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Israel frente al genocido armenio – 02/05/2012

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El pasado 18 de abril el Estado de Israel conmemoró Iom Hashoá, el día de recordación del Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial. Seis días después, el 24, la República de Armenia conmemoró el genocidio de los suyos en manos de los turcos durante la Primera Guerra Mundial. Entre uno y otro evento, el diario La Nación publicó un editorial titulado Israel y el genocidio armenio» (22/4/12) en el cual afirmó que «La admisión israelí de la tragedia abatida sobre el pueblo armenio tendría una tremenda fuerza moral en el mundo actual». El editorial en ningún momento sostuvo que era moralmente inconsistente por parte de Jerusalem homenajear a los seis millones de judíos asesinados a mediados del siglo pasado en Europa y simultáneamente negar reconocimiento -como un genocidio- a la masacre de entre un millón y un millón y medio de armenios acaecida anteriormente. La oportunidad de la publicación, sin embargo, pareció decirlo.

Aún cuando Israel dista de ser el único país del mundo en no admitir el genocidio armenio como tal (sin que ello implique negar la existencia de las masacres), el imperativo ético obliga a la lealtad con la verdad histórica. Y aún cuando apenas poco más de veinte naciones reconocen oficialmente al asesinato masivo de los armenios a partir de 1915 en territorio del Imperio Otomano como un genocidio, el juicio de valor de Israel acarrea un peso simbólico especial. Las razones de la reticencia israelí -así como las de muchos otros estados entre los más de ciento setenta del globo que no definen al acontecimiento como un genocidio- radican fundamentalmente en dos cuestiones: a) la existencia de un debate entre historiadores, y no solamente turcos o armenios, a propósito de si las masacres califican como un genocidio, y b) consideraciones políticas relativas a las relaciones internacionales.

Respecto del primer punto, los hechos parecen ser incontestables. En el contexto de una guerra mundial, los turcos-otomanos forzaron la partida y asesinaron a alrededor de la mitad de la población de las provincias armenias del imperio otomano. Una definición comúnmente aceptada de genocidio es la destrucción sistemática y deliberada, en todo o en parte, de un grupo étnico, nacional, religioso o racial. Eso es lo que los turcos musulmanes hicieron a los armenios cristianos entre 1915 y 1923. Rafael Lemkin, el judío polaco creador del término genocidio, afirmó: «Me interesé en el genocidio porque ocurrió muchas veces. Primero a los armenios, luego de los armenios, Hitler se puso en movimiento». Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz y Premio Nobel de la Paz, dijo: «si hubiera existido la palabra ´genocidio´ por aquellos días, lo que les pasó a los armenios se hubiera llamado genocidio». Yad Vashem, el Museo del Holocausto de Israel, define como un genocidio a la masacre de los armenios. Años atrás, alrededor de cincuenta laureados Nobel publicaron una declaración de reconocimiento del genocidio armenio. Orham Pamuk, Nobel de Literatura turco, también identificó como genocidio a la tragedia armenia.

Respecto del segundo punto, al adentrarnos al campo de las relaciones internacionales, las cosas se tornan más grisáceas. La Argentina forma parte del pequeño grupo de naciones que apoya la posición de los armenios. El Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, canceló una visita al país en el 2010 luego de que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires detuviera la inauguración de un monumento dedicado al fundador de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk, debido a las presiones de la comunidad armenia local. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner telefoneó al premier turco para dar explicaciones pero no hubo caso. En el 2006, el parlamento francés adoptó una resolución que declaró la masacre de armenios como un genocidio. En respuesta, Ankara puso un freno a las relaciones bilaterales militares, congeló los ejercicios conjuntos, prohibió a Paris participar en licitaciones en el área de la defensa y generales turcos honrados por Francia devolvieron sus condecoraciones. Washington no ha reconocido oficialmente a las matanzas como un genocidio, pero cada vez que el congreso se ha movilizado en ese sentido, las deliberaciones domésticas y las protestas turcas fueron intensas.

En esta área, la realpolitik prima. En un esfuerzo por preservar una alianza estratégica con una importante nación islámica, Israel eludió abordar el delicado asunto por largos años. Su cancillería incluso hizo lobby en los Estados Unidos para obstruir progreso cuando el debate se instaló en Washington. Ahora que Turquía ha enfriado la relación con el estado judío y ha adoptado una postura extremadamente hostil hacia él, desafiándolo públicamente y operando políticamente en su contra, Jerusalem podría deshacerse de sus pruritos diplomáticos y dar luz verde a un reconocimiento postergado. Es cierto que el consentimiento tardío y circunstancial ya no tendrá la validez moral que pudo haber tenido antaño, pero esto es algo que la república de Armenia y el pueblo armenio podrán aceptar.

Después de todo, Armenia sabe algo sobre el pragmatismo. Tiene cerradas sus fronteras con Turquía y Azerbaiyán debido a conflictos históricos y depende de Georgia para obtener salida al mar Negro. También mantiene lazos cordiales con la República Islámica de Irán para reducir su aislamiento geográfico y acceder al mar Caspio. La última vez que revisé, Teherán seguía negando la Shoá.

