomarlas).

Es más, precisamente el año pasado -es decir, durante el período cubierto por el certamen- más de 600 palestinos fueron asesinados en Bagdad solamente y otros 100 fueron secuestrados y no se sabe nada de ellos. Los perpetradores son milicianos chiítas que resienten el buen trato brindado a éstos por Saddam Hussein. Conforme al relato de testigos, chiítas extremistas detienen en la calle a transeúntes y les exigen sus documentos de identidad, si comprueban que se trata de un palestino lo fusilan inmediatamente. Esta persecución ha fomentado un éxodo palestino de Irak hacia Siria y Jordania, países que “han impuesto fuertes restricciones al ingreso de refugiados, dejando a muchos de ellos atascados en la frontera en condiciones crueles e inhumanas” según el Jerusalem Post. Quizás haya sido difícil para un fotógrafo captar el momento exacto de las matanzas. ¿Pero por qué razón no hemos visto una sola foto de estos miserables palestinos perseguidos por chiítas iraquíes y abandonados sin misericordia en tierras de nadie por los alawitas sirios y sunitas jordanos? ¿Por qué tiene uno la sospecha que de haber sucedido esto mismo en Cisjordania hubiéramos visto incontables testimonios visuales de la tragedia, dentro y fuera del marco de concursos fotográficos? (Con galardones, desde ya). Este certamen viene desarrollándose casi anualmente desde 1955. En tres oportunidades anteriores la “foto del año” estuvo referida a los palestinos: en 1976 (imagen de refugiados palestinos en Beirut), en 1982 (masacre de palestinos en Sabra y Shatila), y en 1993 (niños palestinos blandiendo armas de juguete en Gaza). ¿Por qué su dolor no ha quedado documentado en imágenes masivamente distribuidas esta vez? ¿Podría ser que el sufrimiento de los palestinos sea ignorado cuando éste no pueda ser directa o indirectamente vinculado a Israel?

En su website, World Press Photo explica sobre el concurso que “éste ofrece un panorama de cómo los fotógrafos lidian con su trabajo en todo el mundo y de cómo la prensa nos da las noticias, juntando fotos de todas partes del globo para reflejar tendencias y desarrollos en el fotoperiodismo”. A la luz de esta selección, parece que tales tendencias y desarrollos son muy evidentes.

Comunidades, Comunidades - 2007

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

¿Eilat también? – 10/01/07

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Quien creyera que los únicos reclamos territoriales foráneos que pesan sobre Israel en la actualidad se restringen a la Franja de Gaza y Cisjordania (por parte de los palestinos), los Altos del Golán (por parte de lo sirios), las granjas Sheba (por parte de Hizbollah), y Jerusalém (por parte del mundo entero prácticamente), bien haría en leer el artículo noticioso del Jerusalem Post del 24 de diciembre último conspicuamente titulado “Canciller egipcio: Eilat permanecerá israelí”. En efecto, parece que hay un debate en la sociedad egipcia a propósito de la propiedad de dicha ciudad.

No mucho tiempo atrás, un grupo llamado El Frente del Pueblo para la Liberación de Umm Rashrash ha sido establecido en Egipto. “¿Umm qué?” se preguntará Ud. Le explico: siglos atrás, los peregrinos que partían de Egipto hacia la Meca solían descansar en un pueblo llamado Bet El Hujaj que con el tiempo pasó a ser conocido como Umm Rashrash hasta que los sionistas arrebataron este trozo de tierra a los egipcios durante la Guerra de la Independencia de 1948/49 y lo rebautizaron con el nombre de Eilat. Los otomanos en 1906 afirmaron la propiedad egipcia sobre esta localidad en un decreto en el que la frontera entre Egipto y Palestina fue creada. Mapas y documentos de la época hallados en los archivos de la Liga Árabe confirman todo ello. Ésta es la verdadera historia, al menos si fuéramos a creerles a los aspirantes a la liberación de Eilat de manos israelíes.

¿Un movimiento marginal? Quizás. Aunque fue fundado por un parlamentario, y uno que además porta un nombre muy simbólico: Tala´at Sadat, sobrino de Anwar Sadat, el asesinado presidente egipcio que entabló el primer acuerdo formal de paz entre una nación árabe y el estado judío. Apenas una generación después, de su propia familia, emerge un disidente nacionalista opositor a la paz con Israel que sustenta su rechazo mediante un reclamo territorial extravagante. A pesar de estar encarcelado por representar “un peligro a las fuerzas de seguridad egipcias”, a las que acusa de haber matado a su tío Anwar, Tala´at ha anunciado que iniciará una colecta de un millón de firmas para presionar por la devolución de Eilat a Egipto y ha logrado instalar el tema como agenda de debate en el Comité de Asuntos Exteriores del parlamento dónde varios diputados opositores ya  han exigido la creación de un comité especial para “estudiar” el caso.

Al tratarse de una iniciativa proveniente de la oposición al presidente Hosni Mubarak, uno podría hallar consuelo en la certeza de que este asunto no es oficial. De hecho, durante el debate acaecido en el parlamento egipcio, el Ministro de Relaciones Exteriores para Asuntos Judiciales, Abdel-Azíz Seif El-Nasr, aclaró que la frontera internacional con Israel fue estipulada en el acuerdo de paz de 1979 entre ambos estados y que la frontera permanente entre los dos países es la establecida durante el Mandato Británico que nunca consideró a Eilat parte de Egipto. Desafortunadamente, al enfatizar el punto ante los parlamentarios opositores, El-Nasr mostró su propia (¿y acaso la del gobierno también?) hilacha: Eilat, dijo, “es territorio palestino, no egipcio”. De regreso a foja cero.

¿Qué tan relevante es este asunto? Es difícil de predecir. Puede que sea un delirio pasajero que abandona la escena sin huella ni impacto, tal como el caso humorístico de 1997 en que dos yemenitas presentaron una querella legal contra la NASA por violación de propiedad privada alegando que ellos habían heredado el planeta rojo de ancestros antiguos y que, en consecuencia, la agencia aeroespacial norteamericana debió haberles solicitado permiso antes de enviar una nave a Marte. O puede que devenga en el éxito de Fatah, una agrupación fundada en Kuwait, inicialmente marginal y ocasionalmente perseguida por los propios dirigentes árabes y que sin embargo llegaría a gobernar al pueblo palestino décadas más tarde. Lo que sí ya sabemos es que es un reflejo del ánimo político reinante aún en naciones signatarias de acuerdos formales de paz con Israel con la que mantienen relaciones relativamente pacíficas.

Desconozco como se dice Herzlia en árabe. Pero tengo la rara sensación de que en el futuro algún personaje árabe nos lo informará…en el nombre de un movimiento pujante por su “liberación”.