Página Siete (Bolivia)

Página Siete (Bolivia)

Por Julián Schvindlerman

  

Kofi Annan al rescate – 24/04/12

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Hosni Mubarak de Egipto, Alí Abdullah Saleh de Yemen, Zine Elabidine Ben Alí de Túnez y Muhammar Khaddafi de Libia (si es que puede ver desde el Más Allá) deben estar justificadamente celosos de Bashar al-Assad. Al igual que ellos, el presidente sirio debió confrontar con una población sublevada. A diferencia de ellos, él pudo masacrar a cerca de nueve mil, arrestar a alrededor de doscientos mil, ubicar minas en zonas fronterizas para dañar a fugitivos de la represión, atacar campos de refugiados en países vecinos, torturar niños y negar tratamiento médico a heridos, entre otras barbaridades, y aún así permanecer en el poder por más de un año. Lejos de considerarlo parte del problema, la familia de las naciones parece ponderarlo como parte de la solución a la crisis que él mismo creó y salvajemente perpetuó.

El último diciembre, la Liga Árabe designó a Mustafá al-Dabi, un general sudanés acusado de cometer crímenes de guerra en su país, como el jefe de una delegación árabe enviada a Siria a evaluar la situación en el terreno. Al cabo de unas semanas de monitoreo infructuoso, la comitiva abandonó el país y la violencia continuó sin pausa. En marzo, la Liga Árabe convocó al ghanés Kofi Annan a mediar ante el régimen sirio. Eso marcó una mejoría notable respecto de la elección previa: Annan es un ex secretario-general de las Naciones Unidas, receptor del Premio Nobel de la Paz, con vasta experiencia como negociador internacional y reconocido por la comunidad diplomática global. Bajo una mirada más cuidadosa, empero, su récord como oficial de la ONU y mediador luce poco impresionante e incluso, calamitoso.

Cuando él era jefe del Departamento de Operaciones de Paz de la ONU, acontecieron dos enormes matanzas completamente evitables. En 1994, Annan fue advertido por el comandante de las fuerzas de mantenimiento de la paz en Ruanda, el general Romeo Dallaire, sobre la propagación por el país de armamento que sería usado para cometer una sangría y solicitó autorización para confiscarlo. Annan desconsideró la información y negó el pedido. Tiempo después, milicias hutus atacaron a la minoría de los tutsis. El genocidio ocasionó alrededor de ochocientas mil víctimas. En 1995, el departamento que dirigía Annan tenía la misión de proteger el enclave de Srebrenica, una de las seis zonas declaradas “seguras” por la ONU. Éstas eran habitadas por musulmanes bosnios y estaban rodeadas de serbios. Cuando estos últimos comenzaron su ataque, las tropas de la ONU no intervinieron. Para cuando los serbios se retiraron, ocho mil bosnios yacían muertos.

Dos años más tarde, en 1997, Kofi Annan fue promovido al cargo máximo en la estructura de la ONU. Bajo su mandato (1997-2006) otra crisis humanitaria fenomenal tuvo lugar. En 2003, en Darfur, la población negra local se levantó contra el gobierno árabe de Sudán. El régimen de Jartum armó y respaldó a las notorias milicias Janjawed que acosaron a la población negra con una brutalidad tal que en unos años lograron matar a alrededor de doscientas mil personas y exiliar a cerca de dos millones, sin que la ONU pudiera hacer algo al respecto. Annan a su vez fue responsable de implementar el programa “petróleo-por -alimentos” diseñado en 1996 para dar ayuda humanitaria al pueblo iraquí a la luz de las sanciones internacionales que caían sobre el régimen de Saddam Hussein. El programa tuvo vigencia hasta la caída del líder iraquí en el 2003, período en el cual Saddam abusó de ese proyecto humanitario ante las narices del secretario-general, utilizó dinero allí generado para recompensar a familiares de terroristas suicidas palestinos, comprar armas y darse gustos lujosos. Su hijo, Kojo Annan, se vio implicado en una polémica cuando trascendió que la compañía suiza para la que trabajaba fue contratada por la secretaría-general para realizar tareas de inspección (bien remuneradas) en el país árabe.

Annan también participó en una misión a Damasco en el 2006, luego del cese de las hostilidades entre el ejército israelí y el movimiento Hezbollah en el Líbano. Bashar al-Assad prometió al diplomático de la ONU que no permitiría que llegara armamento de Siria al Líbano. La promesa fue incumplida. En la actualidad se estima que, desde entonces, esa agrupación patrocinada por Irán ha duplicado su arsenal de cohetes y misiles. Ahora, llamado a intervenir en la crisis siria, Annan ha presentado un plan de seis puntos que fue aceptado -aunque sólo parcialmente implementado- por el gobierno de Damasco. Su propuesta contiene elementos positivos pero falla en no pedir por la salida de Bashar al-Assad, ni por un juicio eventual contra su persona, ni ofrecer un esquema de transición del poder. Que China, Rusia e Irán hayan aplaudido el plan dice algo.

Quizás no sea realista esperar que Annan, tanto en sus funciones pasadas de responsable máximo de la ONU o en sus actuales como mediador, resuelva muchos de los más graves problemas mundiales. Incluso su propuesta pacificadora para Siria podría llegar a funcionar. Pero sus antecedentes poco estelares deben elevar alertas sobre las consecuencias potenciales de sus gestiones.

Comunidades, Comunidades - 2012

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

El poema político de Günter Grass – 18/04/12

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Corría el año 2006 y el septuagenario premio Nobel de Literatura alemán Günter Grass sentía que debía salir del armario y confesar públicamente algo incómodo de su pasado. Lo volcó en su autobiografía Pelando la cebolla en la cual admitió haber sido un joven miembro de las Waffen-SS: “Hace décadas que me negaba a reconocer esa palabra y la doble S. Lo que en los estúpidos años de mi juventud había aceptado con orgullo se transformó después de la guerra en una creciente vergüenza que quería silenciar… Hay que vivir con eso los años que quedan”.

Seis años después, un nuevo impulso lo ha urgido a exteriorizar un sentimiento que lo agobia, algo tan denso -cuyo “silencio general sobre ese hecho, al que se ha sometido mi propio silencio, lo siento como gravosa mentira” según ha escrito- que debía ser expurgado de su interior. De ahí el título grandioso de su poema-denuncia “Lo que hay que decir”.

¿Y que es lo que tenía que decir Herr Grass? ¿Qué lo atormentaba de modo tan acuciante? ¿Qué calamidad había precipitado en su interior ese tsunami emocional, esa urgencia por alertar? La causa de su malestar intelectual/sentimental era, como la de tantos otros pseudo-moralistas modernos, el Estado de Israel, “al que estoy unido y quiero seguir estándolo”. Por supuesto, como muchos de los más fieros críticos de Jerusalem, Grass eligió proclamar su amistad con el país que estaba a punto de demonizar. En su caso ya no blande la espada de la tradicional preocupación por la cuestión palestina; el tema ha quedado relegado en la conciencia colectiva de los indignados morales del mundo ante el más actual asunto del programa nuclear de Irán. Y tal como los adeptos a la reversión factual tan característica de la disputa palestino-israelí, el escritor alemán opta por ver al estado agresor como una víctima y al estado señalado para la obliteración como el provocador.

La excusa del alegato fue la venta de Alemania a Israel de “otro submarino cuya especialidad es dirigir ojivas aniquiladoras hacia donde no se ha probado la existencia de una sola bomba, aunque se quiera aportar como prueba el temor…”. ¿Como prueba el temor? La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha publicado informes altamente detallados y profesionales dando cuenta del estado de evolución del programa nuclear de Irán. El bueno de Günter no los debe haber leído. Evidencia adicional de ello es su afirmación sesgada de que “Israel, potencia nuclear, pone en peligro una paz mundial” mientras que en Irán tan sólo “se sospecha la fabricación de una bomba atómica”. Es decir, respecto del estado judío Grass no tiene dudas de que es una potencia nuclear aún cuando Israel jamás ha admitido ello, pero a Irán le concede el beneficio de la duda, a pesar de que la AIEA ha denunciado que ese país trabajó “en el desarrollo de un diseño local de un arma nuclear incluyendo el testeo de componentes”. No menos sorprendente es su condena al “supuesto derecho a un ataque preventivo, el que podría exterminar al pueblo iraní”, puesto que Israel no ha amenazado con exterminar al pueblo iraní, en tanto que el régimen de Teherán sí ha amenazado con aniquilar a todo el pueblo israelí, hecho que no merece consideración -o apenas una mención- en el texto de Grass. Y desde ya que la noción de que Israel es un peligro para la paz mundial, tal como el laureado escritor alemán sugiere, es un clásico de la narrativa antiisraelí contemporánea.

La refutación fáctica del poema-denuncia es innecesaria. Ya sabemos con lo que estamos lidiando. Y Günter Grass también. Por eso se ataja preventivamente con la frase “´antisemitismo´ se llama la condena”. Tan típico. Ya no se puede advertir a propósito de una posible motivación antisemita en los alegatos de los antisemitas. Hemos de asumir que siempre la crítica/condena/difamación de Israel es legítima, bienintencionada, noble. Pero algo hace ruido. Que un alemán que fue miembro de las Waffen-SS decida pontificar sobre el supuesto peligro atómico de Israel a la par que minimizar el muy real peligro nuclear iraní, que lo haga por medio de un texto publicado simultáneamente en cuatro diarios internacionales, y en el preciso momento en que la familia de las naciones tiene en el foco a Irán es, cuando menos, curioso. Con todo, puede que Grass simplemente esté despistado. Tal como señaló el parlamentario cristiano-demócrata alemán Ruprecht Polenz, “siempre que se refiere a temas políticos tiene dificultades y casi nunca da en el clavo”.

Y sin embargo, no podemos dejar de notar que de toda una constelación de amenazas globales, el autor alemán eligió destacar de manera extraordinaria para la condena al estado judío. Günter Grass pudo haber escrito poemas sobre la falta de libertad en Cuba, o sobre la represión del régimen sirio, o sobre los ensayos nucleares de Corea del Norte. Pero la patología de la obsesión antiisraelí lo traicionó. Y ahora que ha sacado al genio de la botella, tal como cuando hizo su confesión nazi, deberá hacerse cargo de sus palabras.

Mundo Israelita

Mundo Israelita

Por Julián Schvindlerman

  

Caos en Afganistán – 06/04/12

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Según una encuesta de finales de marzo llevada a cabo por el New York Times y CBS, siete de cada diez estadounidenses considera que las tropas de su nación no debieran permanecer en Afganistán. El dato refleja cansancio popular con la prolongada presencia norteamericana en el caótico país musulmán, y es posible que tres hechos recientes hayan tenido su impacto en la opinión pública local. El primero concierne a un video que mostraba a soldados estadounidenses orinando sobre cadáveres de supuestos talibanes abatidos. El segundo refiere a la destrucción por fuego de libros del Corán en una base militar en las afueras de Kabul, lo que se atribuyó a un error o a una preocupación por presuntos mensajes ocultos de la insurgencia en el texto sagrado. El tercero comprende a un sargento norteamericano que súbitamente masacró a diecisiete civiles indefensos en Kandahar. Cada uno de estos hechos provocó reacciones airadas por parte de la población afgana, tensó las relaciones entre los gobiernos de ambos países y afectó el delicado diálogo entre Washington y los talibanes. En conjunto, no podían dejar de tener un impacto directo en la percepción colectiva estadounidense sobre el devenir de esta guerra.

Pero a ellos debe agregarse otro desarrollo que aumenta la impaciencia reinante: los ataques regulares contra fuerzas de la coalición por parte de soldados afganos.

Uno de tales hechos ocurrió a comienzos de año, cuando cuatro soldados franceses perdieron sus vidas y otros dieciséis resultaron heridos. Eso elevó a ochenta y dos la cantidad de personal militar francés que cayó en aquél país desde el 2001. Sólo que en este incidente, el agresor no surgió de las filas de los talibanes que han estado desde entonces agobiando con actos de guerrilla y terror a los miembros de la coalición global y a la sociedad civil afgana, sino del propio ejército nacional.

En los últimos cinco años, más de cuarenta ataques ocurrieron en los que el agresor pertenecía a la policía o al ejército afgano, provocando la muerte a cerca de ochenta soldados de ejércitos extranjeros apostados para garantizar la estabilidad y, paradójicamente, la seguridad de esa nación musulmana. Las tres cuartas partes de estos atentados acontecieron desde el año 2010. Preocupado por las dimensiones del problema, el gobierno tomó una decisión curiosa: instruyó al ejército a que espiara a sus propios soldados.

Como parte del plan, agentes del Directorado Nacional de Seguridad, el organismo de inteligencia del país, serán desplegados en varias localidades de modo de seguirles los pasos a los reclutas y familiarizarse con ellos en las bases militares mientras atraviesan las varias fases del entrenamiento castrense. Incluso monitorearán a los soldados durante sus licencias de fin de semana, pues muchos pasan sus días de descanso en zonas densamente pobladas por islámicos radicales, o viajan a regiones fronterizas con Pakistán o a la nación vecina misma (donde los talibanes también operan), y retornan con una actitud hostil hacia sus colegas en armas occidentales.

Tal precisamente fue el caso del asesino de los franceses: se trató de un joven afgano de veintiún años que dejó el ejército, viajó a Pakistán, regresó al ejército (soborno mediante) y acometió contra las tropas foráneas. Según algunos reportes de prensa, el ejército ya ha recopilado una lista con los nombres de los reclutas relacionados a Pakistán y oficiales han dado un ultimátum a soldados afganos cuyas familias residan en ese país: o mudarán a sus parientes a Afganistán o deberán dejar los cuarteles. “Cuando [nuestros soldados] están en Pakistán pueden ser influenciados o intimidados por el enemigo”, afirmó Sher Mohammad Karimi, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Afganistán, “es una gran preocupación, y es algo que estamos tratando de cambiar”.

Purgar a células dormidas enemigas dentro del ejército no será una tarea menor, especialmente en una nación con fuertes divisiones étnicas y sectarias. Prevenir los actos violentos de individuos alienados o de ideología cambiante será más difícil todavía. Pero el esfuerzo es absolutamente necesario. Para los soldados de la OTAN, combatir a los talibanes ya es un desafío importante. Si además deberán hacerlo mirando constantemente a sus espaldas, su misión se tornará imposible.

Compromiso

Compromiso

Por Julián Schvindlerman

  

La resurrección (legal) de Mein Kampf en Alemania – 04/12

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Año 4 – Nro 21

En noviembre de 1923, Adolf Hitler junto a un grupo de seguidores intentó derrocar al gobierno bávaro. Fue arrestado, enjuiciado y sentenciado a cinco años de prisión, pero cumplió apenas una fracción de su condena.

Hitler usó efectivamente su tiempo en prisión. Durante los nueve meses que estuvo en la cárcel dictó a Rudolph Hess anécdotas autobiográficas y observaciones políticas que darían forma a una de las obras más perniciosas e influyentes del siglo XX: Mein Kampf (Mi Lucha). Inicialmente, quiso titular a su libro Cuatro años y medio de lucha contra las mentiras, la estupidez y la cobardía, pero su editor Max Amann, jefe de Franz Eher Verlag, sugirió el título por el cual su relato-arenga de alrededor de setecientas páginas es conocido.

El libro se publicó en dos volúmenes, en 1925 y 1926, se convirtió en un best seller e hizo rápidamente a Hitler millonario. Para 1933, Mein Kampf había vendido un millón de ejemplares y para 1945 había vendido diez millones de copias. Su popularidad eclipsó los trabajos de otros miembros del Partido Nazi -tales como Quebrando el interés esclavista de Gottfried Feder y El mito del siglo veinte de Alfred Rosenberg- y tuvo su edición de lujo en 1939, en ocasión del cumpleaños número cincuenta del Fhürer. El éxito editorial fue más resultado de la política nazi de obsequiar un ejemplar a cada pareja recién casada en Alemania a partir de 1936 que de su calidad literaria. El propio Benito Mussolini, el fascista italiano aliado del Nazismo, dijo que el libro era “un tomo aburrido que nunca he podido leer” y que las ideas vertidas en sus páginas eran “poco más que clichés comunes”. A la vez, sus ideas nacionalitas radicales y postulados racistas fueron bien recibidos por un importante segmento de la sociedad alemana de la época. Además de las ediciones de 1925/26 y la de 1936, una nueva edición fue publicada en 1940 por la Oficina Postal Nazi para que los alemanes enviaran el texto a sus familiares en el frente.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Mein Kampf ha estado prohibido en Alemania. El Estado de Baviera heredó los derechos de autor de la obra y ha pujado por frenar su divulgación pública. En 1999, por caso, luego de que el Centro Simon Wiesenthal alertara que Amazon y Barnes and Noble estaban ofreciendo ejemplares del libro a residentes en Alemania, el Estado de Baviera intervino y logró detener esas ventas. A principios de año frustró los deseos de un editor británico de publicar fragmentos de la obra en un semanario. Pero ahora, enfrentado al hecho de que su copyright vencerá el 1 de enero de 2016 (cuando se cumplirán setenta años de la muerte de Hitler y según la ley alemana caducarán los derechos de autor), ha decidido publicarla. Conciente de que editores neonazis u oportunistas harán uso de esa libertad, el Estado de Baviera optó por hacer pública la obra de Hitler acompañada de comentarios de historiadores que la pondrán en contexto. A su vez, la disponibilidad del volúmen en Internet ha hecho cada vez más dificultosa la tarea de contener su propagación.

Para una nación que ha abordado su pasado nazi de manera ejemplar, donde usar públicamente una esvástica o hacer el saludo nazi es considerado un delito, no será fácil lidiar con el nuevo escenario. La sola idea de ver en un futuro no muy lejano a algún pasajero cómodamente sentado en su asiento de ómnibus leyendo Mein Kampf en Berlín resultará intensa para muchos, especialmente sobrevivientes de la Shoá. Y aún cuando el libro es hoy en día vendido libre y masivamente en muchos otros países, puntualmente en el Medio Oriente, su aparición en la esfera pública alemana conlleva una sensibilidad especial. Dadas las circunstancias, la determinación de publicar esa obra nefasta comentada por historiadores, luce sabia.

Posdata: menos conocida es la historia de la secuela de Mein Kampf que Hitler presuntamente dictó en Munich a partir de 1928. Según Gerhard Wienberg -investigador judeo-alemán-norteamericano, autor de El segundo libro de Hitler: la secuela no publicada de Mein Kampf- convencido de que el fiasco electoral de aquél año fue producto de la incomprensión popular de sus ideas, Hitler produjo un nuevo manuscrito de alrededor de doscientos páginas. Este no fue editado ni publicado durante la época nazi y el propio Hitler ordenó que fuese guardado en una caja de seguridad en 1935, aparentemente preocupado porque los objetivos de su política exterior detallados en el manuscrito cobraran estado público. Fue descubierto inicialmente en 1945 por un oficial norteamericano, pero tomó estado público recién a partir 1958 cuando fue hallado en los Estados Unidos en un archivo de material nazi capturado por los aliados. Fue publicado en Alemania en 1960 por el Instituto de Historia Contemporánea asentado en Munich, con una introducción y observaciones del historiador que lo encontró. Se lo llamó Zweites Buch (El Segundo Libro). Algunos historiadores cuestionan que la autoría de este texto sea del propio Hitler.

Comunidades, Comunidades - 2012

Comunidades

Por Julián Schvindlerman

  

Iron Dome: El nuevo milagro Israelí – 28/03/12

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Durante todo el año 2010, Hamas, la Jihad Islámica Palestina, los Comités de Resistencia Populares y otros grupos terroristas asentados en la Franja de Gaza dispararon 365 cohetes contra Israel. Durante todo el 2011, estos movimientos fundamentalistas lanzaron 680 cohetes desde Gaza contra poblados israelíes. Solamente durante una semana de marzo del 2012, alrededor de 200 cohetes fueron arrojados contra el estado hebreo.

Esta nueva confrontación surgió a partir de que la fuerza aérea israelí matara a Zuhair Qaisi, líder de los llamados Comités de Resistencia Populares, mientras se desplazaba en automóvil en Gaza. En el operativo resultó también muerto un terrorista palestino que había sido liberado como parte del acuerdo por el soldado Gilad Shalit. Qaisi, según fuentes israelíes, estaba planeando un atentado inminente similar al ataque múltiple que perpetró en agosto del año pasado con armas y bombas que provocó la muerte a ocho israelíes en los alrededores de la ciudad turística de Eilat. En respuesta a la andanada de proyectiles, la fuerza aérea israelí atacó Gaza, ocasionando la muerte inicialmente a 26 palestinos, de los cuales 22 eran combatientes armados. Con el correr de los días una frágil tregua fue acordada por medio de Egipto y el prospecto no improbable de una conflagración mayor disminuyó, aunque no desapareció.

Una de las razones que explican que la situación bélica no haya -durante esos primeros siete días de alta conflictividad- precipitado una incursión israelí mayúscula en la franja, como ocurrió entre diciembre de 2008 y enero de 2009 en la denominada Operación Plomo Fundido, yace en el hecho de que no hubo víctimas fatales dentro de Israel. Ciertamente la normalidad fue alterada, pero no hubo grandes daños de infraestructura ni caídos. Ello se debió a la excelente performance de una nueva arma defensiva de diseño y fabricación israelí: el sistema de defensa antimisil Irom Dome.

Este es el primer sistema antimisil capaz de detectar y destruir cohetes de corto alcance en un lapso de pocos segundos. Fue creado con el objeto de dar respuesta a los continuos lanzamientos de cohetes por parte tanto de Hamas desde Gaza como de Hezbollah desde el sur del Líbano. Irom Dome consiste de un radar, un centro de comando y un lanzador de misil que detecta el instante en que el proyectil fue disparado, evalúa su trayectoria y, si el mismo está orientado hacia un centro poblado o una zona de infraestructura crítica, instruye al sistema a lanzar dos misiles antimisiles para interceptarlo en el aire.

Cada batería tiene un costo de unos cincuenta millones de dólares y cada misil que dispara cuesta unos cincuenta mil dólares. Por el momento, Israel tiene desplegados tres Iron Dome en la zona sur del país, en Beersheba, Ashdod y Ashkelon, pero el ministro de defensa sostiene que trece baterías son necesarias para proteger a toda la nación. En el escenario de batalla de la semana en cuestión, Iron Dome interceptó más de 40 cohetes palestinos en pleno vuelo (los restantes volaban hacia zonas no habitadas). Tuvo un porcentaje de éxito que rondó el 90%.

Si estos cohetes hubiesen caído en las regiones pobladas a las que estaban dirigidos, seguramente hubiesen provocado muertes y daños materiales. La presión popular por una represalia militar hubiera sido enorme. Iron Dome es un arma estratégica, pero le dio al gobierno israelí margen de maniobra política al calibrar una respuesta. Junto con los Patriot, que fueron usados a inicios de los años noventa para repeler los misiles Scud que Saddam Hussein arrojó contra Israel, y el sistema Arrow II, diseñado para contrarrestar los misiles iraníes Shahab-3 de largo alcance, conforman un escudo protector del estado judío ante amenazas militares importantes.   

La tecnología de vanguardia del Estado de Israel por si sola no podrá frenar las pulsiones violentas de los grupos terroristas que lo rodean. Por ahora, sin embargo, ha demostrado ser una valiosa y efectiva herramienta de contención. Militarmente, ha evitado fatalidades. Políticamente, ha dado al gobierno la opción de ser flexible. Bajo esta mirada, cincuenta millones de dólares no lucen tan caros.  

  Artículo originalmente publicado en Infobae

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Iron dome: el nuevo milagro israelí – 28/03/2012

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Durante todo el año 2010, Hamas, la Jihad Islámica Palestina, los Comités de Resistencia Populares y otros grupos terroristas asentados en la Franja de Gaza dispararon 365 cohetes contra Israel. Durante todo el 2011, estos movimientos fundamentalistas lanzaron 680 cohetes desde Gaza contra poblados israelíes. Solamente durante una semana de marzo del 2012, alrededor de 200 cohetes fueron arrojados contra el estado hebreo.

Esta nueva confrontación surgió a partir de que la fuerza aérea israelí matara a Zuhair Qaisi, líder de los llamados Comités de Resistencia Populares, mientras se desplazaba en automóvil en Gaza. En el operativo resultó también muerto un terrorista palestino que había sido liberado como parte del acuerdo por el soldado Gilad Shalit. Qaisi, según fuentes israelíes, estaba planeando un atentado inminente similar al ataque múltiple que perpetró en agosto del año pasado con armas y bombas que provocó la muerte a ocho israelíes en los alrededores de la ciudad turística de Eilat. En respuesta a la andanada de proyectiles, la fuerza aérea israelí atacó Gaza, ocasionando la muerte inicialmente a 26 palestinos, de los cuales 22 eran combatientes armados. Con el correr de los días una frágil tregua fue acordada por medio de Egipto y el prospecto no improbable de una conflagración mayor disminuyó, aunque no desapareció.

Una de las razones que explican que la situación bélica no haya -durante esos primeros siete días de alta conflictividad- precipitado una incursión israelí mayúscula en la franja, como ocurrió entre diciembre de 2008 y enero de 2009 en la denominada Operación Plomo Fundido, yace en el hecho de que no hubo víctimas fatales dentro de Israel. Ciertamente la normalidad fue alterada, pero no hubo grandes daños de infraestructura ni caídos. Ello se debió a la excelente performance de una nueva arma defensiva de diseño y fabricación israelí: el sistema de defensa antimisil Irom Dome.

Este es el primer sistema antimisil capaz de detectar y destruir cohetes de corto alcance en un lapso de pocos segundos. Fue creado con el objeto de dar respuesta a los continuos lanzamientos de cohetes por parte tanto de Hamas desde Gaza como de Hezbollah desde el sur del Líbano. Irom Dome consiste de un radar, un centro de comando y un lanzador de misil que detecta el instante en que el proyectil fue disparado, evalúa su trayectoria y, si el mismo está orientado hacia un centro poblado o una zona de infraestructura crítica, instruye al sistema a lanzar dos misiles antimisiles para interceptarlo en el aire.

Cada batería tiene un costo de unos cincuenta millones de dólares y cada misil que dispara cuesta unos cincuenta mil dólares. Por el momento, Israel tiene desplegados tres Iron Dome en la zona sur del país, en Beersheba, Ashdod y Ashkelon, pero el ministro de defensa sostiene que trece baterías son necesarias para proteger a toda la nación. En el escenario de batalla de la semana en cuestión, Iron Dome interceptó más de 40 cohetes palestinos en pleno vuelo (los restantes volaban hacia zonas no habitadas). Tuvo un porcentaje de éxito que rondó el 90%.

Si estos cohetes hubiesen caído en las regiones pobladas a las que estaban dirigidos, seguramente hubiesen provocado muertes y daños materiales. La presión popular por una represalia militar hubiera sido enorme. Iron Dome es un arma estratégica, pero le dio al gobierno israelí margen de maniobra política al calibrar una respuesta. Junto con los Patriot, que fueron usados a inicios de los años noventa para repeler los misiles Scud que Saddam Hussein arrojó contra Israel, y el sistema Arrow II, diseñado para contrarrestar los misiles iraníes Shahab-3 de largo alcance, conforman un escudo protector del estado judío ante amenazas militares importantes.

La tecnología de vanguardia del Estado de Israel por si sola no podrá frenar las pulsiones violentas de los grupos terroristas que lo rodean. Por ahora, sin embargo, ha demostrado ser una valiosa y efectiva herramienta de contención. Militarmente, ha evitado fatalidades. Políticamente, ha dado al gobierno la opción de ser flexible. Bajo esta mirada, cincuenta millones de dólares no lucen tan caros.

Artículo originalmente publicado en Infobae

El poema político de günter grass – 18/04/2012″

Varios

Varios

Por Julián Schvindlerman

  

El horror, veinte años después – 19/03/12

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Artículo publicado en el diario Hoy (Ecuador)

Dos décadas atrás esta semana última, Buenos Aires fue sacudida por un atentado contra la sede diplomática del Estado de Israel, provocando la muerte a veintinueve personas e hiriendo a decenas. Aquel fue el primer acto de terror perpetrado por el fundamentalismo islámico en el hemisferio occidental. Dos años más tarde, la sede de la comunidad judía de la Argentina, AMIA, sería atacada por Hezbollah, ocasionando la muerte a ochenta y cinco e hiriendo a cientos. Aquél sería el más grande ataque antisemita fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial. Ambos atentados llevaron el sello de fábrica de la violencia política transnacional patrocinada por Irán.

Recientemente, varios atentados fueron frustrados contra diplomáticos y ciudadanos israelíes en Tailandia, Georgia, India, Turquía, Egipto y Azerbaiján. El gobierno israelí ha acusado a Teherán de planificar tales agresiones. Estos últimos días, tuvo lugar una nueva confrontación entre el ejército israelí y movimientos terroristas en la Franja de Gaza, especialmente con la Jihad Islámica Palestina. Al igual que Hezbollah desde el Líbano, este grupo opera en Gaza bajo los auspicios de Irán. Gaza, cabe recordar, esta siendo gobernada desde hace alrededor de siete años por Hamas, que en árabe quiere decir movimiento de resistencia islámico, y que ha estado bajo la influencia iraní por varios años. Sólo muy recientemente Hamas ha comenzado a distanciarse de su patrón persa.

La actual conmemoración de la voladura de la embajada israelí ocurre en un contexto mundial convulsionado por el avance en el programa nuclear iraní. En los últimos tiempos, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha publicado informes muy comprometedores acerca de la naturaleza no pacífica de ese programa. En noviembre de 2011, este organismo de las Naciones Unidas aseguró que Irán trabajó “en el desarrollo de un diseño local de un arma nuclear”. En febrero del corriente, dijo tener “serias preocupaciones relativas a las posibles dimensiones militares del programa nuclear de Irán”. Al recordar los estragos que la violencia interestatal fomentada por Teherán ha causado en nuestro país, resulta pertinente imaginar la dimensión del daño que un Irán nuclear podría ocasionar, aquí o en cualquier otra parte.

La capacidad para el mal de la que el gobierno Ayatollah es capaz no debe ser subestimada. Es aleccionador el informe de treinta y seis páginas que publicó la semana pasada la Comisión de Derechos Humanos (CDH) de la ONU en el cual documenta las múltiples y graves violaciones a los derechos humanos fundamentales que el régimen iraní comete continuamente contra su propia población. El reporte afirma que “Irán ha aumentado dramáticamente las ejecuciones durante la última década y ha abusado los derechos de los estudiantes, de las mujeres, de los periodistas y de las minorías religiosas”. También indica que al menos seiscientas cincuenta personas fueron ejecutadas en Irán durante el 2011 y que quince hombres y mujeres ya enfrentan condenas a muerte por lapidación bajo acusaciones de adulterio en lo que va del 2012. Además sostiene que cuarenta y dos periodistas están en prisión -lo que sitúa a Irán al tope de encarcelamientos mundiales de periodistas- y que a trescientos sesenta y cuatro estudiantes se les prohibió acceso universitario de por vida debido a sus posturas políticas. A estos datos suministrados por la ONU se puede agregar el arresto, en los últimos meses, de homosexuales, diseñadores de moda, cineastas y disidentes y la condena a muerte de un pastor cristiano por oponerse a que sus hijos recibieran educación islámica.

Así es que mientras la AIEA desde Viena denuncia el peligro del programa atómico de Irán y la CDH desde Ginebra alerta acerca del tamaño de la tiranía que reina en la nación persa, en Buenos Aires recordamos la semana pasada las consecuencias del terrorismo patrocinado por Teherán. Es una combinación de hechos elocuente que, al rendir tributo a la memoria de las víctimas inocentes del extremismo que sacudió a nuestra capital veinte años atrás, no debemos ignorar.

La Razón (España)

La Razón (España)

Por Julián Schvindlerman

  

la crisis en Siria – 19/03/12

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¿Armar a la oposición? (19/03/2012)

LR: ¿La convocatoria de elecciones servirá para aliviar la presión internacional sobre Al Asad?

JS: Lo dudo. Seguramente, Moscú y Pekín la usen de excusa para continuar con sus posturas protectoras del régimen sirio, pero la comunidad internacional parece estar cada vez más impaciente con la represión de Asad, aunque hasta ahora no haya tomado acciones decisivas.

LR: ¿Es posible a medio plazo en Siria una intervención militar internacional, aunque sea una misión humanitaria?

JS: Es posible, pero parece, de momento, lejana. EE UU no parece entusiasmado con la idea, ni siquiera ha comenzado a armar al Ejército Sirio Libre, como ha pedido Arabia Saudí, lo que sería un paso anterior más simple que convocar a una intervención global. Pero si las matanzas persisten y son publicitadas mundialmente, será cada vez más difícil para Washington y Europa postergar indefinidamente algún tipo de intervención, ya sea humanitaria con respaldo militar o directamente armada.

¿Está dividida la oposición? (20/03/2012)

LR: ¿Cuáles son los principales problemas de la oposición?

JS: Como en toda sociedad fracturada étnica, religiosa y nacionalmente, las divisiones son inevitables. Máxime en un contexto de violencia extrema donde cada decisión puede ser letal y donde las pujas de poder son reales. A ello se debe sumar la falta de experiencia con una situación como la actual. Pero daría la impresión de que hay cohesión detrás de la oposición al régimen alauí (especialmente en las capas suníes) y una determinación conjunta de derrocar al Gobierno.

LR: ¿Es posible que Rusia o China cambien en algún momento su postura contraria a condenar la violencia del régimen sirio y a una intervención extranjera?

JS: Sí, en caso de que el clan Asad se debilite mucho o la indignación mundial sea ya incontenible. China y Rusia tienen intereses que cuidar en Siria, pero puede llegar el momento en que consideren que el coste diplomático de esa protección es demasiado elevado. Ya han vetado dos resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas críticas con el Gobierno de Asad, lo que ha fastidiado a Europa, Estados Unidos y al mundo árabe. Quizás no puedan sostener eso durante un largo periodo de tiempo, pero por el momento, no han dado ninguna señal de distensión.

Infobae, Infobae - 2012

Infobae

Por Julián Schvindlerman

  

Iron dome: El nuevo milagro Israelí – 16/03/12

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Durante todo el año 2010, Hamas, la Jihad Islámica Palestina, los Comités de Resistencia Populares y otros grupos terroristas asentados en la Franja de Gaza dispararon 365 cohetes contra Israel. Durante todo el 2011, estos movimientos fundamentalistas lanzaron 680 cohetes desde Gaza contra poblados israelíes. Solamente durante la semana que termina, alrededor de 200 cohetes fueron arrojados contra el Estado hebreo.

Esta nueva confrontación surgió a partir de que la fuerza aérea israelí matara a Zuhair Qaisi, líder de los llamados Comités de Resistencia Populares, mientras se desplazaba en automóvil en Gaza. En el operativo resultó también muerto un terrorista palestino que había sido liberado como parte del acuerdo por el soldado Gilad Shalit. Qaisi, según fuentes israelíes, estaba planeando un atentado inminente similar al ataque múltiple que perpetró en agosto del año pasado con armas y bombas que provocó la muerte a ocho israelíes en los alrededores de la ciudad turística de Eilat. En respuesta a la andanada de proyectiles, la fuerza aérea israelí atacó Gaza, ocasionando la muerte inicialmente a 26 palestinos, de los cuales 22 eran combatientes armados. Con el correr de los días una frágil tregua fue acordada por medio de Egipto y el prospecto no improbable de una conflagración mayor disminuyó, aunque no desapareció.

Una de las razones que explican que la situación bélica no haya -durante estos primeros siete días- precipitado una incursión israelí mayúscula en la franja, como ocurrió entre diciembre de 2008 y enero de 2009 en la denominada Operación Plomo Fundido, yace en el hecho de que no hubo víctimas fatales dentro de Israel. Ciertamente la normalidad fue alterada, pero no hubo grandes daños de infraestructura ni caídos. Ello se debió a la excelente performance de una nueva arma defensiva de diseño y fabricación israelí: el sistema de defensa antimisil Irom Dome.

Este es el primer sistema antimisil capaz de detectar y destruir cohetes de corto alcance en un lapso de pocos segundos. Fue creado con el objeto de dar respuesta a los continuos lanzamientos de cohetes por parte tanto de Hamas desde Gaza como de Hezbollah desde el sur del Líbano. Irom Dome consiste de un radar, un centro de comando y un lanzador de misil que detecta el instante en que el proyectil fue disparado, evalúa su trayectoria y, si el mismo está orientado hacia un centro poblado o una zona de infraestructura crítica, instruye al sistema a lanzar dos misiles antimisiles para interceptarlo en el aire.

Cada batería tiene un costo de unos 50 millones de dólares y cada misil que dispara cuesta unos 50 mil dólares. Por el momento, Israel tiene desplegados tres Iron Dome en la zona sur del país, en Beersheba, Ashdod y Ashkelon, pero el ministro de Defensa sostiene que trece baterías son necesarias para proteger a toda la nación. En el escenario de batalla de esta semana, Iron Dome interceptó más de 40 cohetes palestinos en pleno vuelo (los restantes volaban hacia zonas no habitadas). Tuvo un porcentaje de éxito que rondó el 90%.

Si estos cohetes hubiesen caído en las regiones pobladas a las que estaban dirigidos, seguramente hubiesen provocado muertes y daños materiales. La presión popular por una represalia militar hubiera sido enorme. Iron Dome es un arma estratégica, pero le dio al gobierno israelí margen de maniobra política al calibrar una respuesta. Junto con los Patriot, que fueron usados a inicios de los años noventa para repeler los misiles Scud que Saddam Hussein arrojó contra Israel, y el sistema Arrow II, diseñado para contrarrestar los misiles iraníes Shahab-3 de largo alcance, conforman un escudo protector del Estado judío ante amenazas militares importantes.

La tecnología de vanguardia del Estado de Israel por sí sola no podrá frenar las pulsiones violentas de los grupos terroristas que lo rodean. Por ahora, sin embargo, ha demostrado ser una valiosa y efectiva herramienta de contención. Militarmente, ha evitado fatalidades. Políticamente, ha dado al gobierno la opción de ser flexible. Bajo esta mirada, 50 millones de dólares no lucen tan caros.